The Project Gutenberg EBook of Historia de la literatura y del arte
dramtico en Espaa, tomo IV, by Adolfo Federico

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Title: Historia de la literatura y del arte dramtico en Espaa, tomo IV

Author: Adolfo Federico

Translator: Eduardo De Mier

Release Date: August 13, 2011 [EBook #37067]

Language: Spanish

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[Illustration: COLECCIN
DE
ESCRITORES CASTELLANOS]

A. F. SCHACK

HISTORIA
DE
LA LITERATURA
Y DEL ARTE DRAMTICO
EN ESPAA

traducida directamente del alemn al castellano

POR

EDUARDO DE MIER

TOMO IV

[Illustration]

MADRID

IMPRENTA Y FUNDICIN DE M. TELLO
_Impresor de Cmara de S. M._
Don Evaristo 8
1887

[Illustration: CRITICOS.]

COLECCIN
DE
ESCRITORES CASTELLANOS

CRTICOS

[Illustration: EX LIBRIS.]

HISTORIA
DE
LA LITERATURA
Y DEL ARTE DRAMTICO
EN ESPAA
IV




TIRADAS ESPECIALES


    100 ejemplares en papel de hilo, del       I al 100.
     25           en papel China, del         I al XXV.
     25           en papel Japn, del         XXVI al L.

[Illustration]




CAPTULO XXVIII.

     ALARCN.--Sus obras dramticas.


Alarcn es uno de los poetas dramticos espaoles ms distinguidos, y 
pesar de esto, fu poco estimado de sus coetneos, hacindole notoria
injusticia, y tampoco ha obtenido despus por la posteridad la fama que
indudablemente mereca. Sbese muy poco de su vida. D. Nicols Antonio,
que por otra parte hace mencin de l con singular aprecio, no indica ni
aun con seguridad el lugar de su nacimiento[1]. Pero acerca de este
punto existe, sin embargo, una antigua crnica que aclara nuestras
dudas[2]. Juan Ruiz de Alarcn y Mendoza, pues, si nos atemos  sus
datos, naci en Tasco, en Mjico, y descenda de una familia oriunda del
lugar de Alarcn, en el obispado de Cuenca. No se ha podido averiguar
todava si esta misma familia de Alarcn, que pas  Amrica, formaba
parte de la casa noble del mismo nombre, sobre cuya genealoga hay una
obra escrita por el marqus de Trocifal; pero es lo cierto que nada se
dice en ella de nuestro poeta[3]. De los registros de la Inquisicin
aparece que Alarcn resida en Espaa en el ao de 1622[4]. En el de
1628 se public el primer volumen de sus comedias[5], titulndose el
autor Relator del Real Consejo de Indias. Este cargo era muy
importante, y demuestra que Alarcn perteneca  las clases ms elevadas
de la sociedad. El estilo familiar, que emplea en la dedicatoria de su
libro al duque de Medina de las Torres, se diferencia mucho del humilde
y algo rastrero, usado generalmente por los escritores de aquella poca
al dedicar sus obras  los grandes y  los que desempeaban los puestos
pblicos supremos. A la dedicatoria que mencionamos sigue otra al
pblico, cuyo lenguaje respira el mayor orgullo:

Contigo hablo, bestia fiera, que con la nobleza no es menester, que
ella se dicta ms que yo sabria. All van esas comedias: trtalas como
sueles; no como es justo, sino como es gusto, que ellas te miran con
desprecio y sin temor, como las que passaron ya el peligro de tus
silvas, y aora pueden slo passar el de tus rencores. Si te
desagradaren, me holgar de saber que son buenas; y si no, me vengar de
saber que no lo son el dinero que te han de costar.

Pero este desdn orgulloso fu funesto en sumo grado para el poeta.
Mientras que muchos poetas dramticos medianos eran celebrados, en
general, se le atenda muy poco, y su nombre,  no se encuentra en los
escritores coetneos,  slo se cita de paso y  la ligera. Lope de
Vega,  la verdad, le consagra en su _Laurel de Apolo_ algunas frases de
alabanza que nada prueban y significan, cuando observamos que otras
iguales y ms exageradas se consagran en la misma obra  poetas muy
inferiores  Alarcn. Pocas composiciones suyas se encuentran en las
colecciones de las comedias ms aplaudidas de aquella poca, y lo que
es peor, y deba disgustarnos sobremanera, es que algunas de sus obras
ms notables se imprimieron y atribuyeron  otros poetas ms famosos. En
el prlogo al segundo volumen de sus comedias alude l  este abuso, y
lo hace, por cierto, con tanta moderacin y tanta modestia, cuanto que
se halla en completa oposicin con el tono del prrafo copiado ms
arriba:

Qualquiera que tu seas, dice,  mal contento ( bien intencionado) sabe
que las ocho comedias de mi primera parte, y las doce desta segunda son
todas mias, aunque algunas han sido plumas de otras cornejas, como _El
texedor de Segovia_, _La verdad sospechosa_, _Examen de maridos_[6], y
otras que andan impressas por de otros dueos: culpa de los impressores,
que les dan los que les parece, no de los Autores,  quien las han
atribuydo, cuyo mayor descuydo luze mas que mi mayor cuydado; y assi he
querido declarar esto, ms por su honra que por la mia, que no es justo
que padezca su fama notas de mi ignorancia.

No hay dato alguno que nos ponga en estado de determinar, ni aun
aproximadamente, el ao de la muerte de Alarcn.

Las obras de este poeta, como se nota en general en la poesa dramtica
espaola, apareciendo como carcter suyo peculiar, nos descubren un
horizonte potico completamente nuevo. Alarcn era uno de esos hombres
osados y de espritu independiente, que, despreciando toda imitacin,
emprenden sin vacilar nuevas sendas; uno de esos caracteres enrgicos,
que imprimen el sello de su originalidad de una manera indeleble en todo
lo que hacen. Cuando la mayor parte de los poetas dramticos de aquel
perodo consideraban de ordinario el argumento de sus obras como su
objeto principal, manejndolo y revolvindolo en todos sentidos para
darle el aspecto y la forma que poda ofrecer la poesa para recreo de
los espectadores, los hechos, que constituyen el enredo, son slo para
este poeta la expresin del pensamiento que intenta representar. No
arranca, como Lope, de la contemplacin tranquila de lo que es la vida
humana, sino del sentimiento de la pasin, poderosamente excitado; ni se
propone nicamente agradar, ni interesar y conmover al pblico, sino
comunicar  los dems la fuerza violenta de la inspiracin que lo
llena. Alarcn, segn parece, hubo de ser un hombre atrevido y
orgulloso, despreciador de todo lo villano y sintiendo ardiente amor por
todo lo bueno; la nobleza de un alma grande y la sublimidad de los
pensamientos se ven impresas en todas sus poesas; pinta con
predileccin cuanto realza y sublima al hombre, la energa varonil y el
nimo incontrastable de la inocencia perseguida, la abnegacin infinita
del amor, la fidelidad inmutable de la amistad, y lo que preferan 
todo los verdaderos espaoles de aquel tiempo, la lealtad caballeresca y
la satisfaccin de aqul,  cuyo honor no deslustra mancha alguna. Al
lado de estas cualidades, se nota tambin, con arreglo  las ideas de la
poca, que se ensalza la sed inextinguible de venganza, poco escrupulosa
en la eleccin de los medios, y que se sostiene el principio de borrar
con sangre del ofensor la deshonra sufrida por su causa.

Este poeta, en el momento en que concibe con toda claridad la idea  el
pensamiento, que ha de revestir forma potica, no obstante la violencia
de sus afectos, que por todas partes se muestra, le imprime con pasmosa
seguridad los contornos plsticos que la convierten en obra artstica
perfecta. No se observa en su trabajo nada superfluo, nada que no se
halle en riguroso acuerdo con la idea fundamental de cada una de sus
obras: todas las partes de ella forman un conjunto orgnico acabado, lo
particular en la ms estrecha relacin con lo general, y es imposible
suprimir una escena sin destruir por completo la harmona de la obra.
Los dramas de Alarcn son tan limados, es tan estrecha la trabazn de
sus partes, y cada una de stas tan perfecta, que pocos pueden
comparrsele bajo este aspecto. Digno de alabanza especialmente es el
mtodo racional, que observa para apurar hasta el extremo el fondo de
sus argumentos, y lo es tanto ms, cuanto que la mayor parte de los
dramticos de su poca se distinguen por el defecto contrario.

La forma externa de sus obras se acomoda exactamente  la perfeccin del
fondo; su lenguaje se amolda siempre maravillosamente  los pensamientos
que expresa; elvase, con la osada de los conceptos, al peldao ms
alto de la locucin potica sin hinchazn y sin hojarasca, y hasta en
las escenas menos animadas puede calificarse de modelo de claridad y de
naturalidad.

Ninguno de los dramas de Alarcn deja de sobresalir por sus bellezas
particulares; sin embargo, descuellan entre todos aqullos que pueden
llamarse hericos, y cuyo argumento se funda en la historia  en la
tradicin nacional. El carcter romntico peculiar que imprima su sello
en la vida de Espaa en esa poca, aparece en sus obras con ms plenitud
y con mayor fuerza que en ninguna otra. La grandeza y la sublimidad, que
haba persistido desde siglos en los romances populares, y exaltado
hasta el extremo la imaginacin y los afectos de los espaoles; el amor
y la ternura caballeresca que sugera  los enamorados sus cantos en la
ventana de sus damas, se presenta en las comedias de Alarcn bajo otra
forma y con mayor viveza. Ese pueblo formal y satisfecho, lleno de
herosmo y de fe, ingnita en Espaa largo tiempo haca, se presenta 
nuestra vista en su vida y en sus obras; y  su lado, el otro, que como
un fuego destructor, haban abortado los desiertos de la Arabia,
olvidando pronto su ferocidad natural bajo un cielo ms benigno, y
construyendo sus mgicos palacios en los jardines encantados de
Andaluca. Contemplamos como testigos la lucha secular entre la cruz y
la media luna; oimos los gritos de guerra y el estrpito de las armas, y
entre ellos, cantos llenos de melodas y quejas amorosas, hasta que, al
fin, el sonido de la campana se sobrepone al fragor de las batallas, y
el pueblo victorioso planta el smbolo de la fe en las mezquitas del
Profeta, pero asimilndose todas las bellezas que encuentra entre los
vencidos, y hacindolas florecer luego con ms pompa y con mayor bro.

_El tejedor de Segovia_ es una de las composiciones dramticas ms ricas
y llenas de vida que se han puesto en escena. El fundamento de esta
comedia parece ser una tradicin, relativa  las familias de los Vargas
y de Pelez[7]; pero la forma particular que le ha dado Alarcn, es
original, sin duda alguna, y de tal naturaleza, que slo poda prosperar
en manos de un poeta de primer orden. El ingenio que muestra en la
invencin, el inters arrebatador de las situaciones, la firmeza y la
vida de los caracteres y el estro potico que vivifica todas sus partes,
seala  este drama un lugar merecido entre las obras magistrales ms
selectas que haya producido la poesa dramtica. Aquellas escenas, en
que el joven Fernando vuelve como vencedor de las guerras contra los
moros, y en vez de la recompensa que esperaba, encuentra decapitado  su
noble padre por las calumnias del infame Pelez, amenazndole tambin
el mismo suplicio; su refugio en una iglesia, en donde se parapeta y
defiende contra el populacho amotinado; la aparicin maravillosa de la
joven doncella, su ngel salvador, que llega  libertarlo estando tan
prximo  la muerte; el sacrificio de su hermana,  quien inmola,
rogndoselo ella para hacer vanas las asechanzas de su enemigo; y la
venganza completa, que, despus de afrontar infinitos peligros, que se
suceden con inters siempre creciente, toma al cabo de los traidores,
dejando su honor inmaculado: todo esto se graba perfectamente en la
memoria de cualquiera si alguna vez llega  leerlo. Imposible es, sin
embargo, exponer en el anlisis de esta obra el nmero y calidad de las
innumerables bellezas de este poema grandioso, exuberante en fuerza y
energa, que sin dudas de ningn gnero puede colocarse entre los ms
perfectos que se hayan escrito en cualquier poca y en cualquier pueblo.
Basta su simple lectura, como decimos (y ya que no en el original, por
lo menos en la traduccin alemana, que dista mucho del primero)[8], para
que admiremos la riqueza inagotable de la invencin, el brillo de la
exposicin, su riqueza en imgenes y afectos, y la sublimidad verdadera
de toda la obra, as como el arte y buen sentido del poeta, que,  pesar
de la superabundancia de hechos que constituyen su accin, los encauza 
todos hacia el objeto final de su plan, y aumenta as sobremanera la
belleza y el efecto de la impresin que hace en el espectador  lector.

La titulada _Ganar amigos_, de Alarcn, es casi igual en mrito  la
indicada: un poema sublime y apologtico de la amistad, en el cual
campean la inspiracin potica ms vigorosa y los ms hidalgos
sentimientos.

La accin de este drama es, en resumen, la siguiente:

La bella Doa Flor es amada por el marqus Don Fadrique, favorito de
Pedro _el Justiciero_, y le demuestra la inclinacin exclusiva que la
domina, motivada por el desagrado que la produce la ida  Sevilla de Don
Fernando, otro caballero con quien antes estaba en relaciones; algo
coqueta,  la verdad, no renuncia al amor de este ltimo por completo,
hacindole jurar solemnemente que nunca, por ningn pretexto, hablar 
nadie de su amor. Una noche, en que Don Fernando galantea  su novia en
la ventana, se suscita una cuestin entre l y otro caballero, que
termina con la muerte de ste. Fernando huye de la justicia, que le
persigue, y pide auxilio al primer caballero que encuentra, el cual no
es otro que su rival el marqus Don Fadrique, que le promete ampararlo,
como era de esperar de su hidalgua, y le presta su capa para que se
disfrace y no lo conozcan. Acrcanse sus perseguidores, y el Marqus
averigua de ellos que el muerto es su hermano; pero  pesar de esto
cumple religiosamente su palabra, oculta al matador y le acompaa hasta
fuera de la ciudad, pidiendo slo al fugitivo que le diga su nombre y
que le descubra la clase de relaciones en que haba estado con Doa
Flor. Fernando rehusa acceder  lo ltimo por guardar el juramento
prestado; entonces pelean ambos, cae Fernando, y Don Fadrique le pone la
espada al pecho para que revele el secreto; pero el vencido persiste con
firmeza en su propsito, y prefiere morir  quebrantar su promesa. El
Marqus le dice entonces:

      Levantad, ejemplo raro
    De fortaleza y valor,
    Alto blasn del honor,
    De nobleza espejo claro.
    Vivid: no permita el cielo
    Que quien tal valor alcanza,
    Por una ciega venganza
    Deje de dar luz al suelo.

           *       *       *       *       *

           *       *       *       *       *

    No slo estis perdonado,
    Pero os quedar obligado
    Si me queris por amigo.

      FERNANDO.

    De eterna y firme amistad
    La palabra y mano os doy.

      MARQUS.

    Don Fernando de Godoy,
    Idos con Dios, y pensad
    Que, puesto que ya la muerte
    De mi hermano sucedi,
    Que ms que  m quise yo,
    Os estimo de tal suerte,
    Que trueco alegre y ufano,
    A mi suerte agradecido,
    El hermano que he perdido
    Por el amigo que gano.

Esta escena es de una belleza incomparable. El Marqus suplica al Rey
que indulte  Don Fernando de la pena merecida por su delito, y promete
tambin  Don Diego, hermano de Doa Flor, renunciar por completo  la
mano de su hermana, cuya reputacin ha sufrido algo  causa de la
aventura nocturna ocurrida junto  su ventana. Doa Flor, muy afligida
por la retirada repentina del Marqus, encarga  una de sus amigas,
llamada Doa Ana, que le disuada de su propsito por cualquier medio, y
que le consagre de nuevo su amor. La ltima, con este objeto, tiene una
conferencia con Don Fadrique, que es escuchada por Don Diego, amante de
Doa Ana; pero por mala explicacin  por mala inteligencia, deduce de
ella que se propone atraer por su cuenta al Marqus. Don Diego resuelve
entonces, para vengarse de la infiel, entrar disfrazado en su casa, como
si fuese el mismo Marqus, y ejecutar su propsito. Don Fadrique,
mientras tanto, ha recibido del Rey la comisin de encarcelar  un Don
Pedro de Luna, reo de cierta falta punible; pero, como es amigo suyo,
intenta librarlo concedindole una plaza de general, cuya provisin era
muy urgente. Don Pedro, que ignora la causa de este nombramiento, cree
que Don Fadrique desea tan slo alejarse del Rey, y resuelve tambin
vengarse acusndolo de haber dado muerte  su hermano, impulsado por los
celos. Doa Ana, vestida de luto, se presenta al Rey y le pide justicia
contra el fautor de su deshonra. El Marqus es encerrado en la crcel y
condenado  muerte; pero apenas lo sabe Fernando, oculto hasta entonces,
se presenta y confiesa que l es el matador; Don Diego acorre tambin
para declarar que es el causante de la deshonra de Doa Ana; y por
ltimo, Don Pedro, conocedor ya de los motivos que impulsaron al Marqus
 obrar como lo hizo, se empea en entrar en la crcel en lugar del
inocente acusado. Susctase entonces una contienda herica entre los
cuatro caballeros: cada uno de ellos quiere salvar  los dems y sufrir
la pena. El Rey, que asiste  este altercado sin ser visto, siente tal
emocin ante la nobleza de sentimientos de los cuatro caballeros, que 
todos concede su gracia y los llama el mejor ornamento de su reino. Doa
Ana da su mano  Don Diego, y Doa Flor al Marqus.

El efecto de esta comedia debi ser extraordinario al representarse,
porque no slo interesa y conmueve el corazn, sino que estimula tambin
 las acciones magnnimas. Aunque parezca una asercin algo temeraria,
diremos, no obstante, que Alarcn es, entre todos los dramticos
espaoles, el que ms sobresale por la pureza y energa de los afectos.
Cuanto dice arranca inmediatamente de la sensibilidad ms profunda, y de
aqu que mueva tambin inmediatamente la nuestra; su elocuencia es
siempre inagotable, y nos arrastra con ella, porque su lenguaje es el
lenguaje del alma.

_La crueldad por el honor_ (cuyo argumento proviene de un suceso, que
cuenta Mariana en su libro undcimo) no es inferior  las comedias
mencionadas hasta ahora, ni en la grandeza de los pensamientos, ni en la
fuerza de su expresin. El argumento se basa en un hecho extraordinario
de la historia antigua del reino de Aragn, y es, en pocas palabras, el
siguiente:

Don Nuo Aulaga, noble aragons, que se cree gravemente ofendido por Don
Bermudo, uno de los dignatarios ms elevados del reino, ha intentado
vanamente vengarse de su ofensor; todas las tentativas se han estrellado
ante la posicin que ocupa en el Estado Don Bermudo, y no le queda otro
recurso, para realizar sus proyectos ms adelante, que acompaar al rey
Alfonso en una expedicin  la Tierra Santa. El Rey muere en esta
cruzada  manos de los infieles, y Don Nuo es hecho prisionero. Se
supone que todos estos sucesos han ocurrido antes de comenzar la
comedia. Don Nuo vuelve  su patria despus de una ausencia de
veinticinco aos, durante la cual han gobernado  Aragn la reina
Petronila y Don Bermudo, su primer ministro. Slo rumores vagos han
llegado al reino acerca de la muerte del Rey, y muchos confunden con
ste  Don Nuo por su extraordinaria semejanza con el difunto Monarca.
Esta particularidad le sugiere el plan de fingirse el Rey, no dudando
que como  tal lo mirarn todos sus vasallos, y que de esta manera podr
asegurar el xito de su venganza de Bermudo, tan largo tiempo y tan
ardientemente deseada. En efecto, encuentra en seguida el apoyo de casi
todos los grandes, y  poco se ve al frente de un ejrcito poderoso,
con cuya ayuda ataca  la Reina, que lo declara un impostor. Doa
Petronila slo cuenta con pocos partidarios, siendo uno de ellos Don
Sancho Aulaga, el hijo de Don Nuo, que, como es natural, no conoce  su
padre el caudillo del bando contrario. Pero antes de darse la batalla
decisiva, en la cual han de pelear el padre contra el hijo, Don Nuo
atrae  Sancho  una conferencia, se descubre y le conjura  que
abandone la defensa de la Reina; pero l permanece fiel  su deber, y,
cuando intenta dar la seal del ataque, su ejrcito se pronuncia en
favor de Don Nuo, obligndolo por necesidad  no hacer armas contra su
padre. Doa Petronila se ve privada de todo auxilio; Don Nuo ocupa el
trono, y todos lo reconocen por Rey. Llega entonces el momento suspirado
de vengarse de Don Bermudo. Lo atrae  una entrevista secreta; le revela
quin es y el fin que se ha propuesto desde un principio, y quiere
obligarlo  combatir con l  muerte, cuando muchos caballeros, que
ocultos lo haban escuchado, se presentan de improviso  impiden la
ejecucin de sus proyectos. Conocido ya y abandonado de todos sus
amigos, es condenado el falso Rey  muerte vergonzosa; pero como el
objeto de su conducta no ha sido otro que el deseo de recobrar su
honor, se propone entonces ejecutar una resolucin herica para librarse
del oprobio que ha de recaer en su nombre. Pide, pues, como ltima
gracia que se le permita ver  su hijo, y le ruega entonces
encarecidamente que le d muerte, porque si sucumbe  manos de un hombre
esforzado se borrar la vergenza de su suplicio. Don Sancho, despus de
matar  su padre, ha de vengarse en seguida de Don Bermudo y sostener en
lid solemne contra todos, que el impostor que se present al principio
como Rey, y que despus se crey ser Nuo Aulaga, no era su verdadero
padre, porque ste haba muerto en Palestina largo tiempo antes. Don
Sancho ejecuta esta orden al cabo, siendo vanas sus objeciones y su
obstinada oposicin  los deseos de su padre, y lo mata, y consigue de
la Reina la licencia de pelear solemnemente con Don Bermudo, y despus
con todos los dems que nieguen la verdad de su dicho, averigundose al
fin que l mismo no es hijo de Don Nuo, sino de Don Bermudo; que no ha
existido en realidad la ofensa que se supona haber hecho ste  Don
Nuo, finalizando as el drama, y desatndose su nudo satisfactoria y
tranquilamente, despus de haber movido tanto los afectos de los
espectadores.

_Nunca mucho cost poco_ (conocida tambin bajo el ttulo de _Los
pechos privilegiados_), fundada, segn asegura el poeta, en un suceso
verdadero, contiene escenas muy interesantes; pero carece de esa viva
pintura de pasiones que se observa en otras de Alarcn, y en las cuales
es tan maestro. En _Don Domingo de Don Blas_ se describe con mucha
belleza la transformacin repentina de un alma, sumida en el egosmo, en
noble y en magnnima. _La Manganilla de Melilla_ ofrece cuadros y
situaciones de mucho inters, propios slo de poetas de imaginacin muy
creadora, aunque se echen de menos en el plan la razn y la sensatez,
que tanto brillan en otras obras de este mismo poeta. En _La prueba de
las promesas_ se desenvuelve muy hbilmente, bajo forma dramtica, el
conocido cuento del dicono de Badajoz.

En las comedias de _El Antecristo_ y _Quien mal anda mal acaba_,
predomina un genio sombro y fantstico, poco comn en Espaa. La
primera es una representacin dramtica extraa de la visin del
Apocalipsis; la segunda, en su argumento, es semejante  la tradicin de
Fausto, conocida probablemente en Espaa poco antes de su composicin.
Un mancebo, llamado Romn Ramrez, extraviado por su amor, sin
esperanzas,  una beldad, prometida  otro, vende al diablo su alma por
alcanzar con su ayuda el cumplimiento de sus deseos. Y, en efecto, con
el auxilio del espritu de las tinieblas, consigue anular los anteriores
esponsales; pero al darle su amada la mano junto al altar, se presentan
dos familiares de la Inquisicin, y lo condenan por su alianza con el
demonio.

En _El dueo de las estrellas_ y _La amistad castigada_, recurre
Alarcn, en sus invenciones,  la antigedad griega. No es fcil
descubrir la razn que hubo de moverle, porque ambas comedias se fundan
por completo, con arreglo  las ideas de los espaoles de aquella poca,
en el conflicto suscitado entre el honor y los deberes de sbdito.

Las comedias autnticas de Alarcn se distinguen de la mayor parte de
las dems espaolas por lo animado  individual de sus caracteres.

La ms clebre, entre todas stas, es _La verdad sospechosa_, modelo del
_Menteur_, de Corneille, aunque sta slo ha conservado muy poco del
original. Un joven de prendas poco comunes, aunque deslustradas por su
propensin  la mentira, ve, recin llegado  Madrid, dos bellas damas,
enamorndose de una. Habla con ella y pretexta, ya por seguir su natural
propensin, ya por realzar su mrito  sus ojos, que es un americano
residente en Madrid hace un ao, y que desde esta fecha est enamorado
de ella, sin haber encontrado ocasin de declarrselo. Poco despus
encuentra un amigo, enamorado tambin de la misma dama, y celoso de ella
por haber odo que otro amante le ha dado una fiesta  orillas del
Manzanares la noche anterior; el embustero, que ignora la pasin de su
amigo, le dice, para darse importancia, que l ha sido el autor de
aquella fiesta. Habla luego con su padre, que le propone un enlace con
una dama de belleza y amabilidad tan extraordinaria, que ninguna otra
puede comparrsele. Esta es la misma de quien est apasionado el
mancebo; pero no conociendo su verdadero nombre y para oponerse al
casamiento propuesto por su padre, finge que se ha casado ya en
Salamanca, y lo obliga, por tanto,  anular el trato ya hecho. De estas
tres complicaciones, y de otras que nacen de su argumento, combinadas
con el mayor ingenio, teje Alarcn su fbula, desenlazndose de suerte
que el embustero pelea con su amigo, se convierte en objeto de las
burlas de todos, pierde la mano de su amada y se casa con otra que no es
de su agrado.

Es probable que la tendencia tan moral de esta comedia ha sido el
motivo, que ha llevado  muchos crticos  considerarla como la mejor de
todo el teatro espaol. Nuestro juicio acerca de su mrito es muy
diverso. Lope, Tirso, Moreto, Rojas y hasta el mismo Alarcn, han
escrito otras obras de ms ingenio en la invencin, y de mucha ms vis
cmica, y de mayor gracia y elegancia. No es esto negar que _La verdad
sospechosa_ sea una comedia de primer orden y de las muy raras,  cuya
tendencia moral directa no perjudica en lo ms mnimo la poesa. Sus
bellezas resaltan todava ms cuando se comparan con la imitacin seca y
descolorida de Corneille, en la cual se echan de menos  aparecen
desfigurados todos los rasgos de ingenio y gracia del original,
transformndose en drama moral insoportable un cuadro lleno de vida y de
talento en todos sus personajes[9].

Otra comedia, superior en nuestro concepto  la mencionada, y
notabilsima en todas sus partes, es _El examen de maridos_. La idea de
presentar una dama joven que, en obediencia  lo dispuesto en el
testamento de su padre, hace un examen formal de la honradez y
sentimientos de sus pretendientes, alcanzando el triunfo el ms digno,
es original en sumo grado, y da margen  las situaciones dramticas ms
interesantes; la combinacin de su plan demuestra, adems, el
extraordinario ingenio y la superioridad de su autor, as como los
caracteres sobresalen por su vida, por su variedad y por su fuerza.

_El semejante  s mismo_, _Quin engaa ms  quin_ y _Los empeos de
un engao_, han de clasificarse entre las comedias de intriga
propiamente dichas; pero as stas como las dems de nuestro eminente
poeta, por su invencin ingeniosa y original, por el hbil desarrollo de
la accin y por la elegancia de la exposicin, han de considerarse como
las ms perfectas del teatro espaol, siendo de deplorar que slo
existan ediciones antiguas y raras de ellas, conocidas slo de escasos
aficionados.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO XXIX.

     Felipe Godnez.--Luis de Belmonte.--Rodrigo de Herrera.--Otros
     dramticos de este tiempo.


No hay dato alguno acerca de la vida de Felipe Godnez, y el nico que
conservamos, y que nos sirve para determinar la poca en que escribi
para el teatro, es la mencin que de l se hace en _El viaje al
Parnaso_[10].

Sus comedias no se distinguen por rasgos grandes y originales: son, en
general, de invencin interesante, y en su exposicin revela tambin
ingenio poco comn. En la comedia titulada _Aun de noche alumbra el
sol_, se repite un tema muy popular en la escena espaola,  saber: el
del conflicto que surge entre un Prncipe y un particular, que enamoran
ambos  la misma dama, siendo muy de alabar en este poeta que el
argumento de su drama, manejado tantas veces por otros escritores, gana
considerablemente en mrito y belleza.

El lugar de la escena es en la corte del rey de Navarra. Don Juan de
Ziga tiene relaciones amorosas con Doa Sol, emparentada con la
familia real, y es pretendida al mismo tiempo por Don Carlos, Prncipe
heredero de la Corona. Una noche se encuentran los dos rivales en la
puerta de la casa de Doa Sol; susctase entre ellos un altercado, y el
Prncipe, usando de su autoridad soberana, le manda renunciar  su amor.
Pero Don Juan, para asegurar por completo la posesin de su amada, forma
el proyecto de casarse con ella en secreto. El Prncipe, que contina
tratando  la dama, aunque ignora todava si se ha celebrado  no el
casamiento, lleno de ira al saber que no se han cumplido sus rdenes,
encarga  Don Jaime, amigo de Don Juan, que lo mate. Don Jaime, mientras
finge obedecer las rdenes del Prncipe, advierte  su amigo el peligro
que le amenaza, obligndole  huir para salvarse, y prometindole que,
durante su ausencia, l ser el protector de Doa Sol. Don Juan accede 
las splicas unidas de su amigo y de su esposa, cuyo tierno afecto
describe el poeta de un modo muy agradable, y se encamina  una aldea
prxima, en donde se mantiene oculto. Doa Constanza, mientras tanto,
otra dama enamorada de Don Juan, cuya suerte le sigue interesando, forma
el proyecto de explotar la clera del Prncipe, escribindole billetes
amorosos y dndole citas nocturnas bajo el nombre de Doa Sol. El
Prncipe, por equivocacin, llega una noche al aposento de la verdadera
Doa Sol, la cual lo rechaza enrgicamente, como exiga su deber; pero
esta conversacin llega  odos de Don Juan, que haba venido  hacer
una visita secreta  su esposa, y como desconoce el conjunto de
circunstancias, causa de esta entrevista, tiene por infiel  su esposa,
 la cual acusan las apariencias. Presntase luego movido de rabiosos
celos; prorrumpe en dicterios contra Doa Sol, y es encerrado en la
crcel por orden del Prncipe. El Rey, que, mientras tanto, ha prometido
la mano de su hijo  la Princesa heredera de la Corona de Aragn, se
muestra muy descontento de la pasin que lo extrava y distrae, por cuyo
motivo pone en libertad  Don Juan, y le manda que d muerte  Doa Sol.
Don Juan, excitado por los celos, y en la inteligencia de que su honor
ha sido manchado, sin pensar ms que en su venganza, se dispone 
ejecutar las rdenes del Rey, penetra de noche en la casa de Doa Sol,
no da crdito  sus protestas de inocencia, y se prepara  herir su
pecho, cuando oye cerca de la casa un coloquio amoroso, conociendo la
voz del Prncipe, que habla con otra dama, que no es su esposa Doa Sol.
Desengaado entonces de su error, y convencido de la fidelidad de su
mujer, se precipita al punto en sus brazos; en este momento aparece el
Rey con servidores, que traen antorchas, y en vez de encontrar el
cadver que esperaba, encuentra  los dos esposos estrechamente
abrazados, y tambin al Prncipe su hijo en brazos de Doa Constanza.
Don Juan declara que se ha casado en secreto con Doa Sol, y el Prncipe
conoce, averiguado su engao, que tan largo tiempo le ha dominado, lo
insensato y fantstico de su amor, manifestndose, en su consecuencia,
dispuesto  ofrecer su mano  la Infanta.

Entre todas las comedias de Godnez que han llegado  nuestra noticia,
nos parece sta la mejor. El drama herico _Cautelas son amistades_, es
defectuoso por el argumento alambicado que constituye su accin; los
disfraces, las equivocaciones y las asechanzas y tretas de unos
personajes con otros se acumulan de tal modo, que es mprobo trabajo
seguir el hilo de la intriga en este enredo obscuro. El drama religioso,
titulado _La Virgen de Guadalupe_, contiene,  la verdad, algunos
rasgos bellos y poticos, pero desaparecen ante las innumerables faltas
de regularidad y de buen gusto que lo llenan. De todas maneras, no es
tan grande la importancia de este autor que exija el anlisis crtico de
otras comedias suyas, como _Los trabajos de Job_, _Celos son bien y
ventura_, _Acertar de tres la una_, _Adquirir para reinar_, _Amn y
Mardoqueo_, ni tampoco de sus autos, como, por ejemplo, el titulado _El
segundo Isaac_.

Carecemos tambin de datos biogrficos acerca de Luis de Belmonte[11],
sabindose nicamente que floreci en tiempo de Lope de Vega. Sus
comedias son poco ms que medianas, y no brillan por su originalidad. En
_El prncipe villano_ observamos una fbula novelesca, ya comn y
conocida, por lo menos, en cuanto al modo de presentarla en el teatro,
muy vulgar en Espaa, no siendo preciso atormentar mucho la imaginacin
para imprimirle algunas modificaciones y llevarla  la escena. Un
Prncipe de Dinamarca, que con nombre supuesto se dirige  la corte del
Rey de Polonia para enamorar  su hija; la pasin de esta Princesa por
un mancebo particular, que penetra en palacio disfrazado de caballero y
mata  cierto Prncipe en un torneo, persiguindole el Rey por esta
causa, y ocultndole la Princesa en su gabinete; encuentros nocturnos y
desafos; por ltimo, el descubrimiento de que el presunto galn
labrador es tambin un Prncipe, son los elementos manejados para el
teatro, con molesta repeticin por los autores anteriores, y que por lo
mismo no ofrecen aliciente ni inters alguno, tan conocidos y tan
gastados.

_La renegada de Valladolid_ es una amalgama extraa de intrigas profanas
amorosas y de tendencias msticas. Doa Isabel, joven dama de
Valladolid, ha hecho voto de ser monja, y est  punto de entrar en el
convento, cuando se enamora de repente de un caballero que sirve bajo
las banderas de Carlos V, y se perjura de manera, que quebranta
locamente sus votos y se escapa con su amante. Los dos, despus de
diversas aventuras, son cautivados por los moros de frica. Pero el amor
de Isabel  su acompaante se ha transformado poco  poco en verdadero
odio; lo abandona, por tanto, y accede  los ruegos del Rey de los
moros, que la pretende, llegando  ser la sultana favorita y  renegar
de la fe cristiana. El destino hace entonces que el hermano de Isabel
sea tambin cautivo en frica, pero ste es un modelo de virtud y de
piedad, como la hermana de lo contrario; primero sufre todos los males
de la esclavitud con incansable paciencia, y persevera con tal
constancia en su fe, que est dispuesto  sufrir por ella el martirio.
La hermana lo atormenta con todo linaje de males, pero l logra al cabo
convertir  la apstata, que vuelve arrepentida al gremio de la Iglesia,
y que utiliza su elevada posicin social para libertar  todos los
cautivos cristianos.

En algunas ediciones antiguas aparece la clebre comedia, titulada _El
diablo predicador_, como obra de Belmonte, aunque otras lo atribuyan 
Antonio Coello, y algunas se limiten  llamar  su autor _un ingenio de
esta corte_[12]. Por lo que hace  su estilo, se asemeja, sin duda, al
de las dems obras de Belmonte, y si es suya, en efecto, es seguramente
la mejor. El diablo Lucifer ha conseguido con sus artificios exasperar
sobremanera  los habitantes de Luca contra los frailes franciscos;
nadie les da limosnas, se ven en la mayor necesidad, casi  punto de
morir de hambre, y por ltimo, les ordenan los magistrados de la ciudad
que abandonen su convento y que se repartan por el mundo como puedan.
Pero cuando el demonio triunfa de este modo de los pobres frailes, baja
del cielo el Nio Jess y lo condena, para castigar su maldad, 
transformarse  su vez en fraile francisco, y  predicar en pblico y
recoger limosnas, hasta que se edifique otro convento mayor para la
misma orden, por la piedad que despierte en los habitantes de Luca, y
con los dones y riquezas que se granjee. Lucifer se desespera al verse
forzado  trabajar contra s mismo, si ha de obedecer este mandato, pero
no le es posible evitar su cumplimiento; se viste el hbito franciscano
y se presenta de repente en medio de los frailes en el instante en que
se disponan  abandonar su convento:

      LUZBEL.

            _Deo gratias,_
    Hermanos... (Ap. Fiero castigo!)

      GUARDIN.

    Vlgame Dios! Quin es, padre?
    Que de verle aqu me admiro.

      FRAY ANTOLN.

    Por dnde ha entrado este fraile?

      FRAY NICOLS.

    Por la puerta no ha podido,
    Que yo la cerr.

      LUZBEL.

                    No hay puerta
    Cerrada al poder divino.
    l es quien (sin que pudiera
    Excusarme) me ha trado
    Desde tan ignoto clima,
    Que el puesto donde yo asisto
    En mi vocacin constante,
    El sol, general registro,
     le perdon por pobre
     dej por escondido.

      GUARDIN.

    Dgame, qu nombre tiene?

      LUZBEL.

    Mi nombre es, y mi apellido,
    Fray Obediente Forzado;
    De antes Querub...

      FRAY ANTOLN.

                      Vizcaino
    Debe ser el tal fraile.

      GUARDIN.

    Parece varn divino.

      FRAY ANTOLN.

    Bien su palidez lo muestra.

      LUZBEL.

    Pues jams tan encendido
    Tuve el espritu.

      GUARDIN.

                      Padre,
    Dganos, pues,  qu vino;
    Que nos tienen recelosos
    Sus palabras y el prodigio
    De entrar cerradas las puertas.
    Algn engao imagino
    De nuestro comn contrario;
    Temblando estoy!

      FRAY ANTOLN.

                      Yo apercibo
    Hisopo y agua bendita,
    Por si acaso es el maligno.

      LUZBEL.

    No teman y estenme atentos.
    Orden traigo de Dios mismo
     boca de reprenderles
    La poca fe que han tenido.
    Los que siguen la bandera
    Del gran alfrez de Cristo,
    La plaza que les entrega
    Desamparan fugitivos?
    No h dos das naturales
    Que puso el contrario el sitio:
    Cmo desmaya tan presto
    De vuestra esperanza el bro?
    Los que debieran ser rocas
    De corazones impos
     los embates, qu oponen,
    Siendo culpa lo indeciso,
     riesgos amenazados
    Temores ejecutivos?
    Sabiendo que  nuestro padre
    Prometi Dios que  sus hijos
    No faltara el sustento,
    Incurren en un delito
    Tan grande como el pensar
    Que pueda lo que Dios dijo
    Faltar? (Ap. Que yo tal pronuncie!)
    Crean (Ap. Volcanes respiro!)
    Que cuando de todo el orbe
    Cerraron,  un tiempo mismo,
    Los vivientes racionales
     la piedad los odos,
    Los ngeles les trajeron
    El sustento prometido
    De su Criador,  el demonio
    Porque fuese ms prodigio.

      FRAY ANTOLN.

    Con el fervor echa llama
    Por los ojos.

      GUARDIN.

                  Padre mo,
    Bien se ve que es enviado
    De Dios..............

Lucifer comienza entonces  desempear su comisin, y pronto toman el
aspecto ms favorable los negocios de los franciscanos. Las limosnas
llueven de todas partes, y al poco tiempo reunen la suma necesaria para
edificar con tan piadosos dones un convento nuevo mayor. El pretendido
monje muestra una actividad sobrehumana: predica en todas las calles, y
al parecer en muchas  la vez; ayuda  la construccin del convento,
pero es tan singular en todas sus acciones, que los pobres hermanos no
saben cmo explicarlo, y slo el Padre Guardin, por revelacin divina,
conoce con certeza su diablico carcter.

      FRAY PEDRO.

    l es varn prodigioso,
    Padre Guardin: sus portentos
    El sr humano desmienten.

      GUARDIN.

       De muchos santos leemos,
    Padre, portentos tan grandes,
    Y eran humanos.

      FRAY NICOLS.

                    Es cierto,
    Y que poda Dios en ste
    Obrar lo que en aqullos,
    Y ms, si fuere servido.

      FRAY PEDRO.

    Claro est; pero no es eso
    Lo que nos tiene confusos,
    Sino ignorar en qu reino
     en qu provincia este santo
    Tom el hbito; porque esto
    Ni l ha querido decirlo,
    Ni hemos podido saberlo;
    Con que juzgo que no es fraile.

      GUARDIN (_aparte_).

    Ni aun quisiera parecerlo.

      FRAY NICOLS.

    Yo he pensado que es Elas,
    Porque manda con imperio
    Notable y con aspereza.

      GUARDIN (_aparte_).

    No asista en tan ameno
    Pas.

      FRAY PEDRO.

          Yo creo que es ngel.

      GUARDIN (_aparte_).

    Puede ser; pero no bueno.

      FRAY PEDRO.

    Porque sufrir cada da
    Un trabajo tan inmenso
    Como andar la ciudad toda
    Y asistir en el convento,
    Que labra con tanta priesa
    Trabajando y disponiendo,
    Y hallarse presente en casa
    Cuando importa, siendo cuerpo
    Humano, fuera imposible,
    Sin que tal vez por lo menos
    El cansancio le rindiera.

      GUARDIN.

    Slo asegurarle puedo,
    Padre, que Dios lo ha enviado;
    No examinen sus misterios.
    A Fray Forzado obedezcan
    En todo, pues cuanto ha hecho
    Y cuanto ha mandado es justo;
    Que yo tambin lo obedezco,
    Y soy su guardin.

                      (_Sale Fray Antoln._)

      FRAY ANTOLN.

                      No hay parte
    Segura de este hechicero;
    Dos gazapos me ha sacado
    Que escond en un agujero,
    Con una vara de hondo;
    Por mi mal vino al convento;
    l ha dado en perseguirme.

      GUARDIN.

    Fray Antoln, pues tan presto
    Se vuelve  casa?

      FRAY ANTOLN.

                      S, padre;
    Que dos veces el jumento
    Y yo venimos cargados,
    Y es fuerza volverme luego,
    Que quedan muchas limosnas
    Por traer.

      GUARDIN.

              Gracias al cielo;
    Dnde queda Fray Forzado?

      FRAY ANTOLN.

    No s; que slo le veo
    Cuando l quiere que le vea.
    En la obra del convento
    Que labra est todo el da;
    Pero no deja por eso
    De entrar en ms de mil casas.
    l camina ms que el viento,
    Y trabaja por cien hombres;
    En la fbrica, un madero
    No le pudieron subir
    Veinte hombres; lleg  este tiempo,
    Y asindole por el cabo,
     no agacharse tan presto
    Los que arriba le esperaban,
    Los birla y vienen al suelo.

      GUARDIN.

    Esa bien se ve que es fuerza
    Sobrenatural.

      FRAY ANTOLN.

                   tiempos
    Est que parece un ngel,
    Y otras veces en el cielo
    Pone los ojos, y brama
    Como un toro, y yo sospecho
    Que, aunque l disimula, tiene
    Muchos males encubiertos,
    Y sin duda que son llagas;
    Que huele muy mal el siervo
    De Dios......................

Lo expuesto da slo una idea general del argumento de esta comedia; pero
es imposible comprender en un extracto de ella las numerosas y
divertidas escenas, que desenvuelve el poeta con gracia, y atenindose
al principio fundamental que le sirve de base. La descripcin que se
hace de la conducta del demonio, por una parte, predicando el amor de
Dios y haciendo milagros para terminar cuanto antes la misin fatal que
se le ha ordenado; las frases obscuras  incomprensibles, con que
expresa su repugnancia  llenarla, y el xito extraordinario de sus
obras, contrarias  su propio inters; los medios de que se vale para
mitigar algn tanto su dolor, atormentando  los dems monjes, y
asustndolos con sus apariciones repentinas cuando creen que est ms
lejos de ellos; y por ltimo, su regreso  los infiernos despus de
ejecutar en todo los mandatos divinos, todo esto, repetimos, es de una
gracia y de un ingenio incomparable.

Merece consignarse,  propsito de este _Diablo predicador_, la singular
circunstancia de que, mientras durante el siglo XVII se represent con
frecuencia y con general aplauso, y sin la ms leve oposicin por parte
de los piadosos espectadores, fu prohibida  fines del siglo siguiente,
y no h mucho, en el reinado de Fernando VII, como ofensiva  la
religin. Tanto haban variado los tiempos!

Luis de Belmonte, que probablemente sobrevivi muchos aos  Lope de
Vega, escribi tambin diversas comedias, asociado  otros poetas ms
jvenes, como, por ejemplo, _El mejor amigo el muerto_, con Francisco de
Rojas y Caldern. Esta comedia, en la cual se distinguen los diversos
trabajos de los tres poetas, y en el acto tercero especialmente la mano
de Caldern, est,  la verdad, escrita algo  la ligera, y tiende con
exceso  producir efecto teatral, aunque aparezcan en ella situaciones
dramticas notables. Don Juan de Castro, heredero de la Corona de
Galicia, despus de sufrir un naufragio, se ve solo y abandonado de sus
compaeros en la costa de Inglaterra, en donde encuentra,  poco de
arribar,  un caballero llamado Lidoro, prximo  espirar, que le
suplica lleve  efecto su ltimo deseo, sin cuya realizacin no puede
morir tranquilo. D. Juan, con la mayor generosidad y abnegacin, accede
al ruego del moribundo, de ejecucin nada fcil, que espira entonces en
paz, prometindole presentarse ante el trono del Seor para dar fe de la
nobleza de nimo de su bienhechor. En Lndres,  donde se dirige D. Juan
entonces, hay grande excitacin en el pueblo, porque la reina Clarinda,
obligada  casarse con Roberto, Prncipe de Irlanda, con arreglo  la
voluntad de su padre, se opone  este casamiento; se han formado dos
partidos contrarios, uno de los cuales se propone elevar al trono al
Prncipe, y defender el otro la libertad de la Reina, peleando ambos
entre s en calles y plazas. Don Juan, que nada sabe de esto, cae, 
poco de llegar, en manos de los partidarios de Roberto, y es hecho
prisionero por los defensores de Clarinda y condenado  muerte. Ya el
prisionero se prepara para el suplicio, cuando oye un coro de ngeles
que le anima, y poco despus se presenta el difunto Lidoro, que le abre
las puertas de la crcel, y le anuncia que Dios le ha concedido la
gracia de revestir de nuevo forma humana para proteger  su bienhechor y
salvarlo del peligro. Don Juan, entonces, se ve libre por la
intervencin sobrenatural de Lidoro, y se publica por las calles de
Londres que el Prncipe heredero de la corona de Galicia se juzga slo
digno de dar su mano  Clorinda, y que as lo sostendr contra todos en
solemne desafo. Con ayuda de su milagroso protector, logra asistir de
incgnito  una fiesta brillante de la corte y atraerse en ella el favor
de la Reina; pero Roberto,  su vez, proyecta asesinarlo para librarse
de este rival, y el amenazado de muerte escapa tambin ahora por la
intervencin de Lidoro, que toma la forma de Don Juan y recibe en su
pecho el hierro asesino.

El Prncipe de Irlanda cree muerto  su adversario, pero ste, declarada
la guerra entre la Reina y su porfiado pretendiente, es nombrado General
de las tropas de la primera. La victoria se decide en favor de Irlanda;
el ejrcito de Clarinda se disuelve, y ella cae en manos de Roberto; Don
Juan yace herido mortalmente en el campo de batalla entre innumerables
vctimas; oye entonces de nuevo el coro celestial que lo consol antes
en la crcel, y se siente con nuevo vigor y nueva vida; Lidoro se
presenta de nuevo armado de todas piezas, con una bandera en la mano, al
frente de un ejrcito, con el cual derrota por completo al triunfante
vencedor. En la escena final, Clarinda, obligada por la necesidad, se
dispone  ofrecer su mano  Roberto, cuando las puertas se abren de
repente, entra Lidoro con una antorcha en la mano, anuncia su derrota al
orgulloso Prncipe de Irlanda y lleva  Don Juan  los brazos de
Clarinda.

Debemos mencionar ahora algunos poetas dramticos, que ocupan un lugar
inferior entre los espaoles consagrados al teatro, y en los cuales no
hemos de detenernos sino lo suficiente para dar una idea completa de
esta materia.

Rodrigo de Herrera[13] fu nombrado ya por Cervantes, en su _Viaje al
Parnaso_, y alabado irnicamente, comparndolo con Homero. Era natural
de Portugal, caballero de la orden de Santiago, y muri en el ao de
1641. Sus comedias, que slo pueden calificarse de algo ms que
medianas, tienen en su mayor parte una tendencia religiosa pronunciada,
como, por ejemplo, las tituladas: _El primer templo en Espaa_, _El
segundo obispo de Avila_, _La fe no h menester armas_ (sobre el ataque
frustrado de los ingleses  Cdiz el ao de 1597). El argumento de la
_Del cielo viene el buen Rey_ es bastante extrao. El rey Federico de
Sicilia ha hecho desdichado  todo su reino con su tirana y su olvido
de los preceptos divinos, irritando  sus sbditos de tal modo, que es
inminente una sublevacin popular. Baja entonces del cielo el arcngel
San Miguel para refrenarlos, y al mismo tiempo para enmendar las faltas
cometidas por el Monarca. Vstese el traje real mientras el soberano se
baa, y toma su cuerpo y sus facciones desfigurando la fisonoma del
Rey, vistindolo de campesino. El arcngel gobierna entonces, siendo
mirado como el verdadero soberano, y lo hace con tanta justicia y con
tanta sabidura, que se atribuye  milagro tan radical mudanza; las
pretensiones del Rey al trono, estando tan desfigurado, sirven slo de
objeto de burlas; pero su enseanza en la escuela de la humillacin y de
la desdicha es tan completa, que, despus de las pruebas  que lo sujeta
su divino representante, lo declara digno de ocupar de nuevo el trono.
El maestro Alonso Alfaro[14], presbtero de Madrid (muerto en 1643),
escribi un nmero considerable de comedias, entre las cuales, aunque en
general de escaso mrito, son las ms clebres, las siguientes:
_Aristmenes Mesenio_, _El hombre de Portugal_, _La Virgen de la
Salceda_ y _La Virgen de la Soledad_.

Diego Muxet de Sols public en Bruselas en el ao de 1624 un tomo de
comedias, que contiene seis histricas y dramas religiosos[15]. Su
_Venganza de la duquesa de Amalfi_ es una continuacin de _El mayordomo
de la duquesa de Amalfi_, de Lope de Vega.

La obra dramtica ms famosa de Antonio de Huerta (de Madrid, segn dice
Montalbn en su _Para todos_; de Valladolid, segn D. Nicols Antonio),
_Las doncellas de Madrid_, se ha perdido, segn todas las apariencias.
Consrvanse de l, sin embargo, la comedia religiosa que lleva el ttulo
de _Las cinco blancas de Juan de Espera en Dios_, _Los competidores y
amigos_, y otras.

De los muchos dramas que escribieron[16] Pedro Garca Carrero, mdico de
Cmara de Felipe III, y Marcedo Daz de Calle Cerrada (autor del poema
_Endymion y Luna_: Madrid, 1624), slo se conservan los ttulos; no as
de las de Juan Delgado[17], amigo de Lope y de Montalbn, algunas de las
cuales han llegado hasta nosotros, como, por ejemplo, la comedia de
espectculo _El prodigio de Polonia_.

Jernimo de la Fuente, mdico, de quien existen muchas obras de
medicina, se consagr tambin, al mismo tiempo que cumpla sus deberes
profesionales,  cultivar con celo la poesa[18]. Insrtanse comedias
suyas en las grandes colecciones dramticas espaolas, como sucede, por
ejemplo, con la titulada _Engaar con la verdad_, que se halla en el
tercer volumen de _Las comedias nuevas escogidas_: Madrid, 1653.

Montalbn, en su catlogo de escritores naturales de Madrid, celebra
como poeta dramtico  Diego de Moxica y  Andrs Tamayo. Pertenecen al
ltimo las piezas tituladas _A buen hambre no hay mal pan_ y _As me lo
quiero_.

Fernando de Ludea, capitn de infantera y caballero de la orden de
Santiago (muerto en 1641), es alabado como autor de muchas comedias y
autos, as como Gregorio Lpez de Madera, nombre que aparece con
frecuencia en los escritos de Lope, famoso como abogado, poeta y pintor,
y caballero tambin del hbito de Santiago[19].

Los que mencionamos ahora, se encuentran todos en la misma relacin de
valor y mrito con el arte dramtico.

Diego de Vera Ordez y Villaquirn, capitn de infantera y alguacil
mayor de la Inquisicin de Catalua, fu nombrado caballero de la orden
de Calatrava en el ao de 1653, y es el mismo D. Diego de Vera citado
por Agustn de Rojas.

Antonio de Herrera y Saavedra, muerto en 1639.

Jacinto de Herrera y Sotomayor. Este poeta dramtico estuvo al servicio
del cardenal Don Fernando de Austria, y vivi en Bruselas en el ao de
1640.

Felipe Bernardo del Castillo, muerto en 1632, famoso por sus autos.

Juan de la Porta Corts, presbtero y notario apostlico.

Juan Antonio de la Pea[20].

Vicente Esquerdo, de Valencia, nacido en 1600, muerto en 1630, escribi
las comedias _Marte y Venus en Pars_ (representada en el ao de 1619),
_La ilustre fregona_ (de la novela de Cervantes) y _La nia de
amor_[21].

Jernimo de Salas Barbadillo, nacido en 1580, muerto en 1630, autor de
muchas obras en prosa y verso, y entre ellas de comedias como la
titulada _El gallardo Escarramn_.

Alonso del Castillo Solrzano, escritor muy fecundo, que en el reinado
de Felipe III, y en los primeros aos de Felipe IV, vivi al servicio
del marqus de los Vlez, virrey de Valencia, escribi, adems de muchas
novelas, algunas comedias, y entre ellas _La victoria de Norlingen_.
Entre los poetas dramticos espaoles, merece tambin mencion especial
el clebre conde de Lemos, virrey de Npoles. Sbese que compuso una
comedia titulada _La casa confusa_, que se represent en el palacio del
duque de Lerma, con asistencia de Felipe III.

La aficin de escribir para el teatro fu tan general, que algunos
autores que haban mostrado su talento en otros gneros literarios,
quisieron ensayarse tambin en el de la poesa dramtica. As, por
ejemplo, el conocido Don Francisco de Quevedo y Villegas, juntamente con
D. Antonio de Mendoza (poeta que floreci en el reinado de Felipe IV),
compuso una comedia, que se represent en una fiesta en el palacio del
conde de Olivares. Desgraciadamente, segn todas las probabilidades,
esta comedia, titulada _Quien ms miente medra ms_, se ha perdido para
nosotros, aunque se conserven en la coleccin de las obras de Quevedo
una serie de entremeses suyos muy entretenidos.

D. Luis de Gngora, muchas veces mencionado antes, aunque sin vocacin
especial para el drama, quiso tambin probar sus fuerzas en este
terreno, arrastrado por las corrientes de la moda; pero sus tentativas
tuvieron mal xito, y no llevando su nombre las dos comedias tituladas
_Las firmezas de Isabela_ y _El doctor Carlino_, hay motivos para dudar
que hayan sido escritas por tan ingenioso poeta.

Los imitadores de Gngora no quisieron ser menos que su maestro. As, el
culterano Flix de Arteaga compuso una comedia, _Gridonia_, que revela
ya en su calificativo (_invencin real_) el estilo culto. Hllase
inserta en las _Obras pstumas divinas y humanas_, de D. Flix de
Arteaga: Madrid, 1641.

Tambin las mujeres pagaron su tributo  la predileccin con que se
cultivaba la poesa dramtica, contndose entre ellas  Doa Bernarda
Ferreira de la Cerda, portuguesa instruda, llamada  Madrid por Felipe
III para ensear latn  las Infantas. Hay un tomo de comedias
espaolas[22] de esta seora, y la tragicomedia _Los jardines y campos
Sabeos_, Lisboa, 1627, de Doa Feliciana Enrquez de Guzmn.

Ya en tiempo de Lope de Vega no era raro que se reuniesen varios poetas
para componer una comedia; sin embargo, la mayor extensin de esta
costumbre cae juntamente en la poca,  que consagramos el tomo
siguiente de esta historia del teatro espaol, por cuyo motivo
reservamos para ese lugar el examen de la significacin de las palabras
impresas en algunas comedias, expresando que han sido escritas _por
uno_, _por dos_  _por tres ingenios de esta corte_. Tambin trataremos
entonces, por creerlo as ms oportuno, de las grandes colecciones de
las obras dramticas espaolas, cuya mayor parte fu dada  luz 
_mediados del siglo XVII_.

[Illustration]

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CAPTULO XXX.

     El italiano Fabio Franchi acerca del arte dramtico en Espaa.


Como en este libro no solamente nos ocupamos en la exposicin y crtica
de la poesa dramtica de los espaoles, sino que nos importa tambin
conocer los juicios coetneos emitidos acerca de esta misma poesa,
insertamos con este objeto un extracto del pequeo escrito titulado
_Ragguaglio al Parnasso_, impreso por el italiano Fabio Franchi en el
ao de 1636, en las _Essequie poetiche alla morte di Lope de Vega_. Este
Franchi haba vivido muchos aos en Espaa, y al parecer mostr mucho
inters y mucha atencin al drama espaol, y conviene sin duda alguna
conocer cul es su opinin acerca del mismo.

El da siguiente  la celebracin de las exequias del incomparable Lope
de Vega en el templo de Delfos (dice este autor italiano), cierto
nmero de poetas espaoles pidi una audiencia  Apolo. Antes de
concedrsela fueron llamados Homero, Sneca, el Tasso, Sannzaro y
Annbal Caro, para asistir  ella. Despus entraron los poetas, unos
vestidos  la usanza de su tiempo, con la capilla hasta las rodillas, el
cabello largo hasta los hombros, y los cuellos de la camisa  la manera
del Dante; los otros que llegaron  ver algunos rayos de la luz de
nuestro siglo, con la capa corta y la gorra de pao, chaleco con mangas
estrechas y su gorguera. Los recin llegados se acercaron al trono, y
todos hicieron su cortesa, y despus uno de ellos, de cara redonda y de
nariz de sabueso, habl en nombre de sus compaeros de esta manera:

Prncipe Sol, as os nombramos en Espaa: yo soy Lope de Rueda, y mis
compaeros Torres Naharro, Castillejo, Montemayor, Silvestre,
Garci-Snchez, Miguel de Placencia, Rodrigo Cota, Miguel Snchez,
Trrega, Aguilar, Poyo, Ochoa, Velarde, Grajales y Claramonte[23]. Ves
en nosotros una cohorte de poetas dramticos que representan al siglo de
oro, y llegan hasta ste, que comienza  ser de hierro. Somos los
autores ms antiguos espaoles de comedias, autos, pastorales,
coloquios, glogas, dilogos y entremeses; pero si bien cada uno de
nosotros se vanaglora de haber sido en su tiempo el nico y famoso,
venimos aqu, ahora, despus de haber odo ayer la oracin fnebre de
Marn sobre la muerte del fnix Lope de Vega, como almas pecadoras, y
nos postramos arrepentidos  tus pies para pedirte dos cosas: la
primera, que mandes quemar todas nuestras obras, escritas hace cuarenta
aos; y la segunda, que des orden de purgar con ruibarbo  las
compuestas desde entonces hasta el da, para que se purifiquen en lo
posible de la grosera y rusticidad de sus pasajes serios, y de la
frialdad y escasa animacin de los burlescos. Velarde, que es ese hombre
grueso, pretende que se olvide hasta el ttulo de sus comedias _El Cid,
Doa Sol y Doa Elvira_, y la de _El conde de las manos blancas_. Miguel
Snchez desea que se introduzca en sus comedias algn personaje, que
pronuncie siquiera veinte versos seguidos, porque los de sus obras
dramticas preguntan y responden con tanta prisa, que hacen pensar si el
poeta no habr sabido escribir ms largos discursos, con sus
pensamientos y mximas correspondientes. Trrega y Aguilar, ambos
naturales del reino de Valencia, en donde t, oh gran Apolo, prncipe
de las Musas y de los versos, cuentas tantos vasallos, te suplican que
concedas  sus comedias argumentos mejor desarrollados, y  sus
quintillas ms profundidad en sus tres primeros versos, no se crea que
son slo aqullos una especie de lecho, destinado al descanso de los
ltimos versos. Poyo, aquel sacerdote de baja estatura que ves all, te
ruega que entregues sus comedias  un poeta coetneo, para que las
limpie de frases anticuadas y de sentencias matusalnicas, y las exorne
con algunas perfrasis y modismos modernos; pero te suplica, ante todo,
que no consientas en ninguna de sus comedias ms de dos apariciones en
las nubes, ms de dos prncipes que salten en los aires, ni ms de dos 
tres princesas que se precipiten desde los peascos. Son grandes los
remordimientos de su conciencia por haber sido causa, con sus
invenciones, de que se mutilen y estropeen tantos pobres actores. Ochoa
pide, por amor de Dios, que infundas algn ingenio  los criados de sus
comedias; y Grajales, humildemente, que borres las imperfecciones de las
suyas, , lo que es lo mismo, que no dejes ninguno de sus versos
intactos. Ramn demanda que sus versos sean baados en nctar, y
Claramonte, que,  la verdad, se ha servido con celo de sus rasgos
ingeniosos, desea que se borren de sus comedias los numerosos desafos
sobre caballos verdaderos, que tanto abundan en ellas. Tal es, oh
Prncipe! nuestra primera splica, y no tanto para que desaparezcan los
defectos indicados, sino para que sea ms bella y perfecta tu Biblioteca
dramtica. Ya que te has dignado iluminar con tus rayos  la noble
Espaa, y hacerla tan famosa en las letras como en las armas,
concedindole al gran Lope como modelo  ilustre gua, es nuestra
segunda demanda que ordenes  los poetas dramticos no separarse del
estilo y de las reglas trazadas  la comedia por aquel hombre eminente,
y que lo imiten en su ternura y afectos y en sus gracias originales, y
que, adems, preceptes  los que se dan aire de inteligentes en este
arte, invocando siempre las reglas, viviendo en la molesta compaa de
las obras antiguas del tiempo de No, que consideren  la que se titula
_La noche toledana_, como ejemplar y tipo dramtico ms verdadero y
perfecto, ya que en esta pieza se ostentan, en indisoluble consorcio, el
arte y la libertad, y la habilidad con la licencia. Ordena, adems, oh
deidad poderosa!  todos los poetas espaoles, que han dividido entre
s, como piadoso legado, la capa y el espritu de su maestro Lope, que
prosigan escribiendo comedias; y que Montalbn, tan aplaudido hasta
ahora, no se deje arrastrar de la censura de cierto crtico, por haber
sido demasiado complaciente con el pblico en su comedia _La vizcana_,
haciendo aparecer un mismo personaje bajo tres disfraces distintos;
antes bien, que contine escribiendo siempre, que siempre acertar como
debe esperarse de tan inspirado poeta, y que sus obras alcanzarn la
aprobacin general, mientras imite  Lope su gran maestro. Y que D.
Pedro Caldern siga escribiendo muchas otras comedias semejantes  la
titulada _Peor est que estaba_,  _Casa con dos puertas_   cualquiera
otra de las suyas, y que se le recomiende, en particular, que concentre
 condense ms el argumento de sus piezas. Dgase  Mendoza que ningn
inteligente calificar las suyas de pesadas, si desenvuelve algo ms la
fbula, porque su estilo, sin ser,  la verdad, el de la comedia
antigua, es un estilo verdaderamente cortesano, y sera de deplorar que
lo alterase, puesto que hoy en Espaa no hay ya populacho.

Estimlese  Pellicer y  Godnez, que, sin renunciar  Escalgero y 
Enrique Estfano, se den trazas de conciliarlos con la dulzura y gracia
del laureado Lope, que, en este caso, los escritos de su pluma agradarn
 cuantos los leyeren. Advirtase  D. Juan de Juregui, que _El
Turismundo_, del Tasso, y _El Pastor Fido_, de Guarino, desean un traje
espaol semejante al de Aminta. Solicitamos tambin de V. M. que
despache media docena de vuestros satlites, para que busquen  D. Juan
de Alarcn y le recomienden que no olvide el Parnaso por Amrica, sino
que escriba muchas comedias iguales  _La verdad sospechosa_ y al
_Examen de maridos_, obras ambas de un consumado maestro. Nadie honrar
ms al teatro que l, si se precave de poner trmino  la accin en el
acto segundo, como  veces le sucede. A Don Antonio de Coello debe decir
V. M. que excitar la emulacin de todos los dems poetas siempre que
escriba comedias semejantes  la de _El celoso extremeo_. Ha de
recomendarse  D. Antonio de Sols y  D. Francisco de Rojas que
escriban cada ao doce comedias, por lo menos, porque las compuestas por
ellos hasta ahora, no tienen otra falta que la de ser pocas. Han de
darse las gracias  Guilln de Castro por sus muchas y bellas obras
dramticas,  inculcarle, al mismo tiempo, que destierre de ellas los
desafos, y no trate del honor como de un asunto _stricti juris_, ni que
cuando sus damas caen  intentan apoyarse en los que se hallan cerca, no
sean motivo constante de duelos. A Vlez (de Guevara), ha de aconsejarse
que, un mes antes de representarse alguna pieza suya, ponga un cabezn,
como el de Lope,  sus fanfarronadas; porque un poeta que ha escrito la
comedia _Errar por amor, fortuna_, peca doblemente cuando comete faltas
de esta especie. Sera de desear que todas las comedias de Avila agraden
tanto como la otra suya, titulada _Familiar sin demonio_: slo as
podrn figurar dignamente al lado de sta, y acertar si antes de
comenzar  escribir coge en sus manos un tomo de las de Lope y le dice:
Aydame, Lope! Ha de exhortarse  Tirso seriamente que contine siempre
escribiendo, y convencerlo de que, si bien un libelo  pasqun puede
adornar una esquina, no aumenta la merecida fama de un hombre tan
ilustrado, tan ingenioso y de tanto talento. Hgase entender  Amescua
que el coro de los cannigos puede conciliarse bien con el de las Musas,
hacindose lo mismo con Valdivielso, as como tambin que de aquellas
hijas de Mnemosine nunca envejecen; y si hubiese yo ahora de calificar
con eptetos particulares y las merecidas alabanzas  los que no he
mencionado todava, verame en grandes apuros para contentarlos. Por
tanto, nombrar sin aditamento alguno  Bocngel, Herrera,
Vatres-Huertas, Moxica, Laporta, Tapia, Tovar, Alfaro, Medrano, Daz,
Lpez, Delgado, Belmonte, Vivanco y Prado, rogndote que les comuniques
tu inspiracin y que emplees tu poder persuasivo en convencerlos; que
aadan nuevas comedias  las que ya se han representado de ellos, y que,
despojndose de la falsa modestia que los distingue, las presenten al
publico sin miedo. Y como, segn parece, hay personajes elevados que se
apropian las obras dramticas de otros autores, solicitamos de ti, oh
rey de las bellas artes! que no lo consientas, porque los poetas que les
venden sus obras, remedian sus apuros de esta manera y proporcionan 
los compradores gloria injusta y prestada. Pero lo que no has de tolerar
de ninguna manera, que algunos otros, tambin de esa misma alta esfera,
menosprecien ser tenidos por poetas, cuando este talento es y ser
siempre su mejor prenda. Y al hablarte ahora en estos trminos de los
poetas dramticos existentes, y exhortarlos de todas veras  imitar 
Lope de Vega, creemos hacer un servicio importante  nuestra patria
(Espaa), borrando la barbarie que en ella reinaba antes de aparecer el
gran Lope, el cual ha enriquecido al mundo con su sabidura, con sus
pensamientos ingeniosos, as serios como burlescos, y con la harmona
inimitable de su lenguaje, de tal suerte, que ningn otro podr
igualarlo,  no ser que por mandato tuyo sea iluminado sobrenaturalmente
con los destellos de tu luz poderosa.

As habl Lope de Rueda, cuando un poeta espaol de mucho mrito,
llamado Villayzn, se acerc al sacrosanto trono del Dios con algunos
escritos suyos, y le dijo as:

Oh prncipe de Delos! yeme antes de publicar tus decretos: nada tengo
que oponer  lo expuesto por el barbudo Lope de Rueda, sino apoyar sus
demandas y aadir que, as como t condenas los concilibulos de
hechiceros y de otros malvados, prohibas la costumbre de juntarse tres 
cuatro poetas para componer una comedia; si este uso se extiende y
arraiga, engendrar monstruos y no comedias, siendo imposible que logre
aplausos una obra que no haya sido pensada y escrita por un solo hombre,
y que aqullos que se consagran  este trabajo, no merezcan apellidarse
menestrales ms bien que poetas. Cualesquiera obra dramtica, cuyos tres
actos tengan estilo diverso, transforman la escena en desierto lbico,
en mansin verdadera de los ms deformes monstruos. A mi costa lo he
aprendido, porque despus de haber escrito la comedia titulada _De un
agravio tres venganzas_, celebrada de mis contemporneos y alabada por
el Apolo de la tierra, por el gran Felipe IV, dejme arrastrar de las
influencias de mis competidores y asociarme con otros dos poetas para
escribir otra comedia, por la cual he perdido la fama anterior,
justamente ganada. Rugote, pues, encarecidamente, oh Monarca poderoso!
que castigues con el fuego estas odiosas asociaciones, madres de
verdaderos monstruos, y que no nombrar por no ofender  sus autores.
Hasta la que lleva el ttulo de _Los tres blasones_, obra de tres
grandes ingenios[24], no ha de exceptuarse de mi anatema, porque es un
monstruo de belleza, como las otras lo son de
fealdad.................................

As habl Villayzn, retirndose entonces los poetas. Apolo pregunt 
Annbal Caro si se le ocurra hacer alguna observacin, contestando que
convendra convocar  D. Fernando de Acua y al cannigo Pacheco, los
cuales, como poetas satricos, decidiran, con su perspicaz ingenio, si
la cuestin propuesta era digna de ulterior consejo. El Tasso y Lucano
desvanecieron todas las dudas, decretando Apolo: Que el dios Mercurio
se encaminase  Espaa y tomase juramento  todos los poetas
mencionados, y  cuantos se propusieran escribir comedias, de imitar
siempre el estilo y observar las reglas del grande, ilustre 
incomparable Lope de Vega, y de censurar  todos aqullos que, por
emplear el _estilo culto_, se aparten del modelo trazado por tan
inspirado vate; adems, que se inculque  todos los fautores la
necesidad de no admitir ninguna obra dramtica que no provenga de poetas
que hayan recibido su ttulo de doctor en nombre de Lope, y que la
violacin de esta orden sea castigada, la primera vez, con silbidos y
murmullos; la segunda, con manzanas, nabos y otras menudencias, y la
tercera, con piedras y mezcla.

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CAPTULO XXXI.

     Actores famosos de la poca de Lope de Vega.


Para terminar esta parte de nuestra obra, fltanos slo dar  conocer
los actores y actrices ms famosos de la poca de Lope de Vega, y el
influjo que ejerci el teatro espaol, en este mismo perodo, en los
dems teatros de Europa.

Se comprende, desde luego, que no es posible formar un juicio general y
fehaciente acerca del arte dramtico de este tiempo, puesto que los
escritores contemporneos no nos dicen acerca de l nada concreto y
detallado; pero hay, no obstante, slidas razones para asegurar que ese
arte alcanz entonces tambin perfeccin notable. Por lo general, y
atendiendo al curso natural de las cosas, cuando se presenta la poesa
dramtica en un grado superior de perfeccin, se hallan siempre  la
misma altura los medios artsticos de representarla, concurriendo adems
aqu la circunstancia de existir las declaraciones de muchos testigos de
vista, unnimes en manifestar su admiracin hacia los grandes actores
espaoles de la poca de Lope de Vega. Entre estos testimonios, los ms
interesantes, sin duda, son los de aquellos escritores, contrarios en
general al teatro de aquel perodo, y cuyas alabanzas desvanecen, por
tanto, toda sospecha de parcialidad y de pasin ciega[25].

Aunque  consecuencia de la falta de datos detallados del antiguo arte
escnico en Espaa, estamos imposibilitados de dar aqu noticias
autnticas acerca de este particular, parcenos, sin embargo, que sobre
la mmica y recitacin de los actores de esta poca y de este pueblo,
podemos hacer algunas indicaciones importantes, que no son ya simples
hiptesis. Fndanse, en parte, en el examen atento del mtodo y manera
con que se representan hoy en los teatros principales de la Pennsula
las antiguas comedias nacionales, debiendo admitirse que se perpeta en
esta materia la tradicin de pocas anteriores, y, en parte, en la
ndole particular de la comedia espaola, y en la correlacin que ha de
existir necesariamente, al representarlas, entre la composicin potica
y su representacin prctica.

El arte dramtico, en los teatros espaoles, se caracteriza por una
animacin peculiar, de la cual no pueden formar ni una idea aproximada
los dems pueblos, reflejando fielmente, como en un espejo, la vida de
los habitantes del Medioda, cuya sangre circula en sus venas con
singular viveza. El temperamento apasionado y fcilmente impresionable
de los pueblos meridionales ha de hacerse notar, as en el teatro como
en la vida social: todo es en ellos accin, palabra y movimiento. Una
consecuencia de esto es la extraeza que en un principio causa  los
extranjeros, acostumbrados  diversa gesticulacin y traza exterior; la
exageracin, con frecuencia excesiva, con que se expresan las distintas
emociones del alma; la movilidad extraordinaria de gestos, los rpidos
contrastes en el tono y la modulacin oral, el fuego y animacin
inslitos de los movimientos, y  menudo la transicin repentina, sin
las naturales gradaciones, de un afecto  otro contrario. De aqu
proviene, sin duda, que los actores espaoles expresen los matices ms
delicados del lenguaje, y que nos encanten y nos arrebaten, cuando han
logrado combinar los resultados del anlisis ms profundo con los
detalles de la inspiracin ms fogosa y de la pasin ms violenta. Suele
echarse de menos, en su manera de declamar, el arte de representar los
caracteres en todos sus matices ms delicados, efecto de un estudio
profundo de los mismos, aparecindosenos, en la mayora de los casos,
como inspiracin feliz del momento; y de aqu que, en la impresin total
que nos hacen los personajes dramticos, se noten siempre algunos
defectos, aunque este mtodo ofrezca la ventaja de ser opuesta  la
frialdad ingnita, al estudio exagerado y demasiado minucioso de esta
parte de la mmica. Sin abandonarse  cavilosidades, ni  resolver
difciles problemas, sino dejndose arrastrar, sin miedo y con
confianza, de la corriente de la inspiracin, que evoca en ellos el
influjo de los tipos poticos; saben los artistas dramticos espaoles
producir grande efecto, y resolver dificultades, muchas veces
insuperables,  los artistas metdicos  instrudos, y en virtud de su
facilsima comprehensin y de su sensibilidad impresionable, son los
intrpretes ms fieles de la intencin potica del autor. Adase  esto
que nunca se proponen imitar la realidad ordinaria de la vida,
observando y copiando sus rasgos individuales, sino que slo se
esfuerzan en personificar las formas creadas por el poeta, harmonizando
as, en su representacin, de la manera ms feliz, el idealismo y la
naturalidad. Con el fuego de su fantasa, con la rapidez y flexibilidad
de su comprehensin y fecundidad, saben expresar toda la existencia
humana en sus variados aspectos, dar forma corporal, verdadera y
caracterstica  sus infinitas manifestaciones, descubrir las ms
recnditas sinuosidades del alma, pintar las pasiones, no solo en su
explosin, sino en sus causas y naturaleza, conmover  los espectadores
con la representacin de los afectos ms extraordinarios que pueden
mover el nimo, y comunicarles la misma fuerza de la elocuencia y de la
inspiracin que los llenan. Pero en lo que se distinguen principalmente
los actores espaoles, y pueden servir de modelo  los dems, es en la
gracia, en el encanto y en la elegancia con que saben revestir hasta
las formas ms ordinarias y vulgares de la vida real.

No nos choca en ellos jams esa exacta imitacin de la naturaleza, en
sus manifestaciones ms inmediatas y casuales, con cuyo secreto se
proponen lograr fama los actores de otras naciones, cuando lo que hacen
es contravenir  las reglas eternas del arte; siempre notamos en los
espaoles una concepcin ms artstica, por cuanto hacen slo resaltar
los rasgos ms importantes de la realidad, expresndolos en su conjunto
y notndose que la verdad est siempre al lado de la belleza, sin
perjudicar, no obstante, al carcter individual, condicin
esencialsima, y la nica compatible con la poesa.

Su manera de declamar, en general, se acomoda al movimiento rpido 
ntimo del argumento, sin descuidar los detalles, con mucha animacin y
variando de tono con frecuencia,  lo cual se debe que los personajes se
muestren y desaparezcan con la mayor celeridad y haya slo pausas muy
leves. En la recitacin firme, exacta y variada, se proponen los mejores
actores espaoles amoldarse  la ndole del verso, no debiendo olvidarse
que se ven obligados  aplicarse con esmero al desempeo de su papel,
excitados por el buen gusto del pblico, y por la atencin incansable
con que ste escucha cada una de las palabras que pronuncian. La
acentuacin falsa, la omisin de una sola slaba que perjudique  la
medida del verso, es censurada con los signos ms vivos de
desaprobacin. Increble parecer  un aficionado al teatro alemn, que
ignora, por lo comn, si lo que oye es prosa  verso, y, sin embargo,
diariamente se observa en Espaa que la supresin de una sola lnea que
interrumpa la serie de las asonancias, promueve entre los espectadores
un murmullo tan general como espontneo. Seguramente es una fortuna para
los hbiles artistas presentarse ante espectadores de sentidos tan
delicados; se ve as puesto en la necesidad inevitable de emplear todas
sus facultades, para llegar  la perfeccin, y  considerar los aplausos
de un pblico tan distinguido como el premio justo debido  su mrito.
Para probar lo extendidas que se hallan en Espaa, en todas las clases
populares, la aficin y la inteligencia de la poesa, tngase en cuenta
que las comedias ms clebres y bien escritas, que entre nosotros slo
se conocen por un pblico muy escogido, no slo se representan ante
gentes de la clase ms baja de la sociedad espaola que asisten al
teatro y siguen sus peripecias con el mayor inters, sino que tambin
las leen luego con la mayor fruicin, explicndose as las ediciones
baratas que se hacen de ellas, como de libros destinados al pueblo. Con
arreglo al testimonio de un viajero muy instrudo[26], confirmado por
nuestra propia experiencia, espaoles sin instruccin alguna, siguen los
complicados hilos del desarrollo de un drama en los teatros, con tal
atencin, que les basta oirlo una sola vez para hallarse en estado de
contar en seguida todo su argumento, sin omitir circunstancia alguna
esencial, mientras que extranjeros instrudos, y que dominan
completamente el idioma, no pueden ni comprender siquiera el conjunto de
la accin de tales comedias, si slo asisten una vez al teatro para
verlas.

La extructura mtrica de las obras dramticas espaolas exige diversas
maneras de recitacin, con arreglo  los distintos versos que se emplean
en ellas. Este modo de recitar ha de acomodarse  la ndole de la
combinacin mtrica que se use, con tanto rigor, que el artista
dramtico no puede ni debe confundirlas, por cuya razn no es posible
dudar que las mismas reglas observadas ahora en los teatros espaoles en
esta parte, rigieron en la edad de oro de su poesa dramtica. El
romance, casi siempre de ndole narrativa, se declama con tal ligereza
y rapidez, que nunca cansan, por largos que parezcan, y sus perodos
complicados, interrumpidos con frecuencia por incisos, pasan con viveza
extraordinaria. La verdadera importancia de la declamacin se nota
principalmente cuando por la lentitud, monotona y falta del nfasis
correspondiente del actor, se hace lo que dice ininteligible, cansado y
confuso. Para las redondillas y quintillas, sobre todo, cuando
comprenden anttesis, rasgos epigramticos y juegos de ingenio, la
locucin es algo ms reposada, y sin embargo, la rapidez con que esto se
hace es siempre grande, sobre todo, cuando sirve para indicar el
progreso de la accin. Un recitado ms solemne y majestuoso, con viva
gesticulacin, y hasta con carcter algo declamatorio, piden las
estancias y tambin las liras y las silvas, slo que estas ltimas han
de recitarse con ms lentitud; la de los yambos no rimados ha de ser al
contrario, ligera y sencilla, mientras que el soneto,  causa de su
importancia, por regla general, y de su lenguaje escogido, necesita que
se pronuncie con el mayor cuidado, sobre todo, en lo que se refiere  su
exacta acentuacin.

Se ha sostenido con frecuencia que el actor vive para lo presente, y
slo en l influye, y que no ha de esperar premio alguno de la
posteridad: hasta sus grandes triunfos desaparecen, como si nunca
existieran, para los que nacen despus, y que su sepulcro, as como
encierra su cuerpo, as tambin guarda avaro el recuerdo de las horas de
placer y de entusiasmo que hizo gustar  sus admirados auditores. Dos
siglos[27] tan slo han transcurrido desde la muerte de los grandes
actores, que asombraron  toda Espaa en tiempo de Lope de Vega, y se
ha desvanecido su memoria de tal modo, que se hace preciso recurrir 
libros viejos de pergamino, llenos de polvo, para averiguar sus nombres
y conocer algunas noticias ligeras de su importancia y de su vida.
Insertamos, pues, estas noticias  continuacin, tales cuales las hemos
podido adquirir, aunque hayamos de contentarnos  veces con copiar slo
los nombres de los actores[28].

Siempre que se habla de cmicos espaoles, se suele mencionar tambin 
_Nuestra Seora de la Novena_, su santa patrona, cuyo culto se fundaba
en los hechos y en las razones siguientes: Haba una actriz llamada
Catalina Flrez, que recorra  pie el pas con su marido, mercader
ambulante, que venda sus artculos de pueblo en pueblo. En uno de estos
viajes se vi acometida de los dolores de parto. El alumbramiento fu
feliz; pero como la recin parida se vea obligada  acompaar  su
esposo, no tuvo tiempo bastante para restablecerse por completo,
perjudicndola tanto el fro del invierno, en aquel ao extraordinario,
que se qued baldada de todos sus miembros. Catalina Flrez puso
entonces sus ojos y sus esperanzas, para curarse, en una imagen de la
Vrgen, que se adoraba en un retablo situado en un ngulo de la calle
del Len, de Madrid, y celebr en su honor una novena, con tal celo, que
hasta pas las noches en la calle. San, segn se dice, al terminar el
da noveno, recobrando de tal modo el uso de sus miembros, que colg
delante de la imagen, como su exvoto, las muletas de que se haba
servido hasta entonces. Este milagro produjo gran sensacin, y fu causa
de que los actores se pusieran bajo la proteccin de aquella santa
imagen, eligiendo como patrona  _Nuestra Seora de la Novena_. Esta
imagen veneranda fu trasladada  la parroquia de San Sebastin, y aqu
fundaron los principales cmicos, en julio de 1624, una hermandad 
cofrada de Nuestra Seora de la Novena, congregacin que dur ms de un
siglo, y  la que pertenecieron como hermanos los principales y ms
clebres actores de Espaa.

Muy escasas noticias tenemos de los ms famosos cmicos del principio de
este perodo, esto es, del ltimo decenio del siglo XVI. Casi todas
ellas se han insertado ya en el tomo anterior, pero conviene repetir
sus nombres ahora, puesto que no trabajaron slo en aquella poca[29].

Alonso Cisneros, de Toledo, fu un actor que perteneci en su juventud 
la compaa de Lope de Rueda, ms tarde director de otra compaa suya
que goz de gran renombre hasta principios del siglo XVII. Lope de Vega
dice de l en _El peregrino en su patria_, que, desde la invencin de
las comedias, no tuvo rival, y as Lpez Pinciano, como Agustn de
Rojas, hablan en igual sentido muchas veces. Mateo Alemn, en su
_Guzmn de Alfarache_, refiere la siguiente ancdota: Aquesto le
aconteci  Cisneros, un famossimo representante, hablando con Manzanos
(que tambin lo era, y ambos de Toledo, los dos ms graciosos que se
conocieron en su tiempo), que le dijo: Veis aqu, Manzanos, que todo el
mundo nos estima por los dos hombres ms graciosos que hoy se conocen.
Considerad que con esta fama nos manda llamar el Rey nuestro Seor.
Entramos vos y yo, y hecho el acatamiento debido, si de turbados
acertremos con ello, nos pregunta:--Sois Manzanos y Cisneros?
Responderisle vos que s, porque yo no tengo de hablar palabra. Luego
nos vuelve  decir: Pues decidme gracias. Agora quiero yo saber: Qu le
diremos? Manzanos le respondi: Pues, hermano Cisneros, cuando en eso
nos veamos (lo que Dios no quiera), no habr ms que responder sino que
no estn fritas.

Ros, uno de los cmicos que vagaban de un lugar  otro, y que desempea
el principal papel en _El viaje entretenido_, de Rojas, era natural de
Toledo, y muri en el ao de 1610, siendo celebrado por Lope de Vega en
la obra citada,  causa de su superioridad en el gnero cmico, y de la
naturalidad y gracia de su estilo. Este Ros, como dijimos en su lugar
oportuno, hizo de gracioso en _La Francesilla_, de Lope, personaje el
ms antiguo de esta especie que se vi en Espaa.

Alonso y Pedro de Morales fueron actores y poetas dramticos, alabados
por Rojas. Sus comedias yacen en el olvido, sobrevivindoles slo su
fama como actores. Los apasionados de Morales le llamaban _el Divino_, y
Andrs de Claramonte, en su _Letana moral_, le califica de prncipe de
los cmicos. No menos clebre que l fu su esposa Jusepa Vaca, tan
notable por su belleza como por su talento. Cuntase la ancdota de que
Morales, al llegar  Madrid con su mujer, le recit un soneto pattico
para prevenirla contra los peligros de su residencia en la corte, y que
adems le di un palo en la cabeza para esforzar ms sus exhortaciones.
Este Alonso, si nos atenemos  lo que dice Figueroa en su _Plaza
universal_, haba muerto ya en el ao de 1615; no as Pedro de Morales,
 quien Cervantes, en el cap. 2. de su _Viaje al Parnaso_, llama el
favorito de las musas, modelo de talento, ingenio y gracia, que viva
sin duda en el ao de 1635, puesto que en la _Fama pstuma_, de
Montalbn, se encuentra includo un soneto suyo sobre la muerte de Lope
de Vega.

Angulo. Hubo dos actores clebres de este nombre en los teatros
espaoles, llamndose  uno Angulo _el malo_ para distinguirlo del
otro, y habiendo sido uno director de una compaa de cmicos y poeta
dramtico, y disfrutado el otro de gran fama como actor, segn nos
cuenta Cervantes en su _Coloquio de los perros_.

Enumranse tambin entre los cmicos ms famosos y directores de escena
de principios del siglo XVII,  Solano, Velzquez, Toms de Fuentes,
Alcocer, Gabriel de la Torre, Ramrez, Robles, Villegas, Navarrico,
Quirs, Miguel Ruiz y Marcos Ramrez, todos de Toledo; Francisco Osorio,
Jernimo Lpez, Pedro Rodrguez, Juan de Vergara, Alonso Riquelme,
Villegas, Jernimo Lpez, Alcaraz, Vaca, Gaspar de la Torre, Glvez,
Saldaa, Salcedo, Villalva, Murillo, Segura, Rentera, Toms Gutirrez,
Avendao y Mainel.

Entre las actrices de la misma poca, se distinguieron Ana de Velasco,
Mariana Pez, Mariana Ortiz, Mariana Vaca y Jernima de Salcedo.

Entre los ms renombrados que brillaron en las tablas, hasta la mitad
del siglo XVII, merecen mencin especial los siguientes:

Pinedo. La familia de los Pinedo fu fecunda en actores sobresalientes,
y la predileccin del pblico por ellos era tan grande  fines del
reinado de Felipe IV, que bastaba el anuncio de que cualquiera de su
nombre haba de representar en una comedia, para asegurar su buen
xito. El apellido de Pinedo era el ms famoso de todos los de los
cmicos en la poca de Lope de Vega, y de uno de stos dice en su
_Peregrino_ que era el ms admirable de todos los que lo llevaban. A
pesar de nuestras prolijas investigaciones, no hemos podido
proporcionarnos ms datos y distinguirlo de sus homnimos.

Alonso de Olmedo, de una familia distinguida, natural de Talavera de la
Reina, y al principio paje de Felipe III, se hizo cmico por su amor 
una bella actriz, y entr  formar parte de la compaa, cuyo director
era el marido de su amada. Sucedi entonces que parte de esta compaa,
en un viaje  Vlez Mlaga, cay en manos de unos piratas berberiscos.
Entre los cautivos lo fu el director de la compaa; y como transcurri
mucho tiempo sin que se oyera hablar nada de l, se le tuvo por muerto y
se cas Alonso con la viuda del que se juzgaba difunto; pero unos dos
aos despus de este suceso, y estando sentado  la mesa en Granada el
matrimonio, entr de repente en la habitacin el primer esposo de la
dama, y pregunt por el director Alonso de Olmedo; ste se levant en
seguida de la mesa, y dijo  su mujer:--Seora, la llegada de este
caballero nos obliga  separarnos; dadme licencia para que yo busque
otro domicilio, porque no me conviene permanecer ms aqu.--Olmedo hizo
lo que dijo y se encamin  Zaragoza, en donde se cas por segunda vez.
Uno de los hijos de este segundo matrimonio, del mismo nombre que su
padre, desempe despus, bajo Felipe IV, y con gran aplauso, los
papeles de primer galn en los teatros de Madrid.

Andrs de la Vega fu director de escena muy solicitado, y uno de los
fundadores de la hermandad de Nuestra Seora de la Novena. Ms famosa
que l fu su esposa Mara de Crdoba y de la Vega, celebrada por los
poetas ms distinguidos de su tiempo bajo el nombre de Amarilis, y
calificada en el reinado de Felipe III y  principios del de Felipe IV
como la primera actriz de Espaa, tan notable en declamar comedias como
en cantar, bailar y tocar[30].

D. Pedro Antonio de Castro, tronco de otros muchos Castros, muy
aplaudidos en los teatros espaoles durante el siglo XVII, siendo el
ltimo de esta lnea, en el XVIII, el llamado Damin de Castro. Este D.
Pedro Antonio perteneci  una familia noble y muy estimada, y
desempeaba un cargo pblico importante, capaz de hacerle aspirar  los
supremos del Estado, cuando conoci  la bella  ingeniosa actriz
Antonia Granados, y le oblig el amor  variar por completo su futuro
plan de vida. Esta dama, hermana del actor Juan Granados, y llamada por
sus encantos y por sus talentos la divina Antandra, encaden de tal modo
al joven Castro, que le ofreci su mano, y troc por la de cmico su
vida de empleado pblico.

Damin Arias de Peafiel fu un eminente artista dramtico de su poca,
de quien dice Caramuel que tena voz clara y harmoniosa, una memoria
excelente y una accin animada y expresiva, pareciendo como si las
gracias acompaasen  los sonidos articulados por su lengua, y Apolo 
sus gestos y al movimiento de sus manos[31]. La fama de que disfrut fu
tan grande, que los mejores oradores de Madrid aprendieron de l el arte
de hablar, y era tanto el entusiasmo que mova, que D. Luis de Benavente
dice de l, en uno de sus entremeses, lo que sigue:

      Que en ocupando el teatro
    Arias, compaero nuestro,

           *       *       *       *       *

           *       *       *       *       *

    Se desclavaban las tablas,
    Se desquiciaban los techos,
    Geman todos los bancos,
    Crujan los aposentos,
    Y el cobrador no poda
    Abarcar tanto dinero[32].

Este aplaudido actor, en medio de sus triunfos, tom la resolucin de
renunciar al mundo, y de entrar en una orden monstica rgida; pero un
suceso imprevisto impidi que llevara  cabo su propsito y volvi luego
al teatro. Muri en Arcos, en donde el Duque de este ttulo, como 
hombre muy distinguido, le di sepultura en el panten de su familia.

Roque de Figueroa, hijo de una familia de Crdoba, distinguida y
respetada, recibi una educacin literaria y cientfica correspondiente
 su clase, debiendo consagrarse al servicio del Estado con arreglo  la
voluntad de sus padres; pero por su aficin al teatro abandon los
estudios y se hizo cmico. Su talento y estilo escnico le granjearon
mucha fama, declamando, no slo en Madrid, Zaragoza, Valencia, Barcelona
y Lisboa, con general aplauso, sino recorriendo tambin con su compaa
Italia y los Pases Bajos, y ganando en todas partes riquezas y fama. Su
carrera teatral comprende casi todo el siglo de oro del teatro espaol,
porque lleg  la avanzada edad de ochenta aos.

Ya mencionamos antes  las dos famosas actrices llamadas Amarilis y la
divina Antandra. Iguales fueron tambin la popularidad y las alabanzas
que se prodigaron al talento,  la belleza y  la virtud de Mara 
(Damiana) Riquelme, de la cual dice Caramuel en su _Primus Calamus_,
tomo II, pg. 705, que por este tiempo (hacia 1624) se celebraba en los
teatros  la bella Riquelme, tan impresionable por naturaleza, que, con
asombro de todos, mudaba representando el color de su rostro, denotando
sus facciones la alegra, si su papel lo demandaba,  la tristeza ms
profunda en los pasos patticos, y figurando los afectos ms opuestos en
sus ms rpidas transiciones, de tal modo, que era inimitable y nica en
este gnero de mmica. Estaba casada con el director de escena Manuel
Vallejo, y representaba en su compaa. El cronista de la hermandad de
Nuestra Seora de la Novena, cuenta que en el ao de 1631 entr Mara
Riquelme en la cofrada, y que  causa de su belleza, y de su talento
divino para la escena, haba estado expuesta  las pretensiones de
muchos galanes; pero que jams se oy nada que perjudicase en lo ms
mnimo  su honra, sino que, antes bien, su vida fu ejemplar como la de
una santa. La fama de honradez de la Riquelme se aument ms despus,
por vivir tranquila y consagrada  la religin desde la muerte de su
marido, abandonando el teatro y domicilindose en Barcelona, en donde
muri en 1656.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO XXXII.

     Otros actores famosos de la poca de Lope de Vega.--El teatro
     espaol en el extranjero.


Semejante  la de la Riquelme es la vida de Francisca Baltasara,
particularmente inimitable en el desempeo de papeles de damas
disfrazadas de hombre. Fu mujer del gracioso Miguel Ruiz, y reputada
como una de las joyas ms bellas del teatro espaol. Cuando su renombre
era ms grande tom la resolucin repentina, no slo de renunciar  sus
triunfos, sino de decir adis al mundo. Retirse  una soledad, en donde
pas el resto de sus das en prcticas piadosas y en ejercicios
expiatorios, muriendo en olor de santidad. Un escritor de esa poca
refiere que,  su muerte, tocaron por s mismas las campanas, y que, al
dar sepultura  su cadver, sucedieron otros milagros. La vida y muerte
de esta actriz sirvi para la composicin de varias comedias, escritas
por Guevara, Antonio Coello y Francisco de Rojas, cuyo ttulo y
protagonista eran _La Baltasara_.

Otra actriz muy clebre fu Angela Dido, cuyo sobrenombre recibi 
causa de la habilidad extraordinaria con que representaba el papel de
Dido, reina de Cartago, en la tragedia del mismo nombre, de Guilln de
Castro. Nos concretaremos ahora  indicar slo los nombres de los ms
clebres cmicos y cmicas del tiempo de Lope de Vega.

Juan Rana, segn Caramuel el cmico ms notable de cuantos hubo en el
teatro espaol, floreci en los reinados de Felipe III y Felipe IV.
Heredia, actor y director de compaa, ya muy famoso  principios del
siglo XVII; su esposa, tambin muy renombrada, Mara de Heredia, le
sobrevivi largo tiempo, y muri en Npoles en 1658. Cristbal de
Avendao, que falleci en 1635, y Toms Fernando Cabredo en 1634,
fundadores los dos de la cofrada de Nuestra Seora de la Novena.
Cristbal Santiago Ortiz, Valds, Snchez, Pedro Cebrin, Melchor de
Len, Porras, Santander, Miguel Ramrez, Cristbal, Cintor, Jernimo
Lpez, Juana de Villalba, Micaela de Lujn, Ana Muoz, Jernima de
Burgos, Polonia Prez, Mara de los Angeles y Mara de Morales.

Para ilustracin y complemento de las noticias antes insertas acerca de
la vida de los cmicos espaoles, puede verse el pasaje que copiamos del
_Gran tacao_, de Quevedo. Don Pablo refiere, en el cap. 22 de esta
novela picaresca, lo siguiente:

En una posada top una compaa de farsantes que iban  Toledo:
llevaban tres carros, y quiso Dios que entre los compaeros iba uno que
lo haba sido mo del estudio en Alcal, y haba renegado, metdose en
el oficio, dxele lo que me importaba el ir all y salir de la Corte; y
apenas el hombre me conoca con la cuchillada y no haca sino
santiguarse, _per signum crucis_. Al fin me hizo amistad (por mi dinero)
de alcanzar de los dems lugar para que yo fuera con ellos. Ibamos
barajados hombres y mujeres; y una entre ellas, la bailarina, que
tambin haca las Reinas y papeles graves en la Comedia, me pareci
extremada sabandija. Acert  estar su marido  mi lado, y yo sin pensar
 quin hablaba, llevado del deseo de amor, y gozarla, dxele:--Esta
mujer, por qu orden podramos hablar, para gastar con ella veinte
escudos, que me ha parecido hermosa?--No me est bien  m el decirlo,
que soy su marido (dixo el hombre), ni tratar de eso: pero sin pasin
(que no me mueve ninguna) se puede gastar con ella cualquier dinero,
porque tales carnes no tiene el suelo, ni tal juguetoncica, y diciendo
esto salt del carro y fuese al otro, segn pareci, por darme lugar 
que le hablase. Cayme en gracia la respuesta del hombre, y ech de ver
que por esto se puede decir tienen mujeres como si no las tuviesen,
torciendo la sentencia en malicia. Yo goc de la ocasin, y preguntme
que  dnde iba, y algo de mi hacienda y vida. Al fin dexamos, tras
muchas palabras, para Toledo las obras: bamos holgando por el camino
mucho. Yo acaso comenc  representar un pedazo de la Comedia de San
Alexo, que me acordaba de cuando muchacho, y representlo de suerte que
les di codicia; y sabiendo (por lo que yo le dixe  mi amigo que iba en
la Compaa) mis desgracias y descomodidades, dxome que si quera
entrar en la danza con ellos. Encarecime tanto la vida de la farndula,
que yo, que tena necesidad de arrimo, y me haba parecido bien la moza,
concertme por dos aos con el Autor. Hcele escritura de estar con l,
y dime mi racin y representaciones, y con tanto llegamos  Toledo.
Dironme que estudiase tres  cuatro Loas y papeles de barba, que los
acomodaba bien con mi voz. Yo puse cuidado en todo y ech la primera Loa
en el Lugar: era de una Nave (de lo que son todas) que vena destrozada
y sin provisin, y deca lo de Este es el Puerto: llamaba  la gente
Senado: peda perdn de las faltas y silencio y entrme. Hubo un vtor
de rezado, y al fin parec bien en el Teatro. Representamos una Comedia
de un Representante nuestro, que yo me admir de que fuesen Poetas,
porque pensaba que el serlo era de hombres muy doctos y sabios, y no de
gente tan sumamente lega; y est ya de manera esto, que no hay Autor que
no escriba Comedias, ni Representante que no haga su farsa de Moros y
Christianos: que me acuerdo yo antes, que si no eran Comedias del buen
Lope de Vega y Ramn, no haba otra cosa. Al fin, la Comedia se hizo el
primer da y no la entendi nadie: al segundo, empezmosla, y quiso Dios
que empezaba por una guerra, y sala yo armado y con rodela, que si no,
 manos de mal membrillo, tronchos y badeas acabo. No se ha visto tal
torbellino, y ello merecalo la Comedia, porque traa un Rey de
Normanda sin propsito en hbito de Ermitao, y meta dos lacayos para
hacer reir; al desatar la maraa no haba ms de casarse todos, y all
va. Al fin tuvimos nuestro merecido. Tratamos mal al compaero Poeta, y
yo, dicindole que mirase de la que nos habamos escapado, y
escarmentase, dxome que no era suyo nada de la Comedia, sino que de un
paso de uno y otro de otro haba hecho la capa de pobre de remiendo, y
que el dao no haba estado sino en lo mal zurcido. Confesme que los
Farsantes que hacan Comedias,  todos les obligaba restitucin, porque
se aprovechaban de cuanto haban representado, y que era muy fcil; y
que el inters de sacar trescientos  cuatrocientos reales les pona 
aquellos riesgos. Lo otro, que como andaban por esos lugares y les leen
unos y otros Comedias, tombanlas para verlas y hurtbanselas, y con
aadir una necedad y quitar una cosa bien dicha, decan que era suya; y
declarme como no haba habido Farsantes jams que supiesen hacer una
copla de otra manera. No me pareci mal la traza: yo confieso que me
inclin  ella por hallarme con algn natural  la Poesa, y ms que
tena ya conocimiento con algunos Poetas, y haba ledo  Garcilaso: y
as determin de dar en el arte: y con esto, la Farsanta, y representar,
pasaba la vida. Pasado un mes que haba que estbamos en Toledo haciendo
muchas Comedias buenas, y tambin enmendado el yerro pasado (que con
esto yo ya tena nombre y haba llegado  llamarme Alonsete, porque yo
haba dicho llamarme Alonso, y por otro nombre me llamaban el Cruel, por
serlo una figura que haba hecho con grande aceptacin de los
mosqueteros y chusma vulgar); tena ya tres pares de vestidos y Autores
que me pretendan sonsacar de la compaa. Hablaba ya de entender de la
Comedia, murmuraba de los Cmicos famosos, reprehenda los gestos 
Pinedo, daba mi voto en el reposo natural de Snchez, llamaba bonico 
Morales, y pedame el parecer en el adorno de los Teatros y trazar las
apariencias. Si alguno vena  leer la Comedia, yo era el que la oa. Al
fin, animado con este aplauso, me desvirgu de Poeta en un romancico, y
luego hice un Entrems y no pareci mal. Atrevme  una Comedia, y
porque no escapase de ser divina cosa la hice de Nuestra Seora del
Rosario. Comenzaba por chirimas: haba sus Animas de Purgatorio, y sus
demonios que se usaban entonces con su b, b, al salir, y r, r, al
entrar. Caale muy en gracia al Lugar el nombre de Satn en las coplas y
el tratar luego de si cay del cielo y tal. En fin, mi Comedia se hizo y
pareci muy bien. No daba manos  trabajar, porque acudan  m
enamorados, unos por coplas de cejas y otros de ojos, cul de manos y
cul romancicos para cabellos. Para cada cosa tena su precio, aunque
como haba otras tiendas, porque acudiesen  la ma haca barato. Pues
Villancicos, hervan Sacristanes y Demandaderos de monjas, ciegos me
sustentaban  pura oracin ocho reales de cada una, y me acuerdo que
hice entonces la del _Justo juez_, grave y sonorosa, que provocaba 
gestos. Escrib para un ciego, que la sac en su nombre, las famosas que
empiezan:

      Madre del Verbo humanal,
    Hija del Padre Divino,
    Dame gracia virginal, etc.

Fu el primero que introduxo acabar las coplas como los sermones, con
aqu gracia y despus gloria, en esta copla de un cautivo de Tetun:

      Pidmosle sin falacia
    Al alto Rey sin escoria,
    Pues ve nuestra pertinacia,
    Que nos quiera dar su gracia
    Y despus all la gloria. Amn.

Estaba viento en popa con estas cosas, rico, prspero y tal que casi
aspiraba ya  ser Autor. Tena mi casa muy bien aderezada, porque haba
dado (para tener tapicera barata) en un arbitrio del diablo, y fu
comprar reposteros de tabernas y colgarlos. Costronme veinte y cinco 
treinta reales: eran ms para ver que cuantos tiene el Rey, pues por
stos se vea de puro rotos y por esotros no se ver nada. Sucedime un
da la mejor cosa del mundo, que aunque es en mi afrenta la he de
contar. Yo me recoga en mi posada el da que escriba Comedia al
desvn, y all me estaba, y all coma. Suba una moza con la vianda y
dexbamela all; yo tena por costumbre escribir representando recio,
como si lo hiciera en el tablado. Ordena el diablo que  la hora y punto
que la moza iba subiendo por la escalera (que era angosta y obscura) con
los platos y la olla, yo estaba en un paso de montera y daba grandes
gritos componiendo mi Comedia, y deca:

      Guarda el oso, guarda el oso,
    Que me dexa hecho pedazos
    Y baxa tras ti furioso.

Qu entendi la moza (que era gallega) que oy decir baxa tras ti, y
me dexa? Que era verdad y que le avisaba. Va  huir y con la turbacin
psase la saya y rueda toda la escalera: derram la olla, quebr los
platos y sale dando gritos  la calle, diciendo:--Que mata un oso  un
hombre:--y por presto que yo acud, ya estaba toda la vecindad conmigo,
preguntando por el oso, y aun contndoles yo como haba sido ignorancia
de la moza (porque era lo que he referido de la Comedia) an no lo
queran creer. No com aquel da: supironlo los compaeros, y fu
celebrado el cuento en toda la ciudad; y de estas cosas me sucedieron
muchas mientras persever en el oficio de Poeta y no sal del mal
estado. Sucedi, pues, que  mi Autor (que siempre paran en esto),
sabiendo que en Toledo le haba ido bien, le executaron por no s qu
deuda, y le pusieron en la crcel, con lo cual nos desembarazamos todos
y ech cada uno por su parte. Yo (si va  decir verdad), aunque los
compaeros me queran guiar  otras compaas, como no aspiraba 
semejantes oficios y el andar en ellos era por necesidad, vindome con
dinero y bien puesto, no trat ms que de holgarme. Despedme de todos;
furonse......

El perodo en que se extendieron por el extranjero las representaciones
de comedias por compaas de cmicos espaoles, especialmente en Italia,
Inglaterra y Francia, as como mayor nmero de traducciones 
imitaciones de obras dramticas castellanas, comienza en el segundo
tercio del siglo XVII, aunque hayan de ser muy anteriores  esta fecha
las primeras que se hicieron. En su lugar correspondiente tratamos de la
cuestin de si se conoci en Inglaterra el drama espaol en tiempo de
Shakespeare. Como indicamos antes, el primer dato existente acerca de la
aparicin en Londres de una compaa de cmicos espaoles, es del ao de
1635, porque el 23 de diciembre de este ao represent Juan Navarro con
su compaa ante el rey Carlos I[33]; los dramas ingleses ms antiguos,
que se miran con certeza como imitaciones de los castellanos,
corresponden  la poca de Carlos II; sin embargo, hay razones,
expuestas precedentemente, para creer que los dramticos ingleses
conocieron y estudiaron antes  los espaoles.

Las noticias que se conservan de la popularidad de las comedias y
cmicos espaoles por Italia, son ms positivas, y alcanzan  una poca
ms remota. En ella, como sabemos, se representaron las obras dramticas
de Torres Naharro. Las ciudades de Npoles y Miln, en donde habitaban
muchos espaoles, ofrecan ricas ganancias  las compaas de cmicos de
esta nacin; pero estas compaas no se encerraban slo en las ciudades
mencionadas, sino que recorran todo el pas. El P. Toms Hurtado habla
de cmicos espaoles que representaron en Roma en el pontificado de
Gregorio XV (1621  23)[34], y en la vida de la actriz Mara Laredo se
lee que perteneci siempre  las compaas de cmicos que vagaron por
Italia, sin venir despus  Espaa. Segn dice Riccoboni, desde el ao
de 1620 hubo tal aficin en Italia  las comedias espaolas, que las
traducciones  imitaciones de las obras de Lope de Vega y de sus
coetneos sustituyeron casi por completo en los teatros  las comedias y
tragedias originales italianas[35]. El clebre actor de _Adone_, Marino,
dice, en su _Elogio fnebre de Lope_, que era costumbre de los
empresarios de teatro de Italia y Francia, y para aumentar sus entradas,
anunciar en los carteles que la comedia que haba de representarse era
de Lope de Vega; y que bastaba slo su nombre para atraer tantos
espectadores, que ni bastaba el teatro para contenerlos ni su caja para
guardar el dinero[36].

An ms se explot en Francia que en Italia la rica mina descubierta por
los poetas dramticos espaoles. Las guerras de Francisco I haban
contribudo  extender allende los Pirineos la lengua castellana; el
casamiento de Luis XIII con Ana Mauricia, hija de Felipe III, divulg
ms esta lengua en la corte de Pars. Es en alto grado probable que ya
en la primera mitad del siglo XVII representaran en Pars cmicos
espaoles, aunque,  decir verdad, no hemos encontrado datos histricos
fidedignos que lo confirmen. La noticia relativa  la compaa de
Sebastin del Prado, que vino  Espaa con la infanta Mara Teresa, hija
de Felipe IV, pertenece al perodo subsiguiente de la historia del
teatro espaol. Pero aparece con toda evidencia el influjo que los
dramticos espaoles ejercieron en los franceses, aun durante el perodo
anterior, en las muchas obras dramticas que, en todo  en parte,
plagiaron stos de aqullos. Los franceses del siglo XVII no tienen
escrpulo alguno en declararlo. Corneille y Molire confiesan que deben
mucho  los espaoles, y Fontenelle, el sobrino de Corneille, dice que,
en vida de su to, era costumbre admitida recurrir  los espaoles para
los argumentos de las obras dramticas, por su gran superioridad en esta
materia; y Voltaire afirma expresamente que Francia debe  Espaa su
primera tragedia verdadera y su primera comedia de carcter. Despus de
esta declaracin no tiene ya tanto valor la que hace despus, cuando
asegura que los franceses, en el reinado de Luis XIII y Luis XIV, se han
apropiado ms de 40 obras dramticas de los espaoles. Ya mencionamos
antes algunos ejemplos famosos de tales imitaciones, como el _Cid_ y el
_Menteur_, de Corneille, y el _Festn de Pierre_, de Molire, cuando
hablamos de Guilln de Castro, Alarcn y Tirso de Molina. Estas obras
dramticas son trabajos originales, declarados y confesados, de clebres
poetas espaoles; pero hay adems otras muchas tragedias y comedias
francesas que pertenecen tambin  la misma fuente, aunque la imitacin
no se haya declarado. Nuestro objeto no puede ser ahora formar un
catlogo completo y exacto de todas estas copias, plagios  imitaciones,
no slo porque es poco grato perder un tiempo precioso en averiguar este
linaje de hurtos, sino tambin porque investigaciones prolijas de esa
especie no tienen su oportuno asiento en una historia del teatro
espaol. Bstanos, por tanto, tratar de este saqueo slo de un modo
sumario, y sealar los plagios ms notables que han hecho los poetas
franceses  Lope y  sus contemporneos. En el tomo V indicaremos
tambin los ms numerosos que se hicieron en su poca, de Caldern y de
otros dramticos posteriores.

Ya el fecundo escritor dramtico Hardy (seramos injustos si le
llamramos poeta: floreci de 1600  1620) conoci y explot la mina de
singulares invenciones  interesantes argumentos dramticos, que
encerraba la literatura espaola. De las 41 obras suyas que se
conservan, parte de las 800 que se le atribuyen, hay muchas, cuyos
originales son, sin duda alguna, espaoles, como la _Felismene_ dimana
de la _Diana_, de Montemayor, y la _Force du sang_ de otra novela del
mismo autor. No es posible averiguar si ha cometido algn otro plagio de
la misma naturaleza, atenindonos  las obras suyas, hoy existentes;
pero se puede suponer que as lo ha hecho, y que, si se conocieran todas
sus obras perdidas, se demostrara ms cumplidamente este aserto.

Al frente de los dramticos franceses que, por lo general, han imitado 
los espaoles, debe nombrarse  Rotrou, no slo teniendo en cuenta el
tiempo en que escribi, sino tambin las obras que compuso. Demuestra
singular aptitud para sentir y apreciar las bellezas de sus originales,
y un talento poco comn para reproducirlas. En _La belle Alfrede_ (de
_La hermosa Alfreda_, de Lope de Vega); _Laure persecute_ (de la _Laura
perseguida_, del mismo poeta), y en _Don Lope de Cardonne_ (tambin del
_Lope de Cardona_, del mismo), observamos que se han trasladado  las
copias el colorido potico, el fuego de la fantasa y la viveza de la
exposicin que tanto nos seducen en las creaciones del poeta espaol,
cuyas cualidades, aunque no tan brillantes, se encuentran, sin embargo,
en las imitaciones hechas de aquellas obras, no siendo justo negarlas.
Lo mismo se puede decir de sus _Ocasions perdues_ (de _La ocasin
perdida_, de Lope), y de su _Don Bernard de Cabrere_ (de la comedia _La
adversa fortuna de Don Bernardo de Cabrera_, de Mira de Mescua). _La
bague de l'oubli_ es una imitacin de _La sortija del olvido_, de Lope
de Vega, y ha servido despus de principal argumento  una de las
mejores comedias francesas, _Le Roy de Cocagne_, de Legrand. Si los
sucesores de Rotrou hubieran seguido su ejemplo, hubiese ganado mucho el
teatro francs; pero desgraciadamente Corneille, al imitar los dramas
espaoles, emprendi una senda en la cual haban de desaparecer, en
general, todas las excelencias y bellezas de aqullas. Hicimos notar 
su tiempo que en su _Cid_ no se encontraban ninguna de las grandes
creaciones de la magnfica tragedia de Guilln de Castro, de la misma
manera que transform en obra rida y pesada, que de ningn modo puede
llamarse potica,  la comedia llena de vida de Alarcn, titulada _La
verdad sospechosa_. Entre sus dems dramas, _Don Sanche d'Aragon_ y la
_Suite du Menteur_, son imitaciones respectivamente de _El palacio
confuso_ y de _Amar sin saber  quin_, de Lope de Vega. Ambos dramas
son indudablemente de los mejores que cuenta la literatura francesa;
pero cuando se comparan con sus notables originales, aparece de un modo
indudable la falta de dotes poticas de Corneille. La invencin de las
comedias mencionadas es tan bella, tan indeleble su vida ntima potica
y tan grande su energa, que ninguna imitacin poda destruirlas por
completo; pero el autor francs apenas ha hecho otra cosa que trasladar
 su imitacin el seco esqueleto de la fbula, destruyendo su movimiento
y su vida al aplicarles sus estrechas reglas: todas las galas y el
colorido potico del original han desaparecido por completo,
transformndose en momia un cuerpo lozano y vigoroso. Dejemos  un lado
la cuestin de si _El honrado hermano_, de Lope de Vega, ha servido  no
para la composicin de _Los Horacios_, de Corneille, porque,  lo menos,
no se destacan con claridad los vnculos de unin que hay entre ambas
producciones.

La explotacin que hizo Molire de los dramas espaoles, es mayor de lo
que se cree, manifestndose, no slo en las comedias, cuyo plan, en su
totalidad, es copia de composiciones dramticas espaolas, sino tambin
en otras, en que encontramos escenas y situaciones aisladas, que tienen
el mismo origen. A las primeras pertenece _Le medecin malgr lui_,
prescindiendo por ahora de los trabajos de Caldern y de Moreto sobre el
mismo asunto, de los cuales hablaremos en su lugar oportuno. Esta
comedia proviene, en su fondo  accin, de _El acero de Madrid_, de
Lope; pero la escena en que Sganarelle presenta  Leandro como boticario
para proporcionarle una entrevista con Lucinda, recuerda otra escena
semejante de _La fingida Arcadia_, de Tirso de Molina. _L'amour
medecin_,  la verdad, no tiene de comn con _El amor mdico_, de Tirso,
ms que el ttulo, puesto que la accin es muy diversa; pero las escenas
tercera y cuarta del acto segundo del mismo drama, provienen de aquel
poeta espaol, como cualquiera puede convencerse, comparndolas con el
principio del acto segundo de _La venganza de Tamar_. La clebre escena
de la reconciliacin en _Tartuffe_ est sacada de _El perro del
hortelano_, de Lope de Vega, y _L'cole des mars_, en muchas de sus
escenas, recuerda otras de _La discreta enamorada_ y de _El mayor
imposible_, del clebre poeta espaol.

Si los dos grandes dramticos franceses, en sus imitaciones de los
poetas espaoles, aparecen en ellas con tan poca ventaja suya, qu
podr esperarse de otros escritores inferiores de comedias de aquel
tiempo? A la verdad, stos han bebido en aquella fuente con extraa
insistencia. Pueden citarse, para indicar slo  la ligera algunos
ejemplos, _La jalouse d'elle mme_, de Bois-Robert, de _La celosa de s
misma_, de Tirso; _L'absent chez soi_, de d'Ouville, de _El ausente en
su lugar_, de Lope; _L'amour medecin_, de Sainte Marthe, de _El amor
mdico_, de Tirso; su _Aimer sans savoir qui_, del _Amar sin saber 
quin_, de Lope, y aadirse  stas, adems, como imitaciones de
originales espaoles, casi todas las obras dramticas de Montfleury,
Mayret, Scarron, Toms Corneille, Bois-Robert, d'Ouville, y las ms
antiguas de Quinault. No se crea por esto que censuramos  esos
escritores al hacer esas apropiaciones. Es preciso conceder al poeta el
derecho de utilizar las invenciones y pensamientos ajenos. De esta
manera, trabajos dramticos de sus predecesores y contemporneos
sugirieron  Shakespeare la idea de algunas de sus obras  la de escenas
aisladas de ellas, y as tambin los dramticos espaoles se apoderaron
mutuamente de sus riquezas literarias. Pero lo que ha de exigirse sin
remedio de este proceder es que el autor, que se atribuye bienes ajenos,
los revista de formas poticas y se los asimile; que los exorne con
nuevos elementos poticos, hijos de su inspiracin, y que les infunda
ms vigor y ms lozana vida. Aun aqul que estime excesiva esta
pretensin, ha de confesar,  lo menos, que el que usufructe as las
obras preexistentes, muestre simpata por sus bellezas y por sus rasgos
ms notables, en vez de deslustrarlos, hacindolos siempre descollar al
presentarlos como suyos de nuevo. Si no llena estas condiciones, ser
llamado con justicia un torpe plagiario. Pero qu han hecho los
franceses mencionados para cumplir estos requisitos racionales? Se
apoderan de una comedia espaola, exprimen los materiales que la
constituyen, arrancan de ella con el mayor esmero sus galas poticas,
sacrifican al dolo de las tres unidades la verdad y la verosimilitud,
el fuego y la vida de la exposicin dramtica, y de esta manera, de un
poema original _irregular_ y _tosco_, , ms bien dicho, de retazos y
ligeras reminiscencias de l, componen una tragedia clsica  una
comedia. En vez de los arranques poticos del primero, encontramos en la
segunda la ms prosica parsimonia; en vez de la abundancia y de la
verdad de los motivos dramticos, una accin mutilada en todas sus
partes y sin dote alguna artstica; en vez de la rapidez arrebatadora
del dilogo, una conversacin lnguida; en vez del sonido harmonioso
que arrebata y de las rimas diversas que encantan el odo, el arrastre
montono de los alejandrinos. En efecto, slo en cuanto, sin duda, no es
 todos posible componer originales excelentes, hasta el punto de no
quedar apenas ni la ms leve huella de su excelencia primitiva; slo
bajo este aspecto ha de calificarse el talento de los escritores
dramticos franceses. Desdichados los poetas espaoles, sobre quienes
ha cado esta nube de langostas, y msera mil veces la grandeza y la
lozana de su musa potica! Pero ms desdichados y dignos de lstima por
su desvergenza son los crticos que, por vanidad nacional  por
estpida y supersticiosa adoracin  los preceptos de Boileau, no han
temido calificar de reformas ms perfectas de los originales  estos
engendros, dignos del ms absoluto desprecio.

Slo noticias aisladas  incompletas han llegado  nuestro conocimiento
acerca de la difusin de las obras dramticas espaolas de este perodo
en pueblos diversos de los indicados. No hay la ms leve duda de que se
divulgaron en los Pases Bajos, como lo prueban las muchas impresiones
que de esas comedias se hicieron. Consta tambin del prlogo de _El
peregrino en su patria_ que los dramas de Lope haban ya penetrado en
Amrica  principios del siglo XVII, y que se representaron all con
general aplauso. Hay motivos para dudar, puesto que no hemos encontrado
dato alguno que lo confirme, del aserto de Sismondi, de que en las
cortes de Viena y de Munich se representaron comedias espaolas; pero
parece, al contrario, positivo que en el serrallo de Constantinopla se
representaron algunas por moriscos y esclavos espaoles, que las
reciban de mercaderes venecianos[37].

[Illustration]




TERCER PERODO.

EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAOL.

[Illustration]




CAPTULO PRIMERO.

     Aficin de Felipe IV al arte dramtico.--Teatro Real del Buen
     Retiro.--Fiestas de corte y lujo de decoraciones.


Despus de la muerte de Felipe III, ocurrida el 31 de marzo de 1621, se
cerraron los teatros de Madrid por espacio de cuatro meses, en virtud de
orden superior. Bajo mejores auspicios que antes, se abrieron de nuevo
el 28 de junio siguiente, estrenndose la comedia de Lope titulada _Dios
hizo los reyes y los hombres las leyes_. Las representaciones escnicas
haban tenido que luchar hasta entonces, por diversos motivos, con la
oposicin del Gobierno, no encontrando ms apoyo que la aficin del
pblico, y desde este momento se puso al frente del Estado un Monarca
apasionado del arte dramtico, y protector decidido de estos
espectculos[38]. Indudablemente Felipe IV ocupa un lugar distinguido
entre los prncipes que se han honrado favoreciendo  los artistas y
poetas, y nadie podr negarle esta gloria, sean cuales fueren las
censuras diversas que merezcan sus actos como soberano, y la influencia
que por sus faltas haya podido tener en la prdida ms y ms sensible
de la grandeza poltica de Espaa. Su nombre est enlazado estrechamente
con los de todos los grandes artistas y poetas que dieron tanto lustre
 su reinado. A su llamamiento acudieron  Madrid los pintores ms
distinguidos de Espaa, y, con Velzquez  la cabeza, formaron una
escuela, que puede igualarse  las primeras de otras naciones. Casi
todos los cargos importantes de su corte se encomendaron  hombres
ilustrados, capaces de apreciar las artes y la poesa, si ya no
sobresalieron tambin en este concepto, como los condes de Lemos y de
Villamediana[39]. Una de las diversiones favoritas del Rey, despus de
cumplir con los deberes de su gobierno,  los cuales tal vez no
dispensase toda la atencin necesaria, era el de solazarse con
improvisaciones y juegos poticos. Pero el teatro fu siempre el centro
principal,  donde convergan todos sus pasatiempos. Todo poeta
dramtico distinguido estaba seguro de contar con su favor. La fama
lleg  sostener que l mismo haba escrito innumerables comedias,
citndose entre ellas especialmente las tituladas _Dar la vida por su
dama  el conde de Sex_ y _Lo que pasa en un torno de monjas_; y tan
lejos se ha ido en este camino, que se le atribuyen todas las impresas,
cuyo autor se llama _un ingenio de esta corte_. Pero esta ltima
suposicin se funda en un error manifiesto, no existiendo tampoco
pruebas histricas de ninguna especie que autoricen tampoco  admitir la
primera, sabindose slo con certeza que le agradaba reunir  su
alrededor  los poetas de ms talento, y trazar en su compaa planes de
comedias. Acostumbraba tambin, en un crculo ms estrecho de su corte,
desempear papeles en comedias improvisadas[40].

La etiqueta de la corte haba prohibido hasta entonces al Rey su
asistencia  los teatros; y aunque Felipe IV no se atrevi  anular esta
costumbre, visit, no obstante, de incgnito  los de la Cruz y del
Prncipe. Pero, para entregarse sin obstculos  su recreo favorito, y 
la vez para facilitar un local ms decente  las representaciones
escnicas, ya desde el principio de su reinado construy un teatro en el
palacio del Buen Retiro, ante las puertas de Madrid, para que fuese
exclusivamente teatro de la corte, y cuyos espectadores haban de ser
personajes invitados por el Monarca para acompaarle. Este teatro super
en sumo grado  los corrales de la ciudad en la elegancia de sus
dependencias y en la perfeccin de decoraciones y mquinas, guardndose
en su construccin reglas tan distintas de las seguidas hasta entonces,
que estaba cubierto por un techo y cerrado por todos lados. El saln, 
la parte del mismo teatro destinada  los espectadores, era, sin duda,
de extensin reducida; pero, en cambio, era mucho mayor la escena, y
dispuesta de tal suerte, que era posible emplear en ella los aparatos
escnicos ms complicados. El fondo poda abrirse hacia el jardn;
circunstancia particularmente favorable  los efectos teatrales, puesto
que de esta manera las decoraciones en que se representaban paisajes 
prdida de vista producan mucha mayor ilusin, y porque daba as
tambin cabida  los coros, por numerosos que fueran.

Consultemos adems, para conocer este teatro de la corte,  los mismos
viajeros franceses del siglo XVII, que nos describieron antes los
corrales de la Cruz y del Prncipe. El personaje que acompaaba al
mariscal de Grammont, que vino  la corte de Espaa el ao de 1659, como
enviado extraordinario de Luis XIV, habla en una carta  su hermana de
una fiesta que se celebr en el palacio antiguo  alczar en honor de
este enviado[41]. Lo mejor de todo, escribe, y lo que yo dejo para lo
ltimo como bocado ms sabroso, es la comedia que fu ayer por la noche
representada. El saln estaba slo alumbrado por seis antorchas,  ms
bien seis grandes cirios, en candeleros de plata de un tamao
verdaderamente gigantesco. A ambos costados del saln, y fronteros uno 
otro, hay dos palcos  tribunas con cancelas de hierro. Ocuparon uno las
Infantas y algunos de palacio, y destinse el otro al Mariscal. A lo
largo de los dos costados haba dos filas de bancos cubiertos con
tapices de Persia, en los cuales se sentaron doce damas, unas en frente
de otras, y apoyando sus espaldas en los bancos posteriores. Mucho ms
abajo, hacia el escenario, estaban algunos seores; junto al cancel del
mariscal Grammont slo haba un grande. Nosotros los franceses nos
hallbamos detrs del banco en que se apoyaban las damas... Despus
entraron la Reina y la Infantita[42]. Precedalas una dama de la corte
con una vela. El Rey, al aparecer, salud  las damas quitndose el
sombrero, y se sent en el palco  la derecha de la Reina, y la
Infantita  la izquierda de aqulla. El Rey se mantuvo inmvil durante
toda la representacin, y slo una vez habl con la Reina, aunque miraba
en ocasiones  todas partes. Vease junto  l un enano... Al acabarse
la comedia se levantaron todas las damas, y una tras otra abandonaron
sus asientos, juntndose en medio, como lo hacen los cannigos
terminados los Oficios. Estrechronse luego las manos,  hicieron su
cortesa; ceremonia que dur medio cuarto de hora, porque una  una, no
todas  un tiempo, hicieron sus respectivas genuflexiones. Mientras
tanto estuvo el Rey de pie con el sombrero en la mano; despus se
inclin cortesmente ante la Reina; sta ante la Infantita, y todos se
dieron las manos y salieron. Hablse mucho en la comedia representada:
el galn era un arzobispo de Toledo que mandaba un ejrcito; y para no
dar lugar  dudas, presentbase siempre con sobrepelliz, pero armado de
espada, con botas de montar y espuelas[43].

La condesa d'Aulnoy dice en otra carta, fecha en Madrid el 29 de mayo de
1689, lo siguiente:

El Buen Retiro es un palacio real, edificado delante de una de las
puertas de Madrid. Cuatro construcciones importantes y cuatro pabellones
forman un cuadrado perfecto. En el centro hay un jardn con flores y una
fuente con una estatua, que arroja agua, con la cual se riegan las
flores y los rboles de las calles, que van de unos edificios  otros.
Este palacio tiene el defecto de ser muy bajo; pero las habitaciones son
espaciosas, lujosas y adornadas con buenos cuadros. El oro y los colores
ms vivos, que revisten los techos y artesonados, resplandecen por
todas partes... El parque tiene de circuito ms de una legua. Hay en l
muchos pabellones aislados muy lindos... y un canal,  donde confluyen
muchas fuentes de agua viva, y un estanque, en el cual se ven gndolas
pequeas del Rey, pintadas y doradas. Habita aqu mientras duran los
grandes calores del verano, porque las fuentes, los rboles y los prados
hacen este paraje ms fresco y agradable... El teatro para la
representacin de las comedias est bien trazado, es grande y adornado
de esculturas y molduras doradas. Caben holgadamente quince personas en
cada palco. Todos tienen celosas, siendo doradas las del Rey. No hay
orquesta ni anfiteatro, y los asientos se hallan en el patio  parterre,
y en unos bancos... Antes era pblica la entrada, aunque asistiera  la
funcin el Rey; pero esta costumbre ha sido abolida, y para entrar ahora
es preciso ser de un rango elevado,  desempear, por lo menos, algn
cargo importante,  pertenecer  alguna de las tres rdenes militares
... Este teatro es, sin duda, muy bello: todo l est pintado y dorado,
y los palcos, como en los nuestros de pera, tienen celosas, pero desde
arriba hasta abajo, de modo que son verdaderos aposentos. El del Rey es
suntuoso[44].

La inclinacin al lujo y  la pompa, desplegada por Felipe en su
capital, lo indujo tambin  llevar al teatro y  la representacin
escnica las mismas aficiones. Si se hubiera atenido  cuidar de la
representacin externa de los dramas, imitando en lo posible la verdad;
acomodar el traje al carcter de los papeles que se desempeaban, y
hacer  las decoraciones ms ilusorias, el arte habra ganado sin duda;
pero no se limit  esto sencillamente: disfrut con la ostentacin y el
lujo del aparato escnico, y con los efectos teatrales deslumbradores, 
impuls  los poetas,  quienes pagaba,  que deseaban complacerlo, 
seguir la misma tendencia, y  componer comedias semejantes  peras, y
calculadas para dar lustre  los espectculos que se representaban. De
aqu la explicacin de que encontremos en este perodo tan gran nmero
de obras dramticas que, al parecer, no se proponen otro objeto que
hacer brillar el arte del maquinista y del decorador, y recrear  los
espectadores con inundaciones y lluvias de fuego, con procesiones
pomposas y marchas de ejrcitos, y ensordecer los odos con trompetas y
clarines, truenos y terremotos. Siempre que el teatro llega  florecer
en cualquiera parte, en virtud de su propia  ingnita fuerza, hay que
complacer las exigencias de la mayora del pblico, que desea ver 
contemplar variados espectculos, y de aqu tambin que los poetas
espaoles, antes de este perodo, no hubiesen desatendido el placer que
reciben los sentidos de una exornacin teatral atractiva. Principalmente
en los dramas religiosos, largo tiempo antes se haca alarde de un
aparato escnico extraordinario, si bien en ellos, como en los
mitolgicos, y en las composiciones fundadas en tradiciones romnticas
de la Edad Media  en los libros de caballeras, su mismo objeto las
limitaba ms  menos  contenerse en determinado crculo. Pero los
medios de que se dispona para sostener los teatros existentes, que
dependan slo del pblico, eran, naturalmente, muy inferiores en valor
y en extensin  los suministrados con el mismo objeto por el Real
Erario. He aqu, sin duda, el origen, en cuanto se refiere  esa
abundancia de recursos y  las excitaciones hechas por Felipe IV  los
poetas, de las innumerables comedias de esa especie, destinadas en
particular para solaz de la corte del Buen Retiro. Su representacin se
reservaba para las ocasiones solemnes, bodas, etc., y el lujo, de que se
haca entonces alarde, era real verdaderamente. Para la invencin y
disposicin de las decoraciones, haba Felipe IV tomado  su servicio al
ingenioso Cosme Loti, constructor de mquinas italiano; y si nos hemos
de atener  las prolijas noticias de l que han llegado hasta nosotros,
no es posible dudar de que haba llevado  tal perfeccin su arte, que
quizs no fuese aventajado ni aun por los maquinistas de pera de
nuestra poca. No slo saba figurar montaas vomitando fuego y
temblores de tierra;  la mar con navos que lo cruzaban en distintas
direcciones; palacios de la ms rica y artstica arquitectura; el Olimpo
con la asamblea de los dioses en su cima, y el Trtaro con los
condenados all en lo hondo, todo ello de una manera maravillosa, sino
castillos, que aparecan de repente con la vara mgica;  Faetonte
dirigiendo el carro del sol, y precipitndose luego en el abismo; 
Perseo, que cabalga por los aires montado en el pegaso;  Venus,
atravesando el cielo en un carro de nubes, tirado por cisnes, etc. No se
escaseaban, sin duda, los gastos, por cuantiosos que fueran, para
representar esas escenas con todo el brillo posible, y en casos
necesarios se hicieron los preparativos ms difciles, opuestos por su
ndole  la especial disposicin de todo el teatro, como, por ejemplo,
para representar los _Tres mayores prodigios_, de Caldern, en que el
escenario se divida en tres compartimentos de tablas separados, en cada
uno de los cuales haba de emplearse un juego escnico de los ms
complicados, y representarse los tres actos por tres compaas
distintas.

La celebracin de tales fiestas escnicas se verificaba, no slo en el
teatro del Buen Retiro, sino tambin con alguna frecuencia en los
jardines del palacio, y casi siempre con la exornacin ms artstica.
As leemos, entre otras cosas, que en la noche de San Juan del ao de
1640 se levant un tablado en el estanque del Buen Retiro, para
representar en l una comedia. Descansaba en ciertas barcas, y fueron
innumerables las luces, telones, mquinas, entrebastidores y
decoraciones que se emplearon. El coste fu exorbitante y las prdidas
mayores, porque en lo mejor del espectculo sobrevino una tempestad
horrorosa, que destroz en un instante las mquinas, derrib los
pilares, se llev los telones y puso en grave riesgo  los
espectadores[45].

Otra relacin ms detallada de esta clase de representaciones existe
tambin, cuyo extracto, en los trminos ms concisos, puede darnos una
idea clara de la naturaleza de tan pomposos espectculos. Titulbase
_Circe_ la comedia puesta en escena. Del centro del estanque surga una
isla, que se levantaba siete pies sobre la superficie del agua, con
corales, moluscos y otras producciones marinas, y con diversas cascadas
que caan de ellas en el estanque. En la isla haba una montaa elevada
llena de rboles. En la representacin de la loa apareca una barquilla,
brillante como la plata, tirada por dos grandes peces y rodeada de
tritones y nereidas, que cantaban y bailaban en el agua. En la barca
estaba sentada en su trono la diosa del mar con una urna, de la cual
salan varios surtidores, y con un traje largo y de muchos pliegues, de
los cuales surgan tambin en todas direcciones otros surtidores. Al
principio de la comedia se presentaba un navo grande, dorado, con
gallardetes, de Ulises y sus compaeros. En una chalupa de este buque
se embarcaban algunos de los viajeros para recorrer la isla. Leones,
tigres, osos y otras fieras rodeaban  los recin venidos, y de los
rboles resonaba una msica melanclica que entonaban los que haban
visitado antes la isla, transformados por los encantos de Circe. Despus
haba de repente truenos y temblores de tierra. En la cima de la montaa
brillaba un relmpago, y al cesar se vea, en lugar de esa montaa, un
palacio resplandeciente de oro y piedras preciosas, con columnas de
cristal y capiteles de oro, con estatuas de mrmol en los huecos y
alrededor jardines encantados. En el vestbulo de las columnas, y
delante del palacio, se ostentaba Circe sentada en su trono, acompaada
de sus doncellas, que atraan con sus gestos  los compaeros de Ulises.
A una seal de Circe brota de la tierra una mesa lujosa con manjares
exquisitos; los recin llegados beben de las copas que les presentan, y
se transforman como los dems huspedes de la isla. Uno slo puede
escaparse y llevar  Ulises la noticia de lo sucedido. Ulises se acerca
entonces para desvanecer el encanto: una voz que sale de un rbol le
dice que se guarde de los artificios de aquella mujer astuta, y Mercurio
baja del cielo y le ofrece una flor, que ha de anular todas las artes
mgicas. Presntase con ella  Circe; pero las zalameras de la
encantadora lo enloquecen de tal modo, que se abandona insensatamente 
su pasin. A otra seal de la reina de la isla, seis cupidos aportan
otras tantas barcas, tomando asiento en la primera la enamorada pareja,
y en las dems se embarcan jugando las doncellas del squito de Circe.
Para divertir  Ulises se evocan los monstruos de lo ms profundo del
mar, y se les obliga  mostrarse en la superficie: ballenas y delfines
discurren por el estanque, y arrojan al aire columnas de agua perfumada,
que salpican  los espectadores, y sirenas y tritones celebran un baile
alrededor de la barca que lleva  los amantes. Entre las diversas
figuras que surgen alternativamente, encuntrase tambin la Virtud, que
intenta arrancar  Ulises de los brazos de la encantadora; Circe hace
nuevos conjuros, y evoca terribles apariciones para ahuyentar  su
enemigo; pero sta obtiene al cabo el triunfo, y al caer Ulises en sus
brazos, el encanto se desvanece, el palacio con sus habitantes se hunde
por un terremoto, y los encantados recobran sus primitivas formas.

Tambin en los jardines de Aranjuez se celebraban algunas veces estas
fiestas de corte. Se ha conservado hasta nosotros otra relacin
detallada de uno de estos brillantes espectculos, que se di aqu en
el ao de 1623 para solemnizar el nacimiento de Felipe IV. El director
de escena fu el arquitecto italiano Csar Fontana. El escenario contaba
115 pies de largo y 78 de ancho;  cada lado haba siete arcos con
cornisamento, pilastras, capiteles dorados, y encima galeras con
balaustradas de oro y de plata, que sostenan 70 candelabros para
blandones de cera. Arriba haba una tienda, que imitaba al firmamento
estrellado, sembrado de innumerables puntos brillantes. Vease en el
mismo escenario una montaa elevada de 80 pies de circunferencia y
abierta por el centro. El argumento de la comedia que se representaba
estaba sacado de las aventuras de Amads de Gaula; los papeles eran
desempeados por los seores y damas principales de la corte, contndose
entre ellas la misma Reina; en cuanto el Rey apareca y tomaba asiento
en el trono, dispuesto delante de la escena, saludbalo una msica.

El espectculo comenzaba con un baile, en que tomaban parte las seoras
ms bellas. Bajo uno de los arcos se presentaba una carroza de cristal,
en donde vena el ro Tajo cercado de muchas ninfas y nyades. Un
segundo carro traa al mes de Abril, y uncido  l vena el toro del
Zodiaco. Despus que esas dos figuras saludaban al Rey y bajaban de sus
carrozas, acuda el Tiempo  la escena, montando un guila dorada, y
felicitaba al Rey por su aniversario; despus se abran tres rboles y
dejaban ver unas ninfas, que rivalizaban por su parte en
congratulaciones entusiastas. En la comedia, que despus comenzaba, se
prodigaba hasta el extremo el lujo ms suntuoso en trajes brillantes y
pomposas decoraciones. Entre otras, se vea  la Aurora subir al cielo
en una nube resplandeciente; pelear dragones, que lanzaban llamas;
abrirse la montaa, que estaba en el centro de la escena, y ofrecer un
palacio encantado, guardado por cuatro gigantes; desaparecer luego este
palacio por un temblor de tierra, y en su lugar surgir magnficos
jardines...[46].

En casi todas estas fiestas, que servan de regocijo  la corte de
Felipe IV, haba siempre, como parte integrante de ellas, as msica
como bailes, predominando al fin de tal manera uno y otra, que se
transformaron por ltimo en verdaderas peras. _La prpura de la rosa_,
de Caldern, cuyo argumento es la muerte de Adonis, y que se represent
para celebrar la paz de los Pirineos y el casamiento de Luis XIV con la
infanta Mara Teresa, es el primer drama espaol, cuya representacin
es toda cantada. No se crea, sin embargo, que,  pesar de lo expuesto,
slo serva el teatro del Buen Retiro para esos espectculos pomposos,
porque se utilizaba tambin para la representacin de todas las dems
clases de dramas, y, entre ellas, de las comedias de capa y espada, para
las cuales no era necesario lujo alguno en las decoraciones.

Sin embargo, ese lujo externo escnico  que aludimos, es un rasgo
caracterstico que separa la segunda mitad de la edad de oro del teatro
espaol de la primera, y un sntoma, al mismo tiempo, que deja ya
adivinar su prxima decadencia. Mientras hubo grandes poetas, como
Caldern, consagrados  este gnero literario, el lujo de la
representacin escnica fu realzado por el esplendor incomparable de la
poesa; pero no es dable sostener que, cuando accedan  las
pretensiones de la corte, haban de conservarse  la misma altura en que
lo hubieran hecho,  seguir slo su propia inclinacin; y cuando la
literatura dramtica fu cultivada por medianos escritores, hubo de
transformarse el arte en vano  insubstancial espectculo. El influjo
perjudicial que ejerci ese lujo escnico en el pblico y en los
actores, fu, sin duda, incalculable, por acostumbrarse el primero  un
espectculo poco dramtico, que apartaba la atencin de los elementos
esenciales del arte, y corrompa  los ltimos hasta el punto de que no
se propusiesen representar sus papeles en sus rasgos ms esenciales, en
su carcter, por decirlo as, espiritual, sino slo para producir un
efecto puramente externo, findose de los brillantes accesorios que
aligeraban su trabajo y encubran tambin sus faltas.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO II.

     Nueva poca de la poesa dramtica.--Nuevas especies de piezas
     dramticas.--Aparato escnico de esta poca.--Principios de la
     decadencia del teatro espaol en el reinado de Carlos II.


Afortunadamente esos espectculos teatrales de corte no constituyen el
nico lazo que une el nombre de Felipe IV con la historia del drama
espaol. No es posible dudar del verdadero amor que profes este Monarca
al arte dramtico, ni de sus merecimientos en protegerlo y fomentarlo.
Prubalo la penetracin con que supo distinguir  los poetas de ms
talento y ms dignos de su aprecio para llamarlos  su lado, entre la
infinita muchedumbre de ellos que se esforzaba en granjearse sus
favores. Debindole una posicin social independiente, los poetas
dramticos no siguieron ya sujetos  las exigencias de los empresarios
de teatro, para ganarse recursos miserables de subsistencia  cambio de
un trabajo incesante y atropellado, sino que pudieron meditar sin
precipitacin sus composiciones, y escribirlas con ese esmero, sin el
cual es imposible la perfeccin artstica. Aqu, como en otras partes,
yace la diferencia caracterstica que separa la poca anterior del arte
dramtico de la que mencionamos, apareciendo esta ltima como el punto
culminante que alcanza toda la poesa dramtica espaola. Ya Lope de
Vega y sus coetneos haban desarrollado los primeros grmenes de este
gnero literario, creciendo lozanos bajo su cultivo. A la verdad, cuando
se atiende slo  la riqueza de la fantasa y  la fecundidad de la
invencin, nos asaltan algunas dudas de si son  no superiores  los de
esta poca los poetas que florecieron en la precedente; y hasta la
elegancia de las creaciones, el trazado juicioso del plan y la sobriedad
en su desarrollo, no faltan tampoco en las obras de los poetas ms
antiguos, escritas en los instantes ms afortunados de su inspiracin;
pero puede asegurarse que, comparadas con estos trabajos ms perfectos,
se observan, por lo menos, otros muchos, en los cuales notamos
propiedades contrarias, como la violacin grosera y manifiesta de las
reglas de la composicin dramtica, falta de unidad en su conjunto, y
del cuidado necesario en su correccin. Y cmo haba de ser de otra
manera, si tenemos en cuenta la profusin y prodigalidad de Lope de Vega
en esta materia, el maestro principal, que arrastr consigo  la mayora
de sus contemporneos! La nueva generacin de dramticos emprendi en
esta parte nueva senda, no entregndose  producir sin plan ni
concierto, y en virtud de ese fuego que los devoraba, composiciones
balades, sino que profes ms respeto al pblico, guardando ms las
leyes eternas de todo arte cuyo principio fundamental es la perfeccin
en la forma, y la simetra ntima de las distintas partes de su
conjunto. Pronto veremos que esta regla capital de conducta fu
observada por los poetas ms importantes que representan este nuevo
perodo, no oponindose  este aserto que otros dramticos de rango
inferior diesen  luz en l obras sin concierto ni orden, y que hasta
los ms caracterizados prescindiesen tambin alguna vez de sus
preceptos.

Aunque nos llene de admiracin la riqueza inagotable de inventiva de la
poca anterior y las creaciones infinitas que brotaban  raudales de
ella, como de una fuente perenne, y el prodigioso nmero de elementos
poticos existentes en la misma, hasta tal punto, que, bajo este
aspecto, no se encuentra ninguna otra que le iguale, siendo difcil
arrancarse de ese florido laberinto para penetrar despus en artstico
jardn, lleno de ms regular riqueza; aunque se haya de confesar que no
hubo tal superabundancia de condiciones poticas en el perodo
subsiguiente de la poesa dramtica, no es posible abrigar dudas de
ninguna especie de que la ltima aventaja  la primera en perfeccin
artstica. Pero como esta misma perfeccin debe ser el modelo eterno, 
que ha de sujetarse la teora y la crtica esttica, siempre que se
trate de determinar el mrito absoluto de una composicin potica, hemos
de considerar colocado en el peldao ms alto de esta escala, para ser
consecuentes, al perodo de tiempo, que se distingue por la mayor
conformidad de sus composiciones con aquel modelo. Asentadas, pues,
estas observaciones, que sern despus confirmadas con el examen ms
prolijo de las obras de cada poeta, y que son necesarias para comprender
su historia, nos ocuparemos de nuevo en trazar los contornos externos
del teatro espaol, desde la ascensin al trono de Felipe IV.

Si la literatura dramtica fu desde principio del siglo XVII el centro
 el foco de la poesa espaola, tambin es cierto que la ilustrada
inclinacin del joven soberano  este gnero literario, excit ms 
todos los poetas de su tiempo  emplear todas sus fuerzas en sobresalir
en la composicin de este gnero dramtico. El nmero de comedias, que
se pusieron en escena durante su reinado, si no superior, fu  lo menos
igual  la multitud infinita de ellas, que se representaron bajo sus dos
predecesores. Porque si bien ces esa poligrafa monstruosa, que hizo
escribir  Lope de Vega 1.500 comedias y 300  Tirso de Molina, ya que
el esmero, que consagraban los dramticos de esta poca  sus escritos,
los incapacitaba de igualar en fecundidad  sus predecesores, sin
embargo, como acontece en los pases meridionales, en cuyo frtil suelo
alcanza la vegetacin rpido y lozano desarrollo, fu siempre muy
considerable el nmero de obras dramticas que se escribieron, cuando se
comparan con las compuestas por los poetas dramticos de otras naciones,
y se aumentaron tambin, con relacin  la poca anterior, los que se
consagraron  escribir para el teatro.

Hacia la mitad del siglo XVII se distinguieron las obras dramticas del
teatro espaol con nombres diversos, no usados en tiempo de Lope de
Vega; tales son:

_Las comedias de figurn_, palabra que indica aquellas comedias, en las
cuales aparece un personaje ridculo y exagerado, generalmente algn
fatuo presuntuoso y bien educado. Moreto, Rojas y algunos otros nos han
dejado excelentes comedias de este gnero, aunque despus degeneraron en
farsas groseras y vulgares.

_Los sainetes_, nombre nuevo, que en realidad significaba lo que antes
_entremeses_. Los sainetes, sin embargo, eran generalmente de accin ms
extensa. Se representaban, como los entremeses, entre las jornadas de
los dramas ms importantes.

_Las mojigangas_ eran pequeas piezas burlescas, semejantes  los
sainetes, en que se presentaban caricaturas y mscaras. Fueron ms
comunes stas en el siglo XVIII, si bien en los catlogos que existen
hay algunas piezas de Caldern y de Moreto que llevan este nombre.

_Las zarzuelas_, operetas  composiciones pequeas destinadas al canto.
_La prpura de la rosa_, de Caldern, es una de estas zarzuelas. Este
nombre proviene del de una posesin de recreo, denominada as, situada
no lejos de Madrid, y que se aplic despus  ese linaje de
composiciones.

Hemos dicho antes que las loas no eran ya tan necesarias como en la
poca anterior, ni elemento casi esencial de toda representacin
escnica, conservndose, en general, slo en los autos. Las fiestas del
Corpus, desde la mitad del siglo XVII, no son tan frecuentes como
antes, puesto que Vera Tassis dice, en la biografa de Caldern, que ya
en los ltimos aos de este poeta insigne no se representaban autos
sacramentales en Sevilla, en Granada ni en Toledo. En Madrid, sin
embargo, se celebr siempre la fiesta del Corpus con toda la pompa  la
antigua usanza. La condesa d'Aulnoy, en una carta fecha en 27 de junio
de 1679, describe una de estas fiestas, que copiamos aqu como
complemento de la inserta antes, de otro viajero.

Debo decir, escribe esta seora, que he visto la fiesta del Corpus,
aqu muy solemne. Hay una procesin general  la que asisten todas las
parroquias y todos los religiosos, cuyo nmero es muy grande. Las calles
por donde pasa se cubren con tapices, los ms bellos del mundo, porque
no me refiero slo  los de la Corona. Los hay  millares de los
particulares, verdaderamente admirables. Qutanse las celosas de los
balcones, y se cuelgan de ellos tapices con ricos ornamentos en los
huecos y doseles; toldos de lienzo dan sombra  las calles, 
interceptan los rayos del sol. Humedcense estos toldos para que estn
ms frescos; las calles se enarenan, se riegan y se cubren de tantas
flores, que slo hollndolas se puede andar por ellas. Los lugares
destinados  las paradas son muy espaciosos, y magnficos sus adornos
... Toda la corte, sin excepcin alguna, asiste  esta fiesta. Los
consejos seguan sin orden ni concierto, y los consejeros llevaban todos
cirios. El Rey tambin lo llevaba, y segua inmediatamente  la
custodia. Es sta una ceremonia de las ms bellas que se pueden ver...
A las dos de la madrugada la procesin estaba todava en la calle.
Cuando pas delante del palacio, se tiraron bombas de plvora, y se
dispararon muchos cohetes. El Rey fu  Santa Mara, iglesia prxima al
palacio, para tomar parte en la procesin. Todas las damas se visten
este da su traje de verano. Asmanse muy compuestas  los balcones, en
los cuales hay canastillos llenos de flores,  frascos con agua de olor,
para el momento en que pasa la procesin... Cuando la custodia entra en
la iglesia, todos corren  sus casas para comer y asistir  los autos.
Estos son tragedias de argumentos piadosos, y de representacin bastante
extraa. Se representan en el patio  en la calle del presidente de cada
consejo,  quien corresponde. El Rey asiste tambin, y los billetes se
reparten la vspera entre los espectadores distinguidos. Fuimos, pues,
convidados, llamndome la atencin que se encendiesen innumerables
antorchas, cuando el sol caa  plomo sobre los comediantes y derreta
las bujas como si fuesen de manteca. Representaron la pieza dramtica
ms impertinente que yo he visto en mi vida. He aqu su argumento:

Reunidos los caballeros de Santiago, se les presenta Nuestro Seor
Jesucristo, y les ruega que lo reciban en su orden. Muchos se inclinan 
este parecer; pero los ms antiguos exponen los inconvenientes que se
seguiran de admitir en la orden  un personaje de tan humilde origen,
porque su padre, San Jos, es un pobre carpintero, y la Santa Virgen, su
madre, una costurera. Nuestro Seor espera muy inquieto la resolucin de
los caballeros, que, al fin, con alguna pena rechazan su pretensin.
Determinan entonces instituir, slo en su obsequio, la orden de Cristo,
y as todos quedan contentos. Esta orden es la de Portugal. Y, sin
embargo, esto lo hacen sin malicia, y preferiran morir  faltar al
respeto que merece la religin. Los autos se representan por espacio de
ms de un mes, y estoy tan cansada de verlos, que me propongo, en cuanto
pueda, no asistir  ellos.

No ha faltado quien se tome el trabajo de calcular el nmero de todas
las comedias de la edad de oro del teatro espaol. Esta es una empresa
vana, en cuyo favor no hay probabilidad alguna de acierto, puesto que no
han llegado hasta nosotros datos fidedignos para acometerla. Es
seguramente insensato considerar, como aproximada  la verdad, la suma
de los dramas espaoles, insertos en los catlogos publicados en el
siglo XVIII. Catlogos de esta especie slo comprendan las obras
dramticas impresas,  las manuscritas, que por casualidad haban
llegado  manos de los editores. Si de las comedias de los ms famosos
poetas slo pocas han llegado hasta nosotros, acaso ni una tercera parte
de las de Lope y una quinta parte de las de Tirso de Molina, fcil es de
deducir cunto ms grande debi ser el nmero, que se ha perdido, de las
escritas por otros autores menos celebrados[47]. As aparece claro el
error de aqullos que piensan, que las 3.852 comedias, registradas por
la Huerta, componen todo el repertorio de la literatura dramtica
espaola. Tampoco es difcil, si se suman las obras de slo diez de los
dramticos ms conocidos, superar fcilmente  la suma indicada.
Cuntense las mil quinientas comedias de Lope de Vega, las cuatrocientas
de Luis de Guevara, las trescientas de Tirso de Molina, las ciento y
tantas de Caldern y de Alvaro Cubillo de Aragn; el nmero no exacto,
pero siempre muy considerable, de los dramas del Dr. Ramn, de
Montalbn, de Mira de Mescua, de Matos Fragoso, etc... y pronto se
completa la suma indicada por la Huerta. Adanse  esto la innumerable
muchedumbre de poetas dramticos, cuyo solo nombre se ha conservado
hasta nosotros; las contenidas en las grandes colecciones de comedias
espaolas, y los muchos dramas que se representaban en el teatro sin
indicacin de su autor, y ser preciso convenir que se duplica con
seguridad, y sin exageracin alguna, el catlogo mencionado. Riccoboni,
en sus _Reflexions sur les differens theatres de l'Europe_, Amsterdam,
1740, pg. 57, cuenta la ancdota, no por cierto inverosmil, de que un
librero de Madrid acometi la empresa de reunir comedias espaolas sin
nombre de autor, y que las escritas por _uno_, _dos_ y _tres ingenios de
esta corte_ llegaron  ascender  4.800.

En la misma proporcin, con que se aumentaba el nmero de los poetas, se
multiplicaban tambin los teatros y los actores bajo el reinado de
Felipe IV. Hasta las ciudades ms insignificantes y las aldeas queran
disfrutar  veces del placer de las representaciones escnicas. Esta
abundancia de compaas de cmicos, y algunos desrdenes, que fueron su
consecuencia, llamaron en distintas ocasiones la atencin del Gobierno
hacia ellos, y se dictaron algunas medidas para disminuirlos; pero no
fueron bastante enrgicas para combatir el mal que se persegua, y las
disposiciones aisladas, que se adoptaron con este objeto, cayeron pronto
en desuso. As aparece claramente de un memorial, que, en el ao de
1647, dirigi al Rey el actor Cristbal Santiago Ortiz, suplicndole que
pusiese orden y concierto en los teatros. Dedcese de l que el Consejo
de Castilla limit en un principio  seis el nmero de las compaas de
cmicos, reservndose el derecho de nombrar sus directores; pero que,
poco despus, llegaron hasta doce el nmero de estas compaas legales.
Imponanse penas graves  cuantas excediesen de aquel nmero; pero, 
pesar de eso, en tiempo del autor de ese memorial existan catorce, que
contaban sobre mil individuos, entre los cuales haba criminales,
frailes escapados del convento y clrigos apstatas, que, bajo la capa
del histrionismo, y vagando sin cesar de un punto  otro, evitaban la
persecucin de la justicia. De ese documento se deduce, que era grande
el escndalo y disipada la vida de esas gentes, y, como su profesin
agradaba tanto al pueblo, en cualquier parte encontraban jvenes que los
protegiesen: hasta la justicia los favoreca, valindose, para lograrlo,
de la intercesin de las mujeres de las compaas. Otra causa principal
de ese desorden, segn el mismo documento, era la avaricia de los dueos
de los teatros,  quienes interesaba tenerlos siempre alquilados,
pretextando que, de no ser as, lo pagaran los hospitales, debiendo
advertirse que, de veinte aos  su fecha, se haban construdo tantos
teatros, que eran pocas las ciudades, y hasta las poblaciones
insignificantes, que no contaban alguno; y, siendo as, con el afn de
alquilarlos, formbanse por do quier compaas de la legua,  las cuales
ayudaban, adelantndoles dinero, los mismos arrendatarios[48].

Los teatros de la Cruz y del Prncipe, de Madrid, continuaron, en este
perodo como en el anterior, en iguales relaciones con los hospitales,
que en su lugar correspondiente indicamos. Respecto  su distribucin
interior, parece oportuno explicar una palabra que aparece hacia la
mitad del siglo XVII, y es el nombre de _tertulia_, comn desde esta
poca en cuantos escritos se refieren al teatro. Llambanse as los
asientos del piso superior, que se denominaban antes _desvanes_, y que
ocupaban principalmente el pblico ilustrado y los clrigos. Era
entonces moda estudiar  Tertuliano, y los eclesisticos, sobre todo,
tenan la costumbre de aducir en sus sermones citas de sus obras, por lo
cual se les llamaba en broma tertuliantes, y tertulia al lugar que
ocupaban. De estos asientos,  los cuales se daba antes el ttulo
honorfico de doctos desvanes, provenan los juicios crticos,  que los
poetas atribuan mayor importancia, por la fama de entendidos que tenan
los que concurran  ellos con frecuencia. Por lo dems, no hubo
alteracin alguna en la distribucin y conjunto de los antiguos
corrales, y de aqu que, mientras se desplegaba un lujo nunca visto en
el teatro del Buen Retiro, aqullos, en punto  mquinas y decoraciones,
continuaban en el mismo estado que tenan hacia fines del siglo XVI.
Mientras que al teatro de la corte slo acuda una sociedad escogida de
notables personajes, ya por su ilustracin, ya por su rango social, 
las casas de comedias de la ciudad asista inmensa muchedumbre,
compuesta de las clases populares, llena de una curiosidad insaciable, y
los _mosqueteros_ daban sus votos de censura  de alabanza de la misma
manera estrepitosa que antes, pudiendo asegurarse que esas
manifestaciones ruidosas de su aprobacin  de su vituperio llegaron 
su punto culminante en la mitad del siglo XVII. De las noticias dadas
por Caramuel, aparece que de 1650  1660 haba uno de estos mosqueteros,
un zapatero remendn, apellidado Snchez, que se haba erigido en
Aristarco de los teatros, y cuya influencia era tan grande, que de l
dependa la buena  mala acogida que en el pblico encontraban las
comedias, hasta el extremo de que poetas dramticos famosos procuraban
captarse su benevolencia antes de llevar sus obras  la escena. El
escritor antes citado refiere  este propsito la siguiente ancdota: Un
poeta de mucho talento haba escrito una comedia, que haba sido
admitida en el teatro, y de cuya representacin se haban encargado los
actores ms notables; dudaba, sin embargo, de su xito, y resolvi,
temeroso de la insolencia del patio, hacer una visita al Sr. Snchez
para atraerlo previamente  su partido. Dirigise, pues, con este
propsito  un amigo, que tambin lo era del temible zapatero; hizo que
lo presentara  ste, formulando su pretensin con voz temblorosa,
puesto que aquella comedia era las primicias de su musa, y de su xito
dependa su fama futura y la consideracin que esperaba ganar entre sus
conciudadanos. El zapatero escuch su humilde ruego con gravedad y
ceo, y despidi al fin al poeta, dicindole con voz solemne:--Est V.
seguro, seor poeta, de que vuestra comedia ser acogida con justicia,
segn su mrito[49].

A esta preponderancia del populacho en los teatros, alude un satrico de
la poca cuando dice que los zapateros vuelven de nuevo  sus faenas, y
cuesta trabajo reconocer en ellos  los arrogantes y orgullosos
mosqueteros,  los cuales ni los poetas ni los actores pueden ablandar
con sus splicas, ni conmoverlos con su indiferencia ni con su
aturdimiento, y que  la tarde siguiente dejan  un lado otra vez sus
botas y sus suelas, y sueltan su ruidoso martillo, transformndose en
rayo, que reduce  polvo  los malos poetas[50].

Este mismo temor  los silbidos de los mosqueteros oblig  muchos
poetas  llevar sus obras annimas  la escena, y puesto que, como antes
dijimos, la tirana de este populacho crtico alcanz su apogeo hacia la
mitad del siglo XVII, de aqu tambin, que, en este mismo tiempo,
aumente sobremanera el nmero de las comedias, que no llevan el nombre
del autor. En estos casos leanse en su portada que eran obra de un
_ingenio_, y, si el escritor resida en Madrid, se le adicionaba con las
palabras _de esta corte_[51]. Posible es que entre las comedias que se
distinguen por esta particularidad, haya algunas, como la tradicin
afirma, en cuya composicin tom parte Felipe IV; pero no por eso deja
de ser un grave yerro atribuirlas todas  este Monarca, slo con tener
un conocimiento muy superficial de la literatura espaola. El nmero de
las comedias de _un ingenio_, hoy existentes, es muy considerable, y las
hay escritas por varios poetas asociados, distinguindose, segn el
nmero de stos, por la adicin de las palabras _de dos_, _de tres
ingenios_, etc., no faltando algunos ejemplos de haber trabajado hasta
seis en la composicin de algunas de estas obras[52]. Quien conozca lo
defectuoso de este mtodo de asociacin para escribir poesas,
adivinar, desde luego, que la mayor parte de las comedias conocidas de
dos  ms poetas, son de las ms inferiores en mrito del repertorio
espaol. Ocioso es demostrar cun difcil sea que se reunan dos hombres
de una organizacin suficientemente harmnica, para componer una obra,
como si fuese escrita por uno solo. Calclese, pues, lo que ser
aqulla, que debe la vida nada menos que  seis colaboradores. No es,
sin duda, uno de los aspectos ms brillantes de esta poca esa
coparticipacin de diversos autores en la misma obra, costumbre
extendida sobremanera en la poca de Caldern; y, sin embargo, tan
universal fu esta prctica, que hasta los poetas ms distinguidos, el
mismo Caldern, Rojas y Moreto, trabajaron juntos con otros.

A la muerte de la reina Isabel, la primera esposa de Felipe IV, ocurrida
en el ao de 1644, se cerraron tambin los teatros de Madrid, como era
costumbre hacerlo al fallecimiento de los miembros de la familia real, y
algunos telogos fanticos aprovecharon esta ocasin para renovar los
antiguos escrpulos acerca de la licencia de los espectculos
dramticos, de los cuales no se hablaba haca ya largo tiempo, y alegar
nuevos cargos contra ellos. Felipe IV, an ms abatido poco despus por
la muerte del prncipe heredero Don Baltasar, se encontraba
predispuesto, por este motivo,  participar de tales temores, y, en su
consecuencia, se orden al Consejo de Castilla que trazara las
restricciones,  que haban de sujetarse los teatros. El plan propuesto
por esta Corporacin para redactar una ley en este sentido, se apoyaba
en las bases siguientes:

Primera: slo haba de darse licencia  seis  ocho compaas de
cmicos, prohibindose la existencia de las dems compaas errantes en
las poblaciones de menor vecindario.

Segunda: las comedias haban de limitarse  exponer vidas de santos 
sucesos notables histricos, prohibindose por completo la de las
pasiones amorosas, y, como su resultado, eran desterradas de las tablas
la mayor parte de las representadas hasta entonces, y especialmente las
de Lope de Vega, que tanto dao haban hecho  las buenas costumbres.

Tercera: en el espacio de una semana no haba de ponerse en escena ms
que una sola comedia.

Cuarta: se prohiba tambin el lujo de los vestidos de los actores,
particularmente llevar en ellos oro, y mudar de trajes durante la
representacin,  no ser que la obra dramtica lo hiciese indispensable.

Quinta: prohibanse asimismo todos los cantos y bailes indecentes y
provocativos, y slo las mujeres casadas podan presentarse en las
tablas.

Sexta: la entrada en los vestuarios se limitaba  los actores y  las
personas pertenecientes  la compaa.

Stima: las representaciones no podan empezar despus de las dos de la
tarde en el invierno, y de las tres en verano.

Octava: toda comedia haba de someterse, antes de su representacin, al
examen de una autoridad creada especialmente con este objeto;  todo
espectculo dramtico haba de asistir un alcalde, y se encomendaba 
las justicias vigilar atentamente  los actores, visitar sus casas y
desterrar de su compaa  los vagos que alternaban con ellos, con
grande escndalo de la corte; y, finalmente, con arreglo  la novena, se
prohiba tambin la representacin de comedias en el domicilio de los
particulares,  no ser bajo la inspeccin especial del Presidente del
Consejo de Castilla.[53]

Los teatros espaoles permanecieron, pues, cerrados por completo desde
el ano 1644 al de 1649. En este ltimo ao se comenz ya  permitir las
representaciones teatrales, primero en Madrid, siguiendo pronto su
ejemplo las dems ciudades del reino; pero, por regla general, se toler
la reapertura de los teatros, bajo la condicin de someterse  las
restricciones anteriormente expuestas. Si estas leyes se hubiesen
aplicado con rigor, su influjo en los teatros y en la poesa dramtica
hubiese sido, sin duda, duradero; parece, sin embargo, que, as estas
medidas gubernativas como otras anteriores, cayeron pronto en desuso,
porque pocos aos despus el austero arzobispo de Sevilla, confesor de
Felipe IV, intent suscitar en el Rey escrpulos de conciencia para que
prohibiese esas funciones, dicindole en su peticin, dirigida  este
objeto, que los comediantes se vestan con el mayor lujo, y que en todas
partes haba teatros, representndose en algunas poblaciones hasta dos 
tres comedias, con las decoraciones ms costosas, mientras que el Rey y
la religin catlica carecan de recursos para defenderse de enemigos y
de herejes; y que la prohibicin de representar comedias, desde 1644 
1649, no fu perjudicial al Estado. Tan lejos fu este celoso prelado,
segn refiere Don Gaspar de Villarroel, arzobispo de Lima, que
acostumbraba decir de Lope de Vega, cuyas comedias haban vuelto otra
vez en el teatro, que un solo sacerdote haba compuesto mil comedias,
con las cuales haba trado ms pecados al mundo que mil demonios[54].

Como antes hablamos de la representacin de comedias en las casas
particulares, no nos parece ocioso explicar ms detenidamente este
punto. Las familias principales acostumbraban  llamar  sus casas
actores, y hacerlos representar en su presencia entremeses 
comedias[55]. Estas costumbres se observaban hasta en los conventos,
cuya sacrista se transformaba entonces en teatro, y fu defendida, 
pesar de las censuras del Consejo de Castilla, por ese mismo arzobispo
Villarroel, antes citado. Esta apologa dice as:

Se ha suscitado la cuestin de si escandalizan los frailes que asisten
 la representacin de las comedias. Parcemelo, sin duda, siempre que
veo hbitos de religiosos en los teatros, confundidos con el pblico.
Pero por qu razn? Debemos condenar al convento de San Felipe de
Madrid, tan santo y respetable, y  otros muy venerados, porque en ellos
se representen comedias en la sacrista? Si fuese pecado asistir  las
comedias, habran de tolerarlo ni esta orden, tan guardadora de la
religin, ni los conventos de otras rdenes de la corte, que siguen su
ejemplo?[56]. Se me contestar que el Rey lo ha prohibido ahora, y que,
sin licencia expresa del Presidente del Consejo de Castilla, no se
permite ya en los conventos la representacin de comedias. Que esta
orden est vigente, lo s por propia experiencia. Siendo yo superior del
convento, quise proporcionar ese regocijo  los frailes, mis hermanos y
bienhechores, y dispuse que se representasen tres comedias pagndolas
anticipadamente. Los actores tomaron el dinero, y nada dijeron de la
prohibicin legal, que impeda estas representaciones. Reunida toda la
comunidad en la sacrista, nos llamaron la atencin sobre la necesidad
de la licencia, aadiendo que el Presidente de Castilla las conceda
fcilmente. Pedsela yo como deba; pero el Presidente la rehus de tal
manera, que no fu posible representarlas, aunque poco despus se
representaran tres en tres huertos diferentes. Por lo dems, esta
prohibicin se fundaba en ciertos motivos especiales. Seores, algo
ligeros, y algunos jvenes, acostumbraban entrar en los conventos en
tales ocasiones, deslizarse en los vestuarios, y, confiados en su edad y
en su posicin, promover escenas escandalosas que llegaron hasta los
odos del Rey.

Mientras Felipe IV ocup el trono de Espaa, el teatro, en consideracin
y en cuanto  elementos esenciales, se mantuvo  la misma altura,  que
haba llegado,  consecuencia del impulso que recibi en los primeros
aos del reinado de este Monarca. A la muerte de Felipe, en septiembre
de 1675, sufri una verdadera crisis, puesto que la representacin de
comedias, en todo el reino, estuvo prohibida durante todo el tiempo del
luto. Verdad es que esta prohibicin dej de regir al ao siguiente, y
que los espectculos teatrales se celebraron como antes; pero ni los
teatros ni el arte dramtico recobraron otra vez su antiguo brillo. En
la minora de Carlos II se vi ya, en toda su desnudez, la extraa
decadencia de la monarqua espaola, disimulada hasta entonces por su
brillo exterior. Y cmo era posible detener al Estado en la pendiente,
por donde se encaminaba  su runa, cuando las riendas del Gobierno se
encomendaron  Mara Ana de Austria, mujer dbil y dominada por
intrigantes, cuando tan difciles de manejar haban parecido  Felipe
III y  Felipe IV? La deuda pblica, por efecto de las guerras
continuas, se haba acrecido en una proporcin monstruosa, y la
despoblacin haba caminado al mismo paso: necesitbanse inagotables
riquezas, slo para encubrir algn tanto su runa, y lo peor era que no
existan tales riquezas. Las posesiones de Espaa en los Pases Bajos se
haban disminudo de tal manera, que, para regirlas y sostenerlas,
hacan falta sumas ms cuantiosas que las que producan; las vastas
provincias del Nuevo Mundo destacaban,  la verdad, sus rayos sobre la
Corona de Castilla, envolvindola en una aureola de aparente podero, no
de acuerdo con su utilidad real, porque,  causa de su organizacin
defectuosa, estaban haca tiempo en manos de aventureros y de
gobernadores poco fieles; y la guerra sistemtica, que, en los mares de
Amrica, hacan  Espaa, Inglaterra, Holanda y Francia, absorba por
completo todas sus rentas. Ya bajo Felipe IV se manifestaban, sin duda,
los sntomas, que anunciaban esta disolucin nacional, y su poltica no
fu muy favorable ni meritoria para el bien del Estado; pero las muchas
y brillantes cualidades de este Prncipe, y sus esfuerzos, dignos de
loa, en otros terrenos, lo haban hecho, hasta cierto punto, glorioso.
Toda la monarqua particip tambin de esta gloria, y as se pudo
disimular, en la apariencia, la corrupcin creciente de todo el cuerpo
social. El sentimiento nacional, sin embargo, fuente de todo lo grande,
que ha producido la literatura espaola, subsista siempre, y Espaa
estaba siempre para l  la misma altura, en poder y en fama, que en la
poca de Carlos V. Cmo no deba cambiar pronto todo, cuando ese
imperio poderoso, acosado por fuera por sus enemigos, y prximo  la
consuncin en su vida interior, no contaba con ms apoyo que con un nio
dbil bajo la tutela de su madre? Y cuando la corte, que debiera
haberse distinguido por su energa extraordinaria, era el asiento de la
indolencia, y el foco de miserables intrigas! Vana en breve fu tambin
la esperanza, de que los negocios tomaran mejor sesgo, en cuanto
ocupase el trono Carlos II, porque,  la verdad, pocas personas podan
acariciar tales ilusiones, sabindose cules eran las cualidades
desdichadas de entendimiento y de carcter del ltimo soberano de la
dinasta de los Ausburgos. Perezoso y sin voluntad, incapaz de
desplegar actividad intelectual y de disfrutar de los placeres ms
nobles del alma, ascendi al trono esta sombra de Rey, que se deshaca 
las llamas del ltimo auto de fe, mientras los dominios espaoles, unos
tras otros, pasaban  manos extraas, y mientras sus parientes de las
casas de Borbn y de Ausburgo esperaban inquietos ocupar la herencia
vacante. Bajo estas circunstancias menester era que ese imperio, largo
tiempo la primera potencia poltica de Europa, decayese ms y ms en la
estimacin general, y que hasta el espaol ms orgulloso no pudiese ya
acariciar ilusiones opuestas  la decadencia de su patria. Esta
situacin lamentable de los negocios de Espaa, como era de suponer,
haba de influir tambin en su literatura.

El amparo del Monarca, sin embargo, favoreci todava al teatro por
largo tiempo. Ms adelante veremos en la vida de Caldern que la corte
de Carlos II le di el encargo de escribir diversas obras para fiestas
reales; leemos tambin, que,  costa de la casa Real, se dieron al
pueblo algunas representaciones teatrales.[57] Parece, sin embargo, que
estas muestras de benevolencia al arte dramtico, fueron ms bien
efecto de la costumbre  de la vanidad que verdadera inclinacin hacia
el mismo; y aunque ese apoyo del trono hubiese sido ms poderoso de lo
que fu en realidad, nunca hubiese podido impedir que la poesa
dramtica participase de la decadencia general de la nacin y de su vida
intelectual. De un pasaje de la comedia de Moreto, _La ocasin hace al
ladrn_, aparece claramente cunto haba disminudo la aficin y la
estimacin del pblico  la literatura dramtica bajo circunstancias tan
desfavorables, y cunto menor no era ya la actividad de los poetas
dramticos para satisfacerla.[58] En l encontramos la siguiente queja:

      DON MANUEL.

    ...Muy pocas (comedias) vemos,
    Sino cual y cual, de alguno
    Que por superior precepto
    Escribe para Palacio;
    Pero con tan alto acierto
    De novedad, que parece
    Se est excediendo  s mesmo.

      DON PEDRO.

    Ese es Caldern?

      DON MANUEL.

                      Sin duda,
    Que slo puede su ingenio
    Ser admiracin de cuantos
    Bebieron el sacro aliento.

      DON PEDRO.

    No tiene esa facultad
    La estimacin que otros tiempos.

      DON MANUEL.

    Y de eso nace el no haber
    Quien  estudios tan supremos
    D la atencin; sino miren
    Con qu laureles y premios
    La antigedad celebraba
    A los varones de ingenio.

           *       *       *       *       *

           *       *       *       *       *

      DON PEDRO.

    ................ Oh, mudanza
    De la edad, que lo que un tiempo
    Fu divina estimacin,
    Es hoy casi vituperio!

Aun cuando no se puede negar la decadencia de la literatura dramtica en
Espaa en el reinado de Carlos II, sin embargo, este perodo de la
historia del teatro espaol est unido al precedente con tantos
vnculos, que es imposible separarlos. Caldern, Rojas y otros muchos
poetas importantes siguieron escribiendo para el teatro; y si bien sus
ltimas obras no son iguales  las primeras, hasta las producciones ms
dbiles de estos maestros tienen ttulos suficientes para ser includas
en la edad de oro del teatro espaol. De los nuevos poetas dramticos,
que aparecen en este perodo, ninguno, sin duda, puede elevarse al
rango de Lope, Tirso, Alarcn, Caldern, Rojas y Moreto, y, por lo
general, ninguno de ellos se distingue tampoco por su talento original,
aunque, bajo otros aspectos, tampoco deban considerarse sus obras como
desprovistas de todo mrito. El medioda del drama espaol haba pasado
ya; pero su sol, al ponerse, lanzaba todava algunos rayos brillantes.
Sus ltimos resplandores desaparecieron en el siglo XVIII, y  causa de
la guerra de sucesin, su vida propia se extingui ya por completo,
comenzando un nuevo perodo, del cual se puede decir con certeza que no
pertenece ya  la edad de oro del teatro espaol.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO III.

     CALDERN.--Carcter general de sus obras dramticas


La ampulosa apologa de Caldern[59], escrita por Vera Tassis, es casi
la nica fuente para conocer la biografa de este hombre extraordinario.
El amigo del gran poeta, y primer editor de sus obras, hubiera merecido
mayor gratitud de la posteridad, si hubiera empleado el tiempo, que
destin  sus pomposos y alambicados elogios, en recoger noticias
biogrficas ms completas de su vida. Las ms importantes, que ofrece,
son las siguientes:

D. Pedro Caldern de la Barca naci en Madrid el da 17 de enero del ao
de 1600.[60] Descenda, por la lnea paterna, de una familia noble de
los antiguos hijodalgos del valle de Carriedo, en las montaas de
Burgos. Si se recuerda el origen de Lope de Vega, no dejar de llamar la
atencin la singular coincidencia, de que los dos poetas dramticos, ms
famosos de Espaa, fuesen oriundos del mismo pequeo y oculto valle. La
familia de Caldern estuvo domiciliada al principio en Toledo, y
posteriormente,  causa de ciertas desavenencias que surgieron entre
sus miembros, se traslad al lugar mencionado del Norte de Espaa. El
nombre de su padre era el de Don Diego Caldern de la Barca y Barreda.
Casse ste con Doa Ana Mara de Henao y Riao, descendiente de unos
caballeros flamencos que se establecieron en Castilla, y parienta de los
Riaos, infanzones de Aragn. Fruto de este matrimonio fu nuestro D.
Pedro. Estudi las primeras letras en el gran Colegio de la Compaa
(una Escuela de jesuitas de Madrid), y pas despus, muy joven,  la
Universidad de Salamanca, en donde se dedic  sus estudios con
incansable aplicacin. Las ciencias,  que se consagr particularmente
con ms celo, fueron las matemticas, la filosofa y el derecho civil y
cannico. Su talento potico debi manifestarse muy pronto, puesto que
cuando tena poco ms de trece aos escribi ya su primera comedia,
titulada _El carro del Cielo_, asegurando Vera Tassis, que, antes de
cumplir los diez y nueve aos, haba hecho poca con sus comedias en el
teatro espaol. En los aos de 1620 y 1622 tom parte en el certamen
potico, celebrado con motivo de la beatificacin y canonizacin de San
Isidro[61].

A los diez y nueve aos abandon la Universidad y se traslad  Madrid,
en donde muchos grandes le dispensaron su favor, y  los veinticinco
entr, por su propia inclinacin, en el servicio militar, y estuvo en
Miln, y despus en Flandes. Es muy probable que en esta poca
escribiera la comedia titulada _El sitio de Breda_, que se represent en
los teatros de Madrid, poco despus de la rendicin de esta plaza, en 2
de junio de 1625. No se sabe cunto tiempo sirvi en el ejrcito
espaol. Slo consta que el rey Felipe IV lo hizo venir de los
campamentos  la corte para ocuparlo en el teatro, su recreo favorito,
encargndosele especialmente la composicin y direccin de las fiestas
dramticas, que se celebraban con gran lujo, casi siempre, en el palacio
del Buen Retiro.

Su fama potica era ya tan grande en el ao de 1630, que Lope de Vega,
considerndolo como su digno sucesor, dice de l en _El Laurel de
Apolo_:

    En estilo potico y dulzura,
    Sube del monte  la suprema altura.

Por premio de sus servicios fu este poeta nombrado en 1637 caballero
del hbito de Santiago. Cuando en 1640 se movilizaron los caballeros de
esta orden, dispensle el Rey de sus obligaciones guerreras, y le
encarg que escribiese el drama _Certamen de amor y celos_; pero
Caldern quiso cumplir con ambos deberes: termin la comedia en breve
plazo, y tuvo tiempo para seguir las tropas  Catalua, en donde sirvi,
en compaa del duque de Olivares, hasta la conclusin de la campaa.
Regres despus  la corte, y entonces, como antes, se consagr con
particular aficin  escribir para el teatro. En el ao de 1649 recibi
la comisin de trazar y describir el arco de triunfo, erigido para la
recepcin de Doa Mariana de Austria. Dos aos ms tarde se hizo
sacerdote, sin renunciar por esto  su antigua ocupacin de poeta
dramtico; el Rey le concedi una plaza de capelln en Toledo, de la
cual tom posesin el 19 de julio de 1653, y en 1663, para tener al
poeta ms cerca de su persona, le concedi otra plaza en la capilla
Real, aadiendo luego, para aumentar sus emolumentos, las rentas de un
beneficio en Sicilia.

As pudo Caldern entregarse tranquilo  la composicin de sus obras
poticas. Por espacio de treinta y siete aos escribi los autos
sacramentales para la festividad del Corpus en Madrid, y largo tiempo
tambin los autos para Toledo, Sevilla y Granada, hasta que, como Vera
Tassis dice, cesaron esas solemnidades en las ciudades mencionadas.
Aunque este gnero potico convena, particularmente,  su profundo
sentimiento religioso, y estaba en harmona con su estado eclesistico,
no abandon por esto, hasta una edad avanzada, la composicin de dramas
mundanos y otras poesas. Su bigrafo asegura que el nmero de sus autos
ascendi  ms de ciento, y el de las comedias  ms de ciento veinte;
enumera, adems, doscientas loas sobre asuntos mundanos y religiosos;
cien sonetos  infinitas canciones, romances, sainetes y otras poesas
sobre diversos asuntos, mencionando, por ltimo, una descripcin de la
entrada de la Reina madre, un poema sobre las _Cuatro novsimas_, un
tratado sobre la nobleza de la pintura, y otro en defensa de la comedia.
Ms adelante tendremos tiempo de discutir la exactitud de estos datos,
en cuanto se refieren  sus obras dramticas. Sus comedias se
imprimieron al principio aisladamente; pero se coleccionaron primero
doce en 1635, y otras doce en 1637[62], y estas mismas se reimprimieron
despus en la edicin titulada _Comedias de D. Pedro Caldern de la
Barca, recogidas por D. Jos Caldern y hermanos_. Parte 1. y 2.:
Madrid, 1640. Los tomos III y IV aparecieron respectivamente en 1664 y
1672. La primera edicin incompleta que se hizo de los autos, lo fu en
Madrid en 1637. La mayor parte de las obras de Caldern era inaccesible
 la generalidad de los lectores, y lo que se imprimi se mutil en
parte, de la manera ms lamentable, para satisfacer las exigencias de
los libreros; tambin se le atribuyeron muchas obras apcrifas. El deseo
de poseer una edicin completa de sus escritos, movi al duque de
Veragua, virrey de Valencia, Mecenas y amigo de la poesa,  dirigirse
al mismo poeta para que le hiciese un catlogo de las autnticas. Esta
carta, as como su contestacin, son de la mayor importancia y el ms
seguro fundamento para conocer el nmero de las obras de Caldern, por
lo cual la insertaremos en el apndice  esta parte de nuestra historia,
que ha de ocuparse tambin en investigar la cronologa de las comedias
de Caldern.

Slo hay noticias muy escasas acerca de los ltimos aos de su vida, sin
duda porque llev una existencia sosegada y tranquila, consagrado por
completo  la religin y  las musas. A falta, pues, de descripciones
ms interesantes  instructivas, que tan deseadas son cuando se trata de
hombres eminentes, se leer, acaso, como dato curioso el que sigue, de
una antigua obra francesa de viaje[63].

A la noche (cuenta este viajero) llegaron  mi casa el marqus de
Eliche, hijo mayor de D. Luis de Haro, y M. de Barriere, y me llevaron
al teatro. La comedia que se represent era ya conocida y de poco
mrito, aunque compuesta por D. Pedro Caldern. Despus hice una visita
 este mismo Caldern, que pasa por ser el poeta ms eminente, y el
ingenio ms distinguido de Espaa: es caballero de la Orden de Santiago,
y capelln de la capilla de la Reina de Toledo; pero deduje de su
conversacin, que, en punto  conocimientos, estaba muy atrasado.
Discutimos largo tiempo sobre las reglas de la comedia, desconocidas en
esta nacin, y despreciadas por los espaoles.

Caldern entr en el ao de 1663 en la hermandad de San Pedro,
aplicndose con diligencia  desempear este cargo eclesistico, y
dejando  esta congregacin, en su testamento, heredera universal de su
cuantiosa fortuna. Mucho debi afligirle la muerte de Felipe IV, por
perder en l, no slo su constante favorecedor, sino casi un amigo. Sin
embargo, duraron sus relaciones con la corte, y se le encomendaron
siempre, como antes, las fiestas dramticas que se celebraban alguna vez
en las ocasiones ms solemnes. Su ltimo drama fu _Hado y divisa_.
Muri el 25 de mayo de 1681[64]. Sus restos mortales fueron sepultados
en la capilla de San Salvador.

La extrema admiracin, que excit en sus coetneos, le acompa hasta su
muerte, y as aparece de las palabras, que copiamos  continuacin, con
que Vera Tassis termina el elogio de su amigo, y que,  pesar de su
hojarasca, revelan un sentimiento profundo. Dice as: Este fu el
orculo de la corte, el ansia de los extranjeros, el padre de las musas,
el lince de la erudicin, la luz de los teatros, la admiracin de los
hombres, el que de peregrinas virtudes estuvo adornado siempre, pues su
casa era el abrigo de los desvalidos, su condicin la ms prudente, su
humildad la ms profunda, su modestia la ms elevada, su cortesa la ms
atenta, su compaa la ms segura y provechosa, su lengua la ms cndida
y honrada, su pluma la ms cortesana de su siglo y que no hiri jams
con mordaces comentos la fama de ninguno ni manch con libelos  los
maldicientes, ni su odo atendi  las detractaciones maliciosas de la
envidia, y ste, en fin, fu el prncipe de los poetas castellanos que
suscit con su sagrada poesa  griegos y latinos; pues en lo herico
fu culto y elevado, en lo moral erudito y sentencioso, en lo lrico
agradable y elocuente, en lo sacro divino y conceptuoso, en lo amoroso
honesto y respectivo, en lo jocoso salado y vivo, en lo cmico sutil y
proporcionado. Fu dulce y sonoro en el verso, sublime y elegante en la
locucin, docto y ardiente en la frase, grave y fecundo en la sentencia,
templado y propio en la traslacin, agudo y primoroso en la idea,
amoroso y persuasivo en la inventiva singular, y eterno en la fama.

Como ejemplo de una crtica coetnea encomistica, copiamos aqu tambin
los siguientes prrafos de un escrito del Dr. Manuel, en defensa de las
comedias, impreso en el ao de 1672:

Quin ha casado lo delicadsimo de la traza, dice, con lo verosmil de
los sucesos? Es una tela tan delicada que se rompe al hacerla, porque el
peligro de lo muy sutil es la inverosimilitud. Alargue la imaginacin
los ojos  todos sus argumentos, y los ver tan igualmente manifestados,
que anden litigando los excesos. Las comedias de santo son de ejemplo;
las historiales, de desengao; las amatorias, de inocente diversin sin
peligro. La majestad de los afectos, la claridad de los conceptos, la
pureza de las locuciones, la mantiene tan tirante, que an la conserva
dentro de las sales de la gracia. Nunca se desliza en puerilidades;
nunca se cae en la bajeza de afectos. Mantiene una alta majestad en el
argumento que sigue, que, si es de santo, le ennoblece las virtudes; si
es de prncipe, le enciende  las ms hericas acciones; si es de
particular, le purifica los afectos. Cuando escribe de santo, le ilustra
el trono; cuando de prncipe, le enciende el nimo; cuando de
particular, le purifica el afecto.

Este monstruo de ingenio di en sus comedias muchos imposibles
vencidos. Noten cuntos. Cas con dulcsimo artificio la verosimilitud
con el engao; lo posible con lo fabuloso; lo fingido con lo verdadero;
lo amatorio con lo decente; lo majestuoso con lo tratable; lo herico
con lo inteligible; lo grave con lo dulce; lo sentencioso con lo
corriente; lo conceptuoso con lo claro; la doctrina con el gusto; la
moralidad con la dulzura; la gracia con la discrecin; el aviso con la
templanza; la reprensin sin herida; las advertencias sin molestias; los
documentos sin pesadez, y, en fin, los desengaos tan cados y los
golpes tan suavizados, que slo su entendimiento pudo dar tantos
imposibles vencidos.

Lo que ms admiro y admir en este raro ingenio, fu que  ninguno
imit. Naci para maestro, y no discpulo; rompi senda nueva al
Parnaso; sin gua escal su cumbre: sta es para m la ms justa
admiracin, porque bien saben los eruditos que han sido rarsimos en los
siglos los inventores.

Slo el singular ingenio de nuestro D. Pedro pudo conseguir hacer
caminos nuevos sin pisar los pasos antiguos; los mir, no para
seguirlos, sino para adelantarlos; vol sobre todos. Puedo decir de esta
insigne pluma lo que dijo el eruditsimo Macedo, de Tasso, que _slo
pec en no pecar_. O lo que dice de su idolatrado Camons, que aun
content con los pecados veniales. Son tan artificiosos los defectillos
ligeros que puede notarle la escrupulosa melancola de los crticos, que
debo juzgar que los puso para mayor hermosura, por habilidades los
deslices.

Para todos los accidentes humanos suministran las comedias de D. Pedro
ejemplos, y es tan discreta la medicina, que dejan, por lograrla,
ambiciosa la llaga. Sirva este rasgo de sus obras de venerable lisonja 
sus respetadas cenizas, y viva eterno en la mente de los estudiosos para
viva idea de los aciertos.

Qu contraste forman Cervantes y Lope de Vega con Caldern, cuando se
compara la vida de los primeros, tan fecunda en aventuras y vicisitudes
diversas, con la reposada y pobre en sucesos ruidosos del ltimo, segn
consta de lo expuesto! Habremos de creer, acaso, que, por una
negligencia censurable, no han llegado hasta nosotros noticias de esos
hechos de la biografa de Caldern? Viviendo en la corte ms brillante
de Europa de aquella poca, en comercio inmediato con un Rey ilustrado,
entre gentes que tambin lo eran y conocedoras del mundo, entre galantes
caballeros y damas seductoras, era posible que Caldern hiciese vida de
anacoreta, y que no le ocurriese ninguna aventura novelesca, ni tomase
tampoco parte en ningn desafo?[65]. La dicha del amor afortunado, los
tormentos del no correspondido, la rabia de los celos, todos esos
sentimientos, que pinta con una verdad tan elocuente, haba de
conocerlo slo por intuicin potica, y no por su propia experiencia? No
nos conviene responder  estas preguntas  completar sucesos de su vida,
sobre los cuales faltan datos necesarios, y recurrir slo  nuestra
fantasa. Pero esperamos,  pesar de esto, que el estudio de las obras
del poeta nos dar los medios de trazar los rasgos esenciales de la
imagen de su persona. Para lograrlo, slo en lo ms general, tengamos
presente que la culta  ilustrada corte de Felipe IV, en cuyo centro
vivi siempre, ha ejercido gran influjo, que no se puede desconocer, en
el fondo y en la forma de sus obras.

Caldern es, entre todos los poetas dramticos espaoles, el ms
conocido y el ms famoso. Se le ha separado de la serie de sus
predecesores y coetneos, presentndolo solitario, para alabarlo con
frases entusiastas, como lo ms divino que ha producido la literatura
espaola, y casi se desprende de los elocuentes encomios de su inspirado
admirador[66], que los dems poetas dramticos castellanos, fuera de l,
del elegido, apenas merecen el trabajo de ser conocidos y estudiados.
El juicio de Schlegel, hombre importante, y que tanto ha hecho, no slo
por la literatura alemana, sino por la europea, ha sido tan decisivo,
que, si bien, por una parte, ha llamado de nuevo la atencin hacia la
literatura espaola, por la otra ha trazado  sta lmites harto
estrechos. Cuando Schlegel escribi su incomparable y elocuente leccin
XIV, que, as como excit en todos universal inters, as tambin movi
al autor de esta obra  examinar con singular predileccin las de las
musas de Castilla, la literatura espaola yaca abandonada de la manera
ms incomprensible, desde muchos aos antes, sin existir otro medio,
para llegar principalmente al conocimiento de las obras dramticas,
exceptuando las comedias de Caldern, varias veces reimpresas; sin haber
otro medio, repetimos, que la coleccin escasa y defectuosa de La
Huerta, y no inspirada tampoco por un verdadero sentido potico.
Schlegel, por su parte, segn l mismo declara, slo tena noticia muy
imperfecta de las comedias de Lope de Vega, y ninguna de las de Tirso de
Molina, Alarcn, Guevara y otros muchos. Con su crtica perspicaz
calific como composiciones de poco mrito las de Sols y La Hoz,
includas en la coleccin de La Huerta; no pudo apreciar el talento de
Moreto y de Rojas, comprendidas en aquella coleccin, y que no eran
otra cosa, en resumen, que algunas comedias de intriga, escasas en
nmero, de estos poetas; pero siendo esto as, cmo no haba de
concentrar en Caldern todo su entusiasmo? En general, compartimos con
l por completo esta misma admiracin, y creemos tambin que no es
exagerada; pero lo dicho no obsta  que hagamos algunas objeciones 
esta manera de expresarse y de repetirse hasta el exceso.

El poeta favorito se presentaba de tal suerte, como si l solo
simbolizase toda la poesa dramtica de los espaoles, , por lo menos,
como si sobrepujase con tal extremo  los dems dramticos de esta
nacin, que no hubiese necesidad alguna de echar ni una ojeada desde
esta altura  otros talentos muy inferiores al suyo. Pero esta
distincin injusta arrojaba, por un lado, una luz falsa sobre el
conjunto del teatro espaol, menospreciando sin motivo  muchos grandes
poetas; y celebrando tanto  uno solo, por otro lado, daaba  la exacta
estimacin y profundo conocimiento del mismo autor favorecido. En
efecto; Caldern no es, como aparece de estas descripciones, solo y
aislado, sino el eslabn de una gran cadena, un punto ms distinto de
una larga serie de ellos; y, aunque se conceda  su elocuente admirador
que el drama espaol se muestra en sus obras, en su forma ms perfecta,
es imposible, sin embargo, apreciar su mrito con exactitud si no se le
estudia en sus relaciones con los que le precedieron. De esta
comparacin y examen resalta su verdadera superioridad como dramtico, y
el fuego ntimo y vital que anima sus obras. Cuando intentamos sealar
los vnculos que unen al famoso poeta espaol con la larga serie de los
dramticos castellanos, hemos de renunciar por necesidad  rivalizar con
nuestro predecesor en esta materia en sus entusiastas arranques y
brillante elocuencia, exponindonos acaso  parecer fros y mesurados
con exceso para los que estn familiarizados con las anteriores
apoteosis de Caldern. Pero aunque se debilite algn tanto el brillo de
la aureola divina, que ha rodeado hasta ahora  este poeta, esperamos,
no obstante, presentar su carcter artstico, iluminado con otros rayos
de claridad ms apacible.

Como preparacin para el logro de este objeto, tngase presente que la
indicacin de todo aquello que este hombre extraordinario deba  sus
predecesores, no se opone  la existencia de muchas y distinguidas
prendas poticas, que han de considerarse como propiedad suya exclusiva,
y suficientes para ensalzarlo y para justificar la predileccin con que
lo mira toda Europa, y con la ventaja de ser verdaderas, y tanto mayor
su mrito cuanto que, en su virtud, el arte dramtico de Caldern
aparece con el ms perfecto desarrollo orgnico de toda la poesa
espaola.[67]

Cuando comenz Caldern  escribir para el teatro, no encontr, como
Lope de Vega al principio de su carrera, confusos  informes materiales
de ms  menos valor, ni un caos de elementos dramticos desordenados,
que esperaban la obra de su imaginacin, creadora y reguladora, para
trazarles su fondo y su forma potica, sino que, al contrario, se le
present un campo bien cultivado en todas las direcciones posibles, y
adems una poesa dramtica con hondas races en los teatros espaoles,
lozana y esplendente, resultado de los esfuerzos reunidos de muchos
talentos distinguidos; y no slo, en su forma y carcter general, se
presentaba el drama claro y concreto, sino que, en particular, eran bien
conocidos los lmites que separaban  las diversas especies de obras
dramticas, con arreglo  la predileccin particular que manifestaba
hacia ellas la aficin de los espaoles. Nuestro poeta estaba
familiarizado, desde un principio, con esa parte de la literatura
dramtica,  cuyo detenido examen hemos ya destinado parte de esta obra.
Absorto y lleno de admiracin, y con la fogosidad propia de todo poeta,
haba asistido  la representacin de las magnficas creaciones del gran
Lope de Vega[68]; haba saboreado, cuando pasaba ante sus ojos, el
mundo lleno de encanto y de poesa de Tirso de Molina, y conoci, sin
duda  fondo, las obras de otros poetas menos famosos. Este conocimiento
exacto de Caldern de los dramticos, que, durante su juventud,
brillaron en los teatros de Espaa, no es supuesto, como pudiera
creerse, sino que consta, con pruebas slidas y claras, de las mismas
obras suyas, que examinaremos despus. Cuando el joven poeta, cuya
vocacin lo inclinaba al drama, comenz  escribir para el teatro, tena
presentes, sin duda, todas aquellas imgenes poticas, que haban
entusiasmado  l y  todo el pblico, y era imposible que no fuesen
fecundas,  influyeran tambin en su fantasa. Su espritu era, sin
embargo, demasiado slido y enrgico para contentarse con seguir el
impulso de esas impresiones, y dejarse arrastrar por su corriente; hubo
de reflexionar sobre la senda que debiera seguir, y proponerse, no slo
conquistar en la dramtica un puesto distinguido y propio, sino tambin
llevarla, en lo posible,  su trmino y  su perfeccin. Hacer una
revolucin radical y completa en el sistema dramtico dominante, y en
sus formas, ya aceptadas, no poda lograrse sin su completa
desaparicin, y sin ponerse en lucha abierta con las simpatas de todo
el pueblo; adems, su propia inclinacin  este sistema, y el
convencimiento de su superioridad, era demasiado grande para que ni
siquiera se le ocurriera trastornar en lo ms mnimo sus fundamentos. Su
objeto fu, pues, tan slo labrar la corona  el remate del edificio
existente, ya tan bello, y poner con sus manos la clave en esta
magnfica bveda.

Pero cmo conseguirlo? Superar  Lope de Vega en riqueza de inventiva,
 rivalizar siquiera con l en este terreno, ni Caldern ni ningn otro
mortal podra esperarlo; y hasta los dems poetas dramticos ms
notables se distinguan cada uno en su gnero, y pareca imposible
sobrepujarlos en aquello que constitua su excelencia.

Pero Caldern, con su inteligencia perspicaz y analtica, comprendi
cules eran las ventajas insuperables de sus predecesores y sus defectos
evidentes; comprendi tambin que la mayor perfeccin y el ms fino
pulimento del arte dramtico, podra alcanzarse en virtud de ciertas
causas muy favorables, pero que hasta l ningn otro poeta haba
vislumbrado estos principios artsticos  importantes, sino que, al
contrario, las facultades poticas ms extraordinarias y las
concepciones ms ingeniosas, haban padecido no escaso detrimento por la
falta de cuidado y por la precipitacin de los mismos poetas. Si
intentaba, pues, llevar el drama  su ms alto pinculo, haba de verse
obligado, no slo  evitar los defectos que se haban deslizado en las
obras de otros autores anteriores,  causa de su ligereza en
componerlas, sino tambin  hacer el principal objeto de su trabajo el
examen razonado y el desarrollo consiguiente del argumento, as como la
aplicacin del mayor esmero posible  la traza de sus partes  detalles.

Tal es,  nuestro juicio, la clave que nos revela el carcter original
de la poesa de Caldern. La senda que haba de seguir, en particular,
era la siguiente: apoyarse en los trabajos de sus predecesores; aceptar
el drama espaol, tal como lo encontraba, con todas sus modificaciones y
todas sus divisiones, sin remover en lo ms mnimo los cimientos del
sistema dramtico predominante, y,  la vez, cultivar por s todos los
grmenes lozanos preexistentes, y hacerlos florecer con sus nimios
cuidados; desenvolver cuanto hallaba confuso y sin orden; redondear lo
anguloso, y transformar en un conjunto orgnico lo suelto y lo
imperfecto. Ajustse, pues, estrechamente  los poetas que le
precedieron; apropise tambin la armazn de sus obras, sus invenciones
y argumentos; tom de ellos escenas aisladas, conservando cuanto notaba
en ellos de vala, pero al mismo tiempo reformando esas riquezas ajenas
con un sentido artstico tan delicado, ejecutndolo con tanta constancia
y tan buena fortuna y hacindole tantas y tan bellas adiciones, que
poda pretender, con sobra de razn, que el todo as formado era
propiedad suya indisputable. Su trabajo no se limit slo al arreglo del
plan, que puli y retoc hasta dejarlo perfecto  su juicio; no slo 
la exacta relacin de las partes con el conjunto; no slo  que el fondo
dramtico de cada obra apareciese depurado, y superior  todo lo
conocido, sino que tambin se aplic muy especialmente  todos los
detalles, y al estilo, y  la versificacin. As, reasumiendo todo lo
expuesto, es lcito afirmar que el arte dramtico de Caldern es el
resultado de un examen crtico, profundo y bien hecho, de toda la poesa
dramtica anterior, apropindose, es verdad, lo preexistente, pero
trazando otro orden superior y ms artstico  los elementos que
manejaba, juntando lo aislado, poniendo en su lugar correspondiente  lo
que yaca diseminado y sin asiento,  imprimiendo, por ltimo,
estabilidad y fijeza  todo lo inseguro y vacilante.

Sabemos que esta opinin nuestra se separa de cuanto se ha escrito hasta
ahora sobre Caldern; valga, pues, slo como una tesis, cuya
demostracin esperamos hacer en esta parte de nuestra obra, si bien con
este propsito expondremos algunas razones en apoyo de nuestros asertos.

Se ha calificado  Caldern de poeta original, tan exageradamente, que
no parece sino que todo se lo debe  s mismo, y nada  los dems
poetas. Chocar, por tanto, sobremanera que digamos, contra ese juicio,
que ha aprovechado en un sentido muy lato los esfuerzos de sus
predecesores, no contentndose con asimilarse escenas aisladas de dramas
anteriores, sino hasta el trazado completo de obras de otros autores ms
antiguos. Sin embargo, la verdad es la antes expuesta, y as lo probarn
dos solos ejemplos. Advirtase, no obstante, que el mismo Caldern no
oculta ni se avergenza en lo ms mnimo de hacerlo as, y de sealar la
fuente en donde bebe, puesto que dice:

    La dama duende ser,
    Que volver  vivir quiere.

En su _Casa con dos puertas_, indica con toda claridad, que, al escribir
su _Dama duende_, ha tenido  la vista otra comedia antigua semejante.

Los autores, cuyas obras ha utilizado principalmente, son Tirso de
Molina y Mira de Mescua. Su _Encanto sin encanto_ fndase, en casi todo
su plan, en la notable comedia de Tirso, titulada _Amor por seas_[69].
En su _Devocin de la Cruz_ se observa tambin que ha imitado  _El
esclavo del demonio_, de Mira de Mescua, as en el conjunto del drama
como en muchas de sus partes, y Tieck haba llamado la atencin acerca
del hecho de que, en el drama de Caldern, se repiten algunas estrofas,
palabra por palabra, de las escritas por Mira de Mescua. Del drama de
este ltimo es tambin la escena de _El mgico prodigioso_, en que
Cipriano cree abrazar  su amada, averiguando luego que ha estrechado
entre sus brazos un esqueleto, y en _El hermitao galn_, de Mescua, se
observa el modelo de la larga narracin del demonio del acto segundo de
esta tragedia de Caldern. La escena de _El mayor monstruo los celos_,
en que Herodes quiere matar  su esposa, impidindoselo la estatua de
ella, que cae en tierra en este momento, es semejante  otras dos, que
se hallan en dramas anteriores: la ms antigua, _La prspera fortuna de
Ruiz Lope de Avalos_, de Damin Salustio del Poyo, y la otra, _La
prudencia en la mujer_, de Tirso. Ese mismo drama contiene tambin
diversos pensamientos de _La vida de Herodes_, de Tirso. La idea
fundamental de _El secreto  voces_ parece sacada de _El amar por arte
mayor_, de Tirso. Muchas analogas se encuentran tambin, adems, _En
esta vida todo es verdad y todo mentira_, y _La rueda de la fortuna_, de
Mescua; entre _Los cabellos de Absaln_ y _La venganza de Tamar_, de
Tirso; entre _El monstruo de los jardines_ y el _Aquiles_, del mismo
poeta; advirtindose que estas semejanzas no son de las espontneas que
pueden ocurrir  dos autores, al manejar el mismo asunto, sino que, como
se demostrar despus cumplidamente, cuando llegue la ocasin oportuna,
constituyen la repeticin especial y completa de elementos dramticos
anteriores en sus propias obras, y que no pueden explicarse de otra
manera, sino suponiendo que Caldern las tuvo  la vista al escribirlas.
_Peor est que estaba_ es, escena por escena, una comedia de igual
nombre ms antigua de Luis Alvarez del ao de 1630, habiendo suprimido
algo defectuoso de sta, y variando slo las palabras. Se ha supuesto, 
la verdad, que Caldern es tambin autor de comedias ms antiguas,
habindole inducido  adoptar nombres falsos algn motivo desconocido; y
acaso no sea improbable esta hiptesis,  lo menos en nuestro juicio,
puesto que no se encuentra mencionado en ninguna parte ningn autor
dramtico llamado Luis Alvarez; pero  la conclusin de la ms antigua,
_Peor est que estaba_, se dice que su primer autor la titula _Todo
sucede al revs_, con cuyas palabras se indica tambin que esta obra es
imitacin de otra anterior. La escena primera de _El escondido y la
tapada_, tiene singular semejanza con la de Tirso, _Por el stano y por
el torno_. Tieck haba notado ya que _El mdico de su honra_, en el
plan, en sus motivos y caracteres, tiene gran afinidad con la tragedia
de Rojas, _Casarse por vengarse_; pero surge aqu la duda de cul fu la
ms antigua de ambas, puesto que la una, la de Rojas, se imprimi en
1636 (tomo XXIX de las _Comedias de diferentes autores_), y la de
Caldern en 1637, siendo indudable, de todas maneras, que la escena
inicial de este drama es una reminiscencia de _La guarda cuidadosa_, de
Miguel Snchez _el Divino_, y que muchas estrofas de la misma,
especialmente el monlogo de Don Gutierre en el acto segundo, estn
imitadas de _El celoso prudente_, de Tirso[70]. En _No hay burlas con el
amor_ se recuerda visiblemente  _Los melindres de Belisa_, de Lope, y
en _El maestro de danzar_ la idea fundamental de otra comedia, de igual
ttulo, del mismo poeta. En _La nia de Gmez Arias_ se ha aprovechado
mucho de la del mismo nombre de Guevara; en _El gran prncipe de Fez_
encontramos reminiscencias de la de ttulo idntico de Lope; el auto de
Caldern de _Psiquis y Cupido_, ofrece muchas analogas con el del mismo
ttulo de Valdivielso, advirtiendo que,  los ejemplos aducidos,
podramos aadir otros muchos, no hacindolo, porque bastan los
expuestos para probar en general la verdad de nuestra afirmacin.
Conviene tambin tener presente que nuestro poeta ha mejorado, en casi
todas estas obras dramticas, los materiales ajenos de que ha dispuesto,
pudiendo llamrsele su segundo inventor, y que aquello, que en los
escritos de sus antecesores aparece slo como un esbozo, lo ha
pulimentado artsticamente de un modo admirable, borrando sus
desigualdades y transformando casi siempre en flor bellsima capullos
informes.

De todo lo dicho se desprende suficientemente, que estamos muy lejos de
censurar  Caldern por haberse apropiado esas riquezas ajenas. Es un
grave error, no justificado hasta ahora, en cuanto sepamos, que siglos
modernos, no poticos, exijan de los poetas una originalidad de tal
naturaleza, que se les prohiba aprovechar lecciones y pensamientos
extraos. En nuestra poca, en que el arte parece como arrancado de su
conjunto orgnico; en que los poetas se muestran aislados, y sin viva y
constante influencia recproca, se considera y se llama plagio lo que en
todos los grandes y verdaderos perodos poticos se ha mirado como
costumbre racional y admitida. Cegando las fuentes, que han hecho brotar
otros poetas, se priva  quienes lo son de regar con sus aguas las
races,  que sirven de abundante y sano alimento. Se ven as
arrastrados  afectar una falsa originalidad,  correr en pos de lo
nuevo y de lo inslito, y de aqu tambin, con otras concausas tan
eficaces como stas, que las producciones deplorables de las literaturas
modernas estn desprovistas de unidad interna y de perfeccin orgnica.
Para quienes conocen  fondo la poesa, no hay necesidad de probar que
el arte potico moderno no hubiera logrado todava revestir la forma,
que tanto nos regocija, si los principios predominantes hoy acerca de
este punto, se hubieran tambin observado en perodos anteriores. Para
demostrarlo con algunos ejemplos, tomados de la literatura de la Edad
Media, recordaremos la divulgacin de las invenciones francesas,
bretonas y provenzales, hecha en toda Europa por las poesas
caballerescas, por la traslacin y divisin de los _Gesta romanorum_ y
de la _Disciplina clericalis_ en los _Fabliaux_ y en las novelas
posteriores, as como por la combinacin y enlace repetido de las
ltimas entre s; problema ya resuelto por investigaciones recientes, y
en particular por las de Val. Schmidt y J. Ph. Grasse. Se sabe ya con
certeza que, hasta las ms famosas poesas hericas alemanas de la Edad
Media, y los cuentos de Bocaccio, son, en su mayor parte, variaciones de
los originales franceses primitivos. Conocido es tambin que los
antiguos lricos italianos se han apropiado caudal inmenso de los
provenzales, habindose tomado el Abate de Sade el trabajo de enumerar
en un largo catlogo los pensamientos, escritos y giros, que el Petrarca
ha copiado de los trovadores, , que sin darse cuenta de lo que haca,
se han deslizado en sus obras, como reminiscencias de aqullos, y, sin
embargo, sera una verdadera insensatez que algn crtico lo atribuyera
 pobreza de inventiva de tan eminente poeta, y que lo anatematizara por
repetir pensamientos ajenos. Y cmo ha de ser posible que haya
composiciones poticas, que entusiasman  toda Europa hace ya cinco
siglos, y que pudieran perder parte siquiera de nuestra admiracin, slo
por el hecho de saberse que hay en ellas algo, tomado de otras fuentes?
Esa censura slo podra aplicarse, encontrndose ejemplos anlogos en
todas las obras de todos los tiempos y naciones, cuando se demostrara
que lo hacan as por su incapacidad en producir creaciones originales,
y cuando el autor no hubiera sabido asimilrselas, y formar con ellas un
todo orgnico, propio y peculiar suyo. Si examinamos ese gran perodo de
la poesa europea, que termina en el siglo XVII, veremos que la
corriente de la italiana se establece entre este ltimo pas y Espaa, y
que Boscn y Garcilaso, no slo imitan con el mayor esmero al Petrarca
en la forma de sus sonetos y canciones, sino que reproducen muchos
pensamientos suyos y hasta versos enteros. La lrica de estos autores,
as como tambin la de Herrera y Fr. Luis de Len, debe su existencia,
y, tngase esto muy presente, por lo menos en su mitad,  las obras de
los antiguos y de los italianos; pero sin duda se puede tambin
sostener, sin temor alguno, que han revestido de nuevas bellezas  los
materiales sacados de otras fuentes; y siendo as, no nos encantarn
estas bellas poesas, slo porque pensemos que alguna parte de ellas no
es original y propia de su autor?[71].

Volviendo ahora  hablar de los italianos, aadiremos que el Tasso
estaba tan lejos de avergonzarse de sus repeticiones  imitaciones de
los poetas antiguos, que en los comentarios  sus rimas pone el mayor
empeo en sealarlas y darse el parabin de haberlo hecho. Una ligera
ojeada al teatro ingls de la poca de Isabel, nos demuestra que los
dramticos de aquel tiempo se comunicaban unos  otros sus particulares
invenciones, y hasta el ms eminente de ellos no se avergonzaba de
recurrir cuando le pareca  los que le eran inferiores, sabindose que
Shakespeare ha imitado en diversas ocasiones el plan dramtico de sus
predecesores; que dramas enteros suyos se distinguen por este carcter,
y que la escena de las hechiceras de _Macbeth_ y hasta las palabras
usadas en ellas, provienen tambin, en parte, del _Witch_, de Middleton.
Vimos tambin que los franceses, en vasta escala, se apropiaron ideas
extraas, sobre todo de los espaoles, y nuestra censura de ellos no se
refiere  esta conducta, en s, en absoluto (por cuya razn no rehusamos
alabar  Rotrou), sino  la circunstancia de que la mayora de sus
poetas apelaron  las invenciones ajenas por la evidente pobreza de las
originales, porque,  lo que se apropiaron, no le infundieron nueva vida
y vigor poticos, y porque sus imitaciones son muy inferiores  los
originales. Tambin en Espaa, para tratar de nuevo de nuestro asunto,
no se hicieron escrpulos sus dramticos desde un principio de imitarse
unos  otros; y para demostrarlo con ejemplos aislados, encontramos el
primero en las obras de Gil Vicente, que se apropia muchas escenas de
Juan del Encina[72]. El auto portugus, _de Moralidade_, de Gil
Vicente, se imit poco despus en Espaa, con algunas variaciones, en la
tragicomedia alegrica _Del Infierno y del Paraso_; y aunque Lope de
Vega casi siempre desenvolvi argumentos suyos originales, nadie se
avergonzaba en su tiempo, y as lo hemos demostrado en distintas
ocasiones, de apropiarse, mejorndolos, ideas y argumentos ajenos[73].

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO IV.

     Otras bellezas dramticas, comunes  las comedias de Caldern, que
     las caracterizan y distinguen.


Para derramar ms luz sobre este punto por medio de analogas, sacadas
del dominio de las artes del diseo, recordaremos que Miguel Angel, en
su _Juicio final_, no slo tom aislados motivos artsticos, sino
figuras enteras del gran cuadro de Lucas Signorelli de Orvieto; sbese
tambin que las dos primeras figuras de padres de Rafael, en las logias,
estn copiadas del clebre fresco de Masaccio, como el San Pablo, de los
tapices, es tambin del mismo antiguo pintor florentino, y que  otros
muchos, y sus predecesores y coetneos, ha imitado aquel pintor, el
primero de todos, y esto de obras en general muy conocidas; de manera
que no podan hacerse la ilusin de que haba de pasar desapercibido.
Era poca ilustrada: saban bien que los grandes artistas no se vean
obligados  hacerlo por pobreza de inventiva, como crean tambin que no
es aceptable la opinin, de que, hasta el hombre ms eminente y casi
divino, no ha de crearlo todo por s mismo: juzgaban, al contrario, y
as lo prueba de una manera evidente el examen de muchos cuadros de ese
perodo, que cualquiera pintor, sin miedo  la crtica, poda aprovechar
motivos artsticos y pensamientos ajenos, asimilndoselos 
imprimindoles nuevas formas; y justamente por este comercio continuo y
recproco, por este cambio de lo propio con lo extrao, alcanzaron las
artes esa altura inaccesible  los esfuerzos individuales.

Lo expuesto prueba suficientemente la verdad innegable, de que, muchas
de las obras maestras ms importantes de la poesa y del arte, no
hubiesen podido existir si sus autores hubiesen adoptado las falsas
ideas sobre originalidad, hoy predominantes. A la demostracin histrica
de que la conducta de Caldern, durante el perodo ms floreciente de la
poesa europea, fu la ms seguida, aadimos una observacin general
apologtica, y afirmaremos, que la poesa, aunque crea, no crea de la
nada, sino de materiales preexistentes, y que estos materiales, como la
naturaleza hace con todas sus obras, son tambin, en parte, las
creaciones de los poetas anteriores.

Pero si lo expuesto hasta aqu no es una desnuda hiptesis, sino una
verdad, justificada por el conocimiento exacto de las obras de Caldern
y de la literatura espaola anterior, nuestro poeta puede compararse 
un arquitecto, que edifica con materiales propios, en la generalidad de
los casos, sobre un cimiento ya labrado, pero sin despreciar por esto
los que le ofrecen otros, perfeccionndolos en sus detalles, y juntando
y fundiendo en un todo lo suelto y lo aislado. Esta opinin nuestra, sin
embargo, en cuanto se aplica  Caldern, no disminuye en lo ms mnimo
su fama, sino antes bien la enaltece, puesto que su arte no se nos
presenta como una sencilla improvisacin de un genio privilegiado, sino
en enlace orgnico con el drama espaol en su conjunto. Todo lo ms
sublime, creado en cualquiera esfera por un solo espritu, existe por
esa unin con lo que le ha precedido en el mismo gnero. Cmo pensar
siquiera, que llegase  tan supremo grado de perfeccin sin los trabajos
de los que le precedieron?

Despus de haber fijado el lugar, que corresponde  Caldern en la
poesa dramtica espaola, y la regla principal de su conducta de una
manera general, pasemos ahora  estudiarla particularmente en sus
obras. En este anlisis especial, saldr por s misma  nuestro
encuentro, bastndonos slo anticipar algunas ideas.

Si Caldern se haba propuesto perfeccionar la obra recibida de sus
antecesores, y llevar el drama espaol  la posible perfeccin
artstica, deba consagrar preferentemente su atencin al estudio y  la
preparacin ms esmerada del plan dramtico. Este era justamente el
flaco de la mayor parte de los poetas anteriores, aunque, por fortuna,
tambin  veces, hubieran llegado  una composicin perfecta de sus
obras y que satisficiera al inteligente. Muchas crticas se haban hecho
de este defecto, por cuyo motivo nuestro poeta meditaba profundamente
sus asuntos hasta en sus pormenores ms insignificantes: preparaba sus
bosquejos con el cuidado ms rigoroso, y, sin duda alguna, antes de
escribir sus comedias, y de terminarlas, se daba cuenta de todas las
alternativas de la accin, de sus escenas aisladas y de su relacin 
importancia recprocas. Depuraba con su inteligencia perspicaz las
riquezas de su fecunda y chispeante fantasa y de su inventiva, y no
toleraba nunca en sus dramas sino lo que estaba justificado por el gusto
ms exquisito y por las reglas ms sensatas de la composicin. Todas las
partes de este conjunto haban de estar en estrecho enlace con la
accin principal, y encontrarse todas simtricamente dispuestas entre s
con referencia al todo, desterrando la costumbre de ofrecer escenas
interesantes slo en s, y sin consideracin al argumento de la obra
dramtica, que se desarrollaba, y de cuya licencia abusaron Lope de
Vega, y con ms frecuencia el maestro Tirso de Molina. En la composicin
dramtica, tal como l la comprenda, deba haber siempre constante
movimiento interior, y cada escena influir enrgicamente en el
desarrollo de la accin principal; de un suceso deba siempre surgir
otro; en lo anterior indicarse ya lo que haba de sucederle, y todos los
elementos aislados juntarse necesariamente para constituir un conjunto
harmnico. En este arte, sin disputa el peldao ms elevado de la poesa
dramtica, es Caldern maestro consumado, y ningn otro poeta de su
nacin se le asemeja en esta parte, ni aun de lejos. Sanos permitido
usar de una comparacin para hacer ms claro nuestro pensamiento. La
accin de sus piezas dramticas se parece  una avalancha, que crece
siempre en extensin, y se precipita con celeridad siempre mayor por las
vertientes de las montaas, hasta que alcanza retumbando lo ms
profundo; su desarrollo se hace siempre adelantando con paso seguro, y
cada vez ms rpido, no detenindose hasta que llega  su trmino final,
y arrastrando con su poderosa fuerza cuantos obstculos se oponen  su
precipitada marcha. De esta manera consigui Caldern imprimir en sus
mejores obras tanta unidad, un inters tan vivo, cautivndonos y
dominndonos y ponindonos en la imposibilidad de resistirlo, como es
tambin imposible la resistencia de un hilo de araa  la violencia del
huracn. Pero este arte suyo en componer es mayor de lo que aparece 
primera vista: para conocerlo en toda su extensin, es preciso examinar
las comedias, en que nuestro poeta se propone hacer alarde de ese don
particular, anudando sus hilos infinitos del modo ms hbil para formar
un tejido maravilloso, cruzndose esos hilos de mil maneras, y, sin
embargo, sostenindose unos  otros, tomando, al parecer, distinta
direccin, y viniendo  parar al mismo punto para converger todos en un
foco  centro comn. Sin embargo, por grande que sea la complicacin de
sus argumentos, domina siempre en su estructura la ms transparente
claridad, y se ven  un mismo tiempo todas las partes de este edificio y
su destino arquitectnico. Continuando en este mismo terreno de la
arquitectura, se puede afirmar que las obras de Lope y de los que le
precedieron pertenecen al estilo, que antecedi  la perfeccin completa
del llamado gtico  germnico, y encontrndose detalles superfluos y
excesivos, y relacin poco harmnica entre ellos y muchos elementos,
que, si bien agradan  la vista, no tienen relacin esencial con el
conjunto. En Caldern, por el contrario, observamos el sistema gtico en
su mayor perfeccin, como en esas obras maravillosas del arte de
edificar, en las cuales se eleva todo formando un organismo completo
como para confundirse con las nubes, y cuyos elementos, al parecer, ms
insignificantes, son tan necesarios al todo, que ste no poda existir
sin ellos. Pero con dificultad bastar esta comparacin para trazar y
dar  conocer por completo el arte profundo, que reina en la composicin
de este poeta, y la transparencia que deja ver en todas las partes de
sus obras. Es preciso invocar, para comprenderlas, los palacios
encantados de los moros con sus ornamentos variados hasta el extremo,
entrelazndose mutuamente, y sus arabescos complicados bajo mil formas,
y aadir  esto la claridad del cielo del medioda, bajo el cual todos
los contornos se destacan extraordinariamente, siendo as posible, que
la vista pueda seguir sin trabajo sus flexiones sinuosas, confundidas de
otro modo en un verdadero laberinto.

Esta habilidad dramtica, que se revela en la disposicin de sus planes,
no slo comprende  todos los accesorios de la fbula, sino que se
extiende tambin, con su natural superioridad,  su versificacin.
Distnguese sta, no slo por su extrema belleza y elegancia, sino que,
obedeciendo tambin en general  reglas fijas, se harmoniza en todo con
las diversas alternativas de la accin. Sus versos, con las formas ms
varias y ms escogidas, son propiamente  la vez como el resultado y el
fundamento de toda la composicin; de la misma manera que las obras del
cincel y de la estatuaria, y las pilastras y torrecillas de una
catedral, reproducen en escala mnima la estructura del conjunto. Las
diversas rimas que usa Caldern en sta  aquella comedia, y en una 
otra escena, se ajustan  las visicitudes aisladas del drama,
acomodndose  sus distintas inflexiones  interrupciones de tal modo,
que, si tratndose de los poetas anteriores no aparece siempre la razn
de emplear en ciertos casos la octava  la lira, la redondilla  el
romance, en las obras de Caldern, al contrario, jams ocurren estas
dudas. En virtud de este principio tan sensato, se aunan de un modo
maravilloso, con su perfecta aplicacin, el estilo potico ms elevado,
el ms lozano y el ms vivo. La manera de exponer de Caldern, ostenta
una riqueza portentosa de colorido; las comparaciones se suceden sin
cesar; todos los fenmenos del mundo, lo ms grande como lo ms pequeo,
la vida y la muerte, lo remoto y lo prximo, forman, en virtud de la
inspiracin celestial del poeta (que celebra en la naturaleza el sello,
y como la sombra de un Sr supremo), un soberbio ramillete de flores, en
las perlas de cuyo roco se refleja la perpetua belleza de lo
sobrenatural. Con un sentimiento entusiasta de la naturaleza, recorre
Caldern los mgicos jardines de la creacin, y toda flor que abre vida
su cliz  la luz, el canto de todas las aves, el murmullo de todas las
hojas, anuncian el eterno misterio del amor. As tambin su diccin
potica, con su dulzura y su flexibilidad, y con el vigor de sus
imgenes iluminadas por una luz interior, nos trasladan  un paisaje
meridional, bajo bosques de palmas y de cipreses, y teniendo por cpula
el azul brillante de un cielo siempre puro; rosas y jazmines se ostentan
con las primeras galas de la primavera; dorados frutos se destacan de
las verdes hojas, y, en el fondo, se agita un mar sin lmites, llenando
el alma, con el movimiento acompasado de sus olas, de sueos y poticas
ilusiones.

De lo expuesto acerca de la manera de escribir de Caldern, se deduce,
sin esfuerzo, que ha de descollar con extremo en cuanto se refiere  la
impresin que hacen sus comedias y  su efecto teatral y escnico. La
traza artstica y perfecta de sus planes, y su esmero en que reine en
toda la accin la unidad ntima ms rigorosa, se proponan, sin duda,
alcanzar el fin que Caldern estimaba ms por su importancia. Aunque es
una verdad que el propsito de hacer servir una fbula profunda y
potica al efecto teatral, puede considerarse como prenda casi general
de los dramticos espaoles, y que hasta las composiciones de Lope de
Vega, como lo demuestra su xito extraordinario, estaban calculadas para
ponerse en escena, sin embargo, no se nota en ellas, en el mismo grado
que en las de nuestro poeta, la acertada distribucin y economa de los
efectos escnicos y de los medios de conseguirlo: encontramos muchas
que, en ciertas escenas, excitan nuestro inters sobremanera, pero que
resultan desanimadas y fras en su conjunto. Con Caldern, al contrario,
cada resorte particular del inters tiende siempre  completar la
impresin total del drama, y cada escena en s, por interesante y
seductora que sea, slo tiene su verdadera significacin en sus
relaciones con las dems, y en su unin con cada parte del argumento,
para producir un resultado nico y final.

Bajo este aspecto, en cuanto  la maestra y el dominio de la escena,
quizs no reconozca rival alguno, entre todos los poetas dramticos de
las diversas naciones, nuestro insigne dramaturgo castellano; y como ese
conocimiento con otras prendas superiores, constituye, innegablemente,
un elemento esencial del arte dramtico, de aqu tambin que las
comedias de Caldern, slo por este motivo, por poseer esa cualidad en
grado eminente, merecen tambin calificarse entre las que ocupan el
primer rango en el mundo. Este arte particular (que, en ms  en menos,
 nuestro juicio, resalta en todas las obras del poeta), se muestra muy
especialmente en dos especies de sus dramas. Son los primeros aqullos,
en que acumula infinitos motivos dramticos, variedad inagotable de
hechos y efectos escnicos, pero llevando las riendas de toda la accin
con mano tan segura y vigorosa, que esos diversos momentos confluyen en
un solo resultado, y recorren con firme paso la senda trazada para
alcanzar su ltimo desenlace; cada efecto aislado aparece aqu slo como
una preparacin para el total del drama entero, y las varias situaciones
de los mismos se encuentran en una conexin tan ntima con todas las
escenas, que todos estos elementos unidos producen, al cabo, un efecto
grandioso y sublime. La segunda clase  que aludimos, que corrobora
nuestro aserto, comprende esos dramas, cuyo inters descansa
principalmente en motivos internos y en la pintura detallada de diversos
estados del alma, aunque, por esto mismo, parezcan menos ocasionados 
producir impresin escnica. Pero en stas se muestra Caldern bajo su
aspecto ms brillante, probando cun profundo es su conocimiento de la
escena, y cun incomparable su talento para corresponder  sus
exigencias. Sin alterar en lo ms mnimo los recnditos senos en que se
mueve la vida del alma; sin falsear su anlisis psicolgico, sino, al
contrario, persiguindolo con tenacidad bajo todas sus formas, sabe dar
cuerpo  lo espiritual y transformarlo en accin viva y sensible, de tal
suerte, que hasta las evoluciones del alma, en sus momentos ms
expresivos, parecen hacerse visibles. Cunto exceden sus dramas de esta
especie, como, por ejemplo, _Las cadenas del demonio_ y _El mgico
prodigioso_,  muchas obras maestras de la poesa moderna, que gozan de
gran fama y renombre!

No ser ocioso, sin duda, hacer con este motivo una observacin. Hemos
ponderado, como es justo, el efecto escnico de las comedias de
Caldern; pero no se crea por esto, que, al hacerlo as, aprobamos
tambin esos groseros golpes teatrales, esas toscas pinceladas, que,
contrastando con el tono de todo el cuadro, y perjudicando  la belleza
de su conjunto, no se proponen otro objeto que el aplauso de gentes,
poco cultas, y que, por estas razones, han de desterrarse de todas las
artes. Nuestro autor ha despreciado siempre esas tendencias  la farsa y
 las aprobaciones ruidosas. Pero se propona, conociendo tanto el
teatro, siendo tan gran poeta, y tan hbil en la eleccin de los medios
eficaces para transformar en dramtica una obra potica, y producir
desde la escena impresin en los nimos, dirigir la fbula de manera,
que, en sus diversas partes, tendiese  un efecto nico y total; que
atrajera la atencin de los espectadores, y, haciendo resaltar las
vicisitudes de esa accin, sin perjudicar  la excelencia de la poesa y
al fondo de todo el argumento, le sirviese de fundamento y motivo
poderoso para realzar ms su importancia. Esta manera de componer, para
que el inters de la trama,  modo de torrente y con igual fuerza,
compenetre toda la obra potica, concentrndose, sin embargo, en ciertos
puntos aislados y fijos de ella, para evocar cierta clase de emociones
elctricas, parcenos esencial  todo drama perfecto, y, bajo este
aspecto, como tambin en lo relativo  la economa, al hbil arreglo de
los elementos parciales, y  la aplicacin exacta y oportuna de la
forma dramtica, los poetas consagrados al teatro, que cuentan las dems
naciones, han de considerar como acabados maestros  los espaoles.

Una propiedad, caracterstica de la estructura de los dramas de
Caldern, es la de los contrastes, con que le agrada llenar sus
argumentos, presentando sus personajes en situaciones opuestas, y
haciendo descollar los caracteres por la contraposicin, bien calculada,
de sus prendas. Constituyen una alternativa continua de circunstancias 
estados, que se anulan recprocamente; de situaciones, que chocan entre
s; de resoluciones y afectos, que se contraponen y dividen. Este
personaje potico, tan indispensable para excitar el inters, se
reproduce en todas las obras de nuestro poeta,  influye poderosamente
en dar  las mismas una vida interior vigorosa, que concentra la
atencin y la ansiedad de los espectadores en las diversas agrupaciones
y masas de colorido de la accin.

Por lo que toca  la inventiva, creerase inclinado cualquiera, 
primera vista,  conceder menos riqueza  Caldern que  Lope de Vega.
Verdad es que nuestro poeta no ha hecho tan prdigo alarde de esta
facultad como su predecesor; proponase imprimir ms solidez  sus
materiales, y una forma ms perfecta, y forzarla  dar de s todo
aquello, de que era susceptible con arreglo  un plan trazado, vindose,
por tanto, en la necesidad de limitar su imaginacin  un campo ms
estrecho; pero,  pesar de esto, basta hojear someramente sus obras para
encontrar en ellas muchas creaciones ingeniosas, aunque acaso en un
principio no nos sorprendan, por la sencilla razn de aparecernos como
ricos materiales, bien manejados y sometidos  ordenadas reglas; pero,
aun despus de conocer el uso, que Caldern ha hecho de los pensamientos
de otros poetas, no podemos menos de maravillarnos de la inagotable vena
de su propia fantasa. Cuntas acciones y situaciones, que llevan el
sello del genio, y que parecen correr de la fuente ms profunda de una
imaginacin creadora, no se encuentran en cada una de sus obras! Para
apreciar por completo la fecundidad imaginativa de este poeta, y
compararla, sin perder sus quilates, con la de Lope, es menester
estudiar  fondo sus dramas: las imgenes, que surgen de ellos, no se
presentan aisladas (como sucede con tanta frecuencia en los dems poetas
anteriores), y como destacndose de los accesorios, que los cercan,
siendo, por tanto, menos distintas para el examen ligero del crtico: al
contrario, estn enlazadas entre s estrechamente sus partes ms
insignificantes; hllanse dispuestas con cierta simetra, con relacin
 las de ms importancia; hay hilos  millares, que las juntan y que las
confunden, por decirlo as, de tal suerte con el todo, que la vista slo
contempla una sola  inseparable belleza.

Respecto  la composicin, los dramas de Caldern pueden dividirse en
dos clases, esencialmente diversas, aunque se encuentren  veces ligeras
transiciones de los de una  la otra. Pertenecen  la primera aqullos
cuya importancia, en cuanto  su inters, estriba en el suceso, que,
como tal, se representa, mientras que las extraas y sorprendentes
colisiones,  que da el mismo orgen, forman su foco  punto central,
fijndose el inters del espectador slo en esa accin exterior, en su
desarrollo y en el desenlace de su nudo. En las obras dramticas de esta
especie, los personajes, en s y por s, quedan en segundo trmino,
excitando slo la atencin, en cuanto son juguetes de otras fuerzas
objetivas. Esas fuerzas, en las comedias mitolgicas, se ven
personificadas en los dioses; en las caballerescas, en los jigantes y
encantadores, y en las descripciones de la vida real, en la suerte  la
casualidad, en sus diversas manifestaciones. Tales son los factores
propios de la accin, consistiendo la importancia del conjunto en la
forma, que recibe de ellos la vida.

La segunda clase la constituyen las comedias, cuyo fin particular no
parece ser otro, que hacer resaltar una idea fundamental de la
composicin, dando de este modo  lo exterior y accidental significacin
de ms vala. Sin duda, en su aspecto externo, encontramos con
frecuencia el desarrollo del argumento descansando, como en los de la
primera clase, en los mismos  iguales motivos, no habiendo otra
diferencia sino la de que cada momento de la ltima recibe su verdadero
sentido de su menor  mayor relacin con la idea capital. Entre los
dramas, correspondientes  esta categora, hay dos especies, diversas 
su vez entre s: hay unos de carcter tpico, esto es, que son tales,
que su idea fundamental no se incorpora inmediatamente en la accin,
sino en el fondo de la misma, y su argumento viene  ser un smbolo de
ese pensamiento fundamental metafsico  tico. Con toda propiedad,
estos dramas pueden, pues, llamarse simblicos. La clase segunda,
diversa de la anterior, es la de aquellos dramas, cuyo argumento,  la
verdad, en los elementos ms inmediatos, que lo constituyen, se refieren
tambin  algo ms elevado; pero en ellos el suceso, que se representa,
reviste, en virtud del arte de la composicin, toda su natural
importanca, aparece en seguida de manifiesto, y no necesita de lo
simblico para que se comprenda y se conozca sin trabajo.

En ntimo contacto con lo expuesto se hallan las facultades de nuestro
poeta, en la parte que se refiere al trazado de caracteres. Caldern, en
esta materia, incurre en las mismas faltas que los dems dramticos
espaoles, y, por lo general, slo se le concede que haya logrado dar
ms pulimento  las formas caractersticas ms comunes, las cuales, como
es sabido, sustituyen  lo individual en el teatro espaol. No obstante,
para no ser injustos, es preciso hacer una distincin: en los dramas, en
que la parte externa de la vida se nos presenta dependiente de la
casualidad y de otras influencias, los rasgos de carcter individual son
ligeros, por lo comn, y los personajes slo se pintan con rasgos
generales y confusos, puesto que determinarlos con ms claridad sera
contrario al objeto del poeta; pero ya en esta clase encontramos
tambin, que, cuando la intencin potica va ms all de su objeto, y
cuando se necesitan otros elementos para imprimir  la accin y  sus
formas un giro diverso del indicado, y superior  inferior  l, tambin
los caracteres de formas abstractas y nebulosas se transforman en
individuos distintos y llenos de vida. Otra clase de caracterstica
observamos en esas comedias, que hemos llamado simblicas. La base de
esos caracteres son ciertas potencias, que se destacan de ellos con la
mayor claridad; y esta prctica, por regla general, no merece censura,
porque una idea abstracta, en virtud de la fuerza creadora del poeta,
puede revestir forma corporal, hacindose una persona subsistente por
s, como, en efecto, acontece en muchas de Caldern, al lado de otras,
que coexisten con ellas como individuos reales, dotados de vida, en cuyo
concepto, ms que nuestro vituperio, merece nuestra alabanza; y, sin
embargo, en sus dramas de esta especie, hallamos, con frecuencia, tan
acentuadas esas formas generales del espritu, que los personajes
parecen slo como quienes las llevan y sostienen como smbolo de
virtudes  de vicios, siendo insensato negar que perjudican  la verdad
y determinacin de los elementos dramticos de algunas comedias de
Caldern. Pero ya trataremos de esto ms adelante. Mientras tanto, y
teniendo ahora presente el gran nmero de comedias suyas, en que la idea
representada se destaca inmediatamente, sin el auxilio de la alegora,
en los varios giros y momentos de la vida, no es posible desconocer la
multitud de caracteres que descuellan en las mismas, todos de formas
plsticas, y disfrutando de un principio vital propio  ntimo. En
estas obras, que pueden calificarse como las ms perfectas suyas, se
concede igual lugar al conjunto de sus hechos  sucesos,  la idea
general predominante, y  cuanto se relaciona con los caracteres, no
sobresaliendo ninguno de estos elementos, sino, al contrario, juntndose
todos para formar un conjunto harmnico. Ejemplos de esto, suficientes
para demostrar nuestra afirmacin, encontramos en _El alcalde de
Zalamea_ y en las _Tres justicias en una_: en estas composiciones
dramticas, todos los personajes principales, y hasta los accesorios, se
distinguen claramente unos de otros, y hay tanta vida en cada uno de
ellos, que ofrecen una prueba incontrastable de la rara y superior
maestra de nuestro poeta en el trazado de los caracteres.

Estas dos comedias mencionadas, y otras muchas obras de Caldern,
demuestran, que, as como saba dibujar sus personajes con rasgos
significativos,  infundindoles una existencia particular, as saba
tambin disponerlos y juntarlos. Con un arte, propio slo de los grandes
maestros, ha sealado cada carcter particular, calculando exactamente y
midiendo las distancias,  que han de encontrarse, y la posicin ms
ventajosa que han de ocupar, para que el conjunto produzca el efecto
total que se propone, y para que las formas accesorias realcen mejor
las agrupaciones principales. Ha conseguido, de esta manera, que sus
composiciones dramticas se asemejen  grandes cuadros vivos, cuyas
figuras aisladas, conservando cada una su organizacin especial, se
muevan, sin embargo, observando cierto orden rtmico, y aparezcan 
desaparezcan en lo claro y en lo obscuro; y la reunin de todas estas
apariciones representa  la humanidad entera, lo ms alto de ella como
lo ms bajo, lo ms particular como lo ms general, con los intermedios
y transiciones necesarias, y trazado todo con distintos contornos. Del
conjunto de estas diversas agrupaciones nace una harmona
extraordinaria, que refleja lo inmutable en los fenmenos transitorios
de la vida, y el orden perpetuo en el trfago incesante y en el tumulto
del mundo.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO V.

     Defectos de Caldern.--Clasificacin cronolgica de sus obras
     dramticas.--Su versificacin.--Otros defectos de sus comedias.--De
     los errores histricos y geogrficos de Caldern.


Hasta aqu slo hemos expuesto las cualidades ms brillantes de
Caldern, observndolo tal cual se muestra en sus obras ms acabadas.
Pero como es indispensable conocer ms  fondo sus facultades poticas y
originales, hemos de indicar tambin las sombras, que lo obscurecen, sin
omitir tampoco aquello que disminuye su mrito, inferior en algunos
puntos al de sus predecesores, , por lo menos,  la herencia, recibida
de aqullos, que seguramente no ha mejorado. Con este propsito, y
mientras llega el lugar oportuno de probar nuestra tesis, declararemos
que _Caldern ha perfeccionado, sin duda, hasta donde era posible, el
drama espaol, pero imprimindole slo una direccin exclusiva: hasta
cierto punto lo ha llevado  tal y tan vertiginosa altura, que no es
dable elevarlo ms; pero no por esto se sigue de aqu que sea superior
en todos conceptos  sus predecesores, y que haya perfeccionado el drama
espaol en todas las direcciones,  que lo impulsaron aqullos con
xito_. Las faltas de este gran poeta estn en enlace tan ntimo, sin
duda alguna, con sus excelencias; son efecto tan necesario de sus
condiciones individuales, y, en parte, del tiempo y el lugar, en que
escribi, que no es justo de ningn modo censurarlas, como no lo es
tampoco callarlas, exigindolo as, no slo el deber de conocer 
nuestro autor profunda y radicalmente, sino la justicia que debe hacerse
 la literatura dramtica espaola en su conjunto, puesto que, con
arreglo  ella, no es lcito considerar  Caldern nica y
exclusivamente como al poeta ms grande de esta literatura. Nuestra
opinin acerca de este punto ser expuesta ms adelante, no debiendo
presentarse aisladas las cualidades menos brillantes de nuestro poeta,
sino en relacin con lo que aadiremos despus, nico medio de delinear
su carcter como dramtico.

Si intentamos explicarnos parte de las cualidades poticas de Caldern,
teniendo en cuenta el marco social que lo cercaba (influencia de la cual
no pueden eximirse ni los talentos ms originales  independientes), no
podremos prescindir de estimar la influencia, que la corte de Felipe IV
grab en sus obras poticas. Hallbase en continuo  ntimo contacto con
esta corte, y escribi la mayor parte de sus comedias para sus damas y
caballeros, no, como Lope, para un pblico numeroso y variado. Como en
esta sociedad brillante y llena de elegancia,  pesar de algunos
recuerdos, que conservaba todava de la Edad Media, reinaba una cultura
muy refinada, casi excesiva, ese mismo colorido resplandeci despus en
los cuadros poticos de Caldern, siendo stos un espejo de las clases
sociales distinguidas, para cuyo recreo se escriban. Su manera de
exponer era tan tica y urbana, y sus pinceladas tan finas y tan
delicadas, como no se haban conocido hasta entonces; pero su estilo se
contamin tambin con el exagerado atildamiento de aquellas frases, que
dirigan  sus damas, en el Buen Retiro, los mismos caballeros que
frecuentaban sus salones; los personajes, y hasta la ilacin de las
escenas de sus comedias, hubieron de ajustarse, no pocas veces,  la
etiqueta de la corte, y, en vez de ofrecer un cuadro vasto y completo de
la humanidad, en su variedad infinita, traz, tan slo,  menudo, la
pintura de una parte muy reducida de la misma, esto es, de aqulla en
que viva, y para la cual escriba. Todo esto aparecer ms claro
despus, cuando sealemos los dems factores, que hubieron de producir
anlogos resultados, pudiendo adelantar, desde luego, que la influencia
perjudicial, que, en los escritos de Caldern, tuvo su cargo de poeta de
la corte, se manifiesta, muy particular y claramente, en los dramas que,
por orden superior, escribi para determinadas solemnidades.

Ya hemos hecho mencin del esmero calculado  incesante de Caldern en
la traza y desarrollo del plan de sus comedias. En la mayor parte de sus
obras, sobre todo en las que ms nos maravilla, este clculo y esta
reflexin se nos presenta como gua y regulador de su actividad potica;
modera y refrena los vuelos de su fantasa, sin menoscabar en lo ms
mnimo el carcter potico de su inspiracin, ni perjudicar tampoco en
nada  la libertad y al movimiento de la vida dramtica; pero en otros
dramas, no escasos en nmero, observamos con sentimiento los efectos
lastimosos de esa reflexin y de ese clculo extremado, hasta el punto
de que, ciertas cualidades especiales, , ms bien dicho, menos dignas
de alabanza de la poesa de Caldern, pueden calificarse de resultado
necesario de este trabajo reflexivo exagerado. Con frecuencia
encontramos en Caldern tanto atildamiento artstico en la disposicin
de su plan, que el argumento de la obra nos parece una reunin de
sumandos, y el poeta el operador que los junta en una suma total; todas
las partes de este todo son tan pulidas y redondeadas, que se nos
antojan proposiciones diversas de una argumentacin escolstica para
demostrar una tesis especial; las diversas escenas son de proporciones
tan exactas y tan matemticas, tan simtricas y paralelas, que las
agrupaciones, bien calculadas,  la verdad, pero tan salientes de sus
personajes, evocan en nosotros el recuerdo de pinturas decorativas; las
figuras van y vienen con cierto paso de parada, como obedeciendo  la
voz de mando del autor. Huellas aisladas de este amaneramiento
exagerado, que forma chocante contraste con la soltura, la libertad y
naturalidad de Lope, de Tirso y de Alarcn, se observan hasta en las
obras ms perfectas de nuestro poeta; slo que, en ellas, su vigor
potico primitivo predomina con tanto brillo, que obscurece, por decirlo
as, ese elemento alambicado. Otro fenmeno semejante, y cuyo origen es
el mismo que el de su modo de componer, exageradamente artstico,
encontramos, ms  menos pronunciado, en la elocucin dramtica, que
puede considerarse como propia y exclusiva de este poeta. Ntase en
ella, al analizarla con cuidado, el vuelo poderoso de una exuberante
fantasa, y,  la vez, el influjo moderador de una inteligencia
reflexiva, en lucha con la primera. No es, sin duda, nuestro nimo
rebajar en lo ms mnimo las admirables bellezas de la diccin
calderoniana; en riqueza y osada, en su nmero infinito de ingeniosas
imgenes y comparaciones oportunas, as como en su versificacin ms
perfecta, supera  cuanto se haba escrito en este gnero en el teatro
espaol; pero se distingue  la par por otras propiedades que nos
impiden calificarlo de _estilo romntico el mas puro y elevado_,
atrevindonos  decir que, si se compara con la manera de escribir de
otros dramticos espaoles, esta comparacin le perjudica en lugar de
favorecerle. Carece de su lozana frescura, y no parece provenir
inmediatamente del alma ni llegar hasta ella, como acontece con el
lenguaje de Lope y de Tirso; si haba de producir ese efecto total, lo
debilita, sin embargo, el giro impreso por la reflexin que lo regula,
moderando con exceso los extravos de la fantasa y del sentimiento, y
limitando la fuerza de su expansin. Tambin en las obras de Lope, como
en las de todos los dems poetas examinadas hasta ahora, notamos
extravagancias y rebuscamientos en la expresin, y una abundancia de
metforas, que no siempre podemos conciliar con nuestras ideas actuales
acerca de la belleza; pero cunto no les aventajan los conceptos y
exageradas hiprboles, siempre repetidas; los refinamientos y anttesis;
la pompa fraseolgica alambicada y exuberante de Caldern,
particularmente en las obras de su juventud y de los ltimos aos de su
vida! El carcter especial de este _marinismo_ , si se quiere llamar,
_gongorismo_, tan extrao para nosotros y tan opuesto al buen gusto, nos
choca tanto ms, cuanto que echamos de ver el esmero con que lo prepara
la inteligencia del poeta, y lo ofrece  nuestra vista con un propsito
harto evidente, hasta en sus ms leves pormenores. Cada imagen (siendo
cosa accesoria la comprehensin total de los objetos), se extiende tan
largo tiempo, que casi se pierde el motivo de la comparacin; acumlanse
esas mismas imgenes en nmero extraordinario, y, sin embargo, parece
que se van registrando formalmente, como si se tratase de discursos
filosficos, y se hacen lucubraciones tan sutiles y delicadas, que
honraran al ms consumado escolstico. Pero si la afectacin  el
amaneramiento es su origen, y si contrara  no al estilo ms puro de la
poesa, sobre lo cual no puede haber duda, aunque esto disminuya la
extrema admiracin que se profesa  este poeta, siempre resulta que es
un defecto suyo, no eximindolo de l la afirmacin de que esa manera
de hablar era la de la sociedad de buen tono de su tiempo y peculiar de
la poesa castellana, desde una poca anterior, puesto que, al decir que
Caldern ha incurrido en las mismas faltas de sus contemporneos, no se
refuta nuestro aserto, no siendo tampoco verdad que esas mismas faltas
hayan sido generales y dominantes en Espaa antes. Lope y los dramticos
de su edad[74], se libertaron mucho ms de ellas, y hasta hicieron al
gongorismo una oposicin sistemtica. Caldern, al contrario, lleva  su
apogeo  este estilo absurdo; junta las sutilezas metafsicas y los
alambicamientos ms afectados, que, en las poesas de los antiguos
cancioneros, apenas dejan lugar  la expresin de los sentimientos
naturales, con los pensamientos rebuscados, la redundancia de imgenes y
el afn de las anttesis de los marinistas, aadiendo, adems,  esto la
hinchazn altisonante y el amaneramiento del _estilo culto_.

A pesar de todas las licencias, que concedemos en general  la diccin
potica;  pesar de la aficin pronunciada, que sentimos por la lengua y
la poesa espaola, ni nos es posible alabar ese estilo, ni tampoco nos
satisface ni nos agrada. Este amaneramiento de Caldern se extiende 
cuanto puede hablarse, y se manifiesta en el lugar que ocupan las partes
de la oracin, en el enlace de sus perodos y en el dilogo, oponindose
 todo, hasta  la naturalidad potica, y no habindose odo hasta
entonces en el teatro espaol. Hay aqu algo de la pera,  ms bien del
baile, que nos recuerda  cada instante que no se nos presenta ningn
trasunto potico de la naturaleza, sino un espectculo visible, dirigido
slo  obtener nuestros aplausos. No hay que pensar, pues, dado ese
molde convencional y estrecho, en esa animacin y soltura de
movimientos, que, en toda obra potica, ha de impulsar la intencin de
su autor, antojndosenos que ste,  cada momento,  manera de
apuntador, ha de sugerir  cada uno de sus personajes las palabras que
debe pronunciar.

Es ms importante de lo que se cree sealar claramente las faltas del
estilo de Caldern, porque su novedad y extraeza, y las cualidades
brillantes de este mismo estilo pueden engaar  algunos,  inducirlos 
calificar como bellezas sus defectos. Pero  fin de no descorazonar por
completo  los admiradores incondicionales de esta diccin potica
falsa, declaramos tambin que un nmero considerable de las comedias de
Caldern, de las cuales trataremos en breve, adolece en menor grado de
ese defecto, aunque no estn libres de l por completo, y adems, que el
genio del poeta se sobrepone siempre  todo, ostentndose en sus
imgenes grandiosas y profundas, y mereciendo, sin duda, excitar nuestro
entusiasmo. Caldern parece, en efecto, como dice un ilustrado crtico
literario[75], que ya con la dulce soolencia de quien se deja llevar
de risueas ilusiones, ya con la formalidad sublime de un pensador  de
un anciano, al contemplar la brillante grandeza del firmamento,
alumbrado por el sol  tachonado de estrellas, que semejan flores
eternas, las comparan con esas otras flores, astros pasajeros de la
tierra, adornadas de vivos colores, y despidiendo perfumes de sus
clices de prpura, y  presencian sonrindose sus tempestades temibles,
pero bellas,  las consideran como manifestaciones de un poder ms
alto; y,  la verdad, en los afectados adornos de su elocucin,
sobrecargada de imgenes, en su hojarasca vaca de sentido, nos ofrece
abundancia extraordinaria de pensamientos poticos. Ya indicamos antes
cun grande es la admiracin, que nos inspira, y, por tanto, no es
necesario repetirlo de nuevo; de manera, que, si juntamos en un haz las
faltas y las bellezas de estilo de este poeta, podremos compararlo,
invocando una imagen, que se usa con mucha frecuencia,  un volcn que
despide brillantes columnas de fuego juntamente con espesas y negras
nubes de humo.

Por lo que hace  la composicin, as como al lenguaje, las obras de
Caldern, con arreglo  la diversa edad en que las escribi, se pueden
dividir en tres clases distintas, no, sin duda, con toda claridad, sino
diferencindose slo entre s por ciertos rasgos generales, para cuya
determinacin pueden ayudarnos mucho los datos cronolgicos insertos en
el apndice de este tomo. A la primera clase pertenecen tambin las
primeras comedias del poeta, las de los aos de su juventud hasta su
edad adulta, si se nos permite la licencia en gracia de la exactitud,
hasta el _mezzo del cammin di nostra vita_ (treinta y cinco aos). En
cuanto al lenguaje, las composiciones correspondientes  este perodo
estn llenas, muy particularmente, de metforas abundantes y de palabras
vacas de sentido, de comparaciones rebuscadas  hiperblicas, de
anttesis y de pensamientos sutiles, de falso nfasis y de giros
gongorinos, en una palabra, de todo el amaneramiento del _estilo culto_.
En ellas se comprenden todas las comedias de la primera y segunda parte,
y algunas otras que por su semejanza estrecha con stas pueden, con
seguridad, clasificarse tambin con ellas; y, como ejemplos que
presentan claramente las faltas indicadas, pueden nombrarse las
tituladas _Lances de amor y fortuna_, _Casa con dos puertas_ y _La
puente de Mantible_. Rebosa en ellas un prurito particular de hacer
comparaciones y evocar imgenes, y las auroras y los crepsculos, las
perlas y los diamantes, los rayos y los relmpagos, menudean sin cesar;
ya es un jardn un mar de flores; ya el mar un jardn de espuma; el mar
alborotado se compara al Nembrod de los vientos, que acumula montaas y
ciudades sobre ciudades, y  una espada desenvainada se llama cometa
errante, que atraviesa las esferas del aire. Todo dilogo de un amante
con su dama, est sembrado de estrellas y de flores; el sol se
obscurecera si ella no le prestase la luz de sus ojos; sus mejillas
siempre se comparan con la aurora, y sus cabellos son siempre redes
doradas en donde se aprisionan los corazones. La imaginacin de nuestro
poeta aparece ya, desde su principio, con esa plenitud y ese fuego que
tanto nos maravilla siempre; pero algunas de sus primeras obras son bajo
este aspecto grandiosas, especialmente _El Prncipe constante_ y _La
vida es sueo_; y en cuanto  la delicadeza y mrito dramtico de su
enredo, ninguna de sus comedias posteriores aventaja  las que se
titulan _Peor est que estaba_, _Casa con dos puertas_ y _La dama
duende_. Al contrario; la pintura de caracteres, el arte, por lo menos,
de crear personajes accesorios, concretos y con vida individual y
propia, aislados da los principales, y las proporciones poticas de
todos los elementos de la composicin, alcanzan con los aos mayor 
innegable maestra.

A la segunda clase pertenecen las obras de la edad adulta de Caldern,
prximamente de 1635  1660. Ha renunciado ya  sus defectos ms
chocantes y  las exageraciones del estilo culto; as, en la comedia
_Cul es mayor perfeccin_, dice estas palabras:

      De esos hiprboles, llenos
    De crepsculos y albores,
    El mundo cansado est.
    No los dejaremos ya
    Siquiera por hoy, seores?

desaprobando de este modo el lenguaje, de que haba abusado tanto; y aun
cuando no se pueda decir que ha abandonado por completo esa manera de
escribir, ya natural en l, sin embargo, no prodiga tanto sus frases
sonoras y floridas como en otras, sino las guarda para las ocasiones
oportunas. Merece observarse tambin, que en algunas de estas
composiciones ofrece Caldern personajes, con el objeto, segn parece,
de burlarse con seriedad de su artificioso estilo gongorino. Tales son,
por ejemplo, los de Beatriz y Moscatel en _No hay burlas con el amor_.
En los dramas de esta segunda clase, as el lenguaje del poeta como su
habilidad en crear y agrupar caracteres, y su arte en la composicin,
alcanzan su punto culminante, bastando, para probarlo cumplidamente, _El
mgico prodigioso_, _El postrer duelo de Espaa_ y _El secreto  voces_.

En las comedias que el poeta escribi en sus ltimos aos, y que
comprendemos en la tercera clase, incurre de nuevo en las mismas faltas
de su juventud, pero sin la lozana y el genio, que se ostenta en las de
sus primeros aos. Obsrvanse en ellas, adems de esa exornacin
florida y superabundante del estilo, y de sus palabras sonoras y huecas,
una construccin de frases rebuscadas y torturadas con parntesis, que
encierran otros parntesis, con perodos muy largos, y una disposicin
singular de las partes del dilogo. En general, esta clase de comedias
se distinguen por su frialdad y por cierto cansancio, cuando se comparan
con el fuego juvenil de las primeras y con el flamante vigor de las
segundas, enumerndose, entre ellas, muchas composiciones mitolgicas,
destinadas  la celebracin de fiestas   otras solemnidades anlogas,
como, por ejemplo, _Duelos de amor y lealtad_, _El conde Lucanor_, etc.

Respecto  la versificacin, sealaremos como una de las diferencias
caractersticas de Caldern, no observada en sus predecesores, la
variedad y multiplicidad de sus metros y de sus rimas. El yambo, no
rimado, no se encuentra en ella, ni tampoco el verso de arte mayor, cuyo
uso se haba limitado mucho antes de este poeta; las canciones de forma
italiana tampoco se ven en sus versos, y pocas veces las liras y las
endechas. Al contrario, aplica el romance con ms frecuencia que sus
antecesores, predominando, as, en el dilogo como en las narraciones,
de manera que las dems combinaciones mtricas rimadas las reserva para
los momentos culminantes de la accin. Respecto  estos metros, y  las
ocasiones en que se empleaban ms particularmente, expusimos nuestra
opinin, que puede consultarse en las pginas 213 y 216 del tomo II de
esta obra, y, sin embargo, conviene conocer ms detenidamente el sistema
seguido por nuestro poeta, en cuanto se separa del observado hasta l.
Debemos indicar, como particularidad caracterstica de Caldern, cuando
se compara con otros dramticos ms antiguos de su patria, la
predileccin que muestra por el romance en las largas narraciones; en la
mayor parte de sus obras, aparece en las primeras escenas, y de aqu
proviene que su exposicin no se hace por medio de la accin, como en
Lope y en los poetas que le precedieron, sino, lo ms comunmente, en
forma narrativa. Si el poeta las hubiese presentado al principio, se le
atribuira, sin duda, falta de sentido artstico, y no sin razn, puesto
que el inters de los espectadores no poda fijarse en esas narraciones,
hasta que su atencin se concentrara de algn modo en los sucesos
dramticos que le antecedieron; pero Caldern ha evitado esta falta que
se le achaca, con tanto ingenio como arte. Comienza siempre con una
situacin que encadena el inters del pblico; le hace esperar algo, y
le obliga  estar atento; despus sigue la narracin, que explica los
hechos y circunstancias necesarias para la inteligencia del drama, y
satisface de este modo la curiosidad de los espectadores, quienes poseen
ya la clave para comprender lo que sigue. Aunque se explique algo de
esta suerte, queda mucho que se ignora, y en la misma narracin se
anudan otros hilos, y se aumentan los motivos, que mantienen viva la
expectacin del oyente. Es innegable, que, con este mtodo de
exposicin, aventaja mucho nuestro poeta  Lope de Vega, por ser ms
claro y ms sencillo, y suplir  la vida y la energa real del principio
de las comedias del mismo Lope.

Las narraciones en romance son mucho ms largas que las de los poetas
anteriores[76], ms raras en estos ltimos y usndose slo en las
ocasiones en que el suceso que se refiere tiene alguna analoga con los
antiguos romances populares. La abundancia de palabras de Caldern y su
elocuencia casi inagotable en estos discursos, nos causa cierta
extraeza, y es innegable que sera de desear que se las aligerase de
tanta profusin; sin embargo, conviene recordar lo que dijimos antes, 
propsito de la manera con que se recitan estas narraciones por los
actores espaoles. Tengamos presente que se hace con tal rapidez, y  la
vez con tanta claridad, que no parece absurdo suponer que algo de
superfluo en su lectura poda transformarse, declamado, en verdadera
belleza de locucin. Merece tambin consignarse que el romance, en la
forma ms artstica y perfecta de los dramas de Caldern, como raz 
fuente de toda la poesa espaola, ocupa mayor espacio y con mayor
derecho de lo que haba acontecido antes en sus principios. Se creera
que el drama espaol, ya en su apogeo, rinde su tributo de
agradecimiento  la poesa popular, y que demuestra con toda evidencia
el ntimo enlace que hay entre ambos. Para justificar la existencia
dramtica de este elemento pico predominante, que, sin duda, perjudica
 veces  la verdadera exposicin dramtica, es menester no olvidar la
relacin que con l tiene el espectador espaol: ste ama con pasin su
poesa nacional, regocijndole oir tambin en el drama el sonido, para
l predilecto, de sus cantos populares, pudiendo admitirse como cierto,
aunque no nos sea posible aducir sobre esto un testimonio concreto, que
los romances comprendidos en los dramas fueron siempre aplaudidos.

Tambin para el dilogo, cuando slo es una continuacin de la fbula,
usa Caldern el romance con ms frecuencia que sus predecesores.
Juntamente con l emplea de ordinario redondillas, quintillas, dcimas,
octavas, silvas y sonetos. En cuanto  los tercetos, por lo que nosotros
conocemos, slo se observan una sola vez al principio de _El Prncipe
constante_. Por lo que hace  las ocasiones, en que aplica estas
diferentes medidas de versos, puede decirse, en general, que cuando el
romance est destinado  lo meramente narrativo y  lo que slo sirve
para desarrollar la accin, todos los dems versos se reservan para las
estrofas ms enfticas; en lo lrico y en el dilogo florido, se usan
generalmente las diversas especies de troqueos rimados; las silvas, en
los discursos apasionados y de mucha animacin,  en las rplicas; las
octavas, en las descripciones pomposas y en los monlogos, y el soneto,
por ltimo, en las comparaciones ingeniosas y llenas de anttesis, 
cuando hablan dos de concierto. Slo excepcionalmente, y muy raras
veces, se encuentran tambin en los dramas de Caldern las siguientes
formas mtricas: dcimas, con el quinto, sptimo  octavo verso
quebrado, esto es, slo con dos pies (por ejemplo, en la jornada tercera
de _El mayor monstruo los celos_); estrofas ymbicas rimadas de seis
lneas, parecidas  la lira, diferencindose de ella en que los cinco
primeros versos son todos de tres pies, y terminando despus con un
verso de cinco (jornada tercera de _Nadie fe su secreto_); por ltimo,
el verso anacrentico con asonancia (jornada tercera de _La gran
Cenobia_).

Si bien Caldern concedi al romance ms espacio y mayor importancia, y
 la vez desterr del drama combinaciones mtricas, antes usadas,
ofreciendo, por tanto, menos variedad mtrica que los poetas antiguos,
tambin, bajo otro aspecto, emple combinaciones de palabra y enlaces de
perodos muy ingeniosos y nuevos, y dignos, sin duda, de nuestro examen,
porque pueden calificarse muy particularmente de invenciones felices de
este poeta. Tales son, en primer trmino, una divisin de discursos,
extraa y demasiado artstica entre los diversos interlocutores, con
arreglo  la cual se interrumpen las frases de los que hablan, y despus
de la interrupcin prosiguen otra vez  se confunden en un solo
unsono[77]. De esta manera se entrelazan  veces dos monlogos, de tal
suerte, que cada uno de los interlocutores habla consigo mismo, y, sin
embargo, concuerdan entre s las palabras de ambos. Este arte sube de
punto cuando, como sucede algunas veces, los dos monlogos forman una
glosa con su enlace, cuyo tema se divide entre los dos interlocutores, y
despus las parfrasis del texto, alternando simtricamente con las
palabras intercaladas de nuevo de la letra, son recitadas por uno y
otro[78]. Ocasin es sta tambin de indicar la manera particular con
que Caldern emplea comunmente la msica, haciendo que el canto que se
oye detrs de la escena contesta al interlocutor  contina su discurso,
cuando el ltimo no declara cules son sus secretos pensamientos[79]. Si
se encuentra en los ejemplos, aducidos hasta ahora de exagerada diccin
potica, algo convencional y propio de pera que daa  la libertad de
movimiento de la poesa, hay que aplicar esta observacin con algunas
creces  ciertos pasajes declamatorios de carcter esencialmente
retrico, notndose su amaneramiento bajo todos sus numerosos y varios
matices; puede servir de ejemplo un paso de _Amor, honor y poder_, en
que se recita un romance largo, cuyo cuarto verso forma siempre un
_climax_  gradacin, acumulando cuatro sustantivos, y al terminar este
_climax_ sube de punto de tal modo que junta, no slo el verso cuarto,
sino casi todos los dems[80].

Al echar una ojeada retrospectiva hacia la versificacin de los dramas
de este poeta, no podemos menos, despus de confesar algunas de sus
faltas innegables, de llamar la atencin sobre la inmensa ventaja que la
mtrica de los espaoles, en general, y muy particularmente en la
perfeccin que alcanza en nuestro dramaturgo, sobrepuja  la diccin
dramtica, usada en el teatro por nuestros poetas. Aun aqullos, dotados
de escasas facultades musicales, convendrn con nosotros seguramente, si
conocen la harmona seductora de los dramticos meridionales que, bajo
este aspecto, casi todos los dramas alemanes, hasta los de nuestros
autores ms famosos, parecen de nios de escuela cuando se comparan con
el arte superior de los primeros. Qu diferencia entre la agradable
alternativa de los metros tan sonoros de aqullos y la monotona de
stos! entre la animacin y la ligereza de unos y la grosera pesadez de
otros! entre la diversidad de ritmos, enlazados, sin embargo,
harmnicamente, la inagotable riqueza de colorido con que revisten  la
expresin, su semejanza y uniformidad de sonidos tan significativos,
semejantes al eco, y su combinacin silbica, ya lenta, ya ligera, con
esa monotona insoportable, con esa locuacidad desprovista de cultura
tica, sin fuerza ni realce, que atormenta los odos en nuestros
teatros! Materia es sta, acerca de la cual hay que insistir con esmero,
porque as se comprende la inmensa superioridad que esta pompa del
lenguaje presta al drama espaol, cuando sus materiales estn sacados de
la vida ordinaria, porque slo la diccin potica comunica al drama tal
elevacin, que lo arranca, por decirlo as, de lo comn y de lo
cuotidiano, obligando al poeta  representar la vida real, no en los
trozos duros y secos de su manifestacin inmediata, sino bajo un aspecto
ms ideal, no detenindose en lo estrecho y limitado, sino en las
esferas ms altas de la vida de la humanidad. En nuestra opinin, la
forma potica es de todo punto esencial al drama, y uno de los mayores
extravos de pocas posteriores, que, en este terreno, casi se haya
renunciado al verso por completo, cuando al hacerlo as se han abierto
las puertas de par en par  lo trivial y  lo prosico.

Si recordamos de nuevo la tendencia predominante en Caldern de pensar y
reflexionar, dote que nos ha dado la clave de diversas particularidades
de su composicin dramtica, averiguaremos que esta misma propensin ha
impreso otros rasgos caractersticos en su arte dramtico. Su
inteligencia se traz un sistema formal de ideas generales,  que
someti sus escritos, calculando con ingenio y extraordinaria
perspicacia las diversas colisiones  choques que pudieran utilizarse, y
tomando por base de sus dramas el desarrollo y solucin de esas
contradicciones. Los elementos esenciales de este plan  sistema eran la
fe, el amor, el honor y la lealtad. Como personificaban el sentimiento y
la vida de la nacin espaola, dominada por ellos, haban ya jugado un
papel importante en las obras de los dramticos anteriores; pero nunca
se haban ofrecido tan  las claras, ni ejercido en la accin un influjo
tan importante. Del gran valor que las ideas tenan en Caldern, se
desprenden dos de las propiedades ms notables que se observan en sus
dramas. En primer lugar, como ya dijimos, esas potencias ideales,  las
que siguen otras en diversas gradaciones y de menor significacin en
general; pero con frecuencia de una manera tan decisiva, y forman de tal
modo con sus trazos ms vigorosos el fondo de los caracteres, que  su
lado desaparece el individuo por completo. Esta abstraccin, en cuya
virtud los personajes, sin cualidades propias, se muestran como simples
representantes de facultades generales del alma, haba de perjudicar
naturalmente  la verdad y  la vida, que han de adornar esos mismos
personajes, para realizar por completo la idea del drama.

El espritu de Caldern, para indicar el segundo punto crtico y grave 
que aludimos antes, se haba acostumbrado de tal modo  esas ideas
generales, que jams se cansaba de moverse dentro de ese crculo
predilecto que satisfaca  su manera especial de considerar al hombre,
 cuando discurra por algn otro terreno, lo haca siempre inspirndose
en esas ideas exclusivas. De aqu proviene cierta uniformidad, cierta
repeticin de los mismos motivos en sus dramas, muy diversos de la
variedad infinita de los de Lope. Consecuencia es de esto que nuestro
poeta no demuestre grande aficin, al obedecer  esas influencias, al
drama histrico propiamente dicho, como sucede  Lope de Vega, cuyos
trabajos en esta parte, aunque no perfectos, parecan, sin embargo,
prometer mucho para lo futuro, arrancndose siempre de su poca con
trabajo y como contra su voluntad, y penetrando en los siglos pasados,
tan distintos de aqulla. Apenas, pues, se encuentran entre esos dramas
composiciones verdaderamente histricas, excepto aqullas que, como _El
sitio de Breda_, desenvuelven un argumento contemporneo del poeta. No
hay que hablar, por tanto, de las comedias, cuyos materiales provienen
de la historia antigua; ningn espaol se haba propuesto estudiar estos
asuntos bajo su aspecto histrico, y Caldern fu mucho ms all que
ningn otro en su manera arbitraria de dramatizar  los mismos, y casi
otro tanto puede decirse de las vidas de santos y de los argumentos
tomados de la Iglesia catlica, porque stos se utilizan por lo general
en su forma de leyenda, en lo cual concuerda nuestro poeta con cuantos
le precedieron. Apenas ha ensayado tampoco Caldern ofrecer cuadros
verdaderamente histricos de las edades pasadas de su patria. Si la
accin de sus dramas nacionales se supone ocurrir en la edad antigua, no
se cuida de trazar imgenes fieles del espritu y modo de ser de esas
pocas, sino que, al contrario, lleva  lo pasado las ideas y opiniones
de su tiempo; y aunque, por lo comn y en general, esos cuadros animados
reflejen costumbres y pensamientos espaoles, en su fondo se observan
siempre las costumbres y creencias del siglo XVII, no las del perodo en
que la accin se supone ocurrir, ni los hechos y sucesos representados
por l,  no ser excepcionalmente, coinciden con los grandes momentos
histricos del mundo, sino que son siempre sucesos  hechos
particulares, que ni se enlazan por su esencia con la historia de la
poca, ni reflejan tampoco con claridad el carcter de lo pasado; sus
personajes histricos estn trazados  la ligera, y no toman parte
importante en la accin, mientras Lope de Vega ofrece  los reyes de
Espaa, desde D. Pelayo hasta Felipe II, gobernando verdaderamente, y
dibuja con designio premeditado cuadros de siglos anteriores,
sirvindose de los hechos y de los personajes ms importantes. De
deplorar es, por consiguiente, que Caldern, despreciando esa rica mies
que encontraba ya floreciente, no la haya tambin cultivado y
perfeccionado.

Aunque antes aludimos al talento de Caldern para dibujar caracteres
diversos, y ofrecer en su conjunto la vida y el mundo, que lo rodeaba,
debemos lamentar, no obstante, que se haya credo obligado, siguiendo la
direccin exclusiva de su espritu,  usar con tanta parsimonia de este
talento, circunscribindose voluntariamente  tan estrecho y limitado
crculo. No es posible abrigar dudas de su aptitud extraordinaria para
lograrlo, recordando tan slo, como ejemplo, _El alcalde de Zalamea_;
pero tampoco se puede negar, que su predileccin por los motivos
dramticos indicados, lo ha arrastrado  limitarse slo  la pintura de
ciertas clases de la sociedad, en las cuales podra suponer que
encontrara opiniones  ideas iguales  las suyas. Ni en muchas de sus
obras se observa, como en las de Lope,  la humanidad en todos sus
representantes y clases diversas, sino, por el contrario, una especie
particular de hombres, de pensamientos y afectos anlogos, ya sean
prncipes, nobles  caballeros, imbudos todos en las mximas de la
nobleza espaola de su poca; y hasta cuando la accin es fuera de
Espaa, los personajes, en un crculo idntico, concuerdan en un todo
con aqullos. De aqu proviene, con la repeticin incesante de las
mismas figuras, indudable monotona en la exposicin y en el lenguaje,
siendo siempre la locucin la ms noble y selecta, y formando un estilo,
que, en su constante aplicacin, perjudica  la vitalidad del drama.
Slo el gracioso perturba con sus chistes el tono grave y solemne del
conjunto. Tampoco se puede sostener que sobresaliera Caldern por su
ingenio y por su gracia: es inferior en este concepto, no slo  Tirso
de Molina (el ms eminente de los espaoles por su _vis cmica_), sino 
otros dramticos de segundo y tercer rango. Esforzbase, por el
contrario, en harmonizar con su tendencia general  disponer
artsticamente su plan,  concordarlos entre s y  imprimir simetra en
los varios elementos de sus composiciones, los papeles de gracioso que
en ellas ofreca, acomodndolos  los efectos de sus partes ms
formales, y realzando stas por medio de aqullos, debiendo tambin
aadir, que, por esa reunin de lo cmico y de lo trgico, obtuvo
resultados sorprendentes y hasta l desconocidos. Llamamos, pues, la
atencin como lo ha hecho V. Schmidt, sobre la particularidad de que los
dilogos ms sublimes y conmovedores de _La nia de Gmez Arias_,
_Primero soy yo_, _Mejor est que estaba_ y _Antes que todo es mi dama_,
sirven de burla grosera  los graciosos, que repiten versos enteros, 
que mutilan sus palabras de suerte, que la mitad de ellas quedan en un
verso y la otra mitad en el otro, resaltando asonancias y rimas, que
producen un efecto cmico extraordinario,  que realzan lo pattico de
las situaciones.

Ya indicamos antes que el origen de esas propiedades de Caldern, que
no pocas veces limitan sensiblemente la esfera de su talento potico,
haban de buscarse en parte en las circunstancias externas de su vida, y
en su cargo de poeta de corte. En efecto; el nuestro se senta atraido
por la natural inclinacin de su espritu  la pintura de los
sentimientos caballerescos y de las costumbres de la nobleza, y si su
razn reflexiva encontraba un alimento favorito en el sistema de honor
de la grandeza espaola, y en su oposicin con otros deberes, tambin es
cierto que no contribuy poco  encadenarlo en este crculo de personas
y de ideas, la circunstancia de escribir generalmente para las clases de
la sociedad ms elevadas y selectas.

Antes de pasar, expuestas ya las dos observaciones anteriores, al examen
sumario de los dramas de Caldern, declararemos, movidos por nuestro
convencimiento ms ntimo, que, al echar una ojeada general en el mundo
maravilloso de poesa, encerrado en sus obras, desaparecen esas
debilidades escasas del autor, que la crtica no debe callar,
desvanecindolas la grandeza del talento potico, que predomina en sus
creaciones, y no dejando en nuestra alma otro sentimiento que el de la
gratitud y la admiracin hacia ese maestro casi divino, por los
innumerables placeres que nos ha proporcionado. De la misma manera que
llegan hasta amarse las flaquezas del amigo, as tambin nos sucede,
cuando estudiamos  fondo este poeta, que hasta sus cualidades ms
extraas  nosotros llegan  sernos caras, y casi sentiramos no
encontrarlas en sus obras. La diversidad de elementos confundidos en las
obras de Caldern, constituyen los caracteres distintivos de su
personalidad. Como observamos en ellas, por una parte, un lujo oriental
y una exuberancia de imaginacin extraordinaria, juntamente con la
reflexin y la vida activa  inquieta del pensamiento del Occidente,
capacidad franca para sealar los fenmenos de la realidad ms vulgar
con una inclinacin decidida  lo suprasensible y puramente espiritual,
conocimiento general de las relaciones sociales y profundidad para
penetrar en el laberinto del corazn humano, la fe ardiente del
catolicismo de aquella poca con la dulzura de la devocin
verdaderamente cristiana, la pompa brillante de la magnificencia
terrenal al lado del ascetismo y del desprecio del mundo, participacin
en los intereses ms insignificantes de la vida con aspiraciones  la
verdad divina: as tambin, por otra parte, notamos sofismas y sutileza
dialctica, mezclada con el lenguaje sencillo y sin afeites de la
naturaleza; indulgencia con las aficiones momentneas de la poca,
juntamente con una inspiracin, original en sumo grado, y que sabe
trazarse su propio camino; simpata hacia las ideas y opiniones de una
clase determinada de la sociedad, con el pensamiento potico ms vasto y
comprensivo; as tambin, al considerar todo esto fundido y asimilado,
hasta constituir un todo orgnico, no es posible censurarlo  sangre
fra, ni depurarlo de ste  de aquel defecto, que lo deslustra, sin
desordenar y destruir su conjunto.

Acaso no sea superfluo decir algunas palabras acerca de la instruccin
de nuestro poeta. No es difcil, sin duda, encontrar en sus obras tantos
anacronismos y errores geogrficos como en las del gran poeta britnico.
En su comedia, titulada _En esta vida todo es verdad y todo es mentira_,
se habla, en la poca del emperador de Bizancio, Phokas (siglo VII), en
estos trminos de la plvora:

    ltima razn de reyes,
    Son la plvora y las balas.

En _La virgen del Sagrario_, dice un obispo del siglo VII:

      Africa, Amrica y Asia,
    Son las tres de que no tengo
    Necesidad: Herodoto
    Las describe con su ingenio.

Herodoto, por tanto, debi hacer una descripcin de Amrica. En la misma
comedia, Constantinopla est en poder de los infieles en la poca de la
conquista de Espaa por los rabes. Algo de esto, al parecer
(concediendo slo  Caldern conocimientos ya generales en su poca, y
no una ignorancia completa de ellos), ha de atribuirse  precipitacin 
 falta de memoria. Con frecuencia han de explicarse sus errores contra
la verdad histrica y geogrfica, como lo han hecho los comentadores ms
instrudos de Shakespeare con los de ste. Nuestro poeta espaol se
hallaba con el pblico en igualdad de relaciones que el ingls: se
presentaba ante un auditorio, entre cuyos individuos se encontraban, sin
duda, los hombres ms ilustrados de su poca; pero que de ninguna manera
tenan presente su erudicin  cada instante para aplicar  la poesa la
medida exacta de la instruccin y de la crtica. El pblico de aquellos
das no estaba formado de groseros ignorantes, sino en su mayora de
personas, cuya educacin haba carecido de los muchos medios de auxilio
que poseemos ahora. El auditorio de Caldern no posea algunos
conocimientos que nosotros aprendemos ahora en la escuela; pero, en
cambio, abundaba en lo mismo que nos falta: en el sentimiento verdadero
de la poesa, y en el raro don de distinguir lo que es y no es esencial
al arte. No exigan al poeta la realidad ordinaria y completa, sino lo
seguan espontneamente  los libres y maravillosos dominios de la
fantasa, considerando los hechos como elementos subordinados  la
composicin potica,  como materiales que el artista poda ajustar sin
traba alguna al fin propuesto. Los dramticos de ese perodo tenan
presente esta correspondencia que encontraban en el pblico; prescindan
de sus propios conocimientos, cuando el trazado de sus planes exiga que
se separasen de la verdad histrica, y no teman que ningn pedante los
censurase por su ignorancia; si versaban sus argumentos sobre la
historia antigua, lo hacan de manera que fuese entendida y simptica 
la generalidad de sus auditores, y en consideracin  ellos,  quienes
se dirigan, entremezclaban anacronismos de propsito deliberado y
alusiones opuestas  la erudicin severa y delicada. Tampoco se crean
obligados, cuando representaban sucesos de tiempos ms modernos,  ser
topgrafos escrupulosos,  pararse en otros melindres de igual gnero.
En la muchedumbre de asistentes al teatro, contaban, desde luego, con
su ignorancia; y entre los ms ilustrados, que se encontraban en esta
parte al mismo nivel que el autor, con el desprecio  las micrologas, y
con su delicada inteligencia de lo potico verdadero y de sus derechos.
Nada hay ms ridculo, que, partiendo de la ilustracin y erudicin
moderna, juzgar con este criterio las frecuentes violaciones de Caldern
y otros autores de su poca, de la exactitud de la indumentaria,  de
otras conveniencias de igual ndole. Cierto es que nosotros sabemos hoy
muchas ms menudencias,  las cuales los espaoles del siglo XVII
dispensaban poca atencin; pero lo es tambin que hemos perdido su
sentido natural, y entonces muy comn, de muchas cosas grandes y bellas,
resultando, en parte, de nuestro progreso cientfico y erudito, vernos
privados de muchos goces de que ellos disfrutaban. Los contemporneos de
Caldern estimaban  este gran poeta por deberle tantas creaciones
soberbias; consentan que su arte se sobrepusiera  su ciencia y  su
erudicin; no ignoraban que aqulla no puede coexistir con las formas
duras de la realidad vulgar, sino, al contrario, que se mueve y vive,
allende la naturaleza ordinaria, en encantadas regiones, forjadas por el
poder enrgico de la imaginacin. Si Caldern converta  Parma en
residencia de una Princesa soberana, haba de preocuparse aquel
pblico de si esto era  no permitido, con arreglo  la ley slica? Si
en las fbulas de la antigua mitologa entrelazaba rasgos  ideas
propias de la vida y del honor, predominantes en Espaa, poda ocurrir
 los espectadores pedirle cuenta estrecha de su conducta?

Teniendo, pues, presente las indicaciones anteriores, las inexactitudes
cronolgicas  histricas de Caldern, que tanta extraeza causan  la
crtica de nuestro siglo, han de considerarse bajo otro punto de vista,
juzgndolas hijas de fines poticos ms bien que de la ignorancia. Una
prueba palpable de que el fundamento de esos yerros contra la
cronologa, etc., no siempre se han de mirar como resultado de la
ignorancia, nos lo suministran algunos pasajes de sus papeles cmicos,
por ejemplo, las palabras siguientes de _Los dos amantes del cielo_:

    Un fraile... ms no es bueno,
    Porque an no hay en Roma frailes.

A pesar de esto, no negamos que errores de la especie mencionada puedan
provenir verdaderamente, ya de ignorancia, ya de negligencia. Lo que hoy
se llama erudicin en su sentido estricto, era desconocido de Caldern,
y, por tanto, haba de incurrir en errores de poca importancia, debiendo
tenerse en cuenta, que la historia, especialmente de la antigedad, y la
geografa de los pases lejanos, no se conoca en su tiempo con la
exactitud que en el presente[81]. Los conocimientos de Caldern de
idiomas extranjeros, se limitaban al italiano y al latn. Si sabra
griego, y cuanto saba de este idioma, debe ser negado; pero que su
lectura de escritores espaoles, italianos y latinos, en particular de
todo lo relativo  aquello que poda ser til  su actividad potica,
haba sido grande, lo demuestra cualquier pgina de sus obras. Saba
bien la historia de la Iglesia cristiana y de todas las tradiciones
relativas  la misma, as como la historia y las tradiciones espaolas,
y era adems muy instrudo en la mitologa antigua, sindole familiares
las poesas hericas romnticas, y la poesa novelesca de los italianos.
Sealaremos luego cules fueron las remotas fuentes que utiliz, cuando
tratemos de sus composiciones aisladas, anticipando, no obstante, que
no puede sostenerse de ningn modo que Caldern tuviese ante s, en
estos casos, el texto original. Nos referimos aqu tan slo  las
fuentes primitivas que les suministraban sus primeros materiales, no
siendo siempre posible averiguar el medio, en cuya virtud llegaban  su
noticia.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO VI.

     Comedias religiosas de Caldern.--_El Prncipe constante._--_El
     Josef de las mujeres._--_El mgico prodigioso._--_Las dos amantes
     del cielo._--_El purgatorio de San Patricio._


Al examinar particularmente los dramas de Caldern, nuestro objeto
inmediato ahora, daremos la preferencia  las comedias religiosas.
Comprendemos bajo esta denominacin, no slo aquellos dramas, que se
llaman comedias divinas, con arreglo  la nomenclatura espaola, sino,
en general, todas aqullas cuyo carcter predominante es el religioso.
En ninguna otra especie de sus dramas se muestra tan evidente la
superioridad de Caldern sobre todos sus contemporneos, y en ninguna
otra como en sta se ostenta con tanto brillo la grandeza y sublimidad
de su poesa. Las obras ms notables de esta clase, escritas por otros
poetas anteriores, como _La fianza satisfecha_, de Lope, y _El condenado
por desconfiado_, de Tirso, ni en lo transcendental de su composicin,
ni en el poderoso vuelo de la fantasa, pueden rivalizar con las obras
ms notables y de igual gnero de Caldern. Mas para seguir al poeta
hasta la altura en que se sublima, para que no nos choque lo excntrico
de sus ideas, nos es indispensable, como observamos antes en ocasin
anloga, transportarnos por completo  su poca y juzgarla con sujecin
al espritu del catolicismo espaol, origen de esta poesa.

Esa asimilacin de las creencias de una poca pasada, necesaria para
comprender rectamente las comedias religiosas anteriores, lo es mucho
ms cuando se trata de las de Caldern, puesto que l ha utilizado esos
elementos, extraos para nosotros, de la vida religiosa de su tiempo,
poetizndolos de la manera ms elevada, y no apareciendo ya  nuestra
vista con esa desnudez, que con frecuencia nos molestaba en las obras de
sus antecesores; pero justamente, bajo otro aspecto, la forma ms
perfecta y artstica, que reciben, y la ms clara exposicin de los
motivos, que le sirven de fundamento, contribuyen,  su vez,  que el
espritu, que anima al conjunto, y  que las opiniones peculiares de los
espaoles del siglo XVII, acerca de la religin, se manifiesten con
mayor transparencia y exactitud. Caldern, en sus ideas generales
religiosas, era el hombre de su pueblo y de su tiempo, y seguramente
puede ser calificado en rigor de legtimo representante de la forma
original y admirable, que adopt en Espaa la fe catlica. Ese mismo
mundo maravilloso, creacin de la ardiente fantasa de los pueblos
meridionales, se nos ofrece en sus obras, como se ostenta tambin, bajo
otro aspecto, y con colores tan brillantes, en los cuadros de Murillo;
nos encontramos en una regin de ensueos y de encantos, entre visiones,
xtasis y arrebatos ascticos, en una palabra, en medio de esas
apariencias excntricas de la religin, de que se reviste el fanatismo
en su aspecto ms repugnante en los autos de fe; llevado, por otra
parte,  la sublimidad en las poesas de San Juan de la Cruz (admirables
por su profundidad y su alcance, rivales de las de los cantores sagrados
del Antiguo Testamento), hasta el extremo ms brillante, que poda
inspirar en raras ocasiones la devocin y el amor divino. Tambin en
Caldern se observa este claro-oscuro, porque si bien, por un lado, las
tendencias de _La devocin de la Cruz_ y de _El purgatorio de San
Patricio_, indujeron  exclamar al estimable, aunque algo parsimonioso,
Sismondi, que Caldern era el poeta de la Inquisicin, al examinar, por
otro, algunos dramas suyos de la misma clase, como _El Prncipe
constante_ y _Crisanto y Dara_, podrn apellidarlo cndido y santo, y
aadir que, sin padecer injuria alguna del tiempo transcurrido, ha
compendiado en s las flores ms bellas de la civilizacin ms elevada y
ms tierna, evocando de su pursimo corazn el eterno amor de la
religin y del alma humana[82]. Se ha dicho que esta misma fe religiosa
eran la sangre y la vida de Caldern, y que  ella se deben las
emociones ms apasionadas y profundas, que ha sabido evocar en los
nimos. Este aserto es exacto, porque sus composiciones religiosas ms
perfectas respiran esa sagrada uncin, propia slo del sentimiento ms
ntimo y vehemente de lo eterno. Observamos en ellas, que son obra de un
espritu consagrado  Dios, que, iluminado por el brillo radiante de una
sabidura sobrenatural, traspasa con ese sagrado impulso los lmites de
lo finito, penetrando en otro mundo de belleza inmutable, en donde la
religin y la poesa, como la estatua de Memnon saludaba  la aurora con
sus harmoniosos acentos, as tambin anunciaban aqullas la prxima luz
de la eternidad. El poeta, con su corazn elevado y creyente, y con su
amor inmenso, rasga el velo que oculta  los ojos de los mortales el
reino de Dios; brese el cielo, lleno de nubes rosadas, que se mueven en
todas direcciones, y de rostros angelicales resplandecientes, iluminando
al linaje humano esos rayos sagrados, hasta los abismos ms profundos de
lo finito, hasta que todas las miserias de la tierra desaparecen ante el
esplendor del astro del cielo. Ningn poeta ha logrado producir afectos
tan intensos, ni emociones tan vivas, como Caldern lo ha hecho en estas
tragedias religiosas, y nadie, como l, ha desvanecido el error de esa
opinin vulgar de que los tormentos de los mrtires no pueden servir
para desenvolver con ellos una accin trgica. Sus hroes no buscan la
muerte por motivos criminales, sino, al contrario, salen  su encuentro
impulsados por la fe ms pura y por los afectos ms nobles; no
insensibles, cuando esperan y cuando temen, no, sino llevando en su
corazn amor todopoderoso y confianza inmutable en la grandeza de la
Divinidad; y as, entre el tumulto de los dems hombres, que luchan
entre s sin descanso, atraviesan los cementerios, llenos de cadveres,
y los campos de batalla de la tierra; nubes tempestuosas, pesadas y
sombras, vuelan por debajo, y no sin esfuerzo se arranca su alma eterna
de lo finito que le rodea; pero la fe los precede y los ilumina con su
antorcha, y, cobrando fuerzas del poder divino de la religin, apuran
sin murmurar la copa de la amargura; elevndose, en virtud del
sentimiento de su unidad con lo eterno, ven disiparse bajo ellos, como
vanas sombras, los dolores y las alegras mundanales; y ante los rayos
divinos que los iluminan, siempre ms brillantes, abandonan su condicin
mortal, y, llenos de gloria, y coronados de blancas rosas, penetran en
triunfo por las puertas de la muerte, que se abren para dar paso  los
bienaventurados, que los reciben con sus palmas victoriosas.

Si de esta indicacin de una clase de los dramas religiosos de Caldern,
nos fijamos en stos, en general, observaremos que su superioridad,
cuando se comparan con obras anlogas de poetas anteriores, no consiste,
por lo comn, en la mayor pureza y elevacin de sus sentimientos
religiosos, en aquello en que coinciden lo verdaderamente catlico y lo
genuinamente cristiano (porque nuestro poeta desenvuelve con frecuencia
los dogmas ms tenebrosos de su comunin), sino en que lo perfecciona
todo con plstica incomparable; que lo aplica con arte singular  sus
materiales, harmonizndolos entre s, y, valindose de su sentido
profundo y de sus encantos romnticos, reviste  las historias
milagrosas, que ofrece, con la gloria de la visin del San Antonio de
Murillo, distinguindose bajo este aspecto de tal modo, que la
literatura espaola, en toda su extensin, apenas cuenta con alguna que
otra obra que pueda igualarse  las suyas.

Como se nos censurara acaso de parciales por estos poemas religiosos
(si bien sealamos con insistencia, cuando es necesario, sus aislados
defectos y redundancias), copiaremos el juicio formado acerca de ellos
por un crtico competente. En los dramas religiosos de Caldern--dice
el clebre Carlos Rosenkranz,--reina la mayor variedad, y en ellos ha
condensado el poeta sus pasiones y pensamientos ms profundos. Todas las
grandezas del catolicismo toman aqu las formas ms brillantes; se
revisten del mgico color de una fantasa tan inagotable como fecunda, y
respiran los afectos ms dignos y ms nobles. La fe, como la certeza
infalible de Dios, ha desterrado de ellos todos los elementos, cuya
conservacin es superflua, y de aqu que, en estas poesas, se observe
cierto resplandor vaporoso y sorprendente, como si el mundo
desapareciera en otro sobrenatural de dicha y bienandanza.

Las obras de esta clase son:

_El Prncipe constante._--El suceso histrico que se refiere en este
drama, se halla, con arreglo  sus fuentes, en el tomo I, _Histoire du
Portugal_, Pars, 1735, por De la Clede, y en el breve y excelente
escrito, titulado _Vida del Prncipe constante_, tomada de la crnica de
su secretario Joan Alvarez, y de otros datos: Berln, 1827[83]. La
lectura de estas obras demuestra que Caldern, en lo ms esencial, ha
respetado esta historia en su poesa, aadindole slo algo conforme en
todo  la ndole del conjunto.

Vamos, pues, si podemos,  exponer de una manera compendiosa su
argumento. El Infante portugus Don Fernando, gran maestre de la orden
de Avis, desembarca, con su hermano Enrique y un ejrcito, en las
costas de Africa. Una profeca, de que esta expedicin ser desgraciada
para Portugal, y otros presagios funestos, han infundido en los soldados
inquietud, temor y tristeza; pero Don Fernando manifiesta al punto la
grandeza de su alma y su confianza en Dios, disponiendo sus huestes para
pelear contra los infieles, y haciendo prisionero  Muley, general
enemigo. En su comportamiento con el prisionero, cuyo caballo ha cado
muerto, da  conocer la delicadeza de sus sentimientos, y su espritu
verdaderamente caballeresco, llevndolo en su misma cabalgadura. Muley,
animado con su conducta, le abre su corazn y le cuenta que ama  la
hija del rey de Marruecos,  la bella Fnix, y que teme que sta,
durante su cautiverio, sea obligada por su padre  dar su mano  otro.
Don Fernando, al oirlo, le concede al punto la libertad, y Muley se
aleja de su lado lleno de alegra, y dando las gracias  su generoso
adversario; escena sublime, propia de aquella caballera romntica de
las guerras civiles de Granada, y hasta en sus palabras se nota cierto
colorido semejante al de los romances moriscos. Los infieles se acercan
entonces con fuerzas ms numerosas, y el ejrcito cristiano es vencido
por completo. Don Fernando, despus de haber peleado con valor, se
rinde y es llevado  Fez en rehenes, declarando el Monarca mahometano
que slo podr rescatarlo la entrega de Ceuta, con cuyo objeto enva Don
Enrique  Portugal para negociarla. Don Fernando replica en seguida que
no consiente en ser rescatado  este precio, y encarga  su hermano con
insistencia, al despedirse de l, que nunca olvide sus deberes de
cristiano. Entonces comienza la serie de pruebas, que ha de sufrir el
cautivo, aunque al principio lo trate el Rey con atencin. Muley, por el
agradecimiento que le debe, y cuyo amor  la princesa Fnix est
enlazado con el argumento del drama, hace cuanto puede para libertarlo,
pero no lo consigue. Al fin llega la noticia que el rey Eduardo de
Portugal ha dispuesto en su lecho de muerte que Ceuta sea entregada al
punto, para rescatar al Infante del cautiverio. Don Enrique viene con
los poderes necesarios para cumplir la voluntad del soberano; pero Don
Fernando, en vez de sentir alegra por su libertad, declara en un fogoso
discurso, de la ms sublime inspiracin, que prefiere morir en su
ignominioso cautiverio  sufrir que pase  poder de los infieles una
ciudad cristiana. El magnnimo Prncipe hace pedazos los poderes, y el
rey de Fez extrema sus rigores disponiendo que Don Fernando lleve
pesadas cadenas, y que, como los dems esclavos ms viles, ejecute los
trabajos ms penosos. La grandeza de alma del mrtir, que, sin murmurar,
sufre los dolores ms intolerables, resplandece despus en todo su
brillo. De belleza incomparable es la escena, en que, trabajando como
esclavo en los jardines reales, ofrece flores  la princesa Fnix, y
ambos, en un dilogo lleno de tierno entusiasmo, y bajo el smbolo de
las estrellas y de las flores, comparan lo infinito con lo transitorio
del mundo real; una escena, que, como dice J. Schulze, nos arrebata de
la tierra, entrelazando todo lo mundano en una corona fnebre, y
llevndonos del vasto cementerio de nuestro planeta, abundante en
sepulcros,  la patria eterna de las almas. El Prncipe sucumbe al fin
 tantos dolores y sufrimientos, acumulados en su persona; lo vemos en
el peldao ms bajo de la humillacin; la majestad y hasta la grandeza
de su alma parecen extinguirse, y, sin embargo, dura su constancia. El
poeta, al describir la miseria de Fernando, no evita lo repugnante y lo
horrible, sino que, al contrario, al trazar con tan vivos colores la
imagen de la grandeza cada, ostenta en todo su esplendor el arte
verdadero. El Rey pasa por el camino, en que est Fernando, pidiendo
limosna  los transeuntes. El mismo tirano no puede menos de
compadecerle, considerando el estado en que se halla la vctima de sus
rigores, cuando hasta el Infante parece haber olvidado su regia
alcurnia, y no oye  quien lo llama. De repente brilla de nuevo el alma
del Prncipe en toda su pureza y sublimidad; su espritu casi se ha
despojado de los lazos mortales, que lo encadenan, y la muerte le hace
prorrumpir en palabras de una energa indescriptible, como si viniesen
del imperio de lo eterno, y anunciasen la verdad, tambin inmutable.
Cmo es posible--dice J. Schulze--encontrar palabras bastante
expresivas, para alabar como se merece al poeta, que ha sabido hacer
brillar el espritu divino de su hroe, ofrecindolo en toda su
desnudez, desde el abismo del oprobio y de la humillacin ms completa,
de tal manera, que el astro de este hombre celestial aparezca ms
esplendente en medio de la noche ms obscura? Esta escena es de las ms
sublimes, que ha creado hasta ahora la poesa, demostrando lo que nunca
se ha representado en esa forma: la grandeza espiritual y moral
reduciendo  polvo, por su superioridad,  todo lo terrestre, y
manifestando y descubriendo lo divino en la suprema elevacin del alma
humana.

Despus que vemos  Fernando con toda la majestad de un caballero,
consagrado  Dios, siente que sus fuerzas terrestres le abandonan; ya
no puede acercar  sus labios el pan que le ofrece uno de sus compaeros
de sufrimiento, y se lo llevan para enterrarlo con el traje de su orden,
con arreglo  sus deseos. Cuando llega un ejrcito portugus ante los
muros de Fez para libertarlo, ha dejado ya triunfante todos los vnculos
terrenales. Se han borrado los lmites de lo finito, pero permanece
inmutable lo eterno. Fernando, ya lleno de gloria, abandona su sepulcro,
se aparece  los soldados de la Cruz con una antorcha en la mano, y los
gua  la victoria. Jams se ha presentado en la escena una aparicin de
efecto tan portentoso, y este magnfico desenlace reviste  toda esa
admirable tragedia de una aureola divina, como lo ms sublime que ha
producido jams la poesa cristiana. Si hay alguna obra digna de ser
guardada en el santuario ms recndito del arte, es, sin duda, _El
Prncipe constante_, porque el poeta ha prodigado en ella todos sus
encantos hasta un extremo inconcebible, empeando todas sus fuerzas en
componer una obra maestra de perfeccin sin igual y superior  las
facultades humanas; la devocin y la fe, como el sonido solemne del
rgano, llenan su conjunto y parecen imprimirle su carcter divino,
celebrando lo terrestre y su transfiguracin ms elevada, y convirtiendo
los dolores y las lgrimas, himno que pronuncian los labios del mrtir
moribundo, en cntico de adoracin y de jbilo[84]. Tales son las
palabras que nos sugiere nuestro sentimiento, excitado por la obra ms
eminente de uno de los ms grandes poetas de todos los tiempos,
costndonos no poco esfuerzo recobrar de nuevo la tranquilidad de
espritu necesaria para analizar y criticar las dems creaciones suyas.

_El Josef de las mujeres_[85].--Este drama notabilsimo se distingue por
la energa de su concepcin y por la plenitud de la vida de su
pensamiento, no menos que por la perfeccin de su estructura externa,
calculada para hacer en el teatro el mayor efecto. En la escena primera
vemos  Eugenia, maestra de filosofa en Alejandra, reflexionando en su
estudio sobre las palabras de la epstola de San Pablo: _Nihil est
idolum in mundo, quia nullus Deus est nisi unus._ La docta pagana no
puede comprender la significacin de esas palabras, y vacila entre su
adhesin  la creencia heredada de sus padres, y el impulso misterioso
de su corazn, que la induce  desear otra ms profunda y verdadera.
Presntansele dos apariciones: una la del anciano Eleno, que profesa el
cristianismo, y que intenta atraerla  la nueva religin, y la otra la
del Demonio, que se propone engaarla. Un ruido que se oye detrs de la
escena, ahuyenta  las dos sombras: llega Filipo, el padre de Eugenia;
nota que su hija tiene un libro cristiano ante los ojos, y se llena de
clera, porque es celoso perseguidor de la nueva secta. Poco despus
viene tambin el joven Aurelio, amante de Eugenia, y que se ha separado
hace poco de una expedicin emprendida para extirpar el cristianismo,
con la esperanza de congraciarse el favor del padre de su amada.
Eugenia, absorbida por completo en las reflexiones que han hecho nacer
en ella los dos espectros, ni hace mucho caso de la clera de su padre,
ni presta grande atencin  las pretensiones de su amante. No mucho
despus, se juntan en la casa de Filipo cierto nmero de mancebos y
doncellas para una fiesta y una especie de academia potica en honor del
prncipe Cesarino, hijo del Emperador. Tambin ste aspira al amor de
Eugenia, suscitndose entre l y su rival Aurelio un desafo, en que
este ltimo sucumbe. Apenas cae el muerto, se presenta el Demonio y se
lleva el cadver; pero de tal suerte, que se levanta de nuevo con vida,
creyendo corromper ms fcilmente  Eugenia y conquistar su alma.

En el acto segundo, Eugenia, obediente  las sugestiones de su
conciencia, se nos ofrece en los desiertos de la Tebaida para instruirse
en el cristianismo, oyendo  sus antiguos solitarios; Aurelio,  ms
bien el Demonio bajo su forma, la sigue y se empea primero en
pervertirla con lisonjas, y despus empleando la fuerza; pero Eleno,
dotado de poder maravilloso, se la arrebata, y se la lleva por los
aires. Las escenas inmediatas nos la presentan ya del todo cristiana y
en traje de ermitaa; Filipo se acerca con un ejrcito, organizado para
la extirpacin del cristianismo, y prende, entre otros proslitos de
este culto, tan odiado por l,  su misma hija, y, sin conocerla, se la
lleva cautiva. En esta prisin se ve obligada  sufrir las pruebas ms
duras; pero las soporta con paciencia, y resiste con tal firmeza  todas
las tentaciones con que, para seducirla, la rodea el Demonio, que
obtiene el nombre de Josef de las mujeres. Nadie imagina que es Eugenia,
 quien se cree muerta  causa de su desaparicin repentina, y  la
cual, por orden del prncipe Cesarino, ha de levantarse un templo como 
una divinidad. El Demonio es tambin el forjador de estos planes,
esperando que la vctima elegida por l, pero firme siempre en su
propsito, sucumbir al cabo al doble empuje de la vergenza, por una
parte, y de la vanidad, por otra. Pero justamente el momento de su
esperado triunfo lo es el de su humillacin y su derrota. Preprase la
fiesta; acude la muchedumbre al templo, y se presenta la estatua de la
presunta muerta; pero entonces se descubre Eugenia, no para recibir la
adoracin, que se tributa  su imagen, sino para confesar pblicamente,
aunque con humildad, su fe en el Salvador; no para disfrutar de las
grandezas terrenales, que Cesarino le ofrece en sus brazos, sino para
sufrir el martirio. El altar pagano se derrumba al hacer su confesin;
el Demonio abandona el cuerpo de Aurelio, que cae de nuevo en tierra sin
vida, y los sayones de Filipo, enfurecido, as como los de Cesarino,
furioso al ver que desprecian su amor, se apoderan de Eugenia y de los
dems cristianos para llevarlos al suplicio, y vindose,  su desenlace,
en la gloria  estos nuevos santos.

_El mgico prodigioso_[86].--Esta es una de las obras ms sublimes de
Caldern, y una de las ms magistrales, creadas hasta aqu por la
poesa. Cipriano, dudando de la naturaleza de la Divinidad, y, no libre
de las tinieblas del paganismo, en su ignorancia, lleno de sospechas y
presentimientos, busca la verdadera fe. Para apartarlo del camino de su
salvacin, se le presenta Satans en figura de un caballero,  intenta
disipar sus dudas acerca de la verdad de las creencias gentlicas. El
seductor cede  los razonamientos victoriosos de Cipriano, y forma
entonces el plan de pervertir  su adversario por medio de goces
sensuales. Justina, hija de una mrtir cristiana, es elegida para este
objeto, y para ser tambin la segunda vctima del infernal corruptor. El
plan se pone al punto en ejecucin. Floro y Lelio, dos jvenes
enamorados ciegamente de Justina, pero no correspondidos por ella,
invocan la mediacin de Cipriano. Este accede  sus ruegos, pero siente
en seguida una pasin furiosa por la bella cristiana. Mientras que los
dos amigos esperan delante de la casa de Justina la respuesta decisiva
que ha de traerles, se descuelga del balcn de la casa el Demonio para
manchar la reputacin de Justina, y, en efecto, lo consigue, en cuanto
Floro y Lelio conciben sospechas de su conducta, y renuncian  ella.
Cipriano, rechazado por la cristiana, se refugia lleno de desesperacin
en un lugar desierto  la orilla del mar; los elementos se desencadenan,
como lo estn tambin los afectos en su corazn; ve un buque en el mar
alborotado, que se hace pedazos contra un peasco, y un hombre que se
salva nadando hasta alcanzar la ribera. Es el mismo Demonio bajo otra
forma. Este, valindose de imgenes, traza la historia de su rebelin
contra Dios y de su cada; insina con astucia cun grande es su poder
en la naturaleza, y de este modo se propone atraer  sus redes 
Cipriano, ansioso de satisfacer su pasin. Sigue  esto la venta de su
alma con sangre, y, en su consecuencia, la promesa de poseer seguramente
 Justina. Pero el Demonio sabe que sus artes son intiles ante una
voluntad enrgica, y comienza en seguida  pervertir  Justina; de lo
profundo del infierno evoca la muchedumbre de sus lascivos servidores
para perderla con visiones lbricas; pero  pesar de lo voluptuoso de
los cnticos de aquellas voces areas para corromperla, no consigue su
objeto, y Satans deja el campo avergonzado. Cipriano ensaya entonces
sus artes mgicas, recientemente aprendidas; presntasele una figura con
las facciones de Justina, pero el poder del Demonio slo alcanza 
enviarle su imagen aparente; corre detrs de la fantasma, le arranca el
velo que la cubre, y encuentra el esqueleto de un muerto que le anuncia
lo transitorio de todas las cosas terrestres. Horrorizado y confuso,
conoce entonces que en su ansia de placeres mundanos slo le espera al
fin la muerte, y declara  Satans que el trato hecho con l es nulo, no
habiendo cumplido lo pactado. El Demonio le confiesa trmulo que Justina
se halla bajo la guarda de un poder superior al suyo, y  las preguntas
 instancias de Cipriano, se ve forzado  responder que este Sr
superior es el Dios de los cristianos. En su angustia invoca entonces
Cipriano  este Dios, y su invocacin desvanece el encanto en que
Satans lo ha envuelto. Satans abandona el campo, y Cipriano se refugia
al punto en una montaa para recibir el Bautismo de un ermitao
cristiano; despus, ansiando sufrir el martirio, se presenta en
Antioqua como confesor de las verdades cristianas, y es condenado 
muerte. Justina ha sido ya encarcelada por igual motivo. Ambos se
encuentran en el camino del suplicio; asegrale ella, en un discurso
inspirado, que, con l, su muerte y su martirio, anula su pacto anterior
con el Demonio, alcanzando la gracia infinita de Dios, y as se dirigen
juntos al cadalso para sacrificar su vida por la verdad infinita.
Satans, cabalgando en una serpiente, se presenta, despus de ser
decapitados ambos, en el sangriento lugar del suplicio, y anuncia que,
vencido por un poder ms fuerte que el suyo, ha sido derrotado en la
lucha, salvndose Justina y Cipriano[87].

_Los dos amantes del cielo._--Es un drama que conmueve nuestras fibras
ms sensibles, como el anterior nos aterra y horroriza. La dulzura
sobrenatural y la pureza de sentimiento, prodigados en este drama, nos
revelan con los colores ms bellos la piedad del noble poeta. La leyenda
de Crisanto y Dara es contada por _Surius de prob. Sanctorum
Historiis_, tomo V, pg. 948: ed. Colon., 1578. Puede verse tambin 
_Gregorius Turonensis, gloria beatorum martyrum_, cap. 38, y _Les vies
de Saints_, tomo VII, pg. 385: Pars, 1739. Lo ms substancial de la
tradicin es lo siguiente: Crisanto, hijo del senador romano Polemio, se
dedica con aficin  los estudios filosficos; los Evangelios llegan
casualmente  sus manos, y su lectura le hace tal impresin, que cae en
profunda melancola. Para resolver las dudas que le asedian, recurre al
presbtero cristiano Carpforo, que lo instruye en la nueva doctrina, lo
bautiza, y despus Crisanto se hace pblicamente cristiano. El padre,
celoso sectario de los antiguos dioses, lo pone vanamente en prisin;
luego, por consejo de un amigo, emplea con el converso otros medios.
Preprase una magnfica fiesta,  la que acude Crisanto en compaa de
frvolas doncellas; pero el mancebo, inspirado por Dios, alcanza con sus
fervientes oraciones que sus seductoras se queden profundamente
dormidas. Por ltimo, hacen venir  una casta sacerdotisa de Minerva,
llamada Dara,  la cual atrae Crisanto al cristianismo, presentndose
pblicamente como si estuviesen casados, pero viviendo ambos en completa
abstinencia de los goces conyugales. Los esfuerzos de ambos en difundir
la nueva religin, despiertan las sospechas de los paganos. El tribuno
Claudio lleva  Crisanto  un templo de Hrcules para ofrecerle
sacrificios. El cristiano lo rehusa, siendo condenado por su negativa 
sufrir los ms horribles martirios; pero su cuerpo, por obra milagrosa,
resiste inclume  todos los tormentos,  impresiona de tal modo 
Claudio y  los soldados, que todos reciben el Bautismo. El Emperador
interviene entonces tambin en este asunto; Crisanto es encerrado en la
crcel, y Dara en un lupanar; presntase un len para socorrerla y
defenderla de sus corruptores, y, por ltimo, el pretor ordena que los
dos amantes sean llevados  un pozo, situado fuera de la ciudad, y que
lo colmen con tierras y piedras. En cuanto al arte incomparable de que
el poeta hace gala en la dramatizacin de esta leyenda, slo hay una voz
unnime. Su drama es de lo ms perfecto de este gnero que se ha escrito
hasta hoy.

_El purgatorio de San Patricio_[88].--Pertenece  las obras de la edad
juvenil de Caldern, y, as en la prodigalidad de sus galas como en su
estilo ostentoso, lleva las trazas de su precoz nacimiento. Sin duda
este drama merece algunas censuras sensatas, porque no slo lleva
impreso el sello de la fe monstruosa, que dominaba en su tiempo,
ofreciendo tambin algunos flacos  la crtica, que se ajusta en su
juicio  la moral, sino tambin contiene algunas faltas por lo que
respecta  la composicin; y, sin embargo, aun cuando nos cause
extraeza su pensamiento fundamental; aun cuando haya algo, en su
desempeo, que choque con nuestras ideas artsticas, as en su conjunto
como en muchos de sus detalles, revela tanto talento y tanto genio en el
autor, que no podemos menos de admirarlo. Los dos protagonistas del
drama, San Patricio y Ludovico Ennio, naufragan en las costas de
Irlanda; San Patricio salva  Ludovico, y, nadando con l, arriba  la
tierra, en donde se encuentra tambin Egerio, rey de Irlanda, con su
squito. Los dos nufragos cuentan la historia de su vida en dos largos
discursos, de los que Caldern usa con preferencia al principio de sus
comedias. San Patricio refiere, que es hijo de un caballero irlands y
de una seora francesa, y que sus padres, poco despus de su nacimiento,
se han retirado  un monasterio; que l mismo, educado piadosamente,
disfruta desde sus primeros aos del don de hacer milagros, y que,
cautivo poco antes por piratas, se ha libertado de ellos con la ayuda
del cielo, que lo ha socorrido promoviendo la tempestad, causa del
naufragio del buque. En cuanto  Ludovico,  quien ha salvado, dice:

      Porque no s qu secreto
    Tras l me arrebata y lleva,
    Que pienso que ha de pagarme
    Con grande logro esta deuda.

El discurso siguiente de Ludovico, empleando colores muy vivos, nos
traza ese hecho, no contrario  la naturaleza, pero que, sin embargo,
nos extraa,  pesar de su conformidad con las ideas catlicas, entonces
reinantes en Espaa, y cuyo fundamento es la existencia de un criminal,
que persiste, con plena conciencia de lo que hace, en perpetrar los
mayores delitos, y firme, en el fondo de su alma, en la fe de la
Iglesia. Ludovico enumera la larga serie de los desafueros que ha
cometido, calificando como ms grave el de haber seducido  una monja,
haberla robado y casdose con ella; haberla llevado  Valencia,
malgastando all toda su fortuna,  intentado despus prostituirla para
lucrarse de su deshonra; pero que ella se opuso, y volvi otra vez  su
convento. Despus de referir otras muchas aventuras, declara que haba
cado en manos de piratas, libertndose de ellos por la intercesin de
San Patricio. El Rey pagano perdona  Ludovico, en atencin  sus
maldades, el crimen de ser cristiano, pero deja caer todo el peso de su
clera en San Patricio. En el desarrollo de la accin acumula Ludovico
crmenes sobre crmenes, pero asegura por su fe la proteccin, cada vez
ms decidida, de San Patricio; seduce  Polonia, la hija del Rey; hace
la guerra al general Filipo, cae prisionero y es condenado  muerte,
debiendo su salvacin  Polonia. Los dos huyen juntos, pero Ludovico no
la ha querido nunca sinceramente y determina matar  su libertadora,
porque, al parecer, le estorba en su huda; en efecto, ejecuta su
propsito en un bosque sombro, por donde pasa un camino, y recorre
luego el mundo en compaa de un campesino que se le agrega. San
Patricio, mientras tanto, resucita  Polonia; Egerio, admirado de este
prodigio, pide  su autor que le haga ver el Purgatorio; San Patricio
accede  este deseo, y se lleva al Rey  una caverna, desde la cual se
ve al Purgatorio en lo hondo, y lo precipita desde aqu en el Infierno,
cuyo suceso produce la conversin de la corte y la de toda Irlanda. Al
principio del acto tercero se nos ofrece Ludovico, que regresa  Irlanda
despus de viajar largo tiempo por toda Europa, no guindole otro
propsito que matar al general Filipo, en quien no ha podido saciar su
sed de venganza. En la noche, en que espera  su enemigo, se le aparece
un caballero disfrazado, y lo provoca  la pelea. Ludovico la comienza,
pero sus golpes slo hieren al aire. Descbrese entonces el caballero,
que es un esqueleto, y le dice:

    ...No te conoces?
    Este es tu retrato propio.
    Yo soy Ludovico Eneo. (_Desaparece._)

El pecador se convierte en virtud de esta aparicin; cae al suelo sin
sentido, exclamando despus:

    Qu ser satisfaccin
    De mi vida?

    MSICA. (_Dentro._)

                El Purgatorio!

Se encamina entonces, para buscar el Purgatorio, al lugar en donde
subsiste aquella caverna,  donde llev al Rey San Patricio; encuentra
all  Polonia de ermitaa; le indica la direccin que ha de tomar;
llega  la caverna, y, al cabo de algunos das, sale de ella santificado
y transfigurado. Una larga oracin, en la cual refiere las maravillas,
que ha presenciado en el Purgatorio de San Patricio, termina esta obra
dramtica[89].

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO VII.

     _Las cadenas del demonio._--_La exaltacin de la Cruz._--_La
     devocin de la Cruz._--_Origen, prdida y restauracin de la Virgen
     del Sagrario._--_La cisma de Ingalaterra._--_La aurora en
     Copacavana._--_El gran prncipe de Fez._--_San Francisco de
     Borja._--_La sibila del Oriente._--_La estatua de Prometeo._--_La
     vida es sueo._


_Las cadenas del demonio._--Comienza con una escena semejante  la que
se halla tambin al principio en _La vida es sueo_. Irene, hija del rey
de Armenia, est presa desde su nacimiento en una crcel obscura, por
haber profetizado un astrlogo que su libertad acarreara  su pas todo
linaje de males. Invoca, desesperada, la ayuda del Demonio, y consigue
de l, vendindole su alma, que la saque de la crcel. Las exhortaciones
del apstol San Bartolom, que llega all poco despus y convierte al
cristianismo  parte de sus habitantes, hacen en ella tal impresin,
que, conociendo su pecado, se aflige primero sobremanera, y pierde
despus el juicio. La descripcin de su locura es, sin disputa, de lo
ms magistral y potico que se ha escrito; finalmente, libre ya su alma
del delirio que la embargaba, confiesa  Jesucristo y consigue del
apstol, que, al final del drama, recibe el martirio, la anulacin de su
pacto con el Diablo[90].

_La exaltacin de la Cruz_[91].--Este drama extraordinario trata de la
conquista de la Santa Cruz del rey persa Cosroes, y de su instalacin en
el templo de Jerusaln; pero el objeto del poeta fu personificar
simblicamente en _La exaltacin de la Cruz_ la del cristianismo. La
leyenda de San Anastasio (_Acta sanctorum Bolandi_, Januar, tomo II,
pg. 422: Antuerp., 1643), est enlazada hbilmente con la accin
principal. Este santo, mago y encantador al principio, muestra  los
hijos de Cosroes,  sus ruegos, en un espejo negro, la entrada de su
padre en Jerusaln; pero, al ver la cruz, su arte es impotente, y le
sugiere sus primeras dudas acerca de la verdad de su religin. Cosroes
vuelve triunfante  su capital; planta la cruz robada del Salvador en el
templo de Jpiter, y entrega, como esclavo,  Zacaras, patriarca
cautivo de Jerusaln, en manos de Anastasio, para que ste le haga
apostatar de su fe. El emperador Heraclio, mientras tanto, sabe, por
conducto de Clodomira, reina fugitiva de Gaza, que se le presenta
suplicante, que Jerusaln ha sido tomada y que se ha arrancado de ella
la Santa Cruz; y, si bien hasta entonces haba sentido por su futura
esposa ardiente amor mundano, lo borra de su corazn y dirige slo su
pensamiento  la noble empresa de recuperar el smbolo del cristianismo.
Clodomira, armada tambin, forma parte de la expedicin contra Persia.
No fcilmente, sin embargo, concede el Seor la victoria  sus
adoradores: agurdanles pruebas y tormentos diversos; derrtanlos los
persas, y se ven  punto de sucumbir en una regin montaosa y desierta;
pero perseveran en su fe y en su esperanza, y al cabo el cielo tambin
les ayuda, los ngeles esgrimen sus espadas de fuego, y dispersan los
escuadrones enemigos que los cercaban. Mientras suceden estas cosas,
estalla la desunin en la familia real de Persia,  la cual han llevado
cautiva  Clodomira; un hijo de Cosroes, gravemente ofendido por su
padre, se acoge  Heraclio con Clodomira, y con su ayuda se apodera de
la capital de Persia y recupera la Santa Cruz. Anastasio, convertido al
cristianismo por su esclavo Zacaras, y despus de sufrir de Cosroes
todo linaje de oprobios y torturas  causa de su nueva religin, que
confiesa pblicamente, es puesto en libertad, ocupando de nuevo Zacaras
su silla episcopal en Jerusaln. A la conclusin del drama se nos ofrece
un contraste con la primera escena: as como Anastasio hace all ver, en
virtud de sus artes mgicas, el robo de la cruz  los prncipes de
Persia, as aqu le muestran los ngeles  Heraclio con cilicio y corona
de espinas en la cabeza, llevando en sus hombros el sagrado madero al
templo de Jerusaln, y plantndolo en el altar.

_La devocin de la Cruz._--Esta obra tiene igual valor, ya se la
considere como la expresin del espritu de tiempos pasados,  por su
mrito potico. La idea imaginaria, que le sirve de fundamento, se
desenvuelve en rasgos grandiosos; pero el sentimiento religioso del
poeta, en otros dramas suyos tan pura y genuinamente cristiano, aparece
en ste extraviado singularmente por la supersticin y el fanatismo. La
creencia, de que un hombre puede cometer crmenes de toda especie, y
salvarse, sin embargo, por su adhesin  la fe catlica y al smbolo de
su Divino Fundador, se expone en este drama de la manera ms
inconveniente; porque envuelta por completo la significacin literal del
argumento en una forma simblica, obliga al poeta  intercalar una idea,
en que seguramente no ha pensado. Una mujer casada, despus de sufrir de
su esposo malos y groseros tratamientos, se ve acometida de los dolores
del parto en el desierto, al pie de una cruz, invocando el auxilio de
esa misma cruz en hora tan angustiosa para ella. Los gemelos, que da 
luz, llevan impreso en el pecho el signo de la gracia, bajo la forma de
una cruz roja. El padre hace criar  Julia, la hija, en su casa; pero el
hijo crece y se educa en el extranjero, desconocido de su padre, y
despus se enamora de Julia, ignorando que sea su hermana. Otro hermano
de Julia provoca al seductor, y muere en la pelea. Julia es encerrada
en un convento por su padre, y el hijo de ste entra en una banda de
ladrones, y comete crmenes sobre crmenes. Su antiguo amor no le
abandona, y forma el proyecto de robar  Julia del convento; pero cuando
ella se inclina  acceder  sus deseos, retrocede l, temblando, al
observar en su pecho el signo de la cruz. Julia, entonces, arrastrada de
una pasin sensual y censurable, se escapa del convento y sale en su
persecucin. El milagro que la cruz hace en los dos, que la llevan,
forma entonces el verdadero ncleo del drama: la vida de los dos
elegidos, no obstante sus pecados y desdichas, es slo para ambos la
senda obscura, que conduce al sol resplandeciente de la salvacin
eterna, que, desde la cuna, ha brillado para ellos; en vano influencias
malficas los arrebatan al abismo de su perdicin, porque permanecen
fieles  la cruz, y este signo de la verdad y de la gloria los arranca
del pecado y de la muerte. Pntalo as el poeta con el vuelo poderoso de
su fantasa; pero,  pesar de todo su talento, no es posible que la
imaginacin, por lo menos la de los que ahora vivimos, se vea libre de
extraeza, al considerar que, aquel signo externo, no se presenta slo
como smbolo, sino como instrumento salvador de la gracia divina, aunque
las almas de los glorificados persistan en la culpa con conocimiento
clarsimo de lo que hacen. Mientras el hijo y la hija se entregan  todo
linaje de excesos y maldades, el padre ataca  los ladrones y el hijo
muere en la batalla; y al invocar el auxilio de la cruz se presenta un
piadoso obispo que lo confiesa, requisito indispensable y conocido, con
arreglo  las creencias catlicas, para alcanzar la bienaventuranza.
Julia, perseguida tambin y viendo lo inevitable de su muerte, se abraza
 una cruz y sale con ella volando por los aires, dejando burlados  sus
perseguidores[92].

_Del origen, prdida y restauracin de la Virgen del Sagrario_[93].--La
accin se divide en tres partes, distribudas cada una en diversos
siglos: la primera, en el VII, en el reinado de Recesvinto, rey de los
visigodos; la segunda, en el VIII, cuando la conquista de Espaa por
Tarik; y la tercera, en el XI, cuando fu recuperada Toledo. El centro 
foco de la accin lo constituye la milagrosa imagen de la Virgen en su
nacimiento, decadencia y restauracin, dependiendo la unidad del
argumento de este centro, al que se refieren todas las dems escenas.

_La cisma de Ingalaterra_[94].--El plan de esta tragedia coincide en
muchos puntos con la de _Enrique VIII_, de Shakespeare. Comprndese, sin
embargo, que las diferencias entre ambas han de ser radicales. Si el
drama ingls se propone la alabanza de Isabel, en el espaol predomina
claramente la tendencia de acumular sobre la cabeza de la Reina hereje
todas las manchas de su nacimiento ilegtimo. La desdichada Ana Bolena,
madre de Isabel, es representada como una mujer voluptuosa y llena de
vicios, y  su lado, con colores tan odiosos, el arrogante cardenal
Wolsey. Por el contrario, la catlica Mara y la princesa espaola
Catalina (esposa repudiada de Enrique VIII), aparecen adornadas con las
ms preclaras virtudes de su sexo. El carcter del Rey, tan dbil como
vano, est pintado magistralmente, notndose en l cierta buena semilla,
que vive siempre, pero que no llega  germinar nunca. Bastan estas
indicaciones generales, y pasemos ahora  exponer su argumento con
alguna prolijidad, porque este drama es muy interesante bajo diversos
aspectos[95].

Acto primero. Enrique VIII, dormitando en su gabinete. Delante de l
yace un manuscrito, en que ha trabajado antes, y es el tratado _De
Septem Sacramentis_: divaga, escribe y habla en sueos;  su lado est
la visin de Ana Bolena,  la cual l no ha visto hasta entonces,
borrando con la mano izquierda lo que l escribe con la derecha. Oyense
 lo lejos los pasos del cardenal Wolsey; desaparece la visin y Enrique
despierta, guardando en su pecho la aficin hacia el sr seductor, que
ha desaparecido. Acrcase  l Wolsey, trayendo una carta del papa Len
X, y un libro nuevo de Lutero. El Rey intenta pisotear el escrito de
Lutero, y poner la carta del Papa sobre su cabeza; pero distrado por su
recuerdo de Ana, trueca los frenos, arroja al suelo el escrito del Papa,
y levanta la obra de Lutero. En vano intenta interpretar este mal
presagio valindose de sofismas. Qudase solo el Cardenal, y revela en
un monlogo su insaciable avaricia. Carlos, embajador francs, pide una
audiencia  Enrique; el arrogante Cardenal lo rechaza con orgullo.
Carlos, solo con un amigo, le descubre el obstculo, causa de la
dilacin de su regreso  Francia, que colmara sus deseos, y es su
ardiente amor  Ana Bolena, que estrechamente lo encadena. Esta joven ha
estado antes en Francia: all la ha visto primero Carlos en un baile, la
ha amado y ella se ha entregado  su amor sin reserva. Vienen, por una
parte, la reina Catalina, su hija Mara y su dama Margarita Pool; por
otro, Toms Boleyn, que trae  su hija Ana  la Reina, y se la presenta.
Ana dirige cumplidos lisonjeros  la Princesa, y maldice para s su
posicin inferior, que la obliga  arrodillarse. Catalina le manda
levantar, porque tales testimonios de respeto corresponden slo  Dios;
despus la misma Reina intenta ver  su esposo, pero Wolsey, ante la
puerta del gabinete, se lo niega. Irritada la Reina, le dice que lo
conoce bien y que le consta cun grande es el orgullo de su alma bajo la
hipcrita mscara de la humildad. Wolsey, descubierto, jura tomar una
enrgica venganza de esta afrenta; adems, un astrlogo, maestro suyo,
le ha profetizado que una mujer ser causa de su desgracia: quin podr
serlo sino Catalina? Ana, sola con su padre, oye de sus labios consejos
sensatos para que arregle  ellos su conducta; pero le contesta con
frialdad y menosprecio, porque se avergenza de su nacimiento. Carlos
con Ana. Jranse muchas veces perpetuo amor, y los dos se dan las manos
como para un casamiento secreto. Por una parte, llegan el rey Enrique
con Wolsey, y por otra, Catalina con su squito. Apenas ve el Rey  Ana,
reconoce en ella aquella misma visin que ha barrido sus creencias
catlicas. Arrebatado y confuso se aproxima  ella, enamorndole an ms
sus palabras humildes  hipcritas. El astuto Cardenal observa  su
seor y  Ana. Lee lo que pasa en los corazones de ambos: en el de la
una, un orgullo satnico, y en el del otro, un amor sensual que lo
trastorna, y saborea ya su prxima venganza.

Acto segundo. Enrique, en su gabinete, pensando inconsolable en Ana:
rodanlo slo el Cardenal y el gracioso Pasqun, pero no consiguen
desvanecer la profunda melancola que lo embarga; presntase la Reina
con su squito para tranquilizar  su amado esposo. l la recibe, porque
Ana la acompaa. La msica, el canto y el baile deben disipar su pena.
Wolsey se ve obligado  alejarse por orden de Catalina; cntase una
letra tierna, y la misma Reina le aade una glosa. Enrique slo mira 
Ana, y en vano hiere la msica su odo. Entonces baila Ana, y cae, al
parecer casualmente,  los pies del apasionado Prncipe. Carlos se
anuncia entonces, y es admitido. Pide, en nombre del duque de Orleans, 
la princesa Mara. Enrique aplaza la contestacin. Wolsey solo. Todos
los tormentos del orgullo humillado destrozan su corazn. Despus de la
muerte de Len X, Carlos V ha elevado  la Sede pontificia  su
preceptor Adriano, suprema dignidad eclesistica, en que Wolsey haba
puesto los ojos. No le es dado vengarse del Emperador, pero s de su
ta, la inocente reina Catalina, destinada  ser blanco de sus iras.
Llega entonces Ana: ambos se han conocido mutuamente, y  ambos impulsa
el mismo pensamiento. Jrale ella que slo tendr en cuenta su medro si
la ayuda  subir al trono, condenndose  s misma  morir
ignominiosamente  manos del verdugo, si alguna vez falta  los deberes
que le impone la gratitud. Ana se queda sola; el Rey, arrastrado por su
pasin, pretende  la seductora doncella. Un amor irresistible, segn
ella afirma, la atrae hacia el Rey, y, con palabras lisonjeras y miradas
insinuantes, lo encadena ms y ms, y lo deja as trastornado; entonces
se desliza junto  l Wolsey, y le dice, entre otras cosas:

    No fu tu matrimonio verdadero,
    Ni humana ni divina
    Ley habr que conceda
    Que ser tu esposa pueda
    La reina Catalina,
    Siendo caso tan llano,
    Que fu primero esposa de tu hermano.

Se opone en apariencia, pero su voluntad, ya sin energa, aprueba el
propsito. El Cardenal convoca precipitadamente al Consejo de Estado 
solemne sesin parlamentaria. Sesin del Parlamento. Enrique aparece en
el trono con Catalina, llevando corona y cetro; sintase junto  la
Reina la princesa Mara, y Wolsey est de pie detrs del Rey. Enrique
declara solemnemente que su casamiento con Catalina es nulo, y que su
hija Mara ser la heredera legtima de la corona de Inglaterra. Dice,
al terminar, que la cabeza de cualquiera, que no encuentre bastante
slidas las razones que le asisten para el divorcio, ser separada
inmediatamente del tronco. La Reina le replica en un largo discurso
lleno de amor y abnegacin; ruega  su esposo, que por ninguna razn ni
pretexto ponga en peligro la salvacin de su alma; pero el Rey le vuelve
las espaldas y se aleja lentamente sin replicarla. Carlos, asustado,
lleva precipitadamente esta noticia  la corte de Francia. Wolsey se
venga entonces de las humillaciones que ha sufrido antes de su Reina,
arrancando con sarcasmos  la princesa Mara de los brazos de su madre;
la Reina se dirige entonces  Ana, pidindole su intercesin: pero sta
se vuelve y la deja con mal disimulada alegra, y slo Margarita no
abandona  la desgraciada.

Acto tercero. Ha transcurrido ya largo tiempo, y Ana se ha casado con
Enrique; y, como el Papa no ha consentido en su divorcio, Enrique ha
abjurado de la religin catlica, apoderndose de sus conventos y bienes
temporales. Catalina vive en Londres, en una pobre habitacin. Carlos ha
vuelto de nuevo de Francia  Inglaterra para celebrar sus bodas con su
amada Ana, y la encuentra ya reina; slo una vez quiere verla y
devolverle las prendas de su antiguo amor. Wolsey lo recibe rodeado de
muchos soldados miserables y estropeados, que le presentan memoriales;
rechzalos  todos, quedndose solo con la nueva reina Ana, y le suplica
entonces que lo apoye en su pretensin de ocupar la presidencia del
Gobierno, pero ha confiado ya este cargo  su padre sin saberlo el
Cardenal. El prelado la amenaza iracundo devolverla  la nada, de donde
la haba sacado, resolviendo ella resistir con todo su poder y toda su
astucia femenil  las intrigas de sus enemigos. Enrique con Ana. Ensea
 su querida mujer una carta para la divorciada Catalina, llena de vanos
consuelos; Ana se aflige al leerla, con el secreto propsito de
envenenarla. Lamntase luego del orgullo insolente y de las ofensas que
le ha hecho el cardenal Wolsey, y pide, adulndolo, venganza. Falta,
pues, al juramento que antes hizo  su protector, como haba faltado
tambin al de amor eterno que hizo  Carlos. Wolsey se engaa al
interpretar falsamente aquella profeca que se le haba hecho de que
una mujer sera la causa de su runa, creyendo que esta mujer era
Catalina; l mismo ha dado fuerza y valor  su enemiga. Enrique lo
despide ignominiosamente de la corte, y confisca sus bienes y tesoro en
beneficio de los soldados,  quienes trat tan mal. Posesin campestre
de la reina divorciada Catalina. Resignada y triste se pasea con
Margarita por un campo solitario, entre flores silvestres. Acrcase 
ella Wolsey, fugitivo, sediento y muerto de hambre, y le pide una
limosna. La Reina se haba tapado el rostro para no avergonzarlo, y le
entrega sus ltimas joyas; entonces se descubre  sus ruegos, y l,
desesperado, le da las gracias. Llegan entonces servidores del Rey; l
cree que lo persiguen, y, ciego de ira, se arroja desde lo alto de un
peasco, y se mata. Los criados del Rey son portadores de aquella carta
envenenada, que la Reina recibe, contenta y placentera, de su seor y
esposo. Londres. El palacio real. El Rey, atormentado por sus
remordimientos, acecha oculto  su esposa. Ana ordena  sus damas que se
retiren, y cree estar entonces sola con Carlos. Este devuelve  su
infiel amada las prendas de su antigua pasin, y ella le asegura que
slo  l ama; que la corona de Enrique tiene valor  sus ojos; la
persona del Rey, no. Carlos tira al suelo las tiernas cartas de la
Reina, y se aleja lleno de indignacin y de desprecio. Cae entonces la
venda que lo cegaba; se apodera de una carta, y ve confirmadas sus
sospechas. Manda que Ana sea presa por su mismo padre; ha sacrificado
todo  su amor, aun oponindose  sus mejores inclinaciones, y se
encuentra ahora vendido evidentemente. A quin ha de dirigirse en este
trance, sino  su esposa Catalina? Intenta reconciliarse otra vez con
ella, pero se presenta  la sazn su hija Mara, vestida de luto, y le
anuncia la muerte prematura de su paciente madre. Enrique, profundamente
afligido, baja la cabeza y se acusa de su pecado. Para enmendarlo en lo
posible, promete  Mara casarla con Felipe II, rey de Espaa. Convoca
despus el Parlamento, y hace que la reconozcan como heredera del trono.
Sintase, en efecto, bajo el regio solio, yaciendo  sus pies el cadver
de Ana Bolena. Como catlica celosa, no aprueba la libertad de cultos ni
la secularizacin de los bienes eclesisticos. Enrique le aconseja que
disimule hasta ocasin ms oportuna. El pueblo le presta homenaje, y un
capitn termina el drama, pronunciando estas palabras:

    Y aqu acaba la comedia
    Del docto ignorante Enrique,
    Y muerte de Ana Bolena.

_La aurora en Copacavana_[96].--En este drama, cuyo ttulo significa la
salida del sol del cristianismo, en el Per, ha hecho el poeta rico
alarde de su brillante fantasa. Su principio, representando la fiesta
de los indios en el templo del Sol de Copacavana, es magnfico. Los
himnos de los sacerdotes de los dolos son interrumpidos por los
caonazos, que anuncian la llegada de la flota de Pizarro. El aspecto de
los buques y el retumbar de los caones difunden general horror; los
dioses, irritados, reclaman un sacrificio humano, y nada menos que el de
la sacerdotisa Guacolda, amada  un tiempo del Inca y del hroe
Impangu. El Inca, arrastrado por su idolatra, como por una fuerza
irresistible, da su consentimiento al sacrificio; pero Impangu arrebata
 su amada de las manos de sus sanguinarios perseguidores.

El acto segundo nos ofrece  los espaoles, ya desembarcados, peleando
con los indianos. En una de sus escenas ms brillantes aparece el
ejrcito cristiano, encerrado en Cuzco, ciudad conquistada, cuyas casas
de madera han incendiado los indianos para acabar con sus enemigos; pero
la Virgen Mara, invocada por Pizarro, viene en ayuda de sus devotos: se
aparece rodeada de ngeles sobre la ciudad incendiada, y apaga el fuego.
La misma visin se presenta  Impangu, que capitanea los indianos, y le
infunde un sentimiento religioso y devoto, desconocido de l hasta
entonces; y cuando, poco despus, sabe que se ha descubierto el refugio
de su Guacolda, invoca tambin la celestial visin, por cuyo poder l y
su amada se salvan del peligro.

En el acto tercero, todo el Per se ha sometido ya  Espaa, y se ha
convertido al cristianismo, personificndose particularmente en Impangu
esta mudanza del culto del sol en la adoracin del sol verdadero de
nuestra redencin. Lleno de la imagen de la Santa Virgen, slo piensa en
representarla bajo la forma de una estatua, tal cual la contempla su
alma; pero no puede lograrlo con sus toscos instrumentos, y llega  ser
un objeto de burla de sus compatriotas. La Virgen, por ltimo, para
premiar su fe, le enva dos ngeles, que acaban la imagen, y el drama
termina con una fiesta en honor de este milagro.

Este bosquejo de la fbula manifiesta cunta animacin y cunta
exuberancia de vida reina en esta comedia, no siendo menos brillante la
poesa que la exorna. En cuanto  la falta, que se le atribuye, de no
haber en su accin rigoroso  interior encadenamiento, as como otros
defectos, que tambin se le achacan, diremos con Malsburg que, como el
principal objeto de ella es la transformacin del culto del sol en el
cristianismo, el poeta, con mucho juicio, para desvanecer el efecto
desagradable, que pudiera hacer esa conversin violenta de un pueblo
vencido por sus vencedores, supone una especie de cristianismo
embrionario y preexistente entre los peruanos, que se ha desarrollado
con el desembarco de los europeos. Llama la atencin la figura de la
idolatra, porque Caldern emplea muy pocas veces en sus comedias
personajes alegricos; sin embargo, no tiene fundamento alguno la
opinin de Schlegel, de que el poeta tuvo  la vista _La Numancia_, de
Cervantes, porque innumerables comedias de Lope y de otros, sin hablar
de los autos, pudieron servirle de modelo.

_El gran prncipe de Fez_[97].--Un Prncipe moro, reflexionando en un
versculo del Corn, siente en su alma aficin  otras creencias ms
elevadas, aunque no concretas, y abandona  su esposa y su patria para
hacer una peregrinacin  la Meca, y satisfacer su deseo. En su viaje
cae cautivo en manos de cristianos, y confunde entonces el motivo
misterioso de su peregrinacin. Se bautiza, y, por ltimo, predica el
Evangelio entre los paganos. Tambin en este drama aparece una figura
alegrica, la de la religin; debiendo confesarse que esta comedia es de
las ms inferiores, en este gnero, de Caldern.

_San Francisco de Borja._--Este drama, uno de los ms defectuosos de
nuestro poeta, pertenece, segn todas las apariencias,  los ltimos
aos de su vida. El argumento es tan refractario  toda dramatizacin
potica, que hubiera sido difcil  Caldern, hasta en la poca en que
sus facultades poticas se encontraban en toda su fuerza, darle la forma
de un drama perfecto. Sobre la vida de San Francisco de Borja, tan
famoso en Espaa, vase  Tanner, _Societas Jesu_, pg. 121: Prag,
1694.

_La sibila del Oriente._--Para representarse en la fiesta de la Santa
Cruz. Su fundamento es el libro segundo de Samuel, el primero de los
Reyes, los dos libros de la Crnica, y Josephi, _Antiquitates judaic_,
I, libros VII y VIII, cap. 6. El carcter de la reina de Saba se
asemeja al de las sibilas de las leyendas de la Edad Media, encargadas
de anunciar  los gentiles la venida del Salvador. Este drama no se
menciona por Caldern en el catlogo de sus comedias, que hizo en 1680
para el duque de Veragua, deducindose de esta circunstancia, que es uno
de los ltimos, si no el postrero, de todos sus dramas; pero ese
catlogo incluye otras muchas obras, de cuya autenticidad se duda, y no
hay que concederle mayor autoridad de la que tiene, aunque el examen
detenido de esta composicin parezca tambin confirmarlo. El poeta ha
hecho gala de su devocin en esta obra admirable, revistindola de la
solemne poesa del Antiguo Testamento. Si, en general, dice Malsburg,
es la adoracin de un sr ms alto la fuente primera de toda poesa,
ningn otro poeta ha levantado un monumento tan magnfico en loor suyo
como Caldern en su _Sibila del Oriente_, escrita, al parecer, en una
edad avanzada, cuando su alma se ocupaba slo en los portentos
admirables de la religin. Desarrllase aqu, con singular
magnificencia, la tesis de que en el Antiguo Testamento existe la raz
del Nuevo, siendo una de las bellezas ms incomparables de esta comedia
que, as su fbula como sus elementos aislados, tienen siempre
transcendental significacin. Es semejante  una imagen, que encierra
en s profundo misterio; anuncia slo lo ms santo y lo ms oculto, para
que nuestro espritu lo comprenda de este modo, y conozcamos que se
apodera de nosotros, y nos llena por completo. Dotados ya de esa vista
proftica, comprendemos en toda su extensin la sublime empresa de la
redencin humana por el Salvador; y as como vemos levantarse y
perfeccionarse el templo de Salomn, as tambin se eleva en nuestro
espritu la Iglesia de Cristo, sobrecogindonos y arrebatndonos: el
vate es aqu profeta, la poesa una revelacin, y la magia brillante de
que sta se reviste, se trueca luego en humildad y rendimiento al
servicio de Dios, para anunciar esos misterios elevados, que la palabra
no puede expresar. Al sublimar el poeta lo divino, se transfigura l
mismo por su virtud, excedindose  s propio de tal suerte, que ha
dejado  todos en la imposibilidad de aventajarlo.

A los dramas mencionados hasta ahora, que con ms razn merecen
calificarse de religiosos, por predominar en ellos este elemento,
agregaremos otros dos, cuya forma exterior no corresponde, al parecer, 
esta clase; pero que,  causa del pensamiento, tambin religioso, que
los llena, y de su simbolismo, enrgicamente caracterizado, merecen,
sin duda, ser conocidos despus de aqullos. Tales son los siguientes:

_La estatua de Prometeo._--Trabajo profundo del mito de Prometeo, con
arreglo  las ideas cristianas. Prometeo hace una copia de Minerva, de
la razn eterna, y es llevado en alas de la diosa por los espacios
celestes al palacio del dios del sol, robndole un rayo, con cuya ayuda
infunde la vida en la naturaleza; pero la razn, en cuanto nace,
enciende con la luz  la discordia, y, de la urna abierta por ella,
salen y se divulgan el odio y la enemistad, como obscuro humo, entre el
linaje humano; los dos hermanos, Prometeo y Epimeteo, se hacen la guerra
entonces, cuyo azote devasta  la tierra virgen. Finalmente, Apolo se
aplaca por las splicas de Minerva, muda el humo en luz radiante, y
devuelve  nuestro planeta el amor y la reconciliacin.

_La vida es sueo._--Todo lo esencial del plan de esta poesa, quiz la
ms famosa de nuestro dramaturgo, parece ser invencin suya exclusiva.
Slo para la traza externa del argumento, que representa simblicamente
 la vida humana como un sueo, puede haberse fundado en la narracin de
Marco Polo, _De consuetudinibus et conditionibus orientalium regionum_,
lib. II, cap. 28. Ms se parece  este drama el cuento oriental de _Los
durmientes que despiertan_, que, acaso tradicionalmente, hubo de
penetrar pronto en Europa. En las novelas de Occidente aparecen con
repeticiones muchas invenciones anlogas, como, por ejemplo, la jornada
tercera, novela 8. del _Decameron_; _Grazzini_, tomo II, pg. 117 de la
edicin de Londres de 1793. Tal es tambin la fuente de la obra de
Shakespeare, titulada _Taming of the shrew_; una comedia inglesa ms
antigua, impresa en los _Six old plays_, y la _Jeppe paa Bierge_, de
Holberg; pero Caldern ha considerado, bajo su aspecto formal y serio,
el motivo cmico usado en las obras anteriores para representar la idea
de la nada de la vida humana en su duracin transitoria. Si examinamos
esta composicin, atenindonos slo  su forma externa, ha de
clasificarse entre los dramas peculiares del teatro espaol, ya antes de
Caldern, llenos de hechos fantsticos extraos para dar ms vuelo  la
imaginacin, y crear un mundo maravilloso, en el cual la naturaleza
humana parece sometida  leyes distintas de la realidad; pero qu
diferencia entre las comedias anteriores, de espectculo, toscas, por lo
general, de esta especie, y el drama de Caldern, que rebosa de
profundos pensamientos, y que nos ofrece al espritu como  una
manifestacin de lo eterno, oponindole lo finito, que desaparece para
dejar slo la eternidad! Nuestro poeta muestra, al parecer, aficin
singular  describir seres humanos que crecen aislados de los dems
mortales, repitindose este pensamiento en otras muchas obras suyas,
como, por ejemplo, en _Las cadenas del demonio_, _Apolo y Climene_, _La
hija del aire_, _Leonido y Marfisa_, _El monstruo de los jardines_ y
_Eco y Narciso_. La fuente de este pensamiento, habr sido probablemente
la novela religiosa de _Barlaam y Josafat_, en la cual se cuenta que un
Prncipe,  causa de la desdicha que le amenazaba hasta cumplir los diez
aos, haba sido encerrado en una obscura cueva, y, despus del
transcurso de este tiempo, haba salido  la luz del da con motivo de
una fiesta de corte, llenndose de asombro al contemplarse rodeado de
muchos objetos de valor, y de seoras y caballeros, lujosamente
vestidos. Lo ltimo, sin duda, lo ha tenido presente Caldern en la
escena primera del acto segundo.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO VIII.

     Dramas histricos de Caldern.--_La nia de Gmez Arias._--_El
     postrer duelo de Espaa._--_El mdico de su honra._--_A secreto
     agravio, secreta venganza._--_Las tres justicias en una._


Tratemos ahora de los dramas de Caldern, cuyo asunto est tomado
directamente de la historia, , si son invencin suya, presentados con
circunstancias histricas. Llaman primero nuestra atencin los que se
refieren  la Pennsula espaola. Ya dijimos antes, que, pocas veces
este poeta, como Lope de Vega, penetra en lo pasado y en su espritu, y
que, al contrario, es lo ms comn que mire  su tiempo como tipo del
anterior, y no escriba, por tanto, en sentido verdaderamente histrico.
Aun cuando este mtodo tenga sus inconvenientes, no es ocioso aadir que
nunca Caldern, como su predecesor, acude  los perodos primitivos de
la historia de Espaa, ni  los albores de la Edad Media, ni  la poca
de la restauracin del imperio cristiano, sino solamente  los siglos
ms prximos  l, movindose, por tanto, dentro de un crculo, que le
impide, por lo menos, faltar groseramente  la verosimilitud,  falsear
la verdad histrica.

Esto supuesto, examinaremos las obras de Caldern, relativas  la
historia,   las tradiciones de Espaa, as por su mrito dramtico,
puesto que pertenecen  la serie de sus ms notables composiciones, como
tambin porque este anlisis nos habilita para penetrar en lo ms ntimo
de la vida de la nacin espaola en el siglo XVII, y porque es mucho ms
til que los datos histricos para revelarnos las ideas y costumbres de
esta poca. Hagamos notar tambin, con este propsito, que de ese examen
se desprende la verdad, de que la monarqua por los extremos, con que se
celebra, haba llegado  una altura en la opinin, no igual  la
observada en perodos precedentes. Los poetas ms antiguos no teman
presentar  los reyes como simples mortales, y, con frecuencia, con los
vicios y las pasiones ms torpes, ni se hacan escrpulo tampoco de
poner en los labios de los vasallos un lenguaje noble y libre contra los
tiranos. Cunta no es la osada y la entereza del Cid, de Guilln de
Castro, frente al rey D. Sancho! Cun obstinado y arrogante no aparece
el Bernardo del Carpio, de Lope, contra D. Alfonso _el Casto!_ Cuntas
comedias no examinamos antes, en las cuales queda humillado el poder
real por las culpas de los soberanos!

Los reyes de Caldern, al contrario, parecen pertenecer  otro mundo
mejor que los dems mortales; no les obligan los vnculos y leyes que 
aqullos, y hasta sus flaquezas y sus faltas se mitigan
embellecindolas. La veneracin del poeta hacia el poder absoluto era
tan grande, que crea que sus representantes slo haban de mostrarse 
cierta distancia, y de aqu que no nos los haya representado, en su vida
privada y en sus asuntos de estado, sino como poderes superiores, que, 
modo de providencia, deciden de los destinos del mundo. Tan avasallador
es para l el deber de la sumisin al Monarca legtimo, que hasta las
leyes del honor han de ser sacrificadas en su obsequio. Esto es tanto
ms notable, cuanto que Caldern ha llevado la susceptibilidad del
sentimiento del honor  un grado tal de exaltacin, que ningn poeta
anterior puede comparrsele bajo este aspecto, y justamente sus comedias
histricas son las que ofrecen ejemplos ms grficos de este linaje de
ideas del poeta.

Estos dramas de Caldern nos revelan tambin, ms cumplidamente que
otros cualesquiera suyos, las extravagancias y exageraciones, que, desde
antes, formaban ya un rasgo esencial de los espaoles. Debemos
detenernos, pues, en la exposicin y estudio de este rasgo nacional,
porque, sin conocerlo bien, hemos de extraar sobremanera algunas
particularidades de estos dramas, y no podremos apreciar en su valor los
principios morales, extraos y opuestos con mucha frecuencia  nuestras
ideas, que dominaban entonces en Espaa. El carcter de los espaoles,
como lo demuestra ya el principio de su historia, se distingui siempre
por su obstinacin y por su frrea firmeza; pero esta prenda no apareca
slo bajo su aspecto favorable, porque en sus preocupaciones no los
paraban tampoco respetos ni temores, y llegaba inexorablemente hasta sus
consecuencias ms extremas. En virtud de una cadena de conclusiones,
fuertemente trabadas entre s, trazronse leyes morales opuestas
conocidamente  la verdadera moral, convirtiendo en base  principio de
conducta motivos externos puramente casuales. De esta suerte fu, no ya
un derecho, sino hasta un deber la defensa del amigo  del pariente, por
injusta que fuese la causa, y contra todos, y  costa de la sangre y de
la vida; por tanto, era posible que se considerase un hecho dado
culpable, y que, con arreglo  las ideas de los espaoles, fuera
obligatorio ejecutarlo si el Rey lo peda, santificndose, en general,
no slo la venganza sangrienta, sino rigiendo la ley de que todo
agravio, y hasta la apariencia de l, haba de borrarse con sangre. En
otros diversos lugares de esta obra tratamos tambin de este punto; pero
es preciso insistir en l de nuevo expresamente, porque es imposible
comprender bien varias comedias de Caldern, que analizaremos en
seguida,  no tener presente lo que significaba el honor, segn las
ideas espaolas y sus exigencias, en casos aislados. La certeza  la
simple sospecha de haber hablado una dama con un extrao, de haber
entrado ste en su casa,  demostrarle ella alguna inclinacin,
producan el convencimiento ntimo de haber entre ellos relaciones
culpables, que obligaban al padre, al hermano  al esposo  pedir una
satisfaccin para lavar la mancha cada en su honor. Esta costumbre era
tan general y absoluta, que nadie poda esquivar su imperio. La muerte
bulla, pues, siempre en el fondo de estas intrigas amorosas; hasta la
ofensa ms ligera peda sangrienta expiacin, no bastando que sucumbiera
el ofensor; la hija, la hermana  la esposa, por inocentes que fuesen,
eran arrastradas tambin en su cada. El apasionamiento de este pueblo
meridional senta crecer su sed de venganza por la influencia de la
opinin pblica, excusndose de este modo hasta los medios ms crueles,
odiosos y traidores, si se alcanzaba aquel fin. Con arreglo  estas
ideas, los poetas dramticos ofrecen en la escena las venganzas ms
horribles, y hasta hacen que las perpetren sus hroes favoritos.
Consignan, es cierto, la lucha del sentimiento subjetivo contra el poder
de la costumbre general; nos hacen oir lamentaciones, con las cuales los
ofendidos expresan su convencimiento contra las leyes del honor, y ya
Lope de Vega pone en los labios de uno de sus hroes las siguientes
palabras: Maldito seas, oh honor, desastrosa invencin humana, y
opuesta  las leyes naturales! Ay de aqul que te ha inventado! Pero
stas son slo expansiones momentneas de la sensibilidad, no atendidas
por nadie, y sirven slo, si nos fijamos en la intencin del poeta, para
hacer resaltar ms la enrgica voluntad de sus hroes, que,  pesar de
ese sentimiento contrario, ejecutan, no obstante, el hecho aborrecido.
Conviene, pues, tenerlo presente para entender y apreciar algunos de los
dramas que subsiguen. Al hablar de los histricos espaoles, inclumos
tambin en ellos los que se fundan en la historia de Portugal, por no
diferenciarse de aqullos en su traza y colorido.

_La nia de Gmez Arias._--Representa un suceso que hubo de ocurrir en
el reinado de Don Fernando y Doa Isabel, cuando la primera rebelin de
los moriscos en las Alpujarras. Ni en la obra de Mendoza, ni en la de
Mrmol Carvajal, se encuentra noticia alguna histrica que aclare ese
suceso. Esta historia conmovedora haba servido de base  un romance
popular, que hubo de divulgarse mucho, si nos atenemos  las
multiplicadas alusiones que hacen  l los poetas espaoles (vase,
entre otros,  Cervantes, _Ocho comedias_, edicin de 1742, tomo II,
pg. 317). El primero que le di forma dramtica fu Luis Vlez de
Guevara. Su comedia, muy notable, lleva el mismo ttulo que la de
Caldern. No es posible negar  este ltimo el mrito de haber superado
en mucho  su predecesor. El protagonista de este drama, Gmez Arias, es
un libertino, como el Don Juan, de Tirso. La joven  inocente Dorotea
sucumbe  sus poderosos medios de seduccin, y consiente en huir con l
del hogar paterno. Cansado de ella, la abandona mientras duerme en un
lugar agreste de la Alpujarra, en donde, despus de la toma de Granada,
se sostienen algunos moros independientes contra las armas cristianas.
Al despertar busca Dorotea  su amante, y encuentra slo guerreros moros
que se apoderan de ella y la hacen prisionera; no largo tiempo despus
es libertada por soldados cristianos, y conducida  una casa de Guadix,
en donde se junta de nuevo con Gmez Arias. Este se hallaba all para
robar otra doncella; pero se equivoca de noche, llevndose  Dorotea. Al
romper el da conoce su error. Ocupan el mismo lugar, en donde la
abandon la vez primera, al pie de la ciudadela morisca de Benamej.
Fuera de s por su equivocacin, maltrata  la desventurada, y se
propone abandonarla de nuevo. Dorotea se lamenta y procura mover su
compasin; pero el inexorable libertino toma una resolucin an ms
horrible, y llama  los moros para venderles la msera seducida. Las
palabras que pronuncia la inconsolable dama para excitar la lstima del
despiadado caballero, rogndole que no la abandone, es de lo mejor que
ha escrito Caldern; enrgicas y apasionadas para expresar su
desesperacin, y respirando la pena ms profunda, cuando solicita en su
desamparo al seductor, asemjanse  un torrente embravecido,
aprovechando los trminos del romance antiguo, que aumentan ms su
efecto. Pero la resolucin criminal de Gmez Arias no se altera ni un
punto: el inhumano entrega  la desolada joven en manos de los moros.
Poco despus se acerca  aquel paraje la reina Isabel con un ejrcito,
y se apodera de la fortaleza, oyendo de los labios de la cautiva la
maldad inslita de que ha sido vctima: manda prender al culpable; lo
obliga  lavar el honor de Dorotea, casndose con ella, y lo hace
decapitar despus en el cadalso. La Huerta refiere un hecho notable para
probar la impresin arrebatadora que hizo esta comedia en el teatro. Los
alcaldes de corte que presidan el espectculo, tenan un asiento
especial  iban acompaados de algunos alguaciles. En la escena en que
Gmez Arias se propone entregar  los moros  la msera joven,  quien
sedujo, uno de los alguaciles se dej llevar de tal manera de la verdad
y de la animacin del espectculo, que se precipit con la espada
desnuda contra el actor, que representaba el papel de Gmez Arias, y lo
puso en precipitada fuga.

_El postrer duelo de Espaa[98]._--Extrao es, sin duda, que los
traductores alemanes de Caldern no hayan apreciado, como merece, esta
obra dramtica. En todos conceptos puede calificarse de una de sus
comedias ms magistrales, juntando el arte ms refinado en su plan con
la animacin teatral ms perfecta; su estilo es tambin casi siempre de
primer orden. Acaso en ningn otro drama de nuestro poeta se presenta la
idea del honor, como poder predominante en la vida entera de aquella
poca, de una manera tan profunda, ni su contraste con la conciencia
subjetiva se junta nunca para producir una impresin tan completa. El
argumento de la fbula es, en pocas palabras, el siguiente: Dos
caballeros espaoles, amigos, Don Jernimo y Don Pedro, se encuentran
tras larga separacin en Zaragoza, en cuya ciudad se celebraban diversas
fiestas, para solemnizar la vuelta  Espaa de Carlos V. Don Jernimo
dice  su amigo, en confianza, que una dama, llamada Doa Violante, ha
inflamado su corazn con un amor ardiente; pero que los celos le
atormentan, sospechando, por algunos indicios, la existencia de un
rival, que tambin la ama; finalmente, ruega  Don Pedro que le ayude 
descubrirlo. Don Pedro expresa en un monlogo los afectos encontrados,
que bullen y luchan en su alma, por ser l el pretendiente de Violante;
y aunque por una parte los deberes de la amistad exigen que lo declare,
sin embargo, por otra ha prometido  Violante guardar el silencio ms
absoluto acerca de sus relaciones amorosas; no puede evitar tampoco, al
oir la confesin de Don Jernimo, cierto arranque de celos, resolviendo,
en su consecuencia, espiar con esmero  su amada, para averiguar si le
guarda la fidelidad debida. No poco despus, cuando por la noche se
halla al lado de ella, oye una serenata delante de su ventana; la
reconviene; entabla con ella un dilogo animado, y, presa de su pasin,
se estima autorizado  romper su sigilo respecto  Don Jernimo. Hace
presente  su amigo que su derecho es anterior; pero excitados por la
pasin uno y otro, se acaloran, pronuncian palabras ofensivas, y su
entrevista termina fijando el tiempo y el lugar para un desafo. Cuando
Don Pedro llega al sitio, en que ha de verificarse, se cae del caballo y
se lastima un brazo. Don Jernimo no quiere pelear con l en este
estado, pero Don Pedro insiste en llevar  efecto lo convenido. Apenas
comienzan el combate, se escapa la espada de las manos dbiles de Don
Pedro; su adversario se opone  aprovecharse de esta ventaja, que se le
presenta, y su generosidad trae consigo la reconciliacin de los dos
adalides, prometiendo Don Jernimo, bajo solemne juramento, no decir 
nadie, con arreglo  las ideas sobre el honor, dominantes entonces en
Espaa, cul ha sido el desenlace del desafo, humillante para Don
Pedro. Serafina, dama desdeada por ste por haber preferido  Violante,
se entera de este pacto, oculta en un matorral, y resuelve utilizarlo
para vengarse de su antiguo amante. Pronto se le presenta la ocasin.
As, cuando Don Pedro entabla poco despus amorosos coloquios con
Violante, aparece Serafina, y cuenta en son de burlas el suceso, de cuya
verdad ha sido testigo ocular, no dejando de hacer su efecto natural en
Violante, que despide  su galn, y le ordena que no se presente ms
ante ella hasta no borrar la mancha, que deslustra su honor. Don Pedro
se queda anonadado, y ardiendo en ira por vengarse de Don Jernimo,
creyendo sinceramente que ha faltado al secreto prometido. Cuando deja 
su amada, oye un canto burlesco, que entona gente del pueblo, y cuenta
con frases ofensivas el xito infortunado de su desafo: tan conocida
ya de todos es su vergenza! Obtiene entonces una audiencia del
Emperador, y logra una orden para que se celebre un juicio de Dios para
probar que su honor no tiene mancha, y castigar la violacin de la
palabra de su contrario. Accede  sus ruegos el Emperador, y fija tiempo
y lugar para esa lid solemne. En la ltima escena de la comedia, en la
Plaza Mayor de Valladolid, se ve al Rey con su corte, y un concurso
numeroso de espectadores, que se apian junto  las barreras. Comienza
el combate, y ambos adalides pelean con un valor tan herico, que el
Emperador se interpone entre ellos, y los obliga  separarse, mereciendo
ambos la victoria, y por tanto tambin no ser considerados como
culpables. Llega entonces Serafina, y declara que ella revel lo que
haba visto, y que Don Jernimo no ha faltado ni al secreto ni al
juramento. Los dos amigos reconciliados se abrazan, y Don Pedro da su
mano  Violante. Don Jernimo,  su vez, olvidndose de sus amoros
recientes, renueva sus anteriores relaciones con Serafina, guardndose
en esta comedia la costumbre, casi convertida en ley en el teatro
espaol, de que  su desenlace concurran varias parejas enamoradas.

_El mdico de su honra_[99].--Esta es una tragedia horrible, repugnante
y ofensiva  nuestras ideas, pero vaciada en el molde de las morales,
reinantes entonces en Espaa, con arreglo  las cuales el sentimiento
del honor degenera en verdadero fanatismo. Juzgndola bajo este punto
de vista--prescindiendo de que la muerte de la inocente Menca es
contraria  nuestro modo de sentir en esta materia,--y atenindonos slo
 la opinin comn de los espaoles de esa poca, no es posible dejar de
convenir en que este drama es una de las creaciones ms extraordinarias,
que se encuentran en los vastos dominios de la poesa. Suponiendo
conocido su argumento, y la incomparable maestra del autor en su
composicin, nos limitaremos, como ha hecho Damas Hinard en las
excelentes notas, que acompaan  su traduccin francesa,  sealar tan
slo como ms notables algunas de sus bellezas aisladas. Tales son, en
el acto primero, su excelente exposicin, tantas veces imitada; en el
segundo, la escena en que Don Gutierre registra su casa para descubrir
en ella el amante oculto de su esposa, atrapando slo al gracioso, que
prorrumpe en gritos descompasados, haciendo creer  Doa Menca, llena
de horror, que ha sido descubierto su amante; despus el monlogo en que
Don Gutierre se esfuerza en mirar, bajo el punto de vista ms favorable
posible, la causa de sus celos; luego el dilogo nocturno entre Don
Gutierre y su esposa, en que la ltima, creyendo hablar con Don Enrique,
confirma las sospechas de su marido; finalmente, todo el acto tercero,
obra magistral y perfecta, durante el cual el espectador ms impasible
no puede menos de seguir sin respirar la rapidez de los sucesos, que se
precipitan, sucedindose unas  otras las escenas interesantes, y
terminando el drama con tanta pasin como energa. Cun potica, y, al
mismo tiempo, cun dramtica y de cunto efecto no es, poco antes de la
catstrofe, la invencin de hacer oir en la calle, cantado por una voz
misteriosa, cierto romance sobre la partida del Infante! Tambin la
pintura de caracteres es de mrito sobresaliente; como prueba de la
delicadeza, con que se ha trazado el de Don Gutierre, recurdese el
rasgo de que l (como lo hace resaltar premeditadamente el poeta), 
pesar de su anterior fidelidad al cumplimiento de sus deberes de
caballero, haba abandonado  la mujer,  quien haba prometido su mano,
sin ms motivo que una ligera sospecha. El personaje de Don Pedro _el
Justiciero_, como acontece en casi todos los dramas espaoles, es ms
noble y distinguido de lo que aparece en las narraciones de los
historiadores.

_A secreto agravio, secreta venganza._--Afrmase, al terminar esta
tragedia, que se funda en un suceso verdadero. Nada dicen de l los
historigrafos, aunque se puede indicar el tiempo en que ocurri. Las
dos primeras jornadas caen, como resulta del mismo drama, en julio de
1578, y la tercera en la noche anterior al embarque del rey Don
Sebastin de Portugal hacia el Africa, del 23 al 24 del mismo mes. Este
drama, quizs con rasgos an ms rudos que los de _El mdico de su
honra_, nos demuestra la irritabilidad de este pueblo del Medioda,
cuando se tocaba al punto del honor, y los hechos horribles  que daba
lugar. Un caballero portugus, Don Lope de Almeida, que, en las
gloriosas expediciones de su pueblo, se ha distinguido mucho en la
India, contrae matrimonio en Lisboa con la espaola Doa Leonor. Ya de
edad avanzada, concibe graves sospechas acerca de la fidelidad de su
joven esposa. Pronto nota que un caballero espaol ronda de noche su
casa; otra circunstancia, que aumenta sus recelos, es que Leonor le
aconseja, cuando habla con l de sus planes de guerra, que acompae al
Rey en su expedicin al Africa. Al volver una noche  su casa, encuentra
un desconocido, oculto en la habitacin de su esposa: es un antiguo
amante de Leonor,  quien sta crea muerto ya, y al verlo vivo, y,
contra su esperanza, ante sus ojos, ha permitido que se despida de ella
para siempre. El esposo ofendido finge no haber visto nada, para que su
honor no padezca, si este hecho se hace pblico, y resuelve vengar en
secreto su secreto agravio. Pronto se presenta la ocasin para ejecutar
su propsito. En las fiestas, que se celebran antes de la partida del
rey Don Sebastin, atrae  su presunto ofensor  una barquilla, so
pretexto de trasladarlo  la orilla opuesta del Tajo; en medio del ro
precipita al desdichado en sus olas hasta que se ahoga, sumerge el bote,
y se salva nadando. Al llegar  la ribera, dice que la barca se ha
volcado  consecuencia de una rfaga de viento. Inmediatamente busca 
Doa Leonor; la cuenta con indiferencia el triste suceso, como si no
pudiera interesar en lo ms mnimo  la desdichada, y, al terminar su
narracin, le hunde un pual en el pecho. Despus incendia su casa; y,
cuando el cadver de su esposa es devorado completamente por las llamas,
refiere  sus amigos que no ha podido salvarla del incendio,  pesar de
todos sus esfuerzos. El rey Don Sebastin sabe por uno de estos amigos
de Lope la verdad de toda esta tragedia, y hace que el hroe de ella, al
presentrsele, le acompae tambin al Africa, no slo dejndole impune,
sino alabando su osada y su prudencia.

_Las tres justicias en una_[100].--Este drama, pensado profundamente,
est trazado como pocos para producir efecto conmovedor. Al comenzar la
escena, es sta un paraje agreste, montaoso, oyndose dentro tiros de
arcabuz. Presntanse Don Mendo y su hija Violante, perseguidos por
salteadores, y, cuando estn  punto de sucumbir, aparece Don Lope,
capitn de la banda, vestido como los dems ladrones. Don Mendo,
pidiendo misericordia, se arrodilla ante l, y Don Lope lo levanta,
movido de repente  compasin, dicindole:

    ...Alza del suelo;
    Que el primer hombre has sido,
    Que  compasin mi clera ha movido.

Violante es tambin consolada por el bandolero, compasivo entonces de
una manera tan inesperada; Don Mendo dice quin es, y refiere que, por
orden del rey D. Pedro de Aragn, haba hecho un viaje por razones de
estado, y que regresaba entonces  Zaragoza, en donde esperaba alcanzar
del Rey el perdn en favor de su generoso salvador. Don Lope le replica
que no se atreve  concebir estas esperanzas por la gravedad de los
delitos, que ha cometido. Don Mendo intenta consolarlo, rogndole que le
cuente su historia, prometiendo de nuevo hacer cuanto est en su mano
para inclinar al Rey al perdn. Don Lope manda  sus compaeros que se
alejen, y dice que su padre Lope de Urrea, se cas, ya anciano, con Doa
Blanca, de quince aos de edad. Al oirlo, lo interrumpe Don Mendo de
este modo:

    Ya lo s. (_Ap._) Y pluguiera al cielo
    No lo supiera! Prolijos
    Discursos, qu me queris?

Lope prosigue su narracin, aadiendo que Blanca slo consinti  la
fuerza en su casamiento, y que l, fruto de esta unin forzada, sufri
en su educacin los efectos de ese enlace poco natural. Amado por su
madre y odiado por su padre, nunca se haba atrevido  visitar  la
primera sino en secreto; ms tarde, ya mancebo, y para olvidar sus
desdichas domsticas, se entreg  todo linaje de excesos, sedujo  una
doncella y mat  su hermano, vindose obligado  huir para escapar  la
pena de sus delitos. Al llegar aqu interrumpe su narracin un tumulto,
que se levanta detrs de la escena: son los ministros de la justicia que
siguen el rastro  los ladrones. Don Lope corre  ocultarse; Don Mendo,
al despedirse de l, repite su promesa anterior, y le pide una prenda
para conocer por ella al mensajero que enve de su parte. Don Lope le da
un pual, con que se hiere al entregrselo[101], y al verlo en las manos
de Don Mendo, se ve acometido de una vaga inquietud que lo llena de
confusin. Doa Violante, despus que Don Lope se ausenta, manifiesta la
impresin que ha hecho en ella salteador tan compasivo. La fbula se
muestra ya trazada magistralmente, y excita sobremanera la atencin para
averiguar lo que sigue. En el curso de ella,  ruegos de Don Mendo y con
su apoyo, solicita el viejo Lope el indulto de su hijo. Este vuelve  la
casa paterna, y el amor enlaza pronto su corazn con el de Violante;
pero la ndole aviesa del joven Lope no se refrena por esto, sino, al
contrario, se manifiesta sin tardanza tal cual es, en pendencias y en
todo linaje de excesos. En un altercado nocturno en las calles, al cual
acorre su padre, se olvida de tal modo del respeto que le debe, que se
atreve  ponerle la mano encima. Rebosa ya la medida de su culpa, y el
mismo padre acusa  su hijo desnaturalizado ante el tribunal del Rey.
Encrgase  Don Mendo el castigo del culpable; pero la gratitud que le
debe por haberle salvado la vida, lo induce nicamente  procurar su
salvacin. El Rey lo sabe, y se propone l mismo castigarlo; pero le
parece el delito tan monstruoso, que llega  dudar si Lope ser
verdaderamente hijo del Don Lope de Urrea, injuriado por l; para
disipar sus sospechas visita  Doa Blanca, y sabe de ella un secreto
que hasta entonces ha tenido guardado en su pecho. Don Lope no es hijo
del que pasa por su padre, sino fruto de una violacin cometida por Don
Mendo en la hermana de Doa Blanca; para salvar el honor de su hermana,
Doa Blanca ha supuesto que este hijo lo era suyo. Despus de esta
explicacin, que arroja de repente clarsima luz sobre todos los sucesos
anteriores, sigue una catstrofe de un efecto sorprendente, Don Mendo y
Violante intentan penetrar en la crcel de Don Lope para libertarlo; la
ltima acaba de saber, de los labios de su padre, que su amante es su
hermano, y esta noticia, si bien llena su alma de horror, acrece por
otra parte su deseo de libertar al preso. Tambin Blanca y el viejo
Lope de Urrea acuden presurosos  la crcel; sordos gemidos y lamentos
salen de sta; las puertas se abren, y se ve  Don Lope estrangulado, y
teniendo en sus manos un papel con la sentencia siguiente:

    Quien al que tuvo por padre
    Ofende, agravia  injuria,
    Muera, y vale morir
    Quien un limpio honor deslustra,
    Para que llore su muerte
    Tambin quien de engaos usa,
    Juntando de tres delitos
    Las tres justicias en una.

Bella y soberanamente grandiosa es en este drama, uno de los ms
notables de nuestro poeta, la manifestacin de la senda misteriosa, que
recorre la justicia divina para castigar al culpable; y es tambin
excelente la pintura que hace de la fuerza secreta de la sangre, que
retiene la mano, ya levantada, del hijo degenerado cuando se presenta su
verdadero padre, y maltrata al putativo.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO IX.

     _El alcalde de Zalamea._--_Amar despus de la muerte._--_Luis Prez
     el Gallego._--_El sitio de Breda._--_Gustos y disgustos son no ms
     que imaginacin._--_Saber del mal y del bien._--_En esta vida todo
     es verdad y todo es mentira._--_El mayor monstruo los celos._--_Los
     cabellos de Absaln._--_Las armas de la hermosura._--_La gran
     Cenobia._


_El alcalde de Zalamea_[102].--Aunque este drama se ha traducido dos
veces al alemn, sin embargo, en cuanto ha llegado  nuestra noticia, no
ha encontrado todava el aplauso que merece, por lo cual intentaremos,
valindonos de la exposicin, que sigue, de su argumento, excitar algn
inters en su favor. Pedro Crespo, rico labrador de Zalamea, pueblo de
Extremadura, tiene una hija de singular belleza. Con motivo de la
llegada de una tropa de soldados, destinada  Portugal, mandados por Don
Lope de Figueroa, forma el proyecto previsor de tener oculta  la
seductora Isabel en una de las habitaciones ms aisladas de su casa;
pero uno de los oficiales que viene con ellos, el capitn Alvaro de
Ataide, se da trazas de verla,  pesar de las precauciones de Crespo, y
en seguida intenta enamorarla. El mal xito de su tentativa no lo aparta
de persistir en su empeo. Sus diversos proyectos de llegar hasta
Isabel, y la serenata que la da, inspiran  Crespo y  su hijo la ms
viva inquietud, llegando tan lejos la osada del capitn, que surgen
altercados formales entre los campesinos y los soldados, formando
partido los unos por Crespo y los otros por Alvaro. Don Lope de
Figueroa,  causa de estos disturbios, cree lo ms conveniente que las
tropas abandonen el pueblo; se despide de su husped Crespo, con quien
ha contrado amistad en el tiempo que han vivido juntos; deja  Isabel
como recuerdo una cruz de diamantes, y se lleva consigo al hermano de
aqulla, que ha mostrado mucha inclinacin por la vida militar,
tomndolo bajo su proteccin. Los soldados dejan efectivamente el
pueblo. Alegre ya Isabel de verse libre de su prisin, toma el fresco
por la noche en la puerta de su casa, cuando se presenta de improviso
Don Alvaro, que quiere satisfacer su pasin  cualquier precio, y que ha
regresado secretamente  Zamalea; se apodera de ella con ayuda de
algunos soldados, y se la lleva  un monte inmediato. Crespo, que acude
 sus gritos de angustia, se empea vanamente en socorrerla; lo desarman
los soldados que acompaan  Don Alvaro, y lo atan con cuerdas  un
rbol, impidindole moverse  pesar de sus esfuerzos; su hijo, que se
propona justamente seguir  las tropas, corre tambin detrs de los
raptores; pero cuando los alcanza, al romper el da, es ya tarde para
salvar el honor de su desdichada hermana, y slo le queda el recurso de
vengarse. Mientras que, furioso, acomete al capitn y lo atraviesa con
su espada, huye Isabel del infame, que le ha robado su honra. La
casualidad la lleva al mismo lugar, en donde su padre ha sido atado la
noche antes. Comienza entonces una escena tan atrevida como original,
calculada toda ella para producir la impresin ms profunda; pero falta
en las palabras de Isabel, que se lamenta de su suerte, y llora
arrodillada ante su padre, esa expresin sencilla y natural, que su
especial situacin exiga; su narracin est llena de galas retricas,
metforas y anttesis. Ms nobles y propias son las palabras,
pronunciadas por Crespo para consolarla.

      CRESPO.

    Alzate, Isabel, del suelo;
    No, no ests ms de rodillas,
    Que  no haber estos sucesos
    Que atormenten y que aflijan,
    Ociosas fueran las penas,
    Sin estimacin las dichas.
    Para los hombres se hicieron,
    Y es menester que se impriman
    Con valor dentro del pecho.
    Isabel, vamos aprisa;
    Demos la vuelta  mi casa,
    Que este muchacho peligra,
    Y hemos menester hacer
    Diligencias exquisitas
    Por saber dl y ponerle
    En salvo.

En el mismo instante se presenta una diputacin de los vecinos de
Zalamea, para anunciar  Crespo que lo han elegido alcalde. A la vez le
anuncian que el rey Felipe vendr aquel mismo da  Zalamea, y que el
capitn Alvaro, herido, ha sido llevado al pueblo. Crespo se apresura 
tomar posesin de su nuevo cargo, y su primer acto, como alcalde, es la
prisin del capitn, cuya herida no resulta tan peligrosa como se crey
al principio; Alvaro protesta contra la aplicacin de la justicia civil
 un oficial; Crespo manda entonces que se retiren todos los
circunstantes, porque tiene que hablar con l  solas. Admirable es la
escena que sigue. El alcalde, con frases enrgicas, echa en cara al
oficial que ha deshonrado  su hija la infamia de su conducta, manchando
el lustre de una familia, que haba subsistido inmaculada siglos haca;
intenta hacerle comprender, que su obligacin, segn las leyes divinas y
humanas, es devolver  Isabel el honor que le ha robado, y que no hay
otro medio de conseguirlo que casndose con ella; le ofrece cederle toda
su fortuna y todas sus posesiones, y, por ltimo, se arrodilla ante l,
conjurndole, por lo ms sagrado, que acceda  su justsima pretensin.
Pero el insensible capitn rechaza con fro desprecio la splica, para
l insensata, del sencillo anciano, y entonces se levanta Crespo de
repente blandiendo su vara de alcalde, y manda  los vecinos que
acorren, que encierren al culpable en la crcel. Alvaro se opone, pero
al fin queda preso. Crespo entabla las diligencias judiciales
necesarias; toma declaracin  los soldados, tambin presos; les hace
confesar el delito, y obliga  su hija  declarar tambin sobre la
existencia del atentado, y sobre el delincuente. Despus de esto
encierra en la crcel  su hijo, acusado de sacar la espada contra su
superior jerrquico, y, cuando algunos extraan tanto rigor, les
contesta: Lo mismo hara con mi propio padre si la ley lo mandara.
Mientras tanto, un soldado fugitivo cuenta  Don Lope de Figueroa lo que
sucede en Zalamea. ste, ofendido de que un alcalde se haya aventurado 
atacar los privilegios de la milicia, y prender  un oficial, acude
corriendo  Zalamea, y suscita un vivo altercado con Pedro Crespo. Pide
la entrega del capitn, ofreciendo hacer en l rigorosa justicia; pero
el alcalde se opone obstinadamente, sosteniendo que l es el nico juez
de su honor. Don Lope quiere apoderarse  la fuerza del prisionero; pero
Crespo le advierte que hay guardas armados, que defienden la crcel, y
que el primero, que se acerque, morir fusilado. Ya comienzan los
soldados  venir  las manos con los vecinos, preparndose  incendiar
el pueblo, cuando se anuncia la llegada del Rey. ste pregunta cul es
la causa de aquel tumulto, y Don Lope le replica que no es otra que la
osada increble del alcalde, que ha puesto preso  un capitn y rehusa
entregarlo. Crespo se presenta entonces al Rey; justifica su conducta
por lo extraordinario del caso, y aade que la justicia se ha cumplido
en el delincuente. Abrense las puertas, y se ve al capitn estrangulado.
El Rey, sabedor de todo, dice que el criminal ha merecido la muerte;
pero censura que se haya faltado  las formas legales por Crespo, aunque
perdona esta irregularidad en atencin  su ira natural, tratndose del
inaudito atentado de Don Alvaro, y le confiere por vida el cargo de
Alcalde de Zalamea. Isabel es condenada  entrar en un convento, y su
hermano puesto en libertad, por las mismas razones que militan en favor
de su padre.

Ningn otro drama de nuestro poeta es superior  ste por su
composicin, que de escena en escena produce un efecto trgico
extraordinario, as como por sus caracteres, tan enrgicos como
distintos. El anciano Don Lope de Figueroa, hombre endurecido por su
larga vida militar, franco y violento, pero de buen corazn en el fondo;
despus el valiente Pedro Crespo, que representa  la perfeccin al
campesino espaol, con sus rasgos ms nobles, fiel  su Rey y  su
deber, y de una firmeza inflexible; el capitn, orgulloso y libertino;
Chispa, la despierta vivandera; los personajes de Juan y de Isabel, de
una lozana encantadora y llena de gracia; finalmente, los diversos
soldados, poco escrupulosos y crueles, pero tambin simpticos por su
franqueza, forman todos una serie de personajes muy diversos entre s,
de una verdad deslumbradora, y que nos hacen acordarnos del poeta
ingls, el gran pintor de caracteres. Lugar oportuno es ste de copiar
las palabras que siguen, escritas por Luis Viel Castell, ilustrado
conocedor de la literatura espaola, en la _Revue des deux mondes_, al
hacer el anlisis detenido de este drama: Admirables son, sin duda
alguna, dice, las gradaciones que ofrece su inters hasta la terrible
catstrofe, y el arte con que sta se prepara. La conducta de Crespo,
por violenta que sea, en vez de sernos repugnante, nos parece
justificada; el delito cometido contra su hija es tan odioso, tan justo
su castigo y tan probable que el criminal lo evite,  no ser por el
medio indicado; y, por ltimo, es tan grande la moderacin de Crespo al
principio, cuando aguarda la satisfaccin debida, y tanta despus su
firmeza y energa, que nos interesamos con toda nuestra alma en su
venganza, reconcilindonos por completo este sentimiento con lo
sanguinario y lo horrible de su accin en absoluto.

_Amar despus de la muerte_[103].Caldern--Este drama es un cuadro
brillante y animado de la sublevacin de los moriscos en las Alpujarras
en el ao de 1570, y, en cuanto  su composicin y argumento, uno de los
mejores de este poeta, aunque su estilo, en general, no merezca
alabanza. En las escenas ms apasionadas, cuando se espera oir el
lenguaje sencillo del sentimiento, nos choca con frecuencia lo rebuscado
de su expresin. Es muy singular que Caldern, cuyo celo por el
catolicismo lo ciega casi siempre contra todos sus adversarios, atribuya
aqu  los moriscos todo linaje de virtudes nobles y hericas, haciendo
ms interesantes  los vencidos que  los vencedores. La primera escena
es en la casa del Cad de Granada, en donde los moros celebran en
secreto su aniversario; llaman de repente  la puerta, y pide entrar Don
Juan de Malec, descendiente de los antiguos reyes de Granada, que,
sumiso  las leyes de Felipe II, se ha convertido al cristianismo,
habiendo sido premiado con el cargo de concejal de la ciudad. Dice que
viene entonces del cabildo, en donde se ha ledo una orden del Rey, por
la cual se imponen  los moriscos nuevos gravmenes. Malec, el concejal
ms antiguo, haba desaprobado el primero estas medidas; pero Don Juan
de Mendoza le haba interrumpido, replicndole que l era moro, y que se
propona librar  sus correligionarios del castigo condigno. La disputa
se haba ido acalorando ms y ms, y termin, al cabo, dando Mendoza 
Malec una bofetada. El ofendido de esta manera, se queja de no tener
ningn hijo que vengue su injuria, sino slo una hija, que lo aflige ms
en su desdicha; por lo cual demuestra  los moriscos reunidos, que estas
medidas no tendrn otro resultado que hacerlos  todos esclavos,
excitndolos  vengar su oprobio, porque  todos ellos alcanza. En
efecto, toda la reunin pronuncia ese juramento de venganza. La escena
siguiente nos muestra  la hija de Malec, desesperada por la ofensa
inferida  su padre, aumentando an ms su pena el pensamiento de que su
amante, Don Alvaro Tuzan, la juzgar indigna de l  consecuencia de la
mancha que ha recado en su linaje. Aparece entonces Tuzan, y solicita
su mano para tomar  su cargo la venganza de su suegro. Clara se opone
porque su amante no participe de su vergenza. Mientras tanto, vienen 
la casa de Malec el corregidor Ziga y Don Fernando de Valor, otro
descendiente de los reyes de Granada, que se ha hecho tambin cristiano,
para anunciarle que, hasta la resolucin de la contienda suscitada, ha
de servirle su casa de crcel. Valor propone que la hija de Malec se
case con Mendoza, y Tuzan, para prevenirlo, corre  buscar  Mendoza y
lo desafa; pero este combate es interrumpido, porque Valor y Ziga
vienen  casa de Mendoza para hablarle del casamiento que ha de poner
trmino  esta cuestin. Mendoza rechaza la propuesta con desprecio,
pronunciando palabras injuriosas contra los moriscos, y Tuzan, Valor y
Malec, sintindose tambin lastimados por Mendoza, se alejan resueltos 
promover la rebelin.

En el acto segundo, tres aos despus del anterior, la rebelin ha
estallado ya, y Don Juan de Austria es el encargado de sofocarla.
Fernando Valor ha sido elegido Rey, y se ha casado con la bella Isabel
Tuzan; en su misma casa se celebran las bodas de Tuzan y de Clara,
cuando de repente anuncian los tambores la llegada del ejrcito
cristiano. Valor enva  Malec y  Tuzan  sus puestos, y el ltimo
promete  su esposa venir  verla todas las noches. Una de las escenas
siguientes nos ofrece esta entrevista, interrumpida por la aproximacin
de Don Juan de Austria. En el acto tercero, Tuzan se ha deslizado de
nuevo por las murallas de la fortificacin, en que vive su amada; pero
los enemigos han minado los peascos, sobre los cuales est edificada la
ciudad, y preparado la plvora de las minas; una terrible explosin hace
saltar las murallas, y deja entrar  los espaoles en la ciudad. Tuzan
se precipita por en medio de las llamas en la habitacin de Clara; pero
la encuentra moribunda, herida por la mano de un soldado. Sediento de
venganza, corre al campamento cristiano; observa que un soldado tiene un
collar, que reconoce como joya de su amada, deduciendo, de esta
circunstancia, que este soldado es el asesino de Clara; por cuya razn
lo mata. A los gritos del soldado acuden otros muchos, y Don Juan de
Austria, Don Lope de Figueroa y otros capitanes espaoles rodean al
atrevido, que ha penetrado slo en el campamento espaol para vengarse y
matar al asesino de su amada; pero Tuzan se abre paso con su espada, 
pesar de la muchedumbre que lo rodea, y se pone en salvo en parajes
inaccesibles de aquellas montaas. Los moriscos, privados por la
conquista de aquella fortaleza de su mejor defensa, deponen al fin las
armas, y se acogen al perdn que el Rey les concede.

_Luis Prez el Gallego._--Este no es un drama, en el sentido rigoroso de
la palabra, sino una serie de situaciones, enlazadas entre s, de la
vida de Luis Prez, noble gallego, transformado en salteador por un
concurso fatal de circunstancias. Su pensamiento principal tiene mucha
semejanza con el de _El tejedor de Segovia_, de Alarcn, pero no
superando, sin embargo,  este ltimo  inimitable drama. Los caracteres
y las situaciones son, por lo dems, muy animados. El motivo capital,
que ha impulsado al protagonista  hacerse bandolero, es la rgida
observancia de la ley del honor, con arreglo  las ideas espaolas. Luis
Prez quiere matar  un criado, que ha entregado una carta  su hermana,
y al que mira como intermediario de una intriga ilcita, y resiste  la
justicia, al presentarse sta para capturar  un portugus, refugiado en
su casa por haber matado  su rival. Forzado  huir ocrrenle despus
varias aventuras, y regresa, por ltimo,  su hogar, creyndose seguro;
pero, al saber que ha sido condenado  muerte, busca al juez de la
sentencia; pone  sus criados de centinela  la puerta de la casa de
ste, su apodera de los autos, los rompe y se escapa con sus servidores.
Se le persigue luego en un monte, en donde se ha refugiado,
defendindose en l con sus amigos contra los agentes de la justicia.
Por ltimo, le alcanza un tiro de fusil, es hecho prisionero y se le da
al cabo libertad, terminando de este modo la primera parte de las
hazaas de _Luis Prez el Gallego_. La parte segunda, que existe, no es
de Caldern.

_El sitio de Breda._--Se escribi para solemnizar en una fiesta la toma
de Breda por los espaoles. Todo este drama lleva el sello de una
composicin, escrita para un objeto dado. No le falta elevacin ni
fuego; el odio contra los enemigos de la fe catlica est expresado con
tremenda energa; encierra bellezas aisladas, as lricas como picas,
en nmero no escaso; pero los sucesos de la guerra estn enlazados entre
s, sin formar un plan regular, y sin constituir, por tanto, un drama
verdadero.

_Gustos y disgustos son no ms que imaginacin_[104].Caldern--Este es
uno de los trabajos ms delicados y perfectos de Caldern, y que se
distingue por su profundidad psicolgica, por su anlisis perspicaz del
corazn humano, porque encadena nuestra atencin, y por el enlace feliz
que se observa entre su argumento y sus situaciones interesantes y
bellas. La comparacin de este drama con los datos histricos, que le
han servido de base, prueba el arte inimitable del poeta para dramatizar
y pulimentar una ancdota descarnada  insignificante, no exenta tampoco
de cierta repugnancia. Su enredo, en la esencia, consiste en que el rey
de Aragn menosprecia el amor de su esposa, prefiriendo  Doa Violante,
dama de su corte. Sucede casualmente, que, estando la Reina de noche en
una ventana de la habitacin de Violante, se acerca  ella el Rey, y la
requiere, engaado, de amores; la prudente seora finge, en efecto, ser
Violante; acepta sus tiernas declaraciones, y lo provoca  llevar
adelante sus propsitos. Con la repeticin de estas entrevistas en la
reja de la ventana, conquista de tal modo la Reina el corazn de su
infiel esposo, que, cuando el misterio se aclara, se precipita ste en
sus brazos arrepentido y avergonzado. ste es slo un ligero bosquejo
del argumento, exornado con muchas otras escenas curiosas.

_Saber del mal y del bien._--Ms sencilla en su traza, y de un fondo
menos rico que la mayor parte de las obras de nuestro poeta, sobresale
sta, sin embargo, por su pintura de afectos. La noble y firme amistad
de los magnnimos Don Pedro y Don Alvaro nos recuerda la excelente
comedia de Alarcn, titulada _Ganar amigos_. En la dramatizacin de las
noticias histricas, fundamento de este drama, ha usado el poeta de la
mayor libertad. Don Alvaro es hijo de Alvarez d'Armada, conde de
Abranches, cuya historia cuenta La Clede, en su _Histoire du Portugal_,
y el suceso trgico, que Don Alvaro refiere  Don Pedro de Lara, es la
catstrofe del infante Don Pedro de Portugal, trocados los nombres.
Mayor es todava la libertad que se ha tomado el poeta con la historia
de Espaa, puesto que nos ofrece un Don Alfonso, rey de Castilla y de
Aragn.

Pasamos ahora  las comedias, cuyos materiales provienen de las
historias de la antigedad  de la de pueblos distintos del espaol, de
la poca moderna. Encuntranse en esta clase algunas de las mejores
composiciones de Caldern, pero tambin otras muchas de las ms dbiles.
Las primeras, como es natural, sern las preferidas.

_En esta vida todo es verdad y todo es mentira._--Las fuentes, indicadas
en la nota que va al pie de estas lneas, si se consultan, harn ver la
libertad extraordinaria con que Caldern ha utilizado esos hechos
histricos[105]. Hace  Heraclio hijo de Mauricio. Supone, que, en vida
del ltimo, hubo una reina de Sicilia y un duque de Calabria, vasallos
del imperio de Bizancio, lo cual basta para demostrar cun poco tuvo en
cuenta la verdad histrica. El fundamento especial de su drama es un
suceso contado por Baronio en sus _Anales eclesisticos_, segn el cual,
despus que Focas hizo matar  los hijos de Mauricio en presencia de su
padre, intent la nodriza de los Prncipes suplantar, en lugar de uno
de los condenados  muerte,  un hijo suyo para conservar de este modo
la vida de un descendiente de la regia estirpe; pero esa tentativa no
pudo realizarse. Caldern finge que Heraclio, hijo de Mauricio, escap
efectivamente de la matanza de toda su familia, y que el usurpador Focas
no se crea seguro hasta encontrarlo tambin y matarlo. El tirano
encuentra, al fin, dos mancebos, criados en un desierto por un viejo
servidor de Mauricio, siendo uno de ellos hijo de su predecesor
asesinado, y suyo el otro, robado en sus primeros aos. Las dudas de
Focas acerca de cul de ellos ser Heraclio y la imposibilidad de
averiguarlo; sus sospechas y vacilaciones, impulsado, ya por el odio, ya
por el amor paternal; su deseo de hacer desaparecer al heredero legtimo
del trono, y al mismo tiempo el temor de dar muerte  su propio hijo,
forman el nudo principal del drama, siendo excelentes todas las escenas
que tienen relacin inmediata con este motivo dramtico. Es difcil
imaginar nada ms potico que la descripcin del Prncipe, criado en la
soledad, ignorante de su nacimiento, demostrando en la primera ocasin
que se le presenta su ingnita y natural nobleza. De qu belleza tan
arrebatadora es la escena en que Focas encuentra  los dos jvenes
Heraclio y Leonido ante la cueva en que viven, en los montes, y les
anuncia el primero que uno de ellos es de sangre real! Same permitido
intercalar aqu parte de esta escena. Astolfo, el anciano criado de
Mauricio, descubre el secreto  Focas; le presenta  los dos mancebos, y
le dice:

      ASTOLFO.

    Ahora, con el resguardo
    Que el uno en el otro hall,
    Sabiendo que es tu hijo el uno,
    Podrs matar  los dos.

      FOCAS.

    Qu escucho y qu miro!

      CINTIA.

                            Extrao
    Suceso!

      FOCAS.

            Quin, cielos, vi,
    Que cuando de mi enemigo
    Y ma buscando voy
    La sucesin que afliga
    Mi vaga imaginacin,
    Tan equvocas encuentre
    Una y otra sucesin,
    Que impida el golpe del odio
    El escudo del amor?
    Mas t dirs uno y otro
    Quin es.

      ASTOLFO.

              Eso no har yo.
    Tu hijo ha de guardar al hijo
    De mi rey y mi seor.

      FOCAS.

    No le valdr tu silencio;
    Que la natural pasin,
    Con experiencias dir
    Cul es mi hijo y cul no,
    Y entonces podr dar muerte
    Al que no halle en mi favor.

      ASTOLFO.

    No te creas de experiencias
    De hijo  quien otro cri;
    Que apartadas crianzas tienen
    Muy sin cario el calor
    De los padres; y quiz,
    Llevado de algn error,
    Dars la muerte  tu hijo.

      FOCAS.

    Con eso, en la obligacin
    De drtela  ti me pones,
    Si no declaras quin son.

      ASTOLFO.

    As quedar el secreto
    En seguridad mayor;
    Que los secretos, un muerto
    Es quien los guarda mejor.

      FOCAS.

    Pues no te dar la muerte,
    Caduco, loco, traidor;
    Sino guardar tu vida
    En tan msera prisin,
    Que lo prolijo en morir
    Te saque del corazn
    A pedazos el secreto.

    (_Echale en el suelo, y levntanle Heraclio y Leonido._)

      HERACLIO.

    No le ultraje tu furor.

      LEONIDO.

    No tu saa le maltrate.

      FOCAS.

    Pues qu! Amparisle los dos?

      LOS DOS.

    Si l nuestra vida ha guardado,
    No es primera obligacin
    De todos guardar su vida?

      FOCAS.

    Luego  ninguno mud
    La vanidad de que pueda
    Ser hijo mo?

      HERACLIO.

                A m no;
    Porque ms quiero (otra vez
    Digo) morir al honor
    De ser legtimo hijo
    De un supremo Emperador,
    Que vivir de una villana
    Hijo natural.

      LEONIDO.

                  Y yo,
    Que aunque ser tu hijo tuviera
    A soberano blasn,
    No me ha de exceder  m
    Heraclio en la presuncin
    De ser lo ms.

      FOCAS.

                  Y es lo ms
    Mauricio?

      LOS DOS.

              S.

      FOCAS.

                  Y Focas?

      LOS DOS.

                            No.

      FOCAS.

    Ah, venturoso Mauricio!
    Ah, infeliz Focas! Quin vi
    Que, para reinar, no quiera
    Ser hijo de mi valor
    Uno, y que quieran el tuyo
    Serlo, para morir, dos?

Si lo restante de este drama fuese igual  lo que antecede, haba de
clasificarse entre los ms notables escritos por Caldern; pero el
poeta, al comedio de su obra, ha aadido algo soado y fantstico  la
accin para hacer sensible la idea de que _en esta vida todo es verdad y
todo es mentira_; y, aunque en ella se admiren muchos rasgos atrevidos y
poticos de mrito extraordinario, sin embargo, nos vemos obligados 
deplorar su extravo, imprimiendo en este argumento grandioso y
eminentemente trgico, una modificacin ms propia de pera que de
drama. Podra esperarse de Corneille, que, al escribir su _Heraclio_,
tuvo  la vista la comedia espaola[106], hubiese reformado el plan de
Caldern, hacindolo ms consecuente consigo mismo; pero, muy lejos de
esto, el francs ha desfigurado lo ms importante que le ofreca el
espaol, no resultando de su trabajo sino una pieza de intriga ordinaria
y medianamente confusa. Hasta en la misma Francia ha habido unanimidad,
desde lo antiguo, en censurar los defectos de esta tragedia.

_El mayor monstruo, los celos_[107].Caldern--Este drama es una
verdadera tragedia, en que domina el destino, y uno de los primeros
grmenes de esos cuadros monstruosos, creados por una imaginacin
impotente y vida de lo extraordinario, que pulularon por los teatros
alemanes al conocerse las obras de Caldern; pero cun profunda 
ingeniosa es la idea, que nos ofrece nuestro poeta de esa fatalidad,
ofrecindola como el presentimiento del alma que penetra angustiosa en
lo porvenir! Marianne cuenta  Herodes, que la ama tiernamente, cierta
profeca de un astrlogo, segn la cual, ella misma sera sacrificada
por el mayor monstruo del mundo, y que su esposo haba de matar con su
pual  la persona  quien ms amase sobre la tierra. El Tetrarca
procura sosegar  su esposa, y tira  la mar su pual para hacer vana la
profeca. En el mismo instante se oye un grito de dolor detrs de la
escena; presntase en ella un cierto Ptolomeo, herido por la cada del
arma, lleno de sangre y clavado el pual en la herida, devolviendo de
este modo el instrumento fatdico  las manos de su dueo; Marianne
tiembla, al observarlo, pero ocurren otros sucesos, que la distraen de
esa temible profeca. Antonio y Cleopatra han sido vencidos por
Octaviano, y el Tetrarca, auxiliar de los primeros, vencido tambin.
Aristbolo, hermano de Marianne, enviado por l al campo contra
Octaviano, hace prisionero  su cuado, y lo lleva ante el vencedor. Ve
entonces, en poder de Octaviano, un retrato de Marianne, arrancado 
Aristbolo por el primero, y poco despus, otro igual, pero de mayor
tamao, que Augusto, inflamado de amor al verlo, ha hecho copiar del
primitivo. Herodes, lleno de rabiosos celos, intenta matar  Octaviano
al entrar en su tienda; pero en el mismo instante el retrato de Marianne
se cae, y se interpone entre uno y otro, y el pual lo atraviesa de
parte  parte. Es sorprendente el arte del poeta en mantener vivo en los
espectadores, por esos diversos signos, el presentimiento de la suerte
final que espera  Marianne. El pual se queda en poder de Octaviano, y
el Tetrarca es encerrado en la crcel. Sentenciado  muerte, despacha un
mensajero  Ptolomeo con una carta secreta, en la cual le encarga que
mate  Marianne, en cuanto tenga noticia segura de su muerte; pero esta
carta llega  las manos de Marianne, indignada con extremo de la injusta
sospecha de su esposo: pide primero  Octaviano su perdn, y lo
consigue, retirndose luego  sus habitaciones ms escondidas, por haber
anunciado  Herodes que no la ver ms en su vida. Herodes, furioso por
haber descubierto Ptolomeo su secreto, intenta matarlo; Ptolomeo busca
su refugio en Octaviano, y lo lleva de noche, para vengarse de Herodes,
al aposento de Marianne. sta se opone  la entrada de su visitador, y,
no pudiendo lograrlo, le arrebata el pual para defender su honor; pero
al reconocer esta arma fatdica de su esposo, la arroja al suelo y huye.
En seguida se presenta el Tetrarca,  quien los criados cuentan la
escena ocurrida: juzga manchado su honor, recoge el pual, y se empea
en matar  Octaviano; la primera persona, que se le acerca, cae en
tierra muerta de una pualada; engaado por las tinieblas de la noche,
asesina  su propia esposa. Cuando conoce su yerro, se precipita
desesperado en la mar. Sus ltimas palabras son:

    Yo no la he dado muerte.

           *       *       *       *       *

    .........El destino suyo,
    Pues que muriendo  mis celos,
    Que son sangrientos verdugos,
    Vino  morir  las manos
    Del mayor monstruo del mundo.

_Los cabellos de Absaln_[108].Caldern--Esta magnfica tragedia ocupa
lugar preferente entre las obras de nuestro poeta: la vida poderosa, que
bulle en ella; su movimiento solemne  imponente, y el gran nmero de
sus bellezas aisladas, brillantes,  graciosas,  duras,  apasionadas,
juntamente con el delicado sentimiento artstico, que modela todas sus
partes, pintando con la mayor naturalidad las aberraciones ms
vehementes de la pasin, no son parte bastante  perturbar en lo ms
mnimo la tranquilidad y la belleza ideal, que reunen en todo el
conjunto de este cuadro sublime. Las luchas de los hijos desobedientes y
degenerados del anciano David contra su padre; la dulzura y longanimidad
de ste con los crmenes que cometen, causa principal de acrecer an ms
su rabia, y disminuir el amor que le profesan, tales son los fundamentos
de esta composicin dramtica, de arrebatadora belleza. Desde la
soberbia escena inicial, en la cual sobre la pompa del triunfo se ve
asomar ya la prxima desdicha, como nube tempestuosa, corre la accin
con fuerza irresistible siempre ms sombra y enrgica en su progreso,
hasta encontrar en el incesto de Annon con Tamar hecho suficiente para
precipitarse con inaudita violencia en profundsimo abismo. La escena
del incesto es horriblemente bella, y demuestra el poder del arte del
poeta, que ha sabido presentar un acto de la inmoralidad ms repugnante,
sin hacer impresin alguna de disgusto, sino, al contrario, inspirando
un horror puramente ideal. No menos admirable, y tan resplandeciente de
la ms sublime poesa, es la escena de la muerte de Absaln; pero  qu
sealar sus perfecciones aisladas, cuando este drama, en la construccin
simtrica de tan escogidos materiales, forma un todo perfecto?

Infinitamente ms inferior es _Judas Macabeo_[109], que, con arreglo 
su plan primitivo, haba de constar de dos partes, pero no se ha
terminado ms que la mitad. As este drama, como los que le subsiguen
inmediatamente, son, en nuestro juicio, composiciones dramticas de las
ms inferiores de nuestro poeta. No es posible censurar que los datos
histricos se hayan revestido de un disfraz romntico, por estar esto de
acuerdo con la prctica constante de todos los poetas espaoles; pero es
verdad que Caldern ha manejado la historia antigua harto
arbitrariamente, desfigurndola sin motivo, debiendo extraarnos an ms
la frecuencia con que viste con frases huecas y pomposas la desnudez,
mal encubierta, y lo indeciso de las formas, que han de representar 
los hroes griegos y romanos. La observacin de Schlegel, calificando de
majestuosa hiprbole  esa manera especial de presentarnos la historia
romana, no tiene, al parecer, fundamento serio.

_Las armas de la hermosura._--La historia de Coriolano es una de las
obras ms desgraciadas de Caldern. El hroe romano es aqu general 
las rdenes de Rmulo, y, sin embargo, ya se han sometido al imperio
romano Espaa y Africa, y Roma es duea del mundo, y llamada la rival de
Jerusaln. Coriolano aparece transformado en un galn del siglo XVII,
con capa y espada, muy puntilloso en cuestiones de honor, y amable y
enamorado con las damas; promueve una rebelin popular, por haber
establecido el Senado, en una ley, que las mujeres no han de ponerse
afeites ni llevar piedras preciosas; un senador perece en esta sedicin,
y su principal autor es desterrado por este motivo. La diccin es
enftica y alambicada, y los personajes desaparecen por su falta
exagerada de consistencia. De algunos pasajes de ella, por ejemplo, el
del ruego, que dirige el gracioso al apuntador para que no lo empale, se
podra presumir que el poeta se propuso tratar este argumento
irnicamente, pero siempre resulta claro que esa irona no resplandece
por igual en toda la composicin. Dios slo sabe cules fueron las
fuentes histricas, que hubo de consultar Caldern; pero no hubo de
conocer los datos verdicos, que, acerca de Coriolano, se encuentran en
Plutarco y en Tito-Livio (II, 34-40). Esta comedia no merece compararse
con el Coriolano de Shakespeare.

_Darlo todo y no dar nada._--Parece asimismo fruto de una inspiracin
potica, ya cansada, y digna slo del gran vate en sus rasgos cmicos.
Su asunto es la historia de Apeles y de Campaspe, segn Plinio (_Hist.
nat._, 35 y 36).

_El segundo Scipin._--Lo histrico proviene de Tito-Livio (XXVI, XXVII
y L), pero muy desfigurado. Scipin, el ms joven, se transforma en una
copia del ms desventurado de todos los reyes espaoles, esto es, de
Carlos II.

_Duelos de amor y lealtad._--La adulacin de comparar  Carlos II, sin
actividad ni energa, nada menos que con Alejandro Magno, que sale al
campo contra Tiro, es demasiado grosera. El estilo es defectuoso,
hinchado y lleno de hojarasca. Al hacer la descripcin de la conquista
de Tiro, parece haber utilizado la de esta ciudad que se encuentra en
Curcio, lib. IV, cap. 4.[110].

_La gran Cenobia_[111].Caldern--Para no terminar esta clase de dramas
despojando  Caldern de sus brillantes cualidades, hemos dejado ste
para el ltimo lugar. En l forman el poderoso imperio de Occidente y el
Oriente misterioso, la rpida elevacin y pronta cada de Aureliano, la
muerte de la gran reina de Palmira, y el contraste de estos dos
caracteres extraordinarios, que se asimilan recprocamente; forman,
repetimos, un cuadro de brillante colorido y tonos vivsimos, cuya
magnificencia se realza ms por su diccin atrevida y llena de imgenes,
acomodada  la ndole especial del asunto.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO X.

     _La hija del aire._--Comedias mitolgicas y otras caballerescas y
     novelescas de Caldern.


_La hija del aire._--Puede clasificarse entre las comedias histricas y
mitolgicas. Las narraciones tradicionales de los antiguos, acerca de
_Semramis_[112], se aprovechan en las dos partes de esta tragedia con
sumo ingenio, trazando una obra brillantsima, que nos arrebata tanto
por su soberbio colorido, cuanto nos admira por el arte magistral, con
que estn dispuestas las grandes masas de esta composicin, tan
exuberante en riqueza, y formando un conjunto acabado y harmnico en sus
diversas partes.

Semramis, hija de una sacerdotisa de Diana, milagrosamente nacida,
amparada por Venus y perseguida por Diana, yace prisionera, desde los
primeros aos de su juventud, en un lugar montaoso y solitario, porque
un orculo ha anunciado que llenar  la tierra de horrores y desdichas,
que transformar  un Prncipe en tirano, y que se precipitar al cabo
en el abismo desde inconmensurable altura. Las precauciones humanas, sin
embargo, son insuficientes para detener el cumplimiento del orculo.
Menn, el victorioso general de Nino, llega, en una expedicin guerrera,
 la caverna que guarda  beldad tan extraordinaria, y la contempla  la
luz del da, sin hacer caso alguno de la voz amiga, que intenta
disuadirlo de su propsito. El sacerdote, encargado de su guarda, se
suicida al ver que se rompen sus cadenas, y que inundarn al mundo las
desdichas anunciadas. Pronto empieza  cumplirse el orculo. Apenas
contrae matrimonio con Menn esta mujer infernal, cuando atrae la
atencin del Rey con sus mgicos encantos; guiada por un poder
sobrenatural, que la arrastra  llenar en todas sus partes los acuerdos
del destino, se arroja en brazos del soberano, y comparte con l el
trono. Menn sucumbe, y es su primera vctima. Nino lo manda cegar para
hacerlo inofensivo, y mientras Semramis es proclamada reina del mundo,
profiere su primer esposo contra ella terribles maldiciones. El cielo
las acompaa con tempestades y truenos, pero tambin Nino perece por
obra del bello dragn, cuya mirada mata. Semramis pasa por encima de su
cadver, por mandar sola, y encierra en la crcel  su hijo Ninias,
quedndose seora y soberana nica de inmensas regiones. Los pueblos
vecinos le hacen la guerra; pero ella, sonrindose, menosprecia  esos
desdichados, y mientras sus damas la revisten de trajes preciosos y
peinan sus cabellos, entona cnticos agradables, y corre despus  la
pelea; vence como si se tratara de un juego de nios, y del campo de
batalla vuelve en seguida  su tocador.

El orgullo de la Reina ha irritado al pueblo. Los rebeldes sacan 
Ninias de su prisin, y lo proclaman Rey. La afligida Semramis se
retira  los aposentos ms escondidos de su palacio; el joven Rey no
hace caso de los favoritos de su madre, y, sobre todo, del ms
influyente, del almirante Frixo, y distribuye entre sus sectarios los
cargos ms importantes. Semramis, mientras tanto, ha formado en su
soledad el plan ms temerario para recuperar de nuevo el mando. Ninias
es tan semejante  ella en facciones y en cuerpo, que, con traje de
hombre, puede confundirse con l. Con ayuda, pues, de Frixo, se desliza
de noche en la alcoba de su hijo, lo arranca de all y lo encierra en un
lugar alejado del palacio real; se pone sus ropas y gobierna como si
fuese Ninias, ignorndolo todos menos Frixo. Anlanse entonces muchos
actos del gobierno del Rey; sus favoritos caen en desgracia; el falso
Ninias ofrece la esposa prometida del verdadero  su auxiliar Frixo, que
la pretende; la confusin es completa; las leyes del espritu humano que
siempre han regido al mundo, se muestran entonces trastornadas, y slo
Frixo comprende la razn del laberinto en que toda la corte se
pierde[113]. Por ltimo, estalla nueva guerra con los pueblos
inmediatos, y Semramis perece en la contienda. El imperio se ve en el
mayor peligro; el pueblo comprende que slo su gran Reina podr
salvarlo, y se precipita en el aposento, en donde yace escondida, pero
en su lugar, y con admiracin de todos, se presenta Ninias,  quien se
crea muerto. De esta manera se cumple en toda su extensin el orculo:
el astro brillante, como un cometa mensajero de males, pero iluminando
tambin la tierra, se extingue al cabo, y las cosas siguen su curso
ordinario[114].

Las comedias mitolgicas de Caldern fueron casi todas escritas por
orden del Rey,  por algn otro motivo anlogo, y se destinaban  ser
representadas en la corte, en ciertas ocasiones solemnes, en
casamientos, etc. Bajo este aspecto pueden calificarse de fiestas, 
cuya clase (para repetir una observacin, hecha ya en lugar oportuno),
pertenecen tambin otras diversas histricas y sacadas de los romances
caballerescos. Refirense particularmente  estas fiestas las notables
palabras de Jovellanos, que dicen as:

Todo se mejor bajo sus auspicios (de Felipe IV), y el magnfico teatro
que hizo levantar en el Buen Retiro, abri una escena muy gloriosa  los
talentos y  las gracias de aquel tiempo.

       *       *       *       *       *

La _msica_, reducida primero  la guitarra y al canto de algunas
jcaras entonadas por ciegos, admiti ya el artificio _de la harmona,
cantndose  tres y  cuatro_, y el encanto de la _modulacin_, aplicada
 la representacin de algunos dramas, que del lugar en que ms
frecuentemente se oan tomaron el nombre de _zarzuelas_. La _danza_
aadi con sus movimientos, medidos y locuaces, nuevos estmulos  la
ilusin y al gusto de los ojos. La _pintura_ multiplic los objetos de
esta misma ilusin, dando formas significantes y graciosas  las
mquinas y tramoyas inventadas por la mecnica, y animndolo y
vivificndolo todo con la magia de sus colores, Y la _poesa_, ayudada
de sus hermanas, desenvolvi sus fuerzas, despleg sus alas, y vagando
por todos los tiempos y regiones, no hubo ni en la historia ni en la
fbula, en la naturaleza ni en la poltica, acciones y acaecimientos,
vicios  virtudes, fortunas  desgracias, que no se atreviese  imitar y
presentar sobre la escena.

Entonces fu cuando todos los ingenios se cieron para buscar en ella
su inters  su aplauso. Los empleos, la profesin y el estado no
detenan  ninguno en esta senda de gloria, y, animados todos por la
proteccin y la recompensa, se vi hasta dnde poda llegar en aquella
sazn el talento ayudado de la opinin y del poder. De innumerables
dramas que se presentaron  esta competencia, oimos todava algunos con
gran deleite sobre nuestra escena; pero los de Caldern y Moreto, que
ganaron entonces la primera reputacin, son hoy,  pesar de sus
defectos, nuestra delicia, y probablemente lo sern mientras no
desdeemos la voz halagea de las musas.

Con arreglo  su fin de solemnizar fiestas de corte, los dramas de que
tratamos ahora descuellan casi todos por su lujo teatral, abundando en
apariciones de dioses, terremotos y lluvias de fuego, que el poeta
emplea para su objeto,  fin de que los maquinistas y pintores
escengrafos del Buen Retiro hagan alarde de su arte. Con frecuencia nos
ofrecen tambin partes cantables, y stas, juntamente con las dems
mudanzas escnicas diversas, les imprimen cierta semejanza con las
peras; pero, sin embargo, la poesa no se subordina  la msica,
viniendo sta en ayuda de la primera, para interpretar  su modo el
sentido de la poesa. Hllase slo una de estas comedias, titulada _La
prpura de la rosa_, destinada toda al canto. Por lo que hace  su
mrito potico, han de estimarse algunas entre las mejores obras de
Caldern, ofreciendo los mitos antiguos bajo un aspecto moral al estilo
romntico; el elemento potico es siempre aqu lo principal, empleando
slo ese ornato externo y pomposo como una envoltura agradable. Al
contrario, en otras fiestas se observa  menudo, por desgracia, que el
poeta se amolda ms al encargo que ha recibido, que  seguir sus propios
y naturales impulsos; el predominio de la pompa escnica, que ahoga
alguna vez los arranques poticos del autor, anuncia la decadencia del
teatro, y al parecer arrastra en ella al poeta. Por lo dems, que
ciertos resortes dramticos espaoles; que ciertos personajes y
situaciones; que los celos y la venganza castellana, y que nombres
modernos alternen con los griegos, no debe extraar  nadie, porque en
todas estas composiciones, la mitologa toma, en general, la forma de
tradicin fantstica del ciclo de Carlomagno.

Como lo ms esencial del argumento de las comedias mitolgicas est
contenido en su mismo ttulo, no podemos aqu ser muy prolijos en el
examen de estos dramas de Caldern, Sin extendernos, pues, como
quisiramos, nos limitaremos  hacer algunas indicaciones acerca de las
siguientes:

_El mayor encanto, amor._--Circe, la de Homero, antes de llegar  manos
de nuestro dramaturgo, haba hecho ya diversas correras por las obras
de los poetas romnticos, bastndonos slo recordar _La Morgana_, de
Lancelote y de Boyardo; _La Alcina_, del Ariosto, y _La Armida_, del
Tasso. Caldern ha includo en su poesa, cuyo fundamento es la
_Odisea_, X, 135  574, y XII, 8  141, algunos rasgos de esas formas
romnticas de la tradicin antigua, particularmente de _La Jerusaln
libertada_, cap. 16, y de _El Orlando furioso_, cap. 6. Rejuvenecida
por completo con todos sus encantos se muestra en este drama la antigua
fbula; pero, en lo general, bajo una forma nueva, y llevando el sello
romntico. As como los compaeros de Ulises se encuentran encadenados
por la belleza de Circe, y por su isla, semejante al Paraso, as
tambin el lector se siente adormecido por las alas del deleite,
creyndose trasladado  una isla maravillosa, desde la cual ve, en lo
profundo,  la mar azulada   sus riberas encantadas formando graciosas
bahas, y  sus suaves colinas, que parecen respirar amor.

_El golfo de las sirenas._--gloga piscatoria, continuacin de la
anterior, y que refiere las persecuciones, que sufri Ulises, de la
clera de Circe y de Venus. En _Scila y Caribdis_ vemos alegoras, que
indican los extravos de la razn bajo la influencia de los sentidos.

_El monstruo de los jardines._--El antiguo mito, base de este drama, es
atribudo  los poetas cclicos en el escolio  la _Iliada_, XIX, 332.
Caldern aprovech tambin algo de Ovidio, _Metamorphos._, XIII, 162, y
_Arsamat._, I, 689. Aquiles, criado en la soledad de los bosques por su
solcita madre, y oculto  todo el mundo, no puede resistir, ya mancebo,
 su natural afn de vivir en otra esfera, y huye de su encierro.
Encadenado por los encantos de Deidamia se disfraza de mujer, y vive
desconocido de todos, entregado  su amor tranquilamente en la corte de
la bella Princesa, hasta que la guerra penetra en esta regin pastoril,
y despierta su alma de esa embriaguez amorosa al cumplimiento de los
deberes ms sagrados del hombre. El colorido voluptuoso y suave de este
cuadro; el vuelo reposado de la lrica que en l se nota; las floridas
descripciones de esos tiernos ensueos amorosos; el brillo y la pompa de
las fiestas, que se celebran en la corte del rey de Sciros, y,  lo
lejos, el estrpito belicoso de los hroes griegos, forma un conjunto
harmonioso, que transporta en una especie de xtasis  quien la lee  la
oye.

_Eco y Narciso._--Drama, que forma pareja con el anterior, y no inferior
 l bajo ningn aspecto, trazado con arreglo  la conocida fbula de
las _Metamorfosis_, de Ovidio, III, 359  510. Segn la indicacin, que
se hace al terminar, fu escrito de orden superior, y se represent por
vez primera, ante el Rey y la Reina, en el teatro del Buen Retiro.
Cun grande es la harmona--dice Malsburg,--de este idilio de Narciso!
Es una pera en palabras! El placer de la msica lo sentimos, al oirla
sin acompaamiento instrumental alguno. El poeta no se ha propuesto
conmovernos ni sorprendernos mucho: es un juego agradable en la dorada y
verde Arcadia, con su cielo de azul pursimo; lo trgico, que se
encuentra en ella, nos conmueve slo  la ligera, y se pierde, como por
magia, en dulces cantos, acompaados de un arpa melanclica. Toda la
composicin es flores y colorido, y  pesar de la tempestad, que en
ella reina, la seductora catstrofe nos sonre como grata y lejana
cancin pastoril[115].

_Ni Amor se libra de amor._--Nos ofrece el lindo cuento de Amor y
Psiquis, de Apuleyo, de una manera tan superior, que es preciso
calificar este drama entre los primeros y ms bellos de las obras de la
misma clase de Caldern. Difernciase de las dems comedias mitolgicas
por el simbolismo manifiesto, que predomina en toda la composicin. La
ltima parte del cuento, narracin de Apuleyo, el arrepentimiento y
castigo de Psiquis, est muy compendiada. Lope de Vega haba escrito
tambin un drama, titulado _Psiquis y Cupido_ (vase el prlogo al
_Peregrino_), que, segn parece, se ha perdido por completo.

_Celos aun del aire matan._--Con la fbula de Cfalo y Proclis, de las
_Metamorfosis_, de Ovidio, VII, 794, aparece tambin en ntimo y
artstico enlace el famoso Herstrato, que incendi el templo de Diana.
Este drama, tambin, es uno de los mejores de su clase, y contiene
muchos rasgos de verdadero genio.

_El faetonte_  _El hijo del Sol, Faetn_.--Una fiesta, en la cual
Caldern ha manejado con gran libertad el mito conocido de las
_Metamorfosis_, de Ovidio, I, 745 y siguientes, y II, 1 y siguientes,
varindolo con arreglo  otros motivos dramticos, inventados por el
autor. Faetn y Peleo se enamoran ambos de Tetis, y el primero pierde la
razn  la puesta del carro del Sol, al ver que Peleo roba  Tetis y se
la lleva.

_Apolo y Clmene._--Puede considerarse como la primera parte de _El
faetonte_. Clmene, hija de Admeto, se cra en un desierto por miedo 
un orculo. Apolo es enviado por Jpiter  esta regin. Enlzase con
esto el amor de Elytia  Apolo, de las _Metamorfosis_, de Ovidio, IV,
256, y el paseo de Cfiro con Flora, de los _Fastos_, del mismo Ovidio,
V, 195. Este drama,  pesar de algunas bellezas aisladas (en particular
la escena nocturna en el jardn, cuando juegan al escondite las varias
parejas de amantes), nos ofrece cierto vaco interior y falta de
substancia, como sucede tambin en muchas otras composiciones de esta
ndole, probando que no siempre brilla el estro potico aun cuando lo
mande un Rey.

_Los tres mayores prodigios._--Destinado probablemente al jardn del
Buen Retiro. El teatro se divida en tres compartimentos en fila, en
los cuales se representaban los tres actos por tres compaas diversas.
Esta fiesta es una de las producciones ms dbiles de nuestro poeta.

_Fortunas de Andrmeda y Perseo._--El argumento de este drama, de mucha
msica y lujo de decoraciones, y tambin de extraordinaria poesa,
proviene de las _Metamorfosis_, de Ovidio, IV, 609 y siguientes. La
gruta de Morfeo, de las _Metamorfosis_, XI, 592, y la representacin del
Trtaro, de las mismas _Metamorfosis_, IV, 932.

_La fiera, el rayo y la prpura._--Drama parecido  pera, de argumento
muy variado y lleno de portentos, cnticos y danzas. La parte potica no
es muy importante. Los mitos de Anarete y de Pigmalin (de las
_Metamorfosis_, de Ovidio, XIV, 698, y X, 243), estn enlazados con una
tercera fbula de la invencin peculiar del poeta.

_El laurel de Apolo._--Segn las mismas palabras de Caldern,

      No es comedia, sino slo
    Una fbula pequea,
    En que,  imitacin de Italia,
    Se canta y se representa.

El argumento, la transformacin de Dafne en laurel, la victoria de
Apolo contra la serpiente Python y su disputa con Cupido, dimana de las
_Metamorfosis_, de Ovidio, I, 438 y siguientes. A la conclusin se
ofrece el laurel al Rey.

_La prpura de la rosa._--Desenvuelve el bello mito de Venus y de
Adonis, con arreglo  las _Metamorfosis_, de Ovidio, X, 503, exornndolo
con gracia. Consrvase aqu la loa con las figuras alegricas. Esta
pieza consta slo de un acto con arreglo  la terminologa espaola; no
es comedia, sino zarzuela, como se llama tambin en las antiguas
ediciones. Las modernas de este mismo autor no son, pues, exactas cuando
suprimen su calificacin propia, dndoles diverso nombre.

_Amado y aborrecido._--Slo son mitolgicos los nombres, y su ingeniosa
fbula, original de Caldern. Consiste en una disputa entre Venus y
Diana acerca de cul es ms fuerte, el odio  el amor: prubanlo en un
mortal, y la balanza tarda largo tiempo en inclinarse; pero al fin vence
el amor.

_Fineza contra fineza._--Parecida por su argumento  la anterior, y,
como ella, de invencin del autor, aunque la mitologa desempee tambin
su papel exterior. Ni en su pensamiento ni en su desarrollo es ms que
mediana. Es posible que la historia de Olimpo y Sofronia, del acto
tercero, sea una reminiscencia del Tasso.

_Fieras afemina amor._--Desenvuelve las hazaas de Hrcules. Las
aplicaciones de la maquinaria que hubo de exigir su representacin,
debieron ser de las ms complicadas, porque casi todas las hazaas
atribudas  Hrcules aparecen en este drama. Entre otras, trepa  la
cima del Parnaso, monta all en el caballo Pegaso y cabalga en l por
los aires, para pelear con el dragn, que guarda las manzanas de las
Hesprides. En la loa son los personajes parlantes el guila de dos
cabezas de Austria, el fnix, el pavo real, los doce meses del ao y los
doce signos del Zodiaco. No es grande el mrito de esta obra.

De composicin muy semejante  las mitolgicas, y con el propsito
tambin de interesar los sentidos por la pompa escnica y por el cambio
continuo de decoraciones, son la mayor parte de las comedias, cuyo
argumento ha sacado Caldern de novelas y poesas antiguas. Con arreglo
 las palabras que leemos en _El maestro de danzar_,

    ......Las locuras
    De Esplandin y Belians,
    Amads y Beltenebros,
    A pesar de Don Quijote,
    Hoy  vivir han vuelto.

Hay motivos para extraar que el poeta haya llevado  la escena los
singulares cuentos de los libros de caballera, y en este concepto se ha
observado, en son de burla, que los hroes gigantes y damas encantadas
de Amads y de Esplandin se haban refugiado en el teatro despus de
expulsarlas Don Quijote de los libros; pero tampoco es posible negar que
Caldern ha mejorado esas invenciones desordenadas y fantsticas de los
antiguos romances, revistindolas de verdadera y ms brillante poesa.
La accin es indudablemente de carcter pico marcado, y, con arreglo 
la ndole de estos materiales, prestbanse con dificultad  servir para
una composicin verdaderamente dramtica; pero  pesar de este
obstculo, que se encuentra en las obras de Caldern, correspondientes 
esta clase, quin podr oponerse  renegar del encanto de este mundo
romntico y maravilloso, realzado con todas las galas de la poesa y
expresado en el lenguaje ms florido? Esa brillante magia,  cuya seal
surgen de los desiertos castillos suntuosos, coros invisibles que
entonan dulces cnticos, y ninfas voluptuosas que estrechan  los
guerreros en sus brazos despus de sus trabajos; esa ostentacin
escnica que nos transporta, ya  perfumados jardines,  la sombra de
mirtos y naranjos, ya  palacios de oro resplandeciente, ya  islas
encantadas; esa multitud de aventuras novelescas en un pas maravilloso
en que toman forma sensible todos los asuntos de la fantasa; todo esto,
junto con una exposicin que centuplica sus bellezas con sus ricas y
artsticas pinceladas, atrae el espritu con sus gratsimas imgenes, y
lo arrulla, hacindolo olvidarse de la realidad. Hay en este drama,
aunque pertenezca  otro gnero literario, lo mismo que en los cantos
del Ariosto.

_La puente de Mantible_[116].Caldern--Composicin llena de los ms
extravagantes prodigios. La expedicin guerrera de Carlomagno contra el
gigante sarraceno, Fierabrs; los combates incesantes entre los
caballeros moros y cristianos; el lugar encantado, con su ro de verdes
orillas; el puente maravilloso, que aparece y desaparece, y el palacio
mgico, edificado en la cabeza de un enano de bronce, forman el marco,
en cuyo centro se desarrollan los amores de Guido de Borgoa y de
Floripes. El primero, con otros caballeros francos, ha cado en manos de
Fierabrs, siendo encerrados todos en el castillo encantado para morir
al da siguiente. Floripes, hermana de Fierabrs, entra en la prisin de
su amante y mata  los carceleros; pero Fierabrs acude corriendo, y
pone sitio al castillo para rendir por hambre  su hermana y  los
caballeros cristianos. Guido cae prisionero en una salida que hacen, y
ya est  punto de sucumbir,  pesar de los ruegos de Floripes, cuando
sus compaeros lo libertan, y se abren paso por el ejrcito de Fierabrs
para poner en noticia de Carlomagno la situacin apurada de sus pares.
El Emperador est separado del territorio sarraceno por un ro temible y
torrencial, no habiendo en l ms que la puente de Mantible, guardada
por el gigante Galafre; pero Guido se lanza con su corcel en la
corriente, y llega as al lugar ocupado por los cristianos. Sabedor
Fierabrs de la huda del caballero, acorre al puente y hace all cara
con sus gigantes, por una parte al Emperador y al ejrcito cristiano que
lo ataca, y por otra  los caballeros del castillo, que lo acometen 
las rdenes de su hermana Floripes. La victoria se decide al fin por los
cristianos: el puente es hecho pedazos por ellos; Fierabrs cae desde l
 los pies del Emperador, amenazndole hasta en su cada; Carlomagno da
orden de tratarlo con dulzura, y Floripes da su mano  Guido.

_El jardn de Falerina_[117].Caldern--Trata de la conocida hazaa de
Rolando, de Boyardo, cuando vence el arte mgico de la hada Falerina, y
pone en libertad  las damas y caballeros cristianos, presos en su
jardn mgico. Este drama se distingue tambin por su brillante poesa
romntica, hablando al alma por la nobleza y ternura de los
sentimientos, y por el espritu verdaderamente caballeresco que en toda
ella reina, as como arrebata la imaginacin por la pompa y variedad de
sus decoraciones.

_El castillo de Lindabridis._--Drama en general inmejorable, rebosando
en hechos maravillosos, sucesos y casos increbles, en una palabra, en
las _magnanimes mensonges_ de la caballera fantstica. Proviene su
argumento del libro clebre de _El caballero de Febo, espejo de
prncipes y caballeros_[118]. La princesa trtara Lindabridis,  quien
su hermano ha despojado del trono, no dispone de otro medio para
recuperarlo que el hallazgo de un esposo, que aventaje al usurpador en
valor y en prudencia. En un palacio encantado atraviesa los aires,
recorriendo todos los pases, para buscar el marido que necesita. Grande
es el nmero de los que, atrados por sus encantos y por la suerte
codiciada que les aguarda, se creen dignos de alcanzar su mano. Las
luchas de los rivales y otras diversas aventuras del caballero Febo y
del prncipe Rosicler, enlazadas con la accin principal, llenan esta
comedia, que termina con un gran torneo que decide la contienda, y con
las bodas de Rosicler y de Lindabridis.

_Hado y divisa de Leonido y Marfisa_[119].Caldern--Vera Tassis asegura
que sta es la ltima obra de Caldern, escrita  los ochenta y un aos.
Sin embargo, el fuego de la imaginacin del autor es aqu juvenil,
encontrndose pocas faltas, de las que se hallan en las restantes
comedias de los ltimos aos de su vida; como afirma muy acertadamente
V. Schmidt, parece que la luz de su poesa, antes de extinguirse, brilla
por ltima vez clara y vigorosa. El argumento, con su varia y rica
alternativa de las ms diversas imgenes y situaciones; con sus
caballeros, tan valerosos y tan inquietos, siempre amando  peleando, y
con sus damas varoniles, se nos presenta al alma como un sueo
agradable, respirando dulce soolencia; los cuadros tan sentidos que en
ella se trazan,  la vez que su diccin galana y abundante, ya sublime,
ya atrevida, ya dulce, ya agradable, realzan ms el encanto de su
conjunto. Digna es, por tanto, de ser tratada y explicada ms
prolijamente.

Arminda, princesa de Trinacria, y sus dos pretendientes, los prncipes
de Rusia y de Suavia, persiguen  Leonido con sus espadas desenvainadas,
dndole apenas tiempo de refugiarse en una barca con un compaero fiel,
y escapar,  fuerza de remos, de sus perseguidores. El fugitivo, sin
saberlo, ha dado muerte en un torneo  un hermano de Arminda, por
haberse alabado de que su novia Mitilene es la dama ms bella de la
tierra. Arminda promete dar su mano  quien quiera que le entregue el
matador, muerto  vivo, apresurndose los Prncipes  ganar tan
codiciado premio. El lugar de la escena se muda de Trinacria  Mitilene.
Leonido desembarca con su compaero; deja su escudo y su armadura cerca
de una caverna de la ribera, y sale en busca de guarida. Marfisa,
vestida de pieles, sale  su vez de la caverna; ve las armas, y
experimenta un sentimiento vago y agradable; pero el viejo encantador
Argante la arrastra  la fuerza  la gruta. Presntase entonces la
princesa Mitilene, con brillante acompaamiento, con msica y cnticos;
se propone, por curiosidad, robar  Marfisa, siendo la msica el medio
ms eficaz de lograrlo, ya que los pastores, que han visto muchas veces
desde lejos  la beldad portentosa que habita la gruta, le han asegurado
que aqulla ser atrada irresistiblemente por tan gratos sonidos. Pero
lo impiden otros sucesos que ocurren: Leonido, que se hace pasar por un
mercader nufrago, se arroja  los pies de Mitilene pidindole
proteccin, llegando casi en seguida la noticia de que su amante ha
muerto  manos de Leonido. La Princesa clama venganza y se aleja de all
precipitadamente, declarando que, por la muerte de su amante, le
corresponde, por juro de heredad, el trono de Trinacria. Alegre Leonido
de que nadie se acuerde de l, se queda all solo, presentndose
entonces Marfisa, y sintiendo ambos, al verse por vez primera, tierna y
recproca simpata. Leonido se prepara  arrancar  Marfisa de su triste
morada, cuando acude colrica la furia Megera, evocada del Infierno por
Argante, y huye, llevndose por los aires  Marfisa entre tempestades y
terremotos.

En el acto segundo reina la mayor tranquilidad. Leonido se acerca de
nuevo  recoger sus armas y  ver  Marfisa; arranca un peasco de la
caverna, y mira  la doncella en un saln de cristal en medio de sus
ninfas, que la cubren de galas y regocijan sus odos con cnticos
agradables. El mgico Argante rodea  su pupila con estas seducciones
para tenerla contenta en la caverna, porque una profeca le amenaza con
el peligro de matar  quien ms ama,  de perecer por mano del mismo.
Leonido se presenta  Marfisa y le cuenta su vida, dicindole que haba
sido expuesto  la inclemencia del cielo, adoptndolo el duque de
Toscana, y que ms tarde, ya hecho caballero, por amor  Arminda haba
dado muerte  su hermano. Marfisa, en un espejo mgico, hace ver  su
amada, que, con ayuda de los dos Prncipes, busca  aquel matador. El
amor aleja de all  Leonido,  causa del peligro que le amenaza; pero
antes de separarse de la joven que habita en la gruta, cambian ambos dos
alhajas que llevan desde sus primeros aos, y que son exactamente
iguales, llenndolos de sorpresa este hallazgo. La escena inmediata es
otra vez en Trinacria. Mitilene desembarca con poderoso ejrcito para
conquistar la isla, y ya se prepara  recibirla y  pelear con ella
Arminda con sus soldados, cuando Megera abre el crter del Etna, que
despide en todas direcciones corrientes de lava y de fuego, y que
obliga  Mitilene  refugiarse en sus buques. Arminda corre el peligro
de morir abrasada en su tienda; pero Leonido, vestido como un guerrero
ordinario, arrebata su presa  las llamas.

La accin en el acto tercero es en el palacio de Arminda. Casimiro, to
de las dos Princesas, que se hacen la guerra, ha llegado ya para poner
fin  su contienda; al ver  Leonido, que, como salvador de Arminda,
tiene libre entrada en el palacio, experimenta hacia l extraa
simpata. Arminda (que no conoce al matador de su hermano, no habindolo
visto nunca, y slo sabe que se llama Leonido, por cuya razn ignora que
el salvador de su vida, que lleva un nombre falso, es realmente ese
mismo matador) excita  Leonido, por quien siente cierta inclinacin
amorosa,  provocar al matador de su hermano y  pelear con l  muerte,
puesto que su mano ha de ser la recompensa que obtenga. Leonido se queda
anonadado; pero su amigo le hace volver en s de su asombro, y se ofrece
 tomar sus armas, y, fingiendo ser Leonido,  pelear con l. Otra vez
aparece de nuevo la gruta de Mitilene; presntase el amigo de Leonido
para recoger las armas de ste; pero lo mata el prncipe de Suavia en
una emboscada, tomndolo por Leonido. Marfisa cree tambin que ha
muerto su amigo; se reviste su armadura excitada por el deseo de alejar
de l la vergenza de su cobarde abstencin, despus de enterarse del
suceso, y llega  Trinacria, rompiendo el encanto y desoyendo los
consejos de Argante.

En la escena ltima se han hecho los preparativos del torneo, delante
del palacio de Arminda: Marfisa y Leonido se aprestan  la pelea, pero
se conocen y combaten con cierto temor. Casimiro los separa, y se
informa de su procedencia. Al presentarle las joyas, que ambos guardan,
averigua que son los dos hijos gemelos suyos y de Matilde, princesa de
Trinacria, que los ha dado  luz en secreto. Los dos, despus de nacer,
fueron enviados  escondidas  Casimiro; pero el buque que los llevaba
naufrag en las costas de Toscana, robando Argante  la nia, y
amamantando una leona al varn. Despus de esta aclaracin, Leonido
ofrece su mano  Arminda; el prncipe de Rusia hace lo mismo con
Marfisa, y Mitilene se casa con el prncipe de Suavia.

Otras novelas y libros caballerescos son tambin el fundamento de los
dramas siguientes:

_Los hijos de la fortuna, Teagenes y Clariclea._--De la clebre novela
de Heliodoro[120], que Cervantes tuvo ya  la vista al escribir su
_Persiles_. De los muchos hechos extraos, en parte, y en parte
agradables  interesantes, que componen esa novela, slo se aprovechan
los ms notables. Bastan stos, sin embargo, para formar una accin
dramtica de mucho movimiento; pero el mrito principal de esta obra de
Caldern consiste en su belleza moral, y en la pureza de sentimientos
que en ella predominan; en la pintura incomparable de la tierna
inocencia de la herona, y en los nobles y elevados sentimientos de su
amante, que no slo salen ilesos, sino que brillan con resplandor ms
vivo,  pesar de los tormentos y de las contrariedades que experimentan
en su vida.

_Argenis y Poliarco._--De la novela latina _Argenis_, de John Barclay,
conocida ya en Espaa por dos traducciones de Josef Pellicer de Salas, y
de Gabriel Correa (impresas ambas en Madrid en 1626). Evidentemente
contiene esta novela una descripcin de la historia poltica de Francia
bajo Enrique III, y, con nombres fingidos, la de los hombres ms
clebres de aquella poca, entre los cuales aparece Felipe II con los
colores ms repugnantes[121]; pero Caldern prescinde de todas estas
alusiones, atenindose nicamente  su fbula.

_Amor, honor y poder._--Se funda en una novela de Bandello (II, nov.
38), que,  su vez, descansa tambin en datos histricos. Los
principales personajes son Eduardo III, rey de Inglaterra, y Estela de
Salverich (la condesa de Salisbury). Puede servir la de Caldern para
hacer comparaciones interesantes con el antiguo y excelente drama ingls
_Edward the Third and the Black Prince_, atribuda recientemente, con
plena razn,  Shakespeare. Ambas son, sin embargo, completamente
diversas. Shakespeare no ha tenido presente para nada la novela, sino
slo la tradicin histrica. El amor de Eduardo  la bella Condesa llena
slo su acto primero. Esta mujer enrgica se da trazas de proteger su
honor, tomando una resolucin varonil, y obligar al Rey  volver de
nuevo  su herica y magnnima senda, llenando la segunda mitad del
drama las hazaas ejecutadas por el Monarca, despus de vencer su
pasin. La comedia espaola, al contrario, gira toda ella sobre la
lucha, que se establece entre el honor, el poder y el amor. Eduardo,
apasionado hasta el extremo de la bella Condesa, y persuadido de que
sern vanos sus esfuerzos para lograr sus deseos, intenta forzarla; pero
ella es bastante discreta para burlarse de todas sus estratagemas, y
llega  dominarlo de tal modo con la nobleza de sus sentimientos, que su
amor sensual se trueca en respeto y veneracin, y despus, cuando cesa
la lucha entre esos tres poderes, ella le ofrece voluntariamente su
mano.

Quedan todava diversas comedias, que, como algunas de las mencionadas
ltimamente, son de argumento fantstico y de lujo escnico, como ellas;
pero, segn todas las probabilidades, de la exclusiva invencin del
poeta. Si no fuese otro nuestro objeto que presentar  Caldern por su
lado ms favorable, pasaramos adrede por alto estas composiciones
ostentosas, puesto que se observa en ellas, no obstante la variedad y
riqueza de su fondo, como cierto cansancio y vaco interior, no
ciertamente compensado por la superabundancia de sus galas exteriores.
Sus personajes son de ordinario prncipes y princesas de los pases ms
diversos de Europa, juguetes de los ms extraos acontecimientos, aunque
incapaces tambin de excitar nuestro inters. No faltan en ellas, sin
duda, extraas aventuras, desafos, serenatas  la luz de la luna,
grutas misteriosas, en las cuales se pronuncian orculos, y castillos
antiguos, rodeados de jardines solitarios; pero todos estos estmulos
romnticos, y alguna que otra escena importante, no bastan para hacernos
olvidar sus defectos y su falta de arte, genuinamente dramtico. A esta
clase pertenece la comedia _Efectos de odio y de amor_, cuya herona,
Cristerna, representa, al parecer,  la reina Cristina de Suecia. Para
formar una idea de lo fabuloso de su geografa, tngase en cuenta que se
dice en ella que el Danubio es el lmite entre Rusia y Suecia; los
protagonistas, adems de la Reina, son el duque de Rusia y los duques de
Albania y de Gothia; algunas bellezas de su parte cmica no contrapesan
la vaciedad de la parte seria. Los mismos defectos se observan en las
piezas verdaderas de espectculo, _Auristela y Lisidante_, y _Los tres
afectos de amor_. De ms mrito, pero formada con iguales elementos, es
_El conde Lucanor_, obra fantstica, cuya accin alterna entre Egipto y
Toscana, y cuyos principales personajes son un prncipe de Rusia, otro
de Hungra, el duque de Toscana, el Sultn y una encantadora egipcia; no
escasean en ella detalles agradables y poticos, pero la traza de pera
de su conjunto y lo alambicado de su exposicin, ahogan por completo
estas bellezas aisladas. Este drama no tiene nada de comn con la
clebre coleccin de novelas de igual nombre, del infante Don Juan
Manuel.

[Illustration]

[Illustration]




CAPTULO XI.

     Comedias romnticas de Caldern.


La enumeracin de las comedias de Caldern nos ofrece ahora una serie de
dramas, que no pueden calificarse de otra manera, que, con el nombre,
demasiado genrico, de comedias romnticas. Estas composiciones, que son
todas, al parecer, de la exclusiva invencin del poeta, por cuya razn
no pueden ser comprendidas en las divisiones anteriores, tienen, sin
embargo, argumento demasiado serio para que se las llame nicamente
comedias, y de aqu que las juntemos bajo el epgrafe tan general
indicado,  pesar de lo diverso de sus elementos predominantes.

_El pintor de su deshonra._--A quien se sienta dispuesto  dudar del
genio sublime de nuestro poeta castellano, le presentaremos esta
magnfica tragedia, de lo mejor, sin duda, que ha escrito Caldern, y
que reune todos los encantos de la poesa romntica con notable
profundidad psicolgica, y una impresin trgica conmovedora en sumo
grado. El lugar de la accin del primer acto es la residencia del
gobernador de Gaeta, el cual, en la primera escena del mismo, felicita
por su llegada al mismo sitio  su amigo el espaol Don Juan Roca, y 
su joven esposa Serafina. Porcia, la hija del gobernador, traba pronto
amistad con Serafina, confindose ambas sus secretos amorosos. La
primera cuenta que acepta en secreto las pretensiones del prncipe de
Ursino, y la segunda describe con fuego la pasin que le inspir el
hermano de Porcia, Don Alvaro, correspondida por l con igual
vehemencia. Pero Don Alvaro se haba embarcado despus, recibindose 
poco la noticia de haber naufragado el buque que lo llevaba, pereciendo
todos los pasajeros. Esta noticia la anonad por completo, acabando la
obra las instancias repetidas de su padre, para que diese su aprobacin,
como lo hizo,  su enlace con Don Juan. Serafina, al referir estos
sucesos, se impresiona de tal modo por la fuerza de su sentimiento, que
cae en tierra sin sentido, saliendo Porcia presurosa para pedir socorro.
En este instante se presenta un desconocido, mira  la desmayada y se
inclina sobre ella con la expresin del inters ms vivo; Serafina abre
los ojos, y despus de gritar Alvaro! cae otra vez en tierra desmayada.
En efecto, la noticia de la muerte de su amante era falsa, porque
encontr medio de salvar su vida del naufragio. La escena, en que se
encuentran de nuevo los dos amantes en una situacin tan dramtica, est
escrita con toda la perfeccin y ternura de afectos, de que era capaz el
pincel de Caldern, y conmueve hasta admirarnos el principio de este
cuadro, que ha de representar la lucha entre el deber y el amor en el
corazn de Serafina. La desdichada se empea con toda la energa de su
alma en dominar su inclinacin, declarando  Don Alvaro, con fingida
frialdad, que se cas con su esposo por deber y por amor. Durante esta
entrevista se oye un caonazo: es la seal que anuncia la partida de Don
Juan; Serafina se apresura  acompaarlo  su patria, y Don Alvaro se
queda en Gaeta sin esperanza.

El acto segundo nos ofrece  Don Juan, en su residencia de Barcelona,
ocupado en retratar  su esposa, por ser aficionado entusiasta  la
pintura. La paz y la felicidad rodean, al parecer,  este matrimonio, y
hasta los recuerdos de lo pasado se han borrado ya del corazn de
Serafina. De repente, al dejar Don Juan sola  su esposa, entra en la
habitacin un hombre vestido de marinero: es Don Alvaro, que, no
pudiendo resistir  su antiguo amor, se ha encaminado con este disfraz 
Barcelona; con nuevas splicas atormenta el corazn de Serafina, pero
ella le representa con tanta energa y elocuencia lo insensato y lo vano
de sus deseos, que l resuelve, por su parte, luchar con su amor, y no
turbar ms, en adelante, la tranquilidad de su amada. Las escenas
siguientes trazan con los colores ms bellos las fiestas del Carnaval en
la orilla del mar de Barcelona. Don Juan, con su esposa, se halla en una
quinta de un amigo, situada en la ribera, y se mezcla tambin con la
muchedumbre, entregada  estas diversiones; all los encuentra Don
Alvaro, pero sin acercarse  ellos, porque aparentemente ha triunfado de
su amor. Un da, cuando la gente alborozada se abandona por completo 
estas fiestas, se oye de repente la voz de fuego. La quinta, en donde
habita Don Juan, es presa de las llamas; Serafina, sin sentido, es
salvada por su esposo, confindola  la guarda de Don Alvaro,  quien no
conoce; aljase despus para socorrer  otro, que se halla en peligro,
mientras que Don Alvaro, en cuyos brazos se encuentra entonces su amada
de un modo tan impensado, cede entonces por esta circunstancia al mpetu
irresistible de su amor, vencido en apariencia, puesto que la tentacin
es demasiado fuerte: se lleva consigo  Serafina, siempre desmayada;
sube en su buque, y se hace  la vela con su vctima. Don Juan se acerca
entonces  la orilla, cuando el navo levanta el ncora; descubre que ha
sido engaado, y se precipita en las olas para alcanzar  los fugitivos.

En el acto tercero, la accin es otra vez en Gaeta. Don Juan se presenta
disfrazado de pintor, habiendo adoptado este traje para entrar con ms
libertad en las casas de los particulares, y descubrir ms fcilmente al
raptor de su esposa, con cuya sangre se propone lavar la mancha de su
honor. Es presentado al prncipe Ursino, que le da la comisin de
retratar una beldad, que ha conocido en una quinta, situada en una
arboleda inmediata. El Prncipe, en persona, visita con frecuencia
aquella parada de caza, para celebrar en ella secretas entrevistas con
su amada Porcia; pero all se ha refugiado tambin Don Alvaro con
Serafina, para ocultarse de su padre, habiendo llamado su belleza la
atencin del mismo Prncipe. Don Juan se encamina al lugar sealado, y
coloca su caballete detrs de una ventana con rejas, desde donde puede
ver al original, que ha de ser retratado, sin miedo  que le descubran.
Quin podr describir su asombro, cuando reconoce en l  Serafina?
Esta aparece all dormida, y pronunciando en sueos palabras, que
atestiguan la pureza de su alma; pero su inocencia no puede salvarla,
debiendo sucumbir, como vctima propiciatoria de la deshonra, que, por
ella, ha sufrido su esposo. El monlogo en que Don Juan expresa la
lucha, que sostiene entre su amor, siempre vivo y ferviente, y entre las
inspiraciones de su conciencia, acerca de la vanidad de las leyes del
honor, y la necesidad en que se halla de guardar esa costumbre general,
es de un pattico profundo; presntase entonces Don Alvaro, y estrecha
entre sus brazos  Serafina dormida, pero en el mismo instante suenan
dos tiros detrs de la escena, y el raptor y la robada caen en tierra
llenos de sangre.

_Manos blancas no ofenden._--Este drama es una de las composiciones ms
admirables y de mayor mrito entre las de su clase, por su enredo, hbil
y dramtico, en lo general, as en la traza como en el desempeo,
interesndonos por lo mismo, y llevando el sello ms esplendente de
sublime poesa. Serafina, la joven princesa de Ursino, se ve perseguida
en su corte por muchos pretendientes  su mano, siendo el ms favorecido
su primo Federigo, que la ha salvado recientemente de un incendio con
peligro de su vida. Este Federigo, ahora enamorado de ella, es infiel
por esta causa  su antigua amada Lisarda, la cual (usando del ardid,
tantas veces empleado por Tirso de Molina), se disfraza de hombre, y
llega  la corte bajo el nombre del prncipe Csar de Orbitel para
oponerse  los planes de su infiel amante. Al mismo tiempo el prncipe
Don Csar, mancebo de singular belleza, casi femenina, y con el objeto
de escapar de la solcita y angustiosa ternura de su madre, se viste 
su vez de mujer, y con este disfraz se pone en camino hacia Ursino, para
formar tambin parte de la turba de pretendientes: un suceso casual le
impide abandonar sus vestiduras en ocasin oportuna, y llega as  la
corte de Serafina. El nuevo Aquiles de Sciros mueve entonces en la
Princesa un sentimiento amoroso, que ella confunde con la amistad.
Comprndese fcilmente el partido ingenioso, que el poeta obtiene de
esta situacin,  cuyo desarrollo contribuyen tambin otros hechos, que
utiliza, no siendo posible exponerlo por los lmites estrechos  que
hemos de reducirnos. El desenlace consiste en que Serafina, cuando Don
Csar al fin se descubre, le ofrece su mano, puesto que su corazn era
ya suyo, y Federigo, curado de su olvido pasajero, vuelve apasionado 
los brazos de su primera amada.

_Un castigo en tres venganzas_[122].Caldern--Esta pieza no es de las
ms ingeniosas de Caldern, aunque no pueda negrsele el mrito de
inspirar vivsimo inters. El duque de Borgoa sabe, con seguridad, que
un caballero de su corte tiene relaciones sospechosas con sus enemigos,
pero ignora cul es el culpable. Clotaldo, favorito del Duque, en quien
el espectador cree descubrir desde el principio al criminal, intenta
descargarse de esta sospecha en un cierto Federico: este ltimo,
indignado, desenvaina su espada en presencia del Duque, y es desterrado
de la corte por esta causa, triunfando tanto ms Clotaldo, cuanto que,
de esta manera, se ve libre de un rival en sus pretensiones amorosas
para conquistar  la bella Doa Flor, hermana del anciano Manfredo.
Federico se ve obligado  desterrarse, abandonando  su amada al mismo
tiempo que su patria. Doa Flor, afligida por esta separacin, lo es ms
todava  consecuencia de otro suceso. Una de sus amigas ha dado una
cita secreta en el aposento de Doa Flor al joven Enrico, sobrino del
Duque; encuntrase este ltimo all, cuando entra tambin Clotaldo, que
ha sobornado  una doncella; surge de aqu una ria entre ambos
caballeros, y Enrico, herido mortalmente, cae en tierra, y Clotaldo se
escapa enmascarado y sin ser de nadie conocido. El choque de sus
espadas, en la pelea, hace venir  Manfredo. Flor es sorprendida junto
al cadver ensangrentado, y, en este apuro y para salvar su honor,
declara que ella misma le ha dado muerte por defender su honra. Manfredo
se ve en el mayor embarazo, porque si se averigua que el muerto, que hay
en su casa, es sobrino del Duque, corre peligro su vida, resolviendo
entonces alejar de all secretamente el cadver. Federico, mientras
tanto, se junta casualmente con el Duque y su favorito Clotaldo en una
cacera,  que asisten ambos en los montes; el Duque se haba quedado
dormido, y Clotaldo se acercaba  l para perpetrar su traicin y
matarlo, cuando se presenta Federico de repente, arrebata el pual al
traidor y salva la vida del Duque; ste despierta al ruido, que ambos
hacen, pero el astuto Clotaldo se da trazas de hacerle creer que l ha
sido su salvador y Federico el que ha intentado asesinarle, por cuya
razn se prohibe al ltimo, bajo pena de muerte, su presencia en los
dominios del Duque. Poco despus sabe el desterrado, por uno de sus
servidores, que se ha visto bajar de noche  un hombre disfrazado del
balcn de Doa Flor, por lo cual, lleno de celos, toma la resolucin de
penetrar en la ciudad. Lo hace as, como si fuese un mozo de cordel;
presntase en la casa de Manfredo, y lo ocupan en llevarse el cadver de
Enrico; pero lo prenden despus en la calle, lo toman por el matador, es
condenado  muerte, y puesto en manos de Manfredo para que ste se
encargue del cumplimiento de la pena. Clotaldo, mientras tanto, ha
forjado un nuevo plan para llevar  cabo sus aleves proyectos; ataca al
Duque, pero es desarmado y herido mortalmente, confesando al morir su
traicin, que l ha sido el matador de Enrico, y sus asechanzas para
robar el honor  Doa Flor; qujase ya el Duque de la ejecucin, harto
precipitada, de Federico, y visita arrepentido su sepulcro; Manfredo
levanta la piedra, que lo cubre, y sale de l Federico lleno de vida,
porque una bebida soporfera, para simular que se haba ejecutado el
suplicio, lo ha privado transitoriamente del uso de sus sentidos; el
Duque lo abraza lleno de jbilo, y, para compensar las injusticias, que
ha cometido con l, le concede el cargo de Clotaldo, y corona su ventura
casndose tambin al cabo con Doa Flor, su siempre fiel amada.

_Amigo, amante y leal._--Se funda en esa lucha, tan repetida, entre
diversos deberes; el hroe vacila y duda, impulsado  un tiempo por el
amor, por la amistad y por la fidelidad, que debe  su Soberano,
llevando tan lejos su abnegacin hacia su Prncipe, y su amigo, que
hasta se halla dispuesto  sacrificarle su misma amada, y surgiendo de
esta complicacin de sucesos un nudo muy intrincado, si bien termina al
fin en el objeto que se desea, esto es, en el acuerdo ms puro y
perfecto entre estos tres mviles, antes contrapuestos.

_Mujer, llora y vencers._--El lugar de la accin es Alemania, y el
argumento, una contienda fingida entre la hija y heredera del landgrave
de Hesse, y sus primos, los prncipes de Lorena. Su plan es muy
ingenioso  interesante; pero en su desarrollo se nota ese clculo fro,
y esa falta de movimiento y de poesa, que distingue algunas de las
ltimas obras de este poeta.

_Lances de amor y fortuna._--Los extraos caprichos de la suerte, que,
con frecuencia, dispensa al indigno los honores y todo gnero de
felicidades, y deja perecer al digno en la indigencia, constituyen el
fin de este drama. Rugero salva la vida  la condesa Aurora de
Barcelona,  quien ama, y apela  todo linaje de sacrificios hericos
por ganar su corazn; pero un concurso fatal de circunstancias hace que
el premio de todos sus actos lo recoja su rival, y hasta que su amada
los desconozca, logrando, al fin, abrir los ojos de Doa Aurora, la
cual, por otra parte, siempre le ha mostrado cierta inclinacin.

_Agradecer y no amar._--Es una novela en forma dramtica, slo mediana
en su invencin y desempeo.

_Para vencer amor, querer vencerlo._--Menos rica en su accin exterior
que la mayor parte de las comedias de Caldern, no desmerece, sin
embargo, de tan gran maestro por su delicadeza psicolgica, y por el
conocimiento sorprendente, que revela, de los mviles ms recnditos del
corazn humano. Ya su ttulo deja adivinar, que el triunfo de la razn y
de la voluntad sobre la pasin es el motivo capital de esta comedia.
Csar de Colonna, enamorado ciegamente de la bella Margarita, y ya en
vsperas de casarse con ella, oye de sus labios la confesin, de que no
puede amarlo, aunque lo juzgue digno de ella, bajo todos aspectos, y que
slo ha dado su consentimiento  ese enlace en consideracin  los
deseos de sus padres. Suplcale, pues, que no celebre con ella sus
bodas, y,  la vez, que no descubra su declaracin secreta ni al pblico
ni  su padre, sino que esquive el casamiento aduciendo cualquiera otro
pretexto plausible. La sorpresa y la pena de Csar es extremada, y al
principio no sabe qu hacer; pero cuando ella lo conjura por el mismo
amor, que le profesa, que acceda  sus ruegos, acaba al fin por
prestarse gustoso  sus deseos. So color, pues, de creerse indigno de
Margarita, abandona  su patria con el corazn desgarrado, y se decide 
hacer la guerra esperando encontrar en ella la muerte, , por lo menos,
ganar por sus mritos el corazn de Margarita. Congracindose despus
todo el favor del emperador Federico III, es bastante afortunado para
prestar servicios importantes  Margarita; pero mostrndose sta todava
reservada y sin pasin hacia l, invoca en su ayuda el auxilio de la
razn y del honor, y vence de esta manera las sugestiones de su amor.

_De una causa dos efectos._--Ya indicamos antes la semejanza de esta
comedia con una de las mejores de Fletcher, titulada _The Elder
brother_, y enunciamos las sospechas, de que uno de estos dos poetas
pudiera haber aprovechado el trabajo del otro; pero es preciso
rectificar esta opinin, porque el drama espaol, por su estilo, ha de
ser uno de los ltimos de Caldern, no pudiendo haberse escrito antes
del ao 1625, en que muri Fletcher, y no siendo verosmil, bajo ningn
concepto, que el espaol pudiera haber conocido el del ingls. La
analoga, pues, que hay entre ambas comedias, dimana probablemente de la
circunstancia de haber empleado ambos en su composicin un pensamiento
muy manoseado por los novelistas ms antiguos,  saber: que el amor hace
sabio al ms estpido (vase la novela de Bocaccio de _Simn 
Ifigenia_: _Decamern_, jornada 5., novela 1.) Caldern nos ofrece ese
efecto del amor en un hijo del duque de Mantua, y lo contrario en un
hermano suyo, de cuyo contraste resulta un drama muy ingenioso.

_Nadie fe sus secretos._--Tiene alguna semejanza con una comedia, _Yo
me entiendo_, que lleva, ya el nombre de Lope de Vega, ya el de
Caldern; pero, segn todos los indicios, pertenece al primero, porque
no hay que pensar siquiera que sea obra de Caldern. La accin, que
forma el fondo de ambas composiciones, es parecida  la de _La quinta de
Florencia_, de Lope, y sacada probablemente de la misma novela de
Bandello: _Yo me entiendo_ es ms semejante  esa novela, mientras que
_Nadie fe sus secretos_, manifiesta mayor libertad en el manejo del
asunto, y slo la recuerda desde lejos. El protagonista del drama de
Caldern es el famoso Alejandro Farnesio, duque de Parma, y el
pensamiento fundamental de la fbula, que el Prncipe y su favorito Don
Csar aman  la misma dama, intentando siempre el primero, instrudo del
secreto de los amores de ambos, evitar  todo trance la ocasin de que
se vean, y de que lleven  cabo su resolucin de huir juntos, aunque,
despus de algunos combates consigo mismo, deja la dama  su amigo. La
accin, en cuanto  riqueza de detalles y  inters, vale poco
seguramente; no as los caracteres, en cuya traza ha sido feliz el
poeta.

_El alcaide de s mismo._--Caldern, en esta comedia agradable, parece
que renuncia  su estilo ordinario, y sigue ms bien los pasos de Lope
de Vega. El argumento es el siguiente: El prncipe Federico de Sicilia
ha dado muerte en un torneo, en Npoles, al sobrino del Rey, huyendo
luego para no ser perseguido. Nadie presume quin pueda ser el matador,
porque el Prncipe,  causa de la enemistad, reinante h largo tiempo,
entre Npoles y Sicilia, se ha presentado de incgnito y con la visera
calada. Para asegurar ms su huda, se despoja en un bosque de sus
vestiduras lujosas, sustituyndolas con un traje muy pobre, con el cual
implora luego el auxilio de una seora principal, cuyo palacio encuentra
 su paso; pretexta ser un mercader, que ha cado en manos de
salteadores, y la compasiva seora, no slo le promete su proteccin,
sino que manifiesta agradarle mucho su trato, y lo nombra representante
suyo en el castillo. Sabe l entonces, con horror, que su bienhechora es
la princesa Elena, hermana del que ha muerto  sus manos, y empeada 
todo trance en apoderarse de su matador. Al principio, sin embargo, no
teme ser descubierto, puesto que nadie lo ha visto en Npoles, excepto
la infanta Margarita, hija del Rey, con la cual ha entablado relaciones
amorosas,  consecuencia de un encuentro casual, habido entre ambos.
Mientras tanto, un campesino sencillo, pero algo travieso, llamado
Benito, ha encontrado en el bosque los vestidos del caballero,
ponindoselos para que sus compaeros lo contemplen con tan inusitada
vestimenta; apodranse de l los emisarios del Rey, encargados de
aprehender al matador de su sobrino, y lo llevan preso  la corte; sus
trazas rsticas se interpretan como obra del disimulo, y creyendo el Rey
que tiene en su poder al caballero fugitivo, lo enva  la princesa
Elena para que lo guarde en su castillo. sta  su vez lo entrega al
prncipe Federico para que lo custodie, de suerte que el ltimo viene 
ser el alcaide de s mismo. La infanta Margarita se da trazas de
penetrar en el castillo para ver all  su amante, y el alcaide,
sabindolo, representa el papel del preso, pudindose presumir de
antemano cules son las situaciones interesantes, que surgen por obra
del poeta de este extrao _quid pro quo_. Comprndese ya, despus de lo
dicho, que la princesa Margarita averigua el secreto, y que ambos llevan
el engao hasta el punto de que el Prncipe consiga su perdn, y de que
obtengan el beneplcito del Rey para contraer matrimonio.

_La seora y la criada[123]._--Es una comedia muy interesante, en
general, y muy superior por su vuelo potico  las composiciones
dramticas que se distinguen con ese nombre, y demuestra al mismo
tiempo, de la manera ms brillante, los talentos de Caldern para lo
cmico propiamente dicho. La princesa Diana de Mantua ha sido prometida
por su padre al duque de Miln; pero ama al prncipe Clotaldo de Parma,
que la corresponde apasionadamente, pero no puede enlazarse con ella en
matrimonio, por la enemistad antigua que hay entre las dos casas
reales. Cuando se acerca el da en que Diana ha de casarse con el odiado
Duque, resuelve Clotaldo robarla; pero, por una casualidad, roba  una
labradora que se ha vestido el traje de la Princesa. Diana, al mismo
tiempo, para evitar esas bodas odiosas, se ha escapado, vestida de
aldeana, de la corte de su padre, siendo llevada  Parma por un
accidente imprevisto, que ha inutilizado su carruaje. Por la
circunstancia, pues, de que la campesina robada es para todos la
Princesa, fuera de los que conocen el secreto, pasa Diana desapercibida
en el traje impropio de su clase, que la cubre, y forja un enredo muy
divertido, en que el mismo duque de Miln renuncia  su prometida
esposa, y Clotaldo se casa al cabo con su querida Diana.

_Dicha y desdicha del nombre y La banda y la flor._--Dos dramas de un
gusto muy puro, de fbula complicada  interesante y de situaciones de
mucho efecto. En el fondo de estas comedias, como en algunas de las
precedentes, y de las que siguen, predominan los mismos elementos que en
las dems espaolas, distinguindose slo por el colorido que le presta
el personal de prncipes y cortesanos que en ellas se presenta, as como
por el tono, tambin distinguido, correspondiente  la categora de sus
personajes.

_El galn fantasma._--La invencin de este argumento es de las ms
felices; est, adems, perfectamente calculado, y su desarrollo parece
hecho por el poeta con predileccin y cario. El joven Astolfo tiene
relaciones amorosas con la bella Julia,  quien el duque de Sajonia
pretende tambin, aunque ella no corresponda  su inclinacin. Una
noche, estando Astolfo de visita en casa de su amada, penetra en ella el
Duque  la fuerza. Los dos rivales rien. Astolfo cae y es dejado por
muerto. La herida, sin embargo, no es mortal; trasladado  casa de un
amigo, permanece all oculto hasta despus de su convalecencia, temeroso
de la venganza del Duque. Un subterrneo pone en comunicacin esta casa
con el jardn de Julia, y Astolfo lo utiliza para hacer una visita  su
amada. Julia se asusta al principio de su aparicin, tomndolo por un
fantasma, hasta que le refiere la historia de su salvacin, pasando
despus juntos horas muy felices; para el Duque, no obstante, es siempre
un muerto, asombrndolo con sus apariciones, hasta que, en virtud de
otros sucesos del enredo, se llega  su desenlace, descubrindose todo y
casndose seguro con Julia, con el beneplcito del Duque.

_Basta callar._--En este drama superior rivalizan la gracia de su
interesantsima invencin con las galas ms ricas y variadas de la
poesa, la sencillez con el fuego, la singular delicadeza del plan con
lo exquisito de la ejecucin, y con los encantos que le presta el
lenguaje ms harmonioso. Su desarrollo es tan ingenioso y tan complicado
como el de las mejores comedias de intriga, propiamente dichas; pero en
sta se respira, adems, cierto perfume potico, reinando en su
exposicin tan brillante poesa, que no puede compararse con aqullas.
Margarita, hija del duque de Bearne, y en cumplimiento de los deseos de
su padre, ha sido prometida al conde de Montpellier; encuentra cazando,
y en los montes,  un caballero peligrosamente herido, al cual
transporta  la corte de su padre para cuidarlo. El herido se llama Don
Csar, y finge haber sido atacado por ladrones; pero, en realidad, es un
caballero del squito del conde de Montpellier, que ha sufrido ese
percance por mandato de su Soberano; estaba en relaciones amorosas con
la bella Doa Serafina, amada tambin del Conde, y un da desenvain
contra l su espada, al intentar penetrar primero en el aposento de su
amada, y, aunque huy despus de cometer este atentado, la venganza del
Conde le alcanz en su huda; es acogido con benevolencia en la corte de
Bearne, en donde calla todos esos sucesos; el Duque le nombra su
secretario, despus de curado, y la Princesa siente por l cierta
inclinacin amorosa,  la que l no corresponde, ni siquiera atiende,
dominado slo por su antiguo amor. Pero el tormento mayor de su
destierro es la incertidumbre acerca de la fidelidad de Serafina.
Acontece entonces que Roberto, padre de Serafina, viene con su hija  la
capital del Bearne, trayendo tambin en su squito, disfrazado, al conde
de Montpellier, so pretexto de celar mejor  Margarita, pero, en
realidad, para estar ms cerca de su querida Serafina. Esta ltima
entabla pronto estrecha amistad con Margarita, pero su hermosura
despierta pronto el amor del Duque. El poeta, pues, tiene en su mano los
diversos hilos de este enredo: la rivalidad del Conde, del Duque y de
Csar; el inters del ltimo en no ser conocido del Conde, que lo cree
muerto; despus, la inclinacin de Margarita  Csar, en lucha con su
amistad  Serafina, etc.; pero estos diversos resortes no sirven, como
sucede con frecuencia en las comedias de capa y espada, slo para urdir
una fbula divertida  interesante, sino para distinguir los caracteres
y pasiones, en sus diversas fases, y ofrecernos un cuadro, en el cual se
confunden, con las tintas ms tenues, el amor y los celos, la tristeza y
la risa, las ilusiones y la prudencia mundana; brillando, adems, sobre
todo este conjunto, el mgico resplandor de la poesa romntica ms
pura. El desenlace consiste en que Margarita sacrifica su amor  la
amistad, y, con arreglo  los deseos de su padre, da su mano al Conde,
venciendo el Duque y el Conde sus pasiones, noble y esforzadamente, y
consintiendo que Serafina contraiga matrimonio con Csar, su primero y
preferido amor.

_El secreto  voces._--De la misma especie que el anterior, como lo es
tambin por su delicadeza, gracia y perfeccin. _El secreto  voces_, 
las cifras, con que se entienden los dos amantes, sin que nadie pueda
comprender el sentido de sus palabras, recuerda igual ardid de la linda
comedia de Tirso, titulada _Amar por arte mayor_; pero la invencin de
Tirso es ms ingeniosa que la de Caldern, y de mayor sutileza. Trtase
de dos amantes en la corte de Len, de quienes todos sospechan, y que,
para entenderse sin estorbos, y sin producir en nadie recelos, inventan
un medio secreto de hacerlo. Elvira, dama de la corte, es amada por el
Rey, convinindole acceder aparentemente  sus pretensiones, aunque, en
realidad, sea su amante Don Lope, el secretario del mismo Rey. Para
contentar  ste, le dirige varias cartas amorosas, como, por ejemplo,
la siguiente:

      Celosa temo, caro dueo mo,
    Que os venzan intereses de una Infanta.
    Perdonad, que, en efecto, en verdad tanta,
    Contra amor no es valiente el albedro.
    Causos Don Lope el ciego desvaro
    Sin culpa, de sospechas y desvelos:
    Qu har yo, combatida de mis celos.
    Si el temor me da causa de culparos?
    Muriendo vivir con adoraros, etc.

Pero ya ella ha enterado  su querido Lope,  cuyas manos, como al
secretario del Rey, llegan todas las cartas, dirigidas  ste, que esas
cartas son slo para l, y que, suprimiendo las tres primeras slabas de
cada verso, averiguar el verdadero sentido de la escritura. Hacindolo
as, estos versos se quedan en la forma siguiente:

      Temo, caro dueo mo,
    Intereses de una Infanta,
    Que, en efecto, en beldad tanta
    No es valiente el albedro.
    Lope, el ciego desvaro,
    De sospechas y desvelos;
    Combatida de mis celos
    Me da causa de culparos:
    Vivir con adoraros, etc.

Por artificioso que sea este plan de Elvira, supralo Lope en sus
respuestas. Es amado, adems de Elvira, de la reina Blanca y de otra
dama de palacio, llamada Isabel, aconsejndole tambin la prudencia no
oponerse  las sugestiones de las dos ltimas, aun cuando se vea
obligado, por otros motivos,  hablar con el mayor misterio de la pasin
disimulada por la Reina. Dirgese, pues, en apariencia,  Isabel,
escribiendo los versos que siguen:

      Aunque amante me juzguis
    De otro gusto, y como ingrato
    Me presumis todo olvido,
    Yo soy vuestro y no os agravio.
    El Rey suspira, Isabela,
    Celoso como indignado,
    Porque ignora que disculpa
    Mis desvelos amor casto.
    No os asombre vengativo
    (Cuando sepa que en su estado
    Don Ordoo favorece
    El amor nuestro) Don Sancho;
    Su poder, con el de Ordoo,
    Aunque temido, es muy flaco;
    Contra el amor, todo incendio,
    Es pequeo el de Alexandro.
    Que he de morir es sin duda
    Si os perdiese mi cuidado:
    Blanca por vos se desvela;
    Ser cierto el ampararnos
    O ha de ser en yugo eterno
    Vuestra belleza el descanso
    De mi esperanza,  la muerte
    El remedio, aunque inhumano,
    De Don Lope, prenda ma;
    Estad segura entre tanto,
    Que ser con fe invencible,
    Bronce en quereros y amaros.
    Doa Elvira, que os di celos,
    A Ordoo adora  su estado:
    Ni la quise en vuestra ofensa
    Ni deseo, pues os amo.

Del contexto de estas palabras, Isabel se cree naturalmente la nica
favorecida. Pero la Reina tiene la clave para descifrarla, que consiste
en leer slo la primera mitad de los versos y juntarlos. De este modo
las palabras citadas forman los versos siguientes, que parecen dirigidos
slo  la Reina:

      Aunque amante de otro gusto
    Me presumis, yo soy vuestro:
    El Rey suspira celoso,
    Porque ignora mis desvelos.
    No os asombre cuando sepa
    Don Ordoo el amor nuestro.
    Su poder, aunque temido,
    Contra el de amor es pequeo.
    Que he de morir si os perdiese,
    Blanca, por vos ser cierto,
    O ha de ser vuestra belleza
    De mi esperanza el remedio.
    De Don Lope estad segura
    Que ser bronce en quereros;
    Doa Elvira  Ordoo adora:
    Ni la quise, ni deseo.

Pero tambin la Reina se engaa, porque quien posee la verdadera clave
es Elvira, sabiendo que de cuatro en cuatro versos ha de prescindir de
las mitades de los mismos, y as recibe de Lope la siguiente seguridad
de su eterno amor  ella:

      Aunque amante el Rey suspira
    No os asombre su poder;
    Que he de morir,  ha de ser
    De Don Lope Doa Elvira.

Nos llama la atencin, en estos versos, el arte ingenioso, con que unas
mismas palabras, sin violencia alguna, slo con variarlas de lugar, no
slo ofrecen un sentido diverso y muy claro, sino que primero forman dos
asonancias distintas y al fin una redondilla. Nos hemos fijado en esta
particularidad para demostrar, que muchas veces, cuando se cree 
Caldern original, imita slo  sus predecesores; por lo dems, esa
ingeniosa invencin de Tirso es simplificada por l, porque la supresin
de la primera palabra, en cada verso, y la unin de la restante,
constituye su secreto. Ocioso, es, sin duda, decir, por lo que hace al
argumento del drama, que _El secreto  voces_, traducido  imitado,
existe en casi todos los repertorios de Europa, y que es, por tanto, una
de las obras ms conocidas de Caldern.

[Illustration]




CAPTULO XII.

     Comedias de _azar_ y algunas otras de Caldern.


Los dramas ltimamente mencionados nos llevan, como por la mano, 
tratar de las comedias, en que se representa la vida y trato social de
la Espaa de esa poca. Las composiciones de Caldern, de esta clase,
han sido muy famosas desde el principio, y merecen esa reputacin bajo
todos aspectos, aunque haya de confesarse que el crculo de motivos y de
situaciones, en que se mueve, es ms estrecho que el de Lope y el de
Tirso; son en su especie lo ms perfecto que posee el teatro espaol,
pero adolecen tambin de cierta uniformidad. Se ha observado ya antes,
que la mayor parte de estas obras de Caldern podran llevar el ttulo
de argumentos fundados en la casualidad, porque esta ltima es realmente
la que de ordinario desata su nudo. Si se quiere en pocas palabras
formarse una idea general de las condiciones de todas estas comedias,
fijmonos en las lneas que siguen, que se han escrito ya en otra obra
sobre este mismo asunto[124]: Un caballero joven, que vuelve de Flandes,
busca en las calles de Madrid la casa de un amigo, en la cual ha de
hospedarse; de improviso se le presenta una dama, tapada con un velo,
que solicita su proteccin. Su deber de caballero le impide rehusrsela,
y la acompaa hasta su domicilio: entonces averigua que la dama es
hermana del amigo; ste ama  su vez  otra dama amiga de su hermana,
destinada  ser la esposa del caballero recin llegado. Hay tambin otro
tercer amante, despreciado de aquella primera dama, que corra en las
primeras escenas las calles de Madrid; y de todos estos amoros, que se
cruzan, dimanan sucesos de todas clases: se confunden entre s dos damas
tapadas, y una escucha desde una puerta inmediata palabras, que, por
equivocacin, se dirigen  su rival; el galn se esconde, porque oye
ruido; es descubierto el segundo, y surge un desafo, interrumpido por
la llegada del hermano; y despus de otras complicaciones anlogas, se
desata el enredo de la misma manera que se ha formado, terminando con
dos  tres casamientos, sin contar el del gracioso con la criada.

Los resortes empleados principalmente por Caldern en sus enredos
parecern ms claros todava teniendo en cuenta que consisten en el amor
de dos damas al mismo caballero; en las pretensiones de muchos galanes 
la misma doncella, de dos amigos en conquistar las gracias de la misma
beldad; en los celos de las enamoradas parejas; en la lucha de deberes
entre el amigo y la amada; en la ocultacin de las mujeres por medio del
velo, y de los hombres con la capa, y en las equivocaciones, que se
originan, de ambos medios; en requiebros nocturnos junto  la ventana de
una dama, y en cambios, ocurridos con este motivo, cuando se pone otra
en lugar de la que se espera; en conflictos de los deberes de la
hospitalidad y de la venganza; en desafos, en casas con dos puertas, en
mudanzas de nombres y domicilios, entradas secretas, caminos
subterrneos, etc. Los sucesos sorprendentes, las situaciones
interesantes, que excitan la curiosidad, y hace surgir el poeta de estos
motivos, eran ya proverbiales en vida del autor: llambaseles _Lances de
Caldern_, y no faltaban entonces personas, que criticasen la repeticin
constante de causas iguales para atraer la atencin. Nuestro mismo
poeta aprobaba estas observaciones, y hasta las formulaba chancendose.
En _No hay burlas con el amor_, dice uno, que ha de esconderse:

      Es comedia de Don Pedro
    Caldern, donde ha de haber,
    Por fuerza, amante escondido,
     rebozada mujer.

En _Bien vengas, mal, si vienes solo_, dice tambin:

      Que debe de ser comedia,
    Sin duda, sta de Don Pedro
    Caldern, que hermano  padre
    Siempre vienen  mal tiempo.

Pero como el poeta aceptaba, en broma, aquello mismo que se le
censuraba, y, no obstante, prosegua siempre haciendo lo que antes, hubo
de provenir esto del conocimiento que tena de su talento particular
para desenvolver estos motivos dramticos, y de su inventiva inagotable
para dar forma  imprimir nuevo colorido  esos materiales uniformes;
razn tambin para que nosotros, recordando la igualdad de los resortes
de estas piezas, nos admiremos del arte infinito, con que el autor, del
mismo fondo, y de iguales elementos, obtuviese tan extraordinaria
variedad de resultados. En efecto, ningn otro poeta ha posedo, en tan
supremo grado como Caldern, la facilidad de formar combinaciones,
siempre nuevas, de argumentos tan sencillos como repetidos, 
imprimirles nuevos giros y sacar situaciones interesantes; en acumular
sorpresas sobre sorpresas, y en desenvolver la accin principal con
otras paralelas, de tal suerte, que el espectador sigue, con una
situacin constante, los hilos, que se entrecruzan, de esa urdimbre,
hasta llegar  su desenlace. La especialidad de nuestro poeta, en esta
parte, ha sido confesada hace ya tiempo, y hasta Linguet, en la poca en
que no se aceptaban tericamente las excelencias del drama espaol,
aunque s en la prctica, por las copias  imitaciones que se hacan de
ellos, declara que Caldern, en este linaje de bellezas, es muy superior
 todos los poetas conocidos. Si, pues, las comedias de esta clase (
las cuales denominamos comedias de _capa y espada_, por representarse
todas en esta forma), se distinguen por sus propiedades, ya indicadas;
por su gran variedad,  pesar de su semejanza; por su mrito potico;
por su vida y animacin, que atrae nuestro inters con extremo, ha de
aadirse tambin la circunstancia, que aumenta, asimismo, el encanto que
nos producen, de trazar fielmente las costumbres, la vida ordinaria y
los caracteres especiales del Madrid de su poca. Las aventuras
novelescas, que, en esta ciudad de las serenatas, estaban  la orden
del da; la extraa mezcla de civilizacin, casi refinada, y de
ferocidad, casi propia de la Edad Media; las escenas galantes del Prado;
las citas nocturnas y amorosas en las rejas; los sangrientos desafos de
los caballeros; el fogoso amor, as como la aficin  las intrigas y las
astucias, de los amantes; la alegra y la ligereza; la iniciativa de los
caballeros en sus empresas, no espantndoles ningn peligro; la ternura
y la abnegacin de las damas, y tambin su espritu vengativo y su
facilidad en ofenderse por motivos livianos: todo esto, repetimos, se
encuentra en esas comedias, con tanta verdad, que quiz no haya otro
documento ms fiel para estudiar y conocer las costumbres de los
antiguos espaoles. Pero indiquemos tambin algunos otros rasgos
chocantes de estos cuadros extraos. La desconfianza y el rigorismo, en
cuanto toca al honor, es tan grande, que, cuando es sorprendido un
hombre en casa de una dama, aun cuando no haya la menor duda de no
existir entre ellos relaciones criminales, obliga al padre  al hermano
 matarla, sin vacilaciones, como si fuese culpable. Tan fuerte es el
deber del caballero de amparar  la mujer, que cualquiera dama puede
solicitar del primero que se encuentre, que la proteja contra todos con
peligro de su vida. Tales son los celos y las pretensiones de amor
exclusivo, que, cuando un galn habla con su dama, en la ventana, no
consiente que ninguno de los transeuntes pueda molestarlo en lo ms
mnimo, habiendo de morir, sin falta, el que lo haga; la obligacin de
recproca ayuda entre los caballeros faculta al que ha dado muerte 
alguno, si lo persigue la justicia,  pedir socorro al primero que se
presente, debiendo ste acceder  su demanda, prescindiendo de todo
deber y de toda otra consideracin.

Todas estas particularidades han de tenerse en cuenta por el lector
moderno, para entender bien las comedias de capa y espada de Caldern, y
todas ellas han de suponerse y afirmarse para comprender bien estas
composiciones, esto es, como las apreciaban los espectadores de aquella
poca. Menester es tambin que, como aquel pblico para quien se
escriban esas piezas, consideremos como sucesos ordinarios  las
muertes causadas por los celos, por la venganza  otros motivos
anlogos, sin impresionarnos por ellas vivamente, ni creer que
interrumpan en lo ms mnimo la tranquilidad del espectculo, porque
muchas veces encontramos el deber de vengar la muerte de un pariente en
lucha con otros deberes, la ocultacin de alguno que ha matado  su
adversario en desafo,  otros sucesos de la misma ndole, trgicos,
segn nuestras ideas, pero usados entonces como resortes de los enredos
ms cmicos;  menudo vemos tambin, en medio de escenas de la misma
clase, que un padre  un hermano sacan su espada y matan  la hija  
la hermana, de quienes recelan, afligindonos y hacindonos sospechar un
desenlace triste, mientras que los espaoles de entonces no se
preocupaban mucho de estos hechos, ni se perturbaba en lo ms mnimo por
esos casos frecuentes la serenidad aneja al conjunto dramtico.
Finalmente, es necesario tambin, para darnos cuenta de esa explosin
repentina de afectos y de sus mudanzas continuas  inesperadas al leer
estas composiciones y al observar su repeticin, que recordemos la
movilidad y el fuego de los habitantes del Medioda, y la exageracin
que las costumbres de la Espaa de entonces daban  esos mismos afectos.
La severa vigilancia  que estaban sometidas las mujeres, acreca las
dificultades de llegar hasta ellas; excitaba los celos y el disimulo
cuando intervena la presencia de un tercero, y extremaba todo esto la
violencia del amor,  inflamaba con ms fuerzas los deseos. Si las
seoras de nuestro tiempo se quejan, pues, de la tibieza y hasta de la
frialdad de los hombres, atribyanlas principalmente  la libertad de
que gozan, siendo, por tanto, el medio ms seguro de inspirar  los
enamorados ese ardor fogoso, volver ellas de nuevo  su antigua
esclavitud.

Aun cuando no se pueda negar que las costumbres de la nobleza espaola,
tales cuales las pinta Caldern, no brillan por esa pureza absoluta, que
les han atribudo algunos crticos ms entusiastas que amigos de la
verdad, no es posible tampoco desconocer que la adornaban muchas prendas
distinguidas y recomendables, en cuya virtud obtienen nuestras simpatas
los caballeros y las seoras de Caldern por su fina galantera, por la
ternura y variedad de sentimientos (causa de su tendencia al amor
exclusivo, y que condena hasta la ms leve anfibologa en la conducta),
la observancia rigorosa de los deberes de la amistad y de la gratitud,
la adhesin y la fidelidad hasta la muerte al Soberano legtimo, la
conmiseracin con el enemigo vencido, y el sacrificio completo de la
voluntad y del corazn al objeto  la persona que ha elegido su amor.

Para que el lector asista de un modo inmediato  la vida de los
espaoles, tal como se representa en estas composiciones, y para
demostrar,  la vez, lo fielmente que se retratan estas costumbres en
las comedias de Caldern, copindolas de la realidad, intercalamos
ahora algunos prrafos del interesante viaje, olvidados por completo,
de la condesa d'Aulnoy por Espaa. Dice as, en dos cartas, fechadas en
Madrid en 27 de junio y 25 de julio de 1679:

Si yo quisiera contar todos los sucesos trgicos de que oigo hablar
aqu un da y otro da, habas de creer que este pas es teatro de las
escenas ms horribles del mundo. Da ocasin  ellas de ordinario el
amor, el afn de satisfacerlo, y el castigo del mismo. Nada hay que los
espaoles no emprendan por este motivo, ni obstculo alguno que pueda
refrenar su valor ni contener su ternura. Los celos son su pasin
dominante, menos segn se juzga, por la parte que tenga en ellos el
amor, que por espritu de venganza y por el afn de mantener inmaculado
el lustre de su nombre,  porque no pueden sufrir que ningn otro les
sea preferido,  porque los desespera cuanto se asemeja  insulto 
degradacin; pero, en fin, sea de esto lo que quiera, es lo ms cierto
que la nacin espaola es en este punto brbara y salvaje. Las mujeres
estn como divorciadas de los hombres, pero,  pesar de esto, saben muy
bien escribir sus billetes, dando citas  los que aman: grande es el
riesgo para ellas, para sus amantes y para los mensajeros; pero
desafiando ese peligro, se dan trazas hbiles con su ingenio y con su
dinero para esquivarlos, y burlarse del Argos ms vigilante.

Los hombres solteros, cuando llega la noche, acostumbran, despus de
pasear por el Prado y tomar una comida frugal, montar  caballo,
llevando  las ancas  sus escuderos, y lo hacen as para no perderlos
de vista, porque como cabalgan rpidamente por las calles en la
obscuridad ms completa, sera imposible que los siguiesen sus
escuderos; tambin temen ser atacados por detrs, y el escudero sirve
para parar los golpes y vigilar en defensa de su amo, aunque lo ms
general es que, en estos casos, tomen la huda estos defensores que no
se suelen preciar de valientes. Estas cabalgatas nocturnas se celebran
en honor de las damas, y los caballeros espaoles por ningn precio del
mundo dejan de consagrarse  esta ocupacin por las noches; hablan con
sus amadas por las ventanas, entran  veces en los jardines, y tambin,
cuando pueden, en sus casas; se aventuran en ocasiones hasta la alcoba,
en donde duerme el esposo de su adorada, y hasta se me ha dicho que as
se ven aos enteros, sin hablarse una palabra, por temor de ser
descubiertos.

Nunca, en Francia, han sabido amar tanto como los espaoles aman,
encontrando yo que  todos superan, y, prescindiendo de sus tiernos
cuidados, de sus servicios constantes y de su abnegacin hasta la
muerte (porque ni el marido ni los parientes perdonan jams), en la
fidelidad y el secreto, que siempre se guarda. Nunca se oye que algn
caballero se alabe de los favores, que le ha concedido su dama; hablan
de ellas con tanta veneracin y tanto respeto, como si fuesen sus
reinas. Tambin las damas, por su parte, ponen todo su empeo en no
agradar ms que  su amante: slo en l piensan; y si no lo ven,
encuentran medio de consagrar  su amor muchas horas, ya escribindoles,
ya hablando de l con alguna amiga de confianza,  pasando el da entero
en la ventana slo por acecharlo al pasar. En una palabra, si me atengo
 lo que he odo, puedo asegurar que Espaa es el pas clsico del
amor...................................

Mientras los seores hablan con sus amadas, los criados, con los
caballos, esperan  cierta distancia de la casa....... Adems de los
medios indicados, de que se valen los enamorados para llegar hasta los
objetos de su amor, hay tambin otros, porque las seoras se visitan con
mucha frecuencia, y nada es ms fcil para ellas que taparse con un
velo, deslizarse por alguna puerta excusada, subir en una litera y
encaminarse  donde se les antoja. Mucho les ayuda la particularidad de
que todas ellas, por un pacto tcito, guardan inviolablemente los
secretos, y cualquiera que sea el altercado  la disputa que se promueva
entre ellas, jams abren sus labios para venderse unas  otras. Su
discrecin, en este punto, no merece incondicional alabanza; pero las
consecuencias de su ligereza seran aqu ms desastrosas que en ninguna
otra parte, porque aqu tambin se mata slo por sospecha. Las buenas
espaolas son muy astutas y saben hacer excelente uso de esta prenda,
porque como todas las casas tienen puertas traseras, pueden salir  la
calle cuando les parece; y como es frecuente que un hermano viva con su
hermana, un hijo con su madre  un sobrino con su ta, sirve esto de
pretexto  ocasin para verse. El amor es aqu naturalmente ingenioso, y
apela  todos los recursos para satisfacerse, permaneciendo siempre fiel
y constante. Hay intrigas de este gnero que duran toda la vida, aunque
no se haya malgastado una sola hora en perder de vista su trmino; se
aprovechan todos los instantes, y cuando los amantes se ven y quedan
contentos, no hay que pedir otra cosa....... A veces sucede que una
dama, envuelta en su velo para no ser conocida y con traje muy sencillo,
se encamina  pie al lugar de la cita. La ve un caballero, la persigue,
y se empea en hablarla; pero incmoda con este acompaamiento, se
dirige  cualquiera de los que pasan, y, sin darse  conocer, le dice:
Yo os ruego que os interpongis para impedir que este majadero me
siga. Esta splica es una orden para el galn espaol: habla con el que
la molesta, le ruega que no la siga, le aconseja que la deje ir en paz,
y, si no accede  su deseo, hay que sacar las espadas; de suerte que,
por un encuentro de esta especie, se derrama sangre por una seora 
quien no se conoce. sta, mientras tanto, se aleja de all, y los dos
caballeros pelean, encaminndose ella  donde la aguardan. Acontece en
ocasiones, y esto no deja de ser original, que el mismo marido  el
hermano de la dama en cuestin, son quienes la protegen de las
persecuciones del imprudente, y, por tanto, le ayudan, sin saberlo, 
que corra  los brazos de su amante....... Sucede tambin que cualquiera
encuentra  su amada en la calle, y no estando cerca su propia casa,
entra sin ms contemplaciones en otra ajena en donde  nadie conoce;
pide al dueo que le ceda su habitacin, porque acaso no se le presente
otra coyuntura como aqulla para hablar con su dama, y, en efecto, el
dueo lo complace, y deja en su casa solos al galn con su amada. En una
palabra, se hacen las cosas ms increbles por lograr una entrevista de
un cuarto de hora....... Madrid entero parece una gran jaula, porque
todas las casas, desde el piso bajo hasta el ms alto, estn llenas de
celosas, y no slo las ventanas, sino tambin los balcones. Detrs de
ellas se ven siempre  las pobres mujeres que miran  los transeuntes, y
que, cuando se atreven, abren la celosa. No hay noche que no se den, en
los distintos barrios de la ciudad, cuatrocientas  quinientas
serenatas. Verdad es que tienen su merecido premio, porque la dama ms
bella se vanaglora y se cree tan feliz como una reina cuando cualquier
galn toca ante su ventana el lad  la guitarra, y entona una endecha
con voz apasionada.

Tal es, trazada con exactitud por el pincel de una testigo de vista, la
vida, y tales son las relaciones sociales que aparecen en las comedias
de capa y espada de Caldern. Pero para que se forme una idea ms clara
de la naturaleza de estos dramas, insertamos en seguida un extracto del
argumento de la titulada.

_Antes que todo es mi dama_, una de las mejores de esta clase. Dos
caballeros, Lisardo y Don Flix, antiguos  ntimos amigos, se
encuentran impensadamente en Madrid despus de una larga separacin, y
recuerdan los sucesos anteriores de su vida, comunicndose al mismo
tiempo sus amoros. Cuenta Don Flix que en Granada ha herido
mortalmente  un caballero en desafo, y que, despus, accediendo  las
splicas de sus parientes, y por huir de la justicia, se ha venido 
Madrid; ya en la corte, ha visto una joven encantadora, que corresponde
benvola  sus pretensiones amorosas, y cuya posesin ha de hacerlo
feliz. Lisardo confa  su amigo otra historia amorosa de la misma
ndole, hallndose tambin enamorado de otra dama hace poco tiempo, y se
separan luego ambos para acudir  sus obligaciones amorosas.

El lugar de la escena cambia representando la casa de Laura, la amada de
Don Flix. Don Iigo, padre de aqulla, recibe sorprendido una carta de
Granada, por la cual le recomienda eficazmente  Don Flix un amigo de
su juventud: sale, pues, inmediatamente para buscar  su recomendado;
Laura recibe, por intermedio de un criado, y como regalo de su amante,
una banda, suplicndole aqul que la lleve en recuerdo de su amor; pero
teme llamar la atencin de su padre si se la pone en seguida, por cuya
razn la enva  su amiga Clara, para que se la devuelva luego ella,
como si fuese verdaderamente quien le hiciera este obsequio. Pero Clara
es la amada de Lisardo, y ste la ve adornada con la misma banda que
observ antes en manos de Don Flix: al punto se despiertan sus celos,
moteja de infiel  su dama y corre en busca de Don Flix para decirle
que ambos estn enamorados de una misma persona. La confusin que de
aqu nace es penosa por extremo, proponiendo Don Flix, para
desvanecerla, presentarse ambos  Clara: desaparece entonces la
equivocacin, porque Laura y Clara estn juntas; cada uno de los amigos
reconoce  su amada respectiva, y saben de sus labios la verdad de lo
ocurrido con la banda; pero mientras se regocijan as con tan plausible
desenlace, viene una criada y dice que el hermano de Clara ha llegado
justamente de Granada, vindose ambos obligados  ocultarse por
consideracin  las damas.

En el acto segundo, cuenta Lisardo al gracioso, su criado, la traza con
que l y su amigo escaparon con felicidad de la situacin comprometida
de la noche anterior; pero mientras habla as, entra el padre de Laura y
pregunta por Don Flix. Lisardo cree que este anciano se propone hablar
 su amigo de la visita hecha  su hija, y para evitarle ese disgusto se
hace pasar por Don Flix; Don Iigo, sin embargo, le estrecha
amistosamente las manos; dcele que el padre de Don Flix le ha escrito
desde Granada recomendndole su hijo, y le ofrece sus servicios. Pero
Lisardo no puede desdecirse, vindose forzado  representar el mismo
papel que ha elegido. Cuando el anciano se aleja, llega el verdadero
Don Flix: Lisardo le refiere lo sucedido, y el objeto laudable que lo
guiaba, pero su amigo apenas lo escucha por haber recibido un billete de
Laura, dndole una cita secreta; igual invitacin recibe tambin Lisardo
de Clara, y uno y otro no piensan en otra cosa que en la dicha que les
aguarda. En la escena inmediata aparecen Clara y su hermano Antonio,
recin venido de Granada. Antonio ha visto  Laura, y ha concebido por
ella una viva pasin, consiguiendo de su hermana que le d un encargo
para su amiga, y le proporcione ocasin de acercarse  ella y hablarla.
Los espectadores asisten despus  la entrevista nocturna entre Laura y
Don Flix, interrumpida por la llegada de Don Antonio, portador del
encargo de su hermana. Don Flix se esconde, accediendo  los ruegos de
su amada, y averiguando desde su escondite que Don Antonio es el mismo
caballero, herido por l en Granada; y aun cuando este descubrimiento lo
soliviante naturalmente, al presenciar los extremos amorosos del
visitante con su dama, le es ya imposible contenerse: presntase con la
espada desnuda, y, cuando ambos combaten, se anuncia la llegada de Don
Iigo. Don Flix se oculta de nuevo; Don Antonio excusa su presencia con
el encargo de Clara, y se retira. Don Iigo cuenta  su hija que conoce
ya  Don Flix, que le ha agradado mucho, y que se propone ofrecerle su
casa para vivir en ella. De repente se oye ruido en el aposento
inmediato; el anciano quiere averiguar lo que es, y la angustia de Laura
es mortal sabiendo que Don Flix est all escondido: para evitar las
consecuencias, declara  su padre que le ha dado en secreto palabra de
casamiento. Aunque es grande la sorpresa de Don Iigo al oirlo, no se
encoleriza al cabo, puesto que no podr desear otro yerno ms simptico.

Busca en seguida al amante, sacndolo de su escondite; pero la sorpresa
de Laura es extraordinaria, al encontrarse con Lisardo, porque Don
Flix, con ayuda de una criada, ha podido huir por una puerta trasera, y
Lisardo, que estaba de visita en casa de Clara, se ha refugiado en la de
Don Iigo, huyendo de la primera por la vuelta repentina de Don Antonio,
y ocultndose en el mismo lugar, en que estuvo antes Don Flix. Laura se
llena de confusiones, siendo mayor su extraeza al notar que su padre
llama Flix  Lisardo, y le ruega que inmediatamente se case con su
hija. En este instante se oye ruido de espadas en la calle, y las voces
de Don Antonio y Don Flix, que pelean, y  la vez los gritos de socorro
de Clara, diciendo: Que matan  mi hermano! Lisardo duda, en el
instante,  qu lado inclinarse, puesto que  un tiempo lo llaman su
amigo y su amada; pero sale al fin corriendo, y exclama: Antes que
todo es mi dama!

En el acto tercero, Lisardo y Don Flix han regresado  su domicilio; el
desafo nocturno fu interrumpido por la llegada de algunas personas,
deliberando ambos, entonces, cul ha de ser su conducta en el estado en
que se encuentran las cosas. Pero anuncian de improviso la llegada de
Don Iigo; Lisardo, el presunto Don Flix, se oculta, y el verdadero Don
Flix recibe al anciano, pretextando la ausencia de su amigo. Extralo
mucho Don Iigo, y encarga  Don Flix que diga  su compaero, que
espera inmediatamente su casamiento con su hija, y que, en caso
contrario, ha de darle una satisfaccin sangrienta. Don Flix promete
hacerlo; vase el anciano, y acuerdan ambos amigos que Lisardo celebre
una conferencia secreta con el padre de Laura, y que le descubra sin
ambajes la verdad. Don Iigo, receloso y resuelto  pelear, acude  una
cita, que se le da en compaa de Don Antonio; Lisardo le cuenta que l
no es Don Flix, y las circunstancias, que le obligaron  tomar su
nombre; aade, que, estando de visita en casa de Clara, huy de ella
refugindose en la de Don Iigo; pero el anciano se encoleriza, y
califica de agravio ese yerro; Antonio saca tambin su espada para
vengar en Lisardo la visita secreta hecha  su hermana; Don Flix, que
asiste escondido  esta escena, sale tambin para socorrer  su amigo, y
el combate se hubiera llevado  efecto,  no sobrevenir mucha gente que
obligara  los combatientes  retirarse. Don Flix se queda solo en el
teatro, y viene un criado  anunciarle que Lisardo est peleando con los
alguaciles; y, cuando Don Flix se propone salir volando  su socorro,
aparece Doa Clara pidindole proteccin contra su hermano, que intenta
matarla por su entrevista nocturna con Lisardo; vacila entre socorrer 
su amigo   su dama, cuando se presenta Don Antonio, y se empea en
levantar el velo de Doa Clara; Don Flix no lo consiente, porque as se
lo manda su deber de caballero, y relucen de nuevo las espadas; pero
entonces oye, desde la casa de Don Iigo, las voces de socorro de Laura,
 quien su padre, furioso, amenaza con un pual, y acude  ella
corriendo, no sin decir antes lo que sigue:

      Bien s que mi obligacin
    Es valeros, bella Clara,
    Porque de m os amparsteis;
    Bien s que en esta demanda,
    Mi obligacin, Don Antonio,
    Es no volveros la espalda;
    Bien s, Lisardo, que sois
    Mi amigo, y que os hago falta;
    Mas mi amigo, mi enemigo,
    Y la dama que se ampara
    De m, todos me perdonen.
    Que _antes que todo es mi dama_. (_Vase._)

Entonces acude Lisardo corriendo y toma bajo su proteccin  la afligida
Clara, declarando que l es su esposo. Poco despus llegan Flix y
Laura, y Don Iigo persigue  sta con la espada desenvainada,
vociferando:

    .............. De mi casa
    No ha de llevar  mi hija
    Quien su esposo no se llama.

           *       *       *       *       *

    Pues cmo vos defendis
    Que otro lleve  quien aguarda
    Ser esposa vuestra?

      LISARDO.

                        Como
    Don Flix, que es quien la ama,
    Es su esposo y es mi amigo.

      DON FLIX.

    Y quien se rinde  esas plantas
    Asegurando que soy
    Don Flix, y que la causa
    De que Lisardo tomase
    Mi nombre, siempre fu Laura.

      DON IGO.

    Si yo en mi casa le hall...

      DON FLIX.

    Como yo me satisfaga,
    Siendo su esposo, qu importa?

           *       *       *       *       *

      LISARDO.

    Slo lo que ahora falta
    Es que Don Antonio y Flix
    Sean amigos.

La extremada complicacin del plan de la mayor parte de estas piezas,
hace imposible dar noticias detalladas de sus argumentos, no pudiendo
comprenderse stos sino por medio de una clarsima exposicin de los
elementos diversos que los componen. Limitmonos, por tanto,  apuntar
algunas indicaciones. Las comedias _Casa con dos puertas_, _La dama
duende_, _El escondido y la tapada_, tienen todas de comn, que exigen
inusitada preparacin mecnica y escnica, la primera una doble entrada,
la segunda una puerta secreta, y en las otras dos un aposento 
habitacin oculta, causas de diversas equivocaciones y motivo capital de
las situaciones ms sorprendentes. _Casa con dos puertas_ se distingue
por el ingenio extraordinario de su autor, puesto que, de un motivo muy
sencillo, forma una fbula con extremo complicada, y notable, sin
embargo, por su claridad. _La dama duende_ ha sido una de las obras ms
aplaudidas de Caldern por la delicadeza y moralidad de su enredo, y 
la vez por la gracia inimitable de todas las escenas. En _El escondido y
la tapada_ se ostenta el talento eminente de su autor, imprimiendo en su
accin giros siempre nuevos, que mantienen el inters, y atraen al
espectador de tal suerte, que por grande que sea su perspicacia y su
fijeza, apenas puede seguirla: es de las comedias ms brillantes de
Caldern, y puede servir para probar, con este solo ejemplo, que la
comedia espaola, en el arte de desarrollar un argumento, deja detrs de
s  larga distancia  cuanto han hecho en esta parte los poetas de
todas las dems naciones. En _El encanto sin encanto_, como antes
dijimos, ha utilizado Caldern un plan dramtico de Tirso de Molina, si
bien hemos de confesar, sin menoscabar en lo ms mnimo la fama de tan
clebre poeta, que,  nuestro juicio, el trabajo de su predecesor es de
mucho ms mrito que el suyo. _Peor est que estaba_, es, al contrario,
una composicin tan llena de encantos como de belleza: como el ttulo
indica, la situacin de sus distintos personajes se va haciendo desde un
principio peor y ms embarazosa, y desde las primeras escenas hasta su
desenlace nos ofrece una serie no interrumpida de situaciones
interesantes y siempre diversas, y, sin embargo, todas ellas, hasta en
sus pormenores ms insignificantes, estn perfectamente motivadas.
_Mejor est que estaba_, comedia opuesta  la anterior, es menos rica
que ella en cuanto  su accin externa, pero rebosando, en cuanto 
afectos y pensamientos, frescura potica y fuego juvenil. En _Los
empeos de un acaso_, como su ttulo mismo anuncia, es la casualidad la
palanca ms poderosa de la accin: las combinaciones, los sucesos, los
resultados que se enlazan entre s, son tan varios, trazados con tanto
ingenio y unidos por un lazo tan estrecho, que la curiosidad de ver cmo
el poeta sale airoso de tantos obstculos acumulados, inspira el mayor
placer, tanto al que la lee como al que la oye, sin dejar  su atencin
un solo momento de descanso. Lo mismo puede decirse de _Bien vengas,
mal, si vienes solo_, cuyo enredo, en lo ms esencial, puede condensarse
en las palabras siguientes: Don Luis presencia una noche un desafo
delante de su casa, de cuyas resultas uno de los dos combatientes cae en
tierra con una herida mortal. El vencedor se aleja  paso rpido del
lugar de la contienda, no pudiendo apresarlo Don Luis, pero s  su
criado, de quien averigua con trabajo que el fugitivo es un cierto Don
Juan, amante de Doa Mara, la hermana de Don Luis. En la escena
inmediata se nos presenta Doa Ana, novia de un galn llamado Don Diego,
 la cual pretende tambin Don Luis, no sin hacerle ella entrever
algunas esperanzas de buen xito; vistala Doa Mara, y la entrega un
retrato de Don Juan, suplicndola que lo guarde, obligndola  ello el
miedo que le inspiran las sospechas de su hermano. Don Diego llega  ver
este retrato en poder de su novia, excitando en l celos rabiosos. Don
Juan, perseguido por la justicia  causa de la muerte de su rival, ruega
al padre de Doa Mara, amigo del suyo, que le conceda un asilo en su
casa, escondindose en una habitacin oculta para escapar ms
fcilmente; pero Don Diego es pariente del difunto y debe vengar su
muerte; Don Luis es causante tambin de mayor discordia por sus celos de
Don Diego, y por las sospechas que tiene de su hermana y de Don Juan; en
una palabra, los resortes contrarios que concurren en esta fbula, son
tan numerosos, que parece imposible su conciliacin; pero el poeta, gran
maestro en el arte de desarrollar un argumento, combina de tal modo
todos los hilos de esta urdimbre, que, cuando el enredo es ms
complicado y parece imposible su desenlace, nos presenta ste de
repente de la manera ms natural y satisfactoria.

Todas las comedias mencionadas hasta ahora pueden considerarse como
piezas de intriga  enredo,  ms bien de accin muy complicada, en la
significacin ms genuna de la palabra, , lo que es lo mismo, como
obras dramticas, cuyos factores importantes para producir la accin,
son circunstancias y situaciones externas y extraordinarias, atrayendo
todo el inters hacia su argumento, contribuyendo tambin la casualidad
considerablemente  aumentar la complicacin de la fbula, y
prescindiendo, por lo mismo, de la pintura de caracteres. Los mismos
elementos, en toda su pureza, juegan en _Fuego de Dios en el querer
bien_, _Cada uno para s_, _Con quien vengo vengo_, _Tambin hay duelo
en las damas_ y _El maestro de danzar_.

_El astrlogo fingido_ y _No hay burlas con el amor_.--Son propiamente
comedias burlescas, , ms bien, entremeses  sainetes. La primera se
distingue por sus gracias inimitables y sus situaciones divertidas; pero
el asunto no se prestaba  extenderse hasta componer una comedia en tres
actos, y su parte cmica se hubiese concentrado mucho mejor en un
entrems. En _No hay burlas con el amor_ se nos ofrece una dama
presumida y muy llena de su importancia con _vis cmica_
extraordinaria, y  la vez un enredo que consiste en las pretensiones de
un galn enamorado verdaderamente de la hermana de aqulla, pero
temeroso de los obstculos que puede suscitarle tan vana  insensata
seora, por cuya razn finge amarla y habla con ella con frases
rebuscadas, logrando de este modo conseguir el objeto que su pasin le
inspira. Muy parecida  esta ltima pieza es la titulada _Hombre pobre
todo es traza_, comedia que V. Schmidt caracteriza con mucha exactitud,
recordando _El lazarillo de Tormes_ y _El Guzmn de Alfarache_, porque
el protagonista, en efecto, se asemeja mucho  aquellos caballeros de
industria, de espada y de retorcidos mostachos, descritos en esas
novelas picarescas; aunque no estar de ms aadir que nunca Caldern se
deja caer en los lodazales que son,  veces, tan del gusto de Mendoza y
de Alemn, y que ennoblece  un tiempo las costumbres y los tiempos.

En _Gurdate del agua mansa_ no slo el trazado y desarrollo del enredo
son de un arte consumado, sino que tambin brilla por la pintura de
caracteres, por su singular gusto y excelencia poco comn. Don Alonso
tiene dos hijas, que, desde la muerte de su madre, se han educado en un
convento, que ambas abandonan al trasladarse su padre de Mjico 
Madrid. Clara, la hermana mayor, es pacfica y callada, y dice que 
todo prefiere el silencio del claustro. Eugenia, la menor, es, al
contrario, ms viva y resuelta, agradndole el trato del mundo, razn
suficiente para que su padre se proponga casarla antes. Presntanse
diversos pretendientes  su mano, y, entre otros, un hidalgo campesino,
sencillo y rstico, natural de Asturias, y de nombre Toribio, blanco de
continuas burlas de ambas doncellas. Mientras Clara reprueba los
proyectos, algo libres, de su hermana, urde ella el enredo ms astuto,
hacindose pasar por Eugenia, envolviendo en sus redes al futuro marido
que se le destina, engaando  la duea que la guarda, y convirtindola
en auxiliar de sus planes. Resulta de esto, al cabo, que la viva y
mundana Eugenia no adelanta nada en sus amores, mientras la callada y
pacfica Clara se apropia sus pretendientes. El cndido y rstico
Toribio es un personaje hbilmente diseado y de un carcter cmico
extraordinario, y de aqu que esta caricatura tenga semejanza con las
comedias llamadas de figurn.

_Maanas de abril y mayo._--Esta es una comedia muy parecida  las
anteriores en espritu y colorido, y que tambin se distingue por la
hbil pintura de sus caracteres. El antitipo,  contraste de Toribio, es
en sta un petimetre ilustrado y vanidoso. Caldern, sin embargo, no
usa nunca de ese estilo grosero y bajo, que tanto nos ofende en las
comedias de figurn de otros poetas; ni los personajes de caricatura son
nunca en las suyas las figuras ms interesantes, sirviendo tan slo sus
extravagancias para hacer resaltar ms otros nobles caracteres.

_No siempre lo peor es cierto._--Podra clasificarse, por sus personajes
y por sus contornos exteriores, entre las comedias de capa y espada;
pero su tono ms serio, casi sentimental, y su argumento, la separan
evidentemente de las dems producciones de esta clase. Don Carlos,
amante de Doa Leonor de Lara, encuentra de noche un hombre en el
aposento de su dama, tomndolo por su rival equivocadamente, y, bajo el
imperio de otras diversas circunstancias, le da muerte impulsado por sus
celos. Para salvar el honor de su amada, se la lleva consigo y la
protege, considerndola culpable, y sin prestar atencin alguna  sus
protestas de inocencia. Un concurso de muchas concausas, y una accin
accesoria enlazada hbilmente con la principal, contribuyen  aumentar
ms y ms las sospechas de Carlos, y casi  inspirar dudas  los
espectadores, hasta que al fin aparece la verdad en todo su esplendor, y
Carlos se convence de que Leonor le ha sido siempre fiel. Si nos admira
en este drama el desarrollo de la fbula, por el ingenio delicado de su
autor, no nos encanta menos su argumento principal por los caracteres de
Don Carlos y de Leonor, trazados con tanta fuerza como gracia: el del
uno, de nobles y magnnimos pensamientos, y arrastrado, no obstante, por
esas mismas cualidades  concebir sospechas injustas, y el de Leonor,
por su dulzura y por su afecto constante  aqul, que tanto la ofende.
Ambos personajes excitan nuestro inters en sumo grado.

_Maana ser otro da._--Anloga  la precedente, Si la primera, dice
V. Schmidt, nos da  conocer la ndole divina de la mujer, que,
mortificada por una desconfianza injusta, deja ver todo el mrito de su
carcter, por cuya razn Leonor aparece desde un principio enamorada,
debiendo  este mismo amor su desdicha, en sta se nos ofrece una flor,
an no abierta, que se desenvuelve  nuestra vista, y resplandece  los
rayos del sol del amor, ostentando sus perfumes y sus colores
magnficos. Al ruido de las espadas y al oprobio, cuya consecuencia ha
de ser la muerte entre esos nobles espaoles de Caldern, crece ese amor
celestial de la mujer, que slo teme la prdida de su amante, moviendo
al fin la misericordia de un Dios compasivo y bondadoso.

Asemjanse tambin  estas ltimas, ya por su fbula y por el colorido
serio, que en ellas predomina, ya por su caracterstico ms importante:
_No hay cosa como callar_, _Primero soy yo_, _Cul es mayor perfeccin_,
_La desdicha de la voz_ y _Dar tiempo al tiempo_. Todas estas comedias
de la edad ms provecta de Caldern, por la pureza del estilo y por el
mayor esmero con que se distinguen sus varios personajes, son, sin duda,
superiores  las dems obras suyas que les precedieron; pero en cambio,
 nuestro juicio, no se muestra tan vigorosa esa frescura juvenil y esa
animacin propia de las dems, notndose  veces como cierto cansancio y
repeticin amanerada de motivos dramticos manoseados.

Hay una sola comedia de Caldern, de las llamadas burlescas, que se
titula _Cfalo y Procris_, parodia de otra suya, _Celos aun del aire
matan_. Esta pieza burlesca es de mucha gracia, haciendo alarde el poeta
de agudezas y chistes extremados, y ofreciendo, adems, un efecto cmico
incomparable, porque las burlas ms desatinadas y hasta las ms absurdas
revisten tono pattico, y se expresan en elegantsimos versos. Es la
nica comedia de Caldern, en que lo grosero y lo ordinario se usan como
incentivos de lo cmico; con libertad extraordinaria eleva lo ms bajo,
y hasta se mofa en apariencia de s mismo, de todo el mundo y de su
propia obra. Los actores se olvidan sin cesar de sus papeles: una dama
griega, por ejemplo, al contar su nacimiento, dice sencillamente que es
hija de Luis Lpez, y que se llama Mara. El prncipe Rosicler monta en
un jacucho, trayendo en la mano un zapato monstruoso, y recorre toda la
tierra para buscar la dama  quien pertenece aquella enorme lancha. Los
versos siguientes darn una idea del tono, que domina en toda la
composicin. El Rey habla en estos trminos  sus vasallos reunidos:

      Vasallos, deudos y amigos,
    Cuya lealtad y virtud
    Canta el sol por _fa_, _mi_, _re_,
    La fama por _re_, _fa_, _ut_;
    Ilustre nobleza y plebe,
    Que al brindis de mi salud
    Agotrades ahora
    Aun la cuba de Sahagn:
    Ya sabis que yo, inclinado
    Fu desde mi juventud
     las letras, estudiando
    Todo el ban, ben, bin, bon, bun,
    Hasta el arte de Nebrija
    Y las tablas del Talmud.

Cfalo, despus de matar con un venablo  su querida Procris, exclama
as:

      Repblica celestial,
    Aves, peces, fieras, hombres,
    Montes, riscos, peas, mar,
    Plantas, flores, yerbas, prados,
    Venid todos  llorar!
    Coches, albardas, pollinos,
    Con todo vivo animal;
    Pavos, perdices, gallinas,
    Morcillas, manos, cuajar,
    Procris muri! Decid, pues:
    Su moo descanse en paz!

Hemos hecho mencin hasta ahora, ya prolija, ya ligeramente, de todas
las comedias autnticas de Caldern; en cuanto  aqullas, reputadas
evidentemente por falsas, aunque lleven su nombre,  sobre las cuales se
abrigan dudas muy fundadas, as como respecto  los sainetes y loas,
puede consultarse el apndice, que ilustra esta parte de nuestra obra.
Vamos  tratar en seguida de sus autos sacramentales.

[Illustration]

[Illustration]




NDICE.


                                          Pgs.

CAPTULO XXVIII.--ALARCN.--Sus obras dramticas.                      7

CAPTULO XXIX.--Felipe Godnez.--Luis de Belmonte.--Rodrigo
de Herrera.--Otros dramticos de este
tiempo.                                                               31

CAPTULO XXX.--El italiano Fabio Franchi acerca del
arte dramtico en Espaa.                                             59

CAPTULO XXXI.--Actores famosos de la poca de Lope
de Vega.                                                              71

CAPTULO XXXII.--Otros actores famosos de la poca
de Lope de Vega.--El teatro espaol en el extranjero.                 97


TERCER PERODO.

EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAOL.

CAPTULO PRIMERO.--Aficin de Felipe IV al arte
dramtico.--Teatro Real del Buen Retiro.--Fiestas de
corte y lujo de decoraciones.                                        121

CAPTULO II.--Nueva poca de la poesa dramtica.--Nuevas
especies de piezas dramticas.--Aparato escnico
de esta poca.--Principios de la decadencia del teatro
espaol en el reinado de Carlos II.                                  153

CAPTULO III.--CALDERN.--Carcter general de sus
obras dramticas.                                                    189

CAPTULO IV.--Otras bellezas dramticas, comunes 
las comedias de Caldern, que las caracterizan y distinguen.         227

CAPTULO V.--Defectos de Caldern.--Clasificacin
cronolgica de sus obras dramticas.--Su versificacin.--Otros
defectos de sus comedias.--De los errores histricos
y geogrficos de Caldern.                                           249

CAPTULO VI.--Comedias religiosas de Caldern.--_El
Prncipe constante._--_El Josef las mujeres._--_El mgico
prodigioso._--_Los dos amantes del cielo._--_El purgatorio
de San Patricio._                                                    289

CAPTULO VII.--_Las cadenas del demonio._--_La exaltacin
de la Cruz._--_La devocin de la Cruz._--_Origen, prdida y
restauracin de la Virgen del Sagrario._--_La cisma
de Ingalaterra._--_La aurora en Copacavana._--_El
gran prncipe de Fez._--_San Francisco de Borja._--_La sibila
del Oriente._--_La estatua de Prometeo._--_La vida es
sueo._                                                              321

CAPTULO VIII.--Dramas histricos de Caldern.--_La
nia de Gmez Arias._--_El postrer duelo de Espaa._--_El
mdico de su honra._--_A secreto agravio, secreta venganza._--_Las
tres justicias en una._                                              347

CAPTULO IX.--_El alcalde de Zalamea._--_Amar despus
de la muerte._--_Luis Prez el Gallego._--_El sitio de Breda._--_Gustos
y disgustos son no ms que imaginacin._--_Saber
del mal y del bien._--_En esta vida todo es verdad y
todo es mentira._--_El mayor monstruo los celos._--_Los cabellos
de Absaln._--_Las armas de la hermosura._--_La
gran Cenobia._                                                       369

CAPTULO X.--_La hija del aire._--Comedias mitolgicas
y otras caballerescas y novelescas de Caldern.                      401

CAPTULO XI.--Comedias romnticas de Caldern.                       433

CAPTULO XII.--Comedias de _azar_ y algunas otras de
Caldern.                                                            459

    _Este libro se acab de imprimir
           en Madrid, en casa de
           Manuel Tello, el da
             18 de Noviembre
               del ao de
                 1887._

[Illustration]


FOOTNOTES:

[1] Joannes Ruiz de Alarcon, Mexici, ut credo, apud orientales indos
natus, ex Hispania oriundus, comoediarum auctor, parentum memoria, inter
eos, qui classem hujus artis ducunt, meo judicio annumerandus, et vix
uni aut alteri puritate dictionis urbanitateque et copia atque
inventione comparandus.--(_Bibl. Hisp. Nova_, tomo I.)--Juan Ruiz de
Alarcn, nacido, segn creo, en Mjico, cerca de los indios orientales
(probablemente orientales con relacin  Amrica, no con relacin 
Europa), de una familia espaola y distinguida, autor de comedias, digno
de ser mencionado,  mi juicio, entre los primeros escritores de este
arte, y al que igualan slo pocos en la pureza de su diccin, en su
aticismo y en su fecundidad y abundancia.--(_T. del T._)

[2] _Crnica de la provincia de San Diego de Mjico de religiosos
descalzos de San Francisco_, por Baltasar de Medina: Mjico, 1882, fol.
251.

[3] Debo esta noticia al Sr. H. Ternaux Compans, poseedor de este libro
raro.

[4] V.  Ferdinand Denis, _Chroniques chevaleresques de l'Espagne et du
Portugal_: Pars, 1839, vol. II, pgina 237.

[5] El teatro de Alarcn es una de las mayores rarezas bibliogrficas.
De los dos tomos de que consta, slo un ejemplar he llegado  ver, cuyo
primer tomo existe en la Biblioteca Real de Pars, y el segundo en
posesin del Sr. Luis Lemcke, en Brunswick,  quien estoy sumamente
agradecido por su amabilidad en haberlo dejado largo tiempo  mi
disposicin, juntamente con otras muchas joyas de su rica biblioteca
espaola. Copio aqu el ndice de ambas partes:

Comedias de D. Juan Ruiz de Alarcn y Mendoza. Madrid, en casa de Juan
Gonzlez, 1628, 4.

_Los favores del mundo._--_La industria y la suerte._--_Las paredes
oyen._--_El semejante  s mismo._--_La cueva de Salamanca._--_Mudarse
por mejorarse._--_Toda es ventura._--_El desdichada en fingir._

Parte segunda de las comedias del licenciado D. Juan Ruiz de Alarcn y
Mendoza. Barcelona, Sebastin de Cormellas, 1634, 4.

_Los empeos de un engao._--_El Dueo de las estrellas._--_La amistad
castigada._--_La manganilla de Melilla._--_Ganar amigos._--_La verdad
sospechosa._--_El Antichristo._--_El texedor de Segovia._--_Los pechos
privilegiados._--_La prueba de las promesas._--_La crueldad por el
honor._--_El examen de maridos._

Conozco tambin, sueltas,  _Quien mal anda mal acaba_, y _No hay mal
que por bien no venga_.

En el catlogo de la Huerta llevan tambin el nombre Alarcn: _Dar con
la misma flor_, _La culpa busca la pena y el agravio la venganza_, _La
Hechicera_, _Siempre ayuda la verdad_ y _Quien priva aconseje bien_.

[6] _El tejedor de Segovia_, en las sueltas, se atribuye, ya  Caldern,
ya  Rojas; _La verdad sospechosa_,  Lope de Vega, en el tomo XXII
(apcrifo) de sus comedias: Zaragoza, 1630; _El examen de maridos_, en
las sueltas, ya lleva el nombre de Montalbn, ya el de Lope, y tambin
el de ste en el tomo XXIV de las _Comedias de Lope de Vega_: Zaragoza,
1633.

Estas falsificaciones de los autores de las comedias son slo imputables
 la ignorancia   la codicia de los libreros, no  los poetas, cuyos
nombres llevan trocados.

[7] La familia noble de Vargas es nombrada en _Don Quijote_, parte 1.,
captulos 8. y 49; vanse tambin las notas de D. Diego Clemencn. Los
traidores Pelez juegan ya un mal papel en los romances del Cid; vanse
los romances nmeros 36 y 37 de la edicin de Juan de Escobar.--Nada he
podido averiguar de la tradicin especial, dramatizada por Alarcn.

[8] Vase mi _Spanisches Theater_. Frankfurt auf der Mein, 1845.--T. I.

[9] Corneille dice de su _Menteur_: Esta pieza es en parte imitacin, y
en parte traduccin de otra espaola. Parceme su asunto tan ingenioso y
tan bien desenvuelto, que me ha hecho decir con frecuencia que dara de
buen grado dos de mis mejores composiciones dramticas porque esa
invencin hubiera sido ma. La comedia espaola es atribuda al famoso
Lope de Vega; pero hace poco lleg  mis manos un tomo de D. Juan Ruiz
de Alarcn, afirmando haberla l escrito y quejndose de los libreros
por imprimirla bajo otro nombre. Sea quien fuere su autor, es lo cierto
que su mrito es grande y que no conozco nada en esa lengua que ms
placer me haya proporcionado.

[10]

    Este, que tiene, como mes de mayo,
    Florido ingenio, y que comienza ahora
     hacer de sus comedias nuevo ensayo,
    Godnez es.

    (Cervantes, _Viaje al Parnaso_.)


[11] _Ludovicus de Belmonte, comoediarum poeta, vel eo tempore
audiebatur in theatris, quo, sub Lupo de Vega et aliis, Hispana
comoedia alias omnium gentium omnisque aetatis probocabat: idem cum eo
qui inscripsit._

_Hazaas de Don Garca Hurtado de Mendoza_, 1622, 4.--D. Nicols
Antonio, _Bibliotheca Nova_.

Luis de Belmonte, poeta, escritor de comedias, era odo tambin en los
teatros en la misma poca en que la comedia espaola, con las obras de
Lope de Vega y de otros, aventajaba  las de todas las dems naciones de
todos los tiempos; es el mismo que escribi las _Hazaas de Don Garca
Hurtado de Mendoza_, 1622.

[12] _El diablo predicador_, en dos manuscritos de la biblioteca del
duque de Osuna, se atribuye  Francisco de Villegas; particularidad que,
no siendo autgrafos estos manuscritos, nada prueba contra la opinin
comn de que fuera su autor Belmonte. Por lo dems, el argumento de esta
comedia famosa (probablemente antes), fu desenvuelto por Lope de Vega
en su _Fray diablo_. En la biblioteca del duque de Osuna se encuentran
manuscritas de Belmonte las comedias:

_El sastre del Campillo_, autgrafa, con la firma de Luis de Belmonte
Bermdez: _1. de augusto 1624_. (Las impresiones antiguas la atribuyen
 Lope.)

_El satisfecho_, autgrafa, con firma, fecha en Sevilla, el 5 de julio
de 1634.

_El conde de Fuentes._

_El hortelano de Tordesillas._

_A un tiempo rey y vasallo_, autgrafa, con firma y licencia de 1642.

D. Agustn Durn posea una comedia manuscrita de Belmonte, titulada _El
acierto en el engao y robador de su honra_, fecha en diciembre de 1641.
De la licencia que la acompaa, resulta que se prohibi al principio por
indecente, y que se alz despus esa prohibicin.

[13] _Hijos ilustres de Madrid_, por Baena.--Lope, _Laurel de Apolo_.

[14] _Hijos ilustres de Madrid._

[15] Comedias humanas y divinas, y rimas morales, compuestas por Diego
Muxet de Sols: Bruselas, 1624. (D. Nicols Antonio dice,
equivocadamente, que el lugar de la impresin es Francfort.)

Las piezas sueltas son: _Cmo ha de ser el valiente_, _La igualdad en
los sujetos_, _El cazador ms dichoso_, _El generoso en Espaa_, _El
mayordomo de la duquesa de Amalfi_, _El ermitao seglar_.

[16] Montalbn, _Para todos_.

[17] Montalbn y Lope, _Laurel de Apolo_.

[18] _Hijos ilustres de Madrid._

[19] _Hijos ilustres de Madrid._

[20] Todos estos nombres y noticias se han tomado de los _Hijos ilustres
de Madrid_, de Baena, y del _Para todos_, de Montalbn.

[21] Fuster, _Biblioteca valenciana_.

[22] D. Nicols Antonio.

[23] Muchos de los mencionados, como Montemayor, Silvestre y
Garci-Snchez, se llaman sin razn poetas dramticos.

[24] Con arreglo  la indicacin que se hace en el tomo II de las
comedias de Francisco de Rojas (Madrid, 1645), Antonio Coello es el
autor de la primera jornada de esta pieza, y Rojas de las dos restantes.

[25] Cascales, _Tablas poticas_, lib. II.--Christbal Surez de
Figueroa, _Plaza universal de ciencias y artes_ (1615), discurso 91 de
los comediantes y autores de comedias: Espaa ha tenido y tiene
prodigiosos hombres y mujeres en representacin, entre otros Cisneros,
Glvez, Morales _el Divino_, Saldaa, Salcedo, Ros, Villalva, Murillo,
Segura, Rentera, Angulo, Solano, Toms Gutirrez, Avendao, Villegas,
Mainel: stos ya difuntos. De los vivos, Pinedo, Snchez, Melchor de
Len, Miguel Ramrez, Granados, Christbal, Salvador, Olmedo, Cintor,
Jernimo Lpez. De mujeres, Ana de Velasco, Mariana Pez, Mariana Vaca,
Jernima de Salcedo, difuntas. De las que hoy viven, Juana de Villalva,
Mariflores, Micaela de Lujn, Ana Muoz, Josefa Vaca, Jernima de
Burgos, Polonia Prez, Mara de los Angeles, Mara de Morales, sin otras
que por brevedad no pongo.

[26] Bourgoing, _Viaje  Espaa_, tomo II, pg. 56.

[27] Del artculo de Mesonero Romanos, sobre la topografa de Madrid,
tantas veces citado, resulta que la calle del Len era antes algo ms
ancha, desde la del Prado hasta las de Francos y Cantarranas, y formaba
una plazuela con rboles, llamada El mentidero de los representantes,
sin duda por reunirse en ella los actores y aficionados al teatro, como
suceda hasta hace poco con la plazuela de Santa Ana. El mismo nombre
lleva en el gran plano de Madrid, de 1656; en los escritos de Quevedo,
Lope, Villamediana y otros, y, por ltimo, en el testamento del obispo
de Cuzco, D. Manuel de Mollinedo y Angulo, el cual dice expresamente que
sus padres vivan en Madrid, en la calle del Len, Mentidero de los
representantes. Esta parte de la corte est toda llena de recuerdos de
los famosos poetas dramticos y actores que la frecuentaban o habitaban.
Consta de los documentos de esa poca, que residieron en ella todos los
clebres actores y actrices de los siglos XVII y XVIII, desde Agustn de
Rojas y Alonso de Olmedo, hasta Manuel Garca Parra y Mariano Querol, y
desde Mara Riquelme y Mara Caldern, hasta la Ladvenant y la Tirana,
viviendo en las calles de las Huertas, Amor de Dios, San Juan, Santa
Mara, Francos, Cantarranas y Len; costumbre seguida por los actores y
actrices modernos, hasta hace poco, como Rita Luna, Isidoro Miquez,
Guzmn, Latorre, Romea y otros.

[28] Estn sacadas de muchas y varias obras antiguas espaolas, como de
_El peregrino en su patria_, de Lope, y de los prlogos de sus comedias;
de la _Filosofa potica_, de Lpez Pinciano; de las _Tablas poticas_,
de Francisco Cascales; de _El gran tacao_ y otros escritos de Quevedo;
de la _Plaza universal_, de Surez de Figueroa; de la novela _La gardua
de Sevilla_, de Alonso del Castillo Solorzano (Logroo, 1634), etc.
Otras provienen del tomo II del _Tratado histrico_, de Pellicer.

[29] He aqu algunas noticias y ancdotas de autores clebres de la edad
de oro del teatro espaol:

_Epistolae Hoelianae. Familiar letters domestic and forren._ By James
Howell. 2nd edition, London, 1650. Vol. II, pg. 111, carta de Madrid
de 1. de agosto de 1622:

To this I will join an epigram which was made of de Vaca husband to
Jusepa de Vaca the famous comedian, who came upon the stage with a cloak
lined with black plush and a great chain about his neek, where upon the
duke of Mediana broke into these witty lines.--Aadir  esto un
epigrama, compuesto contra el famoso comediante Vaca, marido de la
Jusepa de Vaca, que sali  la escena con una capa con vueltas de felpa
negra, y una gran cadena al cuello, con cuyo motivo el duque de Mediana
improvis estos ingeniosos versos: (_T. del T._)

      Con tanta felpa en la capa
    Y tanta cadena de oro,
    El marido de la Vaca,
    Qu puede ser sino toro?

_Comedias de Lope de Vega_, tomo XIX, prlogo dialogstico:

Pregunt Cisneros, representando,  un alcalde, que por qu estaba
preso un estudiante que, entre otros, sala  visita.--Djole el
escribano que por una stira.--Qu es stira? replic Cisneros.--Stira
es, dijo el escribano, decir las faltas de los del lugar.--Y respondi
Cisneros:--Pues no sera mejor prender  los que tienen las faltas?

_Comedias de Lope de Vega_, tomo XVII. Dedicatoria  Jorge Toledano
(comedia de las antiguas mas):

Haca el Jorge Toledano aquel insigne representante de Toledo Solano, 
quien en la figura del galn, por la blandura, talle y aseo de su
persona, nadie ha igualado. Roma nos dej una memoria de sus famosos
histriones; no parezca exceso  la modestia y circunspeccin de muchos,
alabar estos hombres, pues no los vi semejantes, cuando ms su
repblica floreca.

_Comedias de Lope de Vega_, tomo XVI: Madrid, 1622. Prlogo:

Como se acabaron los Cisneros, los Navarros, Loyolas, Ros, Solanos,
Ramrez, Tapias, Leones, Rochas, Salvadores y Christvales, qu han de
hacer los Autores, sino, convertidos en Bolatines, remitir  las
tramoyas las comedias?

_Caramuelis Rhythmica. Editio altera. Campaniae_, 1668, pgs. 706 y
siguientes.

Arias habet vocem claram et puram, memoriam firmam et actionem vivacem,
et quidquid ipse diceret in singulis linguae motibus charites et in
singulis mannum videbatur habere Apollines. Ad eum audiendum confluebant
excellentissimi concionatores, ut dictionis et actionis perfectionem
addiscerent.

Sub idem tempus Amaryllis (sic eam vocabant), inter comicas floruit,
quae erat prodigiosa in sua arte. Eloquebatur, canebat, musicis
instrumentis ludebat, tripudiabat, et nihil erat, quod cum laude et
aplausu non faceret.

Paucis post annis theatra adsurgebant Riquelmae, adolescenti pulchrae,
aprehensiva tam forti praeditae, ut inter loquendum vultus colorem cum
omnium admiratione mutaret: nam si in theatro fausta et felicia
narrarentur, roseo colore suffusa auscultabat; si autem aliqua infausta
circunstantia intercurreret, illico pallida reddebatur. Et in hoc erat
unica, quam nemo valeret imitari.

Fuerunt et sunt alii Comici, in quibus magnae hujus generis dotes
relucent. Ego nomino, quos puer cognovi, nam a juventute excedi ab
Hispania jussus, comedias audire non potui.Quia magna interdum ingenia
pereunt in aratro, quae si colerentur, possent patriae et scholae
servire, hunc casum addo. Barrueli (pagus est non longe a Spinensi
coenobio jacens in antiqu Castell), interfui Divinis mysteriis die
nascenti Deiparae consecrata. Musica fuit expectatione melior, et omnia
urbano potius quam pagano ritu agebantur. Ad offertorium surrexerunt
Confratres, et singuli suum munus obtulerunt Angelorum reginae, alli
taciti, alii carmina recitantes, alii cantantes, et applausum
praeceteris habuit quidam juvenis, qui muti personam adsumens, manibus
et gestibus loquens, ut panis, vini et pecorum copiam et valetudinem
Diva populo universo concederet, motibus tam vivis expressit, ut mentis
suae conceptus clarius et melius explicare verbis non posset. Et quid
iste non faceret, si a pueritia habuisset Magistros idoneos?

Matriti semel Arias sibi legens epistolam in theatrum ingressus, longo
tempore habuit Auditores suspensos, ad singulas lineas percellebatur, et
demum furore percitus laceravit epistolam et incipit exclamare
vehementisima carmina. Et tamesi laudaretur ab omnibus, majorem illa die
agendo quam loquendo admirationem extorsit.

Arias tiene voz clara y pura, tenaz memoria y accin animada, y
cualquiera cosa que dice, parece que las Gracias le acompaan en cada
palabra y Apolo en cada movimiento de sus manos. Acudan  oirlo los ms
sobresalientes oradores para perfeccionarse en la elocucin y accin.

En este mismo tiempo floreci Amarilis (as la llamaban), entre las
actrices, prodigiosa en su arte. Declamaba, cantaba, taa instrumentos
msicos, bailaba, hacindolo todo con alabanzas y aplausos.

Pocos aos despus se presentaba en el teatro la Riquelme, bella joven,
tan sensible por naturaleza, que, con admiracin de todos, variaba de
color, segn el dilogo: si el asunto era alegre y fausto, su color era
sonrosado, y si sobrevena algo triste, se pona en seguida plida. En
esto era tal, que nadie pudo imitarla.

Hubo adems otros cmicos que se distinguieron por sus notables dotes.
Hablo slo de los que conoc cuando nio, porque, obligado  dejar 
Espaa joven, no pude oir ms comedias.

Como prueba de que  veces vegetan grandes ingenios arando, que,
cultivados, hubiesen dado lustre  los estudios y  la patria, cito este
caso. Asist en Barruel (aldea sita no lejos del convento de Espina, en
Castilla la Vieja)  los misterios divinos, que se celebraban el da
consagrado  solemnizar el nacimiento de la Virgen. La msica fu mejor
de lo que esperaba, y toda la fiesta pareca ms propia de ciudad que de
aldea. En el ofertorio se levantaron todos los hermanos, trayendo cada
uno su ofrenda  la Reina de los Angeles; unos callados, otros recitando
versos, otros cantando, y hubo un joven, que obtuvo los mayores
aplausos, el cual, representando el personaje de un mudo y accionando y
gesticulando para que la Virgen concediera  todo el pueblo salud y
abundancia de pan, de vino y ganados, lo expres con sus movimientos tan
viva y elocuentemente, que con mayor claridad y distincin no hubiese
dado  entender con palabras sus pensamientos. Qu no hubiese hecho, si
desde su niez lo ensearan maestros idneos?

Leyendo una vez Arias, para s, una carta en el escenario del Teatro de
Madrid, tuvo suspenso al auditorio largo tiempo, expresando sus
emociones al leerla, y por ltimo, lleno de ira, rompi la carta y
comenz  declamar versos muy vehementes. Y todos lo alabaron y
convinieron en que, en dicho da, conquist mayor admiracin accionando
que declamando.--(_T. del T._)

[30] Caramuel, _Primus Calamus_, tomo II, pg. 706.

[31] _Primus Calamus_, tomo II, pg. 706.

[32] Tomo I, pg. 369 de la _Coleccin de piezas dramticas, entremeses,
loas y jcaras, escritas por el licenciado Luis Quiones de Benavente, y
sacadas de varias publicaciones  de manuscritos recientemente
allegados_, por D. Cayetano Rosell, devotsimo del autor. Madrid,
librera de los Biblifilos, Alfonso Durn: MDCCCLXXII.

[33] 10 l. paid to John Navarro for himself and the rest of the company
of Spanish players for a play presented before his Majesty. Dec. 23 d
1635.--Office-book of the Lord Chamberlain. Collier, vol. II, pg.
69.--10 l. pagadas  Juan Navarro para l y para los dems de la
compaa de actores espaoles, por representar una comedia ante S. M.,
23 de diciembre de 1635.--(_T. del T._)

[34] Toms Hurtado, _Tractatus varii resolutionum moralium, pars
posterior_, pg. 127.

[35] Riccoboni, _Histoire du theatre italien_, tomo I, pgina 47.

[36] Basti per onor di Lope il consenso ed applauso delle nazioni,
poich in Italia  Francia quelli che rappresentano Commedie, per
accrescere il guadagno mettono nei cartelli, che rappresentano un
soggetto di Lope de Vega,  con questo su manca loro Coliseo per la
gente  Casse per i danari.--_Obras sueltas_, tomo XXI, pg.
18.--(Basta para honrar  Lope el consentimiento y aplauso de las
naciones, porque en Italia y en Francia, los que representan comedias,
para aumentar su ganancia, ponen en los carteles que el asunto que han
de representar es de Lope de Vega, y de este modo el teatro no puede
contener la gente ni sus cajas el dinero.--(_T. del T._)

[37] Entre las mujeres que entonces tena el sultn Amath, era la ms
querida una cierta seora andaluza, que fu cautiva en uno de los
puertos de Espaa; sta holgaba notablemente de oir representar  los
cautivos christianos algunas comedias, y ellos, deseosos de su favor y
amparo, las estudiaban, comprndolas en Venecia  algunos mercaderes
judos, para llevrselas, de que yo vi carta de su embajador entonces
para el conde de Lemos, encareciendo lo que deste gnero de escritura se
extiende por el mundo, despus que con ms cuydado se divide en tomos.
Quiso nuestro Felisardo agradar  la gran sultana Doa Mara, y estudi
con otros mancebos, ass cautivos como de la expulsin de los moros, la
comedia de _La fuerza lastimosa_.--Lope de Vega, novelas: _El
desdichado por la honra_.--_Obras sueltas_, tomo VII, pg. 96.--V.
tambin  Cervantes, _La gran sultana_, jornada 2.

[38] Felipe IV, nacido el 8 de abril de 1605, represent,  la edad de
nueve aos, una comedia en la corte de su padre, segn se cuenta en un
manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid.

Luis Cabrera de Crdoba. Relacion de las cosas sucedidas,
principalmente en la corte, desde el ao 1599 hasta el de 1614.

De Madrid 8 de marzo 1614.--El jueves de la semana pasada el Prncipe
N. S. con las meninas representaron una comedia delante del Rey y SS.
AA. y las damas sin entrar otro ninguno: represent el Prncipe el Dios
Cupido y de salir de un carro se mare y tuvo dos vmitos, pero no se le
sigui otro mal, y dicen lo hizo bonitamente, y el Condecito de
Puo-en-rostro la diosa Venus y los otros los dems personages, y ha
havido algunos  quien ha parecido que no se havia de permitir que
representase S. A., aunque la poca edad le disculpa, al cual o se le ha
muerto el enano Bonami que l quera mucho.

Aado aqu tambin algunos datos acerca del teatro, y especialmente de
las representaciones de corte del tiempo de Felipe IV y de Carlos II,
las cuales, sacadas de manuscritos y hojas volantes del siglo XVII, son
tiles para conocer la historia de la literatura dramtica y del arte
escnico de esta poca. Todas las noticias anlogas que recientemente
han sido publicadas por Hartzenbusch en su edicin de Caldern y en
otras obras, se interpolan aqu, teniendo aqullas presente.

1622.--Consta de una cuenta antigua original, que ha llegado  mis
manos, del Palacio Real de Madrid, que desde el 5 de octubre de 1622,
los domingos, jueves y das festivos de cada semana, se representaron en
el aposento de la Reina muchas comedias. El ttulo de stas, los nombres
de los directores de compaa y algunas otras particularidades, aparecen
de la ojeada que ech sobre ellas, y cuyo contenido es el siguiente:

COMEDIAS REPRESENTADAS EN OCTUBRE.

Actores.--Pedro Valds: _Los celos en el caballo_, _La despreciada
querida_, _La prdida de Espaa_.

Por estas tres comedias se pagaron 900 reales,  300 cada una, por orden
de la Reina,  peticin de Jernima de Burgos, mujer de dicho autor,
pues antes slo se pagaban  200 reales.

Alonso de Olmedo: _Ganar amigos_, _Rodamonte aragons_, _Poderosa es la
ocasin_ (dos veces), _Cmo se engaan los ojos_.

Cristbal de Avendao, actor de comedias, represent con su compaa:
_El labrador venturoso_, _El infante de Aragn_, _El rey Angel_.

Estas tres se representaron en octubre y noviembre.

El mismo Avendao: _Cautela contra cautela_, _La prdida del rey D.
Sebastin_, _El marido de su hermana_, _El mrtir de Madrid_, _El
labrador venturoso_ (segunda vez), _San Bruno_, _La cada de Faetn_,
_Ir y quedarse_, _Quien no se aventura..._, _El Prncipe ignorante_,
_Ms merece quien ms ama_ (dos veces), _Las victorias del marqus de
Caete_ (en compaa de Valds), _Trances de amor_.

Juan de Morales: _El nio del Senado_, _La conquista de Jerusaln_ (dos
veces), _Celos engendran amor_, _Las pobrezas de Reynaldos_, _La
vengadora de las mujeres_, _El vencedor vencido en el torneo_, _La
milagrosa eleccin de Po V_.

Vallejo: _La Judit espaola_, _La romera de Santiago_, _Las burlas de
Pedro Urdemales_, _La selva de amor_.

Pedro de Valds con su compaa: _Pleito y desafo_, _Los celos en el
caballo_ (segunda vez), _Don Sancho el Malo_, _Las hazaas del marqus
de Caete_ (con Avendao), _La despreciada querida_.

Total de comedias representadas en el cuarto de S. M. la Reina, desde 5
de octubre  8 de febrero siguiente, 43, que,  300 reales cada una,
importan 13.500 reales, satisfechos  los actores.

1622.--El analista de Madrid, Len Pinelo, cuenta en este ao:

A 8 de abril en Aranjuez se previno solemne fiesta al cumplimiento de
los aos del Rey N. S. Su principio fueron toros y luego dos grandes
comedias de magestuosa ostentacion, aunque la una tuvo su azar, porque
no falte en los regocijos del mundo, que cayendo una luz (era de noche)
sobre un dosel, sin repararse luego en ella, se encendi y trav en
algunos Ramos de Theatro, de que result tanta turbacion en todo el
auditorio, que aun participaron de ella las personas Reales, dejando sus
lugares con la priesa que el suceso pedia.

1623,--En la primavera y verano de 1623 hubo en Madrid muchas fiestas y
representaciones teatrales, por hallarse en ella el prncipe de Gales,
que fu luego Carlos I de Inglaterra. Len Pinelo, en sus _Anales
manuscritos de Madrid_, habla as de la entrada del Prncipe:

Domingo 26 de marzo 1623.--Las galas y libreas fueron riqusimas, el
adorno de las calles lucido y puestos  trechos Theatros con danzas,
bayles y comedias, mscaras y otras invenciones. El dia no fu muy
favorable, porque llovi toda la maana, aunque la tarde di lugar  la
entrada. Huvo tablados de Vayles y Comedias al Hospital de los
Italianos, puerta del Sol, Calle Mayor, puerta de Guadalajara y en
Palacio.

El viajero ingls James Howell cuenta, en una carta fecha en Madrid  10
de julio de 1623 (_Epistolae Hoelianae. Familiar letters domestic and
forren._ By James Howell, 2nd edition. London, 1650): For outward
usage, there is all industry used to give the princes and his servants
all possible contentment, and some of the Kings own servants wait upon
them at table in the palace, where Y am sorry to hear some of them jeer
at the spanish fare and use other slighting speeches and demeanour.
There are many excellent Poems made here since the Princes arrival, wich
are too long to couch in a letter yet. Y will venture to send you this
one stanza of Lope de Vega:

      Carlos Estuardo soy,
    Que siendo amor mi gua,
    Al cielo de Espaa voy
    Por ver mi Estrella Mara.

There are Comedians once  week come to the Palace, where under  Great
Canopy the Queen and the Infanta sit in the middle, our Princeps and D.
Carlos on the Queen's right hand, the king and the little Cardinal on
the Infantas left hand.

En cuanto al trato que recibe, se nota grande empeo en agradar cuanto
se puede al Prncipe y  sus servidores, y los mismos criados del Rey
les sirven en la mesa en el palacio, en donde siento oir  algunos
burlarse de las cosas de Espaa, y hablar y comportarse con poco
respeto. Se han escrito muchos poemas excelentes sobre la venida del
Prncipe, demasiado largos para copiarlos, aunque no har lo mismo con
la estrofa siguiente de Lope de Vega... Una vez  la semana vienen
cmicos al palacio, en donde bajo un gran solio se sientan en medio la
Reina y la Infanta, nuestro Prncipe y D. Carlos  la derecha de la
Reina, el Rey y el pequeo Cardenal  la izquierda de la Infanta.--(_T.
del T._)

En las Cartas que escribi un cavallero desta Corte  un su amigo,
especie de _Gaceta_ de los aos 1621-1623, se dice en una de 15 de
agosto de 1623: Desde que lleg el Prncipe de Gales  esta corte, se
ha tenido con Su Alteza toda la cortesa posible, y cuydado de su regalo
y desseo de festejalle y entretenelle, ansi con diversas fiestas que se
le han hecho, corriendo toros en cantidad, con rejones y lanzadas
admirables, como jugando caas de vistosas libreas, cavallos y jaezes,
cosas pocas vezes  nunca vistas de la nacion Inglesa, ya con mscaras y
encamisadas, que han bien merecido las particulares relaciones que
dellas se han hecho, y ya con Comedias excelentes, ansi por los autores
que las han hecho, como por el primor  que ha llegado la poesa y
elegancia dellas en estos tiempos, y por la diferencia de bayles y
msicas con que las han adornado: y esto con tanta frecuencia, que cada
semana ha oido una  dos comedias. Jueves  quinze, dia del Corpus, se
hizo la procesion general del Santissimo Sacramento... Por la tarde se
representaron los autos de los Carros  la puerta de Palacio, asistiendo
sus Magestades y Altezas  vellos en una ventana baja, que est junto 
la puerta principal: y el Prncipe de Gales, por gozar mejor de la vista
de la Infanta, no estuvo en ventana, sino en un coche con el Duque de
Boquingam y otros caballeros, cerradas algo las cortinas frontero del
tablado y de la ventana de Sus Magestades, donde pudo gozarlo todo.

1624.--Copia de una Carta de Andrs de Mendoza al duque de Vexar
marqus de Gibralen. Hoja volante de 3 de febrero de 1624.

Ocurri en estos das el nacimiento y bautismo de la Infanta N. S. Hizo
el Marqus de Alcaies festin en su casa,  que combid toda la Corte.
Hizironse dos comedias por diferentes Autores, con excelentes
baylarines, hijos del lugar, una mscara de danza con tanta gala como
destreza, estando la sala dando embidia  las esferas en hermosura y
luces.

Jornada que Su Magestad hizo  la Andaluza, escrita por D. Jacinto de
Herrera y Sotomayor, Gentil-hombre de Cmara del Seor Duque del
Infantado. Barcelona, 1624.

En esta relacin del viaje  Andaluca de Felipe IV, en la primavera de
1624, se habla de diversas representaciones dramticas con que
festejaron al Rey. As, con ocasin de la fiesta que hizo en su obsequio
el duque de Medina-Sidonia en su posesin de campo el _Hato de Doa
Ana_, cerca de Sanlcar, dice: Lunes  18 de marzo, tuvo S. M. los
mismos entretenimientos de bosque y Comedias, que los dems dias; y de
Granada se dice: La noche del Domingo de Pascua de Resurreccion,  7 de
abril, huvo en la ciudad muchas luminarias, y en la puerta que llaman de
Guadix muchos fuegos, y huvo Comedia en la Alhambra.

1632  1633.--Viaje del Infante Cardenal D. Fernando de Austria, desde
12 de abril 1632, que sali de Madrid con Su Magestad D. Felipe IV, su
hermano, para la ciudad de Barcelona, hasta 4 de noviembre de 1634, que
entr en la de Bruselas. Por D. Diego de Aedo y Gallart. Amberes, 1635.

Cuenta ese escrito cmo recibi la Infanta, en su galera la _Real_,
surta en la baha de Villafranca, una visita del duque de Saboya,
aadiendo luego: Aviendo entendido Su Alteza que el Duque gustaria de
una Comedia, mand  una compaa de Representantes, que yva embarcada
en esta Esquadra para Npoles, representase: hzose la Comedia, que fu
de mucho gusto y con mucho lucimiento, muy bien dispuesta la galera con
muchas luces y muy buena orden.

1635.--Discurso legal del licenciado D. Christval de Moscon y Crdova,
del Consejo de S. M. y su Fiscal del Consejo Real de Castilla, contra el
Marqus del Aguila, Conde de Cantillana, Marqus de Govea, Conde de
Sstago, Marqus de Almazan y D. Juan de Herrera, por el desacato y
delito que cometieron en Palacio, en presencia y oyndolo sus
Magestades, estndose representando la comedia. Jueves en la noche, 21
de diciembre del ao pasado de 1635.

En una representacin de comedias en el Buen Retiro se suscit un
altercado violento entre los caballeros que se nombran en el documento
citado, llegando hasta el extremo de sacar las espadas en presencia del
Rey. El marqus del guila, como principal causante de esa disputa, fu
condenado  muerte.

1636.--Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, H. 38, que
contiene los sucesos ocurridos en febrero de 1636 hasta septiembre de
1642:

Madrid 26 de abril 1636.--Domingo huvo grandes prevenciones en Palacio
para entremeses y comedias de repente, haciendo prevenir  todos los
comediantes hiciesen cuantas buffoneras pudiesen para hacer reir  Su
Magestad, que por la maana estuvo de secreto en su capilla.

Idem 10 de mayo 1636.--Viernes  9 huvieron Sus Majestades Comedia
nueva en el Retiro, y la represent Prado y su compaa.

Idem 27 mayo 1636.--Todos estos dias a avido Comedia en Palacio, y se
hacen grandsimas prevenciones para las fiestas que han de dar principio
el domingo.

Idem 18 de octubre 1636.--Viernes 17 por la tarde huvo comedia en
Palacio,  la que asistieron todos los embajadores.

1637--El mismo manuscrito. Madrid 27 de junio 1637: Este dia en la
noche  honra de la vigilia de San Juan el Seor Conde Duque festej 
Sus Magestades con Comedia nueva y muchos Barcos de Msica en los
estanques.

Idem 28 de noviembre 1637--Domingo cumpli aos S. M. la Reyna. Ubo
grandes fiestas en Palacio, muchas galas, Comedia nueva y un Sarao.

1637.--Relacion ajustada en lo posible  la verdad y repartida en dos
discursos. El primero de la entrada en estos reynos de Mara de Borbon
Princesa de Carian. El segundo de las fiestas que se celebraron en el
Real palacio del Buen Retiro  la eleccion del Rey de Romanos, por el
Lic. Andrs Sanchez de Espejo Presbtero. Madrid, Mara de Quiones,
1637.

Las fiestas descritas en este documento, como las ms brillantes de su
tiempo, se celebraron en el Buen Retiro desde el domingo 16 hasta el
martes 25 de febrero de 1627. Danzas, toros, fiesta potica, regocijos
populares con premios y comedias se sucedieron sin interrupcin. La
comedia representada el ltimo da fu el _Don Quijote_, de Caldern,
por Rosa y su compaa.

1638.--El mismo manuscrito. Madrid 10 de abril 1638: Jueves cumpli
aos el Rey; con gran gusto de toda la corte se hicieron muchas alegras
en Palacio, y luego  la noche uvo Comedia y Sarao.

1639.--Avisos histricos de D. Jos Pellicer y Tobar. Madrid 28 de junio
1639. La noche del Corpus que lo fu de San Juan no tuvieron los Reyes
otro festejo que el de los Autos de la Villa ordinarios: representaronse
quatro: dos de D. Pedro Caldern, uno de D. Antonio Coello y otro de D.
Francisco de Rojas.

1640.--Avisos de Pellicer. 7 de Febrero 1640. El Rey nuestro Seor con
toda su casa y la Seora Princesa de Carian est desde el dia de San
Blas en el Buen-Retiro, donde ha de detenerse hasta la Quaresma. Hase
empezado  representar en el teatro de las comedias que se ha fabricado
dentro, y concurre la gente en la misma forma que  los de la Cruz y del
Prncipe, celebrandose para los Hospitales y autores de la Farsa. Es
obra grande. Del 12 de junio.--Segn la relacin de Pellicer, se
representaron el 7 de junio dos autos de Caldern, _Los misterios de la
Misa_ y _El Antechristo_, y dos de Francisco de Rojas, el _Rico
avariento_ y _Las ferias de Madrid_.

Del 2 de octubre.--Han tenido los Padres de la Compaa del Colegio
Imperial su fiesta solemnsima al cumplimiento del siglo  cien aos de
su Religion. Tienen prevenida una solemnsima comedia de maravillosas
tramoyas, obra de Cosme Loti.

1641.--Avisos de Pellicer, 4 de junio 1641. El dia del Corpus se vi en
Madrid grande gala y bizarra...  la tarde representaron los autos, uno
del Doctor Mira de Amescua, Prior de Guadix, de la ronda y visita de la
crcel, en alegora: fu cosa grande, representle la Rosa: otro de Luis
Velez de Guevara, moralizada la fbula de Icaro, no tan bueno; hizole la
Gongora y Velasco con la otra mitad de la compaa de la Rosa; otro fu
de Don Francisco de Roxas, que no pareci bien, fu el Sotillo de Madrid
 lo divino; representole Jusepe y la Negrilla con la mitad de la
compaa de la Viuda; el quarto fu el Sanson del mismo Roxas,
razonable, que hicieron Iigo y la primera dama que es Jusepa, con lo
restante de la compaa de la Viuda; las galas fueron muchas, los
gigantes vestidos de nuevo y la tarasca de buen gusto, con unos
caballeros que lidiaban un toro.

1642.--Avisos de Pellicer, 19 de agosto 1642. Domingo 17 de este fu
dia de gran solemnidad en Madrid. En el convento de la Santsima
Trinidad haba un Christo milagroso con la vocacion de Christo de la F
que vino de las Indias.--Para el dia de su traslacion los familiares del
Santo Oficio y los vecinos tomaron  su cargo el aparato de la fiesta.
Publicose Certamen Potico para los ingenios con premios de valor: hubo
riqusimos altares, arcos triunfales y carros de caballos que
representaban la f al Modo Romano, haciendo las figuras los comediantes
con msica. Tres das antes hubo luminarias y comedias pblicas cada da
en la calle.

1649.--Real viaje de la Reina N. S. Doa Mariana de Austria desde la
corte y ciudad imperial de Viena hasta stos sus reinos de Espaa.
Madrid, 1649.

Pg. 28 b.--Diose fondo cerca del muelle (de Tarragona), formose tienda
y se dixeron Misas  la Armada. El Governador y Consilleres de la ciudad
besaron  S. M. la mano, como tambin algunos caballeros de puesto en
aquella plaza. Mientras los esclavos hizieron aguada, entretuvo S. M. el
tiempo, oyendo una Comedia que Roque de Figueroa Autor dellas represent
en la Antepopa de la Real con su compaa; que entonces acaso se hallava
en Tarragona.

1653.--De cuentas antiguas que se me han presentado, aparece que el 16
de mayo de 1653, se ensay en el Buen Retiro una comedia, y se
represent el 18; otra comedia, con loa, se represent el mismo da 18
de mayo, y se repiti al siguiente. Estas mismas cuentas indican tambin
los das que en los aos sucesivos se representaron comedias en el
Retiro; pero como no se nombran estas comedias, ofrecen poco inters.

1657.--Gloriosa celebridad de Espaa en el feliz nacimiento y
solemnsimo bautismo de su deseado prncipe D. Felipe Prspero, hijo del
gran monarca D. Felipe IV, y de la esclarecida reina Doa Mariana de
Austria, escrita por Rodrigo Mndez Silva. Madrid. 1658.

Descripcin de las fiestas que se celebraron desde el 13 al 27 de
diciembre de 1657. Terminaron con la comedia de D. Antonio de Sols,
_Psiquis y Cupido_, que se represent con el mayor lujo en el teatro del
Buen Retiro. Las mquinas que sirvieron para esta funcin teatral, eran
obra del ingeniero italiano Mara Antonozzi.

1660.--Relacion verdadera de las grandiosas fiestas y regocijos, que la
muy noble y muy leal Ciudad de Valladolid hizo  nuestro Rey y Seor Don
Felipe Quarto el Grande, viniendo de Irun de entregar  la
Christianissima Reyna de Francia Doa Mara Teresa de Austria, su hija;
donde se declaran los grandes aparatos de fuego, luminarias, toros y
caas, y los Seores que torearon y la mscara que hicieron. Madrid,
1660.

Las fiestas aqu descritas se celebraron en el palacio Real en
Valladolid, desde el 18 al 20 de junio de 1660. De la noche del 19 de
junio, dice lo siguiente:

Se retir su Magestad y fu al saln, adonde le tenian prevenida una
comedia con admirables apariencias y perspectivas, de la qual fueron
Autores D. Juan de Matos, D. Juan de Avellaneda y D. Sebastian de
Villaviciosa.

1661.--Un decreto Real, existente en el Archivo de Palacio de Madrid,
firmado por D. Luis Oyanguren, con la fecha de 29 de octubre de 1661,
encarga al marqus de Heliche de la inspeccin superior de las
representaciones teatrales del Palacio, y al duque de Medina de las
Torres de las del Buen Retiro.

De este marqus de Heliche dice Bances Candamo en un manuscrito suyo
sobre el teatro espaol:

Fu el primero que mand delinear mutaciones y fingir mquinas y
apariencias, cosa que, siendo Mayordomo mayor el Seor Condestable de
Castilla, ha llegado  tal punto, que la vista se pasma en los theatros,
usurpando el arte todo el imperio  la naturaleza. Las lineas paralelas
y el pincel saben dar concavidad  la plana superficie de un lienzo, de
suerte que jams ha estado tan adelantado el aparato de la escena ni el
armonioso primor de la msica como en el presente siglo.

1662.--Relacion de las fiestas que el Excelentisimo Sr. D. Luis de
Guzman Ponce de Leon, Embaxador ordinario de la Magestad Catholica  la
Santidad de Alexandro Pontifice Maximo, hizo en Roma por el Nacimiento
de el Serenisimo y Altisimo Principe de las Espaas Don Carlos Felipe de
Austria. Escrita por Don Enrique de Sevilla. Roma, 1662.

El dia Lunes 20 de febrero de 1662 algunos de los cortesanos Espaoles
mas principales, que asisten en esta Corte  sus pretensiones, negocios
y regocijos, representaron privadamente una Comedia espaola en el saln
de el Palacio Real,  que asistio detras de elosia su Excelencia con
algunos Eminentisimos seores Cardenales.

1677.--La _Gazeta ordinaria de Madrid_. Martes 28 de deziembre 1677.

A 22 de el corriente se celebr en Palacio el felicisimo dia de el
cumplimiento de aos de la Reyna N. S., y  la noche se represent la
famosa comedia de los _Juegos Olmpicos_, que Su Magestad honr con Su
Real presencia, asistido de Su Alteza.

1678.--La _Gazeta ordinaria de Madrid_. Martes 11 de enero 1678.

La noche de Pasqua de Reyes se represent la famosa comedia de el
_Hrcules de Ocaa_ gozando Su Magestad sobre todo de semejantes
ejemplos, que imitan  los Heroes antiguos as en el valor como en
esfuerzos sobrehumanos.

Idem 8 de febrero.--Hblase aqu del casamiento del primognito del
duque de Medinaceli con la hija del duque de Osuna; despus dice: El
dia siguiente se represento la Comedia de _Alfeo y Aretusa_, el sbado
la del _Jardn de Falerina_. El domingo 6 los referidos Seores Esposos
y Parientes fueron conbidados por el Seor Duque de Medina Celi en su
quarto de Palacio. Ayer lunes gozaron de la gran Comedia de los _Juegos
Olmpicos_.

Idem 27 de diciembre 1678.--El Jueves 22 del corriente se celebr en
Palacio el dichoso cumplimiento de aos de la Reyna N. S... La misma
noche se represent primera vez, en Presencia de S. M. la famosa Comedia
nueva del _Dios Pan_, prevenida de proposito para esta ocasion, en que
dignisimamente se desempe el Autor de ella, D. Melchor de Leon, uno de
los ms excelentes ingenios de esta Corte.

El da 8 de diciembre 1678.--El Viernes (4 de noviembre) se celebr la
fiesta de San Carlos, juntamente con el festejo del glorioso nombre de
Nuestro Monarca:  la noche se represent una Comedia de Musica y
mutaciones, hecha al proposito.

1679.--De las fiestas que desde el 19 al 23 de noviembre de 1679 se
celebraron en Burgos, con ocasin de la primera entrevista de Carlos II
y de su esposa Mara Luisa de Borbn, despus de dar cuenta detallada la
_Gaceta_ del 28 de noviembre, dice: Festej el Rey  la Reyna luego con
la primera jornada de _Eco y Narciso_, continuando en las dos restantes
noches lo que faltaba de ella con una Loa discreta y Cortesana para tan
digno asunto.

1685.--He encontrado en los antiguos libros de cuentas,  que me he
referido antes, noticias abundantes acerca de las representaciones
dramticas que hubo este ao y los doce siguientes en la corte; pero
como aluden  una poca del teatro espaol, tarda ya y menos
importante, me contento con extractar de ellas lo que sigue:

El 7 de julio de 1685 se di orden de preparar el saln pequeo del Buen
Retiro para la representacin del auto sacramental _A Dios por razn de
Estado_.

El 6 de noviembre del mismo ao se represent _La fiera, el rayo y la
prpura_, para solemnizar el natalicio del Rey slo ante los cortesanos,
repitindose luego para el pblico desde el 11 al 25. Con motivo de
estas representaciones pblicas se mencionan los diversos asientos de
los espectadores, llamndoseles de esta manera:

Aposentos del primero, segundo y tercer suelo.

Cazuela.

Taburetes.

Bancos.

Bancos del patio.

Patio.

Aposentos de cazuela.

El 20 de abril de 1687 se traslad la familia Real al palacio del Buen
Retiro, y hasta el 25 de mayo, y por las compaas de Damin y de
Agustn Manuel, se representaron las comedias siguientes:

Abril 22 y 23.--_Montescos y Capuletes._

Idem 24.--_Troya abrasada._

Idem 25 hasta el 28.--_Jerusaln destruda._

Idem 29 y 30.--_A un tiempo Rey y vasallo._

Mayo 1.--_Amparar al enemigo._

Idem 2 hasta el 5.--_Las amazonas._

Idem 8 hasta el 19.--_Orfeo y Aretusa._

Idem 20.--_Montescos y Capuletes._

Idem 21.--_Maravillas de Babilonia._

Idem 23.--_El secreto  voces._

Idem 24 y 25.--_Para vencer amor querer vencerle._

Con arreglo  los mismos documentos se representaron en el Buen Retiro:

El 25 de agosto 1688.--_Andrmeda y Perseo._

Idem 25 de agosto 1687.--_Los tres mayores prodigios._

Idem 21 de mayo 1691.--_Triunfos de amor y fortuna._

Idem 26 de julio 1691.--_Icaro y Dedalo._

Idem da de Santa Ana 1693.--_Psiquis y Cupido._

Idem 6 de noviembre 1695.--_La estatua de Prometeo._

Idem 26 de julio 1695.--_La fuente del desengao._

Idem 28 de diciembre 1695.--_Amor procede de amor._

El 26 de julio 1697.--_Tambin sin envidia hay celos._

Idem 28 de octubre 1697.--_Los triunfos de la hermosura y los infiernos
de amor_, de D. Carlos de Villamayor.

Idem 17 de noviembre 1697.--_Muerte en amor es la ausencia_, de D.
Antonio Zamora.

Idem 30 de julio 1698.--_Ipodamia Pelope_, de D. Sebastin Rejn.

[39] Moreto, en la primera escena de su _No puede ser guardar una
mujer_, hace la siguiente brillante descripcin del gusto artstico de
Felipe IV y de su liberalidad con los poetas:

      Y qu ingenio en nuestra edad
    Nuestro Rey no ha enriquecido?
    Qu pluma empleo no ha sido
    De su liberalidad?
    El retor de Villahermosa,
    Gngora, Mesa y Enciso,
    Mendoza y otros, que quiso
    Por su eleccin generosa?

Despus, congratulndose del caso poco comn de que los grandes y los
ricos favorecieran y cultivaran la poesa, aade:


           *       *       *       *       *

    No fu el de Villamediana
    Rico y seor?

           *       *       *       *       *

    No ha habido muchos seores
    Que ilustraron la poesa?

           *       *       *       *       *

    No hay uno de los mayores

           *       *       *       *       *

    Que hoy, sin ser lisonja, son
    Sus dulces versos discretos? etc.


[40] Oportuno parece referir aqu esta ancdota: reunidos un da muchos
poetas en palacio, propuso el Rey que se improvisase una comedia sobre
la creacin del mundo, y encarg  Caldern que escribiera el papel de
Adn, reservndose l el del Creador. Adn, en un largo discurso,
trazaba las bellezas del Paraso; y al notar que Dios daba seales de
impaciencia, pregunt la causa.--Cul ha de ser?--replic el Rey:--que
me arrepiento de haber creado un Adn tan elocuente.

[41] _Journal du voyage d'Espagne_: Pars, 1669.

[42] Esta Infantita era Mara Teresa, la prometida de Luis XIV.

[43] Esta comedia era probablemente _La conquista de Orn por el
cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo_.

[44] Adems de las antiguas relaciones de viajeros, ya citadas, las
cartas de Mme. de Villars, esposa del embajador francs, que vivi en
Madrid de 1679  1681, contienen algunas noticias acerca del teatro.
(_Lettres de madames de Villars, de la Fayette et de Tencin_: Pars,
1823.) Escribe con fecha 6 de marzo de 1680:

J'ai t assez souvent  la comdie espagnole avec elle (la Reine):
rien n'est si detstable. Je m'y amusais  voir les amans regarder leurs
maitresses et leur parler de loin avec des signes qu'ils font de leurs
doigts; pour moi je suis persuade que c'est plutt une marque de leur
souvenir qu'un langage; car leurs doigts vont si vite, que, si ces
amants s'entendent, il faut que l'amour d'Espagne soit un excellent
matre dans cet art. Je pense que c'est qu'il y voit plus clair
qu'ailleurs, et qu'il ne se soucie gure de faire plus de Chemin.

Il y eut dimanche au Retiro une comdie de machines o les deux reines
et le roi toient. Il y falloit tre  midi. L'on y mouroit de froid.

[45] Ortiz, _Compendio cronolgico de la historia de Espaa_, tomo IV,
pg. 401.

[46] _Obras lricas y dramticas_ de D. Antonio de Mendoza. Segunda
impresin: Madrid, 1728, pg. 145.

[47] En _La cosaria catalana_, de Matos Fragoso, aparece una tropa de
comediantes, cautiva en poder de moros. Preguntado el director qu
comedias trae consigo, contesta as:

    ................ famosas
    De las plumas milagrosas
    De Espaa; si escuchar quieres
    Los ttulos, estos son:
    _La bizarra Arsinda_, que es
    Del ingenioso Cervantes;
    _Los dos confusos amantes_,
    _El conde Partinuples_,
    _La espaola_, de Cepeda,
    Un ingenio sevillano;
    _El secreto_, _El cortesano_,
    _La melanclica Alfreda_,
    _Leandro_, _La renegada
    De Valladolid_.

De stas, slo _La bizarra Arsinda_, _El conde Partinuples_ y _La
renegada de Valladolid_ se encuentran en el catlogo de la Huerta.

[48] Una descripcin muy animada del bullicio y del tumulto, inseparable
de las representaciones pblicas teatrales, se encuentra en _El da de
fiesta_, su autor D. Juan de Zabaleta. Dos partes: Coimbra, 1666. Vase
lo siguiente, que extracto de este libro:

Tomo II, pg. 3. _La Comedia._--Cualquiera, que desea ir al teatro un
da de fiesta por la tarde, come apresuradamente al medioda y no se
detiene mucho tiempo en la mesa, temeroso de no encontrar asiento. Llega
 la puerta del teatro, y lo primero que procura hacer es no pagar.
Muchos son los que trabajan, y slo de pocos reciben su paga: la primera
desdicha del actor. No sera lo peor que hubiese veinte personas que
pagasen con cuatro ochavos, si no diesen motivo para que otros muchos
los imiten. Porque uno solo no pague, hay otros que tampoco quieren
pagar: todos pretenden gozar de este privilegio para que no se crea que
son indignos de l. Por consiguiente, se empean de tal manera en
gozarlo, que surgen de aqu altercados y disputas, y con tanta mayor
razn, cuanto que as consiguen su objeto. Quien quiera, pues, que, sin
pagar, conquista de esta suerte su entrada, prosigue despus, por regla
general, asistiendo al teatro sin gastar nada. Donoso motivo de
suscitar quimeras y privar del premio que merece su trabajo  quienes se
afanan en distraerlo! Se creer, acaso, que el que no paga es por esto
ms tolerante? Al contrario: cuando el actor no se viste como debe, lo
insulta  lo silba. Deseara yo saber con qu derecho, as ste como
todos los dems que lo imitan, piden que el actor,  quien privan de su
dinero, haya de presentarse con el traje conveniente.

Pero, en fin, nuestro hombre invade de este modo el teatro y pide su
asiento  los que ya estn sentados en sus bancos; dcenle stos que no
lo hay para l, pero que probablemente faltar alguno de los
espectadores que han pagado ya el suyo, y que espere, por tanto, hasta
que salgan los tocadores de guitarra, y que entonces ocupe el asiento
que quede libre. Hecho este pacto, nuestro amigo se traslada al
vestuario para entretener de este modo el tiempo. Encuentra ya  las
actrices, que se despojan de sus vestidos ordinarios y se ponen los que
exige la representacin de la pieza; estando tan desnudas en ocasiones
como antes de meterse en la cama. Presntase delante de una, que, por
haber venido  pie, muda entonces de calzado con ayuda de su criada.
Esto no puede hacerse sin ofensa del decoro, y la pobre actriz se ve muy
contrariada; pero no se atreve  impedirlo porque, como su objeto
principal es conseguir aplausos, tiene inters en no disgustar  nadie.
Cualquier silbido, por injustificado que sea, desacredita  los
representantes, porque todos se inclinan ms bien al parecer del que
censura que  su propio juicio. La actriz, por este motivo, no
interrumpe la mudanza de calzado, y sufre paciente al importuno.
Mientras tanto, nuestro majadero no separa de ella los ojos. Despus
mira desde el escenario lo que sucede con el asiento dudoso que ansa.
Lo ve libre, y parecindole que no vendr su legtimo poseedor, lo ocupa
corriendo. Pero apenas lo hace, llega el propietario y quiere defender
su derecho. El otro hace lo mismo; ambos se acaloran, y vienen  las
manos. Pero el ltimo, no ha venido al teatro para divertirse? Es
diversin vocear y disputar? Si el primero no hubiese encontrado
asiento, debiera mejor haber estado de pie, porque es preferible
llevarse as tres horas  andar  la grea un solo momento...
Finalmente, se aplaca la disputa: el que ha pagado su asiento se retira,
y ocupa otro que le proporcionan los que han intervenido en la contienda
y la han apaciguado. Poco despus de cesar este desorden se tranquiliza
nuestro intruso, echa una ojeada  la cazuela, pasa revista  cuantos la
llenan, siente repentina inclinacin por alguna que le agrada, y
comienza  manifestrselo por seas. Pero buen amigo! si al teatro no
habis ido  ver la cazuela, sino la comedia. Las cuatro han dado ya, y
todava no ha comenzado la funcin. Mirando vagamente, ya aqu, ya all,
siente de pronto que alguno le tira de la capa: se vuelve, y observa un
vendedor de naranjas que, inclinndose hacia l entre dos espectadores,
le dice al odo que aquella dama que golpea con el abanico las rodillas,
ha tenido un verdadero placer en ser testigo de su valor en la disputa
sostenida antes, y que har bien en comprarle por su amor una docena de
naranjas. Nuestro amigo mira otra vez  la cazuela, y averigua que la
dama es la misma que le gust antes; paga las naranjas, y dice adems al
naranjero que ponga en noticia de la seora, que de la misma manera
pagar cualquiera otra cosa que se le antoje. En cuanto desaparece el
naranjero con esta embajada, ya no piensa en otra cosa que en acercarse
 la dama  la salida del teatro, y maldice  la comedia, y le parece
eterna porque le obliga  esperar tanto tiempo. Expresa en voz alta su
desagrado, y grue sin reparo por esta causa, excitando as  los
mosqueteros que estn debajo  imitarlo en seguida, y  prorrumpir en
voces ofensivas. Adems de la indecencia y la grosera que revela esta
conducta, adolece tambin de la ingratitud ms monstruosa, porque los
actores son, entre todos los hombres, los que ms empeo tienen en
conquistar el ajeno aplauso. Cuntos malos ratos no pasan, trabajando
sin cesar, mientras ensayan una comedia! Cuando llega el da de la
representacin, cualquiera de ellos dara de buen grado sus ganancias de
todo el ao, slo por ser aplaudido cuando desempea su papel. Cuando se
presentan en la escena, qu ansia, qu indecible afn de agradar al
pblico! Cuando han de precipitarse desde algn peasco, se lanzan en lo
hondo como desesperados desde las decoraciones que figuran las montaas;
cuando desempean papeles de algn moribundo, que ha de retorcerse en la
agona, se ensucian y se hieren con los clavos que sobresalen en las
tablas y con las astillas de las mismas, sin hacer caso de sus vestidos,
que  veces les han costado mucho dinero, etc., etc.

[49] Caramuel, _Primus Calamus_, tomo II, pg. 690.

[50] Pellicer, tomo I, pg. 216.

[51] No se vaya  creer que las palabras _de esta corte_ indican que el
autor tiene con ella relaciones ntimas, porque la corte, en general,
significa slo la residencia del Monarca.

[52] V., como ejemplo, la que lleva el ttulo de _Vida y muerte de San
Cayetano_, _de seis ingenios de esta corte_, en el tomo XXXVIII de la
gran coleccin de las _Comedias nuevas escogidas_.

[53] De un manuscrito de la Real Academia de la Historia, copio la Real
orden siguiente, no publicada:

Quando permit que volviesen las comedias (que se avan suspendido por
los desrdenes y relaxacin de trajes y representaciones que se avan
experimentado), fu con orden precisa que eso se executase con atencin
muy particular  la reformacin de los trajes y  la decencia de las
representaciones que se havr de obserbar, de suerte que no hubiese, ni
en lo uno ni en lo otro, cosa alguna que ofendiese la pblica
honestidad. Y porque he entendido que en esto se falta gravemente en las
partes donde se representa, y que los trajes no son con la moderacin y
ajustamiento que se deve, os ordeno que embiis rdenes  la Corona en
todo aprieto (de suerte que se observen precisa y indispensablemente),
que ninguna mujer pueda salir al teatro en hvito de hombre, y que si
huviese de ser preciso para la representacin que hagan estos papeles,
sea con traje tan ajustado y modesto, que de ninguna manera se les
descubran las piernas ni los pies, sino que esto est siempre cubierto
con los vestidos  trajes, que ordinariamente usan,  con alguna sotana,
de manera que slo se diferenzie el traje de la cintura arriba;
imponindoles las penas que os pareciere y disponiendo que
inviolablemente se executen en las que contravinieren al cumplimiento de
la orden referida.--Rubricado de la Real mano de S. M.--Madrid  1. de
enero de 1653.--_Al Vicecanciller de Aragn._

[54] Mille comoedias fertur composuise unus, quibus plura peccata
invexit in orbem quam mille daemones. (Un solo, segn dicen, compuso
mil comedias, desatando con ellas ms pecados que mil demonios.)--_El
gobierno eclesiastico pacfico, y unin de los dos cuchillos pontificio
y regio_, por D. Gaspar de Villarroel, parte 1., pg. 368.

[55] La condesa d'Aulnoy, con ocasin de una visita, que hizo en Toledo
al cardenal Portocarrero, se expresa de este modo: Cuando volvimos  la
habitacin del Cardenal, nos llevaron  un saln espacioso, parte del
cual estaba ocupado por muchos caballeros, y la otra parte por muchas
damas. Levantbase all un escenario. Extra que los caballeros y las
damas estuviesen separados por una cortina, que les impeda verse unos 
otros, y que, desde la mitad del saln, llegaba hasta la escena. Se nos
esperaba para comenzar la comedia, cuyo ttulo era _Piramo y Thisbe_. La
pieza era nueva, y peor que todas las dems que haba visto hasta
entonces en Espaa. Por ltimo, los actores bailaron muy lindamente, y 
las dos no haba terminado la funcin.--_Relacin_, ya citada, tomo
III, pg. 171.

[56] Respecto  las comedias representadas en los conventos, cuenta el
compaero del mariscal de Grammont (_Journal d'un voyage d'Espagne_:
Pars, 1669):

J'allay  la Messe de Minuit aux Cordeliers, o je me consolay de la
perte que j'avois faite de n'estre pas  Madrid, pour voir les comdies
que les Moines reprsentent chez eux dans le Choeur de leur Eglise cette
nuit-la pour se rjouir de la naissance de nostre Seigneur.

J'avois peine de croire ce qu'un libraire chez qui j'achetai des Livres
me dit, qu'il avoi donn la comedie du Mareschal de Biron en vers
burlesques  un Moine qui le devoit reprsenter dans son convent, et que
sa femme avoit prest de ses habits  un d'eux pour cela.

[57] As lo refiere la condesa d'Aulnoy en sus _Memoires de la cour de
Espagne_, traducido al alemn con el ttulo de _Spanichen Staats
Geschichte_: Leipzig, 1703, pgina 289: La Reina madre permaneca en el
Buen Retiro (1680), y como se propona particularmente conciliarse el
favor del pueblo, dispuso que se representasen tres comedias con msica
en los entreactos en la plaza pblica, para que pudiera presenciarla
mucha gente. Los comediantes representaron tres das seguidos, y fu
tanta la concurrencia y tan grandes las apreturas, que algunos murieron
sofocados. Gran deleite, segn parece, recibe este pueblo de tales
espectculos, sin duda porque los espaoles son los ms aficionados 
ellos en todo el mundo.

[58] Los versos que siguen prueban que esta comedia pertenece al perodo
posterior:

    .................. del imperio
    Es ya nuestra infanta Aurora,
    Cuyo divino portento
    Las guilas la juraron
    Por su Emperatriz; muy presto
    Por Francia har su jornada,
    Dando  Pars rayos bellos,
    Porque su hermana y su ta,
    Cristiansimos luceros
    Del orbe, esmalten sus luces
    Con tan glorioso trofeo.

Estas palabras aluden evidentemente  Doa Margarita, hija segunda de
Felipe IV, que en su viaje  unirse con su esposo, el emperador Leopoldo
I, hizo una visita  su hermana la reina de Francia: el drama es, por
tanto, del ao 1665  1666.

[59] Obras posteriores  sta, y especialmente las de Ticknor y
Rivadeneyra, dan ms detalles sobre la vida y escritos de Caldern, y
corrigen y amplan  nuestro historiador alemn.--(_El T._)

[60] Caldern, segn indica un escrito de poco mrito, y que no
corresponde  su pomposo ttulo (_Biografa de Caldern, redactada en
presencia de un crecido nmero de documentos inditos_, por Antonio de
Iza Zamcola y Villar: Madrid, 1840), naci, como decimos, en 17 de
enero de 1600. Sus restos se trasladaron en el ao de 1841, de la
iglesia de San Salvador, en donde estaban sepultados,  la de San
Nicols.

La casa en que muri Caldern, el 25 de mayo de 1681, est situada cerca
de la antigua Puerta de Guadalajara, en la calle Mayor, manzana 175,
nm. 4 antiguo y 89 moderno. Esta casa, segn dice Mesonero Romanos, en
el _Semanario pintoresco_ de 1853, exista y existe hoy probablemente,
con la misma distribucin interior que tuvo cuando el gran poeta viva
en su cuarto principal, y, al visitarla, sorprende  todos por su
modestia y casi por su pobreza, porque su superficie total es slo de
849 pies, y la fachada de 17-1/2, con un solo balcn en cada piso  la
calle Mayor; y cuando reflexionamos que aquel gran genio de la corte de
Felipe IV, aquel capelln octogenario de los Reyes nuevos, el noble
caballero de Santiago, el dolo de la corte y del pueblo, suba los
empinados peldaos de aquella estrecha escalera, y habitaba en el
reducido espacio de esta pobre vivienda, en donde exhal el ltimo
suspiro, sentimos respeto y admiracin profunda hacia el inmortal
dramaturgo, que, desde una morada tan modesta, difundi los rayos de su
genio por todo el mundo civilizado.

[61] Tres poesas, escritas por l, con este motivo, estn insertas en
las _Obras sueltas_ de Lope de Vega, tomo XI, pgs. 432 y 491, y tomo
XII, pg. 181.

[62] As lo refiere Vera Tassis; pero esta edicin ha de ser muy rara,
porque yo no he podido encontrarla.

[63] Boisel, _Journal du voyage d'Espagne_: Pars, 1669, pg. 298.

[64] Esta es la fecha sealada por Vera Tassis; Dieze, y los escritores
posteriores, hacen vivir  Caldern siete aos ms.

[65] No faltaron en su vida (dice el Sr. Menndez Pelayo en _Caldern y
su teatro_, pgs. 50 y 51), como en la de ningn poeta del siglo XVII,
lances de amor y fortuna, cuchilladas, y aquello de _tomar iglesia_; que
era de ndole brava y sacudida, lo demuestra la pendencia que tuvo cerca
de las Trinitarias, persiguiendo espada en mano al comediante Pedro de
Villegas, que haba herido alevosamente  un hermano de nuestro
dramaturgo, y la noticia dada en los _Avisos_, de Pellicer, de que en el
ensayo de una de sus comedias, en el Buen Retiro, se _levantaron unas
cuchilladas_ y sali herido D. Pedro Caldern.--(_N. del T._)

[66] A. G. Schlegel.

[67] Conviene ampliar la indicacin que hemos hecho de haber utilizado
Caldern, con frecuencia, los trabajos literarios de otros, pudiendo
asegurarse que muchas comedias suyas, y algunas de las mejores y ms
famosas que compuso, son tan slo arreglos de obras de poetas
anteriores. Robusta prueba de este aserto ofrece _La venganza de Tamar_,
de Tirso, la cual, para facilitar su cotejo, se ha impreso en la nueva
edicin de Caldern, al lado de _Los cabellos de Absaln_, del mismo; la
segunda jornada de la comedia de Caldern, desde el principio hasta el
fin, no es ms que una repeticin literal de la tercera de Tirso. Ms
an me ha llamado la atencin otro descubrimiento de la misma especie,
que yo he hecho en _El mdico de su honra_. Aun cuando saba que todos
los catlogos atribuyen tambin  Lope de Vega un _Mdico de su honra_
(aunque tambin Hartzenbusch, en su edicin de _Caldern_, tomo IV, pg.
669, seala  _El mdico_, como de este poeta, en el ao de 1633); pero
en la biblioteca del duque de Osuna encontr un _Mdico de su honra_
bajo el nombre de Lope, del ao 1633, con la adicin de _representle
Avendao_, muy distinto del de Caldern. El Don Gutierre, que conocemos,
se llama en l Don Jacinto; Menca, Doa Mayor; una criada lleva el
nombre de Menca. La fbula y el orden de las escenas, casi en todo,
concuerdan, sin duda, con las de Caldern; pero el dilogo, los versos y
la diccin dramtica son enteramente diversas, y del estilo, ms
sencillo, de Lope. No hay ms remedio que suponer que Caldern, en _El
mdico de su honra_, ha hecho un arreglo de la comedia ms antigua,
conservando su plan  invencin, y limitndose  reformarla en su
versificacin y sus palabras; porque no puede admitirse que fuera un
arreglo anterior de esta comedia, escrita en su juventud, por cuanto el
estilo, en lo general, no es el suyo, esto es, el que se observa en las
obras suyas de esta edad. Para que se compare con la clebre tragedia de
Caldern, copio de la comedia original del mismo ttulo, que lleva el
nombre de Lope, y que probablemente es suya, la escena en que el celoso
Don Jacinto (Don Gutierre) sorprende  su esposa, al escribir la carta
al Infante:

    DON JACINTO. Cielos, qu estoy mirando?
                          No est Mayor escribiendo?
                          Los sentidos voy perdiendo
                          Y el alma se va turbando.
                          Confuso, por Dios, estoy;
                          Llego, qu es esto, seora?

    (_Corre una cortina, aparece Mayor sentada y escribiendo, y, en
    viendo  su marido, se desmaya._)

    MAYOR.       Oh, qu desdichada hora!
                          Vlgame Dios, muerta estoy!

    DON JACINTO. Desmayse; qu procuro
                          Saber ya ms en mi ofensa?
                          Derribe esta bala inmensa
                          De mi honor el fuerte muro
                          Si culpada no estuviera,
                          Aqu no se desmayara;
                          Ella su disculpa hallara;
                          Y si es ya justo, que muera.
                          Bien el delito acrimina
                          Lo escrito deste papel;
                          La sentencia escribi en l,
                          Si bien mi mortal runa. (_Toma el papel._)
                          Aqu dice: si el amor,
                          Seor, que me aveys tenido,
                          Y el que os tuve ha merecido
                          Que no os vays, cesse el rigor...
                          Pasar no puedo adelante.
                          Qu de desdichas, qu heredan
                          Mis desdichas, que sucedan
                          Dos muertes en un instante?
                          Ay, honor! Y quin pudiera
                          Aquesta muerte excusar?
                          Yo el pecho te he de pasar,
                          Y  m la congoja fiera:
                          Aquesto ha de ser ass;
                          Que me mate  m el dolor,
                          Y el hacero del honor,
                          Mayor, que te mate  ti...
                          Este quarto he de cerrar,
                          Pues ya es noche, hasta bolver,
                          Que un modo nuevo ha de ver
                          El mundo para matar.

    (_Cierra la puerta y vase, y despierta Mayor._)

    Un monlogo angustioso de Doa Mayor, diverso en
    las palabras del de la Doa Menca de Caldern, pero
    muy semejante en los pensamientos, y en seguida la escena
    de la sangra suelta:

    DON JACINTO. Ya ests en seguro; espera,
                          No te descubras.

    BARBERO.                      No har.
                          Qu es esto?

    DON JACINTO.               Yo avisar.

    BARBERO.     Esta es fantasma  quimera?

    (_Don Jacinto se ponga una mscara y saque una pistola, y pnesela
     los pechos al Barbero quando le manda descubrir._)

    DON JACINTO. Descbrete!

    BARBERO.                  Ya lo hago.
                          Cielos! Seor, qu te he hecho
                          Que as quieres en mi pecho
                          Hazer tan brbaro estrago?

    DON JACINTO. Aqu tienes de morir,
                          Si contradices mi gusto
                          Aunque te parezca injusto.

    BARBERO.     Slo te intento servir.

    DON JACINTO. Pues entra, y esa mujer
                          Haz que en lquidos corriente
                          De carmn derramen fuentes
                          Sus brazos, hasta que el sr
                          Pierda, perdiendo la vida,
                           quitartela  ti!

    BARBERO.     Harlo, seor, as. (_Vase._)

    DON JACINTO. Entra; el alma est afligida,
                          Que aquesto por m suceda.

                          Mas en naciendo la ley
                          De humano el pobre y el Rey
                          Por primer blasn hereda.
                          El alma penosa queda
                          En este foroso trato
                          De honor, y me llama ingrato;
                          No ms que  Mayor adora,
                          Y se enoja, porque agora
                          Rompo su hermoso retrato, etc.
    La ltima escena, en que el Rey aprueba expresamente
    la terrible accin de Don Jacinto, es an ms desnuda
    y sin rebozo que la de Caldern.

    REY. Jacinto, no ignora
                  El alma lo que aveys hecho;
                  Mas, pues los indicios forman
                  Tanta culpa, errores tantos
                  Que en vuestro honor se acrisolan,
                  Lo hecho est muy bien hecho,
                  Y por mi palabra heryca
                  Os prometo de pagaros
                  El respeto  la persona
                  De Enrique, siendo desde oy
                  Vos dueo de mi corona,
                  Siendo mi amigo, mi amparo,
                  Siendo mi privana toda,
                  Siendo un exemplo de vida,
                  Siendo archivo de la honra, etc.

    Terminando as:

                 Y aqu, senado famoso,
                 Se da fin  aquesta historia
                 De el honor en la sangra
                 Y mdico de su honra.

Tambin en _El alcalde de Zalamea_ aprovech Caldern una comedia del
mismo ttulo, de Lope de Vega (que posea D. Agustn Durn),
apropindose la traza entera de la fbula, los caracteres de los
personajes y las escenas ms conmovedoras, de suerte que slo la diccin
potica qued propiedad suya. No puedo decir, por no haberme sido
posible examinarlo con detenimiento, cules sean las relaciones de esta
especie que haya entre _El mayor prodigio  el purgatorio en vida_, de
Lope (tambin de Durn), y _El purgatorio de San Patricio_, de Caldern,
siendo el mismo el asunto de ambas.

En _La fortuna adversa del infante D. Fernando de Portugal_, de Lope,
slo pudo hallar Caldern un dbil bosquejo de su _Prncipe constante_;
pero aunque su drama aventaje singularmente al de su predecesor, se
notan en l muchos rasgos que el ltimo poeta ha hecho suyos,
pulimentndolos. As, en el de Lope hay los amoros entre la Princesa
mora (llamada en l Arminda), y Muley; el acto generoso de Don Fernando
con aqul, y, finalmente, la admirable aparicin del Prncipe, aunque no
para guiar  los cristianos  la victoria, sino para exhortar  sus
compaeros de cautiverio  que lleven sus restos mortales  Portugal.

_La nia de Gmez Arias_, ms antigua, obra indudable de Luis Vlez de
Guevara, puesto que dice al fin:

    Y aqu os presenta Luis Vlez,
    En esta humilde comedia,
    _La nia de Gmez Arias_
    Por historia verdadera,

contiene tambin mucha parte, que se halla luego en la de Caldern, no
slo la traza del argumento, en ambas muy semejante, sino tambin
existen en la primera, aunque en germen, escenas aisladas que se
reproducen en la segunda ms desarrolladas y perfectas. As, en la
comedia de Guevara se nota el modelo que sirvi para el celebrado
dilogo de Dorotea (llamada all Doa Gracia):

    Mi vida, que culpa
    Grave comet,
    Que merezca pena
    Qu es ms que morir?
    Por daros el alma
    Fu agravio que ans
    La tratis agora,
    Sin ms advertir
    Mi honor ni mi amor?
    No miris que os di
    De entrambos las llaves?
    No hablis? qu decs?
    Seor Gmez Arias,
    Dulete de m,
    Que soy nia y muchacha:
    Nunca en tal me vi.


[68] Caldern expresa de este modo su veneracin hacia Lope de Vega:

      Aunque la persecucin
    De la envidia teme el sabio,
    No reciba de ella agravio,
    Que es de serlo aprobacin:
    Los que ms presumen, son,
    Lope,  los que envidias das,
    Y en su presuncin vers
    Lo que tus glorias merecen,
    Pues los que ms te engrandecen
    Son los que te envidian ms.

Vanse las _Obras sueltas_, de Lope de Vega, tomo XII, pg. 15.

[69] V. esta HISTORIA, tomo III, pg. 424.

[70] Este monlogo nos hace recordar la comedia de Tirso, no slo por
sus pensamientos, sino tambin por su versificacin, porque se
intercalan tambin algunos versos ymbicos entre los trocicos.

[71] Digamos de paso aqu, que ha de agradecerse el trabajo empleado por
algunos historiadores de literatura (como, por ejemplo, el nuevo y
excelente editor de Garcilaso), llamando la atencin hacia los pasajes
paralelos  los comentados por ellos, porque su ilustracin es mayor de
esta manera. Otra cosa muy distinta sucede  esos crticos modernos, que
rebuscan con maligna alegra en las obras de los poetas, con el
propsito de averiguar si encuentran algn pensamiento, algn giro 
expresin, tomada de otros, ignorando que su botn sera mucho ms
considerable si examinaran las obras de los grandes poetas de los
tiempos pasados, y si supieran que, al hacerlo as, eran tambin grandes
y verdaderos poetas. Recurdense las innumerables acusaciones de plagio
que hicieron  Lord Byron los escritores de revistas de su tiempo, no
pudiendo negarse que, no slo se apropi pensamientos aislados 
imgenes, sino tambin pasajes enteros, escenas y situaciones de obras
ajenas (siendo la ms notable prueba de lo expuesto la semejanza que hay
entre el _Don Juan_ y las _Novelle galanti de Casti_); pero  los que
aprovechaban este pretexto para rebajar el mrito de ese poeta eminente,
replicaba Walter Scott en estos trminos: Es una ocupacin favorita de
estpidos pedantes hacer resaltar esas reminiscencias, juzgando que con
ellas hacen descender  los genios de primer orden  una esfera vulgar,
y colocan al autor en la misma categora que  sus crticos.

[72] Vase el artculo Gil Vicente en el apndice  este tomo.

[73] Calificamos de plagio verdadero y censurable el hecho de publicar
comedias ajenas enteras, conservando casi todos sus versos y sin hacer
en ellas alteraciones esenciales, como hizo, por ejemplo, Felipe de
Godnez con _La venganza de Tamar_, de Tirso, que, con ligeras
alteraciones, ofreci en el teatro como suya. Al hablar de Moreto
trataremos de otros casos iguales.

[74] En la _Nueva idea de la tragedia_, de Gonzlez de Salas, impresa en
1633, se encuentra el notable pasaje siguiente:

Alto es su spritu, i atrebido  la maior empresa; felices son tambin
en las invenciones, floridos en el Stilo, i que naturalmente acometen
siempre  enriquecerle i dilatarle. Pero no s de qu mal astro tocados
le han pervertido en estos aos postreros de nuestra edad,
obscurecindole, i afendole de manera que monstros son ia muchos de los
partos de sus ingenios, que necessario es religiosamente expiarlos; y
consultar para su interpretacin los Orculos, no de otra suerte que si
fueran Libros Sibylinos. Con esto los Poetas Lyricos nuestros, que en mi
opinin son bentajosos  los Griegos i Latinos, ass se hallan
deformados, que en pocos se conosce ia la hermosura i elegancia primera.
Los Cmicos estn ms preservados hasta hoi de esta pestilente
influencia, quiera el Hado propicio librarlos de su contagio, quando
tienen ia en aquel grado la Comedia,  donde con no pequea distancia de
ninguna manera lleg la de los Antiguos.

[75] Federico Zimmermann.

[76] Son excepciones de esto, de poca anterior, las que se encuentran
en algunas comedias de Tirso de Molina, por ejemplo, en la de
_Escarmientos para el cuerdo_, y en algunas de las de Lope de Vega, como
en _Las bizarras de Belisa_.

[77] Vase el siguiente dilogo, especie de duo:

    ADOLFO. De parte de la nobleza
                     Yo...

    CELIO.       Y yo de parte del pueblo...

    ADOLFO. Vengo  saber de los dos...

    CELIO.   Saber de los dos pretendo...

    LOS DOS. En que os habis convenido.

    (_Mujer, llora y vencers._--Jornada tercera.)

    En los versos siguientes el dilogo se distribuye de la
    misma manera entre cuatro personas:

    REY.     Hombre, aborto de la espuma,
                      Que esa martima bestia
                      Sorbi sin duda en el mar
                      Para escupirte en la tierra...

    LICANOR. Parto de aquesas montaas,
                      Que, equivocando las seas,
                      Para ser fiera eres hombre,
                      Para ser hombre eres fiera...

    FENCIS.  Racional nube, que el viento
                      Para rayo suyo engendra,
                      Pues el trueno de tu voz
                      Espeluzna y amedrenta...

    IRENE.   Prodigio, ilusin y asombro,
                      Que ha bosquejado la idea
                      De algn informe concepto
                      De soadas apariencias...

    REY.     Qu mal entendido rumbo...

    LICANOR. Qu derrotada tormenta...

    FENCIS.  Qu deshecho terremoto...

    IRENE..  Qu fantstica quimera

    REY..    A estos puertos,

    LICANOR.                  A estos montes,

    FENCIS.  Te trae?

    IRENE.             Te arroja?

    REY.                           Te echa?

    (_Cadenas del demonio._--Jornada primera.)


[78] Esta especie de dilogo es tan raro y poco comn, que para
comprenderlo bien conviene citar un ejemplo. Elegimos uno de la tercera
jornada de _Amar despus de la muerte_. Don Alvaro y Clara hablan cada
uno para s de este modo:

    CLARA.  No es menester que digis
                     Cuyas son mis alegras,

    ALVARO. Que bien se ve que sois mas
                     En lo poco que duris.

    CLARA.  Alegras mal logradas
                     Antes muertas que nacidas;

    ALVARO. Rosas sin tiempo cogidas,
                     Flores sin sazn cortadas;

    CLARA.  Si rendidas, si postradas
                     A un ligero soplo estis,

    ALVARO. No digis que el bien gozis;

    CLARA.  Pues siendo para perder
                     Que sintis es menester,

    ALVARO. No es menester que digis.

Alrgase este doble monlogo tres dcimas ms, repitindose  la letra,
al fin de cada una, un verso. Conviene tener presente que el poeta,
segn se deduce del conjunto de la comedia, se propone tan slo exponer
la libre expansin del alma, no una declamacin hablando.

[79] Por ejemplo, en _Mujer, llora y vencers_, jornada segunda:

    MADAMA.                 Quin se atrever  decir
                                     En lo que llega  oir y ver,
                                     Si tengo que agradecer
                                     O si tengo que sentir?
                                     Pues si tengo que inferir
                                     Quin es dueo de un temor...

    MSICA (_dentro_). Es el engao traidor.

    MADAMA.                 Y quien de un ansia mortal...

    MSICA.                 El desengao leal.

    MADAMA.                 Quin con tal eco sonoro
                                     Ha aumentado mi dolor?
                                     Cuando entre uno y otro horror
                                     Son para m en pena igual...

    MSICA.                 El uno dolor sin mal
                                     Y el otro mal sin dolor,
                                     Es el engao traidor
                                     Y el desengao leal.


[80]

      Eduardo generoso,
    Tercero de Ingalaterra,
    De las tres brillantes rosas,
    Luz, norte, amparo, defensa;
    T, que en alas de la fama
    Siempre celebrado vuelas,
    Ocupando en tus memorias
    Voz, aplauso, trompa y lengua:
    Yo soy Estela infelice,
    Y de Salverich condesa,

La conclusin es:

    Porque en poblado los hombres,
    Porque en el monte las fieras,
    Porque en el aire las aves,
    Cielo, sol, luna y estrellas.
    Aves, peces, brutos, plantas,
    Astros, signos y planetas
    Digan, vean y publiquen,
    Oigan, miren, noten, sepan,
    Que hay honor contra el poder,
    Que hay industrias contra fuerza
    Y que hay en mujeres nobles
    Vida, honor, lauro y defensa.


[81] En la Lonja (_Archivo de Indias_) y en la Biblioteca Colombina de
Sevilla, hay mapas de mediados del siglo XVII, los cuales nos ilustran
acerca de las ideas reinantes entonces en Espaa, tan falsas y hasta tan
fabulosas, de la situacin de las regiones lejanas, principalmente del
Norte.

[82] J. Schulze: sobre _El Prncipe constante_.

[83] El infante D. Fernando de Portugal (nacido en 1402) muri en 1443,
despus de sufrimientos indecibles, cautivo entre los moros, en cuya
situacin haba languidecido por espacio de unos seis aos. Sus restos,
llevados  Portugal por el rey Alfonso V, descansan en el convento de
Batalha. Al lado del sepulcro hay un altar de Nuestra Seora, donacin
en vida de tan piadoso caballero, y sobre l el retrato del mismo
Infante, pintado por un artista hbil, por orden de su hermano D.
Enrique. En una carta de los frailes de Batalha  Fr. Francisco da Cruz,
se dice lo siguiente: Juxta memoratum sepulcrum parvum sacellum est,
cum lignea tabella altari superimposita et in extremis deaurata ornatum:
qua in tabella antiquo et eleganti penicillo descripta reperitur
infantis vit series: illius statua marmorea super altaricollocata
cernitur, sed qu vivum exprimat amictum vilem, lugubrem faciem, barbam,
impexos crines, manicas denique catenas et compedes eamque formam quam
creditur habuisse mancipatus captivitati.--(Junto al sepulcro
mencionado hay una pequea capilla, con una cornisa de madera sobre el
altar, dorada en su extremo, en la cual, trazadas por pincel antiguo y
elegante, se ostentan las diversas vicisitudes de la vida del Infante;
hllase tambin una estatua de mrmol sobre el altar, pero ofreciendo 
lo vivo el traje andrajoso, el rostro lgubre, la larga barba, el
cabello despeinado, y las esposas, grillos y cadenas iguales  las que,
segn se cree, tuvo en su cautiverio.)--(_T. del T._)

Debajo de la estatua se lee:

    _Sanctus princeps Ferdinandus
         Infans Lusitani
    Obiit Fess apud Mauros Obses_
    A.D.M.CCCCXLIII. V Junii.

El santo prncipe D. Fernando, infante de Portugal, muri en Fez,
cautivo entre los moros, el 5 de junio del ao del Seor 1443.

Alrededor del cuadro del centro hay ( hubo, por lo menos, hasta la
ocupacin de Portugal por los franceses), nueve cuadritos, representando
los sucesos de la vida del Infante, con las inscripciones:

    _Compedibus et catenis constringitur.
    Infim servituti Sanctus adjudicatur.
    Regium equile mundare cogitur.
    Opus facit in hortis regiis.
    De lytro frustra agitur cum Mauro.
    Coelesti visu ad mortem confirmatur Sanctus.
    Pie moritur Sanctus Infans.
    Sanctum corpus exenteratur.
    De muro urbis corpus suspenditur._

    (Sujtanlo con grillos y cadenas.
    El Santo es condenado  infame servidumbre.
    Oblganlo  limpiar las caballerizas reales.
    Trabaja en los jardines reales.
    Trtase en vano con el moro de su rescate.
    Una visin celestial anuncia al Santo su muerte.
    Muere piadosamente el santo Infante.
    Arrancan al santo cuerpo las entraas.
    Cuelgan su cuerpo de las murallas de la ciudad.)

    (_T. del T._)


La bula expedida por el papa Paulo II en el ao de 1470, estableciendo
una fiesta conmemorativa del Infante, describe en pocas palabras los
tristes sucesos de su vida, de esta manera: Ferdinandus infans
Portugali... qui ad expugnationem infidelium in Africam transfretavit
et pro liberatione. Christianorum in illis partibus tunc existentium ac
inde aliter liberari non valentium in manibus eorundem infidelium sponte
obsidem se tradidit; ac per ipsos infideles diris carceribus mancipatus
et tormentis affectus, per plures annos existitit, ac in fide catholica
viriliter persistens, ut athleta fortis post plurima supplicia
gritudines et labores in eorundem infidelium partibus et captivitate
constitus, Christo redemptori suo animam reddidit.--(Fernando, infante
de Portugal... que pas  Africa para combatir  los infieles, y librar
 los cristianos existentes en esa regin, y que no podan rescatarse de
otro modo, se di espontneamente en rehenes  esos mismos infieles; y
cautivo luego en su poder; y despus de sufrir dura crcel y tormentos,
vivi algunos aos, persistiendo firmemente en la fe catlica, hasta
que, como fuerte atleta, entreg su alma  Jesucristo, su Redentor,
vctima de muchos suplicios, aflicciones y trabajos sufridos en su
cautiverio, por obra de los infieles.)--(_T. del T._)

Las virtudes del Infante haban excitado la admiracin de sus enemigos,
pero sin ablandar por eso sus rigores. Cuando Larache (Lazurac), rey de
Fez, supo su muerte, exclam lleno de dolor: Este Prncipe haba
merecido conocer la ley de nuestro Santo Profeta! Sufri su cautiverio
con tanta paciencia y resignacin, que hasta los moros lo miraban con
asombro.--La Clede, _Histoire du Portugal_. V. tambin  H. Schulze,
_Del Prncipe constante_, de Caldern: Weimar, 1811.

[84] Qu poesa! No nos cansamos nunca de leerla y admirarla! Slo en
esta obra se eleva el poeta catlico  una esfera tan alta, que el
ingls no puede llegar  ella,  pesar de su genio prodigioso. No se
describe en ella la suerte  destino de un gran carcter que se realza
en su lucha con la pasin y con el pecado, sino de lo ms sublime que
existe, de la consagracin de un hombre puro, por lo ms puro que hay,
esto es, por la eterna bienaventuranza. Este objeto se ha alcanzado una
vez sola, y ni antes ni despus de Caldern, ni aun de lejos, se ha
escrito nada que se aproxime siquiera  esta tragedia.--_K. Immerman._

Copiemos tambin las palabras siguientes de J. Schulze, refirindose 
la representacin, hecha en Weimar, de _El Prncipe constante_: Esta
tragedia, representada con rara perfeccin, parece haberse propuesto,
como objeto principal, poner de relieve la idea cristiana, cuya ansia de
perfeccin puede reducirse al silencio por un momento con la posesin de
las virtudes ms relevantes, sin quedar nunca satisfecha por completo,
demostrndolo as el herosmo y el martirio del infante D. Fernando,
triunfo el ms digno del cristiano contra todos los poderes de la tierra
... No ha sido dado  la musa alemana ofrecer al Eterno, en el sublime
altar de la religin, un drama cristiano tan perfecto, nacido en el seno
de la patria y rebosando gratitud y humildad, y de aqu que, contentos y
agradecidos, como conviene al carcter benvolo del pueblo alemn, nos
hayamos apropiado uno extranjero.

[85] La leyenda de la sabia Eugenia, de su conversin, tentacin y
martirio, se encuentra en la relacin de Simen Metafraste, en _Surii
Probata Sanctorum_, acta del 25 de diciembre. V. tambin la poesa de
Alcino Abito, _De Consolatoria castitati aude_; Fabric, _Bibliotheca
graeca_, tomo VI, pg. 524; Baronii, _Annales ad annum 188_, y
Tillemont, _Mem. eclesiast._, tomo IV, pg. 12. Los milagros de Eleno,
que Caldern ofrece en su comedia, se cuentan en _Petrus, de Natalibus,
catalogus sanctorum_, lib. IV, cap. 59. Respecto  la idea, tan feliz
como caracterstica de nuestro poeta, de suponer que se introduce un
demonio en el cuerpo de un muerto para hacer dao, ved  Dante,
_Infierno_ (XXXIII, V, 129 y siguientes). As esta indicacin, como la
de las fuentes de muchas comedias de Caldern y de algunos datos y
apuntaciones, provienen de la obra de Val. Schmidt, _Uebersicht und
Anordnung der Dramen des Caldern de la Barca_, in Anzeigeblat der
Wiener Jahrbcher: Jahrgang, 1882.

[86] La leyenda, que el poeta ha aprovechado aqu con tanto acierto, se
funda en la confesin expiatoria de San Cipriano (_In Ccilii Cypriani
Episcopi Carthaginiensis Opera_: ed. Baluz., apnd., pg. 294, y en el
_Thesaurus novus Anecdotarum_, de Martene y Durand, Lutet: Pars, 1717,
tomo III, pg. 29: 1629). La fuente ms inmediata de Caldern es
probablemente la de Surius: _De probatis Sanctorum Actis_, tomo V, pg.
351 (Coloniae Agr., 1578). _Vita et Martyrium F. Cypriani et Justinae,
autore Simeone Metaphraste._ Sobre Cipriano, ved tambin  _Gregorii
Naz. Opera_, ed. Colon., 1690: folio, parte I, pg. 274, y _Acta
sanctorum sept._, tomo VII, pgs. 195 y siguientes: Antuerp., 1760; y
acerca de la relacin de este drama con la tradicin de Fausto 
Koberlstein, _De la edad probable_ y de la _significacin del poema de
la guerra de Wartburg_: Naumburg, 1823, pgs. 55-58, y  Rosenkranz,
sobre la tragedia de Caldern _El mgico prodigioso_: Halle, 1829.

El Sr. D. Antonio Snchez Moguel, en su _Memoria acerca de El mgico
prodigioso, de Caldern, y en especial sobre las relaciones de este
drama con El Fausto, de Gothe, obra que obtuvo el premio en el
certamen abierto por la Real Academia de la Historia, al conmemorarse el
segundo centenario de este insigne poeta el 24 de mayo de 1881_ (Madrid,
1881), hace gala de una erudicin poco comn, que utiliza principalmente
en investigar las fuentes, que sirvieron  nuestro primer dramaturgo en
la composicin de esta comedia. Puede consultarse con provecho, aunque,
 decir verdad, hay ciertas obras de poetas eminentes, como _El Fausto_,
de Gothe, y _El mgico prodigioso_, de Caldern; el _Enrique VIII_, de
Shakespeare, y _La cisma de Ingalaterra_, de nuestro gran poeta, cuyo
fondo, siendo el mismo, no son, sin embargo, comparables, por cuanto
cada uno de ellos maneja los mismos materiales con distintos propsitos,
bajo diversos puntos de vista, y adaptndolos, por consiguiente, 
planes y formas sujetas  las dotes poticas individuales, y, sobre
todo,  las ideas dominantes en las pocas y en las naciones, en que
cada uno escribe, que no slo hacen imposible toda comparacin entre
ellas, sino, lo que es peor, la hacen intil. Adems, aunque no es
ocioso, ni mucho menos, averiguar cules son  han sido los orgenes 
el fundamento de algunas de esas creaciones inmortales, es sabido
tambin, que, en realidad, la cosa en s no tiene toda la importancia
que aparenta, porque los poetas, en general, y ms los dramticos,
aprovechan para sus fines cualesquiera noticias y datos, y la cuestin
no versa, en estos casos, sobre lo que ha sido con exactitud lo
aprovechado, por ser esto muy difcil y muy dado  conjeturas, ya que el
nico medio de averiguarlo sera la declaracin  confesin del mismo
poeta, y esto es imposible casi siempre, sino sobre el resultado 
efecto de su trabajo, esto es, sobre su obra ya completa y perfecta.
Esto ltimo debe ser el objeto del crtico, enseando  las generaciones
actuales y  las venideras los medios eficaces de que se han servido
algunos poetas, para alcanzar la gloria inmarcesible que
obtuvieron.--(_N. del T._)

[87] En _El mgico prodigioso_ se propuso Caldern el objeto difcil de
representar una conciencia pagana, y de fe vacilante por la filosofa,
en todos los momentos principales de su transformacin en conciencia
cristiana; y esto, sin ofender en lo ms mnimo  las creencias
catlicas, sin vanas reflexiones ni aun movimientos puramente externos,
respirando todo animacin y vida. La maldad, existente en s y para s,
la ha personificado Caldern en el demonio con singular maestra,
principalmente con el objeto de que, bajo esta forma, se revele poco 
poco  San Cipriano.--_K. Rosenkranz._

[88] Las leyendas ms completas de _El purgatorio de San Patricio_, se
encuentran reunidas en Th. Wright, _St. Patricks Purgatory, an essay on
the legends of Hell and Paradise current during the Middle ages._:
London, 1844.--V. tambin _Les vies de Saints_: Pars, 1739, tomo III,
pgina 216.--Los _Acta Sanctorum_ (Mart., tomo II, pgina 588).--El
poema en francs antiguo _Le purgatoire de Saint Patrice_, en _Les
poesies de Marie de France_, publies par Rochefort, tomo II, pg. 411,
y la novela italiana _Guerrino Meschino_, cap. 162.--V. Dunlop, _History
of fiction_, v. III, pg. 38.--En Espaa esta tradicin se haba hecho
ya popular por los dos escritos titulados _La cueva de San Patricio_,
Len, 1506, y la _Vida y purgatorio de San Patricio_, Madrid, 1626-27,
de Montalbn.

[89]

      Bald mit Blitz bewehrt, durchleuctet
    Als ein Aar die Luft der Glaube
    Und bald ruht er, eine Taube
    Die am Bach die Flgel feuchtet.

    _Platen._

(Ya, armado del rayo, hiende, como el guila, el cielo de la fe; ya,
como la paloma, descansa y humedece en un arroyuelo sus alas.)

[90] Acerca del origen de esta comedia, advertiremos, que la muerte de
San Bartolom se halla en el _Breviarium romanum_, 24 de agosto: casi
toda la accin restante debe fundarse en los _Actis fabulosis_, de
Pseudo Abdias; en los _Actis sanctorum augusti_, tomo V, pg. 32
(Venetiis, 1754).

Encuntrase aqu la enfermedad de los dos Prncipes; la repentina
aparicin de San Bartolom al Rey, estando cerradas las puertas, y, por
ltimo, el delirio de Irene, acerca del cual Abdias dice lo siguiente:
Teniendo Polynio una hija loca, lleg  su noticia este exorcisador de
demonios, y lo hizo buscar, y le suplic de esta manera: Mi hija es
atormentada horriblemente, etc.

[91] Sobre la parte histrica, ved  Eutichius, _Annal._, tomo II, pgs.
240-248; Baronius, _Annal. eccles._, A. D. 628, NO. 1-4; _Nicephorus
brev._, pg. 15; _Teophanes chronograph._, pgs. 265 y siguientes; el
_Chronicon paschale_, pgs. 398 y siguientes; d'Herbelot, _Bibliotheca
orientalis_, pg. 789; Assemanni, _Bibliotheca orientalis_, tomo III,
pgs. 415-420; Le Beau, _Histoire du Bas Empire_, tomo XII; Gibbon,
_Decline and fall_, cap. 46. El emperador Heraclio haba sido ya
celebrado en el siglo XII en dos poemas, alemn el uno, por Otte, y
francs el otro, de Gautier de Arras.

[92] Rosenkranz ha ensayado el hacer la apologa de este drama, origen
de tantas discusiones, en los trminos siguientes: La idea fundamental
de _La devocin de la Cruz_, slo causa extraeza  quienes no saben
transportarse al terreno propio y peculiar del catolicismo espaol; no
seguramente  la conciencia de los catlicos, familiarizados con las
reliquias y con la santa virtud, que atribuyen  ciertas seales. Slo
la confianza infinita de la fe en Dios, que, impulsado por su eterno
amor, se sacrific por nosotros en la cruz, justifica  los pecadores.
En este concepto, al arrepentirse los dos hermanos de sus pecados al
reconocer la cruz, entran tambin ambos en la gracia divina. La
conciencia no tiene para nada en cuenta la reforma moral, que puede
hacerse en un tiempo ms  menos largo, ni otras razones de esta ndole,
sino un solo momento, si este momento es en s tan importante y
decisivo, como el que pudiera resultar del transcurso de aos enteros de
arrepentimiento.

[93] Muchas circunstancias histricas, utilizadas en este drama, se
refieren en el libro popular, que se titula _Historia de la prdida y
restauracin de Espaa por Don Pelayo y D. Garca Jimnez de Aragn_,
que probablemente hubo de servir  Caldern para escribirlo; pero el
poeta ha aprovechado, adems, diversos romances populares y tradiciones
catlicas. Comparad, en el acto primero, el antiguo romance de _D.
Rodrigo, rey de Espaa_, etc..., en _El tesoro de los romanceros_, de
Ochoa: Pars, 1838, pg. 81; _La leyenda de Santa Leocadia_, en _La
Espaa sagrada_, tomo V, pg. 485: Madrid, 1763. A Surius, _De probatis
Sanctorum historiis_, tomo VII, pg. 1.007 (Colon. Agr., 1581), y en
_Les vies des saints_, tomo VIII, pg. 453 (Pars, 1739).--En el acto
segundo, _Coronica del rey D. Rodrigo con la destruycin de Espaa_:
Valladolid, 1527; los _Romances_, de Ochoa, pgs. 81  90, y Mariana,
_De Rebus Hispani_, lib. VI, cap. 22.--En el acto tercero, _Las
memorias de la iglesia de Toledo_, del arzobispo D. Rodrigo, y la
_Historia de Espaa_, de Ferrera (traduccin francesa de d'Hermilly):
Pars, 1751, tomo III, pg. 436.

[94] La parte histrica dimanar probablemente del antiguo libro
espaol, popular, _Historia del gran cisma de Inglaterra, con sus
factores Enrico VIII y la impa Isabela_, que  su vez est tomado de
Nicolai Sanderi, _De origene ac progressu Schismatis anglicani_ (Olivae,
1690).--Acerca de este drama, consultad el artculo de V. Schmidt, _La
cisma de Inglaterra_: Berln, 1819.

[95] El extracto que sigue del argumento se funda en el que sirve de
base al escrito de V. Schmidt, ya citado.

[96] Sobre los hechos histricos, consultad  Garcilaso de la Vega,
_Comentarios reales, que tratan del origen de los Incas_: Lisboa, 1609,
en folio.--_Historia de las guerras civiles de los espaoles en las
Indias._--Francisco Xeres, _Verdadera relacin de la conquista del Per
y provincia de Cuzco_: Salamanca, 1547, y Agustn de Zrate, _Historia
del descubrimiento y conquista de la provincia del Per_ (en Barcia,
_Hist. prim._, tomo III).

[97] El suceso, que sirve de fundamento  la accin, parece haber
ocurrido durante la vida de Caldern, confirmndolo el hecho de
mencionarse al papa Inocencio X (1644-1655) y al general de los
jesuitas, Giovanni Paolo Oliva ([cruz] 1681).

[98] La catstrofe del drama consta en la descripcin del desafo, de
Heuter Delff, ocurrido en Valladolid,  las once de la maana del 11 de
diciembre de 1522 (_Abgedrckt in Leben, Regierung und Absterben der
Knige von Hispanien_: Nrenberg, 1684, pg. 49). El motivo de este
duelo parece ser invencin del poeta, si no es en el fondo una tradicin
popular. El Concilio de Trento prohibi los desafos pblicos,  los
juicios de Dios (Synod, _Trid. Ses._, 25, cap. 19), y, segn esto, ese
duelo pudo ser, en efecto, el postrero de Espaa.

[99] En las dos obras principales de la historia de Pedro _el Cruel_,
_Historia del rey D. Pedro y su descendencia_, por Gratia Dei, y la
_Chrnica del rey D. Pedro_, de Lpez de Ayala, no se encuentra dato
alguno histrico en que pueda fundarse el argumento de este drama. Ayala
slo habla de la pasin desenfrenada de Don Enrique por el bello sexo.

[100] Val. Schmidt, en la obra citada, dice que el rey D. Pedro de
Aragn, de este drama, apellidado _el Cruel_, es un personaje
tradicional  que ha dado origen el Don Pedro de Castilla; pero los
versos siguientes de la comedia de Guevara, _Tambin la afrenta es
veneno_, prueban que el rey de Aragn se llamaba tambin _el Cruel_.
Dicen as:

    ...Tres Pedros
    Hubo en Portugal, Castilla
    Y Aragn  un mismo tiempo;
    Todos tres primos hermanos,
    Y  todos tres nombres dieron
    De crueles.


[101] Esto es tradicional, manejado ya por varios dramticos antes de
Caldern; y algo semejante se observa tambin, por ejemplo, en
_Escarmientos para el cuerdo_, de Tirso.

[102] El poeta, al dirigirse al pblico al final de la comedia, asegura
que est tomada de un suceso verdadero. Hubo de ocurrir, pues, con
arreglo al argumento, en la primavera de 1581, durante el viaje  Lisboa
de Felipe II para ser coronado en ella; sin embargo, ni Luis Cabrera, en
su _Vida de Felipe II_, ni Leti y Watson dicen nada de esto. Evangelista
Ortense, en sus _Successi della guerra de Portogallo_ (Venet., 1582),
atribuye  los italianos y alemanes la culpa de los desrdenes que
ocurrieron en esta expedicin, y habla de cierto capitn de galera y de
otros oficiales, decapitados y expuestos al pblico por haber profanado
un convento portugus. Consultad tambin las noticias que preceden  la
traduccin hecha por Malsburg. En cuanto  D. Lope de Figueroa, uno de
los capitanes ms clebres de los ejrcitos de Felipe II, vase 
Surez, _Historia de Guadix_, lib. II, cap. 2., y  Escalante,
_Dilogos militares_, dilogo 3., folios 41 y siguientes.

[103] En Vanderhamen, _Historia de D. Juan de Austria_, lib. II, y en
Mrmol Carvajal, _Historia de la rebelin y castigo de los moriscos del
reino de Granada_, hay algunos datos histricos que el poeta ha
utilizado en este drama.

[104] Este asunto est tomado de Zurita, _Anales de la Corona de
Aragn_: Zaragoza, 1610, tomo I, 93, 6-99. La novela de Bandello (II,
43), trata de este mismo argumento; pero, segn parece, no ha tenido
influencia ninguna en este drama. La ancdota, contada por Zurita, es la
siguiente: Los habitantes de Montpellier, ciudad que haba pasado al
dominio de D. Pedro II de Aragn, por su casamiento con la condesa
Mara, estaban afligidos de la indiferencia que el Rey mostraba  su
esposa, viendo que de este modo se frustraban sus esperanzas de tener
descendencia de esta seora. Estando, pues, D. Pedro (que observaba una
conducta licenciosa) enamorado en cierta ocasin de una viuda joven, y
tan bella como recatada, se dieron trazas los cnsules de Montpellier de
que fingiese acceder  los deseos del Rey para suplantar en su lugar 
la Reina. D. Pedro, que, conforme  las condiciones estipuladas con la
viuda, entr en su alcoba  obscuras, no se apercibi del engao hasta
el da siguiente, y al principio no le sent muy bien su descubrimiento;
pero despus tom  risa la invencin singular de aquellas buenas
gentes, y, por ltimo, le agrad despus tanto haber descansado en los
brazos de su esposa, que fu con ella hasta su muerte fiel y amante
esposo.

[105] Theophylactus Simocatta, _Historia imperatoris Mauritii_, lib.
VIII, cap. 7.--12; el _Chronicon Pascale_, pgs. 369 y
siguientes.--_Theophanes Chronograph_, pginas 238 y
siguientes.--_Zonaras_, tomo II, lib. XIV, pgs. 77 y siguientes.--Du
Cange, _familiae Byzantinae_, pgs. 106 y siguientes.--Le Beau,
_Histoire du Bas empire_: Pars, 1768, tomo XII, pg. 143.

[106] No puede abrigarse dudas de ningn gnero acerca de este punto,
cuando se reflexiona que el fundamento de la accin, no basado en la
historia, es la misma en ambos dramas, y cuando se comparan entre s
algunos versos, por ejemplo, los siguientes:

    Ah, venturoso Mauricio!
    Ah, infeliz Focas! Quin vi
    Que, para reinar, no quiera
    Ser hijo de mi valor
    Uno, y que quieran el tuyo
    Serlo, para morir, dos?

    (_Caldern._)

    Oh, malhereux Phocas! Oh, trop heureux Maurice!
    Tu recouvres deux fils pour mourir aprs-toi,
    Et je n'en puis trouver pour regner aprs moi.

    (_Corneille._)

Se ha notado en Francia esta coincidencia entre ambas piezas dramticas;
pero se ha afirmado absurdamente que Caldern ha imitado  Corneille;
esta afirmacin, ya en s inverosmil, es rechazada pura y simplemente
por el hecho de que el drama de Caldern se haba impreso en 1637, y el
_Heraclius_ se represent por vez primera en el de 1647.

[107] El asunto proviene de _Josephi antiquiti. jud._, 15, 2-7; de
_Bello judaico_, 1, 17-22; pero la fuente en donde bebi inmediatamente
Caldern, hubo de ser probablemente el antiguo libro popular, titulado
_Historia de Herodes_ (Madrid, sin fecha de impresin), que tengo ahora
 la vista. Las profecas, el cuadro, el amor de Octaviano, la muerte
involuntaria por medio del pual y algunos otros hechos, son de
invencin exclusiva del poeta.

[108] La parte histrica est sacada de _2. Samuelis_, 13-18, y de
_Josephus antiquit. jud._, 7-8-10.

[109] Judas Macabeo, como lo prueba el libro popular _Historia de Judas
Macabeo y sus esforzados hermanos_, era un hroe casi nacional en
Espaa. Las fuentes primitivas, el lib. I de los Macabeos, cap. 2-7, y
_Josephus antiquit. jud._, 12, 6-10, son muy conocidos.

[110] Consultad, acerca de las comedias ltimamente mencionadas, el
libro citado de V. Schmidt.

[111] Lo histrico proviene de Vopiscus (_Historia August._, pgs. 217 y
siguientes), y de Trebellius Pollio, _Triginta tyranni_ (_Historia
August._, pg. 200). Consultad  Zosimus, lib. I, pgs. 36 y siguientes;
Zonaras, lib. XII, pgs. 633 y siguientes; Eutrop., lib. IX, cap. 13, y
 Gibbon, cap. II.

[112] Ved  Diodorus Siculus, II-4; Aelian. Var. hist., VII-1; Justin.,
I-2; Valerius Maxim., IX-3-4.--De la comedia de Virus, que ha servido 
Caldern para la traza de la suya, aunque aprovechando slo algunos de
sus toscos materiales, se habl ya en el tomo I, pg. 445.

[113] Caldern record probablemente, al desarrollar este drama, algo
semejante de _El palacio confuso_, de Lope, pero mejorndolo mucho y
aventajndolo con extremo.

[114] En _La hija del aire_ encontramos, sin duda, acumuladas algunas
cosas extraas;  un asunto sacado de la ms remota antigedad, acompaa
un enredo muy singular y refinado; las descripciones y narraciones son
tambin monstruosamente enfticas, y lo cmico, ms moderno, se ajusta
en fbula mstica  esa composicin dramtica, harto prolija y difusa;
pero puede sostenerse que estos defectos, que se reproducen en todas las
obras de Caldern, son en sta necesarios, atendiendo  sus materiales,
y por esta causa aparecen aqu mezclados y confundidos, formando un todo
harmnico de grande, aunque relativa sublimidad. El argumento es en s
an ms maravilloso, y su centro un carcter que exige la representacin
de los elementos ms extraos y singulares. Si en este terreno de lo
excntrico es posible aumentar algo, lgralo as el lugar mismo de la
accin. Ocurre en Nnive y Babilonia, en esas regiones en que la
fantasa puede dar rienda suelta  sus creaciones. Las extravagancias
ms insensatas, los contrastes ms chocantes, los giros y desarrollo del
argumento, ms portentosos, concuerdan, por decirlo as, con la
naturaleza de sus materiales.--Aunque son numerosas las bellezas de la
primera parte, es muy superior la segunda por su concentracin trgica,
por la novedad de sus invenciones y por sus encantos incomparables. Las
primeras escenas de esta ltima, en que aparece Semramis en la plenitud
de su grandeza, son nicas en el teatro por su osada, por su pompa y su
esplendor. Esos cambios de papeles entre la Reina y Ninias, y ese juego
mgico que es su consecuencia, con sus disfraces y cambios, pueden
llamarse cmicos, si se tiene cuidado en aadir que las escenas cmicas
son de lo ms ingenioso que se ha escrito jams, y que, en las
vicisitudes de estos suplicantes agradecidos y favoritos, se revela el
espritu de observacin ms profunda y la sabidura ms perspicaz.--_K.
Immermann._

[115]

      Welche Zauberwildnisz
    Fesselt Ohr und Blick?
    Blume jedes Bildnisz,
    Jedes Wort Musik.

    (_Platen._)


Qu desierto encantado encadena nuestros odos y nuestros ojos? Una
flor es cada imagen, una msica cada palabra.

[116] El asunto proviene de la _Historia del emperador Carlomagno y de
los doce pares de Francia, y de la batalla que hubo Oliveros con
Fierabrs, rey de Alejandra_ (Sevilla, 1528: folio). De esta historia
tom tambin Don Quijote la receta de su blsamo incomparable,
defendiendo el crdito que merece con las palabras siguientes: Porque
qu ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir  otro que no
fu verdad lo de la infanta Floripes y Guido de Borgoa; y lo de
Fierabrs con la puente de Mantible, que sucedi en tiempo de
Carlomagno, que, voto  tal, que es tanta verdad como es ahora de da?
El arreglo ms antiguo de la tradicin de Fierabrs es la poesa
provenzal, copiada de un manuscrito, y publicada por Emmanuel Becker en
1830. Su imitacin primera, en prosa, parece ser el romance de
_Fierabrs Legeant_ (Geneve, 1478: folio), que existe en la Biblioteca
de Pars, siendo probable que provenga de sta el libro espaol antes
citado. Ved el _Buch der Liebe_, de Bdching y Von der Hagen (Berln,
1809, pgs. 36 y siguientes), encontrndose tambin en la pg. 143 la
antigua versin alemana.

[117] El _Orlando innamorato_, de Boyardo, era conocido en Espaa haca
ya tiempo por dos traducciones en castellano. La ms antigua, en prosa,
lleva el ttulo de _Espejo de caballeras_, Sevilla, 1535, 1536; la
segunda es de Francisco Garrido de Villena: Alcal, 1577, y Toledo,
1581. De una de estas traducciones haba sacado, sin duda, Lope de Vega
su _Jardn de Falerina_, de que habla en el prlogo de _El Peregrino_.
La poesa se halla en Boyardo, cap. 2., canto III, 66 y siguientes, y
en el canto V, 18.

[118] Grsz, en el _Lerhrbuch der Litterargeschichte, Band. II, Abth.
III, erste Hlfte_, pgs. 315 y 411, da las noticias bibliogrficas ms
exactas y completas de este libro, tan clebre un tiempo, y traducido 
casi todas las lenguas europeas: _De los hechos inmortales del caballero
del Febo y del prncipe Rosicler, de los dos hijos del gran emperador de
Trebacio, as como de los amores, no menos maravillosos, de la muy
ilustre princesa Claridiana_.

[119] El asunto proviene en lo ms esencial del _Orlando innamorato_, de
Boyardo, tomo II, cap. 1., 70 y siguientes, y de Ariosto, 36, 26-28, 59
y siguientes; y, aunque con muchas variaciones, hacen sospechar que
Caldern no bebi inmediatamente en las fuentes indicadas, sino en
libros espaoles, en los cuales se desenvolva la tradicin primitiva.
La historia de Marfisa, la hermana guerrera de Rudiger ( quien Caldern
llama Leonido), se encuentra en Aspramonte, en el lib. VII, no impreso,
de los _Reali di Francia_, y se desenvuelve especialmente en _La
Marfisa_, di P. Aretino S. L. E. A.; _Marfisa bizarra_, di Gio. Battista
Dragrancino da Fano (Venecia, 1531: 4.), y en _Amor di Marfisa_, del
Danese Cataneo (Venecia, 1562).--V.  V. Schmidt, _De las poesas
hericas italianas del ciclo tradicional de Carlomagno_, pg. 277.

[120] La traduccin francesa ms popular de las Etipicas de Heliodoro,
era la de Amiot, que apareci primero en Pars, en 1549; de sta
dimanaba la espaola de Fernando de Mena (Alcal de Henares, 1587),
utilizada probablemente por Caldern.

[121] En la edicin de _Joannis Barclaii Argenis nunc primum illustr. a
Theandro Bugnotio_ (Lugd., Batav., 1664: 2 vols.) se encuentra la clave
para comprender las alusiones, con frecuencia bastante obscuras, de esta
singular composicin dramtica.

[122] Escrito lo que antecede, he ledo una comedia de Diamante, _Cunto
mienten los indicios y Ganapn de desdichas_, y su argumento es el mismo
que el de la comedia de Caldern, por cuyo motivo hemos de suponer que
han dado origen  ambas un suceso verdadero  alguna novela.

[123]

      Machtig flammt Cupido's Kerze,
    Durch Gefahr umsonst verdstert,
    Und die Liebesklage flstert
    In das Echo leichter Scherze.

    (_Platen._)

(Ms viva brilla la llama del amor, pasado el peligro que amenazaba en
vano extinguirla; y las quejas de los corazones enamorados son  veces
risueos juguetes del eco).

[124] Damas Hinard, _Chefs d'oeuvre du thetre espagnol_:
introduction.






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dramtico en Espaa, tomo IV, by Adolfo Federico

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     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
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1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
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property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
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fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

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in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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