The Project Gutenberg EBook of Viajes de un Colombiano en Europa I.
by Jos Mara Samper

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Title: Viajes de un Colombiano en Europa I.
       Volume 1 of 2 Volumes

Author: Jos Mara Samper

Release Date: December 11, 2004 [EBook #14329]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.

       *       *       *       *       *


PRIMERA SERIE.


INDICE.

       *       *       *       *       *

AL SEOR DON MANUEL AMUNTEGUI, DIRECTOR DE EL COMERCIO DE LIMA

ADVERTENCIA

DOS PALABRAS AL LECTOR


PRIMERA PARTE.


CAPITULO I.--LA PRIMERA AUSENCIA.--Adis al suelo natal.--La ciudad de
Honda.--La gran vegetacin.--El puerto de Conejo.--Una escena octurna.
--El vapor Bogot--Nare y San-Pablo.

CAP. II.--EL BAJO MAGDALENA.--Las riberas del gran rio.--Puerto
nacional.--La aldea de Regidor.--Una danza de zambos.--La
semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertas de
Margarita.--Mompos.--La confluencia del Cauca.--Calamar.

CAP. III.--LA REGION MARTIMA.--El canal del Dique.--Las cinagas; la
salida al mar.--Cartagena; su baha; sus arrabales.--Adios  la
patria.--El mar por primera vez.

CAP. IV.--EL OCANO.--La poblacion del vapor _ames_ La baha y la
ciudad de San-Thomas.--Una noche potica.--El vapor _Paran_.--Grupos
sociales.--Escenas  bordo.--Una ceremonia fnebre.--Temporales.
--Las costas de Inglaterra.


SEGUNDA PARTE.

ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.


CAP. I.--SOUTHAMPTOM.--La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.
--Interior de la ciudad.--Primeras impresiones.--Un compaero
mistificado.--El primer tren de ferrocarril.--De Southampton 
Londres.

CAP. II.--ASPECTO GENERAL DE LONDRES.--Las grandes calles.--Costumbres
diversas.--Miseria y beneficencia.--Contrastes dolorosos.
--Reflexiones sobre el pauperismo.

CAP. III.--EL TMESIS EN LONDRES.--Los puentes, la navegacin y las
mrgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La
Torre de Londres.--Los Docks del comercio.--El Tnel.--Greenwich; el
Hospital militar,--El _Leviatan_ en obra.

CAP. IV. JARDINES Y MONUMENTOS.--El Jardn Botnico.--El Zoolgico.
--El Coliseo.--El Museo Britnico.--San Pablo.

CAP. V.--CURIOSIDADES.--El Diorama.--La galera Tussaud.--El Palacio
de cristal.--El Banco de Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos
interesantes.

CAP. VI.--DE LONDRES A PARIS.--En el wagon.--Dover.--El paso de
Calais.--La entrada  Francia.--Calais.--Amiens.--Las cercanas de
Pars.


TERCERA PARTE.

DE PARS A MADRID.


CAP. I.--LA BORGOA Y LYON.--Los ferrocarriles.--Melun.
--Fontainebleau.--Montereau.--Sens.--Jolgny.--Tonnerre.--Dijon.
--Impresiones nocturnas.--Panorama de Lyon.

CAP. II.--LA CIUDAD DE LYON.--Hidrografa.--Varios objetos.--El
Palacio de las Artes.--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las
fabricas de sederias.

CAP. III.--EL VALLE DEL RDANO.--Aspecto general.--La Provenza.
--Panorama de Marsella.--Interior de la ciudad.

--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

CAP. IV.--CATALUA.--Orografa de Espaa.--El puerto de Barcelona.
--Condiciones sociales de Catalua.--Rasgos notables.--Los Catalanes.
--Centros manufactureros.--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo
ingls.

CAP. V.--VALENOIA Y SU VALLE.--Una aduana espaola.--Del Grao 
Valencia.--Estructura y panorama de la ciudad.--Un juicio de aguas.
--Tipos sociales y costumbres.

CAP. VI.--DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.--La Huerta de Valencia.
--San Felipe de Jtiva.--La diligencia espaola.--Almanza.--La
Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de Espaa.


CUARTA PARTE.

LA NUEVA CASTILLA.


CAP. I.--MADRID MONUMENTAL.--Aspecto general.--Plazas, paseos y
jardines.--Museos y bibliotecas.--Palacios, teatros y otros
monumentos.--Las caballerizas reales.

CAP. II.--MADRID POLTICO Y SOCIAL.--La Corte y la nobleza.--La
juventud espaola.--Escenas matinales.--Las calles de Madrid.--El
Prado.--El teatro espaol.--El caf pblico en Espaa.--Tendencias
sociales.

CAP. III.--ARANJUEZ.--Un paseo popular.--Mi compaero.--El valle de
Aranjuez.--Un grupo de periodistas.--Una corrida de toros.--El
_monte_ en ferrocarril.

CAP. IV.--TOLEDO.--La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.
--Topografa de Toledo; su origen.--La Catedral y otros monumentos
religiosos.--El _Alczar_.--Condicion social de los toledanos.

CAP. V.--LA MANCHA.--Dos compaeros de viaje.--Aspecto del pas.
--Recuerdos de Don Quijote.--Las poblaciones manchegas.--La
Sierra-Morena.


QUINTA PARTE.

LAS ANDALUCIAS.


CAP. I.--JAEN Y GRANADA.--Panorama general.--Las colonias de Crlos
III.--Baylen.--Jaen y sus campias.--De Jaen  Granada.--Idea
general de Granada.--Curiosidades de la ciudad.

CAP. II.--GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.--La Alhambra--La vega de
Granada.--El Jenerallfe.--La Catedral.--La Cartuja.--El Albaicin.
--Los Gitanos en Granada.

CAP. III.--LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.--Santaf.--Un comisionista
en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle de Mlaga.--La ciudad
y sus curiosidades.--Algunas impresiones.

CAP. IV.--EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.--A bordo.--El golfo de Algeciras.
--Escenas de la tarde.--La ciudad de Gibraltar.--Situacion y comercio.
--La fortaleza.--Delante de Tarifa.

CAP. V.--LA BAHA DE CDIZ.--La isla de Leon.--Panorama de Cdiz.
--Reminiscencias.--Curiosidades y costumbres.--San-Fernando.--Puerto
Real.--Puerto-Santa-Mara.--Algo mas sobre Cdiz.--El bajo
Guadalquivir.

CAP. VI.--SEVILLA.--Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino.
--El tipo sevillano.--Costumbres sevillanas.

CAP. VII.--MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.--La Catedral.--El
Alczar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa
de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias
observaciones.

CAP. VIII.--EL GUADALQUIVIR.--El primer tren de Sevilla  Crdoba.--Un
marqus comunista.--La provincia de Crdoba.--Aspecto de la capital.
--su poblacion y su estadstica.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.
--De Crdoba  Baylen.--Andujar.


SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS.


CAP. I.--EL ESCORIAL.--La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un
_Real-sitio_.--El ciego Cornelio.--San Lorenzo--La _Casa del
Prncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres
castellanas.

CAP. II.---LA VIEJA CASTILLA.--Un cura en diligencia.--Las llanuras
castellanas.--Un poco de diplomacia.--La provncia de Valladolid.
--La capital; sus monumentos, curiosidades, costumbres  industrias.

CAP. III.--PALENCIA Y SANTANDER.--El canal de _Castilla_.--La
provincia de Palencia y su capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del
Ebro.--El rio Besaya.--La provincia de Santander.--La ciudad y su
baha.

CAP. IV.--LAS PROVINCIAS VASCONGADAS.--La ra del Nervion.--Idea de
las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos vascongados.--Vitoria.
--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.

CAP. V.--EN FRANCIA.--Del Bidasoa  Bayona.--La ciudad de Bayona.
--Las _Landas_.--Burdeos;--su aspecto, su comercio, sus monumentos,
etc.--De Burdeos  Pars.--La hoya del Loira.

CAP. VI.--PRESENTE Y PORVENIR DE ESPAA.--Diversas faces de Espaa;
--clasificacion de sus grupos sociales y geogrficos.--Comparaciones;
--rasgos caractersticos.--Consideraciones generales.--Aptitudes del
pueblo espaol.--Defectos de su gobierno.


AL SEOR

DON MANUEL AMUNATEGUI

DIRECTOR DE EL COMERCIO DE LIMA.

       *       *       *       *       *

Este escrito, como la mayor parte de los que han salido de mi pluma en
Europa, desde abril de 1858, debe su primera aparicin  los estmulos
generosos,  la ilustrada y desinteresada proteccin que le han dado,
como propietarios y redactores de El Comercio, Usted y nuestro noble y
malogrado amigo DON ALEJANDRO VILLOTA. Es El Comercio el que primero
ha dado  luz las paginas incorrectas y frecuentemente improvisadas de
este libro. Por lo mismo,  nadie mejor que  los perseverantes
directores de ese diario--que defiende la libertad y difunde la semilla
de la civilizacin en el suelo hispano-colombiano--les corresponde el
modesto homenaje de esta obra. Acptelo Usted, mi fino y respetable
amigo, en su nombre y en el de nuestro lamentado amigo VILLOTA, como un
testimonio de alta consideracion y gratitud profunda. Cada cual da de lo
que tiene: hombre de corazon y escritor, lo mejor que puedo ofrecer 
Usted es mi cordial afecto y el humilde fruto de algunas de mis labores.


JOS M. SAMPER.
Pars, Febrero 7 de 1862.

       *       *       *       *       *

ADVERTENCIA.

La narracin de mis Viajes comprender cuatro series, contenidas en
cuatro volmenes.

La primera, que publico ahora, se refiere  la region del rio Magdalena,
en los Estados Unidos de Colombia (antes Nueva-Granada), mi punto de
partida,-- la travesa del Atlntico, una parte de Inglaterra, muchos
departamentos de Francia, y sobre todo Espaa.

La segunda, que va  entrar en prensa, comprender la descripcin de
Suiza, la Alemania del Rin, Blgica y varios departamentos de Francia.

La tercera abrazar las narraciones relativas  otra parte de Francia
(la del Nordeste), y  Wurtemberg, Baviera, Austria, Hungra, Bohemia,
Sajonia, Prusia, Hamburgo, Hanover, Hese-Gasel y Holanda.

La cuarta comprender la Gran Bretaa, Italia, y un estudio social
comparativo de Paris y Lndres y de la civilizacion europea.

Cada volmen ir provisto, como el presente, de un sencillo mapa
indicativo de los itinerarios.

Si, por algn inconveniente insuperable, no alcanzare  terminar mi
publicacin en Pars, la terminar precisamente en Bogot, en 1863.

No debe olvidarse que el texto de este volmen ha sido escrito y
publicado en 1859-60, y que por tanto es  esa poca que se refieren
todas las observaciones estadsticas, y otras de carcter mas  menos
transitorio.


EL AUTOR.




VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.

DOS PALABRAS AL LECTOR.

       *       *       *       *       *

No s el grado de estimacion que puedan merecer de parte de muchos
lectores las reflexiones de un viajero que, desconocido fuera de su
patria, emprende su peregrinacion desde el corazon de las selvas
colombianas hasta el centro de estas viejas sociedades europeas,
repletas de recuerdos, grandiosos monumentos y amargos desengaos.

Amante de contrastes y siempre solicitando la verdad, he dejado mi dulce
patria de libertad y de esperanzas,--la tierra de las montaas
colosales, de los valles esplndidos, de las cataratas, las selvas, los
espumantes rios, las altas cimas coronadas de nieve, los perfumes, los
ecos misteriosos, las soledades, los tesoros de luz y de armona y la
pompa inagotable de esa naturaleza que resume en su seno toda la poesa
y todas las maravillas de la creacin! Todo eso se queda atras: todo eso
es Colombia, escondida bajo el manto de conchas y coral, de luz y de
misterio que le extienden el Atlntico y el Pacfico....

Y por qu dejar tan lejos todo ese mundo que se adora? Es que el
demcrata de Colombia necesita nutrir su espritu con la luz de la vieja
civilizacin y fortalecer su corazon republicano con las severas
enseanzas de una sociedad ulcerada profundamente por la opresion y el
privilegio. Es que la verdad no se adquiere completa sino por
comparacin, y el espritu debe abrazar la vida de los dos continentes
que trabajan de distinto modo en la obra de la civilizacion.

Es preciso asistir  este torbellino que conmueve al mundo europeo, en
busca de la luz, de la ciencia, del refinamiento del arte, de las
maravillas de la industria, y de todo este conjunto de esfuerzos
admirables que constituye la obra del progreso.--Es preciso contemplar
el espectculo de esta sociedad en recomposicion, que bulle, que se
agita y se preocupa, empeada por resolver el problema del bienestar,
luchando entre las tradiciones del absolutismo y las aspiraciones hcia
la libertad.

El contraste es grandioso y merece un estudio bien esmerado. En
Colombia, las sencillas escenas de la democracia, el misterio solemne,
la soledad y el espectculo sublime de la naturaleza en todo el
esplendor de su pompa y su grandeza. En Europa, las intrigas de las
aristocracias, la luz de la ciencia, la poblacin exuberante, y el arte
levantado hasta las mas prodigiosas proporciones. Si Colombia es la
tierra del porvenir, de la esperanza y de la idea; Europa es el mundo de
lo pasado, de los recuerdos y de los hechos. Comparar esos dos mundos,
analizando el organismo y la fisonoma de la civilizacion en cada uno de
ellos, tal es la tarea del viajero.

Por mal que desempee mi parte de labor no he de esperar, pues, que
algunos de los lectores del Nuevo Mundo se asocien  la investigacion
que uno de sus hermanos viene  hacer sobre el terreno de donde parti,
con los horrores de la conquista, la civilizacin semi-feudal que se
nos infiltr? Feliz el viajero que, animado del mas profundo sentimiento
de amor hcia su familia predilecta de las regiones de Colombia, pudiera
encontrar en su peregrinacion tesoros de verdad que ofrecer  sus
hermanos!

Asistir dia por dia, hora por hora,  este flujo y reflujo de las
instituciones y de las costumbres, de la literatura, de la ciencia y de
la industria, que se revela en admirables monumentos, en suntuosos
museos y ricas bibliotecas, en los ferrocarriles y telgrafos, en las
fbricas de enorme  de ingeniosa produccion, en las academias y
universidades, en las exposiciones y los congresos internacionales, en
las imprentas y los gabinetes artsticos, en las escuelas populares, en
los institutos de beneficencia y de penalidad, en la administracin de
la justicia bajo diferentes formas, en los puertos, los diques y
canales, en los teatros de todo gnero, en los lugares pblicos
destinados al servicio de la ciencia y del buen gusto, en los Bancos,
las Bolsas y las asociaciones, y en todo lo que puede representar un
progreso, una tradicin, una organizacion social  un hecho
caracterstico; asistir  este movimiento, repito, es contemplar de
bulto la obra de la civilizacion, es alimentar simultneamente los
sentidos y el alma. Ensayar, pues, haciendo un esfuerzo por llenar esa
tarea que ser la historia de mi peregrinacion.



PRIMERA PARTE.


       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

LA PRIMERA AUSENCIA.


Adis al suelo natal.--La ciudad de Honda.--La gran vegetacion.--El
puerto de Conejo.--Una escena nocturna.--El vapor Bogota.--Nare y
San-Pablo.


Hay verdades que se hacen adagios porque todo el mundo percibe su
impresion, y una de ellas es, que el mrito de lo que se ama no se
comprende sino al carecer del objeto querido. El alma tiene, como las
pupilas, sus bellas ilusiones de ptica, porque ella misma es la pupila
del corazon, y los objetos crecen y toman formas siempre mas
interesantes  medida que se nos alejan. He aqu por qu al embarcarme
el 1 de febrero de 1858, en el puerto de las _Bodegas de Honda_, 
bordo de un champan que deba conducirme al vapor _Bogot_, estacionado
siete leguas mas abajo, sent mi corazn oprimido y preocupada mi
imaginacin.

Por primera vez iba  alejarme de mi patria por algunos aos,... _talvez_
para siempre! _Honda_, con sus escombros sublimes, quebrantados
sepulcros de una antigua opulencia,--sus saltadores y ruidosos rios,
espumantes como cataratas,--sus altas palmeras entretejidas en flotantes
pabellones,--sus siempre verdes y suntuosas arboledas que baan en las
ondas la crespa y abundante melena,--sus cerros escarpados y en
anfiteatros, de eterna soledad, y sus llanuras de esmeralda cuyas altas
gramneas sacuden en el esto los recios huracanes;--_Honda_, la reina
destronada, sombra de su lejano esplendor; se presentaba  mis ojos con
su manto azul y sus ruinas cubiertas de parsitas, mas triste y mas
hermosa que nunca. Jerusalen del poema oscuro de mi juventud, la dejaba
entre sus colinas y sus bosques como un santuario de recuerdos
venerables. La madre recibia el adios del hijo viajero: mi pensamiento
la comprenda mejor que nunca!

Dejar la tierra natal este solo hecho entraa un drama entero para el
corazn! Qu momento tan solemne aquel, de recogimiento para el alma del
viajero, de esperanza profunda y de temor supremo!

Al dejar la playa arenosa donde quiebra sus hondas el majestuoso
Magdalena, crea separarme de un inmenso tesoro. Ah quedaban: la tumba
de mi padre, las tradiciones de familia, la ceniza del hogar, las dulces
memorias, los caprichos y los locos amores de la juventud, los amigos,
la fortuna, la libertad, el aire, el cielo, los mil rumores vagos y
confusos, y todo ese adorable conjunto de impresiones y sueos, de
pesares y recuerdos, de infortunios y dichas, que se llama la
_Patria_!... Todo eso quedaba atras, como sepultado en un panteon cuya
portada era _Honda_! Y adelante?... Lo vago y desconocido,--lo infinito
y maravilloso;--eso que el corazn acaricia en sus sueos de esperanza,
y que la duda cubre con sus sombras cuando el viajero se dice: _quin
sabe_!

       *       *       *       *       *

_Honda_ es una vieja ciudad, enteramente espaola por su construccion,
pero de un aspecto tan caprichoso y pintoresco que llega hasta las
proporciones de lo romntico. El rio Magdalena, la grande arteria del
comercio de Nueva Granada, despues de haber trado por algunas leguas la
direccion de S. E.  O., pierde repentinamente su mansedumbre, se
estrecha entre las altas rocas de dos serranas paralelas, y torciendo
directamente al norte se lanza por entre raudales pedregosos, coronado
de espuma, bramando como la gran mole de una catarata, y, como fatigado
de ese descenso tormentoso, va  reposarse, una legua mas abajo,
lamiendo suavemente las anchas playas de la _Bodega_. Una llanura de
cuatro leguas, interrumpida por algunos bosques y colinas; pintorescos y
de lujosa vegetacion, viene desde la derruida ciudad de Mariquita (la
tumba del conquistador Quesada), al pi de la cordillera central de los
Andes, y termina sobre la orilla izquierda del Magdalena, dominando el
spero raudal que los naturales llaman _el Salto_. El primoroso rio
_Gual_, azul, saltador, espumante como un torrente, y orrilado por
suntuosas arboledas, limita la llanura por el norte, y corriendo de O. 
E. viene  darle su limpio tributo al Magdalena, dividiendo en dos
partes la ciudad de _Honda_; en tanto que  400 metros mas arriba una
hermosa quebrada desemboca tambien, cortando la playa del puerto
principal.

Vista de fuera, _Honda_ parece una ciudad oriental  morisca, ya par su
caprichosa situacion y sus edificios de pesada manipostera, ya por el
contraste de los colores, los techos, los blancos  negros muros, las
formas extravagantes y los balcones y azoteas, ya en fin por los
penachos de los altos cocoteros, mecindose blandamente como para
abrigar con su sombra la ciudad, protegindola contra los rayos de un
sol abrasador, que brilla en la mitad de un cielo eternamente azul y
trasparente.

Honda tiene una poblacin de 5,000 almas, y es el gran puerto de escala
del comercio interior de la Repblica. Si en la poca de la colonia fu
la va del comercio europeo respecto del Ecuador y el Per, la
independencia de Colombia, el trnsito por el Istmo de Panam y un
espantoso terremoto que la redujo  escombros en junio de 1805, le
hicieron perder su primitiva importancia comercial. Hoy no es mas que
una plaza de trnsito, que empieza  resucitar en medio de los
escombros, gracias  la agricultura interior y  las grandes ventajas
que le ofrece la navegacion del Magdalena.

No he visto jamas una ciudad en donde estn tan bien representadas como
en Honda la vida, que se ostenta en el poder de una naturaleza
exuberante y esplndida, y de un comerco activo, y la muerte, que
parece anidarse en la soledad de las ruinas ennegrecidas por el tiempo.
Luchando la una contra la otra sin cesar, no es dudoso  quin tocar la
victoria; es  la primera, protegida por la libertad y la industria,
representantes del _progreso_, que es la sntesis de la vida!

La ciudad de Honda es el lmite  centro de dos regiones enteramente
distintas: hcia el sur y el oriente las admirables comarcas del alto
Magdalena; hcia el norte las soledades infinitas, los desiertos
ardientes y la montona uniformidad del bajo Magdalena. Arriba la mas
esplndida region de la Colombia meridional; un panorama infinitamente
variado de llanuras y colinas, de selvas y montaas, de contrastes
interminables en las formas, los colores y los recursos de la
naturaleza; y toda esa sucesion de valles lacustres y de lujosas
serranas, enriquecida por una poblacion activa, numerosa y bastante
civilizada, y por las obras de una agricultura progresiva, que se
mancomuna con el comercio, la industria pecuaria, las artes y la
minera. All, en toda esa comarca primorosa, _ardiente paraso_ de
Nueva Granada, se ve la vida social, el desarrollo activo, la
civilizacin.

De Honda para abajo, siguiendo el curso del Magdalena, la escena cambia
enteramente. El rio, como para revelar mejor el carcter salvaje de la
regin que le rodea, se hace mas perezoso en su marcha, y ljos de
profundizar su cauce, se bifurca en multitud de brazos, se ensancha 
veces como un pequeo mar interior, escondiendo sus aguas entre el
follaje de las selvas seculares; levanta en su camino un enjambre de
islotes pintorescos; y hacindose mas ingrato por la abundancia de sus
insectos venenosos, la ferocidad de sus terribles caimanes, la ardenta
de sus playas calcinadas por un sol devorador, y la absoluta soledad de
sus vueltas y revueltas, sus cinegas y barrancos de salvaje tristeza,
revela que all no ha fundado el hombre su poder, que la humanidad no ha
tenido todava valor para entrar en lucha con esa emperatriz de los
desiertos que se llama _Naturaleza!_

Tal es la regin que yo deba atravesar, siguiendo la corriente del
Magdalena, al darle mi adis  la tierra natal.

       *       *       *       *       *

El _Champan_ se apart de la playa, los remos se agitaron al compas de
los gritos salvajes de los _bogas,_ y pocos minutos despues, al torcer
su curso el Magdalena por entre monstruosos peascales, se perdieron de
vista los ltimos penachos de los cocoteros que indicaban el sitio de la
_Bodega_. El hombre desapareci para ceder el campo exclusivamente  la
vegetacion.

Gigantesca siempre, variada al principio, encantaba donde quiera,
presentando las mas hermosas vistas sobre los altos peascos de la
orilla,  en los pabellones de lujosa verdura que venian  extender sus
flotantes encajes de parsitas y enredaderas sobre la playa misma, 
donde sale  calentarse, en lechos de arena calcinada, el temible y
monstruoso _caiman_, terror de los habitadores de las ondas. Ya se ven
bosques enteros de cedros seculares cubriendo con su oscura sombra las
quiebras de una ladera trastornada por las conmociones de la naturaleza;
ya los grupos de altsimas palmeras forman pabellones donde se columpian
bandadas de papagayos primorosos; ya sobre la barranca arcillosa de
rojos estratos compuestos de capas desiguales, se levanta un grupo de
gigantescas _guaduas_ (_bambs_), que, entretejidas por mil delgados
bejuquillos cubiertos de flores, lanzan sus plumajes flexibles sobre las
ondas del rio, como abanicos abiertos por el viento, donde una hada de
los bosques ha trazado sobre el fondo verde los mas caprichosos
arabescos y mosaicos.

Por todas partes lujo y exuberancia de vegetacion, riqueza de contrastes
y variedad de formas y colores en la naturaleza; pero ausencia absoluta
de poblacion y de cultivo. Si todava se notan inflexiones en el
terreno, es porque no han terminado an las ramificaciones que las dos
cordilleras principales de los Andes--oriental y central--arrojan sobre
el Magdalena en diferentes direcciones. Despus las serranas
desaparecen, las selvas forman horizonte, y el ojo del viajero, fatigado
y triste, no ve mas que el desierto interminable.

A nueve  diez kilmetros de Honda desemboca, sobre la izquierda, un
pequeo y clarsimo rio, el _Guarn_, despues de haber fecundado la mas
preciosa llanura que puede imaginarse,--pampa feraz, de variadas
gramneas y cubierta de inmensos bosques de palmeras de todas clases y
de gigantescos _caracoles_,  cuya sombra se pasean en numerosas tribus
los zainos y tapiros, perseguidos por el terrible jaguar, mientras que
en las altas almenas de los rboles forman innumerables pjaros sus
conciertos areos y siempre sorprendentes.

       *       *       *       *       *

Despues de cinco horas de navegacion, el champan se atrac al costado
del vapor _Bogot_, anclado en el puerto de la bodega de _Conejo_. El
paisaje, visto de ljos, no poda ser mas primoroso.

Sobre la alta barranca, tapizada de grama verde y suave, en toda su
extension, grupos de chozas rsticas de habitacion de bogas y pobres
agricultores del desierto; en el centro el inmenso edificio de la
Bodega, de techumbre pajiza y de un solo piso, y detras y en medio de
las casas un bosque admirable, en cuyo fondo de un verde de diversas
tintas contrastaban la hermosa melena del cocotero sobre el esbelto
mstil, las palmas ensortijadas de las guaduas colosales, el redondo
follaje del mango y el mamey, y la corpulenta ramazon del cedro y el
caracol, esos soberanos suntuosos de los desiertos selvticos de
Colombia.

Y al pi de esas ricas arboledas y de esas chozas llenas de colorido
local, los grupos animados de viajeros y bogas, tan discordantes y
variados, y formando un contraste tan curioso como el que hacian el
vapor _Bogot_ y los _champanes_ y las casas indgenas. De un lado el
lujo de la naturaleza, indomable y grandiosa, perfumada y llena de
misterio; del otro el lujo de la civilizacion, de la ciencia, y la
ostentacion de la fuerza vencedora del hombre. All el hombre primitivo,
tosco, brutal, indolente, semi-salvaje y retostado por el sol tropical,
es decir el _boga_ colombiano,--con toda su insolencia, con su fanatismo
estpido, su cobarde petulancia, su indolencia increble y su cinismo de
lenguaje, hijos mas bien de la ignorancia que de la corrupcion; y mas
ac el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces
rubio, con su mirada penetrante y potica, su lenguaje vibrante y
rpido, su elevacion de espritu, sus formas siempre distinguidas.

De un lado el pesado _champan_, barca _toldada_ de palmas secas, de 20 
50 metros de longitud y dos  tres de anchura--especie de choza
flotante,--y montado por multitud de bogas que gritan atrozmente y
parecen una legion de salvajes del desierto;  bien la miserable
_ramada_ indgena, expuesta  la clera de los vientos, las invasiones
de los reptiles y las fieras,  los chubascos de las tempestades de
invierno, con un menaje tan extravagante como pobre, y abrigando
familias de salvaje fisonoma, fruto del cruzamiento de dos  tres razas
diferentes, y para las cuales el cristianismo es una mezcla informe de
impiedad  idolatra, la ley un embrollo incomprensible, la civilizacion
una niebla espesa, y lo porvenir como lo presente y lo pasado se
confunden en una igual situacion de sopor, indolencia y brutalidad!

Y al pi de esas barracas que dan amparo  una vida de transicion, que
se acerca mas  la barbarie todava que al progreso, se levantaban la
chimenea, el pabellon y los mstiles y costados pintorescos del vapor
_Bogot_ para protestar contra la barbarie, y probar que an en medio de
las soledades y del misterio sublime de una naturaleza imponderable por
su fuerza, el hombre va  fundar su soberana universal, haciendo
triunfar en todas partes la fuerza del _espritu_ sobre el poder de la
_materia_. Qu bien contrastaban en el puerto de _Conejo_ la chimenea
del vapor, soltando sus bocanadas de humo espeso y arrebatado por al
viento de las selvas, con el mstil delgado, altsimo y secular del
cocotero, en cuya cima se columpiaba al soplo de ese mismo viento el
pabelln de palmas ensortijadas y flexibles. El cocotero, sembrado desde
el tiempo de la colonia, segua vegetando; pero el vapor, hijo de la
repblica  instrumento de la libertad, venia  envolverlo entre sus
cortinas de humo, saludndole con los silbidos de la locomotiva.

       *       *       *       *       *

La noche ofreci una escena admirable, como para aumentar los incidentes
del contraste. En el vapor _Bogot_ nos habamos reunido personas de
paises muy distintos. El capitn era un bravo Genoves, republicano,
franco, sencillo y de trato cordial, y entre los pasajeros haba no solo
unos cuantos Granadinos, sino Ingleses, Franceses y Alemanes. La
cordialidad se estableci pronto, como sucede siempre en todo viaje, y
un Irlands de 62 aos, grande como una torre, alegre como un muchacho,
bebedor de primer orden, como era de su deber para honrar su
nacionalidad, y burlon y retozon como todos los Irlandeses (salvo los
que son serios), introdujo un delicioso desrden sobre cubierta. Cant,
bail solo, toc violin y tambor (instrumentos que segn entiendo no
estn ligados por una ntima fraternidad), y acab por comunicarnos 
todos su excelente humor. Pocos momentos despus la vecina selva
resonaba con el ardiente coro de todos los pasajeros cantando (cada cual
en el tono en que podio) ya la _Marsellesa_, ese himno sublime de guerra
y libertad, ya el _God save the Queen_ los Ingleses, ya las canciones
mas  menos populares de Nueva Granada, de Alemania y de Irlanda. Una
hora despus de esos cantos de la civilizacin, y cuando todos
reposbamos en nuestras _hamacas_, en medio de las sombras y el
silencio, un himno enteramente diferente, salvaje y de una melancola
llena de misterio, de grandeza y de ruda poesa, estall de repente,
sostenido por cincuenta voces roncas y pesadamente acompasadas, en
medio de un bosque secular de la vecina playa. El asunto, la entonacin,
el estilo y el misterio de ese canto venan  contrastar admirablemente
con las ardientes canciones que poco antes habian salido de entre los
flancos del vapor _Bogot_.

Aunque el espectculo no me era desconocido, no pude resistir  la
tentacion de contemplarlo de cerca. As, salt de mi hamaca, convid 
dos amigos y me fui  tierra, tomando la direccion que nos indicaban el
canto mismo y una luz rojiza que brillaba entre las sombras espesas de
la selva. La playa estaba desierta y ni un solo boga dorma sobre las
toldas de los champanes amarrados  una ancla de hierro y algunos
gruesos troncos. Despues de andar por un trayecto de doscientos metros,
por enmedio de las arboledas, descubrimos un espectculo en extremo
interesante.

Bajo el follaje de un enorme cedro, en una rea limpia y arenosa, haba
una grande hoguera alimentada con troncos gruesos, ramas resinosas y
grandes trozos de un mbar amarillo, subalterno, que abunda mucho en
aquellas selvas interminables. La llamarada era esplndida, el perfume
riqusimo, y las sombras que proyectaban los arboles hadan juego con la
luz de un modo admirable. Al derredor de la hoguera estaban arrodilladas
en confusin como cincuenta personas,--hombres y mujeres, viejos y
muchachos, habitantes del lugar y bogas,--y todos  un tiempo con una
voz ronca y acompasada, pero excesivamente expresiva por su acento,
cantaban un himno mortuorio!... Era el _novenario_ de un vecino que
habia muerto tres dias antes, y cuyo cuerpo estaba sepultado  poca
distancia de all.

La cancin era un conjunto de oraciones en verso, extravagantes,
compuestas por los _bogas_ y usadas siempre en todo novenario; y el
estribillo, tan incomprensible en su lenguaje como enrgico en su
entonacin, se compona de una especie de cuarteta de versos de seis
silabas. Tres hombres cantaban primero una _estrofa;_ todos respondan
con el estribillo, y luego tres mujeres cantaban otra, y as
sucesivamente.

Confieso que en aquella escena salvaje, pero llena del encanto de la fe
y la piedad, encontr mas poesa y mas religin que en los cantos del
vapor _Bogot_. La entonacion era profunda y sombra, solemne apesar
de su rstica armona, y yo encontraba en esa escena una grande
impresin y una enseanza. La poesa es sin disputa la mas sublime de
las manifestaciones del alma en sus relaciones con Dios, el hombre y la
naturaleza.

       *       *       *       *       *

El 2 de febrero el vapor _Bogot_ recogi su ancla, lanz su silbido
matinal, semejante al grito del salvaje, y sacudiendo con sus alas de
hierro las turbias ondas del Magdalena, se desliz rpidamente por entre
los verdes y tupidos pabellones de las selvas, dejando marcada su
brillante estela en las flotantes espumas que iluminaba el sol de la
maana.

Qu impresion tan profunda experimenta el corazon del patriota, soador
del progreso, cuando por primera vez se confia, como viajero,  esa
segunda providencia,  ese espritu invisible de la humanidad,
trasfundido en el poder d la mecnica, que se llama el vapor! La onda
se humilla, corriendo fugitiva, ante ese conquistador que la surca sin
temerla y la azota con las ruedas de su carro triunfal; el monstruo de
las aguas busca sus grutas escondidas en el abismo, comprendiendo que el
imperio del elemento lquido le pertenece  un sr infinitamente
superior; y el huracan, ese Jpiter sin forma, de aliento destructor,
que impera sobre las soledades del pramo, de la selva, del arenal y del
ocano, parece amansarse en presencia de ese viajero que opone  las
conmociones supremas de la creacion la fuerza misteriosa de la ciencia
triunfante!

El _Vapor_! ah! qu espectculo para un hombre de fe! Esa maravilla
resuma para m todos los progresos y la gloria del hombre, toda la
divinidad de este sr que, hecho  semejanza moral de Dios, lleva en su
mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada
rueda, cada cilindro, cada miembro de la mquina del _Bogot_ me
pareca la imagen de cada uno de los msculos y los rganos vitales del
hombre, All estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque
esa mquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la
tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espritu, la luz, la
civilizacion, el progreso indefinido y eterno.

Mi alma se sinti dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre
el puente de proa, al lado de los timoneros, contempl con inmenso
placer el cielo trasparente y azul, las altas serranas de los Andes,
las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi
corazn agradecido, bendeca todas las revoluciones, los heroicos
esfuerzos y la abnegacin de los hombres y los pueblos que, dando su
sangre  lo pasado, le han conquistado  la posteridad los progresos de
la poca actual y del porvenir.

       *       *       *       *       *

Hasta el puerto de _Nare_ todo es variado y pintoresco, de _Conejo_ para
abajo. La vecindad de las serranas permite las inflexiones del terreno,
y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques
gigantescos  las pequeas llanuras que terminan en el rio, como admira
la lujosa vegetacin intermediaria; los altos rocas de arenisca
petrificada; las sombras bocas del _Tigrito_ y otros riachuelos cuyo
cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y
abundantes de los ros _Negro_ y _La Miel_, que sostienen  una y otra
margen la cinta turqu de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena
al principio; el pintoresco casero de _Buena-Vista_, situado sobre una
barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo
fondo oscuro se dibujan los mstiles de los cocoteros y el blanco muro
de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen  darle al
paisaje variedad y encanto.

Poco mas arriba de Nare la monotona empieza, y los bosques
interminables de _guarumos_, rbol de color gris claro que parece un
fantasma en esqueleto, le dan  las orillas un aspecto de tristeza y
esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es
sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un
distrito de miserable poblacin y aspecto insalubre, y que, salvo dos 
tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana.
Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de
escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante
caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de
su embocadura.

En Nare se engros el nmero de los pasajeros con un robusto Escoces,
explotador de minas, un dentista, que forzosamente result ser yankee, y
un antioqueo que, tan luego como entr al vapor, promovi una _rifa_, y
empez sus especulaciones. Los antioqueos, descendientes en su mayor
parte de una expedicion de judos de la poca de Felipe III, son los
Israelitas de la Nueva Granada, en punto  negocios y viajes, aunque en
materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses.

Una legua abajo de Nare est la famosa _Angostura_, terror de los
navegantes, y al salir de ella comienza la regin de las islas de
primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena,
ensanchndose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo,
interminable como llanura selvtica, diseminasus aguas en todas
direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;--la
vegetacion, sujeta  las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida
y spera, y las serranas se pierden de vista enteramente. Ya no queda
all sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza.

El 3 de febrero qu de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga
y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor _Antioquia_, que subia
de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pjaro
rozando apenas las ondas del Magdalena. Y all de los gritos de alegra,
los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los
silbidos galantes de las vlvulas de las locomotivas, y las burlas
recprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor
_Antioquia_ llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes,
sin duda no-_asegurados_, y por lo mismo su viaje era doblemente
interesante.

Despues, el hermoso rio _Carare_, desembocando  la derecha, profundo,
azul, con una vegetacion fresca y esplndida, navegable por vapor, y
sirviendo ya de va de comunicacion directa entre el Magdalena y los
pueblos de la antigua provincia de Vlez, es decir de parte de los
Estados de Santander y Boyac. Ese rio tiene muy bello porvenir, y no
muy tarde el comercio granadino le dar toda la importancia que merece.

Abajo del Carare aparece el _Opon_, rio bellsmo tambin, cuyas arenas
cuajadas de oro sirven de lecho  una corriente mansa, profunda y
cristalina. Y qu de recuerdos al ver la embocadura de ese rio! Fu por
all que Gonzalo Jimnez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de
Granada, penetr en 1536, dominando tan supremas dificultades 
increibles peligros, que la historia, para ser justa, debe considerar
esa expedicin como la mas herica, la mas extraordinaria que jamas
conquistador alguno haya conducido y consumado.

Si los territorios de Ylez y Socorro envan al Magdalena su bello
contingente en las aguas de los rios Carare y Opon, mbos navegables y
riqusimos, las tierras altas de Tunja y Pamplona contribuyen con su
abundante rio de _Sogamoso_  _Colorada_, que desemboca cerca del nuevo
puerto de _Barranca-bermeja_. All, sumamente enriquecido el Magdalena
con el caudal de tan hermosos rios, toma proporciones grandiosas que lo
hacen imponente; mintras que las preciosas islas que surgen de trecho
en trecho, una de ellas muy considerable (la de _Morales_), le dan al
paisaje, admirablemente iluminado, una increble semejanza con el bajo
Danubio,  juzgar por la parte que he navegado.

Abajo del Sogamoso el Estado de Antioquia contribuye (ademas de los rios
_La Miel_ y _Nare_) con el romntico y hermossimo rio de la
_Cimitarra_, que recuerda las eternas tempestades que reinan sobre los
cerros minerales de una cordillera del mismo nombre que separa la
region antioquea de las de Simit y Majagual. Los bogas tienen mil
extravagantes preocupaciones sobre ese escondido rio de lecho de oro en
polvo y arboledas sombras  impenetrables, y cuentan muchas leyendas,
haciendo la seal de la cruz, sobre los buscadores del peligroso metal
que, habiendo ido al interior por el curso del rio, no han vuelto 
parecer mas en Mompos. Los habitantes de San-Pablo, pueblo situado 
poca distancia de la confluencia del _Cimitarra_, hacen responsable al
_Mohn_  _Huan_, divinidad terrible de las grutas y de los grandes
pozos de los ros, de las fechoras cometidas por los jaguares, las
serpientes y los zainos en perjuicio de los imprudentes buscadores de
oro. Sinembargo, debo declarar que el tal _Mohan_ no me parece un
personaje tan absurdo como se cree, si se observa que en rsumidas
cuentas es el _Diablo_, pero un diablo potico, altamente romntico, y
por lo mismo superior, bajo el punto de vista artstico y espiritual, al
prosaico y vulgarsimo diablo en que nos manda creer la santa madre
Iglesia.

_San-Pablo_ (y de paso dir que de ah para abajo casi todos los pueblos
estn santificados por un nombre), es un pueblecito gracioso, muy pobre
y humilde, pero de un colorido local pintoresco. En primer trmino est
la barranca rojiza que domina al Magdalena, salpicada de barracas de
pescadores, de las mas extraas formas; despus el casero, compuesto de
dos calles rectas, con 40  50 casitas de paja muy blanqueadas, todas
separadas y  la sombra de una multitud de cocoteros, mangos y naranjos;
detras de la faja gris oscura de la selva tupida, y en ltimo trmino
las lejanas serranas occidentales que separan al Estado de Antioquia
del inmenso valle del Magdalena.

El vapor se var en frente de San-Pablo, porque el verano haba
disminuido mucho el caudal de las aguas, y all tuvo nuestro amable
Irlands la ocasin de poner aprueba sus sesenta aos. El ancla fue
arrojada  50 metros de distancia, y todo el mundo, por gozar de las
emociones del trabajo, fu  mezclarse con los marineros para darle
vuelta al torno de proa y hacer salir el buque del banco de arena que
lo rodeaba. La noche nos sorprendi jadeantes, empapados en sudor, pero
alegres y triunfantes despus de dos horas de esfuerzos; y  poco rato
el canto melanclico de todos los marineros, hiriendo el eco de las
selvas, nos di una nueva impresion. A las diez de la noche el puente
del vapor tenia un aspecto singular. Cada lecho estaba cubierto con un
toldo para defenderse cada cual de los terribles _zancudos_  mosquitos,
y la apariencia general era como de un hospital de campaa, un
campamento  un cementerio flotante. El Irlandes, que despus de
trabajar como un Sansn habia tenido la prevision de beber como una
bomba, dorma cerca de m, y roncaba con la terrible majestad de las
tormentas andinas. Entretanto, el buho solitario de la playa vecina
responda con su canto lgubre al bramido lejano del jaguar errando
entre las asperezas de la selva.

       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *


EL BAJO MAGDALENA.


Las riberas del gran rio.--Puerto-nacional.--La aldea de Regidor.
--Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los
desiertos.--Las huertos de Margarita.--Mompos.--La confluencia del
Canoa.--Calamar.

El tercer dia de navegacion debia ser mas fecundo en escenas de todo
gnero. El primer objeto curioso fu un grande escombro sobre una playa
desierta: era la masa informe del vapor _Magdalena_ (el primero de la
tercera poca en que el rio ha sido navegado por vapores), cuyo casco
yacia abandonado como intil. Al ver ese cadver de hierro y madera,
comparado con los vapores actuales, se comprende y admira la
perseverancia con que,  despecho de muchos contratiempos, el espritu
de progreso sigue su marcha, luchando con la naturaleza y acabando por
vencerla siempre. Mucho mas arriba habia visto tambin los restos del
esplndido vapor _Manzanares_, volado en 1854; y en otros puntos del rio
se pueden ver los del _Honda_, el _Henry Wells_ y el _Calamar_,
sacrificados tambien en los primeros ensayos. Al cabo la navegacion por
vapor se ha regularizado, el rio es surcado por ocho  diez bellos
vapores, en la parte baja, y ya se acaba de establecer uno pequeo en el
alto Magdalena. El progreso triunfar.

Como para hacer contraste, dos horas despus encontramos el lindo vapor
_Patrono_, que suba con rapidez, saludndonos con alegra sus
pasajeros y tripulacion. En seguida un verdadero panorama de aldeas en
hilera, sobre las mrgenes del rio, fue presentndose  la vista,
rodeado del paisaje mas vasto y encantador, sin alteracion hasta el
puerto de la bella ciudad de Mompos.

La llanura era inmensa y todos sus objetos brillaban  la luz de un sol
abrasador en medio del cielo mas puro y trasparente. Al occidente se
destacaba la cordillera de Simit como una cinta celeste, hundiendo sus
cimas entre las blancas nubes; mintras que al oriente,  inmensa
distancia, se dibujaban como areos palacios las cumbres de color vago y
confuso de la rama de la cordillera oriental que separa  las comarcas
de Ocaa del norte de Nueva Granada. Vi primero el _pueblo_ de
_Badillo_, miserable como casi todos los de las orillas del bajo
Magdalena; despues el casero lamentable de _Las-Pailas_, donde el sol
devora y las serpientes abundan como las hormigas; mas abajo la Bodega
del vecino distrito de _Puerto-nacional_, el sitio mas ardiente de todo
el Magdalena, y por ltimo, para completar el cuadro del dia, la aldea
de _Regidor_, donde nos esperaba una singular escena de costumbres
nacionales y de contrastes en extremo romnticos.

Y en el intermedio.... qu de bellezas para llamar la atencin,
estableciendo el colorido local! A cada paso islas tan primorosas, tan
pintorescas que, salvo el calor y las plagas, hacan pensar en los
archipilagos del Mediterrneo; hileras interminables de sauces
llorones, bordando las playas del rio y los suaves declives de las
islas; caos oscuros, sombros, saliendo misteriosamente de entre la
selva y trayendo sus aguas sin corriente de las lagunas lejanas, donde
moran la fiebre, las fieras y las serpientes venenosas y enormes  la
sombra de una vegetacion exuberante y brava; playas reverberantes,
cuajadas de _caimanes_ durmiendo bajo el ala de un viento abrasado, en
cuyas orillas se amontonan las garzas de lindsimos colores,  vaga el
grullon persiguiendo  los peces descuidados, y e cuyas arenas
quemadoras se dan  veces sus terribles combates el jaguar, tirano de la
selva, y el monstruoso dragon de los rios colombianos. Bandadas
increiblemente numerosas de papagayos de todas clases pasan atronando
con su spera gritera, que parece el eco de la voz del salvaje; y al
traves de una vegetacion incomparable que constituye el fondo del
inmenso cuadro, se desliza el Vapor, lanzando de tiempo en tiempo sus
silbidos agudos y prolongados, cuyo eco repercuten las selvas y produce
una sensacion indefinible de miedo y admiracion al mismo tiempo.

En ese trayecto el rio _Lebrja,_ semejante al _Sogamoso_, desemboca en
la mrgen derecha, despus de haber surcado una extensa region del
Estado de Santander. Puede calcularse que el caudal de aguas que los
cuatro principales afluentes del Norte (_Carare, Opon, Sogarnoso_ y
_Lebrija_) le dan al Magdalena, equivale al que este rio recoge de todo
el Estado de Cundinamarca. As, despus de recibir esos contingentes,
arriba de _Puerto nacional_, el Magdalena tiene en algunos puntos hasta
800 metros de anchura, sin haberse engrosado an con las aguas del
_Cesar  Cesar_ y el _Cauca_.

En Puerto-nacional y Regidor los cuadros caractersticos me parecieron
curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por
donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del
Norte de la Repblica, y es tambin el punto por donde los pueblos de
Ocaa exportan su produccion de caf, azcar, tabaco, suelas, _taguas_
(marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artculos de
consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan  la _Bodega_ de
Puerto-nacional,  tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos,
los habitantes del pueblo, que est dentro de la selva  la mrgen de un
cao afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro
mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslera que
vender,  los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los
chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia,
gritan alegremente como papagayos salvajes.

Qu de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que
nos invada!--Diez  doce mujeres, zambitas y zambazas,  viejas
requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pauelo
de cuadros escandalosos atado  la cabeza en forma de gorro  turbante,
y un camison flaco y desairado, de zaraza  muselina burda, con el
gracioso arete de oro  tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por
todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones,
rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por
los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron  sentarse
en medio de las seoras y los caballeros de  bordo para entablar
conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las
bellas trenzas de cabello negro y abundante,  veces crespo, el labio
grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y
ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentrea, libre como
el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con
un dejo lleno de coquetera, y el carcter sencillo, hospitalario y
lleno de cordialidad.

Toda esa gente me pareci formar una raza enrgica, de excelentes
instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo
darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas
instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del
puerto  la sombra de algunos rboles, no era menos simptica y curiosa.
Este, sentado entre una barricada de melones y sandas, pareca una
figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un
mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa  canasta
de mimbres, donde bailaban  cada movimiento los panecillos de azcar
ocaera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros
y los olorosos panes de maiz; y el de mas ac  mas all se pavoneaba
con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de
otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor
cuanta y los navegantes. All un boga voluntarioso, de cuerpo espigado
y gil, le echaba chicoleos de champan  una moza de mirada un tanto
pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aqu
el viejo patron de bote, con nfulas de personaje, se daba sus aires en
medio de la turba, apoyado en un remo  _canalete_, y acariciando el
ancho arete pendiente de su oreja derecha; mintras que un marinero del
vapor, como perteneciente  la aristocracia de los navegantes, le
dispensaba su mirada de altiva proteccin a algn boga plebeyo,
dicindole al pasar: _J! t por aqu, Peiro?_

Al cabo el vapor lanz su prolongado silbido; nuestro Irlandes declar
que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drnk! or
not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se
perdi de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fumos  atracar
al pi de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde  un paisaje
infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas tpico
que era posible encontrar.

       *       *       *       *       *

La aldea se compone de unas 25  30 chozas miserables, diseminadas sin
rden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altsimos
bosques, y en toda el rea del pobre casero multitud de palmas de
cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la
noche el ruido de los tamboriles cnicos y las flautas  _gaitas_
peculiares  los bogas y sus familias semi-salvajes, hiri nuestros
oidos anuncindonos una ardiente sesin de _currulao_.

El _currulao_ es la danza tpica que resume al boga y su familia, que
revela toda la energa brutal del negro y el zambo de las costas
setentrionales de Nueva Granada. As, todo el mundo quiso contemplar la
escena y, excepto las seoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa
danza extravagante, saltamos todos  tierra en direccion  la _plaza_ de
la aldea.

El espectculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio,
perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado,
altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande
hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la
rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes  su turno, mucho
mas numerosa, cerraba  ocho metros de distancia el gran crculo. All
se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de
esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difcil, muy
difcil sera la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de
esas figuras que parecian sombras  fantasmas de un delirio, cuando se
movian,  troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas,
ennegrecidos y speros, si permanecian inmbiles.

La luz rojiza de la hoguera, extendindose sobre un fondo oscuro,
aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia
como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, msicos y
espectadores, as como las de los mstiles y las copas de los cocoteros,
se proyectaban en perspectiva de un modo singular.

Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, montono, incesante, de
la _gaita_ (pequea flauta de sonidos muy agudos y con solo siete
agujeros) y del _tamboril_, instrumento cnico, semejante  un pan de
azcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un
cerro y se toca con las manos  fuerza de redobles continuos. La
_carraca_ (caa de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se
produce frotndola  compas con un pequeo hueso delgado); el
_tringulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho  alfandoque_ (caa
cilndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a
los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y spero como el
del hervor de una cascada), se mezclaban rarsimamente al _concierto_.
Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza
pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_.

Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la
vuelta  la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero,
llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo
todos el compas con los pis, los brazos y todo el cuerpo, con
movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cnica cuya
descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables,
impasibles en sus fisonomas, indiferentes  todo, bailaban y daban
vueltas y vueltas con la mecnica uniformidad de la rueda de una
mquina. Era un crculo eterno, un movimiento sin variacion, como la
caida del torrente, como el caliente remolino de fuego  de arena que se
fija en un punto, en medio de un bosque incendiado  en la mitad de una
playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes
correspondia  la de los msicos; y  pesar de emociones tan ardientes
al parecer, ni un grito, ni un acento lrico, ni una sola palabra
pronunciada en alto interrumpia el silencio extrao de la escena.

Es tal la resistenca habitual  el teson con que esa gente se entrega
al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando 
bailando, sin descansar un minuto.

Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el
movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesa, de todo arte,
de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda
la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hbito
dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos
salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la
danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ah la extraa
monotona del espectculo.

Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre  una mujer sale
del circulo de espectadores, le quita las velas  uno de los danzantes,
le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va  colocarse en la
gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer,
ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si
al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar.
La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una
peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores
fsicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente
mecnica.

Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno hmedo, inmenso y solitario,
y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y
de balde, y que, exagerando el desarrollo fsico de los rganos,
debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente
de Africa,  hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tirana,
no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y
fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es,
 pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su
fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las
soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte
infinito, es no obstante su barbarie un sr eminentemente herico,
potico en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron,
crdulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un
bruto que habla un malsimo lenguaje, siempre impdico, carnal,
insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora  comerciante, que habita las vegas
vecinas  Ocaa  las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y
Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida
comunicativa, y ser no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes
cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el
sopor, la inercia y la corrupcion, no podr regenerarse sino despues de
muchos aos de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el
comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena.
La civilizacion no reinar en esas comarcas sino el dia que haya
desaparecido el _currulao_, que es la horrible sntesis de la barbarie
actual.

       *       *       *       *       *

Si la idea fundamental del romanticismo literario est en la libertad de
exposicion de los contrastes, que en la naturaleza fsica se manifiesta
en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca
en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran sntesis de la
armona, nada mas romntico que el contraste de escenas de vegetacion y
de estructura geolgica que se encuentra al descender el Magdalena
desde _Regidor_ hasta _Mompos_.

Hasta un poco mas abajo del brazo  canal de _Loba_ la desolacion es
completa y su espectculo aflige profundamente el corazon del viajero. A
juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno
trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el
Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que
el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como
de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal
inmenso mas  mnos poblado de rboles medio desnudos. La brisa falta
enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huspedes del
desierto, aparecen solos; los caimanes, reproducindose increiblemente,
forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce
sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. All no existe casi la
vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo,
y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno
desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las
cinagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin
mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del
_Peon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado
sobre una barranca desnuda  la mrgen izquierda del rio; del _Banco_,
pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por
sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado  la derecha,
cerca de la confluencia del profundo y bellsimo rio _Cesar_  _Cesari_;
y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del
Magdalena, va  engrosar las del Cauca para volver luego  su propio
caudal.

El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la mrgen derecha, al
Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolvar_ por el gran rio. El
_Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por
Jimnez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente
navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene
 traerle los tintes, las maderas y otros artculos de exportacion
recogidos en las montaas que dominan  Riohacha y Santa-Marta (del lado
occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguan_ y
_Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como
el Magdalena, se desarrollar un gran progreso industrial en esas
comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable,
una madera exquisita, un metal  un producto de los trpicos que no
pueda obtenerse all para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al
consumo del mundo comercial.

El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye
inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande
isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La
navegacion se hace muy difcil para los vapores en el canal principal, y
se reconoce all la urgente necesidad de una obra de canalizacion que
mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar
indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de
encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetacin exuberante que se
reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las
grandes crecientes peridicamente infalibles del rio, y la movilidad de
sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del
Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se
reduce  establecer faginas  barricadas vegetales, que las aguas, los
depsitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten
en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan
vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debera
estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en
los estudios hidrogrficos. La _hidrulica natural_ puede ser en
Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura
incomparable que, continundose en los caseros  parajes de
_Doa-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad
de Mompos y sus cercanas. El encanto de aquellos paisajes, de aquella
vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es
imponderable. Aquello es un paraso, es un osis de verdura suntuosa, de
perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema
hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el
corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como
un manto de verdura sobre la mrgen de un rio gigantesco, y tendr
todava una idea muy inferior  la realidad. Ese trayecto valdra en
Europa millones y millones de francos  florines. En Colombia ... no
vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus
riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la
tierra. Aunque en una y otra mrgen del rio se observa la misma
fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de
ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los
sauces y las altas gramneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas
cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El
terreno es una angosta y largusima vega toda cultivada y cuyo suelo
casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque
interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombro, y el
viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver
la isla de Calipso, con su primavera eterna,  un huerto areo que la
mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mgico, cual un
cosmorama inasible y movedizo.

Qu bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequea
plantacion de caa de azcar,  un verde platanar que exhala el perfume
de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vstagos desnudos
como cintillos de topacio bajo una bveda de esmeralda. Pero esas
plantaciones apnas interrumpen ligeramente la selva interminable de
naranjos, limoneros, mangos, rboles de mamei, de zapote, de nspero, de
mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes
diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los
mstiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje
de una barca sobre las verdes ondas de una baha tranquila, suavemente
rizadas apnas por el soplo de las brisas de la tarde. All, bajo esos
pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los
racimos flotantes de naranjas provocan, los pjaros cantan como en una
mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en
perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese
magnetizada y feliz....

A la sombra de esas cpulas de verdura vive una poblacion sencilla,
pacfica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la
influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas
pintorescas y blanqueadas, destacndose en perspectiva detras de las
bvedas y grutas areas de los rboles,  ramadas de _trapiches_,
despidiendo su sabroso olor de miel; y mintras las mujeres hilan, hacen
bordados  tejidos,  fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de
graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos  la
sombra de los rboles, sobre un suelo limpio y parejo,  trepan como
ardillas  perderse entre el follaje de los mangos y naranjos.

Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer trmino del paisaje.
La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en
trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeos puertos, en
forma de caracol  perpendicularmente; y en el muro de la barranca se
ven las aberturas  bocas de muchos hornos subterrneos, ingeniosamente
preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojbana_,  el de yuca,
que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pi brincan, agitadas por el
oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeas canoas
destinadas  llevar  Mompos los cargamentos de frutas y mantener la
comunicacion entre las dos mrgenes del rio. Los grupos de la orilla no
son mnos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos
singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando  la
tripulacion del vapor que pasa rpidamente  la vista de esos pacficos
moradores de un huerto secular.

       *       *       *       *       *

Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplsimo puerto
contiene siempre multitud de embarcaciones indgenas, y sus albarradas,
sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la
playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan
pintoresco que provoca al viajero  visitar el interior. Situada la
ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montaas que la
dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles
y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la
respiracion.

La poblacion est dividida en dos barrios: el de arriba, llamado
_Susa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha
gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas,
cortadas en ngulos rectos,  cordel, y totalmente formadas por fuertes
edificios de mampostera. El primero es habitado por las clases
trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido
boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en
sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de
educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por
ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la
Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaa. Es de esa raza
vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en
_Tenerife_ y _Barbacoas_, en la poca de la independencia, y mas tarde
tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del
Magdalena.

El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados
los momentos de contiendas, son estimables por su carcter generoso y
franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que
resume por excelencia el contraste de la conquista  la civilizacin
espaola con la antigua situacion indgena. Si la parte de arriba es
esencialmente nacional  colombiana, la de abajo es, por su estructura,
enteramente espaola. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez,
multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles
anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo,
puertas arqueadas, galeras de columnas prodigadas, inmensos salones,
altas celosas de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y
pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos
los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan  Mompos el
aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista
ibrica.

Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un
depsito  puerto de escala importantsimo, que hace juego con las
plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion
agrcola de Ocaa y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los
pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena,
Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran
rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas
considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es
afamada por su produccion de licores, joyera esmerada, herramientas y
vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla
talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena.

       *       *       *       *       *

El 6 de febrero era el ltimo de mi viaje  bordo del vapor _Bogot_, el
cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco 
seis leguas de la baha de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento
comercial de Santa-Marta; mintras que yo debia separarme en _Calamar_ y
seguir en direccion  Cartagena, por camino de tierra,  por el canal
semi-artificial llamado el _Dique_.

Desde que el sol empez  iluminar el panorama del Magdalena abajo de
Mompos, fue hacindose mas notable la aglomeracion de poblaciones sobre
las mrgenes del rio. As, aunque este ha perdido mucho de su majestad
por la gran disminucion de sus aguas en el canal de _Loba_, las orillas
interesan mas porque revelan la existencia de la sociedad, casi nula en
el trayecto que media entre _Regidor_ y _Nare_. La vegetacion es
siempre uniforme, el cielo igual y la llanura inmensa como un desierto
de las pampas orientales; pero el viajero se consuela viendo asomar de
trecho en trecho los pobres caseros que se destacan sobre barrancas
pedregosas, ya  la derecha del rio, como los pueblos de _San-Cenon_,
_San-Fernando_, _Santa-Ana y Pinto_, ya  la izquierda, como  los de
_Talaigua_ y _Sambrano_.

En _Pinto_, que es un puerto de escala en relacion con las famosas
ferias de _Magangu_, sobre el Cauca, se separaron todos los viajeros
comerciantes que se encaminaban  la feria de la _Candelaria_; y media
legua mas abajo nos llen de admiracion el espectculo de la confluencia
de los dos grandes rios. El _Cauca_, engrosado enormemente con mas de la
mitad de las aguas del _Magdalena_, desemboca por tres hermossimos
canales paralelos, formando un delta de esplndida majestad, y los dos
gigantes parecen abrazarse, envolviendo entre sus anchos brazos tres
islas de suntuosa vestidura, cuyos sauces y gramneas semejan enormes
masas de esmeralda flotando en el centro de un ocano de plata,
iluminando por el sol ardiente. El espectculo es grandioso, imponente,
y el Magdalena, que desde all se encrespa al soplo de las brisas
marinas, es ya un pequeo mar que muchas veces alcanza 1,500 metros de
anchura, incluyendo sus muchos islotes pintorescos.

Despues el viajero, que presiente el aspecto del cercano Atlntico, 
juzgar por la escena infinita que se le presenta, va recogiendo nuevas
impresiones. Ya se mira con gusto el puerto de la _Merced_, por donde se
hace el comercio con el _Crmen_, poblacion agrcola cuyo tabaco
excelente le est dando grande importancia, y cuyo casero se distingue
confusamente al pi de una lejana serrana; ya se divisa el pueblo de
_Plato_, escondido  la derecha,  algunas leguas de distancia, entre
una selva desolada y triste que parece haber sido retostada por el fuego
de un sol vertical de imponderable torricidad; ora se pasa por el pi
del rido peon donde yace como un escombro el miserable pueblo de
_Tenerife_,  la mrgen derecha, cuyo nombre y sitio recuerdan el
heroismo de los guerreros de la independencia; ora se saluda con
profunda tristeza el casero de _Nervit_, desolado y casi salvaje, el
de _Heredia_, cuyas barracas, dominando la barranca del rio, revelan
toda la miseria de sus habitantes,  el del _Yucal_, no mnos
lamentable.

Entre tanto, se ven al oriente,  una inmensa distancia y casi
confundidas con el color ceniciento de las nubes, las altas serranas de
Valle-Dupar y la rica y brillante Sierra-Nevada que domina las costas de
Santamarta; mientras que en el rio se van descubriendo, como blancas
garzas que rozan las ondas encrespadas por la brisa, las velas de los
botes mercantes que vienen de Barranquilla  Calamar en direccion 
Mompos,  que descienden servidos por el remo. La brisa marina es tan
fuerte all, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la
vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje
del rio toma proporciones semejantes  las de ocano tranquilo.

El sol se perdi tras de las lejansimas montanas de Antioquia que
terminan cerca de la isla de Mompos, y en medio de la oscuridad
arribamos al extenso y arenoso puerto de _Calamar_,  100 metros de la
bifurcacion que da orgen al canal del _Dique_. Poco despues el vapor
_Bogot_ sigui su marcha, confundiendo los silbidos de su locomotiva
con los gritos de despedida, y yo me quedaba en Calamar para emprender
una segunda peregrinacion de muy distinto gnero.

       *       *       *       *       *

_Calamar_ es una poblacion de gran porvenir agrcola y comercial, bien
importante ya por su posicion de escala, y que no carece de interes por
las costumbres de sus habitantes y su estructura fisica. Distrito de muy
nueva creacion, su poblacion alcanza apnas  poco mas de mil almas, las
calles son muy anchas, derechas, cortadas en ngulos rectos, y las casas
tienen una apariencia de comodidad y aseo que contrasta con la de los
otros pueblos ribereos del Magdalena. Sus habitantes, alegres y
expansivos, recorren las calles ofreciendo vveres, montados en burros
de la manera mas extravagante. La montura es tan insegura que cada
jinete es un equilibrista. El jinete va sentado en el centro, con las
piernas cruzadas sobre la nuca del asno, y este, que no est sujeto por
brida ni cabestro, es manejado hbilmente al influjo de los golpes que
le regala con la mano su equilibrista caballero. El asno queda
convertido as en una especie de brjula ambulante que cambia de
disecacion segn la inclinacion del golpe  tocamiento que recibe. Si he
de hablar con franqueza dir que los burros de _Calamar_ me parecieron
mas racionales que los bogas de la aldea de _Regidor_.

_Calamar_ es en cierto modo el crucero de todas las vias mas importantes
para el comercio del pas, puesto que sirve de escala al movimiento
interior que desciende de _Honda_, _Nare_, _Puerto-nacional_, el
_Cesar_, y _Magangu_ y _Mompos_; recibe el movimiento comercial de
_Santa-Marta_ y _Barranquilla_, y facilita la comunicacion del Magdalena
con Cartagena, ya por la via terrestre de Mahates y Turbaco, ya por la
del canal del _Dique_, que desemboca directamente en la baha de
Cartagena.

Desde el puerto de Honda hasta el de Calamar, en un trayecto de cerca de
130 leguas, no se encuentran, pues, sino 28 poblaciones sobre la mrgen
del Magdalena (contando dos ciudades) de las cuales 12 pertenecen en la
ribera derecha  los Estados de Cundinamarca y Magdalena, y 13, en la
ribera izquierda, corresponden  los Estados de Antioquia y Bolvar. El
total de habitantes de esos pueblos, excluyendo  _Honda_, que no
pertenece al bajo Magdalena, no pasa de la cifra miserable de 16,000, de
los cuales mas de 7,000 pertenecen  la ciudad de Mompos. Esa inmensa
region, de asombrosa fecundidad y tan felizmente dotada de fciles
comunicaciones en sus muchos rios afluentes, el Magdalena, los caos 
canales naturales y las llanuras vastsimas, es un desierto solitario,
inculto,  donde el hombre casi no ha llevado su poder conquistador, y
en cuyo seno existir en una poca lejana una poblacion vigorosa de
muchos millones y de riqueza imponderable. As, al cruzar esa region
maravillosa, solo es permitido al viajero pronunciar una palabra: el
_porvenir_. La naturaleza reina all, teniendo por esclavo al hombre.
Solo el tiempo, ese auxiliar misterioso del progreso, har que la
sociedad, cambiando de situacion, adquiera su soberana perdurable sobre
la Creacion.

Entretanto, la navegacion  vapor, bien regularmente establecida en las
aguas del caudaloso Magdalena; las nuevas instituciones
federalistas,--que permiten hacer esfuerzos mas directos en el inmenso
valle que aquel rio fecunda, para darles vida social  sus aisladas
poblaciones,--y el desarrollo indefinido que all puede tener la
agricultura intertropical, mediante el ensanche del consumo en los
mercados exteriores, desarrollo que comienza  iniciarse,--son
elementos que hacen esperar que no muy tarde las regiones hoy desoladas
que el viajero contempla con profunda tristeza, sern la tierra de una
raza liberal, enrgica y valerosa, que alcanzar el bienestar con la
prctica de la democracia y la actividad de la industria.

       *       *       *       *       *



CAPITULO III.

*       *       *       *       *

LA REGIN MARTIMA.


El canal del Dique.--Las cinagas; la salida al mar.--Cartagena; su
baha; sus arrabales.--Adios  la patria.--El mar por primera vez.

El 7 de febrero  las doce de la maana mi bote estaba preparado, y
part con mi familia del puerto de Calamar para descender el canal del
Dique, prefiriendo esa via mas bien que la de tierra, porque si esta era
mas corta, la otra tenia para m todo el interes de una obra nacional
importante para el comercio, y todo el encanto de una navegacion en
extremo pintoresca.

A pocos metros de distancia del puerto est, sobre la mrgen izquierda
del Magdalena, la boca del canal, abierta mas bien por el empuje natural
de las aguas que por el esfuerzo de los ingenieros; pero al dejar el
gran rio, donde el caudal opulento de las ondas lo hace todo, lo primero
que se ve en el Dique es el casco despedazado del vapor _Calamar_, el
nico que habia navegado all, y los escombros de una compuerta
derrumbada  causa de la debilidad del cimiento deleznable. Donde la
mano del hombre ha intervenido se ve, pues, el abandono, se ve patente
la inconstancia que preside  todos los esfuerzos industriales del
Hispano-colombiano. Grandes sumas se han consumido en la apertura de ese
canal;--bellas y legtimas esperanzas se fundaron en la obra, y
sinembargo, lo que queda es un monton de ruinas y una via de navegacion
embarazosa y llena de torturas para el viajero.

En un trayecto de diez  doce kilmetros el canal, con una anchura
uniforme de diez  catorce metros, parece una inmensa calle trazada en
perspectiva, recta en lo general y con aspecto montono y desapacible.
Las barrancas de las dos orillas, cortadas y desnudas; la vegetacion
mediana y sin elegancia; el sol ardiente que sufoca y devora; la
regularidad del trayecto; las plagas infinitas de insectos voladores que
hacen salir la sangre envenenada por cada picadura, y la increible
multitud de enormes iguanas y lagartos que se arrastran por entre los
tostados matorrales de las orillas,--todo eso contribuye  entristecer
al viajero durante las tres primeras horas de navegacion.

Despues la escena va cambiando  cada vuelta y revuelta del canal, y los
mas variados cuadros de la naturaleza se suceden para encantar
maravillosamente al viajero. La proximidad de las cinagas se manifiesta
en la verdura hmeda, la riqueza de la vegetacion y la abundancia de las
aves acuticas. Cedros y otros rboles gigantescos se levantan, y de sus
brazos retorcidos penden festones admirables de flores que renen todos
los colores del arco iris. La _vara-santa_ ostenta su mstil altsimo,
cuya copa azul, morada, blanca, rosada  amarilla, segun el estado de la
flor y la hoja, es el grupo mas suntuoso de guirnaldas que puede
imaginarse, multiplicado prodigiosamente. Una inmensa alfombra de
gramneas rizadas cubre las orillas del canal, y sobre ese interminable
feston, agitado por las brisas, se mecen las palmas elegantes de las
gramneas arbreas, entretejidas por cortinas flotantes de parsitas y
flores, que forman sobre la cabeza del viajero una bveda sombra,
poblada de perfumes desconocidos y de indefinible belleza artstica.
Aquello figura un arco triunfal infinito tendido sobre una calle
cubierta de flores y de ricas colgaduras.

De repente la bveda se acaba y el canal se confunde en una cinaga de
majestuosa y melanclica hermosura. All se tropieza con los escombros
de otra compuerta de manipostera, y una gran mquina para limpiar las
cinagas y canalizarlas levanta su roja chimenea por entre las altas
gramneas. El espectculo de la cinaga de _Sanaguare_ es admirable y
solemne. Qu soledad aquella! El viajero se siente como anonadado,
porque se encuentra muy pequeo, impotente, en presencia de aquella
naturaleza exuberante y brava.... Terribles caimanes se pasean,
asomando sus cabezas bronceadas sobre la onda cristalina encrespada por
la brisa que sopla desde la lejana costa del mar Caribe; el lago es
extenso y de la mas extraa forma. Por todas partes se levantan los
troncos secos y blanquecinos de millares de _guayacanes_, cuya verdura
ha destruido la humedad de las ondas que los rodean, y las copas,
retostadas por el sol en su parte superior, sueltan por todos lados
festones suntuosos de parsitas enredaderas. Cada uno de esos rboles
parece un esqueleto vestido de gala,--un cadver que, teniendo la
cabeza, los brazos y las piernas desnudas, lleva en el pecho y las
espaldas una tnica suntuosa de terciopelo oscuro, flotando al viento
como la bandera de la muerte.... El cielo es admirablemente azul y se
refleja en la onda que sirve de base  ese romntico bosque de cadveres
vegetales; y por todas partes se cruzan, en innumerable multitud,
bandadas de aves acuticas de los mas raros colores y las mas singulares
formas, que levantan un concierto de salvaje armona. El grito
melanclico del _chicoal_, hermoso pavo silvestre,--el canto recndito
del _chlac_,--el graznido de la garza temerosa,--el aleteo del cuervo
agitndose entre las altas ramas del caracol,--el chillido del pato 
del _cocl_, la queja de la _caica_, esa cantatriz de las tristezas de
la selva y del ro,--el sordo y vibrante ruido del _alcatraz_ que sacude
sus pesadas alas,--el grito salvaje del _mono_ (esa _mueca_ del hombre,
como dice Pelletan), lanzado desde lo alto de su columpio sombro,--el
redoble del _alcaraban_, ese centinela de los desiertos,--el zumbido de
la cigarra fatigada y de los millares de insectos que pueblan el aire, y
mil otros ecos y ruidos que salen del fondo de la selva: hacen de
aquella soledad una escena que sobrecoge el alma de respecto, que
obliga al viajero  evocar todos sus recuerdos de amor y de supremo
bien, y que inunda el corazon de un sentimiento inefable de veneracion
divina y de poesa soadora....

Despues, la noche vino con sus sombras, su misterio y su solemne
majestad, y  todos esos ruidos de la tarde sucedi el silencio de una
soledad imponente. Apnas la luz fosfrica de los _cocuyos_ y los peces
sealaba el hilo blanco de las aguas del canal; la cinaga habia quedado
atras; la oscuridad era profunda; los remos, agitando las ondas
inmbiles, producian con su chasquido un eco misterioso; los corpulentos
rboles de las orillas tomaban las mas extraas formas en la sombra del
follaje interior, y al encanto infinito de la tarde sucedian las
amarguras de una noche de sufrimientos increibles.... Lo que el viajero
puede sufrir all, literalmente devorado por los _zancudos_, es
indescriptible. Es un dolor atroz, incesante, cruel, torturador, que da
la idea de la Inquisicion, del infierno, de la suprema desesperacion....
Cada minuto es un siglo de angustia, y cuando el viajero ve aparecer el
sol al dia siguiente, cuyo calor hace huir  la infernal plaga,
comprende que en solo una noche ha sufrido por muchos aos y ha
aprendido  tener resignacion.

Los miserables pueblos de _Mahates_ y _San Estanislao_, situados en
medio de cinagas interminables, demoran all en la mayor incuria y en
un completo desamparo; y el canal, ensanchndose  veces en medio de
anchas lagunas  cinagas, como las de _Sanaguare_, la _Cruz_ y
_Palotal_,-- volviendo a estrecharse como en su principio, aunque
cambia de aspecto por su forma  su vegetacion, nunca pierde su
hermosura salvaje, su soledad y sus encantos. De trecho en trecho se
encuentra algun bote navegando pausadamente, detenido  veces por muros
de plantas acuticas de tal manera entretejidas que exigen un trabajo
vigoroso para abrir paso  las embarcaciones. Esa naturaleza invencible
tiene un poder de reproduccion maravilloso; y al Contemplar la escena el
viajero admira la energa de voluntad que presidi  la apertura del
canal, casi obstruido en 1858.

Desde el principio de la gran cinaga de _Palotal_ el paisaje toma
nuevas y admirables proporciones. All es un extenso lago de verdura lo
que se ofrece  la vista del viajero. El agua, cubierta donde quiera por
una espesa capa de gramneas profundamente arraigadas, tiene una
profundidad media de tres metros, pero rara vez aparece en la
superficie. Todo el vasto lago de verdura abarca una extension de muchas
millas, limitado en su circunferencia por manglares interminables y muy
tupidos, de aspecto suntuoso y magnfico. Al fin la cinaga encuentra su
desage principal, y el viajero vuelve  esconderse en el cauce sombro
del _Dique_  canal, embelesado por los encantos de una naturaleza
incomparable. All la plaga ha desaparecido enteramente, y el canal, con
una anchura de 15  20 metros, da la idea de un paraso que solo la
imaginacion del poeta pudiera haber ideado. Las bandas de pjaros
multicolores son innumerables;--le sombra deliciosa, bajo el follaje
colosal y espeso de una vegetacion en que alternan el _mangle_,
elegante, recto y de romnticas raices hundidas entre las ondas, el
corpulento _caracol_, la flexible _guadua_ y mil plantas de las mas
hermosas formas;--los conciertos que de todas partes se levantan, y los
perfumes que exhala el bosque de su seno hmedo y exuberante de fuerza
reproductora,--todo contrasta con la escena martima que despues se
presenta. El canal termina entre manglares para perderse en las ondas
cristalinas de la baha, sumamente prolongada hcia el interior; la
brisa del Atlntico sopla con vigor; la ancha vela del bote se desplega
y flota de proa  popa; el horizonte se ensancha; las aguas toman el
olor, el color y la aspereza de las aguas marinas; los remos dejan de
agitarse; el tiburon persigue implacable  ejrcitos de peces
primorosos; las colinas de la costa se ofrecen  la vista; se siente el
sordo y lejano mugido del mar; el mundo de las selvas acaba, el del
abismo infinito comienza; y al fin, surcando una baha de admirable
belleza, que ensancha el corazon y da la primera nocion de la majestad
del Ocano, el viajero ve  Cartagena, bella, melanclica, romntica,
sentada entre dos bahas, como una garza nadando en el Atlntico; y el
Colombiano, el Granadino, amante de la libertad y de las glorias de un
pueblo herico, no puede menos que levantar la voz y saludar  la vieja
y noble ciudad, dicindole con el arrebato de la admiracin; Salve,
gloriosa Cartagena, tierra del heroismo supremo y la abnegacion, cuna de
poetas y mrtires, sepulcro arrullado por las ondas, escombro de la
opulencia que _fu_ para no resucitar sino en un lejano porvenir!

       *       *       *       *       *

Cartagena es la capital del Estado federal de _Bolvar_, uno de los
nueve en que recientemente se ha dividido Nueva Granada, con una
poblacion de 200,000 almas y una extension aproximativa de 40,000
kilmetros cuadrados, compuesta en su mayor parte de esplndidas
llanuras y selvas, surcadas por hermosos rios navegables; con un clima
general de 33 grados centgrados, en los veranos, y un desarrollo muy
considerable de costas martimas entre las bocas del Magdalena y las del
Atrato. Si en otro tiempo Cartagena lleg  contener mas de 20,000
habitantes su poblacion ha bajado  7,000, diezmada desde 1811 por la
guerra, las epidemias, la rivalidad de otras plazas comerciales y el
lento desarrollo, interior de la agricultura. Hoy Cartagena es un
inmenso escombro, cuyo espectculo aflige profundamente al viajero; pero
la hermosura romntica de la ciudad, la esplendidez de sus bahas, su
admirable posicin martima, su importancia y sus facilidades para el
comercio interior, el carcter de su poblacion y los nobles recuerdos
que le pertenecen, hacen de esa plaza un objeto tan interesante como
simptico para el observador extrao.

Nada mas grandioso y variado que el panorama que se desarrolla  la
vista del curioso que quiere contemplar la ciudad desde lo alto del
cerro de la _Popa_ que la domina enteramente. Esta eminencia aislada es
una alta colina pedregosa, rodeada de cinagas y bahas,  una milla de
la ciudad, y en cuya cima los Espaoles establecieron una _fortaleza_ y
un _convento_, las cosas mas caractersticas del sistema colonial que
domin en Hispano-Colombia; pero la Repblica, que no quiere ni frailes
ni caones, ha dejado arruinar todo aquello, y hoy no queda sino un
monton de escombros imponentes. Desde las plataformas de aquel edificio
mixto y despedazado, el viajero contempla un espectculo maravilloso,
digno del pincel del artista y de la admiracion del poeta, como del
estudio del historiador y el arquelogo.

Al norte de la ciudad, aislada por sus murallas, sus fosos, sus bahas y
lagunas, se abre un estero que determina una angosta lengua de tierra,
poblada de cocoteros, quintas y rsticas chozas. Al sudoeste se dilata
la hermosa baha  entrada de _Boca-grande_, obstruida por los
Espaoles; despus la isla de _Tierra-bomba_, flanqueada por fortalezas;
mas al sur la entrada de _Boca-chica_; en fin la grande isla de _Bar_,
separada del continente por el _Dique_. La inmensa y admirable baha
forma casi un crculo irregular; en su seno se ven anclados 20  30
bergantines, barcas y goletas con los pabellones estranjeros y el
nacional; un enjambre de lanchas se cruza en todas direcciones,--y
varios fuertes, construidos sobre islotes  ngulos salientes de la
costa, ostentan entre cocoteros y parsitas, su vieja y pesada
manipostera convertida casi en escombros,  muy deteriorada, y sin
bateras. Al frente, hcia el poniente, se extiende el Atlntico,
brillante, agitado, mugiente, inmenso y lleno de majestad y
misterio...el mar con toda su fascinacin, con sus reflejos
inasibles, con su movilidad eterna, y sacudiendo su lomo de escamas
luminosas, como un dragon enfurecido por la resistencia de las rocas que
quisiera devorar  pulverizar.

En medio del ocano, las bahas, la laguna y el cerro de la Popa, vegeta
Cartagena, como un nufrago que vacila entre los abismos del mar y la
soledad del desierto que limita un continente. Qu de recuerdos all!
qu sublime pobreza! gloriosa mendicidad de una reina caida que se
hace respetar por lo que fu, y admirar por la majestad de su dolor! El
mar golpea por todos lados sus murallas; el cielo la cobija con un manto
siempre lmpido y azul; y los mil penachos flotantes de sus cocoteros
hacen admirable juego con las altas torres de sus venerables templos
medio arruinados, tristes y ennegrecidos por el tiempo. La parte
principal de la ciudad, formando una isla, ligada por un puente colgante
al barrio de _Jiman_ que toca al continente, es toda de mampostera
pesada; una enorme muralla, llena de fortificaciones en otro tiempo
formidables, la circuye, defendindola de las invasiones del mar.
Imagnese el lector lo que sern  han sido esas fortificaciones, con
solo saber que ellas le hicieron consumir al gobierno espaol la
estupenda suma de 250 millones de pesos, sin contar una gran parte de
los armamentos. El viajero se pasma al considerar toda la suma de
trabajo humano que debi concurrir  la creacion de aquella magnfica
ciudad de calicanto eterno. La Repblica, que quiere contar solo con los
recursos de la paz, ha vendido todos los caones, como un elemento
intil para la civilizacion; y Cartagena no es hoy sino una plaza
mercantil arruinada, que espera de la industria libre su resurreccion.

El barrio de _Jiman_, compuesto de casas de paja, hermosas quintas y
reductos, y que se extiende hacia el pi de la Popa, es mas pintoresco y
alegre, pero mnos interesante por su estructura material. La ciudad
tiene excelentes edificios pblicos, y por una singular contradiccion,
mintras que todas las calles son sumamente estrechas y oscuras, las
casas son como palacios, casi todas altas, alegres en su interior y con
salones espaciosos y cmodos. Como la poblacion es muy inferior  la
localidad, muchsimas casas estn desiertas, y el abandono las ha
convertido en tristsimos escombros, Y qu contraste el que se nota en
las mujeres de Cartagena!... Las seoritas son en general muy bellas,
espirituales, expansivas y alegres, y reunen  la elegancia  la
gentileza de las formas una gracia en el decir, en la mirada y la
sonrisa, verdaderamente encantadora. Al contrario, las pobres mujeres de
la clase proletaria (quizas deteriorada la raza por la miseria y la
inaccion), son de una fealdad dolorosa:--flacas, largas, sombras,
plidas como espectros, lgubres como las sombras errantes en medio de
las tumbas.... Cmo explicar esa contradiccion  ese contraste? Yo
podra determinar las causas, pero me contentar con hacer una
reflexion. Cartagena es una gran ruina, es una tumba inmensa, y entre
las ruinas y las tumbas se encuentran siempre, lo mismo el hermoso lirio
lleno de perfume y misterio, y el blanco alel de las murallas, que el
lagarto feo y descarnado vagando por entre los pedriscos y los escombros
donde vegeta la hiedra....

Por lo dems, la poblacin de Cartagena tiene las mas excelentes
cualidades sociales: hospitalaria en alto grado, franca, generosa,
jovial y siempre animada de un profundo sentimiento de patriotismo, que
parece mantenido por el recuerdo mismo de las glorias de Cartagena. La
poltica agita mucho  los vecinos; pero pasada la lucha transitoria,
todos vuelven  una fraternidad que se revela en el trato social, en el
sentimiento de caridad y en el espritu de independencia poltica y de
intimidad personal que los anima  todos.

Cartagena tiene muchos elementos de prosperidad, y puede ser grande por
la agricultura interior y por el comercio de importacion y exportacion.
Pero para prepararse un porvenir digno de su posicin, necesita abrir
paso  los vapores entre su puerto y el rio Magdalena, restableciendo su
canal casi obstruido,  bien fundar la comunicacin terrestre por medio
de un ferrocarril  una buena via carretera. El mundo colombiano, en
todas sus regiones, tiene cuanta riqueza puede imaginarse: la naturaleza
le ha dado la promesa del mas venturoso porvenir, en la opulencia de su
territorio, y en la bravura heroica de sus hijos. Lo que ese hermoso
mundo necesita es contacto con las dems sociedades, con todas las
razas, con la civilizacin exterior en todo su desarrollo. As puede
decirse que la obra compleja de civilizar  Colombia est resumida en
esta frase; comunicarla con el mundo, lanzarla en el movimiento
universal.

Bajo la impresion de esta idea, sentia que mi existencia iba 
trasformarse al dejar el suelo de la patria, confiarme a la providencia
del vapor, cruzar el inmenso pilago y descender sobre las costas de
Europa, en busca de la luz, el movimiento, la vida intelectual y moral,
los tesoros del arte, las maravillas de la industria y todo lo que
constituye este caudal de las tradiciones y los triunfos de la humanidad
que se llama la _civilizacion europea_. Quin me dijera entnces que al
tocar la realidad y estudiarla atentamente, muchas de mis ilusiones se
disiparan; que este viejo mundo me habra de parecer muy inferior  lo
que los libros me lo habian hecho soar; y que al comparar  la pobre y
atrasada pero hermosa Colombia espaola con la opulenta y refinada
Europa, mi espritu, mejor esclarecido, acabara por estimar
infintamente mas al pueblo del Nuevo Mundo,  quien,  pesar de los
defectos heredados, la democracia ha ennoblecido y adelantado,
relativamente al tiempo, mucho mas que las instituciones aristocrticas
 las sociedades europeas.

El 12 de febrero dejaba yo el puerto de Cartagena para tomar el vapor
ingls _Thames_, en viaje para San-Thomas. Por primera vez sentia toda
la solemnidad de ese acto de suprema confianza en la Providencia que
presenta al hombre lanzado sobre un barco a la inmensidad del ocano....
En el continente quedaba todo mi pasado, todo ese conjunto de tesoros
que se llama la _Patria_; y en la onda agitada del abismo se levantaba
la sombra vaga del porvenir. Al dar el ltimo adis  Nueva Granada,
cuyo herosmo representaba Cartagena, llevaba en mi corazon un
sentimiento de profunda gratitud y fraternidad hcia esa noble ciudad, y
la esperanza se asociaba en mi espritu  la muda contemplacion de un
mar cuya grandeza me daba la idea de Dios, de lo Infinito, de la
Eternidad....

       *       *       *       *       *

Qu espectculo tan solemne es el del ocano! Delante de esa grandeza,
de ese abismo que guarda en su seno la base de los continentes, de esa
majestad suprema de la naturaleza, es preciso tener fe, levantarse hasta
Dios, vivir con el pensamiento en la eternidad, llenarse de la idea de
lo infinito, creer en la eterna armona de la Creacion, admitir la
nocin sublime del progreso indefinido, admirar la supremaca del hombre
sobre los elementos! All, en medio de ese pilago que se mueve sombro
 incansable, sobre ese lomo de cristal lquido que nos lleva de
continente en continente, es preciso sentir profundamente, admirar,
adorar en silencio, vivir de una divina inspiracin, ser poeta, cantar,
y sentir en el corazon un no s qu de herico, de grande, segun la
inminencia aparente del peligro!

A fuerza de leer y meditar algo, habia llegado  formarme, all en el
corazon de los Andes, la idea del ocano; lo habia soado con toda su
soledad asombrosa, su misterio, sus efectos de luz maravillosos, sus
ondas agitadas y terribles, sus calmas amenazadoras, sus trombas y
tempestades, sus vagos suspiros, sus mugidos ruidosos, sus mil fenmenos
de ptica, de vegetacion oculta  viajera, de poblacion increiblemente
variada entre los pliegues de sus ondas.... Y sinembargo de mis
fantasas, que eran de una exactitud completa, me sent sorprendido,
sobrecogido de admiracion, lleno de miedo y de valor alternativamente, y
como en un mundo distinto del de la Creacion, cuando, ya lejos de las
playas rocallosas y desiertas de Cartagena, reconoc que la tierra
quedaba en lo pasado, como una sombra, y que desde aquel momento mi vida
y la de mis amores pertenecian  la ciencia y las borrascas disputndose
el imperio de la inmensidad!

Eran las cuatro de la tarde, y el vapor _Thames_, bufando como un dragon
amenazado por los monstruos del abismo, surcaba las ondas con
dificultad. El mar estaba agitado, y en vez de la superficie verde y
cristalina de la baha de Cartagena, no se veia al derredor sino una
serie de colinas de agua negra y sin brillo, perdindose en el horizonte
en una prolongada y fuerte ondulacion. All sent una cosa que por un
momento me pareci miedo. Miraba el remolino inmenso, me estremecia y me
parecia que algun impulso secreto me empujaba sobre el borde del navio
para precipitarme entre las espumas de la estela. Era el vrtigo del
alma en su admiracion por lo infinito y por la fuerza suprema! Despus
me convenc de que no era miedo lo que me dominaba. Al contrario, mi
confianza era absoluta, y la idea de la muerte no lleg  conmover mi
espritu sino bajo su aspecto herico.

Cartagena iba  desaparecer. La costa de Colombia no era ya sino una
faja oscura, vaga, fantstica, y las altas torres de la vieja y herica
matrona de la independencia colombiana se destacaban apnas en el
horizonte, como puntos blanquecinos  pequeas nubes evaporndose de
momento en momento. Al fin todo perdi su forma y su color; la altura de
las ondas, abultada por la ptica, cubri la lista lejana; la
perspectiva se acab, y en vez de la tierra no v sino la faz movible y
escarpada del ocano.

En aquel momento mi corazon se apret dolorosamente; un suspiro profundo
me arranc de mi contemplacion detras de los timoneros del vapor, y
sent que una lgrima ardiente me quemaba la cara.... Esa era mi
despedida, mi silenciosa invocacion  la patria. Alc los ojos al cielo,
y v que el pabellon britnico flotaba sobre mi cabeza. Desde ese
momento yo era _extranjero_ en todas partes, extranjero an en la
soledad del ocano, porque un leo impulsado por el vapor tiene
_nacionalidad_, y los pueblos no han comprendido an que la Creacion es
de todos, que Dios ha hecho de la humanidad una sola familia!

Entnces mi pensamiento comenz otro giro. La ancha y reluciente estela
del vapor me hizo meditar en la historia de la ciencia y del heroismo, y
evoqu con recogimiento y veneracion la memoria de Vasco de Gama, de
Colon, de Balboa, de Magallanes, de Corts, de Pizarro, de Laprouse y
de Cook, cuya fe y abnegacion han hecho avanzar el mundo en la carrera
perdurable de la civilizacion! Y luego qu de luchas, de sacrificios,
de siglos de labor, pasando la obra del progreso de generacion en
generacion, como la herencia de la humanidad entera!

Cunto no ha sido necesario para que el hombre fundase su imperio sobre
la Creacion, encadenando los elementos bajo su planta soberana y guiando
su quilla triunfadora bajo la inspiracin de la ciencia! Los Fenicios,
los Cartagineses, los Griegos y los Italianos, los Portugueses y
Espaoles, los Ingleses y Holandeses, cunto no han tenido que hacer
para que Fulton y sus predecesores y sucesores le revelasen al mundo las
maravillas del vapor!

Qu es el hombre? Dbil por su fuerza fsica; pequeo como un humilde
tomo en presencia de las montaas y los mares; nulo delante de la
incomensurable majestad del cielo y de los mundos que lo pueblan; nacido
con la herencia del dolor; perecedero en su forma como todo lo que
existe en el mundo fsico,--el hombre ha recibido sinembargo una
potencia que no tienen las montaas, el ocano, las tempestades ni los
astros: el ESPRITU. Y esa sola potencia, que es el soplo de Dios, que
es la fuerza suprema, que es mas que la luz y que la vida, porque es la
esencia creadora, inmortal y divina, le ha bastado para descomponer y
analizar y someter la luz, guiar la electricidad, esclavizar los
vientos, poner  su servicio el fuego y la explosin, domar los furores
del ocano, escudriar los secretos del cielo y de la tierra, producir
la fuerza hasta lo infinito y suprimirla  su antojo!

El hombre es, pues, creador; el hombre es soberano, es superior  la
naturaleza! Por qu? porque es espritu, porque la ciencia es su rayo,
el pensamiento su palanca titnica, la palabra su irresistible
instrumento de conquista! S; el hombre es soberano porque no es esclavo
de la materia, porque es inmortal como especie y pensamiento, porque su
destino es el progreso indefinido, sin mas principio que Dios y sin otro
fin que Dios!

Oh! el hombre es muy grande; y yo no querra otra cosa para convencer 
los que niegan la ley del progreso,  los que dudan de la supremaca del
hombre,  los que no tienen fe ni en Dios ni en el espritu de la
humanidad,--no querra mas que hacerles dejar sus curules empolvadas,
sus ctedras carcomidas por el tiempo, y traerles a la mitad del ocano,
donde este ser diminuto y dbil como materia, este pigmeo armado de los
rayos de Dios, que se llama el Hombre, se pasea tranquilo por en medio
de un abismo agitado y terrible; fuerte por la posesin de una brjula,
un cronmetro, un anteojo, y los resortes y las vlvulas de una maquina
de hierro que hace volar un barco sobre las ondas con la impunidad de la
gaviota.

La noche haba tendido sus sombras sobre el inmenso pilago, y yo
meditaba todava, sentado cerca del timn del _Thames_. De repente un
sudor fri me inund la frente, hacindome temblar. Quise levantarme, y
sent que la fuerza me faltaba, que la sangre se helaba en mis venas y
arterias, que un horrible zumbido me hacia perder la vista, el oido y la
conciencia de mi ser; en fin, que un vrtigo se apoderaba de toda mi
organizacin. Era el _mareo_, ese clera de los mares que no perdona 
ningn viajero y vence an  los mas vigorosos temperamentos!

Y qu! me dije entonces: el hombre es soberano de este abismo, y
sinembargo el solo movimiento, el olor y la vista de este monstruo
lquido son bastantes  vencer y aniquilar completamente al soberano?
Es que acaso esta corteza de carne que envuelve al espritu puede hacer
pesar su debilidad miserable sobre el ser moral, hasta el punto de
quitarle el pensamiento, la memoria, la voluntad y toda la energa de
los instintos generosos? El hombre es, pues, muy pequeo? me pregunt
desfalleciente. No! me deca el alma. S! me decia la carne!

Entonces me acord de Rodin, aquel terrible personaje del _Judo
Errante_, que luchando con el clera, casi en las agonas de la muerte,
y sin mas poder que el de la voluntad, exclamaba: Quiero vivir, y
vivir porque lo quiero! Yo habia hecho desde antes de embarcarme el
propsito de resistir  todo trance al mareo, contando con el vigor de
mi organizacin fsica: Pero al ver que esta sucumba,--me dije con
resolucin: No! no! quiero que mi alma domine con su fuerza la
debilidad de mi cuerpo!

Entnces me puse  baarme la cara con agitacin casi febril, y  chupar
naranjas dulces con desesperacin. Me puse de pi, me agarr de las
vergas laterales, de las barandas, y march. La vista se me anublaba;
caminaba  tientas en medio de los marineros, y hacia esfuerzos supremos
de voluntad ... Lo que pas por mis msculos y nervios, por mis
arterias y mi cerebro, es indescriptible; fu una lucha interior
tremenda, abrumadora, que me dej casi exnime. Pero quince minutos
despus me paseaba libre y sereno sobre la cubierta de popa, fumando y
riendo, y luego, en asocio de un amigo y compatriota, hacia saltar el
corcho de una botella de champaa para beber por la patria, dicindome
interiormente: El hombre es el rey de la tierra, porque su fuerza es el
espritu y su cetro la voluntad.

       *       *       *       *       *



CAPITULO IV.

*       *       *       *       *

EL OCANO.


La poblacion del vapor _Thames_.--La bahia y la ciudad de San-Thomas.
--Una noche potica.--El vapor _Paran_.--Grupos sociales.--Escenas 
bordo.--Una ceremonia fnebre.--Temporales.--Las costas de Inglaterra.

El 13 de febrero estaba yo desde muy temprano sobre el puente del
paquebote. El calor de los camarotes era insoportable an durante la
noche, y yo queria no solo gozar de la brisa fresca de la maana, sino
asistir  ese espectculo sublime de la salida del sol. Qu
magnificencia de escena! qu de tesoros de luz y de hermosura
desconocidos hasta entonces por m! El sol, como una inmensa urna de
fuego, salia de entre las ondas, envuelto en una aurola de colores
resplandecientes  inasibles  la vista, confundindose al mismo tiempo
en el cielo y en el ocano, de manera que las dos faces del horizonte,
la de arriba y la de abajo, formaban una sola. Y el mar, que bajo la
sombra del vapor era oscuro como la noche, del lado del oriente brillaba
como un inmenso espejo, agitando sus escamas en un vaiven interminable
que multiplicaba los efectos de luz en las cimas de las olas, y las
medias tintas y las sombras fugitivas en los intersticios momentneos
abiertos al quebrarse las grandes moles cristalinas y espumantes.

El contraste de aquellas maravillosas hermosuras del elemento iluminado
y agitado, con la soledad de aquel desierto movedizo, era imponente.
Qu suprema tristeza en el fondo de tanta vida de la naturaleza! El
sol, la brisa, las ondas y el cielo azul y trasparente reflejaban la
vida, mientras que la muerte y la desolacion se revelaban en esa
inmutabilidad, en ese silencio, en ese vaiven incansable de un abismo
colmado por las aguas del globo entero! El hombre es como el ocano:
todo aqu se sostiene por el equilibrio entre la vida y la muerte.

Despues de contemplar y admirar era preciso observar la composicion de
ese pedazo de la civilizacion que se llama un Vapor. El _Thames_ era uno
de los paquebotes mas antiguos de la compaa Britnica, y servia
perfectamente de punto de comparacion para juzgar de los progresos que
en los ltimos quince aos ha hecho la navegacion  vapor. En lo general
la estructura de los vapores ingleses destinados  navegar entre
Sud-Amrica y Europa, es pesada, pero de mucha solidez, y si hemos de
prescindir de algunas raras excepciones, podemos con justicia establecer
un parangon entre los vapores _americanos_ y los ingleses. Si en punto 
solidez, seguridad y perfeccion en el servicio de maniobra son muy
superiores los ingleses, los paquebotes americanos tienen la ventaja en
la rapidez, la comodidad y an la baratura. El vapor americano es al
ingls lo que el hotel de lujo al caf  restaurador. El viajero se
siente mucho mejor bajo la bandera estrellada que bajo el leopardo.

Generalmente los capitanes de los paquebotes ingleses son muy poco
galantes, y muchos de sus oficiales son ordinarios en su educacion y sus
modales. Unos y otros son muy intolerantes en punto  la hipocresa
religiosa de los Ingleses sobre los domingos, y se nota que todos los
marinos, desde el primero hasta el ltimo, tienen muchas supersticiones,
talvez incompatibles con el hbito del peligro.

En compensacion se ve en todos ellos que la moralidad es slida, excepto
en algunos contadores _(Pursers)_, que son peores que judos, y en los
cantineros, que explotan  su sabor al pasajero. Algunos _Pursers_ son
tan...usureros, por no usar de otra palabra, que cobran descuento
hasta por las libras esterlinas. Muchos pasajeros son escamotados en el
valor de la moneda, perdiendo el 5, el 8 y hasta el 10 por ciento del
valor legtimo de sus doblones, porque la necesidad los obliga  aceptar
la tarifa caprichosa con que se especula  bordo. Probablemente los
escamotadores llaman eso hacer sus economas.

Los camarotes de los vapores ingleses carecen de comodidad, y el
servicio de los domsticos es difcil y desagradable. Los pasajeros que,
por su desgracia, no saben explicarse en buen ingls, tienen que hacerlo
con libras esterlinas y chelines, en cuyo caso son perfectamente
comprendidos. Un Ingls tiene tanta fatuidad de raza, que jamas
responde, aunque conozca una lengua extraa, si no le hablan en la suya,
 si no le muestran la bolsa que es lo mismo. Los vinos, cuya venta es
una brillante especulacion del capitan, son casi todos detestables,
sobre todo los franceses y espaoles, y el buen bebedor tiene que
contentarse con el abominable brandy, la cerveza comun  la inspida
limonada gaseosa, excelente para el mareo pero nociva para los nervios.
Por lo que hace  los alimentos, su invariabilidad cotidiana y su sabor
son insoportables. El cocinero ingls, que en materia de papas cocidas,
_roast-beef_ y _pudding_ no tiene rival (y por cierto que el mrito no
es muy envidiable), es en lo dems inferior  todos los cocineros
posibles de uno y otro hemisferio. Es que el Ingls sabe beber, pero no
comer, y tiene el gusto en el estmago, especie de tonel, mas bien que
en el paladar.

A bordo del _Thames_ se habia reunido una sociedad de las mas
heterogneas. En primer lugar debo citar  nuestro Irlandes del vapor
_Bogot_, que habia bailado tan alegremente el _currulao_ con las negras
lustrosas de la aldea de Regidor,  orillas del rio Magdalena. El buen
viejo parecia muy contrariado por falta de confianza, y se habia vuelto
taciturno. As, la sola ocupacion del gigante de la verde _Erin_, hasta
San-Thomas, se redujo  destapar botellas y devolverlas vacas, fumar,
silbar con melancola y cantar  hurtadillas algunas canciones de su
tierra, un tanto cuanto coloradas para ser de pas catlico romano. En
honor de la Irlanda debo declarar que el digno compatriota de O'Connell
no bebia solo, sino que, desesperado de tener que resignarse  una sola
botella cada vez que el apetito le picaba de recio (y los entreactos no
eran largos), convidaba siempre  algn pasajero para que le ayudase 
despachar dos  tres botellas en vez de una.

Una modista de California, que se llamaba propietaria, y se mudaba tres
veces por dia, descollando por sus encajes, sus enormes dientes y sus
amabilsimas muecas, se haba empeado en conquistar al Irlandes  todo
trance; pero el buen viejo, que parecia entender mejor el verbo _to
drink_, hecho para el paladar, que el _to love_, destinado  las
honduras del corazon, le frunci las cejas de tal modo  la modista, que
la infeliz, para vengarse de la altiva Irlanda, se resign  coquetear
con el jefe de ingenieros del vapor, jayan de la raza pura de _John
Bull_.

Entre las curiosidades de  bordo se hallaba un Costaricense con nfulas
de marques quien, sobre dar asunto para reir con su mana de decantar su
_sangre noble_, interesaba mucho por su casta inocencia. El pobre
moceton, apesar de sus 30 aos y su sangre azul, no podia soportar que
nombrasen siquiera  las mujeres, y para atormentarle, un Genoves marino
que le acompaaba le espetaba  cada diez minutos una historieta de
italiano y soldado, que hacia espeluznar al inocente mancebo. No falt
quien informase luego que el muy taimado de la sangre azul tenia sus
viejas _marrullas_ de rezandero, que le hacian parecer pasablemente
pecador. En ninguna parte es tan ridculo el tartufo como en alta mar.

Pero nada tan curioso como una Francesa que venia de San-Francisco de
California con su marido, victima de un mareo permanente. La desdichada
no haba tenido mas horas de alivio que las del trnsito por el
ferrocarril de Panam. De resto su nico oficio haba sido el de estar
mareada, como el de su excelente consorte el de darle copas de brandy
puro, remedio que algunos consideran eficaz para el mal de mar. Es un
secreto que ninguno ha podido aclarar, si era el mar  el brandy el
responsable de la situacion; pero lo que s pudo comprobarse fu que la
estimable Francesa no dej de estar en chispa un solo dia, ni una sola
noche, aunque  decir verdad, era una chispa inofensiva que nunca le
inspiraba sino ternura, suspiros, lagrimas de amor y recuerdos de
felicidad conyugal.

Era adorable ver  la impermeable mujer, cada vez que una copa de brandy
apaciguaba por un momento el mal, y que el buen marido la tranquilizaba
 propsito de algn corcovo terrible del buque azotado por las olas
hinchadas, era de ver cmo, mirando  su Adn con la inefable dulzura de
la chispa, le decia con el acento mas pattico: _Ah, mon mar! nous
nous aimons comme si nous avions seize ans!_ En seguida venian los
apretones de manos, los abrazos, los besos  hurtadillas, hasta que
hecha la digestin martima de la ltima copa de brandy, la amorosa
consorte exclamaba con voz agonizante, siempre en francs: _Oh, mon
mar! je meurs! Encore un petit verre de cette mdecine_....

Y una copa mas iba  perderse en el mar interior de aquel estmago
incombustible y agitado por las convulsiones de un vrtigo incesante.

Lo que refiero no es una invencin, es la verdad, y yo mismo me aturdia
al ver esas escenas singulares, incomprensibles en una mujer y sobre
todo en una Francesa. Un dia, en presencia de varias seoras, la pobre
viajera, como embrutecida por el mal, y acaso mas por el remedio, lleg
 beberse siete vasos de brandy puro en el trascurso de tres
horas!--Cuanto puedo decir es que hasta el Irlandes y algunos oficiales
ingleses se escandalizaban.

En general la actitud de los viajeros era fra y reservada, durante los
tres primeros dias, cosa muy natural. Poco  poco la elasticidad de
caractres fu siendo muy notable, en trminos que cuando avistamos la
triste y desierta isla de San-Thomas ya ramos todos tan amigos que las
copas de champaa, las ardientes canciones y las chistosas ancdotas se
multiplicaban, porque es de ley de raza y tradicin que el Ingles gana
sus amistades bebiendo, el Francs cantando, y el Espaol contando sus
_cachos_ (aventuras macarrnicas)  refranes chistosos de su tierra. En
el mar todo el mundo entra circunspecto y extrao, todos se hacen
amigos, y todos se despiden luego para no volverse  ver ni recordar
jamas.

       *       *       *       *       *

El 17  las cuatro de la tarde entrbamos  la linda baha de
San-Thomas, ya divertidos con los saltos y las evoluciones de dos
ballenas que nos acompaaban  alguna distancia, ya encantados con el
interesante aspecto de la baha y el pintoresco anfiteatro de la ciudad.
Las escenes de la tarde, la noche y la maana siguiente, merecen una
rpida descripcion.

La isla de San-Thomas es una colina rocallosa, rodeada de agua, y nada
mas. Sus altas rocas caen sobre las ondas como tajadas  pico; la tierra
carece de toda vegetacion florida y fresca, y el aspecto general de la
isla entera es tristsimo y desagradable.--Salvo, pues, la pequea
ciudad martima  comercial de San-Thomas, que contiene unos 6,000
habitantes, lo dems carece de valor absolutamente.

Como la ciudad es puerto franco y el centro de la red de comunicaciones
que mantienen los vapores ingleses entre Hispano-Colombia, las Antillas
 Inglaterra, hay siempre en la baha un nmero considerable de
paquebotes, de buques mercantes y de fragatas  corbetas de guerra, con
grandes depsitos de carbon de piedra. La baha es estrecha, pero
bastante bien abrigada, y pintoresca por el contraste de las
embarcaciones con todas las banderas del mundo y por el juego que hacen
algunos fuertes sobre el fondo gris de las colinas, las bellas quintas
de las cercanas, con elegantes azoteas y jardines, los grupos de
palmeras, de naranjos y otros rboles pequeos, mantenidos con mucho
esmero y fuertes gastos, porque la tierra no es bastante vegetal, y todo
el conjunto gracioso de las casas de la ciudad, que tienen la forma de
pequeos castillos  de campestres residencias.

Un enjambre de gndolas  barquichuelos pintados de verde, rojo,
amarillo y azul, y montados por diestros bateleros, circulaba en
pintoresca confusion por en medio de los grandes vapores y los
bergantines, solicitando pasajeros que quisiesen ir  tierra  tomar
vveres frescos, helados deliciosos y frutas de todas clases. En breve
nuestro paquebote se llen de lavanderas, fruteras y vendedoras de
frusleras y corotos de toda especie, algunos de los cuales fabricados
de paja, cerda  pita, me parecieron objetos de arte muy curiosos. Toda
esa gente meta tanto ruido  bordo con su algazara que los viajeros nos
creamos en una especie de Babel, en tanto que los marineros del
_Thames_ y el _Paran_ se ocupaban estrepitosamente en las maniobras del
trasbordo, entonando canciones d un acento singular y vibrante.

Era curioso oir  todas esas vivanderas y  los bateleros hablar en
ingls, espaol, francs y an alemn con la soltura mnos gramatical
del mundo, pero con una gracia encantadora, estropeando todas las
lenguas y haciendo de ellas una especie de olla podrida tan extravagante
como tpica. En San-Thomas, donde se vive del trnsito y la poblacion es
muy promiscua, todo el mundo se ve precisado  aprender lo mas esencial
de los idiomas vivos mas generales, aunque el ingls parece tener la
preferencia; y  fe que la turba polglota de aquella isla saca muchas
ventajas de su dialecto matizado, en sus pequeas especulaciones.

La noche haba llegado y yo me encontraba sobre la cubierta de popa del
_Thames_, mi domicilio martimo hasta el da siguiente. La escena era
admirable y me hizo recordar algunas lecturas sobre las noches
hechiceras de Venecia. Como la ciudad tiene la forma de un anfiteatro,
descansando sobre tres colinas equidistantes, y con pequeas calles
escalonadas en graderas hcia las alturas del cerro, en tanto que la
baha le sirve de base en su extremidad occidental, se podia abarcar con
la vista todo el escenario.

A mis pies, formando cadena sobre un puente de trasbordo, trabajaban los
marineros, entonando en coro sus canciones favoritas que producan eco
en las colinas de la costa. Al frente se vean las mil luces de la
ciudad, como la iluminacin caprichosa de uno de esos pesebres 
nacimientos que se usan en los paises espaoles,--iluminacion que
tenia no s qu de areo y fantstico, haciendo juego con los reflejos
plidos de un cielo estrellado en cuyo fondo profundo no se veia una
sola nube. Y luego, cada uno de los cien vapores, bergantines y grandes
buques de la baha mostraba sobre lo alto de su gallardete una luz
azulada que iluminaba de cuando en cuando los pliegues de algn pabellon
europeo  americano; en tanto que sobre los puentes se destacaban las
sombras de los marineros, las chimeneas, los mstiles y las vergas del
arbolaje, entre las cuales se cruzaban las luces errantes de las
linternas de los inspectores y guardianes.

De repente sali del puente gigantesco del vapor _Paran_ una armona
profunda que hizo vibrar las brisas de la noche. Ese vapor tenia su
banda de orquesta y su primera sonata me estremeci de placer, porque me
trajo mil recuerdos de la patria: era el _Trovador_, esa tempestad de
vigorosas armonas de Verdi, el artista de las peras romnticas, el
compositor de los conciertos ruidosos y ardientes. Despus sigui
_Guillermo Tell_, esa onomatopa admirable, que revela en su conjunto de
profundas melancolas y de arranques ruidosos y atropellados todo el
sentimentalismo y el entusiasmo de Rossini, el artista del amor y de la
gloria.

Al fin reson el himno nacional de los Ingleses, esa invocacion
cotidiana que hace un pueblo  su reina, representante de su gloria, sus
derechos y sus tradiciones, en todos los mares y en todos los rincones
del globo. Si durante el concierto los marineros habian suspendido su
canto melanclico, mas bien por respeto  los dems que por amor
artstico, al estallar el _God save the Queen_ todos se detuvieron,
suspendieron el trabajo y se pusieron  escuchar con recogimiento. El
himno nacional es para los Ingleses como el _bendito_  el _padre
nuestro_ para los Espaoles: l encierra todas las plegarias, los
recuerdos y el sentimiento moral del Ingls, y es con ese himno que
saluda la aurora y se despide del da.

La noche era admirable; la brisa traia los perfumes de los jardines de
San-Thomas; las ondas de la baha suspiraban dulcemente bajo las quillas
de los altos navos y paquebotes; el silencio iba sucediendo poco  poco
a todos los rumores de la vida, y despus todo fue misterio, majestad y
poesa. Reclinado contra la balaustrada del _Thames_, al lado de la
compaera de mi vida, contemplbamos el cielo y el ocano, pensbamos en
la patria y confundamos en un ntimo abrazo todo nuestro amor, nuestros
recuerdos, nuestra esperanza y nuestra fe.... Cuando el hombre se
abandona al ocano, su alma comprende mejor el amor, la esperanza, el
valor de la patria, la poesa, lo grande, lo sublime, porque siente que
la sombra de Dios vaga sobre las ondas, en el azul del cielo y en todo
el misterio de la inmensidad!

       *       *       *       *       *

El 18 de febrero recogi su ancla el gigantesco vapor _Paran_  cuyo
bordo habamos ido todos los pasajeros reunidos en San-Thomas por las
malas particulares de Cuba, Mjico, Centro-Amrica, el Pacfico, Nueva
Granada y todas las Antillas. A las nueve de la maana todo el mundo
lanz su grito de despedida, al empezar con alegra y confianza la
segunda navegacion. El ocano estaba tranquilo en las cercanas de
San-Thomas, y no comenz  mostrarse agitado sino  una considerable
distancia, perdidas ya de vista las desnudas islas de Monserrate,
Santa-Cruz y otras de menor importancia, que se destacan como altas
colinas escarpadas  como sombras confusas  uno y otro lado de la ruta
que siguen los vapores.

Pocas horas despues, en alta mar y  muchas millas de aquellas islas, un
punto gris se mostr en el horizonte como una gaviota sacudida por las
ondas; el objeto fue creciendo, manifestando sus formas, y al fin todos
pudimos distinguir el velamen y el humo de la chimenea del vapor
_Plata_, elegante en su construccin y rpido en su marcha, apesar del
balanceo que las olas encrespadas le impriman. Los dos paquebotes se
acercaron, suspendiendo su curso y caracoleando el uno al derredor del
otro, un bote del _Paran_ se lanz hasta el costado del _Plata_, y en
breve tuvimos noticia de lo que sucedia en Europa. Lord Palmerston
acababa de caer del ministerio, con toda su clientela, por consecuencia
del clebre  ruidoso acontecimiento del 14 de enero en Paris. As, todo
el mundo  bordo tuvo de qu hablar con interes, y los flemticos
Ingleses se dieron  sus cavilaciones sobre torys, whigs y radicales,
con la calma que le es caracterstica.

Entre tanto un variadsimo cuadro de costumbres, perfectamente
cosmopolita, se desarrollaba en los escotillones, los salones y el
extenso puente del _Paran_. All habia de todo, y poda con facilidad
hacerse la comparacion de las razas, las costumbres y los tipos
caractersticos de cada sociedad, distribuidos entre unos ochenta
pasajeros. Yo observaba todos los grupos, atenda sucesivamente  todas
las conversaciones, y me preparaba con el estudio prctico de los
hombres  comprender el carcter complicado de la civilizacin europea.

Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general
sencillos y cndidos, maravillndose de todo y muy impresionables, sin
reserva en la expresion de sus pensamientos; se poda notar que los
hbitos de la democracia haban formado en ellos el espritu de
independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la
reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano,
aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extrao, se cree siempre
en su pas y no se cuida de someterse  las exigencias de las costumbres
extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los
hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que
encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en
Francia. Dotados de un carcter flexible y bastante novelero, si salen
de su pas intolerantes, extremosos y un tanto huraos, vuelven
parisienses por los cuatro costados, olvidndose, por una metamorfosis
completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas.

Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna,
no se encontraba ningn _Yankee_) se manifestaban maravillados de todo,
los dems grupos del _Paran_ eran igualmente caractersticos. Los
Alemanes,  se manifestaban pensativos, cerca de un mueble martimo,
pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el ocano con profunda
melancola, como abstrados del mundo por algun ensueo;  se reunian en
grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse
interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta.

Entre tanto, los Franceses cantaban  silbaban, hacan todo el ruido
posible, mezclndose en los corrillos con una jovialidad especial y
burlona;  en los ratos de fastidio se entregaban  la lectura
voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las
obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin
contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artstico le
encanta, y si adora el equvoco (_calembour_), es precisamente porque en
l la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francs es
el rey de los viajeros. Si el Ingls no tiene rival en su furor de
viajar, el Francs le aventaja en el arte de viajar. El Francs sabe
acomodarse  todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es
tolerante por excelencia, tiene un profundo espritu de igualdad que le
domina, y su buen humor, expansivo y elstico, le da donde quiera el
primer puesto y la ventaja de dominar la situacin.

Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Ingls,
orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos,
intolerante en extremo, reservado por clculo, y prosaico y positivo en
sus aspiraciones,  se muestra reservado con toda sociedad que le es
extraa,  les impone  los dems su voluntad, en cuyo caso suele llegar
 la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John
Bull de raza pura), y si se acerca  los dems es para dar una opinin
absoluta  una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes,
como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como
es intolerante en religin y preocupaciones de raza y dinasta, prdigo,
obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo dems por orgullo.
La msica, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si
llega a dar millones de pesos  de libras por un cuadro, no es por el
mrito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y
tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Ingls vale
mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas  la palabra seca del
orgulloso pero leal britnico, que a la fraseologia elegante pero vana
del Frances. El Ingls como amigo, es til; el Frances no es mas que muy
agradable; porque el uno es positivista y el otro artstico.

Los Italianos del _Paran_ eran pocos, pero eran suficientes para
hacerme contraer simpatas hcia su raza. En general, el Italiano es
chistoso, amigo de historietas  ancdotas, entusiasta por lo bello y
por la libertad. l ama las bellas artes, pero no precisamente por el
arte,  la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen 
crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion
que el despotismo y la supersticion les han dado  los pueblos de Italia
en los cinco ltimos siglos, el Italiano es con todo muy simptico desde
el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea
fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas.
Un Italiano escptico es un fenmeno, porque la esperanza es la sola
fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es
caracterstica, su resignacion es admirable para soportar la
expatriacion y todos los contratiempos.

Por ltimo me llam mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de
siete  ocho espaoles de distintas provincias que me divertan mucho.
Haba entre ellos un gallego de excelente ndole y chistosas ocurrencias
que  todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileos, un cataln,
un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los
Espaoles segn las cualidades de los compaeros de viaje, mala sera mi
opinin, an prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una
provincia de Puerto-Rico, personaje tpico de la Espaa de Felipe II, no
de la Espaa revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechiceras,
milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de
S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo.

Los dems revelaban en todos sus rasgos la estirpe espaola. Unidos y
leales entre s, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo
general, no les faltaba un momento el cigarrillo  el cigarro, y se
hacan notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas
las formas posibles, era su sola ocupacin; jamas lean con fundamento;
y cuando la msica de prima noche se hacia or en los escotillones
digerian la comida bailando rabiosamente la _jota_  la _cachucha_, 
cantando en coro estrepitoso el himno de _Riego_. Fanfarrones y
pendencieros, sus disputas momentneas iban siempre sazonadas de
interjecciones coloradas, y acababan por burlas  ancdotas picantes.
Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable _aquella_ palabra
espaola tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en
ningn escrito sin escandalizar. Esa interjeccin es tan nacional para
el Espaol, que equivale  la mas inocente como a la mas desvergonzada
de las otras lenguas; y el Espaol la suelta con sencillez delante de
todo el mundo, an de las seoras muchas veces, sin pensar que pueda ser
grosera.

Casi todos los Espaoles del _Paran_ eran liberales y progresistas, lo
que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han
desarrollado mucho en la Pennsula, despues de la independencia
colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el
espaol. Para l Espaa es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier
sentido y al oir  un Espaol decantar los primores de su pais, se
siente uno tentado  creer que es una tierra encantada de las _mil y una
noches_,  a rerse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo
caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el ocano se habia
calmado, y su admirable inmovilidad careca de inters. El mar no es
verdaderamente hermoso, cuando est manso, sino en su contraste
maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena
es montona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus
fenmenos sublimes. As, todo el inters de la navegacin estaba en las
escenas de  bordo, casi siempre grotescas. Habia no s qu de
carnavalesco entre esos grupos heterogneos, en cuyo fondo se destacaban
verdaderas caricaturas; y la chismografa, que en la navegacin es muy
activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba
alimento  las mas ingeniosas invenciones y curiosas ancdotas.

Intil es decir que nuestra modista francesa aclimatada en California,
habia encontrado un campo mas extenso para sus coqueteras, y que la
fingida rivalidad de algunos tunantes de buen humor la pona en los mas
cmicos apuros. Ya era un Italiano el que la galanteaba, hacindole
concebir con mucha habilidad esperanzas de matrimonio, para ir luego 
contar lo ocurrido  todo el mundo, y rer  su sabor;--ya un joven
Ingls, que de casualidad era burln, hacia obsequiosas indicaciones, en
nombre de la alianza anglo-francesa; ya un Francs zalamero y galante
reclamaba la preferencia por derecho de nacionalidad. Pero al fin la
modista comprendi la burla, y renunciando  los artificios de la
coquetera se resign a pasar las horas leyendo novelas sentimentales,
que la hacan llorar veces con enternecimiento, y comiendo almendras,
nueces y avellanas, de que hacia una fuerte provisin todos los das en
el comedor. Aquella mujer coma tanto, tanto...que solo puedo comparar
su glotonera  la sed de brandy de su compatriota mareada.

Otro tipo femenino bien curioso era el de una Inglesa de la sangre
caliente, fenomenal, que no se daba por notificada de sus sesenta
inviernos. Habia naufragado recientemente en las Antillas, y referia el
episodio terrible con una frescura singular. Charlaba como una lora,
siempre buscando la compaa de los hombres; brincaba todas las tardes
como una bailarna de pera, hacindose invitar por los mas jvenes y
gallardos  bailar polkas, varsovianas y cuadrillas; y tenia tal furor
por el juego que se resenta con todos los que no le aceptbamos sus
convites. Jugaba durante todo el dia y hasta media noche, ora _whist_,
ora _veintiuna_, y  veces hasta _monte_ con los Espaoles, sin
prescindir por eso del _ajedrez_, las _damas_ y demas juegos inocentes.
Aquella vieja de espejuelos, bailando como loca y jugando como un
Yankee, pareca haber apostado con el tiempo  no dejarse vencer....

Entre los compatriotas de esa alegre Megera se distinguian por sus
extravagancias un ministro presbiteriano y otro anglicano en ciernes. El
primero, largo de dos metros y medio, seco y cadavrico y lleno de
manas, andaba siempre con una Biblia en hebreo, dando consejos,
hablando solo, haciendo extraas gesticulaciones, y retozando con los
nios de algunas seoras. Era un excelente mdico, buen cristiano y
humanitario en extremo. Su idea fija era la abolicion de la esclavitud,
y se vea que el extravo de la razn, que no era sino mediano 
inofensivo, haba dejado intacta toda la pureza de un nobilsimo
corazn. Reprobaba mucho el juego interesado, bailaba con los hombres
con sumo entusiasmo, era en extremo sobrio, extravagante en su vestido y
sus movimientos, y en sus buenos ratos lea los salmos con uncin y
aprobaba mucho diversiones tales como el baile y el canto.

El ministro anglicano en ciernes, que haba hecho en Jamaica sus
estudios teolgicos, era un gran calavera de excelente carcter,
generoso, expansivo y servicial. Pero qu de truhaneras! Bailaba,
beba, jugaba, gritaba, cantaba y se diverta ruidosamente de todos los
modos posibles, mas bien como un estudiante parisiense  alemn de vida
pecaminosa, que como un candidato para la Iglesia. Un dia le pregunt si
tenia vocacin para el sacerdocio, y por qu se manifestaba tan profano,
y me dijo: La profesin que voy  tomar es como cualquiera otra, y la
he escogido por complacer  mi madre nomas. Pero como al tomar las
rdenes tendr que ser circunspecto, me divierto ahora por aprovechar
los ltimos das que me restan de la vida alegre de mi juventud. Talvez
no le faltaba razn al excelente joven. El hombre tiene su poca de
calavera, y siempre le cuesta algn trabajo resolverse  dejarla. Hay
un sr mas feliz en el mundo que un estudiante?

Muchos otros tipos muy curiosos pudiera bosquejar, completando la
galera del _Paran_, pero el lector se fastidiara. Un vapor es una
Babilonia ambulante, en cuyo interior se puede estudiar el mundo mejor
que en ninguna parte. Todas las virtudes y debilidades se renen all, y
los caractres de todas las razas se ponen en relieve y contraste con
singular energa. Es el mundo en miniatura, con su egosmo, sus comedias
y caricaturas, sus preocupaciones, sus engaos y dudas, sus buenas y sus
malas cosas; as, en ninguna parte se puede conocer mas  fondo el
corazn humano que all, sobre un leo flotando entre peligros, donde el
alma se presente desnuda.

El 25 por la maana un triste espectculo interrumpi las cmicas
escenas de los pasajeros. El mdico del vapor, caballero muy estimable,
habia muerto en lanoche anterior, de fiebre amarilla, enfermedad
contrada en San-Thomas, donde la muerte hace todos los aos abundante
cosecha de viajeros. Toda la tripulacin estaba reunida en el
escotilln, mintras la mayor parte de los pasajeros dorman. La
ceremonia era solemne y profundamente aflictiva. Sobre el puente de
entrada, al pi de una de las enormes ruedas del vapor, estaba el
cadver en su atad, cubierto con la bandera britnica enlutada, y desde
all hasta el interior se prolongaban dos filas dobles de oficiales y
marineros, escuchando con recogimiento los salmos y las oraciones
severas del oficio de difuntos. La idea de la inmortalidad, de la
eternidad, de lo infinito, pareca revelarse con mas elocuencia y
energa en ese cielo sin horizonte, en esa superficie movible, inmensa,
incansable, cuyas ondas remedan el flujo y reflujo de la humanidad entre
la vida y la muerte, y la existencia de un espritu universal que todo
lo agita y no perece nunca....

Y qu leccion! Los marineros lloraban en silencio, con una emocin tan
honda que compadeca. Era extrao ver correr las lgrimas por esas caras
encallecidas y percudidas por el sol, el viento y la lluvia, arrugadas
por el tiempo, las fatigas y los peligros, y cuya expresin ordinaria
era la indiferencia. Es que la comunidad del trabajo, de la ausencia
constante de la patria, del peligro y de la contemplacin de lo
infinito, establece entre los marinos una fraternidad heroica que
resiste  todas las pruebas y sobrevive an  la muerte.

Despues de las tristes ceremonias religiosas y de distincion, el ataud
fu arrojado  las ondas con una enorme bala de can que lo precipit
al abismo.... Magnfica tumba para el hombre es el ocano! Solo ese
abismo, que recibe todo el tributo de la tierra, y sobre el cual se
revela con mas esplendor la omnipotencia de Dios y la grandeza del
hombre, es digno de recibir los despojos de la criatura inmortal cuyo
espritu jamas perece!

El 26 de febrero el mar empez  agitarse con vehemencia, cambiando el
aspecto uniforme de la escena. Enormes bancos de plantas martimas, que
parecan sbanas flotantes de diversos colores, venian del lado de
Terranova, haciendo su larga peregrinacion hacia las regiones del
sudeste, violentamente azotados por las olas. El mar parecia un
monstruoso leon, sacudiendo su crespa melena,  un gigantesco pez
revolcndose sobre el abismo para hacer brillar al sol sus escamas como
montes,  mostrar sus hondas arrugas momentneamente oscurecidas.

Despus, el da 28, estuvimos en plena tempestad. El huracan zumbaba
sacudiendo las chimeneas y todo el arbolaje; la lluvia oscureca el
cielo; las olas venan como derrumbes  baar todo el puente de
cubierta; y el enorme buque, soltando fatigado sus negras bocanadas de
humo, saltaba entre las concavidades de las ondas como un toro
enfurecido por los golpes que en todas direcciones recibe. Tres noches
de peligros, noches solemnes y sombras, tuvieron  todos los pasajeros
en ansiedad, aunque al venir el dia los espritus se tranquilizaban y el
buen humor volva. La noche multiplica siempre la gravedad de las
impresiones, y es el sol con sus eternas alegras el que hace palpitar
el corazon de esperanza y placer.

El 7 de marzo todos los pasajeros saludmos con alegra, desde temprano,
la faja oscura que indicaba la cercana del cabo Lizard, en la costa de
Inglaterra, que determina con la punta francesa de Brest la ancha
embocadura occidental del canal de la Mancha. Por una singular
casualidad, el canal estaba tranquilo como un lago, y sus aguas verdes y
trasparentes reflejaban un cielo magnfico.

Centenares de bergantines y goletas, de botes carboneros y de barcas
pescadoras se cruzaban en todos sentidos, ya mostrando el rico velmen,
y el pabellon frances, ingls  holandes, ya la roja y nica vela del
barco pescador  puramente costanero, rpido como una gaviota que roza
apnas la superficie de las ondas. Puertos pintorescos; bellsimas
bahas en cuyo fondo se veian las poblaciones, entre otras Falmouth,
Plymouth, Dartmouth y Sidmouth; multitud de fanales brillando  la luz
de un sol que no parecia de invierno; colinas ondulantes, surcadas por
el arado para recibir luego la simiente,  campos cubiertos de una
vegetacion amarillenta  gris; depsitos lejanos de nieve detenidos
sobre las rocas  en los pliegues del terreno; y picos y peascos
romnticos de formas admirables, destacndose sobre las olas en los
pequeos golfos de la costa y formando semicrculos de trecho en trecho:
todo eso, contrastando con la multitud de casas campestres levantadas
sobre las colinas y los planos inclinados, entre arboledas disecadas y
ennegrecidas por el invierno, que parecian esqueletos areos, tenia un
encanto indefinible, preparando mi imaginacin para el espectculo
enteramente nuevo de la civilizacin europea.

Recordaba las selvas y los desiertos de mi patria, donde la naturaleza
reina sola en todo su esplendor; donde faltan el cultivo, el arte, la
prevision y los monumentos que atestiguan un colosal progreso y la
actividad de la vida industrial; y la comparacin me afligia
profundamente. Salud con entusiasmo  este viejo mundo que se me
ofreca como un inmenso libro de estudio y observacin; y cuando puse el
pi sobre los muelles y diques de Southampton comprend que una nueva
existencia empezaba para mi corazon, ansioso de impresiones, y mi
espritu, anhelante de luz, de ciencia y de progreso.

       *       *       *       *       *


SEGUNDA PARTE.


ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *      *       *       *       *

SOUTHAMPTON.


La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.--Interior de la
ciudad.--Primeras impresiones.--Un compaero mistificado.--El primer
tren de ferrocarril.--De Southampton  Londres.

_Southampton_ es una ciudad interesante y pintoresca bajo todos aspectos
y que tiene la bella cualidad de predisponer el espritu del viajero en
favor de Inglaterra,  la cual sirve de vanguardia comercial en el
centro del canal de la Mancha. Un bonito rio de diminutas proporciones
desemboca en el arrabal de la ciudad, confundindose con la angosta y
hermossima baha que le sirve de asiento hcia el Sur, y que la
primorosa isla de Wight interrumpe en la embocadura, formando dos
canales martimos entre las costas de Portsmouth y Lymington. La baha,
penetrando en la tierra vigorosamente, se ensancha en el, interior en
una especie de crculo oblongo, y por todos lados la costa es el
trmino de colinas notablemente bellas, pobladas de quintas, palacios,
bosques artsticos de pinos y encinas, jardines esplndidos, sementeras
de cereales y huertas de frutas y legumbres. Todo ese conjunto es tan
pintoresco, que an en medio de los rigores del invierno conserva su
gracia y seduccion.

En el fondo de ese horizonte de primores artisticos y trabajos de
cultivo refinado, de toda esa decoracion de palacios y casas campestres
elegantes, dorman las ondas cristalinas y azules de la baha,
contrastando con la multitud de conos caprichosos, brillantes  la luz
del sol, de espesa nieve aglomerada al pi de los rboles y los
enrejados, los setos y los grupos artsticos de invernculos y alamedas
enanas. Y en el centro de ese interesante anfiteatro de ondas azules,
rocas, colinas, palacios y pequeos pinales, se destacaban las chimeneas
y los mstiles de multitud de grandes y pequeos vapores, gigantescos
navos, bergantines y barcas, y se cruzaban caracoleando, impulsadas por
el remo, centenares de lanchas  faluchos pintados de colores, como
mariposas volando sobre la tersa superficie de un lago.

Southampton es el centro y punto de partida de muchas grandes lneas de
paquebotes que giran entre Inglaterra y las Antillas, Francia, el Norte
de Europa, Espaa, Portugal, todo el Mediterrneo, el Brasil, el Africa
y la India. Esta circunstancia es la que ha contribuido mas
poderosamente  darle mucha importancia comercial  Soulhampton y crear
all un movimiento poderoso en la telegrafa, los ferrocarriles, las
comisiones de cambio, las industrias martimas, las construcciones
navales, los correos y las grandes importaciones de metales preciosos,
tintes finos y otros artculos de produccion trasatlntica.

La baha carece en el puerto de esas famosas construcciones de
mampostera que se llaman _docks_  diques (tan tiles y necesarias en
Lndres, Liverpool y otros puertos comerciales), obras que all son
reemplazadas con muelles de mampostera y de madera, de grandes
proporciones, avanzados  una distancia considerable. As,  pesar del
excelente fondeadero del puerto, la accion de la marea es siempre
indispensable para la entrada de los grandes vapores y los buques de
vela.

La aduana de Southampton tiene un movimiento extraordinario, y  pesar
do la rigidez con que se hacen los registros y se cobran los derechos
pude observar dos cosas muy notables: 1 que en Inglaterra el viajero es
tratado con decencia y respeto por los empleados fiscales, pues all no
hay esas inquisiciones sobre la persona, que insultan 1 delicadeza del
hombre de honor y el recato de una seora; 2 que el viajero que quiere
evitarse prolijos registros en su equipaje, no necesita mas que decir
franca y lealmente lo que lleva en sus baules, en cuyo caso el registro
se limita  los objetos denunciados por el propietario. En Inglaterra se
tiene un gran respeto por la palabra del hombre, y la sinceridad es
siempre el camino mejor. Una seora es muy considerada por los
funcionarios pblicos. Por lo demas, si alguna dificultad se presenta,
los chelines lo arreglan todo en ltimo resultado, pues en este punto
Inglaterra se parece  todo el mundo. Lo que all es cuestin de pesos,
de reis  dollars, por ac es asunto de chelines, francos, thalers 
florines: los nombres varan, pero el dinero tiene en todas partes la
misma elocuencia para todos los pueblos.

Despus de salir de los vastos salones de la Aduana, el viajero se ve
asaltado por los cocheros y carreteros, especie de mendigos sobre cuatro
ruedas, que se disputan los chelines del _gentleman_ novicio. Cuando la
gavilla da el asalto lo mas prudente es no escoger el victimario, sino
entregarse  discrecin del primero que llega, so pena de ser
estrangulado con equipaje y todo. La primera parte de la ciudad
pertenece propiamente al puerto, la aduana, la estacin del ferrocarril
y del telgrafo y todo lo relativo al servicio de comunicaciones. All
es donde tiene el marino su soberana, campea gallardamente el remero,
atruena el carretero, y se pavonea, trasformado, el _steward_ (sirviente
de paquebote) que pocas horas antes servia al pasajero la hirviente taza
de _punch_.

El cuadro de costumbres es animado y vigoroso, porque todas las gentes
que se cruzan por las cercanas de la aduana son los obreros del sol y
del agua, endurecidos por las fatigas de un trabajo penoso. Ya tropieza
el viajero con el marino de pequea estatura, rollizo y mofletudo, con
su chaqueta de pao negro, abierta, el ancho cuello de la camisa de
franela, el sombrerito redondo y charolado, puesto al desgaire sobre una
oreja, la corbata negra y flotante y los monumentales botines llenos de
clavos, sonando como herraduras de caballos. Ya pasa el carretero como
un derrumbe, atrepellando  todo el mundo, enorme, tosco, insolente y
oliendo  cerveza como un tonel, trasportando castillos ambulantes de
equipajes y trastos, con una fuerza y agilidad que parecen prestadas al
caballo normando y  la locomotiva. Ora nos codea el _steward_,
sonrindonos con malicia porque nos muestra suspendida del brazo la
_Calipso_ a quien ha consignado todos los chelines escamotados en la
navegacion, y porque en vez de la humilde servilleta, esa blanca y
prosica librea del comedor flotante, ostenta una levita azul de botones
amarillos  blancos, la cachucha del domstico marino y el estrecho
corbatn del _dandy_. En fin, el guarda de la aduana, con sus aires de
persona importante  cancerbero del puerto, arroja sobre el recien
venido una mirada escrutadora  de proteccion, como para hacer
comprender que tiene en sus manos las llaves de las puertas.

La segunda parte de la ciudad, separada del puerto, aparece luego
pintoresca, alegre y agradable por la elegancia de sus casas, fondas y
palacios, la hermosura de sus alamedas, el aseo exquisito de sus anchas
calles macadamizadas, la gracia de sus jardines, el humo de sus altas
chimeneas, sus azoteas de techos cubiertos de nieve, sus ricos 
innumerables almacenes, las romnticas torres de estilo gtico de sus
templos, y el movimiento incesante de paseantes, de vendedoras de
frusleras, de hermosas damas y _loretas,_ de coches, de carretas, de
barateros, de muchachos gritando, y de cuanto puede hacer la animacion
de una ciudad comercial.

Southampton es una ciudad renovada, y de esto dependen en mucha parte
sus bellezas materiales y el carcter de su poblacion. Esta es de
cuarenta  cincuenta mil habitantes, que el movimiento exterior aumenta
accidentalmente mas  menos. La ciudad tiene un teatro, que regularmente
est cerrado;--y carece de periodismo, pues solo cuenta una hoja
hebdomadaria. Su verdadero periodismo est en Lndres,  causa del
movimiento activo de la telegrafa y los ferrocarriles; y por lo que
hace  teatro los Ingleses no le tienen mucha aficion. El Francs ama el
teatro, el caf y el peridico;--el Ingls las carreras de caballos, la
Bolsa y el almacen. Y en una ciudad tan esencialmente comercial como
Southampton, donde se cruzan dia por da millares y millares de viajeros
sucedindose con rapidez, los espectculos carecen naturalmente de
importancia. All el silbido incesante de la locomotiva, al partir  al
llegar, en la amplia estacion que centraliza muchos ferrocarriles en
actividad prodigiosa; los numerosos partes telegrficos haciendo vibrar
los alambres elctricos  todas horas; las especulaciones consiguientes
 los negocios trasatlnticos, y el movimiento aturdidor de grandes
carretas de mercancas cruzndose en todas direcciones, le hacen
comprender al viajero que en Inglaterra no hay casi tiempo para vivir,
ni mucho menos para divertirse.

En este pas del comercio, de la especulacin, de la vida prctica, de
los espritus serios, reflexivos, glacialmente calculadoras, el tiempo
es el capital mas valioso, y para sacarle interes  hacerlo producir
todo el mundo anda como en ferrocarril, no obstante la frialdad de los
caractres. Cada palabra sale medida, tasada por los labios, por
economa; cada hombre es una locomotiva, un tren expreso; cada accion es
un clculo; el ser humano es el nmero hecho carne y hueso,--la
aritmtica pensando  obrando. En Inglaterra se vive tan apriesa, que la
nacin entera es un circo de corridas de caballos  un inmenso
_railway_.

All no hay tiempo para sentir el corazon, porque el bolsillo es todo.
Ser Ingls negociante no es una _manera de ser moral_; es apenas una
operacion de aritmtica, formulada por una cabeza, un par de brazos,
otro de piernas, etc.

Southampton es una bella ciudad. Carece de monumentos, porque es casi
nueva, pero tiene varias iglesias de estilo gtico normando algo
curiosas. Su verdadera edilidad se reduce  puentes secos muy slidos,
muchas lneas de ferrocarriles, grandes y esplndidas fondas,
hermossimas quintas en los alrededores, algunos edificios pblicos muy
bien mantenidos, y un sistema generalmente elegante en las
construcciones de las casas.

Las calles son en lo general muy espaciosas, muchas de ellas cortadas en
ngulos rectos, y casi todas con el suelo macadamizado. No faltan bellos
paseos, grandes plazas muy bien mantenidas y abundantes mercados.

El barrio opulento, donde tiene sus grandes y lujosos almacenes el
comercio, es el del lado occidental, comprendiendo principalmente las
calles magnficas de _High_ y _Oxford_, en cuyas innumerables tiendas se
encuentra reunido cuanto la civilizacion de Europa y el comercio del
mundo pueden producir.

En el centro estn los talleres  fbricas y las habitaciones de la
clase media; al sur, cerca de la grande estacion del ferrocarril y el
telgrafo, y de la aduana, se encuentran los famosos _hoteles_ para los
viajeros; y en el barrio oriental viven los obreros, se cruzan las
vivanderas y hormiguean los campesinos, terminando la ciudad hcia el
norte y el ste por una serie de quintas, huertas de hortalizas y
jardines que tienen el aspecto mas pintoresco an en los dias helados de
invierno rigoroso.

Recorriendo rpidamente los barrios de la ciudad pude penetrar en varias
iglesias y recorrer sus cementerios adyacentes. Al entrar en un templo
anglicano, vaco, oscuro, sin adornos de ninguna clase, sin imgenes ni
ficciones, se siente (la primera vez) una vivsima impresion. All toda
poesa falta: aquel no es el reino de los sentidos, sino el de la razon.
Se comprende que el templo del protestante no es lugar de fiesta
mundanal  de espectculo, sino de recogimiento solemne; que Dios no es
all el actor de formas humanas impamente rebajado  figurar en un
teatro lleno de colores, colgaduras y cuadros de pintura, sino un poder
invisible y supremo, adorado con infinito respeto, y tan grande, tan
inefablemente bello, que no puede ser representado, porque no hay en el
mundo nada que se le parezca, excepto el alma del hombre, partcula
misteriosa de un poder inescrutable.

Jamas he credo en eso que se llama sofsticamente _el destino de las
razas_; sino que, para m, son las instituciones, no la sangre (ni los
climas en tanto grado) las que forman el carcter moral de los pueblos.
Pude confirmar esta opinion al visitar, por la primera vez de mi vida,
en Southampton, una iglesia protestante. Ningun pueblo fu mas feroz
hasta la edad media, que el de Inglaterra; ninguno mas turbulento y
antiptico para la civilizacion. Y sinembargo, hoy es frio, reflexivo,
civil, pacfico, humano, moral y eminentemente progresista. Quin ha
operado este prodigio?--El protantestismo y las libertades pblicas
aseguradas en las dos revoluciones del siglo XVII.--Si ellas le han dado
al pueblo la vida civil y la moralidad con la conciencia del derecho, el
protestantismo ha fundado en Inglaterra el reinado de la razon, del
libre exmen, de la veneracion profunda, sin los atavos de la
supersticion y de la idolatra moderna.

No hay en Inglaterra objeto tan respetable como las tumbas; un
cementerio es all positivamente el templo de la muerte, que goza de
absoluta inviolabilidad. El extranjero quo ignora esto, se admira mucho,
al recorrer  Southampton  otra ciudad inglesa, de ver los cementerios
al lado de las iglesias, separados de la calle solo por una verja con
entradas libres, y ostentando sus sencillos y severos monumentos entre
yedras y pequeos cipreses, sin que esto desagrade en manera alguna.
Muchos de esos monumentos, con inscripciones ordinariamente en latin
(esa lengua de los muertos,--hombres, siglos  imperios) se reducen 
piedras talladas, colocadas de pi como linderos. No dudo que este
sistema de panteones al aire libre, dentro de las ciudades, sea
pernicioso para la salud; y en Inglaterra se trabaja ya por suprimirlos.
Pero hay para m no s qu de filosfico, de solemnemente epigramtico
en esa union de la vida y la muerte. La multitud, al desfilar por la
calle delante de un panteon, comprende cada dia que la tumba es el fin
de las miserables pasiones de una vida que la virtud no engrandece, y
fortifica su conciencia para la peregrinacion mundanal con el
pensamiento de ese _algo_ misterioso que se adivina detras de la losa.

Pasemos de la muerte  la vida. Inglaterra es el pas de las mujeres
hermosas, admirablemente hermosas, pero no bellas,--es decir, estatuas
de ncar primorosamente modeladas, con cabellos de oro, crespos y
abundantes, ojos azules  castaos, morbidez de formas, piel rosada y
pursima, brazos encantadores, y todo un conjunto de Venus _corporal_,
salvo eso si los pis, que pertenecen al gnero fosil  antediluviano,
porque son mastodnticos. Pero esas mujeres de tan completa hermosura,
carecen, en general, de esa vida en la mirada, ese fuego en la sonrisa,
esa potica expresin reveladora del alma y del sentimiento, que
constituyen la _belleza_. No hay que confundir jamas la bonita, la
graciosa, la linda, la hermosa y la bella en una vulgar y comn
denominacin, porque cada una de ellas es un tipo especial que
corresponde  condiciones diferentes.

Pero si Inglaterra es el pas de las hermosas, y Lndres encierra
centenares de miles de esas hadas engaosas (verdaderos sofismas, puesto
que lo moral no corresponde con la seduccin fsica),--las ciudades como
Southampton y Liverpool son los puestos avanzados de ese admirable
ejrcito de caras admirables. Como all se renen tantos extranjeros,
ricos americanos, gallardos espaoles y elegantes franceses, pasando del
uno al otro mundo, el diablo (por s  por no le echar la culpa)--el
diablo que no se duerme y es muy previsor y hospitalario, ha tenido el
talento de inspirar  muchas de sus mas hermosas parroquianas un loco
entusiasmo por las brisas martimas de Southampton. Infeliz del
extranjero que no tenga fuerza para resistir  la seduccion de esas
sirenas peligrosas, y crea en los tesoros del amor de puerto de mar!

Conozco la historia autntica de un excelente Hispano-colombiano,
solteron sencillo, que acostumbrado a ver las caras aceitunadas de su
parroquia de indgenas, se vino  _desaburrirse_ en Europa. Al llegar
nomas  Southampton, el buen descendiente de Colombia, que nunca las
haba tenido tan gordas, se encontr lelo. Empez por enamorarse de
todas las hembras que veia, porque todas le parecan seoritas de rango,
supuesto que usaban gorras de terciopelo, trajes de seda y elegante
calzado, atavos que en Hispano-Colombia corresponden solo  las damas
de buena sociedad. Pero luego luego fu reparando que sus _seoritas_
vendan frutas  baratijas,  llevaban distintivos de domesticidad, y
perdi sus primeras ilusiones, en asocio de unas cuantas manotadas de
libras esterlinas representantes de las viejas onzas desempaquetadas.

Con todo, la fascinacion segua, y nuestro solteron parecia confinado 
Southampton, mirando en derredor cmo aturdido y con los ojos claros y
sin vista. Un dia _vi_ pasar una hermosa sirena en un lujoso coche, y
luego descender sobre el enlosado de la calle. Se cruzaron, y la Inglesa
que adivin bajo el _palt_ del Colombiano la existencia de una mina de
oro, le arroj una de esas miradas que tumban de redondo como las bolas
del gaucho de Buenos-Aires, y le magnetiz. Lo dems sigui como todas
las historias de amor. Ello es que  vuelta d dos meses nuestro
soltern del Nuevo Mundo se apercibi, en un momento lcido, de que
apenas le quedaban unas 150 libras por todo fondo, sin relaciones
ningunas que le sacasen del apuro. Preciso le fu resignarse. Hizo su
paquete, se le huy  la sirena y se embarc para Colombia, con el
placer de haber conocido a Europa.... l tenia la persuacion de que
despus de Southampton el mundo se acababa de este lado del Atlntico.
Bienaventurado!

En Southampton fu testigo de un episodio graciossimo, cuyo resmen
dar apnas. En el hotel en que permanec en esa ciudad con mi familia,
durante cuatro das, haba una seorita sumamente linda, llamada Fanny,
y estaba hospedado un joven compaero mo de navegacion. La ley de la
atraccion produjo sus efectos y mi compaero (le llamar H) se enamor
perdidamente de Miss Fanny. Esta no fu insensible, y concedi algunas
coqueteras inocentes, propias de los diez y seis aos. H no pens mas
en seguir  Lndres  Pars, y cada momento hacia ingeniosas
evoluciones para lograr instantes de conversacion a solas con la
_chica_, como l,  fuer de Espaol, la llamaba, un dia entraba yo  la
casa, v  Miss Fanny en un balcon y me detuve  saludarla y habrarle
algunos momentos en muy macarrnico ingls. Sub, y al pasar por un
corredor d con H, que salia de una sala comn frotndose las manos y
muy alegre.

--Qu tenemos? le dije.

--Que la chica Fanny acaba de darme el beso mas suculento del mundo!

--Diantre! le repuse, si yo acabo de verla en el balcon....

--Es imposible, porque yo salgo de hablar solo con ella en el salon
opuesto.

No quise adelantar la discusion por prudencia, pero qued persuadido de
que la afirmacion de H no era mas que una _chapetonada_, mentira de
amante jactancioso. Al siguiente dia un lance muy cmico nos aclar el
misterio. Miss Fanny tenia una hermana gemela, tan perfectamente igual
en todo, que ni mi esposa con la penetracin de una mujer haba podido
distinguirlas. Como el joven Espaol no sabia una jota ( una _h_) de
ingls, su lenguaje haba sido el de las sonrisas y seas, las flores y
regalos de frusleras elegantes, etc., etc., y haba podido sostener,
sin saberlo l y sin que lo comprendieran Fanny y Caroline, un sistema
do amorcejos por partida doble; no sin admirarse algunas veces de la
rapidez con que Fanny entraba por una puerta y sala poco despus por la
contrara, fenmeno de bilocuidad que se comprenda al saber que haba
en la casa dos Fannys  una Fanny por duplicado.

Debo hacerle  mi Espaol la justicia de advertir que al punto de
comprender el juego en que una rara casualidad le habla mantenido, se
fu  tomar su billete para el tren de Lndres, resuelto  evitar unos
amores por _duplicata_ que podian tener mal fin despues de un principio
tan risible. Aconsejo  los lectores muy respetuosamente que eviten en
todo caso los amores de fonda, tan peligrosos como las amistades de
corrillo,

El 12 de marzo tom el tren expreso que parta para Londres  las once y
media de la maana. Qu impresion tan vigorosa la que experiment al
sentirme por primera vez arrastrado, con la rapidez del huracan, por ese
animal de hierro, animado por el espritu del hombre y silbando como una
enorme serpiente enfurecida, que se llama _locomotiva!_ El alma se
siente fascinada por ese poder que la hace delirar, soar con la vista
de regiones misteriosas cubiertas por la niebla luminosa de la ciencia,
y asistir  la maravillosa generacion infinita del progreso.

Los bosques, las quintas, los castillos aristocrticos, las chozas
rsticas, las colinas, las llanuras, los riachuelos, las sementeras, los
ganados y las poblaciones, pasan por delante del viajero como visiones
fantsticas  cuadros de leyendas fabulosas;--y la ilusion es tan
poderosa algunas veces, segun la hermosura del paisaje, instantneamente
descubierto y perdido, que se llega hasta dudar de s mismo y palparse
para convencerse de que aquello no es un sueo, sino una gigantesca y
sublime realidad de los prodigios de la civilizacion. Es en presencia de
esos espectculos que se aprende : estimar el mrito del hombre, 
respetar la ciencia, adorar  Dios como el grmen supremo del espritu
soberano que agita  la humanidad, y tener fe en el progreso como el
destino interminable de la Creacion!

La lnea frrea de Southampton  Lndres gira por en medio de un
interminable paisaje de los mas bellos colores, de una riqueza vigorosa
en todos los pormenores como en el conjunto, en donde se confunden,
formando un juego encantador, las obras de la industria con los encantos
de una naturaleza apacible y de contornos suaves. Sinembargo, la rapidez
del tren no permite apreciar bien los objetos, salvo en las numerosas
estaciones cerca de las ciudades y las villas que demoran sobre el
trayecto.

En Inglaterra hay una absoluta libertad industrial que permite el
establecimiento de trenes, ferrocarriles y telgrafos sin sujecion casi
 reglamentos de la autoridad, y por eso cada compaa se esfuerza por
rivalizar  las dems. De aqu proviene la rapidez muy notable de las
locomotivas inglesas, que hacen 35  40 millas por hora, mintras que
en Francia no vencen sino unas 30. Los Ingleses estiman en mucho el
tiempo y no evitan nada por economizarlo. Tambien es de notarse la gran
multiplicacion de alambres en los telgrafos que estn adjuntos  las
lneas de ferrocarriles, circunstancia que se presta  una mayor
precision y un servicio mas extenso de la telegrafa en Inglaterra.

El hecho que resalta mas  la vista del viajero al atravesar las
campias inglesas es, aparte del rden admirable en los establecimientos
agrcolas, el tino con que se aprovecha todo el terreno sin desperdiciar
una partcula. As, al lado del parque aristocrtico destinado solo 
los placeres campestres, se ve la magnfica huerta de preciosas
legumbres y rboles frutales, admirablemente bien conservada y tan
limpia como el pavimento de un salon; y el jardin mismo, que parece no
ser sino un objeto de recreo, da sus productos  merced de un cuidado
singular.

Mientras que la estril colina arenosa  de terreno calizo es
aprovechada con bosques artificiales de pinos y otros rboles alpestres,
en extension muy considerable y con gran provecho por la renta que
procuran, al mismo tiempo que hermosean primorosamente todas las
eminencias,--las llanuras estn pobladas de ganados lustrosos y
robustos, de razas cuidadosamente educadas y mejoradas; los cuadros de
plantaciones ostentan su variada vegetacion,  el arado vigoroso del
agricultor ingls (siempre movido por caballos enormes) abre los surcos
fecundantes que preparan la simiente.

Por todas partes se cruzan las acequias, en una red inteligentemente
preparada, para la irrigacion de los campos; el obrero trabaja con
laboriosa asiduidad an en medio de los depsitos de nieve que salpican
de trecho en trecho los setos de las llanuras y blanquean bajo la sombra
oscura de los pinos y abetos; innumerables quintas y casas campestres de
construccion pintoresca y caprichosa, se destacan en todos sentidos de
entre los grupos de pinos enanos y los jardines y huertos; los puentes,
los caminos vecinales, los pequeos diques de irrigacion, las fbricas
y los rediles se multiplican hasta lo infinito, dndole al inmenso
cuadro los mas graciosos contornos; y de tiempo en tiempo se alcanza 
ver el grupo encantador de las casas de alguna pequea ciudad, dominada
por las altas torres de las iglesias, catlicas y protestantes, mintras
que atras oscurece la perspectiva el ancho lomo de alguna colina
cubierta de negros pinos repartidos en interminables callejuelas
sombras,  brilla  la luz momentnea del sol algun pequeo rio de
graciosa configuracion.

Al recorrer los campos de Inglaterra se comprende el misterio de la
grandeza universal que favorece  esa nacion, porque se ve que aquel
pueblo, que vive como en el puente de un inmenso navo flotando entre
dos mares, ha comprendido que su aislamiento fsico le impone la
necesidad de desarrollar simultneamente todos los intereses. En
presencia de la riqueza britnica no se sabe qu decir de su
carcter,--si es agrcola, industrial  comercial,--porque lo es todo, y
en alto grado en todo. La agricultura inglesa no tiene rival en Europa,
por su irrigacion, su rgimen de cultivo, la educacion de las crias, sus
instrumentos de labor, sus excelentes abonos, la fecundidad del suelo,
la paciente laboriosidad de los obreros y otras circunstancias.

Pero si al recorrer los campos se cree que Inglaterra es principalmente
agrcola,--despues se la juzga fabricante al visitar las inmensas,
poderosas  innumerables fbricas de sus catorce ciudades
manufactureras, as como al conocer  Lndres, Liverpool, Bristol,
Southampton y otros muchos puertos de mar y de rio se inclina el viajero
 reconocer que el carcter comercial es el predominante. Al cabo es
preciso persuadirse de que Inglaterra es todo en primera lnea, excepto
espiritual y artstica, pues sus gneros de trabajo son los que los
especuladores llaman _positivos_, como, si todo lo que es til en el
mundo no produjese riqueza.

Las mas importantes ciudades del trnsito, entre Southampton y Lndres,
son las de Winchester y Bishopstoke. La primera es de gran celebridad
histrica y bien considerable por su poblacion y su sociedad literata;
es el asiento de un arzobispado de primer rden, y  parte del mrito
de muchos de sus edificios antiguos tiene una famosa catedral de
arquitectura gtica que es uno de los mas notables monumentos de
Inglaterra y an de toda la Europa. El exterior es imponente y
majestuoso por su tamao y por el carcter secular y admirable de su
arquitectura,--y el interior tiene mil primores de arte y reliquias
histricas (no obstante que es catedral protestante) que son
consideradas como de mucho valor.

Bishopstoke es mucho mas reducida en todos sentidos, y es una ciudad
prosica y sin particularidad alguna en lo material, pero tiene su
especialidad para la agricultura y el comercio que la hace notable. Es
un gran mercado de quesos, tan valioso, que de all parten para todo el
pas y el extranjero valores muy considerables en ese artculo que es al
mismo tiempo fruto pecuario y fabril.

La igualdad del terreno, que es perfectamente plano para el viajero, y
la multitud de puentes secos, _tunels_ y bosques de pinos en todo el
trayecto, no permiten registrar de lejos el inmenso panorama de Lndres.
El viajero presiente que va  llegar, porque ve que los jardines, los
parques, los caminos y las quintas se multiplican de un modo prodigioso,
y siente muy cerca, casi de minuto en minuto, los silbidos de las
locomotivas que arrastran los trenes de otras lneas cercanas de
ferrocarriles dirigidas a la colosal metrpoli. Al fin se alcanza  ver
una larga fila de colinas,  la derecha, poblada de arrabales de Lndres
y de castillos y quintas; luego se descubre  la izquierda la primorosa
planicie  valle del Tmesis que se extiende hacia Richemond, y se ve
serpentear el opulento rio por entre alamedas y edificios,  algunas
millas de distancia; en seguida se atraviesan los arrabales de la
ciudad, y cuando mnos se piensa est uno en el corazon de la metrpoli
monstruo, bajo la techumbre monumental de hierro y vidrio que cubre el
embarcadero del ferrocarril en la estacion de _Bishops Road_.

Hay no s qu de fantstico, algo que hace recordar las romnticas
visiones  las extravagantes maniobras del Diablo Cojuelo de Lesage,
al pasar en alas de un wagon por encima de una ciudad, como una
gigantesca bruja saltando de torre en torre, de chimenea en chimenea y
de cuadra en cuadra. El ferrocarril est construido sobre un piso
artificial muy elevado que forma un inmenso puente sobre la ciudad, 
fin de poder penetrar hasta el centro, sin interrumpir el trnsito de
las calles; as es que, al pasar el viajero, ve debajo, en la
profundidad, las casas apiadas en interminables filas, y las gentes
hormigueando por las calles como enanos  liliputienses. Todo
contribuye, pues,  producir una ilusion completa de viaje areo y
extravagante, una profunda impresion que, por su novedad, persiste
grabada en el espritu por muchos dias.

La idea de Lndres no se puede adquirir al llegar, por falta de un punto
de vista que ofrezca el panorama completo. Para saber lo que es
Lndres--ese mar de casas, de humeantes chimeneas, de torres y fbricas,
de parques y jardines, de coches, carros y almacenes, de moles
gigantescas salpicadas de niebla, por cuyo centro se desliza el Tmesis,
cubierto de navos y botes como un largo arrecife de millares y millares
de rocas multiformes;--para comprender la grandeza de ese mar
artificial, repito, es preciso subir  las cpulas de San Pablo  del
Coliseo y hundir la mirada, pasmado de admiracion, entre Dios y el
hombre, el cielo y la tierra, el horizonte y la pequeez del balcon que
sirve de mirador. Entnces se comprende que, desde que se ha penetrado 
esa Babilonia, la personalidad ha desaparecido ante una grandeza que
aturde, que abruma, que pulveriza sin misericordia! Lndres es una
inmensidad compuesta de ceros, es la paradoxa de millones de _nadas_, de
sres nulos ante el conjunto, formando la suprema grandeza! Lndres,
bajo ese aspecto, es la verdadera imgen de la civilizacion, del
progreso, de la humanidad en su obra secular. La partcula parece
insignificante y lo es aisladamente; pero la armona y la cohesion
providencial de todas las partculas producen la fuerza de la Creacion y
de la humanidad y el admirable fenmeno de la civilizacion.

Desde el momento en que el viajero extrao desciende del wagon del
ferrocarril, su persona es libre, enteramente libre, pero su bolsillo,
su fortuna porttil queda  discrecion de una legion tan extensa, tan
complicada y hbil de filibusteros desarmados, que toda defensa es
imposible. Disputado por un enjambre de cocheros y carreteros que se
apoderan de todo el equipaje por s y ante s para llevarlo  su
destino, y pelotean al pasiente-propietario como una jaura de perros al
derredor de un ciervo humilde y aturdido,--el recien llegado se resigna
 abdicar su voluntad y entregarse al que tiene mas fuerza para
estrujarle y pulmones para ofrecerle  gritos sus servicios. El cochero
y el carretero son los reyes de las calles de Lndres, como el mendigo y
el salteador entre las ruinas de Roma, Ademas, aquellos dos personajes
clsicos de Inglaterra son los Carones de esa laguna Estigia de
Lndres: ellos se apoderan del extranjero, le despojan de una parte del
capital de viaje y le consignan al infierno del hotel para que la obra
se complete. Francamente, no he conocido ladrones iguales  los cocheros
de Lndres (salvo los dueos de hotel,  quienes no quiero defraudar
en su honorable reputacion); y lo peor de todo es, que aquellos
salteadores de chelines despluman  la vctima con una insolencia sin
igual.

El hotel es en Lndres la forma conspicua del sofisma, pues est
preparado segun todas las reglas de la fascinacion para recibir dinero
sin ofrecer en cambio casi otra cosa que apariencias  ilusiones.
Edificios inmensos y sombros, que son como una ciudad bajo un mismo
techo; escaleras de mrmol, suntuosas en apariencia; colgaduras,
lmparas, espejos, alfombras, camas monumentales; muebles brillantes y
todo lo que puede fascinar y excitar la vanidad,--he ah lo que
constituye un hotel ingls, servido por criados que parecen miembros de
Parlamento. Todo aquello es suntuoso y promete un excelente servicio
para el viajero que llega fatigado y hambriento.

Pero luego viene la realidad  establecer una triste compensacion.
Comidas pobres y vulgares servidas con una calma capaz de hacer perder
el apetito, completando la digestion entre plato y plato; un caf
detestablemente preparado; sopas inmundas (cuyo secreto vine  descubrir
por medio de un sirviente) que salen de una caldera general en donde
arrojan las sobras de los platos servidos  otros en el restaurador
del hotel; dificultades y dilaciones para todo; criados que el husped
tiene que pagar de varios modos, y por remate de cuento y mil
contrariedades una cuenta escandalosa, de proporciones judicas,
llevada hasta el abuso mas grosero de la superioridad del empresario: h
ah lo que son los hoteles de Lndres. En resumidas cuentas, lo que el
viajero paga no es lo que se _come_  le _sirven_, sino lo que ve, es
decir, los espejos, los mrmoles, las alfombras, las lujosas casacas de
los lacayos y todo el tren de ostentacion; sin que haya modo de
evitarlo, porque todos los hoteles que no son inmundos son as, All no
hay eleccion posible (si no se apela al _boarding house_, en caso de
larga residencia) entre el hotel-palacio, que saquea y arruina sin
provecho para el viajero,  el hotel-figon, indigno y repugnante por su
desaseo y su vulgaridad.

En Inglaterra todo es extremoso, en general: all la riqueza colosal
vive al lado de la miseria suprema;--lo admirable alterna con lo
inmundo. Pero en materia de hoteles, como de cafs, almacenes, etc., el
Ingls hace conocer que le falta absolutamente la nocion del arte y casi
del todo la del gusto delicado. All todo es vigoroso, segun la idea
materialista que se tiene de lo til, y se piensa mas en la especulacion
y el lujo suntuoso y muy fascinador  ostensible, que en el arreglo
agradable de las cosas que consulta al mismo tiempo la economa, la
delicadeza de gustos y la comodidad. Ese es el genio del pueblo ingls,
y sera intil rebelarse contra los resultados que de l se derivan.

       *       *       *       *       *



CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

ASPECTO GENERAL DE LONDRES.


Las grandes calles.--Costumbres diversas,--Miseria y beneficencia.
--Contrastes dolorosos.--Reflexiones sobre el pauperismo.

Mi residencia en Lndres fu tan corta que  decir verdad, no alcanc 
ver sino los rasgos generales de su fisonoma. Lndres es tan colosal,
tan complicada en su estructura material, que para recorrerla en todas
direcciones y escudriar sus secretos se necesita un estudio permanente
de algunos aos. Y sinembargo, qu extrao fenmeno se encuentra en el
carcter de esa inmensa metrpoli! Si para averiguar toda la estadstica
de Lndres es indispensable una larga observacion, para comprender su
estructura general bastan quince dias bien empleados.

Pars tiene apenas la mitad de la grandeza positiva de Lndres, y
sinembargo, para estimar en todo su valor la capital francesa se
requiere mas tiempo que para conocer  Lndres perfectamente. Por
qu?--La razn es obvia: Londres no es absolutamente otra cosa que la
metrpoli de la industria y del comercio del mundo,--es decir, el
reflejo colosal de una de las grandes faces de la civilizacion; mientras
que Pars es la metrpoli de la civilizacion en todas sus
manifestaciones;--es una fisonoma compleja y de mil colores. En Londres
todo se reduce al movimiento de la riqueza material, con raras
excepciones. En Pars no solo se ve la riqueza en accin,--sino que
tambien se encuentran reunidos todos los tesoros del arte, de la ciencia
y de cuanto hay de espiritual y delicado en el refinamiento de la
humanidad.

Si la gran capital britnica tiene esplndidos jardines y museos,
famosos templos, palacios y puentes, parques magnficos, bancos
opulentos y multitud de monumentos dignos de atencin (generalmente
nuevos), los lugares donde esa sociedad debe ser estudiada
preferentemente para comprender su condicin moral, social y econmica,
son: la _prensa_, las _calles_ y el _Tmesis_. Es all donde Londres se
revela con toda su evidencia, al travs de su ruido ensordecedor,  los
ojos del viajero que observa y medita sin preocupacion. Si los
monumentos pblicos acreditan la fuerza y el orgullo del pueblo ingls,
las calles de Lndres y las orillas del Tmesis revelan conjuntamente
las debilidades y los vicios profundos como las cualidades de esa
sociedad, y la prensa su vida poltica y econmica.

Pero para adquirir la idea completa, no basta recorrer las grandes
arterias de Lndres donde est acumulada su vitalidad: al contrario
Lndres tiene dos caras, la una que aterra y acongoja, y otra que
deslumbra. Es preciso verlas mbas casi simultneamente, y compararlas
sin prevencion, para comprender los contrastes asombrosos del conjunto.
Quien saliese de Lndres despus de haber estudiado una sola de las
faces del coloso,--verdadera esfinge de la humanidad,--llevara las
ideas mas errneas, creyendo, segn la parte de fisonoma que hubiese
visto, que Lndres es todo opulencia maravillosa, todo progreso y
bienestar,-- bien todo miseria, inmundicia y degradacion suprema....

Examinemos, pues,  Lndres, empezando por sus calles. No debe olvidarse
que Lndres se ha formado por la reunion paulatina de muchas pequeas
ciudades circunvecinas,  distritos,  la antigua _City del Tamsis_,
privilegiada y poderosa, que ocupa casi el centro de la inmensa
poblacion actual. As, aunque la ciudad es una sola en su apariencia, se
observa una profunda diferencia entre el centro y los arrabales. En
estos reina principalmente la actividad de la fabricacion, mientras que
en el interior est la del comercio;--de manera que en aquella parte
estn aglomerados centenares de miles de obreros, las calles son mas
mplias, las casas mas diseminadas y mnos altas, y se nota por punto
general cierto grado de bienestar modesto que est tan ljos de la
opulencia y el bullicio como de las miserias de los barrios centrales.
All se levantan por millares las altsimas chimeneas de las fbricas,
el elegante coche aparece rara vez, los carros repletos de mercancas se
cruzan en inmensa multitud, la mendicidad es mnos visible, y el trabajo
activo se manifiesta donde quiera, sin el espectculo del lujo y de los
suntuosos palacios y almacenes brillantes.

Pasando de esos arrabales al centro de la ciudad hay un terreno de
transicin generalmente apacible y hermoso, que se compone de barrios
aristocrticos y elegantes, establecidos al derredor de parques de una
magnificencia agradable, particularmente hcia el oeste de la ciudad.
All, en las cercanas de los parques del _Regente, San James,
Green-Park, Hyde Park_ y otros varios, estn los ricos palacios, las
elegantes quintas de suntuosas fachadas, las bellas casas de tres 
cuatro pisos nomas, que habitan las gentes acomodadas, los palacios de
recreo y de residencia real, y en fin toda la parte de la ciudad
destinada exclusivamente al _comfort_, donde en vez de fbricas y
almacenes no hay sino paseos, mansiones mas  menos aristocrticas,
calles anchas, limpias y tranquilas, plazas en cuyo centro se mantienen
dentro de verjas de hierro bellsimos jardines, y todo lo que puede
revelar el buen gusto y la comodidad.

Si las fbricas y las clases trabajadoras sedentarias ocupan los
arrabales, y la sociedad elegante est agrupada al derredor  en las
cercanas de los parques, as como en algunas grandes calles del centro,
tales como la de _Piccadilly_ y otras vecinas, el gran foco de los
negocios y la actividad comercial se encuentran en los barrios
centrales. Es recorriendo  _Oxford_ (la calle) _Regent_, el _Strand_ y
las calles mas animadas de la _City_, como _Ludgate, Cornhill,
Cheapside, etc._, que se puede admirar ese flujo y reflujo de gentes,
de coches, de mercancas y de cuanto puede causar ruido; ese hormigueo
de mendigos asquerosos frotando sus harapos con las capas suntuosas de
las damas elegantes; ese inmenso conjunto de almacenes y tiendas de
variedad y riqueza increibles; ese ruido sempiterno y complejo de mil
ecos que proceden de las voces mas heterogneas; ese conjunto grotesco
de ventas de vveres, de rganos de Berbera, de artistas callejeros y
extravagantes, de saltimbancos brutales y adiestrados en la explotacion
de los necios, de pilluelos ladrones espiando toda ocasion de hacer su
negocio; ese ir y venir de cocheros insolentes, verdadera canalla entre
todos los bribones del mundo; ese espectculo de oro y mugre, de
grandeza y oprobio, de orgullo y prostitucion, de hambre y egoismo, de
lujo y aniquilamiento social....

Lndres tiene dos grandes aristocracias,  cual mas curiosa, que reinan
en todos sus barrios: la nobleza, orgullosa en extremo, pero que, no
obstante su orgullo, fundado en el nacimiento y la riqueza, tiene cierta
elevacion de ideas debida  la instruccion y  la ingerencia activa en
los negocios pblicos; y la aristocracia monetaria, familia de banqueros
y especuladores de bolsa, de comerciantes, fabricantes y usureros que,
salidos de la nada,  fuerza de especulaciones laboriosas, cuando llegan
 la opulencia suelen olvidar su origen, renegar la santidad del trabajo
que les di fortuna, y sentados sobre pilas de oro como sobre tronos
invulnerables, miran con desprecio  veces  la multitud como un
enjambre de viles insectos! Esta segunda aristocracia, la mas noble por
su origen--el trabajo,--pero la mas odiosa en parte, por su
conducta,--el egoismo y el orgullo,--es la que tiene la soberana en el
centro de Lndres.

Y qu contraste el que hacen las carrozas doradas de esos banqueros
millonarios y esos nobles opulentos, con los harapos hediondos y
ridculos de millares y millares de mendigos! Los unos salen  ostentar
su grandeza, y brillan  la luz del sol  de las innumerables centellas
de gas que iluminan las calles, persuadidos de que la turba los admira
como semidioses. Su orgullo les hace mirar como animales  sus
semejantes que rodean la carroza, hambrientos, agotados de fatiga,
degradados por todos los vicios y luego pisoteados en las grandes calles
por los caballos que tiran la envidiada carroza. Engao miserable del
orgullo! Esa turba macilenta y enhambrecida ve pasar  los poderosos con
un sentimiento de odio profundo que los contrastes envenenan. Cada uno
de esos pobres prias de la sociedad se dice con despecho sombro:
Muchos de estos hombres tienen cien, doscientas, quinientas  mas
libras esterlinas de renta _por dia_,  cuando mnos veinte,--mintras
que yo apnas puedo conseguir, cuando mejor me va, tres, cuatro  seis
penques para mantenerme con inmundicias.... Lo que uno de esos seores
gasta en uno solo de sus magnficos caballos sera bastante para
asegurar la subsistencia de toda mi familia.... Los perros de ese lord
son mas respetables y felices que yo; y la querida de ese banquero gasta
en sus guantes cada semana mucho mas de lo que mi esposa, que es
honrada, gana con sus fatigas de un ao entero....

Quin sabe cuntas maldiciones acompaan los suspiros del miserable
indigente que as piensa, en tanto que el noble lord medita en el
proyecto de una cacera  en la seduccion de una jven,  el banquero
egoista va calculando las ventajas de su juego de bolsa!

La noche es el momento mas propicio para recibir el golpe de vista de
las calles de Lndres en su parte mas concurrida. La luz del sol es casi
siempre triste y opaca, y solo al reflejo de la iluminacion deliciosa
que produce el gas se destacan las figuras con toda su energa y se ven
en toda su verdad los contrastes de luz, de sombra y claro-oscuro. Es
entnces que _Oxford_ y _Regent street_, el _Strand_, y todas las
grandes arterias del movimiento tienen su esplndida fisonoma que
pasma. Tngase presente que Lndres cuenta casi tres millones de
habitantes,--que la afluencia de viajeros de todos los puntos del globo
es inmensa,--que durante la noche toda la poblacion indigente y la
obrera sale  buscar en las calles limosna  distraccion,--que la
circulacion de coches es de 13,000 por hora, por trmino medio, sin
contar los millares de mnibus y carros, cuyo conjunto asciende en la
ciudad  la enorme cifra de 80,000 vehculos de ruedas,--y por ltimo,
que la noche favorece las transacciones de todo gnero y las escenas de
galantera  que da lugar la prostitucion,--y se comprender toda la
complicacion del cuadro inmenso que se ofrece  la vista.

Los almacenes y las tiendas, esplndidamente iluminados por el gas en el
interior y el exterior, ostentan la infinita variedad de los valores que
contienen, en trminos que las muestras nomas, expuestas en las fachadas
y entre vidrieras luminosas, representan capitales  fortunas
considerables. El oro, la plata, el cobre, el acero y todos los metales
bajo mil formas, brillan donde quiera en moles tentadoras para la
multitud,--mintras que los diamantes, todas las piedras preciosas
conocidas y los cristales de imitacion, incrustados en una joyera de
inagotable variedad, multiplican los reflejos de la iluminacion,
dndoles  las calles no s qu aspecto de fantasmagora hechicera 
prodigiosa como los cuentos de las _Mil y una noches_. Todo lo que la
industria puede producir, lo que el arte y el refinamiento son capaces
de labrar para alimentar la pasion del lujo, y cuanto es posible desear
para satisfacer todas las necesidades y todos los caprichos, se ve all
detras de los cristales, realzado por la reproduccion de la luz y por el
bullicio de un mundo que fermenta sin cesar, mirando, comprando,
codiciando, vendiendo, agitndose en todas direcciones.

El viajero que no est habituado  esas escenas, que viene de las
soledades del Nuevo Mundo y trae nociones y recuerdos enteramente
exticos en esa Babilonia del comercio, cree asistir  una
representacion fantstica, vivir soando  contemplar, al traves de los
lentes de un cosmorama, una coleccion extravagante de dibujos chinescos
 de figuras producidas por el delirio de un artista invisible y
febricitante. Dichoso el que, trayendo formado su corazon y preparado su
espritu  todas las sorpresas y al estudio atento de todos los
prodigios y fenmenos de la civilizacion, tiene la fuerza de resistir,
sin dejarse deslumbrar,  esa fascinacion que todo lo desconocido y lo
grande ejercen sobro las almas impresionables y sencillas!

En ninguna parte es mas extremoso el lujo que en Lndres, ni se exageran
con mas extravagancia las modas y toda clase de invenciones. All falta
en general la verdadera elegancia,--la que consiste en la sencillez y el
gusto delicado,--y hasta en el modo de insinuarse las gentes de la clase
media y de las masas hay un fondo de grosera y de insolencia, no s qu
de tosco y spero que repele y produce disgusto. All faltan ese
pulimento y esa gracia que cautivan, y que son siempre el resultado de
la educacion social y de los espectculos que le inspiran  la multitud
el gusto por el arte y la espontaneidad seductora en las maneras. Como
en Lndres todo es frio y severo, cuando no sucio, en los edificios
pblicos, el pueblo no ha podido hacerse fino ni simptico. Y como la
libertad individual no est unida  la igualdad social, sino que el
orgullo de las aristocracias ha establecido una valla profunda entre las
clases, todo el mundo, altivo con su personalidad  insociable, se cree
con derecho de ser brusco y ordinario en su porte, sin cuidarse del
efecto que produce su modo de insinuarse. All se considera tiempo
perdido el segundo que se gasta en saludar  pronunciar una frase corts
y agradable. El interes domina en todo y cada palabra tiene su precio.

Recuerdo  propsito de esto un incidente que me impresion mucho. Una
noche, pasendome por _Regent Street_, tropec con una mujer hermossima
y lujosamente vestida, que me mir al pasar, como por casualidad.
Despues de dar dos  tres pasos dej caer un pauelo de olan, y yo con
mis preocupaciones colombianas de consideracion hcia las seoras,
tomndola por tal, levant el pauelo y quitndome el sombrero para
saludarla con respeto, le present su perfumado batista. La contestacion
fu darme un apreton en la mano, muy significativo, y engarzar su brazo
del mio sin decir una palabra. Lleno de admiracion, la mir con
estraeza, apartndome, para hacerle comprender que sin duda se habia
equivocado; pero sin desplegar los labios volvi  darme un apreton
capaz de magullarme el brazo, Entnces comprend que estaba al lado de
una indigna _loreta_ y le volv la espalda con desprecio. Mas tarde supe
que esas bellas y lujosas cortesanas, que se cruzan  millares por las
calles de Lndres, se valian siempre de artificios como el del pauelo
para sus impudentes provocaciones.

Todas esas mujeres son como estatuas,  juzgar por su exterior. Hermosas
admirablemente, frias y calculadoras, sin gracia ninguna en su actitud,
recargadas de seda, volantes y cadenas (fruto de su degradacion), y
siempre con el ojo atento  adivinar al extranjero que pasa por delante
para atraerle con demostraciones descaradas, esas mujeres son la
ignominia mayor de Lndres, mil veces mas despreciables que el ratero 
el mendigo borracho  quien pisan al pasar. Feliz el viajero que,
sabiendo estimar su propia dignidad y toda la santidad y el
espiritualismo del amor, desdea  esas mujeres,--mercancas que se
venden pblicamente al mejor postor, sin pensar en el hospital que las
aguarda para el tiempo de la miseria, la fealdad y el remordimiento!

Uno de los rasgos caractersticos de Inglaterra es la tendencia hcia la
ostentacion aristocrtica, que se manifiesta en todas las clases, y
sobre todo quien lo creyera! en los mendigos y las gentes mas
miserables. En Inglaterra, y particularmente en Lndres, el indigente
carece de la _conciencia_ de su posicion. Si hay un estado que exija
mayor dignidad  estimacion de s mismo para soportarlo, es el de la
pobreza. El indigente debe llevar en su exterior _la lgica de su
indigencia_, que es su dignidad. Pero eso no sucede en Lndres, la
tierra clsica de la _librea_ y la ostentacion. El mendigo se viste como
el lord, con la casaca del conde  baronet, del banquero  del ministro,
con la diferencia de que los vestidos de estos son brillantes, limpios y
magnficos, mintras que sobre los miembros del obrero enhambrecido 
del indigente que pide limosna estn asquerosos y hechos hilachas.

He visto innumerables fruteras en las calles con gorras y chales de las
seoras aristocrticas;--los limpiabotas cubiertos de oropeles y
bordados, y los salta-caos y _chimny-sweepers_ (frotadores de
chimeneas) ataviados con casacas y sombreros que en su primera poca de
servicio activo cubrieron  millonarios y lores del Parlamento. Por qu
esos disfraces innobles y ridculos que hacen de la escena pblica un
carnaval? El espritu aristocrtico y la vanidad los explican. El lacayo
hereda los ricos vestidos del amo, ya usados;--el mercader de trapos se
los compra al lacayo cuando estn viejos;--el remendon y el limpia-botas
los toman del ropavejero, ya remendados, y al fin, cuando los harapos
galonados empiezan  deshacerse de viejos  inmundos, llegan hasta donde
el mendigo  el salta-caos, en cambio de algunos peniques. Tal es la
sucesion de las clases sociales en Lndres! Ellas descienden de lo mas
alto hasta lo mas bajo, sin que en todas las gradas de la escala falten
el orgullo, la vanidad y el espritu de ostentacion  imitacion.

Es increible hasta dnde llega la fecunda inventiva de los vagamundos,
los caballeros de industria, grandes y pequeos, y los perezosos 
indigentes, para crearse pequeas manipulaciones y oficios de
explotacion de los ociosos, en infinita variedad. Podrian escribirse
volmenes enteros solo para explicar las mas conocidas de esas _pequeas
industrias_ que ocupan  los que quieren vivir en la vagancia,
degradndose en las calles con ejercicios que son el deshonor de la
sociedad, porque presentan al sr racional como inferior al bruto. Entre
esas industrias hay una que tiene verdadera utilidad, pero que provoca
la risa por su original extravagancia: la del _hombre-aviso_. Como
Inglaterra es el pas de los anuncios y los rtulos en supremo grado, no
se considera bastante hacerlos circular en los diarios y en los
cartulones de las esquinas, y as como hay _individuos-escobas_ y de
peor condicion aun, hay _hombres-avisos_. El hombre-aviso es de dos
especies: parlante  _berreante_, y de _bulto_; el primero no tiene mas
oficio que andar por las calles dando gritos atroces, que parecen
graznidos de un ganso, cuando no berridos de un ternero, haciendo saber
al pblico un suceso industrial cualquiera, con la direccion del
empresario  interesado en el asunto. El segundo es un aviso mudo: el
pobre diablo va metido entre un enorme farol de papel  de gnero
blanco, iluminado durante la noche, en cuyas cuatro faces est escrito
en letras monumentales el anuncio de alguna empresa, artculo en venta 
cualquier otro objeto; y la obligacion del portador  esquina ambulante
es vagamundear por todo Lndres, en absoluto silencio, mostrando su
armazon elocuente, y soliendo  veces, por via de figura oratoria,
estrellar su farol contra las narices de algun pasante distraido. El
_hombre-aviso_ gana por dia tres, cuatro  seis peniques, cuando mejor
le va!

Si en general los saltimbancos innumerables de las calles no inspiran
sino desprecio por su desvergenza en escamotar, y si los mil y mil
vagamundos de rgano berberisco llevan su impertinencia hasta hacer
desesperar, hay entre las muchas clases de artistas y pobres ambulantes
una que suele inspirar simpatas al viajero:--es la de los msicos.
Verdad es que muchas veces el msico de callejuela  de plaza no es mas
que un perezoso y un vulgar rascador de violin  de arpa, sin gracia ni
atractivo alguno; pero de tiempo en tiempo se da con bandas de
verdaderos artistas nmades que encantan y merecen aplausos y favor.

En una de mis nocturnas excursiones en Lndres me hall cerca de siete 
ocho msicos italianos que daban un concierto pblico en una esquina de
la gran calle del _Regente_. La tropa tenia mucha popularidad, porque se
componia de proscritos Italianos de Milan, Venecia, Roma y Npoles,
hombres de familias honradas, y que careciendo de recursos para
subsistir habian organizado una compaa filarmnica para no ser
gravosos  nadie y vivir honradamente. Como en Italia todo el mundo sabe
algo de msica, y el pueblo entero es artista, fcilmente se forma con
Italianos proscritos una banda escogida.

Creo que jamas la msica me habia impresionado tanto como aquella noche.
Los ocho artistas tocaban por nota deliciosamente, sobresaliendo en el
violin y la flauta, y pude saborear las admirables cavatinas y
particiones de _Norma, il Trovatore, la Traviata_ y el _Himno de
Italia_. Aquellas armonas,--los recuerdos de Colombia que me hacian
evocar,--esas caras varoniles, de barba negra y crespa, llenas de la
melancola del proscrito y de la del artista,--el efecto de la
iluminacion sobre el inmenso grupo de espectadores, y sobre todo, la
profunda emocion con que el concierto me hacia pensar en la desventurada
y noble Italia, cuyos hijos sufran la esclavitud, el calabozo  la
proscripcion, sin perder nunca la esperanza de la libertad y la
independencia: todo eso contribuy  dejar en mi alma un sentimiento de
indefinible pesar que no he olvidado nunca. Despus de poner mi bolo
humilde en l gorro de uno de los artistas proscritos, me alej
acongojado, sintiendo que llevaba en mi oido como el eco vago de los
ltimos aires del himno italiano, y orgulloso de haber nacido en el seno
de la democracia para poder ofrecer desde el fondo de mi corazon un voto
de fraternidad  los hermanos oprimidos.

Cuando volva pensativo, en la direccin de _Hyde Park_, pasando por
entre los grupos animados de la opulenta calle de _Oxford_, me deca con
tristeza: De qu sirve toda esta grandeza deslumbradora, si ella es el
testimonio de un malestar profundo consistente en las mas crueles y
dolorosas desigualdades? Es esta la civilizacin? Es este el progreso,
 es mas bien la decadencia? Esta sociedad no est en peligro inminente
de una descomposicin completa? Este coloso que se llama Inglaterra no
est minado por su base? No encontrando fcil solucion  tales
problemas, y comparando  Lndres con los pobres pueblos de Colombia me
dije luego: N! la civilizacion no es el refinamiento del bien y del
mal, no es la exuberancia de prodigios, de invencones y
descubrimientos! La civilizacion es _justicia_, es el acuerdo de la
sociedad con la naturaleza, es la armona de los hechos humanos con el
derecho eterno y divino, es la equidad en la distribucion del
bien--herencia divina--no del mal, que es un accidente del error! Ese
herico y hospitalario pueblo de Colombia no es una sociedad brbara,
como la califican los afortunados en Europa, puesto que all ninguno se
muere de hambre, la igualdad avanza dia por dia, el corazon es generoso,
la nocion de la justicia es mas general, y el desgraciado no necesita
para buscar la subsistencia de entregarse  oficios infamantes que
degradan el alma, envenenan el corazon y hacen descender la humanidad
hasta el nivel del bruto!...

       *       *       *       *       *

Solo  los genios privilegiados es dado adquirir la nocion de la verdad
por intuicion; el comun de los hombres no conoce otra via que la de la
comparacion. Como en las cosas humanas casi todas las verdades son
relativas, porque lo absoluto en la tierra excluye la idea del progreso
indefinido, nada puede conducir el espritu hcia la luz tanto como la
observacion de los contrastes.

Lndres, esa mole colosal de grandeza y podredumbre, de oro y de hierro,
como de lodo y amarguras, es por excelencia la metrpoli del
romanticismo social. All el drama se confunde con la comedia, como el
millonario se codea con el mendigo, el dandy superficial y afeminado con
el bandido de larga experiencia en los misterios del crmen, y la
elegante y bellsima lady de esmerada cultura y candorosa pureza con la
meretriz infame que vive del inmundo comercio de la lujuria.

Pero el tiempo y el desrden en las construcciones de la gran ciudad han
confundido los escenarios del drama, de tal manera que el observador no
necesita de largas peregrinaciones al traves de los barrios desiertos
para descender al abismo de miseria y degradacion que se esconde bajo el
oropel y la ostentosa opulencia de una industria exuberante pero viciosa
en su organismo. El cuadro se ofrece all con una pasmosa energa,
presentando  la sociedad de Lndres como uno de esos suntuosos
palacios, entre cuyos bajos relieves, mrmoles, cornisas doradas y
preciosos mosaicos se complace la brutalidad de los ociosos en trazar
caricaturas y mamarrachos con carbon,  pegotear inmundicias de todo
gnero.

No tuve en 1868 tiempo para estudiar detenidamente las condiciones de la
sociedad inglesa, ni an de Lndres siquiera, y si pretendiese pasar por
conocedor, cien libros me serviran para ostentar el barniz del viajero
erudito. Pero mi propsito es describir mis propias impresiones, no las
ajenas, y por tanto mis pequeos cuadros solo pueden abarcar algunos
pormenores. Mas tarde deba adquirir, en un viaje completo por la Gran
Bretaa, las nociones que me faltaban. Entretanto, pintar lo que _he
visto_, rpidamente es cierto, pero guiado por el deseo de encontrar la
verdad.

Lndres tiene aglomeradas sus principales miserias en el inmenso barrio
de _Southwark_ comprendido entre la parte fronteriza de los _Docks de
Lndres y Vauxhll Gardens_, con el Tmesis de por medio que lo separa
de los cuarteles de _Westminsfer_, el _Strand_ y la _City_,--y ademas en
el corazon de los barrios mas activos y opulentos de la vieja ciudad. En
el primero de esos territorios de la miseria viven amontonados,
enhambrecidos y generalmente miserables, mas de novecientos mil
individuos. All se encuentran fbricas valiosas y en nmero muy
considerable, tienen su trmino tres grandes lneas de ferrocarriles,
hay cinco  seis pequeos parques  jardines pblicos, vastas arterias
de comunicacion y un gran movimiento que ensordece,--no obstante que, en
lo general, esa es la peor de las inmensas porciones de poblacion que
constituyen  Lndres.

Pero qu de tristes compensaciones de lo que en ese barrio interminable
revela algun bienestar! Es all donde viven los ociosos amontonados como
brutos, harapientos, semi-proscritos como gitanos, lvidos como el
hambre que los devora, y hormigueando en las callejuelas, los sucios y
ennegrecidos patios y las cloacas, como semilleros de gusanos. Es all
donde vagan ciento  doscientos mil obreros sin trabajo, levantando su
triste clamoreo por do quiera, ostentando sus harapos, pidiendo limosna
 todo el mundo, aplacando el pesar con la embriaguez, y ofreciendo en
sus rias, sus escenas de pugilato y sus mil actos de brutalidad
salvaje el espectculo de la clera, la degradacion y la miseria  que
la falta de trabajo, la absoluta ignorancia y los vicios de la ociosidad
los han conducido.

Pero el cuadro es muy extenso. Como una enorme serpiente que enrosca sus
anillos y se intercala por entre las hendeduras de un viejo tronco
roido, dejndose ver de trecho en trecho, pero asida  todas las
sinuosidades, la miseria oprime  Lndres y la estrecha en todas
direcciones, asoma en todos los barrios y parece asfixiar con su aliento
y su presion horrible  la parte de la sociedad que vive en la
abundancia  en la loca indolencia del lujo sibarita. Varias veces, al
recorrer las brillantes calles de _Oxford_ y el _Regente_, las bellas
plazas cubiertas de jardines (_squares_)  las calles enlosadas, mplias
y repletas de gente en actividad incesante, donde se ostentan los
tesoros del _Strand_ y de la _City_,--tesoros de arte, de elegancia, de
industria colosal y maravillosamente avanzada;--al recorrer esas calles,
repito, pensaba con tristeza que  dos pasos de all est una raza
proscrita del bien y de la vida,--raza de mendigos y bandidos, de
prostitutas y muchachos hambrientos, de criaturas condenadas  la mas
espantosa degeneracion, que se revuelcan en el fango fsico y moral,
como un sarcasmo animado que desmiente la civilizacion sofstica de los
barrios vecinos.

Los barrios que sirven de asilo  de foco principal  esa raza degradada
son los de _Saint Giles, Spitalfields, Bethnal-Green_ y _White-Chapel_;
pero no todos tienen el mismo destino ni una situacion anloga. Si
_San-Gil_ ocupa el centro mismo de Lndres y es principalmente el barrio
de la indigencia, la inmundicia y la suprema desnudez,--_Bethnal-Green_
y _Spitalfields_ son los asientos del vicio en todas sus formas y con
toda la hediondez de la crpula infame,--en tanto que _White-Chapel_,
que recoge sus reclutas en las filas de la miseria, es la espantosa
madriguera del crmen. El ser que en _San-Gil_ es mendigo hambriento y
lastimoso, en _Bethnal-Green_ es jugador, concupiscente y ebrio, y en
_White-Chapel_ se convierte en bandido.

No pude tener ni el tiempo ni las facilidades necesarias para visitar
con _provecho_ los barrios de _Bethnal-Green, White-Chapel y
Spitalfields_, muy excntricos y complicados pero vecinos de las
extremidades lejanas de la _City_. Hube, pues, de limitarme  _San-Gil_,
 donde es fcil penetrar por cualquiera de las grandes calles del
centro aristocrtico. Y con todo, mis visitas, que no pasaron de dos,
fueron diurnas, escogiendo algunas de las callejuelas mas horribles,
como la de _Church-Lane_, tan  la vista de todo el mundo que desemboca
nada mnos que en la esplndida calle de _Oxford_ y el _Strand_.

El barrio de _San-Gil_ est enclavado, como un cangro ulcerado y ftido,
entre las magnficas vias pblicas de _Picadilly_, la plaza de
_Trafalgar_, el _Strand_ y las calles de _Regent, Oxford_ y _Holborn_.
Una red inescrutable de callejuelas oscuras y estrechsimas, de patios
hmedos  infectos, de calles tapadas  laberintos sin salida, de cuevas
y guaridas horribles, con alguna que otra plazuela que horripila por su
mugre,--tal es la estructura exterior  ostensible del barrio de la
muerte que se llama _San-Gil_! Dicen que aquello es an mas espantoso
durante la noche que en el dia; y lo creo as, porque an  la luz
nebulosa de las doce de la maana sent, al recorrer una parte de ese
laberinto, una impresion de angustia, de dolor y espanto que jamas habia
experimentado. Los cabellos se me erizaban, la carne me temblaba, sentia
la sangre helada y la respiracion difcil, y algo como un sudor frio,
como un vrtigo de horror, me hizo, despues de dos horas de exmen la
primera vez, decirle al amigo bondadoso que me guiaba: Salgamos,
salgamos de aqu, porque en esta cloaca se siente la tentacion de
blasfemar, se pierde la esperanza, la vida se esconde bajo el fango y se
adquiere una idea de la degradacion humana que abruma y trastorna la
razn.... Muchas de aquellas callejuelas se hallaban, an  medio dia,
en una oscuridad casi completa, producida por la estrechez de las casas
y la elevacion de los muros; y muchos de los patios, los vericuetos y
las encrucijadas de aquel cementerio de cadveres ambulantes, tenian el
frio, la fetidez y todo el aspecto de una fosa de cien cuerpos removida
por los cerdos.... Donde quiera la oscuridad, cien agujeros sombros, la
humedad glacial, el fango ptrido, los muros negros y medrosos, los
depsitos de inmundicias, los harapos enmohecidos por la mugre flotando
delante de las troneras irregulares habilitadas con el carcter de
puertas y ventanas.... Y al pi de cada uno de esos edificios cubiertos
de olln y de lama hmeda, una tumba subterrnea! All no hay mas que
tumbas, porque no hay mas objetos que abrigar que enjambres de
esqueletos disecados por el hambre, la impiedad y la prostitucion!...

Como los edificios tienen cuatro, cinco  siete pisos exteriores y las
aceras distan entre s dos, tres  cuatro metros, cada callejuela tiene
el aspecto de un abismo  de una grieta enorme producida por algun
terremoto en los estratos rocallosos de una montaa caliza. Los pisos
ostensibles  visibles se componen de una multitud de cuartos  alcobas
de lamentable desnudez, sin aire, luz ni fuego, amontonados en desrden,
y  donde los miserables inquilinos trepan por andamios medrosos que no
merecen el nombre de escaleras. Y sinembargo, como todo en el mundo
tiene sus gradaciones, esas habitaciones, que son las de _la
aristocracia de la miseria_, parecen parasos en comparacion de las
cloacas subterrneas que constituyen la base de cada uno de esos
palacios de la lujuria en harapos y del hambre y la intemperancia!

--Tiene U. valor para entrar?--me dijo mi amigo _cicerone_, mostrndome
un agujero practicado al pi del muro exterior de una casa mohosa.

--Entrar  dnde?--le contest.

--Pues...al infierno! me repuso con profunda emocion.--S; aqu _vive_
una parte de la especie humana, de la Europa _civilizada_,--en el
corazon de Lndres, como el enjambre de gusanos que vive en el centro de
una hermosa fruta. Vea Ud.; asmese por ese hueco, y dgame despues si
su Nuevo Mundo no vale mucho mas que esta podredumbre dorada....

En efecto, tuve valor para acercarme y ver.... Una estrecha escalera de
piedra bruta descendia de la abertura  _puerta_, practicada al pi del
muro, al fondo de una cueva  stano hmedo y pestilente, sin mas luz
que la muy confusa que entraba de la calle por entre los barrotes de una
reja de hierro. El piso de esa cloaca era de tierra apnas apretada y
estaba casi todo cubierto de montones de paja sucia y empapada por la
humedad. Ningun mueble se veia en el centro, y solo en dos rincones se
destacaban las sombras de algunas esteras de tamo en forma de colchones
enrollados.

Entre uno de los montones de paja se movia un pequeo objeto
revolcndose sobre algunos harapos: un grito agudo me hizo ver que era
un nio. Muy cerca estaba sobre otro monton de tamo una vieja tullida
que pocos momentos despues se arrastr sobre las manos y las rodillas
para recoger la limosna que mi compaero le arroj desde la escalera. En
otro rincon roncaba un hombre, con ese estertor caracterstico del sueo
brutal de la embriaguez, tirado como un tronco negro, y  su lado se
rascaba un perro que empez  gruir con desconfianza al vernos aparecer
sobre la cima de la escalera. Cuando saqu la cabeza al aire mnos
infecto de la callejuela, sent como si me hubiesen sometido  la accion
mortal de una mquina neumtica....

--Oh! esto es espantoso! exclam al respirar. No es posible que criatura
humana viva all....

--Y sinembargo, me dijo mi compaero, U. no ha visto sino la muestra. La
cueva est vaca porque sus habitantes andan ahora por las calles
opulentas buscando la subsistencia con la mendicidad, el hurto ratero,
los mas viles _oficios_, los tratos de la prostitucion,  los
desperdicios, huesos y cortezas que recogen en las orillas de los caos
 en las puertas de los mercados y las tiendas de vveres. Cuando llegan
las ocho de la noche, se ve un largo cordon de miserables que vuelven
lentamente por sus oscuras callejuelas  buscar el rincon de sus
cloacas. Hombres y mujeres, ancianos y nios, adultos que pasan de la
pubertad  la vejez del cuerpo y del alma con una precocidad increible,
por la accion de los vicios y de las privaciones,--todos van entrando,
descendiendo esa escalera y aglomerndose como los insectos sobre una
charca ptrida, para pasar all la noche, confundidos, revueltos, medio
ebrios, medio idiotas, extenuados de fatiga y hambrientos,--odindose 
veces mtuamente,--sin conciencia de su ser,--ni nocion de Dios, ni amor
 la humanidad, ni resignacion, ni remordimiento, ni aspiraciones, ni
esperanza....

--Hebetados por la miseria (continu diciendo mi guia), estos seres no
distinguen lo pasado de lo presente ni del porvenir, y como el bruto,
solo comprenden que existen porque tienen hambre  sed, cansancio 
frio, paja dura  sueo.... El dolor no tiene para ellos ninguna
significacion moral; su espritu ha muerto asfixiado por la inmundicia
que rodea la materia! Y apesar del hambre y del dolor fsico, esos sres
que se amontonan all sobre esa paja enmohecida por la humedad, buscan
frecuentemente los deleites asquerosos de la concupiscencia! Ah los
sexos se confunden, y entre las 30  40 personas que yacen en el fondo
de la cloaca sombra, suceden cosas que solo el ojo impasible de Dios
puede mirar sin estremecimiento, y que no tienen nombre en el
vocabulario de la civilizacin....

--Pero esas gentes que viven en los pisos altos cmo pueden habitar tan
espantosa madriguera?--le dije  mi interlocutor.

--Ellas viven donde les conviene, me respondi,--solo que, siendo menos
miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por
eso sea su degradacion muy inferior  la de los mendigos de los
subterrneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los
caballeros de industria subalternos; ah duermen los limpiabotas y los
saltimbancos de menor cuanta, las fruteras de calle, los vendedores de
baratijas, los msicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas
clases que no son literalmente mendigos; ah esconden sus andrajos los
rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las
intrigas de los seductores; ah descansan de su larga fatiga del dia,
despues de doce  diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres
obreros ambulantes de pequeo salario, as como los repartidores de
diarios y sus semejantes; y por ltimo, ah tienen su hogar envilecido
las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles
de Londres, pero que, por su fealdad, su edad  otras circunstancias, no
pertenecen sino  la _plebe de las infames_.

--Toda esta inmensa y heterognea turba se levanta por la maana,
entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que
circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su
bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la
sociedad,  la fcil explotacin del orgullo, de los vicios  la
credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera
se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de
_San-Gil_ queda desierto durante todo el dia....

Habamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi
compaero, temeroso de que nos extravisemos sin encontrar salida, me
dijo:

--Salgamos de este pas maldito. Lo que U. ha visto es suficiente,
porque todo es igual, cuando no peor.

Cuando salimos  la plaza de Trafalgar, nos pareca que en realidad
resucitbamos,  que salamos si no de un sepulcro, del infierno de una
pesadilla estranguladora.

       *       *       *       *       *

Poda Inglaterra permanecer indiferente  ese profundo malestar, cuando
la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas
grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais
del egosmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la
deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse
 conjurarlo. Ese mal crnico y profundo de la miseria y del vicio,
fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las
condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa
an con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool,
Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros
de poblacin y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras
y raices todas las entraas de la sociedad.... Se crey posible
disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso  la obra de la
_beneficencia_ y la _instruccin._ Noble error, en cuanto  la primera
parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen
que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgnica.
Si la instruccin _prepara_  la virtud, es impotente por s sola para
producirla: ella necesita por auxiliares la _libertad_, la _justicia y_
el _trabajo_. La beneficencia no es mas que un blsamo: alivia 
clmalos dolores, pero deja subsistir el mal.

He ah lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y
agona lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida  culpable,
despert  los ricos  afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo,
que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel 
las tradiciones y antiptico  las reformas _radicales_, levant donde
quiera templos magnficos  la beneficencia bajo todas las formas
anodinas, derramando el oro  montones para conservar su opulencia
misma. La ruda Inglaterra sinti el peligro inminente de una profunda
conmocin social, y tuvo vergenza de su deshonor, publicado por todos
los viajeros que estudiaban  fondo la organizacin tradicional de la
_poderosa Albion_.

Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las
atenciones _visibles_ de la beneficencia pblica. Una suma tan enorme, y
sinembargo tan insuficiente qu es lo que revela? Si prueba la
increble riqueza de las clases acomodadas, revela an mas la enormidad
de la indigencia en que viven las otras clases,--es decir, la espantosa
desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones
viciosas, se ha podido _repartir_ el bienestar.

Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama
_Saint-Giles_ y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca
de _White-Chapel_ y los dems antros de la miseria en Londres, quise
conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que
los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los
grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos
de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancas, y
las escuelas primarias y de artes y oficios  pocos pasos de las
colosales fbricas. Todo eso establece el conjunto romntico de la vida
y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la
caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al
observador: Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son
las vlvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de
beneficencia figuran en nuestros libros como _gastos de
conservacion;_--y cada guardin  enfermero de esos hospicios y
hospitales, cada preceptor de una de esas _escuelas de harapientos
(Raghed--Schools)_ es un obrero que trabaja indirectamente en servicio
de nuestras especulaciones.

Tal es el carcter de la beneficencia en Londres. All se gastan sumas
enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de
enseanza elemental y de artes y oficios,--y estos establecimientos, en
general, le hacen honor  Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal
sigue y el nmero de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el
oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles  esos poderosos
propietarios de tierras,  los altivos gobernantes, y  cuantos tienen
en sus manos la fortuna y la fuerza,--habladles de una reforma decisiva
que cambie la organizacion social para abrir campo  la regeneracion de
las masas indigentes,  de un sistema de emigracion gratuita bien
dirigido para enviar  los dems puntos del globo los brazos que la
industria necesita con urgencia,--y os respondern negativamente.
Rechazarn la emigracin por _orgullo nacional_, considerndola como
humillante para el pueblo ingls,--y resistirn la reforma radical por
_egosmo_ personal y _orgullo_ de casta  d posicion social, como un
trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad
absurda y disolvente.

As, por conclusion de este captulo, dir que he deducido de mis
rpidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal
de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo
mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus
formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres
caminos posibles para salir de la situacion presente:  una reforma
social completa y sin restriccion;  la organizacion oficial de la
emigracion gratita, descargndose de millones de individuos sobrantes
en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el
trabajo los rehabilitara);  una revolucion terrible que aniquilara
por muchos aos la opulencia de la Gran Bretaa.

       *       *       *       *       *


CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

EL TAMESIS EN LONDRES.


Los puentes, la navegacion y las mrgenes del gran rio.--Las Casas del
Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lndres.--Los Docks del
comercio.--El Tnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en
obra.

Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y
manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de
un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella
mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del
Tmesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad
de relaciones y su lujo de ostentacion, as como el Museo Britnico es
el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del
viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la
arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal
es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abada de
Westminster, la Torre de Lndres y el Palacio del Parlamento, que
dominan el Tmesis, son mas bien los testimonios de la soberbia
aristocrtica. Por ltimo, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos
de las plazas de Lndres revelan todo lo que hay de opulencia y de
gloria, de culto  la riqueza y al patriotismo en sa nacion
maravillosa.

Todo eso es magnfico, y  cada uno de esos monumentos consagrar
algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de
su metrpoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo
comercial, martimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el
Tmesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastsimos almacenes de
_depsito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre
el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que
admira); sus millares de _vapores_, de navos mercantes y de guerra, y
de botes costaneros  pescadores, que cubren literalmente la superficie
del rio; sus grandes _fbricas,_ cuyas altsimas chimeneas ciernen sus
nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las
ondas; su esplndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el
mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus
innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_
sobre una y otra mrgen,--todo eso le da al Tmesis un aspecto de
universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga 
respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de
carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado 
todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de
su capital la metrpoli econmica de la humanidad, la Babilonia
inescrutable de la civilizacion industrial.

Recorramos rpidamente las grandezas del Tmesis.

La ciudad de Lndres cuenta sobre el Tmesis apenas once puentes, desde
las alturas de Chelsea hasta las cercanas de los _Diques_, donde se
ostenta el puente monumental llamado _London bridge_.

Cualquiera pensara que esas once vas fijas de comunicacion entre las
dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme
poblacion sedentaria y el inmenso cmulo de viajeros que se cruzan en
Lndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo
el de _London_ que es libre; estn siempre tan colmados de gentes y
vehculos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces
casi imposibles.

Pero la libertad del Tmesis es una necesidad imperiosa que se opone 
la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente
agitado y rico, donde Lndres tiene su vida  su corazon. Por otra
parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores
y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo  lo largo y al
traves del rio una cudruple corriente de pasajeros que hormiguean por
millares y millares por enmedio de los puentes  bajo sus colosales
arcos.

De los once puentes de Lndres cuatro me llamaron principalmente la
atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el
inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un
poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de
_Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio
data de 1816, es un slido y hermoso puente, pero no llama
particularmente la atencion, as como el de _Westminster_.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cmulo de trabajo que
ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo,
Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de
una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una
vista esplndida sobre el Tmesis y gran parte de la ciudad. Fu
reconstruido en 1831, tiene 782 pis ingleses de longitud y unos 80 de
anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi
horizontales de un mrito arquitectnico insuperable.

El de _Southwark_ fu terminado en 1819; es todo de hierro y su masa
gigantesca est dividida tambin en tres arcos de los cuales el del
centro mide un espacio de 240 pis. El de _Waterloo_ se compone de nueve
arcos, cada uno de 120 pis de dimetro, es todo de piedra, data de
1817, y cost un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero
monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es
en su gnero uno de los mejores de Europa. Por ltimo, el puente de
_Hungerford_ es colgante  suspendido sobre dos estribos, uno de los
cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo  la mitad del
Tmesis por grandes graderas, y tiene un aspecto tan elegante como
singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de
comunicacion  cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratito,
excepto en el de _London_.

El espectculo que ofrece el Tmesis, bajo el aspecto de la navegacion,
es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que
aturde. Como ese rio es la vida de Lndres y an del comercio del mundo,
sus ondas no estn aprisionadas sino por las dos altsimas hileras de
edificios, de manera que no hay muelles de mampostera para la carga y
descarga de las mercancas. El rio es libre para todo el mundo y los
cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de
los almacenes que dominan el Tmesis en incalculable nmero. En cuanto 
los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes 
faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite,
ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan
en muelles de madera establecidos hcia el centro del rio.

El Tmesis de por s es un rio de muy mediano caudal, sobre todo  los
ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales
profusamente encadenados. En Lndres el Tmesis tiene la anchura mdia
de 250 metros, que disminuye bastante hcia Chelsea y aumenta hasta 400
abajo del Tunnel. La profundidad mdia es de 2 metros, que disminuye
mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el
puente de _Lndres_ en la mas alta marea. As, la navegacion de los
vapores y grandes buques est sujeta, en lo general, al flujo y reflujo
del mar del Norte, que recibe las ondas del Tmesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navos martimos
de todas las naciones, remontando el rio  remolque de pequeos vapores
hasta llegar  los _Diques de Lndres_, esos almacenes colosales de
madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial.
Entnces el espectculo hace comprender el secreto de la grandeza
britnica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace
aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navos y vapores,
entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del
libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares 
todos los pueblos de la humanidad. Con cunto placer v agitarse sobre
un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre
patria!... Yo la salud con respeto y amor, entonando en el fondo de mi
corazon un himno de gratitud  los fundadores de la independencia de mi
pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me
bastaba....

Es incalculable, sin ocurrir  una laboriosa estadstica, el nmero de
botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante
hormigueo las ondas del Tmesis. Que el lector que nunca ha viajado
imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange
de aves acutiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas
pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los
arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendr
una idea aproximativa del aspecto general del Tmesis.

Si Lndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de
mnibus para el servicio de la multitud, y de pequeos coches de
alquiler, en el Tmesis tiene tambien un servicio permanente de buques,
que llamar _vapores-mnibus_, y una nube de gndolas  faluchos para la
travesa, que equivalen  millares de puentes flotantes. De trecho en
trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y 
cada diez minutos llega de subida  de bajada un vapor, largo, delgado y
ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros,
recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con
maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los
botes y navos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los
viajes  lo largo del ro, hasta abajo de Greenwich, es tan completa,
que un paseo por el Tmesis reune todas las condiciones deseables por el
pasajero negociante  el viajero curioso. En esas rpidas
peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la
atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas 
impresiones diferentes, cuanto contiene el Tmesis de pintoresco 
magnfico, de opulento  singular desde la una hasta la otra extremidad
de Lndres. Fu as como pude ver, al pasar y apnas exteriormente,
muchos suntuosos  interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo
para un estudio minucioso de Lndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinacin desde el pi del puente de _Battersea_,
arriba de Chelsea, para terminarla por una visita  Greenwich, h aqu
lo que mas me llam la atencion.

A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los rboles del pequeo
parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_,
edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como est
servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del
mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el
rden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de
Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese
querido alojar lujosamente an  los invlidos y miserables acogidos 
la caridad pblica.

Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall est la penitenciaria de
_Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese
espritu de progreso que anima hoy  Inglaterra en favor de los sistemas
y actos humanitarios. La Gran Bretaa, la Suiza, Blgica y Baden son los
nicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion  su
suelo del rgimen penitenciario de la Union Americana,  fin de llegar 
la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las
sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando  Dios y la
naturaleza humana), y de sostituir  la penalidad salvaje del dolor
fsico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que
ensea, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo
que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la
sociedad y ante Dios.

La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre  la forma
singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de
molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexgono que sirve de
eje y seis cuerpos separados entre s tocando con el centro, de manera
que el todo se parece  una estrella  una rueda de seis aspas. Segun se
me inform, la penitenciaria produce los mas benficos resultados,
reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el
trabajo en comun.

Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso
edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento britnico, y detras
se destacan las dos enormes torres de la Abada de Westminster, el
panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello
monumento de la Gran Bretaa, tanto por su arquitectura como por su
riqueza interior y su importancia histrica.

El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se
incendi en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde  la de
la influencia que ejercen sobre la poltica del mundo la elocuencia y
las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo
de la Gran Bretaa que se renen all.--La fachada es monumental,
inmensa y de proporciones gticas, que constituyen una de esas
estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante  eclctica
arquitectura moderna hace de las romnticas  incomparables creaciones
del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por
su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesa
artstica.

El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de
Arepago  la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que
tiene notables riquezas de valor artstico y lujo de decoraciones. Ese
palacio es digno del pueblo ingls, aunque en mi opinion sus
legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el
seno del pas miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es
tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun
testimonio de ignorancia  miseria.

En el lmite del opulento barrio del Strand est situado, sobre el
muelle contiguo al magnfico puente de Waterloo, el famoso palacio de
Somerset, cuya construccion fu emprendida por el fastuoso cuanto
desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues
de haber gobernado altivamente  Inglaterra fu depuesto en 1549 y
decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual
aplicacion el nombre de Colegio del Rey, tiene una extensa y hermosa
fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las
aguas del Tmesis con el doble aspecto de un palacio real suntuossimo y
una fortaleza desarmada y elegante.

Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus
altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana
(_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la
India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio
no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha
consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como
conviene  un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en
extremo interesante, por el rden admirable que reina en la distribucion
de las localidades, segn su aplicacion  todas las necesidades de una
aduana.

En seguida de _Custom-House_, se alcanzan  ver, empinadas por encima de
sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las
complicadas torres, almenas y pequeas fortalezas que constituyen
aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lndres_, que es uno de los
monumentos mas histricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos
edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que
tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_)
Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 pis. El
monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para
la defensa de Lndres, compuesto de una gran torre central y trece
pequeas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.

La Torre de Lndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas
polticos, mucho peores an que los de la _Bastilla_ de Pars. Es en esa
gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de
glorias  de crmenes muchos prncipes, gobernantes y poderosos. Alczar
sombro de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo
permanente que despus de ocho siglos de peripecias sangrientas hace
comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histrico y
ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es  veces la justicia de los
reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la
fortuna.

Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de
guerra,--es decir, el museo de la muerte;-- sea una lpida de la tumba
de ocho siglos de violencias, de crmenes y de gloriosas revoluciones
tambien. Una d las torres se llama la _sangrienta_: fu en su recinto
donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en
1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado
otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas comn en la historia de
Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la
misma familia. No s por qu hacen los reyes tanto escndalo cuando ven
que los pueblos, imitndolos, se hacen los ejecutores. El oficio de
verdugo ha comenzado por ser aristocrtico, y al fin, los pueblos lo han
repudiado dejndolo  los dictadores, los reyes, los inquisidores y los
togados, como cosa que les pertenece en propiedad.

Casi pensaba omitir en esta relacin algunos pormenores relativos al
primero de los monumentos que dominan el Tmesis,--la Abada de
Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no
describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el
interior de aquella catedral de las glorias britnicas, que es el
reverso de la Torre de Lndres. El aspecto exterior es de una
magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues
el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio
del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronacin de los
monarcas de la Gran Bretaa.

Como he dicho ntes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras
de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno,
la guerra, la marina, la poesa, las bellas artes y todo lo que puede
abrir el camino  la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a
notabilidades de muy dudosa ortografa, muchas de las cuales han
_pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas
de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los
reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.

Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV,
cuajada de esculturas magnficas, y que tiene una forma singular por las
torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las
tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y
Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca Mara Stuart, y de Isabel, su
sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Crlos II,
hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje
II, que engrandeci  su patria con el apoyo de los talentos de Walpole
y el primer Pitt.

El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos
consagrados  los hombres de genio. All, en el lado del norte estn las
tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la
independencia de las Repblicas Colombianas), de Robert Peel, el
afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la
fuerza y opulencia de la Gran Bretaa, y en fin, de todos los hombres de
estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas
reales, estn las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos
mrtires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia
britnica.

En el lado meridional de la misma Iglesia estn los sepulcros y bustos
de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare
hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los
monumentos de los famosos actores dramticos Garrick y Kemble, soberanos
de la escena. Cun grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado
de las tumbas de los _soberanos_ de la tierra y de los hombres de estado
y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de
la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos
a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir
eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo ingls, aunque
preocupado por las tradiciones aristocrticas, sabe ser justo, y eleva 
sus hijos inspirados al alczar de los reyes, para probarle al mundo que
al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la
potencia del genio.

Los _Docks_, lo repito, son la creacion caracterstica de Lndres, el
monumento tpico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los
museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lndres es
detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la
civilizacion, mas aristocrtica en la Gran Bretaa que en ningun otro
pais. Pero contemplar sus _Docks_, principalmente los de Lndres y
Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo
mercantil y cosmopolita por excelencia. All se ve, por decirlo as,
palpitar el corazon de Inglaterra,--revelarse toda la energa, toda la
fuerza de su vitalidad,

Desde la vecindad  el pi mismo de la Torre de Lndres hasta muy abajo
de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial
llamada Isla de los Perros, las dos mrgenes del Tmesis estn casi
literalmente cubiertas de _Docks_, complicados en inmenso laberinto, y
astilleros  grandes canteras de construcciones navales, Primero se
encuentran los de _Santa Catarina_ contiguos  la Torre de Lndres; poco
mas abajo siguen los llamados particularmente _London Docks_, de una
magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vrtice
de la Isla de los Perros, se encuentran los enormes diques de las
Indias Orientales. El resto de la isla se puede decir que es un solo
dique dividido en innumerables compartimientos  cavidades.

Ademas, en la vasta porcion de Lndres que se extiende al frente de la
City, del lado sur del Tmesis, hay en la especie de pennsula de
Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que
los de la banda setentrional. Es  esos depsitos universales  donde
llegan las mercancas de todo el mundo en los navos que remontan el
Tmesis, y  donde afluyen los productos de las fbricas y minas
inglesas para ser embarcados  bordo de esos mismos navos y enviados 
todos los puertos martimos del globo. As, cerca de cada grupo de
_Docks_, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la
comunicacion martima y fluvial est ntimamente ligada  la terrestre,
consultndose ante todo la economa y la rapidez de las operaciones
comerciales.

No me fu posible examinar de cerca otros _Docks_ que los de
_Santa-Catarina_ y _Lndres_, ni tenia precision de visitar los demas,
puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de _las Indias
Orientales_ son los mas considerables.

El _Dock_ tiene por base la mrgen del Tmesis, cuyas aguas lo alimentan
constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en
los momentos en que las mareas suben. El _Dock_ se compone de una
inmensa alberca de mampostera, muy profunda y dividida mas  mnos
regularmente en compartimientos que se comunican  incomunican, segun
que se abren  cierran, por medio de mquinas, las enormes compuertas de
hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el
nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del
Tmesis, y un ancho canal de mampostera, que mide la cala de los
navos, les da entrada  salida con la mayor facilidad y en pocos
minutos.

El laberinto de albercas  diques penetra al corazon de la ciudad por en
mdio de vastos muelles planos y altsimos edificios, y de este modo se
produce el extrao fenmeno de una ciudad flotante compuesta de navos
de todos tamaos metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y
ladrillo que se llama Lndres. Los buques entran all con tres objetos,
pagando un moderadsimo derecho: 1 descargar sus valores en los
vastsimos almacenes de depsito; 2 carenarse y ponerse  cubierto de
todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Tmesis, evitando
embarazar la navegacion; y 3 buscar en los mismos depsitos (_stocks_)
la carga de retorno que necesitan.

De todo eso resulta que los _Docks_ estn siempre colmados por
centenares y an millares de navos de todo porte cuyo conjunto ofrece
el espectculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en
interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se
extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo
tiempo sombro y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los
muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de
stanos  subterrneos para los vinos y otros muchos artculos, y es
all donde se depositan todos los valores que el comercio de Lndres
hace girar por medio del Tmesis.

Y qu movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aqu,
los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes  las vergas
de sus navos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos
diferentes, que corresponden  todas las regiones; y en medio de esos
grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la
carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en
obras de carpintera  en la carena de los buques. All se agitan los
negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crdito,  de
compra-venta, cuando no en el exmen de las mercancas; y todo es
actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes,
buques y mercancas.

El _Dock_ no es solo un establecimiento comercial y creado para el
servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderossimo de
crdito. Desde el instante en que la mercanca entra al _depsito_ en el
_Dock_, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad
de los empresarios del mismo _Dock_. El propietario de la mercanca
recibe un documento (_warrant_) que acredita su propiedad, con expresion
de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de
depsito. Con ese documento puede ir  cualquier banco, si no quiere 
no puede vender la mercanca, y obtener, obligndola en garanta, todos
los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin
perjuicio de poderla enagenar luego  mejor precio, quedando la deuda 
cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion
hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las
transacciones por medio del crdito.

Los _Docks_ de las Indias Orientales son enormes. Es all donde se
acumula esa famosa _escuadra pacfica_, si se me permite la expresion,
compuesta de millares de navos de grandes dimensiones, que alimentan el
comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han
sido explotadas hasta ahora por la compaa de las Indias. Contemplando
an de ljos el bosque colosal de mstiles de aquellos buques nomas,
puede tenerse una idea de la opulencia de esa compaa y de la magnitud
de sus especulaciones.

       *       *       *       *       *

Al frente de los _Docks de Lndres_ est el famoso puente subterrneo
llamado el _Tunnel_, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances,
Brunel, que fu construido con el objeto de establecer la comunicacion
entre las dos mrgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy
activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar
un puente sobre el Tmesis sin impedir la navegacion  los grandes
buques, se ocurri al puente subterrneo. Desgraciadamente ha sido
intil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan
prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras
esterlinas, ha quedado reducida al carcter de _curiosidad_  monumento
de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.

El _Tunnel_ es una cavidad practicada bajo las aguas del Tmesis,
separada apnas por una capa de tierra de 15 pis de espesor. La bveda
se compone de dos galeras paralelas, de muchsimas arcadas, con una
longitud de 1,300 pis, y se desciende  las extremidades
perpendicularmente, del nivel de las calles de Lndres, por medio de
enormes escaleras de caracol. Una de las galeras ha sido destinada 
tiendas de curiosidades, merceras, cosmoramas, etc., que producen el
mas curioso contraste con la sombra majestad de la bveda iluminada por
el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita
semejante monumento no puede explicarse cmo un pueblo tan prctico y
previsor como el ingls pudo acoger la idea de una empresa tan absurda
bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la
tenacidad.

       *       *       *       *       *

A unos diez kilmetros del puente de _Lndres_, sobre la mrgen del
Tmesis, se encuentra la pequea pero muy visitada y graciosa ciudad de
Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle
y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se
alcanza  ver una inmensa porcion del Este de Lndres y se domina el
curso del Tmesis en algunas millas, sino que se admira al frente la
selva de mstiles que se destaca de todos los _Docks_ en la Isla de los
Perros.

Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500
almas: y como tiene un magnfico parque dependiente del antiguo palacio
real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hcia Lndres,
que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los
vapores, los habitantes de la metrpoli han hecho de esa pequea ciudad
uno de sus paseos favoritos, as como de Windsor y Richemond. El parque
de Greenwich es el _Saint-Cloud_ de los vecinos de Lndres.

En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio
astronmico, cuya cpula tiene unos 250 pis de elevacion sobre el nivel
del Tmesis. El edificio contiene una riqusima coleccion de
instrumentos y trabajos de astronoma y marina, y aunque los Ingleses se
sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de
San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia
cientfica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fu fundado
por Crlos II y terminado en 1675.

El vasto edificio principal del famoso Hospital de invlidos de la
marina, fu en su principio un palacio de residencia real creado por
Enrique VI.--Crlos II lo reconstruy mucho mas tarde, y al fin
Guillermo III lo convirti en Hospital de la marina britnica, en 1705.
El palacio tiene la majestad del tamao y de la sencillez, pero es de
una arquitectura pasada y fra, sin ningun mrito artstico notable en
su exterior.

Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente
separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles
el rden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos
3,000 invlidos cuando visit el establecimiento, y se me inform que
ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian
pensiones y servicios del Hospital.

Visit detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y
despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios
principales, y en todos esos sitios recog las mas gratas impresiones.
La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los
protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como all no se
reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar  Dios, sin
confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de dolos
rivales, la ausencia de imgenes y _santos_ y de todo lujo  adornos, es
absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberana
exclusiva acordada en el templo  la idea de Dios y al Evangelio,--tan
distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatra
miserable que la degrada, hacindola caer en un paganismo contrahecho,
que no tiene siquiera la poesa y la espontaneidad del paganismo griego
y romano.

El Museo de los invlidos es en cierto modo la hoja de servicios de la
marina britnica,--orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de
cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial;
as, no es extrao que, mintras un invlido erudito me explicaba con
todo el entusiasmo posible lo mismo que cada da explica  todos los
viajeros curiosos, considerando como semi-dioses  los personajes mas
histricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos
gloriosos filibusteros  quienes las naciones llaman almirantes cuando
les dan el encargo de ir  ensangrentar los mares con sus atroces
combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan
lo que quieran los seores marinos, para m no ser nunca Nelson otra
cosa que un herico y sublime devastador del Ocano, como Drake un gran
pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad.

Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni
de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos pblicos, el
museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan all frescos
de mrito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales
histricos para Inglaterra,  de retratos de famosos marinos) de
indisputable valor artstico. De resto, el salon contiene muchas
reliquias, modelos de navos, armas, instrumentos nuticos y todo lo
que, interesando  la marina de guerra, se refiere  los hechos
histricos mas notables.

El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el
rden con que todas las operaciones estn arregladas para consultar la
higiene, comodidad y economa del establecimiento. Las cocinas sobre
todo, servidas apnas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por
el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El
vapor y las mquinas lo hacen todo, y all se confeccionan las comidas
como se hacen en una fbrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular
como lo exige la accion mecnica del hierro agitado por el vapor, y todo
conduce all  hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende
con maternal solicitud  todas las necesidades del hombre.

Si los invlidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos
hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun
inmejorable, no es mnos cmoda y feliz la situacion particular de cada
uno en los extensos dormitorios  alojamientos. Puede decirse que cada
cual tiene su casa propia, as como tienen sus buenos vestidos
confortables y caractersticos.

Los dormitorios son anchas y extensas galeras situadas en pisos altos,
con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las
ventanas. A cada lado de la galera hay una fila de alcobas
independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y
habitada exclusivamente por un invlido, con todo su menaje particular.
Algunos trabajan espontneamente en fabricar curiosidades de mano que
venden  los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas
de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos
cuanto su situacion fsica se lo permite. Ellos, como ancianos 
intiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible
calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.

No es de extraarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto
que, ya que lanza  sus hijos  morir  vivir como proscritos en las
soledades del Ocano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de
matar y llenos de cicatrices  mutilados horriblemente, necesitan
reposar la frente azotada durante muchos aos por los huracanes y las
trombas marinas.

Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso
martimo llamado _Leviatan_, la mas soberbia y la mas errada ostentacion
del orgullo ingls, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme
de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino
exteriormente, todava en construccion en el interior, y por lo mismo
muy incompleto.

Muchas descripciones del _Leviatan_ han circulado en la prensa del
mundo, y no las repetir aqu, tanto mas cuanto que no quiero hablar
sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fu la del
asombro, y la admiracion hcia el poder de asociacion y de industria de
los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que
emprenden. El _Leviatan_, no siendo mas que un buque mercante  de
trasporte, es tan gigantesco que cost mas de cinco millones de pesos.
Baste decir, como trmino de comparacion, que al lado del _Leviatan_ se
vea como un pigmeo un enorme navo de tres puentes, de primer rden,
anclado all constantemente y que sirve de hospital para los marinos
extranjeros. Al pasar por el pi del gigante de hierro (que respira por
siete enormes chimeneas) yendo  bordo de uno de los vapores ordinarios
del Tmesis, veia las gentes que estaban sobre el ltimo puente del
_Leviatan_ como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los
campaneros repicando. Uno de esos vapores del Tmesis pasa por junto al
_Leviatan_ como una inquieta hormiga por el pi de un elefante inmoble y
adormecido. Tal es la proporcion.

Sinembargo, temo que ese navo se reduzca  ser en los mares lo que el
_Tunnel_ en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez
intil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso.

       *       *       *       *       *


CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

JARDINES Y MONUMENTOS.


El Jardn Botnico;--el Zoolgico.--El Coliseo,--El Museo
Britnico.--San-Pablo.

Si Lndres tiene poqusimos monumentos antiguos  modernos que merezcan
la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos
establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion
moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines cientficos.
Lndres, el pas de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad
clsica de los esplndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no
solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino
tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra.

Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en
medio de sus lagunas martimas que ha nacido el gusto por los estudios y
refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la
que ha hecho adelantar mas ese gnero de agricultura. Francia,
Inglaterra, Blgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y
sinembargo, los jardines zoolgico-botnicos de Amsterdan y Amberes son
mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mrito. Si Paris y
las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San
Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de histora natural y
botnica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todava por sus
jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la
ciencia y de los viajes y el arte lo permiten.

Los jardines privados de Londres en las casas aristocrticas son
numerossimos y esplndidos. Y fuera de Lndres, en Richemond, Windsor y
otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablar
sino de los que conoc personalmente,--el _Zoolgico y_ el _Botnico,_
que ocupan el parque vastsimo del _Regente_ en el Oeste de Lndres.

A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos _vivientes_ de
historia natural y de botnica, se comprende que aquella es la obra del
espritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansin que
es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la
autoridad no figura como empresaria en ningn establecimiento de
carcter Industrial,  aunque sea complejo, el rden, la economa
ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el
viajero contempla. El inters individual hace maravillas donde quiera, y
sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las
anlogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En
esa misin de iniciativa  de poder de la opinin todo es grande, todo
refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso.
Penetremos en los jardines cientficos de Londres y hallaremos un
espectculo digno d admiracin.

En la poca en que los visit el invierno apnas concluia; la vegetacin
al aire libre estaba muerta, y faltaban por lo mismo todos los encantos
del bosque y el jardn; que dependen de la naturaleza. Pero en
compensacion, el arte maravilloso, la abundancia de objetos en el
escenario y los mil grupos de pequeos arbustos melanclicos de hojas
persistentes,  de plantas acuticas, hacan un juego muy interesante.
El parque del _Regente_ tiene como unos 80 acres de superficie, y est
surcado en toda su extension por un ancho y hermoso lago y canales de
navegacion  irrigacion, cuyas aguas alimentan las fuentes, los
estanques, los arroyos y todos los receptculos que las conservan para
los animales y la vegetacion. Dividido en tres partes, la una es
propiamente un pequeo y hermoso parque sombreado por rboles seculares
y magnficos; las otras dos contienen separadamente el jardn
_Zoolgico_ y el _Botnico_.

En el segundo se encuentra, durante la primavera, la mas variada y
completa coleccion de plantas raras, representantes de la vegetacion del
mundo entero. All nada hay de mnos ni de mas; todo lo que es vulgar
est desechado, y en vez de la intil profusion de rboles  plantas de
un solo gnero, cada familia, cada especie y cada gnero estn
representados por las mas hermosas muestras, en corto nmero y con un
rden perfecto de clasificacion. El visitante puede hacer un verdadero
estudio de la botnica cosmopolita, siguiendo paso  paso los grupos
cientficamente preparados al aire libre  en invernculos,--dentro de
las aguas de los estanques pintorescos de agua dulce  marina,-- sobre
los emparrados, enrejados y techos que les dan proteccin  las lianas,
enredaderas parsitas y plantas trepadoras de todo gnero.

La falta de abundante vegetacin exterior, que era efecto de las nieves
del invierno, me hizo buscar de preferencia los invernculos de cristal.
Esos palacios de Flora, construidos por el hombre para dar abrigo y
calor  la naturaleza, son verdaderamente esplndidos. All cada planta,
la palmera colosal, como la humilde violeta japonesa, vive lujosamente,
con toda la frescura, la belleza, el brillo, el perfume y los tesoros
que les dan el sol, las brisas y el roco en los climas ardientes 
templados  que pertenecen. La arquitectura grandiosa de los
invernculos, y las condiciones que cada uno tiene, segn el grupo de
plantas que abriga, para darles el grado de luz, calor, libertad,
humedad y tierra especial que necesitan, favorecen maravillosamente el
crecimiento, la nutricin fecunda, la reproduccin y la conservacin de
todas las especies interesantes.

Bajo las bvedas tibias y perfumadas de los invernculos, el visitante
asiste  un espectculo encantador de magnificencia y contrastes. Yo
recorria all todas las regiones de la tierra, en cuanto  su
vegetacion, con solo trasladarme sucesivamente de un invernculo  otro.
Admiraba la flora europea de todas las latitudes, educada en cierto modo
por la civilizacion, embellecida con el arte, en cuanto este puede
embellecer la naturaleza. Adivinaba los desiertos de frica, retostados
por un sol ardiente que mantiene la, vegetacion como febricitante en su
lecho de arena calcinada,--y asistia  las escenas suntuosas de las
selvas y montaas asiticas, donde todo es exuberante y voluptuoso, por
el tamao, los colores, los perfumes, las formas y el crecimiento de las
plantas, como de los animales; donde todo maravilla y aturde,--dando la
idea de un mundo semi-brbaro, inmenso, cuya grandeza provoca la codicia
de los pueblos gastados y empobrecidos por el tiempo en Occidente.

Pero nada llenaba tanto mi espritu y mi corazon como la vista de los
grupos de plantas colombianas. All se alza la palmera cerosa do los
Andes, que vive azotada por los huracanes de los pramos, como la que
mora en los valles ardientes y produce el marfil vegetal  otras
materias. Lo mismo el arbusto crespo, oscuro y melanclico de las
alturas pobladas por los lquenes, que el rbol aromtico y gentil de
las faldas y planicies intermedias,  la liana estupenda y la planta
enana de hoja monstruosa, que crecen en la humedad y la espesura sombra
de las selvas, en las mrgenes ardientes de los grandes rios. Yo creia
vivir en Colombia, respirar su aire vigoroso, contemplar su cielo
esplndido, calentarme con su fuego,  levantarme sobre sus cordilleras
empinadas, devorar sus frutas deliciosas y embriagarme con los perfumes
de ese mundo de luz, de fuerza y majestad natural que habia dejado del
otro lado del Ocano.

En presencia de esos portentos de la ciencia, del arte y del comercio y
los viajes, y agitado por tan profundas impresiones, sent duplicarse mi
fe en el progreso infinito y fortalecerse mi creencia en la mancomunidad
de todos los pueblos en la obra inmensa de la civilizacion. Para qu
ese lujo de plantas de todo el globo en prodigiosa variedad? Qu
significa esa asamblea universal de verdura, de perfumes, de colores, de
formas singulares, de familias de la vegetacion de todas las regiones?
Es solo en servicio de la ciencia y la industria que el viajero
naturalista recoge del uno al otro polo los matices vivientes del manto
con que la naturaleza cubre el seno de la tierra? No! Cada familia y
cada especie, cada grupo de la Flora representa all la unidad, la
armona, la vida progresiva y la fecundidad de la creacion, concurriendo
al servicio de la humanidad, segun el destino que el clima le da  cada
uno de los objetos que la inteligencia humana puede aprovechar.

Esa centralizacion  reunion de todas las plantas, sublime asamblea
cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran
mancomunidad de derechos, mision  intereses que liga  todas las razas,
las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la
humanidad.

Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos
caractersticos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo
aparente es sensible; pero consideradas en los invernculos, en un
grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente
la suprema armona que las enlaza  todas y les da la perfeccion de la
hermosura y la grandeza.

El jardin _Zoolgico_ tiene el triple nteres del arte en la
distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la
vida de las innumerables familias sometidas al poder  al servicio del
hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los
grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el nteres de la
escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines,
cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas
horas. As, solo indicar algo de lo que fij mas mi atencion.

La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa
variedad, conteniendo solo dos  tres individuos de cada especie y
gnero para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las
familias. El rden reina en todas partes, consultando simultneamente
las exigencias de la nomenclatura cientfica y los hbitos y condiciones
de las especies.

Aqu se halla el visitante en presencia de los animales feroces,
debidamente clasificados; mas all admira los grandes rumiantes de
primer rden; ac una familia, all otra por grupos homogneos, y en
circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el
auxilio de los rtulos claros y precisos y del severo arreglo que
preside  todo, se puede seguir un curso de zoologa en todos sus ramos,
superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos
necesarios, pero bastante para darle  un observador que no conoce la
ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion,
crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres,
necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel
y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable
naturaleza  todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontneo.

No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamferos de todas
clases, ofensivos  inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es
maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas
girafas de ojo melanclico; los elefantes, hipoptamos y rinocerontes
monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonoma traidora; el
grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de
mirada indiferente y sombra; el triste orang-utang, caricatura de
hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el
curioso bizonte; el corpulento bfalo crinado; la linda y esquiva zebra,
y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos
grupos llaman la atencion por su ferocidad,  su inteligencia,  su
corpulencia,  Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el
jardin Zoolgico,  al menos lo que mas interes mi curiosidad, fu la
inmensa variedad ornitolgica,--el pequeo palacio de los peces y
animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas
grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas
sombras, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han
podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz
de ejercer sobre el reino animal entero.

Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los
palacios enrejados de innumerables lindsimas aves, un torrente de las
mas variadas armonas se difunde en el viento, formando el concierto mas
encantador. All todo es movimiento, alegra, canto inagotable, como si
los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las
lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas
inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion,
atraen las miradas del visitante, hacindole tener por momentos la
ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado
esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la
esmeralda, el rub, el lpiz-lzuli y cien tintas primorosas alternan y
se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pjaro.

En el gran salon de bveda de cristal y temperatura clida, que cubre 
los pjaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armona se pierde en
el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los
papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orga  el estrpito
de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos
turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas anlogos,
que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible
sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de
mil flautas y flajols en desacuerdo. Aquello hace rer, divierte,
aturde y enloquece, como un remedo de la algaraba humana en un mercado
pblico,

Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los
anfibios mamferos  los nades innumerables, entre preciosas plantas)
alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes
aquellos  desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos
de los Andes, las guilas de los Alpes y todas las demas aves de presa.
Al ver  esas soberanas del viento reducidas  la esclavitud, me parecia
asistir al espectculo del orgullo humano sometido y vejado. El guila
parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se
fija en el celo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la
codicia del que condenado  ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo
jamas.

Confieso que sent despecho y tristeza al contemplar el palacio de los
cuadrumanos. Qu cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este
mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espritu de imitacion y
ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras
_cualidades_ parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del
mono;--prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que
los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de
espritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra
caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo
del ridculo  que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este
aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo
que, como sucede siempre, los discpulos no hacemos caso de la leccion y
nos burlamos del maestro en caricatura.

La galera de los reptiles no es mnos abundante y curiosa que las
mencionadas; y lo que mas llama la atencion all es el estado de
mansedumbre  que llegan entre sus lechos de arena y celosas de
alambres y cristal esos terribles envenenadores del desierto, condenados
 arrastrarse, por el pecado original de la serpiente corruptora de Eva
y su compaero. Muy resentida debe de haber quedado la familia de la
corruptora, puesto que sus interesantes miembros no desperdician la
oportunidad de hincarle el colmillo  cualquier descendiente de la
crdula Eva, que no sea domesticador de profesion. Qu profesin! Lo
mismo valdra vivir domesticando un fraile mejicano, un guerrillero de
ley  un recaudador de peajes. Y sinembargo.... lo que es el
hombre!... las serpientes se aplacan, y aquellos no se domestican
nunca!

Es cosa averiguada que la serpiente es inofensiva durante una larga
parte de cado ao, en que reposa y duerme, y que su agresion requiere
casi siempre alguna provocacion, y obedece  intermitencias producidas
por el frio, el calor, el hambre  el estado sexual. Y esos fenmenos,
que la ciencia explica por el anlisis del organismo animal, se
patentizan fcilmente en las galeras zoolgicas. All el observador
puede leer en la mirada del reptil, sobre todo del enorme boa, las
gradaciones de la irritabilidad. Hay algo en el ojo, el aliento y los
movimientos espirales de ese monstruo, que atrae, fascina y magnetiza,
como la tentacion del pecado, y que al mismo tiempo cede  la influencia
magntica del hombre. He visto en las serpientes del jardin de Lndres
contrastes muy curiosos de expresion (segun las personas que las miraban
de cerca), y que me han hecho pensar mucho en los fenmenos del
magnetismo animal y la electricidad, explicndome ciertas singularidades
que algunos suponen fabulosas, pero que son perfectamente exactas. El
olor y algunas otras cosas influyen mucho respecto de los reptiles. As,
notaba con admiracion que las culebras cambiaban de actitud, agitndose
 adormecindose, mirando con mansedumbre, con desconfianza  con ira,
alejndose  acercndose, escondindose  descubrindose mas  menos,
segn la diferente impresion que les produca la presencia  la mirada,
el olor, la voz  la fisonoma de los concurrentes. Tal vez un dia la
ciencia demostrar que no es la inteligencia  un _instinto espontneo_
lo que induce al animal  ejecutar bajo la atmsfera del hombre  en
cualquiera situacion estos  los otros actos, que hacen vacilar al
filsofo entre hiptesis mas  mnos aventuradas; sino que solo la
accion de un fluido magntico  elctrico, comun  todos los objetos de
la creacin (aunque con diversas inflexiones de intensidad, residencia y
modo de obrar), produce las analogas y los fenmenos que hacen creer en
la comunidad de _inteligencia_. Y el da que la ciencia fsica demuestre
eso, si no es un delirio, la psicologa habr avanzado inmensamente,
iluminando el camino de la humanidad, donde reinan todava las tinieblas
de la hiptesis.

El palacio de cristal destinado  los peces y animales marinos de
pequea talla, y principalmente  los moluscos, es pequeo pero
primoroso. All cada grupo se encuentra en una urna trasparente,
viviendo en su elemento y entre las rocas, las arenas y la vegetacion
del fondo del mar. Los corales y otros animales arborescentes, los
moluscos mas bellos, y todo lo que hay de caprichoso, admirable y
diminuto en ese mundo de vidas misteriosas que se agita bajo las ondas,
aparece all en miniatura y de bulto,  la vista del visitante, para
revelarle muchas de las maravillas del ocano. Todo eso tiene una
infinita poesa, un encanto indefinible, que patentiza el sistema de las
compensaciones creado por la naturaleza, y la suprema prevision con que
cada rgano de respiracion, de movimiento  de nutricion ha sido
arreglado para corresponder  las necesidades propias de la region  el
elemento en que vive el animal.

Al dejar el esplndido jardin Zoolgico de Lndres (para cuya
descripcion completa seran necesarios muchos volmenes) me hacia una
reflexion sobre la mancomunidad de la industria y la ciencia fsica, y
de estas y la moral,  mejor dicho, de todos los hechos que representan
el progreso humano. A primera vista ese magnfico jardin  paraso mixto
de Lndres no es mas que un establecimiento cientfico, un estmulo para
las excursiones del naturalista, y un elemento de especulacion, y de
recreo. Pero observando atentamente se encuentra que aquello es ademas
una escuela prctica de moral y una enseanza filosfica para los
pueblos. Por qu?--fcil es demostrarlo con tres reflexiones que vienen
naturalmente al espritu.

La multitud que visita esos lugares incesantemente, adquiere un hbito
de sociabilidad con los animales que le suaviza muy notablemente las
costumbres y pasiones. Lo que el hombre no comprende, respecto  sus
deberes sociales, acostumbrado  estar siempre en relacion casi
exclusiva con su especie misma, lo aprende al observar la sociabilidad
de los animales entre s y respeto del hombre, que es su seor y
generalmente su estpido tirano. Todo el mundo se acerca y rivaliza en
agasajos con los brutos domesticados, y cada cual tiene _su preferido_,
 quien obsequia en cada visita con golosinas que el pobre animal recibe
con gratitud y cario. Si en general el elefante, las girafas, los
camellos, las zebras y otros brutos igualmente curiosos reciben los
homenajes de la mayor parte de la turba, no faltan _amadores_ 
aficionados que tienen su oso,  su tigre,  su boa _predilecto_. Una
verdadera emulacion caritativa se establece all, y una visible
correspondencia de amor entre el hombre y el animal. Cuntos habr que
no teniendo en el mundo ningun vnculo de ternura, sino pesares y
desengaos, van al jardin Zoolgico  cultivar una dulce amistad con
este  el otro animal, segun las analogas de inclinaciones! Lo que mas
se observa all es que los ancianos, las mujeres y los nios son los mas
afectuosos y caritativos con los animales; cosa natural si se considera
la benevolencia y sociabilidad que distingue  los dos extremos de la
vida, y  la mujer, que es su lazo de union.

Por otra parte, los concurrentes se habitan  ver que todos los
animales, an los mas feroces, son tratados con dulzura por los
empleados del establecimiento, mostrndose infinitamente mas accesibles
y dciles  la benevolencia que al rigor. De ese espectculo se deriva
toda una enseanza filosfica que es y debe ser la base de toda
legislacion penal. Si la fiera misma cede  los medios suaves podr
sostenerse como aplicable al hombre el sistema draconiano,--el rgimen
de la violencia, del dolor, de la venganza, de la severidad excesiva y
de las penas _preventivas_? No sin razon la posteridad ha considerado 
Montesquieu y Buffon como apstoles de una misma causa humanitaria;--el
uno analizando el _espritu de las leyes_ de los hombres, y el otro
investigando y revelando las leyes y las propiedades de la sociabilidad
del _animal_.

Creo que donde quiera que un jardn Zoolgico figure como ornamento de
una sociedad y testimonio de las conquistas del hombre sobre la
naturaleza, la moralidad recibir un gran servicio, y la enseanza de la
beneficencia y la dulzura tendr fecundos resultados.

       *       *       *       *       *

Al frente del parque del _Regente_, sobre la misma calle  avenida, se
encuentra un curioso edificio,--el _Colosseum_,--que en otro tiempo era
muy concurrido y ha perdido casi toda su importancia. El cuerpo
principal es una inmensa y altsima rotunda doble, de construccion muy
particular, que figura como una pirmide en el centro de un globo.--La
parte baja y central contiene un bazar de curiosidades para vender  los
visitantes, donde hay conciertos permanentes, cosmoramas y otras
diversiones instructivas. La pirmide  el cuerpo que cubre el centro
tiene una estupenda elevacion, y el visitante sube  la cima por
escaleras de caracol que hacen pensar en los Titanes escalando el cielo,
 por medio de una maquinaria ingeniosa que levanta suavemente docenas
de curiosos, produciendo la misma sensacion de uno de esos sueos de
encantamientos en que algun poder misterioso nos lleva  las regiones
areas.

A una altura muy considerable se detiene el visitante, sobre un balcon
circular, para asistir  un admirable espectculo de arte y perspectiva.
La ciudad entera de Lndres, tal como se la ve desde la cima exterior
del _Colosseum_, est pintada con todos los perfiles y colores de su
fisonoma y todos los cuadros que revelan su movimiento diario, sobre la
concavidad de la enorme rotunda, cubierta por un techo de cristal, que
rodea y abarca al cuerpo  edificio central donde est colocado el
observador. As, recorriendo todo el balcon circular del centro, se van
registrando sucesivamente todas las partes unidas que componen en un
solo cuadro circular todo el inmenso panorama de Lndres. La perspectiva
es tal, que la ilusion es completa. Me creia conducido por Asmodeo en
alas del viento para ir registrando el escenario entero, sin los
inconvenientes de la niebla que cubre casi continuamente  Lndres.
Aquella obra colosal de pintura, quo consumi muchos aos de fatigas de
un artista aristocrtico, aunque ha sido despues superada por trabajos
mas perfectos y de otro rden, merece siempre admiracion.

Subiendo un poco mas en el edificio central, la bveda se cierra, y
afuera, sobre un balcon circular al aire libre, el espectador registra
el original del cuadro interior, es decir el inmenso Lndres, en cuyas
calles hormiguean millones de hombres que parecen insectos y millares de
millares de vehculos; en cuyo rio se cruzan los vapores, los navos,
los botes y las gndolas en asombrosa multitud; y de cuyos centenares de
miles de chimeneas se desprenden las negras columnas de humo  las
blancas espirales de vapor que componen el manto lgubre  sudario que
ha de envolver algunos momentos despues  la metrpoli gigantesca del
comercio y la navegacion, de la industria y el movimiento, de la suprema
opulencia y de la suprema degradacion y miseria.... La contemplacion de
esa capital, desde tan alto observatorio, causa un vrtigo semejante al
que producen el movimiento y la faz del ocano; y el observador que
busca hechos y enseanzas tiles no puede mnos que hacerse las mas
contradictorias reflexiones acerca del modo como el bienestar se
encuentra, no dir _repartido_, sino _clasificado_ entre las grandes
capas de la sociedad.... Lndres es la ciudad-escuela por excelencia,
porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha
terrible empeada entre la civilizacion y la barbarie, es decir: la
justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria.

El _Colosseum_ contiene otras muchas curiosidades que, en general, son
muy inferiores  las de otros establecimientos mas nuevos. Su verdadera
maravilla es la Gruta artificial de estalactitas, imitando la de Fingal,
si no recuerdo mal. Es una admirable caverna construida con
cristalizaciones y rocas porosas, larga y estrecha, iluminada de un modo
fantstico que produce efectos singulares de luz y sombra, llena de
infiltraciones que hacen caer las gotas de agua por entre millares de
cornisas truncadas, columnas retorcidas, pedestales rotos, grietas
luminosas  oscuras, alquitraves, molduras, relieves y todos esos
primores de arquitectura caprichosa que el artista invisible produce en
las cavernas, las cataratas, los torrentes, etc., sin mas buril que la
gota de agua cristalina, la paja  el chorro estrepitoso, cuyo eterno
curso  golpe taladra, hiende, labra y modula todas las rocas;--imgen
pintoresca del pensamiento humano obrando sobre la inmensa roca del
error.

       *       *       *       *       *

El Museo Britnico es, sin disputa, un grandioso monumento que refleja
la gloria, el poder y el cosmopolitismo de la Gran Bretaa;--y,
prescindiendo de su carencia de buenos cuadros de pintura y frescos,
cosa general en casi todos los establecimientos _pblicos_ de Lndres,
puede decirse que no tiene rival en el mundo, bajo muchos aspectos. Si
el edificio es esplndido, y el rden, la comodidad, la claridad y la
clasificacion exacta reinan en todas partes, tanto en el Museo mismo
como en la magnfica biblioteca anexa,--no brilla mnos el interior por
la abundancia y maravillosa universalidad de las colecciones, y la
perfeccion de los mtodos de direccion y conservacion.

No me detendr en descripciones intiles sobre la gran masa  el
conjunto, porque todo el mundo sabe lo que es un museo, y los libros de
_guias_ ofrecen al viajero cuantos detalles necesita. Solo citar
especialmente lo que, en mi concepto y segun las impresiones recibidas,
constituye el gran mrito del Museo Britnico, dndole ventaja sobre los
mas afamados de Europa. Las colecciones de fsiles de toda clase, de
restos de monumentos orientales, africanos, etc. (_antigedades_), y de
focas y toda clase de animales marinos de talla superior, me parecieron
lo mas raro en ese santuario de curiosidades, magnfico en todas sus
partes.

En efecto, los salones que contienen los fsiles de todas clases son de
una riqueza imponderable, ofreciendo entre otros objetos los colosales
esqueletos de _dinoterios, megaterios, mastodontes, iguanodones_ y otros
monstruos de la poca antediluviana, en tan perfecta organizacion y
conservacion, que el visitante encuentra en esas osamentas seculares la
clave de la historia geolgica, animal y vegetal del globo, y del
progreso incesante que se ha verificado en la trasformacion y el
pulimento de la materia, como base del progreso lgico  indefinido de
la civilizacion. Por cuntos cataclismos y fenmenos mecnicos y de
electricidad, magnetismo y calor ha tenido que pasar la creacion (salida
de las manos de Dios perfecta por sus _fuerzas_, pero perfectible en sus
_formas_ como un elemento de actividad interminable), para llegar al
estado actual, que apnas es un punto en la escala infinita del
desarrollo de las fuerzas _creadas_ y _modificadoras_! Noble ciencia esa
que se llama _historia natural_, que nos revela con la energa de los
_hechos_, y no de las suposiciones metafsicas, la infinita prevision
del mecnico invisible del universo en perpetua accion!

El salon de los mamferos anfibios es admirable. Aquellos monstruos del
Ocano inspiran horror, por sus formas y su aspecto, y sinembargo,
algunos, como las focas, ejercen, an as disecados, no s qu
misteriosa atraccion que parece ser la simpata de las homogeneidades.
Hay algo en las formas, la fisonoma y la mirada de la foca, que ofrece
la imagen brusca  brutal de la mujer, y que hace por momentos sospechar
la inteligencia escondida en el crneo de ese animal, extraordinario por
sus costumbres; noble por su tendencia  la fraternidad y su valor en la
defensa de su familia. Francamente, yo deseara que muchos pueblos
egoistas  que viven despedazndose entre s, aprendiesen un poco, en la
escuela martima de las _focas_,  estimarse, defenderse y vivir en la
fraternidad ntima de la causa comun.

Las mas notables maravillas del Museo Britnico estn en los salones
_Egipcios_, los de _Nnive, Cartago, Menfis_, la _India, Herculano,
Pompeya_, etc. All est reunido todo lo que la civilizacion moderna ha
podido recoger de mas admirable y mas curioso y caracterstico entre los
resto de la civilizacion antigua, convertida por el tiempo en escombros
y cenizas. All la arquitectura, la escultura y otras artes semejantes
reflejan vivamente (como en todo tiempo y pais) las creencias
religiosas, las costumbres, las instituciones y el estado mas  mnos
primitivo y tosco, mas  mnos refinado, del desarrollo social. El mundo
moral se muestra all en su infancia exuberante, y sin pulimento como el
mundo fsico. La esfinge colosal, el centauro, el buey sagrado, el
animal-hombre, el monstruo humano bajo todas las formas extravagantes y
brutales, cuajados de ralieves toscos, de jeroglficos sintticos, de
signos incorrectos--estn revelando una poca en que todo fu gigantesco
y monstruoso como el _iguanodon_  el _megaterio_; en que todo vivia con
exceso, sin los perfiles y el pulimento que el trabajo secular de la
creacion ha traido lentamente para perfeccionar las cosas. As, ljos de
asombrarme la pretendida grandeza de la antigedad egipcia  de otras
regiones, no veo en sus obras sino la demostracion de la exuberancia
titnica de la barbarie, y la _debilidad_, que el curso de los siglos ha
ido modificando con la sustitucion de la _inteligencia_  la
_fuerza_,--del arte espiritualizado, al simple remedo material de las
cosas,--de la fisonomia delineada y pura,  la masa enorme, fria y sin
expresion.

Cun grande y noble aparece la humanidad, contemplando sucesivamente,
en diferentes salones del Museo, la imgen de s misma que ella ha ido
dejando trazada, siglo por siglo, en innumerables monumentos, como el
testimonio elocuente de sus progresos, de su destino, de su
inmortalidad, de su inteligencia y de los prodigios de su fuerza y su
libertad!

       *       *       *       *       *

Si _Westminster-Abbey_ y _London-Tower_ son los monumentos de la
historia, _London Bridge_ y el _Tunnel_ los de la industria, y el
_British-Museum_ y el _Zoological y Botanical-Gardens_ los de la
ciencia, la catedral de _San Pablo_ es para los Ingleses el monumento de
su grandeza, su religion y su orgullo, as como el _Cristal-Palace_ lo
es de su cosmopolitismo y su progreso artstico.

_San Pablo_, construida en mucha parte segun el modelo de la catedral de
San Pedro de Roma, ocupa casi toda la superficie de una plaza en la
_City_, dejando apnas  los cuatro lados espacio para la circulacion.
Si el monumento no fuese tan imponente por su grandeza pasara
desapercibido, pues los Ingleses han tenido el mal gusto de encuadrarlo
en el barrio mas complicado, irregular y agitado que tiene Lndres,
encerrndolo miserablemente en medio de negras chimeneas, fardos y
almacenes. Excepto el caso de hacer una ascension en algun alto
monumento cercano, es imposible ver  San Pablo en perspectiva. Hay que
tomarla  quema-ropa, como quien se pone  mirar el cielo hcia el
zenit.

La gran catedral de los anglicanos cost cerca de siete millones de
pesos; fu construida por el famoso arquitecto Wren, en 1675, habindose
invertido en la obra treinta y cinco aos de labor. A pesar del matiz
negro y sombro que le da el humo del carbon de piedra, el edificio
interesa mucho en su exterior, tanto por la belleza de su gran prtico
griego, como por el juego que hacen en un grandioso grupo sus altas y
estupendas columnas, la cima triangular de la fachada, las dos hermosas
torres laterales y la cpula suntuosa que domina el centro del
monumento. Sinembargo, confieso que San Pablo no me impresion mucho por
su exterior. La arquitectura del Renacimiento, as como la que imita los
antiguos templos griegos, me parece demasiado clsica y fria por el
exceso de compostura y simetra y la carencia de audacia. Y todava es
mucho peor esta arquitectura contempornea, eclctica y trivial, que
parece hija del compas y la escuadra mas que de la inspiracion; que
combina todos los rdenes sin respeto por la poesa del arte y las
especialidades de cada estilo, haciendo del arquitecto un albail pulido
en vez de un poeta que traza sus cuadros en la piedra. Prefiero la
majestad de conjunto, la audacia de ngulos, ogivas, rosetones y
flechas, y el capricho romanesco y la espontaneidad fabulosa 
excntrica, que distinguen  la arquitectura gtica, toda inspiracion y
vida. Si el arte moderno no ha de hacer otra cosa que _copiar_,
preferira las imitaciones gticas, como expresion del sentimiento
cristiano.

El interior de San Pablo sorprende mas que el exterior. Es all donde
puede apreciarse mejor la grandiosidad de la cpula, las enormes
proporciones y el estilo austero del edificio. Afuera anuncia algo del
paganismo y del Partenon griego; pero al entrar, el visitante ve muy
bien que ese es un templo de protestantes, libre de las serviles 
impas seales de la supersticion y la idolatra. Es la catedral de un
_pueblo_ para adorar  _Dios_, no el santuario de un paganismo
evangelizado. Como Dios es la suprema fuerza y el supremo espritu,
ningun objeto lo representa all, puesto que el hombre no puede concebir
la forma de su Creador. Todo es sencillo, severo y solemne, sin
ostentacion ni espectculos. Algunas tumbas gloriosas, como la de Nelson
(todava el mundo cree en la gloria de los grandes matadores), y las del
mismo arquitecto Wren y de artistas eminentes en pintura, como Lawrence
y Reynolds; algunos objetos histricos de primer rden para el orgullo
de todo pueblo, como las banderas tomadas por los Ingleses,  sus
enemigos,--h ah todo lo que adorna, con varias estatuas profanas, la
catedral britnica. No carece de interes esa evocacion de las batallas
homicidas en un templo ofrecido al Dios de paz, de caridad y amor.
Mezcla de religion y de impiedad! Ese es el mundo: adoracion  Dios y
guerra al hombre....

San Pablo tiene como unos 150 metros, de longitud interior, de oriente 
poniente, y algo mas de 80 de anchura, de sur  norte, con una
circunferencia total exterior de mas de 680 metros, y la altura mxima
de 121. Si un templo tan enorme tuviese una plaza en derredor
proporcionada  su tamao, el aspecto sera admirablemente magnfico.
Pero los Ingleses son legos en eso de buen gusto, y no perderan en
obsequio de la hermosura y majestad de un monumento el espacio que puede
servir para los almacenes y las cerveceras.

       *       *       *       *       *



CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

CURIOSIDADES.


El Diorama.--La galera Tussaud.--El Palacio de cristal.--El Banco de
Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos interesantes.

Entre los monumentos y varias curiosidades que visit durante mi corta
permanencia en Lndres, no olvidar dos de un gnero histrico y
artstico que merecen atencion, aunque de carcter muy secundario; tales
son: el _Diorama_ y la _Galera_ de madama Tussaud.

El Diorama, establecido en el centro de la plaza de Leicester, es un
edificio circular, cubierto con una cpula de cristal, y muy semejante
al cuerpo central del _Colosseum_, aunque mucho mnos grande. Comprende
una exposicion de objetos algo curiosos de etnografa, y es al mismo
tiempo diorama, panorama y cosmorama.--All se dicta todos los dias una
leccion de geografa muy til para los que necesitan nociones
elementales. Lo que en el _Colosseum_ presenta el panorama de Lndres,
en el Diorama ofrece en una concavidad circular la imgen en relieve del
globo terrestre, con la demarcacion exacta de los mares, los continentes
y las islas. El trabajo es ingenioso y muy interesante como elemental.

En la parte baja del edificio se encuentran los mas curiosos grupos de
indios, negros, chinos, europeos, etc., con sus vestidos, armas y mil
especialidades, que ofrecen el cuadro de la fisonoma de casi todas las
razas de la tierra, y una multitud de nociones histricas para
instruccion del vulgo  de las gentes de mediocre educacion. No faltan
all muchas muestras de objetos algo raros en todas las bellas artes, la
mecnica, la navegacion, etc., que atraen justamente las miradas del
visitante curioso. Aquel establecimiento me pareci no solo un bonito
museo, sino un bello instituto democrtico destinado  ensear  las
clases pobres, con suma facilidad y baratura, los elementos de la
geografa, ciencia tan til y simptica de por s, como fecunda en mil
resultados para la industria, el comercio, las letras y la poltica.
Sera una gran fortuna que ese instituto-pasatiempo fuese imitado en las
principales ciudades de las repblicas colombianas.

       *       *       *       *       *

La _Galera_ histrica y artstica de madama Tussaud, tan afamada en el
mundo, contina con toda su popularidad en Lndres, gracias  la
perseverancia de los herederos de la artista original que la fund. Es
una encantadora curiosidad que ningun extranjero debe dejar de visitar y
que, ljos de perder su interes, lo aumenta  medida que el tiempo aleja
mas  los personajes puestos en escena. Lo describir rpidamente para
que se vea todo el partido que de alli puede sacar el viajero
observador.

La descripcion de la localidad es intil; los salones son como
cualesquiera otros, y su distribucion depende solo de la clasificacion
de los objetos histricos. Una iluminacion magnfica, un concierto
permanente y cierto lujo artstico de decoracion, que hace juego con
enormes espejos para aumentar la ilusion,--tales son los accesorios que
realzan el mrito de la galera, dividida en cuatro partes.
Desgraciadamente las divisiones no estn arregladas  pocas histricas,
rigorosamente, lo que da lugar  algunos anacronismos. Toda la galera,
salvo algunos objetos histricos y mecanismos famosos, se compone de
estatuas, de formas perfectamente naturales,  de bustos  cabezas,
todas fabricadas con cera blanca, imitando con admirable perfeccion las
fisonomas, las actitudes, la expresion y cuanto ha sido caracterstico
en cada uno de los muchos personajes representados all.

La perfeccion artstica de los bustos y las figuras es tal, que el
visitante se siente a veces tentado  saludar respetuosamente  esos
personajes de cera  entablar conversacion con ellos. Por ejemplo, al
pasar de un salon a otro, est sentado bajo el umbral un pobre viejo que
lee con atencion, sin mirar  nadie; y como es imposible dejar de
pisarle y estrujarlo al pasar, porque el hueco es muy estrecho, el buen
viejo alza la cabeza y mira con extraeza al visitante descortes. Este
no puede mnos (y  m me sucedi) que presentarle excusas y pedirle
perdon. El viejo lector no responde, vuelve  agachar la cabeza y
contina su lectura. Despus viene uno  saber que su hombre es de cera,
y que su movimiento muscular es debido  un mecanismo.

Los vestidos, todos conformes a la poca y los usos de cada personaje,
aumentan la ilusion poderosamente. Aquellas figuras parecen agitadas por
una corriente oculta de electricidad nerviosa; sus miradas son vivas y
elocuentes; sus sonrisas expresivas, su actitud imita enteramente la
vitalidad. Tal parece como si el pensamiento calentase aquellos cerebros
de cera y animase sus gestos; y el visitante se impresiona de tal modo,
que por momentos cree que la voz va  salir de los labios casi convulsos
de aquellos _sres_ artsticos, que tienen el calor, el aliento, la luz
y la fascinapion de la vida fsica y moral.

En la galera, tan presto se ven los personajes en grupos homogneos
como aislados  ciertas distancias. Entre la multitud de personajes
aislados, ora histricos, ora contemporneos, se distinguen
principalmente, por su inters  por el mrito artstico de las
figuras:--_Guttemberg_, meditando en su invento;--_Shakspeare,_ sombro
y burlon al mismo tiempo;--_Pedro el Grande_, en su traje de carpintero
en Holanda;--_Newton_, ideando su admirable sistema del mundo
fsico;--_Voltaire_, con su fisonomia de zorra, su sonrisa irnica y su
mirada de apstol;--_Rousseau,_ pensativo y dulce como la idea de
redencion que le domin;--_Walter Scott_, con su actitud tranquila, como
la poesa risuea que inspir su gran genio;--_Byron_, sombro y
lanzando de su ojo de fuego algo como la luz del rayo  como las
revelaciones de un poema terrible. De otro lado se ven figuras de una
personalidad especial: aqu _Nana-Sahib_ en gran pompa y fumando en su
pipa llena de pedreras, sentado  estilo oriental; all _O'Connell_, en
la actitud del orador; mas ac _Abd-el-Kader_, con su sable de rabe
defendiendo la independencia de su pueblo; all _Mann_  otro de los
mrtires de la libertad que han personificado una causa.

Los grupos son an mas interesantes por el juego y contraste de las
fisonomas y actitudes, y por los hechos histricos que ellos
personifican. En una parte los _Girondinos_, condenados 
muerte,--_Carlota Corday_ matando  _Marat_,  un grupo de _Bobespierre,
Danton_ y otros jacobinos;--en otro sitio, _Milton_ rodeado de sus
hijas, dictndoles su admirable Paraso perdido; en el centro de un
salon, _Napoleon_ con todos los _soberanos_ y principales ministros de
su poca imperial; en el de otra sala los monarcas; presididos por
_Victoria_ y el emperador _Napoleon Bonaparte_. En un rincon figuran:
_Isabel_ la catlica, _Fernando_, su marido, y el inmortal _Colomb_; en
otro sitio, _Lutero_ enseando su doctrina,  _Calvino_ demostrando la
justicia del libre exmen.

Los tres primeros salones estn literalmente colmados de figuras
histricas y de contemporneos, pertenecientes  todos los gneros de
celebridad. La ciencia y la poesa, la navegacion y la filosofa, las
bellas artes como la elocuencia y la poltica, la guerra como la
religion, las grandes virtudes como los grandes crmenes y las heroicas
expiaciones,--todo est representado all, para dar una idea general de
las evoluciones de la humanidad en su carrera de progreso y luz. Todas
las grandes glorias estn reunidas en congreso para manifestar la unidad
del espritu humano en sus infinitas manifestaciones, y poner en
evidencia el cosmopolitismo histrico de la civilizacion y el contraste
perdurable entre el poder y la libertad, la inteligencia y la fuerza.

Pero si la Galera Tussaud es en lo principal una bella escuela de
historia, escultura y an fisiologa,--al mismo tiempo que un museo de
curiosidades,--el ltimo de sus salones, el saln horrible (_The chamber
of horrors_) es de un interes extremo y un carcter sombro que
impresiona profundamente. Cuntas enseanzas no encuentra en esa
espantosa cmara del crimen y de la expiacion el espritu del observador
atento, que busca las revelaciones de la ciencia fsica como el elemento
mas slido de las doctrinas de la ciencia social! El _salon de los
horrores_ pudiera llamarse la escuela prctica de frenologa, pues tal
es su verdadera significacion.

La clebre _mquina infernal_, ideada para aniquilar  Napoleon (ese
gran poltico incorregible); el hacha que decapit  _Mara Stuardo_; la
que ejecut  _Crlos I_; la guillotina que degoll  _Luis XVI_, como 
los Girondinos,  los Jacobinos y  Carlota Corday, y todos los
instrumentos empleados para perpetrar los mas clebres asesinatos, se
encuentran all perfectamente imitados. La coleccion de cabezas d los
mas famosos bandidos  criminales es tan variada como perfecta, por la
exactitud de imitacion, que revela el gesto, la mirada, el pensamiento,
los instintos y los sentimientos de cada individuo;--reproduciendo con
absoluta fidelidad todas las protuberancias, los perfiles y las
especialidades de cada cabeza y cada faz humana que ha figurado en los
fastos del crimen. Por ltimo, en una extremidad de la sala, oscura y
medrosa como las escenas sangrientas, est el cadalso revolucionario
(levantado por un pueblo febricitante y acosado por mil enemigos
implacables) sobre cuyas tablas yacia el tronco de Luis XVI, cerca del
noble sacerdote que le acompa en la hora solemne; mientras que el
verdugo (representante de la tirana) se ostentaba, como una irrision de
su destino contraproducente, mostrando  la multitud delirante la cabeza
ensangrentada del rey condenado  expiar sus crueles debilidades y los
crmenes y vicios de sus predecesores en la obra secular de la
opresion....

Qu es lo que se aprende en esa galera de la muerte y la iniquidad?
Oh! se aprende mucho!... Desde luego, al evocar los recuerdos
histricos, se comprende toda la inutilidad de la _fuerza_, del
derramamiento de _sangre_, como medio poltico, social  personal. El
mismo instrumento de muerte sirve para el monarca  el tirano que lo
invent, como para el sbdito oprimido; para el mrtir generoso, como
para el malvado. La cuchilla, el hacha  el _garrote_, establecen entre
los mas opuestos extremos la atroz igualdad de la violencia cobarde y
sanguinaria.... El instrumento creado por el republicano
_Guillotin_ (como un _bien relativo_) devor  los republicanos
mismos.... La matanza, bajo cualquiera forma, tiene su lgica terrible
en la expiacion. El hacha destruye una  muchas cabezas; jamas una idea,
un principio  un inters social. As como el individuo se prepara un
castigo en el momento de perpetrar un crimen,--los gobiernos y los
pueblos labran sus futuras expiaciones con la misma hacha de que se
sirven para _asesinar en nombre de la ley_....

De qu sirven la violencia y la venganza, si no destruyen el mal cuando
pesan sobre tal  cual _cabeza?_ De nada. El hacha britnica que degoll
 _Mara Stuardo_ y _Crlos I_, no destruy ni el fanatismo catlico
representado por la una, ni el espritu de opresion encarnado en el
otro. Ah est la historia probando la inutilidad de esas violencias
_regias  populares_. La cuchilla que decapit  la _legitimidad _ en la
persona de Luis XVI, no decapit la _tirana_ en Francia, puesto que,
bajo diversos nombres y formas y  la sombra de otros gobiernos, algun
poder opresor, con  sin el auxilio de la legitimidad anticuada, ha
pesado sobre el pueblo frances.

El estudio frenolgico  que se presta la _Cmara de los horrores_ es
muy interesante como auxiliar de la fecunda ciencia de la legislacion
penal. Al ver todas esas fisonomas repugnantes, no puede uno menos que
sentir la conmocion nerviosa que acompaa al miedo y al espanto. Qu
coleccion de crneos! Yo iba observndolos, y los clasificaba (sin
conocer sus biografas, ni sus nombres siquiera) como asesinos,
ladrones, lujuriosos atroces, traidores, etc.; y luego, al ver el
catlogo de noticias biogrficas, encontraba la confirmacion de mis
suposiciones instintivas. La forma de la cara, la estructura de la
frente, el ojo, la nariz, la boca, las grandes lneas, los angulas
huesosos, las protuberancias, el color mismo de la piel y an la
naturaleza del pelo, contienen mil revelaciones del carcter del hombre.
La nulidad  depresin de los rganos centrales que corresponden  los
_sentimientos_; la exageracion asombrosa de los que revelan los
_instintos_, en la parte posterior del crneo; y las extraas formas y
sombros perfiles de la faz y la frente, signos de la manera como obra
la inteligencia en el bandido,--todo eso impresiona hondamente al
observador de aquella horrible galera.

Me preguntaba si la ciencia de la frenologa no es la ciencia de la
desesperacion, de la fatalidad, puesto que ella comprueba la infalible
relacion de cada rgano con un poder de inteligencia, un instinto y un
sentimiento. Pero no,--me decia al reflexionar un poco: esa noble
ciencia de la mecnica del cerebro, al revelar las _leyes permanentes_
que rigen al hombre, no le condena  aceptar un fatalismo cruel. Al
contrario, ella ensea el juego, la ntima relacion, el equilibrio y las
compensaciones de los rganos, y demuestra que la _educacion_,
modificando, deprimiendo  acrecentando su desarrollo, puede
infaliblemente corregir los defectos naturales de ese misterio de la
organizacin, que tiene tan infinitas combinaciones.

Y una vez que esta doctrina adquiere la fuerza de la experimentacion,
naturalmente se pregunta uno: por qu han creido los gobiernos que el
_rigor_, la penalidad _terrible_ es el remedio seguro para corregir el
crimen? Lamentable error, fruto de la barbarie de las sociedades! Si el
hombre es educable y perfectible, por qu descuartizarle, en vez de
mejorar su condicion, purificarle, y destruir el mayor nmero posible de
los alicientes que estimulan al crimen? Bendigo la fisiologa y la
frenologa,--nobles y audaces ciencias que, revelando los misterios de
la estructura del ser humano, estn preparando al mundo para vivir en la
era de la justicia, la prevision filosfica y la piedad,--renunciando 
esas escenas de sangre, de terror y venganza, que constituyen la
historia del hombre en su trnsito laborioso de la barbarie  la
civilizacion!

       *       *       *       *       *

A diez y siete millas de Lndres, cerca del pueblo de Sydenham, se
encuentra el nuevo _Palacio de cristal_, en el centro de una rea de 300
acres, y dominando sobre una colina todo el pintoresco paisaje que se
extiende hcia el Tmesis, ya en la direccion de Lndres, ya en la de
Greenwich, as como en opuestos sentidos. Un ferrocarril especial ha
sido destinado al servicio, y el trnsito desde la estacion de
_London-Brdge_ hasta el palacio mismo se hace con suma comodidad en
poco menos de media hora.

El panorama que se extiende  la salida de Lndres, hcia el sud-este,
es por lo mnos tan interesante como el del sud-oeste, por la via de
Southampton. Por todas partes, durante los primeros minutos, aparece
Lndres como una inmensa fbrica-factora, bajo el tren en que el
viajero ve pasar los objetos con la rapidez del rayo. Las lneas de
ferrocarriles se cruzan, enlazan y complican en todas direcciones; los
trenes se multiplican, conduciendo viajeros  millares y en incesante
movimiento; los cambios de perspectiva son infinitos, ofreciendo los mas
variados cuadros.

Se siente una especie de vrtigo al ver aparecer repentinamente y
esconderse al instante entre nubes de niebla y humo,  detras de algunas
colinas cubiertas de quntas, pequeas villas en una serie que parece
interminable. En breve Lndres y sus arrabales y pueblos circunvecinos
se pierden de vista en la base, mintras que sus altas torres y
elevadsimas chimeneas humeantes se muestran como suspendidas en el aire
sobre un vasto cimiento de niebla. Las innumerables fbricas han quedado
atrs, y al movimiento de las gentes y la monotona melanclica y
prosica de los edificios urbanos suceden el capricho, la variedad, la
alegra risuea y la frescura de todo lo que constituye la campia en
Inglaterra, hermosa an ntes de que el verdor de la primavera haya
hecho olvidar todas las tristezas del invierno. Ya se ve como una
fantasmagora la mole romntica de un castillo aristocrtico; ya la
alegre fachada de una quinta primorosa encuadrada entre jardines,
pequeos bosques  invernculos; ora el campo cultivado con admirable
esmero, surcado por canales de irrigacion mas  mnos considerables  de
pequea navegacion; ora el prado en que saltan y relinchan los bellos
potros ingleses,  balan en tropel las blanqusimas y corpulentas
ovejas; tan presto un _tunnel_ elegante en sus formas y cuyas tinieblas
hacen extrao contraste con la escena anterior; y luego, al salir de la
caverna artifical, un vasto parque poblado de pinos y otros rboles de
vegetacion permanente, cuyos negros follajes sacudidos por la brisa los
hacen parecer de ljos fantasmas que bailan entrelazados sobre vastos
salones tapizados de nieve y bajo una inmensa cpula de niebla.

Al ver en perspectiva el Palacio de cristal, se le tomara por un
palacio chinesco  un templo de hadas en medio de escombros
antediluvianos y mil primores de la Flora moderna, como un punto de
alianza entre el mundo primitivo y el contemporneo. Lagos artificiales;
planos inclinados cubiertos de verde musgo y finsima grama; colinas
pobladas de bosquecillos caprichosos; miradores y pabellones de cristal
de mil colores, alzndose entre limpios jardines; altos plumajes d agua
arrojados por cien bocas de bronce, de los estanques circulares, en
juego encantador; y all en los lagos,  al pi de las colinas, enormes
_iguanadones_ y otros animales antediluvianos, audazmente imitados en
metal  piedra;--he ah el vasto y caprichoso conjunto que sirve como de
cuadro de relieves al enorme y luminoso palacio que se destaca en la
cima de la gran colina, como una mansion encantada, area, trasparente y
multicolora, construida durante la noche por una legion de hadas, al
rayo de la luna, y repleta de perfumes y tesoros, para brillar luego 
la luz del sol, cuando la niebla se disipa, con todo el esplendor de una
suntuosa maravilla.

No ensayar hacer una descripcion, ni rpida siquiera, de ese admirable
monumento de la grandeza britnica y del progreso cosmopolita de la
civilizacion moderna. Para adquirir una idea completa del _Palacio de
Cristal_, es preciso estudiarlo muy atenta y minuciosamente por lo mnos
durante dos semanas sin cesar. Y como mi propsito es solo el de
manifestar mis _impresiones_, toda reflexion crtica sera un plagio 
una pedantesca mentira, no habiendo pasado sino unas seis horas en
_mirar_ apenas lo mas interesante y bello del maravilloso monumento. Mas
tarde,  virtud de una residencia detenida en Inglaterra, podr
describrir pasablemente lo que ahora solo me es dado mencionar.

El exterior del palacio tiene un conjunto de grandeza, originalidad,
capricho artstico y noble majestad al mismo tiempo, que fascina,
haciendo pensar en la civilizacion asitica. Podra pensarse que el
palacio, por sus formas, sus pormenores, sus colores, su arquitectura
singular y las inmensas graderas que les sirven de base  sus fachadas
complejas, representa la alianza del Oriente, voluptuoso y colosal, con
el Occidente, refinado y artstico;  bien, que est destinado  revelar
en su exterior el cosmopolitismo de luz, artes, industria y riqueza, de
historia y magnificencias, contenido en la prodigiosa combinacin de
objetos del interior.

El solo _palacio_ de cristal, asentado sobre una bella colina, ocupa,
sin contar sus graderas exteriores, que son inmensas y de un efecto
majestuoso, una rea por lo mnos de 80,000 metros cuadrados. El
edificio, aunque unido, presenta el aspecto exterior de tres palacios,
por sus fachadas colosales. Todo reposa sobre columnas gigantescas de
hierro, y la cubierta en todos sentidos es de cristales unidos por una
inmensa armazn de metal. Aunque las torres, las cpulas y los minaretes
tienen grande elevacion, la de la masa del monumento, sobre su piso
bajo, es poco mas  mnos de 40 metros.

Se compone el edificio de tres pisos de tablas, inclusive el de nivel
del suelo, donde se encuentra, una considerable multitud de mquinas y
muestras de todo gnero, que fueron presentadas en la Exposicion de
Lndres de 1851, y que la Compaa empresaria del palacio compr para
establecer en su recinto un verdadero museo industrial, artstico y
cientfico. El exmen de los objetos aglomerados en los vastsimos
salones del piso bajo exigira un estudio detenido, durante algunas
semanas. Bajo la direccion de un hombre inteligente, el visitante puede
adquirir un gran caudal de variadsimos conocimientos, con solo hacerse
explicar la procedencia de cada mquina  aparato, su objeto, la clave
de su construccion y su manera de funcionar.

Al subir la grande escalera que conduce al primer piso, la impresion que
se experimenta tiene al mismo tiempo mucho de profundo y vago: profundo,
porque uno se siente embelesado, lleno de una especie de asombro
delicioso, de admiracion infinita hcia tantas maravillas; y vago,
porque no se sabe qu admirar mas, si los tesoros inagotables de la
naturaleza,  los prodigios realizados por el hombre, como sabio,
ingeniero, artista, viajero, arquelogo, historiador, etc. Hay all un
cuadro tan complicado y vasto, tan encantador y sorprendente que el
visitante no sabe por dnde comenzar ni  qu objetos dar la
preferencia.

Repito que no pretendo _describir_, porque no alcanc ni  medio-_mirar_
la mitad siquiera de los tesoros de arte y curiosidades que en el
_Palacio de cristal_ se encuentran. Si el palacio solo es una maravilla
de arquitectura, de mecnica y de _originalidad_ eclctica, cada uno de
los objetos del interior es maravilloso en su gnero tambien. La
atmsfera que all se respira est cargada de perfumes, porque el
interior del palacio es como un inmenso jardin areo, donde alternan en
admirable contraste los arbustos, las flores, las palmas, las lianas,
los helechos, los rboles frutales y cuanto hay de mas bello  curioso
en la flora del mundo. El Asia, la Amrica, todas las regiones del
globo, tienen all sus mas primorosos representantes en el arte, la
vegetacion, etc., y cada visitante puede estar seguro de encontrar un
rincon de su patria, con la misma temperatura, las mismas aguas y cuanto
puede producirle una ilusion completa.

Al subir al primer piso nomas se tropieza con un contraste que
impresiona mucho: se ve  un lado el estupendo esqueleto de un rbol de
la Amrica del Norte,--y al otro una galera de estatuas y bustos de
mrmol, y cabezas aisladas que son las imgenes de los mas eminentes
pensadores y artistas contemporneos, principalmente franceses. El rbol
a que aludo, cuya sola corteza est armada verticalmente, con todas las
proporciones que tenia el tronco en su selva del Nuevo Mundo, es el
representante de esa fuerza exuberante, salvaje y asombrosa que
distingue  la naturaleza americana. El tronco tiene todo el aspecto de
una torre sin molduras, y es tan enorme que de l solo saldra el casco
entero de un bergantin. Mas de doscientas personas caben en la
concavidad del tronco, desde su base hasta la cima. As es la Amrica en
todas sus producciones.

La galera de estatuas, bustos y cabezas es encantadora. Tal parece como
si la Europa inteligente, la Francia sobre todo, palpitase all en esas
fisonomas de yeso, que despiden con sus reflejos de la luz que les
viene de la techumbre trasparente, no s qu del rayo luminoso y del
calor que agita los cerebros inspirados de Lamartine y Vctor Hugo, de
Guizot y Luis Blanc, de Quinet y Michelet, de Jorge Sand y Alejandro
Cumas, y de tantos otros pensadores  escritores eminentes. Muchos de
aquellos bustos son evocaciones histricas, porque son las imgenes de
Voltaire y Rousseau, de Mirebeau y Danton, de Vergniaud y Chnier, de
Chateaubriand, Byron, Walter Scott, Lamennais, Eugenio Sue, Balzac y
muchos otros genios que pertenecen  la historia de la poltica, la
filosofa  la literatura.

Por lo que hace  salones artsticos, el Palacio de cristal contiene
admirables cosas. No solo conserva una inmensa porcion de curiosidades
que lo hacen rivalizar con los mejores museos de Europa, en lo relativo
 antigedades y artes plsticas, sino que tiene en los muros y
artesonados de sus salones, como en los pavimentos, la imitacin
prodigiosamente fiel de los mas preciosos modelos del arte egipcio,
griego, ndigo, romano, morisco, gtico y del Renacimiento, que se han
conocido hasta ahora.

La perfeccion imitativa es tal que la ilusion es completa. Ya recorre el
visitante un salon egipcio que le hace evocar las sombras de los
Tolomeos  de Cleopatra, con sus relieves toscos, sus momias
mitolgicas, sus extraas combinaciones de colores, su arte brutal y
misterioso al mismo tiempo, pero expresivo, y sus interminables
jeroglficos. Ya penetra en una sala griega, sensual, poblada de
recuerdos hericos, revelando el arte por excelencia, que toma todas sus
inspiraciones de la naturaleza, pero que,  fuerza de ser imitativo y
plstico, carecia de ese espiritualismo, celeste  sombro, potico
siempre, que naci con la idea cristiana. Ora, saliendo de los templos
artsticos  salones griegos y romanos, opulentos de tradiciones 
historia, se recorren vastas cmaras que pertenecen al estilo gtico,
profundamente inspirado, espontneo, sombro como una leyenda religiosa,
caprichoso como los movimientos de la sociedad en recomposicion,
fantstico, solemne en muchos de sus rasgos, revelador y caballeresco.
Ora cruza el visitante esas salas-mosicos, encantadoras, que pertenecen
al afeminado pero potico estilo oriental  morisco, con sus techumbres
cuajadas de filigranas, sus mil colores pintorescos, sus caprichos de
inspiracin, su regularidad de ejecucion, su voluptuoso refinamiento de
combinaciones. Aqu est la sala de los Abencerrajes; all la de las
Sultanas; an lado.el patio de los Leones; al otro el retrete de
Boabdil; en fin, todos los primores de la Alhambra y los recuerdos de
Granada y de la gentil dominacion morisca.

Por ltimo, llaman la atencion dos preciosos salones que imitan la
arquitectura interior del _Renacimiento_,--regular, simtrica, demasiado
imitativa, delicada y culta pero sin espontaneidad;--llena de perfiles,
de relieves mitolgicos, pero exenta de atrevimiento, de verdadera
inspiracion, de vida. El trnsito de uno  otro de esos salones
primorosamente esculpidos y pintados, de tan magistral imitacion, es
inolvidable: la impresion que deja es profunda,--porque es una mezcla de
admiracion y tristeza respecto de lo pasado; de santa y silenciosa
veneracion tributada al genio de la humanidad misma, y de esperanza
suprema en el progreso y el bien del porvenir, que se funda en la idea
de la indefinida renovacin de las fuerzas vitales de la especie humana.

All, en esa serie de galeras admirables (que reproducen el arte
cosmopolita, desde la India y la China hasta la Bretaa, y desde el
Egipto hasta la patria de los Aztecas  los Incas)--el visitante cree
asistir  una justa literaria mantenida por todos los estilos ideados
por el genio de los pueblos; ve pasar en tropel todos los siglos con su
cortejo de creaciones propias y mitologas; y quisiera descifrar en los
relieves y las inscripciones, en los mosaicos y arabescos, en los
inescrutables jeroglficos y las trasformaciones plsticas, el misterio
de la civilizacin que, conducida por el tiempo, va propagndose 
reproducindose como el movimiento del Ocano, de onda en onda y de
reflejo en reflejo, sin acabar nunca, porque entraa la idea de lo
infinito, de lo divino y supremo, de Dios invisible y Creador!

Si muchos de los salones estn en el palacio consagrados al culto del
arte y de la historia, hay otros, espaciosos como jardines, verdaderos
bosques en miniatura, que reproducen los caprichos de esa suntuosa y
perfumada arquitectura de la naturaleza, que se llama vegetacin. Qu
de primores aglomerados all! Tan presto se cruza un jardn europeo,
literalmente cuajado de tesoros de jardinera refinada, donde la rosa y
la camelia alternan con mil otras flores educadas con el arte mas
minucioso y delicado; como se pasa por en medio de un vasto huerto
colombiano, bajo las anchas hojas del pltano, de la caa de azcar y de
las palmas de _chontas, hacumas_ y cocoteros, y rosndose con las cepas
de pinas olorosas, las lianas flexibles y areas, las parsitas mas
bellas, los helechos arborescentes mas elegantes, y muchas plantas de
hermosura en extremo caprichosa, que crecen  una temperatura artificial
propia y al derredor de anchos estanques de lecho musgoso, donde se
agitan los peces de la zona trrida entre las yerbas acuticas
entretejidas caprichosamente.

Pero hay sobre todo un saln vastsimo, imitando la naturaleza de la
India, que produce la mas viva ilusin. Arroyos, fuentes, pequeas
cascadas, peascos sombros y musgosos, todo est preparado all con
cuidadosa imitacion, poblado el escenario de las plantas especiales y
mas interesantes.

En el fondo reposan la enorme serpiente enroscada al pi del peasco, en
medio de la hojarasca; el terrible len dormido  la entrada de su gruta
sombra; la pantera lamiendo tranquilamente  sus cachorros, con la
voluptuosidad del calor de aquel clima de fuego, a la sombra del rbol
indostnico.

Y a un lado, al travs de un bosquecillo de pequeas palmas, se deslizan
cautelosamente seis  ocho indios armados de sus lanzas, sus cuerdas y
sus mazas y dardos, en persecucin de un tigre negro, cuyos ojos
chispean y en cuyas garras y contracciones musculares se ven las
crispaturas del miedo y de la rabia feroz que dominan  ese gran bandido
del desierto, cuando se ve atacado y se dispone  destrozar para
defenderse.

Los grupos son muy naturales, y tanto que por momentos siente uno el
terror de la realidad, creyendo oir entre el tupido bosque el grito
salvaje del indio cazador  el rugido de la fiera acosada. Las actitudes
de los indios, su casi completa desnudez, sus miradas astutas, sus
rostros mates y cobrizos, sus armas primitivas, todo en fin revela 
finge en esas estatuas de cera, la vida, la pasin, la energa de su
modo de ser y de su peligrosa situacin del momento.

La India est all, con su grandeza que asombra, con sus cosas
terribles, sus estranguladores, sus mitologas que espantan, sus
miserias sociales, su exuberancia fsica que abruma al espectador nacido
en Occidente....

Para hacer mas vivo el contraste, la msica de un gran concierto reson
de repente bajo la inmensa bveda de cristal. Era sbado, dia en que los
visitantes pertenecen  la buena sociedad, porque se da en el palacio un
gran concierto y la entrada cuesta el doble de los dems dias de la
semana. La concurrencia era muy numerosa, y el vastsimo saln de los
conciertos particulares estaba colmado. Sal de la India para pasar 
Europa, trocando las escenas salvajes por las arias y overturas de la
civilizacin refinada; y  fe que no gan gran cosa con el cambio.

La msica inglesa,  juzgar por aquel concierto ruidoso, no es muy
delicada ni noble. Haba en los acordes del saln no s qu de vulgar y
prosaico, de spero y poco espiritual, que me desagradaba en extremo, no
obstante mi ignorancia del arte musical. El canto era todava peor. Una
seorita _Luisa_, que estaba muy en boga como cantatriz indgena en
aquellos das, hizo el gasto principal, en algunos solos, dos y
tercetos, que el pblico la estimul  repetir. La ejecucin era
correcta, como una factura inglesa; la voz pura y deliciosa por el
timbre espontneo; pero le faltaba el calor de la inspiracin, el
entusiasmo, la vida. As es la sociedad inglesa en punto  bellas artes;
muy correcta, pero fria, sin expansion ni fuego. Hay no s qu de
parsimonioso en la cantatriz  el artista ingls, en lo general, que
hace pensar, al travs de la armona, en las letras de cambio, los
navios mercantes de las Indias Orientales y las fbricas de madapolanes.
El pueblo britnico es una sociedad de fuerza y grandeza sociales, que
no se amalgaman bien con las delicadezas del arte y las inspiraciones
fantsticas de la poesa. El pblico del palacio el dia en que lo
visit, era en general muy escogido; y sinembargo, sus mas ruidosos
aplausos fueron para un coro vulgarsimo pero extravagante (en ingls,
se entiende), que tenia todas las apariencias de los gritos
atroces--_hip-hap-hurrah_!--con que los Ingleses alborotan todas sus
diversiones y sus banquetes. La Inglaterra es un pueblo positivo,
honrado y calculador, pero de muy mal gusto y de costumbres demasiado
prosaicas.

Cuando sal del _Palacio de cristal_, por necesidad, porque la noche se
acercaba, me pareca que una fuerza secreta me retena, fascinndome y
debilitando mi voluntad. Despus de penetrar  ese templo colosal del
arte, de la historia y de las maravillas diversas de la civilizacion
universal, no quisiera uno salir jamas. Se desea seguir viviendo all
con las sombras y los recuerdos de todas las generaciones, y entregar el
corazon y el alma  la voluptuosidad de los contrastes y de una
admiracion sin limites.

Diez minutos despues de alejarme de aquel monumento que es el orgullo
del poder industrial de Inglaterra y el mas noble testimonio de su
cosmopolitismo civilizador,--arrastrado en el fondo de un vagn por ese
huracn de hierro que se llama _locomotiva_, senta esa sensacin vaga
que nos queda siempre en la memoria despus de un sueo magnfico. Me
pareca ser el juguete de una ilusin,--de un encantamiento sin nombre
ni semejanza, en cuyas sombras, luminosas vagaba la esplndida imagen de
Colombia; pero luego, al sacudir el mgico estupor me deca: No! esto es
todo verdad;--es la realidad del progreso; es la fotografa admirable de
este ser mltiple, imperecedero, divino, conducido por la mano de Dios
en su peregrinacin al travs de los siglos, que tiene por nombre
HUMANIDAD, y que va elaborando dia por dia, momento por momento, sobre
la faz entera del globo, esa inmensa obra de luz, fuerza, vida y
bienestar que nos protege  todos y se llama la CIVILIZACION!...

       *       *       *       *       *

Aparte de lo que llevo rpidamente indicado, Londres tiene muchos,
muchsimos objetos dignos de estudio atento, porque son del mayor
inters para la ciencia, la industria, el comercio y la vida social.

Sus centenares de _imprentas_ y otros establecimientos destinados  la
publicidad del pensamiento, merecen mucha atencin, por su grandeza, la
enormidad de su produccin y los brillantes progresos  que han llegado
el mecanismo y el arte tipogrfico.

Baste decir que hay imprentas, como la del _Times_, que dan ocupacin
permanente  millares de escritores, compositores, correctores y
empleados de todo gnero, y cuyas prensas colosales, que tienen las
proporciones de un edificio, producen por dia mas hojas impresas que las
prensas reunidas de toda Colombia.

La estructura material del _Banco de Londres_, su administracion, su
riqueza prodigiosa y su manera de funcionar, son objetos que por s
solos provocan la atencion y la curiosidad del viajero deseoso de
comprender y apreciar las condiciones econmicas de la Gran Bretaa.
Aturde el pensar nomas en el valor de las transacciones de cada dia que
se verifican en el Banco de Londres, sin contar centenares de bancos
particulares que gozan de un inmenso crdito y guardan en sus cajas y
subterrneos mas dinero del que hay repartido en todo el mundo. Es de
esos Bancos que sale la savia que vivifica todas las empresas
industriales del globo; y es en los gabinetes de esos banqueros
millonarios, como Rothschild, donde se combinan las mas colosales
especulaciones de canales, telgrafos, ferrocarriles, minas, etc., para
todos los continentes,-- se resuelven las grandes cuestiones de la
poltica internacional,  virtud de los emprstitos y otras combinaciones.

La _Bolsa_, edificio monumental, como el del Banco de Inglaterra, no es
mnos interesante, ya por su organizacion, ya por el papel
complicadsimo que hace en todas las operaciones econmicas y los
grandes sucesos polticos. La _Bolsa_ de Londres es el termmetro
infalible del crdito, de todos los gobiernos y de los grandes bancos
del mundo, del movimiento general de la poltica, de las fluctuaciones
de los cambios y del valor de la moneda, as como de la popularidad de
las empresas mas notables. Inmenso santuario del crdito, la Bolsa es al
mismo tiempo la necrpolis de mil fortunas derrumbadas y consumidas
all, y la cuna de mil otras que se levantan de improviso sobre las
ruinas de los imprudentes, los engaados  los que cuentan demasiado con
los caprichos de la suerte. Vorgine para unos,--onda benfica para
otros, la Bolsa--ocano del crdito y la especulacin--tiene la prfida
movilidad del mar, guardando en su seno inescrutable la vida como la
muerte. Dios libre  los pueblos colombianos de esa institucin,  pesar
de los grandes servicios que puede prestar! Los pueblos republicanos no
necesitan para medir su prosperidad y su crdito de otro termmetro que
el de la libertad y la opinin.

Los _vapores_, la _Aduana_, la _Casa de correos_, las _estaciones_
de ferrocarriles y telgrafos, los institutos voluntarios y populares de
_beneficencia_, las sesiones del _Parlamento_, y muchos otros objetos de
carcter pblico, exigen en Londres un estudio detenido y muy
concienzudo;--as como sus grandes _fbricas_, que son el verdadero
smbolo de la prosperidad de Inglaterra como pas productor y
comerciante. Pero cmo investigar todo eso?--Estudiar tales objetos es
conocer la Gran Bretaa, y para alcanzar semejante resultado se necesita
de aos de minuciosa observacion, recorriendo el pas en todas
direcciones. En tanto que no haya tenido esa fortuna debo confesar mi
ignorancia, puesto que apenas he mirado, al pasar, una parte de la
fisonoma exterior complicadsima de aquella gran sociedad.

Esto mismo me dispensa de hacer reflexiones generales que resuman el
resultado de mis impresiones. No solo pasara con justicia por un
pedante insigne, sino que me expondra  ver contradichas todas mis
apreciaciones, que tendran mucho riesgo de ser equivocadas, faltndome
el conocimiento del conjunto como de los pormenores. He dicho hasta
ahora cmo he sido _impresionado_ por lo poqusimo que he visto
_personalmente_ en Inglaterra. La observacion me dar mas tarde algn
derecho para juzgar  esa sociedad que me ha parecido tan grandiosamente
contradictoria en el primer momento.

Londres tiene tambin, como curiosidades artsticas, algunas plazas
pblicas muy notables, no por lo que son en s mismas, sino por los
bellos monumentos que contienen en su centro. De este gnero son: la
esplndida plaza de _Trafalgar_, que contiene la estatua monumental de
Nelson, cuya elevacion es de 276 pis, las de Jorge IV, sir Charles
James Napier, etc.; la plaza de la Bolsa, donde se levanta la magnfica
estatua ecuestre de Wellington; la de _Cheapside_, en cuyo centro est
la figura severa y varonil de Robert Peel, el gran reformador ingls;
_Hyde-Park_, donde se ven la estatua de Aquiles y otra de Wellington;--y
otros cuantos _squares_ que ostentan estatuas consagradas  hombres mas
 menos histricos.

En general esos monumentos son muy severos y sencillos, pero las
estatuas ecuestres  pedestres son de mal gusto y ejecucion artstica
imperfecta. La contemplacion de esos monumentos de la gloria de los
grandes ciudadanos y de la gratitud  admiracion del pueblo, me causaba
profundo placer, porque en Inglaterra esas demostraciones no son obra de
los gobernantes, sino de la espontaneidad de la opinion pblica, que
discierne el premio con independencia.

Un pueblo que sabe honrar la memoria de sus grandes ciudadanos,
eternizndola en el bronce  el mrmol, en las plazas publicas,  la
vista de todo el mundo, no puede ser jamas esclavo. Su culto consagrado
 la figura inmvil del patricio, mantiene el fuego del patriotismo, el
orgullo nacional legtimo, y el estmulo que impele  buscar la grandeza
y la gloria en los actos sublimes de abnegacion, desinteres  heroismo.
Y el da de un conflicto popular, la multitud sabe que su punto de
reunion es al pi de la estatua venerada, porque ella le recuerda al
ciudadano lo que valen el derecho, la libertad y el honor del individuo
y de la patria.

Sin embargo del grandsimo interes que encierra Lndres, esa
capital-nacion, millonaria en todos sentidos, no se siente una impresion
penosa al dejarla, Cuando uno llega  los ltimos suburbios de la
inmensa metrpoli (viniendo de Colombia), experimenta una sensacion
inexplicable, en la cual hay como una mezcla de miedo y curiosidad, de
ilusion fantstica  fascinadora y duda, Uno se prepara  no encontrar
donde quiera sino grandeza y maravillas.

Al salir de Lndres con direccion  Paris (de cuyas condiciones se tiene
por prevencion una idea muy simptica) el viajero no siente ni alegra
ni tristeza, sino laxitud, cansancio  cierta indiferencia. Lleno de
desengaos, lleva la impresion del contraste social que se revela en la
suprema opulencia y los mas admirables progresos de la civilizacion, al
lado de supremos infortunios, horribles desigualdades, y espectculos de
miseria y degradacion increibles y jamas conocidas en el Nuevo Mundo.
As, al dejar  Lndres se siente no s qu alivio, porque se ha
librado uno de aquel hormigueo de gentes que desvanece, de aquel inmenso
ruido que aturde, y de la fascinacion opresora de tanta grandeza (en lo
bueno como en lo malo), que le arrebata al espritu su libertad de
accin y su personalidad.

--El 23 de marzo,  las ocho de la noche, esperaba yo en la vastsima
estacion de _London-Bridge_ el momento en que deba partir el tren
expreso por el ferrocarril de Dover. Las gentes de la Aduana hacan su
oficio, pesando los equipajes, sellndolos, etc., de manera que,
desentendindome de mi equipaje, pude ir hasta Pars libre de registros
 incomodidades fiscales. Al cabo se oy el silbido prolongado de la
locomotiva;--tomamos nuestros asientos en los mullidos vagones, y
partimos como el huracn bajo las sombras interrumpidas de las bvedas
del embarcadero y de los _tneles_ del camino ya ljos de la ciudad, la
cual pareca un colosal fantasma, de formas extravagantes 
indefinibles.


       *       *       *       *       *

CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

DE LONDRES A PARS.


En el wagon.--Dover.--El paso de Calais.--La entrada 
Francia.--Calais.--Amiens.--Las ceroanias de Paris.

Toda descripcion me seria imposible si pretendiese dar una idea muy
somera al menos del paisaje interesante que se extiende a los dos lados
del ferrocarril, desde Lndres hasta Dover. La rapidez de la marcha y la
noche me impedian mirar siquiera los objetos exteriores. La luna
brillaba con esa triste palidez que le dan  su lumbre las nieblas
heladas del mes de marzo; y si de trecho en trecho reverberaba un
parque, un pequeo canal,  los muros blanquecinos de un puente;-- se
destacaban  uno y otro lado las sombras majestuosas de las arboledas,
los castillos rurales  los edificios de algunas poblaciones  pequeas
ciudades,--la variable escena tenia un aspecto fantstico, mas propio
para impresionar al poeta que para ofrecerle nociones provechosas al
viajero.

En el interior del coche (wagon) en que iba yo con mi familia, habia un
interes de otro gnero, curioso en realidad, como lo es todo cuadro de
costumbres. Los ocho asientos del mullido coche se completaban con un
Ingls y una pareja francesa. El Ingls, especie de tonel de dimensiones
colosales, roncaba y silbaba como la locomotiva, entregado al mas
profundo sueo. Parecia que el movimiento del tren, lejos de
incomodarle para dormir, le diese con su andar rpido y vibrante una
especie de dulce vaiven. Con todo, de cuando en cuando se despertaba
sobresaltado, como si algn resorte le hiciese saltar; y dos veces le
oimos pronunciar dormido, las palabras _a thousand pounds!_ (mil libras)
con un tono de alegra muy notable. Acaso el buen _John Bull_ soaba con
alguna especulacion ventajosa. Un Ingls hace negocios hasta dormido.

La pareja francesa era uno de esos matrimonios _bourgeois_ que son el
trmino medio entre la vulgaridad y el buen sentido. Como yo hablaba en
espaol con mi familia,  algunas veces en mal ingls, los dos Franceses
creian poder charlar francamente en su propia lengua sin temor de ser
comprendidos. La seora, Francesa bastante bella (cosa rara en una
Francesa), mostraba los mas vivos deseos de volver  Paris por gozar de
los placeres de la moda, que parecan su sola preocupacin; en tanto que
el marido solo pensaba en futuras especulaciones, profundamente
penetrado del espritu yankee. Por sus disputas extravagantes y
grotescas comprend que venan del interior de los Estados Unidos, donde
haban pasado algunos aos y hecho fortuna.

El contraste que hacan los dos tipos me interesaba, porque en cierto
modo me daba la clave del carcter francs en ambos sexos. El Francs,
sumamente elstico por temperamento, aunque conserva en todas parles su
espritu burln y mucho de su jovialidad superficial y sus rasgos
distintivos, se acomoda fcilmente  todas las situaciones. Saliendo de
su patria con instintos generosos, se metaliza en los Estados Unidos, si
la fortuna le protege, y vuelve Yankee por todos cuatro costados. Un
Francs se hace Turco  Chino, si es necesario, adquiriendo todas las
condiciones de la raza  la sociedad adoptiva, con rara facilidad.

La Francesa, muy al contrario, conserva su personalidad en todas partes.
Ella es siempre coqueta (en la acepcin inofensiva de la palabra), y
lejos de adquirir la altivez de la Inglesa, la austeridad algo gazmoa
de la Espaola, la modestia apacible de la Alemana,  la petulancia
pretensiosa de la mujer de Norte-Amrica,--se mantiene fiel  ese
conjunto de ligereza y galantera, de independencia y seduccin, de
indiferencia aparente y futilidad constante, que constituye el tipo un
tanto contradictorio de la Francesa. Por eso, no olvida jamas su
preocupacin dominante de buscar el placer, tributar culto  la moda,
seducir por la gracia, y brillar donde quiera por los atractivos de un
espiritualismo _de forma_ (si se me permite la paradoxa) aliado  ese
materialismo de las futilezas que tanto provoca  las mujeres en
general.

El digno Ingls roncaba an con toda la energa de un opulento abdmen,
y nuestros dos Franceses disputaban todava con calor sobre sus
proyectos de vida parisiense, cuando el tren se detuvo en el embarcadero
de _Dover_. Todo el mundo corri hacia el puerto, en solicitud del
vapor-correo que debia conducirnos  Calais, al travs del canal de la
Mancha. Eran las once y media, y la luna iluminaba melanclicamente la
magnfica escena del pequeo puerto de Dover, en cuyo fondo se destaca,
como un inmenso puente de mampostera y madera lanzado hacia las ondas,
el muelle que facilita el embarque sobre los vapores. Dover (el puerto
_Dubris_ de los Romanos) es una ciudad relativamente nueva, pequea pero
muy bonita, perteneciente al condado de Kent; tiene una poblacin de
unos 16,500 habitantes, cuya vida es casi exclusivamente martima, por
sus ocupaciones, y est situada  43 kilmetros de Calais, y 113 de
Londres, siendo su costa la que mas se aproxima  la de Francia. Ademas
es una plaza militar, con una extensa ciudadela que data del principio
de este siglo; all mismo tuvieron los Romanos una estacin, y mucho mas
tarde los Normandos una fortaleza, que fue sorprendida por los
republicanos en la poca de Crlos I.

Aparte de la Aduana, que es un buen edificio, y de sus cmodos docks 
canteras para construcciones navales, Dover es interesante por la
belleza de sus calles rectas y anchas, sus casas elegantes y su gran
establecimiento de trabajo para los pobres, donde se fabrican en gran
cantidad velas y cables y otros objetos anlogos para la marina
mercante. Como el paso de Calais es tan estrecho, y su servicio de
vapores y correos tan bien mantenido, el puerto de Dover es quizas el
mas frecuentado para las comunicaciones anglo-francesas. Dover es muy
notable tambin por su telgrafo submarino, que lo comunica con Calais,
y que fue el primer cable telegrfico establecido en Europa.

       *       *       *       *       *

Al separarse del muelle el vapor-paquete que me conduca  Francia,
sent una triple sensacin profunda, que me mantuvo por mas de una hora
sobre el puente, preocupado y en silenciosa contemplacion. Por una
singular fortuna, el canal de la Mancha estaba tranquilo y luminoso como
un lago terrestre, reposando bajo la luz apacible de la luna. La escena
tenia un aspecto de dulce majestad que provocaba  soar y entregarse 
las memorias queridas.

Detrs, al norte, en el fondo del pequeo puerto, se destacaban las
sombras gigantescas, abultadas por la optica del mar, de la aduana, los
muelles, la estacin del ferrocarril y otros edificios del puerto,
quedando mas lejos, medio confusas entre los vapores de la noche, las
moles de la parte interior de la ciudad. Y  uno y otro lado se extenda
la costa britnica, como una cinta mortuoria vastsima, de crespn
blanco sobre fondo negro, tendida sobre el regazo del mar, cuyas ondas
sollozaban de un modo casi imperceptible. La limpia estela del vapor
brillaba con un resplandor mate y fosfrico; el cielo tenia una
serenidad admirable, cuya hermosura hacia olvidar el fro glacial de la
brisa,--y  lo lejos, en todas direcciones, se veian efectos de luz y
sombra deliciosos, producidos por la suave ondulacion del mar.

Pero si ese espectculo impresionaba mi corazn soador y atraa mi
curiosidad de viajero, encontraste de los paises entre cuyas costas
navegaba, me produjo, como observador, una profunda preocupacion.

Al norte quedaba Inglaterra; al sur iba  descubrir en breve, la costa
de Francia. De un lado tenia un pueblo libre, una tierra de
independencia y de individualidad, pas clsico de los viajes
cosmopolitas, de las empresas universales, de la publicidad, del
comercio, de la maquinaria y la marina. Del otro Francia, tierra de
gloriosos recuerdos, pero algo verstil; infinitamente simptica, apesar
de sus graves defectos;--pas clsico de la ciencia y el arte, de la
literatura y las heroicas hazaas,--de la omnipotencia _social_ que
suprime al individuo. En Inglaterra dejaba la libertad sin la igualdad.
En Francia iba  encontrar la igualdad sin la libertad....

Me apartaba de la costa britnica sin pesar pero con respeto. La
Inglaterra es un pas que no inspira simpatas, por muchos motivos, pero
que conquista siempre la estimacin,  por lo menos el respeto.

El viajero siente muy bien, al alejarse, que aquella noble isla es el
santuario y la esperanza de la libertad del antiguo mundo, y el puesto
avanzado de la humanidad en la via del progreso.

Al acercarse uno  la Francia, cuando es republicano de Colombia,
fcilmente comprende que, si su espritu va  encontrar su verdadera
patria (porque Francia es el pas del pensamiento iniciador y de la
actividad literaria), su corazn va  vivir, en cierto modo, en el
silencio,--porque la Francia de hoy, modificada en lo moral y poltico,
es un pas donde el espritu subyuga al sentimiento, donde no existe el
ciudadano, y el _individuo_ ha abdicado su personalidad en las aras de
la _comunidad social_.

Cien minutos despus de salir de la baha de Dover, entraba el vapor en
la estrecha y difcil rada de Calais, inabordable para los grandes
buques. El puerto es tan malo y embarazoso, que solo al favor de un
inmenso muelle, prolongado muy al exterior de los diques, pueden atracar
los vapores para descargar. Despus de una larga travesa sobre el
muelle, que se hace  pi  en coche, el viajero penetra  los estrechos
salones de la Aduana, pasando sucesivamente, de antesala en antesala,
bajo la inspeccin minuciosa de los guardas, empleados de aduana y
agentes de polica.

Un momento distrado por la curiosidad de observar la estructura del
edificio (en que la aduana est en combinacion con la estacion del
ferrocarril), habia olvidado a la polica francesa, con esa tranquilidad
del que nada tiene que temer y est habituado  viajar libremente en
Colombia. De repente, una voz imperiosa me dijo:--Vuestro pasaporte!
Despert, y disimulando mi indignacion me dije por primera vez: Ah!
estamos en Francia; comencemos  ser sumisos.--Presentamos los
pasaportes, dimos nuestros nombres y pronombres, firmando para que
comparasen los caracteres; y despues de sufrir durante cinco minutos las
miradas escrutadoras de los cancerberos, la misma voz imperiosa nos
dijo:--Pasad!

Pasamos bajo el umbral de la _puerta crtica_, y entramos al imperio
frances. Para entrar  Francia no era bastante pisar el territorio
frances: se necesitaba ser timbrado, registrado y filiado,  pasar bajo
las horcas caudinas de la aduana y la polica. La Francia, como nacion,
no es un _pueblo_: es una aduana y un puesto de guardia. Al dar el
primer paso, por entre filas de guardas y soldados, se comprende que se
ha penetrado en una region donde reinan la _burocracia_ y la polica. Y
sin embargo, sera injusto (relativamente) si me quejara. Si el
extranjero que llegaba solo era sometido  rigurosa inquisicion (sobre
todo si tenia nombre italiano), el padre de familia, que no inspiraba
desconfianzas iguales, era (en 1858) mucho mejor tratado por los
_dragones_ del fisco y de la polica.

Con todo, sera mucha candidez la del viajero que se fiase de esas
apariencias. Las cosas estn arregladas de tal manera en Francia, que
ningun acto del individuo, an el mas inocente, escapa  la vigilancia
de la polica. En 1858 el cnsul en Lndres, por ejemplo, no extenda el
_visa_, sino despues de un examen minucioso que se le hacia al viajero,
sin saberlo este, por un empleado de la polica secreta que lo observaba
en silencio, y tomaba nota de la filiacion del individuo. Esa filiacion
iba  Francia inmediatamente, y servia en la aduana para verificarla
identidad; sin que uno se apercibiese de nada. Despues, al llegar 
Pars, era preciso sufrir un huevo examen escrutador, tomar un coche que
la polica conocia, hacer registrar el pasaporte, etc., etc.; y si se
cambia de hotel  habitacion, la polica tiene el informe al instante
por medio de los porteros y los criados que son sus agentes secretos,
por interes  por miedo.

Calais es una ciudad antigua, de mucha celebridad histrica, bastante
bien edificada en su conjunto, pero muy fea y de calles estrechas y
tortuosas. Su poblacion no pasa de unos 14,000 habitantes, y no cuenta
de notable entre sus monumentos sino la iglesia comunal, construida
durante la dominacion inglesa (de 1347  1558), y que pertenece al orden
gtico; el Hotel de Ville (casa municipal) y un magnfico faro que fue
establecido en 1848. La ciudad es notable por sus fabricas de gasas muy
bellas de algodon, que son muy activas, su modesta biblioteca y su
escuela de hidrografa. El puerto es interesante por su aduana, sus
baos de mar, sus numerosos vapores-paquetes, su telgrafo submarino,
sus extensas pesqueras y sus nuevos muelles artificiales.

Calais, es clebre en la historia militar de Francia por el famoso sitio
de trece meses sostenido por el herico Eustache de Saint-Pierre; que
hubo de capitular con las tropas de Eduardo III de Inglaterra en 1347; y
por haber sido la base de la dominacion ejercida por los Ingleses sobre
una parte de Francia hasta las pocas de Juana de Arc y del duque de
Guise. Calais es una especie de ciudad militar, apesr de su comercio y
sus pesqueras, porque tiene muy considerables fortalezas, que datan
desde la edad media, cuyo fundador fu Felipe de Francia, llamado conde
de Boloa.

En el trayecto de Calais  Pars las ciudades mas notables son Lila,
Doual, Arras y Amiens. Las tres primeras, que reservo para otra
narracion, estaban invisibles cuando tocamos en ellas. Algo nos
detuvimos en Amiens, ciudad histrica por mas de un motivo, y tan
antigua que remonta a los tiempos anteriores  la conquista romana. Los
Romanos la llamaban _Samarobriva_, y ella fu la capital de la Francia
merovingiana, residencia de los primeros reyes francos en la Galia.
Amiens tiene algunos monumentos interesantes, sobre todo su hermosa
catedral, que fue construida en el siglo XII, y es reputada como uno de
los mas bellos monumentos de la arquitectura gtica que posee Francia.

Por su tamao y poblacion (50,000 habitantes), Amiens es una ciudad de
tercer orden en Francia; pero por su carcter de capital de departamento
y obispado, sus institutos de enseanza pblica y su activa fabricacion,
figura entre las ciudades de segundo orden. Amiens es plaza fuerte
respetable, y aparte del papel muy notable que ha hecho en la historia
de Francia, es clebre (como se recordar) por el famoso tratado de paz
celebrado all en 1802 entre Francia, Inglaterra, Espaa y la Repblica
batava  Holanda. Tiene tambin la celebridad histrica de haber sido la
patria de Pedro el Ermitao, predicador de las Cruzadas.

La ciudad tiene en su recinto muchos colegios importantes, de todas
clases, una hermosa biblioteca de 50,000 volmenes y un regular jardn
botnico. Posee en el interior y los arrabales muchas fbricas, haciendo
una activa produccin de gasas y terciopelos de seda y algodn, paos
negros de _satn_, telas finas de lana y otros tejidos de mrito.
Fabrica tambin sustancias qumicas, tafiletes, cuerdas, etc., y tiene
numerosas tintoreras. Cuenta unas ocho  nueve imprentas, y es el
asiento legal de un consistorio protestante que pertenece a la comunin
calvinista. Los alrededores de Amiens son muy bellos por la extensin de
los cultivos, las fbricas que se destacan donde quiera en las praderas,
las casas de campo pintorescas y variadas, y el vasto panorama que se
extiende en todas direcciones casi sin interrupcin de inflexiones en el
terreno.

Si en las cercanas de Amiens el paisaje es muy interesante por la
proximidad del rio dela _Somme_ (que corta el departamento) y cerca del
cual pasa el ferrocarril del _Norte_,--cuando el viajero va acercndose
 Pars pasando por Clermont, entre Beauvais y Compigne, la campia
toma proporciones mas interesantes. Al sud-este desciende el rio
_Marne_, que se une al Sena cerca de Pars, desprendindose de las aguas
de aquel un estrecho canal artificial; mientras que al lado del
ferrocarrl corre del nord-este el rio _Oise_, ya engrosado con el
_Aisne_ en Compiegne, angosto y miserable por su volumen (para el
viajero colombiano acostumbrado A ver rios enormes), pero muy til para
la navegacin interior secundaria y para la irrigacion. El ferrocarril
pasa por encima del Oise, y est rio sigue su curso hacia el occidente
para irse  confundir con el Sena abajo de Pars. El espacio que media
entre el Oise y el Marne es vastsimo, y como las colinas son muy raras
la llanura forma una especie de horizonte de praderas, campos de
cultivo, parques y pequeos bosques, poblaciones rurales, canteras y
molinos dispersos en todas direcciones de aspecto muy interesante.

Hcia las cercanas del Oise y de Pars se ven extensas canteras de
piedra de sillera, caliza en apariencia, pero en su mayor parte de una
greda arenosa que se presta mucho  facilitar las inmensas
construcciones actuales de Pars. La mayor cantidad de aquellas piedras
sale de las canteras en enormes trozos  moles que, cuadradas en bruto,
van  Pars por medio de canales,  en carros gigantescos tirados por
tres, cuatro  seis de esos caballos normandos que parecen tener la
constitucin de la roca,  juzgar por su tamao, su musculacin y su
fuerza.

       *       *       *       *       *

Los alderredores de Paris son bellsimos, en general, haciendo en ellos
un raro contraste los fuertes militares y la enorme muralla de
circunvalacion que encierra  Paris, con los mil objetos pintorescos de
la campia y los grupos desiguales de las poblaciones vecinas. El tren
pasa cortando la hermosa llanura de Saint-Denis, dejando al occidente la
pequea ciudad del mismo nombre (cuyas torres y chimeneas dominan el
horizonte), y penetra luego en la gran metrpoli francesa, al norte,
despus da cruzar el distrito de la _Chapelle_, enclavado entre las
fortificaciones, hcia Saint-Denis, y la _barrera_ de Paris, como lo
est una multitud da pequeas ciudades  distritos que son como la
continuacin  el inmenso suburbio circular de la capital[1].

La ciudad tiene  su derredor no solo la muralla (con su foso profundo)
al nivel del campo exterior, cubierta de bosquecillos de pinos, sino
tambin unos catorce  diez y seis fuertes de defensa, entre los cuales
figura en primer lugar la antigua y famosa fortaleza de _Vincennes_, la
Bastilla exterior de Pars, de lgubre memoria para Francia. Todas esas
fortificaciones,  excepcion de Vincennes, fueron establecidas, como es
bien sabido, por orden de Luis Felipe, obedeciendo  la doble
preocupacin de defender  Paris de una nueva invasin como la de 1815,
y de dar trabajo  los obreros. Despues de haber gastado una enorme suma
de millones, ese rey sin previsin no hizo mas que causar un grave dao
 Paris y sus alderredores, y al porvenir de la libertad.

En efecto, las fortificaciones, sin ser de provecho positivo bajo el
punto de vista militar para la _defensa_, de Paris, no solo han
encerrado la ciudad, embarazando el ensanche de sus suburbios, sino que,
en realidad, pueden servir apnas de instrumento para la opresin.
Aquellos catorce fuertes son otras tantas ciudadelas que servirn de
punto de apoyo a toda tirana militar, puesto que, cuajadas de soldados,
cernirn  Paris en cualquier tiempo en que su poblacion haga algn
movimiento en el sentido liberal. As, los obreros de Paris al trabajar
en esas vastas fortificaciones, no hicieron otra cosa que asegurar la
clausura de la ciudad, ponindola bajo el poder de una presin militar.

Tal es siempre el resultado de las fortificaciones. La libertad y la
justicia son los mejores baluartes de defensa para un pueblo civilizado;
mientras que las _ciudadelas_ son en todo caso los cerrojos que
encierran, dominan y esclavizan  las _ciudades_. Los Ingleses, muy al
contrario de sus rivales de Francia, han tenido el buen juicio de
comprender que las fortalezas no deben estar al lado de las fbricas,
las academias y los monumentos de la civilizacion,--porque hay un poder
que defiende mejor que todos los caones el santuario de una ciudad
ilustre y los tesoros del arte, de la industria y del comercio; ese
poder es el de los _intereses_ sociales apoyados en la libertad. Lndres
no tiene mas fortalezas que sus puentes, sus vapores, sus ferrocarriles,
sus fbricas y monumentos de toda especie. La civilizacion es la mejor
garanta de esa inmensa metrpoli de la opulencia. Pero Francia es un
pas militar por excelencia, y no es extrao que Pars, la capital del
mundo del _espritu_, est rodeada de los instrumentos de la _fuerza_.

       *       *       *       *       *


TERCERA PARTE.

DE PARS A MADRID.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

LA BORGOA Y LYON.


Los ferrocarriles.--Melun.--Fontainebleau.--Montereau.--Sens.
Joigny.--Tonnerre.--Dijon.--Impresiones nocturnas,--Panorama de Lyon.


Si se quisiera tener una idea comparativa y completa de la revolucion
social que han producido en Europa los ferrocarriles, nada tan adecuado
para formarse una profunda conviccion como un viaje de Pars  Madrid,
por la via de Lyon, Marsella y Alicante,-- un pase por en medio de las
speras montaas de la Suiza,  orillas de sus lagos encantadores.

Quin hubiera pensado ahora veinte aos que la Suiza, que es una
colosal montaa dividida por profundos y pequeos valles lacustres,
sera surcada en breve por las locomotivas? Y mas an: quin hubiera
pensado que en 1858, desdeando los mares y los Pirineos, pudiera pasar
un viajero de Pars  Madrid en setenta y dos horas, con mil comodidades
y venciendo tan multiplicados obstculos? Y con todo, los ferrocarriles
accortarn an la distancia. Dentro de dos aos las dos grandes vias de
Valladolid y Zaragoza, como dos enormes brazos oprimiendo los Pirineos
de un lado y otro, ligarn  Madrid con Burdeos, por el occidente, y con
Perpignan por el oriente, y entonces las capitales de Francia y Espaa
estarn solo  treinta y seis horas de distancia (puesto que ella se
mide por el tiempo) y los Pirineos no figurarn sino como un monumento
de granito y nieve levantado por la naturaleza para ser un da el mas
grandioso, el eterno testimonio de los prodigios de la obra infinita de
la civilizacion, en que Dios trabaja como supremo inspirador y artfice,
y el hombre se le asocia como un obrero infatigable que recibe su
salario en libertad, bienestar y progreso.

Estas reflexiones me hacia el 24 de marzo de 1859, precisamente al ao
de haber llegado  Paris, al partir del inmenso embarcadero del
ferrocarril de Lyon, dando un adios  la metrpoli del mundo
intelectual, donde quedaba la mitad de mi vida y el tesoro supremo de mi
amor.

Sentame casi fatigado ya con la vida artificial que se lleva en Paris,
donde todo es el resultado de una especie de convencin tcita de la
sociedad,--donde la moda reina como soberana absoluta, y el corazon no
encuentra su espontaneidad ni se siente  s mismo sino cuando se
encierra en el santuario de la familia, huyendo del bullicio fascinador
de un mundo que se agita en interminable torbellino. Iba  visitar 
Espaa, la vieja y herica patria de los fundadores de la ma,--la
patria de mis abuelos, de mi lengua y de todo lo que nutri mi espritu
en los alegres das d la primera juventud.

Un tiempo magnfico, da prematura primavera, convidaba  buscar deleite
en la aspiracin del aire libre y en esa contemplacin inquieta,
fantstica en cierto modo, de las campias y las pequeas poblaciones, 
que nos conduce la ubiquidad de la locomotiva, hacindonos pasar con la
rapidez del huracan por entre castillos y colinas, bosques y ciudades, y
cuanto constituye el poco accidentado pero admirable panorama de la
Francia central  meridional, pues en todas direcciones la opulencia de
cultura produce los mismos resultados. La poesa falta, porque donde
quiera el arado ha civilizado la tierra hasta el refinamiento; pero si
el poeta tiene pocas impresiones que recoger en la carrera, el viajero
hallar en todas partes la revelacin de un progreso relativamente
consolador.

El fuerte de Charenton qued atras, y los ltimos suburbios de Paris se
perdan detras de las ligeras inflexiones del terreno, mientras que al
oriente se desarrollaba la vasta campia, despojada de encantos
naturales pero rica en pormenores de civilizacin y cultivo. Al volver
un recodo del ferrocarril se descubre un escenario en extremo
pintoresco. El Sena, todava poco importante, porque no ha recibido aun
las aguas del _Marne_, que le aumentan su caudal en las cercanas de
Paris, hace all un arco, dividiendo la pequea y graciosa ciudad de
Melun, reclinada sobre la falda de una colina, cuyos bordes salpican
pequeos bosques de pinos y encinas. Nada se alcanza  ver entre los
edificios de Melun que llame la atencin como objeto de arte; pero la
poblacin no solo es risuea como todas las que demoran  orillas de un
limpio y murmurante rio, sino que tiene inters bajo el aspecto
comercial. Es por all que descienden  Paris las pesadas barcas de
remo,  tiradas por caballos, repletas de pipas de vino de Borgoa, de
trigos y leas, maderas de construccin y carbon, procedentes de las
vastas florestas que en esas llanuras se conservan con el mayor esmero.

De all en adelante, hcia el sud-este, el horizonte se abre y extiende,
sin que lo interrumpan mas que colinas verdes  amarillentas, aisladas y
distantes, siempre redondas y casi todas de formacion caliza  de
arenisca, cuya elevacion varia entre 80 y 200 metros al parecer. Por
todas partes se ven hermosas quintas de sencilla y pintoresca
arquitectura, rodeadas de sauces y pinos persistentes,  de lamos
empinados y flexibles; donde quiera praderas simtricamente deslindadas,
y entables pequeos de cultivos diversos (vias, trigos  legumbres) que
revelan por su esmerada condicion y sus multiplicados lindes esa
maravillosa division de la propiedad territorial tan benfica para
Francia, debida  la gran revolucion que desamortiz los bienes
inactivos  estancados y fund la igualdad hereditaria.

El tren corta la comarca ondulosa de Fontainebleau, y no permite
distinguir ni la ciudad cercana ni el palacio famoso, teatro de los
amores y las fiestas voluptuosas de la corte de Luis XIV, como de la
abdicacion  caida primera del orgulloso Napoleon. Apnas, al pasar por
entre bosques de encinas y abetos, se ve  un lado la famosa floresta
que constituye la especialidad de Fontainebleau, rica en preciosas y
aromticas maderas de ebanistera y construccion, y de una suntuosa
hermosura, verde y brillante en la primavera y el esto,--variada y
melanclica en el otoo.

Al dejar atras la vastsima floresta se descubren las altas colinas de
Montereau, campo de la herica batalla ganada intilmente por uno de los
mariscales de Napoleon en vsperas de la abdicacin de Fontainebleau. Al
pi demora la ciudad de Montereau, poblacion algo considerable y de
bellsima situacion en la confluencia del _Yonne_ con el Sena, ya
engrosado algo por la union de las aguas del _Aube_. El juego de las
colinas con la llanura, los dos rios y la ciudad le dan al paisaje un
encantador aspecto de frescura y alegra. Montereau es un punto de
escala importante en el comercio interior, tiene algunas manufacturas
apreciables y es sobre todo un centro agrcola notable; pero la ciudad
carece de interes por su estructura, pues las cuatro  cinco torres que
se destacan sobre el fondo plido de las colinas son de una arquitectura
vulgar.

El ferrocarril sigue costeando la orilla izquierda del Yona (Yonne), rio
apacible, lento y silencioso, de bajas mrgenes y claras ondas como
todos los rios de Francia, que corren por llanuras casi totalmente
niveladas. En Joigny, pequea y pintoresca villa, y punto de escala en
la navegacion, se verifica la confluencia del riachuelo _Armanzon_, con
el Yona, que corre paralelo  un canal, como elementos uno y otro de
vasta irrigacin y de comunicaciones algo lentas pero seguras y
baratas. Entre Montereau y Joigny el viajero tiene una bien agradable
sorpresa pasando por delante de la ciudad de _Sens_, que demora  la
mrgen izquierda del Yona, teniendo  su espalda un bello grupo de
colinas. Sens, ciudad de mas de 25,000 habitantes, muy comerciante,
agrcola y manufacturera, ostenta en su plaza principal un bellsimo
templo en cuya fachada de un gusto delicioso se reposa con placer la
mirada, puesto que puede hallar un contraste del arte grandioso con la
prosica agricultura. El monumento,  juzgar de ljos por la magnfica
fachada y la torre, pertenece al gnero gtico de la segunda parte de la
edad media, en que el arco pleno y la grande ogiva hacen juego con los
grupos de columnas acanaladas y los relieves pacientemente caprichosos.

El curioso observa cmo el sentimiento de lo pintoresco, el instinto
comercial y la previsin higinica han determinado la formacion uniforme
de todas las poblaciones del trayecto. Rarsima es la villa  ciudad,
grande  pequea, que no reposa sobre la margen de un rio, al pi  en
la falda de una  mas colinas que la defienden de los vientos helados y
violentos del este. Esta homogeneidad de situacion les hace tener mucha
semejanza en su aspecto general  las poblaciones que demoran entre
Paris y Lyon.

Por otra parte, la industria y la naturaleza del suelo guardan tambien
una completa homogeneidad en toda esa vasta llanura cubierta de viedos,
que se llama la Borgoa, y que, teniendo por centro  Dijon, se extiende
desde Joigny hasta cerca de Lyon. A veces se descubren  lo ljos grupos
de altas chimeneas que revelan un pequeo centro de fabricacion; ya se
costea un canal  un rio donde se arrastran lentamente las barcas que
alimentan el comercio de artculos de consumo inmediato; ya las colinas
desaparecen del todo, el suelo pierde hasta el mas ligero accidente que
lo haga pintoresco, y la inmensa llanura, al parecer desolada, se pierde
en un horizonte sin lmites donde la vista vaga buscando intilmente
algun objeto en qu reposarse.

A veces tambien ese horizonte se estrecha un poco, de un lado  otro,
segn el agrupamiento de las colinas, y se ven en sus suaves faldas
(protegidas contra los huracanes que suelen llegar desde las montaas
del Jura  de los Vosgas) graciosas poblaciones cimentadas en
anfiteatro, en cuyo fondo se destaca algun viejo castillo de la
feudalidad, y que ofrecen un conjunto lleno de gracia y capricho;
salpicadas de grupos de pinos y otros rboles, y coronadas de cintas de
pequeas florestas cuya sombra parda hace contraste con el azul plido y
las blancas nubes de un magnfico cielo. La Borgoa es en realidad un
inmenso viedo, pues si sus redondas colinas interrumpen de trecho en
trecho la llanura, donde quiera se ven las mismas hileras de cepas que
la primavera cubrir de verdura y el verano de generoso licor.

Con frecuencia se destacan al volver un recodo pequeos caseros
miserables, compuestos de chozas negras, deprimidas y desmanteladas, que
revelan muy poco bienestar y demasiada incuria. La mayor parte de esas
casuchas raquticas son de adobes  piedras brutas mal unidas, cubiertas
de paja  de tejas destrozadas, que las lluvias y el viento han
agujereado por todas partes.

El campesino de esa comarca tiene una fisonoma poco inteligente y viva,
y su pobre vestido de tela azul de algodon, indica que la falta de
abrigo aflige en los inviernos  la poblacion rural. El asno, de muy
miserable dimension, reemplaza all al caballo (animal _urbano_ por
excelencia en Francia, que, sea dicho de paso, es tratado all  palos,
como casi todos los _ciudadanos_ de vida y obediencia pasiva). Y no solo
se hace del humilde y resignado burro un agente de labor agrcola, sino
que se le honra con el tiro de las tartanas y ligeras carretas rsticas,
 cabalgndole con descuidada confianza.

Tonnerre es una ciudad bastante considerable (aunque de quinto rden en
Francia) por algunas manufacturas, por su gran comercio de vinos y por
ser un centro de produccion de ese articulo. Est situada  la margen
izquierda del Armanzon, riachuelo de donde parte el canal de Borgoa que
liga al Saona con el Sena, permitiendo as el maravilloso paso de una
barca al travs de toda la Francia, desde la boca del Sena en el canal
de la Mancha hasta la del Rdano en el Mediterrneo.

Tonnerre carece de todo interes en materia de monumentos, y despues de
perderla de vista, el terreno toma proporciones que lo hacen parecer
triste y desolado.

Al pasar por el trayecto de Montbard  Vitteaux el ferrocarril lleva su
curso por en medio de speras colinas agrupadas como enormes peascos,
algunas perforadas por _tneles_ mas  menos profundos, cavados en rocas
granticas, de cuarzo esquistoso  de cristalizaciones siliceosas
sumamente duras, sin ninguna estratificacin visible, y aglomeradas en
masas perpendiculares. No hay en todo el trayecto hasta Dijon ningunas
otras colinas de esa formacion, aunque  lo ljos se divisan algunas
altas rocas de granito azuloso, que brillan  la luz del sol como
lpidas monumentales.

Dijon es una grande y bella, ciudad de cerca de 60,000 habitantes que
merece sumo interes tanto como capital histrica, asiento que fu de los
antiguos y poderosos duques de Borgoa, como por sus monumentos de
arquitectura superior, sus institutos literarios, cientficos y de
beneficencia, y su movimiento fabril, agrcola y comercial. La ciudad
reposa en una llanura abierta por tres lados, teniendo del uno el
_Ouche_, pequesimo rio, y del otro un grupo de bellas colinas. Ademas
de su vastsimo comercio de vinos, muy baratos (puesto que son los de
mayor consumo popular), y algunos bien estimables, tiene varias
manufacturas dignas de aprecio. Sus fbricas son muy numerosas, y con
especialidad es afamada por las de sombreros de lana y felpas que
representan fuertes valores.

Desde la estacion del ferrocarril se alcanzan  ver las flechas y
empinadas torres de muchos monumentos importantes. Los mas bellos son
(en cuanto puede juzgarse desde ljos por la estructura de las torres y
fachadas): 1 la magnifica iglesia de _Notre Dame_, que data de los
siglos XIII y XIV, y ostenta con exquisita pureza toda la majestad y las
maravillas del arte cristiano; es una obra maestra y sus atrevidas
columnatas superiores son de suma belleza, reposando sobre un prtico
suntuoso de tres grandes ogivas cuajadas de grupos y relieves gticos:
2 la iglesia de _San Miguel_, que fu construida en los siglos XV y
XVI, y manifiesta en su arquitectura mixta  de transicion (muy hermosa
pero sin la severidad de la edad media) el paso que hacia el arte del
romanticismo gtico a la elegancia afeminada del Renacimiento: 3 la
catedral de _San Benigno_, tambien de transicion, pero mucho mas
antigua, pues corresponde  la poca en que la arquitectura pasaba de la
sencilla majestad del arte romano  la paciente excentricidad y las
angulosidades y relieves del arte gtico, cuyas obras son verdaderas
leyendas religiosas escritas en piedra por los pueblos artstas.

Dijon es el vrtice del ngulo formado por el ferrocarril de Paris 
Lyon, pues la linea, despues de haber seguido la direccion sud-este,
tuerce al sur para costear primero el Saona y luego el Rdano,  lo
largo de valles pintorescos. Pasa el tren por delante de poblaciones
importantes como Beaune, Chalons, Mcon y Villefranche, centros de
produccion agrcola todas. Los vinos de Beaune y de Mcon son muy
estimados, el primero por su mrito, y el segundo por la gran cuanta de
produccion variada, que lo adapta  un extenso consumo entre todas las
clases sociales.

La noche cubria con sus sombras la inmensa llanura, y no pude tener
siquiera una idea general del aspecto del pas entre Dijon y Lyon. Solo
dir que al pasar por Mcon, preocupado con un recuerdo grato, me sent
como poseido de cierta veneracion hcia esa comarca interesante. Mcon
es la patria del glorioso Lamartine,--ese patriarca de la poesa en el
siglo XIX; y no podia mnos que gozar aspirando las brisas del pas
inmortalizado por la juventud, la lira sublime, la gloria y hasta los
infortunios del Tasso frances. All naci y comenz  soar, cantar y
crecer el divino poeta, y l ha conservado su hogar con una amante
veneracion, haciendo de _Milly_ el santuario de las mas puras armonas y
de las mas nobles meditaciones.

El tren rodaba entre las sombras con la rapidez del viento, lanzando la
locomotiva de cuando en cuando sus silbidos agudos que no despertaban
eco en la llanura; y yo, mientras que los demas viajeros dorman  mi
lado, fumaba con deleite, dejando vagar mi espritu en un torbellino de
recuerdos de amor y de cavilaciones sobre el porvenir del hombre, al
mismo tiempo que, hundiendo la mirada en la sombra interminable que
cubra la campia, buscaba en su seno alguna luz fugitiva  alguna otra
sombra mas pronunciada y vigorosa producida por un edificio destacado
aqui  all cerca del camino.

De repente pasaba rozndose casi un tren en sentido contrario que, como
un dragon enfurecido, lanzaba su aliento de fuego y de vapor para
desaparecer al mismo instante. Nada mas fantstico que uno de esos
cruzamientos de trenes, sobre todo bajo la bveda sombra de un _tnel_,
donde el silbido de la locomotiva parece un grito de muerte  de agona
suprema. Es muy trivial la opinion de que los ferrocarriles han
suprimido la poesa de los viajes dndoles un carcter en extremo
prosaico. En efecto, si en una estacion, cerca de alguna bella ciudad 
de un rico paisaje, se compara el espiritualismo potico de un monumento
cercano, con las pilas de carbon de piedra y los prosaicos vagones, la
desventaja es para ese instrumento poderoso de locomocion, que ha hecho
del viaje una carrera, un tropel de huracanes y de impresiones que
apenas comienzan a nacer cuando ya se disipan como una pesadilla. El
ferrocarril, nivelando el terreno y acortando inmensamente las
distancias y el tiempo, ha suprimido la _peregrinacin_ y el viajero es
una especie de Asmodeo que no alcanza  contemplar lo que se le presenta
al lado del rpido vagon.

Y sinembargo, creo que los ferrocarriles, suprimiendo en gran parte la
_poesa de la materia_, han creado una nueva poesa, mucho mas vigorosa
y fecunda, poesa mixta que pudiera llamarse la _poesa del espritu_.
Encuentro en la locomotiva que silba y da resoplidos como el viento, y
devora el espacio como el rayo, un espiritualismo singular, prosaico si
se quiere en sus resultados aparentes, pero infinitamente grandioso en
su _forma_ sensible y en sus lejanas  trascendentales consecuencias. El
siglo XIX, que en apariencia es el de la industria  la especulacion,
me parece en realidad el mas potico, por sus creaciones fantsticas y
fecundas al mismo tiempo, como el ferrocarril, el telgrafo y tantas
otras maravillas.

Cul es la preocupacion, la tendencia dominante en el pensamiento del
poeta?--un triple ideal que, teniendo por objetos cardinales  Dios  el
infinito, el Hombre  el sentimiento, y el Espritu como soberano del
mundo, lo resume todo en la nocin de lo _bello_, lo _bueno_, y lo
_justo_. Y  qu resultados pueden conducir las maravillas de la
ciencia y la industria? En mi concepto el ferrocarril, como instrumento
de comunicacion activa, de baratura y de fecundidad universal, es un
elemento de luz, de religion, de paz, de bienestar, de igualdad en la
vida, de fraternidad entre los hombres y los pueblos, y de predominio
del pensamiento  la idea sobre la fuerza fsica. Esa mquina de hierro
que, animada por el espritu del hombre, devora las distancias,
reduciendo los das  minutos y haciendo los minutos dias, me parece una
inteligencia en accion. Las ruedas, las vlvulas, los frenos, los
resortes, la caldera y toda la maquinaria de la locomotiva son la imagen
de la musculacion y de los rganos del hombre; y el fuego que produce el
vapor y el movimiento maravilloso, es una hoguera encendida con una
chispa del fuego divino del progreso, que arde constantemente en el
cerebro y el corazon de la criatura humana. El ferrocarril ha
espiritualizado y cristianizado el mundo, como el navo-vapor, el
telgrafo y el diario, porque ha fundado la ubiquidad del sr, la
fraternidad  mancomunidad de los intereses, y la omnipotencia del
espritu sobre la materia.

Si Lyon, la segunda capital de Francia, es en extremo interesante bajo
el punto de vista industrial, agrcola y comercial, no lo es mnos por
su topografa y su valor artstico, moral y arqueolgico. All encuentra
el viajero la vida confortable de Paris y al mismo tiempo cierta
espontaneidad provincial con las bellezas tpicas del medio da; y el
que busca objetos de observacin y estudio halla un vasto campo donde
recoger agradables impresiones  instructivas nociones. Acaso no hay en
Francia una ciudad que revele mejor que Lyon el paso sucesivo de las
razas y las dominaciones que en esa nacion han figurado, y el contraste
vigoroso de los escombros  monumentos de la vieja civilizacion con las
maravillas de la poca presente.

La situacin de Lyon es admirablemente feliz para el comercio interior y
exterior, y su variada topografa la apropia para lo til igualmente que
para lo pintoresco. Dos pequeas montaas  colinas y dos magnficos
rios le sirven de base, determinando su estructura y su fisonoma. Las
colinas son las de _Fourires_ y la _Croix-Rousse_; los ros el
_Rdano_ y el _Saona_. Al norte se alza la colina redonda de
_Groix-Rousse_, que es el remate de una cadena de colinas rocallosas;
al occidente domina el horizonte otro cordon de colinas cuyo centro es la
de Fourvires (asiento que fu de la ciudad romana anterior  Neron); y
al oriente y el sur se extiende una vasta y magnfica llanura de admirable
panorama.

El Rdano desciende del nordeste, por el lado oriental y el pi del
cordon rocalloso que termina en Croix-Rousse. El Saona, que nace en las
llanuras de Epinal, y viene del norte, engrosado con las aguas del
_Doubs_, procedente de las montaas del Jura, y que se le une en
Verdun,--desciende por entre las colinas de Fourvires y Vaise; corta en
dos porciones la ciudad de Lyon en la parte occidental, y va  reunirse
al extremo meridional con el Rdano. Aunque la antigua Lyon no se
compona sino de las construcciones establecidas en anfiteatro y
desordenadamente en las faldas de Fourvires y Croix-Rousse y sobre las
mrgenes del Saona, la nueva Lyon se compone de elementos diversos
adquiridos por aglomeraciones sucesivas.

La ciudad ha ido extendindose en todas direcciones hasta tocar con los
distritos vecinos de las colinas, abarcar toda la angosta lengua de
tierra que desde Croix-Rousse se prolonga al sur hasta la confluencia de
loe rios, y confundrse al fin con los distritos importantes y muy
nuevos de la _Guillotire_ y _Broleaux_, tendidos en la llanura  la
mrgen oriental del Rdano. A virtud de ese ensanche progresivo, Lyon
tiene en su totalidad una poblacin de 390,000 habitantes fijos,
dividida en tres partes desiguales y variadas por el Rdano y el Saona.

Antes de buscar los pormenores de inters en Lyon quise darme cuenta del
conjunto, subiendo  las colinas para tomar el golpe de vista; y puedo
asegurar que, en su gnero, no he hallado jamas en Europa ni Colombia un
cuadro tan magnfico y soberbio como el que all se ostenta  los ojos
del viajero. Trpase  la cma de Fourvires por entre las horribles y
sucias callejuelas del viejo Lyon, llegando al anfiteatro pintoresco del
jardn de Fourvires por una serie de escaleras interminables que pasan
de algunos centenares y hacen de la ascension una verdadera empresa.
Atravesando en calles espirales el jardn, y un puente de madera echado
sobre altas rocas, se llega al observatorio astronmico y la iglesia de
Nuestra Seora de Fourvires, cuyo alto campanario es el mirador mas
precioso que conseguirse puede.

Al encontrarme en ese campanario, cerca del cual pasa el ferrocarril por
un famoso tnel, me sent pasmado de admiracion.

El panorama es inmenso y de una variedad encantadora. Al oriente vea la
vasta llanura, cortada por algunas bajas colinas que dan asiento  una
multitud de poblaciones, entre ellas _Grenoble_ (al sud-este), y que,
surcada por el alto Rdano, es la base de un extenso cultivo,
principalmente de moreras, trigos y vias. Al norte registraba el valle
del Saona y las ricas llanuras de la Borgoa, en direccin  Mcon. Al
occidente llanuras y colinas tambin hacia la ciudad fabricante de
_Saint-tienne,_ de fabuloso progreso; y al sur contemplaba con encanto
el valle del majestuoso Rdano, de imperceptible descenso, extendindose
por _Vienne, Vlence_ y _Avignon_ hcia el Mediterrneo.

Por todas partes campos cultivados primorosamente, ciudades y pueblos,
casas; campestres, anchurosos caminos carreteros, numerossimas barcas
en los rios, viejos castillos feudales sobre las cimas escarpadas de
los cerros; y todo cubierto por un cielo magnfico, muy de extraar en
el mes de marzo aun.

Pero nada me produca tan profunda sensacion como el contraste del
espectculo lejano con el que tenia  los pis. Al oriente cerraban los
Alpes el horizonte con su corona inmensa de blanqusimas nubes,
levantndose desde la llanura en escalones sucesivos y en perspectiva,
para terminar como titanes de nieve con sus cabezas brillantes hundidas
en el ter, distinguindose entre ellas, muy lejana, la mole grandiosa
del _Monte-Blanco_, ese rey de los Alpes que tiene por cortesanos 
todos los reyes y los viajeros de Europa. Aquella cadena de montaas,
unas azulosas, otras brillantes por sus nieves, tenian ua majestad
arrobadora que yo, con mi corazn de Colombiano, comprenda
perfectamente y contemplaba con amor.

Pero al pi vea la vasta ciudad, cuya cabeza es una inmensa roca y
cuyas arterias son los dos hermosos rios, atravesados por quince  diez
y seis puentes, que son como las venas ligadoras. Aqu, casi bajo mis
plantas, la ciudad romana y gtica, triste, sucia, sombra, en laberinto
inexplicable, pero llena de misterio, de tradiciones y monumentos
tpicos. Al frente, sobre la izquierda del Rdano, hacia la llanura, la
_Guillotire y Broteaux_, barrios anchurosos, cortados en ngulos rectos
por calles de una regularidad matemtica, con grandes muelles y vastos
cuarteles, prolongndose hacia la campia en un arco de fortalezas y
casas de campo. Y por ltimo, en medio de los dos rios, la parte
aristocrtica y opulenta de Lyon, irregular, fea y repugnante al pi de
_Croix-Rouese,_ pero luego elegante, suntuosa, rejuvenecida y llena de
animacin hacia abajo, hasta su lmite en la confluencia de los rios, al
sur de la esplndida estacion del ferrocarril, que pudiera llamarse el
Palacio de las locomotivas.

Al mirar hacia arriba, al este, crea contemplar  Colombia, con sus
cordilleras prodigiosas y su salvaje grandeza, no obstante que los Alpes
me parecan apenas un remedo humilde de los gigantescos Andes. Pero
mirando hcia abajo, hallaba  Europa, con sus tradiciones romanas y
gticas, sus prodigios de arte, su animacin industrial y comercial,
sus grandes progresos de locomocion, y sus lamentables contrastes de
opulencia y miseria. La contemplacion de aquel panorama desconocido me
hizo meditar durante largas horas, y creo que nunca olvidar las
impresiones all recogidas.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

LA CIUDAD DE LYON.


Hidrografa.--Varios objetos,--El Palacio de las Artes,--Un contraste
curioso.--Varios monumentos.--Las fbricas de sederas.


Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion,
por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy slidos, pero de
los cuales son los mejores dos de mampostera en el Saona y uno de
madera en el Rdano. Algunos son colgantes, y casi todos estn sometidos
 pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la
ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las
nuevas, entre las cuales se distingue la esplndida calle _Imperial_,
reputada como una de las mas hermosas de Europa.

A lo largo de mbos ros hay muelles espaciosos, donde atracan
centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construccin
especial para la navegacion del Rdano y del Saona. La ciudad cuenta
muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son
muy notables por su belleza y elegancia: la de _Bellecour_  _Luis el
Grande_, espaciossima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese
rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de _Napoleon_, con la
estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos rboles, que se
confunden con las vastas avenidas que tocan  la estacion del
ferrocarril llamada de _Perrache_; la plaza _Imperial_, que es una
especie de _square_, muy bonita, y la de _Terreaux_, en la cual se
encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las _Artes_  de
San Pedro. La plaza de _Tholozan_,  la orilla derecha del Rdano, no es
notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque
de Albufera, que hizo la guerra en Espaa en 1808 y los aos siguientes.

La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigedad, ya por el
gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad
antigua, que ellos llamaron _Lugdunum_, estuvo toda sobre la colina y
faldas de Fourvires,  incendiada que fu tocle  Neron mandarla
reedificar, extendindola sobre mbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta
calles, y cuatro largusimas calzadas  avenidas que siguen las mrgenes
de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor.
Algunas de sus mas antiguas iglesias estn en ruina, y hoy las
restauran, al mismo tiempo que se concluyen  prosiguen vastsimas
construcciones que rejuvenecen la ciudad.

Al frente de los muelles  atracaderos de manipostera se encuentran
muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y
llaman justamente la atencion del viajero.

Entre esos son de mucho mrito, por su majestad y su importancia, as
como por su solidez, el _Palacio de Justicia_, sobre la margen derecha
del Saona, y sobre la derecha del Rdano los inmensos edificios,
ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen
el Hospital y el Hospicio, que recogen  muchos centenares de hurfanos
y enfermos, sirviendo tambin de bazares en el piso bajo, donde hay
innumerables tiendas y almacenes de todas clases.

Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios
pblicos interesantes, pero desnudos de todo valor artstico,--tales
como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mrito y cuenta
unos cien mil volmenes); el Hospital militar, la fbrica de tabacos y
las carniceras, sobre el Rdano; y del lado del Saona, la Aduana, el
teatro de Celestinos, los arsenales, etc.

Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atencin: el Gran Teatro,
donde ejecutan peras solamente, y hace juego con la fachada secundaria
del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas,
construido con regulares proporciones en un local de un antiguo
convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque
subalterno, pues est aislado y muestra pretensiones artisticas, no
obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy
espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas
bellos de otras ciudades europeas.

La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir
de cimientos y zcalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal.
Estn acabando tambin la Bolsa, palacio esplndido, de mucho gusto y
que ser un verdadero monumento para las artes y la especulacion.

El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una
arquitectura sencilla que pertenece  la poca del primer imperio,
careciendo de carcter determinado, pero risuea y sin pretensiones
plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en
todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre 
la sencillez caracterstica del siglo actual. Si en lo material Lyon es
una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima 
la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar
en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone all sus
condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye
todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aqu
proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se
tropieza en las calles con fisonomas y grupos que tienen sus buenas
puntas de extravagancia.

La poblacion lionesa es muy liberal y an republicana, revelando en su
estilo general cierto carcter benvolo que estimula agradablemente al
viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos,
que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio
de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y
comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva
ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo gnero que
pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas
de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellsimas obras de
escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y
monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y msica,
y ha sido y contina siendo la cuna de muchos artistas de gran mrito.

El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las
Artes en el cual se encuentran los museos de antigedades, de pintura,
de escultura, de historia natural y de geologa y mineraloga, as como
el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de
curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galeras y
sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me
perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las
impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rpida.

Si el exterior del Palacio carece de mrito, en el interior el interes
comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina
una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el
edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando
multitud de pasajes histricos, al aire libre y la intemperie. La mayor
parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores;
pero algunos grupos son de tanto mrito por la energa de expresion y la
delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan,
maravillndose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta.

Los cuatro claustros bajos contienen una abundantsima coleccion
arqueolgica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas
curiosos objetos, unos (poqusimos) de la poca anterior  la conquista
de las Galias por Csar, y la mayor parte correspondientes  las pocas
romana, byzantina y gtica. Vasos etruscos, de imitacion tosca,
estatuas, bustos y grupos curiossimos, planchas enormes de piedra bruta
 trozos de mrmol, con relieves preciosos, revelando toda una
civilizacion,--y sepulcros, lpidas y columnas truncadas, cuajadas de
inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos
byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad
que el polvo de los siglos arropara,--todo eso, colocado con
inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una
escuela popular para los sentidos, sino la imgen sombra pero elocuente
de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de
escombros de civilizacion y de enseanzas del tiempo, desde la gran
lpida en que Rmulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal
loba, hasta las ltimas labores que la arquitectura gtica (espontnea,
paciente y popular por excelencia) dej profusamente deseminadas donde
quiera.

El salon de antigedades artsticas no es mnos curioso, aunque
comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas
de monedas, medallas, pequeos vasos y placas y armas de metal, marfil,
madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y
relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que
admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la
industria moderna, que la antigedad, bajo el punto de vista artstico,
no ha producido maravillas superiores y an inimitables cuyo genio y
secreto se han perdido para la civilizacion.

No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses,
que compone el modesto museo de escultura  estatuaria. Aunque hay all
algunas estatuas en mrmol y yeso de mrito indisputable, y algunos
bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay,
sinembargo, all una estatua de Pandora, en mrmol pursimo, tan bella y
delicada, que vale por todo un museo; as como llama la atencion, al pe
de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un
escultor contemporneo, que puede figurar con honor en el mas
esplndido jardin de Europa.

Despues de la sala de escultura  estatuaria se encuentra en el vasto
palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la
galera especial de los pintores lioneses. En general se observa en el
estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada
predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy
abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la
mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto
mrito, no solo por la maestra del pincel, sino por el profundo
conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva.
Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeo
que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso
por sus golpes de luz y su energa de claro oscuro. Con todo, no
considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar 
constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo.

Otra galera mucho mas vasta y magnfica contiene los cuadros del Museo
comun, y en realidad hay obras all de un mrito sobresaliente, tales
como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de
Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de
expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son
copias modernas, y aunque la galera es casi toda histrica, y contiene
varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja
impresion como las obras maestras. chase de ver que Lyon ha querido ser
 todo trance un gran centro artstico, sin haber pasado de cierta
mediocridad distinguida (permtaseme la expresion), porque el ruido de
las mquinas y de los carros no permite all un gran desarrollo
espiritual como conviene  las bellas artes.

Mucho mas estimables son en su gnero las demas galeras, puramente
cientficas, que contienen los Museos de Historia natural, de
Mineralogia y de Geologa. El primero, que no es muy considerable,
aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo rden, est muy
bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y
notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un
verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lndres,
Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y
hace honor  la opulenta metrpoli del Rdano, como  la Francia,

Pero es todava mas interesante la galeria mineralgica, ya por la
belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto 
cristalizaciones y aglomeraciones metlicas y metalideas; ya por la
riqueza y abundancia de los mrmoles y piedras finas. Llegan 
centenares las lpidas que contiene el Museo de mrmoles de todos
colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como Espaa, Italia, Suiza
y Blgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son
admirables algunos mrmoles negros, amarillos, y veteados, producto de
los Pirineos, de las montaas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.;
y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraa que,
comparativamente, no se d  los mrmoles en Francia toda la aplicacion
de que son susceptibles.

       *       *       *       *       *

La inspeccion del Palacio de las Artes, por rpida que sea, produce en
el extranjero visitante una impression importante,  saber, que la
sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto _por_ las bellas artes, pero
no verdadero gusto artstico  _en_ las artes, puesto que, en lo
general, sus obras pblicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no
estn en armona con esa distincion exquisita que es el sello
caracterstico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se
distinguen sino en esa especie de juguete artstico, que llamar arte de
capricho  de la moda, ajeno  toda inspiracion, y que se manifiesta en
los preciosos dibujos de las sederas que salen de las ochocientas
pequeas fbricas de Lyon.

All donde el espritu industrial se ala con el arte, se ve el
refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon,  pesar de
sus pretensiones literarias y artsticas, no es por excelencia sino una
gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte
verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace
grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades
opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y
vanidades de lo que llaman el _mundo_ y las farsas de la moda
caprichosa. Si la mmica  el arte dramtico, la caricatura, el vals
fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes
metrpolis de la industria, la poltica y la moda, no as el poema
sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de
arquitectura y escultura,  las solemnes y graves armonas de Mozart 
Bellini.

       *       *       *       *       *

En punto  monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mrito,
que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citar: la
Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiqusima abada de inay
(_casa de Dios_ en catalan); y entre los monumentos pblicos de otro
rden mencionar el Hotel-Dieu  Casa de beneficencia, y el Palacio de
justicia.

Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observ en el Palacio
de las Artas y me impresion profundamente. La Bolsa de Lyon estaba
provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y
oscuro salon que fu en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de
contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos,
o una espantosa gritera que, como una gran bacanal subterrnea,
ensordecia con sus ecos repetidos por la bveda sombra. La curiosidad
me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible
escena pude creer que all estaba la Bolsa de un pas civilizado.

Todava se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de
piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la
historia de Cristo. Al pi de Mara estaba un corrillo de noticieros de
bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestin de Italia, y enfrente de
un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de
bolsa sus tratos sobre el _tres por ciento_, el _cuatro y medio_, las
_primas_, las acciones de _ferrocarriles_, etc.

Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado
exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y
especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias
y remolineando en un hormigueo interminable,--dentro del gran crculo
estaban los agiotistas de primer rden, sosteniendo con admirable aplomo
una telegrafa mmica que representaba el juego monetario, y en el
crculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio  corredores,
haciendo las muecas mas extraas los unos, los otros gritando como
energmenos para anunciar cada propuesta  pedido de fondos y cada
_puja_, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario,
alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el
movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la
teologa del dinero.

Singular contraste, perfectamente caracterstico del siglo actual! El
templo consagrado ntes  la oracion, convertido en casa de juego legal
y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y
abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion,
prosica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y
tumbas de la antigedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos
por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel
espectculo es mas elocuente que muchos volmenes para caracterizar el
movimiento del siglo XIX.

       *       *       *       *       *

La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja  occidental
de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso
monumento que tendra mayor importancia si estuviese rodeado de mejores
calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta,
y corresponde al estilo gtico de la segunda poca, en que figura la
combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data
del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la
forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo
demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras
todas que no corresponden al mrito del trabajo interior.

Aparte de los dos rdenes de capillas laterales, el cuerpo de la
catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar
la gran cruz caracterstica de las catedrales gticas. Toda la mole de
piedra, vasta y atrevida, que compone la bveda, reposa sobre diez y
seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual,
lanzadas con vigor  dar con el altsimo artesonado de mampostera,
desnudo y sombro. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay
en todo el edificio ese carcter severo de oscuridad y sencillez
solemnes que distinguia sobre todo  la arquitectura gtica de Francia.

La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraos al
arte mismo, se manifiesta all, revelndose en la mole colosal de pura
piedra y madera (sin mrmoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento
austeramente religioso que domin en sus grandes creaciones  los
pueblos artistas de la edad media.

Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores
de las altas ogivas, son de muchsimo mrito, y tanto que pueden
rivalizar con los de Nuestra Seora de Paris. El coro tiene primorosas
esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es
difcil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombro y
solitario.

La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gtico, puro y de la
misma poca  quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todava
de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones
de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo
sern otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza
de esculturas  preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres
naves tambien, cortadas hcia la testera, y su mrito consiste en el
atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes
ogivas. De resto, sus mosicos en vidrio carecen de mrito, y el
conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que
entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda,
negra, sombra como un castillo feudal.

La pequea iglesia de Ainay, antigua abada, llama la atencion de todos
los viajeros, no por el mrito que tenga como obra de arquitectura, sino
porque es una curiosidad histrica muy particular. Algunos pretenden que
fu construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V,
habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una
construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo
de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de
los templos de la edad media.

La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la nica que all se
conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi
tan ancha como larga; tiene bellos mosicos en vidrio y grandes baldosas
que contienen su historia en antiguos caractres  jeroglficos; y es
notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola
pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo
estupendo hallado en las cercanas de Lyon formando una columna romana.

He mencionado ntes el Hotel Dieu, que domina el muelle  parapeto del
Rdano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y
majestad. Citar  prposito el palacio de Justicia, porque mbos
pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se
muestra subyugado por las reglas y la simetra acadmica se ostenta en
lugar de la inspiracion,

El palacio, situado sobre una plaza  la mrgen derecha del Saona y
dndole el frente, tiene una esplndida fachada monumental reposando
sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderas y remata en
veinticuatro grandiosas columnas de rden drico, de piedra pura, que
sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto
y rico salon donde se celebran las sesiones pblicas del tribunal de
_Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran
rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal,
sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mrmoles y jaspes
estn prodigados en el pavimento y los muros para dar  ese templo de
la justicia una majestad imponente.

       *       *       *       *       *

Ademas de los monumentos y objetos pblicos que he mencionado, posee
Lyon muchos otros institutos de distinto rden, que merecen mas  mnos
la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fbrica de cigarros,
el depsito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeo
del bosque de Boloa,--entre los de carcter material; entre los
religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y
entre los que se refieren  la enseanza, la beneficencia y la
tipografa, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una
biblioteca escogida con 110,000 volmenes, una academia y escuela de
bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber,
escuela de artes y oficios, observatorio astronmico, un montepo, cerca
de treinta imprentas, con doce  catorce peridicos permanentes, y otra
multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer
orden.

Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y
hace tan considerable papel en el comercio frances y an del mundo, se
encuentran all consulados de casi todas las naciones, y el movimiento
de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.

El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega  Lyon
con el propsito de ir  maravillarse considerando las grandes fabricas
de donde salen las ricas sederas, y que hacen trabajar  80,000
obreros de uno y otro sexo. Pero cunta es la sorpresa al ver que
semejantes fbricas no existen, y que tan enorme produccion salida de
Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequesimas
empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la
inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecnica!

En efecto, el sistema de la fabricacion de sederas consiste en una
especie de trabajo  _destajo_ mas bien que en esa organizacion del
trabajo en grande escala que las fbricas han establecido en los centros
manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Rdano, el
Saona, etc., por pequeos propietarios independientes, recogida despues
y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fbricas
considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos,  los
tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeas fbricas, y
aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les
procura los telares y aparatos, algunos reciben avances  prstamos para
los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeas fbricas tiene
cinco, diez, veinte, treinta  algunos mas obreros (aunque son raras las
de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe
de este  el otro empresario,  virtud de un convenio libre, las sedas
preparadas, los diseos  modelos para los dibujos, labrados y demas
obras que debe contener una pieza de sedera, y todas las instrucciones
necesarias.

El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirvindose del telar
y los utensilios necesarios, pero hacindolo todo  mano, pues ninguna
mquina podra ejecutar los admirables caprichos de la moda, los
bordados, los dibujos y matices finsimos que las sederas requieren
cuando no son estampadas. De ah proceden la exquisita superioridad y
belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederas de Lyon,
las mejores del mundo en su gnero.

Pero de esa organizacion libre, espontnea y especialsima del trabajo,
resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias econmicas y
morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es
la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fbrica,
no est sujeto  recibir la ley del capitalista. La competencia
sostenida entre ochocientas fbricas pequeas y muchos empresarios que
contratan con ellas, evita los vicios que resultaran de la aglomeracion
de produccion en pocas fbricas de grandes proporciones; conjura los
efectos generales de las quiebras y crsis; da por base al trabajo la
libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.

Vse al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estmulo,
que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su
domicilio, tiene mnos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se
siente con la conciencia de su personalidad independiente, y est 
cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar 
menudo en las grandes fbricas donde trabajan centenares  millares de
obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan  esa feliz
organizacion, pues en casi todas las demas las mquinas desempean
admirablemente la labor del hombre,  los trabajos son esencialmente
colectivos.

       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

EL VALLE DEL RODANO.


Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la
ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

El extenso valle del Rdano, encerrado entre los Alpes  sus
ramificaciones y la cadena de ridas montaas de las Cevenas, es una
region en extremo interesante y hermosa. El Rdano, ya caudaloso, pero
siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la
llanura, sigue la direccion norte-sur de las montaas Cevenas, casi
siempre por el pi de sus rocas  colinas escarpadas y desnudas,
fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte
del Languedoc hasta el Mediterrneo. El ferrocarril de Lyon  Marsella
sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y all se aparta en
direccion al este, para ir  buscar la opulenta Tyro del comercio
frances en el medioda.

Ese giro de la via frrea hace que el viajero tenga un grande interes
durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia
encantadora. A la izquierda  el oriente corren de norte  sur los Alpes
formando tres lneas superpuestas: una en que se destacan entre las
nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga
y casi nebulosa, de montaas gigantescas pero sin puntos culminantes, y
otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y
colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en
las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora
la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Rdano, que se esconde 
veces entre pequeos bosques de sauces silvestres y lamos blancos de
empinadas copas, corre la serrana del Ardeche, triste y estril,
compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en
trecho cortados por algunas abras. All falta toda vegetacion, porque
los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apnas se ven, de
distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos
feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los
abismos, ya algunas pequeas poblaciones trepadas  la falda de los
cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde
ljos cada una un vasto nido de guilas adherido  los picos de las
rocas.

En medio de esas dos formaciones orogrficas de tan distinto aspecto,
demora el opulento valle, cruzado por pequeos afluentes del Rdano,
entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la potica Provenza.
Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una
especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de
moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda,
y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en
calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivsimo
de los almendros  el casi amarillo de los viedos intermediarios que
comienzan  abrir sus primeras hojas. Despues,  medida que uno se aleja
de Lyon, va viendo disminuir el nmero de moreras, progresivamente
reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color,
cuya tinta gris, melanclica en extremo, se destaca como un inmenso y
moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en
medio de las anchas calles de olivos.

Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades
y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos
antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha
significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable
tnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada  la orilla izquierda
del Rdano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al
pi de colinas donde vegetan las vias escalonadas en anfiteatro; y
luego se cruza la llanura que tiene por centro  Valence, ciudad algo
considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart,
Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterrneo en las
cercanas de Marsella.

Donde quiera se encuentran all tesoros de arquitectura, escultura y
pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana,
y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia
meridional para dejar magnficas huellas de su paso. A poca distancia de
la via cerca de Tarascon, subsiste an en Saint-Esprit un famossimo
puente monumental echado por los Romanos sobre el Rdano, que despierta
la admiracion hcia las obras admirables de esa raza de titanes, y que
ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion.

Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de
recuerdos que hacen soar con los hericos tiempos de los trovadores
provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa
y propagadores, de la poesa, la msica, el canto, el sentimiento
caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana.
Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan an magnficas ruinas,
como las del famoso palacio del Papa, que fu su residencia durante el
cisma, no puede uno mnos que recordar  Vaucluse, idear la figura
potica de la ingrata pero pdica Laura, y murmurar alguno de los dulces
 inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor.

Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y herica, al
pensar en el carcter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la
encantadora comarca de la Provenza, que entnces debi ser mucho mas
bella y fecunda en inspiracion. No mnos interesante es Tarascon, donde
se ven runas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo
esplendor. Pero desde all hasta Marsella la via pierde su interes
artstico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hcia el
Sur cruzando el Languedoc, pas semi-frances, semi-romano y espaol. Es
all donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de
Arles, Nmes y Montpellier, esta notabilsima como centro literario y
cientfico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como
verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del
arte plstico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesor en
su marcha sucesiva en el medioda de Francia.

La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y
los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta
Marsella, y el Mediterrneo, penetrando por un pequeo golfo en medio de
las redondas montaas de la costa, sorprende al viajero, ofrecindole en
las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular,
tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pi de los olivos.
La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se
multiplican  uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos
y viedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se
hace sentir; las grandes fbricas  ingenios se destacan lanzando de sus
altas chimeneas columnas de humo negro que van  desvanecerse en las
rocas de las empinadas montaas, y al fin Marsella, la reina del
Mediterrneo, se presenta  los ojos del viajero, irregular, agitada
como una inmensa colonia de actividad cosmopolita.

       *       *       *       *       *

Si la romntica y gentil Venecia, baada en todos sus flancos por las
ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del
Adritico_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno 
una importancia colosal, merece con mayor justicia quizs el nombre
pomposo de _emperatriz del Mediterrneo_. Su admirable situacion, su
fabuloso progreso, su mrito fabril, sus inmensas relaciones
comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material,
su tipo social caracterstico, su pasado y su porvenir, todo concurre 
hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la
perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios,
capital de la extinguida Repblica marsellesa, que Csar no pudo vencer
y conquistar, y que inmortaliz su nombre en la revolucion francesa con
su legion de hroes y el himno admirable que electrizara  la Europa
entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo.

Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tcito llamaba la
Atnas de las Galias (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista
literario), est situada  813 kilmetros de Paris sobre la costa
oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura
del pequeo rio Huveaunne y  algunas leguas al Este de las bocas del
Rdano. Su baha es pequea, pero profunda y capaz de contener grandes
flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y
montaas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco.

Como el Mediterrneo carece casi de flujo y reflujo, la baha, dominada
por rocas estupendas, fortalezas y montaas, est siempre llena, poblada
de centenares y an millares de embarcaciones, que producen no solo un
movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectculo grandioso y
del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se
van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el
sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite
dominar todo el esplndido panorama.

En una de las montaas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el
antiguo fuerte de Nuestra Seora de la Guardia, al lado del cual est la
capilla del mismo nombre, cuya vrgen goza de la mas alta veneracion de
parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje
martimo, los marinos suben en peregrinacion  la capilla para hacer
ofrendas  la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un
voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del
Ocano, es lo que va  cumplir sobre la rida montaa ese sr
indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un
marino.

Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el
hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas
sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espritu
y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se
llama gloria  _amor_, para otros ambicion  interes de fortuna; para
muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al
mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada
por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con
alguna ilusion para alimentar sus ensueos  sus recuerdos en los
desiertos del Ocano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su
creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Seora de la Guardia es el sitio mas encantador que
puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje
complejo cuyo centro es Marsella. Desde all se contempla un panorama
inmenso, en varias direcciones. Al pi, al occidente, demora la ciudad,
donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas
grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magnficos
_pltanos_ orientales, tilos, castaos y otros rboles de gran talla y
tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mrmol  de piedra. Vese
distintamente establecida por el puerto y la esplndida calle
_Canebire_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la
antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnfico
puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en
pequesimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y
horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos
de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con
trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases
inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo
que se llama el barrio de la _Joliette_, y est limitado por los nuevos
puertos y magnficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la
vasta rea del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas
donde se ha trazado el plan de una novsima Marsella que contendr
150,000 habitantes en bellsimas calles. Despues se toca con el
cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se
extienden en direccion al valle del Rdano los admirables campos
poblados de fbricas diversas, quintas bellsimas, huertos, jardines y
plantaciones de olivos, almendros, viedos, moreras, trigales y
hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnfica, se extiende hcia el sur,
hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por
preciosas quntas-palacios  estilo de las _villas_ italianas, donde el
mrmol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hcia
el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pi
de la que sirve de asiento al bellsimo jardin botnico-zoolgico de
aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda
parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas
y las casas muy elevadas: las magnficas arboledas hacen un juego
pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y
fuentes que decoran las mejores plazas  plazuelas. Es all donde est
aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos
almacenes, las bellas tiendas de joyera y modas, los grandes hoteles,
los suntuosos cafs, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el
conjunto gracioso y variadsimo de una gran ciudad meridional, francesa
y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastsimos de mampostera,
se completa el cuadro con la escena martima. Vese la hermosa rada
limitada al occidente por un cordon circular de montaas desnudas y
rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado
literalmente de embarcaciones de todos tamaos (trescientas por lo mnos
de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mstiles, vergas y
banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas 
faluchas con sus cortinajes  toldos de colores vivos coronados de
banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que
pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de
depsito en su vastsima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su
canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus
muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos
muelles no tendrn menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicols_, cierran y
defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques
de vela. Por ltimo, extendiendo la vista, se ve la rada redondendose
para estrecharse  la salida y confundir sus ondas con las del
Mediterrneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la
verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo
de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las
violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de
estado  muchos hombres notables en la historia, y es all donde
Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la
admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Seora
de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa
martima. Al pi la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de
movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar,
inmensa, silenciosa, sombra, solitaria; y al nor-oeste las montaas
vecinas, las campias pintorescas, y  lo ljos las llanuras del Rdano
limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para
encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas
inmenso an para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo
tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse
hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soadora....

Bajemos de la montaa para echar una rpida ojeada sobre el interior de
Marsella. Esta antiqusima ciudad, fundada por los Focios 609 aos
ntes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago,
ha ido siempre en prosperidad,  pesar de los grandes desastres que la
han puesto  prueba en varias pocas. Su poblacion aumenta hoy de un
modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apnas 160,000 habitantes, y
hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido
verificarse sino  virtud de estupendos trabajos de mina y nivelacin
que, extendiendo mucho el rea, han permitido emprender nuevas
construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad
martima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ntes
de veinte aos quizas tendr 600,000 almas y figurar como la quinta 
sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y
de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de
Francia en el Mediterrneo, ha crecido  virtud del establecimiento de
los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre
la metrpoli y la Francia africana. Pero todava tiene un porvenir mas
grandioso, que le estn preparando en Asia y en Colombia y Oceana los
canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes
vias de comunicacion estn abiertas al comercio del mundo, Marsella
centralizar en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme
movimiento cosmopolita que se producir. El Oriente ser en cierto modo
trasladado  las costas del Mediterrneo, y Marsella ser un opulento
santuario donde se confundirn por el cambio Europa y Asia, Africa y
Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastsimo
para dar salida  los productos del suelo frances y de una parte de la
Suiza, y entrada  los valores que proceden del Asia, de todo el
Mediterrneo y de Africa, Amrica y Colombia,--el importe de su
fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy
valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su
seno agitado da cabida tambien  los monumentos que atestiguan el
progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene
valor ninguno artstico ni brilla mucho en el campo de la literatura 
de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de
instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el
pequeo y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la
Biblioteca, que cuenta 60,000 volmenes y 1,300 manuscritos
interesantes; el Museo de pinturas, de antigedades y de historia
natural; tres  cuatro teatros siempre en actividad; academias
cientficas; ocho  diez peridicos permanentes, muchas tipografas y
varias escuelas de mrito, entre las cuales es muy superior la de
nutica.

Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien
servidos, y numerosos establecimientos de crdito.

Abunda en esplndidos cafs de mucho lujo y elegancia, aunque en lo
general frecuentados por gentes de mala sociedad, y en ricos y
espaciosos hoteles que nada tienen que envidiar  los mejores de las
grandes capitales. El edificio de la Bolsa y el del _Htel de Ville_,
que estn casi terminados, sern hermosos monumentos. Los paseos
pblicos son muy bellos, sobre todo el del _Prado_ y el que domina el
mar por el lado meridional; y hay en el centro de la ciudad hermosas
plazas sombreadas, muy adecuadas  un pas donde la tierra parece
calcinada por el sol.

Como centro industrial  fabril, Marsella merece mucho interes, aun
prescindiendo de su valiosa produccion en buques, cordajes, velmenes y
todo lo que se refiere  la marina. Posee en sus cercanas abundantes
salinas, y tiene una gran fbrica de cigarros por cuenta del Estado. Sus
principales fbricas de particulares, de enorme produccion permanente,
son: de jabones, pomadas, aguas de olores, bujas y muchos otros
productos qumicos, en grandsima escala; de destilacion de aceites de
todas clases y licores finos y aguardientes, y de preparacion de pastas
y frutos alimenticos, por valores muy considerables; cinco refineras de
azcar, que producen cada una 58,000 kilgramos diarios sin satisfacer 
los pedidos; extensas fbricas de instrumentos de ciruja, ptica, etc.,
y de mquinas de ingenios, destilacion de aceites y licores y trabajos
domsticos y de agricultura; fbricas de papel continuo y  mano, de
todas clases, y grandes teneras que producen excelentes tafiletes y
toda especie de cueros curtidos.

Como se ve, Marsella tiene una vasta y muy interesante produccion
propia. A ella se agrega su exportacion de los vinos finos de la comarca
de Tolon y de los ordinarios de Languedoc, como tambien de aceites
indgenas y frutas conservadas, sin contar las grandes exportaciones
procedentes del interior de Francia.

El vastsimo comercio de Marsella, alimentado por el mundo entero,
abraza todos los artculos que la industria exterior puede producir;
pero hay algunos que merecen mencion especial, porque constituyen por su
naturaleza y su enorme valor total la base principal del trfico
alimentado por tantos millares de fragatas, bergantines, barcas y
vapores que de todos los puntos del globo van  ofrecer su carga sobre
los muelles de Marsella.

Esta ciudad recibe especialmente: de Rusia trigos y camo; de Espaa
vinos generosos, y aceite para purificarlo; de todas las costas de
Turqua, Egipto y el resto de Africa, granos oleaginosos, esencias,
especera y cereales; de Colombia y las colonias francesas y asiticas,
azcar, maderas de tinte y ebanistera, pieles de todo gnero, caf,
cacao, caucho, plantas medicinales y aromticas, tintes finos y
minerales. Marsella es, pues, apesar de las instituciones fiscales de
Francia, ntes hostiles al comercio extranjero, uno de los mas grandes y
seguros mercados con que puede contar en Europa el Nuevo Mundo, en
cuanto  exportaciones; y es al mismo tiempo un centro importantsimo
para proveerse de ciertos artculos europeos que tienen gran consumo en
Colombia.

Si del examen puramente econmico se pasa al estudio de la fisonoma
social de Marsella, no se la encontrar mnos interesante,  por lo
mnos curiosa. All parece haber una Francia distinta de la del
interior,  algo que no pertenece  Francia. Las montaas estriles y
tristes; la reverberacion de un mar que se agita bajo el soplo de los
vientos quemadores del Africa; el esplendor del cielo, azul y
trasparente; la naturaleza semi-oriental de la vegetacion; el tipo
vigoroso de las fisonomas algo retostadas; el lenguaje, el acento, las
ideas populares, las costumbres y los usos,--todo establece all una
distincion profunda, haciendo del Marselles una especie de Fenicio  de
Italiano, un sr que mira hcia el Oriente y el Africa; voluptuoso,
altivo, independiente y que mira con antipata lo que viene de las
comarcas setentrionales. Al observar las fisionomas marsellesas, el
viajero no puede mnos que advertir que en las arterias de este pueblo
hay mucha sangre africana.

Si bien es cierto que todos los Marselleses entienden y hablan
pasablemente el frances, solo la parte superior de la sociedad lo habla
bien y con frecuencia. En general el lenguaje es all un _patu_ de
sonidos vigorosos, spero, y en extremo acentuado, muy expansivo y
libre, y en muchas palabras duro hasta lastimar los tmpanos. Algunas de
sus frases, entre las pocas que pude entender, me parecieron de una
energa enteramente oriental y de una singular sencillez. El pueblo
marselles es muy altivo y orgulloso; se cree superior  todo el mundo,
haciendo mucho alarde de los primores de Marsella, y tiene un desprecio
profundo por los Parisienses y an por los de Lyon: no ha mucho los
llamaba todava _brbaros_.

Y cosa rara en ese pas del sol, del mar, de las montaas y del
magnfico cielo!--ese pueblo no manifiesta, como era de esperar, el
sentimiento artstico. As, viste con extravagancia, combinando los
colores mas chillones; no cultiva la msica, ni la poesa, ni la danza,
ni el canto en el grado que debiera, segun el clima, el paisaje y las
costumbres martimas; se acomoda al desaseo con increible indiferencia,
y el hogar domstico y la construccion de las casas manifiestan que
carece de gusto por lo bello, elegante y gracioso.

Es curioso ver en los puertos y las plazas y callejuelas de la antigua
Marsella, la poblacion que se agita bajo los rayos de un sol ardiente,
huyendo casi siempre de la sombra. Ora llaman la atencion los
variadsimos tipos de marineros, cuya fisonoma curtida, spera y
angulosa manifiesta la influencia de las brisas y las fatigas del mar;
ora tropieza con el negociante cosmopolita  comisionista, tipo flotante
que revela en sus rasgos el hbito de acomodarse  todo y el instinto de
la especulacion, y en su lenguaje, su porte y su marcha la indiferencia
por todo lo que significa un goce social, el desprecio por las frmulas,
el abandono personal y la priesa de hacer las cosas en el menor tiempo
posible. Ya se da con el _turista_  viajero elegante (casi siempre
ingls), pulcro y acicalado, que se pasea negligentemente, observando
con nimia escrupulosidad hasta los menores detalles; ya con el rico
ciudadano marselles, trmino medio entre el parisiense y el
comisionista, que pasea las aceras de las calles y plazas, con las manos
en los bolsillos, fumando un suculento habano, en busca de noticias  de
especulaciones en grande. Y luego, tan presto se da con el obrero sucio
y fatigado, sudando y riendo, alegre, alborotador y pendenciero, que
tira de una carreta  dirige las mulas de un carro de mercancas, como
se encuentra un enjambre de _grisetas_ advenedizas, corredoras de
aventuras que vienen del interior  buscar el rico botin de la
corrupcion en los grandes puertos;  se tropieza con grupos de
vivanderas que hacen una infernal algazara, mujeres flacas, morenas, de
ojos ardientes, de cara angulosa y lneas fuertemente pronunciadas;
vestidas con enaguas  trajes de colores vivos, paolones rojos 
amarillos, un pauelo atado  la cabeza, en forma de turbante  suelto
por detras, medias de algodon y alpargatas  viejos zapatos de cuero
tosco, y llevando cada una un enorme cesto de frutas  legumbres,  una
carreta de mano, para ofrecer el artculo con gritos incesantes y
chillidos agudos que penetran el cerebro.

En Marsella, como en Lyon, es ya muy notable la multitud de mendigos y
el hbito de mendigar importunando, que caracteriza en Europa  todas
las poblaciones meridionales. Mucho se habla de los mendigos que pueblan
las calles y los caminos en Italia y Espaa, pero los viajeros ingleses
y franceses se olvidan de la mendicidad en Inglaterra y Francia. En
ninguna parte he visto mendigos tan horribles y repelentes como en
Inglaterra; pero es justo hacer una distincion: en Inglaterra el
mendigo pide sin hablar, extendiendo la mano, y guarda silencio y se
retira cuando no le dan. En el norte de Francia, y en Paris sobre todo,
el mendigo es una especie de artista harapiento: pide su limosna con
organito, clarinete, flauta  acordion, y el que pasa le da si quiere,
sin necesidad de plegaria. Pero en el sur de Francia, como en Italia y
Espaa, se pide la limosna peor que con _escopeta_; es una operacion en
cuatro actos,  cual mas terribles: embestida brusca, horrible clamoreo,
sitio rigoroso y persecucion hasta hacer sucumbir al pasajero. Aconsejo
al que viaje por el sur de Europa que lleve siempre los bolsillos llenos
de monedas de cobre, y al ver que le ataca la temible falange, que
arroje al suelo una puada y eche  correr, sin parar hasta la primera
casa donde sea posible poner puerta de por medio.

El 29 de marzo pasaba yo por delante de los tres fuertes de la
_Cuarentena_, que dominan la entrada de la rada,  bordo del vapor
_Madrid_, con direccion  Barcelona, como punto de partida en mi
peregrinacion por la pennsula espaola. El mar estaba agitadsimo, y al
surcar las encrespadas y menudas ondas del Mediterrneo, veia con
indefinible encanto el admirable panorama de Marsella, iluminado por un
sol magnfico y encuadrado entre un cerco de montaas de una aspereza
melanclica, pero de un efecto superior sobre el fondo azul del cielo.
Poco  poco las formas desaparecieron, todo se convirti en una inmensa
sombra vaga y lejana, y al fin perd de vista la estrecha faja de la
costa marsellesa. La Francia quedaba atras: iba  comenzar, al dia
siguiente, la hermosa tierra espaola, el pas de mis antepasados que
visitaba por primera vez. Cuntos tesoros no debia encontrar como
elementos complejos de contemplacion deliciosa, de gratos recuerdos y de
observacion y estudio!

       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

CATALUA.


Orografa de Espaa.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de
Catalua.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros.
--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo ingls.

Las cuatro cadenas de montaas paralelas que cortan el interior del
territorio espaol, de oriente  poniente, formando cuatro grandes hoyas
bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de
ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales,
que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon
de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_
de las montaas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion
casi opuesta (al sud-este) separa  la _Vieja Castilla_ del pas
_Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanas de Sigenza,
despues de formar una cuenca  semicrculo, y se abre all en dos
ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hcia
Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las
dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue
al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva
Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volvindose
otra vez hcia el occidente, repite su dislocacion en el vrtice de la
provincia de _Cuenca_, y contina reproducindose en cadenas de
montaas.

En ese vrtice, el sistema orogrfico espaol, copindose  s mismo,
lanza una alta cadena al occidente, paralela  la de Guadarrama,
determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con
el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la
_Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serrana, formando  su turno otro
arco, siempre convergente hcia el poniente, y reproducindose en un
crculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca,
con el valle martimo de _Valencia_, y vuelve  bifurcarse en las
cercanas de _Alcaraz_. De all parte una serrana paralela  las
anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies
manchegas y estremeas, de la _Andaluca_; en tanto que la serrana
reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para
determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa
_Sierra Nevada_, que corta de oriente  poniente la Andaluca, creando
una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterrneo,
despues de haber separado en su lnea trasversal  la misma Andaluca
del reino antiguo de _Murcia_.

As, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hcia la costa
del golfo de Lyon, y reproducindose en una serie admirable de
bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_,
entre Cdiz y Marbella, despues de haber surcado toda la pennsula y
determinado un vastsimo sistema de valles escalonados y centenares de
rios y riachuelos.

En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranas de
reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso
valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vrtice  la
provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del
Mediterrneo, en una extension de 37 mirimetros, desde la frontera de
Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior
de ese magnfico valle corresponde al pas vasco y la Navarra; la parte
media al antiguo reino de Aragon, y la baja  costanera (aunque tocando
 las montaas) es la que se llama _Catalua._

Tal era el pas por donde yo comenzaba mi excursion en Espaa,--la libre
y activa Catalua,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo
de 1859, desde el puente del vapor Madrid.

Un magnfico sol de primavera, que preludiaba los alegres esplendores
del mes de abril, poblaba de encantadores reflejos las ondas del
Mediterrneo que sacudian sus blancas escamas contra los peascos y las
playas de la costa, suavemente ondulosa. La faja de la tierra se
extendia claramente  la vista, con un cerco de barcos pescadores
desplegando al viento sus sencillas velas; y en la orilla se destacaban
sucesivamente, como nidos de gaviotas, las alegres poblaciones vecinas 
Barcelona, contando desde Badalona y Masnou hasta la activa Matar y
Arenys de Mar.

Al llegar casi al puerto de Barcelona sent prolongarse en los aires un
silbido agudo que me llen de placer. Era el aliento de una locomotiva,
en uno de los ferrocarriles catalanes. La tierra enviaba como el mar su
grito civilizador, saludando la locomotiva de la estacion  la que
llegaba dominando las ondas. Aquel era un excelente augurio que revelaba
este hecho: Catalua es un pas de actividad y civilizacion.

Si Barcelona es una plaza fuerte  ciudad fortificada, este carcter, ya
casi puramente histrico, desaparece ante las condiciones econmicas que
le dan su tipo especial. Plaza esencialmente fabril y comercial, es no
solo el gran centro econmico del vasto valle del Ebro, sino la primera
ciudad mercantil de Espaa y una de las mas importantes del
Mediterrneo. Barcelona es la Marsella de Espaa.

Al llegar al puerto, que es topogrficamente malo, se comprende todo lo
que ha influido la actividad industrial de los Catalanes para darle una
importancia  que la naturaleza no lo llamaba. En lo general Espaa no
ha sido inteligente en la eleccion de sus puertos del Mediterrneo,
puesto que en vez de aprovechar sus bahas y mejores ensenadas 
pequeos golfos, ha situado sus mejores plazas mercantiles, con raras
excepciones, en puntos donde las flotas mercantes  de guerra no pueden
encontrar el abrigo suficiente. As, en Barcelona y Tarragona, en el
Grao de Valencia y en Mlaga, es el poder de la hidrulica el que ha
logrado ofrecer algunas ventajas  la navegacion y el comercio, creando
verdaderos puertos artificiales.

El viajero que llega preocupado con noticias falsas respecto de Espaa,
suponiendo que toda ella es un pas uniforme en su civilizacion,
encuentra un magnfico desengao al llegar a Barcelona, ciudad que tiene
la fisonoma de una colonia fundada por Fenicios y conservada por
Ingleses y Franceses. Todo tiene all el tipo de lo extranjero, del
cosmopolitismo y de la vida independiente de la influencia puramente
espaola.

El puerto, resultado de grandes pero incompletos trabajos hidrulicos,
que avanzan hcia el mar por un lado, es una bolsa irregular, de unos
1,500 metros de desarrollo. Al entrar, se ve  la derecha la nueva y
simtrica poblacion de _Barceloneta_, especie de ciudadela mercantil,
que tiene en avanzada el muelle de descarga, el faro y la primera
estacion de ese cuartel de fiscalizacion egoista que se llama _Aduana_.
En el fondo y hcia la izquierda estn: la puerta principal, que da
sobre la hermosa plaza de Palacio, la Aduana, el palacio de las Bellas
Artes y la Bolsa; y luego se destaca la colosal muralla hcia el sur,
sirviendo de base  un vasto parapeto, dominado par una larga fila de
casas esplndidas, elevadas, pintorescas, que tienen el aire de palacios
de la clase media. Despues, la curba se prolonga como queriendo cerrar
el puerto, y su costa est dominada por una alta colina que sirve de
asiento al fuerte de _Monju_, centinela puesto all por el genio de la
guerra y de la desconfianza, como ua amenaza secular para el comercio,
que es el genio de la paz y la prosperidad.

Catalua es un pas que no puede ser descrito sino con grandes rasgos,
porque es un pas de carcter cosmopolita, donde los pormenores
desaparecen ante el interes del conjunto. Si al penetrar con el lector
en las demas provincias espaolas me detendr mucho en pormenores,
porque ellos son todo en la region goda, andaluza y vascongada,--al
indicar mis impresiones recogidas en Catalua tengo que reducirme  la
fisonoma general del pais, que revela todas las condiciones.

Catalua, comprendida entre los Pirineos, el Aragon, la provincia de
Castellon y el Mediterrneo, ocupa una dcima quinta parte del
territorio espaol y tiene una poblacion total de 1,700,000 almas, es
decir, la novena parte de la poblacion espaola en Europa. Esa
desproporcion nomas indica el mayor grado de actividad de Catalua, por
una mas fuerte condensacion de habitantes, lo que determina un mayor
cultivo de la tierra y mas industria, comercio y cultura social.

La sola ciudad de Barcelona tiene 190,000, si no 200,000 habitantes, y
se cuentan en Catalua otras ciudades bien considerables, como Reus,
Tarragona y Lrida, y algunas que no bajan de 14,000 almas; pero en lo
general la poblacion catalana est repartida en los campos y una
multitud de pequeos centros fabriles muy interesantes. La propiedad
territorial, por otra parte, est muy repartida; la navegacion absorbe
la actividad de una fuerte parte de la poblacion, naturalmente
independiente; y siendo tan esencialmente fabricante el pais, sus masas
de obreros en las poblaciones son de mucha consideracion. Todos estos
hechos son de la mayor importancia para poder apreciar las condiciones
sociales de Catalua.

La naturaleza, como en todas partes, ha determinado todos los fenmenos
caractersticos del pas catalan. Un territorio frtil, de clima muy
sano y en su mayor parte llano, se extiende all, surcado por un rio
bastante considerable (el Ebro) y otros muchos no navegables pero
excelentes para la irrigacion de los campos y la propulsion de las
fbricas. En todas direcciones, mnos al oriente, ese rico pas se
encuentra rodeado por montaas que lo incomunican mas  mnos con el
resto de Espaa (excepto Aragon) y con Francia. La naturaleza, pues,
invitaba  los Catalanes  buscar la costa martima para ponerse en
relacion con el mundo. Teniendo  la mano los puertos, los Catalanes
hallaban la mas vasta via para su expansion social  sus cambios. Su
rico suelo los ha hecho agricultores; sus montaas, como barreras de
defensa, los han hecho indomables y altivos; la igualdad del terreno les
ha permitido las mas fciles comunicaciones, y la extensa lnea de costa
con numerosos puertos los ha convidado  la fabricacion y la actividad
del comercio.

Al mismo tiempo, esa posicion geogrfica les preparaba sus condiciones
etnolgicas. Teniendo por vecina  Francia, en frente  Italia y  su
disposicion todo el Mediterrneo, sus costas han estado abiertas  todas
las invasiones. Primero les dieron una forma los Fenicios, despues los
Cartagineses. Mas tarde los Romanos les imprimieron su sello, dominando
en Catalua mas que en ninguna otra comarca de la Iberia. Por ltimo,
las invasiones sucesivas de Galos y Francos, y la dominacion que en
diversas pocas han ejercido all, despues de los Godos, los Sarracenos,
los Franceses, los Aragoneses, los Napolitanos y an los Ingleses, han
trastornado de tal manera el tipo primitivo, que al cabo Catalua, como
el reflejo de las mas diversas razas, ha quedado en una situacion
peculiar de fusion y de poligensis. Tal es su tipo esencial, que se
revela en las costumbres, la lengua, la raza, la industria y an las
instituciones locales.

Donde quiera, en Catalua, la raza tiene en su tipo, su lengua y sus
hbitos las cualidades y los defectos de toda sociedad mezclada,
pronuncindose con rara energa. La mujer tiene all formas varoniles,
careciendo en lo general de esa suavidad, esa morbidez y gentileza que
acompaan donde quiera, en mayor  menor grado, al sr femenino. Las
hermosuras que all se encuentran son altivas y de una expresion rgida
y resuelta.

El hombre tiene por lo comun la tez morena, el ojo vivo y penetrante,
las facciones angulosas, las lneas fuertemente marcadas, el cabello
negro, laso y abundante, la voz ruidosa y libre. Las organizaciones
tienen el sello de la fuerza y del trabajo: robustas y vigorosas, pero
sin elegancia ni pulimento. Es que en aquella sociedad la conciencia de
lo _til_ ha predominado sobre las nociones del espiritualismo y del
arte.

La lengua, como la raza y la historia, es un compuesto. Y digo la
_lengua_, porque el catalan no es un dialecto, sino un idioma completo,
que tiene su gramtica propia y su literatura. Al escuchar atentamente
una conversacion animada en catalan, se cree asistir  un dilogo de
hombres de todas las naciones. Tan presto se percibe la dulcsima
palabra italiana, como la voz francesa, fuertemente acentuada y
convertida en un sonido spero; ya se siente el eco lleno y sonoro de la
palabra espaola, ampulosa por su abundancia de vocales, como la
acentuacion aguda y el esfuerzo gutural de la _j_ que distinguen  la
potica lengua de los rabes. As, el catalan es simultneamente
fenicio, italiano, godo, rabe y frances; pero en su tipo predominan los
elementos italiano y frances.

Y en efecto, el Catalan, cosmopolita y negociante por excelencia, tiene
en alto grado la ardenta impresionable del Italiano, as como la chispa
burlona y el espritu especulador del Frances.

Los rasgos mas caractersticos del Catalan, que tiene bellsimas
cualidades, son: la franqueza sin petulancia, la independencia, la
severidad en el cumplimiento de un compromiso, y el sentimiento ntimo
de la igualdad y la personalidad. Si un Catalan os necesita, llega al
crculo en que os hallais, se mezcla sin ceremonia, os dice lo que le
interesa, y se retira sin hacerle cumplidos  nadie. Y no por eso es
grosero  descortes, pues cuando no se trata de negocios se muestra
cordial, expansivo y locuaz. Si vais  su casa, le hallareis
hospitalario, generoso y fino, con tal que lo merezcais.

Con excepcion de los asuntos que exigen absolutamente escritura para su
validez, el Catalan hace sus negocios de palabra, y un asentimiento
cualquiera vale mas que el mejor documento. Varias veces v en la Bolsa
hacerse muy fuertes transacciones, sin la intervencion de agentes de
cambio y sin buscar testigos esprofeso. Un dia que recorria yo, como
observador, el vasto salon de la Bolsa de Barcelona, en el palacio de
las Artes, me detuve delante de dos fuertes especuladores que hablaban
as:

--Tiene U. renta del tres?

--Tengo unos treinta mil duros.--A cmo?

--Al precio cotizado ayer.

--Rebajara U. diez cntimos?

--Si no es  plazo s,

--Podra U. conseguirme diez mil duros mas?

--S.

--Otros cinco mil?

--S.

--_Dicho._

Los dos negociantes, sin mas conversacion, se separaron, despues de
apretarse la mano. Al dia siguiente supe, porque el asunto me habia
interesado mucho, que el negociante interrogado habia ido,  las diez de
la maana,  casa del otro  entregarle cuarenta y cinco mil duros en
renta del _tres_, y recibir el dinero en billetes de banco. El vendedor
habia perdido mil duros para poder conseguir los quince mil prometidos
de mas que no tenia en caja. Sin eso, habra quedado deshonrado y
perdido ante el comercio de Barcelona. La sola palabra _dicho_,
pronunciada despues de una conversacion clara, cierra un contrato y lo
hace obligatorio.

Si un negociante que acaba de hacer un cobro se apercibe ntes de las
veinticuatro horas de que ha recibido algo de menos, por equivocacion,
va donde el pagador, reclama, y sin mas prueba que su palabra (si es
hombre conocido), recibe el dficit. Como todo se puede verificar luego,
no se piensa jamas que un negociante conocido pueda faltar  la verdad
ni cometer un fraude. Un pueblo donde la palabra tiene tan alto valor,
es evidentemente un pueblo honrado y activo.

       *       *       *       *       *

El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de
los Espaoles, ha creado all un pueblo distinto del ibero en todas sus
condiciones y especialsimo. Catalua no se parece sino  Catalua. El
espritu de independencia, desarrollado por los hbitos martimos y
comerciales, ha hecho calificar  los Catalanes de revoltosos 
ingobernables, y especialmente  su poblacion montaesa de _terrible_.

Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido
oprimir  los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su
lengua, sus costumbres y prosperidad. El montaes de Catalua, el
valeroso habitante de _Puigcerd_, no es el hombre feroz que se supone.
Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se
le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que pas queda
libre de enemigos. El guerrillero catalan fu el mas tremendo enemigo de
Napoleon, y ser en todo tiempo una garanta para la independencia
espaola.

Tan cierto es que los Catalanes son opuestos  la guerra y tienen un
profundo espritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion
de las fortificaciones,  fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando
su defensa  los intereses mas bien que  los caones de las gruesas
murallas. Apnas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas
fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se
mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos aos Barcelona
ser una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes.

No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que
el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y
el respeto que all se tiene por la industria. La muestra de su tienda 
su taller es un verdadero blason para el artesano  el tratante. El
hombre mas noble en Catalua, es el que trabaja con mas teson,
inteligencia y probidad. All no hay mas aristocracia que la del
trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan
con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales.

Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es
mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en
su escritorio y el batelero en su lancha. De ah viene cierta dignidad
altiva sin grosera, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa
al Catalan  todos los gneros de trabajo imaginables y puros, pero que
le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles,
como la del rufian  el trapacero. All todo el mundo est ocupado en
producir algo.

Si el batelero es por lo comun spero y soez, como en todas partes, el
artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar  Barcelona se
siente una penossima impresion, causada por los muchos mendigos que
rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareci muy extraa
en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que all hay
excelentes institutos de caridad para recoger  los mendigos, cuidarles
y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde
lejanas poblaciones del interior  explotar  los extranjeros; pero
huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer
luego en bandas errantes. Los mendigos son en Espaa el rastro viviente
que han dejado los conventos y las instituciones viciosas.

Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el
progreso moral: un alto espritu de asociacion, y el puntillo de la
imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes
cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Catalua  virtud de la
asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias,
los ferrocarriles, los bancos, las grandes fbricas, los institutos
numerosos de crdito, los teatros, los casinos, los cafs y hasta los
bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna
ingerencia ni garanta de la autoridad.

De ese espritu de sociabilidad resultan muy buenos efectos. Todo el
mundo se interesa en las empresas, todo anda bien y apriesa, nada decae,
y los monumentos de recreo, como los teatros, casinos, etc., estn
siempre en auje, aunque muchas veces sin producir utilidades. Como todos
son accionistas en los teatros, todos concurren, y Barcelona tiene
siempre excelentes artistas.

Los pueblos catalanes son los primeros de Espaa que han establecido el
alumbrado de gas, ferrocarriles, compaas de crdito y aseguros,
irrigaciones inteligentes y cuantas cosas distinguen la civilizacion
avanzada de Inglaterra y Francia. Todo progreso tiene inmediata acogida
entre los Catalanes; y, lo que es mas notable aun, sus progresos  sus
obras son el resultado de sus propios esfuerzos y recursos. Sus
ferrocarriles (que son ya numerosos) son _catalanas_ casi en la absoluta
acepcion de la palabra. En Catalua hasta los pueblos de tres mil
habitantes tienen su alumbrado de gas, y el vapor ruge en todas partes
como el motor de los grandes trabajos de fabricacion. Aparte de sus
carreteras excelentes, sus ferrocarriles, sus muchas lneas de
diligencias y sus centenares de buques de vela, los Catalanes tienen un
buen servicio de vapores para la navegacion internacional y costanera.
Por eso sus puertos estn siempre llenos de buques que alimentan
poderosamente la actividad del pais.

El pas catalan es sumamente agrcola, haciendo fuertes exportaciones en
vinos, aceites, frutas y otros muchos artculos. Es tambien comercial
por excelencia. Pero lo que le imprime su sello mas caracterstico es la
industria fabril, que asemeja la Catalua  una comarca inglesa. No hay
gnero de fabricacion que all no tenga acogida, siendo los mas
importantes los tejidos de algodon, lana, seda y lino en grande escala,
y la fabricacion de papel de lino.

Prescindiendo de las importantes ciudades de Tarragona y Reus, de que
luego hablar, y de las de Lrida y Gerona, que no tienen carcter
industrial, las poblaciones mas importantes de Catalua son fabricantes
por excelencia. Despues de Barcelona, cuya produccion es muy fuerte y en
cuyo seno se centraliza todo el movimiento, merecen especial mencion las
siguientes:

_Matar_, puerto de mar, con una extensa fabricacion variada y 17,000
almas.

_Manresa_, con 15,300.

_Sabadell_, con 14,000 y una fabricacion muy fuerte y avanzada.

_Vich_, con 14,000, importante tambien como centro agrcola.

_Badalona_, puerto vecino de Barcelona, con 10,500 almas.

_San Andres de Palomar_, con 10,000 habitantes.

_Tarrasa_, con 9,000, famosa por sus paos superiores. _Clot_, con
7,000 almas.

_Arenys de Mar_, con 5,000, notable tambien por sus tres excelentes
astilleros.

Catalua, por la naturaleza de sus producciones, tiene activas
relaciones con todos los mercados del mundo. Aunque comienza  explotar
activamente sus turberas y minas de carbon, recibe de Inglaterra una
enorme suma de valores en hulla, para alimentar sus fbricas,
ferrocarriles y vapores. Los aceites catalanes van  ser purificados en
Francia,  al consumo general del mundo, como sus populares y baratos
vinos. Sus tejidos abastecen no solo al pais, sino  algunos pueblos del
Nuevo Mundo,  donde va tambien su papel florete tan estimado por los
abogados y notarios y los gobiernos que adoran el papel sellado. El
Nuevo Mundo le envia  Catalua sus algodones; Italia, Valencia y otros
paises sus sedas, camos, etc.

El Catalan, aunque ama su pais, es esencialmente viajero. No hay un pas
civilizado, en mbos continentes, donde no se vea la tienda del
laborioso Catalan, repleta de los mas variados artculos espaoles. El
habitante de Catalua considera su pas como una nacion. Jamas dice:
_soy Espaol_, sino: _soy Catalan_. Si las clases mejor educadas de la
sociedad hablan bien el espaol, cuando les es preciso, la multitud lo
conoce mal, y en muchos pueblos lo ignora absolutamente y habla solo el
catalan, idioma que abunda en consonantes fuertes y sobre todo en
sonidos agudos.

Tal es Catalua, segun he podido comprenderla con un rapidsimo estudio.
Si mis impresiones son equivocadas, al mnos tienen la cualidad de ser
sinceras.

       *       *       *       *       *

La interesante y bella Barcelona est dividida en sus dos partes,
antigua y moderna, por su esplndida calle de la _Rambla_ (que es
tambien un paseo), donde se encuentran los dos grandes teatros, algunos
suntuosos casinos, los mejores hoteles y cafs y los despachos de muchas
diligencias diarias. Al norte est la ciudad antigua, aunque muy
embellecida y renovada; al sur la nueva, con su hermoso paseo del
_Prado_. En los trminos de la ciudad estn: de un lado, cerca de
Barceloneta, la magnfica _plaza de Toros_ (monumento indispensable en
toda ciudad espaola), y entre ella y la ciudad dos de las estaciones de
ferrocarriles. Del otro lado, al poniente, hcia la llanura, parten los
otros dos ferrocarriles.

Barcelona, pues, est ligada  los pueblos interiores y de la costa por
cuatro ferrocarriles, y no muy tarde habr terminado los que conducen 
Madrid, por Lrida y Zaragoza,  Valencia  el sur, por Tarragona, y 
Francia, por Gerona.

Barcelona es interesante bajo todos aspectos, porque ha querido
conciliar la actividad econmica con los goces refinados de la
civilizacion. Hablar primero de los monumentos que visit rpidamente,
y luego de los rasgos de costumbres que pude percibir.

Barcelona es una ciudad antiqusima, en cuyos monumentos han dejado sus
huellas, mas  mnos marcadas, las dominaciones diferentes. Sobre todo,
el arte romano y el gtico levantaron memorias de piedra que el tiempo
ha respetado. En general las casas tienen una planta slida, elegante y
levantada, y hoy se hacen innumerables construcciones muy bellas, en las
cuales predomina siempre el estilo frances, realzado por lo pintoresco
de los verdes  azules balconcillos del gusto espaol moderno.

Entre los monumentos profanos se distinguen, por su forma  por la
importancia de lo que contienen: el Palacio de las Artes, hermoso
edificio de estilo del Renacimiento, que es al mismo tiempo Museo y
Bolsa; el famoso archivo _Real_, de la corona de Aragon, el mas precioso
de Europa en su gnero; la Biblioteca principal, muy considerable y bien
mantenida (aparte de otras tres y varios archivos); la Aduana, edificio
de grandes y bellas proporciones; y los teatros _Principal_ y del
_Liceo_ (hay otros subalternos), que son de los mejores en Espaa. El
del Liceo es considerado como el mas grande de Europa, y es de una
sencillez elegante, pudiendo contener hasta 4,800 personas; pero su
enormidad misma y algunos defectos de acstica lo hacen inadecuado para
todo lo que no es pera ruidosa.

Barcelona tiene ademas hermosos paseos, algunos jardines pblicos, un
colegio-hospicio de sordo-mudos, y una multitud de establecimientos de
enseanza y beneficencia, de muy variados objetos, que le hacen alto
honor  la capital de Catalua. Como edificio histrico y curioso, es de
citarse el antiguo palacio de los reyes de Aragon.

Merecen particular atencion, entre los muchos monumentos religiosos (que
no tienen gran mrito artstico), la catedral y las iglesias de San
Jaime y San Miguel. La catedral, de estilo gtico del siglo XII, aunque
carece de atrevimiento en sus tres naves, tiene una majestad imponente
por su interior de sombra severidad. Al hallarse en medio de sus
veinticuatro enormes columnas y delante de su coro de severas y ricas
esculturas de madera, que se destaca en la sombra de los altos muros
tristes y desnudos, se cree uno como encerrado en una catacumba con las
osamentas de la edad media. Si el hermoso claustro, descubierto  la
intemperie, llama con justicia la atencion, lo mas interesante del
monumento son sus torres colosales asombrosamente suspendidas como en el
aire sobre el arco gigantesco de la testera del templo. Esa construccion
caprichosa en apariencia, pero que tiene su filosofa religiosa, es la
mas atrevida que he encontrado en toda la arquitectura gtica de Espaa.

La pequea iglesia  capilla de _San Miguel_ no es curiosa sino por su
antigedad y su tipo especial. Es una _cripta_ romana, profunda en el
centro, sombra como un refugio de proscritos y que est revelando la
infancia del arte cristiano. Al penetrar all no puede uno mnos que
evocar todos los recuerdos de los mrtires del cristianismo naciente.
Hay all algo que guarda las tradiciones de la abnegacion y del heroismo
resignado del creyente.

Para tener una idea de las costumbres catalanas, basta echarse  pasear,
con el ojo alerta y el humor alegre, por la calle mercantil de _Fernando
stimo,_  la ancha alameda de la _Rambla_, orillada por hoteles y
cafs. Una inmensa multitud circula por all, sea matando el tiempo,
sea buscando los negocios  algo que si es _negocio_ no est esento de
ser pecaminoso.

Las Francesas pululan, ligeras y provocadoras, arrastrando las anchas
colas de sus trajes, y distinguindose perfectamente de las Catalanas y
Espaolas. Mientras que la Francesa aventurera hace conocer su artificio
y esconde bajo la gorra su cabeza de cabellos pobres, la Espaola
ostenta con garbo su rica mantilla, bate con maestra singular el
inolvidable abanico, marcha con gracia y donaire pero sin esforzarse en
la coqueteria, y arrebata con su tez suavemente morena, sus grandes y
negros ojos, su rica dentadura y su ampulosa cabellera recogida en un
elegante peinado  en hermosas trenzas. Ella desdea la prudente gorra,
teniendo su soberbia cabeza, y la cubre apnas con un pauelo (si es de
noche) atado por debajo de la garganta no mas,  con un chal de lana 
algodon de colores graciosos, envuelto con mucha originalidad.

Si os fijais en los hombres, les vereis divagar (envueltos en la
inevitable capa espaola, algunas veces ricamente adornada) en grupos
mas  menos bulliciosos  siquiera por parejas, aspirando el humeante
cigarrillo, con la mirada abierta, listos  la chanzoneta, la voz
robusta y el andar ligero. En el teatro les vereis aplaudir con
entusiasmo, aunque no siempre con criterio; en el baile, cordiales y
contentos; en la mesa expansivos; en el carnaval hechos locos y muy
espirituales en sus stiras y disfraces.

Donde mas se revela el espritu de asociacion del Catalan es en el
casino  el caf. El catalan no se resigna jamas al aislamiento. Por eso
los cafs de Barcelona son la imgen de Babel. Centenares de hombres y
seoras se amontonan alli, en grupos animadsimos, formando una alegre
algazara que apaga casi los ecos del piano. En Espaa hay la costumbre
de establecer un piano en cada gran caf para amenizar el pasatiempo; y
todo el que va a uno de esos lugares, donde la democracia absoluta no
degenera en desrdenes, pasa cuatro  cinco horas en tertulia sin dejar
refrescar el asiento. El pueblo espaol, en su mejor sociedad, se
congrega en la iglesia, la plaza de toros y el caf.

Barcelona es residencia ordinaria de doce  catorce cnsules
extranjeros, y ofrece amplias facilidades al viajero. Temiendo
entregarme desde muy temprano al martirio de las diligencias, tom
pasaje en el vapor Catalua, que iba para Hamburgo, y me dirig  la
provincia de Tarragona. Sin haber tenido _amigos_ en Barcelona, confieso
que me alej de su animado puerto con algun pesar. Aquel es un pas
libre, de poblacion inteligente, activa y honrada, que me habia
impresionado muy agradablemente.

       *       *       *       *       *

El Mediterrneo estaba tranquilo como un lago, y su silencio absoluto no
era interrumpido sino por el estridor de la maquinaria del vapor, y los
resoplidos que de tiempo en tiempo lanzaba ese dragon de hierro y de
vientre inflamado que se llama _locomotiva_. La luna iluminaba las ondas
deliciosamente, produciendo admirables reflejos en la limpia estela del
vapor. Pero la tierra estaba velada por las nieblas de la costa, y no
fu posible verla sino en el momento de entrar al siguiente dia en el
puerto de Tarragona.

Centenares de presidiarios trabajaban all en terminar el puerto con una
gran muralla edificada entre las ondas. Al mismo tiempo entraba un bote
guarda-costa tripulado por diez y seis conscritos de las _quintas_ de
marina. As, la casualidad me presentaba en contraste dos clases de
presidiarios: los unos, condenados por la justicia social, como
_criminales_; los otros, condenados por la _suerte_  servir en la
marina, por el solo hecho de ser _Espaoles_, Qu sarcasmo legal!
Puesto que el mundo tiene presidios todava, pasemos adelante,

Una pintoresca llanura con suaves ondulaciones, primorosamente
cultivada, sembrada de pequeas y alegres poblaciones, y de una
melancola deliciosa, se extiende por el espacio de 30 kilmetros entre
la costa del Mediterrneo y un cordon de bajos y redondos cerros que
arrancan desde Teruel para seguir paralelos al mar hcia el norte de
Catalua. Tarragona, situada en una eminencia de la costa  760 pis
sobre el nivel del mar, y Reus, que reposa en la llanura, son las
principales ciudades de esa provincia catalana.

El orgen de Tarragona es antiqusimo, y tanto que remonta  la
dominacin fenicia. Segun la tradicion, el inolvidable Poncio Pilato
naci all (as como el emperador Trajano), y fu gobernador  procnsul
de la ciudad en tiempos en que ella tenia la friolera de millon y medio
de habitantes. Hoy no cuenta sino 22,000, pero va en rpida
resurreccion,  virtud del ferrocarril que la enlaza  Reus y de la
demolicion de una gran parte de sus fortificaciones.

Si el guarismo de la antigua poblacion es exagerado, al menos las vastas
ruinas que la rodean y los monumentos romanos que se conservan hasta una
legua de distancia, revelan que la antigua ciudad, establecida sobre las
mrgenes del rio Francol,  incendiada en distintas pocas, fu muy
considerable y de grande importancia. La pobre ciudad de hoy ha vegetado
por siglos encerrada en su crcel de piedra (sus fortificaciones), esa
tortura secular que el genio de la guerra ha impuesto  los pueblos
fronterizos. Por mucho tiempo Tarragona, trepada en su colina y
divorciada del puerto por las murallas que la estrangulaban, no ha sido
sino un apacible nido de cannigos, gorjeando en su catedral gtica, en
medio de inscripciones, lpidas y escombros.

Tarragona, en efecto, es un cementerio de las razas y civilizaciones
diferentes y sucesivas. Por cada calle que se recorre, el pi tropieza
con algo que parece ser un pedazo del cadver colosal de Roma. Donde
quiera se ve alguna inscripcion romana, byzantina  gtica, grabada en
alguna lpida que un albail iliterato ajust de lado   la inversa en
el muro remendado de alguna casa de menguado aspecto. Entre las baldosas
de las calles, en los portales, las escaleras, los patios y los
corredores de las casas, se ven en increible abundancia  losas de
leyenda confusa,  bustos deteriorados y truncos,  columnas dislocadas
y de formas diversas. Aquella ciudad es en gran parte una ruina formada
con escombros antiqusimos, que el tiempo habia dispersado en la falda y
al pi de la colina.

A una legua de distancia se ven todava dos monumentos incompletos y en
ruina: la _Torre de los Escipiones_, de carcter sepulcral, conservando
apnas una elevacion de 30 pis, y el llamado _puente de las Ferreras_,
admirable acueducto que ligaba dos altas colinas para conducir las aguas
potables  Tarragona. Todo el terreno circunvecino est cuajado de
escombros, y cada vez que el arado pasa por all arranca de entre la
tierra algun msculo marmreo de esa civilizacion romana inhumada por
los siglos all.

La mencion de esas ruinas me hace recordar una ancdota de viaje. No
resisto  la tentacion de contarla, porque ella manifiesta uno de los
rasgos caractersticos del pueblo ingls, tan prosico y excntrico al
mismo tiempo.

Pocas horas antes de embarcarme en Marsella, lleg al hotel donde yo
estaba un caballero ingls muy serite, de porte distinguido y con toda
la filiacion de un _turista_  aficionado  viajes. Sentse  la mesa, y
habiendo oido decir que un vapor iba  partir para Barcelona,
desapareci pocos momentos despues.

Cuando fu  bordo, al instalarme en un camarote, encontr al
parsimonioso insular establecido en la tarima superior, tocndome la de
abajo. Quise saludarle,  fuer de compaero de habitacion, pero no se
dign mirarme sino con la esquina de un ojo. El insular, como todos sus
compatriotas que viajan, tenia vieja amistad con el mar, y el puente del
vapor le gustaba de preferencia. Yo, entretanto, leia  dormia en el
camarote, una vez que se perdi de vista la costa de Marsella.

Al dia siguiente o desde mi alcoba, en el hotel de las Cuatro
naciones, en Barcelona, que en la pieza contigua silbaba alguno el
himno britnico _God save the queen_. Era el Ingls consabido, instalado
 quema ropa, Al sentarme  la mesa, segun mi nmero, el Ingls qued 
mi derecha, mano  mano; pero no me mir tampoco. Durante muchos dias
yo rabiaba por entablar conversacion, olvidando que si yo era expansivo
 fuer de Colombiano-espaol, mi vecino era de la raza taciturna y
ceremoniosa de _John Bull_. Todo lo que pude arrancarle, al cabo de
cinco dias, fu un _thank you, sir,_ sordamente pronunciado, por haberle
acercado un plato de naranjas.

Un dia desapareci mi insular. Confieso que me hizo falta ese compaero
mudo, que me picaba la curiosidad por su reserva. Por la noche sub 
bordo del vapor Catalua. Al irme  acostar, hall en la tarima
superior de mi camarote un bulto con barbas rojas y cabellera crespa y
rubia, que roncaba con la franqueza de un ciudadano libre. Era mi
Ingls!... Pero aquello era ya un progreso: el hombre renunciaba  su
silencio absoluto, puesto que roncaba.

Al dia siguiente, cuando me vi salir de debajo de su tarima, el insular
se sonri, mirndome con una mezcla de recelo y curiosidad. Sin duda
hacia la observacion de que si l era mi sombra de viaje yo era tambin
la suya. Le salud, y apnas hizo el sacrificio de inclinar la cabeza.
Despues nos tuvimos que sentar juntos  la mesa  fuer de vecinos.

Cuando el vapor hizo escala en Tarragona, por veinticuatro horas, para
tomar carga, salt  tierra y fu  recorrer la ciudad y los
alderredores. Tres horas despues, cuando contemplaba las ruinas de que
he hablado, v al pi de un rbol un hombre que tenia en la mano una
cartera de dibujo.... Era mi Ingls, que tomaba el diseo de unas ruinas
confundidas con un grupo de rboles, cerca del rio Francol.

Volv  bordo y me puse  escribir unos versos para mi esposa. Despues
lleg el insular, se instal en el extremo opuesto del salon y se puso 
escribir tambien, interrumpiendo de tiempo en tiempo su tarea para
meditar. Tentme la curiosidad y pas por detras para ver lo que hacia.
Eran lneas cortas  iguales, comenzadas con maysculas: _John Bull_
rimaba tambin.... Tantas coincidencias me desesperaban: aquel hombro
mudo era, pues, mi sombra, y esto que el silencio no entra en mis
hbitos de vida.

En el Grao de Valencia, al dia siguiente, el Ingls desembarc en una
lancha y yo en otra. Entnces respir como un hombre que despierta y se
libra de una pesadilla. Heme aqu emancipado! me dije, y tom el
camino de Valencia. Poco despues almorzaba yo en un vasto salon del
hotel  fonda del _Cid_, uno de los muchos que hay en Valencia. De
pronto volv la vista hcia un extremo del salon: el Ingls, el
interminable Ingls estaba all, en otro rincon, almorzando!... Me vi,
me hizo un saludo, como diciendo: "Diantre! U. por aqu otra vez!"--y
mbos soltamos una ruidosa carcajada que caus extraeza  los que no
estaban en el secreto.

Tales fueron _mis relaciones_ con aquel honorable insular, inseparable
compaero. En Valencia le perd definitivamente de vista; y sinembargo,
ahora que escribo estas lneas, en Paris, temo que de repente asome la
cabeza por la ventana de mi gabinete para decirme, por un exceso de
cordialidad y confianza: _Good morning, sir._ Yo habra podido viajar
durante veinte aos junto con mi Ingls, y es seguro que, en tanto que
no le hubiese sido _presentado_, jamas hubiera entrado en conversacion
conmigo, no obstante que, como pude observarlo, nos tenamos recproca
simpata.

Volvamos  Tarragona, y perdone el lector la digresion. La catedral de
Tarragona, una de las mas antiguas de Espaa, es gtica y corresponde al
estilo del siglo X. Aunque no carece de mrito, no llama mucho la
atencion sino por una curiosidad de arte que es nica en Espaa: es una
inmensa alfombra gobelina, de una sola pieza, que cubre todo el
pavimento del templo, en los grandes dias. Ese magnfico tapiz contiene
toda la historia sagrada, en cuadros admirablemente bordados de trecho
en trecho. Los demas monumentos de la ciudad son insignificantes.

Como he dicho, Tarragona estaba divorciada de su puerto. Pero apnas se
ha permitido la demolicion de las fortificaciones ruinosas que se
interponian, y la ciudad se ha regenerado como por encanto. Sus dos
partes estn ya unidas por hermosas calles, y todo anuncia all la
resurreccion y el progreso.

La opulenta llanura que termina en Tarragona, entrecortada por suaves y
bellas colinas, produce grandes valores en vinos, aceite, olivas,
algarrobas, camo, etc., que salen por los puertos de Tarragona y
Salou. Tengo entendido que los habitantes de la ciudad se gloran mas de
producir mucho vino y aceite, que del honor que le cupo  Tarragona de
ser en tiempos mas ortodoxos el asiento de mas de cien concilios.

Un excelente ferrocarril de 13 kilmetros de trayecto, construido por
una compaa francesa, y acaso el mas lujoso de Espaa, liga  Tarragona
con Reus, pasando por el pueblo de Vilaseca. Tom el tren, aprovechando
la facilidad, y en veinte minutos llegu  Reus, encantado con la
contemplacion de aquella hermosa campia.

Por todos lados veia asomar  la vuelta de alguna colina,  desaparecer
de pronto como una vista de cosmorama, alguno de esos pueblos, graciosos
por su conjunto campestre y sus permenores, que salpican la campaa.
Constaty, Marricart, Moster, Salos, La-Selva, Castellvertt y los demas
pueblos de esa comarca, hacen un contraste primoroso, por sus casas
pintorescas y sus campanarios, con la melanclica hermosura de esos
campos cubiertos de olivos y algarrobos, cuyo color gris y plida
verdura dominan en las sinuosidades del terreno, ocultando las alegres
cepas de viedos.

Reus, aunque centro agrcola, es una ciudad esencialmente fabril. Su
poblacion no baja de 32,000 almas, y su actividad industrial es muy
notable. Aunque en su conjunto no es una bonita ciudad, tiene muchas
casas elegantes y nuevas, un bello teatro, y entre sus pocos monumentos
la iglesia gtica de San Pedro, digna de atencion. Reus tiene todo el
tipo de una ciudad catalana, por sus progresos en la vida social, sus
muchas fbricas servidas por el vapor, y sus comodidades. Los tejidos de
algodon y seda, la peletera y la fabricacion de pipas, as como las
cosechas de trigo, aceite y vinos, constituyen su principal riqueza.

Las chimeneas del vapor "Catalua" lanzaban sus remolinos de humo que
la brisa de la tarde dispersaba. Volv  bordo y segu el rumbo hcia el
puerto de Valencia. Despues de visitar la Catalua, iba  penetrar en la
Espaa morisca, de tipo enteramente distinto. Espaa no es un pueblo: es
un conjunto de pueblos  restos de naciones aglomeradas.

       *       *       *       *       *

CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

VALENCIA Y SU VALLE.


Una aduana espaola.--Del Grao  Valencia.--Estructura y panorama de la
ciudad.--Un juicio de aguas.--Tipos sociales y costumbres.

Al acercarse el vapor al seno del vasto golfo de Valencia, pude ver
destacarse  lo ljos, confusa pero pintoresca en su llanura, la ciudad
de Castellon de la Plana, situada  corta distancia de la costa. Casi
oculto el casero entre la vegetacion de las cercanas, no se distingue
sino como una sombra vaga; pero se reconoce dnde est situado. Despues
se penetra al seno del golfo, en el puerto del Grao; detestable de suyo,
pero artificialmente mejorado en lo posible.

Lleg el momento de tocar con la aduana y los carabineros, esos cuervos
marinos del comercio. Honrado por inclinacion y educacion y extrao 
todo contrabando, me irritaba en el primer momento,  cada nuevo
registro, como si por mi sola figura pudiera estar exento de
inquisiciones aduaneras. Los compaeros me decian: Haga U. como
nosotros y no le incomodarn con el registro. Y las _pesetas_ se
deslizaban de las manos de los viajeros  las de los guardas y
carabineros, con presteza y disimulo, dando por resultado infalible el
paso de los bales y maletas sin registro. Detesto con toda mi alma las
aduanas; pero detesto mucho mas la corrupcion. As, incapaz de incitar 
ninguno  que faltase al cumplimiento de su deber, me resign  dejarme
registrar mis efectos tres veces entre el Grao y Valencia (6
kilmetros!). Los guardas me miraban con curiosidad, vacilando en abrir,
como si pensaran en decirme: No sea U. tonto; suelte unas pesetas al
descuido, y adelante.

Espaa es el pas de los trabajos y las formalidades intiles, con el
solo objeto de darle ocupacion  la autoridad y de hacer reglamentos que
no se cumplen. De ah resulta que Espaa es el pas clsico del
contrabando. El sueldo eventual que los viajeros le pagan  cada guarda
es siempre superior al que le da el gobierno. Por tanto, el guarda es el
mejor y mas seguro agente del contrabando. Como la autoridad, con sus
trabas intiles, est en lucha permanente con el individuo, todo el
mundo tiene la conviccion de que es justo burlarse de la ley. Y como el
guarda sera un mrtir si cumpliese todo su deber, se limita  las
apariencias, y tiene interes en dejarse corromper.

No he visto un pas donde haya, comparativamente, tantos empleados como
en Espaa. All, al contrario de un trivial axioma de administracion, se
profesa el principio de tener muchos empleados, y mal pagados. La
empleomana es una enfermedad endmica; pero la corrupcion oficial que
la acompaa es un cncer. As se explican la corrupcion general de los
partidos y el desgobierno en que vive el pas de mas reglamentos y de
mas empleados. Es que el _gobierno_ no es la obra de los gobernantes,
sino de las instituciones y los pueblos. Mas adelante tendr ocasion de
hacer ciertas observaciones importantes de este gnero, pues Madrid,
Mlaga, Cdiz y Santander me suministraron la ocasion, como Valencia.

El pequeo trayecto del Grao (poblacion puramente martima, de 2,800
almas y de regular movimiento)  la ciudad de Valencia, reina de la
suntuosa _Huerta_, se atraviesa de dos modos:  en _tartana_, por la va
carretera, gastando tres cuartos de hora;  en ferrocarril, en seis 
ocho minutos. Prefer la primera via, por gozar de los encantos del
paisaje, porque ver una comarca en ferrocarril es como tomarse un manjar
 grandes bocados: ni se le toma el sabor, ni se mastica y digiere.

El camino del Grao  Valencia es una esplndida calle, cuyo pavimento es
la arena, cuyo cuadro es una primorosa campia, y cuyos edificios son
cuatro inmensas hileras do lamos y chopos gigantescos; de pompa
secular, que enlazando sus ramas de un lado  otra forman una bveda
moviente de 5  6 kilmetros. A los lados se destacan graciosas casas
campestres en gran nmero, cubiertas de paja, pulcramente blanqueadas y
rodeadas de jardines y huertos perfumados. Detras agitan sus copas de un
verde oscuro las moreras, salpican el campo los simtricos viedos, 
ondean como lagos de verdura los entables de trigos, dominados  veces
por las flotantes espigas y las rubias cabelleras de las caas de maiz.
Aquel paisaje es de suyo primoroso; pero cuando se le ve viniendo uno de
surcar las soledades del mar, su encanto es indefinible. El corazon late
y respira como si sintiese una resurreccion. Es que en el mar el corazon
enmudece y el espritu trabaja solo; mintras que en la tierra el
sentimiento recupera su imperio.

No hay una ciudad que revele tanto como Valencia la lucha de siete
siglos en que estuvieron tenazmente empeadas dos razas y dos
civilizaciones abiertamente opuestas. Todo indica all la imposibilidad
anterior de la fusion, y la existencia de una sociedad engendrada entre
sangre y odios por el rabe conquistador en el seno de la goda vencida,
y luego trastornada por la reaccion de los conquistados sobre los
conquistadores. La raza, la lengua, la arquitectura, las costumbres y la
industria, son una _mezcla_, no un _amalgama_ de formas heterogneas,
conservando cada cosa su tipo caracterstico. La vieja Espaa y la
Arabia moruna viven all conjuntamente, codendose, entrechocndose, y
rara vez armonizando en realidad. Tal parece como si la guerra de los
moros no hubiera terminado en Granada, sino que contina en Valencia.

Veamos el conjunto de Valencia y su valle, y despues diremos algo sobre
los pormenores. La renombrada Valencia, perla conquistada por el Cid
campeador, cuya Huerta fu llamada por el historiador Mariana _los
Campos Eliseos_, est dividida por el rio Turia (reducido en el verano 
_cauce_), y tiene  su derredor muchos arrabales, as como vastas pero
ya intiles fortificaciones. La poblacion interior alcanza  66,000
habitantes, pero la total es de mas de 106,000. Aparte de su importante
y muy valiosa produccion agrcola, de que luego hablar, y de algunos
trabajos de arte, se distingue por su fabricacion de sederas y sus
tejidos de lana muy graciosos, tales como las moriscas _mantas_ de
colores, que reemplazan la capa  hacen el papel de la _ruana_, 
_poncho_  _sarape_ de Colombia.

Valencia tiene numerosos y regulares institutos de instruccion y
beneficencia, que la hacen interesante, y cuenta muchos monumentos en
cuyo interior hay verdaderas preciosidades artsticas. Notablemente se
distinguen en esto la Catedral y la iglesia de los _Desamparados_ nicos
templos que pude visitar.

Para tener una idea exacta de Valencia, ciudad de la mas extraa
fisonoma, es necesario subir hasta la altsima plataforma de la
octgona torre de la catedral, edificio, singular, independiente del
templo y que arranca desde el exterior del muro de la fachada, sobre la
plazuela misma. El templo es sin duda interesante en su interior, por
algunos detalles artsticos muy bellos, y sobre todo por su asombrosa
profusion de mrmoles que cubren los muros. Pero el conjunto carece de
gusto. Es un templo remendado, construido en el sitio de la gran
mezquita, con una mezcla informe de obras gticas en la forma general y
complementos del Renacimiento, como la cpula; donde se ven las ogvas
gticas mano  mano con las molduras y los dorados de orden _compuesto_,
clamando  Dios unas y otros contra los incongruentes arquitectos. El
templo es ademas muy sombro, de modo que sus adornos interiores pierden
por falta de luz gran parte de su valor.

Sbese  la plataforma de la pesada torre por 206 grades de piedra en
espiral, y al hallarse en la altura se experimenta de repente una
sensacion indefinible. La hermosura del paisaje que de all se
contempla sobrepuja  toda ponderacion, y el que por primera vez (como
me sucedia) ve una ciudad como esa, tan esencialmente morisca en sus
formas, encuentra poderosamente excitada su curiosidad de viajero.

El espectculo era simultneamente grandioso, potico y repugnante. Al
tender la vista sobre la ciudad, en derredor, veia el pas morisco; y
abarcando todo el horizonte, la magnificencia del suelo espaol y las
huellas de una lucha secular de civilizaciones distintas. En el centro
de la ciudad lo _pasado_, la historia; al derredor la poca moderna.

En efecto, la parte central es la morisca. Calles tortuosas,
estrechsimas y en laberinto inescrutable, sucias y con detestable
pavimento; casas de una irregularidad absoluta, monstruosas, negras,
desmanteladas muchas, semejando verdaderos palomares, agrupadas  la
ventura y como encaramadas unas sobre otras.

Y todo ese conjunto informe, semejante  un inmenso monton de peascos
despedazados, dominado por algunas cpulas moriscas, por una infinidad
de azoteas y miradores irregulares, enclavados sobre hileras de
ventanillas y troneras y de lienzos de muros dentellados.

Al derredor de lo que fu la Valencia moruna est la Valencia espaola y
los arrabales. All hay mas rden en las calles; las construcciones son
de arquitectura vulgar y pesada, y se ven pulular por docenas las torres
de los viejos conventos de frailes y monjas. Por ltimo, cierran el
cuadro de la ciudad las alegres casas campestres, las quintas elegantes,
las grandes fbricas y la estacion del ferrocarril, es decir, las
seales de la civilizacion moderna, que significa igualmente actividad y
comodidad.

Al extender la mirada qu paisaje tan vasto y admirable se registra! Al
occidente el cordon de cerros  montaas desnudas de rboles, que
determinan el valle martimo de Valencia, cerrando el horizonte 
distancia de seis  siete leguas. Al oriente el Mediterrneo, azul
blanquecino, tranquilo, surcado por los buques, veleros y reflejando
magnficamente los resplandores de un sol casi africano. Encima un cielo
pursimo y soberbio de luz y de belleza; y en el fondo del cuadro,
hcia todos los lados de Valencia, la llanura mas primorosa del
mundo--la opulenta y renombrada Huerta--de donde se exhalan los ricos
perfumes del azahar, el jazmin y la rosa, de entre bosques interminables
de naranjos  limoneros que proyectan su oscuro follaje sobre campos de
espigas, de simtricas moreras y viedos, como sobre entables de caa
dulce y plantaciones de algodon. Para completar lo pintoresco del
paisaje, las innumerables y graciosas casitas campestres, las infinitas
acequias de irrigacion (que son las joyas de la Huerta) y los muchos
pueblos dispersos en la vasta llanura en situaciones pintorescas, le dan
 la escena el tipo de un pas eminentemente agrcola y potico. Parece
imposible hallar nada tan interesante como la campia de Valencia.

Habia pasado tres horas en esa muda contemplacion. Al descender de la
torre me aguardaba, por una singular fortuna, un espectculo social que
en cierto modo completaba el fsico. La plazuela de la catedral, que es
muy pequea, estaba casi llena de gente. Pregunt la razon de aquella
pacfica aglomeracion de hombres que tenian el aire de campesinos, y me
dijeron que acababa de tener lugar un _juicio de aguas_. La frase me
pic mas la curiosidad y segu preguntando. H aqu la explicacion que
obtuve:

Los agricultores valencianos gozan de un fuero especial que les fu
concedido por uno de sus reyes catlicos despues de la derrota 
expulsin de los moros. Ese fuero consiste en el juicio de arbitramento
respecto de los litigios que se suscitan entre los agricultores por las
aguas  acequias de irrigacion. En una comarca tan esencialmente
agrcola, el agua es el principal tesoro, y ella est distribuida con
admirable precision en los campos, mediante una vasta red de canales y
compuertas que hacen ir de los rios a todas las campias y plantaciones
la cantidad de agua necesaria. El gran beneficio del fuero consiste en
haber librado  los agricultores de las garras de los abogados y
curiales y de la absurda institucion del _papel sellado_.

Cada dos aos se reunen los agricultores de la Huerta y eligen los
jueces-rbitros de su tribunal, ancianos sencillos, de experiencia en el
oficio del cultivador y venerables por su honradez y su buen sentido.
Cuando se suscita una disputa entre dos  mas agricultores por alguna
acequia, sea en cuanto  su paso, su extension  la cantidad de agua,
sea en cuanto  la oportunidad del regado, la cuestion viene al
conocimiento de uno de esos rbitros (que muchas veces no saben ni leer)
y las partes son convocadas para ir al juicio en cierto dia, llevando
sus pruebas testimoniales. El juez, si acaso no conoce (por rareza) el
terreno especial de la cuestion, va y lo examina concienzudamente.

El dia del juicio, el tribunal se instala bajo el prtico de la
catedral, al aire libre, como en campo raso. Cada parte relata el asunto
y defiende su causa como puede, sin mas abogados que su buen sentido y
su justicia. Los testigos son oidos, y el rstico tribunal, apoyndose
en los hechos que conoce por s mismo y las circunstancias probadas,
pronuncia un fallo que es irrevocable, que todo el mundo respeta y
obedece religiosamente y que jamas se escribe. La expresion de esa
justicia sumaria y amigable no tiene mas archivo que la tradicion,
porque all no se falla sobre _dominio_  propiedad sino sobre
servidumbres y usos de simple irrigacion. Jamas pueblo alguno de los
tiempos modernos tuvo institucion mas sencillamente sublime! Ella es 
la vez una idea democrtica, una elocuente condenacion de las manas
reglamentarias de los gobiernos, y una prueba de que la mejor base de la
justicia humana est en el buen sentido de los hombres libres guiado por
la simple nocion del interes comun. Los abogados y curiales detestan los
_juicios de aguas_, y tienen razon, segun su oficio. Pero los
agricultores los veneran con mucho mayor razon, y no permitirn jamas
que les arrebaten ese _fuero_. Es cosa bien triste que todava se llame
_fuero_  _privilegio_ una institucion que no es sino la forma mas
profundamente filosfica de la justicia social!

Una reflexion me ocurri, al observar el alegre grupo de agricultores
que ya se disolvia, despues de un juicio que solo habia durado una hora.
Por qu ha subsistido esta institucion en Valencia, mintras que el
absolutismo ha destruido casi todos los fueros mas importantes en el
resto de Espaa, excepto en las provincias vascongadas? Record la
reciente lectura que habia hecho de un libro sobre las costumbres de los
rabes, y tuve la explicacion del fenmeno. Es que aquella poblacion
valenciana, eminentemente morisca, ha encontrado una armona perfecta
entre el arbitramento de los _juicios de aguas_ y las costumbres
arbigas. All donde falta el antagonismo, las instituciones se
perpetan respetadas religiosamente. El juez de la Huerta, ese rstico
_to_ (como los llaman en Espaa), no es la verdadera continuacion del
_Kady_ rabe, que oye y falla patriarcalmente? No hay de estable y
fecundo en las sociedades, sobre todo en materia de instituciones, sino
lo que est en armona con la naturaleza humana, esencialmente
razonable. En punto  justicia, siempre me atendr mas al juicio del
hombre rstico, de conciencia honrada y sencilla, que  la elocuencia
literaria de diez Cicerones.

       *       *       *       *       *

Valencia es el pas clsico de las mujeres hermosas,--tanto que all es
casi difcil encontrar una fea. En las mas esplndidas calles de Paris,
Lyon y Marsella, y de Barcelona y Madrid me han mostrado soberbias
Valencianas, desgraciadamente..._desgraciadas_. Pero aquellas mujeres,
que fascinan todas con su hermosura, no seducen el corazon jamas, no
embelesan el alma. Al contrario, hay en esa hermosura no s qu de
spero y repelente que causa miedo, que hace adivinar las pasiones
terribles y la navaja oculta bajo la falda de colores vivos; que hace
pensar en la vengativa Italiana, lo mismo que en la mujer africana que
cruza los desiertos arenales al rayo del sol sobre la silla de su
galante jinete,  que incita  las voluptuosidades del amor oriental
bajo la tienda de la carabana.

La Valenciana domina con su ardiente mirada, pero intimida  amenaza. Su
abundante y sedosa cabellera, recogida en trenzas  en un moo, y
cubierta con un pauelo de listas, atado en derredor de la cabeza en
forma de turbante; sus ojos grandes, negros, ardientes y de mirada
profunda, que hieren como la hoja del cuchillo rabe; su aire garboso y
audaz; su fisonoma mas que redonda, casi ovalada, cortada por lneas
sumamente rgidas; la energa de su voz; lo pintoresco de su estrecho
vestido, compuesto de telas fuertes de colores brillantes, bajo las
cuales palpita un seno incendiado y se dibujan las formas de una
organizacion vigorosa; todo eso hace de la Valenciana (considerada la
masa mas numerosa) un tipo especial, que impone la atencion, y que
resiste  todas las influencias fusionistas de la civilizacion moderna.

El hombre de educacin gusta mucho all de las intrigas polticas, y
tiene al mismo tiempo, por una aparente contradiccion, muy pronunciado
el sentimiento artstico. El noble, el individuo de la clase mas alta,
es absolutista por excelencia. No tuve tiempo para averiguar la causa;
pero establezco el hecho. Valencia es en Espaa la verdadera fortaleza
de las opiniones absolutistas. El _pueblo_--lo que en Europa llaman
simplemente as, y que en las democracias llamamos el _pueblo pobre_,
porque todos somos pueblo,--se deja guiar fcilmente por los
absolutistas, mintras que la idea democrtica no se abriga sino en la
clase media. Donde quiera he observado, personalmente  por lecturas,
que los pueblos mas speros y brutales en sus costumbres son los mas
favorables al absolutismo. El pueblo de Paris, esencialmente culto, ha
sido siempre el salvador  por lo menos el defensor de la libertad en
Francia. Los bandidos y pillos de Roma y los _lazzaroni_ de Npoles,
magistrales en el manejo del pual, han sido los mejores apoyos del
despotismo en la Italia meridional. Los salteadores de Grecia hacian la
guerra  la noble causa que tuvo por mrtir al sublime Byron.

Hay en las clases inferiores (en educacion) de Valencia, una distincion
que establecer. El agricultor es un rudo tipo, pero es honrado y
pacfico. El obrero, el habitante de los arrabales y el ganapan de las
calles y del puerto, al contrario, son speros en todo, de mala ndole,
de instintos pendencieros y brutales. Despues de las seis de la tarde es
muy imprudente aventurarse  recorrer solo los alderredores de Valencia;
y no porque estn plagados de ladrones y asesinos, como han dicho,
exagerando mucho, algunos viajeros, sino porque es muy fcil tener una
pendencia con un truhan de navaja lista y humor muy _despuntado_, que
termine por un drama sangriento,  cuando mnos por un chaparron de
garrotazos. Sobre todo, si alguna hija de Eva anda en el asunto, el
galante forastero puede contar con un mal dia. Con las Valencianas de
cierta clase se cumplen  la letra las palabras de Cervantes: hay cosas
que es mejor no meneallas, y mujeres bonitas _que es mejor no
tocallas_.

El Valenciano de los arrabales tiene una fisonoma que parece el
amalgama del rabe guerrero con el Napolitano. Si en lo moral se
distingue por las fuertes pasiones, el sentimiento artstico, el humor
pendenciero, y el gusto por la algazara, el baile frentico, la
guitarra, la cancion blico-amorosa y las alegres libaciones, en sus
hbitos exteriores tiene todo lo pintoresco de los pueblos apasionados.

Donde quiera le vereis  con el sombrero calaes, que es la tradicion
del turbante,  con un pauelo de colores vivos atado  la cabeza por
detras cayendo sobre la nuca. Y luego el calzon estrecho hasta la
rodilla, con polainas hasta los pis, y siempre calzado con la sencilla
_alpargata_ nacional; el cuerpo medio cubierto por la _manta_, especie
de capa corta  _ruana_ doblada, con listas de colores vivsimos y
menudas borlas; y debajo, asomando como un traidor que medio se oculta,
el afilado cuchillo  navaja de resorte, de larga y aterradora cuchilla,
con muelle dentellado y cabo corvo y lleno de adornos mas  menos
artsticos.

Organizacion enrgica, el Valenciano lo hace todo con brio. En el puerto
trabaja como si fuese de hierro; en el taller es listo; dirigiendo la
tartana brincadora, la carreta pesada  el arado, se hace entender por
el animal de tiro con fuertes gritos y terribles ejercicios de ltigo y
pa, y en el baile, la plaza de toros, los amores, las pendencias de
arrabal y las guerras civiles, todos sus actos tienen el sello de la
resolucin y la violencia de sentimientos.

Valencia es una ciudad muy digna de ser estudiada, por su curiosa
fisonoma, pero donde no se puede vivir con placer una vez que se han
recogido las impresiones mas notables. Si sus campos arrebatan, sus
calles dan horror, sus hermosas mujeres intimidan y sus gentes de
arrabal asustan.

Esa sociedad necesita para suavizarse del impulso poderoso del
cosmopolitismo moderno. Los ferrocarriles, las fbricas, el trato activo
con el extranjero y las instituciones liberales y humanitarias que
supriman toda violencia legal y todo espectculo de sangre, harn de
Valencia un verdadero paraso, extinguiendo todo lo que hay en las
costumbres de spero y brutal, y aprovechando todos los dones de una
naturaleza admirable, que ha sido tan prdiga con la raza como con el
cielo y la tierra.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.


La "Huerta" de Valencia.--San Felipe de Jtiva.--La diligencia
espaola.--Almanza.--La Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de
Espaa.

Una serie de curiossimos contrastes me esperaba en el trayecto que
debia recorrer desda Valencia hasta Madrid. El opulento valle se
extiende, largo y angosto, al norte y sur de Valencia, limitado al
poniente por las montaas que determinan la curiosa formacion de la
alti-planicie de Cuenca. Hcia las alturas del _Bonete_ se desprende de
la serrana circular un ramal de cerros que cierra por el sur el valle
de Valencia y va  morir sobre la costa de Alicante entre Jijona y
Denia. El ferrocarril de Valencia surca el valle hcia el sur, cortar
la serrana por el abra  "puerto" de Almanza, y se ligar en la villa
de este nombre con el ferrocarril que enlaza  Madrid con Alicante.

El trnsito por la via frrea desde Valencia hasta adelante de Alcudia,
donde terminaba la seccion en servicio, tiene no s qu de fabuloso, que
hace recordar los cuentos de las _Mil y una noches_. Una campia
admirable, perfumada por las riqusimas esencias del azahar y el jazmin,
se extiende all encuadrada entre cerros desnudos y rocallosos, como una
inmensa esmeralda engastada en acero occidado. Por todas partes el
cultivo mas perfecto, los angostos canales de irrigacion, los bosques de
naranjos y limoneros cargados conjuntamente de flores y amarillas frutas
en asombrosa profusion. Es de esa Huerta fabulosa que van  todas las
ciudades de Europa las deliciosas naranjas de finsima corteza. Parece
una tonta exageracion; pero yo alcanzaba casi  tocar los racimos de
naranjas, alargando el brazo desde el wagon del tren en que iba con la
velocidad del rayo. Imagnese lo que ser esa _Huerta de Valencia_,
cuando el ferrocarril gira en gran parte de su trayecto por entre una
calle literalmente formada por bosques de naranjos y moreras, donde se
crian simultneamente la almibarada fruta y el laborioso gusano de seda.

La parte meridional del valle, hasta el _puerto_ de Almanza, excluyendo
 Valencia, contiene en solo la linea del ferrocarril una poblacion de
55,000 almas, robusta y laboriosa en alto grado, concentrada en once
villas y distritos.

Algunos de esos pueblos tienen una situacion pintoresca y graciosa,
haciendo descollar sus campanarios como los centinelas de la llanura.
Causa un verdadero placer, mezclado de curiosidad, la rpida inspeccion,
en las estaciones del ferrocarril, de aquellos grupos de labriegos
encantados al oir el prolongado silbido de la locomotiva, que les ha
sorprendido en sus hbitos moriscos y su ignorancia peninsular. Sus
pardas  amarillentas mantas, sostenidas como capas; sus sombreros de
anchurosas alas, cuando no de estilo calaes; sus pantalones cortos
ciendo la rodilla; sus polainas  calcetas de piel, y sus carcajadas
francas y ruidosas que les dan un aire de placer y satisfaccion, fijan
la atencion del viajero dejndole una impresion muy agradable.

De todas las pequeas poblaciones del valle solo merecen especial
mencion, por su masa  por su historia, las villas de _Alcira_ (que
tiene 14,000 almas), _Carcagente_ (bonita y rica poblacion, con 8,200) y
_San Felipe de Jtiva_, que cuenta 15,800, y es bastante clebre en la
historia de Espaa.

Alcira como un jardn flotante, ostenta sus tres torres entre dos
brazos del rio Jcar, sobre el cual existe todava el puente romano por
donde pasaban los ejrcitos de Csar. Es famosa en la historia la
resistencia tenaz que le opusieron  Crlos V los comuneros alciranos,
que les cost la prdida de sus fueros.

Cerca de _Jtiva_ el valle se estrecha notablemente entre los cerros
escarpados que por todos lados lo dominan, y sobre cuyas eminencias se
destacan, como nidos colosales suspendidos de las rocas, los escombros
de algunos castillos feudales, testimonios que el tiempo ha querido
respetar en parte para recordarle al viajero la impotencia de las
civilizaciones fundadas en la fuerza y el aislamiento egosta.

La pobre _Jtiva_, de herica memoria, cuna del _Espaoleto_ y teatro
secular de tantos combates, no es hoy sino una momia de plaza fuerte,
con su castillo derrumbado y sus reductos en escombros. Parece la imgen
de una de esas mujeres altivas que, despues de haber brillado hermosas y
lozanas, dejan enmohecer sus joyas y no presentan sino caras arrugadas,
ojos enjutos, bocas sin dientes y cabezas calvas.... El aspecto
lamentable de esa ciudad _pretrita_ hace un extrao contraste con
aquella admirable campia, llena de verdura, de galas y perfumes.
Dichoso contraste que est mostrndole al labriego que si las glorias
militares pueden engrandecer por un momento, se pierden luego en el
olvido, en tanto que el poder adquirido con la industria se reproduce y
perpeta.

En Jtiva tuerce su curso el ferrocarril, dirigindose rectamente al sur
hcia Almanza, por el fondo del estrechsimo valle, verdadera
bifurcacion del de Valencia. All, el terreno, careciendo de solidez y
de humedad y aproximndose  las montaas rocallosas, pierde esa
fertilidad de la gran llanura, y en vez de alimentar naranjos, moreras y
trigos, se cubre de vias dispersas sobre las colinas  de olivos que
entristecen la campia con su tinta gris. As, instantneamente se pasa
de la vegetacin risuea  la melanclica, y de la tersa llanura  los
planos inclinados y  las sinuosidades profundas.

La noche se acercaba cuando descend en Alcudia del tren del
ferrocarril. Despues de aquellos contrastes puramente materiales iba 
conocer otros de carcter social muy interesantes. All hube de tomar
por primera vez esa _mquina infernal_ que se llama _diligencia_ y que
caracteriza vigorosamente  uno de los tipos mas curiosos,--tipo que se
divide en tres entidades homogneas pero diversas: el _mayoral_, el
_delantero_ y el _zagal_.

Francamente, creo que Santo Domingo de Guzman, Felipe II y el amable
Torquemada no entendian el oficio. Si hubieran sido maestros en el arte
de torturar habran inventado la _pena de viajar en diligencia_, y no
habra quedado un solo hereje en la piadosa Espaa. En mis cavilaciones
sobre el infierno, en los ratos desocupados, no habia podido formarme
sino una idea muy confusa de los terribles dramas de aquel mundo de
cleras, relmpagos y fuego. Cuando por primera vez viaj en diligencia
espaola, tuve la nocion completa de lo que debe de ser una legion de
demonios que se lleva un racimo de almas al infierno, por entre
precipicios espantosos y con grande orquesta de reniegos.

En el momento del arranque, al sentir aquella casa de madera arrastrada
por diez mulas frenticas, como si la impeliese el huracan, la primera
impresion es de miedo, de clera y horror.

Algunos minutos despues, cuando se ha visto que el peligro era
exagerado, se crispa uno de risa (porque tenderse ni exaltarse es
imposible en aquella prison celular), y se deleita como un salvaje en la
contemplacion del drama convertido en comedia.

Figrese el lector una enorme caja (los Franceses la llaman _machine_)
dividida en cinco compartimientos en forma de palomares  gallineros,
donde el viajero es la gallina y el _mayoral_ el gallo-sultan. Arriba,
una cueva que se llama _cup_, donde empacan  cuatro bultos numerados
del gnero humano. Abajo, en primer trmino, la _berlina_, donde va en
nmero de tres la aristocracia de las victimas; en el centro una cripta
romana que llaman _interior_, calabozo de seis rematados; y atras la
cocina del infierno, pomposamente decorada con el nombre de _rotunda_.
Encima, el departamento de equipajes, denominado la _vaca_, Chimborazo
ambulante que se parece un poco  la cueva de _Montesinos_. Total, diez
y nueve Cristos que tienen la _idea_ de viajar, bajo el poder de un
Poncio Pilato que se llama el _mayoral_, como quien dice, don Manuel
Rosas y los _salvajes unitarios_ de marras.

Esto en cuanto  la parte animal que va adentro. Por lo que hace  la de
afuera se clasifica, en el rden de bestialidad, as:

El mayoral,
El zagal,
El delantero
Y las mulas.

Esas cuatro entidades se agitan, se atacan, se estropean y golpean
conjuntamente, formando los tres primeros individuos un alboroto
infernal, y levantando las ocho  diez mulas bravas que les estn
asociadas una nube de coces y de polvo, dentro de la cual se cierne una
lluvia de latigazos y garrotazos.

Los tres directores de aquel convoy de veintinueve vctimas (sumando
viajeros y mulas) llevan sus puestos respectivos. El mayoral, en el
pescante, entre el _cup_ y la _berlina_, como un Phaeton que conduce su
alado carro. El zagal,  su lado,  prendido de un garfio del pescante,
 guisa de apndice. El delantero,  caballo sobre la bestia primera de
la fila izquierda, dando la direccion  las diez mulas.

Estas, formadas en columna, en dos filas, van ligadas entre s por un
laberinto de pesadas cadenas, de garfios, correas y trozos de madera que
aumentan el enorme peso y la extravagancia de aquella montaa porttil.

De tiempo en tiempo, cuando alguna de las mulas afloja el paso (porque
van siempre  galope largo y al coche rueda como un huracan por cuestas
y valles), el zagal da un salto al suelo, y se lanza  la carrera,  la
par de las mulas, armado de un garrote delgado  de un ltigo fuerte. A
cada mula le reparte (porque siempre los justos pagan por los pecadores)
cuatro  seis golpes frenticos; y cada una de ellas responde, segn su
estilo peculiar, con cuatro  seis coces furibundas, que el zagal evita
con asombrosa habilidad. Entnces aquellos animales se enfurecen,
brincan como cabras, corren como demonios y levantan una polvareda que
hace perder de vista el horizonte  invade,  los viajeros en sus
navetas martirizadoras.

El mayoral grita como un dragon, sacudiendo las riendas y el
foete,--agitando en una convulsion rabiosa todo el cuerpo; el zagal le
acompaa en gritos, movimientos y reniegos; y el delantero, que les
sacude tambien  veces  las mulas que estn  su alcance, redobla la
actividad para apurar la carrera. El viajero, entretanto, sintindose 
discrecion de aquellos salvajes y de diez mulas furiosas, se agita en un
drama cmico de las mas vivas emociones, acabando por resignarse  todo.
Imagnese lo que habr de sentir el que, saliendo de un magnfico tren
de ferrocarril, se entrega por primera vez  esa pesadilla sin sueo que
se llama un viaje en diligencia.

Cuando el viaje es largo los peligros aumentan. Como jamas se vara el
mayoral ni el delantero, que son los pilotos de la diligencia, el sueo
los domina  veces, y con frecuencia el coche vuelca y se despedaza, se
estrella en un recodo,  se precipita en un desfiladero, sucediendo no
pocas desgracias. Y no hay que hacer observacion alguna, ni quejarse de
hambre  cosa parecida; porque el viajero que sufre la ley tirnica de
los empresarios, es un esclavo  la disposicion del sultan que tiene su
trono en el pescante. Todo eso sin perjuicio del escamoteo, al fin del
viaje, que los mayorales, delanteros y zagales ejercen contra el
viajero, mendigando como si no tuviesen dotacion  paga.

Aconsejo  los que padezcan de los nervios y quieran obtener una
curacion violenta pero segura, que vayan  Espaa  hacer un viajecito
en diligencia. En Espaa casi siempre que cae un ministerio le
destierran,  lo mnos diplomticamente. No s por qu llega el rigor
hasta ese punto, cuando con unas doce horas de diligencia todo quedara
compensado, aunque,  decir verdad, los pecados de casi todos los
ministerios espaoles no son de los muy veniales.

Despues de cuatro horas de diligencia toqu en Almanza con el
ferrocarril de Alicante, empresa que,  pesar de los muy buenos
elementos con que cuenta, se distingue por su mal servicio. Algun dia se
corregir. Nada dir sobre la ciudad de Almanza, porque la noche me
impidi observar siquiera su aspecto general. Con todo, de paso y al
claro-oscuro tuve mis sospechas de que es una poblacion que no brilla
por la hermosura ni la actividad. Es una ciudad de antiqusima data, muy
anterior  las guerras entre Romanos y Cartagineses. As, aquella es una
de las ciudades espaolas cuya historia est ligada  las cuatro
dominaciones sucesivas de mas significacion que han impreso su sello 
la nacion ibera. La llanura de Almanza es clebre por la famosa batalla
ganada all por los Espaoles, en abril de 1707, contra las tropas
anglo-portuguesas, dndole  Espaa la imponderable ventaja de cambiar
de amos, puesto que los Borbones ocuparon con Felipe V el trono que la
casa de Austria habia tan atrozmente inmortalizado. Todava se conserva
en la llanura el obelisco que conmemora el suceso. En Espaa se
conservan esos monumentos muy bien, pero se dejan cegar los antiguos
canales que datan del siglo pasado.

De Almanza  Madrid el ferrocarril toca en veinte y dos poblaciones,
sobre terreno llano, con un total de cerca de 100,000 habitantes,
exclusivamente consagrados  la agricultura, cuyos productos principales
son los trigos y vinos y algun aceite de olivas. De esas veinte y dos
poblaciones solo tienen alguna importancia: _Almanza_ fuerte de mas de
9,000 almas; _Albacete_, capital de provincia, con cerca de 17,000;
_Villa-Robledo,_ que cuenta 8,000, y _Aranjuez_, ciudad cortesana, con
mas de 5,000, que es la Versalles de la corte de Espaa, verdaderamente
primorosa. Mas adelante har su descripcion.

Es curioso tambien, en el trayecto, el pueblo de Villacaas,
correspondiente al pas de Don Quijote. Cuntanse all hasta trecientas
cuevas, practicadas en las colinas del campo (que se desprenden de la
sierra de Toledo), en donde viven todas las familias pobres. Esta
singular arquitectura de la miseria no es rara en Espaa, y en ninguna
parte interesa tanto como en uno de los barrios de Granada. A su tiempo
descubrir ese curioso pormenor.

La travesa de la Nueva Castilla continuaba la serie de contrastes que
yo iba observando. La noche me habia hecho perder de vista las campias
al salir del valle de Alcudia, continuacion  inflexion del de Valencia.
Cuando al siguiente dia v aparecer en el horizonte las tintas primeras
de la aurora, el tren pasaba por las vastas y tristsimas llanuras de la
Mancha. As, habia cerrado los ojos ante un paisaje en extremo
pintoresco, para abrirlos despues en el centro de un pas singularmente
notable por su desolacion y su silencio. Ni la sombra de un rbol, ni el
rumor de un arroyo, ni el canto de un gallo  de un pjaro campestre, ni
el mugido de una vaca, ni el mas leve ruido se sentia al atravesar aquel
desierto.... Ni una choza en las praderas interminables, ni un cercado
para manifestar la presencia del hombre por all!...

Y sinembargo, la Mancha es un pas asombrosamente frtil en la
produccion de trigos y vinos, que cuando est cubierto de mieses y
sarmientos tiene una hermosura suntuosamente triste. Por qu no hay
all ni un solo rbol, ni casas, ni jardines, ni otra cosa que inmensos
prados  trigales solitarios?--Porque no hay agua,--dicen los
optimistas, que creen que lo que no se hace es porque no se
puede.--Porque los manchegos son perezosos,--indican  su turno los
pesimistas que deprimen y calumnian al pueblo espaol.

Ambas disculpas son sofsticas. Donde quiera que en la Mancha se quiere
tener agua, no hay mas que cavar un poco y surge  torrentes. Ademas, 
corta distancia estn las serranas, de cuyas corrientes pursimas puede
la industria obtener, por medio de canales, toda el agua necesaria. El
pueblo manchego no es tampoco perezoso por ndole, como se dice. Esa es
una mentira que los malos gobiernos han inventado para encubrir su
incapacidad.

En materia de gobierno hay que optar entre uno de dos sistemas:  la
represion reglamentaria, y entnces los gobiernos tienen el deber de
hacerlo _todo_, y son responsables del malestar social;  la libertad y
la prescindencia, en cuyo caso el individuo tiene la iniciativa y los
pueblos la responsabilidad de sus actos de todo gnero. Como en Espaa
se ha seguido el primer sistema, sus gobiernos son los responsables, los
verdaderos haraganes, puesto que no han abierto canales y caminos (hasta
ahora se trabaja en eso),  fin de que los pueblos manchegos tengan agua
(y con ella rboles, irrigacion, casas de campo, etc.) y medios de dar
salida  sus trigos, vinos y aceites, con lo cual la agricultura tomara
un poderoso incremento. Si los gobiernos constitucionales tienen su
proceso en los presupuestos, los absolutos lo tienen en el aspecto de
las poblaciones y los campos.

El primoroso valle de Aranjuez, regado por el _Tajo_ y el _Jarama_
(nuevo contraste en la topografa), me ofreci una prueba evidente en
apoyo de las observaciones que acabo de hacer. All, en vez de la
soledad y la tristeza del resto de Castilla, hay una pompa de vegetacion
que arrebata y deleita. Aquel pas es un verdadero paraso, durante la
primavera. En un espacio pequeo se halla aglomerada una inmensa riqueza
en ganados, bosques, hortalizas y otros frutos agrcolas, sin contar los
tesoros artsticos. Por qu tanta opulencia all en el centro de una
vastsima planicie desierta? Se dir que todo se debe  la abundancia de
aguas en Aranjuez. Error: he visto muchos otros valles de Espaa,
admirablemente dotados de aguas y fertilidad, donde reina tambin la
soledad. El valle de Aranjuez es precioso, porque es un _dominio real_;
porque no le pertenece al pueblo espaol, pobre y abandonado, sino  sus
monarcas, opulentos siempre. Y sinembargo, los reyes que han gastado
inmensos tesoros en embellecer ese _Real-Sitio_, no han tratado de
suprimir las fiebres, que son el real patrimonio de los vecinos de
Aranjuez,  causa de las inundaciones que producen los rios. En tanto
que el Jarama y el Tajo desbordan por falta de canalizacion, los
palacios de Aranjuez rebosan en maravillas de pintura y escultura, que
han costado millones sin cuento. Mintras que los cortesanos se alojan
all en suntuosas habitaciones, el pueblo espaol sufre las fiebres
_tercianas_,  se _aloja_ en Villacaas en cuevas hmedas y
desabrigadas, abiertas en las peas.

Con excepcion de tres  cuatro parajes bellos, como en las cercanas de
Toledo, de Valladolid  de Palencia, no hay en las dos Castillas, otros
puntos notables por su hermosura artificial que los _Reales-Sitios_. Lo
demas son llanuras desiertas, aunque cubiertas de trigos  vias en gran
parte. Con el valor de los cuatro _Reales-Sitios_ podra el pueblo
espaol pagar todas sus deudas,  cubrir de ferrocarriles todo el
territorio nacional, quedndole algo para _alfileres_. Quin sabe si
algn da se har ese negocio....?

Al tomar la diligecia en Mogente ( Alcudia) tuve por compaero en la
_berlina_  un sugeto que me impresion vivamente y  quien no olvidar
jamas. Era un doble tipo, como se ver, muy digno de atencion. Un hombre
corpulento, de unos cincuenta y cinco aos, robusto y rosado, lleno de
salud y de vida, con una fisonoma admirablemente honrada, una risa
franca y llena de benevolencia, una mirada cordial, y una conversacion
en que se confundia la sencillez del lenguaje con el aticsmo del estilo
y la solidez de las observaciones.

Desde los primeros momentos de la conversacion (que empez casi al
entrar  la diligencia) conoc que me las habia con un liberal de puo
cerrado, hombre de instruccion, e muy buen sentido y en extremo
tolerante. A juzgar por su aspecto modesto y su lenguaje sencillo y
chistoso, le tom por un propietario campesino, de vida retirada, aunque
muy culto. Pero luego fu cambiando de opnion. Al saber que yo era
republicano de Hispano-Colombia, me tom cario y me hizo mil preguntas
sobre la vida de perros que llevamos los demcratas en el Nuevo Mundo.
Mis respuestas le encantaban, y se mostraba como triunfante cada vez que
yo le indicaba algunas de las mas bellas conquistas hechas en Nueva
Granada por las ideas verdaderamente democrticas. Ya puede colegirse
que mi excelente compaero y yo quedamos muy amigos, sin conocernos. La
comunidad de creencia poltica y de toda clase de convicciones nos habia
ligado; y me aprovech de la ocasion para adquirir muchas luces sobre
la situacion de Espaa.

Al da siguiente, cuando aquel excelente caballero se despedia de m en
la estacion del ferrocarril, en Madrid, ofrecindome cordialmente su
amistad, vine  saber que habia viajado nada mnos que con don Jos
Mara de Orense, _marques de Albaida_, grande de Espaa de primera
clase, y jefe del partido _demcrata_ espaol, cosa que vale mucho mas
que todas las grandezas de pergaminos.

As, aquel sujeto no solo me habia ofrecido un notable contraste social,
sino tambien un bello tipo de la sociedad espaola. En Barcelona habia
tratado en la fonda  un marques de muchas campanillas, absolutista de
_tuerca y tornillo_. Era un sugeto de excelente corazon, pero de
endemoniada cabeza, infatuado con su noble estirpe, intolerante en todo,
porque no admitia contradiccion, y energmeno en su tenaz absolutismo y
su odio  las ideas democrticas.

El otro marques, mi compaero de viaje--el noble demcrata--era un tipo
enteramente opuesto. No hacia el menor caso de la pretendida nobleza; no
se nombraba sino por su simple apellido de Orense (sin partcula); se
distinguia por su sencillez modesta y su tolerancia; hablaba de los
_pueblos_, sin acordarse de los _reyes_ (que eran la pesadilla del otro
marques), y no reconocia en los hombres otro valor que el de su mrito
personal. As, el estudio de las cuestiones sociales y el sentimiento
profundo de la justicia, habian hecho un _ciudadano_ de un _grande de
primera clase_. Orense me ofrecia, pues, el tipo del _noble moderno_,
que comprendiendo que los tiempos han cambiado y el mundo marcha hcia
el reinado de la libertad y la igualdad, se ha puesto del lado del
pueblo, para defender una causa que no ofrece medros sino gloriosa
pobreza, dejando el viejo camino por donde con tanta comodidad se iba
hcia el poder con la opulencia.

Orense, ademas, me mostraba el noble tipo del viejo castellano (no del
castellano viejo), tan simptico y respetable; es decir, del hombre
sencillo, de slido juicio, francote, honradote, lleno de chiste,
espiritual en su conversacion, agradable en su porte, y hospitalario y
servicial en grado eminente.

No se crea que he querido hacer un homenaje  una _persona_, que acaso
no leer jamas estas pginas. El rpido estudio que pude hacer del
pueblo espaol me convenci de que Orense era un tipo de doble carcter;
y los hombres tpicos son precisamente los mejores rasgos de la
fisonoma de una sociedad. No era extrao que yo llegase  Madrid
agradablemente impresionado.

       *       *       *       *       *

CUARTA PARTE.

LA NUEVA CASTILLA


       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

MADRID MONUMENTAL.


Aspecto general.--Plazas, paseos y jardines.--Museos y
bibliotecas.--Palacios, teatros y otros monumentos.--Las caballerizas
reales.

El viajero que carece absolutamente de relaciones en Madrid no debe
detenerse all mas de una semana. La capital do la nacion espaola,
relativamente nueva y mal favorecida por la naturaleza, no puede ocupar
la atencion, bajo su aspecto monumental, por mas de ocho dias;  no ser
que se quiera hacer un estudio especial de bellas artes. Es que en
Madrid lo mas interesante no es lo que se ve, lo que est  la
disposicin del pblico, sino lo que _no se ve_,  no puede estudiarse
sino al favor de las relaciones sociales.

Los templos de Madrid no merecen mencin especial, ni por su
arquitectura, pesada y vulgar, ni por sus tesoros interiores. Ese es un
hecho que contrasta singularmente con las tradiciones del catolicismo
espaol y con la pompa religiosa de las catedrales de Espaa. La Espaa
religiosa no est en Madrid: es preciso buscarla en Toledo y Granada, en
Sevilla y Valencia, en Barcelona, Burgos y Len. Madrid es la imagen de
la Espaa poltica, mediocre, artificial y contradictoria.

He residido veinte y siete das en la metrpoli espaola, aprovechando
todos los momentos y todas las relaciones para palpar y comprender los
rasgos principales de su fisonoma social; y tengo la pretension de no
haber perdido mi tiempo. Ser tan minucioso en los pormenores cuanto lo
permitan el interes de los objetos y la paciencia del lector.

Desde que se llega  Madrid se comprende que all reina con todo su
poder y su abandono una autoridad que no emana del pueblo. La vasta
ciudad, hermosa en su conjunto y en algunos de sus edificios, hace un
extrao contraste con sus cercanas: es un osis de piedra en medio de
un desierto. En el interior de la ciudad algunos bellos y aun
esplndidos jardines, las casas agrupadas y de elevada aunque vulgar
construccion, la vida, el movimiento, la animacion. Pero al derredor de
la ciudad colinas desnudas, sin un rbol, sin poblacion; campos
calcinados, solitarios, sin irrigacin, sin vida. El desierto por todas
partes, la soledad, como si el Africa empezase  las puertas de
Madrid....

Me olvidaba; hay algo que no est desierto, que ostenta la verdura, la
pompa de la naturaleza ayudada por el hombre,--el lujo del arte: ese
algo es, de un lado el _Buen Betiro_, con sus parques magnficos y sus
primores; del otro el _Pardo_, inmensa propiedad riqusima y preciosa,
que parece un pedazo de marco de esmeralda para cercar  Madrid, del
lado del Palacio-real. Esos dos algos le pertenece  la familia real....
All estn la hermosura y la vida. En lo dems, que pertenece al pueblo,
estn la desolacin y la esterilidad.

Verdad es que Madrid cambiar en breve, gracias al nuevo canal de
Losoya, que le llevar abundantes aguas de los montes de Guadarrama. La
capital de las Espaas no tendr sed y podr fertilizar y embellecer sus
campias.

Aunque Madrid es relativamente nuevo (pues su habilitacion como capital
data del tiempo de Felipe II), sus calles revelan el contraste de la
vieja sociedad espaola con la moderna. Sus paseos interiores, su
esplndida calle de _Alcal_, su hermosa plaza de _Oriente_ y las nuevas
construcciones que dondequiera se levantan, manifiestan inclinacin
hcia el buen gusto, la comodidad, el aseo y el _comfort_; mientras que
su vieja plaza _Mayor_, de vastas y oscuras arcadas, cerrada por grandes
prticos, sus antiguas calles tortuosas, sucias y repugnantes, como las
que avecinan esa plaza, y algunas callejuelas tristsimas mantenidas en
los barrios centrales, estn probando que todava resisten  la accin
del progreso las raices de la Espaa antigua, abandonada, rezandera,
tolerante de la mugre, amiga del silencio y de la oscuridad.

Por desgracia, ese noble pas del arte y del orgullo, que  pesar de sus
defectos de educacion ha hecho tan grandes cosas, tiene pocas nociones
del buen gusto. La arquitectura madrilea es pesada y carece de
elegancia y majestad; sus monumentos no tienen valor sino por lo que
contienen en el interior; sus edificios pblicos son de suma vulgaridad,
en comparacin de su objeto (con rarsimas excepciones); sus calles,
anchas y rectas en su mayor nmero, no tienen buen pavimento ni
suficiente aseo; y las nuevas construcciones, aunque con pretensiones de
suntuosidad, no hacen honor  los arquitectos espaoles. El palacio
inmenso del duque de Medinaceli (por via de muestra) es una suntuosa
caricatura pintorreada, sin dignidad; y el afamado _Palacio Real_, sin
nobleza artstica, aunque, muy vasto, es inferior en su aspecto exterior
 cualquier palacio notable de los que decoran  Lndres  Pars.

Es que (debo repetirlo) las buenas cualidades del pueblo espaol son
internas  intimas. Si se quisiese juzgar  esa sociedad por sus
exterioridades solamente, se la conoceria muy mal, hallndola muy
inferior  lo que es en realidad. Puesto que voy hablando de _Madrid
monumental_, detallar los principales rasgos de su fisonoma.

       *       *       *       *       *

La plaza de _Oriente_, situada entre el Palacio real y el Teatro
principal  de la pera, es la nica de Madrid que merece atencion.
Vasta, sombreada por magnficas arboledas, poblada de jardines alegres,
encuadrada por bellos edificios y llena de luz, interesa tambien por su
hermosa estatua ecuestre de Crlos V, en bronce, situada en el centro y
rodeada por un vasto crculo de estatuas de todos los reyes godos y
espaoles, en piedra bruta, algunos del mas macarrnico trabajo y en lo
general escasos de mrito artstico. Los madrileos tienen por muy
famoso su Palacio-real, y lo es en efecto, para Espaa; pero comparado
con muchos otros de Europa no merece gran reputacion, como obra de arte.

Entre los paseos de Madrid, intramuros, su renombradsimo _Prado_, su
inmensa calle de _Alcal_, cubierta de alamedas en gran parte, y su
laberinto y parque de la _Fuente Castellana_, tienen sin disputa la
preeminencia; sin contar los hermosos jardines _Botnico_ y del
_Retiro_. Es all donde se reune por la tarde todo lo que hay de mas
bello, de mas rico y elegante en la alegre sociedad madrilea; donde
puede admirarse la hermosa raza espaola en sus variados tipos y tenerse
una idea general de la fusion que se va produciendo en las costumbres y
los elementos de diversas pocas.

El Prado es una vastsima calzada sombreada por varias calles
largusimas de lamos y olmos gigantescos, y embellecida por grandes
fuentes. Una parte del paseo es mas espaciosa, encuadrada entre la
ciudad y los jardines del _Retiro_ y cuidadosamente macadamizada; y es
en ese trecho, llamado el _Salon del Prado_, donde reinan como soberanas
las elegantes bellezas castellanas. De un lado, el Prado se prolonga en
cierto modo hcia las alamedas de los _Recoletos_ y la _Fuente
castellana_ (al norte) y del otro (al sur) hcia la puerta de _Atocha_,
los paseos de las _Delicias_ y la estacion de los ferrocarriles.

Si la _Fuente castellana_ atrae al curioso por sus laberintos de
verdura, sus graciosos bosquecillos y sus elegantes quintas vecinas
(verdaderos palacios campestres) que asoman sus enrejados, sus balcones
cubiertos de guirnaldas y sus minaretes por entre las copas redondas de
los olmos; si en los _Recoletos_ se vaga, en la embriaguez de los
perfumes, bajo bvedas de follaje que incitan  la pereza; en el Prado
el movimiento de las gentes, los mil coches tirados por hermosas mulas 
yeguas andaluzas, y el extrao aspecto de los grupos de provincianos,
hacen afluir la corriente de paseantes hcia el monumento del _Dos de
Mayo_, los reales jardines del _Retiro_ y el vasto y bien mantenido
jardin _Botnico_, uno de los mas hermosos que se conocen en Europa.

Los parisienses tienen orgullo de poseer sus esplndidos jardines de las
Tulleras, del Luxemburgo, etc. Dejndolos en su buena y merecida
reputacion, prefiero el del _Retiro_ en Madrid, mnos suntuoso sin duda,
pero mas agradable, mas natural, mas espontneo, sin carecer por eso de
bellas obras de arte, que adornan las alegres calles de rboles y las
cercanas del enorme estanque establecido en el centro.

Yo me complacia, hijo del Nuevo Mundo y republicano, en recorrer
aquellos bosques tupidos y suntuosos, aquellas alamedas perfumadas,
aquellos jardines repletos de fuentes, estatuas y primores. Si me
faltaban las florestas vrgenes de mi patria y los mil rumores de sus
cataratas, sus torrentes, sus pjaros y sus insectos zumbadores,--al
menos vea fisonomas hermanas, reproduciendo muchas de mi tierra natal;
oia hablar en la opulenta lengua que me ense mi madre  balbucear;
contemplaba con recogimiento las numerosas estatuas de los reyes
espaoles, bajo los olmos corpulentos, no porque fuesen de reyes, sino
precisamente porque ellas me parecian escombros artsticos de pocas que
la libertad y el progreso han trasformado profundamente, y me hacian
evocar la historia de esa herica raza ibrica que llev su sangre al
suelo colombiano para fundar pueblos que la revolucion debia regenerar
y que la democracia habr de engrandecer.

La primera vez que recorr esos jardines esplndidos, iba de bracero con
un marques republicano, Orense, que no pensaba sino en la democracia, y
le daba mas energa al contraste mi situacion. All,  la sombra de las
alamedas y ante las imgenes de los monarcas, dos hombres enteramente
distintos fraternizaban cordialmente. El uno, hijo de la aristocracia
antigua, espaol y hombre de edad y de mundo, soaba con la libertad y
el progreso. El otro, hijo del Nuevo Mundo, plebeyo por su nacionalidad,
como todo demcrata, educado en la vida republicana, jven, inexperto,
viajando en busca de luz, y buscando en la patria de sus abuelos la
prueba prctica, pero negativa, de las verdades democrticas! Cuando nos
estrechbamos la mano no establecamos en cierto modo, sin pensarlo, la
alianza de los pueblos espaoles en la democracia, en el amor de la
libertad que nos habia hecho amigos?

       *       *       *       *       *

Madrid es digna de su rango de capital de una vasta monarqua, en cuanto
 la posesion de buenos y numerosos museos y muy estimables bibliotecas,
tanto pblicas como privadas. Por desgracia, los Espaoles no les
acuerdan  sus establecimientos de esa clase toda la atencion debida.
Verdad es que los estmulos faltan, porque all no se puede ejercer
ninguna profesion sin diploma oficial; los escritores, que podran
consultar las bibliotecas y estudiar los museos, hallan fuertes trabas
legales que restringen mucho la publicidad; y los artistas han tenido
que resignarse  la modesta condicion de copistas de las obras maestras,
por carecer de apoyo social.

Los pueblos que no tienen libertad de accion para darse una vida propia,
se hacen noveleros y superficiales. Este hecho se nota en gran parte de
la sociedad madrilea, dominada por un _francesismo_ ftil, que la hace
buscar con ahinco los objetos del arte parisiense, mas  mnos
exagerados  fascinadores, en vez de proteger la inspiracion de los
artistas nacionales. En Madrid hay muchos y buenos artistas; pero
ninguno de ellos _crea_: sus gabinetes estn en los museos pblicos, 
donde van  hacer copias casi automticas, en lugar de ponerse  copiar
la naturaleza  sus propias inspiraciones y producir las grandes y
nobles obras de que son muy capaces unos cuantos. Madrazo mismo, tan
superior artista, no hizo mas que vegetar brillantemente en el arte
divino de Rafael, de Rubens y Murillo.

Muy laboriosa sera mi tarea y superior  mis conocimientos (porque en
materia de bellas artes no tengo sino instintos), si me detuviese 
mencionar todo lo que hay de bueno, de interesante y primoroso en los
numerosos museos de todo gnero que enriquecen  Madrid. Perdneseme,
pues, que solo me detenga en lo mas sobresaliente, sin hacer mas que
apreciaciones someras.

La verdadera maravilla de Madrid es, sin disputa, el Museo de Pintura y
Escultura, situado en el paseo del Prado. El palacio es esplndido en su
exterior, evocando en su fachada principal las figuras inspiradas y los
nombres gloriosos de los mas eminentes artistas espaoles. All, en ese
noble altar de piedra levantado al genio en presencia de un pueblo que
ha sido tan herico, se ven las estatuas de Alonso Cano y Herrera, de
Velzquez y Murillo, de Ribera y Montaez, de Roelas y Zurbarn, y de
toda esa plyada de divinos maestros que le dieron  Espaa el derecho
de llamarse nacion de artistas como de hroes y poetas. Ese museo hace
honor  Espaa y merece bien la codicia con que lo miran los artistas
extranjeros.

El vasto edificio, construido _ad hoc_, contiene en sus numerosos
salones cerca de 2,000 cuadros pertenecientes  todas las escuelas de
pintura, entre los cuales no sera dificil contar centenares de obras
maestras  de gran mrito. Por desgracia, hay gran exceso de cuadros
para el edificio, lo que hace que muchos estn como perdidos en oscuras
y estrechas galeras  corredores, donde no pueden ser apreciados por
falta de luz, espacio y buena colocacion.

Pero la inmensa coleccion privilegiada basta por s para embelesar y
arrebatar. All se pueden apreciar y comparar todas las escuelas, en
cuadros de primer rden cuyo valor es incalculable. Si los salones
destinados  la pintura espaola son opulentos, la cosa es natural. Pero
esa riqueza incomparable est equilibrada por la de los cuadros
pertenecientes  las escuelas holandesa y flamenca, en que el Museo de
Madrid es superior  todos los dems de Europa. Verdad es que en la
parte italiana no hay comparacion con el _Louvre_ de Pars, pues aunque
hay muy bellos _Correggios, Caraccios, Renis, Tintorettos, Tizianos,
Verones, Salvator Rosa_, etc., etc., son escassimos los _Rafael_ y
_Miguel Angel_. Con todo, el Museo posee la famosa _Perla_, esa divina
creacion del pintor de Urbino, que hara adorar la Vrgen al que no la
hubiese comprendido ni soado en sus fantasas religiosas.

La parte flamenca y holandesa tiene cuadros en que se revela toda la
grandiosidad caprichosa del genio de Rubens, todo el poder de imitacion
y fantasa de Van-Dick, toda la verdad y la energa de las risueas
escenas de Teniers, y toda la originalidad tpica de esos cien pinceles
holandeses y flamencos que buscaban en el hogar domstico y en las
realidades de la vida asuntos de inagotable inspiracion.

En cuanto  los grandiosos salones espaoles, el visitante como yo, que
no conoce el arte, sino que apnas siente en el corazon y en el instinto
de lo bello y lo grande los rudimentos de un arte ntimo y natural, no
sabe qu admirar mas entre tantas obras maestras. Ora se siente uno
atraido  la meditacion religiosa por esas vrgenes y esos santos de
Murillo, llenos de uncion, de espritu celeste, de majestad divina, como
si el artista hubiese trabajado siempre al pi de los altares, despues
de sus comuniones que precedian al comienzo de cada cuadro. Ora se pone
uno  reir,  se encanta imaginando risueos pasatiempos, al ver
creaciones de Velzquez, ese crtico de pincel, donde el espiritualismo
burlon se revela en cada pincelada; donde cada sombra es un pensamiento,
cada rasgo un epgrama y cada golpe de luz  de colorido da la imgen de
una sonrisa, de un retozo, de un chiste sarcstico. Ya se contemplan
con recogimiento los severos cuadros de Ribera, profundamente
filosficos;  se admira la frescura lozana de las creaciones de Alonso
Cano.

Cuando yo terminaba la rpida inspeccion de aquel inmenso templo del
arte mas divino, mas fecundo y elevado que el hombre ha podido
cultivar,--templo que sera preciso visitar durante meses para darse una
idea cabal de su valor,--sentia que mi espritu se habia ensanchado, que
mis nociones intuitivas sobre lo sublime tomaban consistencia. Entnces
me dije: si la historia no hablase tan alto, este museo sera bastante
para probarme que Espaa ha sido un gran pueblo. Solo una raza eminente
(por mal dirigida que sea) puede producir  inspirar artistas como los
que tienen aqu un altar!

El Museo de Escultura, que ocupa la parte baja del Palacio artstico, no
corresponde en manera alguna  la magnificencia del Museo de Pinturas.
Algunas antigedades, mas  mnos mutiladas, procedentes de las
excavaciones de Pompeya, varios bellos mosicos, bastante raros, un
grupo de _Cstor y Plux_, admirable, magistral y antiguo (en mrmol
blanco), y las estatuas de bronce de Carlos Quinto y su esposa, Felipe
II y otro personaje que no recuerdo--obras superiores de un artista
italiano--, he ah todo lo que merece bien atencion en ese museo todava
pobre.

Madrid posee tres grandes museos militares de bastante mrito: el de la
_Artillera_, el de la _Armera_ y el _Naval_. En ellos se
encuentran verdaderos tesoros y maravillas de arte; pero por
desgracia los locales no son suficientes para contenerlos ni estn bien
apropiados al objeto. All no solo se encuentran obras maestras de
exquisito primor en materia de cinceladura y forja, de bordado y otras
artes, sino que puede seguirse paso  paso y metdicamente la historia
militar de Espaa, y la marcha no solo de su civilizacion especial sino
de la de todo el mundo.

Nada hay que haga comprender tan enrgicamente la tendencia de la
humanidad hcia la supresion de la fuerza brutal (como potencia
dominadora) y la suavizacion de las costumbres, ahorrando la sangre y
evitando torturas y crueldades, como esos museos de la matanza y la
devastacion donde el hombre retrata en cascos y armaduras, alabardas,
hachas y caones la brutalidad de las viejas sociedades y las luchas
cruentas por las cuales ha tenido que pasar la civilizacion para
espiritualizarse y conducir los pueblos hcia el reinado del derecho, de
la razon y de la opinion, en reemplazo del de la lanza y el tormento.

Los museos militares de Madrid son triplemente ricos, porque,  virtud
de las condiciones histricas de Espaa, muy excepcionales, sus
colecciones tienen que representar los elementos de combate de pocas y
regiones muy diversas y la huella de las dominaciones romana,
gtico-arbiga y austro-francesa, que han pesado sucesivamente sobre la
sociedad ibrica. Aquellos museos no solo evocan la historia de esas
dominaciones, sino tambien la de la conquista de Amrica, de las
guerras en Italia y los Paises-Bajos, y de la Inquisicion, cuyos
smbolos sombros se ven en los instrumentos de tortura.

La Espaa moderna est representada all por innumerables modelos de
armas, buques y elementos de guerra,--de planos en relieve, plazas
fuertes y puentes civiles y militares,--de estatuas y bustos, y de
banderas y trofeos. Hay ademas riqusimas colecciones de muestras de
maderas (de Espaa y sus colonias) superiores para la construccion y la
ebanistera. Entre las obras de arte llama la atencion un enorme plano
en relieve de la ciudad de Madrid, en yeso, que es de un mrito
sobresaliente; as como entre las curiosidades histricas se notan: la
famosa, tienda de los Reyes Catlicos en Granada, trabajo exquisito y
muy adelantado para su poca, y la mesa y las sillas que sirvieron para
redactar y firmar el convenio de Vergara, que puso fin  la guerra civil
de los carlistas. Aquellos muebles, desfondados y cojos, me parecieron
un poco epigramticos en medio del vasto Museo de Artillera. Se me
figuraba que por su cojera remedaban al gobierno espaol. Veinte aos
hace que Espartero y Cabrera inmortalizaron con sus asentaderas esas
rsticas silletas de una choza, y todava Espaa est esperando la
libertad y el gobierno sinceramente constitucional que debieron surgir
del famoso convenio de Vergara.

El Museo de Historia natural, que ocupa un vasto edificio en la gran
calle de Alcal, no parece haber merecido muy grandes atenciones de
parte del gobierno. Me pareci, apesar de su mrito real, un poco
descuidado en la clasificacion de las especies y familias, y
relativamente inferior  los museos de ciudades mucho mnos
considerables que Madrid. Busqu sobre todo, con particular ahinco, las
colecciones de objetos colombianos, y me parecieron lamentablemente
pobres, en atencion  las incomparables ventajas con que ha contado
Espaa para procurarse en el Nuevo Mundo una abundante y variada cosecha
de productos de los tres reinos.

Madrid es rica en bibliotecas universales y especiales que merecen alto
interes, principalmente en lo relativo  Colombia, y posee tambien
archivos abundantes con numerossimos y muy raros manuscritos. Pero es
preciso confesar que no se hace mucho caso de las tales bibliotecas, muy
poco frecuentadas, segun not. Los duques de Osuna y Alba tienen
bibliotecas particulares repletas de tesoros y primores, y casi nadie
las visita ni consulta.

Entre las cinco  seis pblicas que pude ver debo citar la _nacional_ y
la del Congreso. La primera, casi escondida en un rincon de Madrid, en
un pobre edificio, est muy mal alojada y en completo desrden. Los
soldados y las mulas reales tienen palacios por habitaciones, mintras
que los grandes pensadores de la humanidad viven como trastos intiles
encajonados en desconcierto, en una mala casa y cubiertos de polvo.
Algunos salones estaban vedados,  causa del desrden ostensible; pero
en los que estaban  la disposicion de los lectores hall tal mezcolanza
de literatura y teologa, ciencias y necedades, latin  ingls y todos
los idiomas, que si los autores de los libros pudieran resucitar y
asomar la nariz en los respectivos estantes, se hallaran muy asombrados
de la compaa y mistificados por los anacronismos.

La Biblioteca del Congreso, cuya base principal es la que perteneci al
pretendiente Don Crlos, no tiene de particular sino sus documentos
polticos que le son especiales. El bibliotecario me mostr con suma
galanteria cuanto le ped, y tuve la particular curiosidad de hojear y
leer las famosas constituciones de 1812 y 1837, autgrafas y firmadas
por todos los legisladores respectivos. Yo admiraba la audacia y el
patriotismo de esos hombres eminentes, regeneradores de Espaa; pero al
ver los armarios repletos de cdigos, constituciones y tratados, me
decia con tristeza: Cunta letra muerta! Entretanto pasaba por la
calle un batallon, y el ruido de las cornetas penetr hasta la
biblioteca del Congreso, Esa es la verdadera ley;--me dije
entnces,--esa voz gobierna  los pueblos con mas poder que la de sus
pretendidos representantes....

       *       *       *       *       *

El palacio destinado al Congreso es un bello y noble monumento, de
estilo griego en su fachada principal; pero carece de elevacion, y las
otras tres fachadas son absolutamente vulgares. En el interior se
encuentra bastante gusto y sencillez de adornos, aunque los salones,
demasiado multiplicados, son pequeos. Uno de ellos contiene un gran
reloj-cronmetro, de armario, fabricado en Barcelona, verdadera
maravilla bajo todos aspectos. El salon de las sesiones es elegante y
posee muy hermosos frescos pero revela, por la distribucion mezquina de
las tribunas pblicas, que en lo que mnos se pens fu en darle asiento
al pueblo espaol para que, oyendo  sus representantes, pueda
juzgarlos, formarse una opinion y hacer efectiva la responsabilidad
moral.

En el centro de la plazuela dominada por el palacio del Congreso est
colocada, entre una verja de hierro, la bella estatua de bronce erigida
 Cervantes, y cantada por Zorrilla, el bardo de las fantasas y las
opulentas armonas. Los Espaoles no han sido muy prdigos en estatuas y
monumentos para perpetuar la gloria de sus genios; pero ya comienzan 
pensar en eso. Sinembargo, aunque el inmortal Quintana tendr su
monumento, ha sido asunto de grande y acolorada disputa entre los
partidos la ereccion de una estatua  Mendizbal. El proyecto nomas hizo
caer  un ministerio ( contribuy en mucho  la fechora), convertido
en cuestin de gabinete. En un pas donde no hay libertad para adorar 
Dios como le plazca  cada cual, no es extrao que se prohiba dar culto
 las ideas liberales representadas por un gran patriota.

Hay en Madrid un monumento que prueba, por su popularidad  el respeto
universal que le rodea, que los Espaoles, si bien se arrancan los ojos
por las cuestiones interiores, estn unidos por un solo sentimiento--el
de la independencia--cuando se trata de la nacionalidad. Ese monumento,
tan noble por su severa sencillez como por las epopeyas que evoca, es el
del _Dos de Mayo_, que domina una de las esplndidas alamedas del Prado.
Una pirmide do granito y piedra, algunos nombres escritos que valen por
un poema, un leon en relieve, una inscripcion conmemorativa y un doble
crculo de cipreses, he ah lo que basta para recordar  los Espaoles
que en aquel sitio sufrieron su martirio glorioso algunos defensores de
la independencia y la libertad, y que no es digno de su patria ni de
llamarse ciudadano sino el que sabe darse todo con abnegacion  la causa
que la justicia, el derecho y el honor santifican.

Ese monumento me hizo fijarme en una observacion curiosa que he podido
repetir en muchos lugares de Espaa. Los Franceses, invasores y
sacrificadores en la poca del primer imperio, son muy simpticos en
Espaa; en tanto que los Ingleses, que le ayudaron al pueblo espaol 
rechazar la invasion, no gozan de simpatas en la pennsula. De qu
depende ese contraste al parecer injusto? Es que las razas llamadas
_latinas_ en Europa, tienen por distintivo esencial de su carcter la
abnegacion, el heroismo y la iniciativa espiritual; y la nacion
francesa, que  pesar de sus defectos polticos, es la primera en todo
lo que es generoso y magnnimo, ha adquirido un inmenso  indestructible
prestigio sobre los pueblos que se le asimilan.

Ademas, los Espaoles han hecho, como lo hace todo extranjero que
visita el pais, una observacion muy importante. Durante la guerra de
1808, los Franceses, como enemigos, hicieron volar muchas fortalezas,
pero construyeron puentes, teatros y otras obras; en tanto que los
Ingleses, como aliados, aprovecharon la oportunidad para destruir en
Espaa las _fbricas_ de porcelanas, paos y otros artculos, que podian
hacerles competencia. Muchas veces los _amigos_ hacen mas dao que los
enemigos.

Madrid posee siete  ocho teatros, aunque regularmente no funcionan sino
cinco: el de la _Opera_, el _Frances_, el de la _Zarzuela_ y dos de
dramas y comedias, con acompaamiento de baile, etc. Los demas son
insignificantes. Con excepcion del _Teatro real_  de la pera, que es
esplndido, suntuoso, muy vasto, bello como monumento y uno de los mas
grandiosos de Europa, en su gnero, los demas, aunque bonitos en su
interior, carecen de positivo mrito en sus formas. Mas adelante hablar
de la situacion del arte dramtico en Madrid, como un elemento de la
vida social.

Perdneseme que pase de los monumentos personales y los teatros, _ex
abrupto_,  las _caballerizas reales_, monumento elevado  los caballos
y las mulas de la Corte con mucho mayor esmero que las vergonzantes
estatuas  columnas consagradas  la gloria de los grandes genios. Si de
la transicion surge un curioso epgrama, la culpa no es por cierto mia.

Las _caballerizas_ reales son consideradas (con mucha razon por
desgracia) como una de las maravillas de Espaa, el pas por excelencia
de los contrastes y extraos fenmenos sociales. La Corte, que ocupa el
palacio real (que no pude visitar por estar presente la reina), tiene 
su derecha casi todas las Legaciones extranjeras, y  la izquierda las
caballerizas: las unas que tiran del coche de la nacion espaola, cada
cual por su lado; las otras que sirven para las carrozas de la reina de
Espaa. No s de qu lado tirarn con mas fuerza  habr genios mal
recalcitrantes.

Un inmenso palacio, aunque no de condiciones aristocrticas, sirve de
alojamiento  los dichosos brutos que tienen el honor de llevar sobre
sus lomos  las personas de la Corte  tirar sus doradas carrozas y
berlinas. El edificio est dividido en grandes compartimientos adecuados
para guardar los carruajes y arreos, en asombrosa profusion; abrigar los
potros y las yeguas de primer rden, que estn all como joyas de
primor; alojar setenta soberbios caballos de tiro, otros tantos de
silla, doscientas mulas para los coches de palacio, y un enjambre de
lacayos y mozos puestos al servicio de sus amos, cuadrpedos de sangre
azul. Los dignos brutos estn todos enjaezados con hermosas libreas en
sus magnificas  interminables cuadras, y parecen enorgullecerse al
recibir las visitas de tantos extranjeros, ya pateando con garbosa
satisfaccion, ya irguiendo sus lustrosos cuellos y sus abundantes y
crespas colas, como cisnes terrestres. La gualdrapa que viste cada uno
de esos miembros de la aristocracia de los brutos, vale mas que todo el
vestido que un labriego espaol puede consumir en un ao. Cada caballo
es un prncipe, con su corte de lacayos, cada yegua una jven mimada, y
cada mula una matrona respetable y corpulenta que, al mirar con desden
al Espaol plebeyo que se acerca, parece tener la conciencia de su
dignidad y su grandeza.

Todo el edificio es admirable por la cmoda distribucion, el aseo, la
magnificencia de las razas de brutos y el buen servicio. Pero despues de
admirarlo pregunt si la Corte no permitia la propagacion en el pas de
aquellas razas superiores, procedentes de diversas regiones del mundo, y
me dijeron que no. Todos esos tesoros son, pues, de puro lujo, sin
utilidad para el Estado. Y ese palacio de los brutos ha costado
millones, esos animales valen millones, y su manutencion esplndida
cuesta enormes sumas anuales. Entre tanto, hay poblaciones enteras de
mendigos, hay millares de familias que habitan cuevas practicadas en los
barrancos, hay canales cegados, puertos inseguros, rios sin puentes,
calles sin salubridad, y muchas miserias que remediar y obstculos que
remover....

Parece que no alcanza el dinero para hacer todo eso, ni hay urgencia,
puesto que las mulas no tienen novedad en su importante salud.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

MADRID POLTICO Y SOCIAL.


La Corte y la nobleza.--La juventud espaola.--Escenas matinales.--Las
calles de Madrid.--El Prado.--El teatro espaol.--El caf pblico en
Espaa.--Tendencias sociales.

No pretendo en manera alguna centralizar la sociedad espaola, bajo
todas sus faces, en Madrid. Como he dicho, hay en Espaa cuatro Espaas
distintas, que tienden  confundirse, que se van mezclando fuertemente y
que no muy tarde formarn una sola. Pero Madrid, aunque no representa
principalmente sino la Espaa castellana, es, como centro poltico, un
espejo fiel de la vida general de la nacion espaola. Lo que sucede en
Madrid, en lo poltico y social, so repite en las demas grandes ciudades
espaolas, con mas  mnos vigor segun las costumbres caractersticas de
cada provincia.

Si la Corte es un elemento de estudio para el viajero en Espaa, por sus
especialidades, la sociedad de Madrid no deba observarse, para apreciar
sus cualidades y sus defectos, sino en el Prado, en los teatros, la
plaza de toros, los hoteles  fondas, los cafs, las calles y las
reuniones pblicas y privadas. En cunto  _Madrid poltico_, hay que
buscarlo en las Cmaras, en el periodismo, los tribunales, las juntas
annimas, el Ateneo, y sobre todo los cafs. El que juzgase  los
Espaoles por lo que _escriben_  _peroran_ en pblico y solemnemente,
formara opiniones muy errneas. Para conocer el tipo del Espaol, como
_ciudadano_, hay que oirle _hablar_ en el caf, donde se revela
libremente tal cual es. La mesa del caf pblico es la verdadera tribuna
del Espaol.

La prensa en Espaa est amordazada y generalmente prostituida en el
periodismo, como sucede con todo elemento de civilizacion que se degrada
cuando lo comprimen  guian artificialmente. Pero los Espaoles se
desquitan de palabra de la esclavitud que les han impuesto en la prensa.
No hay un pas en Europa, inclusive Inglaterra, donde se hable con mas
libertad que en Espaa, en los recintos que no tienen carcter oficial 
poltico. Y puede decirse que donde realmente se discuten en ese pas
los asuntos polticos es en los cafs, las mesas redondas de los hoteles
y los _casinos_  crculos privados.

Hablemos primero de la Corte y despues de los Espaoles. Pero no hay que
confundir a la Corte y los cortesanos con la aristocracia. Talvez la
mayor parte de los verdaderos cortesanos no pertenece a la aristocracia,
la cual, en Espaa, si vale mucho menos intelectualmente que la de
Inglaterra y Francia, tiene mejores cualidades morales.

Ese orgullo insolente de los nobles de otros paises no se conoce en
Espaa. Su aristocracia moderna, la que se ha formado por su accion en
la poltica, en la literatura  en la guerra, es muy reducida, y no
ostenta sus ttulos (nico distintivo), sino que se confunde con las
demas clases sociales en todas las relaciones. La aristocracia antigua 
tradicional gusta, en lo general, de ostentar sus ttulos en grandes
escudos de armas y blasones, en ruidosas denominaciones y en otras
exterioridades. Pero en realidad, esas demostraciones no revelan una
infatuacion personal sino un alto orgullo de familia, sentimiento
piadoso y patritico en el fondo; puesto que consiste en el culto  las
glorias de sus antepasados y  las tradiciones de la independencia y de
las grandes proezas de la Espaa antigua.

Creo muy sinceramente que la aristocracia de ttulos  hereditaria, no
tiene de malo sino los privilegios y las desigualdades inicuas en que
generalmente se apoya. Pero reducida  _ttulos_, sin prerogativas
injustas, es meramente ridcula, y por tanto inofensiva,  racional en
cuanto se funde en la conservacion inclume del honor, de la gloria y
del respeto hcia los progenitores, y entnces puede ser un estmulo
hasta cierto punto. Con todo, no vale la pena una aristocracia
inofensiva  puramente titular de hacer tanto ruido y de empearse en
conservarla legalmente. Mejor sera que su valor se estableciese por la
opinion fundada en la libertad.

Como quiera que sea, la aristocracia espaola es realmente un pergamino
viviente. Sin mayorazgos ni privilegios ante la justicia, su poder es
nulo; y como no ha procurado adquirir influencia moral por medio de las
letras, la tribuna, etc., cada dia se hace mas insignificante, reducida
 muchos blasones y algunos doblones. Los nobles de Espaa son, de
resto, los mas demcratas (si los puede haber) de cuantos se conocen en
el mundo. Ni piden limosna, como los de Italia; ni dan ltigo, como los
de Rusia; ni se hacen caballeros de industria, como tantos en Francia;
ni viven  estilo feudal, como los de Alemania; ni viajan como los de
Inglaterra con orgullosas nfulas. Confundidos frecuentemente con el
comun de la sociedad, se les ve en la mesa redonda del hotel, en el
corrillo de la calle  del caf, en al _parterre_ del teatro  en la
_diligencia_ de viaje, muy contentos de alternar familiarmente con todo
el mundo. V en los cafs  muchos nobles discutiendo afectuosamente con
estudiantes y periodistas, y siempre mostrndose tolerantes.

Recuerdo que un dia cierto baron  conde muy estimable, me invitaba 
dejarme presentar en Palacio para conocer la Corte de cerca y besar la
mano  la reina. Le contest riendo: Seor mio, no tengo inconveniente
en besarle la mano  una dama; por galantera; pero cuando la dama fuese
reina, me sentira humillado en mi altivez de republicano. Ademas, los
reyes no son para m sino animales curiosos; y despues de haber visto en
los jardines zoolgicos las girafas, los hipoptamos y los orangutanes,
no me siento con urgencia de ser curioso. El excelente sugeto, en vez
de picarse de mi brusquedad colombiana, me dijo con suma amabilidad:
Vamos,--tiene U. razon; cada cual tiene el punto de vista de sus ideas
y de su educacion social. Nuestra reina es una guapa seora; pero para
U. no hay mejor reina que la libertad. Enhorabuena.

Esas condiciones que distinguen  la aristocracia espaola (que no es
egoista ni avara) prueban dos verdades: 1 que la nacion espaola es y
ha sido en el fondo, por su carcter, esencialmente democrtica,  pesar
de sus detestables instituciones; y 2 que su regeneracion actual es
mucho mas positiva de lo que las apariencias pueden hace creer.

La _Corte_ es un mundo muy diferente de la aristocracia. Talvez la de
Espaa es la mas corrompida de Europa, despues de las de Turqua y Roma.
Es all donde se agitan y pululan los mas extraos manejos y las mas
impuras intrigas,  despecho de la nacion espaola. Es all donde se
hacen y deshacen ministerios, que no debieran tener su cuna ni su tumba
sino en el seno de la opinion nacional. Y  decir verdad, hay casas
entre las gentes de la Corte  donde las familias que se estiman no van
jamas  van muy rara vez y por necesidades de etiqueta. La poltica mas
impura se elabora en esos salones y esas alcobas, donde tienen sus
templos la lisonja, la empleomana y el interes.

No habiendo penetrado  las regiones de la Corte, ignoro personalmente
(y espero seguir viviendo en mi santa ignorancia) los misterios de ese
mundo de tinieblas. Pero he recogido en Espaa abundante provision de
ancdotas que edificaran al mejor _amador_ de escndalos. No las
relatar, pues, gracias  los Espaoles, tengo mejores cosas de qu
hablar....

En Espaa hay una cuarta clase de la sociedad, compuesta de brillantes
prias, que inspira el mayor interes: la _juventud_. Es observando su
situacion y desarrollo que puede comprenderse mejor la lucha actual,
definitiva, entre la antigua y la moderna Espaa. El ejrcito le es
antiptico  esa noble falange; el foro y el profesorado le estn casi
vedados, porque las leyes oponen poderosas cortapisas al libre acceso;
la vida parlamentaria est monopolizada por los empleados pblicos y los
ministros, as como por los grandes capitalistas; el periodismo est
sometido  la censura previa y la persecucion, y la ingeniatura civil
misma est sujeta  las influencias oficiales. As, la juventud pobre
que quiere avanzar y hacer carrera y se siente animada por las mas
generosas inspiraciones, vegeta en realidad, reducida  _rumiar_ ensayos
literarios, perorar en los cafs, mantener justas especulativas en los
crculos literarios y gastar su vigorosa naturaleza de un modo estril.

Donde quiera, en Madrid, he visto una juventud muy inteligente,
ambiciosa de luz y de condiciones excelentes para desempear un gran
papel. La filosofa moderna alemana, la economa poltica y la historia
son muy cultivadas por esa clase briosa y casi abandonada; y es de su
seno que salen dia por dia,  pesar de mil dificultades, oradores
elocuentes y escritores de buen temple, que un dia sern hombres de
estado, porque el viento del siglo los empuja, pero que harn su carrera
muy trabajosamente. Toda esa juventud es liberal, demcrata, y es en sus
manos que veo el porvenir de Espaa.

La gran mayora social de Madrid es ardientemente liberal, y el espritu
de progreso y de independencia se revela en los obreros  artesanos de
un modo inequvoco.

Lo mismo sucede  casi todos los grandes centros de poblacion, donde el
fanatismo ha decaido notablemente y las ideas de gobierno civil son
generales. Creo que la democracia espaola, ntes de diez aos, saldr
triunfante de esas grandes ciudades  dominar toda la pennsula, porque
en ellas se est verificando un trabajo de discusion privada y de
propaganda que acabar por crear las convicciones correlativas de los
instintos democrticos.

Varias veces asist  las sesiones del Congreso en Madrid, y tuve la
fortuna de oir discurrir  los mejores oradores de todos los partidos. A
juzgar por ellos, y teniendo en cuenta la intolerancia reglamentaria que
les impide hablar con libertad, me pareci que Espaa era superior en la
oratoria  la Espaa periodista  escritora. Y eso es muy natural,
puesto que all todo el mundo tiene en el caf una tribuna, donde entre
taza y taza de chocolate se producen excelentes cosas espontneamente.
En lo general, los discursos de los diputados tenian una fuerte dsis de
personalidad, vicio que proviene de la organizacion artificial y
contrahecha que tienen los partidos. Tambien not sobrada abundancia de
palabras y repeticiones an en el afamado Olzaga y el brillante
Aparici; pero ese defecto no solo proviene del mal giro de la poltica
espaola, sino tambien de la natural ampulosidad de la lengua
castellana, de la cual se abusa mas cuando, por falta de libertad en el
discurso, se tienen que sacrificar las ideas  las formas.

El mariscal O'Donnell, jefe del gobierno, se ponia furioso cuando le
contradecian los oradores de la oposicion, sin saberse sujetar  las
buenas reglas parlamentarias. Es que; bajo todas las latitudes, los
hombres de sable se creen siempre en el cuartel, cualquiera que sea su
posicion. Cuando parecen hacer un argumento, en realidad no tienen la
intencion sino de decir  la asamblea que los escucha: _Armas al hombro
y paso redoblado_!

Madrid, que cuenta 281,170 habitantes, no solo tiene muchos institutos
literarios y cientificos importantes, sino que revela su vitalidad
poltica por medio de numerosas publicaciones peridicas. No tiene mnos
de veinte grandes peridicos, casi todos diarios, algunos muy bien
escritos, casi todos llenos de aticismo y personalidades; y publica
ademas gran nmero de revistas y peridicos _ilustrados_, que no carecen
de mrito.

Por desgracia, el periodismo espaol est demasiado afrancesado en
algunas materias; se descuida mucho lo nacional por las traducciones de
futilezas parisienses; y no pocas veces hay que recordar  _Fgaro_, 
propsito de ciertos traductores que no cuentan para su labor sino con
atrevimiento y diccionario,--y algunos con el atrevimiento solo.

Quereis tener alguna idea respeto de _Madrid social_? Acompaadme 
pasar all un dia ordinario, y en todos sus incidentes hallareis mas de
cuatro revelaciones. Son las siete de la maana y salgo  buscar el sol
y el aire puro. Madrid despierta  medias. Sus ricos capitalistas, sus
gentes de la aristocracia y sus hombres del mundo elegante y poltico,
duermen profundamente. No se levantarn sino  las once,  medio dia 
mas tarde, porque no se han acostado sino  las dos  las tres de la
maana. Esa es la costumbre. Las puertas de las casas y tiendas se abren
lentamente, si son de rango subalterno. En la calle no se encuentra sino
al pobre vendedor de legumbres, sucio y harapiento; los barberos afilan
filosficamente sus navajas, detras de sus celosas bajas; los aguateros
asturianos empiezan su tarea, arriando sus diminutos pollinos cargados
de pequeos toneles de agua; los mozos de caf, trasnochados por sus
innumerables  inamovibles parroquianos, bostezan, se estiran
voluptuosamente, y hacen traquear sus coyunturas como matracas. Las
calles estn...revelando que la noche ha pasado por encima de ellas, y
saludan el dia con los olores mnos confortables del mundo.

Oigo un extrao ruido sobre mi cabeza, cual si tuviese lugar un areo
tiroteo. Vuelvo la vista y descubro  todas las cocineras y sirvientas
de la real Madrid exhibiendo todas las curiosidades de los lechos
conyugales, celibatarios y de prvulos. La una sacude en el balcon,
sobre la calle, un viejo tapete, una sbana  un faldellin de lana, si
no un cuero de oveja de indescriptible aplicacion; la otra desenrolla
una estera...imposible. Esa cuelga una crinolina al aire, como farol;
aquella pone en exposicion artstica un colchon  algo peor. Madrid
ntimo, el Madrid de la alcoba, sale  luz en toda su desnudez,
asomndose  todas las ventanas, sacudiendo su polvo en todos los
balcones, y mbas aceras quedan colgadas durante dos  tres horas, como
si fuese  pasar alguna procesion de caricaturas.

Tal es Madrid por la maana, en casi todas sus calles. Quereis
acompaarme al almuerzo? No vale la pena: es como en todas partes. Venid
mas bien conmigo al chirivitil del barbaro espaol, que hallareis en
cualquier entresuelo de casa vieja  en una tienda que da sobre la
calle. Si no teneis barba que rapar no importa: entrad siempre y os
divertireis, conociendo un interesante tipo espaol.

Todo barbero charla sin cesar: eso es trivial y universal. Pero el
barbero espaol no se parece  ningun otro barbero en ciertas
cualidades. El viejo _Fgaro_ no existe: es un tipo que las revoluciones
han suprimido. Su sucesor en Madrid no tiene los recursos de intriga, ni
las mil hbilidades, ni la _literatura_ del hroe de Beaumarchais.
Truhan por excelencia y amable y meloso, el barbero contemporneo os
har reir, os hablar de teatros, de las corridas de toros, del
ministerio y las Crtes, de las muchachas bonitas, y sobre todo de las
vidas ajenas. Le hallareis malicioso, pero jamas calumniador; sumamente
chistoso, pero sin grosera; instruido en todos los misterios de alcoba
y de fortuna, pero sin llevar la indiscrecion muy adelante. Una palabra,
un gesto, una sonrisa burlona del barbero os dir mas que un discurso.
El barbero espaol tiene la tica elocuencia del gesto.

No le hableis de religion, porque os barajar el asunto y agachar la
oreja con malicia. Dejos manosear libremente, si quereis complacerle y
que os afeite bien. Su oficina carece de aseo, sus peines aterran por
las plantas parsitas que contienen; os enjabonar la cara con las
manos, en vez de la brocha; os raspar como si pelase  un cerdo; pero
al fin os divertir, os har mil cumplimientos y un hermoso par de
patillas andaluzas, y cuando le pregunteis cunto vale su trabajo, os
responder con el tono mas espaol, mas generoso, altivo sin afectacion:
Lo que U. guste, caballero.

       *       *       *       *       *

Salgamos  dar una vuelta por las calles de Madrid. Su movimiento es
interesante. El aspecto material de las calles tiene bien poco de
importante, porque Madrid por ese lado es una mala copia de Paris.
Hoteles y cafs, almacenes y tiendas, casas y coches, todo se parece en
su exterior, si es nuevo. Es en los pormenores, en los grupos sociales
donde, apesar del _dandy_ madrileo, del _leon_ espaol (bastande
inspidos), se revela Espaa, la verdadera Espaa, compuesta de tantos
tipos diferentes, pero que armonizan en Madrid de un modo singular.

Apartemos la vista de lo que es puramente imitativo, extico, aunque el
contraste no carece de interes. All un grupo de rancios castellanos
discurre bajo de un portal sobre las maravillas de una civilizacion que
les sorprende. Los ferrocarriles en Espaa!--es cosa de perder la cabeza
para un segoviano de puo cerrado,  uno de esos aragoneses  burgueos
de la vieja estirpe. Mas all departen sobre el precio de los _pellejos_
de vino algunos manchegos cosecheros,  echan sus cuentas sobre la
escasez de los trigos,  la puerta de un ventorrillo de esquina, entre
uno y otro largo trago de Valdepeas; con la manta amarillenta de lana
burda recogida sobre un brazo, medio levantado por delante el fieltro de
anchas alas, y dndole  la conversacion ese acento perezoso de los
paisanos del inmortal Caballero de la _triste figura_.

Mas ljos, al derredor de una fuente pblica, se agrupan en desrden los
aguadores asturianos, de calzon corto y alpargata, chaqueta remendada,
camisa indefinible, sombrero diminuto y fisonoma contradictoria, en
cuyos rasgos parecen luchar la imbecilidad del servilismo y la inquietud
del genio pendenciero. Todos gritan, hormiguean al pi de la fuente, se
restregan, se apostrofan; pero al echar sobre la espalda el barril de
agua, recobran no s qu del aire paciente de la mula de carga.

Al dar con una callejuela, de esas que son las vias de comunicacion
obligadas entre dos grandes calles, tropezais con un enjambre de
curiosos tipos. En la esquina grita con voz chillona la vendedora de
papeles, casi andrajosa, anunciando la Correspondencia  la Iberia,
y tal  cual opsculo del dia; y  su lado le hacen mil reverencias al
pasante el mozo de cordel y el limpia-botas, anhelosos de obtener
clientela. Mas adelante el baratero os pone en las barbas su pequea
Babel porttil de fsforos y lpices, jabones y pomadas y las mas
heterogneas sustancias, que os ofrece sin gracia ni donaire. En Espaa
nadie tiene la gracia seductora del Frances para vender, porque aquel ha
sido un pas poco especulador y condenado al aislamiento moral. Un paso
mas en la callejuela, y os codea la tentadora sevillana  madrilea de
opiniones...muy despreocupadas, guindoos un ojo negro y candeloso
capaz de tentar al diablo mismo si no tiene juicio; en tanto que al pi
de cada muro veis una fila de mendigos lamentables, rascando sin piedad
 punteando una raida guitarra para producir un ruido que punza los
nervios, acompaamiento de la usual frase: una limosna por amor de Dios.

Llegais  la _Puerta del Sol_  otra plaza de primer rden por su
posicion central, y el espectculo es variado. Al lado del esplndido
carruaje  la francesa se cruzan las pesadas y monumentales diligencias,
que afluyen de todas las provincias  van  ellas, con el tren de
enganche mas extravagante y tiradas por cuatro  cinco pares de furias
que llaman mulas. All, grupos de _leones_ afrancesados hablan de modas,
cerca de otros grupos de especuladores  meros _chimgrafos_ que le van
tomando aficion al deleite de la Bolsa. Ac ronda distrado, por una
acera, un par de guardias civiles  gendarmas de estrambtico uniforme,
que hacen recordar el carnaval;  se detienen, con la conciencia de su
inutilidad, a departir con algn barbero desocupado que espera  sus
parroquianos en la puerta del _taller_, armado de su amenazante navaja.

Mas ljos pasa un grupo de hermosas madrileas, de majestuoso andar,
fisonomas graves y cabezas de reinas, cubiertas todas con las opulentas
mantillas nacionales; y ese grupo aristocrtico hace contraste con otro
de toreros andaluces que celebran los golpes de la ltima corrida,
burlones, pendencieros, rumbosos, petulantes y simpticos al mismo
tiempo; llamando la atencion por sus fachas vigorosamente varoniles, sus
negras y abundantes patillas y el conjunto curioso del sombrero
_calas_, redondo y recogido sin alas como un bonete de felpa  pao,
la chaqueta de pao cuajada de bordados y botones lucientes, la ancha
faja roja  azul en la cintura, el calzon corto, y el botin prolongado
hasta la corva en polainas labradas, con borlas de menudas correitas.

Si ademas de los mil grupos diferentes que componen la fisonoma social
quereis fijaros en algunos incidentes que la caracterizan, observad el
movimiento en cada _estanco_ de tabaco y en cada tienda de licores; oid
los gritos de los innumerables vendedores de billetes de _lotera,_
corredores de la corrupcion explotada en beneficio del Fisco; contemplad
 los paseantes ociosos, y en todas partes hallareis algo de original y
especialsimo de Espaa. Ved, por ejemplo, al obrero espaol, el tipo
que mas resiste  la invasion de las costumbres extranjeras: rebelde 
la blusa, la cachucha y la actividad del obrero frances, el espaol
conserva su sombrero redondo, su chaqueta y su manta para tener el
derecho de conservar su inmobilidad  indolencia.

Llega la tarde: son las cinco y estamos en primavera. Dos largas hileras
de caballeros y de carruajes se dirigen del centro de Madrid hcia el
Prado por la gran calle de Alcal y la carrera de San Jernimo. En el
Prado no encontrareis ni al torero ni al mendigo, ni al baratero ni al
aguador; all no pasea sino el Madrid dichoso  que hace el papel de
serlo. Corrillos de periodistas y diputados, de financistas y de dandys,
de extranjeros curiosos y de provincianos muy currutacos, hormiguean
all, en alegre confusion con las damas elegantes,--todos en incesante
vaiven, rozndose sin ceremonia, aspirando con libertad y espritu
expansivo el aire del campo. All las confidencias, los dulces y
estriles coqueteos, los cumplimientos de todo estilo, y la ostentacion
del lujo, de la hermosura y de la charla. El Prado es encantador. El
tipo espaol, mltiple, se ostenta all,  pi  en coche, en lo que
tiene de mas bello y distinguido.

Y qu lujo en las formas de aquellas naturalezas! La bella castellana,
de tez plida y fina, cejas arqueadas, ojos severos y andar
aristocrtico, sacude el abanico con una gracia inimitable, y lleva la
mantilla medio caida con la majestad que una reina su manto. La picante
andaluza, la valenciana de mirada de fuego y frente enhiesta, la locuaz
y casi rubia bilbana, la gentil madrilea medio afrancesada; todas
seducen y forman un conjunto admirable de fisonomas generalmente
simpticas reuniendo la gracia expresiva  la hermosura. Todas sonrien,
saludan, hablan con llaneza delicada y prohiben al extranjero la
eleccion.

Entre los hombres se hallan figuras distinguidas por donde quiera,
revelando mas corazon que espritu, mas vivacidad de pasion que
reflexion. Grandes y negras patillas  retorcidos bigotes, cuerpos
robustos, cabezas altivas; un poco de petulancia en todas las miradas y
de benevolencia en todas las sonrisas; la conversacion siempre ruidosa;
el cigarrillo en todas las bocas, apoyado con gordas interjecciones por
via de puntuacion; riqueza de fantasa y de proyectos; inclinaciones
hericas y poca formalidad: tal es el conjunto de circunstancias
sobresalientes. Aadid, en cuanto  las mujeres, unas cabelleras
admirables que parecen mantos, y un pi pequeuelo que se asienta todo
pero sin lentitud perezosa, y tendreis un mediano bosquejo.

De repente circula un rumor y se nota en todos los grupos cierta
sensacion: es que la reina va  pasar en su carroza. Todos se detienen
un instante, saludan quitndose el sombrero, la reina hace sus graciosas
reverencias, y asunto concluido. Ni un viva, ni una exclamacion: es un
pueblo galante que saluda  la primera de sus damas y que conserva el
respeto tradicional hcia los reyes; pero nada de entusiasmo. Cuando mas
algun admirador anticuario dice por lo bajo: Qu guapa moza es nuestra
reina! La Espaa que creia en el derecho divino de los reyes ha muerto,
y sobre sus ruinas se est levantando la Espaa demcrata.

Ni un soldado acompaa en los dias comunes la carroza de la reina: esa
es una manifestacion de confianza en la lealtad de los Espaoles. Con
todo, la reina en sus paseos revela una transaccion. Renunciando  los
soldados  guardias transige con la opinion  las ideas del presente;
pero hacindose tirar en una antigua carroza, por mulas enjaezadas 
estilo rococ, manifiesta su culto al pasado y  las tradiciones de la
poca que muri.

Cierra la noche, y si no hay luna el Prado queda enteramente desierto;
las mariposas vuelan hcia sus nidos, y las hormigas de casaca negra
emprenden su viaje en busca de _labores_ nocturnas. Entnces les llega
su turno al teatro, el casino y el caf, escenarios democrticos donde
la sociedad espaola se exhibe admirablemente. El teatro es mucho mas
querido en Espaa de lo que se piensa. Si los toros son populares, no
por eso destruyen ni atenan siquiera el gusto por el teatro en aquella
raza ardiente y siempre ansiosa de fuertes impresiones. El teatro,
aunque frecuentado por la aristocracia, es democrtico en Espaa. Todas
las clases se aproximan all, se respetan mutuamente, gozan y se
confunden sin desrden.

Por desgracia el gusto literario no adelanta en proporcion. El teatro
mas popular es el de la _Zarzuela_, cuyas operetas bufas son
generalmente vulgares. Lo mas clsico y selecto no es lo que mas agrada,
sino las petipiezas bufonas que pervierten el arte, la lengua, las ideas
y las letras. Algunas, sinembargo, suelen ser ingeniosas y espirituales.
No sucede lo mismo en cuanto  msica y canto que en lo recitado: los
Espaoles manifiestan en lo general una disposicion notable para la
msica, aunque no muy educada; lo que no quita que  veces sean
intolerantes y bruscos con los artistas. Los Espaoles, extremosos en
todo, no saben censurar  un autor con el silencio; necesitan del _pito_
para hacer entender la improbacion. Es que les falta el pulimento y les
sobra la ardiente espontaneidad de la franqueza.

Al salir del teatro, el Espaol no se va  dormir: necesita ir primero
al _Casino_  al _Caf_. Es que all tiene su vida libre y su tribuna;
all reina como soberano, pudiendo componer el mundo poltico  su
acomodo. Cada caf es un club de centenares de grupos, que entra en
actividad desde las siete  ocho de la noche. Las seoras de la
aristocracia (de sangre, de posicion  de dinero) no van jamas  los
cafs en Espaa; pero eso no impide que los frecuenten mucho las damas
irreprochables aunque no aristocrticas. En cuanto  los hombres, con
excepcion de los ministros, los diplomticos, los rezanderos y los
duques, todos los de buena sociedad se reunen all. El caf es un
terreno neutral donde todas las opiniones se manifiestan libremente,
donde todos los partidos disputan sin reir y  donde la polica no
tiene entrada. Los Espaoles,  falta de prensa libre y de Crtes
independientes, tienen el caf inmune para formar all la opinion.

Vastos salones se suceden, al nivel de la calle, pudiendo contener
algunos cafs muchos centenares de personas, y casi nunca queda un lugar
desocupado. No hay un lugar donde los Espaoles revelen mejor que en el
caf _su invariable movilidad_. Cada parroquiano pertenece  un grupo
inalterable y se sienta infaliblemente todas las noches en el mismo
lugar, delante de la misma mesa y haciendo rueda con las mismas
fisonomas de la noche anterior. Cada cual llama al mismo mozo, pide la
misma cosa, se insina de igual manera y permanece el mismo tiempo que
en la ltima sesion. All, en esa invariabilidad, pasa cada uno tres,
cuatro  cinco horas sin levantarse.

Y sinembargo qu admirable movilidad y fecundidad no desplegan todos en
sus confidencias, sus noticias, sus discusiones y disputas, sus chistes,
ancdotas y epigramas! Jamas una conversacion se reproduce entre los
mismos interlocutores, cualquiera que sea la composicion de los grupos
en las cincuenta  cien mesas de cada caf. En unos no hay mas que
hombres; en otros se reunen los dos sexos; aqu son escritores, all
negociantes; en este todos son jvenes; en aquel se confunden todas las
edades. El marques se hombrea con el pobre artista y el senador con el
estudiante de derecho al derredor de la misma mesa; se habla de todo y
en voz alta en todos los salones; se fuma cigarro y cigarrillo sin
tregua, y todo el mundo est contento, expansivo y chistoso entre
aquella atmsfera caliente y espesa que obra sobre los cerebros
excitando el ingenio picante y la locuacidad.

Singular y curioso conjunto! Como en el caf espaol las costumbres han
establecido la libertad completa, cada interlocutor es muy franco y dice
todo lo que piensa sin temor ninguno. El andaluz, impresionable,
susceptible y graciosamente hiperblico, discute sin ceremonia; el
mesurado castellano ostenta su aticismo y buen sentido en mil epgramas
y comentarios burlescos; el severo y estentreo catalan toma las cosas
de serio, como si estuviese en el Parlamento  en la Bolsa. Todo se
comenta en el caf: los misterios de la Corte, la conducta del Gobierno
y de las Cmaras, las manifestaciones de la prensa, las causas y
sentencias ruidosas, los grandes escndalos, los sucesos
internacionales y los triunfos gloriosos del literato y del torero, del
orador y de la cantatriz. Discusiones profundas, peroraciones elocuentes
y galanteras, crnica escandalosa, frivolidades y grandes cosas,
delirios y negocios ligeros, y an amores ardientes y terribles pasiones
se agitan en aquel santuario bullicioso y esencialmente democrtico.
Quien no haya estudiado un poco el _caf_, en Madrid como en Barcelona,
en Sevilla como en Cdiz, no conoce una de las faces mas marcadas de la
sociedad espaola.

Por lo demas, el caf no es para los Espaoles sino un elemento de
asociacion, pues aparte de ser muy sobrios ellos no tienen gusto por el
_caf_ ni saben beberlo. Lo que toman es leche muy azucarada con una
ligersima tintura de caf, y tienen el capricho de beberlo en un vaso
de vidrio, para tenerlo caliente. Ellos no son autoridad sino en cuanto
al chocolate y el vino. Lo amargo les repugna en el caf, como los
deleita lo rancio en el aceite. Cada cual tiene sus gustos y en eso no
cabe disputa.

Despues de estas rpidas observaciones, una palabra mas acerca de Madrid
_poltico y social_,  reserva de insistir sobre ello en otro lugar. En
tanto cuanto el roce con gentes de buena sociedad me permiti conocer la
situacion de la clase media en Espaa, pude notar varias cosas: primera,
que la juventud literata se deja dominar mucho por la tendencia hcia la
metafsica alemana, estril en un pas que, no teniendo discusion libre,
lo que necesita es recibir un fuerte impulso en la via econmica para
agitarse en un gran movimiento que produzca por contragolpe la
regeneracion moral. Segunda, que esa juventud, toda liberal, y tendiendo
hcia un solo fin--el progreso--est en gran desacuerdo, hasta el
extrao capricho de que los demcratas y los libres-cambistas 
economistas parecen estar en antagonismo. Los talentos parecen
divorciados unos de otros, dominados por un absolutismo de ideas  de
sistemas que tiene mucho de escolstico.

Ntase ademas en los jvenes escritores y oradores cierta mana de
_teologizar_ todas las cuestiones, dndose  disputas religiosas en que
nadie puede ser convencido, y hacindole tomar un giro bblico  toda
predicacion poltica  histrica, en vez de servirse de la anlisis,
estudiando atentamente los hechos sociales. La economa poltica es muy
popular en Madrid, pero es tan torica que rara vez se la ve en el
periodismo tratando las cuestiones que afectan mas gravemente los
intereses del pais. Espaa necesita tener algunos metafsicos y poetas
de mnos  investigadores de mas. La poesa verdadera es la sintesis, la
suprema revelacion de la verdad; pero los pueblos que se hallan en la
situacion de Espaa, necesitan de espritus vigorosamente analticos que
escudrien, revelen y hagan palpar las debilidades de la sociedad.

La juventud espaola tiene bellas cualidades: patriotismo, fe,
entusiasmo y ambicion varonil. Pero necesita para elaborar grandes cosas
un teatro diverso del que tiene: dejar los misterios del gabinete por la
plaza pblica, fortificando su temple en las pruebas azarosas de la vida
realmente popular del ciudadano activo. El dia que reciba un
sacudimiento profundo que la arroje sobre el terreno de los hechos, la
juventud espaola har prodigios: hoy...no hace mas que soar,
conversar y vegetar....


       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

ARANJUEZ.


Un paseo popular.--Mi compaero.--El valle de Aranjuez.--Un grupo de
periodistas.--Una corrida de toros.--El _monte_ en ferrocarril.

La visita de los _Reales sitios_ es un asunto de interes para todos los
extranjeros. Yo me prometia visitar mas tarde el _Escorial_ y la
_Granja;_ pero no creia que el _Pardo_ y otras propiedades de la familia
reinante, contiguas  Madrid, mereciesen un estudio particular. Aranjuez
me pareci exigir la preferencia, tanto mas cuanto que, habiendo pasado
por all en un tren del ferrocarril, sentia el atractivo que ejerce
sobre los curiosos aquel osis encantador. Por otra parte, se habia
anunciado una gran corrida de toros en la plaza de aquella pequea
ciudad, y yo deseaba vivamente conocer este espectculo singular y
tpico, que tanto difiere de los juegos de toros en Hispano-Colombia.
Verdad es que ni el _Tato,_ ni _Cuchares,_ ni otro de los prncipes de
la tauromquia debian _trabajar_ en Aranjuez; pero estaba anunciado como
rey de la fiesta un tal _Pepete,_ espada de segundo rden no sin alguna
reputacion.

Millares de personas de todas condiciones estaban agrupadas en la
estacion del ferrocarril para ir  la corrida. Todo contribuia  seducir
 los madrileos: los toros, los mil primores del _Real sitio,_ el
placer casi fantstico que produce el vuelo en ferrocarril, y an la
novedad de convertir  Aranjuez en el Versalles de Madrid. Los trenes se
sucedian y los asientos no alcanzaban. Para lograr wagones de primera
clase tuvimos que organizar una cotizacion entre diez y seis viajeros,
so pena de pasar ratos bien amargos en los coches de segunda y tercera.
Confieso que lo sent, porque deseaba aprovechar mi oscuridad en Espaa
para deslizarme entre la _plebe_, aceptando todo contratiempo,  cambio
de conocer un poco la ndole de las clases llamadas inferiores. Pero yo
acompaaba  un distinguido literato espaol, el cual  fuer de Espaol,
era muy galante; y como l habia visto una esplndida madrilea de ojos
azules y cabeza rubia, capaz de seducir al mas cuerdo, era preciso
dejarse llevar  remolque.

Aquella circunstancia me hizo confirmar una vez mas la inexactitud
fisiolgica de la famosa regla: _similia similibus..._ que es tambien un
principio de qumica. Acaso haya verdad en eso, en algunas situaciones;
pero en lo general no he visto sino contrastes en la misteriosa qumica
de los afectos. Mi compaero era un catalan de sangre pura y demcrata
de ribete; mientras que la hada del wagon en que bamos era una rubia de
fisonoma britnica,  hija nada mnos que de un escritor absolutista 
puo cerrado.

La conversacion se entabl con exquisita cordialidad como entre viejos
amigos. As es siempre en Espaa, sobre todo en los lugares pblicos.
Debo decir con placer que no tengo sino gratos recuerdos de los
numerossimos _amigos_ de caf, de teatro, de wagon, de diligencia,
etc., que cosech en Espaa; amigos de una hora, annimos, que se
pierden para siempre un instante despues, pero que dejan buenos
recuerdos por la amabilidad obsequiosa de sus maneras y la buena
voluntad con que le dan al viajero, cuantos informes solicita.

En honor de mi compaero de paseo y para hacer justicia  su elocuencia,
debo recordar una circunstancia. Poco despues de la partida del tren,
cuando la conversacion andaba por los desfiladeros de la galantera
disimulada, la seorita rubia, como una reina que abdica su corona por
capricho, declar que detestaba el matrimonio y no se casara nunca; y
eso, no por odio  los hombres, sino.... (Cosa rara en la hija de un
absolutista!) por amor  la libertad. El poeta cataln bati la brecha
con calor. Cuando descendimos del wagon en Aranjuez, la hermosa rebelde
estaba convertida... parecia estarlo; pero el poeta predicador no
habia dado ni un solo paso fuera del camino de las galanteras. El mismo
dia les predic en mis barbas el mismo sermon  otras tres  cuatro
empedernidas del momento, con una admirable fogosidad de galantera.

El opulento valle de Aranjuez, formado por el levantamiento de algunas
colinas en la gran planicie que tiene al Tajo por centro hidrogrfico,
recoge las aguas de este rio as como las del Jarama, cuya confluencia
se verifica  poca distancia de la ciudad de Aranjuez, que est  49
kilmetros de Madrid. No sin razon se puede llamar  ese valle el
_huerto de Madrid_, pues se distingue por la abundancia y excelencia de
sus frutas y hortalizas. En Espaa la tierra clsica de las fresas y los
esprragos es Aranjuez. Su industria es muy reducida, y su agricultura
de poqusima importancia, si se ha de juzgar por las escasas vias y los
diminutos olivares de algunas colinas del contorno. Lo mejor de Aranjuez
est en sus bosques, sus jardines, sus palacios y sus crias, todo lo
cual pertenece al patrimonio real.

La poblacion es apnas de poco mas de 5,000 habitantes, guarismo que
suele duplicarse durante la primavera por la invasion de los que buscan
las delicias del campo. Ciudad nueva y cortesana, Aranjuez se distingue
por la capacidad de sus casas, y sus calles anchsimas tiradas  cordel
y cortadas en ngulos rectos. Es entre la ciudad y el Tajo que se
extiende lo mas esplndido de los jardines y parques del _Real-sitio_.

En un hotel-restaurador nos encontramos con cuatro periodistas y un
jven _del mundo_ que habia comenzado su carrera en la diplomacia:
galante, gastador, rumboso y cansado de la vida  los veintids aos
apnas.... Era curioso ver la franca cordialidad que reinaba entre
tantos escritores all reunidos. Mi compaero redactaba un peridico
progresista-demcrata; dos de los otros eran redactores de un diario
_moderado_ de oposicion; dos mas lo eran de uno ministerial; el jven
fatigado de la vida (pagano en tipografa) era absolutista; y para
completar el contraste yo figuraba all como republicano de Colombia y
colaborador de los rganos de la democracia en Madrid.

La mas completa armona rein entre nosotros. Sea que el pueblo espaol
haya sido calumniado en eso de la intolerancia poltica; sea que la vida
constitucional le haya mejorado mucho; sea, en fin, que los periodistas
constituyan donde quiera una raza aparte, lo cierto es que en Espaa he
hallado entre los escritores una singular cordialidad en las relaciones
personales. En los cafs, los teatros, etc., se ve fraternizar  los
hombres (los jvenes sobre todo) que se hacen la guerra mas cruda por
medio de la prensa y en todos los terrenos ardientes de la poltica.

El tiempo nos faltaba absolutamente para visitar las maravillas
artsticas de la Casa del _Labrador_, de los jardines privados y de todo
lo que hay admirable en ese museo de verdura, de piedra, de mrmoles, de
aguas saltadoras y de flores, que se llama el "Real sitio" (dividido en
dos grandes porciones--la del _Prncipe_ y la de la _Isla_), que
contiene cuanto hay de mas precioso en el arte nacional, de mas bello y
opulento en la vegetacion espaola y an en la extica. Yo recorria
embelesado, con suprema delicia, algunas de las alamedas anchurosas,
llenas de sombra, de perfume y de amor, que dan acceso  los grandiosos
parques, los tupidos bosquecillos, los preciosos jardines, las
plazoletas rsticas de verde alfombra y ricos pabellones flotantes de
variados colores, las caprichosas isletas, las bellas ensenadas, los
lagos en miniatura, las cascadas bulliciosas, los pintorescos puentes y
los mil primores que el arte ha aglomerado all, aprovechando la
asombrosa fertilidad del suelo y las aguas del perezoso Tajo. Cuntas
veces al pasar bajo las inmensas cpulas formadas por los olmos
estupendos, los sicomoros, los fresnos de tinta oscura y menudas hojas,
las encinas y hayas y otros rboles europeos, alcanz  ver algunas
familias colombianas, acogidas en el seno de la madre patria como
testimonios de fraternldad! Hablo de las lianas enormes, las lujosas
parsitas y muchos rboles y arbustos del Nuevo Mundo, que yo habia
saludado en los dias de la juventud, errante cazador, entre las selvas
seculares de mi dulce patria. A veces me parecia que esos sres
trasplantados de Colombia hacian temblar sus festones flotantes, no al
soplo de las brisas espaolas, sino bajo la presion de una conmocion
secreta, al ver pasar  un compatriota! Acaso ellos me decian, en su
lenguaje de rumores misteriosos que el hombre no comprende: Te
reconocemos....

El contraste mas vigoroso me aguardaba en la plaza de toros. A la escena
suntuosa de la naturaleza, llena de vida, de majestad, de misterio y de
recuerdos de amor, iba  suceder una escena terrible de ruido, de pasion
frentica y de muerte.... En vez de la poesa de Dios y de la
contemplacion deliciosa, la extravagante poesa del _heroismo salvaje_!
Eran las cuatro y media de la tarde, y ya la plaza de toros, situada
hcia el extremo sur de Aranjuez, estaba colmada de espectadores. Todas
las clases sociales se habian aglomerado all, pero por capas  de piso
en piso, segun los recursos pecuniarios. Los puestos, los palcos y
lunetas,  pesar de su incomodidad y su grosera estructura, cuestan en
lo general, en las plazas de toros, respectivamente lo mismo que en los
teatros. Es increible el interes que el espectculo despierta, dando
lugar  la ventajosa especulacion que hacen los revendedores de
billetes. Frecuentemente su ganancia es de cincuenta por ciento, y 
veces muy superior, cuando el primer _Espada_  _Matador_ es alguna de
las grandes notabilidades del arte, prncipes de la carnicera herica.

No pretendo hacer una descripcion completa de las corridas de toros. No
hay viajero ni escritor de costumbres eminente que no haya ostentado en
ese asunto su habilidad descriptiva: por lo mismo si yo tratase de
imitarlos,  mi descripcion sera plida y mediocre,  para interesar
mucho tendra que ser plagiario. Asi, me limitar  las observaciones
que se refieren  los rasgos mas salientes y vigorosos de aquel drama
original.

En Colombia, gracias  Dios, los toros no son una _institucion_
permanente. Cada ao, con motivo de la fiesta del santo-patrono,  del
aniversario de la independencia, hay regocijos publicos, esencialmente
democrticos, que duran de tres  ocho dias. Durante ese tiempo, ninguno
en la ciudad y el pueblo tiene otra ocupacion que la de divertirse,
excepto los que especulan con la diversion, que se divierten y hacen
negocio al mismo tiempo. All, las _fiestas_ son un conjunto curiossimo
de corridas de toros, bailes, paseos, representaciones dramticas, rifas
y juegos, canciones patriticas, banquetes y meriendas, conciertos,
exhibiciones, peroratas, etc., etc. Pero todo es popular y pblico, todo
es gratito, pasajero, y como todo lo pasajero original, vehemente y
febril. Pasan las fiestas, se arranca la ltima estaca de las barreras y
los balcones improvisados de la plaza de toros, y no queda rastro alguno
de la ruidosa y variadsima escena. Hasta el ao siguiente, en la misma
poca, no se vuelve  pensar en el asunto. Ademas, no ha habido vctimas
torunas ni caballunas en la plaza, y es raro que se cuenten hombres
muertos  heridos de gravedad, apesar del desrden que preside  las
corridas y de los prodigios del aguardiente, la _chicha_ y otros licores
que corren  torrentes por millares de gargantas.

En Espaa los toros constituyen un drama crnico. Cada ciudad tiene su
plaza permanente, especie de circo de gladiadores heterogneos (unos
cornudos y otros sin cuernos), y la estacion de las corridas dura desde
el principio casi de la primavera hasta el fin del otoo. El invierno
dispersa  los toreros y da treguas  los caballos viejos y los toros.
Las capitales clsicas de la tauromquia son Madrid, Sevilla, Valencia y
Barcelona. Es all donde se conservan los mas esplndidos circos y
adonde afluyen, en busca de aplausos, dinero y aventuras galantes, los
mas clebres _espadas_, los mas guapos _picadores_ y los mas giles
_capeadores_.

Tocme por fortuna una luneta que dominaba precisamente el _toril_, que
es la capilla de aquellos bandidos de las llanuras y las speras
lomas, de gruesa cornamenta, poderosa nuca y contextura de fierro,
condenados  sucumbir en un combate desigual y terrible. Nada mas
elctrico para la inmensa turba aglomerada en el anfiteatro circular y
los balcones de la plaza, que la voz aguda y blica de los clarines que
ordenan y anuncian la salida de un toro  la sangrienta liza. Una
conmocion simultnea agita  todos los espectadores y un rumor que
revela ansiedad y curiosidad al mismo tiempo, circula en el mbito de
aquel grandioso matadero.

Si el toro al salir da un salto gigantesco y parte como un rayo sobre
los objetos que se le presentan, unnimes aplausos lo acogen y
estimulan; su popularidad es inmensa y todos los espectadores son de su
partido. Qu tiene eso de extrao, si hay en el mundo tantos animales
aplaudidos y populares? Si el toro, al contrario, se muestra cobarde 
sorprendido al salir, la rechifla popular lo abruma, la opinion lo
condena y todo el mundo lo insulta y apostrofa con los mas ultrajantes
eptetos, prestados  veces  la poltica. As, el toro es un personaje
que apasiona hasta el frenes, y da lugar  un juego de epigramas que
tienen frecuentemente su aplicacion  los sucesos notables de la
situacion. El primer momento decide, pues, de la reputacion y de la
suerte del toro, sin que le valgan para rehabilitarse en la opinion sus
actos de valor, si ha comenzado por tener sorpresa  miedo. As es la
suerte de los hombres tambien.

Si el toro sale _de ley_ se le respeta, se le trata con dignidad, porque
no se apela al insulto supremo de las _banderillas_. Se le ataca, se le
capea en regla, y se le da muerte en singular combate,  manos del
primer _espada_, como  un caballero de los tiempos hericos. Pero si es
cobarde, la gavilla de toreros lo acosa con brutalidad, lo vilipendia
con las banderillas, lo atonta con los capeos grotescos, lo hala de la
cola, lo acogota y aniquila como  un ladron vulgar y despreciable. Para
el guapo la _espada_; para el cobarde la punta del innoble _cachete_.

La tumultuosa escena de la plaza de toros requiere muchos dias de
observacion para poder apreciar todos los pormenores. No tuve valor, lo
confieso, para contemplar esa carnicera mas de una vez. Por eso tengo
que reducirme  lo mas notable del conjunto. All llaman la atencion
simultneamente los actores del drama y los espectadores. Entre los
primeros, el _Espada_ es el primer galan, el segundo _espada_ su
protagonista; el toro es el gran _barba_ terrible; los _picadores_ son
los auxiliares de la trama, y los _capeadores_ y ayudantes de toda clase
constituyen la lucida falange de comparsas. Francamente, el toro,
defendindose de cien enemigos, me pareci el personaje mas bello, mas
digno de admiracion y de interes. Sus enemigos me parecieron mas
atrevidos, pero mas estpidos que cada toro. Todos ellos,  cual mejor,
se distinguen por la originalidad, el lujo  lo pintoresco del vestido.
Pero sus papeles son muy desiguales. El _Espada_ representa lo sublime
de la barbarie; el _Picador_, la _perfeccion_ de la bestialidad; el
_Capeador_  simple torero, la simple union del atrevimiento, la
agilidad y la gracia.

El capeador, muy elegantemente ataviado (estilo _majo_) se reduce 
provocar al toro, sacarle lances, conducirlo al lugar del combate
decisivo y divertir. Es el cortesano del _Espada_, su auxiliar, su
lacayo pedestre. El picador, caballero en un esqueleto de caballo mas
bien que un caballo, con las piernas aforradas en tablillas de fierro y
pantalones de ante muy fuerte, y provisto de una larga pa, se presenta
delante del toro, lo busca, lo acosa, lo pica sin piedad ni miedo, y
aguarda como un autmata el tremendo golpe de la fiera irritada. Como el
escombro de caballo en que anda tiene los ojos vendados y no puede
defenderse, por falta de fuerza y agilidad, cuando la pa del picador no
resiste para contener el empuje del toro, este se aboca sobre el
miserable rocin, le hunde las hastas aguzadas en el pecho y el vientre,
lo despedaza y lo lanza  algunos pasos de distancia; quedando el
picador tendido en el suelo, sin defensa, bajo la sangrienta y confusa
mole del caballo y el toro. Este, mas generoso que el hombre, se retira
y busca  otro enemigo; rara vez se ceba en una vctima. Ademas, al caer
un picador todos los toreros acuden  salvarle, y el caido es levantado
como una estatua, porque sus piernas, entablilladas como estn, no
tienen movimiento. Al punto le sacuden, y si el caballo no ha muerto lo
hacen enderezar para que el picador monte otra vez.

Cuando ese lance se ha repetido tres  cuatro  mas ocasiones, el
espectculo es tan odioso como inmundo. Unos cuantos hombres, manchados
de sangre y empolvados, se agitan como demonios, con la tenacidad de la
petulancia, sobre cadveres ambulantes que arrastran  sacuden en un
movimiento de agona todos los intestinos que las astas de la fiera han
destrozado y hecho brotar por anchas heridas.... V caballos que fueron
martirizados en esa situacion durante una hora!

Llega el momento del sacrificio del toro, y los clarines lo anuncian con
un toque fnebre que hace pasar por los nervios y la sangre un hondo
calofro de terror y compasion. El _Espada_, rey de la escena, no entra
en accion sino para dar muerte al toro. Brinda la suerte  un personaje,
escoge un sitio, tantea su arma, recoge su lujosa capa carmes, arroja
al viento su cachucha, se aprieta el moo postizo y aguarda con
serenidad  que la fiera, conducida con maa por los cortesanos, venga 
aceptar el combate mortal.... El lujo brillante y la singularidad de su
vestido, la altivez de su andar y la terrible especialidad de sus
funciones, las mas peligrosas, hacen del _Espada_,  los ojos de los
Espaoles, un hroe, un semidios de la muerte, una especie de artista
sanguinario, si se me permite la violencia hertica de la expresion!...
Todas las miradas le contemplan, le devoran y le siguen sus movimientos
con agitacion febril.

El toro llega y, como presintiendo la inminencia del peligro, rehusa en
el primer momento el ataque formal. Acaso adivina luego que si no muere
hericamente  si no mata, le aguarda la pena infamante del _cachete_.
Acepta la espada, mide  su enemigo con una mirada de fuego, le
apostrofa con un espumante resoplido, irgue un instante la formidable
nuca, escarba la arena con suprema desesperacion y coraje, y embiste
como un huracan.... El _Espada_ se defiende con tres  cuatro lances,
casi inmbil, y la fiera, como deseando poner fin  su lucha y su
martirio, vuelve sobre el flanco de su antagonista, agacha la cabeza,
surge como un relmpago de acero, estalla un inmenso grito de millares
de bocas, suenan los clarines, y se ve, al disiparse la polvareda, la
gran mole de un cadver oscuro, como un peasco, al pi de un hombre
que saca su espada de entre el corazn y los lomos de la vctima, y la
limpia tranquilamente contra la tosca piel del palpitante escombro....

Renuncio  describir las mil manifestaciones frenticas que constituyen
la ovacin del triunfador salvaje; como renuncio  pintar el sereno
orgullo de aquel bello demonio, de aquel _majo_ que reune en su persona,
para las mujeres de cierta condicin, el ideal del valor y la
galantera. Ay del _Espada_ si la suerte le es adversa! La rechifla le
abruma, si, salvo, manca la estocada del modo indispensable. Aquel da
hubo seis toros en campaa: tres fueron muertos guapamente, de un golpe
instantneo como el rayo, por un _Espada_ de garbosa figura y negras y
grandes patillas, llamado por sobrenombre _Pepete_. Los otros tres,
acribillados  estocadas inhbiles por un _Espada_ llamado _Lilo_ (si
mal no recuerdo), murieron bajo los golpes de ese atroz clavo  pual
que llaman _el cachete. Lilo_ fue silbado sin misericordia, no obstante
la buena reputacin de que gozaba.

Cuando el toro sucumbe, se presenta un episodio que armoniza con los
combates mismos. En medio de la gritera que aturde,  causa de la
ovacion  de la rechifla, segun el caso, aparecen tantas parejas de
mulas bravas cuantos cadveres hay en la plaza. Aquel dia cont en las
seis corridas quince caballos muertos ademas de los seis toros. Las
parejas de mulas, curiosamente enjaezadas, entran, dirigidas cada una
por dos mozos de uniforme especial, al trote solamente. Un travesao
pendiente de las correas del tiro, con garfios de fierro, agarra el
cadver de un animal, casi hecho trizas; los ltigos traquean, y las
mulas parten  escape, como demonios frenticos, saltando, tirando coces
y bufando, estimuladas  golpes. Todo aquel peloton de animales de tres
especies--unos de dos pis, otros de cuatro que brincan y los demas
cadveres--sale por una gran puerta, y apenas acaban de cerrarla cuando
se abre la del toril para recomenzar la matanza....

Es en la plaza de toros donde el pueblo espaol ofrece mas caprichos en
su tipo moral. Singular fenmeno! ese pueblo no tiene nada de inhumano
en el fondo, ni ama las iniquidades sangrientas; y sin embargo no siente
la mas leve impresion de disgusto al ver tantos actos de tortura,
tantos vientres destrozados y tantos cadveres! La emocion de las
peripecias y el interes de la escena, en cuanto revela valor, habilidad
y peligros, le arrebatan la conciencia de lo que aquello tiene de
brbaro y atroz. Se olvida la muerte, porque al lado de ella se ve al
hombre que arriesga la vida por galantera y amor  la _glora_ ( su
modo), se ostenta una habilidad _artstica_ especial y terrible, y hasta
se satisface el orgullo nacional con la superioridad de los toros
espaoles, corpulentos y fieros.... El pueblo espaol revela all graves
defectos de educacion, pero muestra tambien grandes virtudes de
carcter, aunque mal dirigidas y aplicadas. Sus defectos no son mas que
la exageracion de sus cualidades.

Uno de los rasgos mas curiosos de los toros es la energa del espritu
de partido que ellos despiertan. En el circo ninguno es indiferente, y
los partidos se multiplican hasta la extravagancia, Cada cual tiene su
_espada_, su _picador_, su _torero_ y su toro predilecto. Los
propsitos, los dichos, los epigramas y las interjecciones gordas se
cruzan; las miradas son fulminantes, los gestos y movimientos dan la
idea de la fiebre unida  la rabia. Todos se gritan, se silban, se
apostrofan y gesticulan como enemigos encarnizados. Este arroja  la
plaza su sombrero en un rapto de entusiasmo, y otro hace remolinear en
el viento su cachucha, mientras que los adversarios del dolo le lanzan
cortezas de naranja y vituperios intrascribibles....

Pero acaba la funcion, la inmensa multitud se dispersa, el circo queda
desierto y, como por encanto, la cordialidad se restablece y los
antagonismos terminan, sin que las disputas hayan tenido consecuencia
alguna, sin que un bofeton  una injuria de las que no pertenecen al
vocabulario convencional del anfiteatro, haya producido realmente una
sola _querella_. Singular elasticidad de carcter que prueba todo el
fondo de potica admiracion por lo fuerte, varonil y herico, que hay en
el entusiasmo de los Espaoles por la tauromquia!

Los viajeros, en lo general, extraan que las corridas de toros
subsistan en Espaa, no obstante la popularidad del teatro, que podra
reemplazarlas totalmente. Yo no extrao tal cosa, ni creo que esa
diversion brutal sea la prueba de malos sentimientos entre los
Espaoles. Hay tipos que, prescindiendo de las influencias locales 
histricas, son principalmente engendrados por la ley. El _torero_, el
_contrabandista_, el _jugador_  tahur y el _guerrillero_ son en Espaa
hijos de las instituciones. El sistema econmico, tan vicioso en Espaa,
ha hecho nacer al contrabandista como el contrapeso de la voracidad y
codicia del fisco. Las plazas de toros son explotadas como elementos
fiscales  rentsticos. El juego est erigido en institucion normal,
puesto que el Gobierno es, por medio de las loteras permanentes, un
banquero de roleta. En cuanto al guerrillero, la violencia oficial lo
hace surgir, como engendra las conspiraciones. Lo mismo dir hasta
cierto punto del _mendigo_.

Se cree que el pueblo espaol no soportara la supresion de los toros.
Error! No ha tolerado y aplaudido la supresion de los frailes que le
eran tan queridos, como se decia? Puesto que las corridas de toros estn
reglamentadas por la autoridad, nada mas fcil que ir suprimiendo en
ellas paulatinamente los rasgos mas repugnantes y brutales hasta
hacerles perder el interes actual. Si el gobierno en Espaa lo
reglamenta todo (hasta la prostitucion), por qu no aplicar su poder 
abolir en lo posible lo que hay de salvaje en las costumbres,  hacer
siquiera mnos frecuentes los espectculos? Tales son las reflexiones
de algunos enemigos de la tauromquia.

Yo pienso de distinto modo. Creo que solo dos poderes suprimirn en
Espaa, mejor que los reglamentos, las corridas de toros: las elecciones
populares y los ferrocarriles, es decir la actividad de la industria y
la locomocion, y la vigorizacion de la vida poltica. El dia que todo el
mundo pueda ir  Espaa fcilmente, y salir de all, los caractres se
suavizarn, por el doble contagio de los nuevos espectculos que el
extranjero llevar al pas y de lo que los Espaoles vern en el
extranjero. El dia tambin que el pueblo espaol pueda saborear las
nobles fiestas de la democracia, de la vida libre y popular, trocar el
circo de toros por la asamblea y el gabinete de lectura. Sus defectos
actuales no provienen sino del aislamiento, que ha impedido sacudir los
malos hbitos y las preocupaciones perniciosas. Cuando la sangre
espaola se renueve con la sbia de una civilizacion mas culta, habr
perdido, es cierto, mucho de su originalidad tpica, pero habr ganado
inmensamente en grandeza y gloria, progreso y bienestar.

A propsito del juego (pasion singularmente arraigada y esparcida en
Espaa, en todas clases de la sociedad y bajo todas las formas
imaginables), har una observacion, porque recuerdo un incidente
curioso. Al volver por la noche de Aranjuez  Madrid, yo iba con mi fino
compaero en un wagon pleno. Los otros seis sujetos me habian sido
desconocidos ntes de aquel dia. Uno de ellos, aburrido de su
inmobilidad en la movilidad del tren, propuso una partida de _monte_,
con apuestas de menor cuanta. A falta de naipes nos rog  todos que le
disemos nuestros billetes de trasporte, y con ellos arregl, pintando
nmeros en los reversos blancos, cuatro pares de ases, doses, treses y
cuatros. De ese modo la partida, aunque muy modesta por el interes, se
empe entre cuatro  cinco de los viajeros.

De dnde proviene esa pasion del juego en Espaa? A parte del estmulo
incesante que le da el gobierno con el escndalo de las loteras,
influyen muchas causas: la falta de libertad industrial, el aislamiento,
la vida sedentaria que imponen las condiciones de un pas exuberante
pero sin fciles salidas, la inmobilidad poltica proveniente de
instituciones fundadas en el privilegio, la ociosidad forzada de una
juventud impresionable y apasionada, que encuentra muchos obstculos 
la entrada de casi todas las carreras. La libertad (paradoja aparente
pero verdad incontestable!) la libertad de todo lo lcito, ser el solo
poder que suprimir los abusos de las costumbres  lo ilcito. Es que
cuando la ley y la autoridad pretenden dirigirlo todo, la opinion
pblica y el interes individual bien entendido no tienen la fuerza
bastante para condenar y reprimir los malos impulsos del momento  los
extravos de una educacion viciosa.


       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

TOLEDO.


La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.--Topografa de Toledo; su
origen.--La Catedral y otros monumentos religiosos.--El _Alczar_.
--Condicion social de los toledanos.

La Semana Santa habia empezado, y era el momento mas oportuno de hacer
una visita  la imperial Toledo, la antigua capital de un reino
morisco, y de la monarqua espaola hasta principios del reinado de
Felipe II. Aunque en Espaa todas las grandes capitales celebran con
bastante pompa la Semana Santa, Sevilla, Toledo y Madrid llaman en esos
dias principalmente la atencion.

Sevilla descuella, como una segunda Roma, haciendo prodigios de
ostentacion en que las apariencias de lo religioso se confunden con las
realidades pasajeras de lo mundanal, y la fiesta catlica se completa
con una inmensa feria, donde se reune cuanto tiene la Andaluca de mas
rico, de mas original y caracterstico. De todos los puntos de Espaa
afluyen los extranjeros, los meros paseantes y los especuladores 
tratantes,  divertirse, _curiosear_  negociar en la gran ciudad
andaluza.

Madrid solo brilla los juves y virnes santos por su lujo exorbitante
en los atavos de las gentes, las ceremonias cortesanas y dos
procesiones muy sencillas por su tren, pero que llaman mucho la atencion
por la suntuosidad de los cortejos que las acompaan bajo la presidencia
personal de la reina y su consorte.

Por lo que hace  Toledo, ella ha sido siempre el punto de reunion de
todas las gentes no cortesanas que gustan de los grandes espectculos
religiosos y de la contemplacion de monumentos en todo el territorio de
la Nueva Castilla. Actualmente la afluencia de forasteros es mucho mayor
en Toledo, durante la Semana Santa, con motivo del ferrocarril ya
establecido, que liga  Aranjuez con aquella ciudad ofreciendo muchas
comodidades  los madrileos. Esa circunstancia ha hecho surgir en
Toledo nuevas necesidades, entre otras la de crear fondas y multiplicar
las posadas,  fin de dar alojamiento  los muchos viajeros que van 
ver las maravillas  al menos curiosidades de aquella singular ciudad.

El tren parti de Madrid, pas rpidamente por delante de Getafe, Pinto,
Valdemoro y Cien-pozuelos, poblaciones sin gracia ni particularidad
alguna, con un total de 10,600 habitantes; toc en Aranjuez, y luego,
apartndose de la lnea frrea que conduce al puerto de Alicante en el
Mediterrneo, tom la ramificacion parcial de Toledo, que arranca
adelante de Castillejo, pasando por _Algodor_, estacion aislada que
sirve de embarcadero  trece pequeos peublos circunvecinos, mas  mnos
apartados de la via.

Desde Aranjuez hasta Toledo el paisaje es encantador, porque el
ferrocarril sigue el valle del Tajo, sobre la orilla izquierda,
aproximndose muchas veces hasta tocar casi en las playas del perezoso
rio. De un lado se ven, como bajos estribos ondulosos de los _Montes de
Toledo_, graciosas colinas de seno grantico y superficie arenosa y
arcillosa, absolutamente desnudas de vegetacion natural, pero cubiertas
de sementeras de cereales, de pequeos olivares y viedos, en los puntos
mnos estriles; en tanto que sobre las speras lomas  los campos muy
desiguales y agrios pacen algunos rebaos do ovejas  de vacas, cuyos
grupos contrastan en el horizonte con los picachos rocallosos que de
trecho en trecho se alzan sobre los lomos de las mas altas colinas.

Del otro lado se extiende una doble faja verde y luciente, llana y de
anchura desigual, humedecida por el Tajo, que contrasta mas
notablemente, por su rica vegetacion y su pintoresca alegria, con las
desnudas colinas y campos arenosos de que acabo de hablar. Bosques de
lamos blancos y de muchos rboles gigantescos se suceden, alternando 
veces con hermosas praderas, donde saltan y retozan los magnficos
potros, las lustrosas vacas y las robustas ovejas de las crias escogidas
pertenecientes al _patrimonio real_,   varios propietarios que poseen
terrenos en las mrgenes  vegas del Tajo. En algunos puntos, en todo el
trayecto hasta Toledo, se ven ricas plantaciones de hortalizas; y donde
quiera reina una humedad vivificante para la vegetacion, pero funesta
para la poblacion por las fiebres intermitentes que en algunos meses
producen los derrames del Tajo, que carece de un lecho bien determinado
y hondo.

El ferrocarril se detiene en la vega del Tajo, al pi de la eminencia
que sirve de asiento  Toledo, como  un kilmetro de la ciudad. All
hay que tomar una especie de coche-diligencia, todava rudimentario,
circunstancia muy embarazosa cuando hay muchos viajeros. Cuando llegu 
la estacion llovia  torrentes, y no haba _mnibus_ en que hacer el
trayecto hasta el centro de Toledo. Estuve  punto de volverme de all
nomas  Madrid, y sin la generosa obsequiosidad de un caballero espaol
que me di un asiento en su carruaje particular, no habra podido
escalar la cima de la imperial y pobrsima y atrasadsima Toledo.

Nada mas raro, mas nico en su estructura que esa ciudad, tan llena de
monumentos y recuerdos como vaca de industria y de vitalidad moderna.
Como en Espaa no se viaja por buscar ciudades, fbricas y campias de
estilo moderno, sino por estudiar un pas de condiciones especialsimas,
Toledo encanta al viajero que la visita, apesar do las detestables
incomodidades que hacen all desagradable la vida. Perdido en un
laberinto de callejuelas y vericuetos, aunque llevaba un guia, vagu
durante dos horas buscando alojamiento en la ciudad. Ya desesperaba de
hallar un rincon donde ajustar mi persona, despues de pedirlo en diez 
doce fondas  posadas mas  mnos ostensibles, cuando la casualidad me
permiti dar con una posada improvisada, decente para el caso, pero que
exigia conformidad. Toledo tenia en esos dias cuatro  cinco mil
huspedes; y aunque la ciudad, que solo cuenta 17,275 habitantes, puede
contener materialmente en sus casas el doble, carece de recursos y
comodidades para alojar bien  doscientos huspedes. Toledo es, por
excelencia, el resmen de la vieja Espaa. Hagamos su descripcion.

Una inmensa roca  pequea montaa en forma de pennsula se levanta de
un modo abrupto y severo sobre la mrgen derecha del Tajo, cuyo angosto
valle queda interrumpido al pi de la ciudad, al sur. Altas colinas
granticas se alzan en un cordon semicircular del oriente al sur,
rodeando por esos lados  Toledo. Al noroeste se desprende de otras
colinas semejantes, que dominan el Tajo  uno y otro lado, una angosta
lengua de tierra, como un istmo rocalloso y ondulado, que se liga con el
asiento de Toledo. El Tajo, llegando al norte de la ciudad y al oriente
de ese istmo, se precipita como un torrente en la abra profunda que
separa la montaa de la ciudad del cordon rocalloso del E.S.E.; rodea la
basa gigantesca de Toledo, haciendo un crculo casi completo, y vuelve
sobre el norte, como  buscar su propio cauce, lamiendo al poniente los
cimientos granticos del istmo que liga la pennsula fluvial de Toledo
con los cordones de cerros del N.O.

De ese modo, Toledo est incomunicada topogrficamente por todos lados
mnos uno, teniendo  sus costados los profundos abismos del Tajo, que
desciende con suma rapidez por entre rocas estupendas tajadas casi
perpendicularmente. Ademas, en la cima de la inmensa roca donde reposa
Toledo, hay siete eminencias  montculos desiguales, cubiertos de
edificios, plazas y calles. De ah resulta que la ciudad tiene el
aspecto de una estupenda fortaleza, sin que su fisonoma pueda ser
abarcada con la vista, en su totalidad, por ningun lado. Toledo domina
todos los contornos, pero ningun punto domina  Toledo.

Para llegar, pues,  la ciudad por cualquier lado es indispensable, 
pasar por uno de los puentes de _Alcntara_ y _San Martin_,  penetrar
por la puerta de _Visagra_, que da sobre el istmo del noroeste. De todos
modos es preciso escalar  trepar la montaa. Y en la ciudad misma, como
los siete montculos hacen muy desigual el terreno, es forzoso subir 
bajar, por cualquiera calle que se tome, en una especie de crculo
vicioso que hace de Toledo la mas extraa poblacion. No puede tenerse
idea cabal, sin conocerla, de un laberinto semejante. El hombre mas
experto, el de la mas prodigiosa memoria de localidades, se perdera en
Toledo, sin el auxilio de un guia, al volver la segunda esquina de una
callejuela.

Casas desiguales y de construccion tosca y antiqusima encajonan todas
las calles, dndoles un aspecto lgubre y siniestro, como si se
anduviese por los speros  irregulares senderos de una montaa. El
extranjero, al volver cada recodo, se hace la ilusion de que le espera
una celada morisca en alguna de las mil encrucijadas que se complican y
enlazan en la mas enredada trabazon. Donde quiera empedrados atroces,
murallones irregulares, repechos, ngulos y curvas indescriptibles que
desafan al mas hbil matemtico por su ausencia de figuras
determinadas. Las mil callejuelas se cruzan, se bifurcan, se redondean,
se cuadran, se confunden, se rodean  s mismas, se detienen
repentinamente en rincones sin salida,  se prolongan en los mas
extravagantes pasajes, trazando una red indescriptible. Cuando cree uno
haberse alejado 500 metros de un punto, segun lo que ha marchado, se
encuentra en la direccion opuesta,  veinte pasos de distancia,
completamente desorientado. Aquella ciudad, esencialmente morisca en sus
detalles de ese gnero, parece haber sido combinada para las emboscadas,
los combates de guerrillas y las defensas inesperadas y formidables.

El orgen de Toledo carece de historia, pues es atribuida su fundacion
 razas diferentes, y no se conoce la poca precisa de su aparicion. Los
Romanos la hallaron muy respetable ya, le daban importancia y la
hicieron capital de la provincia _Carpetana_. Conquistada por los Godos
en el siglo VI la hicieron capital de su corte y sus dominios. Dominado
el pas en el siglo VIII por los Sarracenos, fu tambien el asiento de
los vireyes moros, y despues la capital del poderoso _reino de Toledo_.
Por ltimo, recobrada en el siglo XI por el rey castellano Don Alfonso
VI, fu todava la capital de los monarcas espaoles, hasta que en el
siglo XVI traslad Felipe II su corte  Madrid. Desde entnces comenz 
decaer Toledo, aislada y sin industria, no obstante su condicion de
metrpoli de la iglesia catlica en Espaa.

       *       *       *       *       *

No habiendo pasado en Toledo sino tres dias, que son suficientes para un
viajero que no es artista, apnas pude recoger impresiones rpidas.
Toledo es interesante por su tipo social y su mrito monumental; pero el
primero me importaba mas que el segundo, tanto mas cuanto que adolezco
de una completa ignorancia en materia de arquitectura, pintura y
escultura. Por lo mismo no puedo emitir _juicios_, so pena de copiar lo
ajeno (_arte fea_ en que estoy mnos versado an que en _bellas artes_),
y solo indicar las _emociones_ sentidas.

Toledo carece absolutamente de industria. Es una ciudad muerta  por lo
mnos paralizada. Lo nico que all llama la atencion en lo econmico es
la famosa fbrica de armas, situada  la mrgen derecha del Tajo, al
poniente del istmo que he descrito. Me fu imposible visitarla, porque
estaba cerrada en esos dias con motivo de la Semana Santa, que los
pueblos espaoles y sus anlogos celebran con la ociosidad. Supe
sinembargo, que las armas toledanas eran de las mismsimas condiciones
que las de lejanos tiempos. Los siglos han pasado por encima, sin que
los forjadores se hayan dado por notificados, pues hoy los
procedimientos de fabricacion son los mismos que ahora cuatrocientos
aos, sin que los productos hayan mejorado notablemente. La vieja Espaa
machaca el acero con los mismos martillos. La civilizacion moderna no ha
llegado sino hasta la estacion de ferrocarril, al pi de Toledo. De ah
para arriba.... cuidado con tocar las telaraas!

En Toledo todo lo que es monumental es interesante y curioso; todo tiene
un tipo especial, que no se encuentra en ninguna otra ciudad espaola
con igual energa, an en Valencia, Sevilla, Crdoba y Granada. Donde
quiera se ven alternando las construcciones gticas y las moriscas, as
como algunas del Renacimiento, resultando de esa promiscuidad los mas
curiosos contrastes.--Me detendr en los mas notables monumentos nomas,
que son las joyas de esa ciudad donde corri la infancia de Quevedo y
yacen los restos del favorito ahorcado Don Alvaro de Luna, del poeta
Moreto y del historiador Mariana.

La catedral es, sin disputa, uno de las mas grandiosos templos catlicos
de Europa. Todo es all gigantesco, severo y sombro, como las mas
tpicas catedrales gticas. Si las formas exteriores y casi todo el
conjunto del edificio pertenecen  esa arquitectura majestuosa, hay
muchos detalles sinembargo, como la famosa capilla _Muzrabe_, que
corresponden al estilo morisco, por haber estado la catedral sujeta 
cambiamientos sucesivos. Su esplndido pavimento de baldosas de mrmol
blancas y azules; sus cinco naves atrevidas sostenidas por ochenta y
cuatro columnas colosales; sus veintitres capillas cuajadas de oro y
ricos ornamentos; sus tres enormes rosetones y setecientas cuarenta y
siete ventanas ogivales  circulares cubiertas de vidrios primorosos de
colores pintados al fuego; los mil adornos de las columnas y de las
setenta y dos bvedas de las naves, de una ligereza superior; la
magnificencia de las silleras del coro, cuyos bajos relieves son
admirables; el esplendor de los _tesoros_  joyas que pertenecen al
templo; los ecos profundos de los rganos, repitindose en mil senos de
piedra; la solemne oscuridad del recinto; los preciosos cuadros de
pintura que adornan los sombros muros; y el hormigueo de la multitud de
piadosos y curiosos, circulando como tomos bajo la estupenda mole:
todo eso hace de la catedral de Toledo, el juves santo, un monumento
que asombra, impone, embelesa y hace enmudecer....

All se comprende todo el poder de la fe, que no solo inspirara  los
artistas de la Edad media, sino que les diera  sus pueblos-obreros la
fuerza titnica para levantar esas montaas labradas de granito y piedra
comun, cuajndolas de primores que revelan toda la tenacidad paciente de
una creencia y las extravagancias de la supersticion. All se comprende
tambien la fuerza de propaganda que ha tenido el catolicismo en otros
tiempos, mediante la poderosa fascinacion ejercida sobre las
muchedumbres por la majestad de los templos y la pompa soberana del
culto[2].

Yo comparaba la inmensa riqueza encerrada en el Tesoro de la catedral,
con la profunda miseria de las clases inferiores de Toledo, ciudad que
vegeta en el aislamiento, sin industria, comercio, ni agricultura
importante, y me decia con tristeza: Qu bien hara la Vrgen de esta
catedral si, imitando  Isabel la Catlica, no ya para descubrir un
mundo sino para resucitar  Toledo, destinara sus joyas de valor
fabuloso para un ferrocarril que comunicase  esa imperial ruina con
todos los pueblos del magnfico valle del Tajo! De cada catedral de
Espaa, sin contar mas que los valores de lujo, puede salir un
ferrocarril; pero no hay riesgo de que salga nada, sin que por eso
falten las entradas.

Sin contar catorce conventos suprimidos de frailes, y veintitres de
monjas, Toledo tiene ademas de la catedral veinte iglesias parroquiales,
nueve capillas pblicas y seis _muzrabes._ Asi, pues, los habitantes no
alcanzan para las iglesias. Despues de la catedral, las mas notables
como monumentos son: _San Juan-de-los-Reyes_, _Cristo-de-la-luz_, el
_Trnsito_ y _Santa Mara-la-blanca_;--las dos ltimas, antiguas
sinagogas. Es curioso observar que en Toledo habia durante la dominacion
moruna seis iglesias, llamadas _muzrabes_, donde los cristianos
mantenian pblicamente su culto, con expreso consentimiento de los
Moros. Parece que aquellos _brbaros_ infieles eran amigos de esa
iniquidad de la filosofa moderna que se llama _tolerancia religiosa_.
La Inquisicion espaola les pag mas tarde  los Moros esa tolerancia en
muy buena moneda....

Los reyes de Espaa tenian la costumbre piadosa de celebrar sus triunfos
militares con la ereccion de iglesias, ora se tratase de los Sarracenos,
ora de los Portugueses  otros enemigos. A la victoria de Toro, obtenida
contra los de Portugal, debe su existencia la preciosa iglesia de _San
Juan-de-los-Reyes_, de un gtico florido delicioso, mandada construir en
1476 por Fernando  Isabel; como se debe al triunfo de Don Alfonso VI,
conquistador de Toledo  fines del siglo XI, la importancia de la
curiossima capilla denominada _Cristo-de-la-luz_, donde se ofici la
primera misa despues de vencidos all los Sarracenos. Llaman la atencion
en lo exterior de la iglesia de los _Reyes_ una multitud de grilletes,
cadenas y otros instrumentos de prision, pendientes de los muros para
recuerdo de los mrtires de Espaa, pues todos esos fierros les fueron
aplicados en Granada  los prisioneros que estuvieron en poder de los
Moros.

Si la iglesia, de una sola nave, formando cruz latina, es de suma
elegancia y bella ornamentacion, el claustro no es mnos interesante,
apesar de sus escombros, provenientes de un terrible incendio en 1809.
Es curioso un enorme trozo de mosaico excelente que yace casi abandonado
en el zaguan. En el piso alto llama la atencion un museo de cuadros de
pintura, comenzado en 1840, compuesto de 730 cuadros y establecido
justamente en la celda del famoso cardenal Jimnez de Cisneros, primer
novicio del convento all fundado.

_Cristo-de-la-luz_ es una curiossima miniatura de _iglesia_, cuyo
mrito est no solo en el orgen y la antigedad sino tambien en sus
proporciones singulares. Mide aquel juguete de mezquita bautizada unos
18 pis de largo sobre 14  15 de ancho, con la altura proporcionada, y
es de estilo byzantino-arbigo, con tendencias en algunos detalles  la
transicion del primer al segundo perodo del gracioso arte sarraceno.
Seis navecillas cruzadas en opuestas direcciones, de tres en tres, y
sostenidas por cuatro columnitas de granito, muy toscas, en que reposan
arcos en forma de herradura, constituyen la bveda, que se divide en
nueve cpulas casi microscpicas, todas diferentes, aunque anlogas en
su estilo. Si se pudiera arrancar y trasportar con sus cimientos aquel
juguete de arquitectura morisca, podra figurar en el mejor museo de
antigedades como una joya de inapreciable valor.

La iglesia llamada hoy _Santa Mara-la-blanca,_ abandonada y desierta,
fu una elegante sinagoga, construida hcia fines del siglo XI por los
judos de Toledo; corresponde  la poca de transicion  segundo perodo
del estilo rabe; y tiene adornos y formas interiores de un gusto
delicioso. El techo es un precioso artesonado de cedro, y todo el cuerpo
est dividido en cinco naves; siendo el total un cuadrilongo que mide
como 80 pis de longitud por unos 62 de anchura y 50 de elevacion en el
centro. Sostienen la techumbre 32 columnas octgonas, estucadas, en
cuatro filas iguales, y sobre sus capiteles se alzan 28 arcos en
herradura, con bellos arabescos, los cuales apoyan otros rdenes de
columnitas preciosas, pareadas, que soportan inmediatamente los
artesonados. Estas construcciones, que me eran enteramente desconocidas
(si no es en fotografas), tenan  mis ojos un encanto infinito, y me
hacian evocar mil recuerdos de la historia de los pueblos orientales,
leidas en los aos de mi primera juventud. Bajo el pavimento mismo hay
subterrneos profundos que guardan los restos de muchos israelitas.
Cunto no me hacia meditar sobre las peripecas de la humanidad el
abandono de aquel antiguo santuario de una raza que, perseguida durante
diez y ocho siglos por todos los pueblos en inmensa y atroz gavilla, ha
regenerado al mundo en el siglo XIX, con el poder de sus enormes
capitales y su actividad industrial y comercial, poblando  la Europa
de Bancos, ferrocarriles, almacenes y fbricas! Los israelitas se han
vengado de los pueblos perseguidores, dndoles el progreso y la
prosperidad y organizando el crdito....

No mnos curiosa, aunque de proporciones muy distintas, es la otra
sinagoga, llamada hoy iglesia del _Trnsito,_ construida  mediados del
siglo XIV. Don Pedro el Cruel no lo era mucho, segun parece, con los
judos ricos, y le permiti  su famoso tesorero y favorito, Samuel
Levi, la ereccion de aquel bello santuario de la religion israelita. Su
nica nave sostiene un precioso artesonado; los muros son de un
delicioso estuco, adornados con lindos _azulejos_ en mosaico, y labrados
con los mas primorosos arabescos del tercer perodo de la arquitectura
rabe, completamente andaluza. Aquella sinagoga se asemeja por muchos de
sus pormenores  un esplndido salon de la _Alhambra_  del _Alczar_ de
Sevilla.

Basta de iglesias para el paciente lector. A propsito de Don Pedro el
Cruel, es notable por su interes histrico y sus sombras proporciones
la casa  palacio que habitara en Toledo aquel salvaje coronado. Es un
edificio informe y pesado, que da la idea de los calabozos y causa
cierto estremecimiento al viajero que conoce algo las viejas historias
de la vieja Espaa. Aparte del admirable escombro del _Alczar,_ son
interesantes en Toledo: algunas de sus puertas monumentales, que dan
acceso  la ciudad por caminos en caracol, sostenidos por estupendos
murallones; el magnfico puente de _Alcntara,_ de un solo arco y todo
de granito; y el colegio militar, edificio que fu convento y en cuya
fachada, capilla, claustros y escalera monumental puede admirar el
viajero una multitud de objetos de arte muy interesantes.

Por lo demas Toledo es en su totalidad un inmenso y complicado
monumento. All todo es curioso y singular, todo llama la atencion y
obliga al extranjero  detenerse  cada paso. En cada calle, en cada
esquina, en cada portal  muro, balcon  ventana, se ve algun objeto
precioso para el anticuario, sorprendente para el viajero que por
primera vez recorre una ciudad tan especial como aquella. Aqu se da
con un trozo de mosaico precioso, una bella baldosa de mrmol, un busto
raro de piedra  una inscripcion histrica; all con una ventana ogival,
un balcon morisco, un curioso mirador, un torreon gtico  un escombro
lamentable. Toledo es el cementerio magnifico de dos civilizaciones, de
dos razas; cada edificio es una tumba y cada puerta  muro contiene un
epitafio....

Apresurmonos  hablar rpidamente de esa maravilla pretrita que se
llama el _Alczar_, para acabar con lo monumental y mostrar al lector
algunos rasgos de la fisonoma social de Toledo. Esa admirable ruina
est situada al lado oriental de la ciudad, sobre una eminencia,
dominando al mismo tiempo  Toledo y las profundidades del Tajo. Los
cimientos y diferentes cuerpos y fachadas del Alczar datan de pocas
muy distintas. Fundada en el mismo sitio una fortaleza romana, despues
goda y en seguida rabe, el conquistador de Toledo, Alfonso VI, varias
veces mencionado, le di mas grandiosas formas, haciendo gobernador del
castillo nada mnos que al herico Cid campeador. Muchos reyes mejoraron
sucesivamente el famoso fuerte, hasta que Crlos V resolvi demolerlo en
casi todas sus construcciones superiores, conservando solo una fachada
gtica, los stanos y los formidables cimientos. Felipe II termin la
obra, invirtindose en ella los cincuenta aos trascurridos de 1534 
1584, y trabajando all los mas eminentes artistas, como Villalpando,
Covarrubias y Juan de Herrera. En 1710 fue incendiado el admirable
palacio-fortaleza por las tropas aliadas que luchaban contra Felipe V en
la guerra de sucesion. Restaurado con esmero, incendironlo  su turno
en 1810 las tropas francesas invasoras, dejndolo reducido  un sublime
escombro. Hoy no quedan sino los muros interiores y exteriores, los
torreones rotos, las cuatro esplndidas fachadas, los stanos y
cimientos; sin techumbres ningunas, despedazados los arcos que ligaban
los muros, vacos los huecos de los balcones y todo en ruina.

!Pero qu ruinas! Aquello es imponente y grandioso como una montaa
desnuda, de indestructible granito y de ladrillo dursimo. Al vagar en
medio de aquellas masas colosales, por esas enormes escaleras de
piedra, sobre tantas bvedas de inaudita fuerza y audacia singular, y en
los oscuros abismos de los inmensos subterrneos (que en un tiempo
abrigaron regimientos enteros de infantera y caballera), se siente uno
poseido de un respeto profundo por el genio de los artfices, y
adquiere, interrogando los ecos de esas formidables obras, la idea
completa de una civilizacion terrible, fundada en la fuerza y el
antagonismo artificial, de cuyo seno ha nacido, por uno de esos
prodigios del divino misterio del progreso, la nueva civilizacion que
tiene su solo principio en la libertad y la justicia.

El _Alczar_ es un cuadrado de 200 pis por lado, que presenta cuatro
fachadas diferentes, esplndidas, que no obstante cierta armona general
corresponden  diversos estilos de arquitectura, predominando el del
Renacimiento. Una de las fachadas, la mas antigua, es gtica por su
carcter general, aunque por sus detalles, posteriores, es del mismo
Renacimiento. Cuatro torreones gigantescos, en los ngulos, encuadran el
edificio, dndole aspectos diferentes segun el lado por donde se le
contempla. Se compone de tres cuerpos  pisos, sin contar el de los
stanos, que se ve por un lado. El interior es de una esplendidez que
arrebata,  pesar de su estado ruinoso. Los estupendos stanos, de aquel
palacio-fortaleza podian contener millares de soldados, de prisioneros y
caballos, los vveres, y municiones y armas en grande escala; en fin,
toda una fuerte guarnicion  pequeo ejrcito, capaz de resistir por
largo tiempo el asedio. Un inmenso subterrneo conducia desde el fondo
de aquella montaa artificial hasta la mrgen muy lejana del Tajo,  una
gran profundidad, para poder dar de beber  las caballeras, coger agua
del rio, etc., etc. Tal era de grandioso el sistema de arquitectura de
la vieja Espaa, que ha dejado en todas partes los mas soberbios
monumentos.

       *       *       *       *       *

Nada mas curioso que el espectculo de las plazuelas y callejuelas de
Toledo, durante la procesion del juves santo. Aunque naturalmente se
escogen para el paso del Cristo y de la Vrgen las calles mnos
_imposibles_, el acompaamiento eclesistico y popular tiene que pasar
por las mas grandes crujidas para hallar salida por aquellos pendientes
y endemoniados pasadizos al aire libre. Todo el mundo se estrecha, se
codea, se pone en prensa y estrangula, resultando de la confusion y los
apuros los mas curiosos contrastes en los mil grupos que se agitan entre
aquellos desfiladeros. El lujo suntuoso de la gran dama madrilea 
toledaa, cubierta de terciopelos, de ricos encajes y de joyas, tiene
que frotarse all contra la capa raida de pao ya pelado, un tiempo
carmelita claro y luego de un amarillo mugriento inescrutable, que es el
ornamento indispensable del toledano,--obrero, tratante  mendigo, as
como del manchego y todos los habitantes de las dos Castillas.

En Toledo faltan absolutamente en las clases inferiores esos atavos
pintorescos, de colores vivos y cortes caprichosos, que se ven en
Valencia, en Sevilla y otras poblaciones mnos impregnadas de los usos
castellanos. En Toledo todo es triste, y el hombre de alguna comodidad,
como el menestral y el mendigo, tienen todos un aire de vetustez, de
tristeza, de ruina y de miseria que los hace sombros  los ojos del
viajero. Cuando vagaba yo en medio del largo y complicado tumulto de la
procesion, arrebatado en todas direcciones por una onda de capas
amarillentas y mantillas negras, me parecia asistir  un carnaval de la
muerte. Sobre mi cabeza,  uno y otro lado, veia los bajos balcones
repletos de mujeres y nios, con aire de aplastar  los transeuntes
cayendo como enormes racimos; mintras que el aspecto de las calles y la
movilidad de los sombros grupos tenian no s qu semejanza con las
menudas olas y los grupos de rocas negras, en el seno de un arrecife,
agitndose desordenadamente en un dia de borrasca.

Las bandas de mendigos pululan y circulan all por todas partes,
asediando al extranjero sin tregua. Rendido de luchar con las masas
movientes en la procesion, fu  sentarme en un banco de piedra,  la
sombra de algunos rboles en la plaza principal, llamada del _Horno de
Bizcochos_. Tenia sed y compr unas naranjas. Cayronme al punto, en
gavilla cerrada, siete  ocho muchachos hambrientos, de los mas
cercanos, pidindome cada cual una naranja,  un _chavito_, como llaman
los mendigos la moneda de cobre denominada _ochavo_. Alejronse
contentos al recibir algunas monedas, y yo creia quedar en libertad para
comer tranquilamente mis naranjas. Pero en breve arremetieron de nuevo,
en mayor nmero,  disputarse las cortezas que yo arrojaba al suelo; y
hube de ponerme en salvo para no claudicar entre aquella vorgine de
mendigos impberes. No les bastaron las monedas y las naranjas, pues en
un instante se tragaron todas las cortezas, como si fueran pedazos de
pan!

Aquella escena me afect profundamente, tanto mas cuanto que sabia que
tal ejemplo de miseria no era una excepcion. Toledo, por mucho que se
haga, no saldr de la miseria. Es un escombro que no tendr resurreccion
sino  virtud de esfuerzos inauditos. Siendo la metrpoli eclesistica
del pas (donde los cannigos son muy dichosos) y teniendo un gran
colegio militar y una guarnicion, admirables monumentos y carencia
absoluta de industria, Toledo es un conjunto de cuatro tipos principales
que se revelan en cuatro vestidos diferentes: la sotana del clrigo, el
uniforme de vueltas amarillas y rojas del militar, el elegante _palt_
del extranjero curioso, y la capa raida y nauseabunda del mendigo.
Fundada con un destino militar, segun las ideas de otra
civilizacion,--para ser una fortaleza--el aislamiento es la condicion de
Toledo. No puede tener industria, porque carece de agua para mover
mquinas, no habiendo sino aljibes  cisternas; ni tiene elementos para
el comercio y la agricultura, por su posicion excepcional. Toledo, pues,
seguir siendo una ruina sublime, una estupenda curiosidad y nada mas:
el museo de la vieja Espaa, custodiado por clrigos, militares y
mendigos!...

Toledo me ofreci la ocasin de poner  prueba mi estmago y verificar la
reputacion (usurpada la una y legtima la otra) de la _olla podrida_ y
el vino de _Valdepeas_. Durante los tres dias que pas en la imperial
Toledo, tan magnficamente cantada por Zorrilla, me vi forzado 
renunciar  la carne, recibiendo la ley de la situacion. Pero como no
habia pescado, ni huevos, ni leche, qued  discrecin de los garbanzos
cocidos y otras iniquidades de la cocina espaola, neutralizando algo mi
desdicha con buenos tragos de un exquisito _Valdepeas_. Este,
sinembargo, tenia el atrevimiento de subrseme  la cabeza, sin la menor
ceremonia, obligndome  multiplicar los _brebajes_ de caf. Tuvo al fin
piedad de m la posadera y me mand servir _puchero_.--_Un puchero_
espaol! me dije con trasporte; vamos, esto ser mejor que la Catedral y
el Alczar.

!Mentirosa ilusion! Yo habia hecho ya algunas experiencias poco
satisfactorias en Barcelona y Valencia, respecto de la _olla podrida_, y
la habia encontrado tan sofstica como la monarqua constitucional en
Espaa. En Toledo se acab la ilusion; el _puchero_ legitimo termin su
mision sobre la tierra espaola; hoy pertenece  la historia, como la
antigua grandeza del pueblo conquistador del Nuevo Mundo. Hoy no quedan
de las glorias del _puchero_ sino los innobles garbanzos cocidos,
capaces de indigestar  un elefante, el vil chorizo y el desvergonzado
tocino, que ha perdido su importancia desde que los moros y judos han
aceptado las impiedades de la cocina y la bodega cristianas. Desengaado
y hambriento, hube de consagrar en Toledo todo mi culto gastronmico 
las ricas naranjas valencianas y el atrevido Valdepeas.

Apesar de algunas impresiones desagradables, Toledo me habia complacido
mucho por sus enseanzas de carcter social, no mnos que por sus
monumentos. Habia podido comparar la vieja Espaa, representada en
Toledo, con la Espaa regenerada y progresista, revelada en Barcelona y
Madrid:--la primera basada en el aislamiento, inmbil, indolente,
rezandera en demasa, miserable y mendicante: la segunda buscando el
progreso en la libertad y el movimiento, despreocupada, tolerante y
pensando seriamente en lo porvenir. Me desped de Toledo como el que
acaba de visitar un sepulcro y sale del cementerio  pasos largos,
volviendo  mirar hcia atras de tiempo en tiempo, con un sentimiento
mezclado de tristeza y esperanza....

       *       *       *       *       *


CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

LA MANCHA.


Dos compaeros de viaje.--Aspecto del pais.--Recuerdos de Don
Quijote.--Las poblaciones manchegas,--La Sierra-Morena.

El mes de abril terminaba y era llegado el momento de visitar la frtil
y hermosa Andaluca, tan llena de recuerdos, tan pintoresca y original
en todo. Tom el ferrocarril de Alicante; pas el tren por Aranjuez,
Castillejo y Villasequilla, y  100 kilmetros de Madrid descend del
wagon, en Tembleque, para tomar asiento en la diligencia que debia
conducirme  Granada, atravesando los _Montes de Toledo_ y la
_Sierra-Morena_, y pasando por Jaen. _La Mancha_ habia comenzado entre
Aranjuez (que pertenece  la provincia de Madrid) y Castillejo,
poblacion que corresponde  la de Toledo. Esta provincia y la de
Ciudad-Real, separadas en parte por la serrana de los Montes de Toledo,
constituyen la region de planicies y montaas desnudas que tenia la
denominacion antigua de _la Mancha_.

Tembleque es un punto importante en las comunicaciones interiores de
Espaa, pues no solo pasa por all el principal ferrocarril, sino que de
ese centro parten las carreteras que conducen por un lado hacia Granada
y Mlaga, Cordoba, Sevilla y Cdiz, y por otro  Ciudad Real y Badajoz,
por el centro de la hoya del _Guadiana_. Con un casero casi miserable,
un terreno llano, pobre y pantanoso, y dominado al sur por los cerros de
_Toledo_, Tembleque no ha comenzado  resucitar sino  virtud del
ferrocarril de Alicante. Su poblacion alcanza apnas  unos 4,000
habitantes, de vivir estacionario en su mayor nmero, no obstante la
produccion de cereales, vinos, algun ganado lanar y varias fbricas de
paos burdos y salitre.

Al comenzar mi viaje  la Andaluca quiso la fortuna protegerme.
Almorzando en la cantina ( _buffet_) de la estacion de Tembleque, hall
que mis compaeros de diligencia iban  ser dos caballeros franceses que
viajaban por placer. No podian hablar ni una palabra en espaol, y
parecian ser sujetos de distincion, capaces de agradar  instruir  un
compaero. Su itinerario era igual al mio, y tenian para m la ventaja
de no ser _parisienses_. Yo deseaba muchsimo conocer en la intimidad el
tipo del Frances distinguido _de provincia_, porque en lo general no
estaba muy pagado del hombre de mundo parisiense. Queria instruirme
tambien en las cosas relativas  la vida provincial en Francia, viajar
asociado  personas inteligentes y observar la manera como los Franceses
juzgan  Espaa. Quedamos, pues, convenidos en que yo sera su
intrprete y en que nos trataramos como viejos amigos. Ellos
correspondieron tan bien  mis deseos, que hoy, al cabo de mucho tiempo,
veo en mbos dos personas que no me dejarn nunca olvidar cuanto hay en
Francia de bueno y honorable.

La casa ambulante llamada diligencia parti arrastrada por diez mulas
que saltaban como demonios, conduciendo unos 17 huspedes  discrecion
de 13 brutos (suponiendo que los conductores merezcan ser clasificados
con las mulas). En breve salvamos los Montes de Toledo por una de sus
mejores abras, y nos hallamos en plena _Mancha_, en la grande hoya 
planicie que tiene por centro al rio _Guadiana_, comprendida entre las
serranas de _Toledo_ y _Morena_, y prolongndose por la Estremadura, al
occidente, hcia Portugal. Toda esa vasta region que cruzbamos de norte
 sur, es mas bien una serie de planicies mas  mnos extensas que una
gran planicie  valle. Donde quiera el terreno est entrecortado, ora
por estribos de las serranas laterales, que se avanzan hcia el centro,
ora por cordones  grupos aislados de pequeas colinas que limitan el
horizonte.

Las serranas que dominan la comarca, desnudas y casi totalmente
estriles, la sequedad del terreno, su composicion general de aluviones
diferentes en la parte llana, las multiplicadas colinas en declive, y la
manera como giran los vientos sobre tan vasta fosa encerrada por todos
lados entre serranas; todo eso ha determinado no solo la naturaleza de
las producciones de la Mancha, sino tambien el aislamiento, la
inmobilidad, las costumbres y el espritu de las poblaciones manchegas.
No he visto jamas soledades mas extraas. All se reunen la idea de la
opulencia y la de la desolacion, del hambre y la abundancia, de la vida
y la muerte. No hay en Espaa una comarca que revele tan claramente como
la Mancha la funesta accion de los malos gobiernos espaoles, la
incapacidad de los partidarios del aislamiento, los vicios de las
instituciones monsticas y todo lo que constituy el pasado de la
sociedad espaola.

El suelo de la Mancha, arenoso-arcilloso en lo general (exceptuando las
rocas de caliza y granito en las montaas) es un inmenso filtro. Donde
quiera que no hay pantanos (y estos son numerosos) la sequedad exterior
del terreno es absoluta; las corrientes de agua rarsimas. Las aguas
penetran fcilmente la capa exterior arenosa y se detienen en otra mas
espesa de arcilla, superpuesta  sedimentos muy slidos. De ah viene
que mintras el agua falta casi completamente en la superficie, se la
encuentra con facilidad y en abundancia haciendo excavaciones  aljibes,
llamados en el pas _norias_. El agua, saturada de las sales aglomeradas
en los sedimentos calizos interiores, sale  torrentes (para perderse
otra vez si se le da curso) por medio de sogas de cerda sumergidas en
los aljibes, unidas  un mecanismo rudimentario que mueve alguna mula
vieja volteando sin cesar al derredor del pozo. Es curioso para el
viajero ver en la mitad de una llanura desierta y abandonada uno de
esos pozos, que tienen como la forma exterior de un horno, donde la
impasible mula da vueltas y vueltas para hacer surgir el agua, sin que
nadie la guie. El hbito tiene all el lugar del hombre; el animal
trabaja slo hasta por dias enteros.

Siendo el terreno tan hmedo en el interior y seco en su capa exterior,
y surcado por colinas y planos inclinados, que son como los estribos
ondulosos de las serranas, se determinan tres gneros de produccion
bien demarcados. En los cerros, y las colinas speras, como en las
llanuras estriles, pacen grandes rebaos de ovejas, cuya lana ofrece
valores considerables y alimenta algunos telares en las poblaciones en
que se fabrican paos y telas muy ordinarias para el consumo mismo de
los manchegos. En las bajas colinas y pendientes suaves crecen los ricos
y extensos viedos escalonados frecuentemente en forma de anfiteatros; 
se alzan pequeos olivares que aumentan con su tinta gris la melancola
de los paisajes uniformes. Por ltimo, en las llanuras ondulan ocanos
de trigo, cebada, avena y centeno, que al soplo del viento producen en
el vasto horizonte los mas bellos reflejos de esmeralda  oro, segun el
estado de las sementeras. Tal es la Mancha, como pas agrcola, en sus
principales caractres.

Pero no sin razon he llamado _ocanos_ las plantaciones de cereales. La
Mancha da la idea del mar por su uniformidad de aspecto, como por su
inalterable soledad y su tristeza que acongoja. Ni un canto, ni un
relincho, ni un eco en las llanuras! Aquella comarca es un inmenso
cementerio, con toda la desolacion y la fertilidad de los campos...de la
muerte.... El viajero anda leguas y leguas y no ve una casa, ni un sr
humano, ni una vaca  animal domstico. Entre una y otra poblacion no
hay mas que el desierto. All no existen la vida campestre, ni el
paisaje sencillo y gracioso de la casa rstica, ni el campesino, en la
estricta acepcion de la palabra. No hay mas que ciudades, villas y
campos abandonados. Quin cultiva, pues?--quin cuida de esas
interminables plantaciones de cereales y esos olivares y viedos?--La
naturaleza. El hombre es un vago  mendigo que duerme  pide limosna,
mintras que la naturaleza lo hace todo. Donde quiera reina el
silencio....

La tristeza domina en la Mancha an en las cercanas de las poblaciones,
donde est concentrada _toda la vida_ social. Despues de atravesar
vastas campias donde no se ve un rbol, _ni uno solo_, ni mas que
tierra y cielo, al acercarse  una poblacion se comienza  ver por todos
lados un enjambre de _norias_ y molinos de viento, dispersos en las
llanuras al derredor del casero; al mismo tiempo que se distinguen en
alguna pequea eminencia vecina multitud de montculos de tierra, con
puertecitas enanas y una especie de cpula tosca en la parte superior,
que tienen el aire de sepulturas de indios (las _huacas_ colombianas) 
de grupos de hornos. Son las bodegas de los vinos manchegos, cavadas en
la tierra al aire libre y cielo abierto, que corresponden por su estado
primitivo  la vida estacionaria de las poblaciones de la Mancha.

Todo se encuentra all tal como lo hall Don Quijote en sus
caballerescas peregrinaciones. Las _Maritornes_ abundan y son las
mismas; _Sancho_ asoma la cara por todas partes, siempre conservador,
malicioso, bonachon y reacio al movimiento; los molinos de viento se
mueven con la misma regularidad que en la poca en que el ilustre
_Manchego_ lo apostrofaba y alanceaba sin piedad; los mulos y los asnos,
los aparejos, las capas, las mantas, los muebles, cuanto es visible
all, mantiene con fidelidad las tradiciones reveladas por el inmortal
prisionero de Argamasilla. Creo que los alcaldes rebuznan hoy en los
mismos _tonos_ que los dos que hicieron decir  Cervantes:

     No rebuznaron en balde El uno y el otro alcalde,

Los siglos han pasado por encima de la Mancha, sin modificarla en nada,
como si el Tiempo se hubiera dicho:--_Hay comarcas que es mejor no
meneallas_.

Con excepcion de Manzanares, villa de mas de 10,000 habitantes, donde,
gracias al cercano riachuelo _Azner_, hay algunas alamedas vergonzantes
que sorprenden al viajero en esas soledades, las demas poblaciones
parecen vivir como en el desierto. Donde quiera la mugre, la vetustez,
el abandono y la ruina; casas horribles, pesadas y deformes, con
portones enormsimos y ventanas microscpicas; calles tortuosas, sin
pavimento, con profundos lodazales  montones de piedras en desrden; un
silencio sepulcral en todas partes; edificios arruinados y ausencia de
artes y comercio; bandas de mendigos hambrientos, en nmero fabuloso,
que vagan por las calles como espectros, espiando con ansia la llegada
de una diligencia para caer sobre los viajeros, rodearles en gavilla,
oprimirles, y acribillarles literalmente, hasta obtener de todos y cada
uno algun _cuarto_  _ochavo_, un pedazo de pan  otra cosa; todo
acompaado del mas horrible clamoreo que imaginarse pueda.

Cada una de aquellas poblaciones es un trmino medio entre las ruinas,
el cementerio y la cloaca, donde reinan la miseria, la inanicion, la
estpida vagancia, la supersticion, la envidia y el hambre.... Es
doloroso y repugnante ver cmo se insultan y maltratan mtuamente
aquellos innumerables mendigos, de todos sexos y edades, disputndose
los viajeros como presas de campaa,--medio cubiertos de horribles
harapos, cuyo aspecto es doblemente triste por la tinta amarillenta de
las telas de lana que sirven de vestido comun.

Cmo explicar esa espantosa miseria y esa inmobilidad de tantas
poblaciones en el seno de vastsimas campias de una fertilidad
prodigiosa? El aislamiento, los malos ejemplos y las malas instituciones
lo explican todo. Los conventos, haciendo de la ociosidad y la
mendicidad costumbres venerables  los ojos de la muchedumbre ignorante
y supersticiosa, han degradado en todos sentidos  esos pueblos tan
favorecidos por la naturaleza en algunas cosas. En cuanto al Gobierno,
debo repetir la frase que en otro lugar he emitido. l ha hecho el
papel del perro del hortelano. Partiendo de la idea del monopolio y la
centralizacion, ha querido reglamentarlo todo. Impotente, no ha hecho
nada; egoista, no ha dejado hacer; amigo del aislamiento, ha cerrado la
puerta  las comunicaciones. La Mancha ha podido ser muy rica y feliz
con solo dar salida al enorme producto de sus tierras, casi espontneo,
en cereales principalmente, y en vinos, aceite, lanas y otros artculos.
Pero enclavada entre serranas, sin caminos, sin libertad de cambio ni
de industria, y viciada la poblacion por hbitos de ociosidad y
obediencia pasiva, la vida de la Mancha (si la vegetacion puede llamarse
_vida_) se ha concentrado en las ciudades y villas. As, los campos han
quedado desiertos, sin casas, ni rboles, ni irrigacion; y en las
poblaciones se ha perpetuado la miseria por la concentracion de brazos
ociosos.

Y esa concentracion, que se nota en las dos Castillas principalmente, ha
sido,  su turno, la causa de la persistencia de los malos gobiernos. El
hombre del campo es, en lo general, el mas independiente, en igualdad de
circunstancias, ya por la vida que lleva y el influjo de la naturaleza
que le rodea, ya porque la accion de la autoridad le alcanza mnos.
Concentrada la poblacion en las ciudades y villas, no solo se acaba la
vida entre pueblo y pueblo, sino que, siendo mas inmediato y activo el
peso de la autoridad sobre muchedumbres ignorantes y abyectas, la
obediencia pasiva las amolda  toda tirana, las degrada del todo, y la
centralizacion absoluta se hace mas fcil de establecer y mas durable.
Creo haber encontrado la clave de casi todos los fenmenos sociales que
distinguen  las Castillas de la Espaa catalana, morisca y vascongada,
en esa diferencia sustancial que se nota en la manera en que la
poblacion se ha concentrado  distribuido.

Una vez cruzada la serrana de los Montes de Toledo, dejando atras, al
norte, la grande hoya del Tajo, el vasto panorama parecia ser el mismo,
porque hay una singular semejanza entre esa hoya y la del Guadiana.
Yendo  todo trote, veamos  lo ljos distintamente con el auxilio del
anteojo, sobre una eminencia, recostada  un contrafuerte de la serrana
que acabbamos de cortar, la antiqusima ciudad de _Consuegra_, de unos
9,000 habitantes (perteneciente  la provincia de Toledo); all quedan
an los restos de grandes obras romanas, y se destacan sobre una colina
abrupta los escombros de un antiguo castillo que pasa por ser obra de
Trajano. Psase luego por la villa de _Madridejas,_ que cuenta unos
7,000 habitantes, y cuyo tipo no requiere descripcion, porque en la
Mancha todo es uniforme. Despues de esa villa termina la provincia
toledana y comienza adelante la de Ciudad-Real, que tiene su lmite
meridional en el centro de la Sierra-Morena.

Vense  la izquierda de la via los pobres pueblos de _Herencia y
Camuas_; cortase la garganta montuosa llamada _Puerto-Lapiche_, donde
vegetan entre colinas rocallosas unos quinientos paisanos de Sancho
Panza; se cruza la triste comarca de _Villalta_, donde chapotean como
patos solitarios otros 227 manchegos, entre lagunas sin desage; y en la
mitad de una frtil pero mal cultivada llanura se da con _Manzanares_,
villa importante, que tiene algunas huertas en sus egidos, pero que
produce sinembargo mnos _manzanas_ que mendigos. Eran ya las diez de la
noche cuando llegamos, hambrientos y molidos,  la ilustre _Valdepeas_,
ilustre por sus vinos populares, que no por otra cosa. Cualquiera podra
pensar que los 10,800 habitantes de ese _valle-de-peas_ viviran medio
achispados, tomando el gusto  sus pipas y haciendo de cada bodegon una
Cpua. Nada de eso en Espaa los pueblos que beben mnos vino son los
que mas lo producen; su sobriedad es singular, y casi todos prefieren el
uso de aguas de mala calidad.

La mesa estaba servida en el parador de las diligencias, y hacia los
honores una hostelera de mal humor, trmino medio entre doa Dulcinea y
Maritornes, que nos abrum con gallinas y perdices compuestas de todos
los modos imaginables, y los consabidos garbanzos cocidos, tan slidos
como piedras de macadamizar. All beb el peor vino de Valdepeas que
encontrara en Espaa, En casa del herrero azada de palo. Con excepcion
de las grandes ciudades, donde en _algunos_ hoteles  fondas se sirve
con gusto, Espaa es un pas donde la mesa es una cuestion de _cantidad_
mas bien que de _calidad_. Aquel es un pueblo sobrio y frugal, y
sinembargo el _gusto_ de los hosteleros consiste en aglomerar montones
de platos, sin orden ni discernimiento, como si solo se tratara de
_hartar_ al husped  viajero. De ah resulta muchas veces el efecto
contrario, porque muchos platos no son sino _ediciones_ distintas del
primero que entra en la escena gastronmica.

No habamos acabado de limpiarnos la boca cuando el implacable Mayoral
nos llam  la diligencia. Era preciso hacer la digestion  saltos,
despues de haber comido en abreviatura bajo el rgimen _gallinceo_
Imposible dormir en aquella cueva que se llama _berlina_, tieso como
estaca y sacudido atrozmente por el armatoste que, tiene por piloto al
Mayoral! Pasamos por _Santa-Cruz-de-Mudela_, poblacion de 5,500 almas,
silenciosa como una tumba, entre las sombras de la noche; y al tocar en
_Almuradiel_ (con unos 600 habitantes) comenzamos  trepar las
encrucijadas de la Sierra-Morena, donde por tanto tiempo tuvo sus
altares el dios _Caco_, entre desfiladeros horribles y formidables
peascos de granito. Aquellos tiempos han pasado enteramente; el
salteador de estilo _herico_ ha cerrado sus estudios en casi toda la
pennsula espaola, y su herencia ha sido recogida en las ciudades por
hijos mas distinguidos y civilizados. Sierra-Morena est mas tranquila
que una iglesia cerrada, y los que ejercian su industria all han sido
desbancados por Ministros de Estado, jugadores de Bolsa, contrabandistas
aristocrticos, cannigos vendedores de bulas, diputados y otros
personajes ilustres y de intachable honorabilidad, que persiguen con
rigor y energa el vicio, la vagancia, el delito...y el dinero.

Nada mas grandiosamente vago, romntico y solemne que la escena que se
ofrece  los ojos del viajero en el centro de Sierra-Morena, en el
silencio de la noche y sin luna. La diligencia rueda con estrpito por
calzadas construidas  pico  orillas de estupendos precipicios,
produciendo en los senos oscuros de las montaas mil ecos diferentes.
Los enormes cerros de granito, desnudos, abruptos, despedazados  veces,
entrelazados en laberinto, separados por abismos profundos y espantosos,
destacando ac y all picos, y conos, y cpulas y moles gigantescas,
cubiertos en partes de tristes matorrales, de blancas flores y de musgo
y helechos; las sombras y los claros que se proyectan, segun las
inflexiones del terreno; el frio de la noche; el ruido de los torrentes
en las profundidades; la soledad medrosa de aquellos parajes que parecen
guaridas de bandidos  de fieras y aves de rapia: todo eso le da  la
escena los mas sombros caractres y un interes extraordinario.

Al ver aquellas formidables barreras de granito se comprende la tenaz y
secular resistencia de las dos razas que lucharon durante ocho siglos,
apoyndose y defendindose una y otra con el poder de la naturaleza y
disputando el terreno palmo  palmo, en las gargantas estrechas de las
serranas. As mismo, al observarlas se encuentra alguna excusa (aunque
sofstica) al rgimen de aislamiento que por tantos siglos ha
predominado en Espaa.

La Mancha habia terminado, y en nuestra via habamos tocado, despues de
Tembleque, con una poblacion total de 34,500 habitantes aglomerados en
siete localidades[3]. Ya habamos pasado las horribles gargantas de
_Despea-perros_(!!); el alba iba  empezar  difundir su vaga claridad.
Rendidos de sueo y de cansancio dormitbamos ya, en una especie de
pesadilla y de sopor, cuando se abri el horizonte al medioda. La
hermosa Andaluca, el pas del amor y del arte, de la fecundidad y del
trabajo, comenzaba en las alturas de _Santa-Elena_.

       *       *       *       *       *


QUINTA PARTE.


LAS ANDALUCAS.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

JAEN Y GRANADA.


Panorama general.--Las colonias de Carlos III.--Baylen.--Jaen y sus
campias.--De Jaen  Granada.--Idea general de Granada.--Curiosidades de
la ciudad.

Habamos andado hasta cerca de Santa-Elena, 210 kilmetros desde Madrid,
y nos faltaban 218 para completar los 428 de la distancia entre Granada
y Madrid. Pero qu diferencia en el aspecto de las dos comarcas! Atras
quedaba la raza goda, la sociedad castellana, genina representante da
la vieja Espaa. Adelante, algunos bellos grupos originarios de la raza
germnica, y luego todo un pueblo profundamente modificado por la
infusion de la sangre rabe y las tradiciones de la actividad industrial
y del genio artstico de las grandes tribus orientales y africanas.

En _Santa-Elena_, pequea poblacion moderna de unos 600 habitantes, las
montaas parecen abrirse para dar paso  la vida; el cielo es ya mas
bello, el aire mas delicioso, y la naturaleza sonrie. Apnas hace un
siglo que la Sierra-Morena era un desierto, una inmensa sucesion de
encrucijadas espantosas, sin ninguna seal de vida, de industria ni de
comercio. Crlos III (el nico rey liberal y positivamente bueno que ha
tenido Espaa) resolvi hacer surgir la vida de en medio de aquellas
soledades, fundando en la Sierra colonias importantes de agricultores
vigorosos, para lo cual no solo se sirvi de los Espaoles, sino que
hizo llevar inmigrados alemanes, muchos de ellos protestantes, propios
para dar saludables ejemplos y favorecer un fecundo cruzamiento de
razas. Es  esas medidas que se debe la existencia de siete nuevas
poblaciones en la Sierra-Morena.

_Almuradiel_, situada al lado setentrional, es la primera. Las otras
seis, correspondientes  la alta Andaluca (provincia de Jaen) son:
_Santa-Elena_, las _Navas-de-Tolosa_ (clebre por la batalla que en 1212
gan all el rey Alfonso VIII contra el rey moro Aben-Mahomed), la
_Carolina_ (que recibi su nombre de Crlos III), _Carboneros_,
_Aldea-del-Rio_ y _Guarroman_. La poblacion total de las seis colonias
andaluzas asciende  7,400 individuos, de los cuales 4,728 corresponden
 Carolina. Nada mas interesante que el contraste de esas poblaciones y
sus campos vecinos, con el aspecto del pas que la vista registra en
todas direcciones. El espectculo es hermoso y suministra la prueba del
poder del hombre para crear la riqueza, an en medio de una naturaleza
ingrata, cuando se tiene voluntad para luchar y vencer los obstculos.

A derecha  izquierda los ojos no descubren sino cerros desnudos y
tristes, contrafuertes formidables de la Sierra, destrozados, revueltos,
tajados en sus inmensas moles granticas,  multiplicndose en
laberintos de rgidas colinas y laderas. El panorama parece casi todo un
ocano de arrecifes, negros, pardos, grises, y a veces rojizos, como si
antiqusimas conmociones volcnicas los hubiesen desparramado entre
abismos. Al frente,  mas de 240 kilmetros de distancia, se ve la
grandiosa Sierra-Nevada, corriendo de oriente  poniente, semejante en
todo (mnos en sus nieves blanqusimas)  la Morena; y se alcanza 
columbrar vagamente el sitio en que demora la morisca ciudad de Jaen,
recostada al pi de uno de los prolongados contrafuertes de la estupenda
y escarpada barrera. En el fondo se ve una vasta extension de terreno
desigual surcado por el turbio _Guadalquivir_, donde alternan las
colinas multiformes, las pequeas planicies, los planos inclinados, las
angostas llanuras entrecortadas por barrancos y los risueos vallecitos
que forma el rio en sus vueltas y revueltas caprichosas, descendiendo
por un cauce profundo y arcilloso, entre grandes y tajadas rocas
granticas en varios trechos.

Por ltimo, si se mira mas cerca, retirando la vista de la faja tortuosa
del Guadalquivir ( cuyas mrgenes demoran Ubeda, Baeza y Andjar), se
registra una serie de planos inclinados, colinas y frtiles caadas de
lujosa vegetacion y esmeradsimo cultivo, por donde gira la carretera en
busca de _Baylen_. Por todas partes graciosos cortijos con vastas
arboledas que orillan el camino  deslindan las heredades; corrientes
cristalinas y bulliciosas que parecen dejar con alegra las asperezas de
la Sierra para ir de salto en salto  llevarle al Guadalquivir sus
murmurios y sus perlas lquidas; extensos viedos sobre las mas desnudas
colinas y los cerros; innumerables plantaciones de hortalizas, cereales
y semillas; considerables extensiones pobladas de hileras simtricas de
olivos; rboles frutales  la vera de la ruta y en los alegres huertos;
aqu un molino de olivas, all unas vacas paciendo en el barbecho, cerca
de la casita pintoresca; grupos de labradores sencillos y contentos,
trabajando juntos hombres y mujeres, ancianos y nios; en todas partes
verdura, aguas saltadoras, flores, un sol vivificante, sombras
deliciosas, trabajo, actividad, robustez, vida, alegra y bienestar.

El viajero desciende con placer por aquellos planos inclinados,
saludando  la Andaluca como una tierra de amor y prosperidad; y aunque
se echa de ver que hay mucho an que mejorar  hacer, y que aquellas
poblaciones estn apnas en la infancia, se les perdona todo defecto en
gracia de las cualidades que revelan. Cuando las razas han cumplido su
mision, en sus pocas respectivas, segun la medida de su temple y su
ndole, necesitan, para no deteriorarse, de cruzamientos que las
rejuvenezcan y les impriman nuevo aliento. La grande obra de la raza
espaola en la civilizacion fu la conquista del Nuevo Mundo. Cumplida
esa grandiosa y trascendental epopeya, el pueblo espaol ha debido
buscar su fuerza y sus elementos de actividad en alianzas con otras
familias de la humanidad, so pena de descender. Esta verdad se revela en
Espaa as en lo grande como en lo pequeo. Donde quiera que hay mezcla
de razas,--en Catalua, en Andaluca y las provincias vascongadas,--se
ve la fuerza, la actividad, la vida; as como la debilidad y el
estancamiento se manifiestan en las Castillas, Galicia y las Asturias,
donde la raza se ha mantenido casi totalmente pura.

En las poblaciones de la Sierra-Morena hice, en pequeo, la misma
observacion. All la sangre alemana se ha mezclado con la
hispano-arbiga, resultando un conjunto de familias robustas,
inteligentes, laboriosas, pacficas y de hermoso tipo. Yo me complacia
en mirar, de paso, los graciosos grupos de chiquillos, vestidos con
bastante aseo, rosados, rubios, ligeros, saltando como pajarillos al
derredor de la diligencia, en las calles principales de _Carolina_ y las
demas poblaciones, ofrecindonos  los viajeros flores y frutas; en
tanto que las abuelas y mams, sentadas  las puertas de sus casas, nos
miraban con una curiosidad benvola, sin suspender por eso las labores
de mano  el movimiento del huso infatigable. All no nos pidieron
limosna, no obstante que en Andaluca, por causas que luego indicar,
hay tambin en las ciudades y villas gran nmero de mendigos.

Fuera ya de los contrafuertes de la Sierra y casi en el fondo del valle
onduloso del Guadalquivir, demora la antigua villa de _Baylen,_ sobre un
plano inclinado, rodeada de altas colinas y en medio de vastos olivares
que constituyen all la principal riqueza. Baylen es un poblachon feo,
desigual, sucio, de calles tortuosas (tipo espaol antiguo _legtimo,_
pues data nada mnos que del ao 729), con una poblacion de poco mas de
8,000 almas, algunas fbricas de objetos muy secundarios, una fuerte
produccion de aceite (muy mal preparado, como casi todo el de Espaa) y
numerosos telares de lienzos comunes. All se almuerza mal, se come
peor, el vino es malejo, y se desea seguir la marcha apriesa.

Muy cerca de la villa se extiende el campo desigual donde tuvieron lugar
el 16 y 19 de julio de 1808 el combate y la famosa batalla de Baylen,
que fueron las bases de la independencia espaola en la lucha contra
Napolen. Si se tienen en cuenta la mediana capacidad militar del
General Castaos, vencedor all, la mala calidad de sus tropas, la
enorme superioridad de las francesas, por su nmero, calidad y posicion
en el campo de batalla, y las aptitudes del mariscal Dupont, que las
mandaba, se hallar que acaso no ha carecido de fundamento la opinion de
que la prdida completa del ejrcito frances se debi  la traicion.
All quedaron 40,000 franceses vencidos casi sin combatir: 3,000
muertos, 20,000 prisioneros, entre ellos siete generales, muchos miles
dispersos, 45 caones y todos los pertrechos en poder de Castaos.

Mis dos compaeros, como leales franceses, suspiraban al atravesar el
campo de Baylen.

--No crea U.,--me decian mbos con noble sinceridad,--que nos hace
suspirar el recuerdo de la derrota; no. Es que _Baylen_ no es para
nosotros sino una pgina vergonzosa de la historia de Francia, manchada
por una guerra incua, de perfidia y usurpacion, empeada contra un
pueblo hermano,  despecho de la nacion francesa.

--Entnces no hay por qu recordar el suceso con pesar. Esa iniquidad no
puede gravar la conciencia de la Francia revolucionaria; ella pesa sobre
la memoria del dspota que, nacido de la revolucion, le volvi la
espalda y oprimi al mundo con el peso de su espada.

--Es verdad,--me contest Mr. B....,--pero la historia es la historia, y
el vulgo confunde frecuentemente la obra de los dspotas con la de los
pueblos.

Pasamos en breve el Guadalquivir, profundo, lento y silencioso, por un
bello puente colgante echado sobre colosales rocas; tocamos,  unos 16
kilmetros de Baylen, en el pueblo de _Menjibar_, situado en terreno
frtil y con unos 1,600 habitantes; y atravesando campos rugosos y
bastante cultivados generalmente, dimos,  unos 36 kilmetros adelante,
con la curiosa ciudad de _Jaen_, de situacion pintoresca, dominada por
un alto cerro sobre cuya cima se ostenta un viejo castillo, formidable
un tiempo y hoy felizmente arruinado, as como las murallas y demas
fortalezas que circuyen la poblacion.

Jaen, ciudad de tercer rden en Espaa, por sus proporciones, cuenta
21,520 habitantes, generalmente pobres, no obstante la aptitud del pas
para una multitud de producciones importantes, como vinos, aceite,
granos y materias minerales. Todo aquel pais, esencialmente montaoso,
aunque desnudo de vegetacion espontnea, abunda en inmensos depsitos de
fierro, plomo, plata, mercurio, carbon de piedra, mrmoles superiores,
etc., que entran en la composicion mineralgica de las dos Sierras que
surcan las Andalucas. Y sinembargo, la minera est apnas comenzando 
ser una verdadera industria, la agricultura no avanza y los habitadores
de Jaen son muy pobres. Todo depende de la falta de comunicaciones, pues
con excepcion de la carretera general no hay sino malsimos caminos y
veredas casi impracticables para un comercio regular. Espaa es un pas
prodigiosamente rico por sus elementos; pero la riqueza indgena sin el
_cambio_ nada vale.

Me es imposible describir  Jaen, porque apnas logramos all veinte
minutos de descanso. El viajero que quiere detenerse en un punto
intermedio, se expone  no seguir su viaje en muchos dias, porque los
asientos de las diligencias son tomados en las ciudades que sirven de
puntos de partida. La estructura general de Jaen, antigua residencia de
un virey  reyezuelo moro, es esencialmente morisca, como debe
suponerse. Por todas partes calles estrechas y tortuosas empedradas con
grandes guijarros de rio, un terreno desigual, fuentes abundantes
(porque los Moros amaban mucho el agua), casas con azoteas y miradores,
galeras de arquitos en forma de herradura,  con troneras muy
reducidas, y extraas y caprichosas construcciones. La catedral de Jaen
es afamada por algunos preciosos pormenores, pero su conjunto exterior
carece de carcter, lo que la hace mas curiosa, revelando la sucesion de
varios estilos. La base fu la gran mezquita, y como encima le
aglomeraron obras gticas y del Renacimiento, result una jerigonza de
arquitectura, original y especialsima en la Espaa moruna.

Sigue el camino su curso hcia Granada por el fondo de un angosto y
encantador vallecito, formado por el riachuelo llamado _rio-de-Jaen_,
afluente del Guadalquivir, como todas las corrientes que median entre
Sierra-Morena y Sierra-Nevada. En medio de aquel laberinto de lomas y de
cerros desnudos y escarpados, donde alternan las formaciones granticas
formidables con los estratos calizos, las capas esquistosas
trastornadas, los bancos de arenisca y los barrancos volcnicos, que
parecen de hierro occidado, el valle tiene un encanto singular, por los
rumores del riachuelo, los alegres huertos que lo matizan, los grupos
elegantes de lamos blancos, los pequeos viedos que  veces se ven
como descolgando sus sarmientos sobre las barrancas, los dispersos
olivos y otros rboles frutales, los islotes de corta duracion que se
producen en el variable cauce, y los pequeos grupos de cabras que
ramonean saltando sobre las laderas speras que dominan el paisaje.

Despus de pasar por algunas _ventas_ medio desiertas, que sirven para
relevar los tiros, dimos  unos 36 kilmetros de Jaen con el pueblo
llamado _Campillo-de-Arenas_, de 1,900 habitantes, situado en una
pequea planicie, de la cual y las colinas vecinas se saca algun partido
para la produccion general de Andaluca, que consiste en vinos, aceite,
frutas y granos principalmente. Varios cortijos y ventas se suceden
luego, completndose en el trnsito desde el centro de Sierra-Morena
hasta Granada, sobre la ruta, un total de mas de 40,650 habitantes, casi
todos pertenecientes  la provincia de Jaen. La noche habia llegado,
enteramente oscura, y eran las doce cuando hacamos pi en la calle
principal de Granada.

Las ocho provincias de raza hispano-arbiga (Almera, Cdiz, Crdoba,
Granada, Huelva, Jan, Mlaga y Sevilla), que componen propiamente la
vasta y montuosa regin de las Andalucas, comprendida entre la
Sierra-Morena, el Mediterrneo y el Atlntico,--tienen una poblacion
total de 2.921.102 habitantes, los mas industriosos de Espaa (en su
masa general) despus de los Catalanes. Las capitales de esas ocho
provincias renen 446.342 vecinos (la sexta y media parte de la
poblacin andaluza),--y en esa cifra corresponden  la ciudad de Granada
68.743 individuos. Si hubiera de hacerse un estudio comparativo y
minucioso de la manera en que la poblacin se ha distribuido en Espaa,
se obtendra mas de una enseanza interesante.

Prescindiendo de Catalua, pas tan excepcional, se ve, por ejemplo, una
profunda diferencia en la fisonoma y las condiciones estadsticas de
dos grandes regiones que se tocan: las Andalucas, y la Nueva Castilla
con Estremadura. Geogrficamente, la primera de esas divisiones es
bastante inferior  la otra; topogrficamente, las Andalucas, apesar de
la ventaja comercial de sus costas martimas, tienen una gran desventaja
respecto de Nueva Castilla y Estremadura. En esta regin el suelo es
mucho mas igual, espontneo, asombrosamente frtil y propio para
variadas y muy valiosas producciones. En las Andalucas, con excepcin
de las llanuras de Sevilla y la _Vega_ de Granada, los valles son muy
reducidos en lo general, el terreno es donde quiera desigual, rocalloso,
surcado por laberintos de cerros, de grandes serranas, de colinas
bruscas y profundas ramblas. As, la parte habitable y explotable de las
Andalucas es muy reducida en comparacin  su extensin geogrfica.

Y sinembargo, donde quiera que puede crecer alguna planta, que puede
sostenerse una produccin cualquiera, se la ve aparecer en Andaluca,
aprovechando hasta los mas pequeos vallecitos  las mas limitadas
planicies. Y como el terreno est entrecortado prodigiosamente por las
innumerables inflexiones orogrficas, se ha producido un raro fenmeno:
la vida aparece en todos los intersticios explotables del pais, pero
condenada por la naturaleza, temporalmente, al aislamiento. En las
vastas planicies de la Estremadura, la Mancha y el alto Tajo, la
naturaleza ha permitido la acumulacion y comunicacion fcil de grandes
masas sociales, asi como la _continuidad_ del cultivo en muy extensa
escala. Y con todo, las regiones altas no pueden sostener la comparacion
social y econmica con las Andalucas, apesar de ciertas ventajas
provenientes de los centros polticos y religiosos (Madrid y Toledo) y
otras que no son despreciables.

En qu consiste la gran superioridad _efectiva_, de las Andalucas? Es
por la mayor fertilidad?--No. Es por la mayor extensin de terreno
explotable?--Menos. Es por virtud de las comunicaciones
martimas?--Ellas solo favorecen directamente  los pueblos de las
costas. Es por la infusin de la sangre africana en la raza primitiva
de Espaa?--Es porque las instituciones de la feudalidad, del
absolutismo posterior y del catolicismo romano no pudieron implantarse
en las Andalucas tan hondamente como en las Castillas?--Sin pretender
dar la solucin, no puedo menos que reconocer la energa del contraste y
el inters que esos fenmenos tienen para el estadista. Por mi parte
dir que la observacion rpida de esos contrastes me ha confirmado, mas
que la lectura de muchos libros, en mi creencia liberal.

Granada misma, comparada con la Granada histrica moruna, es un
testimonio elocuente en favor de la doctrina de la justicia, la
tolerancia y el progreso. Situada hacia el lado setentrional del valle
primoroso que riega el Jenil, al pi de dos altas colinas; estribos de
la serrana que divide el Darro, que corre por un lecho profundo,
Granada tiene una de las posiciones mas pintorescas, mas encantadoras
que el gusto oriental haya podido escoger en Andaluca para asiento de
una capital.

Casi en el vrtice que forma la Sierra-Nevada al sudeste de Granada,
nace el lindo _Jenil_, cuyas ondas escasas y anchas vegas han inspirado
 tantos poetas; recorre la llanura  afamada _Veya_, que tiene como 40
kilmetros de circunferencia, y recoge las aguas que bajan de la sierra
en el _Dilao_, el _Monachi_, el _Alfacas_, el _Darro_ y otros
riachuelos que fecundan el pais. La Sierra forma al este y sur una
especie de semicrculo, desprendiendo un ramal de cerros y colinas en
cuya base est reclinada la rara cuanto potica Granada entre dos
cordones de alturas separados por el Darro. El uno ostenta sobre sus
lomas superpuestas la _Alhambra_ y el _Jeneralife_; el otro, el mas
occidental, le hace frente en lnea paralela y da asiento sucesivamente
 las capillas y el seminario del _Monte Santo_ y al extrao barrio del
_Albaicin_, poblado por familias de Gitanos. Del pi de la Alhambra y el
Albaicin se extiende la ciudad sobre las dos mrgenes del Darro y la
derecha del Jenil, descendiendo en plano inclinado hacia la Vega.

Nada mas extrao que la fisonoma de esa ciudad, simultneamente gtica,
rabe y gitana,--artista y fabricante,--religiosa y voluptuosa,--rica y
harapienta,--llena de jardines y de miserias,-bella y horrible,--animada
y cadavrica,--esperanza y escombro al mismo tiempo. All todo es
contrastes,--conjunto de los tipos mas diversos,--rasgos de la mas
compleja fisonoma social que--puede hallarse. Si se ven algunas calles
y alamedas espaciosas y alegres, la gran masa de la ciudad est cortada
por callejuelas sucias, tortuosas, oscuras, empedradas con guijarros,
estrechsimas, complicadas en laberinto, completamente moriscas. Si se
oye al pasar el martilleo de los talleres  el ruido de los telares 
pequeas fbricas de distintos objetos, se siente tambin  cada paso el
clamoreo de las bandas de mendigos harapientos y esculidos.--Si se
admiran las maravillas del arte divino, se siente una profunda tristeza
al sondear la prostitucion que mina  algunas clases.--Si se contemplan
con recogimiento las iglesias catlicas, llenas de pompa y majestad, se
admiran los mil detalles de los palacios de la voluptuosidad
oriental.--Si se aprecia el tipo franco, hermoso y despierto del andaluz
de la mejor raza, se lee toda una historia de miserias y delitos, de
persecuciones y dolores profundos. En la figura bronceada, en el ojo
magnfico y salvaje, en la sonrisa orgullosa pero triste del Gitano....

Con decir que Granada es la sntesis de la historia y la sociedad
hispano-arbiga, se indica lo que es en su estructura material esa
ciudad. Muchos pormenores preciosos, en el orden de las dos
civilizaciones; un conjunto extrao, feo pero muy interesante,
contradictorio y triste; y todo encuadrado en un marco admirable de
hermosuras naturales. Un teatro, numerosos _cuarteles_, algunos
institutos de instruccin, beneficencia y culto, industrias medianas,
juego, prostitucin,--de todo y para todo; tal es el tipo que ofrece la
masa general. En eso no hay en Granada cosa que llame la atencin. Su
inters est en los pormenores, y bajo este aspecto Granada es la mas
curiosa de las capitales de Espaa,--mas que Toledo y Sevilla mismas que
son tan interesantes. As, para adquirir una idea completa de las cosas,
como artista, seria preciso residir meses enteros en Granada.

Cuando se deja el laberinto de las sucias callejuelas,  se desciende
del triste barrio del Albaicin,  se abandonan los cafs pblicos (mal
servidos pero siempre llenos de gente),  los hoteles  fondas (donde el
husped sufre hambres por la imposibilidad de acomodarse con detestables
alimentos), el forastero puede encontrar compensaciones en los paseos
pblicos llamados los _salones_. Si el mal gusto se manifiesta en las
fuentes que adornan el principal, la pompa y el esplendor de aquella
inmensa bveda de verdura son incomparables. Un vasto saln al aire
libre, de mas de 300 metros de longitud y unos 40 de anchura, se
extiende al extremo de la calle principal entre ella y el Jenily el
Darro. No he visto jamas una baslica de verdura comparable  esa. El
sol no puede penetrarla con sus rayos, y al pasearse uno por all,
embriagado por mil perfumes, entre las filas de colosales olmos y otros
rboles, cuyos troncos son las columnas de la mas suntuosa bveda,--y
codendose con los grupos de hombres y mujeres en cuyas fisonomas se ve
la expresin del rabe,--no puede menos que evocar todos los recuerdos
de la historia de Granada.

Aquellas mujeres de mirada ardiente y sonrisa seductora; aquellos
vestidos, pintorescos unos, otros ampulosos y atrevidos; aquellas capas
flotantes, que acompaan infaliblemente en sus horas de pereza al
Espaol; los ecos lejanos de instrumentos que convidan al placer; los
vastos jardines que se extienden all hacia el Jenil, cuajados de
jazmines, granados, rosas y claveles, cuyos aromas embriagan
positivamente; las brisas tibias que alegran el corazon, y varios
incidentes que llaman la atencin en las costumbres: todo parece dar la
idea de los amores ardientes, de las pasiones vigorosas, del abandono y
la voluptuosidad del oriental. Pero llega la noche, y  las nueve no mas
aquella ciudad que se mova, que incitaba  las fuertes emociones,
parece como dormida. A esa hora el silencio es casi completo, y el
viajero que vaga en las calles solitarias se cree como errante en un
vasto cementerio. Qu hacen las gentes  esa hora?--Trabajan en sus
casas  talleres,  venden en sus tiendas,  rezan?... No s si hacen
casas muy malas  muy buenas; lo que s es que vegetan.

Entre los objetos pblicos que llaman la atencion en el centro de la
ciudad, merecen mencion (aparte de la catedral, de que luego hablar) no
solo algunas iglesias curiosas y algunos edificios antiguos de formas
singulares, sino tambien: el teatro, el museo y el _Sacatin_. No hay
para qu asegurar que Granada tiene sus inevitables circos espaoles: el
de los _toros_ y el de los _gallos_. El teatro, aunque sin lujo ninguno,
es muy bonito, pero generalmente mal servido, como casi todos los
teatros de Espaa, en lo que toca al drama y la comedia. En Granada,
como en todas las ciudades de Espaa, observ una notable vulgaridad en
la gran mayora de los actores. El torero--ese _artista_ de la
muerte--es donde quiera elegante, bello, magnfico en su clase. El
_actor_, con raras excepciones, es plebeyo, bufon con brutalidad, y no
sabe interpretar las nobles inspiraciones del poeta.

En el teatro de Granada (obra que se debe al general frances Sebastiani,
que gobern el pas por cuenta y riesgo de Napoleon) vi ejecutar
operetas y bailes de estilo frances que me parecieron soberanamente
ridculos. El francesismo exagerado no produce en Espaa sino
caricaturas. No he visto en materia de coreografa nada tan gracioso
como una espaola bailando el _bolero_, la jote  la _cachucha_; pero
tampoco he visto nada tan ridculo (en _todas_ las ciudades espaolas)
como esas salerosas peninsulares haciendo las evoluciones inventadas
(para desgracia del arte) por las bailarinas parisienses. El cuerpo
rollizo, vigoroso y torneado de la espaola no se presta  las areas
fantasas (casi de puro espectculo) de la bailarina francesa, que
necesita de inventar mil fascinaciones y figuras para disimular su
flacura y fealdad y ostentar al mismo tiempo su agilidad y su gracia de
gesto y movimientos.

El museo de Granada contiene, entre muchas cosas insignificantes, varias
preciosidades de la poca de los Moros, y algunas obras de pintura muy
superiores. En lo general la Andaluca es un pas muy rico en tesoros de
esa clase, y despues del admirable museo de Madrid en ninguna parte de
Espaa se pueden hallar tan bellos cuadros como en Granada, Sevilla y
otras ciudades andaluzas. Qu de tesoros de Murillo y Ribera, de Cano,
Palomino, Zurbarn, Herrera y muchos otros maestros, dispersos en todo
ese pas del amor voluptuoso y del arte delicado!

Una cosa notable en Granada: en la plaza llamada del _Campillo_,
dominada por el teatro, se ostenta un monumento consagrado  la memoria
del Talma espaol,--el ilustre Isidoro Miquez, hijo de Granada, como el
triple artista Alonso Cano y el poeta dramtico Lope de Rueda. Pero ese
monumento no ha sido elevado por la Espaa, sino por tres artistas,
herederos en parte del genio de Miquez: los dos Romea y Doa Matilde
Diez.

El _Sacatin_, que he mencionado, es un curiossimo edificio moruno que
le da su nombre  un barrio donde tiene su residencia el comercio.
Compnese de un conjunto de construcciones homogneas, ligadas entre s,
de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas
iguales  pasadizos, que se cortan en ngulos rectos, formando una
especie de red de lneas regulares. Por todas partes el _Sacatin_
presenta filas de tiendas y almacenes, en dos rdenes  pisos
paralelamente, y es all donde se acumula no solo todo lo que figura en
los cambios ordinarios del comercio, en materia de gneros, mercera y
quincallera, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos
de los talleres y fbricas nacionales. El _Sacatin_, pues, no solo da la
muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que
interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres
que all se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y
arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas
pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros,
vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el
extranjero y sus pequeas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la poca del ltimo rey moro Granada tenia
hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilmetros de circunferencia, y
que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta
mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion
en esas cifras; pero  juzgar por las proporciones actuales de Granada,
donde centenares de casas estn desiertas y se encuentran ruinas por
todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente
inferior  la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si
lo hubo) mas que seales, con algunas fortalezas en escombros, algunos
torreones aislados  intiles, y vestigios muy diminutos de las murallas
que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada
le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la
historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la
incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el
tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental
habia atesorado en la preciosa Granada.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.


La Alhambra.--La vega de Granada.--El Jeneralife.--La Catedral.--La
Cartuja.--El Albaicin.--Los Gitanos en Granada.

Subamos  las fortalezas de la Alhambra y los jardines y retretes
desiertos del Jeneralife. Pero antes, que el lector me permita, una vez
por todas, una advertencia.

Como _viajero_, he buscado en Espaa y otros paises de Europa todas las
impresiones, todos los objetos que pudieran darme simultneamente goces
morales profundos y la idea general del estado de la civilizacin en
cada pueblo. Pero como _narrador_ de viajes, me es imposible describir
todo lo que me ha impresionado: 1 porque soy incompetente para los
trabajos tcnicos (los de ciencias fsicas y bellas artes); 2 porque la
tendencia principal de mis estudios se refiere  la condicion _social_
de las grandes masas mas que  sus especialidades etnolgicas y
artsticas.

Que no se me pidan, pues, descripciones minuciosas de monumentos y
curiosidades, que pueden hallarse en los libros _ad hoc_ escritos por
artistas-literatos, como Tefilo Gautier y otros. No me es dado ofrecer
sino _impresiones_, ni quiero emitir sino reflexiones _propias_, sean 
no equivocadas. No he podido estudiar la _Alhambra_ ni otros monumentos
como artista, sino bajo su punto de vista social, nico que puede estar
 mi alcance.

Subiendo la alta colina de la izquierda del _Darro_, por entre
callejuelas estrechas, sucias, caprichosas y casi arruinadas, habamos
llegado al pi de la gran puerta monumental que da entrada  la
ciudadela  vastsima fortaleza de la _Alhambra_. En todo el derredor
una falda muy pendiente separa la planicie de la colina de las
profundidades del Darro y los altos barrios de la ciudad. Despues, como
un inmenso cinturon de piedra, arrancan del seno circular de la falda
los enormes torreones y los estupendos muros que aislan la planicie,
presentndola sobre el horizonte de Granada como una corona de rocas y
verdura que se destaca en el aire. A la derecha de la puerta principal
se levantan las masas enormes de la _Alcazaba_ y la torre de la _Vela_:
 la izquierda las torres _Bermejas_ casi arruinadas. Mdia entre los
dos lados un vastsimo espacio, un abismo como de 60 metros, que en
tiempo de los Moros estuvo salvado por un puente colosal, suspendido en
el aire y que tenia sus estribos  extremidades en la Alcazaba y las
Bermejas! Aquello debi ser prodigioso....

Entramos, y todo un mundo de pompa y armonas, y memorias solemnes, y
ruinas y animacion de la naturaleza, se ofreci  nuestros ojos. Yo no
tenia idea, excepto en las grandes selvas colombianas, de un lujo de
vegetacion semejante. Desde la puerta hcia el interior, en una
extension de varias centenas de metros, se prolonga un bosque de rboles
seculares y suntuosos, bajo cuyo follaje la sombra es absoluta. Ese
bosque est dividido en muchas calles magnficamente macadamizadas, 
cuyos lados corren y saltan arroyos cristalinos que forman una msica
deliciosa. Ni un rayo del sol penetra bajo aquellas cpulas sagradas
donde vaga el genio de toda una raza, de toda una civilizacin
extinguida.... A la derecha, entre pabellones de yedra y tupidos
arbustos y colosales olmos, se destacan las murallas y los torreones de
la lnea interior de fortificaciones que separaba la Alhambra
propiamente dicha de los vastos jardines de la ciudadela. A la izquierda
se extienden algunas quintas (entre ellas la muy famosa de un rico
banquero, Sr. Calderon), rodeadas de _crmenes_  huertos y jardines,
donde se ostenta cuanto hay de mas delicado y bello, de mas aromtico y
voluptuoso en la vegetacion andaluza. Aquel paraso de perfumes, de
sombras, de verdura y armonas est habitado por centenares de
ruiseores que silban dulcemente al acercarse la noche. Se quisiera
vivir all largos aos, en un incesante recogimiento de amor, de
contemplacion y poesa....

Se pasa bajo el prtico de la fortaleza, dejando el bosque poblado de
misteriosas armonas, y el viajero se encuentra en el extenso patio de
los _Aljibes_. En el centro las cisternas cuya cavidad subterrnea es
inmensa: al sur la _Alcazaba_, la torre y plataformas de las
_Prisiones_, y en avanzada la altsima torre de la _Vela_; al norte el
_Palacio de verano_  la derecha, una ancha calle  la izquierda, que
conduce al poblado  ciudadela, y en el centro el palacio de _Crlos V_,
ruina colosal y noble que occupa una pequea parte del sitio que
cubriera el _Palacio de invierno_ de los reyes moros. Donde quiera
escombros gigantescos, desolacion y tristeza;--el esqueleto colosal del
prodigio militar y artstico de una civilizacin....

Al subir por entre rotos muros las empolvadas escaleras del sombro
edificio de las _Prisiones_, resuenan los pasos del extranjero en el
seno de la mole grantica y de ladrillo dursimo, produciendo ecos
recnditos que parecen los lamentos de las vctimas un tiempo
amontonadas bajo aquellas bvedas tremendas. Cuando se sale  la vasta
plataforma de aquel sepulcro inmenso, y se respira el aire libre bajo el
cielo potico de Granada, se siente como una especie de resurreccion.
Subimos  la torre de la _Vela_, impacientes por abarcar el asombroso
horizonte que se contempla desde all. Fu en esa altura estupenda donde
tremol por primera vez el estandarte de los reyes catlicos, el 2 de
enero de 1492, para anunciar  todos los habitantes de la Vega que el
reinado de Boabdil habia terminado.

Renuncio  la pretension de revelar las hondas emociones que me
dominaron durante la contemplacion de aquel espectculo admirable. Mir
en derredor, d un grito de supremo placer, me as del borde del
altsimo bastion para no caer, porque un vrtigo me arrebataba, y mudo,
tembloroso, sin aliento, sent una lgrima que se me escapaba como el
mas puro homenaje.... Es que estaba mirando la imgen de mi _Patria_!

En efecto, habida consideracion  las distancias y proporciones y  los
pormenores caractersticos, nada hay que ofrezca tan rara semejanza en
el conjunto como la Vega de Granada con sus serranas, vistas desde la
Alhambra, y la llanura de Bogot, circundada de cerros, contemplada
desde las alturas de "Monserrate." Razon tuvo el conquistador de mi
patria para llamarla _Nueva Granada_, y an darle  su capital el nombre
de _Santaf_, en recuerdo de la villa de los reyes catlicos (que se
alcanza  ver desde la Alhambra) donde naci el atrevido Gonzalo Jimnez
de Quesada.

El panorama que se registra con la mirada desde la torre de la _Vela_ es
superior  cuanta hermosura puede imaginarse. Al pi se extiende la
ciudad de Granada, descendiendo en plano inclinado, hcia la llanura,
llena de caprichos, de interesantsimos detalles, de arboledas
magnficas  trechos, de torres y monumentos de variadas formas;
acariciada por el Jenil de un lado; cortada por el Barro del otro, y
rodeada de una inmensa cintura de _crmenes_ (huertos, jardines y casas
de campo) donde se ostenta la mas lujosa vegetacion. A la derecha se
levanta el estribo de serrana donde se admiran las bellezas del
_Monte-Santo_ y el barrio de Albaicin, arrabal subterrneo donde vive
bajo las rocas, en la miseria y el abatimiento, la raza misteriosa de
los Gitanos; y en el fondo del abre que separa ese cerro del de la
Alhambra y el Jeneralife, desciende por entre jardines, molinos y
bosques de frutales el Barro caprichoso, tan presto arroyo miserable
como torrente caudaloso.

Despus, en el fondo del panorama, la _Vega_ primorosa,--donde un tiempo
ostentaran en las justas su bro, su galantera y sus odios y ambiciones
los _Abencerrajes y Zegries_, y donde probara una raza intelligente los
prodigios del trabajo en el arte de la agricultura y en la ingeniosa
actividad de la fabricacion. La Vega de Granada es literalmente un mar
de verdura, en cuyo fondo resaltan numerosas poblaciones, alcanzndose 
distinguir entre otras _Santaf_, las dos _Gvias, Churriana, Almilla y
Alendin_. Los grupos de esas poblaciones hacen un juego muy gracioso con
las arboledas en fila que indican el curso de los caminos y riachuelos y
el deslinde de las heredades, con las plantaciones de cereales, de
moreras, naranjos, avellanos, limoneros, granados, olivos, almendros y
otros muchos frutales, y con las mil casas campestres y los primorosos
crmenes del paraso granadino.

Por ltimo, todo ese paisaje esplendente se ve encuadrado por las
montaas de la Sierra-Nevada, donde en la cima de los anfiteatros de
colinas y planos inclinados, y sobre inmensos pedestales abruptos de
granito y mrmol se destaca, como el lomo fulgurante de un mar de plata,
el cordon de eminencias coronadas de nieve perpetua, que parece estar
envindole  la Europa los reflejos del sol abrasador de frica.... En
uno de esos anfiteatros de cerros se nota el del _Suspiro del Moro_,
desde cuya cima dicen que el vencido Boabdil lanz la ltima mirada y el
postrer adis  la gentil Granada, ya conquistada por las huestes de
Isabel y Fernando....

Descendimos de la torre de la Vela para entrar al santuario del arte
voluptuoso de los orientales, haciendo el mas raro contraste con el
palacio de _Crlos V._ Qu de pginas de civilizaciones distintas,
trazadas con piedra sobre una misma colina! En las torres _Bermejas_ y
de la _Vela_, la arquitectura fenicia y la romana; en la _Alcazaba_, la
arquitectura rabe del segundo perodo; en la Alhambra (_Palacio de
verano_) el estilo florido y refinado del tercer perodo; y en el
palacio arruinado de _Crlos V_ la arquitectura clsica del
Renacimiento. Asi, en solo un espacio reducido, cuntas razas y
civilizaciones distintas tienen su representacion!

Se adivina la estupenda grandiosidad que debi tener la parte mas
importante de la Alhambra (el palacio de _invierno_)con solo saber que
el vasto edificio llamado hoy palacio de Crlos V apnas ocupa como
una cuarta parte del lugar que estuviera cubierto por el edificio
principal de la Alhambra, que fu destruido por la orgullosa vanidad del
rey emperador. Hoy el edificio no tiene mas que sus muros y fachadas
magnficas, sus arcadas interiores y los elementos del suntuoso palacio.
Su forma exterior es cuadrada, pero en el interior es perfectamente
circular, como si se hubiese querido establecer all un circo romano.
Aquella esplndida ruina llama mucho la atencion, pero no interesa como
el palacio de _verano_, porque el viajero llega solo preocupado con lo
que tiene el carcter de morisco  oriental.

La primera impresion que se siente al penetrar en el famoso recinto es
de _desilusion_. Se han ponderado tanto las maravillas de la Alhambra y
su grandiosidad, que al visitarla se la encuentra muy inferior  las
descripciones hechas por los viajeros entusiastas. Desde luego, la
maravilla de hoy no es mas que un _detalle_ de lo que fu la residencia
de los reyes de Granada y su corte; y aunque de algunos aos ac se
trabaja en restaurar el palacio de verano, que se desplomaba en ruinas y
ha sido devastado por brbaros visitadores de todos los paises, se
encuentran patios y salones cuyo estado no corresponde  lo que los
artistas y anticuarios han creido que debi contener el palacio.

Me sera preciso escribir centenares de pginas (y mal escritas) si
quisiese indicar minuciosamente todo lo que hay de suntuosidad, de
capricho, de refinamiento pintoresco, de riqueza y adornos de arte y de
especialidad de estilo, en aquellos patios embaldosados con mrmol y
llenos de aguas y delicias, como los de los _Arrayanes_ y los _Leones_;
aquellos muros cuajados de arabescos primorosos; aquellos pavimentos
brillantes y cubiertos de azulejos y mosaicos caprichosos; aquellos
artesonados de cedro que parecen bordados por el buril de una hada;
aquellas bvedas y cielos rasos y techumbres de diversas formas, en yeso
modelado, entre cuyas molduras de colores vivsimos resuenan cien ecos
singulares; aquel grupo de leones de mrmol que parecen estar contando
al mundo de hoy los amores de las sultanas y esclavas del harem;
aquellos salones de maravillosas filigranas en estuco, que guardan en
su recinto mil memorias, bajo los nombres de sala de los _Embajadores_,
de las _Hermanas_, de la _Justicia_, de los _Abencerrajes_ (que hace
evocar las sombras de las vctimas), de la _Reina_, de _Lindaraja_,
etc.; aquellos jardines repletos de fuentes y arrayanes y naranjos;
aquellos baos de alabastro y retretes de la voluptuosidad; aquella
mezquita que recuerda toda una religion potica y sublime; aquellos
complicados pasadizos, stanos y escaleras en laberintos; y aquellos
miradores areos suspendidos sobre abismos para que las reinas y
princesas moras pudiesen contemplar los crmenes del Darro, las colinas
vecinas y la ciudad y su vega, bandose con deleite en la luz de las
maanas y en las rfagas de aromas y armonas que exhalaban los huertos,
jardines y arroyos y aves mil, en las faldas que la Alhambra domina con
sus murallas y torreones, sus azoteas y celosas.

Si se me preguntase cul es en resmen mi opinion respecto del palacio
de verano, dira,  riesgo de no agradar  los artistas admiradores ni 
los espaoles que se jactan de un monumento debido  una civilizacion
perseguida por la Espaa catlica: Lo que resta de la Alhambra, que es
una fraccion nomas, es curiossimo, pero no grande ni noble: es _lindo_,
pero no _bello_. All todo revela al esclavo, no al verdadero _artista_;
todo es profundamente voluptuoso y artificioso; todo habla  los
sentidos,  las pasiones brutales (el amor lbrico, el juego, el odio y
la venganza); nada hay que se dirija al pensamiento, al alma
divina,--nada que sea _noble, delicado y sublime_. La Alhambra no es la
obra de un _pueblo artista_, como eran las iglesias gticas de la misma
poca, sino la obra automtica del _obrero-esclavo_, obedeciendo  un
mandato concebido por un amo,  quien dominara el instinto del deleite,
el hbito de la autoridad suspicaz, vengativa y sensual.

En lo general, aunque se ven variedades graciosas en los colores y las
formas de los adornos, el trabajo que se ostenta en todos los salones y
recintos de la Alhambra es tan homogneo en su _genio_  su estilo, y
an en su ejecucion, que no revela riqueza de fantasa en el artista,
sino la mano paciente de un _artesano_ imitando un modelo invariable, 
sirvindose de moldes para estampar en el yeso los labrados  arabescos.
La piedra no hace all ningn papel en lo que toca al arte; casi todo
esta en yeso  materia plstica, y en los trabajos de madera la riqueza
de labor es subalterna. Esa consideracion disminuye mucho el valor
comparativo de los primorosos pormenores del palacio. Al recorrerlo, el
alma no experimenta ninguna emocion, y se sienten casi los
estremecimientos de la carne como si detras de cada puerta estuviese
dormida entre flores y perfumes, sobre un lecho de mrmol, una princesa
 esclava desnuda, de ojos ardientes y cabellera de bano....

Pero hay una cosa singular en la Alhambra, y es, que engaa de todos
modos, produciendo diversas impresiones, segun las visitas que se le
hacen y el estado de espritu del extranjero. El que no ha ledo nada
sobre la Alhambra se maravilla al verla. El que ha leido las
descripciones de Washington Irving, Tefilo Gautier y otros escritores,
encuentra la realidad inferior, en el primer momento, y sale de la
Alhambra bastante desilusionado. Pero si vuelve al da siguiente y mira
todo aquello, y lo medita para adivinar el pasado que desapareci, se
adquiere una idea mejor, y  cada visita se siente que la Alhambra crece
en la imaginacin y tiene mas y mas encantos. Por ltimo, si se la
contempla desde la altura superior del _Jeneralife_, y se recorre todo
el terreno circunvecino, la Alhambra aparece al espritu en toda la
grandiosidad de su conjunto que _fue_, y las apreciaciones varan.

Nosotros subimos  la Alhambra en cuatro das diversos, por lados y
caminos diferentes, y buscando todas sus faces  sus puntos de vista.
Considerada desde el cerro del Albaicin  desde el Jeneralife, las
impresiones son distintas. Desde el primer punto se la ve original,
soberbia y pintoresca. Desde el segundo se la comprende completamente,
hallndola grandiosa, estupenda y muy compleja.

El Jeneralife era la casa de campo, en cierto modo, de la Alhambra.
Tiene su asiento en una colina superior, inmediata  la planicie de la
Alhambra, y est,  su turno, dominado por otra colina mas alta, donde
antes existia una fortaleza que el mariscal Soult hizo volar durante la
guerra de Napolen, y cuyas escasas ruinas se encuentran an dispersas
en la loma. Por el pi del escombro baja un arroyo artificial que
prodiga sus aguas salladoras al Jeneralife, la Alhambra, los crmenes
vecinos y Granada. A una profundidad enorme corre el Darro, y,
sinembargo, fu de ese riachuelo que, desde muchas leguas de distancia,
trajeron corrientes abundantes  sus palacios y jardines los laboriosos
Moros, esos amantes del sol y de las aguas juguetonas.

El edificio del Jeneralife est fuera de las fortificaciones de la
Alhambra, aunque estuvo ligado por viaductos areos. Era all donde
reposaban y se baaban las princesas, las damas de corte y las esclavas,
gozando con infinita voluptuosidad bajo un cielo admirable, entre mil
perfumes, rumores y caprichos, en albercas y tinas de mrmol, y teniendo
al derredor el horizonte mas encantador del mundo. El Jeneralife se
compone de un laberinto de glorietas, pabellones, miradores, fuentes
caprichosas, baos, huertos, jardines y mil primores artificiales, donde
fueron profusamente aglomerados y bien dispuestos los ricos marmles y
jaspes, los bellos estucos, los delicados arabescos, los lindos
_azulejos_, las cascadillas, las terrazas, los grupos de arrayanes,
naranjos, jazmines, granados y rosales formando las mas graciosas
figuras, y cuanto era caracterstico del arte oriental, tan hbil en la
disposicin de los colores, la _orientacin_ de los edificios, la
distribucin de las aguas y el cultivo de las plantas.

Desde all se tiene la idea completa de la Alhambra, que debi sor una
obra inmensa, formidable y de muy variadas condiciones. Una primera
lnea de fortificaciones, destacada bajo los bordes de la circunferencia
de la planicie, lo encerraba todo: la ciudadela y los palacios, los
parques y jardines y el Jeneralife. Otra linea mas formidable en su
conjunto, con muchos torreones de trecho en trecho, separaba  la
Alhambra y la ciudadela de los parques, el Jeneralife, etc.; y por
ltimo, los palacios mismos de las residencias de la Corte estaban
separados de la masa que compona la ciudadela, dividida en muchas
calles con jardines, donde sin duda habitaban las familias cortesanas y
acaso una parte de la guarnicion. Hoy todo est casi en ruinas, con
excepcion del palacio de verano y la gran mezquita; hay muchos espacios
vacos, los torreones se han derrumbado, los jardines interiores estn
en esqueleto, y en las calles de esa pequea ciudad cortesana encerrada
entre fortalezas, muchas casas estn desiertas y otras no son habitadas
sino por familias miserables y mendicantes.

       *       *       *       *       *

La catedral de Granada, que data de los siglos XV y XVI, aunque
grandiosa y esplndida en su gnero y de una admirable riqueza de
ornamentacion y pormenores, es, segun mi gusto, inferior  las demas
catedrales de Espaa, en cuanto al conjunto. Tengo una pasion decidida
por la sombra solemnidad, la originalidad y el atrevimiento de las
catedrales gticas, porque son monumentos tpicos, populares y en
armona con el recogimiento severo de la religion. Pero me repugnan en
los templos los refinamientos _escolsticos_ y afeminados del
Renacimiento, que hacen evocar la memoria del paganismo. La catedral de
Granada, mandada construir por los Reyes Catlicos, es del mas puro
estilo del Renacimiento, combinando los tipos de sus diversos rdenes.
Es un monumento grandioso, de proporciones muy majestuosas, pero pesado
en su masa, sin audacia en las formas y de una regularidad que,
interesando en el primer momento, acaba por ser montona.

Una inmensa nave que hace su semicrculo en el fondo y abraza los dos
costados, forma las naves laterales, y otras tres en el centro completan
la vasta construccion. Un coro central en mala hora concebido,
interrumpe el cuerpo del edificio, quitndole mucho de su majestad, y,
exceptuando algunos relieves de un hermoso frontispicio-altar do
mrmoles soberbios, solo llama la atencion por sus dos rganos
colosales, cuyos tubos parecen querer penetrar la techumbre para lanzar
al cielo sus solemnes melodas. El altar mayor, situado en el centro de
un vasto crculo formado por columnas y bastiones que sostienen la gran
cpula del templo, es de una magnificencia suntuosa. Ntase all un
famoso arco inclinado, atrevida creacin impuesta al artista por la
necesidad de la perspectiva; y hay en todas las cornisas y los arcos
circulares una profusion de relieves de gran valor que hacen un efecto
excelente sobre el fondo de los frescos debidos  artistas muy notables,
como el famoso Palomino.

La capilla de las _Reyes_ contiene all, entre muchas riquezas de
ornamentacin, dos tumbas monumentales de mrmol blanco, asombrosamente
preciosas por sus lneas delicadas, su inmensa labor y sus relieves de
un gusto artstico insuperable. La una de esas tumbas es la de Isabel y
Fernando, con sus cuerpos ntegros en relieve; la otra de Felipe I y
Juana la loca, de iguales condiciones. De resto, la catedral entera est
llena de primores; su riqueza de mrmoles en todos los pavimentos, los
altares y muros, es prodigiosa,--como en todas las catedrales espaolas
(no siempre con buen gusto en la distribucin); y entre multitud de
bellos frescos, de infinitos adornos y cuadros al leo de bastante
mrito, se distinguen dos pequeos de Murillo, uno de Herrera el viejo y
varios del infatigable Alonso Cano.

Un curioso espectculo me llam la atencin, al recorrer la ciudad hacia
extramuros, en solicitud de la Cartuja, el Albaicin y el Monte-Santo. Me
haba prometido ver  los Gitanos en su barrio y contemplar sus extraas
danzas en medio de las ruinas de la Alhambra. Haba conocido un dia, en
el Jeneralife, al _capitn_ de los Gitano de Granada, hablando con l
para que nos hiciese preparar una danza, objeto que provoca mucho la
curiosidad de los viajeros. El capitn, albitar de profesin, me haba
impresionado vivamente, hacindome simpatizar con su raza. Fino y
comedido, con una fisonoma en que parecan disputarse la expresin
tpica, el orgullo y la humildad fingida, la indiferencia y la
amabilidad; alto, delgado y enhiesto; llevando con garbo su capa azul
oscura de vueltas de terciopelo carmes, y su sombrero de fieltro algo
inclinado sobre la frente; con un acento vibrante y suave, un ojo
profundamente negro, vivo y ardiente, pero velado por instantes, y
marchando con seguridad y presteza,--aquel hombre me ofrecia el tipo de
una raza bellsima, que ha conservado en medio de su degradacin en
Europa la tradicion de la mas hermosa estirpe de la India proscrita.

Al atravesar una esplndida plaza, interesante por recuerdos histricos,
dimos con una esplanada vecina, llena de gente y animales. Celebrbase
en aquel momento un mercado caracterstico de los Gitanos. Todos los
vendedores eran de esa raza, mientras que los compradores pertenecan 
la nacional. Donde quiera grupos de gente, de vestidos caprichosos 
tristes. Por ac los hombres tratando caballos, mulas y asnos, y aun
alguno que otro perro; por all las mujeres, vendiendo sartenes, olletas
y toda clase de objetos de metal. Durante los dias comunes el Gitano
anda por los campos y cortijos recogiendo animales de servicio
domstico, ya comprados, ya recibindolos en comisin; en tanto que las
mujeres y los muchachos de la raza colectan  mnos precio los tiles de
menaje mas  menos deteriorados, en las casas subalternas de la
poblacion. El barrio de los gitanos es as el depsito de mil ruinas
animadas  inanimadas. Aquellas gentes, especiales en el arte
tradicional de estaar y remendar, acomodan y _rejuvenecen_ el enjambre
de trastos viejos; y, no menos especiales en manejos de veterinaria (mas
 menos emprica, pero hbil en cuanto  las apariencias), trasforman el
potro recalcitrante y el asno que pareca inservible. La reventa de esas
mercancas, en cuyo valor hay mucho de artificioso, y la venta de algn
carbn y otros artculos trados de las montaas, constituyen los
mercados especiales de los gitanos de Granada.

La curiosidad de examinar los tipos de esa raza nos hizo mezclarnos
entre los grupos. Como mis dos compaeros de viaje y yo tenamos que
hablar siempre en francs, los gitanos, al considerarnos extranjeros,
creyeron por un momento que podran hacer negocio,

--Eah, dijo uno de ellos al compatriota mas cercano,--ofrceles la
_jaca_  esos _chorlos_, y si la quieren apritales el _molde_.

--Ya, pues,--repuso el otro, con una sonrisa maliciosa,--mientras
nosotros observbamos un caballito de garbosa apariencia, que relinchaba
con mucho bro.

--Eh, seorito; aadi el chalan, con el acento mas meloso;--_pntele
ust el ojo_  esa _jaca_, y dgame si hay un primor mas _cuco_ en
_toas_ leas Andalucas,

--Cierto que es muy bonita la jaca,

--Ah-_Ust_ se _despresa_ en espaol? No parecia....

--Y por qu no? le respond, Cunto vale la jaca?

--Media bicoca, seorito; por ciento cincuenta duros....

--Es muy cara.

--Ah, seor! si ust supiera lo que vale la yegua!... Es mas fina que
una perla; y tal madre tal hijo.

--Entonces la jaca es muy mala.

--Puah! qu est ust rezndome! Y el padrote....

--La verdad: la yegua fina da mal potro, si el caballo es bueno.--Yegua
ordinaria, sabrosa jaca, dice el proverbio de los chalanes.

--Ah! este seorito sabe el negocio.--Eh! tiempo _perdio_!

Y me volvi la espalda con soberana indiferencia, seguro deque no habra
negocio. El Gitano es as. Cuando espera ganar tratando, su palabra es
melosa y su fisonoma elstica; pero cuando no se promete nada del que
se le acerca, su mirada se apaga, su frente se contrae revelando un
orgullo brutal y egoista, y vuelve  su silencio, que parece encubrir la
antipata instintiva de una raza respecto de todas las europeas.

Aquellas vocea speras y fisonomas bronceadas y casi repelentes nos
llamaron mucho la atencin. El color del gitano espaol, nico tipo de
esa raza que hasta ahora he visto, es semejante al de una pasta de caf
bruida, por regla general, aunque algunos tienen una tinta mas oscura,
Labios muy delgados, llenos de astucia y malicia, mirada rpida,
movimientos fciles, y en toda la persona un aire de tristeza
profundamente concentrada; un no s qu sombro, algo que parece vacilar
entre la indiferencia y el desden, el odio y el pesar: tales son sus
rasgos. Pobre raza, llena de cualidades enrgicas, que la Europa no ha
pensado en educar y mejorar, sino en proscribir, condenndola  los
vicios de la vida nmade! Qu de misterios en esa extraa raza,
perpetundose sola al travs de los siglos, como privada de la atmsfera
comn de la civilizacion, y sin patria ni hogar!

Antes de observar la casa del Gitano dejmosle en sus tratos y
penetremos en la Cartuja.

El edificio en su conjunto no tiene nada que llame la atencion. Data del
siglo XVI, y es un antiguo convento suprimido, que pertenece  una
opulenta y piadosa granadina. La mayor parte quiz de lo que compona el
convento ha desaparecido,  solo quedan sus vestigios. Solo se conservan
la iglesia, la sacrista y los claustros y algunos salones desiertos,
con unas cuantas celdas felizmente sin capuchas vivientes. Los cuatro
claustros contienen, en detestables cuadros sin ningn valor artstico,
toda la historia de San Bruno, fundador de la orden mas prodigiosa (la
de frailes mudos, sobrios y trabajadores), y de los martirios de los
cartujos de Inglaterra. Al recordar las reglas de ese singular instituto
se comprende por qu fueron tan raras las Cartujas en Europa y en todo
el mundo catlico, y por qu sus templos llegaron  ser maravillas de
arte.

La iglesia y la sacrista, como todo el conjunto del edificio, es del
estilo del Renacimiento. Al contemplar el interior se pasma uno
admirando tantas delicadezas de arte, en que se manifiestan la
inspiracin del artista espaol profano, el gusto mas esmerado, la
riqueza del convento y la increble paciencia de algunos frailes. Si
todos los frailes tuvieran paciencia!... Aturde aquella profusion de
dorados y relieves, de estucos primorosos y mrmoles. Aquella capilla es
una inmensa filigrana de infinitos primores, en que todo interesa. Los
frescos riqusimos de Palomino, en la capilla, y de Jos Hermoso en la
cpula de la Sacrista, bastante notables; un _Ecce Homo_ admirable de
Murillo, una preciosa Vrgen de Alonso Cano, y otros cuadros; el
_Sancta-Sanctorum_ y su sagrario, todo en marmol pursimo y oro macizo
del gusto y el esplendor mas completos; dos enormes gatas, sin rivales
en Europa, y mil otras preciosidades, hacen de aquel santuario un tesoro
inestimable para el artista. Pero nada impresiona tanto como las puertas
y vastos armarios de la sacrista, de bano superior y con los mas
maravillosos embutidos de ncar y plata. Cuarenta aos gastaron dos
frailes en trabajar aquellos portentos de habilidad, de gusto y de
paciencia! Pobres monjes de otras pocas (excepcionales es verdad) que
con sincera concurso de su trabajo industrial, al menos vivian en el
recogimiento y las pacientes labores, sin dar alimento a las pasiones
turbulentas del mundo. Los frailes del siglo XIX son mas civilizados;
ellos hacen elecciones, dirigen  los reyes, conquistan territorios, son
accionistas de ferrocarriles y empresas comerciales, negocian con
loteras piadosas, juegan en las Bolsas, hacen fortuna y viven contentos
y satisfechos. San Ignacio ha derrotado  San Bruno.

Comenzamos  trepar la alta colina donde tiene su asiento el Albaicin,
Servanos de guia un hombrecito muy pobre, de setenta y dos aos,
llamado Jun Lpez Salcedo, cuya conversacin nos agradaba y diverta
mucho. Haba estado en Francia en tiempo del Directorio, combatido
contra Napolen en la guerra de la independencia espaola, y acompaado
 Diego y Quiroga en su heroica revolucin. Miserable y decrpito y con
ocho hijos pequeos, aquel hombre nos resuma por sus cualidades el tipo
del viejo espaol puro. Su fisonoma aragonesa tenia la rigidez del
carcter enrgico, y su tenacidad de sentimientos y opiniones se
conservaba  despecho del tiempo y de las privaciones. Era un liberalote
de puo cerrado, humilde, convencido, bondadoso y prudente, con el
corazn joven y el espritu lleno de esa filosofa que se atesora con
las duras pruebas de la vida. Trepab por todas partes con la agilidad
de un muchacho d quince aos, sin fatigarse nunca, embozado en su capa
 impasible. El clero y los militares era su pesadilla permanente; la
repblica su idea fija.

Un dia, al subir al Jeneralife, despus que le hubimos obsequiado en una
fonda de la Alhambra, las copas de generoso Mlaga le desataron la
lengua, y nos cont su historia,  invitacion nuestra, con detalles
interesantes sobre episodios de la historia moderna de Espaa. Al
concluir su relato nos dijo que se haba casado con una mujer joven y
bonita hacia nueve aos, y dej escapar un suspiro. Temeroso de que ese
suspiro revelase algn drama domstico, le dije:

--Supongo que U., en lo posible, ser dichoso.

--Ah, seor,--soy tan feliz como infeliz

--No comprendo....

--Es muy sencillo. Adoro a mi excelente mujer y ella es muy buena y me
quiere mucho. Pero tenemos la desgracia de no poder dormir juntos.
Apenas le doy las buenas noches y me nace un hijo mas. Somos tan
fecundos!... pero somos pobres, y el temor de los hijos nos condena 
una especie de divorcio ntimo.

Aquel hombre sincero, al hablar con esa candidez, trazaba en cierto modo
la historia del hogar del pueblo pobre.... Hay drama del corazn tan
sublime como el del amor que se defiende de s mismo, luchando bajo
formas diferentes? Confieso que Juan Lpez me hizo meditar bastante.

Nada mas curioso que el renombrado Albaicin. Hacia las faldas de la
colina alcanzan todava las tortuosas calles de Granada, construidas 
la luz del gol andaluz, mas  menos caprichosas, mas o menos
divergentes, segn que corresponden al estilo morisco, tan gracioso y
desigual,  al espaol posterior a la conquista de Granada (si eso puede
llamarse _estilo_) pesado, maciso y sin coordinacin artistica 
completamente emprico. Pero en las cimas de la loma la estructura
cambia: all ningn techo se destaca en el horizonte, de tal manera que
si se mirase por detras y de lejos esa loma, no se creera que hay en
ella una poblacin. Y sinembargo, all viven como seiscientas familias
que pudieran llamarse una poblacin de _armadillos_ humanos, All est
la vida, pero la vida subterrnea y entre harapos.

Imagnese una serie de calles sin empedrado, caracoleando en anfiteatro
al derredor de una colina por tres de sus lados. Cada una de esas calles
es como un callejn profundo entre dos filas de rocas y barrancos; y
sobre cada lado  fila se ven como bocas  respiraderos de hornos que
sueltan bocanadas de humo en medio de pobres jardincitos y plantaciones
reducidas de ales enanos, de tunales tupidos cuajados de flores
amarillas y frutas de carmn entre espinas, y de habas y judas. Si la
superficie desigual de la loma ofrece el contraste de aquellas tristes
sementeras, que parecen vegetar sobre centenares de crteres,  juzgar
por las columnas de humo que salen de la tierra, la vida social no se
revela sino al observar las puertecitas que dan sobre las _calles_, de
las habitaciones cavadas en los barrancos cascajosos  las rocas
calizas. En realidad el hogar del Gitano se manifiesta por la entrada y
la salida: la _puerta_,  flor de tierra, en la calle, y la _chimenea_,
 flor de tierra tambin, sobre los barrancos.

Cada una de esas cuevas es habitada por una familia y se compone
generalmente de cuatro piezas: algunas solo tienen tres; otras cuentan
hasta seis. Solo visit con mis compaeros unas cinco, al acaso,
entrando en cada callejn  la primera quo se nos ofreca. Una
puertecita angosta, de unos 160 centmetros de altura, est ajustada 
la roca y se abre sobre una salita cuadrada de poco mas de 2 metros por
lado. A un lado hay una puertecita interior que comunica con la cocina,
estrechsima y ahumada; en el fondo hay otra que conduce  la alcoba, y
mas adentro se ve un dormitorio para los muchachos y alguna despensa 
cuarto particular. La altura de aquel _edificio_ negativo,  edificio
hueco, es de tres metros  lo mas; y en varios puntos de los _techos_
hay troneras oblicuas arregladas de modo que el aire se renueve, aunque
laboriosamente, sin que penetran la lluvia y los rayos directos del
sol. Los muros, enteramente desnudos, muestran  la roca viva  los
sedimentos de arenisca levemente petrificada que componen el terreno,
muy bien igualados y nivelados.

Pobres gentes! Con qu gusto y buena voluntad, con qu candido orgullo
de aseudosidad nos invitaban aquellas mujeres  visitarles sus grutas,
desde la puerta hasta el ltimo rincn. Una  mas tarimas en el
dormitorio, un triste mobiliario en la cocina, una muy escasa provision
de habas, garbanzos  judas en la despensa, y en la salita dos viejos
taburetes de palo, una mesita coja, y algunos pequeos trastos con
tiles de trabajo pendientes de los muros entre estampas de colores
vivos, ya religiosas ya profanas; tal es el menaje de aquella sociedad
subterrnea. Pero lo que admira mas es la robustez relativa de esa
gente, y el admirable aseo de sus habitaciones. Aunque casi todos los
muros estn ahumados, todo est limpio y en su lugar, y no se nota
humedad ninguna ni an en las piezas mas recnditas. Sinembargo, el
corazn se siente oprimido en presencia de tal espectculo. Al tender la
vista sobre los pequeos huertos de esas pobres familias de proscritos,
no pude menos que hacer una observacin: hasta sus objetos de cultivo
son tristes. La tinta medio gris de los aloes y de las plantaciones de
habas coincide con la historia de esa extraa raza, as como las
extensas y apretadas huertas de tunales y espinos. Esas familias casi no
conocen el sabor de la carne; su alimento consiste principalmente en
habas y judias, y Granada les compra los frutos rosados de millares de
cactus. Aquella loma me pareca un calvario; aquellos millones de flores
amarillas y de frutas carmeses, creciendo entre las espinas y troncos
sin hojas  follaje (como son los cactus), me parcelan representar la
historia de la raza gitana; y esas quinientas columnas de humo en un
campo sin casas, me daban la idea de los campamentos variables de un
pueblo nmada. Por ltimo, las numerosas fraguas subterrneas de aquella
raza de albitares y estaadores, me hacan imaginar que visitaba el
reino de Vulcano en caricatura.

Pero no se crea que los Gitanos aman mucho sus cuevas. Si la noche los
obliga  entrar en ellas decididamente, las dejan desiertas durante el
dia. Esos hijos de la India, que se creen Egipcios, aman el sol con
voluptuosidad. As, cuando no llueve, se les ve en grupos numerosos por
las _calles_  en medio de sus melanclicos jardines  huertos,
remendando trastos, cosiendo, calentndose en la ociosidad  bailando 
cielo abierto. S; esa raza de la proscripcion es la raza de las danzas
vehementes por excelencia. Fue imposible conseguir una danza formal que
nos prometiera el capitn, pero en los bosques de la Alhambra y en las
calles del Albaicin pudimos ver algunas _muestras_. Qu de agitacin,
de delirio artificial, de extraas contorsiones, de locura reflexiva, de
lubricidad aparente en una raza esencialmente casta! Qu de sonidos
atropellados, rudos y de salvaje melancola!

Al pasar por aquellos callejones en caracol, las bandas de mujeres
jvenes y de muchachos nos rodeaban gritando; las mujeres con una
amabilidad provocadora se ofrecan a bailar,--porque as ganan la vida
muchas de ellas;--y los muchachos pedan en coro un _chavito_, como los
de Toledo. El que juzgase  esas mujeres por sus apariencias se
equivocara completamente. Picantes y provocadoras para ofrecerse 
bailar, seduciendo al extranjero, se hacen esquivas y severas, casi
insolentes, cuando se les hace comprender que su amabilidad ha sido mal
interpretada. La gitana casada es fiel por religion y tradicin de raza;
la soltera es casta por reflexion, por inters personal y de raza
tambin, y por educacin. Los Gitanos nunca se mezclan con los Espaoles
sino para especular; su hogar es puramente gitano; y jamas se ha
conocido una hija de esa raza entre las mujeres perdidas de Granada.
Aunque hablan todos el espaol, muy incorrecto en lo general, no se
sirven en sus relaciones exclusivas sino de su lengua propia, corrompida
en cada pais, es cierto, por la influencia de las lenguas de Europa que
los dominan necesariamente.

Vivamente impresionados por el espectculo de esa poblacion en cuyo seno
todo es excepcional,--tipo humano, vestidos, lenguaje, costumbres,
habitaciones y cultivos,--trepamos hasta la altura donde se ostenta el
vasto edificio del Seminario, un poco abajo de la capilla del
_Monte-Santo_. San Blas es el personaje de ese sitio histrico, donde se
conservan capillas subterrneas muy curiosas; y el da de ese santo se
hacen peregrinaciones en masa muy concurridas. Cuentan que all fueron
hallados los cuerpos de san Cecilio y sus once compaeros mrtires,
quemados en tiempo de Nern. Parece que fue buscando minas metlicas que
se dio con aquel _tesoro_ por casualidad, encargndose el azar de hacer
un curioso epigrama. En efecto, san Cecilio y sus compaeros eran una
mina, porque sus restos calcinados han dejado, mediante la fe, muy
buenas utilidades... los capellanes del Monte-Santo.


       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.


Santaf.--Un comisionista en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle
de Mlaga.--La ciudad y sus curiosidades,--Algunas impresiones.

Despus de cinco das de residencia en aquella ciudad tan curiosa como
altamente histrica, era preciso partir. Habamos observado lo mas
interesante de Granada (respecto de lo cual me veo forzado  omitir
muchos pormenores) y nos alejbamos con un sentimiento de tristeza,
porque ese pas seduce el corazn como el espritu. Es un tesoro de
recuerdos y poesa para todo viajero; pero para m era adems un objeto
de profundas emociones ntimas. Desde las alturas de la Alhambra yo
haba vivido cinco das con mi patria, evocando todas las epopeyas de su
historia, desde la poca de Colon, Balboa y Jimnez de Quesada.

Por desgracia, la diligencia que deba conducirnos Mlaga, por Santaf y
Loja, atravesando la Sierra-Nevada, parta casi  media noche; y las
sombras eran tan espesas en aquellas noches de lluvias primaverales, que
toda la campia nos deba estar velada por las tinieblas. As cruzamos
toda la extensin de la Vega, sin gozar de cerca de su admirable
paisaje, ni poder mirar siquiera la estructura general de la histrica
Santaf, villa decada que solo cuenta hoy unos 4,000 habitantes,
sentada entre huertos y cortijos  la margen izquierda del Jenil, como
una vieja matrona que trabaja silenciosamente con su rueca,  la sombra
de los naranjos de un patio florido.

A falta de sueo y de paisajes el interior de la diligencia nos ofreci
una grotesca distraccin. Iba con nosotros un judo alemn, joven,
robusto, ordinario te, petulante, locuaz y de una voracidad singular,
que haba estado hospedado en Granada en la misma fonda que nosotros.
Quejbase amargamente de las hambres que haba pasado, por la mala
calidad de los alimentos (y eso que nuestra fonda era la mas famosa de
Granada); y no le faltaba razn, porque es contra toda humanidad el que
los hosteleros espaoles mantengan al viajero con sus abominables platos
de garbanzos cocidos. El curioso Alemn llevaba todos los bolsillos
repletos de naranjas y bizcochos, y en tres horas, hasta que el sueno le
rindi, no suspendi sus ejercicios gastronmicos.

Su mana consista en querer pasar por un ingls _turista_ original, que
haba conocido todo el mundo (con excepcin de algunos continentes), que
adoraba las muchachas bonitas, haba hecho grandes conquistas de
francesas, italianas, circasianas, espaolas, etc., y se preparaba 
emprender un viaje de _recreo_  Australia, sin duda para continuar en
la Polinesia su vida de Csar de las hijas de Eva. Pero es el caso que
al pedirle detalles sobre las comarcas que haba visitado no daba razn
de nada, explicando su Ignorancia con mil subterfugios. Aunque hablaba
bien el ingls, su manera de hablar en espaol y francs revelaba el
acento del alemn meridional, como su fisonoma revelaba al israelita.
Nosotros tenamos nuestros motivos para creer que perteneca  la raza
industrial de otro compaero de diligencia, _comisionista_ hordels que
charlaba hasta por los bolsillos, sin perjuicio de los codos. Entre los
muchos beneficios que van haciendo los ferrocarriles y telgrafos debe
contarse como de primer orden la cuasi abolicin del _commis-voyageur_ 
comisionista, la plaga mas detestable con que puede dar un viajero. El
parte telegrfico y el wagon-vapor, en efecto, hacen casi innecesario
el envo de esas langostas  buscar en otros mercados colocacin para
los productos fabriles. En Italia, en Espaa y otros paises de Europa,
donde todava los ferrocarriles estn en su principio, el _Comisionista_
emisario de Francia, Inglaterra, Blgica  Alemania se mantiene firme 
con alguna consistencia. As es que en Barcelona, Valencia y las
ciudades andaluzas hube de encontrar esa peste en todos los hoteles 
fondas.

El comisionista (sobre todo y como ninguno el francs) es capaz de
desacreditar  su pais, dnde quiera, con sus propios recursos.
Ignorante, fatuo, grosero, petardista con frecuencia, charlatn hasta
causar jaquecas, se le ve en todas partes fastidiando  cuantos tienen
la candidez de admitirle su compaa. Una excepcin en esa regla es un
prodigio. Entre mas de cuarenta conoc en Espaa uno soportable. Nuestro
judo alemn comenz por sucumbir en cuanto  su nacionalidad, pues, por
divertirnos, le hicimos muchos cargos  la Gran Bretaa, y hubo de
declararse alemn para no aceptar la responsabilidad. Fing que tenia
opiniones muy recalcitrantes y le dije que era un horror la admisin del
judo Rothschild en el Parlamento britnico, porque esa raza maldita no
mereca ninguna consideracin. Entonces salt como agitado por un
resorte, colrico y terrible, como si toda su raza hubiese de hablar por
boca de l, y se confes israelita con una candidez que nos arranc 
todos una explosin de risas. No tuve, dificultad en convencerle de que
yo no tenia ninguna preocupacin religiosa ni de raza, y que estimaba 
la suya como una de las mas bellas, tenaces y enrgicas del mundo, y una
de las que han contribuido mas, por el poder del trabajo y el
sentimiento de la fraternidad, al progreso de la civilizacin. Corrido y
azorado el ex-_turista_ ingls, se arrellan en su rincn y se manduc
tres naranjas y seis bizcochos, por va de compensacin, con l mayor
recogimiento. Al da siguiente, en Mlaga, le pillamos _infraganti_ en
el hotel, presentndole  un comerciante toda su coleccin de cartones
con muestras de mercancas; y aunque se sostuvo en lo de las conquistas
femeninas, confes que sus viajes cosmopolitas haban sido hechos no
por un ingls _turista_, sino por un robusto judo alemn, comisionista
de la casa H. B. & C e Manchester.

Eran las seis de la maana cuando llegbamos  Loja, despus de haber
cortado las primeras gargantas suaves  inflexiones de la Sierra-Nevada.
Excepto en Suiza, no he visto nada mas pintoresco, en clase de pequeos
paisajes de encantadora frescura, que el cuadro que rodea  Loja. Es una
ciudad bastante considerable, pues cuenta mas de 17,000 habitantes, y
dista unos 45 kilmetros de Granada y 56 de Mlaga. Sus producciones
agrcolas son las generales de Andaluca; pero es notable por su
fabricacin de paos y papel. Es el pas de las aguas por excelencia,
deliciosas y abundantsimas. No solo tiene mas de doscientas fuentes
pblicas y particulares, sino que se llegaron  contar ahora siglos, en
su trmino, mas de 5,000 vertientes. La poblacin, fea, desigual, sin
gracia, triste y bastante sucia, hace un raro contraste con los
alderredores. Situada sobre dos colinas separadas por el Jenil, con la
mayor parte de su masa en la margen izquierda, la dominan casi por todos
lados los contrafuertes de la Sierra, y ofrece una vista deliciosa hacia
una gran porcin de la Vega de Granada.

El sol comenzaba apenas  producir sobre las crestas nevadas sus
primorosas reverberaciones; una ancha faja de nieblas cea los cerros
vecinos por la mitad, dejando en descubierto las eminencias con sus
enormes peascos de granito, y las bajas colinas, la ciudad y los
vallecitos profundos y tortuosos del Jenil, frescos, verdes, floridos,
cuajados de molinos y fbricas, de huertos primorosos y de hileras y
grupos de lamos blancos y otros rboles enhiestos. La tierra pareca
regocijarse, saludando al sol andaluz y  su admirable cielo con un
concierto de armonas y una voluptuosa evaporacin de aromas delicados.

Despus de Loja, el camino sigue ascendiendo y caracoleando por entre
bellas colinas bien cultivadas hcia el corazn de la Sierra. El viajero
colombiano que recorre los caminos que cortan las Sierras espaolas, no
puede menos que sonrer con desden, al recordar que hay en Colombia
perezosos fatalistas que creen que los Andes han condenado  la
incomunicacin  los pobladores de muchas comarcas montaosas del Nuevo
Mundo. Al ver lo que se ha logrado, en punto  ferrocarriles y
carreteras, en las regiones de los Alpes, los Pirineos y las Sierras de
Espaa, yo me decia: No; los Andes, lejos de ser obstculos, son el don
mas prodigioso que Dios haya otorgado al Nuevo Mundo, y el pueblo que
sepa aprovecharlos ser el mas feliz de la tierra. Con voluntad y dinero
_todas_ las regiones de los Andes son susceptibles de admitir cuantas
carreteras y ferrocarriles pueda necesitar el movimiento social.

En medio de aquel ocano de cerros desnudos, de colinas caprichosas, de
altas y pequeas planicies y de abismos inmensos, circulan sin riesgo
ninguno las diligencias por una excelente carretera. Tal parece  cada
momento,  la vuelta de un recodo brusco, que va la diligencia  salvar
un precipicio saltando de un cerro  otro, segn es de accidentado el
terreno. As se anda de sorpresa en sorpresa. No he visto nada tan
_romntico,_ tan speramente hermoso y triste como aquellas reducidas
planicies de la Sierra-Nevada, que parecen lechos de lagos disecados
hace muchsimos siglos. Al entrar en el _recinto_ de una de esas
planicies, vastsimos salones de pavimento de esmeralda entre muros
colosales de hierro y estao, se cree que no hay salida posible hacia
adelante. La vegetacin es de una tristeza potica, pues todo el suelo
est cubierto de plantaciones de trigo y otros cereales,  legumbres,
sobre cuya alfombra se destacan de trecho en trecho, gigantescas,
sombras y majestuosas, esas encinas de verdura perpetua llamadas en
Espaa _alcornoques_, cuyas ramas producen el corcho. Esos rboles son
numerossimos all, como en todas las alti-planicies de las Sierras
espaolas, y son objeto de un comercio relativamente considerable. La
naturaleza, previendo que el hombre inventara la botella como un
segundo _vientre_ para guardar el vino, ha poblado la tierra de
_alcornoques_ en las planicies superiores  las faldas donde crece la
generosa vid. Si todos los _alcornoques_ que vegetan en el mundo
produjeran siquiera para _corchos!_...

Al derredor de esos sencillos cuadros de verdura se levantan en
completa circunferencia estupendas moles de granito del aspecto y la
tinta mas singulares; todas abruptas, speras; con arrugas y grietas
enormes,--unas cenicientas y opacas, otras del color del estao con un
brillo triste, otras negras  pardas,--presentando los mas curiosos
juegos de luz y sombra, segn la inclinacin del sol; y ya redondeadas
en las cimas, ya en picachos extravagantes, en agujas  conos truncados,
 en filas circulares y dentelladas que remedan estupendas coronas de
hierro. Y encima de esas cabezas desnudas y esas moles de formas
sorprendentes sin estratificacin ninguna visible, descuellan
perpendicularmente  lo lejos, como lmparas de plata y diamante
pendientes del cielo, los altsimos lomos y las cpulas entrecortadas de
los nevados de la Sierra. Aquello es de una hermosura suprema, que
convida al artista  la contemplacin y desafa toda descripcin....

Las _ventas_ se haban sucedido (y por cierto que no quisiera
acordarme de una cierta tortilla hecha con aceite rancio, como se usa
en Espaa, que me dur entre el paladar y las fauces mas de una semana);
habamos salido del centro de la Sierra, y comenzbamos  descender por
entre un inmenso almcigo de cerros y colinas prodigiosamente
complicados y entrelazados. La regin de las encinas haba terminado, y
cruzbamos la de las faldas y los planos inclinados donde se hace un
extenssimo cultivo de la via. Es tanto como decir que bajbamos del
cuello de la botella (el _corcho_)  su vientre embriagado (las _uvas_)
Se comprende cuan enorme ser, la produccin de vias en la provincia de
Mlaga, casi toda d un terreno arrugadsimo por sus montaas desnudas,
con solo ver que an en las mas pendientes lomas y las profundidades y
faldas mas escabrosas la tierra est cubierta de viedos.

De repente, al volver un alto, recodo, el horizonte se abri  nuestra
vista, sin que ninguna eminencia interrumpiese el inmenso panorama.
Asombrosa hermosura la que nos aguardaba! En el fondo el valle, las
costas y la ciudad de Malaga; ms adelante los desiertos
resplandecientes del Mediterrneo estrechado por dos continentes;  lo
lejos, visibles solo con el auxilio del anteojo, las montaas azules
del frica, vagas, entrecortadas y confusas, hacia la costa de Tetuan; y
todo cubierto por un cielo azul claro precioso  iluminado por un sol
casi tropical: el magnfico sol africano! Aquello se contempla, se
admira con supremo arrebato y luego con profundo embeleso; pero no se
describe.... Yo senta que mi corazn palpitaba sobre una eminencia de
los Andes, en presencia de una pampa-ocano....

       *       *       *       *       *

Bajo el punto de vista artstico y el intelectual, Mlaga es una ciudad
de escassimo inters. All no reinan sino la industria y el comercio, y
los recuerdos histricos apenas se revelan, con relacin  la poca de
los Arabes  Moros, en la estructura general de la ciudad, en algunas
artes tradicionales, en muchos rasgos curiosos aunque de poca
importancia, y sobre todo en el mar y el cielo. En efecto, el mar y el
cielo de Mlaga hacen pensar  cada instante en frica, cuya atmsfera,
baando con sus rfagas ardientes las costas espaolas, es como un
vnculo de unin entre esos dos semi-continentes que se saludan desde lo
alto de sus montaas rocallosas por encima del Mediterrneo.

El valle en que reposa Mlaga, encuadrada entre el mar y los ltimos
estribos de la Sierra, es muy reducido. Ensanchado sobre la costa en una
circunferencia como de 20 kilmetros, se prolonga hcia el occidente por
entre cordones de cerros, en una muy angosta vega que surcan el
_Gundalhorce_, pequeo rio que corta la llanura  poca distancia de la
ciudad, y el _Guadalmedina_, que la divide, corriendo trabajosamente por
un lecho de arena fina, variable y que se presta  las inundaciones por
la excesiva depresin de sus orillas  anchas playas. La llanura es un
hermoso huerto, vista desde las montaas que dominan  Mlaga. All no
solo crecen mil rboles frutales, la opulenta via y todas las
producciones de la frtil Andaluca, sino que se cosecha el algodon, el
tabaco y mucha cochinilla, crece y prospera la caa de azcar, y podra
creerse que se siembra sobre un pedazo de la tierra africana.

Del lado del oriente la costa se extiende en una faja angosta y de
lneas curbas y caprichosas, en la direccion de Vlez-Mlaga y Motril.
Al norte la cien y dominan los complicados contrafuertes de la
Sierra-Nevada, y al occidente se destacan mil eminencias que erizan todo
el terreno, en direccin  Cdiz, por la lnea de la Sierra de Ronda,
donde se encuentran las mas sorprendentes formaciones geolgicas, as
como notables curiosidades sociales. Ronda tiene la fama de ser una
pequea ciudad muy curiosa, en la provincia de Mlaga. Si esta cuenta
una poblacin de 451,406 habitantes (la stima en Espaa en ese orden),
su activa capital tiene 94,289, inclusos sus egidos. Mlaga es uno de
los grandes centros del liberalismo en Espaa, como Madrid, Barcelona,
Sevilla, Cdiz y todas las ciudades de movimiento social activo. Donde
quiera que el comercio, la industria  la accin poltica dan lugar 
una fuerte vitalidad social, el sentimiento popular se inclina hacia la
libertad y el progreso. El conservatismo no tiene sus fortalezas en
Espaa sino en las ciudades donde reinan la inmobilidad y el silencio.

Los alderredores de Mlaga contienen innumerables jardines y muy bellas
y valiosas haciendas, donde se ven casas de campo de una notable
elegancia, y algunas de riqueza artstica. En la vega martima del
Guadalhorce hay preciosas plantaciones de naranjos y limoneros que hacen
recordar los primores de la Huerta de Valencia. Es increble el consumo
que hace la Europa del fruto  las esencias cidas y aromticas de
aquellos bosques de limoneros. Al derredor de los huertos, los jardines
y las haciendas y fbricas del valle, se suceden en anfiteatros cortados
las colinas cuajadas de viedos. La riqueza y variedad de esas vias es
asombrosa (en comparacin de las dificultades del terreno), pues no solo
se hace una inmensa produccion de vinos blancos, tintos y anaranjados,
mas  mnos aromticos y agradables, cuya fama es universal, sino que se
obtienen en abundancia esas famosas uvas especiales para la preparacin
de las exquisitas _pasas_. Debo decir, en obsequio del popular adagio,
que me cost trabajo beber buen vino y conseguir buenas pasas en Mlaga.

Casi una tercera parte de la ciudad se compone de nuevas construcciones,
en lo general esplndidas, muy vistosas por sus numerosos balcones y
celosas  gabinetes volados, verdes  azules, sus pavimentos de mrmol,
sus grandes enrejados de fierro, sus alegres azoteas y sus miradores de
estilo oriental. En la parte nueva las calles son espaciosas y limpias,
abundan los grandes hoteles y cafs, se notan la comodidad y el gusto, y
no se encuentra verdadera semejanza material con las ciudades interiores
de Espaa. La famosa _Alameda_ es una esplndida calle-paseo, donde
abundan los rboles gigantescos, las fuentes, las estatuas y los canaps
de granito, entre dos filas de elegantes edificios. Asi mismo, las
construcciones que dominan los muelles  avecinan el puerto, relevan, el
progreso del buen gusto y la vitalidad de las ciudades martimas.

Pero la gran masa de la ciudad, de construccin antigua, es un laberinto
de callejuelas incomprensibles en el primer momento, oscuras, muy
estrechas, generalmente sucias, llegando algunas a un grado de
inmundicia increble. All las construcciones caprichosas,
extravagantes, brbaras sobre toda ponderacin, semi-morunas,
semi-espaolas, entre cuyas moles se agita sin cesar, en la estrechez y
estrujndose sin lstima, una numerosa y activa poblacion de los tipos
mas heterogneos. La elegante y hermosa malaguea (las mujeres son all
muy lindas en gran nmero) se pasea visitando los ricos almacenes y las
tiendas de modas y curiosidades, sacudiendo con una gracia inimitable el
abanico de bano, de ncar  de sndalo con graciosos adornos y ricos
paisajes; y seduce por la gracia de su andar, desembarazado pero digno.
Y no menos llama la atencin por sus _dejos_ y picarescos aires
la...malagea de menor cuanta,--tipo que media entre la _manola_ y la
_griseta_,--vestida con telas de colores vivos, con la cabeza
descubierta, vivaracha y provocadora, guiando el ojo con peligrosa
habilidad, morena y rosada, rolliza y tentadora como uno de esos
racimos maduros de rosadas uvas que produce el pais.

Al mismo tiempo hormiguea en las calles un enjambre de obreros toscos y
brutales, vestidos con abandono, de marinos de todas las naciones, de
comisionistas afanados  caza de clientes, de negociantes inquietos
entregados exclusivamente  la fiebre de la especulacion, de soldados de
franjas amarillas, pasablemente ociosos, de carreteros y vivanderas
haciendo una algaraba de todos los diablos, de algunos semi-majos y
toreros de estilo de matamoros, y de pillos de todas edades que abundan
siempre en las ciudades mercantiles, con su numeroso acompaamiento de
andrajosos mendigos que son inevitables en casi todas las ciudades
espaolas.

El gran movimiento de Mlaga no proviene nicamente de su fuerte
produccin de vinos y dems artculos de su agricultura, por valores
considerables. Malaga es, por su posicion y la naturaleza del terreno de
toda la provincia y las vecinas, el puerto obligado de Granada, Jaen y
parte de las comarcas de Crdoba, y de las poblaciones que demoran del
lado de Ronda como del de Vlez-Mlaga. Aparte de esos motivos de
centralizacin de un vasto comercio, Mlaga tiene una produccin fabril
 manufacturera de bastante importancia y bien variada. All se fabrican
sederas y muchos tintos, algn azcar, varios tejidos, sombreros,
mquinas y objetos de fundicion, jabones, encurtidos, loza, etc.,--se
trabajan mil objetos de arte, como lindos abanicos, bustos de yeso muy
delicados y otras curiosidades de mano,--y se hace una vasta preparacin
de frutas conservadas y destilaciones. Mlaga es, sin disputa, la
segunda ciudad mercantil de Espaa, pues solo Barcelona le es superior.

Mlaga, tan rica en industrias, tan comercial y fuerte en la produccin
de vinos[4], es una ciudad pobre en monumentos. El nico que merece
atencin, todava por acabar y rodeado de tristes y menguadas
callejuelas, es la catedral. Pertenece al estilo del Renacimiento, del
rden compuesto, y aunque su fachada es una obra muy notable, su torre
magnfica y de muy buen gusto es por s sola un monumento. El interior
del templo, compuesto de tres hermosas naves, es verdaderamente
grandioso por sus formas generales, pero carece en sus pormenores de
valor artstico, en lo que hace  pinturas y esculturas, y no hay
nobleza en las condiciones arquitectnicas. Deben exceptuarse los techos
de las naves que son muy hermosos, enteramente de piedra y con muy
buenos relieves, y el vasto coro central, cuya sillera posee riqusimas
esculturas en madera, y cuyos dos rganos colosales son de mucho mrito.

La vista que ofrece el panorama de Mlaga es soberbia, cuando se le
contempla desde las alturas contiguas donde se encuentran el fuerte de
la _Alcazaba_, que se conserva medio arruinado, y las ruinas del antiguo
castillo de _Gibralfaro_, obra moruna que estuvo situada  mayor
elevacion y se comunicaba con aquel fuerte. Desde all se admira un
cuadro de hermosura triste y majestuosa, si se tiende la vista sobre el
Mediterrneo, las lejanas costas africanas y las serranas espaolas,
pero risuea y alegre, si solo se considera la ciudad y su puerto y el
vecino valle. El mar, tan majestuosamente montono cuando rodea sin
contraste una de esas ciudades flotantes, formas admirables de la
civilizacin, que se llama un buque, es un tesoro de primores y
sorpresas cuando sirve de marco  una costa. Pero en ninguna parte tiene
tanta hermosura y tan sublime poesa como en los estrechos de la Mancha
y Gibraltar, donde las ondas con su incesante movimiento, sus
resplandores vagos  inasibles, su poblacin flotante y sus elocuentes
rumores, parecen continuar en cierto modo, mas bien que interrumpir, el
espectculo de vitalidad que se manifiesta en la tierra. Ese gran drama
del mar, permanente en su _espritu_, pero variable en sus formas hasta
lo infinito, es un misterio supremo que seduce, fascina, embarga los
sentidos y obliga  meditar.

Pero en aquel estrecho del Mediterrneo la seduccion es mas poderosa que
en ninguna otra parte, por el contraste de las razas y civilizaciones
que se ven frente  frente al traves de ese valle movedizo, casi siempre
atormentado por terribles tempestades. Al ver sus movimientos se imagina
uno que cada onda trae en sus pliegues alguna revelacion, alguna queja
de ese mundo misterioso, exuberante de calor, de fuerza, de vida y de
barbarie que se llama el frica.... Extrao fenmeno! Apenas una ancha
fosa martima separa esos dos continentes ( semi-continentes) y
sinembargo su distancia moral es inmensa! El Nuevo Mundo, tan ljos de
Europa y tan colosal, ha avanzado infinitamente mas en la civilizacin y
la libertad, es decir, en la posesin de la conciencia  la personalidad
y la nocin de la justicia, que esa estupenda pennsula del viejo mundo
en cuyo seno vegeta en la barbarie la gran raza de Cham. Por qu ese
contraste? Es por culpa de la raza negra nomas  principalmente?
Triste es decir la verdad! Es que la humanidad blanca ha trabajado
durante muchos siglos, por la explotacin de la esclavitud, en mantener
 la humanidad negra en la barbarie!

El puerto de Mlaga, aunque reducido, poco abrigado y muy defectuoso por
los bancos de arena que arrojan  su seno las borrascas del
Mediterrneo, est siempre poblado de numerosas naves de todas las
naciones, y all tocan todos los vapores que hacen el servicio de las
costas espaolas y africanas, y que giran entre el Mediterrneo y el
Atlntico. El movimiento de buques, de marinos, obreros y mercancas le
da al puerto un aire de alegra y un inters que agradan al viajero; y
sinembargo no se siente el deseo de permanecer all por muchos dias,
como en Granada  Sevilla. Se comprende y reconoce el mrito comercial 
industrial de Mlaga, pero su poblacin y la masa general de sus gentes
no inspiran simpatas.

Al llegar  Mlaga nos haban registrado los diminutos equipajes, no
obstante que venamos del interior del pais, y nos hablan hecho exhibir
los pasaportes! En eso hay, al mnos aparentemente, mas rigor en Espaa
que en Francia. Espaa es el pas clsico de las formalidades ridiculas
y enfadosas, sin que por eso se evite el contrabando en inmensa escala,
ni dejen de prevaricar los funcionarios subalternos. Debamos partir
para Cdiz, despues de una corta residencia en Mlaga, y sinembargo fu
preciso hacer visar los pasaportes por la Gobernacin, y llenar una
frmula en el despacho de la _Sanidad_. Es como si para _trastear_ de un
barrio  otro hubiese que pedirle licencia al Alcalde y comprobar que se
goza de buena salud. Los gobiernos llevan  veces el espritu
reglamentario hasta la estupidez.

Eran las ocho de la maana y el vapor que debia conducirnos  Cdiz,
tocando en Gibraltar, se balanceaba suavemente hacia la salida de la
pequea ensenada de Mlaga, lanzando por sus dos altas chimeneas rojas
sus espesas columnas de humo, que la brisa desbarataba en ondulaciones
caprichosas arrojndolas sobre los arbolajes y las vergas de los
numerosas fragatas mercantes que estacionaban en el puerto. El puente
del vapor se iba llenando con la poblacin heterognea de pasajeros que
se dirigan  distintos puntos de las costas espaolas y francesas y 
Amberes, Rotterdam  Hamburgo. El capitn, tipo vigoroso y simptico,
marino frances _pur-sang_, pas revista  su equipaje, y hallndolo
completo, asi como su lista de pasajeros, hizo levar anclas. En breve
Mlaga, tan pintoresca vista desde el mar, desapareci, y comenzamos 
navegar hacia Gibraltar.

       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.


A bordo.--El golfo de Algeciras.--Escenas de la tarde,--La ciudad de
Gibraltar.--Situacin y comercio.--La fortaleza.--Delante de Tarifa.

El cielo, de un azul plido, tenia una limpidez admirable, y el sol
brillaba con todo su esplendor meridional, produciendo sus
reverberaciones en la moviente superficie de las ondas como la imagen de
un incendio intermitente y fascinador. El Mediterrneo estaba tranquilo,
y una brisa tibia y deliciosa rizaba sus menudas olas, cual si millones
de ondinas estuviesen peinando y encrespando suavemente la inmensa
cabellera del gigante dormido. Las barcas pescadoras vagaban dispersas,
pareciendo de ljos como gaviotas errantes rozando apnas las espumas
trasparentes y azulosas que el juego de las ondas produca. Los
viajeros, divididos en grupos sobre el puente del vapor, contentos y
comunicativos, como todo el mundo en un vapor cuando no se sufre el
mareo, jugaban ajedrez  domin, contaban ancdotas de viajes, 
hablaban con inters de los sucesos de Italia donde la guerra haba
comenzado. Algunos, perezosamente reclinados, lean novelas y fumaban;
otros dorman cabizbajos, apoyados en la baranda  la sombra del toldo.
Yo disertaba con mis dos compaeros franceses sobre la historia de
Espaa, su porvenir, y el destino de ese mundo de fuego--el frica--que
nos enviaba sus rfagas fortificantes.

Hacia la tarde tenamos  la vista,  corta distancia, dos poblaciones
que asomaban sucesivamente sobre la costa espaola, en situaciones
pintorescas: _Marbella y Estepona_. La primera, de origen moruno,
graciosamente asentada al de la _Sierra-Blanca_, es una villa de unos
6,500 habitantes, perteneciente  la provincia de Mlaga, no poco
industriosa, con bastantes fbricas, productora de vinos y azcar, y en
general de los mismos frutos agricolas que Mlaga. Estepona yace hcia
el nordeste de la _Sierra-Bermeja_, que desciende sobre la costa, toda
surcada desde Mlaga hasta Cdiz por contrafuertes y estribos de
numerosas sierras. Estepona tiene mas de 9,000 habitantes, y su
industria y producciones son anlogas  las de Marbella.

A las tres de la tarde veamos muy distintamente ese estupendo y curioso
pen de Gibraltar, cuyo nombre es un epigrama para los Espaoles, que
hace tan importante papel en el mundo europeo, tanto por su
significacin militar y mercantil como por su geografa, y que,
correspondiendo  su misterioso y providencial destino, como centinela
de Europa vigilando al Africa, ejerce una extraa fascinacin sobre el
viajero que lo admira. En efecto, es tan particular la forma de ese
gigantesco peasco, y concurre de tal modo  multiplicar el efecto la
configuracion que tiene all el estrecho y la del golfo de Algecras,
que mientras mas se mira la mole y mas se acerca uno, mnos se comprende
su verdadera posicin. Tal parece (al que no est habituado) que 
medida que se cambia de posicin  direccin, el peasco varia tambin
de aspecto, presentando siempre la misma faz, pero bajo reflejos y
sombras diferentes. Es al llegar  la entrada misma del golfo de
Algeciras que se tiene la idea exacta de aquella pennsula de granito,
avanzada en punta hacia el sur y bruscamente empinada como un castillo
ciclpeo, cual si quisiese al mismo tiempo penetrar en el flanco de la
tierra africana y hundir su parda cabeza en el ter para lanzarle 
Europa las primeras reverberaciones de un cielo abrasador.

El golfo de Algecras, que es una de las formaciones oro-hidrogrficas
mas curiosas de la Europa meridional, tiene la forma de una herradura
profunda  alargada hcia el centro. El peon de Gibraltar, abrupto y
formidable, y ligado al continente  la Espaa por un istmo angosto,
bajo y pantanoso, cierra el golfo al nordeste, batido por las violentas
olas de un mar comprimido entre montaas que lo rodea casi totalmente.
Al sudoeste se destacan los promontorios rocallosos de los cerros 
cuyas faldas demora la ciudad de Algecras,  alguna distancia de su
puerto y arsenal; y las fortalezas britnicas y espaolas se miran all
de un lado  otro por encima de las ondas, colricas  veces, cual si
representasen la lucha permanente  el desafo mudo entre el despecho de
una vieja conquistadora de mundos, vencida por sus propias faltas, y el
orgullo tranquilo de un gran pueblo que ha encontrado su fuerza en la
libertad y simboliza todo su genio progresista con el cosmopolitismo de
su comercio, soberano de los mares. Por todas partes las altas cimas de
las montaas, tristes y desnudas, los grupos y escalones de colinas
pintorescas dominando angostos valles, y un paisaje de la mas hermosa
melancola, en el territorio espaol; mientras que el pen britnico
hace contraste por sus rocas ennegrecidas y colosales, su pintoresca
ciudad, sus alegres jardines, sus estupendas fortificaciones, sus
puertos animados y sus numerosos navos mercantes y de guerra anclados
al pi de las murallas  en el centro del golfo, blandamente sacudidos
por las ondas de un verde cristalino admirable.

En el fondo del golfo, cerca de la costa, se ve en el valle un pequeo
pueblo llamado _Lia_, rodeado de plantos, y mas alto, sobre una baja
colina, la pequea ciudad de San Roque (fundada despues de 1704),
perteneciente, como Algecras,  la provincia de Cdiz. El golfo tiene 
la entrada como 16 kilmetros de anchura y una longitud hcia San Roque
como de 20 kilmetros, mintras que la distancia que media entre los
lados ( Gibraltar y Algeciras) es de unos 9  10. La poblacion total
que cubre aquella costa en herradura es como de unos 46,000 habitantes
(sin contar las guarniciones militares), correspondindole 15,000 
Gibraltar, 16,000  Algecras y el resto  San Roque y Lia.

Eran las cuatro de la tarde cuando nuestro vapor fondeaba  doscientos
metros del puerto de Gibraltar. El cuadro que se ofreca  nuestras
miradas era tan pintoresco y magnfico al mismo tiempo, que permanecimos
durante mas de una hora contemplndole embelesados. Quisimos saltar 
tierra, pero sabiendo que las puertas de la ciudad seran cerradas  las
seis y nos faltara tiempo, preferimos esperar basta el dia siguiente.
Un enjambre de muchachos desnudos retozaba en las ondas de color de
esmeralda y lzuli, nadando con voluptuosidad  inquietud
alternativamente y haciendo evoluciones por entre los vapores y
bergantines del puerto, siguiendo los giros de los ligeros faluchos.
Entre tanto atravesaba el golfo un pequeo bote lleno de banderolas, que
venia de Algecras  Gibraltar, trayendo  bordo una numerosa banda de
paseantes alegres entre los cuales habia como cinco  seis msicos. Sus
sonatas eran de un efecto encantador en el fondo de aquel golfo
murmurante rodeado de preciosos paisajes. Gibraltar, asentada en su roca
monumental y prolongndose en anfiteatro hcia la cima hasta perderse
entre picos abruptos, fortalezas y bosquedllos artificiales, tenia,  la
luz ya vacilante de las seis y media de la tarde, no s qu de
fantstico y severo por su conjunto, y al mismo tiempo mucho de
oriental, de voluptuoso y potico por sus rasgos y melancola del
momento.

Al fin las sombras de la noche lo cubrieron todo y el silencio fu
absoluto. De aquel panorama lleno de luz, de vida y de capricho no
quedaba sino un cielo sereno pero opaco, la vasta sombra movediza del
mar, sus sollozos profundos sobre el horizonte de tinieblas,
destacndose  distancias casi iguales, los grupos de luces que
indicaban la posicin de Gibraltar, San Roque y Algecras, haciendo
contraste con las negras moles de las fragatas de guerra y de comercio
que parecan surgir, en derredor, de entre las olas adormecidas en un
concierto de suspiros. Pasendonos  lo largo del puente, mis dos
compaeros y yo conversbamos sobre la literatura francesa, tema que
insensiblemente se nos vino  las mientes  propsito de una
cancioncilla que preludiaba el capitn en uno de los camarotes.

--Qu de servicios no ha hecho  la literatura en general,
decamos,--este monumento flotante que se llama un buque!--El navio,
cualquiera que sea su dimensin, es por s solo una literatura, porque
es toda una civilizacion. No solo ha creado la literatura martima, muy
especial y acaso la mas grandiosa,--poesa sin igual, llena de
misterios, y viajes, descubrimientos, conquistas, colonizaciones,
cambios de ideas entre los pueblos, astronoma y geodesia, guerras
maritimas, etc., etc.: no solo ha creado esos gneros de elementos
literarios, decamos,--sino que ha desarrollado inmensamente la
literatura _continental_  _terrestre_, multiplicndole sus medios de
expansion y regeneracion de una manera prodigiosa. Qu admirable cosa
es un buque! No es solo una concha de madera y hierro que lleva en su
seno una porcin de la fuerza vital de la humanidad; es mas todava: es
una civilizacin aparte;--es el smbolo del poder misterioso del hombre
para duplicar la superficie habitable de su planeta y someter  su
servicio todos los elementos; es un pedazo del hogar de cada pueblo
(accesorio pero no mnos real) buscando en la inmensidad de los mares el
saludo fraternal de otras porciones flotantes de pueblos. El mar no es
el lmite de las naciones, de los continentes y las razas. No; al
contrario, es l quien suprime las fronteras, quien mantiene en la
unidad del elemento lquido (abrazando y envolviendo  todo el orbe, y
recibiendo con igual hospitalidad el tributo de todos los pueblos) la
imgen de esa unidad divina y eterna del Hombre con el Hombre, deduccin
lgica de la unidad del Ser creado con el Creador y la Naturaleza.... Un
da la Humanidad ser una sola familia, el Ocano el lago comn de
millones y millones de _vecinos y hermanos_ saludndose desde cada
playa, y el buque, sin bandera _nacional_, surcar ese lago universal,
tan annimo como el coche que rueda hoy por las calles de una ciudad sin
distincion de domicilio.

Al dia siguiente,  las siete de la maana, saltbamos  un falucho para
ir  visitar  Gibraltar. Al poner pi en el estrechsimo puerto, cerca
de las primeras murallas y la gran puerta, y en medio del alegre
bullicio de una plaza de mercado, fue preciso pedir la licencia de
entrar, escrita. Los funcionarios britnicos no la niegan jamas, y las
transacciones se hacen all con toda libertad. Para qu la licencia,
pues? Cmo no, si Gibraltar es tambin una _fortaleza!_ As, esa noble
libertad personal que es el orgullo del Ingls, y pugna con los
pasaportes, las cuarentenas implacables y las cortapisas, sufre una
excepcion en Gibraltar, por el solo hecho de haber all un conjunto de
mquinas de barbarizar al mundo. Aquel sencillo ejemplo est probando
que las fortalezas, las guarniciones, los buques de guerra, y todo lo
que tiene el carcter de _armado_, no son sino perturbaciones flagrantes
del orden social.

Apesar de su origen antiguo y de las dominaciones morisca y espaola,
Gibraltar es una poblacin que no tiene la tristeza y monotona de las
ciudades de tipo anlogo: se ve bien que el genio britnico ha
modificado profundamente la condicion social y la fisonoma de esa plaza
de carcter complejo. Las calles son generalmente claras, limpias y
regulares; los casas de solo dos  tres pisos, alegres, caprichosas con
gracia, casi todas pintadas de amarillo y otros colores, y adornadas de
balcones, celosas, ventanas  miradores, segn que preside en cada cual
la sencillez inglesa, el estilo oriental,  el empirismo espaol  veces
pintoresco. Los cafs y hoteles abundan; las sinagogas alternan con las
iglesias catlicas y las anglicanas; las filas de ricas tiendas llenas
de curiosidades son interminables, principalmente en la Calle-Mayor; y
donde quiera hay una confusion de tipos y una animacin de curiosos y
negociantes que llama mucho la atencin, haciendo ver que aquella ciudad
es una colonia cosmopolita, donde viven fraternalmente y cambian sus
productos el Espaol, el Ingls, el Italiano, el Israelita y el Moro
tangerino  tetuans.

Nada mas pintoresco y curioso que el conjunto de grupos sociales y de
almacenes y tiendas de Gibraltar. Apesar de la confusin en que las
gentes hormiguean, cada tipo llama la atencin al primer golpe de vista,
impresionando vivamente los contrastes  causa de la pequeez del
escenario. El ingls se pasea en marcha mesurada, sin altivez pero con
el aire de seguridad que tiene siempre el que puede decir; Aqu mando
yo. Su rubia cabellera, sus ojos azules, su vestido holgado, libre y de
una uniformidad elegante pero montona que lo presenta como de una sola
pieza; su impasible fraldad, si es un simple negociante,-- su orgullo
aristocrtico, si es algn oficial de la guarnicion  la marina
britnica,--todo le distingue fuertemente de los dems tipos.

Entre tanto se ve en las demas fisonomas el sello de la dependencia,
aunque sin degradacin. El espaol, mozo de cordel en el puerto,
artesano, carretero  negociante en detall, se muestra reservado, como
si le oprimiese constantemente la idea humillante de que habita una
ciudad fundada en el suelo de la Pennsula, pero dominada por un poder
extranjero. Los italianos (que eran muy numerosos), muchos de ellos
refugiados, huyendo de la tirana y la miseria, maniestaban el pesar del
expatriado, al mismo tiempo que la satisfaccin instintiva del que se
siente libre bajo un cielo semejante al de su patria, y su conversacin
era simple, insinuante y ruidosa. El judo y el moro, vagando
silenciosos y como soadores por las calles de Gibraltar, con sus
vestidos pintorescos y sucios, sus capuchones y turbantes, sus piernas
desnudas y sus anchas sandalias, parecen estar evocando all todas las
tradiciones orientales y la historia de dos razas proscritas. Aquellos
hombres, con sus mantos flotantes como sudarios, parecen fantasmas del
mondo africano,  cadveres ambulantes de las generaciones que le
trasmitieron al mundo cristiano el depsito de la civilizacion. Yo no
podia mirar sin profunda tristeza ningn israelita  moro de los que
pueblan  Gibraltar. No s si mi inclinacion hacia todos los dbiles y
proscritos del mundo me dominaba; pero senta mas simpata por los
judos, italianos y moros que por los ingleses mismos y los espaoles.

Y sinembargo, nada hay que haga resaltar tanto como ese spero pen de
Gibraltar la gloria relativa de las libres instituciones y las
costumbres hospitalarias del pueblo ingls. En Lndres, donde hay tantos
miles de proscritos que viven bajo l noble amparo de una patria
adoptiva, todo pasa desapercibido, porque la inmensidad de esa
metrpoli esconde los pormenores. Es en Gibraltar donde se revela mejor
el genio liberal, comercial, cosmopolita y tolerante del pueblo ingls.
El espaol y el italiano, el israelita y el moro, el ingls y el
extranjero de cualquier pais, todos son igualmente libres, se toleran en
su religion y sus costumbres y viven fraternalmente. Gibraltar me
pareci una especie de modelo (aunque imperfecto) de esa unidad en el
_derecho_ y el _progreso_,  que tiende la Humanidad, impulsada por el
sentimiento del amor y la justicia que es el verdadero ideal de la
civilizacin. Aquel peasco hospitalario, que admite  todas las razas y
religiones, colocado entre la Espaa catlica,--intolerante y fantica
por sus instituciones papales,--y el frica mahometana,--intolerante y
fantica por resentimiento y por su atraso en la civilizacion;--aquel
peasco, digo, me pareca all, azotado por las ondas balancendose
entre dos mundos enemigos, como una arca de salvacin que llevaba en su
seno la idea redentora de la libertad, del derecho y la fraternidad!

Si yo fuese espaol, acaso mirara con despecho flotar el pabelln
britnico sobre la roca de Gibraltar: el patriotismo (que muchas veces
es un sofisma) me hara pensar as. Pero, hijo del Nuevo-Mundo,
imparcial entre las dos potencias y amigo de la justicia y el progreso,
bendigo _hoy_ (todo es relativo) la dominacin de Inglaterra en
Gibraltar. Ella es la garanta de la libertad del comercio en el
Mediterrneo; es el lazo de unin entre la civilizacion europea y la
semi-barbrie africana; es una promesa de progreso, y una enseanza
severa y elocuente para las naciones que rechazan todava los consejos
de una poltica de tolerancia y equidad. Todos esos intereses se veran
comprometidos el dia que Gibraltar volviese  la dominacin de
Espaa,--de Espaa, donde todava, en 1859, mientras se llevaba la
guerra  Marruecos en nombre de la civilizacion, se condenaba  _nueve
aos de prisin_  un ciudadano de Inglaterra, por haber vendido en
Cdiz la _Biblia_ (el libro de Dios!) en edicin britnica....

El comercio qu hace Gibraltar es muy considerable, Aquella plaza no
solo es un punto de escala importante para la navegacion entre el
Mediterrneo y el Atlntico, sino el depsito general de los cambios que
hace la Europa occidental con el imperio de Marruecos. Ademas, es un
elemento de comercio clandestino con Espaa, muy considerable. Espaa,
como todo el que peca, tiene en los resultados de sus propias faltas el
castigo y contragolpe de ellas. Egosta por sus instituciones econmicas
 fiscales, se ha rodeado de todas las trabas propias de un sistema
rigoroso de prohibiciones, reglamentos y derechos diferenciales; y eso
le cuesta caro. El contrabando es inmenso, por todos lados,--lo mismo
por sus costas, que por las fronteras de Francia y Portugal; pero en
ninguna parte se hace con proporciones tan visibles como en Gibraltar.
El valor de los cambios que se verifican all es tan considerable, que
en los ltimos aos no exportaba Gibraltar hacia Europa y frica menos
de 22,000,000 de pesos fuertes  440 millones de reales de vellon.

Prescindiendo de los grandes almacenes de depsito, nada mas curioso que
las tiendas de Gibraltar, repletas de las telas, los artefactos y
objetos mas heterogneos, procedentes de muy diversos paises. Lo que mas
llama la atencion es el conjunto de artculos de la industria marroqu,
tan graciosos y originales como pintorescos. Los preciosos y bruidos
tafiletes, los grandes chales de algodon y seda, de colores vivos sobre
fondo blanco,  mezclados; los mil caprichos de dibujo y bordado en las
_mantas_ rojas de lana, en los cojines y sandalias; los bellos
turbantes; la infinidad de joyas y objetos de adorno, de plumas,
corales, rosarios, filigranas, cigarreras bordadas de hilo de oro y
plata, y mil objetos de uso manual,--todo eso despierta la curiosidad
por sus particularidades, sus vivsimos colores y sus caprichos de
forma, que dan idea del estilo de la industria en Marruecos y los paises
vecinos. No menos curiosos son los pequeos objetos de diversa
aplicacin que se fabrican con mrmol y granito en Gibraltar, en Ronda,
en Tnger y otros lugares para tener su espendio en aquella plaza de
cambio universal.

Cuando habamos recorrido las calles de Gibraltar y visitado muchas de
sus tiendas, pasamos de la ciudad al vasto recinto de la ciudadela. Sin
cuidarnos de observar muy atentamente las fortificaciones estupendas que
se destacan por todas partes en laberinto, cruzamos los primeros
jardines para trepar hasta las alturas del pen, pasando por inmensos
patios repletos de pirmides de balas, bombas y granadas, y filas
interminables de caones estupendos. Aquel enjambre de proyectiles 
instrumentos de muerte, en medio de tanta verdura artificial, de tantas
flores y perfumes, y rboles frutales, y fuentes de aguas saltadoras, y
puentecitos rsticos, y estatuas y arcos y muros abrumados de
enredaderas y pmpanos;--aquellas fortalezas y fragatas amenazantes, en
presencia de un golfo bellsimo y bajo un cielo admirable de oriental
hermosura; aquel silencio traidor de tantas bocas de hierro y bronce,
abiertas sobre las murallas y prontas  vomitar ondas de fuego sobre las
verdes ondas del golfo,--mientras que en la ciudad todo era bullicio y
animacion mercantil;--todo formaba un conjunto de contrastes que hacia
meditar con tristeza  rer de las locuras del mundo. Todava pasarn
muchos aos antes de que el can, trepado insolentemente sobre su
curea, deje de ser un _argumento_; pero hay que esperar que llegar un
dia en que una plaza mercantil y un estrecho de mar no tengan otra
defensa que el interes del progreso y la nocion de la justicia.

El panorama que se domina desde las alturas superiores de Gibraltar es
incomparable, como cuadro martimo. Con el auxilio de un anteojo veamos
claramente los mas lejanos objetos, abarcando un conjunto encantador.
Encima un cielo de fuego y los pardos picachos de granito, de una
majestad imponente. Al derredor jardines primorosos y vastsimos,
surcados de calles en zig-zag, que van caracoleando hasta la cima, tan
bien niveladas que los coches suben y bajan sin dificultad ninguna; y
todo el recinto erizado de fortificaciones, de rocas granticas, de
palacios y lindas casas de campo, de estatuas de personajes ingleses y
grandes y hermosos rboles. En el fondo, el golfo incendiado por el sol
africano, la costa de Algecras y San Roque, con sus graciosas
poblaciones, la _Isla-Verde_ con su hospital, las fortalezas espaolas y
la faja de montaas cerrando el horizonte al sud-oeste. Por ltimo, al
sur y sud-este el Mediterrneo, las montaas y costas africanas, y
despus de la Punta de Africa, que hace frente al Pen de Gibraltar,
Ceuta en el fondo de su pequeo golfo, semejante  un nido de gaviotas;
y mucho mas ljos, como un punto blanco, el puerto y la ciudad de
Tnger, mostrndose vagamente detras de un velo de ardiente gasa
producido por las reverberaciones del aire inflamado. Aquel panorama es
de los que no se olvidan nunca. Al describirlo en masa, me parece que lo
estoy viendo, con el ojo enardecido por un sol devorador, despus de
ocho meses trascurridos desde que visit  Gibraltar.

       *       *       *       *       *

A las cinco de la tarde nuestro vapor lev anclas haciendo rumbo hcia
Cdiz. Poco despus, al volver la punta de Algecras, la mas avanzada de
Espaa en el Mediterrneo, perdimos de vista el golfo y el pen de
Gibraltar. Salamos ya casi del estrecho y empezbamos  ver la lucha
infatigable entre las grandes ondas del Ocano y las menudas olas del
Mediterrneo,--las primeras lentas, formidables, inmensas, invadiendo el
canal con majestad,--las otras inquietas, rpidas, revolcndose sobre la
gran sabana lquida y queriendo salir al ancho espacio. Parecian
innumerables rebaos de carneros empeados en trepar sobre colinas y
montaas formidables.

Las sombras de la noche caan cuando pasbamos por en frente de Tnger y
Tarifa, tan cerca de la segunda que casi tocamos con la roca  islote
del mismo nombre, ligada por un estrechsimo istmo al puerto. Hoy Tarifa
no es mas que un escombro, una memoria. La poblacion yace triste y
solitaria al pi de una colina, y las fortalezas histricas nada valen.
Pero eso grupo de piedras tiene un mrito moral inmenso. Al contemplarlo
me parecia ver sobre una almena la sombra sublime de Guzman el Bueno,
dominando las vagas sombras de la noche, con el brazo extendido
mostrando el Africa, y recordando al mundo que la abnegacin suprema es
una virtud para la cual no debe haber ni poca ni posteridad....

       *       *       *       *       *


CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

LA BAHIA DE CDIZ.


La isla de Len.--Panorama de Cdiz.--Reminiscencias.--Curiosidades y
costumbres.--San-Fernando.--Puerto-Real.--Puerto-Santa-Mara.--Algo mas
sobre Cdiz.--El bajo Guadalquivir.

Eran las seis de la maana cuando fondebamos delante de Cdiz, casi en
el centro de la baha, y fue necesario aguardar durante dos horas 
bordo hasta que llegase el permiso para desembarcar. La Aduana no se
debia despertar hasta las ocho, hora en que comenzaron los registros de
equipajes y escrutinios de pasaportes, sin excepcin de persona. El
Espaol es extranjero en Espaa bajo los umbrales de la Aduana, cuyas
uas inquisitoriales no respetan nacionalidad ni domicilio, escarbando
lo mismo el equipaje del que viene de la China  del Nuevo Hundo, que
del que llega de paseo de alguna ciudad espaola.

Un sol magnfico plateaba las ondas de la baha  iluminaba las torres,
las fortalezas y los grandes edificios de Cdiz, producindose en las
cpulas y masas colosales de mampostera los mas vivos reflejos. El
espectculo era admirablemente bello, como era interesante el movimiento
del puerto, animado ya por los numerosos grupos de marinos, de mozos de
cordel, de mercaderes ambulantes, curiosos desocupados, etc., cuanto por
la abundancia de buques anclados en la baha y de las pequeas barcas y
faluchos de corta navegacion. A las diez de la maana logramos salir
sanos y salvos de la Aduana y fuimos  instalarnos en el hermoso hotel
del Comercio. Estbamos impacientes por trepar  una de las torres mas
altas de la ciudad para poder abarcar con la vista todo el panorama, y
aunque el sol calcinaba con sus lenguas de fuego la isla de Leon, no
quisimos esperar la tarde. Una de las torres de la Catedral vieja
(edificio algo espacioso, pero de mal gusto y que no valia la pena de un
exmen detenido) nos sirvi de mirador.

La escena era enteramente distinta de la que nos haba ofrecido el golfo
de Algecras. En la baha de Cdiz el horizonte no tenia lmites, y
habia en todo lo que los ojos podan contemplar un maravilloso conjunto
de majestad en lo inmenso, de gracia y vitalidad en los pormenores y de
grandes recuerdos en el variado aspecto del panorama. Nada mas curioso y
excepcional que la topografa de la isla de Len y de la punta
peninsular que le hace frente para formar la baha. Cdiz est como un
peasco en el centro de una inmensa llanura: por el oriente la llanura
_slida_, la vastsima costa de la baja Andaluca, completamente plana,
extendindose hacia el Guadalquivir de un lado, y del otro hacia los
lejanos contrafuertes de Ronda, siguiendo la direccin de
Medinasidonia;--al occidente, al sur y al nor-oeste los desiertos del
Atlntico, llenos de luz y de solemnidad.

La isla de Leon tiene como la forma de un sombrero militar de gruesa
copa y con una de sus puntas mucho mas prolongada que la otra. La base
est azotada por las ondas del ocano; en la punta setentrional demora
Cdiz, y la copa se liga al continente por algunos puentes, al este de
la ciudad  villa de San Fernando. Pero la misma isla de Leon se
subdivide en dos: la gran masa tiene por centro  San Fernando, mintras
que Cdiz est asentada en un islote  promontorio, que es como la
avanzada rocallosa de la grande isla, describiendo esta un arco
caprichoso. Al norte se destaca del continente una pennsula de formas
regulares, mas larga que ancha, en cuya base demoran  los dos lados la
ciudad llamada Puerto-Santa-Mara y el gracioso pueblo denominado
Puerto-Real, donde desemboca el ro Guadalete, tan famoso en la
historia de la dominacin arbiga en Espaa. La baha, de forma
irregular, aunque generalmente circular, queda encerrada entre la isla
de Len y la lengua de tierra mencionada; pero la punta de Cdiz es tan
avanzada que parece como dominando el pequeo golfo de Santa-Maria.

El paisaje es tan vasto del lado de tierra que con el anteojo se alcanza
 ver casi toda la parte llana de la provincia de Cdiz, en la direccion
de las extensas llanuras del Guadalquivir y la provincia de Sevilla. A
unos 35 kilmetros de Cdiz se alcanza  ver en masa la considerable
ciudad de Jerez-de-la-frontera, tan famosa por sus vinos y sus
opulentas y grandes bodegas  stanos, y con una poblacin de mas de
51,000 habitantes. Por toda la comarca se ven las llanuras y las bajas
colinas cubiertas de viedos, plantaciones de cereales, olivares, etc.,
cuyas tintas hacen muy bello efecto en el horizonte lejano. Sin contar
mas que las poblaciones vecinas de Cdiz, hay al derredor de la baha
(incluyendo  Puerto-Santa-Mara que es como adyacente) una masa de
114,153 habitantes, de condicin esencialmente martima, aunque
productores en industria y agricultura. La baha tiene como 58
kilmetros de circunferencia.

Como se ve, Cdiz remeda un barco inmenso flotando entre dos bahas,
sacudido por las ondas en todas direcciones. Si la situacion hace de esa
ciudad la mas bella y potica poblacin de Espaa, su interior, sus
curiosidades y sus tradiciones la hacen tan interesante como simptica y
graciosa. Cdiz es una ciudad de origen muy antiguo, pues fue una
colonia fundada por los Tirios. Los Romanos la conquistaron dos siglos
antes de la era cristiana, y en todos tiempos ha tenido la doble
importancia de plaza mercantil y de guerra. Si hoy es la primera plaza
fuerte de Espaa, erizada de castillos y defendida en todas direcciones,
como plaza mercantil es muy inferior  Barcelona. Mientras que la
capital catalana y Mlaga, Valencia, Alicante y Gibraltar le disputan
el trfico que gira hcia el Mediterrneo, Sevilla, Corua, Santander y
Bilbao le hacen competencia del lado del Atlntico. Su poblacion, que en
tiempo de la dominacin espaola en Amrica no bajaba de 100,000
habitantes, hoy est reducida  poco mas de 70,000.

Cdiz me interesaba por sus tradiciones bajo todos aspectos. De all
salieron las mas importantes expediciones espaolas, tanto en la poca
de las colonizaciones emprendidas sobre el Nuevo Mundo, como durante la
terrible guerra de la independencia de Colombia, Mjico, Per, Chile,
Buenos-Aires, etc. La libertad colombiana no tuvo en ninguna parte
enemigos tan implacables como en Cadiz, residencia de la famosa compaa
que tuvo el monopolio del comercio entre Europa y varias colonias
hispano-colombianas. Y cosa singular, que prueba cunto los intereses
del monopolio influyen en la poltica de las naciones!--esa misma
poblacin gaditana que tan cruda guerra hiciera  la revolucin del
Nuevo Mundo, era en la misma poca el refugio de los patriotas espaoles
y el arca de salvacin para la nacionalidad de Espaa, en su heroica
lucha contra Napolen y el despotismo.... Cuntos males ha sufrido el
pueblo espaol, por no haber comprendido desde entonces que la causa de
la libertad y del derecho era la misma en Espaa que en Colombia, y que
los patriotas de uno y otro mundo deban aliarse como hermanos en vez de
hacerse la guerra!

Otros recuerdos me asaltaban en Cdiz. Aparte de sus defensas heroicas
contra los Ingleses, en 1626, 1772 y 1797, y contra los Franceses en
1811; aparte tambin de sus interesantes episodios polticos, su
constitucin liberal de 1812 y la herica revolucin de 1820 encabezada
por Riego y Quiroga, Cdiz me hacia recordar que all haba nacido ese
feroz brigadier Enrile, _pacificador_ de espantosa memoria en mi patria;
y que all muri miserable, hambriento y lacerado por mil amarguras, en
el fondo de un calabozo, el ilustre y generoso Miranda, guerrero de la
revolucin francesa y mrtir de la independencia colombiana, tratado por
unos con suprema ingratitud y por otros con una fra crueldad!

La faja de altas murallas (dobles y an triples en algunas partes) que
rodea completamente  Cdiz, tiene una circunferencia de 7,500 varas
espaolas. As, por donde quiera que el viajero pretende buscar una
salida tropieza con una masa enorme de piedra, soldados y caones,
viendo al pi las ondas espumosas del ocano estrellndose con violencia
en los bancos de arena y los peligrosos arrecifes que avecinan la isla y
sirven de asiento  castillos y fortificaciones. Si la vista sobre la
baha es pintoresca y variada, la que se tiene sobre el ocano, al sur y
sud-oeste, desde el paseo de la Alameda es de una majestad imponente.
Desde el primer momento, Cdiz me habia ofrecido muchas semejanzas de
aspecto con la ciudad de Cartagena en Nueva Granada. _Semejanza_ no es
el trmino propio: es no s qu _analoga_ vaga en la configuracion de
la isla y las bahas, en la estructura exterior de la ciudad; algo de
muy armnico en el estilo de las fortificaciones, en la atmsfera y el
cielo. Al recorrer el hermoso paseo de la Alameda, las plazas y las
calles, y observar las gentes all, la comunidad de tipo me pareci
evidente. En cada elegante gaditana creia ver una hija de Cartagena: el
acento, los modales, la soltura, el garbo lleno de gentileza y _dengue_,
el ojo negro y dulce, la sonrisa de adorable coquetera, la tez de un
moreno suave y plido, el andar mesurado y seoril, la amabilidad y la
franqueza insinuante, y un no s qu de voluptuoso en el vestir, en las
formas delicadas pero expresivas y en el juego del inevitable
abanico,--todo contribuia  producirme una ilusion que me hizo pensar en
la patria.

El sol se hundia como una brasa fulgurante en las ondas de un horizonte
infinito; la Alameda estaba poblada de paseantes y habia por do quiera
una encantadora animacion. El escenario parecia una gran canasta de
flores flotando entre los remolinos de un torrente. El mar producia al
pi de las murallas sus formidables chasquidos, lanzando nubes
instantneas de espuma, mintras que centenares de paseantes vagaban por
en medio de las arboledas y los lindos jardines de la Alameda, casi
bajo los balcones y las celosas de las esplndidas casas que dominan
los malecones y terraplenes. Los techos reverberando,--los pintorescos
balcones verdes y azules,--las altas y elegantes azoteas de estilo
morisco,--los arbustos cuajados de flores y perfumes,--los grupos
animados de una poblacion en que se veian tipos muy variados,--los
mrmoles resplandecientes de las casas mas lujosas,--los lejanos
castillos destacndose sobre las ondas,--las montaas, confusas en
lontananza,--el mar encrespado y sacudindose bajo su manto de luz
crepuscular,--el sol, enorme por un efecto de ptica, como bandose en
el ocano,--la brisa agitando suavemente los rboles,--el cielo de una
hermosura extraordinaria;--todo aquello me llen de encanto, de
embriaguez, dejndome en el alma una hondsima impresion que nunca
olvidar.

El tiempo me faltaba para hacer observaciones detenidas. Espaa es un
pas que no puede ser bien estudiado en mnos de tres aos, y yo solo
pdia disponer de tres meses para recoger impresiones, reparando en las
cosas mas salientes  importantes. Ningun monumento me pareci en Cdiz
digno de especial atencion bajo el punto de vista artstico. Lo que hace
de esa ciudad una poblacion interesante es su posicion, su conjunto, su
estilo particular de construcciones, su aire social, sus recuerdos
histricos y su valor econmico.

Cdiz, que tanto habia decaido como plaza mercantil desde que perdi la
explotacion de Colombia, comienza  recobrar su animacion, gracias  las
nuevas lneas de vapores,  notables mejoras en las vias de comunicacion
hcia el interior de la Andaluca, y al despertamiento econmico que ha
tenido Espaa desde 1855. Sus exportaciones consisten en sal, aceite,
vinos, frutas secas y otros artculos andaluces;--es una plaza
importante de escala y depsito, y fabrica algunos objetos de bellas
artes, as como los de aplicacion  la marina. La pesca le procura
considerables utilidades. Asentada sobre una roca viva, ya que le faltan
las aguas corrientes las tiene superiores en sus vastas y numerossimas
cisternas. Posee hermosos hospitales y un gran nmero de institutos de
enseanza, beneficencia, crdito, comercio y navegacion.

Desde luego que el clima, la influencia de la dominacion morisca y el
gusto espaol, han determinado en Cdiz el mismo gnero de
construcciones que en casi toda la pennsula y especialmente en las
Andalucas. Asi, las calles son en lo general  en su mayor nmero
angostas y sombras, tortuosas, desiguales y llenas de capricho. Pero
hay all un sello particular de elegancia y gusto que no se encuentra en
ninguna otra de las grandes ciudades espaolas, exceptuando  Sevilla.
Se siente un vivo placer al recorrer casi todas las calles de Cdiz, 
al reposar bajo la espesa sombra de las magnficas arboledas de las
plazas de San Antonio y de Mina. Aparte del interes que excitan los
corrillos de gentes de todas condiciones y las tiendas elegantes llenas
de curiosidades, donde quiera se camina de sorpresa en sorpresa al
recorrer las mejores calles, las que no empedradas ricamente
embaldosadas.

Por todas partes los graciosos balcones, las discretas celosas, veladas
en su interior por finos cortinajes, tras de cuyos pliegues se alcanzan
 ver medio escondidas algunas caras primorosas como apariciones
ideales; los areos miradores de cristal, empinados caprichosamente
sobre los techos; las ventanas con enrejados de hierro curiossimos; las
vastas azoteas adornadas de jarrones con flores y pequeos arbustos
baados por el sol y agitados por las brisas marinas. Pero nada tan
curioso, tan deliciosamente bello y suntuoso como las casas de los mas
ricos propietarios, en las principales plazas y calles, verdaderos
palacios de hadas, de un orientalismo encantador. En todas ellas una
portada magnfica de mrmol  rico jaspe, trabajada con esmero; un
zagun que parece la antesala de una suntuosa habitacin, con el
pavimento y los muros de mrmol, el techo estucado y la puerta interior
de soberbios cristales con labrados de arabescos y bellos colores. La
puerta est siempre abierta durante el dia. Os acercis, y un criado
desciende la escalera al punto y os invita con la mayor atencin 
visitar la casa, aunque la familia est presente. Si aceptis, el
propietario (algn opulento negociante) se presenta, y con una obligante
cordialidad casi irresistible,--al ver que sois extranjero--os repite la
invitacion, os ruega que subais, os pregunta si quereis tomar un
refresco, etc.

Yo haba visto esplndidos palacios y suntuosos hoteles en Francia, en
Inglaterra, en Barcelona y Madrid; pero no tenia idea de casas tan
preciosas, tan romanescamente orientales como las que visit en Cdiz y
Sevilla. Pasais adelante del zaguan, y os encontrais en un patio
cuadrado y claustrado, en cuyos cuatro costados se levanta el edificio,
cubierto por una alta cpula de cristal que lo hace parecer un
invernculo. A los lados, en el piso bajo, se ven los vastos salones
destinados  los negocios  oficinas del propietario; en el fondo hay un
elegante pasadizo que conduce  los patios interiores (los verdaderos
_patios_), destacndose  los lados, ya en caracol, ya en ngulos
rectos, las escaleras monumentales que conducen  los tres, cuatro 
cinco pisos de la casa. Desde la base hasta la cpula de cristal se
proyectan en todo el interior del patio-salon tantos rdenes de balcones
continuos y claustrados cuantos pisos tiene la casa. No hay un pavimento
en ese patio cubierto (que es como la sala central), en las escaleras,
los balcones interiores y todas las piezas del edificio, que no se
componga de soberbias baldosas cuadradas de mrmol blanco y azul, 
negro  jaspeado; no hay un balcon, una puerta, una baranda que no tenga
mil arabescos y primorosas molduras de un gusto exquisito; no hay una
pared que no est ricamente estucada y labrada. Cada _patio_ tiene en el
centro una preciosa fuente de mrmol con surtidores que refrescan el
aire, y en todo el recinto se ven grandes jarras de gaspe, de porcelana,
etc., conteniendo arbustos delicados, macetas de jazmines, rosas y
claveles, naranjillos en flor, enredaderas  parsitas, que embalsaman
aquella atmsfera embriagadora. Se cree uno soando con algo de los
_Cuentos orientales_; y para que el deleite sea completo para el amador
de bellas artes, cada patio de esos tiene unas cuantas estatuas de
mrmol y ostenta en sus muros diez  doce hermosos cuadros de pintura.

La luz del sol, cayendo verticalmente  medio da,  entrando debilitada
por la parte baja, prodce los mas extraos efectos de brillantez, de
sombra y claro oscuro; y por la noche, cuando el interior est
iluminado por el gas, ese museo-jardin en cuyo centro murmuran las aguas
del surtidor, es de una hermosura arrebatadora. Es all donde se renen
las familias, se reciben las visitas y se goza en las tertulias
domsticas, durante las horas mas calurosas en los meses de esto,
cuando no tiene la preferencia la azotea.

En Cdiz el mrmol est prodigado en todas partes. En los grandes
hoteles, en los numerosos y esplndidos cafs, en los teatros, las
iglesias, las plazas y todos los monumentos hay un lujo de pavimentos
que admira. El caf de Apolo, uno de los mas bellos y originales que
he conocido, divierte y llama la atencin al viajero, y da una idea del
carcter ardiente, cordial, voluptuoso y expansivo de la poblacin
gaditana. Durante las primeras horas de la noche, las plazas de San
Antonio y Mina (la primera sobre todo) y las grandes calles adyacentes,
tienen mucha animacion y ofrecen los mas curiosos cuadros de costumbres.
Las mujeres de Cdiz son generalmente bellas, picantes y atractivas:
eso, y la condicin mercantil de la ciudad, hacen la desgracia de ellas
en las clases mas expuestas  debilidades y seducciones. As, la
prostitucin tiene en Cdiz proporciones que espantan. Es inaudito el
nmero de mujeres desgraciadas en ese gnero de establecimientos de
corrupcin, y de _expertas en la infamia_ que especulan con la direccin
de esas casas, que son la ignominia de las sociedades europeas.
Contronme cosas qu me aterraron, y ancdotas respecto de personas de
la _alta_ sociedad que, al ser ciertas, daran una idea muy triste de la
moralidad gaditana. No quiero creer todo lo qu se me dijo por algunas
personas; y sinembargo llev de Cdiz, bajo ese aspecto, dolorosas
impresiones.... Mucho podra decir sobre lo que he observado en las
grandes ciudades espaolas; pero el asunto es repugnante y escabroso, y
el mundo colombiano, por fortuna, no conoce ciertas cosas que es mejor
que ignore siempre. Hay tantos sofismas en la civilizacin
europea...tantas miserias que deshonran el progreso y hacen aveces tener
vergenza de lo que hace la humanidad.... En Espaa hay un contraste
singular: la religion no es libre: el que no es creyente catlico no
puede tributarle culto  Dios;--pero la prostitucion no solo est
legitimada por la ley, sino que la autoridad la reglamenta y dirige con
esmero!

Bastara para juzgar de la organizacin de ese pas (cuyo pueblo tiene
admirables cualidades caractersticas y graves defectos de educacin) el
hecho simple de estos dos contrastes: la ley especula con el juego por
medio de las _loteras_, pero restrinje el _trabajo_ inocente y fecundo;
mantiene y dirige la _prostitucion_, pero oprime la _conciencia_ y
condena a prisin al que distribuye la Biblia y los Evangelios sin las
notas del padre Scio!!

       *       *       *       *       *

Apesar del interes que poda tener la ciudad de Jerez, como poblacin
fuerte y gran centro de produccin vincola, tenamos mas vivos deseos
de navegar el bajo Guadalquivir desde su desembocadura hasta Sevilla.
Preferimos, pues, esa via, pero ntes de embarcarnos quisimos conocer
las interesantes poblaciones vecinas  Cdiz. Tomando un coche y
saliendo del recinto de la ciudad por la carretera que conduce  Jerez,
es fcil visitar a San Fernando, Puerto-Real y Puerto-Santa-Mara.

El paisaje, si se mira hcia el continente, es montono, por la igualdad
del terreno y la naturaleza de los cultivos; pero es pintoresco y
animado, si se tiende la vista del lado del mar, sea para reparar en los
astilleros de la baha, donde hay bastante movimiento, sea para echar
una rpida mirada  las extensas salinas de San Fernando, cuya
produccion es muy considerable y ocupa  un gran nmero de trabajadores.
La sal est monopolizada en Espaa, probablemente para probar  Dios una
infinita gratitud por haber rodeado de mares  la pennsula espaola.
Ese monopolio (que le produce al Estado una fuerte renta, no obstante el
contrabando) proporciona  los Espaoles las inestimables ventajas de
comer la sal de sus inmensas costas muy cara y mala, sin que por eso
dejen de hacer su negocio los especuladores en grande que explotan el
_estanco_ de sales.

La ciudad de San Fernando, separada de Cdiz por fortalezas, murallas y
un gran foso martimo que corta la isla de Leon, est situada hcia el
extremo de esta, que se liga al continente por dos puentes. En las
cercanas hay numerosos huertos de frutales, y por todas partes se
revela en las vastas salinas, los artilleros y las fbricas, la
naturaleza de su produccion. Sus elementos principales son: la sal, en
muy fuerte cantidad (que se exporta), tierras metalideas, encurtidos y
objetos de fundicin y de marina, como de artes y oficios. La situacin,
de la ciudad es curiosa, por la forma que tiene el canal semi-circular
que la rodea del lado del continente y que determina la isla. Tal parece
como si dos largas y angostsimas bahas  lenguas de aguas marinas
fuesen  chocarse y confundirse bajo los puentes de _Zuazo y Chiclana_,
que dan paso hcia el interior del pais.

San Fernando tiene semejanzas generales con Cdiz en su estructura
exterior, y el aspecto es poco mas  menos anlogo. No tiene otra
particularidad que su observatorio astronmico, que es muy inferior al
de Cdiz, tan famoso en la geografa espaola y colombiana. La poblacin
de San Fernando alcanza  unos 17,000 habitantes, generalmente
laboriosos y ocupados en rudos trabajos de fabricacin y artefactos. Los
innumerables ventorrillos  casas aisladas que avecinan  San Fernando
del lado de Cdiz tienen un aspecto original y pintoresco; es all donde
se aglomeran los millares de obreros que trabajan en el astillero de la
_Carraca_ y en muchas fbricas de las cercanas, formando en algunas
horas del dia multitud de grupos tan animados como curiosos. Al pasar
por en medio de ellos se siente un fuerte olor de brea, sal y otras
materias que revelan desde el primer instante el gnero de ocupacin de
estas gentes.

El astillero de la Carraca, especie de poblacin flotante y slida al
mismo tiempo, que se compone de buques, almacenes y vastos talleres,
ofrece un cuadro muy interesante, no tanto por el mrito del
establecimiento cuanto por el aire de los trabajadores, los edificios,
etc. Es en ese astillero, situado en la baha, cerca de las salinas,
como  1,200 metros de San Fernando, donde Espaa tiene una de sus
mejores fbricas navales. All se construyen buques de guerra, y an de
comercio  veces, de todos tamaos y condiciones, y se hace el carenaje,
as como se trabajan en grande escala lonas para velas, jarcias,
cordajes, etc. Millares de obreros trabajan constantemente en ese punto
de la baha y su vecindad, ya en la fabricacion naval, ya en la
explotacin y fabricacion de la sal. Despus se extienden en varias
direcciones muchas obras de fortificacin, que son en cierto modo los
baluartes de Cdiz y del fondo de la baha.

Puerto-Real, situado en la costa continental, en el fondo de la baha,
es una bonita poblacion de 5,000 almas. La vecindad de la embocadura del
Zurraque (al sur) confundido ya con un brazo de mar, y del Guadalete,
que entra al norte, en el rincon de la baha; la estructura moderna de
las calles y las casas (generalmente simtricas) y de su muelle y su
puerto llenos de pescadores de mariscos y bateleros cargando agua; el
cuadro que forman  los dos lados, equidistantes, l astillero de la
Carraca y el del Trocadero (de uso mercantil) que est al poniente
sobre la baha; la animacion de las gentes y la gracia de los huertos
vecinos y las casas de campo,--todo eso contribuye  hacer de
Puerto-Real una poblacion pintoresca y alegre. Aquel es el lugar de
paseo y descanso para los ricos gaditanos, muchos de ellos poseedores de
casas y quintas de recreo en ese punto de la costa espaola.

Puerto-Santa-Mara es mucho mas considerable. Demora, como he dicho,
en el fondo de un pequeo golfo (al nor-oeste de Puerto-Real) cuyas
aguas estn separadas de la baha de Cdiz por la pennsula  lengua de
tierra donde se encuentra el Trocadero. Santa-Mara, que dista unos 14
kilmetros de Jerez y 21 de Cdiz, es el trmino de la carretera de
Sevilla, y por all pasa el ferrocarril recientemente concluido. Desde
all se extiende un terreno de imponderable riqueza en viedos
esmeradamente cultivados (as como otros muchos frutales), sea del lado
de Jerez, hcia el interior, sea por la costa, en la direccin de Rota
(el pas del famoso _tintilla_) y del bajo Guadalquivir. La distancia
entre Santa-Mara y Puerto-Real es tan corta, con el Guadalete de por
medio, que en realidad la primera parece pertenecer tanto  la baha
misma como al golfo mencionado. Sus comunicaciones principales con Cdiz
se sostienen por medio de vapores que salen de un buen muelle y cruzan
la baha constantemente.

Santa-Mara es una bella poblacin, con mas de 21,000 habitantes, con
mucha actividad y movimiento agrcolas, industrial y mercantil. Yace 
la falda de una colina, dominando la mrgen derecha del Guadalete, y
est literalmente rodeada de huertos y viedos. Tiene numerosos
institutos pblicos, bastantes fbricas (principalmente de excelentes
licores, encurtidos, sombreros y jabon), y aparte de su fuerte
produccion de vinos, cultiva muchas artes y oficios. La estructura
general es buena, notablemente su hermosa calle llamada _Larga_. Se ve
all el tipo de las poblaciones andaluzas, activas y laboriosas en lo
general, donde no se revela casi nunca ningn sntoma de miseria 
decaimiento.

       *       *       *       *       *

El tiempo nos faltaba para continuar la excursion. As, entramos  un
pequeo vapor costanero y volvimos  Cdiz. Debamos partir para Sevilla
al da siguiente, y aprovechamos la segunda noche que nos quedaba
visitando un teatro y algunos cafs. Nada de particular en el teatro,
elegante y bien concurrido (porque el pueblo espaol es muy apasionado
por los espectculos que impresionan fuertemente  hacen rer); pero
hallamos, cmo en casi toda Espaa, una farsa cantada  trozos, con el
nombre de _zarzuela_, y las consabidas _evoluciones_ coreogrficas de
estilo francs,--pestes insoportables que van hacindole perder su
originalidad y su gracia al teatro espaol. En vez de una buena comedia
 un buen drama (como hay de sobra en Espaa) el pblico tiene que
tragarse como puede una opereta bufa de mal gusto, que degrada al mismo
tiempo  la comedia y la pera.

En desquite, el caf es en todas las ciudades espaolas un elemento
social sumamente curioso. Para un habitante del norte de Europa nada
puede ser mas desagradable quizas; pero para un hijo del medioda  de
Hispano-Colombia, con instintos de expansion y sociabilidad, la escena
tiene muchos atractivos. Ya he dicho, al hablar de Barcelona y Madrid,
lo mas digno de atencin acercada los cafs en Espaa. Como el espritu
de las poblaciones es enrgicamente liberal en todas las grandes
ciudades espaolas, y muy particularmente en las Andalucas, el
_caf_,--elemento de expansin franca y libre, de discusion y de
censura,--es mucho mas importante an en Cdiz, Sevilla, etc., donde la
opinion liberal saca de l todo el partido posible. El piano (mueble
infalible en los grandes cafs) contribuye  despertar los nimos y
aumentar el bullicio de los centenares de parroquianos,--sirviendo no
pocas veces de instrumento epigramtico, segun el humor de los
concurrentes. Es muy frecuente el manifestar all las tendencias de
oposicin al gobierno nacional, de aversin al gobierno francs, etc.,
haciendo ejecutar (con aplausos estrepitosos y unnimes) ya el _himno de
Riego_, ya la _Marsellesa_,  otra pieza que entrae una fuerte alusin
poltica.

El caf de _Apolo_, donde nos establecimos en Cdiz durante algunas
horas, en dos noches, nos procur el medio de hacer curiosas
observaciones en cuanto  las costumbres polticas de los gaditanos.
Hasta la singular estructura interior del caf contribua  hacer
interesante la escena, pues haba cierta semejanza con las casas
elegantes que he descrito, pudindose observar desde uno de los altos
balcones que dominaban el gran saln todos los grupos y pormenores
simultneamente. Yo me aturda de oir  los espaoles hablando sobre los
ms graves asuntos: me pareca estar en un caf de Bogot (donde se
habla con absoluta libertad) aunque,  decir verdad, hallaba mas
tolerancia mtua en las francas y vehementes discusiones de los
espaoles. Se decian las mayores claridades, sin insultarse, pero
sazonadas con la consabida pimienta espaola de las tres C.C.C., sin que
hubiese el menor temor de una desavenencia. Hablaban de la
reina..._primores_; ponan al ministerio de vuelta y mdia, 
descargaban su hilaridad epigramtica y sus terribles censuras sobre el
Capitn general, el Gobernador, el Obispo  el primer personaje que
hallaban  la mano. Es realmente rara la facilidad y el chiste con que
el pueblo espaol maneja el epigrama y sabe aplicar un refrn en toda
oportunidad.

Esa singular importancia poltica y social de los cafs en Espaa me
hizo reflexionar un poco. Ella data de los tiempos del gobierno
constitucional, de manera que es una institucin muy moderna. Es un
bien,  es un mal?--me preguntaba yo. Desde luego que el caf convertido
en club tiene sus ventajas: tiende  suprimir ese aislamiento que helaba
 la sociedad espaola, y la enervaba y mantena en la impotencia moral
 intelectual; distrae de la tentacin del juego, tan general en Espaa
(por causa de las instituciones), y es un gran elemento de fusin de las
clases sociales y de organizacin libre de la opinion pblica, opuesto 
las trabas que la encadenan bajo formas mas generales y ostensibles.
Puesto que la ley amordaza la prensa y la tribuna, el caf es un bien
relativo que contrabalancea un poco la represion. Pero el caf, tal como
est organizado en Espaa, tiene tambin su lado malo. l no tiene la
dignidad y compostura del club ingls, cosa natural, puesto que tanto
difieren los tipos y las instituciones de Inglaterra y Espaa; pero
lejos de _educar_  los Espaoles, el caf les mantiene ciertos defectos
de sociabilidad que les importa corregir. El lenguaje que all se
emplea, an delante de las seoras, es demasiado libre, inculto y
vulgar. Qu de interjecciones impasables! qu de alusiones y ancdotas
coloradas! La familiaridad que all reina establece una comunidad de
lenguaje que degrada la lengua y priva al estilo de toda dignidad. Sin
duda que del caf pueden salir muchos _oradores_, hijos del hbito; pero
oradores de muy mala calidad, viciados desde su nacimiento.

Por otra parte; la sociedad domstica debe resentirse mucho de las
consecuencias. Los que no llevan sus familias al caf las dejan hasta
muy tarde de la noche en completa soledad. He visto en los cafs de
Espaa muchas madres de familia con sus hijas, sentadas al derredor de
mesas donde se sostenan habitualmente las conversaciones mas
escabrosas. Aquello no puede menos que ser funesto para la moralidad de
la familia. Pero si ella permanece en el hogar y el hombre solo es el
que frecuenta el caf, pasando en l tres, cuatro, cinco  mas horas,
los vnculos de la vida domstica deben naturalmente relajarse. De todos
modos, el caf es en Espaa una verdadera institucion poltica y social,
creada por las costumbres, que tiene mucho de bueno y de vicioso, pero
que perdera gran parte de su importancia si la opinion tuviera otros
medios de libre expansion, como la prensa, la asociacion y la tribuna
pblica.

       *       *       *       *       *

A las ocho de la maana siguiente  nuestra excursion por las cercanas
de Cdiz, salamos de la baha  bordo de un bonito vapor espaol, con
direccin a Sevilla. El mar tenia una hermosura esplndida, lleno de
fulguraciones ardientes y agitado por olas poderosas. Bien pronto
pasamos por enfrente de Santa-Mara, y Cdiz se perdi de vista entre
las grandes sinuosidades del Atlntico, que parecan arropar la isla de
Len con su espumoso manto. Pasamos por delante de Rota, pequea
poblacin de la costa, doblamos un cabo, y nos hallamos en breve en la
especie de baha producida por la desembocadura del Guadalquivir. La
entrada al rio no se determina realmente sino casi al llegar 
San-Lcar-la-menor, pequea poblacin mercantil  de escala, asentada
 la margen izquierda del _Tmesis andaluz_. Y esta comparacin no es
aventurada, si se considera que, gracias al Guadalquivir, Sevilla es en
realidad un puerto martimo, habilitado para la importacion y
exportacion, y centro principal del comercio de la baja Andaluca y
algunas comarcas limtrofes.

Nada mas triste que esas llanuras martimas regadas por el bajo
Guadalquivir, en todo el trayecto que se extiende desde la bifurcacin
que produce la Isla mayor hasta San-Lcar. Es un mar de gramneas
medio anegadas limitado por el ocano mismo. Las mrgenes del rio son
sumamente bajas, de modo que en las pocas de crecientes los derrames
producen una completa inundacin, quedando las llanuras convertidas
literalmente en una continuacin del mar. Cuando pasamos por all la
tierra estaba descubierta y la poblaban numerossimos rebaos y
yegerizos. Por todo el horizonte se veian innumerables bandas de patos
salvajes, rosados pelcanos y otros acutiles abatindose en los
pantanos, en medio de las vacas, las ovejas y los potros, mientras estos
pacan perezosamente  se reunan en grandes grupos para defenderse del
ardor del sol, que hacia fermentar las aguas estancadas y calcinaba la
inmensa llanura completamente desprovista de rboles. No me parecieron
muy avantajadas esas crias; la vacuna no tiene un crecimiento notable, y
la caballar es bien inferior  su reputacin. He observado que hay
exageracion en lo que se dice generalmente de los caballos andaluces, lo
mismo en Sevilla que en Crdoba y Granada.

El Guadalquivir, de una anchura media de 130 metros entre Sevilla y las
cercanas de San-Lcar, tiene en lo general poco fondo; el cauce,
variable  causa de las fuertes aluviones de arena arcillosa, impone 
la navegacion muchas dificultades en algunos meses del ao, y en todo l
se requieren algunas precauciones y una forma especial de las
embarcaciones que evite las varadas. En todo el trayecto se van
encontrando numerosas barcas marinas, ancladas  navegando, que suben 
bajan  remolque  aprovechando las mareas y los vientos. Asi, el
Guadalquivir tiene un aspecto comercial que prepara al viajero al
movimiento econmico de Sevilla, bastante animado y considerable.

Despus de algunas horas de navegacion, cuando bamos aproximndonos 
Sevilla, la topografa comenz  ser diferente, sucediendo los paisajes
pintorescos  la triste monotona de la costa. Las riberas del rio eran
mas empinadas, el cauce mucho mas estrecho, y en vez de las gramneas de
los bajos pantanos tenamos  la vista muchos huertos y alegres
sementeras de trigos y legumbres, largas filas de lamos blancos y
sauces en una y otra margen, bosques mas  menos considerables, de una
frescura y lozana deliciosas, y levantadas barrancas abruptas sobre las
cuales se destacan graciosamente algunas poblaciones vecinas  Sevilla.
Al fin pasamos por el pi de los parques esplndidos del duque de
Montpensier, y vimos asomar, al volver un recodo (por encima de las
arboledas, los numerosos bergantines y vapores y los pintorescos
edificios del puerto), las cpulas llamadas torre de _Oro_ y de _Plata_,
resplandecientes y poticas, dominando el rio como dos joyas
monumentales destinadas  advertir al viajero que Sevilla es la opulenta
y gentil metrpoli del pas donde dej sus profundas huellas la
dominacion morisca, sin borrar las de la romana.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

SEVILLA.


Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino.--El tipo
sevillano.--Costumbres sevillanas.

La ponderada hermosura de Sevilla y de la inmensa llanura que la rodea,
me hacia desear vivamente la ocasion de contemplarla en su totalidad. Su
situacion y configuracion indican naturalmente la ascension  la torre
de la _Giralda_, ante todo, para admirar el panorama entero  vista de
pjaro. Ya instalados en el hermoso hotel de Londres (uno de los
muchos elegantes y muy bien servidos que tiene la ciudad) atravesamos la
esplndida plaza de la _infanta Isabel_, desde la cual veiamos la masa
colosal de la famosa torre, visible de casi todas las calles de Sevilla.
A unos trescientos metros de la plaza hallamos la admirable catedral y
la torre, esta situada hcia atras y formando un edificio aparte, aunque
ligado por construcciones posteriores.

Nada mas grandioso que ese monumento de cpula fulgurante, que brilla al
rayo del sol como una inmensa joya suspendida en el ter. Al mirarla se
siente uno lleno de admiracion por la grandiosa sencillez que le quiso
dar el genio oriental  morisco. Aquel arcngel areo de bronce dorado
que corona la cpula y gira como una veleta, tiene no s qu de celeste
que provoca  escalar la altura para hundir la mirada alternativamente
en el cielo y en el mar de casas resplandecientes y de campias
admirables que las rodean. La torre, perfectamente cuadrada en su parte
morisca hasta una altura muy considerable, fu terminada mucho tiempo
despus de la conquista, y por desgracia con un estilo del todo
diferente. As, hasta la regin de las campanas se ve la civilizacin
del rabe, rematando su obra la arquitectura refinada del Renacimiento.
La elevacin total de la _Giralda_ es de 364 pis, siendo por lo mismo
la mas elevada que existe en Espaa. El cuerpo de la torre tiene 50 pis
por lado. ntrase  ella por una miserable puertecita, y se sube hasta
la enorme altura de las campanas por 35 rampas  corredores inclinados,
sin gradera ninguna. Despus, por escaleritas de mano muy estrechas, se
puede hacer la peligrosa ascensin hasta la figura de bronce que tiene
el nombre de Giralda. All se siente como un vrtigo...algo que se
parece al extravagante deseo de volar sobre los abismos.

El espectculo que se contempla desde all es de una hermosura suprema,
mas esplndido an (excepto la vista del mar) que l de Valencia. De un
lado se ven muy lejos vagamente las montaas de la sierra de Ronda que
terminan la cadena de la Sierra-Nevada. Del otro las llanuras del bajo
Guadalquivir, perdindose en el horizonte en la direccion del ocano. Al
norte se ven mas  menos las montaas de Crdoba, contrafuertes de la
Sierra-Morena Por ltimo, tendiendo la vista al oriente, en la direccin
de la alta Andaluca, se ven llanuras hermosas que se van levantando
insensiblemente hasta perderse en las ondulaciones de colinas y cerros
que giran por el centro de la hoya del Guadalquivir hacia Jan. El
horizonte es inmenso y admirablemente bello.

Recogiendo la mirada en un crculo menor, se ve por todos lados la
opulenta llanura, primorosa por su cultivo, esmerado, sus numerosas
poblaciones, sus graciosos cortijos, sus enjambres de pequeos rebaos,
de casas campestres, de huertos y jardines, y sus laberintos de
arboledas ya en grupos mas  menos extensos, ya en hileras  en calles
resplandecientes de verdura, donde alternan los naranjales con los
vias, los interminables olivares con las sementeras de hortalizas,
cereales, etc. Y por en medio de la vastsima llanura va caracoleando el
lento Guadalquivir, como una cinta gris, haciendo las mas graciosas
vueltas y revueltas.

Localidades mas  menos considerables, pero todas industriosas y de un
aspecto homogneo, se multiplican en todas direcciones. All se ven
sucesivamente, con el auxilio del anteojo  sin l (en la direccin de
la carretera de Ecija y Crdoba), los pueblos de Alcal-de-Guadaira y
Mairena, y luego los cerros (llenos de poblaciones tambin) que dominan
 la ciudad de Carmona, bastante populosa. Por otro lado (hacia Jerez)
Utrera y Oran; y  la derecha del Guadalquivir, entre otras muchas
poblaciones, San-Lucar-la-Mayor, Encarnacion y Alcal-del-rio.

La provincia de Sevilla, la sexta de Espaa en el orden de poblacin,
cuenta 463,486 habitantes. Las campias, sumamente cultivadas, tienen
una poblacion muy abundante, robusta, vigorosa y amante del trabajo, al
mismo tiempo que de los placeres vehementes. Muy  la inversa de las
comarcas castellanas, la soledad no se manifiesta en ningn punto de la
provincia de Sevilla, y abundan mucho los pequeos pueblos de 1,000 
4,000 almas. Con todo, se hacen notar algunas ciudades considerables,
centros de una vasta produccin agrcola que consiste principalmente en
vinos, aceite, cereales, granos, ganados de todas clases, hortalizas y
frutas. Las mas notables de esas, ciudades son:

_Sevilla_, que cuenta (inclusos los nueve arrabales exteriores
a las fortificaciones) 112,600 habitantes;

_Ecija_, con 28,800

_Carmona_, con 18,800.

_Osuna_, con 17,500

_Utrera_, con 14,000

_Marchena_, con 13,000

_Alcal de Guadaira_, con 8,260

Todas esas poblaciones aunque son principalmente centros agrcolas,
alimentan una multitud de manufacturas, fbricas y talleres de toda
clase, que aumentan la animacion del pais, y le dan mucho inters
econmico. Sevilla sola tiene en algunos ramos vastas manufacturas y
fbricas especiales de suma importancia,--tales como su magnfica
fundicion de armas y caones, su nitrera, y sobre todo su inmensa
manufactura de cigarros (por cuenta del Estado se entiende), que da
trabajo  4,000 obreros, establecimiento digno de ser visitado con
placer  inters.

Concretando la vista sobre la ciudad, el panorama es tan curioso como
bello. El Guadalquivir, describiendo como un semicrculo, rodea en gran
parte el recinto de la ciudad propiamente dicha, defendida y encerrada
por murallas que, segun dicen, datan del tiempo de Csar, y por
numerosos fuertes aislados que en la actualidad son intiles aunque no
sea mas que por su evidente inferioridad respecto del _progreso_ de la
estrategia y arquitectura brutal del egosmo, el aislamiento y la
muerte. De cualquier lado que se mire el conjunto interesa por sus
caprichos y contrastes graciosos, y los pormenores llaman la atencion.
Al derredor, los nueve arrabales, de los cuales solo uno, el de
_Triana_, habitado por los Gitanos, que es el mas populoso, se halla 
la mrgen derecha del Guadalquivir, ligado  la ciudad por un hermoso
puente colgante. Muy cerca del puente, sobre el puerto mismo, se levanta
la linda cpula dorada de la Torr-de-Oro, que parece cubierta de
escamas relucientes.

Al pi mismo de la torre de la _Giralda_ veiamos la masa estupenda y
romntica de la catedral, cuyas formas gticas y color sombro la hacian
parecer una montaa de granito despedazada en cien picachos, agujas,
arcos atrevidos y enormes grietas. Era como un volcan extinguido,
imponiendo miedo por la sola majestad de sus grandiosos escombros
ennegrecidos por el tiempo. Al lado de la catedral, el esplndido
palacio de piedra y mrmol llamado la _Lonja_  Bolsa, que fu la famosa
Casa de Contratacion para el comercio de las Indias. Algo mas ljos el
precioso monumento morisco llamado el _Alczar_, rodeado de jardines
deliciosos que por s solos son un tesoro para Sevilla. Y mucho mas
ljos aun, el inmenso edificio de la manufactura de tabacos, y el
elegante palacio moderno de _San Telmo_ (propiedad del duque de
Montpensier)  la vera de un vastsimo y bello parque que se extiende
sobre la mrgen izquierda del Guadalquivir.

Mirando en otra direccion, se ve en el arrabal de _San Roque_ el
monumento llamado _Caos de Carmona_, admirable acueducto romano de 410
arcos, y  un lado la gran fbrica de salitres; en el arrabal de la
_Resolana_ el hermoso hospital de la Caridad y la Maestranza; en el de
_Macarena_ el esplndido hospital militar; y en el de _San Bernardo_ la
famosa fundicion de caones de bronce. Lo demas es un laberinto de
calles tortuosas y estrechas, de edificios desiguales, caprichosos,
muchos de ellos de formas extravagantes, de cuyo enjambre se destacan
algunos cocoteros centenarios  histricos, multitud de palacios  casas
primorosas del mismo estilo que las que observ en Cdiz, y una masa
informe de miradores, azoteas, torrecillas y construcciones moriscas, en
cuyo fondo parduzco brillan las torres y las cpulas de numerosas
iglesias de estilo arbigo, lucientes y pintorescas  causa de los
techos en forma de escama formados con pequeas tejas de colores
entremezclados.

Agrguese al interes de esos mil pormenores el primor de la vegetacion
interior, y se comprender la hermosura de aquel pangrama semi-oriental
y semi-espaol al mismo tiempo. Los huertos y jardines son innumerables,
no solo en los arrabales sino tambien en el centro de la ciudad,
mantenidos con esmero en los patios interiores. As, se ven las moles de
los edificios como un inmenso reguero de peascos desiguales en medio de
un mar de granados, naranjos, limoneros, jazmines y millones de flores
que inundan el aire de perfumes. Sevilla merece bien su fama: es un
paraso de verdura y curiosidades de todo gnero.

       *       *       *       *       *

Despues de tener una idea general de la metrpoli andaluza, como objeto
material, descendimos de la _Giralda_ para ir  observar las costumbres
de su sociedad. Recorriendo las calles, penetrando en los cafs y los
hoteles, visitando las casas elegantes y los preciosos jardines, y
escudriando los objetos monumentales en que abunda Sevilla, se reconoce
al punto el tipo esencial  caracterstico de esa sociedad, ardiente y
potica por su sangre y su clima, independiente y altiva por el
bienestar que el trabajo activo le procura, y apasionada en alto grado.
Sevilla es un inmenso museo, en toda la fuerza de la palabra, as en lo
material como en lo moral. El sentimiento artstico es el fondo del
carcter sevillano, en todas las clases de la sociedad,--ora se revele
en construcciones de suntuosa elegancia, ora en las cndidas
manifestaciones populares,--ya predomine el _buen gusto_ (sencillo 
refinado) en las costumbres y los usos, ya simplemente lo pintoresco y
rudimentario. El adjectivo _pintoresco_ es sin duda el que cuadra mejor
al tipo sevillano. Hay en el fondo de todo lo que all vive y se agita,
como de lo inanimado, una manifestacion vigorosa de poesa, de tendencia
 lo maravilloso, de expansin sentimental, que no puede escapar al
observador.

No hay un rasgo que no concurra  impresionar al extranjero en ese
sentido.--Los mil primores de las casas pertenecientes  familias ricas,
donde el mrmol, las flores y los adornos y colores vivos y seductores
estn prodigados; la gracia y la frescura de los millares de patios, que
las noches de verano hacen convertir en salones; el esmero con que se
conservan los innumerables jardines y los perfumados huertos, donde las
aguas saltadoras no dejan de abundar jamas; el entusiasmo que todos
manifiestan: por los cuadros de pintura y los objetos de escultura,
cualquiera que sea su calidad; los mil graciosos caprichos de todos los
portales, los balcones y gabinetes, los miradores areos y las ventanas
enrejadas (que hacen tan importante papel en las aventuras amorosas  de
mera galantera); el lujo y artificio de las tiendas y los almacenes,
resplandecientes de primores, joyas, sederas, objetos de arte y
bagatelas; el gusto por el abanico que, aparte de la exigencia del
clima, constituye todo un arte, sea por su fabricacion, sea por su uso;
la pasin por la tauromquia, el teatro, la equitacion, ios juegos
funmbulos y toda clase de espectculos; el amor al juego, bajo casi
todas sus formas, pasion en que funcionan el arte, en cierto modo, y el
gusto por lo maravilloso, inesperado  azaroso; la singular energa de
inclinacin a lo pintoresco y sobresaliente, que se manifiesta en los
vestidos populares, sea por sus formas, sea por sus adornos  por la
combinacin de los colores vivos y lucientes; el encanto con que todos
aman la msica alegre y apasionada, las danzas vehementes, las
cabalgatas y carreras, las ferias, las procesiones, etc.; las formas
extraas y los adornos de los aparejos de montar, las armas y los
instrumentos de msica; la suma abundancia de talleres, fbricas
pequeas y obradores, dnde millares de obreros trabajan (aislados  en
pequeos grupos) en la confeccion de mil objetos de arte: todo eso y
algunas otras circunstancias que paso por alto, manifiestan el
sentimiento profundamente artstico de los sevillanos.

Y no puede ser de otro modo, si se considera cun poderosa es la
influencia que ejercen en la educacin moral de un pueblo la naturaleza
y los objetos que le rodean  impresionan constantemente. El sevillano,
al nacer, halla la nocin de lo bello y la inspiracin de la poesa en
todo lo que tiene  la vista. Un cielo admirable con un sol que calienta
y vivifica la sangre.; una tierra de fertilidad prodigiosa, que da
cuanto se le pide; una vegetacin esencialmente potica; como son los
olivos y naranjos, los limoneros y granados; aguas y perfumes en
abundancia para dar alegra y placer; una vida fcil, gracias  las
condiciones topogrficas del pais; el vino (ese gran tentador que incita
al placer) bueno, vigoroso y en abundancia. Y por otra parte, los
monumentos y la raza predisponen al amor del arte. Desde que se comienza
 marchar,  vivir, se ven por todas partes admirables monumentos,
bellos en su exterior y repletos de tesoros en su interior, y se
observan fisonomas hermosas. No he visto jamas una raza tan
enrgicamente hermosa como la de Sevilla, y creo que no tendr rival en
Europa, si no es en algunas regiones orientales, en Hungra y en algunas
provincias de Italia.

La hermosura es tan general en los tipos sevillanos que es casi vulgar.
All no se ve la severa majestad de la belleza castellana, ni la
hermosura impasible y fria de las inglesas, ni la gracia artificial
(intencional en cierto modo) de la francesa, ni la spera y casi brutal
belleza de las valencianas. El hombre es generalmente de talla alta,--la
mujer de regular si no pequea estatura.--A pesar de las diferencias que
el sexo determina en todas partes, hay ciertos rasgos que son comunes 
hombres y mujeres en Sevilla: formas esbeltas y delgadas pero vigorosas;
cabellos negros, sedosos y lucientes, rara vez encrespados; cejas negras
y primorosamente arqueadas; dientes superiores y de suma blancura; una
tez de color moreno suave y sonrosado, muy atractiva; ojos muy oscuros,
vivsimos, inteligentes y que pasan con 1a mayor rapidez de la ardenta
mas apasionada  la dulzura mas risuea y cordial; un andar lleno de
abandono y donaire, naturalmente _dengoso_ y como tentador sin malicia;
la voz cadenciosa, suave y sonora, notablemente acentuada en los finales
de dicciones; y siempre las interjecciones vehementes y la sal de los
modismos provinciales,--sin contar la pronunciacion popular que cambia
el sonido de 1a _r_, 1a _l_, 1a _s_, 1a _z_, etc. del modo mas original
y picante,--tales son los rasgos generales del tipo sevillano.

La mujer es dulce y simptica, aunque hay en su fisonoma un no se qu
de varonil sin afectacion. El hombre tiene algo de rudo, de muy
oriental, que atrae  asusta segn la manera como se le trata. Si
buscis  un andaluz sevillano por las buenas, con finura y afabilidad,
aunque pertenezca al vulgo, le hallareis cordial, expansivo, muy atento
y obsequioso. Pero cuidado con andar por las malas! Entnces, si es
torero,  matn  campesino, jinete  cosa parecida, os echa por lo
pronto una granizada de interjecciones de  libra, y va sacando la
navaja  arremangndose los puos para decidir la cuestion por la va
ejecutiva. Mas, si en vez de uno de esos genios atrabiliarios se da con
un andaluz del tipo fanfarron (que abunda muchsimo), el altercado tiene
otras proporciones: es ua lucha de palabras-montaas en que el
extranjero que no conoce bien el pas puede ser completamente
mistificado. Al oir al andaluz echando bravatas, le creerais capaz de
tragarse la Sierra-Nevada y desquiciar el mundo de un puntapi. Se
formaliza, se crispa, grita, amaga, ruge como un caon y parece una
furia.... Le cojeis la palabra, mostrndole que no tenis miedo, y
entnces el leon se hace cordero, os hace mil zalameras, rie, lo vuelve
todo chanza (jarana) y os convida  tomar un trago con la mayor
cordialidad.

El andaluz, y acaso mas que todos el sevillano, es franco y chancero,
pero ligero de cascos: una mala palabra, una mirada burlona, un gesto
dudoso es suficiente para provocar una querella ruidosa. Por fortuna,
aunque muchas veces el negocio se arregla a cuchilladas  por lo menos 
los mas bofetones y golpes, generalmente la tempestad de roncas y
baladronadas termina por una reconciliacion en la taberna, jurada sobre
la botella entre una nube de humo de tabaco, quizas al son de la
guitarra. Sinembargo, hay una cuestin que no se arregla nunca ( lo
mnos en el mundo de los toreros, los majos y las manolas) sino por vias
de hecho  mediante la desistencia absoluta: es la cuestion de _amor_,
que muchas veces no es sino cuestin de vanidad  puntillo. El sevillano
de aquella clase no soporta ni una mirada advenediza dirigida  su
_chica_  su _guapa moza_, como las llaman. Si como marido es  veces
tolerante y se humaniza, como amante lleva los zelos hasta la ferocidad
 el ridiculo. Eso prueba que la vanidad entra por mucho, y muy poco el
amor verdadero, en la energa con que defiende su _posesion_ 
monopolio. Le miris su chica  pasis por el pi de su ventana una
vez y se pica;  la segunda os pone el ceo hosco;  la tercera os dice
con enfado y acento provocador:

--Eh, seorito! ( _camarda_) quien me _bujca_ me _topa_! Si _ujt_ me
le _pela_ el ojo  _ejta chica_ otra _ve_, ya _pue_ saber que lo
_chicoteo_,  _nos chicotamo_! Con que si _quie sarbar er burto_, coja
_ujt er_ camino y  otra parte con la msica.

Y fuerza es desistir de la empresa, so pena de que la navaja entre en
accin para apoyar con sus argumentos la intimacion del zeloso andaluz.

La inclinacin  la galantera (y  sus muchas _consecuencias_) es muy
general en Sevilla. La reja  ventana hace en eso un papel muy
importante y tradicional. Si os paseais por las calles despues de las
seis de la tarde, vereis donde quiera escenas que os darn idea de las
comedias da capa y espada. Al pi de muchas ventanas bajas y estrechas
se ve algun galan que inclina la cabeza con aire de misterio, recostado
sobre un brazo que reposa en la pared, y embozado en su capa, si no es
del gnero _majo_ (que no gasta sino chaqueta), mientras que se ve en la
sombra una carita zalamera que asoma en el fondo de la reja. Qu hacen
esas dos figuras?--Estn _pelando la pava_. Yo haba odo muchas veces
esta frase en Colombia, con un sentido muy diferente. All se llama
_pelar la pava_ estar ocioso, perdiendo el tiempo cuando se est
obligado  una labor  faena,--como el pen que suspende el trabajo para
echarse a dormir  ponerse  charlar sin oficio. En Espaa se _pela la
pava_ de un modo mas entretenido y halageo, puesto que la operacin
consiste en hacer la corte por la reja  ventana a la querida  amada.
Creo que debe de haber una grande abundancia de _pavas_ en Sevilla,
porque all pelan muchsimas.

No importa que los amantes  _amigos_ de los dos sexos tengan entera
libertad para verse y hablarse  todas horas, dentro  fuera de la casa.
La _pava_ se _pela_ siempre, porque as lo quieren las costumbres
galantes. Acaso el galan ha hecho una larga visita durante el dia,  la
har mas tarde  la familia de la _seorita_  _chica_; y con todo, la
visita al pi de la reja es indispensable,  prima noche por lo regular.
Ay del galan que se olvide un da de la pava que hay que pelar! Al
siguiente oir terribles reconvenciones, hallar un ceo irritado,  muy
indiferente y frio, cuando no sollozos, lgrimas y quejas reprochndole
ingratitud y mal proceder.... Creo francamente que las leyes de la
_pava_ restringen mucho la autonoma individual del andaluz, pero les
encuentro su lado potico y atractivo. Hay costumbres que no se
encuentran ya sino en Espaa, donde el orientalismo y la feudalidad han
dejado raices muy profundas. El torero hace hoy las veces del trovador
de los viejos tiempos.

Por desgracia, los sevillanos no se contentan con el potico platonismo
de la reja. Sevilla, como gran ciudad y puerto comercial, y como
tesoro de primores de arte y de placer, atrae singularmente, sobre todo
en la Semana Santa y la primavera, no solo  muchos extranjeros sino
tambin  los espaoles de otras provincias. Ese gran concurso de
forasteros y la belleza de las sevillanas han dado lugar  un desarrollo
alarmante de la corrupcion. Debo limitarme  indicar el hecho, porque el
asunto no permite comentarios ni explicaciones. Ese mal es el cncer de
las grandes ciudades espaolas.

Si Sevilla interesa durante el dia, por los caprichos de sus calles
empedradas, estrechas y tortuosas, por el esplendor de sus casas
modernas, sus hoteles y cafs, por la magnificencia de su plaza de
toros, por la majestad  el primor de sus monumentos, por su actividad
industrial y mil circunstancias,--durante la noche,  la doble luz de
la luna de mayo y del gas de millares de faroles, tiene un encanto
particular. Mintras el gas hacia brillar todas las curiosidades de las
tiendas abiertas en las calles comerciales, y alumbraba  las turbas
alegres que hormigueaban por los enlosados  el centro de las plazas y
calles,--los balcones, las celosas, los miradores y las altas rejas de
colores vivos (generalmente azul y verde, sobre paredes pintadas de
amarillo) estaban iluminados por la luz mas suave de la luna,
proyectndose en los muros las sombras de las mujeres curiosas,
inclinadas sobre los balcones para ver pasar los grupos de gente en
incesante agitacion.

En aquellos momentos pareca mas vivo el contraste de los diversos
tipos. Por una parte hacan juego los hombres de buena sociedad, con sus
mplias capas de vueltas de terciopelo y borlas flotantes y sus
sombreros de fieltro, llamados en Espaa _chambergos_, cuando no
vestidos con el _palt_ francs y el sombrero negro de alta copa
bautizado en Madrid con el apodo ultrajante de _hongo_; mientras que las
damas elegantes arrastraban sus ampulosos trajes de luciente seda,
exagerados de por s, sin perjuicio de la crinolina, esa peste de todas
las concurrencias, y ostentaban sus graciosos peinados y lujosas
cabelleras, sin mas adorno que una flor natural,  cubiertas con una
cofia de lana calada de colores,  el pauelo de seda en barbiquejo. Y 
su lado se cruzaban, rozndose con el grave ingls (maravillado y lleno
de curiosidad),  el francs (bullicioso y de humor ligero), los grupos
de majos y manlas, del aspecto mas original y risueo.

El _majo_ (torero,  jaque,  chalan,  semi-artesano) funda todo su
orgullo en los botones de su chaqueta, el mrito de su faja y el lujo de
sus polainas. Hay tal pasion por el lujo que el andaluz dejara de comer
tres dias por ahorrar el valor de sus lucientes botonaduras de plata,
puestas en dobles filas en los bordes anteriores de su chaqueta de pao,
azul  negra y llena de adornos de lo mas cuco. La ancha faja, que da
muchas vueltas al derredor de la cintura y el pecho, por debajo de la
chaqueta (en forma de dorman y siempre abierta), llama la atencin por
su vivsimo color (azul, carmes, rojo, verde  amarillo), la finura de
la seda  lana y del tejido, y la gracia de las borlas  flecos
pendientes de las extremidades. Sus abundantes patillas se destacan
libremente como dos bellos matorrales al pi del sombrero calas, sin
alas y adornado tambin con algunas borlas de seda negra. Sus polainas,
de las cuales penden innumerables borlitas y cintitas del mismo cuero,
le dan un aire de chalan muy original. Agregad  la gracia del vestido
cierto aire de satisfaccion vanidosa, un acento ruidoso, muy marcado y
de guapeton, el sombrero inclinado sobre una ceja, el cigarrillo en la
boca, haciendo _escupir por el colmillo_, la gran navaja corva de cabo
agudo y resortas, llena de labrados y adornos, medio asomando por un
bolsillo  por debajo de la banda, y el garrote en la mano, pendiente
del puo con una manija de seda  cuerda, y dando vueltas  veces en
molinete, cuando no sirviendo de puntal,--y tendreis la figura completa
del _majo_ sevillano.

En cuanto  la _manola_ (tipo que ya no se encuentra sino en Andaluca 
en las representaciones dramticas y los carnavales), lejos de ser
temible como el majo es sumamente simptica. Siempre melindrosa y
zalamera, cuando est de humor y libre de la coaccion del
majo;--_arisca_ (es la palabra) y hasta desdeosa, cuando el galan que
le habla no sabe hacerse aceptar y se muestra vanidoso,--la manola
revela instintos de independencia y de seduccion muy pronunciados. Su
andar es garboso, su mirada provocadora y algo burlona; se perece por
los bellos adornos y las telas de colores vivos; gstale mucho
pavonearse de bracero con un buen mozo, y cuida su peinado y su aderezo
con pasion. Al andar tiene cuidado en mostrar el enano pi calzado con
una elegante babucha, y descubrir algo la rica pantorrilla, capaz de
hacerle perder su gravedad  un ingls. Su traje es ampuloso, muy bien
ceido, muy alto y de telas en que se mezclan siempre los colores vivos,
sobre todo el rojo y amarillo; su tocado sencillo y elegante; y su pecho
turgente y de vigorosa palpitacion resalta con la negra paoleta de
terciopelo  raso,  la ligera mantilla que se enrolla en parte sobre el
redondo brazo.

El obrero sevillano, como he dicho, tiene muchas disposiciones
artsticas y es hbil en la fabricacion de una multitud de artefactos
curiosos. La sola inspeccion de las tiendas de Sevilla es bastante para
interesar al viajero. Ora llaman la atencion las preciosas joyas, los
encajes, los primorosos abanicos, las esculturas en yeso y madera, las
hermosas bandas, las caprichosas polainas, las mantas, capas y chaquetas
 chaquetones de uso popular, los jaeces raros, los pellones de
monturas, los bellos tapices y las alpargatas de todas formas; ora se
interesa uno en observar las armas de fabricacion indgena, desde la
navaja casi microscpica hasta el gran pual morisco, el sable de estilo
toledano y la fabulosa y temible navaja de tres cuartas de longitud que
asusta por mbas extremidades. Todo es all curioso, en trminos que se
siente la tentacion de comprar de todo para llevar un museo andaluz. En
cuanto  m, las impresiones fueron tan vivas que conservo mi museo en
la memoria. Sevilla me ha quedado tan vivamente grabada en la
imaginacion como si hubiera pasado all mucho tiempo.


       *       *       *       *       *

CAPITULO VII

       *       *       *       *       *

MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.


La Catedral.--El Alczar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La
Universidad.--La Casa de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria
sevillana.--Varias observaciones.

Imposible me sera hacer una descripcion hbil y detallada de las
preciosidades artsticas que tiene Sevilla. Una residencia de cinco dias
no era bastante para una observacion prolija, y aunque lo fuese, no me
es dado hablar con propiedad respecto de bellas artes. Indicar muy de
paso mis impresiones mas vivas.

Desde luego, la catedral es la gran maravilla de la metrpoli andaluza.
Es una enorme masa de piedra, de estilo gtico del siglo XV, en su casi
totalidad; pues la parte de atras es del Renacimiento, terminada mucho
mas tarde,--circunstancia que produce un contraste desagradable. El
templo carece de torres y su fachada principal est incompleta,
faltndole los principales bustos y adornos propios de su poca.
Concluido lentamente en un largo trascurso de tiempo, parece en su
exterior como un monumento dislocado, no obstante la majestad y el
atrevimiento de sus arcos y bastiones areos que parecen hacer una muda
invocacion al cielo. La grandeza de la catedral (la primera de Espaa
sin disputa, bajo ciertos aspectos) est en el interior. Es tal su
opulencia de mrmoles, que su solo pavimento de grandes baldosas blancas
y negras ha costado la fuerte suma de 125,000 duros. Mide una longitud
total (con su prolongacion de la capilla real) de 417 pis, 315 de
latitud y una elevacion que, empezando por 53 pis en las capillas se
eleva  104 en las naves laterales,  145 en la principal y  171 en la
cpula  cimborrio que la domina. Como se ve, las proporciones son
colosales.

Sus cinco vastsimas naves son de una majestad imponente, sobre todo la
central, cuyo admirable artesonado de piedra reposando sobre numerosas
columnas formidables y atrevidas es de una ligereza y audacia muy
notables. Sus noventa y tres vidrieras de las ventanas ogivales (obra
del siglo XVI) son bellsimas por su finura y colorido; y la sillera
del coro es una de las mas ricas y mejor trabajada que he visto en las
catedrales gticas. Los frescos de la cpula son muy bellos, como las
rejas monumentales de labor exquisita que encierran el coro. Puede
considerarse cuntos primores de arte contendr esa catedral, con solo
saber que en ella han trabajado sucesivamente ciento noventa y seis
artistas notables, algunos de ellos eminentes y de primer rden. Y con
todo, por una extraa negligencia, se ignora el nombre del arquitecto
que trazara el plan de tan grandioso monumento.

Si sus dos colosales rganos son soberbios en todos sentidos, y los
muros, las pequeas capillas y las bvedas tienen cien bellezas que
admirar, al penetrar  la capilla real y la sala capitular (haciendo una
transicion repentina de la sombra solemnidad de lo gtico  las
floridas creaciones del arte greco-romano) se encuentran primores de
escultura y pintura y relieves y trabajos delicados de arquitectura que
son de mucho mrito. All se revela en obras inmortales el genio de
Murillo, de Herrera y otros grandes maestros, al lado de muy superiores
escultores. En la capilla real veneran la efigie de Fernando el catlico
y se ven entre otros sepulcros notables los de Don Alonso el sabio y su
madre Doa Beatriz.

La sacrista contiene riquezas inmensas en joyas y vasos sagrados, y es
prodigiosa la pompa que el clero sevillano despliega en la Semana Santa
para el tocado y las vestiduras de la Virgen. Cuntas miserias no
seran aliviadas si la Iglesia catlica, renunciando  un lujo de
ostentacion que ofende la majestad inmaterial y suprema de la Divinidad,
y que desvirta la noble sencillez del cristianismo, renunciase  las
costumbres paganas y consagrase  la enseanza y la beneficencia los
inmensos tesoros improductivos que yacen en las sacristas!

       *       *       *       *       *

El _Alczar_ de Sevilla, de universal renombre, es sin disputa uno de
los mas bellos monumentos de la arquitectura arbiga; pero de ningun
modo puede ser comparado con la Alhambra. Verdad es que la eminente
situacion de esta es excepcional, mintras que el Alczar est como
escondido en el seno mismo de Sevilla,  unos 500 metros apnas de la
catedral. Comenzado por los Moros en 1111 y terminado en su parte baja 
primer cuerpo en 1181, fu la residencia de los reyes moros hasta la
reconquista de Sevilla en 1247. Tocle  Don Pedro el Cruel la
construccion del segundo piso, que complet el edificio. Un vasto patio,
rodeado de viejos muros, da acceso al Alczar, cuya primorosa fachada,
de una construccion sencilla pero cuajada de relieves  arabescos,
anuncia con esplendor las bellezas interiores.

Todo el edificio se reduce  dos series de vastos salones  aposentos,
generalmente cuadrados y superpuestos en dos pisos. La parte baja de los
muros y los pavimentos se compone de lindos azulejos  ladrillos finos
de loza, de colores vivsimos, con las mas graciosas figuras  dibujos.
La parte superior de cada muro, desde su altura mdia hasta los techos
artesonados, de yeso estucado  de madera, reproduce en lo general, con
increible profusion, los mismos adornos floridos  arabescos que hacen
el encanto de la Alhambra, repitindose siempre las formas de aquellas
exquisitas filigranas de yeso, pero sin perder por eso su gracia de
contornos, su finura de lneas sorprendente donde quiera, y su viveza
de colorido en combinaciones resplandecientes. Como Don Pedro el Cruel
emple artistas rabes en la terminacion del edificio, los trabajos de
arte son completamente homogneos. Los artesonados  techos,
principalmente los de cedro, son de un gusto de ejecucin delicadsimo.

El Alczar, lleno de luz por la naturaleza de su construccion, no tiene
en sus salones y aposentos ese aire de voluptuosidad y de misterio
sombro que domina en la Alhambra. En el Alczar todo es alegre y
resplandeciente, y desde las ventanas y los balcones volados de las
piezas interiores se goza de todo el espectculo encantador que ofrece
el inmenso jardin oriental que rodea al palacio. Qu de tradiciones
dramticas en aquel recinto donde reinaron razas y dinastas enemigas!
Si el salon de los _Embajadores_ arrebata por su magnificencia y su
cpula soberbia, hace evocar mil historias y leyendas con los retratos
al fresco de todos los reyes godos que se ostentan en la techumbre. Ya
se siente uno sobrecogido de horror al atravesar la sala donde fu
asesinado Don Fadrique por rden de su hermano Don Pedro; ya se destiene
 cavilar, visitando la alcoba donde dormia el rey cruel, sobre los
dramas de sangre, de zelos y desconfianzas terribles que fueron la
consecuencia de las sombras meditaciones de aquel hombre en sus
desvelos; ya en fin, al descender al patio de las _Muecas_ (donde
tenian las moras sus grandes baos) y penetraren los subterrneos donde
un tiempo se baaran voluptuosamente las princesas orientales y mas
tarde Doa Mara de Padilla, se estremece uno pensando en el doble uso
de aquellos subterrneos creados para el deleite y convertidos en
sepulcro. All, en uno de los calabozos hmedos, sin aire ni luz alguna,
sufri su prision y su martirio esa mujer de tan clebre memoria.

El jardin, que tiene como tres hectaras de superficie total, est
encerrado por un alto muro que por s solo es un monumento. Todo l est
lleno de arabescos, de columnitas preciosas, de frescos, inscripciones y
mil adornos muy bellos. Lo que mas admira es que esos primores de arte,
expuestos  la intemperie despues de tantos siglos (pues tal es la
construccin de los muros) se conservan perfectamente y subsisten como
modelos del arte arbigo. Sera imposible describir completamente ese
admirable jardin (tan especial en Europa) sin llenar muchas pginas cuyo
potico lenguaje parecera exagerado. Aparte del interes que tienen la
fachada interior del Alczar y los altos muros que encuadran el recinto,
el fondo mismo del jardin es encantador por su conjunto as como por sus
preciosos detalles. Al recorrer sus laberintos de arrayanes
simtricamente recortados, sus tupidos bosquecillos de naranjos y
granados, sus vastas aglomeraciones de arbustos y plantas en flor, tan
brillantes como artsticas en unos sitios, tan graciosamente desiguales
en otros, y al penetrar en todos los santuarios de verdura que pueblan
el recinto, se cree uno como trasportado  los edenes orientales.

All todo es voluptuoso, risueo, tentador. Ya se divierte uno en querer
hallar la pronta salida de los laberintos de arrayan,  en descifrar las
alegoras de todas formas trazadas en el suelo por medio de los mismos
arbustos de arrayan hbilmente dispuestos; ya se goza en admirar los
grupos floridos, los juegos de aguas ingeniossimos y sorprendentes, las
numerosas fuentes de formas arbigas y las escalinatas de mrmol donde
el sol andaluz brilla con todo su esplendor. Ora se pone uno  vagar,
soando y recordando mil historias, bajo la sombra espesa de los
bosquecillos de naranjos, limoneros y granados, donde se siente la
embriaguez deliciosa que producen el azahar y el jazmin, la albahaca y
las rosas en profusion. Ora en fin, al rumor de las fuentes y al canto
de los pajarillos habitadores del jardin, se reposa con deleite, sentado
en otomanas de mrmol, bajo las cpulas de lindos pabellones de estilos
diferentes, construidos en el centro de aquellos retretes de verdura que
parecen evocar las sombras de las sultanas y las tradiciones de la
civilizacion morisca. El Alczar es un delicioso monumento. Su tipo es
la frescura risuea. All falta la grandeza que caracteriz la Alhambra.
Por eso, al salir de la antigua mansion de Don Pedro el Cruel, se siente
pesado y desagradable el aire de la calle y se lleva una dulce
impresion, pero no se experimenta esa tristeza que acompaa al viajero
al alejarse de los sitios y los monumentos admirables de la vieja
fortaleza de Boabdil.

       *       *       *       *       *

La _Lonja_, situada al lado de la catedral, es un hermoso y elegante
monumento que hace honor  su artfice, el famoso Herrera. Es
completamente cuadrado, mide 37 metros por lado y su estilo es del
Renacimiento, pero de una sencillez deliciosa que en nada perjudica  su
majestad. El mrmol est all prodigado con suma opulencia, y la luz
entra por todas partes  torrentes. El Tribunal de comercio y la Bolsa
tienen su residencia en ese esplndido palacio de la especulacion. All
tuvo su asiento, como he dicho, la famosa _Casa de contratacion,_
institucion establecida por la Espaa en sus tiempos de obcecacion
poltica para explotar el comercio de sus colonias colombianas, mediante
el monopolio. Los inmensos archivos se conservan en hermosos armarios
con el mayor cuidado, en trminos que la historia comercial y econmica
de Hispano-Colombia, durante una larga poca, se encuentra all
esparcida en millones de documentos.

El edificio es de dos pisos, claustrado en ambos, pero sin balcones ni
galeras salientes. Todos sus pavimentos son de mrmol y todos los muros
y techos de piedra pura. Lo mas notable por su mrito de composicion
est en la escalera y los artesonados. La primera es por s sola un
esplndido monumento, por sus formas, la enormidad de sus mrmoles
(todos de Granada) tan ricos por su finura como por sus colores y
volumen y formando mosaicos primorosos. El techo se compone en los
cuatro lados de un encadenamiento de bvedas, con la particularidad de
que no hay entre mas de cuarenta artesonados (de pura piedra, slidos en
extremo y atrevidos y hermosamente ensamblados y labrados) dos que se
parezcan en sus relieves  formas parciales. La Lonja es, en su gnero;
quizas el mas hermoso monumento que tiene Espaa.

       *       *       *       *       *

Si el arte de edificar reune tan admirables muestras de todo gnero en
Sevilla, el arte divino que crea la luz y eterniza la verdad en la
tabla, el lienzo y el muro, no tiene mnos quizas de qu enorgullecerse
en la patria de Murillo y Herrera. El Museo de pinturas de Sevilla es
por s solo un tesoro inmenso, an  los ojos del que ha conocido los de
Madrid, Paris, Dresde, Ambres y otras ciudades europeas. Sinembargo, no
todo el Museo merece tal reputacion. Exceptuando unos seis cuadros de
primer rden en el gran salon (local oscuro y triste de una antigua
iglesia), puede decirse que el valor esencial est en el _salon de
Murillo,_ cuyo precio es incalculable.

El salon principal tiene buenas obras, sin duda; pero la gran masa no es
sobresaliente, porque Sevilla (que ha dado su nombre  una grande y
gloriosa escuela) ha sido sucesivamente saqueada en materia de pinturas,
ya por el mariscal frances Soult, en la poca de la guerra nacional, ya
por las autoridades que han querido organizar museos nacionales y
_particulares_  expensas de las provincias. Se siente uno pasmado de
admiracion  la vista de la sublime _Asuncion_ de Murillo, tan
profundamente celestial en sus formas y expresion; del famoso cuadro de
Zurbarn (que tiene su historia poltico-diplomtica) representando la
predicacion de _Santo Tomas de Aquino_; de una _Concepcin_ y una
_Visitacion_ de Valdez, que evoca con divina uncion todo el poema del
misterio bblico; de un _Cristo_, de Zurbarn tambien, asombroso de
dolor y agona suprema; de un _Jesus_ de Estban Mrquez (discpulo de
Murillo), que parece creado por la inspiracion y la mano del maestro; y
en fin, de los _Cinco Apstoles_ de Polanco, artista cuyas obras me han
parecido notables por la energa del pincel. Al contemplar todas esas
figuras, bajo las sombras del templo desierto, se comprende bien la
superioridad de los genios que, profundamente agitados por el
sentimiento de la piedad y la idea cristiana, han creado un arte nuevo,
dndole el sello de la majestad, la uncion y la santidad.

Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que
contiene nicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman
esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario  que se
conden el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de
Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber
comulgado, lo que prueba cun hondamente lo impresionaba el sentimiento
religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese
recogimiento supremo que les diera su carcter de beatitud casi
inimitable  todas las creaciones del gran artista sevillano. A este
propsito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que
se ve en el primor salon. Es un _San Hermenegildo_ admirable, hecho en
su calabozo por aquel pintor, condenado  perder la mano por haberle
dado un bofeton  cierto clrigo. Sin duda el artista comprenda muy
bien todo el valor de su mano _en capilla_, puesto que produjo una obra
sublime que le vali el perdon. Casi siempre las mas grandes
producciones del genio han nacido en momentos crticos y en las sombras
del recogimiento.

Casi sera intil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera
entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil
pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son  cual mejor.
Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de _San Francisco de
Asis_ es acaso el mas vigoroso como obra de pincel  labor. Como obra d
inspiracion, nada seduce tanto como la _Adoracion de Jesus_: la figura
de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial
insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los
pastores, que atisban al nio con curiosidad infantil, son inimitables.
Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el
mendigo del cuadro de _Santo Tomas de Villanueva_, un _San Flix de
Cantalicio_, una _Concepcion_ (el estudio predilecto de Murillo) y una
_Asuncion_, tipo que muy raros artistas han logrado imitar  revelar con
sus verdaderas condiciones.

       *       *       *       *       *

Que el lector me perdone si le invito an  visitar otro museo
interesantsimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciossimo
museo de mil formas que se llama Sevilla.--Hablo de la Iglesia de la
_Universidad_, que el extranjero visita con profundo placer. All hay
una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre
las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcal y su mujer,
fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos clebres en la
historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el
mrito de los mrmoles y el primor y la riqueza de los relieves, los
bustos  cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas
hay un _Cristo_ de Montaez, tan asombrosamente superior que por s solo
vale por un museo; as como un _San Ignacio de Loyola_ y un _San
Francisco de Borja_ (del mismo artista), que son estatuas admirables. El
_San Ignacio_ principalmente parece haber realizado el ideal supremo del
arte que puede animar el mrmol, la piedra  otra materia, y darles un
lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la
Compaa de Jesus parece surgir _a priori_ de esa frente marmrea y ese
ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.

En cuanto  pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales
contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano
y otros artistas que tuvieron justa celebridad en Espaa. Es bien digno
de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el
movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades
europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y 
la sombra del capuchon. Italia, Espaa y Francia,--los pueblos mas
guerreros y mas exaltados ntes en el sentimiento religioso,--han
revelado su historia en los lienzos con singular energa. Espaa es un
pas inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de
conquistadores y frailes.

Sinembargo, pocas ciudades tienen en la pennsula el privilegio que
posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cdiz, Brgos, etc., son esencialmente
espaolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al
arte  las dos ciudades andaluzas mas notables. Crdoba es casi toda
morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte
gtico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y
Granada tienen la singular ventaja de revelar simultneamente, por sus
obras artsticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun
opuestas civilizaciones. Pero todava Sevilla es en eso muy superior 
Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energa, todas
las tradiciones orientales, as como las pruebas del arte latino y del
gtico en obras superiores.

       *       *       *       *       *

Todava mencionar un monumento en extremo curioso, que es una de las
obras de estilo morisco mas interesantes en ese arte de la escultura
plstica y pintoresca que los Moros tenan tan avanzado en el siglo XIV.
Me refiero  la _Casa de Pilato_, edificio curiossimo que hoy pertenece
 los duques de Medinaceli. Se asegura que esa casa es una del
reproduccin de la que habitara en Jerusalen el famoso juez que dej 
los togados y polticos el modelo de la _habilidad_ que consiste en
_matar y lavarse las manos_, Cuentas que un caballero cruzado espaol,
al volver a Sevilla de la guerra santa, quiso perpetuar la memoria de
sus campaas en Palestina y para eso mand construir la _Casa-Pilato_
conforme al modelo trado. Sea cierta  no la tradicin, ello es que la
casa no revela en sus obras de arte sino el estilo arbigo florido (el
mas avanzado), que no poda haber sido conocido en los tiempos de
Cristo, y que apenas se iniciaba en los de las Cruzadas. Pero la
cuestin no nos importa a los curiosos, que debemos limitarnos 
observar y recoger impresiones.

La famosa casa del cruzado sevillano tiene dos patios, el primero comn
y sin obras de arte, y se compone de dos pisos, con galeras
superpuestas, en forma de claustros. El patio interior, perfectamente
cuadrado (forma general en la arquitectura oriental), est todo
pavimentado con bellas y grandes baldosas de mrmol negro y blanco, y
tiene en el centro una primorosa fuente que hace juego con cuatro
estatuas romanas colocadas en las esquinas. Las galeras estn
sostenidas por veinticuatro columnitas, tambin de mrmol, de mucha
gracia y ligereza, y en todo el derredor se ven en los muros los bustos
de los emperadores romanos muy bien trabajados. Si en los pavimentos de
las galeras y la parte inferior y central de las paredes brillan los
primorosos azulejos (que son los _mosaicos_ del arte oriental), en la
parte superior hay un gran lujo de arabescos  relieves, blancos y de
colores, que imitan  reproducen los primores plsticos y los bellos
estucos de la Alhambra y el Alczar,--siempre serviles, sin originalidad
 variacion notable, pero siempre graciosos. Por ltimo, al derredor del
patio, sobre las galerias bajas, se hallan cuatro salones cuyos
azulejos, arabescos y artesonados son de mucho gusto por la ejecucin
esmerada y el colorido. Lo dems de la _Casa de Pilato_, aunque mas 
mnos curioso, llama poco la atencion, siendo de notarse que la
distribucion del edificio es de extrema sencillez.

       *       *       *       *       *

Sevilla es una ciudad clebre por muchos motivos, entre otros por los
hombres eminentes  personajes histricos que ha producido. All
tuvieron su cuna los emperadores romanos Adriano y Teodosio, el ilustre
Las-Casas, los pintores Murillo, Herrera (el viejo) Roelas y Pacheco, el
famoso historiador Herrera, llamado el _divino_, y los poetas Rioja y
Juregui. De all parti Magallanes para hacer su primer viaje al
derredor del mundo, en 1519; y Sevilla le disputa  Granada la cuna de
Lope de Rueda, tan ilustre actor como escritor dramtico; especie de
Molire espaol.

Cada uno de los nueve arrabales de Sevilla es notable por algn
monumento  fbrica importante. Pero el de _Triana_ es de una
especialidad puramente social. Est ligado  la ciudad, como he dicho,
por un hermoso puente colgante, que interrumpe  sirve de lmite  la
navegacin del Guadalquivir martimo. Sus muelles hacen frente  los del
puerto principal de Sevilla, as como  las fortalezas que dominan el
ro y la estacin del ferrocarril que conduce  Crdoba. Si las primeras
calles de Triana que avecinan al puerto tienen la estructura general de
las de la ciudad, al avanzar hacia el interior de ese arrabal se
encuentra el aspecto complejo de la vieja Espaa y de las _poblaciones_
gitanas. Triana es la residencia de todos los gitanos de Sevilla, cuya
suerte se parece bastante  la de los judos en Roma, en Praga y otras
ciudades europeas. As como en estas hay un _Ghetto_  barrio donde los
israelitas viven  vegetan, confinados en unas partes (como en Praga) 
proscritos y cruelmente tratados (como en Roma), los gitanos tienen su
_Ghetto_ en cada ciudad de Espaa, sin habitar nunca los dems barrios.

Pero hay una diferencia muy sustancial. El judo es proscrito en Europa,
especialmente en Roma, por espritu de persecucin  intolerancia,  por
tradicin  costumbre; en tanto que el gitano no es en Espaa objeto de
persecucin. l se confina a un solo barrio, se proscribe  s mismo,
por espritu de raza (orgullo, resentimiento  inters en el
aislamiento); y por eso se ve  los gitanos formando una comunidad
aparte, lo mismo en Madrid (haca la puerta de Toledo), que en Granada
(en el Albaicin) y en Sevilla en el arrabal de Triana. Aqu se revela
quizs con mas energa uno de los rasgos distintivos del gitano. En
Granada es casi natural la arquitectura subterrnea de esa raza, porque
el terreno parece indicarla en el Albaicin. Pero en Sevilla no se
comprende en el primer momento por qu razn los gitanos siguen el mismo
sistema (aunque notablemente variado en la forma), no obstante que el
terreno de Triana es enteramente llano. El aspecto de las calles es
tristsimo. Raras son las casas que tienen un piso alto; casi todas son
muy bajas, con puertas y ventanas mezquinas, pequeos patios desiertos,
paredes y techos lamentables que revelan suma pobreza y abandono. Las
calles, malsimamente empedradas, estn desiertas por lo regular, y al
andar por ellas apenas se oye el ruido subterrneo de objetos metlicos
 del martillo del zapatero remendn,-- se ve muy rara vez alguna cara
femenina, en una ventana,  un pequeo grupo de muchachos sucios en un
zagun  un patio, tristes, pobremente vestidos y con fisonomas
repelentes y speras en lo general.

Es rarsima la casa de gitano que no tiene un piso subterrneo que se
registra desde la calle. La puerta da inmediatamente sobre una especie
de stano (que es el lugar de trabajo), sea por medio de un pequeo
zaguan inclinado, sea por medio de una gradera casi abrupta. Las
habitaciones que estn al nivel de la calle sirven para dormitorios y
dems usos; las profundas  cavadas en la tierra contienen los
obradores, talleres y fraguas. Evidentemente hay en los Gitanos una
tendencia  la vida subterrnea, que no se concilia en apariencia con
las costumbres nmades. Hasta en el modo de preparar los alimentos el
gitano se sirve de hoyos cavados en la tierra,--procedimiento ingenioso
que se presta al misterio y favorece el rpido cocimiento de las
sustancias animales y vegetales. Acaso haya algun principio etnolgico
que determine esas tendencias  lo subterrneo; pero la explicacin mas
sencilla me parece estar en la naturaleza de la industria y las
costumbres de los Gitanos. Raza de herreros y estaadores y de gentes
que no tienen una nocion regular de la idea de la propiedad,
tradicionalmente habituadas  los fraudes, los robos rateros, las
mistificaciones y los procederes hipcritas,--los Gitanos han
comprendido sin duda que sus habitaciones deban ser apropiadas  la
ocultacin y el disimulo. As, cuando llevan vida nmada, sus hogares
cambian de la noche  la maana, en cuanto al lugar, y son siempre
establecidos en los sitios mas solitarios; y cuando se ven forzados 
una residencia fija construyen sus habitaciones del modo menos
ostensible,  fin de burlar la vigilancia social.

Nos haban dicho que en el arrabal de Triana veramos cuadros curiosos y
animados de la poblacin gitana, que es bastante numerosa. Pero no
encontramos sino tristeza, soledad y silencio. Acaso escogimos mal la
hora  el da para satisfacer nuestra curiosidad. Lo que s pude obtener
con seguridad fue la conviccion de que en el pueblo espaol no hay odio
ni preocupacion ninguna respecto de los Gitanos (raza que me parece
mucho mnos incorregible de lo que generalmente se piensa); pero que no
se hacen los esfuerzos convenientes para producir una asimilacion 
fusin completa. Hay muchos gitanos catlicos en Espaa, y sinembargo se
les ve persistir en sus hbitos de aislamiento. Y lo mas curioso es que
los gitanos _catlicos_ (que lo son por el bautismo y sin conciencia
ninguna de las doctrinas cristianas y catlicas) se distinguen en Espaa
por la brutalidad de su fanatismo, en los momentos de exaltacion
religiosa. Eso prueba que el fanatismo es siempre compaero de la
ignorancia, y que toda la fuerza de los tartufos consiste donde quiera
en el dominio que ejercen sobre las masas brbaras que obedecen
maquinalmente al impulso que se les da. El mundo no se librar de los
conflictos religiosos sino el da que haya desaparecido de las
sociedades el elemento brbaro. Por eso se comprende el horror con que
los tartufos explotadores de la religin miran toda tendencia hacia la
instruccin y educacion de las masas. * * * * *

Sevilla no es solo un centro comercial y agrcola de primer rden en
Espaa: es tambien una ciudad fabricante en vasta escala, aunque poco
manufacturera. Las grandes fbricas, llamadas propiamente
_manufacturas_, que en otras ciudades europeas renen  centenares y aun
millares de obreros y dan al consumo enormes masas de productos, no
existen en Sevilla, donde la maquinaria (como en casi toda Espaa) est
muy atrasada todava. Lo que hay all es la pequea fabricacion y el
artefacto, cuyos productos son muy considerables por razon de la masa de
trabajadores y la multiplicacion de los talleres. All existe una
organizacion de trabajo en detall que produce resultados visibles. Como
el establecimiento de una pequea fbrica no exige un tren costoso, es
muy accesible  los hombres de la clase media y an  los obreros la
adquisicin de uno  mas telares, un taller  obrador, y por lo mismo se
hace mas fcil que en las ciudades manufactureras el paso de la
condicin de obrero  la de maestro, empresario  propietario. Con la
pequea fbrica  obrador las aglomeraciones de obreros son muy
reducidas, el artculo trabajado es frecuentemente mas correcto y
artstico, la moralidad gana, el artesano  obrero tiene interes en la
obra y trabaja en su propio hogar, y su bienestar es mayor y acaso menos
expuesto  las crisis comerciales que afectan  las manufacturas en
grande. Ademas, el obrero tiene mas independencia y dignidad trabajando
por su cuenta  en escala reducida.

Los economistas en lo general (acaso olvidndose bastante de los
intereses de la moral por atender de preferencia  los de la riqueza)
han llevado hasta la exageracion el entusiasmo por las manufacturas. La
economa de produccion, que disminuye el precio de los productos y en
definitiva favorece  los mismos obreros, les ha hecho desatender
ciertos intereses de la moral (pureza, dignidad  independencia del
obrero) que se ven seriamente comprometidos en las grandes fbricas. No
pretendo examinar aqu una cuestin econmico-moral tan importante; pero
s har notar la observacion hecha respecto de las poblaciones obreras
en Europa. En las ciudades principales de Espaa, as como en las de
Suiza, en Lyon y otras de Europa, cuyos mas valiosos productos son el
resultado de la fabricacion en detall, he notado mas independencia y
bienestar, mas dignidad y sentimiento de personalidad en el obrero, que
en las ciudades estrictamente manufactureras donde las grandes
aglomeraciones de mquinas (humanas y de fierro) tienden  sustituir la
fuerza colectiva en la produccin  la fuerza individual  limitada 
pequeos grupos de obreros. Acaso sean otras las causas predominantes;
pero el hecho es patente, y lo cierto es que en Espaa, donde la gran
fbrica es muy rara (exceptuando unas pocas ciudades catalanas), la
nocin de la personalidad es profunda y general en el pueblo.

Sevilla, como he dicho, es una ciudad artista y artstica por
excelencia, y sus industrias lo revelan enrgicamente. No hay una calle
donde no se vean numerosos talleres y obradores de escultura
(principalmente en yeso), de pintura, de joyera y platera, y de toda
clase de objetos curiosos. All se fabrican por valores muy
considerables armas, herramientas y todo lo que corresponde  la
quincallera, instrumentos de msica (especialmente las elegantes y
finas guitarras y bandolas), gran cantidad de telas y artefactos de seda
y lana, sombreros, etc., etc. La produccion de loza fina es
considerable, y se hace notar bastante la de pieles curtidas, que imitan
los bellos tafiletes y cueros marroques. Sevilla, como centro agrcola
de la baja Andalucia, hace fuertes exportaciones de aceite y vinos, y
centraliza grandes valores en granos y frutas de todas clases. Es
incalculable el desarrollo agrcola, industrial y comercial que puede
alcanzar Espaa, y particularmente las provincias andaluzas, el da que
en ese pas se renuncie al rgimen inepto del egosmo (que se traduce en
prohibiciones y monopolios), y se acepte el libre cambio con todas las
regiones del mundo.

       *       *       *       *       *

No contbamos con mucho tiempo para hacer un estudio detenido de
Sevilla. Pero las impresiones recogidas en pocos das bastaron para
hacernos simpatizar vivamente con la metrpoli andaluza, tan potica y
original, tan pintoresca en todo. Ella es interesante tambien como
centro de vida intelectual y de beneficencia. Posee una considerable
biblioteca, una sociedad econmica, un liceo, varios institutos notables
de enseanza y artes, una caja de ahorros en prosperidad, y como diez y
seis hospitales, hospicios  institutos de caridad y beneficencia. Por
dems es decir que las iglesias abundan, como abundaron fabulosamente
los conventos. Creo haber contado como ciento doce edificios religiosos,
entre iglesias, conventos, capillas y oratorios, lo que prueba que en
Sevilla no se han pasado jamas hambres en lo relativo al pasto
espiritual. Al contraro, en esa materia se ha pecado en Espaa por la
gula, resultando indigestiones seculares.

Sevilla tiene una circunferencia total (con los arrabales) de 25
kilmetros, y sus murallas, que todava resisten algo  la accin del
tiempo, cuentan mas de sesenta torreones y trece  catorce puertas mas
 mnos considerables. Se numeran hasta quinientas sesenta y cuatro
calles y sesenta plazas; los cuarteles abundan, por desgracia, pero
siquiera abundan tambien las fuentes pblicas y el agua no falta en
ningun punto. Aparte de muchos monumentos de interes mas  mnos
subalterno, de todos los estilos y usos, citar los dos teatros de la
ciudad y la esplndida plaza de toros. Los sevillanos se jactan con
razon de tener la mejor plaza de toros de Espaa, y la Vrgen mas
opulenta, en su catedral. Mejor les estara tener una Vrgen pobre y
carecer de toreros y de un circo que no puede tener mejor nombre que el
de _matadero esplndido_.

Contronme cosas fabulosas sobre el lujo de ostentacion que se despliega
en Sevilla en la Semana Santa, coincidiendo con la gran feria sevillana.
Entnces, mintras que la gente de _tono_ hace prodigios en las
procesiones para ponerse  la altura de la opulencia inaudita de la
Vrgen, los majos y las manolas ostentan en la feria todo el lujo de sus
vestidos pintorescos, sus armas, cabalgaduras y aperos de montar. Cada
clase hace las cosas  su modo; pero confieso que las vanidades de la
feria me parecen mas excusables que las de las procesiones. Cristo y la
Vrgen deben de incomodarse mucho en el cielo, al ver el modo como se
les adora _pblicamente_ en la tierra.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VII.

       *       *       *       *       *

EL GUADALQUIVIR.


El primer tren de Sevilla a Crdoba.--Un marques comunista.--La
provincia de Crdoba,--Aspecto de la capital;--su poblacion y su
estadstica.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.--De Crdoba a
Baylen;--Andujar.

Eran las siete de la maana cuando tombamos el tren del reciente
ferrocarril que pone en comunicacion a Crdoba con Sevilla. Por primera
vez se iba  ensayar el trayecto comprendido entre la pequea ciudad de
Lora, no muy lejana de Sevilla, y Crdoba. Asi, aunque el tren era
irreprochable en la primera seccion ya en servicio, se redujo, desde
Lora hasta Crdoba,  un wagon de tercera clase, en que los empleados de
la administracion de la empresa tuvieron la bondad de darnos cabida.
Como los rieles estaban recientemente asentados y exigian rectificacion,
nuestro gran wagon (que parecia una arca de No, llevando gentes de toda
clase en la mas democrtica confusion) saltaba y corcoveaba  cada
momento como diez potros indmitos juntos, cosa que nos divertia y
asustaba alternativamente.

La via corre al principio por una hermosa y vasta llanura,  la
izquierda del Guadalquivir, por entre numerosas casas campestres,
extensas plantaciones de hortalizas y cereales, olivares todava
recientes, prados y barbechos donde pacen los rebaos de ovejas, y
algunos preciosos bosquecillos de granados que tenian el aspecto mas
encantador por sus formas elegantes y sus rojas y lindas flores. Lora es
una pequea ciudad de 8,000 habitantes, situada  corta distancia de la
via frrea, y que va adquiriendo importancia  virtud del ferrocarril.
Mas adelante se atraviesa el Guadalquivir y la via lo costea
constantemente hasta muy cerca de Crdoba, de manera que se le tiene
siempre  la vista.

El rio, generalmente con orillas bajas, de cauce poco profundo, arenoso
y turbio, no tiene navegacion ni posee la hermosura que se le supone de
antemano. El terreno, generalmente llano en el valle y encuadrado entre
cordones de cerros bajos  altas colinas, se presta  los paisajes
risueos; pero la ausencia de rboles en las mrgenes de las praderas
(sino es en rarsimos puntos) hace desapacible  montona una comarca
que podra ser bellsima en su totalidad. Sinembargo, hay de trecho en
trecho paisajes primorosos, por el juego de las colinas con el valle,
las vueltas y revueltas del rio, algunas arboledas y varias formaciones
geolgicas muy interesantes (como la del cerro y castillo arruinado de
_Almodovar_) que corresponden  los contrafuertes de la _Sierra de
Crdoba_, que hace parte de la Sierra-Morena.

Desde Sevilla hasta el frente de _Palma_ el ferrocarril toca
sucesivamente en la ciudad de Carmona y tres pueblos pequeos, Lora,
Guadalabar y Peaflor, ofreciendo bellos puntos de vista y dejando
registrar un inmenso campo de olivares, viedos y cereales. Pero al
pasar por en frente de Palma el paisaje que se admira es hermossimo. Se
ven  lo lejos las altas colinas  cuyo pi demora Palma, en un
delicioso valle  orillas del Guadalquivir y del Jenil que se le reune
all. Tal parece como si el Jenil le trajese  esa poblacion las
seducciones y los encantos de la vegetacion de Granada. En efecto, Palma
es un inmenso huerto, escondida literalmente como est entre bosques de
naranjos, granados y limoneros, de cuyos frutos hace un comercio
considerable.

En un trayecto del Guadalquivir observamos una notable aglomeracion de
caaverales y arboledas que nos llam la atencion por su objeto.
Contronnos que un cierto marqus, propietario del terreno, hacia una
compleja y singular especulacion, mediante el auxilio de las bandas de
_estorninos_, pjaros sumamente abundantes en el pais. Parece que los
estorninos andaluces profesan opiniones comunistas en alto grado y las
practican con mucha sagacidad. Su _poltica_ industrial consiste en
devastar (reunidos por centenares de miles) los inmensos olivares del
valle del Guadalquivir y las montaas vecinas, robndose las olivas de
los rboles, que trasportan  lugares lejanos para establecer grandes
depsitos de prevision y vida comun. Pero el estornino gusta
particularmente de los sitios hmedos y sombros, como los caaverales y
bosques de las orillas del rio.

Esto ha dado al consabido marqus propietario la idea de su
especulacion. Ha establecido en la orilla del Guadalquivir algunos de
esos asilos de verdura, resultando que los estorninos han fundado all
su domicilio y sus almacenes de depsito. Pero como el seor marqus no
ha trabajado por la sola comodidad de los ladrones alados, sus agentes
espan los momentos en que aquellos estn ausentes en sus expediciones
filibusteras, y les roban las olivas depositadas, que le producen al
seor marqus un valor considerable en aceite. De ese modo el noble
sevillano fabrica aceite de todos los olivares de la comarca, sin tener
que cultivar ninguno. Probablemente el marqus considera que, siendo
cosa corriente aquello de que ladron que roba  ladron tiene cien dias
de perdon, no hay inconveniente en aplicar el principio  los pjaros
literalmente. Sin duda que el buen hidalgo no ha cado en cuenta de que
al procurarles asilo  los inocentes estorninos se hace instigador y
cmplice de los _olivicidios,_ en provecho personal exclusivo.

Pero hay algo mas curioso en el asunto. El seor marqus no se contenta
con servirse de los pjaros para producir aceite sin tener olivares,
sino que perpetra la ingratitud inaudita de vender  arrendar el derecho
de hacer en sus tierras la caza de esos mismos pjaros que trabajan por
cuenta de l, caza que le produce al seor marqus en ciertos meses del
ao una utilidad mas que regulareja. Estos hechos, que son autnticos,
me dieron mucho en qu pensar. El seor marqus y _sus_ estorninos me
parecieron representar el sistema econmico de casi todas las sociedades
humanas.

Donde quiera las masas ignorantes, obrando por instinto y necesidad de
conservacion, hacen el papel del estornino: trabajan sin descanso, y
despues de mil fatigas lguien (que les tiende una trampa) se aprovecha
de las olivas, con la diferencia de que el salario del obrero no es el
fruto de ninguna expoliacion; y despues de perder ese fruto, no falta
quien le haga la caza.

El seor marqus me ofrecia la imgen de los gobiernos que, despues de
explotar el trabajo de las masas, mediante los impuestos inicuos, los
monopolios, etc., hacen la caza  sus estorninos humanos para
convertirlos en soldados  presidiarios y mandarlos  morir. Cuntos
poderes hay en este mundo que viven del comunismo,  estilo del
honorable seor marqus de las _Olivas_ y conde de los _Estorninos_!

Hcia las cercanas de Crdoba las montaas de la Sierra toman un
aspecto interesante, tanto por sus formas como por sus curiosidades y
vegetacion. Los cerros empinados, de formacion grantica en lo general,
se suceden en varias proporciones; las altas colinas estn cubiertas de
olivares hasta la region de la Sierra poblada de encinas, y en las bajas
laderas y los vallecitos se extienden en abundancia los viedos. Al cabo
se ven las torres y la masa general de Crdoba de un estilo casi
completamente oriental; y en tanto que se distingue sobre una alta
montaa el famoso convento de _San Jernimo_ (fundado sobre las ruinas
de un alczar morisco) y algunas ermitas solitarias de capuchinos, se
empiezan  sentir los ricos perfumes de los huertos y jardines que
rodean  Crdoba, preparando el nimo del viajero  las impresiones que
produce esa capital de un famoso reino arbigo.

       *       *       *       *       *

La provincia de Crdoba, la dcima octava en el rden de la poblacion,
cuenta 361,536 habitantes, la mayor parte distribuidos en pequeas
poblaciones, como sucede generalmente en los paises frtiles y casi
exclusivamente agrcolas. Apnas cuenta esa provincia tres centros
sociales de alguna consideracion,  saber:

Crdoba, con 43,000 habitantes;

Montilla, con 14,654, clebre por haber sido la cuna del famoso capitan
Gonzalo de Crdoba, y por sus renombrados vinos cuya energa espirituosa
reanima la de otros vinos andaluces;

Aguilar-de-la-Frontera, de pintoresca situacion, con 11,836 habitantes.

Crdoba tiene una posicion abierta y desembarazada, con vastos
horizontes. Est situada  la mrgen derecha del Guadalquivir, en el
centro de una llanura, casi al pi de los montes Marianos,
contrafuertes de la Sierra-Morena, rodeada de bellos paisajes
melanclicos y batida por aires libres y saludables. La _Corduba_ de los
Romanos, fundada por ellos segun parece, no solo ha sido una de las mas
famosas sino tambien de las mas considerables ciudades de la vieja
Espaa. Fortificada por los Romanos, que la rodearon de murallas, los
Godos la conquistaron en 572, y  su turno los Moros, en 692, conducidos
por el famoso Abderraman, fundador del califato de Occidente. Los Moros
restablecieron las murallas y dotaron  Crdoba de todos los bellos
monumentos que embellecieron la residencia de la corte de los
Ben-Omeyas; pero la ciudad fu en gran parte destruida por las huestes
de Fernando III de Castilla, al rescatarla en 1236.

Hoy la antigua capital de ese reino morisco no es en su gran masa sino
un gran poblachon,--fea, triste, casi solitaria y en muy notable
decadencia respecto de su pasado. Sus murallas estn en ruina (de lo
cual no hay motivo para lamentarse) y en medio de los escombros crecen
los naranjos y granados como para mantener la potica tradicion del
mundo oriental que yace all convertido en osamenta y polvo. Sinembargo,
se conserva en todo el aspecto de la ciudad el aire arbigo, tanto por
la estructura de las calles y del conjunto de las casas, como por las
formas de los monumentos mas notables, la naturaleza de fabricacion y
cultivo, y sobre todo la fisonoma de la raza.

Crdoba es por excelencia una ciudad pretrita--un santuario de
recuerdos mltiples, pero orientales principalmente. Excepto la estacion
del ferrocarril, que hace pensar en lo porvenir, todo lo demas incita 
dejar vagar el espritu en la region de lo pasado. Si, subiendo  la
alta torre que domina el gran patio de la mezquita-catedral, se
contempla toda la ciudad y sus campos vecinos, el espectculo es bello
pero triste. Cada objeto es una evocacion. Las murallas, en mucha parte
romanas, hacen recordar que Crdoba fu la patria de los dos Snecas y
Lucano,--como lo fu muchos siglos despues de Gngora (que ha servido de
modelo  tantos _escribidores_, que no escritores), de Cspedes,
Zambrano y otros hombres notables. Si se observa la catedral, se
recuerda  su fundador Abderraman, lo mismo que al reparar en el famoso
puente del Guadalquivir, obra del siglo VIII. Y si se tiende la vista
sobre la multitud de iglesias y conventos que pueblan la ciudad, y sobre
las sombras arcadas de la Plaza-Mayor, se reconoce el genio espaol que
ha presidido  los destinos del pas desde los tiempos de la reconquista
en el siglo XIII. Donde quiera algo del sello de cuatro civilizaciones
sucesivas modificando mas  mnos profundamente la fisonoma social. Y
con todo, el tipo que predomina es el mas til, el mas social, el mas
industrial: el arbigo,--porque ninguna dominacion fu tan fecunda ni
comprendi tan bien las necesidades de la vida como la morisca. Hasta en
la vegetacion de Crdoba predomina ese tipo. Hay all algunas palmeras
antiqusimas que son verdaderos monumentos. Una de ellas pasa por haber
sido plantada por Almanzor. Los siglos han pasado por encima de sus
flotantes penachos, y estos al balancearse murmuran todava las leyendas
de la poca oriental.

Extraa ciudad para el que observa en su primer viaje las condiciones
de la arquitectura y la estrategia morisca! Crdoba es un vasto
laberinto de callejuelas estrechsimas, tortuosas, enredadas, tristes,
desiertas, empedradas con guijarros y orilladas por casas pintorescas
unas y cuajadas de balcones y celosas, otras desmanteladas  como
truncas; y un laberinto de plazuelas mezquinas  irregulares, de
iglesias y conventos, de murallones y patios de aspecto desolado,
rodeado de jardines y huertos, de escombros y cortijos. Un bello paseo
pblico, una plaza con pretensiones de elegancia, algunas casas de
estilo moderno y uno  dos peridicos,--he ah lo que en Crdoba da
alguna idea de la vida actual.

El tipo de la raza hace un vivo contraste con el de la ciudad. Donde
quiera, en la segunda, la soledad, el abandono (excepto en el paseo
pblico de extramuros); en tanto que en la raza se ven la vida, la
robustez, la hermosura, el desembarazo y la viveza de imaginacion. Es el
mismo tipo sevillano, aunque un poco mnos expansivo y jovial.
Fisonomas ardientes y poticas, pero con un no s qu de cadencioso en
el andar y en las formas y la expresion, de mas rabe, de mas soador
que en Sevilla, donde el movimiento comercial y social ha producido mas
sensibles modificaciones. Las mujeres son generalmente bellas, pero de
una hermosura algo severa, que seduce sin irritar, que atrae con
encanto. La curiosidad y la pereza son bastante generales. No es posible
dar un paso en la calle sin que las graciosas caras femeninas y las de
las viejas noveleras asomen en las ventanas, las celosas y rejas de
fierro, atisbando al forastero que pasa. En los meses de calor, despues
de la comida (que se hace generalmente  las dos de la tarde), cada hijo
de vecino duerme la siesta, y por cierto no corta. En eso concuerdan las
costumbres canonicales de la Espaa catlica con las dulzuras de la
pereza oriental.

A decir verdad Crdoba no es hoy interesante sino por su agricultura y
sus objetos de arte. La industria, que en otro tiempo fu tan
considerable, est hoy reducida  algunos tejidos de seda, hilo y lana,
muy subalternos pero de estilo bastante gracioso, varias pequeas
fbricas de papel, etc., bellos trabajos de joyera y platera y una
preparacion valiosa de aceitunas. La produccion de Crdoba es
considerable en frutos agrcolas, especialmente el aceite, los vinos y
trigos. La cantidad de aceite que centraliza Crdoba es verdaderamente
enorme, y tanto que su trasporte ha sido el objeto principal del
ferrocarril que conduce  Sevilla y Cdiz. De cualquier lado que se
tiende la vista se ven las montaas vecinas, las llanuras, las vegas y
colinas cubiertas de inmensos olivares, viedos y trigales, pero siempre
los primeros en mas vastas proporciones. Casi est por demas el hacer
mencion de las numerosas crias de caballos que le han dado tanta
reputacion  Crdoba. Los caballos cordobeses merecen sin duda esa fama,
en cuanto  su fuerza y valor, su brio y resistencia y la belleza
relativa de sus formas; pero en lo general carecen de suavidad de boca,
y ljos de ser delgados y de contornos ligeros tienen una redondez que
no me parece graciosa.

       *       *       *       *       *

Desde luego que, al hablar de los monumentos de Crdoba, su admirable
mezquita  catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede
decirse que es todo lo importante all. El gran puente de diez y seis
arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigedad y
su orgen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alczar est en
escombros, quedando apnas los hermosos y vastos jardines bastante
abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de
arte espaol que como monumentos moriscos.

La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un
grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular
sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del _Perdon_, cuajada
de arabescos y situada bajo la torre de construccion espaola, da
entrada  un esplndido patio claustrado, que pueblan centenares de
antiqusimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de
longitud y 65 de latitud, y en sus claustros  galeras abundan los
relieves y otras curiosidades artsticas. Del patio se penetra  la
Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es
profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa
mezquita bautizada  convertida en catedral catlica, monumento nico en
su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente
majestad sombra. Ni la Alhambra, ni el Alczar de Sevilla, ni la
Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en
Espaa con tanta energa esa tendencia  lo potico y maravilloso y  lo
grande en la sencillez de concepcion y formas, que distingui las obras
de los Moros en la pennsula.

El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual;
la mezquita propiamente dicha mide 620 pis de longitud y 440 de
latitud. Compnese de un conjunto admirable de naves con calles de
columnas cortadas en ngulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves
longitudinales y veinte y nueve trasversales, producindose un asombroso
laberinto de columnas que semejan los mstiles equidistantes de un
bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento  multiplicacion de naves
de igual latitud y formas absolutamente armnicas, resultaba un total de
850 columnas, en la poca en que el templo era una mezquita. De esas
columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y
son de ricos mrmoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy
inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de
Crdoba  de Granada. Imagnese el maravilloso efecto que producira
esa mezquita llena de moros  iluminada por 400 lmparas que tenia, sin
que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta 
oblicua!

La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de
su belleza al monumento, porque fu mutilado y adulterado en sus mas
grandiosas proporciones. Los altares catlicos y capillas construidos en
el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el
conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazndolas
con bastiones de malsimo gusto; y han deteriorado por precision los
admirables artesonados de la techumbre y los preciosos  innumerables
arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las
columnas. En su poca morisca, el templo tenia en cedro primorosamente
trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin
estucos siquiera.

En parte de compensacion, hay en las construcciones exticas (algunas de
ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de
escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene
hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro
y diez y nueve altares. Nada mas extrao que el contraste que hacen all
las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas
obras del estilo oriental,--no obstante la supresion de los pintorescos
azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las
construcciones moriscas.

En cuanto  los pormenores, los verdaderos primores del monumento estn
en tres capillas: la del _Koran_ (que era como el sagrario de los
Moros), la de los _Reyes_ (adyacente al coro) y la del _Cardenal_. La
primera es admirable por sus mosicos primorosos, y contiene entre mil
arabescos los smbolos sencillos de la religion mahometana. La de los
_Reyes_, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en
sus estucos, su techumbre de yeso y colores  estilo de la Alhambra, y
sus arabescos finsimos. La del _Cardenal_ es notable por los bellos
cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando
la conquista de Crdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos
hermosas Vrgenes debidas al pincel de Torrado.

La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una
floresta de columnas de mrmol cruzndose en un laberinto que da la idea
de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas
perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos,  cuya
sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella,
reducida  la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el
espliritualismo en la fe, la nocion del paraso, y el sentimiento del
amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una
arquitectura de la mas cndida simplicidad! Extrao fenmeno el de una
religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos
orientales  un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad
y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la
mujer! Pero extraa tambien la persecucion secular que le han declarado
 esa religion varias sectas que, llamndose cristianas, ni han sabido
ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras
apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la
mujer!

La mezquita-catedral nos impresion tan vivamente  mis compaeros de
viaje y  m, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de
visitar las dems curiosidades de Crdoba. Entre estas es notable la
admirable y monumental escalera de mrmol, con soberbias molduras, que
existe en la _Escuela-Pia_, casa que fu de los Jesuitas. Viajando en
Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido
colegios sus alojamientos han sido esplndidos; lo que prueba que su
decision por el lujo ha sido hbilmente secundada por una industria bien
productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices
especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del
hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_,
la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octgona, morisca, de _San
Nicolas._

Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Crdoba, el
de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: l no admite sino
convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio
de la division del trabajo est, pues, aplicado all  la beneficencia
con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor
 los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de
estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas
construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.

La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocrticas que
he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de
arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras d
pintura espaola y curiosidades de museo, y algunas del gnero
tradicional, peculiares  las dos familias. Es de notarse que el duque
de Almodobar (marqus de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil,
cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz.
Acaso no hay un pas donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo
general, como en Espaa. Los nobles hacen mucha ostentacin de sus
blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristcratas.

Despus de visitar lo mas curioso de Crdoba y asistir  las escenas
pblicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en
las condiciones del tipo social, debamos continuar la peregrinacion.
Mis dos amables y cumplidos amigos franceses deban volverse a Cdiz
para ir  visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver 
Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el pas vascongado. Nos dimos
cita para encontrarnos en Burgos  Bilbao,--cambiamos algunos abrazos
muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvi 
servirme de prisin desde Crdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350
kilmetros, despues de haber dado la vuelta  las Andalucas. Faltbame
conocer el trayecto de Crdoba  Baylen, punto donde se confunden las
dos grandes carreteras andaluzas ntes de penetrar en las encrucijadas
rocallosas de la Sierra-Morena.

La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir,
por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los
cereales, las vias y las hermosas moreras que dan alimento  los
gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un
grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se
desarrollan bellsimos paisajes, ora en las montaas escalonadas y los
cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y
quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la
venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnfico puente
de piedra y mrmol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho
mrito, debida si no me equivoco,  Crlos III.

Aunque todo el pas se ve completamente cultivado y bellsimo, y de
trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaos, nada llama
tanto la atencion en esa fertilsima comarca como los olivares,
verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera
cruza siempre por en medio de plantaciones de ese gnero que parecen
infinitas. Muchos son los propietarios que all poseen veinticinco,
cuarenta, cincuenta mil y an ochenta  cien mil olivos, lo que
representa valores muy fuertes, puesto que cada rbol que fructifica
vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la poca en
que la planta comienza a producir, se cultiva con vias  cereales el
terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable
el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatacin de ese
rbol (en los terrenos de una temperatura mdia de 28 grados
centgrados) que ofrecera excelentes resultados. El olivo es un rbol
muy resistente y que produce su fruto durante muchos aos. En Colombia,
donde la tierra es tan barata y exuberante, hay mnos inconveniente en
esperar durante algunos aos que la fructificacin comience, tanto mas
cuanto que el terreno podra ser aprovechado entre tanto con el cultivo
intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.

En el trnsito de Crdoba  Baylen se ven todas las montaas vecinas
(estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta
una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy
sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--montonos y
tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras
de Crdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mrmol y
granito. En el espacio de 100 kilmetros que media entre Crdoba y
Baylen no hay sino tres poblaciones  villas: primero _Pedro-Abad_, 
poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes,
agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas,
los bellos potros y los gusanos de seda;--despus _Villa-del-Rio_ (que
cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues
hace tejidos de paos burdos y mantas y sargas de uso popular, situado
graciosamente en las faldas de algunas colinas y  orillas del
Guadalquivir;--y por ltimo, _Andjar_ (que tiene el ttulo de
_ciudad_), poblacion muy risuea y activa, con mas de 14,000 vecinos, y
perteneciente  la provincia de Jaen.

Un antiqusimo y largo puente de mampostera, de quince arcos, muy
descuidado, da acceso  la ciudad de Andjar, situada  la mrgen
derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilsima
llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas
y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los
vecinos. Andjar no es solo un centro agrcola importante: es tambien
una ciudad industriosa, con numerosas fbricas de loza y muchos otros
artculos notables, as como telares de paos burdos, llamados
_estameas_ y _sayales_, que sirven para el vestido comn.

Al salir de Andjar la via se va alejando del Guadalquivir y
aproximndose mas  los bajos cordones de colinas y cerros que se
desprenden de los estribos de la serrana. Poco  poco el terreno se
hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para
cortar la Sierra-Morena. Las Andalucas terminaban para m, y al dejar
ese pas de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de
amor, de arte, de poesa y de costumbres tan especiales y encantadoras,
sent una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena
hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de Espaa.

Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la pennsula, dir
lo que pienso de las Andalucas en general. Por ahora sigamos nuestra
ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme,
penetremos en la Vieja Castilla.

       *       *       *       *       *

SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS

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CAPITULO I.

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EL ESCORIAL.


La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio._--El ciego
Cornelio.--San Lorenzo.--La _Casa del Prncipe_.--Algunas
reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas.

Despues de una segunda y muy corta residencia en Madrid, aprovechada en
observaciones importantes, debia volverme  Paris por la via de Burdeos,
recorriendo de paso lo mas importante del nor-oeste de Espaa. La va
directa hcia Valladolid era la mas natural; pero debia aprovecharla con
una ligera desviacion,  fin de visitar el _Escorial_, monumento que los
Espaoles han denominado la _octava maravilla_, titulo sobre cuya
justicia no quiero disputar con ellos.

La gran carretera que comunica  Madrid con las provincias situadas al
occidente-norte de la Sierra de Guadarrama, baja por el pi del
Palacio-Real, monumento que, si de cerca no me pareci de mucho gusto,
tiene de ljos una majestad incuestionable. Madrid quedaba atrs
asentada sobre sus colinas desnudas, y la diligencia rodaba por la
mrgen derecha del _Manzanares_, riachuelo que se ha hecho clebre en
1859 por un escandaloso proceso ministerial, que solo ha servido para
hacer comprender  los Espaoles que el cdigo penal no alcanza en su
pas hasta las regiones del poder, sea presente  pretrito.

A la izquierda bamos viendo (yo iba en compaa de tres jvenes
Peruanos que deseaban tambin visitar el Escorial)--bamos viendo, digo,
un inmenso parque perteneciente al marido de la reina, llamado el
_Pardo_, que hacia vivo contraste con la desolacion de los demas
terrenos que rodean  Madrid. Al mismo tiempo teniamos  la derecha (en
las mrgenes del Manzanares, sombreadas por largusimas hileras de
rboles corpulentos que terminan los jardines del palacio), un curioso
espectculo. Centenares de lavanderas,  acaso mas de mil, estaban
establecidas all, levando ropa en las orillas, entre hileras y
laberintos de estacas, perchas, _ranchos_ de forma primitiva y
construcciones de piedra y madera  estilo de embarcaderos  muelles,
destinadas  favorecer todos los trabajos de aquellas pobres gentes. Una
multitud de pequeos canales, semejantes  los de irrigacion, sirven
para distribuir y mantener  hacer salir las aguas en todos los
lavaderos que no estn situados sobre las orillas mismas del riachuelo.

La vista de aquella escena me interes, hacindome reconciliar un
_poquito_ con esa casa reinante que tiene monopolizados para el placer
los sitios mejores, y que se olvida casi totalmente del pueblo, en tanto
que aloja en un palacio sus mulas reales y sus caballos de sangre azul.
En efecto, las lavanderas de Madrid gozan de la proteccion especial de
la reina, y es ella quien ha costeado los rsticos aparatos  lavaderos
donde ganan la vida esas pobres mujeres, trabajando al sol y  la
intemperie. Aquello vale bien poco, pero al mnos es de aplaudirse la
intencion.

A medida que la diligencia va subiendo las faldas de la serrana, el
paisaje toma un aspecto mas y mas severo, melanclico y desolado. Donde
quiera lomas escarpadas, sin vegetacion ninguna, enormes peascos
graniticos, de tinta oscura, campos desiertos y sumamente
accidentados,--ausencia de poblacion, de cultivo y de vida. Todo aquel
pas tiene mucha semejanza en su aspecto general (aunque no en las
especies de sus malezas ni en su estructura geolgica) con las altas
regiones llamadas _pramos_, tan tristemente hermosas en las cordilleras
de los Andes. Apnas llamaban la atencion algunas canteras de piedra y
los trabajos de nivelacion que se hacian para el ferrocarril del
_Norte_, que debe ligar  Madrid con Bayona, pasando por el Escorial,
Valladolid, Brgos  Irun. Fuera de Madrid no se ve sino el desierto: un
mar de rocas,--la soledad y el abandono.

As, apnas merecen mencion los cuatro pueblos miserables que median
entre el del _Escorial-de-arriba_ y Madrid (_Aravaca, Rosas, Galapagar_
y _Escorial-de-abajo_) con una poblacion total de 1,500 habitantes. _El
Escorial-de-arriba,_ trmino de la via en diligencia, contiguo _al Real
sitio de San Lorenzo_, apnas cuenta 1,510 vecinos que, vegetando en la
mayor pobreza, solo pueden _rumiar_ lo que les dejan los viajeros y
curiosos que van  visitar la famosa obra de Felipe II. Si las cercanas
de aquel pueblo son bellsimas y el aspecto exterior de los edificios
(todos de muros de granito) ofrece una engaosa apariencia de bienestar,
la realidad es bien triste y el contraste irritante.

Aquellos 1,500 vecinos viven en la mayor pobreza, sin un rincon de
tierra que cultivar, sin hallar siquiera donde recoger alguna lea para
su hogar. Aires pursimos, inmensas canteras granticas sin valor y
aguas deliciosas y abundantes,--he ah todo lo que tienen  su
disposicin aquellos contempladores de la grandeza real. Pero como hasta
ahora no se ha demostrado la posibilidad de que ningun cuerpo viviente
se mantenga con aire, agua y rocas graniticas, resulta que los vecinos
de la Octava maravilla viven poco mas  mnos muertos de hambre, sin
que les valga la proteccin de San Lorenzo. Decididamente un _real
sitio_ es una mala vecindad en Espaa.

Lo que all se llama el Real sitio do San Lorenzo es en verdad un
paraso,--un osis encantador de verdura, corrientes bulliciosas,
lustrosos rebaos y primores, en medio de una vastsima soledad de
peascos y lomas estriles. Los parques y las dehesas del Escorial
tienen una frescura que arrebata al viajero, encantado con la
contemplacion del panorama que se desarrolla  sus pis, hcia Madrid,
por las faldas ondulosas  abruptas de la Sierra de Guadarrama. Todo lo
que puede ser cultivable  aprovechable de algun modo en aquellas
eminencias; pertenece  la casa real. Lo _demas_  los vecinos de los
dos Escoriales, tan bien librados los unos como los otros.

As como las fronteras nacionales tienen sus jefes de aduana sin cuyo
_pase_ no es posible entrar, el real sitio de San Lorenzo posee un
interesante personaje (nada antiptico por cierto) sin cuya compaa es
de todo punto intil, si no imposible, visitar los monumentos, los
jardines y demas bellezas del lugar. Ese personaje es un ciego, llamado
Cornelio, de reputacion mas que europea, anciano muy bondadoso y atento
y de una memoria prodigiosa apesar de sus setenta y seis aos. Cornelio
es el guia  _cicerone_ obligado de todo el que visita el palacio del
Escorial. El siglo XIX lo encontr ya privado de la vista, y durante
cincuenta  mas aos el pobre ciego ha recorrido por lo mnos quince mil
veces todos los claustros, salones, galeras, escaleras y patios del
inmenso edificio, y relatado dia por dia los mismos hechos y las mismas
cosas  centenas de miles de curiosos visitadores. l ha conversado con
los reyes y prncipes, los generales y diplomticos, los sabios y
eruditos, los artistas y estudiantes, los viajeros de todas clases y de
todos los paises civilizados. Cornelio ha servido de guia  Prescott y
Washington Irving,  Victor Hugo y Alejandro Dumas y  personajes
innumerables.

Aquel anciano singular es una enciclopedia en su gnero. Tiene tan
prodigiosamente desarrollada la memoria, como el tacto y el oido (
virtud del hbito y de la falta de la vista), que conoce muchas veces
las nacionalidades por el acento, an respecto de razas muy lejanas y
heterogneas,--porque recuerda cmo hablaban el Ruso tal y el Griego
cual, este Americano y aquel Escandinavo  Aleman, mucho tiempo ntes.
Inmediatamente que supo mi orgen, me pregunt por todos los Colombianos
que habian visitado el Escorial, y muy particularmente por el seor Jos
Ignacio Pars, el colonel Joaqun Acosta Y otros sujetos muy notables
que no existen.

Cornelio tom un baston y ech  andar con el mayor desembarazo en
direccion al palacio y convento del Escorial, situados en una eminencia
que domina todo el panorama. Crlos V leg  Felipe II el encargo de
consagrar la memoria de la batalla de San Quintn por medio de un
monumento que, bajo la advocacion de San Lorenzo, sirviese de mausoleo 
los restos del emperador-fraile que tanto conmoviera al mundo. Felipe II
encomend la obra  los famosos arquitectos Juan de Herrera y Juan
Bautista de Toledo, y,  fuer de rey _piadoso_, quiso que no solo se
construyese un palacio admirable, sino tambien un esplendido convento y
una iglesia maravillosa. Para hacer mas vivo el recuerdo de San Lorenzo
se di  esos monumentos la forma general de una parrilla, smbolo del
suplicio del Santo.

Supongo que el lector no se prometer la descripcion detallada de ese
colosal monumento, repleto de primores artsticos, tarea que exigira un
grueso volmen y slidos conocimientos de arte. No me es posible
detenerme sino en algunos de los rasgos mas salientes. Para que se tenga
una idea general baste saber que el edificio en masa, comenzado en 1563
y terminado en 1584, y que di ocupacion  los mas eminentes artistas de
la poca, es integramente de granito, constituyendo una mole inmensa y
formidable dividida en varios cuerpos. El palacio, que hace frente 
tres grandes edificios accesorios (construidos para el servicio de los
ministerios cuando la Corte residia all), se comunica con ellos por
medio de un estupendo subterrneo, que por s solo es una obra de gran
mrito.

El palacio propiamente dicho tiene: 16 patios, 9 torres, 76 fuentes, 80
escaleras y 10,032 puertas y ventanas, de las cuales 1,110 exteriores.
El patio principal est dominado por la gran fachada que mide 744 pis
de longitud, formndose all una gran plazuela cuadrilonga; mintras que
por la fachada del sur el otro patio mide 580 pis. Esa fachada (llamada
de _los Reyes_) es por s sola un monumento admirable. Aparte de sus
obras de arquitectura, llaman all la atencin las estatuas de San
Lorenzo y los reyes bblicos (David, Salomn, Isaas, Josafat, Ezequiel
y Manasas), cuyas cabezas y manos son de mrmol blanco de Carrara, los
cetros y coronas de bronce dorado y los cuerpos de granito. Cada una de
las siete estatuas, de un bello trabajo, tiene 8 pis de altura, y todas
ellas salieron de un solo trozo de granito, sobrando bastante material
an. Por eso el escultor (Bautista Mornedro) hizo escribir en la portada
estos _versos_ macarrnicos alusivos  la bienaventurada piedra:

Dichoso _canto_
 Que dsteis
 Para seis reyes y un santo,
 Y sobr para otro tanto.

El conjunto del edificio corresponde en lo general  los rdenes jnico
y drico, aunque en la fachada de los Reyes y el altar mayor de la
iglesia estn combinados los cuatro rdenes de la arquitectura del
Renacimiento. La iglesia es, en pequeo, una primorosa imitacion de San
Pedro de Roma, con un lujo de ornamentacion que sorprende y seduce, y
mil trabajos de escultura y pintura que arrebatan y embelesan
sucesivamente. Hay all frescos deliciosos que le dan al recinto un no
s qu de celestial y sublime, impresionando profundamente. Compnese la
iglesia de tres naves, en un conjunto de forma casi cuadrada,
dominndolo una soberbia cpula, y terminndolo un coro alto que s
prolonga en una galeria circular hasta rodear el altar mayor. El
cimborrio tiene la considerable altura total de 351 pis, rematando en
una cruz de bronce de 913 kilgramos de peso, que reposa en una enorme
bola de bronce dorado tambien, con 7 pis de dimetro y 1,662
kilgramos de peso. Todo en este monumento tiene las proporciones de lo
colosal y suntuoso. Ademas de los 42 bellos altares de la
circunferencia, cada uno de los cuales est cuajado de obras maestras de
arte, el altar mayor, todo de bronce dorado al fuego, es de una
magnificencia y finura prodigiosas.

La Biblioteca es una de las joyas mas valiosas del Escorial. Ademas de
sus interesantes colecciones de libros (que exceden de 40,000 volmenes)
contiene como 10,000 manuscritos, algunos de ellos preciossimos por su
especialidad  por sus obras de arte. Son muy notables: un _Koran_
tomado al sultan de Marruecos por D. Pedro de Lara;--un _Devocionario_
de Felipe II, en hojas de pergamino;--otro de Isabel la Catlica, en
papel vitela, y un _Cdice_ aleman (de Espira) que contiene los cuatro
Evangelios, todos admirables como obras de caligrafia y miniatura, en
que se revelan al mismo tiempo una increible paciencia y una maravillosa
habilidad y finura de pincel y pluma. Toda la techumbre de la Biblioteca
contiene bellos frescos, y de los muros penden algunos retratos
histricos muy estimables.

Si la techada principal, la iglesia y la Biblioteca tienen mil
preciosidades, la grande escalera del palacio es un famoso monumento,
notablemente por los gigantescos frescos histricos que representan la
batalla de San Quintin en Francia y los personajes mas importantes del
Escorial, como Crlos V, Felipe II, etc. Un asombroso laberinto de
escaleras, galeras y salones, en que sera fcil perderse, permite
llegar al fin  los departamentos reales  del _Palacio_ propiamente
dicho. All cada salon y cada aposento es un museo, donde se ha reunido
cuanto el arte puede haber producido de mas bello, delicado y primoroso
en Espaa, desde la poca en que el monumento fu construido, ya en
materia de pintura y escultura, ya en cuanto  tejidos artsticos
(tapicera), dorados, ebanistera, cerrajera, etc.

As, las piezas corresponden  cuatro clasificaciones generales: unas
que son galeras de pinturas; otras que ostentan principalmente sus
tapiceras superiores; otras notables solamente por sus frescos; y otras
en fin (especialmente los aposentos de la reina) donde se admiran mil
primores en madera, marfil, ncar y metal, en los muebles finsimos, las
puertas y ventanas, los pavimentos, etc. Es incalculable el valor de
tantas maravillas, cuya sola mencion exigira muchsimas pginas, sin
hacer resaltar por eso lo que hay de admirable en tantas obras de arte.
No se sabe qu apreciar mas entre tantos cuadros de Rafael, Parmesiano,
Reni, Murillo, Ribera, Cano, etc., tantas preciosas tapiceras flamencas
pintadas por David Teniers,  por Goya, nacionales; tantos tesoros de
ebanistera; tantas riquezas en frescos superiores y prodigios de todas
clases. La sala de las _Batallas_, cuyos enormes frescos (pintados por
Granelli y Fabricio) carecen absolutamente de perspectiva, son
sinembargo muy interesantes por su asombrosa variedad y riqueza de
detalles y figuras, que trazan la historia de las batallas de D. Juan II
de Castilla contra los Moros de Granada, y de Felipe II contra los
Franceses en la ciudad de San Quintin y otras de Francia.

Para que se tenga una idea de la inmensidad de riquezas consumidas en la
ornamentacion del Escorial, me bastar indicar un hecho. Las cuatro
pequeas piezas llamadas aposentos de la reina, repletas de
_filigranas_ de todo gnero, mesas de prfido, oro, ncar, carei, etc.,
y cuyos muros estn cubiertos de tela de razo bordado de oro, han
costado 28 millones de reales de vellon (1,400,000 pesos fuertes) en lo
relativo al ornato nomas. No sera exagerado calcular que todos los
objetos de arte (arquitectura, pintura, jardinera, etc., etc.) que
constituyen el material del real sitio de San Lorenzo, han hecho
consumir por lo mnos 250 millones de pesos fuertes. Los _reales sitios_
son las vorgines profundas del tesoro espaol.

Durante muchos aos el Escorial ha estado casi completamente desierto,
aunque no descuidado, en los meses en que la Corte no reside
all,--gracias  la supresion de los conventos. Pero recientemente la
piadossima reina (que desea con ardor tener contento  Dios) ha
restablecido el convento,  despecho de la ley, de un modo indirecto,
mediante una comunidad, muy curiosa y original, de clrigos seculares
sometidos  una regla que, segun las malas lenguas, tiene ntimo
parentesco con la de San Ignacio de Loyola. Esa comunidad disimulada diz
que tiene por objeto el cuidado de la biblioteca y de todos los primores
del edificio. Nada hay que extraar en la piadosa maniobra de la reina,
puesto que su primer ministro, el Mariscal O'Donnell, le ha dado el
ejemplo de un buen sistema, declarando  las Cmaras que su Ministerio
_no morira de empacho de legalidad_.

El panorama que se registra desde los balcones del palacio, mirando
hcia abajo, es bellsimo. La vista abarca todas las faldas de la
Sierra, cuyas crestas coronadas de nieve brillan magnficamente; reposa
con placer sobre los hermosos bosques y prados del inmenso parque, y se
deleita en la contemplacion de los lindos jardines y las esplndidas
alamedas que circuyen la _casa del Prncipe_, como de los suntuosos
patios y terrazas del pi del palacio, cuyas fuentes arrojan
graciosamente sus aguas saltadoras entre grupos de arrayanes
artsticamente cultivados. Aquel horizonte es de una poesa triste y
solemne en lo lejano,--deliciosa y risuea en los cuadros de verdura y
trabajos de arte mas inmediatos.

La segunda maravilla del Escorial es la _casa del Prncipe_, encantadora
quinta  palacio campestre  donde se baja por una grandiosa alameda,
entre parques suntuosos, sombros y ricos en flores y perfumes. Ese
edificio, cuyas formas son graciossimas, es un museo de incomparable
valor, desde la entrada hasta los mas recnditos aposentos. Es indecible
lo que hay all de tesoros en pinturas (de todas las escuelas del mundo
y con mucha abundancia de obras maestras), en esculturas de todos
estilos,--ya en mrmol, ya en marfil, pasta de arroz, carey, ncar,
etc.,--en tapiceras y trabajos de ebanistera, bordados, doradura, etc.
Un artista podra vivir aos en aquel santuario de primores, sin
cansarse nunca, sino al contrario deleitndose con la suprema embriaguez
de la admiracion. No hay un artista eminente de cuantos han brillado en
el mundo en los ltimos ocho siglos, que no tenga all su representante.
Asi, puede decirse que si el Escorial es admirable, sobre todo por su
grandeza, la Casa del Prncipe le sobrepuja en muchos de los mas
delicados objetos de arte.

La contemplacion de todas esas maravillas me sugiri algunas reflexiones
penosas respecto de Espaa y an de la civilizacion en general. La
pennsula espaola es, sin disputa, despues de la italiana, el pas mas
rico en monumentos y objetos preciosos de bellas artes, pero es tambien
uno de los mas profundamente atrasados (en Europa) en esa labor vigorosa
de la civilizacion que se refiere al desarrollo del bienestar social. Su
industria es  sus museos lo que su literatura cientfica  su amena
literatura. Pocos pueblos han hecho tan hermosos versos y con tanta
abundancia como el espaol; pero pocos estn tan atrasados como l en el
conocimiento de las ciencias fsicas y matemticas, morales y polticas.
As, donde quiera resalta en Espaa el vivo contraste de un inmenso
adelanto artstico, ya _pretrito_, y un lamentable atraso presente, en
la agricultura, las fbricas, el comercio, las ciencias, las artes mas
comunes, las comunicaciones, el gusto, las costumbres, etc.

Cambiar en breve esa situacion?

Todo lo hace esperar, puesto que los ferrocarriles y telgrafos, los
bancos y sociedades de crdito, y muchas otras nuevas empresas estn
produciendo excelentes resultados, en reducida escala, y van
trasformando la faz social del pais.

La Espaa comprender que los museos y todas las maravillas de arte no
pueden tener importancia sino como lujo  refinamiento de la
civilizacion, debindose pensar primero en los trabajos que aseguran la
prosperidad econmica, intelectual y poltica. Antes de fabricar los
adornos de la casa conviene hacer la casa misma, slida, barata y
cmoda.

       *       *       *       *       *

Un pobre vecino del Escorial se encarg de conducirme por una ruta
trasversal al pequeo pueblo de _Guadarrama_, miserable casero de 380
vecinos,  fin de tomar all la diligencia que gira de Madrid 
Valladolid. El buen hombre me atavi un troton mas duro que las piedras,
que carg conmigo con la mejor voluntad de que es capaz un rocin; y por
su parte se ech  andar  buen paso, caballero en una yegua de humor
apacible y dcil, encajado entre las maletas y el bal que componian mi
modesto equipaje.

El tal castellano-nuevo, sencillo, honradote, pero con ciertas puntas de
malicia epigramtica que distinguen mucho al espaol casi en todas las
provincias, me hizo no solo tolerables sino agradables las tres horas
del trayecto, siguiendo una hermosa pero intil carretera que costea las
eminencias y speras lomas de la falda oriental de la Sierra. Contme de
cabo  rabo todas las crnicas municipales de su vecindario, las
disputas permanentes del Ayuntamiento y los vecinos con los
administradores del real sitio, las miserias de los habitantes, su modo
de vivir y sus alegras en las pocas en que la Corte reside en San
Lorenzo. Esta cronista, hablando sin amargura y con honrada sencillez,
hacia, sin pensarlo, la acusacion de todo un pueblo contra sus
gobernantes. La voz de aquel rstico labriego, resonando en los peascos
escarpados, en la oscuridad y en el silencio de la noche, me
impresionaba profundamente, hacindome reflexionar en el inmenso y
secular drama de la civilizacion cuyas escenas, aunque infinitamente
variadas en la forma, presentan en definitiva el mismo espectculo de
lucha: pueblos vctimas, y soberanos victimarios de una manera 
otra....

Eran las diez y media de la noche cuando me apeaba pidiendo la
hospitalidad en una de las posadas principales del _puerto_ de
Guadarrama, punto donde se produce la mas profunda abra de la serrana
para dar paso entre las dos Castillas. Hube de pasar por la cocina para
poder penetrar hasta mi dormitorio. Molido por el troton y casi aterido
de frio, quise esperar el sueo en un rincon de la cocina, donde al
derredor de un gran fogon estaban agrupados cinco  seis castellanos
departiendo sobre las cosas del dia mas importantes para ellos. Caras
curtidas por el sol y el viento, severas pero simpticas, de ojos
inteligentes, expresivos y un poco burlones; un acento mesurado y
sonoro, y de correcta pronunciacion en lo general, y un aire de
benevolencia y honradez, distinguian  esos rsticos hijos de la Vieja
Castilla. Sus pantalones cortos, ligados  las polainas muy modestas, en
dos de ellos, haciendo juego con la chaqueta de pao burdo y el sombrero
de anchas alas, armonizaban con el vestido de los otros, casi totalmente
cubierto por el sayal  manta de lana parda  amarillenta.

Cuando me acerqu al grupo campechano se discutia sobre alimentacion, y
las opiniones eran unnimes en condenar las papas (que en Espaa llaman
_patatas_) como indignas de la especie humana. Efectivamente, en todo el
pas las papas son miradas generalmente con tal desprecio que tienen su
aplicacin preferente en la ceba de los cerdos.

El pan, las habas, las judas ( frisoles), el tocino y sobre todo los
garbanzos, constituyen la base general de la alimentacion popular. El
vino tiene un consumo relativamente muy reducido. Acaso el pueblo
espaol es el mas frugal de los de Europa, alimentndose principalmente
con legumbres y granos. De seguro que es el primero en sobriedad.

La conversacion rod luego sobre los ferrocarriles, y fu entnces
cuando me interes mas, probndome el buen sentido de aquellos
labriegos. Uno de ellos, que por mucha fortuna haba ido  la _Corte_
recientemente (la _Corte_ es el nombre enftico de Madrid), contaba que
se haba _embarcado en la mquina_, para ir hasta Valdemoro  una
diligencia.

--Vamos, y es cosa de quedarse uno _pasmao_, como cuentan? pregunt uno
de los departidores.

--Ca, hombre! si aquello es lo que hay que ver, respondi el viajero
feliz.--Qu correteo de mquina, por Cristo!

--Y asusta el embarcarse?

--Pues ya! Al comenzar la carrera da resoplidos y _jumea_ como un horno
encendido; pero luego es el gusto. No es mas que abrir y cerrar un ojo,
y hteme Ust al fin del viaje.--Eso es como cosa de encantamiento.

--Pues ni mas ni mnos. Barato y ligero, como quien vuela.

--Diantre! que no tengamos otro igual por estos cerros de Dios!

--Ya vendr, que lo estn haciendo de Madrid  Francia, y la mquina nos
pasar por entre las barbas, como, quien dice.

--Pues no les arriendo las ganancias  los posaderos y muleteros. El
mayoral de la otra casa s har sacristan si quiere yantar judas y buen
tocino.

--Quin dijo tal! Ust no entiende el cuento.

--Pero si todo pasar tan de ligero, quin se ha de apear en Guadarrama!

--Ca! que se est Ust diciendo! Pues no considera Ust que nos
llovern los franceses como granizo y pasar gente como pjaros? Y
luego, chele Ust trigo  la tierra y saldr la harina de Castilla
hasta por los ojos; que en habiendo caminos todo ser barato y bueno, y
andaremos mas  priesa.

--A lo mnos eso dicen los que lo entienden en la Corte, y as me lo
pienso yo tambien cuando recapacito en mi viaje de Madrid  Valdemoro,
que fu cosa de media hora.

--Y qu espera el Gobernador que no nos echa un camino de esos para
cada atajo?

--Pues si diz que no hay con qu.

--Ca! qu me cuenta Ust! Y las pesetas que nos tira el Estao? Y los
estancos y las loteras? La pecunia les sobra, y no les falta  los
mandones sino la buena volunta.

Por ese estilo continu la conversacion durante mas de una hora, y he
procurado trascribirla tan fielmente como la recuerdo, sin agregarle
nada (pero suprimiendo ciertas interjecciones), no porque el asunto sea
chistoso ni importante como una manifestacion de costumbres castellanas,
sino por su significacion. Aquellos labriegos ignorantes pero de muy
buen sentido, me daban en cierto modo la clave de la sociedad espaola.
Con muy clara inteligencia comprendan perfectamente el interes del
progreso en las comunicaciones, adivinando el fenmeno de la armona en
virtud del cual un adelanto engendra otros muchos. Al mismo tiempo
acusaban al Gobierno,  le atribuian instintivamente la responsabilidad
por la falta do esos ferrocarriles que admiraban sin conocerlos.

Yo reflexionaba al orlos en la falsedad del sofisma de la raza, que ha
hecho tan vulgar la opinion de que los Espaoles no progresan sino muy
lentamente  permanecen en mucho estacionarios, por una incapacidad
proveniente de su pereza genial. Y al mismo tiempo veia la consecuencia
lgica del espritu reglamentario, en esa disposicion que tienen los
pueblos  imputar la causa de su pobreza y todos sus males  los
gobernantes. El pueblo espaol no es perezoso por carcter. Es que las
instituciones de muchos siglos, privndolo de su personalidad, le han
hecho perder todo hbito y an todo instinto de iniciativa. Hoy es un
pueblo de fuerzas pasivas, latentes (pero muy elsticas en el fondo) que
necesita de impulso para todo progreso, pero que al recibirlo har
cuanto otros pueblos sean capaces de hacer. Mas esa impulsion no deber
salir del gobierno para ser fecunda, porque la reglamentacion la
neutralizara. Es la libertad en todos sentidos, y muy especialmente en
lo econmico y poltico, la fuerza que puede vivificar y engrandecer 
la sociedad espaola.

Cuntos hombres de Estado aceptaran resueltamente las doctrinas
liberales, si escuchasen las conversaciones de la muchedumbre ignorante
pero certera en sus instintos! Ella ve que el gobierno es todo, lo
abarca todo y lo hace todo  lo prohibe. Y la lgica mas elemental le
hace comprender al pueblo que lo que se deja de hacer,  est mal hecho,
en cualquier asunto de interes social, tiene que ser atribuido  la
incapacidad, la malevolencia, el egosmo  la avaricia del mismo
gobierno.

Confieso que los seis  siete labriegos castellanos me hicieron el
servicio, sin intencion, d ensearme algunas verdades  confirmarme en
ellas. El sueo me venci mintras pensaba en el inmenso porvenir que le
est reservado  la Espaa progresista y demcrata.


       *       *       *       *       *


CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

LA VIEJA CASTILLA.


Un cura en diligencia.--Las llanuras castellanas.--Un poco de
diplomacia.--La provincia de Valladolid.--La capital; sus monumentos,
curiosidades, costumbres  industrias.

Comenzaba  despuntar la aurora, extendiendo su vaga claridad sobre las
cimas escarpadas y cubiertas de manchas de nieve de la Sierra de
Guadarrama, cuando me llamaron  tomar asiento en la diligencia que
debia conducirme  Valladolid. Habame tocado el nmero 3 (nico que
estaba disponible) en el compartimiento que tiene el nombre
aristocrtico de _berlina_. Los asientos de los rincones (los mnos
incmodos en todo caso) tenian por poseedores actuales dos personas de
distinto sexo entre las cuales debia yo instalarme como mediador. La
femenina se hallaba en la diligencia cuando entr, y me contest con la
gracia circunspecta que distingue  las castellanas, el atento saludo
que le hice al instalarme  su lado.

Era por cierto una de esas mujeres que entre los Espaoles merecen el
calificativo muy honorfico de _guapas mozas_, aplicado frecuentemente 
la reina para expresar la idea del garbo y de la distincion en el porte.
Alta, elegante y bien formada, con una tez blanca y fina, ojos negros y
severos, cejas finamente arqueadas; mirada sincera y bondadosa, y una
expresion que reuna las seales de la reserva y la amabilidad sin
oposicion alguna. Parecia tener unos veinticuatro aos, y su vestido
indicaba comodidad  algo mas que mediana de recursos.

El compaero masculino me pareci ser un bulto que se hallaba envuelto
en una ancha capa  algunos pasos de la diligencia, pasendose con
abandono como si solo quisiese desentumir sus msculos un poco. El
mayoral anunci la partida, y el bulto se apresur  entrar  su rincn,
sentndose  mi derecha. Al verme, mi aspecto juvenil le caus tan
evidente desagrado, que no pudo reprimir un sordo gruido, por via de
contestacin  mi saludo. Era un nombre de regular estatura, de mirada
fria y austera, bien avanzado en edad y con la barba enteramente rapada.
Un instinto secreto, que no acierto  explicarme pero que no me engaa
nunca, me hizo sospechar que mi vecino tenia algun parentesco con la
Iglesia. Sent no s qu olor de sacrista, y me propuse saber si mi
impresin se confirmaba.

La diligencia rodaba  toda priesa, y como yo habia dormido, en vez de
sueo sentia un vivsimo placer al aspirar el aire de la maana, en
medio de las colinas que van descendiendo como estribos de la serrana
para disiparse al fin en las vastas llanuras de la Vieja Castilla. Pero
el vecino tenia un sueo mortal, por haber pasado la noche en
diligencia, y la vecina, que no parecia tenerlo igualmente, lo
aparentaba; de modo que guardbamos completo silencio, con indiferencia
recproca en apariencia.

El vecino acab por dormirse, pero algunos minutos despues la vecina
hizo algun ruido al estirar una pierna, y el buen hombre se despert
sobresaltado y nos lanz una mirada escrutadora en cuyo relmpago
alcanc  ver un pensamiento de desconfianza. Al mismo tiempo, su brusco
movimiento le hizo entreabrir la capa, y pude ver un cuello de raso
bordado, distintivo del sacerdote. Desde aquel momento comprend lo que
haba, tanto mas cuanto que, al mirar con impasibilidad  la silenciosa
vecina, not que bajaba los ojos con algun embarazo. Parece que mbos
adivinaron mi sospecha, porque inmediatamente el dormilon sobresaltado
dijo, como queriendo explicar la situacion:

--Sobrina, no tienes sueo?

--No, tio, respondi la vecina.

--Pues yo no puedo tenerme; pero esta diligencia que salta como una
cabra no me deja dormir.

--Y qu remedio, tio!

--Este caballero, aadi dirigindose  m, debe de estar muy
incmodo....

--Oh, no Seor. He pasado la noche en una posada y no necesito ya
dormir.

--Verdad; pero ya ve Ust, ese asiento del medio es tan desagradable....

--Bah! le repuse, no es cosa de impacientarse. Y al cabo, un solo dia
de camino se pasa de cualquier modo.

--Hola! va U. de largo? me dijo con interes disimulado.

--Hasta Valladolid.

--Pues nosotros tambien.

--Mucho lo celebro.

--Gracias, Seor, respondieron  una.

--Y...la seorita sobrina de U. no se fatiga mucho en diligencia?

--Algo, es verdad; pero el viaje distrae siempre, y la paciencia hace lo
demas, dijo la hermosa castellana.

Despues de ese corto dilogo insignificante, parecime estar autorizado
para seguir la conversacion.

Era preciso matar el tiempo, y ademas el carcter evidentemente zeloso
de mi vecino me tentaba mucho  divertirme un poco y observar el corazon
humano en diligencia, Poco  poco fu llevando la conversacion hcia la
discusion de los diversos tipos de mujeres en Espaa, y cuando el buen
tio parecia estar en ascuas  causa de mis elogios entusiastas en favor
de las castellanas, me puse  tocarle su cuerda con preguntas sobre la
situacion del clero en Espaa.

En breve comenzaron las lamentaciones acerca de los progresos de la
irreligion, fruto de los libros franceses; de la pobreza en que vivia el
clero en Espaa, especialmente el subalterno; del abandono en que se
hallaban en casi todas las ciudades las iglesias, muchas arruinadas, y
de todo lo que suministra materia  las conversaciones de un cura en
todo pas _romano_. Ello es que  poco rato, apesar de su tonta
desconfianza, el tio comenz  humanizarse y an mostrarme alguna
consideracin, quizas en atencion al interes que yo le manifestaba por
la independencia y el bienestar del bajo clero y por la prosperidad
general de Espaa. La sobrina, por su parte, parecia estar contenta de
mis opiniones y gustos en cuanto  las espaolas, y al fin quedamos muy
_amigotes_, aunque de cuando en cuando sentia yo que por encima de mi
nuca le echaba el tio  la sobrina las miradas mas paternales, pero
siempre escrutadoras en el fondo.

La diligencia hubo de hacer un alto para remudar el tiro, y yo me
apresur  bajar para dejar algun respiro al atribulado prroco, que
parecia mirar como una calamidad mi interposicion forzada en la berlina.
Cuando volv  subir, el amable tio habia tenido la fineza de ocupar el
asiento del medio y cederme su rincon. Como no se movi de mi puesto, le
hice notar que all quedaria con mas incomodidad, pero se apresur 
responderme:

--Oh, no; entre buenos compaeros se debe alternar. Por otra parte, U.
como extraajero tendr mas gusto en hallarse junto  la portezuela para
observar mejor los campos.

No me hice rogar, tanto mas cuanto que asi el buen tio podia viajar con
mas tranquilidad. Los tontos zelos de mi vecino me procuraban una
ventaja de posicion con que no habia contado. Desde entonces, aunque de
rato en rato se renovaba la conversacin, pude entregarme  la
contemplacion de las llanuras solitarias de Castilla, de una completa
analoga con las de la Mancha y dems provincias de la Castilla oriental
 _nueva_.

Nada mas rico por su naturaleza ni mas triste y montono que aquella
comarca, donde la antigua inmobilidad espaola se muestra con todos sus
rasgos caractersticos. La provincia de Madrid habia terminado en las
alturas de la Sierra, donde un leon de piedra demarca el lmite de las
dos Castillas. Desde all la carretera comienza  cortar la provincia de
Segovia, una de las mas atrasadas de Espaa por la insuficiencia de sus
vias de comunicacion. El terreno va descendiendo en escalones de colinas
rocallosas y planos inclinados, cuyo aspecto es triste y desapacible.
Despus de algunas _ventas_  elementos de microscpicos centros de
poblacion, dejando  un lado la pequea villa de las _Navas de
San-Antonio_, el horizonte se abre y las llanuras aparecen  la vista en
casi toda su extensin. Por ltimo, la va toca en el pueblo de
_Villacastin_ (de 1,500 almas) y en el de _Labajos_ (de 900 habitantes);
penetra en _San Chidrian_ al territorio de la provincia de Avila,
separndose cerca de all de la carretera que conduce  las Asturias, y
al pasar por la villa de _Martin-Muoz_ (que cuenta 1,000 habitantes)
cortando de nuevo una punta de la provincia de Segovia, el viajero se
encuentra en plena llanura, rodeado de un vastsimo horizonte.

Las poblaciones que atraviesa la va estn en completa armona con las
llanuras. En todas ellas se ven las casas viejas de aspecto miserable y
aflictivo; las calles sin pavimento alguno,  atrozmente empedradas,
llenas de fango y mugre; los enjambres de mendigos asaltando  los
viajeros si la diligencia se detiene un momento siquiera. Vestidos que
acongojan, capas patibularias, figuras extraas y repelentes por su
conjunto; y todo eso cosa singular! contrastando con el tipo de una
raza distinguida, inteligente, honrada y de ndole dulce, en cuyo seno
abundan las bellas fisonomas y las organizaciones robustas. El hbito
de la mendicidad, del abandono, de la imprevision y la mugre se revela
all en todas las formas exteriores de una sociedad que tiene superiores
cualidades latentes, que para desarrollarse no aguardan sino el impulso
del comercio y de la libertad.

Una vez que se desciende completamente  la llanura, el terreno, sin
ninguna de esas inflexiones que lo hacen pintoresco, no es mas que una
pampa de cereales casi totalmente desierta. Si de trecho en trecho se
ven algunos pequeos viedos,  rebaos de ovejas casi insignificantes,
apnas sirven para hacer resaltar mas, como excepciones, la montona
uniformidad de las inmensas plantaciones de trigo, cebada, judias, habas
y garbanzos que cubren el terreno. Si  muy largas distancias se ven
algunos centros de poblacion, lo demas est desierto, como en la Mancha,
sin un rbol, una casa  un modesto cortijo. Si  la izquierda se ven 
considerable distancia, del lado de Salamanca, los contrafuertes
avanzados de la Sierra de Guadarrama que se dirige hcia Portugal, y 
la derecha (norte) se alcanzan  divisar las plidas eminencias de la
sierra que separa  Castilla de la hoya del Ebro: al occidente, en la
direccion de Valladolid y Zamora, el horizonte no tiene casi lmites. La
mirada se pierde en la contemplacion de un inmenso desierto de gramneas
cultivadas por la naturaleza sola, opulento de verdura y de grmenes de
progreso, pero triste, sin un ruido, sin animacion, sin movimiento
social alguno. Los castellanos son un pueblo ahogado entre ondas
interminables de cereales. All la naturaleza vive sin sonreir, y el
hombre vegeta durmiendo  bostezando.

La riqueza de ese pais, esencialmente agrcola, es inapreciable. Solo le
faltan los medios y la libertad para dar salida  sus productos y
regenerarse por el cambio. El dia que los obtenga, la Vieja Castilla
podr ser un emporio. Si el canal de _Castilla,_ las nuevas carreteras y
los ferrocarriles que estn en construccion  en via de ejecucion,
crearn el primer elemento de prosperidad, solo una legislacion liberal,
que rompa las ligaduras del comercio interior y exterior, completar la
regeneracion econmica y moral de los castellanos.

Uno de los rasgos mas caractersticos de esa poblacion (para la cual la
vida no es mas que un hbito) es la impasibilidad, que raya  veces en
un estoicismo brbaro. Durante casi todo el dia el viento y la lluvia
batian la desolada llanura; y sin embargo, donde quiera que alcanc 
ver un rebao me llamaron la atencion dos sres en infalible asociacion
en el centro de cada uno: el pastor y el perro guardian. Cada perro
dormia cerca de su dueo con la misma filosofa de este, que se
destacaba immbil, sin hacer caso de la lluvia y el viento. Un pauelo
apnas le cubra la cabeza, mintras que todo el cuerpo se escondia bajo
el embozo de una capa vieja de pao burdo amarillento (especie de
estamea); y si alguna vez sala de su inmobilidad era solo para sealar
con la mano al impasible perro alguna oveja que se alejaba demasiado del
grupo. El obediente bruto llenaba su deber con lentitud, y el hombre
seguia fijo como una estaca, centinela mudo de un campo desierto y de un
rebao de excelente ndole. La misma _escena_ se me ofreci diez  doce
veces.

A 143 kilmetros de Madrid, en el fondo de la extensa llanura, se
encuentra la pobre y vieja villa de _Olmedo_, primera poblacion de la
provincia de Valladolid en la va que yo llevaba. Olmedo, clebre por
dos batallas en las viejas guerras civiles de Espaa, cuenta apnas unos
13,000 habitantes. Un tiempo ciudad fortificada y de alguna importancia,
hoy no llama la atencin del viajero sino por sus ruinas, sus murallas
desmanteladas, su soledad y tristeza,  pesar de su mediano comercio de
maderas.

Los paraderos donde la diligencia se habia detenido sucesivamente eran
tan detestables que yo no habia podido tomar alimento ninguno de
provecho. Los garbanzos cocidos, las habas guisadas, el tocino y los
chorizos me perseguian sin misericordia; y aunque algunos vasos de vino
de Aranda y de Toro me habian confortado un poco, tenia la pena de no
poder entretener el apetito con el cigarro por consideracion  la
sobrina del buen cura. Ello es que yo tenia una hambre de primer rden,
que se avivaba con cierto olorcillo  buen queso y exquisita conserva de
melocoton que se escapaba de la maleta del cura. l y su sobrina
aprovechaban para refocilarse los momentos en que yo bajaba de la
diligencia en busca de alguna cosa tolerable.

La situacion me hizo comprender que era preciso apelar  la diplomacia.
Restablec la conversacin sobre el clero y logr interesar al digno
cura castellano. Por fin le hice saber que en Nueva Granada habia
corrido yo graves peligros como periodista,  causa de la energa con
que, discutiendo la cuestin del clero, habia defendido los verdaderos
intereses de la religion,  de la pureza del cristianismo y la
independencia del sacerdocio. Yo decia enteramente la verdad, pero me
guard bien de decirle  mi compaero que mis enemigos habian sido
precisamente los malos clrigos y los fanticos, ni de entrar en
pormenores sobre el modo como yo entenda _los verdaderos intereses_ del
clero catlico y de la religion. Ello es que el tio se enterneci, y
luego luego me invit  participar de sus sabrosas provisiones, que me
probaron el buen gusto gastronmico de mis compaeros. Si los zelos
vulgares me habian procurado un buen asiento, el espritu de corporacin
del cura viajero socorri muy oportunamente mi situacin estomacal. Debo
decir, para descargo de mi conciencia, que desde aquel momento la
gratitud me hizo olvidar toda cavilacin maliciosa acerca del parentesco
de mis compaeros de viaje.

Desde Olmedo hasta Valladolid (en un trayecto de 43 kilmetros) la
carretera, enteramente nueva, gira por una comarca tan solitaria que no
se toca sino en cuatro pueblecitos enteramente insignificantes, uno de
ellos situado  la orilla izquierda del Duero, rio angosto y profundo
pero muy subalterno hasta el punto donde,  pocas leguas de distancia,
se le reune el Pisuerga. La noche estaba ya bien avanzada cuando
pasbamos por enfrente de _Simancas_, tan famosa por su archivo
histrico riqusimo en preciosos documentos. A las once llegbamos 
Valladolid, y el buen cura y su sobrina se despidieron con la mayor
amabilidad, dejndome un grato recuerdo de las ventajas de viajar en
diligencia con los curas que tienen sobrinas.

Como se ve, en todo un trayecto de 189 kilmetros, entre Madrid y
Valladolid, la carretera gira por una lnea de pueblos muy aislados que
apnas reunen un total de 19,500 habitantes  lo sumo, no obstante que
la via es una de las mas importantes. Ese solo hecho da la medida de la
escasez de poblacion en Espaa y de su viciosa distribucion,
principalmente en las Castillas.

La provincia de Valladolid, de territorio casi totalmente llano y
situada entre las de Segovia, Avila, Salamanca, Zamora, Leon, Palencia y
Brgos, es la trigsima cuarta de Espaa en el rden de poblacion,
contando apnas 244,000 habitantes, Aparte de Valladolid, que tiene
41,869, no hay mas localidades de alguna importancia en la provincia que
_Olmedo_, _Medina-de-Rio-seco_ (con 4,500 habitantes), _Benavente_ (que
cuenta 4,550) y _Medina-del-Campo_, con 4,238. El resto de la poblacion
est diseminado en muchos pueblos de 300  2,000 vecinos, pero los
campos estn donde quiera casi completamente desiertos, sea por causa de
los hbitos sedentarios de todos los castellanos, sea porque la
naturaleza de su agricultura (cereales y vias principalmente) no exige
la misma asiduidad en la consagracion al cultivo, que imponen otras
producciones, sea en fin por la falta de buenos caminos vecinales que
mantengan comunicaciones frecuentes entre los distritos.

La ciudad de Valladolid, tan clebre por su universidad, est situada 
la mrgen izquierda del rio _Pisuerga_,  poca distancia de algunos
grupos de colinas bajas y redondas que interrumpen graciosamente la
llanura para determinar en cierto modo el valle de aquel rio. Este, que
tiene sus fuentes en la sierra de Reinosa, el _Bornesga_ que nace en las
montaas de Leon, y el _Tormes_, procedente de la sierra que domina 
Salamanca, son los principales afluentes del Duero, centro hidrogrfico
de la vastsima hoya de la Vieja Castilla y el antiguo reino de Leon,
comprendida entre los Pirineos (prolongados hasta las Asturias y
Galicia), la Sierra de Guadarrama y la que liga esas dos cadenas
separando las hoyas del Ebro y el Duero.

Valladolid es quizas la ciudad espaola que hace resaltar mejor el
contraste de la vieja y la moderna Espaa. En el centro est la
Valladolid de las tradiciones, de la inmobilidad, del egoismo, del
aislamiento,--la Valladolid gtica, sombra, de un carcter severo,
triste, feudal y frailesco. En los arrabales ha ido surgiendo la
Valladolid moderna, con tendencias visibles  la comodidad, la
elegancia, el movimiento, la luz, la actividad econmica, el aseo y el
buen gusto.

En la primera parte se ven: casas de menguado y repelente aspecto,
calles sucias, tortuosas y estrechas, callejones sin salida, plazas de
arcadas sombras y arquitectura pesada y emprica, torreones gticos y
monumentales, numerosas iglesias medio arruinadas pero venerables por
sus bellas fachadas cuajadas de trabajos artsticos; mintras que el
aspecto de las gentes y el movimiento mesurado de todos los objetos en
las calles y plazas revela la tenacidad de los hbitos, el abandono y la
fria austeridad de las costumbres. Donde quiera vestidos sombros y
uniformes, bandas de mendigos, mugre, viejos asnos errando por las
calles entre la basura, muchachos vagamundos, gentes detenindose 
asomndose  mirar al forastero como un animal curioso,--en una
palabra, la vida casi primitiva  tradicional de la Espaa castellana,
con casi todos los caractres que Lesage hizo resaltar magistralmente en
su _Gil Blas de Santillana_.

Al contrario, en los arrabales  la parte moderna de Valladolid se ven:
hermosos paseos, esplndidas arboledas  la mrgen del Pisuerga, los
trabajos preparatorios de la estacion del ferrocarril que se adelanta,
la animacion y el movimiento de carros en las cercanas de la cabeza del
canal de _Castilla_, anchas y bien alineadas calles, casas hermosas y
elegantes, nuevas construcciones que indican un rpido acrecentamiento
de la ciudad, y todas las seales de una prxima regeneracion social.

Aquellas hermosas arboledas de la playa del Pisuerga, que me parecieron
un prodigioso esfuerzo progresista en Valladolid, contribuyeron 
probarme la tenacidad de los viciosos hbitos espaoles. Es inexplicable
el odio que los castellanos profesan  la naturaleza en sus mas
simpticas y atractivas manifestaciones. Todo lo que en ella es risueo,
alegre y delicioso, desagrada  la mayor parte de las poblaciones
espaolas que no recibieron fuertemente la infusion del elemento
arbigo. Los rboles, el agua, las brisas, el cielo, la frescura y la
libertad de las campias repugnan  esa raza sedentaria, cuyos hbitos
la han mantenido fiel  las sacristas, el silencio, la inmobilidad, el
desaseo, los rincones, las sombras, los portales, el horror  la luz y
 la vida en todo. As es que la mayor parte de los vecinos de
Valladolid detestan las deliciosas alamedas con que la autoridad pblica
los ha obsequiado, y en vez de ir  buscar all el sol, el aire puro,
los perfumes y las alegras de la vegetacion, y los rumores de las
aguas, prefieren aglomerarse bajo los sombros portales del centro, 
errar perezosamente en las calles infectas y tristsimas donde se
pudrieron sus antepasados en el mismo abandono.

Valladolid, la _Pintia_ de los Romanos, trae su nombre, segun se dice,
de su fundador, un moro llamado Olid _(Valle de Olid)_, y ha sido la
patria de muchos personajes ilustres de Espaa. Entre los contemporneos
debo citar al clebre poeta Zorrilla, que ha tenido tanta popularidad
entre los amigos del romanticismo de formas y lenguaje. Es bien sabido
que en esa ciudad sucumbi en la miseria y perseguido, en 1506, el
inmortal Colon,  quien debi Espaa sus mejores glorias. La casa que
habit el herico revelador del Nuevo Mundo se conserva an, y es
propiedad de sus descendientes colaterales, que llevan el ttulo de
_duques de Veraguas_. Ese monumento humilde, que debera ser un precioso
museo _especial_ y figurar como una de las mas interesantes reliquias de
la vieja Espaa civilizatriz, apnas es conservado como la casa mas
vulgar.

Lo que he dicho sobre los rasgos generales de Valladolid indica bien la
naturaleza de sus monumentos, pertenecientes casi todos al estilo
gtico, y los mas notables al florido  de transicin del siglo XV,
precursor del Renacimiento. La catedral, que jamas ha sido terminada, es
obra del famoso Juan de Herrera en todo lo que tiene de elegante, y de
Churriguera (el infeliz fundador del mal gusto en Espaa) en cuanto
tiene de pesado, frio y chocante; pero es por su fachada un modelo, en
Castilla, de la arquitectura drica en contraste con la gtica. No pude
visitar el interior, porque en Espaa es muy raro hallar abiertas las
puertas de los templos en horas que no son las de oficios religiosos.

La iglesia de _San Pablo_, costeada por el famoso Torquemada de
_candelosa_ recordacion, no conserva de su carcter primitivo sino la
fachada, porque el interior es un asilo de presidiarios. En Espaa los
cuarteles y presidios han heredado, en lo general,  los frailes que
habitaron los conventos suprimidos; pero es justo decir que las
bibliotecas, los museos y las oficinas de administracion han tenido su
parte en la herencia. Valladolid tuvo la bobera de veinte conventos de
monjas y diez y nueve de frailes, sin perjuicio de las numerosas
capillas y las iglesias parroquiales. La fachada de San Pablo es
verdaderamente un prodigio de escultura en cuya contemplacion puede uno
embelesarse durante muchas horas. Admira la increible paciencia de los
artistas y la finura portentosa de sus cinceles guiados por una feliz
inspiracion.

Al lado de San Pablo llama la atencion otra iglesia menos arruinada, la
de _San Gregorio_, notable por su bella fachada y algunos detalles del
interior (en el patio y la escalera) muy caractersticos del estilo
gtico en sus dos ltimos siglos. All est establecida la Gobernacion
de la provincia. A poca distancia se ven la casa en que naci el funesto
Felipe II ( quien Vctor Hugo ha llamado el buho de la Espaa
inquisitorial), la casa en que se hizo el matrimonio de los Reyes
Catlicos, y la que sirvi de prision al clebre _favorito_ Don Alvaro
de Luna, ejecutado en Valladolid en 1453.

El museo, monumento social de cuya posesion se enorgullecen los vecinos
de Valladolid, me pareci el lugar mas adecuado para un auto de fe
contra las herejas artsticas. Si se excepta la biblioteca (14,000
volmenes), unos treinta cuadros regulares  muy buenos (entre mas de
mil que nada valen), una sillera esculpida de bastante carcter aunque
sin finura, y algunas pocas medallas y curiosidades artsticas, lo demas
debera ser condenado al fuego como una degradacion del arte, que solo
puede servir para pervertir el gusto y mantener groseras preocupaciones.
La gran masa del museo se compone de mamarrachos abominables, en lienzo,
en tabla  en estatuas, procedentes de las sacristas de muchos
conventos, cuyos moradores,  lo que parece, no se preocupaban sino con
la representacion material de Cristo, la Virgen, los santos, los
judos, etc., sin cuidarse del interes divino de la religion ni del
social del arte, excluido del feticismo brbaro de las poblaciones.

Tambien llaman la atencion en Valladolid el viejo palacio castellano y
otros mas modestos, que tienen la apariencia de crceles; la plaza
_Mayor_, cuyas arcadas tienen el tipo especial de su poca; una de las
cuatro puertas de la ciudad (la de _Madrid_) verdaderamente monumental,
y _San Benito_, edificio grandioso convertido de convento en fortaleza.
De resto, la ciudad cuenta importantes institutos de instruccin y
beneficencia, y se echa de ver que el espritu moderno va poco  poco
penetrando al corazon de la antigua corte castellana. No muy tarde la
modificacion ser profunda y casi completa, y Valladolid (que puede hoy
contener 100,000 habitantes) se elevar al rango de ciudad espaola de
primer rden.

Su movimiento comercial es ya considerable, gracias al canal de
_Castilla_ y las demas nuevas vias de comunicacin. Esa ciudad es el
centro de una vastsima produccion de trigos, cuyas harinas van teniendo
ventajosa salida por el puerto de Santander y algunos otros de la costa
cantbrica. Aparte de esa produccion, son notables entre las agrcolas
las de vinos, lanas y maderas. Valladolid es tambien un centro de
fabricacion, aunque muy inferior. Ademas de sus grandes molinos
hidrulicos y los muchos de viento, que dan al comercio fuertes valores
en harinas, contiene fbricas de tejidos burdos (estameas, etc.), de
papel, sombreros de fieltro y otros artculos de menor importancia. De
resto ninguna otra cosa llama la atencion en la actualidad. Lo pasado es
triste pero venerable en muchos de sus rasgos. Lo porvenir ser una
poca de resurreccin para Valladolid.

       *       *       *       *       *



CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

PALENCIA Y SANTANDER.


El canal de _Castilla_.--La provincia de Palencia y su
capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del Ebro.--El rio Besaya.--La
provincia de Santander.--La ciudad y su bahia.

No obstante el notabilsimo inters que tiene Brgos (ciudad de 26,000
almas apnas) por su admirable catedral, su Cartuja y otros monumentos
gticos, as como por su aspecto de viejo _espaolismo_ tan marcado,
prefer dirigirme  Santander, por Palencia, para conocer una region
interesante donde va desarrollndose activamente el comercio espaol.
Brgos, por lo que tengo entendido, no se hace notable sino por la
exuberancia de dos objetos: los primores de arquitectura gtica y los
mendigos. Yo estaba ya satisfecho de monumentos y hastiado de mendigos.
Queria ver en la region castellana el movimiento social, y eso determin
mi itinerario.

Habla viajado en Espaa sucesivamente en vapores, ferrocarriles y
diligencias, y en una trotona locomotiva de cuatro patas por los cerros
de Guadarrama. Quise servirme de otro vehculo, y por eso me embarqu en
un bote, tirado por dos caballos, que navega el canal de _Castilla_. Su
extremidad meridional arranca en Valladolid, y la setentrional en
Alar-del-Rey, pasando la lnea por Palencia. Ese canal es alimentado
por las aguas del bello rio _Carrion,_ afluente del Pisuerga, y cuyo
origen dista poco del de este ltimo. Despues de rodear en parte 
Palencia, el Carrion verifica su reunion con aquel  poca distancia al
sur de esa ciudad. Es por ese canal que se exportan hcia Santander las
harinas centralizadas en Valladolid; sin tal via de comunicacion, muy
embarazosa sin embargo, los pueblos de esa parte de Castilla se
hallaran mucho mas miserables de lo que estn.

Mide el canal unos 45 kilmetros de longitud en la parte comprendida
entre Valladolid y Palencia, y como 70 entre Palencia y Alar-del-Rey. Su
anchura constante es de unos 11 metros, con 7 pis de profundidad. Se
cuentan 10 esclusas  compuertas en solo aquella parte. Esa bella obra
fue comenzada por rden de Crlos IV y continuada por Fernando VII. La
parte comprendida entre Alar y Palencia est en servicio desde 1809; la
otra solo desde 1833. Se acongoja el viajero al oir la relacion de los
horribles martirios de que fu teatro aquel canal, construido por los
presidiarios, de los cuales hubo millares de vctimas del trabajo y los
crueles tratamientos. Pero ese sentimiento de dolor se convierte en
indignacion al recordar que muchos de los pretendidos presidiarios no
fueron sino leales patriotas, atrozmente perseguidos por sus opiniones
liberales y condenados  la infamia y la muerte de los trabajos forzados
sin frmula de juicio  inocentes de todo delito. Fernando VII hizo,
pues, del canal de _Castilla_ un inmenso  inmundo cadalso. Pero mas
tarde los llamados _moderados_ inventaron la proscripcion  Filipinas
para no _escandalizar_  la Europa con el espectculo de las vctimas.

Aunque las tres lneas paralelas que describen el Pisuerga, el canal y
la carretera, le dan alguna animacion al paisaje, este es en lo general
montono y triste. El viaje es lento, pero no carece de distraccion.
Aparte del placer que me causaban las conversaciones de los muchos
castellanos compaeros de viaje, manifestndose todos inteligentes,
habladores, chistosos y de excelente ndole, los objetos del trnsito me
interesaban. Ora me llamaban la atencion los numerosos molinos y alguna
que otra fbrica  orillas del canal; ora las barcas viajeras cargadas
de harina  de mercancas extranjeras y rieles de ferrocarril; ya
algunos pequeos pueblos vecinos, algunos cordones de colinas cubiertos
de vias,  grupos de bodegas al aire libre; ya los bellos paisajes del
valle del Pisuerga, en pintoresca sucesion desde la llanura de
Valladolid hasta Palencia, que el canal domina enteramente desde ljos.
La lnea del ferrocarril que se est construyendo, para ligar 
Valladolid con Santander, por Palencia y Reinosa, corre tambien por la
orilla misma del canal en largo trecho.

Entre los pocos pueblos que demoran en la vecindad del canal, solo es
notable _Dueas_ (que pasa por ser de orgen cltico), con 4,300
vecinos, y abundante en produccin de granos y buenos vinos. Los demas
son casi insignificantes y de un aspecto generalmente pobre y
desgraciado.

       *       *       *       *       *

La provincia de Palencia tiene apenas 185,970 habitantes, sin mas centro
importante de poblacion que la capital, que cuenta cerca de 13,000. La
extensa y frtil llanura que rodea  _Palencia_ es muy pintoresca y de
esmerado cultivo. Si sus campias estn todas cubiertas de cereales, sus
alrededores interesan y sonrien ostentando hermosas arboledas 
graciosos huertos de frutales fecundados por el rio Carrion. La ciudad
es tan antigua que su origen es desconocido, y no solo es clebre por
haber sido el asiento de muchos concilios espaoles, sino tambin por el
recuerdo de sus hericas mujeres que, habiendo combatido  los Ingleses
en tiempo del rey Don Pedro, ganaron el privilegio de usar bandas de oro
en el tocado,  estilo de las de los caballeros. Llama la atencion all,
en la puerta meridional, una lpida del sepulcro de los hijos de
Pompeyo, descubierta por una casual excavacion en la ciudad.

Palencia tiene sin duda el colorido local  el aspecto general de las
viejas ciudades espaolas, pero tiene condiciones especiales que la
hacen apreciable. Sus calles son generalmente rectas, espaciosas y
limpias, y sus casas (de dos pisos casi todas) no tienen el aire
repelente de la parte antigua de Valladolid. La calle principal es muy
curiosa por sus dos filas de arcadas interminables,  cuya sombra se ven
las tiendas y los almacenes que centralizan toda la actividad comercial
de la ciudad.

El nico monumento importante es la Catedral, pero ella sola vale por
muchos monumentos. Es de una arquitectura gtica muy elegante y
graciosa, como lo exiga la poca de su construccin, y se la considera
con justicia como una de las mas bellas y espaciosas catedrales de
Espaa. Comenzada al principio del siglo XIV, fu terminada  fines del
XVI, por lo que no es extrao que algunos de sus detalles interiores
pertenezcan al Renacimiento. Consta de tres naves, sostenida la central
por veinticuatro columnas. El atrevimiento, la ligereza, la gracia y el
buen gusto son sus distintivos. Aparte de las mil preciosidades de las
naves, del claustro, de las altas galeras, las capillas, etc., su coro,
que es de mucho mrito en todos sentidos, contiene un rgano superior de
11,000 tubos, curioso por la particularidad de dos figuras de moros, en
bronce, que cantan  duo, el uno en tenor y el otro en bajo, obra de un
ingenioso lego de San Francisco de Rio-seco. Si la reja, esculturas y
silleras del coro y el altar mayor son riqusimas y de gran mrito, la
enorme custodia y su tabernculo son de un trabajo admirable y de
muchsimo valor. El doble templete y la custodia que reposa en l fueron
trabajados por seis artistas superiores bajo la direccin del famoso
Juan de Benavente. Esa catedral es, sin disputa, la mas graciosa y
elegante de Espaa, en su interior, pero la mnos caracterizada en
cuanto al aspecto sombro y solemne de las construcciones gticas.

Palencia es tambin un centro de fabricacion, y algunas de sus _mantas_
de lana, de vivos y graciosos colores, tienen mucha reputacion en
Espaa. Produce ademas cobertores, paos burdos, loza y cueros curtidos.
La poblacin es sana y robusta, pero las costumbres estn sumamente
atrasadas todava. Ya vendrn con los ferrocarriles el movmiento y el
progreso, al recibir los palencianos la infusion de los buenos hbitos
franceses y el impulso que procuran las nuevas necesidades de la vida
social.

       *       *       *       *       *

No pude tener idea ninguna de la vasta comarca que se extiende desde
Palencia hasta Alar, porque la diligencia me condujo durante una noche
oscura, y me amaneci al tocar en la estacin del ferrocarril
recientemente establecido. _Alar-del-Rey_ es un casero insignificante
de por s. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de
Castilla y la estacin de la primera seccin del ferrocarril que conduce
 Santander. Tom inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el
trayecto hasta _Reinosa_, de 51 kilmetros, tocando en cinco pueblos
intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la
Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montaas que
continun los Pirineos, llamadas montaas de Brgos y tambien montes
de Reinosa. El suelo es desde aquel punto sumamente variado y
pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de
numerosos riachuelos cristalinos  cuyas orillas hay un cultivo
esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos
granticos de un aspecto majestuoso, y mas altas an se ostentan las
lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.

Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos
cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas
hidrogrficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan
tomando formas particulares que corresponden  cierta lgica de
inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una
cadena secundaria destinada  ser la generatriz maravillosa de todo el
singular sistema orogrfico de la pennsula. Los risueos vallecitos se
multiplican, sucedindose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el
ferrocarril atraviesa el cordon de colinas  cerros que mdia entre las
aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las
que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para
ir  formar la base hidrogrfica de los antiguos reinos de _Navarra_ y
_Aragon_ y del principado de Catalua.

Nada mas risueo, mas potico y pintoresco que aquellos vallecitos
regados por el Ebro casi en sus fuentes, surcados de arroyos cristalinos
que forman  veces miniaturas de lagos, poblados de lindos grupos de
lamos, encinas y suces, y cubiertos de graciosas sementeras que hacen
un juego encantador con las casitas rsticas, las verdes praderitas y
las colinas de planos inclinados. El ferrocarril salva el Ebro varias
veces por slidos y elegantes puentes de hierro, y termina su primera
seccion en Reinosa, pueblo de 2,900 habitantes graciosamente situado en
el fondo de una llanura, casi al pi de los altos contrafuertes de la
cordillera, y  menos de tres kilmetros del origen del Ebro. Reinosa
debe su importancia no solo al hecho de ser el punto de escala para el
comercio muy considerable de harinas, vinos, aguardientes y trigos entre
Santander y el interior de Castilla, sino tambien  su abundante
produccion propia en cereales, maderas y crias de ganados.

En Reinosa habia que tomar de nuevo la diligencia para ir hasta
_Corrales_, punto del valle martimo del rio _Besaya_ donde comenzaba la
segunda seccin del ferrocarril. Toda la parte intermediaria estaba en
construccin, trabajando simultneamente muchsimos obreros en mejorar
la carretera y preparar la via del ferrocarril. No he visto jamas (ni en
Suiza, el pas de lo pintoresco por excelencia) un paisaje tan animado,
tan gracioso  interesante como el que pude observar en todo el trayecto
de Reinosa  Corrales, no mnos instructivo que agradable.

       *       *       *       *       *

Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y
cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos,
ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras 
profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la
carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa. A cada vuelta 
revuelta cree uno imposible hallar paso por en medio de tan complicadas
montaas que tienen el aspecto mas risueo. Donde quiera colinas verdes,
relucientes y frescas, pobladas en sus cimas de tupidos bosques de
encinas enanas, y en el resto de rsticas casitas y alegres sementeras
de variadas tintas. Donde quiera abismos de verdura y vallecitos
microscpicos donde murmura algun arroyuelo saltador. La vida campestre
aparece en aquellos parajes con toda su dulce sencillez, su apacible
alegra y su potica variedad de armonas.

Al cabo la via llega al punto culminante en las montaas, producindose
all una doble inclinacion de faldas montuosas, cuyas aguas giran en
opuesto sentido. Las unas se inclinan al oriente en busca del Ebro; las
otras concurren  formar el lindo rio Besaya, centro del pequeo valle
martimo de Santander. El aspecto de la hoya del Besaya era riqusimo de
colorido y vitalidad. Un pas enteramente distinto de cuantos habia
recorrido en Espaa, y particularmente en Castilla, se ofrecia  mi
contemplacin. En vez del abandono y la incuria, de la holgazanera, el
servilismo del hbito, la imprevision y los usos frailescos, veia la
animacion del trabajo, el gusto avanzado en las construcciones, el
esmero en el cultivo, la pulcritud en todo, la alegra en los semblantes
y los vestidos, el amor  las flores manifiesto en graciosos
jardincitos, la vida expansiva en todas sus formas campestres.

El Besaya, que al principio no es sino un bello torrente, corre en lo
general por una hoya tan estrecha hasta Corrales, que su latitud mdia
no excede de unos 80  100 metros. Por la una mrgen gira la carretera,
y por la otra el ferrocarril en construccion, hasta un punto donde se
cruzan salvando el rio para trocar las bases de su curso. El rio corre
por un lecho profundo y sumamente pedregoso, y las dos vias, talladas
mbas en la roca viva  alturas muy considerables y sostenidas por
enormes baluartes, dominan donde quiera un abismo y estn dominadas por
las moles paralelas de los altos cerros, de formacion caliza, grantica
y de arenisca petrificada en partes, y en otras compuestos de
aglomeraciones esquistosas. De trecho en trecho se destacan peascos
colosales  picachos abruptos,  bien se producen altsimas murallas
tajadas verticalmente, donde se ven con mucho interes, ora las grandes
vetas brillantes y azulosas de las rocas granticas, ora las severas
estratificaciones de los sedimentos de caliza y arenisca,  los
complicados relieves de pizarra  rocas esquistosas,--ora, en fin, los
verdes festones de lianas y helechos descolgndose sobre los abismos, 
los lucientes matorrales de encinas enanas que vegetan en las
sinuosidades de los cerros, flotando al viento como si se desprendiesen
de las rocas para volar sobre las ondas espumantes del riachuelo.

El Besaya, sucesivamente engrosado por numerosos arroyuelos y torrentes,
es de un capricho encantador. Unas veces, sumamente estrechado en su
curso por las paredes de la rambla, salta y se retuerce sobre un lecho
de grandes rocas, precipitndose en cien cascadas eslabonadas y
produciendo mil ecos sonoros. Otras, ensanchndose el abra para producir
los mas preciosos vallecitos, el rio murmura dulcemente sobre un lecho
de guijarros de colores, entre hileras de lamos blancos y rboles
frutales, regando risueas praderitas y sementeras, en cuyo fondo se
destacan sobre ondulantes planos inclinados las casas pintorescas de los
campesinos. Tan presto recibe el rio brillantes cascaditas, que brincan
de lo alto de las rocas laterales en uno  mas escalones,  descienden
en hilos perpendiculares por los muros tajados, como se bifurca en
canales artificiales cuyas aguas dan impulso  numerosos molinos
atrevidamente construidos sobre los abismos que dominan el cauce.

Un interminable cordon de carros cargados de harina y trigo, 
mercancas extranjeras, tirados por yuntas de bueyes, le daba grande
animacion  la carretera; mintras que en el lado opuesto se vean los
escombros de las rocas voladas por la mina, y los numerosos obreros
trabajando en las alturas abruptas en la nivelacion del terreno, la
apertura de muchos tneles y el establecimiento de algunos rieles. Aquel
doble movimiento comercial  industrial armonizaba perfectamente con la
actividad de los molinos, las escenas agrcolas y el aspecto de las
muchas pequenas poblaciones situadas en la mrgen izquierda del rio.

Dondequiera veia las gentes trabajando: los hombres como carreteros y en
otras duras faenas; las mujeres conduciendo el arado, desyerbando 
aporcando las sementeras de hortalizas; los chicos cuidando de algunos
pequeos rebaos; las buenas viejas hilando bajo el umbral de sus
casitas  en el fondo de un jardn. El trabajo de las mujeres en la
agricultura es muy raro en la mayor parte de Espaa, pero muy comn 
habitual en las provincias vascongadas, Navarra y sus asimilables. La de
Santander, que siempre ha figurado como accesoria del reino de Castilla,
y que lo es por la lengua, pertenece en realidad  un sistema
etnogrfico de transicion, como intermediario del pas vasco y el
castellano. Sea por razon de la topografa, sea por otras causas,
Santander es una provincia mas semejante por su aspecto general  las
vascongadas que  las de Castilla.

Desde luego, en la hoya del Besaya no se ve un solo mendigo, ningun ser
intil, nada que indique miseria. All todo sonrie, denotando un modesto
bienestar, y cada pueblo es un enjambre de casas graciosamente rodeadas
de huertos y jardines; con gentes bien vestidas, de bella raza, de
fisonomas francas, risueas, inteligentes y amables que brindan
robustez y contento. Si la lengua y muchos rasgos de costumbres no
mantuviesen la unidad, podra decirse que al entrar  la provincia de
Santander se sale de la Espaa gtica  castellana. Evidentemente los
Pirineos han determinado profundas diferencias, que la proximidad del
Ocano, al occidente, contribuye  fortificar.

En _Corrales_ volv  tomar el tren del ferrocarril, despues de un
trayecto de 49 kilmetros entre ese punto y Reinosa, faltndome otro de
33 para llegar  Santander. Toda esa via, cuya longitud total desde Alar
es de 133 kilmetros, ha sido emprendida por una compaa annima de
capitalistas de Santander, estimulados por el interes de la industria y
el comercio, que no han necesitado del auxilio extranjero en lo relativo
 fondos. Y sin embargo, la obra no costar mnos de seis millones de
pesos en su totalidad. Ella, como esfuerzo progresista y como obra de
ingeniatura, es una de las mas bellas que pueden hacer honor al espritu
industrial moderno. Es realmente asombroso el establecimiento de un
ferrocarril en medio de aquel laberinto de montaas, de tan fuerte
inclinacin y corto trecho relativamente, donde el arte ha tenido que
vencer obstculos formidables, trazando la via sobre los abismos en el
seno de rocas estupendas, multiplicando tneles y puentes y dominando la
naturaleza con el poder sublime de la ciencia secundada por el arte y el
dinero. Yo querra poder traer all  los colombianos que creen que los
Andes los han condenado  la inmobilidad, y decirles: Ved los prodigios
que realiza la ingeniatura cuando la apoyan el dinero y una voluntad
firme y perseverante.

En _Corrales_ el valle del Besaya se ensancha, sembrado de pueblos,
casas de campo muy bonitas, bosques importantes, huertos, jardines,
fbricas numerosas y sementeras muy variadas. El paisaje es extenso y
hermossimo, el bienestar se revela en todas partes, y un ambiente
particular, libre y fortificante, hace adivinar la proximidad del
Ocano, que penetra por en medio de montaas escalonadas hasta la ria de
Besaya  baha de Santander. El ferrocarril llega hasta el puerto mismo
por una calzada construida entre las aguas de la baha, desarrollndose
 la vista un magnifico paisaje.

La provincia de Santander, muy rica por sus extensos bosques naturales y
casi totalmente montaosa, es una de las mas bellas comarcas martimas
de Espaa. Su poblacion total alcanza  214,441 habitantes, distribuidos
en las campias y en numerosos pueblecitos, con excepcion de la capital,
que cuenta 28,907. La hoya, que tiene por base  centro la baha de
Santander, es una de las mas bellas formaciones orogrflcas que he visto
en Espaa.

Una pennsula montaosa de 65 kilmetros de circunferencia se avanza
hcia el Ocano, formando un semicrculo por el lado nordeste, cerrado
al opuesto por otro rden de montaas cuya costa determina la formacion
completa de la baha. En el fondo de ese semicrculo demora la elegante
ciudad de Santander, recostada contra las faldas de las montaas que,
descendiendo en ondulantes gradaciones, cubiertas de plantaciones y
coronadas de bosques naturales, vienen  baar en las ondas del mar
cantbrico sus estribos  colinas relucientes de verdura, destacando por
la costa sus peascos gigantescos que producen donde quiera graciosas y
pequeas ensenadas. Al frente se extiende una lnea semejante de rocas
que orillan la ria y el mar, con multitud de primorosos vallecitos y
colinas tapizados de sementeras y casas de campo cuyo ncleo es el
pueblo de _Santoa_, puerto militar y de comercio con unos 1,800
habitantes. Detras se van levantando las montaas en anfiteatro hasta
producir las ms graciosas formaciones y los mas pintorescos paisajes.

Santander es una ciudad fortificada, sin que por eso pueda llamarse una
plaza fuerte. Ella es esencialmente comercial, en trminos que despus
de Cdiz y Sevilla es el puerto mas importante que en la actualidad
tiene Espaa en el Atlntico. No ha muchos aos que vegetaba en la
inaccion, apesar de sus ventajas hidrogrficas, sindole superior el de
Bilbao; pero el canal de _Castilla_ por una parte, que le ha acarreado
las harinas del interior, y por otra el reciente ferrocarril, las nuevas
carreteras en varias direcciones, y sus comunicaciones por buques de
vapor con los demas puertos del Ocano y con los de Cuba, le han
procurado un desarollo rpido y que no se detendr en mucho tiempo.

La ciudad, por falta de terreno suficiente, se ha extendido  lo largo
de la costa, en un triple cordon de casas; de manera que es larga y
angosta, con sus bonitos arrabales desperdigados caprichosamente sobre
las colinas entre huertos y graciosas alamedas. La parte antigua, sin
ser repugnante ni fea, tiene un terreno desigual, y es all donde se ven
la catedral, la crcel, el teatro y otros edificios pblicos. La parte
moderna, muy elegante y simtrica, es como la fachada de la ciudad,
extendida  lo largo de los muelles del puerto, desde la estacion del
ferrocarril hasta el extremo sud-oeste. Se compone de tres calles
paralelas, muy pulcras y regulares, destacndose para dominar la baha
una larga fila de casas muy hermosas, de aspecto frances moderno,
perfectamente iguales, de muros de piedra y cinco pisos, y adornadas de
graciosos balcones, con algunos miradores y gabinetes volados.

Todo tiene en Santander un aspecto agradable y simptico de frescura,
actividad y progreso. La drsena y los muelles son obras estimables, la
abundancia de tiendas y almacenes es considerable, el movimiento
comercial y martimo reina en todas partes, y en la baha se balancean
numerosos buques de vela y vapores con banderas de todas las naciones
principales. Los hoteles y cafs, los crculos de sociedad, los paseos
pblicos, el teatro, etc., etc., revelan bien que los habitantes de
Santander comprenden el buen gusto, la necesidad del _comfort_ y todos
los progresos del espritu moderno. Debo exceptuar lo relativo  los
alimentos, en que se conservan los antiguos hbitos de repetir las
comidas, teniendo una frailesca  medio da, asi como la suculenta cena
 las nueve de la noche.

Las costumbres tienen all un doble sello, porque son como el trmino
medio,  mejor dicho, la transicin de lo espaol  lo francs. As, las
seoras llevan conjuntamente la mantilla espaola y la manteleta  el
chal frances,  bien una combinacion de mbas piezas; y usan para salir
 la calle indiferentemente la _gorra_ parisiense  el bellsimo tocado
espaol, tan sencillo como propio para hacer lucir una rica y negra
cabellera. Los hombres mantienen frecuentemente la capa,  despecho del
_palt_ que va debajo; y las gentes de las clases obreras (las mujeres
campesinas sobre todo) gustan mucho de las telas de colores vivos que
contrastan. En las habitaciones, en la estructura de las casas y en casi
todas las manifestaciones sociales, se ve patente la invasin de lo
frances, la modificacin que produce el contacto frecuente con el
extranjero.

Santander no tiene monumentos que merezcan mencion especial: su
Catedral, sin ser despreciable, no es realmente una obra artstica. All
lo que interesa es el movimiento comercial  industrial. Santander
envia las harinas castellanas  la Habana y algunas veces  Inglaterra,
y exporta tambien algunos vinos y otros artculos de poco valor. Tiene
una manufactura considerable de tabacos, por cuenta del Estado, algunas
fbricas de papel de colgaduras, de quincallera y de lonas y cordajes
para la marina. A pesar de la falta de terreno para las construcciones
fciles, esa ciudad est destinada  prosperar mucho, gracias  su
ferrocarril, sus comunicaciones martimas y el canal de Castilla. Sus
riqusimos bosques le prometen  la provincia una fecunda explotacion de
maderas de construccion.

Santander me ofreci una nueva prueba del contraste que hay en toda
Espaa entre la generosa benevolencia y el espritu hospitalario de la
sociedad por una parte, y el espritu inquisitorial, reglamentario y
embrollon que, por otra, distingue  la administracin espaola,
entrabada en su accion y entrabando la de todo el mundo por las mas
viciosas instituciones. Habia perdido en la diligencia, en Alar-del-Rey,
una cartera de viaje conteniendo todos mis valores y papeles, y al caer
en cuenta de ello me encontr en Santander sin los elementos
indispensables para viajar: dinero, pasaporte y recomendaciones. Un
generoso compaero de viaje me suministr cuanto pude necesitar, sin
tener ninguna garanta de mi parte, y su excelente familia me favoreci
finamente y me abon para obtener nuevo pasaporte; mintras que, gracias
al telgrafo, un estimable banquero de Madrid me hizo dar los fondos
necesarios para volver  Pars. Pero qu de diligencias y dificultades
para lograr el consabido pasaporte! Papel sellado, peticiones escritas,
declaraciones, ratificaciones, filiacion y la intervencion de cinco 
seis empleados diferentes fueron indispensables para probar que _yo era
yo_ y tener licencia para salir de Espaa con destino  Francia.

En honor de la probidad espaola debo decir que mi cartera pareci
intacta, en la misma diligencia, al cabo de algunos das, y me fue
benvolamente remitida  Pars. No se crea que este es un ejemplo
aislado. Salvo en algunas regiones oficiales y en todo lo que se refiere
al contrabando (delito de orgen oficial tambien) la probidad espaola
tan proverbial no ha disminuido en nada. En cuanto  la hospitalidad,
ella es una virtud universal en Espaa. All no es inhospitalaria sino
la legislacion en todos sus ramos.


       *       *       *       *       *


CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

LAS PROVINCIAS VASCONGADAS


La ria del Nervion.--Idea de las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos
vascongados.--Vitoria.--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.

Un bonito barco de vapor que hacia rumbo para Bayona me condujo 
Bilbao. El mar de Cantabria estaba agitado, como sucede casi siempre,
pero no tanto que pudiese impedirme la contemplacion deliciosa, desde el
puente, de la costa de Santander, spera, rocallosa y arrugada por
numerosas colinas. Vese en las cercanas del mar el gracioso pueblo de
_Castro_, situado en una pequea eminencia; y despues de tres horas de
navegacion martima, se comienza  entrar en la ria de Bilbao, formada
por el _Nervion_, en forma de larga y estrecha baha, que permite  las
aguas del Ocano penetrar hasta los muelles de la ciudad.

Esa ria es una de las formaciones topogrficas mas lindas y agradables
que un viajero puede encontrar en las comarcas martimas de Europa. A
uno y otro lado se ostentan altas montaas (las del sud-este mucho mas
considerables) que van descendiendo en faldas pintorescas, grupos de
verdes colinas y planos inclinados, y arrojan sobre el Nervion algunos
bonitos rios como el _Bucea_, del lado izquierdo; el _Galindo_ (del
mismo), por el cual baja el hierro bruto de las minas vizcanas, para
ser fundido y purificado en las fundiciones establecidas sobre la mrgen
de la ria; y el _Luchana_ procedente de las montaas del nor-oeste,
cuyo puente echado junto  la confluencia fu campo de un sangriento
combate en 1836, en la guerra civil promovida por los carlistas. La ria
es tan estrecha que su desembocadura no excede de 200 metros, y en la
parte superior la anchura mdia es de unos 40  lo sumo. Pero es
profunda, est muy bien canalizada y sus muelles de uno y otro lado son
tan completos, que la hacen parecer una inmensa calle fluvial desde el
mar hasta Bilbao.

Todo es all pequeo pero gracioso, interesante y til. Se siente uno
poseido de cario y estimacion hcia los vizcainos al entrar nomas en
esa encantadora ria, Todo predispone el nimo  la observacion atenta;
todo indica que aquel pas est poblado por una raza activa,
emprendedora, que tiene personalidad y conciencia de su destino; todo
presenta  los ojos del viajero el sello profundo de la libertad,
fecunda en progreso y bienestar. All comienza una Espaa enteramente
distinta de la gtica: es la Espaa cltica, de fuertes analogas con la
francesa glica; la Espaa laboriosa, republicana, independiente,
individualista,--en una palabra, la Espaa _vascongada_,--el mas
pequeo, pero el mas interesante bajo el punto de vista social, de los
cuatro pueblos distintos que componen la nacion espaola.

Desde _Santurcel_ pueblo situado en la desembocadura, la ria est
rodeada de pueblos sumamente pintorescos, cuyas formas tienen mucha
semejanza con las de las aldeas suizas. Citar entre esas localidades 
_Portugalete_ (la mas importante), _Sestao, Sajona, Desierto, Olaviada,
San-Vicente y Bucea_. Donde quiera se encuentran numerosas barcas
ancladas, esperando la marea para subir  bajar, y se ven las seales de
un movimiento comercial considerable. En las alturas de las montaas
descuellan los hermosos bosques; mas abajo las faldas y colinas ostentan
un cultivo esmeradsimo y variado. Hcia las mrgenes de la ria el suelo
est sembrado de lindas casas de campo que imitan los _chalets_ de
Suiza, de elegantes iglesitas en medio de jardines, de ricas arboledas y
huertos, y de fbricas diversas y algunas fundiciones de hierro.

A medida que uno se acerca  Bilbao, el paisaje tiene un aspecto, mas
animado todava. Comienzan los arrabales de la ciudad, formando una gran
calle, cuya base es el Nervion, orillado por dos largas hileras de casas
pintorescas que dominan los muelles. Al subir el vapor todas las gentes
se asoman  detienen, saludan, gritan alegremente y le dan al cuadro
entero el aspecto mas interesante, y simptico. Francia y Suiza parecen
estar igualmente representadas all.

       *       *       *       *       *

El admirable pais, montaoso, de raza inteligente, laboriosa y belicosa;
que en Espaa tiene el nombre de _Provincias_ (comprendiendo la de
_Navarra_ y las tres _vascongadas_) tiene una poblacion total de 710,912
habitantes que se distribuyen as:

Navarra, con       297,422
Vizcaya con        160,599
Guipzcoa, con     156,493
Alava, con          96,398

As, pues, el pequeo pas vascongado propiamente dicho, cuenta por s
solo 413,490 almas, poblacion sumamente condensada, si se considera que
el territorio mide apenas 6,038 kilmetros cuadrados (inhabitables en
mucha parte), lo que da la proporcion de 68-2/5 habitantes por kilmetro
cuadrado, densidad igual  la de Italia.

Puesto que voy hablando de todo el pas vascongado, permtaseme resumir
las observaciones generales que puede hacer respeto de su condicion,
antes de hablar particularmente de Bilbao y otras localidades
importantes. Las provincias vascongadas y la de Navarra habian
conservado hasta 1833 un rgimen especial de gobierno que les daba una
verdadera autonoma administrativa. La muerte de Fernando VII, dando
lugar a la caida del absolutismo provoc la larga y sangrienta guerra
civil tan conocida, apareciendo Navarra y las provincias vascongadas
como elementos principales del partido _carlista_. Este hecho
considerado superficialmente, ha dado orgen  la errnea opinion de
que aquellos puebles son  eran partidarios del absolutismo. Verdad es
que el clebre guerrillero Zumalacrregui y los demas jefes del
movimiento eran absolutamente carlistas, y querian por lo mismo la
conservacion del antiguo rgimen. Pero no suceda lo mismo en cuanto 
las poblaciones. Para ellas la cuestion era principalmente social,
aunque influia en su opinion un cierto espritu de amor  las
tradiciones, favorable al pretendiente Don Crlos. Pero en definitiva,
la tradicion de la monarqua era para los pueblos un principio histrico
ntimamente ligado  la tradicion de las libertades  _fueros_
municipales que los monarcas habian respetado.

El partido constitucional de Espaa, aspirando  la libertad en la
unida, trabajaba en cierto modo contra su propia causa al querer fundar
un gobierno parlamentario pero central, puesto que su triunfo debia
producir la absorcion de la independencia municipal de las provincias, y
por lo mismo la anulacion de esas libertades impropiamente llamadas
fueros. Los navarros, vascongados, catalanes, etc., al combatir bajo la
bandera de Don Crlos, lo hacian, pues, mas bien por sostener su
autonoma que por apoyar el absolutismo. Es por eso que, desde que
Espartero y Cabrera celebraron el famoso convenio de Vergara, que
garantiz su autonoma  los navarros y vascongados, la guerra termin
por sustraccion de materia, y esos pueblos, especialmente los ltimos,
entraron con gusto en la via del gobierno constitucional y no han vuelto
 inspirar temores de revueltas.

Es que, en realidad, aquellas provncias constituyen una pequea
repblica anexa  Espaa, de condiciones muy especiales en todo: en
instituciones y costumbres, como en industria, en el tipo de la raza, en
la lengua y las formas ntimas de la vida social. All no hay ejrcito
ni gendarmera militar, pasaportes ni aduanas, monopolios ni impuestos
indirectos, patentes de privilegio, ni aristocracias, ni reclutamientos,
ni conscripciones, ni reglamentacion de la vida por la autoridad, ni
policia (en la acepcion inquisitorial), ni inciativa oficial en los
trabajos sociales, ni gobiernos empresarios  especuladores, ni nada, en
una palabra, de lo que constituye la organizacion poltica y social de
Espaa.

Cuando ocurre una guerra nacional, las _Provincias_ suministran un
contingente proporcional, pero sin que en su formacion intervenga el
gobierno de la reina. De resto, no es permitido reclutar  nadie, y los
pueblos vascongados y navarros gozan de plena exencion en el servicio de
guerra y marina. Tampoco pesan sobre ellos los impuestos nacionales; de
manera que todo comercio es franco y toda industria libre. Los pueblos
tienen su sistema especial y voluntario de contribuciones (directas y
moderadas) con que sostienen su culto y administracion municipal, y
contribuyen para la nacion con una cuota  subvencion en masa, que se
fija en el presupuesto de la monarqua.

Las _diputaciones_ provinciales, de origen enteramente popular, son las
que legislan sobre polica, reparten el contingente militar (en caso de
guerra exterior) y determinan la cuota de imposicion de cada distrito
para pagar la subvencion. En lo demas los pueblos son enteramente libres
en su administracion propia, el individuo goza de plena autonoma, y el
rden social se mantiene sin la presencia de ningun soldado ni gendarma,
por el simple equilibrio natural de los intereses legtimos. All se
practica en toda su pureza el sencillo principio democrtico: los
hombres son todos perfectamente iguales en su libertad de hacer todo lo
que no violenta  contrara el derecho de los demas. Y como el trnsito,
el comercio, la industria, la enseanza, etc., son hechos inocentes, hay
libertad entera para viajar, comerciar, trabajar, instruirse, etc.

Me contraer un poco mas  las provincias vascongadas, porque no he
visitado ninguna porcion de la de Navarra.

Si Bilbao es una ciudad esencialmente comercial, y la provincia de
Vizcaya es muy notable por sus minas de hierro, la masa total de las
tres provincias es tan agrcola como fabricante. Su agricultura
(consistente en granos principalmente; sin perjuicio de una considerable
explotacion de maderas) es admirable por su pulcritud y progreso, por la
habilidad con que aprovecha hasta los mas pequeos rincones y pliegues
del terreno, por el aspecto de bienestar que revela, la encantadora
belleza que da  los campias, y la influencia saludable que ejerce
sobre la condicion social. La propiedad territorial est de tal modo
repartida entre la poblacion, que son raros los campesinos no
propietarios del terreno que cultivan,  los _ciudadanos_ que no son
dueos de las casas que habitan en las localidades. De ah resulta que
el interes personal obra poderosamente en la mejora de la agricultura,
como la libre competencia favorece los progresos de las fbricas y del
comercio.

Todo lo que es susceptible de cultivo esta cultivado all, y el
individuo, independiente por su libertad y su bienestar, se siente con
la conciencia de su dignidad; y como tiene la nocion profunda de sus
derechos; tiene igualmente la de sus deberes. As, la administracion de
justicia es casi nula, en lo criminal, porque los delitos son rarsimos;
y como la autoridad no se ingiere en lo que es puramente personal, sus
funciones son muy sencillas, y lejos de ser contrariadas todo el mundo
las apoya. Si hay en el mundo un pueblo que merezca los ttulos de libre
y dichoso, ninguno como el de las provincias vascongadas.

Una prueba muy perentoria de lo que hace all el interes individual y
social sin trabas, la han dado los bilbanos hace poco tiempo. Santander
emprendi su ferrocarril, que debia darle la ventaja sobre Bilbao, en
cuanto al comercio, exterior; al mismo tiempo que esta plaza se veia
amenazada de decadencia, por haberla reemplazado Alicante, casi
totalmente, en la famosa pesca de bacalao. Los bilbanos se dijeron:
Hagamos con nuestros propios recursos un ferrocarril que nos ponga en
comunicacion con Madrid y Burdeos, ligndolo al que debe pasar por Irun
y Brgos. La suscricion qued abierta inmediatamente, y en una semana
los vecinos de Bilbao llenaron la suma de 3,500,000 pesos presupuesta.
Y Bilbao cuenta apnas 16,200 habitantes! Solo uno de los suscritores
falt despues al suministro de los fondos: era un castellano.

El territorio vascongado es tan sumamente montaoso, que no tiene ni un
solo valle de dimensiones algo notables, a excepcion de la llanura de
Vitoria y la hoya del Bidasoa cerca de San Sebastian. Todo aquel pas es
un enjambre de montaas bastante elevadas y complicadsimas, de colinas
y faldas que se bifurcan, cruzan  renen caprichosamente, de angostos y
profundos vallecitos y de planos inclinados, en cuyo seno se producen 
cada paso los ms lindos paisajes naturales y agrcolas. Desde algunas
altas eminencias de los Pirineos vascongados se puede contemplar un
panorama de hermosura incomparable. En efecto, se ven de un lado los
colosales picos abruptos y las altas cimas montuosas rodeando las
cumbres resplandecientes de los grandes Pirineos cubiertas de nieves
perpetuas; mientras que en el fondo se extiende un mar de verdura cuyas
ondas soberbias son las montaas y colinas que sobresalen entre abismos
de bosques y cereales, y al occidente se dilata el Ocano, el hermoso
mar cantbrico, sublime como la imgen lejana del infinito.

Si la agricultura produce principalmente granos y frutas, con algn
ganado y abundancia de legumbres, la fabricacion, aunque variada,
consiste principalmente en los trabajos do quincallera, que son
valiosos y estimables. Hay tambin en las tres provincias muchos molinos
harineros, telares para lanas, fbricas de papel y de otros artculos de
menor importancia. As, pues, todos los ramos de produccion estn
representados en aquellas provincias, los unos en dos puertos
principales, los otros en las muy numerosas localidades (slidamente
construidas) y en las campias que las rodean.

La raza pobladora de esas comarcas es cltica pura en su gran masa, y
conserva su lengua especial[5] con tanta fidelidad que una gran parte de
la poblacin no habla el espaol  lo habla muy mal. El dialecto
vascongado, muy semejante al _vasco_ francs, no tiene casi analoga
ninguna con la lengua espaola. Su acentuacin es spera y prolongada,
con suma abundancia de palabras compuestas, muy largas, de extensa
significacin, como eran las de la lengua mejicana  azteca. Bien
conocidos son los nombres vascongados de familia, tan esdrjulos y
_crespos_, recargados de _rr, uu, zz_ y diptongos que enredan la lengua
del que no est habituado  la pronunciacion. Los vascongados no cecean
el espaol.

Las constituciones son vigorosas y resistentes, las fisonomas francas y
despiertas, los cuerpos de talla generalmente levantada. Abundan los
ojos azules, los cabellos rubios y las mejillas rosadas; y en todos los
hbitos se nota la sencillez y un candor muy atractivo unido  la
inteligencia prctica de las cosas. La instruccion elemental est
bastante difundida, mucho mas que en la generalidad de la nacion
espaola, cuyas masas son deplorablemente ignorantes an en las grandes
ciudades. La salud de la poblacion vascongada es superior, y la
estadstica indica todos los aos un aumento satisfactorio.

       *       *       *       *       *

Despues de las indicaciones generales que acabo de hacer, me limitar 
mencionar, para no abusar de la paciencia del lector, los objetos que
mas me llamaron la atencion en las localidades vascongadas que pude
visitar.

Bilbao, situada  290 kilmetros N.N.O. de Madrid, en el fondo del
estrecho y lindo valle del Nervlon, est protegida contra todos los
vientos y tiene un delicioso clima. Aunque de orgen antiguo
(relativamente) pues fu fundada en 1300, es una linda ciudad, sobre
todo en su aspecto exterior. S en algo participa del estilo espaol
antiguo (como sucede en la curiosa plaza cerrada de vastas y sombras
arcadas, que abrigan tiendas elegantes y cafs) se manifiesta el
carcter de las gentes en la pulcritud, la decencia y el bello pavimento
de todas las calles y plazas. Los bellos puentes, los excelentes
muelles, las tupidas arboledas que las dominan, las casas modernas tan
elegantes, las fuentes pblicas abundantes y caeras hbilmente
establecidas, el movimiento social y comercial, los numerosos buques
atracados  los muelles, las columnas de humo de las fbricas, los
buenos institutos de enseanza y escuelas prcticas, los
establecimientos de beneficencia: todo oso y otros signos patentes de
progreso, bienestar y armona popular, contribuye  inspirar una viva
simpata en favor de Bilbao, haciendo ver que all la civilizacin
reposa sobre bases slidas y nada artificiales.

Bilbao, tan clebre por su famoso _Consulado_ que expidi las
_Ordenanzas_ de comercio muy conocidas en los pueblos espaoles, se ha
distinguido por su liberalismo, hericamente probado en tres sitios
memorables durante la guerra civil en que casi todos los pueblos
vascongados eran carlistas. Fue all que sucumbi el terrible
Zumalacrregui; el tipo acabado de los guerrilleros en Espaa. La
importancia de las exportaciones  importaciones (en relacion con Europa
y Amrica) ha determinado el establecimiento de cinco  seis consulados
extranjeros en Bilbao; y sus condiciones especiales le han creado
astilleros de bastante actividad.

De paso har una observacin que puede parecer pueril, pero que prueba
lo que vale la libertad. En Bilbao hay manufacturas libres de tabacos, y
los superiores cigarros que alli compr fueron los nicos buenos que
pude fumar en Espaa, donde el monopolio produce la ventaja de dar malo
y caro al consumo el mejor tabaco del mundo. La misma observacin hice
respeto de la sal. Pregunt si la pasin del juego era general  al
menos bien notable en Bilbao, y me persuad de que no era as. Alli no
hay jugadores. Por qu? La explicacin es sencilla: 1 porque siendo el
trabajo enteramente libre, la vagancia no tiene razn de ser, y la
opinin pblica obra con energa contra el juego; 2 porque no habiendo
_loteras_ (como recurso fiscal) no existe la escuela pblica, popular y
autorizada por el gobierno para educar  las masas en el amor al juego.

Por lo qu hace  la mendicidad, ella no existe en Bilbao ni los dems
pueblos vascongados. No vi ni un solo mendigo, y supe que en muchos
pueblos la crcel permaneca frecuentemente cerrada. La mendicidad tiene
en Espaa sus fronteras perfectamente demarcadas. Donde la libertad
falta, aquella _reina_ con toda su replente deformidad. En las
provincias vascongadas  est proscrita por la lbertad y el bienestar,
 tiene una forma que la hace cambiar de carcter. Los pobres de
solemnidad que suele haber, no mendigan, sino que son recogidos y
amparados dignamente por la caridad comn.

Habiendo salido de Bilbao durante la noche, no me fu posible conocer
las comarcas vecinas, en la via que conduce  Victoria. Solo pude notar
que la carretera, girando por el terreno mas montaoso que puede darse,
es una obra superior que prueba que todos los obstculos naturales se
vencen con la voluntad. El ferrocarril, que estaba trazado y nivelado,
era infinitamente mas notable por las dificultades que habia que
superar. Esa ser una bella obra, que honrar tanto  los ingenieros
como  los bilbanos.

Eran las seis de la maana cuando la diligencia llegaba  las alturas de
la pequea villa de _Ochandiano_, situada casi en el corazon de los
Pirineos vascongados. Haba tocado sucesivamente en nueve pequeos
pueblos, de los cuales los mas notables son: _Zornoza_ (2,000,
habitantes), y _Durango_ (3,000), situado  orillas del bonito rio de su
nombre, en una pequea llanura. En el trmino oriental de Ochandiano
(que cuenta 1,165 vecinos) comienza la provincia de Alava y concluye la
de Vizcaya. El paisaje que pude contemplar all era encantador y casi
sublime. El fondo del vallecito en que demora el pueblo estaba
perfectamente cubierto de nieblas, mintras que las faldas de la sierra
de _Urquida_ y demas montaas vecinas ostentaban su apacible verdura de
bosques y sementeras, suavemente iluminadas por el resplandor de los
rayos del sol que doraban las crestas empinadas. Era como un lago de
leche cuyas ondas reposaban en el asiento de una inmensa taza de
esmeralda. Todo murmuraba y sonreia en derredor, mintras que al pi
todo era misterio bajo el sudario que cubria una parte del lecho de
Flora todava dormida en el fondo del valle.

_Villareal_ es el primer pueblo que se encuentra al penetrar en la
provnola de Alava, cruzando los laberintos montaosos de la cordillera.
La via va descendiendo por entre bellsimos paisajes hcia el valle del
rio _Zadorra_ afluente del Ebro, y en breve se tiene  la vista la
preciosa llanura que rodea  _Vitoria_, sembrada de una multitud de
pequeos pueblos enteramente agricultores.

Vitoria, tan famosa durante la guerra civil de Espaa, es la capital de
lava. En sus cercanas se ve el campo de una de las mas sangrientas y
notables batallas de la guerra de la independencia, ocurrida en 1813. La
importancia de Vitoria, como _villa_ y plaza fuerte, data de 1181, y su
incorporacion  la monarqua castellana, de 1209. Es una ciudad cercada
de murallas, fesima y repugnante en su parte muy antigua, pero graciosa
y alegre en su parte moderna. Tiene dos bellos paseos con arboledas, uno
interior y otro exterior, y algunos buenos edificios notables por su
arquitectura, como el hospicio, el teatro y la casa municipal. La
_Plaza_ nueva es bonita y curiosa por su elegancia y simetra. La
poblacin es relativamente considerable, pues asciende  18,710
habitantes.

Vitoria es considerablemente fabricante, al mismo tiempo que muy
agrcola. Sus campos son muy pintorescos por las numerossimas huertas
de hortalizas que los cubren, los caseros y las aguas abundantes. Pero
sus nieblas frecuentes la hacen desapacible  triste muchas veces,
cubriendo con su velo todas las bellezas del panoramai.

Desde Vitoria hasta _Mondragon_ (siguiendo la gran carretera que conduce
 la frontera de Francia), se reproducen en su aspecto general los
rasgos de los pueblos y paisajes vizcanos. Haba atravesado por tercera
vez los Pirineos vascongados, tocando en ocho pueblecitos que cuentan un
total de poco mas de 4,000 vecinos. Donde quiera el mismo estilo de
construcciones de pura piedra, tan sencillas que los muros de las casas
no tienen generalmente argamasa que las una, sino que se sostienen por
el aplomo y el tallado de la piedra. Donde quiera tambin las costumbres
dulces, casi patriarcales, al lado de la actividad industrial y
agrcola. _Mondragon_, villa de 2,500 vecinos, es uno de los pueblos mas
interesantes del trnsito.

Desde que se cruza la cordillera se produce un pequeo sistema
hidrogrfico distinto, que tiende hacia el golfo de Gascua, teniendo
por principales elementos los bellos ros llamados _Deva, Arga,
Bolvar,_ etc. Despus la via toca en _Vergara_ (clebre por el convenio
que puso fin  la guerra civil) y otros diez pueblos de mayor  menor
importancia, con un total de 7,900 habitantes, y la diligencia se
detiene en la ciudad de Tolosa, que cuenta 7,639.

_Tolosa_, en otras pocas capital de la provincia de Guipzcoa, est
situada  orillas de los ros _Oria y Arages_. La regularidad de sus
nueve calles rectas que se cruzan, encerradas dentro de las murallas; el
capricho de sus diez barrios exteriores; la alegra de su valle, surcado
por numerosas corrientes y cuajado de rboles frutales y hortalizas, y
la importancia de sus fbricas y de algunos edificios pblicos, le dan
un aspecto agradable. Tolosa tiene el cuarto lugar entre las ciudades
vascongadas, por su poblacion y condiciones sociales.

Desde Tolosa hasta _San Sebastian_, en un trayecto de 23 kilmetros, la
va toca en tres pueblos (con 2,886 vecinos) graciosamente situados 
orillas del Oria, pequeo rio que caracolea por el fondo de frescos y
risueos vallecitos, entre las faldas de muchos cerros, donde los
numerosos y pulcros caseros, los bosques de las cumbres y el esmerado
cultivo de los campos producen un conjunto de paisajes  cual mas
pintorescos y variados.

Al cabo se sale, al valle martimo de San Sebastian, ciudad notable por
sus baos, por sus fortificaciones y sobre todo por la muy curiosa
formacin hidrogrfica que la rodea. Demora en una pennsula al pi de
un alto peasco qu cierra por un lado el pequeito lago martimo (lugar
de los famosos baos) en donde desemboca el rio _Urumea_, que baa el
valle de _Loyola,_ y el de San Sebastian. Esta bonita ciudad, capital de
la provincia de Guipzcoa, cuenta cerca de 16,000 habitantes; es de una
singular regularidad  causa de su moderna reconstruccion, pues fue
destruida por las tropas hispano-inglesas, en 1813, en la guerra contra
Napolen. Plaza de bastante animacin comercial, se distingue por su
aspecto de elegancia y gusto, y su posicin le procura hermossimas
vistas sobre los Pirineos, el valle de Loyola y el Ocano.

En breve la carretera toca en el pueblo de _Rentera_, sigue por entre
montaas,  alguna distancia de _Fuenterraba_ (pequea ciudad de 2,134
vecinos, famosa en la historia militar de Espaa), situada hcia la
desembocadura del _Bidasoa_, y conduce  la villa de _Irun_ (de mas de
5,500 habitantes), ltimo pueblo del territorio espaol. All los
pasaportes salen  luz y reciben una nota que le cuesta cinco francos al
viajero, sin perjuicio de registros y derechos al pasar la frontera. El
Bidasoa corre manso y cristalino por un bonito valle, arrastrando en
gran cantidad las maderas que produce Navarra. Naturalmente llama la
atencion la isla de los _Faisanes_ por la sola circunstancia de haber
sido el teatro de ese famoso tratado de Don Luis de Haro, que en 1689
puso fin  la guerra de sucesion y di lugar al advenimiento de los
Borbones en Espaa.

El centro de un largo puente sobre el rio es en aquella parte la lnea
fronteriza. No deja de ser curiosa la escena social que all se ve, como
en todas las fronteras de Europa, y que prueba la insensatez del egoismo
de los gobiernos, empeados en hacer artificiales las relaciones de los
pueblos, sustituyendo la desconfianza inquisitorial  la espontaneidad
de los intereses. Aquel puente parece un smbolo de union entre las dos
naciones; pero los piquetes de soldados, guardas y gendarmas que
estacionan en las dos extremidades, como mirndose de hito en hito y
representando la desconfianza egoista de cada gobierno, me parecieron
protestas vivientes contra la idea natural y social representada por la
piedra muda del puente. La piedra se mostraba mas fraternal que los
hombres.

Dominado por esta ltima impresion, entr  Francia con tristeza,
dejando un suspiro do fraternal cario  la patria de mis mayores, un
tiempo conquistadora y enemiga de la mia, pero hoy algo reconciliada con
esta por el trascurso del tiempo y el influjo de la civilizacion.

       *       *       *       *       *



CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

EN FRANCIA.


Del Bidasoa  Bayona,--La ciudad de Bayona.--Las _Landas_.--Burdeos; su
aspecto, su comercio, sus monumentos, etc.--De Burdeos  Pars.--La hoya
del Loira.

Al atravesar la diligencia el Bidasoa, los empleados de la aduana
francesa nos aguardaban al extreno setentrional del puente. All, como
en todas las aduanas de Francia, el viajero tiene ocasin de observar la
lucha, permanente, entre lo natural y lo artificial, que se origina de
las instituciones egostas y que tienen por base la descnfianza y la
sospecha. El francs, como tal, es genialmente fino, galante y
expansivo; pero el francs hecho guarda, gendarme  soldado, degenera en
su trato con loa civiles  se siente embarazado. Es tal la fuerza del
carcter genial, que el frances se distingue por su cortesa, de todos
los dems europeos, en el ejercicio de funciones oficiales. Por eso, yo
que detesto cordialmente los uniformes en general, y especialmente los
perros de presa de las aduanas, he reconocido en todos mis viajes que si
en esta materia puede haber un tipo tolerable, es sin duda el aduanero
frances.

La diligencia francesa arranc al galope del pueblecito de _Behovia_,
donde reside la aduana, y en breve se abri  mi vista un esplndido
paisaje desde las alturas  colinas que median entre el valle del
Bidasoa y el del _Nivella_. A la derecha  el oriente se levantan en
anfiteatros rsticos y bellos los contrafuertes mas cercanos de los
Pirineos, en ondas de verdes colinas y de montaas rocallosas y tristes
alternando caprichosamente. Al poniente se veia la vasta y fulgurante
sabana del Ocano, inmbil  lo ljos, pero en realidad agitndose con
violencia contra los peascos abruptos de la costa, y llena de esplendor
por el reflejo del sol, rojo-amarillento, comenzando  consumirse tras
de un horizonte ilimitado.

Al frente se registra, en la direccion de Bayona, un curioso panorama,
desigual, desnudo de alta vegetacion natural, entrecortado por bajas
colinas de planos inclinados, y de un aspecto en que alternan lo
pintoresco y lo triste. Donde quiera que la naturaleza no ha sido
ayudada, el suelo es estril, cubierto apnas de una inmensa capa de
helechos y malezas; mintras que la mano del hombre, la obra de la
civilizacion se muestra en el cultivo laborioso de algunos espacios, en
los numerosos bosques y parques artificiales y en las graciosas casas de
labor  de recreo que salpican el extenso paisaje.

No obstante que el cultivo es tan minucioso en las provincias
vascongadas, al entrar al territorio frances se siente bien que se viaja
por en medio de un pueblo mucho mas civilizado que el espaol, en
general. El aspecto de las habitaciones y plantaciones es distinto,
indicando el esmero en todo, la previsin, el progreso en los mtodos de
cultivo y la tendencia  lo confortable. La carretera misma, que es
esplndida, como todas las nacionales y departamentales de Francia, es
incomparablemente superior  cuantas recorr en Espaa. La diligencia,
de formas mucho mas ligeras y racionales, es tirada por tres hermosos
caballos, en vez de los cuatro  cinco pares de mulas furiosas que,
manejadas  palos, arrastran las diligencias espaolas, merced  un
brbaro sistema de tiro.

Al extremo de un valle notablemente cultivado y casi sobre la costa del
Ocano, se encuentra la villa de San-Juan-de-Luz,  orillas del rio
Nivella. Es una plaza fuerte, al mismo tiempo que puerto martimo, y no
carece de movimiento comercial. Apnas cuenta poco mas de 3,000
habitantes, y se halla en muy notable decadencia,  causa del incremento
que han tomado otras plazas comerciales vecinas. Contronme que las
mujeres de San-Juan-de-Luz tienen la especialidad de conservar ciertas
costumbres muy antiguas, como la de salir  la calle (principalmente
para ir  las iglesias) envueltas en mantos que les dan el aspecto de
monjas  disfrazadas misteriosas. El tipo corresponde en esa parte al de
las _tapadas_ de Lima, que segun entiendo tienen de sobra con solo un
ojo visible para excitar vivamente el interes.

Desde lo alto de una baja colina, al pasar por el pueblo de _Bidarte_,
se alcanza  ver en la vecina costa la linda y elegante poblacion de
_Biarrtz_ enteramente nueva, y puesta de moda por la corte imperial de
Francia con motivo de los baos de mar. All se da rienda suelta  los
caprichos de la moda, en los meses de baos, y se han anudado mas de
cuatro intrigas de sumo interes para la poltica europea. Acaso Biarritz
ser con el tiempo un sitio de gran celebridad, cuando se recuerde que
de all naci el plan de reforma econmica y financiera concebido por
Napoleon III y comenzado  realizar en 1860.

Desde Bidarte el aspecto de la campia hace comprender que se toca en
las cercanas de la elegante Bayona, tan renombrada por sus _campaas_ 
casas de campo. Donde quiera se destacan sobre las colinas muy bellas
quintas de construccion artstica y esmerados adornos, rodeadas de
suntuosos parques y jardines, en cuyo fondo se ven medio escondidos
entre la verdura los elegantes pabellones  templetes que dan asilo en
las horas calurosas  mas de una Parisiense, Bayonesa  Espaola,
convertida en pastora  campesina durante el verano. El cultivo aparece
mas esmerado, la vegetacion sonrie por todas partes y el viajero
simpatiza con Bayona ntes de conocerla.

La antigua provincia de vastas proporciones que llevaba el nombre de
_Guiena_ en la division poltica de Francia, ntes de la revolucion de
1789, tenia por gran centr  capital  Burdeos, pero se subdividia en
pequeas provincias cuyos nombres han desaparecido del lenguaje oficial.
De toda la Guiena han salido, en totalidad  en parte, los doce
departementos denominados: _Arige, Aveyron, Alto-Garona, Dordoa,
Altos-Pirineos, Bajos-Pirineos, Gironda, Landas, Lot, Lot-y-Garona, Gers
y Tarn-y-Garona_. La comarca comprendida entre el Bidasoa y Bayona  el
_Adour_, era la Gascua propiamente dicha, tan clebre en Francia por
las fanfarronadas y astucias de sus habitantes, cuyo tipo han
personificado Dumas y Maquet en su famoso D'Artagnan de los _Tres
Mosqueteros_.

Esta comarca, como todas las aledaas entre naciones de razas
diferentes, es muy curiosa por la mezcla de los tipos espaol y francs,
manifiesta en la lengua, las costumbres y otros caracteres sociales.
Asi, mientras que Bayona es una ciudad mixta, donde se hablan
simultneamente las dos lenguas y se ve la fusin notable de los dos
pueblos, el pas comprendido entre el Adour y el Bidasoa ofrece en todo,
pero muy particularmente en el idioma popular, la mezcla del espaol, el
francs y el vascuence, de la cual resulta un patu muy curioso que
desnaturaliza las tres lenguas y no es fcilmente comprensible sino para
los que estn familiarizados por lo menos con dos de ellas.

_Bayona_ es una de las mas bellas ciudades de Francia, tanto por el
inters que produce aquella promiscuidad social, como por las hermosas
arboledas de sus alrededores, su situacion entre dos ros (el Adour y el
Niva) que tienen all su confluencia, y el aspecto mixto que le dan sus
fortificaciones, su carcter de plaza muy comercial, y sus
construcciones modernas y elegantes haciendo contraste con algunas
antiguas como la catedral gtica. El Niva divide la ciudad en dos
partes, y la setentrional se apoya tambin sobre la margen izquierda del
Adour, ro considerable y de notable navegacin. Al mismo tiempo demora
 la margen derecha de ese rio el pueblo de _Espritu Santo_ (de unos
6,800 habitantes) que si hace parte de Bayona bajo el punto de vista
comercial y social, pertenece polticamente al departamento de las
_Landas_, separado por el rio Adour del de los _Bajos-Pirineos._

Bayona (que cuenta unas 15,000 almas) es el segundo centro de poblacin
de los Bajos-Pirineos, puesto que _Pau_, su capital, numera unos 16,500
habitantes. Como se ve, Bayona tiene _socialmente_ mas de 21,000 almas,
de modo que su movimiento comercial  industrial es muy considerable. Es
sobre todo un puerto de escala  depsito para el comercio entre Francia
y Espaa, tanto mas concurrido cuanto que se presta a las especulaciones
de contrabando. Es en esa ciudad donde comienza la vasta red de los
ferrocarriles franceses hacia el este y norte, y su importancia ser
mucho mayor cuando estn terminadas las vas frreas en construccin que
comunicarn  Burdeos y Bayona con Madrid por las provincias de
Castilla, Navarra y Aragn.

En Bayona el viajero no se siente con ninguna curiosidad artstica. Esa
ciudad, clebre por los sucesos de Carlos IV y Napolen en 1808, tan
fecundos en inmensos resultados, no llama la atencin por ningn primor
artstico, sino por su aspecto de bienestar y elegancia, de vitalidad
comercial y fusin social. Las esplndidas alamedas y las quintas y
parques que la rodean y hacen pintoresca; el activo movimiento de las
gentes en las calles, los muelles y paseos, y en los hermosos hoteles y
cafs repletos de viajeros (negociantes  paseantes); los numerosos
vapores que hacen descollar sus chimeneas entre una multitud de buques
veleros atracados  los muelles de los dos ros; la actividad de las
fbricas establecidas en los barrios menos elegantes; la mezcla de
lenguas que se percibe en todas las conversaciones; el aspecto de los
edificios pblicos y de las casas modernas, de una sencillez agradable
unida  lo pintoresco; y el incesante cruzamiento de las diligencias que
llegan y se van cada momento, en direccin a Espaa, Pau, Biarritz,
etc., forman un conjunto social que le da  Bayona el tipo de una ciudad
no menos graciosa y agradable como residencia, que interesante bajo el
punto de vista internacional y econmico.

Muchos Estados de Europa y Amrica estn representados en Bayona por
vice-consules  agentes comerciales; y la ciudad no solo es un centro de
importaciones y exportaciones considerables, sino tambien de la
produccion fabril mas valiosa en el departamento de los Bajos-Pirineos y
los adyacentes. La cercana del mar (6 kilmetros) le da la condicion de
puerto martimo,  semejanza del de Bilbao, y por lo mismo la ventaja de
mantener en sus rios vastos astilleros donde se construyen embarcaciones
y se arman buques para la pesca de bacalao. Las principales
exportaciones de la produccion indgena consisten en vinos, licores,
trementina, maderas (abeto y pino), cueros, corchos y los afamados
jamones de Bayona.

De los 1,282 kilmetros de _camino_ que median entre Paris y Madrid, 780
miden la distancia de Madrid  Bayona, que en 1859 se recorra en
diligencia. Faltbame un trayecto, en ferrocarril, de 502 kilmetros,
desde Bayona hasta Paris. Desde la mrgen derecha del Adour hasta la
izquierda del Garona (en Burdeos) la via directa toca en veintitres
estaciones, apartndose de _Mont-de-Marsan_ (capital del departamento de
las _Landas_, con unos 5,000 habitantes), y cruzando una comarca llena
de melancola y en algunas partes de desolacion. Es un Ocano de bosques
de pinos y abetos, que crecen sobre un terreno arenoso y generalmente
estril. All abundan las cinagas, en las cercanas del Ocano y de los
rios, y con ellas los insectos, las fiebres y los espinos y malezas
speras que vegetan siempre en los pantanos. El gobierno frances ha
emprendido all vastos trabajos de desmonte y disecacion, que no muy
tarde harn de ese triste pas una comarca salubre, frtil y prspera.
Hoy solo se aprovecha su vasto suelo con la explotacion de los bosques
de abetos y pinos, de la cual se obtienen fuertes valores en maderas,
alquitran y trementina. En las cercanas de Burdeos el paisaje es
hermoso y el horizonte vastsimo; el valle del Garona aparece en todo su
esplendor de cultivo, mostrando sus plantaciones de tabaco al lado de
las de cereales y los inmensos viedos, que les dan tan universal
importancia al departamento de la _Gironda_ y los circonvecinos.

Confieso que me sentia conmovido profundamente al acercarme  la
opulenta, liberal y activa Burdeos. Recordaba la historia de sus famosos
_Girondinos_ de la revolucion francesa, mrtires de una religion
poltica, cuyas ideas, cuyos hechos y cuyo sacrificio sublime habian
interesado vivamente mi espritu y mi corazon, y cuya suerte me ha
parecido siempre una de las mas elocuentes enseanzas que la historia
puede ofrecer  los pueblos y los partidos en agitacion.

       *       *       *       *       *

La esplndida ciudad de Burdeos, situada  457 kilmetros sud-oeste de
Paris, tiene por bases las dos mrgenes del hermoso rio Garona, distante
96 kilmetros de su desembocadura en el Atlntico,  sea en el gran
golfo de Gascua. Esa posicion ventajossima, gracias  la fcil
navegacion de ese rio (que es uno de los cuatro de primer rden en el
interior de Francia) ha hecho naturalmente de Burdeos una ciudad
privilegiada, cuya situacion fluvio-martima corresponde  la que tienen
_Nntes_ en el bajo _Loira, Ruan_ en el bajo _Sena_, y, en menor escala,
_Lyon_ en el bajo _Rdano_. Sus comunicaciones martimas con todo el
mundo, y las que los ferrocarriles le han procurado hcia Espaa, el
Mediterrneo y todo el interior de Francia, le han dado una importancia
universal, en competencia con Marsella, Nntes y el Havre, que son con
Burdeos los mas grandes puertos del imperio frances.

Una descripcion muy rpida y sucinta de las condiciones generales de esa
opulenta metrpoli comercial del sudoeste de Francia, bastar para hacer
estimar su valor  los que solo la conocen por la reputacion universal
de sus vinos y licores.

Burdeos est dividida por el Garona en dos grandes porciones. La mas
considerable, la Burdeos propiamente dicha, la ciudad histrica, demora
 la mrgen oriental-meridional. En la opuesta yace el opulento arrabal
de _Chartrons_, que puede llamarse el inmenso almacen-bodega de
Burdeos. Desde el extremo superior de la ciudad, donde se encuentra el
vasto astillero de construcciones navales, hasta abajo de la extremidad
inferior, donde se halla el almacn de vveres de la marina, el ro
describe un arco de ocho kilmetros de desarrollo, cuyo lado convexo
corresponde  la paute antigua de la ciudad. Todo ese trayecto
constituye el puerto de Burdeos, que puede contener 1,200 buques de todo
porte (hasta 600 toneladas), aparte de la flota de grandes buques que
descargan el todo  parte de sus cargamentos en el puerto auxiliar de
Blaye, situado mucho mas abajo. El ro tiene en la ciudad la anchura
mdia de 600 metros, midiendo hasta 660 enfrente de la Plaza-real de
armas que ocupa el centro del arco.

Burdeos, la _Burdigala_ de los Romanos, es una ciudad antiqusima y aun
de origen desconocido, que interesa bajo todos aspectos. Su poblacin
por s sola (112,000 almas) equivale  mas de la sexta parte de la que
compone el departamento de la Gironda (600,000 habitantes), de que es
capital. Su grande antigedad, su importancia histrica, poltica y
comercial, y el genio liberal y progresista de sus habitantes, la han
dotado do condiciones que la hacen una ciudad monumental en todos
sentidos. All se encuentran reunidos  los vestigios de obras romanas
los monumentos gticos, los del Renacimiento y la poca posterior, y los
que caracterizan las tendencias del Siglo XIX.

La gran Burdeos est perfectamente dividida por la inmensa y hermosa
calle del _Sombrero-rojo_ (Chapeau-Rouge) que, partiendo de la margen
del ro, marca al lado sur la parte antigua y al norte la moderna.
Aquella, sin ser repugnante como casi todos los antiguos barrios de la
generalidad de las ciudades francesas, se distingue mucho, haciendo
resaltar el esplendor de los barrios nuevos. En la porcion primitiva
estn aglomerados los talleres, muchas fbricas, las tiendas de comercio
en su masa principal y todo lo que significa trabajo y actividad
exclusivamente. En la porcin moderna se ven las esplndidas calles
dignas  rivales de la mejor capital europea, los grandiosos edificios,
los hoteles que parecen palacios, los suntuosos cafs y almacenes de
lujo y modas, las magnficos paseos sombreados por arboledas, las
elegantes fuentes y las limpias y bellas plazas.

En la otra margen del Garona, el barrio de Chartrong tiene encubierto su
fondo irregular de fbricas, almacenes, canteras y cuanto constituye
siempre un arrabal, por la mas hermosa y vasta fachada que puede darse.
Tal es la fila inmensa de ms de trescientas casas elegantes que parecen
palacios, orillando todo el malecn del muelle de la una  la otra
extremidad de la ciudad. Esas casas esplndidas son las residencias de
los prncipes de las pipas y los fardos, que constituyen la aristocracia
comercial de Burdeos. Cada uno de esos edificios, que en su parte
superior es el hogar del comerciante, contiene en sus bodegas
subterrneas  accesorias un depsito enorme de pipas de vinos y
licores, cuyo nmero suele llegar hasta 1,000. _Baco_ se resigna  tener
su imperio en las tinieblas subterrneas, consolndose con la seguridad
de que ese imperio es universal.

Puede asegurarse que, despus de Pars, Burdeos es la ms hermosa y
esplndida capital de Francia, como es tambien una de las mas bellas de
Europa. Todo tiene en la gran masa  el conjunto de la ciudad los
caracteres de la opulencia, de la actividad, del buen gusto y el aseo,
de la elegancia en las formas, del liberalismo en las ideas y las
costumbres, del sentimiento artstico armonizando con el espritu de
especulacin. La poblacin de Burdeos ha mantenido en todo tiempo las
tradiciones de la gran revolucin francesa, y sus tendencias son, como
las de los parisienses, lyoneses y marselleses, decididamente
democrticas y republicanas. La prensa do Burdeos (notablemente bien
servida y sostenida por mas de diez y seis imprentas) ejerce una
considerable influencia en Francia, en cuanto es posible que la opinin
departamental se haga sentir delante de la presin absorbente y el
prestigio formidable de Pars.

En el gnero bien raro ya de la arquitectura romana, se conservan en
Burdeos las ruinas monumentales del _Palacio-Galieno_ y del de
_Ombrire_ que llaman la atencion y deleitan  los anticuarlos 
arquelogos. Entre los edificios de la edad media son notables: la
_Catedral_, vasta baslica que, si carece de armona en su estructura
gtica (data del siglo XIII), asombra por la grandeza de su nave central
y el atrevimiento de algunas de sus formas; la iglesia de _Santa-Cruz_
(del siglo VII), estilo bizantino en su origen, pero reedificada por
Carlomagno; la de _San Seurin,_ de varios estilos y bien interesante. En
el gnero moderno (mixto y Renacimiento) es muy notable la bella iglesia
de _Nuestra Seora_ (reedificada al principio del siglo XVIII); y en la
de los _Fuldenses_ llama la atencion el sepulcro del clebre Montaigne.

Por lo que hace al Renacimiento puro, su arquitectura est representada
por muy hermosos monumentos, tales como el gran Teatro, la Bolsa, el
Palacio-real, el de Justicia, la Aduana, el Museo y el Hospital, que es
uno de los mejores de Europa en su gnero. En punto a monumentos, el
Puente del Garona y el gran Teatro son obras sobresalientes. El primero
es asombroso por sus dimensiones y solidez. Mide 486 metros de longitud
y 35 de latitud (13 y 1/2 de calzada y 11 y 1/2 de aceras), y reposa
sobre diez y siete enormes arcos de sillera y ladrillo cuyas aberturas
permiten la circulacin de grandes buques y vapores. Es uno de los mas
grandiosos puentes (quizas el primero en su gnero) que posee la
Francia. El Teatro, aunque menos espacioso que los afamados de
Barcelona, Milan y Naples, es el mas hermoso de Francia, por su
interior como por sus formas exteriores, y tiene pocos rivales en
Europa.

El _Museo_ contiene una excelente biblioteca de cerca de 120,000
volmenes, un Vasto museo de Historia natural muy estimable, y
colecciones de mineraloga y antigedades. La galera de pinturas,
trasladada  la Casa municipal (alcalda), es considerable y contiene
buenos cuadros, principalmente de las escuelas francesa y flamenca.

Aparte de otros muchos edificios importantes, de sus hermosos baos
pblicos, sus esplndidos paseos, su observatorio astronmico, sus
jardines botnico y de aclimatacin, etc., Burdeos contiene muchos y
excelentes institutos de enseanza y beneficencia, de todas clases, que
le dan el valor de una ciudad europea por lo menos de segundo orden. Si
se fija la atencin en el movimiento puramente comercial, los muelles
del Garona ofrecen el mayor inters. Una inmensa floresta de mstiles
puebla los ondas del ro, ostentndose las banderas de todas las
naciones comerciales del mundo sobre buques de formas y dimensiones
variadsimas que alimentan el cambio universal.

A lo largo de los malecones de una y otra margen se mantiene un
extraordinario movimiento de carros y mercancas; y en tanto que all
hormiguean los mozos de cordel en incesante actividad, los millares de
marineros llaman la atencin desde el rio, con sus maniobras y
evoluciones en lo alto de los mstiles y las vergas. Si en las vastas
canteras de construccion ( el astillero) se agita toda una poblacion de
carpinteros, fabricantes de cordajes, etc., en los diques numerosos y
extensos reposan los buques en carena, dando lugar  un movimiento no
menos importante. Aparte de los muchos buques pertenecientes  armadores
bordeleses, que hacen el comercio extranjero y mantienen las
comunicaciones costaneras  internacionales de mar, Burdeos arma
constantemente numerosas expediciones para la pesca de ballenas y
bacalao. Multitud de pequeos Vapores de rio navegan el Garona arriba y
abajo de Burdeos; otros mas grandes hacen la navegacin martima en
direccin  Espaa y Portugal, Inglaterra, Alemania, etc., y una lnea
de poderosos _paquebotes_ tiene ya en relacin permanente  Burdeos con
los puertos principales del Brasil y las Repblicas del Plata.

La industria de Burdeos es completamente anloga  la de Marsella,
siendo adems notables sus filaturas de algodn y lana, sus tejidos de
_indianas,_ sus grandes fundiciones, etc. Aparte de la enorme
centralizacin de vinos llamados de Burdeos, que el mundo entero
conoce, la ciudad contiene grandes refineras de azcar y nitro, vastas
destilaciones de licores, vinagres, aguas de olor, aceites, etc., una
fuerte manufactura imperial de tabacos, amplia fabricacion de productos
qumicos y mquinas y de todo lo que es consiguiente  un gran puerto
martimo. La agricultura de las comarcas bordelesas (del Adour, el
Garona, el Dordoa, etc.) tiene por elementos principales los viedos y
granos; pero tambin produce tabaco (aunque de malsima calidad, y
sometido  funestas restricciones), lino y otros muchos artculos de no
poca importancia. En Burdeos residen consulados de casi todas las
naciones comerciales.

Para terminar estas rpidas indicaciones recordar que Burdeos ha sido
la cuna no solo de Gensonn, Ducos, Fonfrede y otros de los clebres
Girondinos, sino tambin de otros personajes famosos, tales como el raro
Montaigne, el fecundo y gran pensador y observador Montesquieu, Ricardo
II de Inglaterra, el general ingls tan clebre bajo el nombre de
Prncipe-Negro, el papa Clemente V, etc. Burdeos es notable tambin
por los testimonios de tolerancia religiosa que contiene en su sinagoga
y su templo de protestantes.

       *       *       *       *       *

El gran ferrocarril de la lnea de _Orleans_ que conduce de Burdeos 
Pars, arranca del barrio de Chartrons, y despus de cruzar bellsimas
campias de viedos, cereales, etc., siguiendo la margen del Garona,
tuerce hacia el norte, atraviesa el bello rio _Dordoa_ (que le da su
nombre  un departamento), corta despus el de _Cubzac_, cuyo puente es
una Obra admirable, y en el pueblo de ese nombre se divide en dos
lneas. La una,  la derecha, gira por Perigueux, Limoges, Chteauroux y
Orleans, hasta Pars. La de la izquierda, que deba yo seguir, gira por
Angulema (Angoulme), Poitiers, Tours, Blois y Orleans.

Me faltaba el tiempo necesario para detenerme en cada una de esas
ciudades, poco interesantes por otra parte, si no es bajo su punto de
vista histrico y monumental. As, me limitar  hacer indicaciones muy
someras, las nicas  que se presta la rapidez del tren, que recorre en
14 horas el trayecto indicado, pasando por 74 estaciones.

Los tneles de la via son muy numerosos y el paisaje es generalmente
hermoso y animado, sobre todo en el admirable valle del _Loira_ (Loire)
y en las pequeas hoyas de algunos afluentes. Es una inmensa sucesion de
bajas colinas y llanuras muy niveladas, pobladas de extensos bosques,
viedos y principalmente cereales (trigo, cebada, centeno, avena,
etc.), y donde quiera el cultivo es esplndido, aunque menos esmerado
que en Inglaterra; las casas de campo son numerossimas; se da con un
pueblo  cada paso; el horizonte es casi ilimitado; las inflexiones del
terreno son poco pronunciadas, y abundan los castillos antiguos y los
modernos palacios de campo tan concurridos y alegres durante los meses
de verano y otoo.

_Angulema_ (la patria de Ravaillac y del gran romancista Balzac) es
capital del departamento del _Charenta_ (Charente), que cuenta cerca de
390,000 habitantes. Su territorio es notablemente montaoso, llegando
hasta l, al oriente, los contrafuertes de las montaas de Auvergne, que
separan la hoya del Loira de la del Garona y dan origen  los valles
intermediarios del Dordoa y el Charenta. Este ro es algo considerable
y alimenta una navegacin regular y un comercio notable. Es en ese
departamento, cuya produccin vincola y fabril es muy importante, que
se halla el pueblo de _Cognac_, cuyos licores son tan gratos  los
amigos de las fuertes libaciones, y cargan con la responsabilidad de
muchas calaveradas.

La poblacin de Angulema alcanza apenas a unos 18,000 habitantes. La
ciudad, que es antiqusima y curiosa, demora sobre una spera montaa
entre grandes y severos peascos y dominando las mrgenes de los ros
Charenta y _Touvre_ que tienen all su confluencia. Son muy afamadas sus
fbricas de papel. Entre sus pocos monumentos el mas notable es el
hermoso puente de piedra sobre el Charenta. El aspecto general de la
ciudad es melanclico, pero sus pendientes senderos escalonados desde el
rio, los bosques que la rodean y coronan la montaa, la majestad de sus
altas rocas escarpadas y los risueos paisajes del vecino valle, dan una
hermosura particular  todo el panorama.

_Poitiers_, que fu la capital de la antigua provincia llamada _Poitou_,
lo es hoy del departamento del _Vienne_, que cuenta 325,000 habitantes.
El rio _Vienne_, afluente del bajo Loira y engrosado por _Creuse_,
constituye su principal centro hidrogrfico. Poitiers (la _Limonum_ de
los Romanos) situada en la confluencia de los pequeos ros _Clain y
Boivre_, es una ciudad de muy antiguo orgen y eminentemente monumental,
 pesar de las demoliciones acarreadas por la revolucion de 89. Su
poblacion asciende  mas de 25,000 almas. Demora sobre una colina
rocallosa, y est completamente cercada de murallas, ofrecindose  la
vista sus calles escalonadas en forma de anfiteatro. La vasta extension
dla ciudad, que no guarda proporcion con el nmero de sus habitantes,
hace comprender desde luego que muchas de las casas deben de hallarse
desiertas. Como en todas las ciudades antiguas, las calles son
generalmente estrechas y tortuosas, y sus edificios de un aspecto
desagradable. Pero si se considera el conjunto, la ciudad con sus rasgos
monumentales y naturales tiene mucho de pintoresco. Sus murallas medio
arruinadas, flanqueadas por algunos torreones; sus iglesias antiqusimas
y muy notables por su arquitectura romana y gtica; sus jardines y
huertos interiores, contrastando con las asperezas del terreno y con las
fbricas, teneras y muchos establecimientos industriales, le dan un
aspecto muy curioso. Poitiers contiene importantes institutos de
enseanza, y sus producciones, anlogas en lo general  las de Angulema,
son de valor considerable.

La lnea frrea, atravesando sucesivamente los ros Vienne, Creuse,
Indre y Cher, entra al gran valle del Loira (una de las mas bellas
comarcas de Francia) surcando el departamento de _Indre-y-Loira_
(320,000 habitantes), cuyas principales ciudades en la via son _Tours y
Amboise_. La primera, que es la capital, cuenta unas 30,000 almas,
situada en una vasta llanura, en medio de los rios Loira y Cher y  la
mrgen izquierda del primero. Es una ciudad muy antigua y notabilsima
en la historia poltica de Francia. Aparte del valor que le dan su
grande y variada actividad fabril y la agricultura de las comarcas
vecinas, es un centro muy importante de comunicaciones fluviales y
terrestres, afluyendo all las vias de Paris, Burdeos, Nantes y la alta
Bretaa. La hermosa catedral gtica y otros edificios pblicos la hacen
interesante  los ojos del artista y an del simple viajero curioso.
Posee muchos institutos notables, entre ellos una excelente biblioteca
(40,000 volmenes) y museos de pintura y escultura, historia natural,
antigedades y mineraloga, con un bonito jardn botnico. Entre las
ciudades de tercer rden (y an casi de segundo) Tours es, sin disputa,
una de las mas interesantes en todos sentidos. Tiene esta ciudad un
rasgo especial muy digno de mencion. Entre sus varias imprentas posee
una de proporciones gigantescas, la mas grande y poderosa de Francia,
que hace publicaciones en inmensa escala y en todas las lenguas. De all
salen todos los aos de 7  8,000 _obras_; y surge principalmente una
masa prodigiosa de libros elementales para la enseanza pblica.
Millares de obreros tienen ocupacion permanente en ese vasto
establecimiento, cuyas poderosas prensas de vapor no cesan de
suministrar alimento  la civilizacion.

_Amboise_ tiene apnas unos 5,000 habitantes, y es notable solamente por
su importante fabricacion metalrgica, cuyos productos son generalmente
estimados. Esa antigua ciudad demora tambien sobre la mrgen del Loira.
Su castillo fuerte sirvi de residencia temporal  los reyes de Francia,
durante los siglos XV y XVI.

El valle del Loira, como he dicho, es una de las mas hermosas comarcas
de Francia, aunque desgraciadamente ha sufrido grandes catstrofes por
las terribles inundaciones de este rio, cuyas aguas desbordan muy
fcilmente  causa de la poca profundidad del cauce y la completa
nivelacion natural de las llanuras. Lo pintoresco puede consistir en las
formas naturales y el colorido de los objetos, as como en sus formas
artificiales. Es  este segundo gnero de belleza graciosa que pertenece
el primoroso paisaje de las orillas del Loira, que sera montono y
fastidioso, por su carencia de inflexiones vigorosas, si no tuviese el
encanto de lo que la mano del hombre le ha procurado. Es una vasta
llanura de horizonte abierto, poblada toda de cereales, vias,
plantaciones de camo y hermosos bosques esmeradamente conservados. En
el fondo de ese magnfico panorama de verdura se desliza el Loira, lento
y silencioso, con sus mrgenes sombreadas de interminables filas de
lamos y otros grandes rboles, y formando extensas playas donde
reverbera el ardiente sol del esto.

De trecho en trecho se destaca alguna montaa algo distante,  una
colina de lindos planos inclinados que se aproxima al rio, donde brillan
entre, jardines y parques los pequeos pueblos, las elegantes quintas,
las graciosas casas da labor (_fermes_),  los esplndidos castillos de
historia mas  mnos aristocrtica y herica, levantados sobre las
alturas como atlayas del valle. Toda esa comarca tiene al mismo tiempo
la risuea frescura y el encanto de una vegetacion muy esmerada, el
sello de la actividad productiva, y un aspecto de majestad tranquila que
recuerda mil episodios de la historia de Francia.

Siguiendo la orilla derecha del Loira, por en medio de los mas ricos y
alegres paisajes, el ferrocarril entra en el departamento del
_Loir-y-Cher_ (260,000 habitantes), que tiene por capital  _Blois._ El
Loira merece una particular atencin, por ser el rio mas considerable de
Francia, aunque su navegacion es difcil en la parte alta y la central,
durante el verano. Nace en las lejanas montaas del _Ardeche_ (que
separan su hoya de la del Rdano), y tiene un curso total hasta San
Nazario, en la costa del Ocano, de 1,226 kilmetros. Su hoya comprende
un rea de 131,000 kilmetros cuadrados (cerca de la cuarta parte del
territorio de Francia) recibiendo muchsimos afluentes, de los cuales 32
tienen mas de 50 kilmetros de curso y 13 son navegables. l Loira
alimenta con sus aguas varios canales muy importantes para la navegacion
interior.

Desde su margen, y  distancia de algunos kilmetros, se alcanzan  ver
el famoso castillo y las torres de Blois, haciendo un admirable efecto
sobre el fondo del vasto panorama. Hallase tambien en la llanura,  la
orilla derecha del Loira, y es una ciudad de considerable antigedad que
hizo gran papel en la historia cortesana do Francia. Fu de un colego
de Blois que saleron  fgurar sucesvamente en la corte de Luis XIV
(el gran corruptor coronado) Luisa de La-Vallire y Atenais de
Montespan; all residieron Luis XII, Francisco I, Crlos IX y Enrique
III; all fu asesinado, en 1588, el famoso duque de Guse, y all
residio en 1814 la regencia imperial que fu tan efmera. Blois cuenta
apnas unos 14,000 habitantes, pero es un centro fabril notable, y su
produccin agrcola es muy considerable, sobre todo en excelentes vinos
ordinarios y afamados vinagres.

Eran las seis de tarde cuando el tren tocaba en la estacion de _Orleans_
(la _Aurelia_ de los Romanos), hermosa y antigua ciudad de 42,000
habitantes, situada en el centro de una inmensa llanura sobre la mrgen
derecha del msmo Loira. Es la capital del departamento del _Loiret_,
que ocupa casi el centro del territorio frances y numera 330,000
habitantes. Su catedral es uno de los mas grandiosos monumentos de
Francia, en el gnero gtico, y contiene muchos otros edificios
notables. Orleans es una de las primeras capitales de segundo rden en
Francia, por la importancia de su administracion, su vasta industria y
agricultura y sus demas condiciones sociales; pero es acaso, despues de
Paris, la mas histrica de las ciudades francesas. Su terreno fu, segun
la opinion general de los anticuarios, el asiento de la _Genabum_ tomada
y destruida por Csar. Reedificla el emperador Aureliano, que le di su
nombre, y fu reunida por Childerico al reino de los Francos. Capital en
ese tiempo del ducado de Borgoa, Hugo Capeto la incorpor  su corona,
y mas tarde vino  ser patrimonio de la casa de Valois y base de esa
rama real de _Orleans_, cuyas luchas seculares con la rama mayor han
sido tan interesantes en la historia de Francia y subsisten an. Fu
all donde la famosa heroina Juana de Arco venci a los Ingleses
invasores, ganando el sobrenombre de _Doncella de Orleans_, y tambin
una celebridad que le cost el martirio en la pira de Ruan. El fanatismo
religioso ha pagado casi siempre de semejante modo los grandes hechos de
abnegacion y heroismo sublime.

--La noche habia llegado cuando el tren tocaba en la pequea ciudad de
_Etampes_ (de 8,000 almas) que pertenece el departamento del
_Sena-y-Oise_, fuerte de 490,000 habitantes, y cuya capital es la famosa
y monumental Versalles. El tren rodaba en medio de las tinieblas de la
campia con la rapidez del huracan, y en breve comprend, por la inmensa
iluminacion que brillaba en el fondo del valle del Sena, que estaba 
las puertas de Paris y habia terminado mi viaje.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

CONCLUSION.

PRESENTE Y PORVENIR DE ESPAA.


Diversas faces de Espaa;--clasificacion de sus grupos sociales y
geogrficos.--Comparaciones;--rasgos caractersticos.--Consideraciones
generales.--Aptitudes del pueblo espaol.--Defectos de su gobierno.

Si los captulos que componen esta serie de recuerdos de viaje hubieran
sido trazados con habilidad descriptiva  puramente literaria y
artstica, an as seran muy incompletos. Apnas podran ofrecer una
imgen pintoresca de los principales rasgos de la fisonoma espaola, y
excitar mas  mnos la curiosidad de los lectores colombianos bastante
benvolos para favorecer con su atencion estas pginas. Ademas, escritas
siempre de priesa,  veces en viaje y en todo caso dentro del trmino
fatal de una correspondencia de peridico (en 1859-60), estas pginas,
aunque reunidas hoy en un volmen, deben resentirse de los defectos
propios de su forma primitiva. A fin de darles mayor utilidad, que el
lector me permita hacer un resmen de mis mas notables impresiones de
viaje.

Nada puede ser tan interesante para los pueblos del Nuevo Mundo como el
estudio social de Espaa. Las sociedades de una y otra region son muy
homogneas en sus condiciones esenciales,--en su educacion sobre
todo,--y conviene compararlas para que se vea que donde quiera las
mismas causas, es decir, las mismas instituciones, producen resultados
anlogos, habida consideracion  las diferencias geogrficas. El rpido
viaje de tres meses que pude hacer en Espaa es, sin duda ninguna, muy
insuficiente para formular apreciaciones bastante slidas, tanto mas
cuanto que Espaa es uno de los pueblos que tienen mnos unidad
etnogrfica y social entre los mas notables de Europa. Siento tambien
vivamente no haber tenido tiempo para visitar ciertas provincias
importante (las de Extremadura, Galicia, Asturias, Aragon y Navarra) que
merecen especial atencion por mas de un motivo. Con todo, no creo
aventuradas ciertas observaciones generales, que podr deducir de la
rpida observacion del resto de Espaa, es decir, su gran masa,  lo
principal de sus cuatro grandes grupos sociales. Resumamos, pues:

Cul es la opinion que puede expresarse respecto del carcter, las
costumbres, las instituciones, la situacion econmica y literaria y el
porvenir de Espaa? El pueblo espaol y la nacion espaola son anlogos
y armnicos? El rgimen constitucional ha hecho avanzar realmente 
Espaa como sociedad y como Estado? Qu influencia han producido alli
las revoluciones del presente siglo? Qu esperanzas se pueden fundar
legtimamente en la situacion actual? Procurar contestar  esas
preguntas con la mayor conoision posible.

Espaa puede ser considerada bajo tres faces diversas, en cuanto  su
division (fuera de la legal  poltica) en que las proporciones varan
mucho segun la combinacion que s adopte. Esas faces son: primera, la
natural  topogrfica; segunda, la histrica; tercera, la etnogrfica y
social.

Si se atiende  la primera, se echa de ver que el sistema orogrfico de
la pennsula ha dividido el territorio en siete grandes comarcas,
perfectamente demarcadas y de proporciones muy desiguales. Tales son,
comenzando por el extremo oriental de los Pirineos:

1 La vasta hoya del _Ebro_, comprendida entre los Pirineos, la
ramificacion paralela (que separa su valle de las dos Castillas) y el
Mediterrneo, abarcando la provincia vascongada de Alava, las de Logroo
y Navarra, todo el antiguo Aragon y toda la Catalua, con una poblacion
total (en guarismo redondo) d 2,962,000 almas.

2 La region de valles martimos de los antiguos reinos de Valencia y
Murcia, con la provincia de Almera y las alti-planicies de
Cuenca,--region comprendida entre el Mediterrneo, la baja hoya de Ebro
y las cadenas de montaas que, en cordones eslabonados, continan en
cierto modo los Pirineos desde Teruel hasta la Sierra-Nevada. La
poblacion all contenida asciende  2,158,000 almas.

3 Las Andalucas sin Almera,  sea la hoya completa del
_Guadalquivir_, con la regin martima del estrecho del
Mediterrneo,--conteniendo 2,605,300 habitantes.

4 La hoya del _Guadiana_, compuesta en rigor de la parte principal de
la Mancha (provincia de Ciudad-Real), una parte de la provincia de
Toledo, y toda la de Badajoz que es la principal de Extremadura.
Poblacion, 665,000 almas.

5 La hoya del _Tajo_,  sea la Nueva Castilla (mnos Cuenca y
Ciudad-Real) y la provincia extremea de Cceres; con 1,300,000
habitantes, nmeros redondos.

6 La vasta hoya del _Duero_, incluyendo la Galicia (aunque en sumo
rigor esta es un grupo aparte), y excluyendo de la Vieja Castilla las
provincias tramontanas de Logroo, Santander y Oviedo. Poblacion total,
3,800,000 almas.

7 La region martima de Cantabria, compuesta de las Asturias, la
provincia de Santander y las vascongadas de Vizcaya y Guipuzcoa,
comprendidas entre los Pirineos y el Atlntico, y con una poblacion de
1,056,500 almas.

Pero si se prescinde de la antigua division de Espaa (la propiamente
histrica) asi como de la poltica actual,  puramente administrativa, y
se allende mas bien  las divisiones sociales determinadas por las
razas, mas  mnos mezcladas, las costumbres, las antiguas
instituciones, las tradiciones y las condiciones econmicas,-- despecho
de las lneas orogrficas que separan unas comarcas de otras, tendremos
que en realidad Espaa se compone de cuatro Espaas  grupos de
poblaciones diferentes que se pueden determinar as:

Primer grupo.--La Espaa _arbiga_  en que predomina el elemento rabe,
por la sangre, las costumbres y la industria,--vastsima region que
abarca todo el litoral de la pennsula desde las bocas del Ebro hasta la
del de Guadiana  la frontera martima de Portugal,--comprendiendo en su
totalidad las Andalucas y los antiguos reinos de Murcia y Valencia.

Segundo grupo,--La Espaa _gtica_ (aunque quizas este adjetivo no es el
mas propio), en la cual predomina el elemento primitivo modificado por
los Godos y Visogodos, y que recibi mas fuertemente el sello de la Edad
mdia; inmensa region de alti-planicies, llanuras y montaas que
comprende las dos Castillas ntegramente, la Extremadura, el antiguo
reino de Leon, la Galicia, las Asturias y el Aragn.

Tercer grupo.--La Espaa _catalana_ (permtaseme la expresion, aunque de
por s no expresa bien la idea), pas poblado por razas muy mezcladas,
pero en que predominan el elemento romano y el frances muy fuertemente,
compuesto de las cuatro provincias de Catalua, y especialsimo por su
lengua, sus costumbres, su industria y demas condiciones sociales.

Cuarto grupo.--La Espaa _celto-glica_, de carcter y topografa
particulares, compuesta de las provincias vascongadas y la de Navarra;
pas que, por sus instituciones y costumbres, pudiera llamarse la Espaa
democrtica.

Estos cuatro grupos, que son en realidad cuatro _pueblos_ diferentes,
tienen dentro de s mismos discordancias mas  mnos sensibles por razon
de la topografa, el lenguaje y las tradiciones y costumbres. Pero en el
fondo tienen una evidente analoga en todo, que justifica la
clasificacin indicada.

De qu manera funcionan esos grupos sociales, y cules son sus
diferencias mas visibles en cuanto  la densidad de poblacion, las
costumbres y la condicion social respectivas? El siguiente cuadro, con
sus explicaciones (en el cual he procurado condensar los grupos)
responder, me parece,  esas preguntas[6].

                                   PRIMER GRUPO.
====================================================================
  PROVINCIAS.   POPULACION.     KILMETROS             PROPORCION
                                cuadrados            de la POBLACION.
                                     de                por kilmetro.
                                territorio
--------------------------------------------------------------------
1 Castellon      360,916
2 Valencia       606,608
3 Alicante       378,958
4 Albacete       201,118
5 Murcia         380,969
--------------------------------------------------------------------
               1,928,569          49,496                 38 hab.
====================================================================
1 Almera        315,664
2 Mlaga         451,406
3 Granada        444,629
4 Jaen           345,879
5 Crdoba        351,536
6 Huelva         158,350
7 Sevilla        463,488
8 Cdiz          390,192
--------------------------------------------------------------------
               2,921,142          70,000                 41-3/4
====================================================================
                               SEGUNDO GRUPO.
====================================================================
 PROVINCIAS.   POPULACION.     KILMETROS             PROPORCION
                                cuadrados            de la POBLACION.
                                     de                por kilmetro.
                                territorio
--------------------------------------------------------------------
1 Madrid         475,785
2 Guadalajara    199,088
3 Cuenca         229,959
4 Ciudad-Real    244,328
5 Toledo         328,755
--------------------------------------------------------------------
               1,477,915          78,136                 19 hab.
====================================================================
1 Badajoz        404,981
2 Cceres        312,134
--------------------------------------------------------------------
                 717,115          35,439                 20-1/4
====================================================================
1 Salamanca      263,516
2 Zamora         249,162
3 Valladolid     244,023
4 Leon           348,756
--------------------------------------------------------------------
               1,105,457          50,759                 21-7/9
====================================================================
1 Pontevedra     428,886
2 Orense         371,813
3 Lugo           424,186
4 Corua         551,989
---------------------------------------------------------------------
               1,776,879          41,708                 42-3/5
=====================================================================
1 Asturias[7]    524,529           9,700                 54
=====================================================================
1 Avila          164,039
2 Segovia        146,839
3 Brgos         333,356
4 Palencia       185,970
5 Santander      214,441
6 Logroo        183,312
7 Soria          147,468
---------------------------------------------------------------------
               1,375,425          45,012                 30-5/9
=====================================================================
1 Huesca         257,839
2 Zaragoza       384,176
3 Teruel         238,628
---------------------------------------------------------------------
                 880,643          36,960                 24-2/3
=====================================================================
                      TERCER GRUPO.
=====================================================================
PROVINCIAS.     POBLACION.        KILMETROS      PROPORCION
                                   cuadrados       de la
                                    de             poblacion
                                   territorio.     kilmetro.
---------------------------------------------------------------------
1 Barcelona       749,734
2 Gerona          310,970
3 Lrida          306,994
4 Tarragona       320,593
---------------------------------------------------------------------
                1,688,291            30,340               55-1/2 hab.
=====================================================================

                          CUARTO GRUPO.
=====================================================================
1 Alava            96,398
2 Guipzcoa       156,493
3 Vizcaya         160,599
4 Navarra         297,422             [8]
---------------------------------------------------------------------
                  710,912            12,454                57
=====================================================================


As, pues, los cuatro grupos de la Espaa continental se resumen de este
modo:

=====================================================================
1         4,849,711     Kils. cuads. 119,496     40-1/2 hab.
2         7,857,963        "          297,713     26-1/3
3         1,688,291        "           30,340     55-1/2
4           710,912        "           12,454     57
---------------------------------------------------------------------
Tots.     15,106,877     Kils. cuads. 460,003     32-7/8
=====================================================================

Har observar, respecto del segundo grupo, que la cifra proporcional de
26-1/8 es debida  la inclusion de dos comarcas excepcionales:
_Galicia_, cuya densidad es de 42-5/8 habitantes por kilmetro cuadrado,
y _Asturias_, que cuenta  razon de 54. Si se exceptuasen esas dos
comarcas martimo-fronterizas, la gran masa de la vieja Espaa ( 2
grupo) no tendra sino la proporcion media de 231/5 habitantes por
kilmetro cuadrado, puesto que la de _Extremadura_ es de 20-4/5,--la de
_Nueva Castilla_, de 19,--la de _Vieja Castilla_, de 30-4/5,--la del
antiguo reino de _Len_ de 21-3/5 y la del de _Aragon_ de 24-2/5.

Y bien: en virtud de las observaciones que he podido hacer en Espaa,
los cuatro grupos tienen entre s muchos puntos de semejanza social, y
en todos ellos se encuentran valles, costas, montaas y rios
considerables, y coexisten todos los ramos de produccion conocidos
(agricultura, industria, crias, explotacion de bosques, minera,
comercio, navegacin y pesca); pero cada uno tiene sinembargo sus rasgos
predominantes y distintivos que resumir as:

La Espaa arbiga, apesar de tener muy hermosos valles, como los de
Valencia, Guadalquivir, Granada, etc., es esencialmente montaosa, y
tanto que la mitad por lo mnos de la extension superficiaria no es
cultivable fcilmente  de ningn modo. La base fundamental de su
riqueza y movimiento social es la agricultura; es la region mas minera
de Espaa; no tiene manufacturas propiamente dichas, pero s hace una
extensa y fuerte produccion de artefactos  artculos, que se comprende
bajo la denominacion general de industria; sus crias son excelentes, y
su comercio es muy considerable, servido por cinco de los puertos mas
importantes de la pennsula: Valencia ( Grao), Alicante, Mlaga, Cdiz
y Sevilla.

La Espaa que he llamado _gtica_ ( falta de una calificacion mas
precisa), aunque est surcada por varias Sierras y tiene porciones muy
montaosas, como Galicia y las Asturias, se compone principalmente de
alti-planicies y vastsimas llanuras, y la porcion no cultivable es
pequea en comparacion de la cultivable. La base principal de su
produccion est en la agricultura (cereales, vias y algun aceite) y la
industria pecuaria; es poco minera en lo general; no tiene en materia de
industria algo importante sino tejidos burdos de lana, los artefactos de
Madrid y la preparacion de barinas, y no es propiamente comercial sino
en el litoral del Ocano, es decir, en las provincias de Santander,
Oviedo, Corua y Pontevedra.

La Espaa _catalana_ es muy montaosa y de considerable litoral, pero
abunda en pequeas llanuras  vallecitos. Aunque es muy agrcola
(produce mucho vino, aceite y frutas), y bastante minera (carbon de
piedra y hierro), es esencialmente manufacturera y comercial,
predominando los tejidos en la gran masa de fabricacin.

Por ltimo, la Espaa que he llamado _galo-cltica_ ( mejor dicho,
_celto-glica_) y que los Espaoles denominan Provincias, es tan
activa en todos los ramos de la produccion, que casi no es posible
determinarle un carcter particular. Explota muchas minas
(principalmente de hierro); comercia mucho en maderas de sus bosques;
sus cambios con el extranjero son muy activos, y especula con la pesca
martima. Pero en realidad la agricultura en todos sus ramos y la
fabricacion de quincallera, tejidos, papel y mil objetos, constituyen
la base principal o caracterstica de la sitacion econmica. El pas es
completamente montaoso, por lo cual las vias de comunicacion
(terrestres casi en la totalidad) han encontrado poderosos obstculos.

En cuanto  las condiciones fsicas y morales de las razas, consideradas
en sus rasgos mas generales, he aqu las diferencias que he notado:

La poblacion del primer grupo es la mas hermosa, robusta, viva,
impresionable y voluble. Tiene el aire fanfarron con mucha gracia. Las
organizaciones son flexibles, distinguidas, enrgicas y voluptuosas. El
sentimiento artstico es universal y profundo. El espritu religioso no
es vehemente. La inteligencia es rpida y brillante, pero poco profunda
y slida, y siempre con tendencias imaginativas. Los caracteres son tan
prontos  irritarse como  calmarse; las querellas ardientes muy
fciles; la verbosidad de lenguaje es galante, rica y _coloreada_, si se
me permite la expresion. Apesar del ardor de los climas no hay
inclinacion  la pereza. Las costumbres son generalmente libres; las
pasiones violentas, sobre todo en Mlaga y Valencia; la franqueza es
genial. La mujer carece en lo general de timidez. La vanidad no es rara
en todas las clases.

La poblacion del segundo grupo (que comprende mas de la mitad de la
total de Espaa en el continente) es de un tipo generalmente inferior, 
el mnos bello de los del pais. Las fisonomas son severas y frias, pero
sin aspereza, y sus lneas muy pronunciadas. All los tipos hermosos no
tienen seduccion sino majestad. Inclinacion general  la holganza, y
desaseo en los hbitos. Fuertes instintos de mendicidad. El sentimiento
de la personalidad mucho mnos vigoroso que en los demas grupos.
Tendencia muy notable al misticismo. Ausencia absoluta del sentimiento
artstico. Pasion por los vestidos sombros, y disgusto de lo
pintoresco. Los hbitos tienen un poder irresistible. Es la poblacion
que habla con mas pureza y elegancia la lengua, con excepcion de los
_gallegos_. Los espritus son penetrantes, concentrados y maliciosos. El
aticismo de lenguaje es general, y se tiene un gusto particular por los
epgramas y adagios. La moralidad en las costumbres es muy superior  la
de toda la Espaa arbiga. Los caractres son impasibles  poco
impresionables, pero tenaces; reservados, pero sinceros y leales; muy
poco audaces,  escasos de iniciativa, pero resistentes y de un valor
reflexivo.

De la poblacion catalana es poco lo que tengo que decir despues de la
descripcion general que hice del tipo, en el captulo VI, 3 _Parte_. En
esas organizaciones todo es vigoroso. Es una raza fuerte, fecunda y
emprendedora, como todas las que provienen de felices cruzamientos. Su
personalidad es tan enrgica; como slida y severa su probidad. Su valor
tan indomable como su espritu de independencia. La idea del trabajo es
all una religion. Es un pueblo que medita todo lo que hace, calculador
por excelencia y poco fanfarron. Los hbitos industriales le han
engendrado notablemente el sentimiento artstico, que armoniza con el de
la especulacion; pero no el del arte pintoresco y apasionado, sino el
del arte serio que entraa una _idea_. El catalan no tiene de la vanidad
sino el resorte fecundo,--el que impulsa al progreso,--porque es altivo,
emprendedor de todo y tiene horror  la frase: _quedarse atras_. El no
conoce obstculos para las cosas tiles: si el mundo no tuviera Ingleses
ni Anglo-Americanos, los Catalanes habran hecho el papel de las razas
sajonas en la industria y el comercio.

Por ltimo, la poblacion de las _Provincias_ (fundamentalmente cltica,
pero con infusion de razas posteriores) tiene un tipo semi-espaol y
semi-frances en sus costumbres y su industria. Amantes del trabajo y muy
hbiles en todas las manipulaciones, el vascongado y el navarro cambian
con la mayor felicidad la azada y el martillo por el fusil, si ven sus
libertades  franquicias seriamente amenazadas. All nadie se preocupa
preferentemente con la situacion poltica de la _nacion_: la cuestion
principal es la libertad _personal_, en armonia con el interes del
_distrito_. El trabajo es la nica manera de ser del hombre que el
vascongado comprende. Le tiene tal apego  su libertad,  su
personalidad de raza, de pas y de individuo, que conserva su lengua
propia  despecho de todo. A semejanza del catalan, es emprendedor, y
cosmopolita en caso necesario. Siempre se le ve celoso de conservar y
ejercer su iniciativa en toda obra de actividad social. Paciente y
tenaz, poco entusiasta, gusta de encerrarse en su individualidad para
hacer las cosas con aplomo,--lo que no le impide servirse siempre de la
asociacion para todo lo que requiere fuerzas colectivas y poderosas, 
una accion beneficente.

Las consecuencias naturales de todos esos rasgos caracteristicos se
notan en al condicion social diferente de loa cuatro grupos que componen
la Espaa continental. Sin desconocer algunas excepciones puramente
locales,  que se manifiestan en las clases sociales mejor educadas, las
reglas generales no son mnos fundadas, y pueden ser resumidas as:

En la Espaa que fu profundamente modificada por los Arabes  Moros,
est reunido casi todo lo que la sociedad espaola ha producido de mas
bello, grande, rico y sublime en materia de bellas artes. No hay un
palmo de terreno aprovechable que no est sometido al cultivo. Los
trabajos industriales indican mucha habilidad y feliz inspiracion. El
arte de al irrigacion es generalmente conocido y practicado can acierto.
Donde la propiedad territorial no est algo dividida (y esto es raro),
la poblacion la suple con la propiedad mobiliaria, sea en la
agricultura, la industria pecuaria, la pequea fabricacion, etc.; de
manera que la masa de prolatarios es relativamente bien reducida. La
tendencia  la posesion de _algo_ es muy general, y con ella los
instintos y hbitos de independencia. Las poblaciones son poco  nada
supersticiosas. La mendicidad no existe sino en muy pequea escala, y
eso, reducida  las grandes ciudades; en ningun caso proviene de los
instintos de la raza rabe, sino de causes econmicas y de las antiguas
tradiciones monacales. All hay verdadero bienestar en las masas, en
cuanto es posible en el estado actual de las sociedades. El liberalismo
es genial en todas las poblaciones. El movimiento econmico es muy
activo en todos los ramos de la produccion. Las gentes aman la pulcritud
y la elegancia. En una palabra, la Espaa morisca, con un territorio muy
inferior  la mitad del de la Espaa _gtica_, y una poblacion igual al
66 por ciento de la misma, es por lo mnos cuatro veces superior en
movimiento social, riqueza, bienestar y civilizacion.

Al contrario, esa Espaa gtica, que abarca mas de la mitad del
territorio y de la poblacion continental, y que contiene tan frtiles y
vastas llanuras y alti-planicies, vegeta en la inaccion y la pobreza
(con raras excepciones); se complace en al aislamiento, sin interes por
las comunicaciones; tolera en todas partes la mugre y la incuria; est
literalmente repleta de _mendigos_, manteniendo la mendicidad como una
institucion; tiene una asombrosa profusion de iglesias y antiguos
conventos; mira con desden las bellezas de la vegetacion, y est
sumamente atrasada en el arte de la agricultura y en la fabricacion.
All (muy al contrario de las otras secciones de Espaa) los campos
estn desiertos, y la poblacion se concentra en las ciudades y villas,
donde conserva con persistencia los hbitos de holgazanera, gazmoera
y mendicidad. El clero (sin influencia notable,  casi mulo en la
poltica ya la educacion social en los demas grupos) es en la Espaa
central muy poderoso todava para hacer daos  resistir al progreso,
porque puede influir fcilmente sobre turbas ociosas aglomeradas en las
localidades. Las costumbres del clero no son austeras, ni cosa que se lo
parezca; no toma interes ninguno en la instruccion popular, y se mezcla
en la poltica siempre que ve comprometidos sus propios intereses. En
lo general es codicioso, y su principal cuidado es el de asegurarse
buenas rentas.

La vida en el seno de aquella parte de la sociedad espaola ew montona
y triste. El aspecto de las gentes es siempre sombrio,  causa de sus
vestidos, de una tinta pardo-amarillenta en lo general. Las
construcciones carecen de gracia, sin la elegancia de lo sencillo ni la
seduccion de lo pintoresco. El pueblo divide solo su atencion, en
materia de espectculos, entre la iglesia y la plaza de toros; es decir,
dos misticismos,--el de la fe tradicional y el del peligro. En
conclusion, la vieja Espaa (con excepcion de los puertos del litoral
cantbrico, la ciudad de Madrid y en parte la de Valladolid) est
profundamente atrasada y estancada en todo. Y lo peor es, que ni
siquiera tiene todavia la nocion del progreso, porque no apoya ni aun
comprende suficientemente los ferrocarriles y demas elementos de
comunicacion.

Aunque las _Provincias_ son en realidad pequeas repblicas, por la
naturaleza de sus instituciones y costumbres especiales, y por lo mismo
forman un grupo relativamente superior al de Catalua, los dos tienen
tanta homogeneidad en sus rasgos generales, que pueden ser comprendidos
en una comun apreciacion. Es en esas dos secciones donde los pueblos han
mostrado siempre mayor apego y mas tenacidad en la defensa y
conservacion de sus _fueros_  libertades municipales, de lo cual, en
lejanos tiempos, dieron tan nobles ejemplos los Aragoneses, la fraccion
mas liberal y de mas fuerte personalidad entre las que componen el
segundo grupo.

En Catalua y las Provincias todo progreso es aceptado con entusiasmo y
constancia por las poblaciones.

_En ellas_ no existe la mendicidad; los mendigos que se encuentran en
algunas ciudades catalanas proceden casi todos de Aragon, de donde bajan
 explotar las plazas industriosas y comerciales. En los dos grupos que
tienen por centros principales  Barcelona y Bilbao, la intolerancia
castellana, que repele lo extranjero y nuevo, no tiene cabida. Muy al
contrario, el extranjero es acogido all con placer, y toda novedad que
entraa un progreso en la civilizacion encuentra la mas cordial
hospitalidad. Las libertades municipales y el individualismo fecundo han
hecho  esos pueblos laboriosos, reflexivos en todo, celosos de hacer
respetar el derecho, ntegros y severos en el cumplimiento de todo
compromiso. En ninguna parte de la pennsula es tan profundo como all
el sentimiento de la personalidad (perdneseme que lo repita), y
sinembargo, es all donde se presenta mas poderoso el espritu de
asociacion. Eso prueba que no hay ningun antagonismo natural entre lo
individual y colectivo; y que el hombre cuando se siente personalmente
libre, busca siempre el apoyo de las demas fuerzas individuales, porque
es un sr sociable, y hace las cosas colectivas mucho mejor que los
poderes socialistas que pretenden absorber la iniciativa de los
individuos en nombre del derecho comun.

En Catalua y las Provincias el sentimiento democrtico es profundo.
All el proletario es un _hombre_ y un _ciudadano_, porque vive del
trabajo y tiene la conciencia da que el trabajo es en la sociedad un
ttulo supremo que da derecho  la consideracion y la independencia.
Esos dos pueblos son los nicos que no se han dejado absorber por la
pretendida unidad de la nacion espaola, unidad de apariencia que no
reposa en instituciones verdaderamente liberales, populares y
nacionales. El catalan y el vascongado mantienen su lengua, su
literatura, sus tradiciones y libertades peculiares, y se reputn como
pueblos aparte. Ellos resumen lo que hay de mas prspero y slido, de
mas fecundo y distinguido en la situacion poltica, social y econmica
de Espaa; y no hay exageracion ninguna en decir que, as como Catalua
es la _Inglaterra espaola_, las Provincias son la _Francia peninsular_.
All faltan el fanatismo religioso, el gusto por el monopolio (aunque
los catalanes son proteccionistas por razon de sus fbricas), y la
veneracion del sable  del militarismo. El dia que en esos pueblos se
fundase la Repblica, el cambio seria insensible en lo social y
econmico; apnas se producira un movimiento ascendente en lo poltico.
Es en el seno de esos pueblos que se halla el verdadero grmen de la
democracia espaola.

El resultado de la comparacion precedente salta  la vista, al abrazar
al conjunto de la nacion espaola. Ella se compone de varios pueblos,
formados por cruzamientos mas  mnos intensos de razas diferentes, y
por la diversa accion de las instituciones que los han regido. Donde
quiera que ha reinado sin contrapeso ninguno el socialismo del poder
absoluto, la vida social se ha estancado. Donde Felipe II y Torquemada
han dejado las mas profundas huellas de su paso, el terreno ha quedado
estril  no ha producido sino espinos y malezas speras. Donde los
conventos y el clero han dominado con mas fuerza, la mendicidad se ha
hecho endmica, la ociosidad genial, las supersticiones groseras,
profundo el amor al aislamiento,  la rutina, la incuria y el desaseo.
Donde han faltado los fueros antiguos (es decir, las libertades 
garantas), la industria, la agricultura y el comercio han quedado
estacionarios, despues de la gran retrogradacion acarreada por la
expulsion de los moros y judos. Donde quiera se ven los malos frutos de
una educacion viciosa y corruptora. La moralidad domstica relativa de
la Espaa central no es efecto sino del viejo orgullo castellano y del
aislamiento social; de ningn modo el resultado de las instituciones
anteriores, que han hecho todo lo posible por corromper al pueblo.

Al contrario, all donde se han inoculado la sangre y las costumbres de
un pueblo liberal, de religion espiritual, igualadora y fraternal, y
amante de la naturaleza (el pueblo rabe  moro), se ve una considerable
prosperidad. All donde hubo lucha  dualidad de religiones, hay mas
tolerancia, mucho menos fanatismo, mas vivos instintos de libertad y
fraternidad, y el clero ha sido mnos vido de riquezas y poder. All
donde se han arraigado las tradiciones de la libertad econmica (que era
el secreto de los prodigios agrcolas, artsticos  industriales de los
Moros), la actividad es visible, la prosperidad satisfactoria, apesar de
la funesta accion de las leyes reglamentarias y prohibitivas. En los
pueblos (los vascongados) donde no hay monopolios, ni soldados, ni
prohibiciones, ni autoridad absorbente, ni impuestos indirectos
ruinosos, ni polica inqusitorial, ni centralizacion opresiva, todo es
espontaneo y viril, todo prospera, la paz reina, las costumbres son
puras, dulces y pacficas, el juego de pelota reemplaza casi los
sangrientos juegos de toros, el juego no existe como pasion y
especulacin, la propiedad raz est muy dividida, la vida es libre,
fcil y barata, la instruccion elemental est bien difundida, la
civilizacin avanza en todos sentidos, la poblacion est mucho mas
condensada.

La Catalua, aunque mucho mnos independiente del gobierno central, se
asemeja en su situacin  las Provincias, y brilla por su industria y
riqueza, precisamente porque ha estado mnos expuesta  la influencia
funesta del socialismo desptico, brutal y corrosivo inaugurado por
Carlos V y Felipe II; socialismo cuyas frmulas eran: la delacion, la
nivelacin en la obediencia pasiva, el convento, la unidad de religion,
el aislamiento espaol, la prohibicion, la reglamentacion de la vida, en
una palabra, la supresion completa de la individualidad.

Tales son las enseanzas que suministran el presente y el pasado de
Espaa, comparando la situacin social de sus cuatro grupos mas
caractersticos. Qu es lo que en justicia puede augurarse acerca del
porvenir de esa nacionalidad? Para responder  esta pregunta es
necesario compendiar los rasgos generales que ofrece toda Espaa,
respecto de su constitucion, su gobierno, sus partidos, su carcter
social, su educacion, sus ideas, su vida econmica, su literatura y sus
aspiraciones.

La Constitucion espaola es la imagen de la situacion del pueblo  quien
rige. All todo coexiste  medias, sin un carcter bien determinado. Es
una monarqua mitad de tradicin  legitimidad de derecho divino, mitad
de origen popular; de manera que ni la aristocracia, ni el absolutismo,
ni la democracia tienen autoridad, ni fuerza, ni prestigio, si no es
para entrabarse y daarse mutuamente. Parlamentario por las formas y el
origen aparente, el gobierno obedece mas  las influencias cortesanas
que  las de la opinion. Sumamente restringido el crculo de los
electores, y poderosos los medios de corrupcion, el sufragio representa
siempre al poder, sin que haya ejemplo de que un ministerio pierda las
elecciones. Los partidos, desorientados por falta de principios y
explotando en todo caso las situaciones, son  su turno explotados por
el poder, sin que la nacion gane cosa ninguna con las fluctuaciones
ministeriales. Poco mas  mnos todos los partidos gobiernan con los
mismos medios: la fuerza, la represion, la intriga, la corrupcion de las
conciencias. Cosa extraa! la gran masa del pueblo espaol detesta el
gobierno del sable y desea la ruina del militarismo; y sinembargo todos
los ministerios se apoyan sucesivamente en las bayonetas.

Las instituciones generales de Espaa parecen haber sido calculadas para
contrariar toda tendencia al progreso. En balde la Constitucion ha
establecido la igualdad legal, si las leyes restringen las importaciones
y todos los cambios, embarazan el trnsito, reglamentan muchas
industrias, hacen sumamente difcil el acceso de la juventud  las
profesiones liberales, y someten  funestas cortapisas las mejores
empresas. Un solo ejemplo, respecto de un interes muy subalterno,
bastar para que se comprenda cun funestos son los efectos del rgimen
restrictivo y reglamentario que impera en la mayor parte de Espaa. Poco
ntes de mi llegada  Madrid, el Gobierno habia querido favorecer  los
mozos de cordel, cuyo servicio est reglamentado. Con tal fin fij una
tarifa que daba al servicio de cada mozo el precio de cuatro reales de
vellon por un viaje  diligencia dentro de la ciudad; sindoles
prohibido  todos cobrar mas ni mnos por su trabajo. Esto, sin duda, en
obsequio de los mozos de cordel y del pblico. A los pocos dias de la
reforma, los mozos de cordel estaban quejossimos del Gobierno porque no
ganaban nada. La razon era sencilla. Antes, arreglndose libremente con
los particulares y hacindose competencia, ganaban seis, ocho  diez
reales por dia,  muy bajo precio, porque hacian muchas comisiones 
servicios. Pero con la tarifa alta, el pblico dej de ocuparlos, y el
precio triple  cudruplo de muy raras comisiones no les compensaba las
prdidas en el nmero de operaciones.

Espaa es un pas que abunda en fbricas de papel, aunque el producto es
generalmente defectuoso. La proteccion econmica prohibe la importacion
del papel extranjero, y obliga  los Espaoles  servirse del propio.
Cul es el resultado? La triste caresta que se ha sufrido en 1859-60
prueba que la prohibicion solo sirve para dar un privilegio  la
fabricacion nacional y mantenerla estacionaria. Durante muchos meses las
imprentas no han tenido papel para sus publicaciones, por impotencia de
los privilegiados. En Espaa, pas clsico de trigos y toda clase de
cereales, se ve con frecuencia el extrao fenmeno de una escasez de
granos que amenaza producir hambres! Por qu? Porque el pueblo no tiene
libertad para importar granos cuando las cosechas son escasas por falta
de lluvias. Espaa (es preciso repetirlo) es uno de los paises de Europa
donde se fuma peor tabaco (si no es de contrabando),--y le pertenece en
monopolio la produccion de Cuba, Puerto-Rico y Manila!

Las tarifas prohibitivas y protectoras, y por tanto muy elevadas, y el
exceso de reglamentacion, hacen difcil y relativamente reducido el
comercio de un Estado tan considerable como aquel. Cul es el
resultado? La corrupcion de los funcionarios al servicio de las aduanas,
y el contrabando inmenso y escandaloso, responden tristemente. El tesoro
espaol pierde por lo que entra clandestinamente  todo el territorio
(principalmente por Gibraltar, Portugal y los Pirineos) tres veces mas
de lo que importara una fuerte reduccion en las tarifas. Pero se
conserva un sistema funesto, por espritu de rutina y profundo atraso de
los hombres de Estado en el conocimiento de la economa social.

Estudiando con atencion y sin prevencion al pueblo espaol, se halla que
l posee muchas y eminentes cualidades _caractersticas_, y muchos y muy
graves defectos de _educacion_. Todo lo que tiene de bueno le viene de
la naturaleza, que lo ha dotado admirablemente; como todo lo que tiene
de malo es la consecuencia de instituciones profundamente corruptoras.
Es un pueblo leal, honrado, hospitalario, sumamente sobrio y frugal,
sufrido, valeroso, capaz de todas las proezas y de todos los esfuerzos
de una gran raza. Pero le falta, en lo general, el espritu de
iniciativa, la espontaneidad,--porque los malos gobiernos lo han
habituado  la vida pasiva, la inercia y la rutina en todo. Hay muchas
cosas viciosas, detestables, que el pueblo espaol ama, no por
_inclinacion_ sino por _hbito_. El juego, los toros, las rias de
gallos, etc., subsisten porque el gobierno los estimula y explota con
las loteras, los circos oficiales, los impuestos, etc. Los espaoles
viven entre vias literalmente, y consumen muy poco vino. Si las leyes
hubieran explotado la intemperancia como elemento fiscal, es seguro que
los ebrios abundaran como los jugadores y mendigos. As como los
conventos y las leyes fiscales han creado la mendicidad, los reglamentos
opresivos han creado la corrupcion oficial y mantenido una
administracion incapaz, dispendiosa y embrollada.

La sociedad espaola es asombrosamente inteligente, y los grandes
talentos nacen all donde quiera. No he visto clase ninguna en Espaa
que se asemeje en nada  los paisanos de Francia (los del Centro y los
Pirineos sobre todo), cuya imbecilidad solo es comparable  la de los
_Indios_ de las alti-planicies andinas. Pero de qu sirven esa
inteligencia clara, ese buen sentido y esa penetracion sagaz que
distinguen al pueblo espaol? La viciosa enseanza pblica, las mil
trabas profesionales, la opresion brutal que pesa sobre la prensa, y la
intolerancia religiosa (abyecta respecto de la Corte romana) anulan las
ventajas intelectuales que la naturaleza ha concedido  los Espaoles.
As, la gran masa popular es profundamente ignorante, en lo general; la
clase media no est  la altura de su posicion legal, ni comprende bien
su papel en una monarqua constitucional; la nobleza es ignorante y
superficial en su gran mayora; el clero es incapaz de llenar su alto
ministerio de una manera digna de la civilizacion actual; y la juventud,
amordazada en el campo de la prensa, sin tribuna pblica y agobiada por
la organizacion de privilegio que tienen las profesiones liberales, se
ve condenada  las vagas y nebulosas controversias y especulaciones de
la filosofa alemana, la economa poltica puramente terica y la
literatura de folletines, futilezas y traducciones de poca monta y mal
gusto.

El pueblo espaol es uno de los que en el Viejo Mundo tienen mas
hondamente arraigado el sentimiento de la personalidad y la igualdad.
Sin eso, l habria muerto desde hace mucho, asfixiado por el despotismo.
Esa es una cualidad que resiste  todo, porque est en la sangre y se
apoya en la topografa, en el clima, hasta en las tradiciones de la
lengua. Por eso, Espaa es uno de los mejores elementos para la
democracia en Europa. Espaa ser republicana y democrtica devras
mucho ntes que Francia, Alemania, Inglaterra y otros grandes pueblos de
Europa.

Pero hoy es un pueblo tosco, de educacion spera, cuyo pulimento no
vendr sino despues de que la sociedad entera haya entrado en una ancha
via de libertad, de movimiento y progreso. El lenguaje es muy escabroso
en todas las clases de la sociedad. Demasiado vehemente y libre,
reemplaza las delicadezas de la stira  del estilo persuasivo con la
elocuencia brutal de las interjecciones obscenas. Ademas, los Espaoles
adolecen de ciertos defectos que neutralizan en gran parte sus bellas
cualidades. Su petulancia social  de nacionalidad, que no le va en zaga
 la de los Portugueses, les obceca de tal modo que, llevndoles hasta
el quijotismo estril y las mas ridculas exageraciones, no les deja
reconocer el atraso de su pais. Se creen el primer pueblo del mundo, en
todo y por todo, no obstante su debilidad, su ignorancia, sus hbitos de
desaseo, mendicidad y empleo-mana, y su deplorable indiferencia por los
intereses comunes, que es el mejor abrigo de los malos gobiernos.

Eso no pasar sino  virtud del roce con los demas pueblos. La libertad
tendr que hacer muchos milagros en Espaa.

Pero si all la civilizacion est muy atrasada respecto de otras
sociedades europeas, no hay que pensar por eso que Espaa no progresa.
Cuatro siglos de tirana, intolerancia y errores inauditos, han dejado
atras  un pueblo que, si hubiera sido gobernado como Inglaterra desde
1688, sera hoy el primer pueblo del mundo. Apesar de eso, la Espaa de
hoy est muy distante, muchsimo, de la de 1825; progresa visiblemente,
y en solo cinco aos, despues de la pasajera cuasi-revolucion de 1854,
ha dado grandes pasos.

Se dir talvez: Si la mayora del pueblo espaol tiene tan buenas
cualidades caractersticas, por qu se deja gobernar mal y no cambia su
situacion? La explicacion del fenmeno es sencilla. Es que en Espaa no
ha habido hasta ahora ninguna _revolucion_, sino simples _luchas:_ la de
la independencia primero, y despues las luchas civiles. Alemania tuvo su
gran revolucion con la reforma religiosa; Inglaterra las dos del siglo
XVII; Francia la de la filosofa y de 1789. Pero Espaa no ha
experimentado nada semejante. Las luchas pasajeras cambian las
situaciones aparentes y modifican algo los caractres: solo las grandes
revoluciones forman las ideas de los pueblos. El espaol tiene los
instintos de la democracia y del progreso; pero le faltan las
convicciones consiguientes, las ideas que se han de traducir luego en
instituciones. Napoleon hizo antipticas en Espaa, con la invasion, las
ideas de la revolucion francesa.

Ellas vendrn por uno de dos caminos:  la reforma liberal, franca y
resuelta, iniciada por el Gobierno, que es el que tiene la fuerza;-- la
revolucion. Toca  los hombres de Estado anticiparse, si quieren
conjurar la revolucion democrtica, previnindola con la reforma
pacifica. El dia que la una  la otra se realice, Espaa ser una grande
y gloriosa nacionalidad, de primer rden en el juego de la civilizacion!


NOTAS:

[1] Posteriormente Pars ha sido agrandada, extendindose hasta la lnea
circular de las fortificaciones.

[2] Esta catedral, levantada en el mismo sitio de una que databa de
fines del siglo VI, fu comenzada por el rey Fernando III, en el ao de
1227 y terminada en su masa principal en 1493. Tiene 404 pis
castellanos de longitud, 204 de latitud y 116 de altura en la nave
principal. Varias de las capillas laterales son posteriores  1493.

[3] En todo ese pas pueden muy bien caber 500,000 almas.

[4] Excede anualmente de un million de arrobas que valen $6,000,000.

[5] Es sabido que tiene el mismo origen que la lengua _bretona_ en
Francia y la del pas de Gales en Inglaterra.

[6] Ntese bien que en estos cuadros mantengo tambien la subdivision de
grupos histricos, correspondientes  la antgua clasificacion del pais,
 saber: Reinos de _Valencia y
Murcia--Andalucias--Nueva-Castilla--Extremadura--Leon--Galicia--Vieja
Castilla--Aragon--Catalua, y Navarra y Provincias_.

[7] Provincia de Oviedo.

[8] Debo recordar que si se consideran solo las tres provincias
vascongadas, la proporcion es de 68 habitantes por kilmetro cuadrado,
densidad muy notable.


FIN.




ERRATAS NOTABLES. (Son ya corrigidos)

Pgina    Lnea     Dice.               Lase.

   1        6     amargas             amargos
   "       17     y coral de          y coral, de
   6       27     y recuerdos de      y recuerdos, de
   7       17     y bordado de        y orillado por
   8       10     es  la industria,  es  la primera,
  18       13     los jabales        los zanos
   "       26     de pescar,          de pescadores,
  20     25-26    encon-ramos         encon-tramos
  48       38     y de la fuerza      y por la fuerza
  54        8     globo del entero!   del globo entero!
  67       17     las salmos          los salmos
  77       29     hiedras             yedras
  78       13     antidiluviano       antediluviano
  79       18     palet              _palt_
 102       25     y que jamas         que jamas
 115       27     la Suiza y Baden    la Suiza, Blgica
                                        y Bden
 116       27     que espanta         que asombra
 142       21     de direccion        de disecacion
 147       13     mas pequeo         mnos grande
 148       24     Lo descubrir       Lo describir
 177       24     ciudades que        ciudadelas que
 214       21     donde Maquet y      donde Florentino y
 289        2     Pero es que el      Pero el
   "       32     casas y noches,     casas y coches,
 291       17     por una acerca      por una acera,
 312        7     de todas gentes     de todas las gentes
Varias   Varias   pie--pais--aun     pi--pas--an

       *       *       *       *       *

Paris.--Imprenta de E. THUNOT y Ca, calle Racine, 26.

[Illustration: MAPA DE INTINERARIOS DE LA PRIMERA SERIE.]

[Illustration]

[Mapa] Grabado por Erhard, Calle Bonaparte 42

Paris--Imprenta de Thierry hermanos, Cit Bergre 1.







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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.net

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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