The Project Gutenberg EBook of Descripcin colonial, libro segundo (2/2), by 
Reginaldo de Lizrraga

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Title: Descripcin colonial, libro segundo (2/2)

Author: Reginaldo de Lizrraga

Release Date: September 10, 2012 [EBook #40724]

Language: Spanish

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  BIBLIOTECA ARGENTINA

  PUBLICACIN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBROS NACIONALES

  DIRECTOR: RICARDO ROJAS

  14

  Descripcin Colonial

  POR

  Fr. Reginaldo de Lizrraga

  (LIBRO SEGUNDO)

  [Ilustracin]

  BUENOS AIRES

  LIBRERA LA FACULTAD, DE JUAN ROLDN

  436--FLORIDA--436

  1916




ORGENES DE ESTA BIBLIOTECA


I.--El ao 1909, Ricardo Rojas proyect por primera vez esta BIBLIOTECA,
como parte integrante de su ms extenso plan de educacin democrtica,
que llam _La Restauracin Nacionalista_, en el informe sobre nuestra
enseanza, presentado entonces al ministro de Instruccin Pblica,
doctor Rmulo Naon. (Vase en la citada obra el captulo VII, pginas
430-434, y en el Apndice, el acpite nmero 2, pginas 482-483.)

II.--En 1910, Ricardo Rojas, delegado al Congreso de Bibliotecas,
reunido para el Centenario en Buenos Aires, renov su iniciativa del ao
anterior, concretndola ms aun, y dicha asamblea de educadores la
acept por unanimidad, despues de oir, en sesin presidida por el
profesor Pablo Pizzurno, los fundamentos y propsitos del autor. (Vase
el proyecto y el voto pertinente del Congreso en _La Nacin_ y _La
Prensa_ del mes de junio de 1910.)

III.--En 1911, este proyecto de fundar una Biblioteca popular de autores
argentinos, fu adoptado por el presidente del Consejo de Educacin
doctor Jos M. Ramos Meja, quien, con la lealtad que le era ingnita,
llam espontneamente al autor de la idea para ofrecerle la direccin y
le pidi que redactara un informe  prospecto sobre la proyectada
Biblioteca. Ricardo Rojas accedi, indicando los mismos autores que
publicaremos nosotros, con idntico formato, precio y periodicidad; pero
la renuncia del presidente Ramos Meja, frustr tan generosa tentativa.
(Vase en el _Monitor de la Educacin Comun_, tomo XXXIX, nmero 466,
pginas 105-112, los antecedentes de este asunto y el proyecto de
Rojas.)

IV.--En 1912, la Facultad de Filosofa y Letras de Buenos Aires, confi
 Ricardo Rojas la nueva ctedra de Historia de la Literatura
Argentina y en la conferencia inaugural de su curso, leida el 7 de
junio de 1914 en el anfiteatro de dicha facultad, encareci la urgencia
de organizar, como base de sus estudios, la bibliografa nacional,
restaurando textos corrompidos  divulgando los olvidados,  fin de
popularizar sus enseanzas. (Vase dicha conferencia, pargrafo X, en el
tomo XXI de la Revista de la Universidad de Buenos Aires.)

V.--En 1913, la iniciativa terica de Ricardo Rojas, tan lentamente
madurada, se convirti en resolucion de fundar la BIBLIOTECA ARGENTINA
por iniciativa particular, y no disponiendo l de medios para hacerlo,
nos convenci de que debamos acompaarlo como editores en esta empresa
de cultura popular, segun tuvimos ocasion de publicarlo entonces, en
nuestro primer prospecto dirigido  los futuros suscriptores. (Vase
nuestra circular, que se titula BIBLIOTECA ARGENTINA, fechada y
repartida en julio de 1914.)

VI.--Tal es el origen, pblicamente documentado, de la BIBLIOTECA
ARGENTINA que Ricardo Rojas dirigir, por el derecho que le da su
iniciativa y su versacin en estas cuestiones. Realizaremos esta empresa
casi en la misma forma y con los mismos libros del proyecto que present
al doctor Ramos Meja. La sancin que esta idea recibiera en el
Ministerio de Instruccin Pblica (1909), en el Congreso de Bibliotecas
Populares (1910), en el Consejo de Educacin (1911), han influido en
nuestro nimo, pero declaramos que nuestra confianza estriba, sobre
todo, en el slido prestigio de su iniciador. Nuestro xito depender,
no de la idea, sino del plan y el mtodo. Lo que no hizo el Estado, lo
har la iniciativa particular. Desde 1914 hemos esperado para lanzarnos
 la publicidad, tener un nmero discreto de suscriptores. Ya lo
tenemos; pero aun con ellos, esta es una aventura patritica, y probamos
no perseguir ganancias, con slo invocar el delicado trabajo que demanda
cada tomo al Director, y el precio popular de nuestras ediciones.

EL EDITOR.




  BIBLIOTECA ARGENTINA

  Volumen 14




  BIBLIOTECA ARGENTINA

  PUBLICACIN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBROS NACIONALES

  DIRECTOR: RICARDO ROJAS

  14

  Descripcin Colonial

  POR

  Fr. Reginaldo de Lizrraga

  (LIBRO SEGUNDO)

  [Illustration]

  BUENOS AIRES

  LIBRERA LA FACULTAD, DE JUAN ROLDN

  436--FLORIDA--436

  1916




  NDICE


  LIBRO SEGUNDO

  DE LOS PRELADOS ECLESISTICOS DEL REINO DEL PER, DESDE
  EL REVERENDSIMO DON JERNIMO DE LOAISA, DE BUENA
  MEMORIA, Y DE LOS VIRREYES QUE LO HAN GOBERNADO, Y
  COSAS SUCEDIDAS DESDE DON ANTONIO DE MENDOZA HASTA
  EL CONDE DE MONTERREY, Y DE LOS GOBERNADORES DE
  TUCUMN Y CHILE.
                                                     _Pgs._

  I.--De los prelados eclesisticos                     11

  II.--Del ilustrsimo fray Hiernimo de
  Loaisa, arzobispo do Los Reyes                        13

  III.--Del ilustrsimo Mogrovejo                       20

  IV.--De los reverendsimos del Cuzco                  22

  V.--De los reverendsimos de La Plata                 27

  VI.--De los reverendsimos de Tucumn y
  Paraguay  Rio de la Plata                            37

  VII.--De el licenciado Vaca de Castro, Blasco
  Nez Vela y don Antonio de Mendoza                   38

  VIII.--Del Marqus de Caete                          40

  IX.--Del Marqus de Caete                            44

  X.--El Marqus llega  Trujillo                       46

  XI.--Parte el Marqus de Trujillo                     50

  XII.--Entra el Marqus en Los Reyes                   52

  XIII--El Marqus hizo perdon general                  54

  XIV.--Cmo provey por gobernador de Chile
   su hijo don Garca de Mendoza                       56

  XV.--Nombr el Marqus gentiles hombres
  lanzas y arcabuces                                    59

  XVI.--El Marqus quiso prender al doctor
  Sarabia, Oidor                                        62

  XVII.--De las entradas que en su tiempo se
  hicieron                                              64

  XVIII.--El Marqus mand traer  Los Reyes
  los cuerpos de los Ingas                              72

  XIX.--El Marqus se mostr gran republicano           75

  XX.--De la muerte del Marqus                         80

  XXI.--De las virtudes del Marqus                     83

  XXII.--Cun enemigo era de acrecentar tributos        88

  XXIII.--Del conde de Nieva                            91

  XXIV.--Del gobernador Castro                          93

  XXV.--Del Visorrey don Francisco de Toledo            99

  XXVI.--De la guerra que hizo al Inga                 105

  XXVII.--El Visorrey en su viaje se encontr
  con el gobernador Castro                             109

  XXVIII.--El Visorrey don Francisco de Toledo
  llega  Potos y de all  la ciudad
  de La Plata                                          111

  XXIX.--El Visorrey di asiento  las tasas y
  cosas de Potos                                      113

  XXX.--Salieron los Chiriguanas  besar las
  manos  don Francisco de Toledo                      116

  XXXI.--Refirese la fiction Chiriguana               119

  XXXII.--El Visorrey don Francisco de Toledo
  convoca Audiencia, Sede vacante y
  prelados de las Ordenes, y pide parecer              121

  XXXIII.--Hace el Virrey informacion del milagro      128

  XXXIV.--Los Chiriguanas se huyen                     132

  XXXV.--El Visorrey don Francisco de Toledo
  determina ir  los Chiriguanas en
  persona                                              133

  XXXVI.--El Visorrey don Francisco de Toledo
  pide parecer si dar por esclavos 
  los Chiriguanas                                      135

  XXXVII.--El Visorrey manda al general don Gabriel
  entre contra los Chiriguanas
  por el camino de Santa Cruz                          138

  XXXVIII.--El Visorrey nombra capitanes y entra
  en la tierra Chiriguana                              138

  XXXIX.--El Visorrey nombra capitan  Barrasa,
  su camarero, y lo envia al pueblo
  de Marucare                                          143

  XL.--De la hambre que comenzaba en el
  real, y enfermedad del Visorrey                      146

  XLI.--El Visorrey manda volver el campo al
  Per                                                 148

  XLII.--Lo que subcedi al general don Gabriel
  Paniagua                                             151

  XLIII.--Despide los soldados el Visorrey y llega
   la cibdad de La Plata                              153

  XLIV.--Del Capitan Francisco Draque, ingls,
  que entr por el estrecho de Magallanes              154

  XLV.--La Inquisicion vino  este reino               164

  XLVI.--De las virtudes del Visorrey don Francisco
  de Toledo                                            167

  XLVII.--Don Martin Enriquez, Visorrey destos
  reinos                                               169

  XLVIII.--El conde de Villar, Visorrey destos
  reinos                                               171

  XLIX.--Su Majestad provee  don Garca de
  Mendoza por Visorrey destos reinos                   178

  L.--Quito no quiere recibir las alcabalas
  y medio se rebela                                    181

  LI.--El Marqus tiene aviso de Chile que
  un pirata ingls ha llegado aquella
  costa                                                186

  LII.--Parte la armada del puerto en busca
  del enemigo, agua arriba                             190

  LIII.--Vulvese la armada al puerto                  195

  LIV.--El Marqus despacha segunda vez en
  seguimiento del enemigo                              197

  LV.--De la jornada y descubrimiento que
  hizo el adelantado Alvaro de Amendaa                201

  LVI.--[De cmo los nuestros llegaron  una
  isla poblada de negros, y de las refriegas
  que con stos hubo]                                  207

  LVII.--[De la muerte que el Adelantado Mendaa
  hizo dar al Maese de campo]                          213

  LVIII.--[Donde se dice el fin que tuvieron Malope
  y el Adelantado Mendaa]                             216

  LIX.--[De cmo los nuestros llegaron  las islas
  Filipinas y luego volvieron al Per].                217

  LX.--Sola una desgracia le subcedi al Marqus.      219

  LXI.--Del ilustrsimo Arzobispo de Mxico.           221

  LXII.--Del camino de Talina  Tucumn.               224

  LXIII.--Del valle de Salta, Comarca y Calchaqu.     230

  LXIV.--De la cibdad de Esteco.                       232

  LXV.--De la cibdad de Santiago del Estero.           233

  LXVI.--De la cibdad de Crdoba.                      237

  LXVII.--De los gobernadores que ha habido en
  Tucumn desde el Marqus de Caete
  ac.                                                 239

  LXVIII.--Del reino del Paraguay.                     243

  LXIX.--Del puerto y pueblo de Buenos Aires.          219

  LXX.--De la provincia de Cuyo, en trminos
  de Chile.                                            253

  LXXI.--De la cibdad de Mendoza.                      256

  LXXII.--Del camino de Mendoza  Santiago de
  Chile.                                               257

  LXXIII.--Prosigue el camino de Copiap  Coquimbo.   261

  LXXIV.--De la cibdad de Coquimbo.                    262

  LXXV.--De la cibdad de Sanctiago.                    266

  LXXVI.--De las dems cibdades de Chile.              271

  LXXVII.--De algunos otros pueblos deste reino.       273

  LXXVIII.--De la cibdad de Valdivia.                  276

  LXXIX.--De la cibdad de Osorno.                      278

  LXXX.--De la cibdad de Castro.                       280

  LXXXI.--De los obispos deste reino.                  281

  LXXXII.--De los prelados y religiosos de las
  Ordenes.                                             283

  LXXXIII.--De los gobernadores de Chile.              283

  LXXXIV.--Del gobernador don Alonso de Sotomayor.     288

  LXXXV.--Del gobernador Martin Garca de Loyola.      296

  LXXXVI.--Del gobernador don Francisco de Quiones.   300

  LXXXVII.--Del gobernador Alonso de Ribera.           301

  LXXVIII.--De las calidades de los indios de Chile.   304




LIBRO SEGUNDO

     De los prelados ecclesisticos del reino del Per, desde el
     reverendsimo don Jernimo de Loaisa, de buena memoria, y de los
     Virreyes que lo han gobernado, y cosas sucedidas desde don Antonio
     de Mendoza hasta el Conde de Monterrey, y de los gobernadores de
     Tucumn y Chile.




CAPITULO PRIMERO

DE LOS PRELADOS ECLESISTICOS


Habiendo tractado con la brevedad posible la discripcion deste reino del
Per, sus ciudades, caminos, y las costumbres y calidades de los
naturales, y de los que nacen en l, nos es tambien forzoso tractar de
los obispos y arzobispos que habemos conocido y tractado, y comenzando
desde la ciudad de Quito, el obispo primero de aquella ciudad fu el
reverendsimo don Garca Diez Arias, clrigo, de cuya mano recib siendo
muchacho la primera tonsura[1]; varon no muy docto, amicsimo del coro:
todos los dias no faltaba de misa mayor ni vsperas,  cuya causa venian
los pocos prebendados que  la sazon habia en la ciudad,  iglesia, y le
acompaaban  ella y le volvan  su casa. Los sbados jams faltaba de
la misa de Nuestra Seora; gran eclesistico; su iglesia muy bien
servida, con mucha msica y muy buena de canto de rgano. En esta sazon
el obispado era muy pobre; agora han subido los diezmos y tiene bastante
renta. Era alto de cuerpo, bien proporcionado, buen rostro, blanco, y
representaba bien autoridad y la guardaba con una llaneza y humildad que
le adornaba mucho. Muri en buena vejez de ocasion de una caida de una
mula, no con poco sentimiento de todo el pueblo, que por padre le tenia.
El obispado comienza desde la ciudad de Pasto, cuarenta leguas ms abajo
de Quito, hasta el valle de Jayanca, de quien habemos dicho.

  [1] Primero obispo de Quito, don Garca Diez Arias. (Nota
  marginal.)

Sucedile el reverendsimo fray Pedro de la Pea, religioso de nuestra
sagrada religion, habiendo sido primero provincial en la provincia de
Mxico, maestro en Teologia, donde vivi y la ley ms de veinte aos;
varon docto y muy cristiano, y gran predicador y celoso del servicio de
Nuestro Seor y del bien y conversion de los indios; muri en la ciudad
de Los Reyes; dej su hacienda  la Inquisicion.

Despues de la muerte del cual fu algunos aos gobernado aquel obispado
por la sede vacante, hasta que fu proveido por obispo della el
reverendsimo fray Antonio de San Miguel, de la Orden del serfico San
Francisco, varon apostlico, el cual habiendo sido provincial en este
reino fu proveido por obispo de la Imperial, del reino de Chile, donde
gobern con mucha prudencia y cristiandad, y de all fu proveido 
Quito; pero antes que llegase  sentarse en su silla, veinticinco leguas
de su iglesia, en un valle llamado Riobampa, le llev Nuestro Seor 
pagar sus trabajos; dicen que poco antes que expirase, con un nimo y
rostro muy alegre dijo: _in domum Domini letantes ibimus_; que es decir:
con alegra iremos  la casa del Seor. Mueren los siervos de Dios con
alegra.

A quien sucedi y gobierna al presente aquella iglesia el reverendsimo
fray Luis Lopez, de la Orden de nuestro padre San Augustin, varon de
gran gobierno, docto y de prudencia cristiana y humana; el cual, en este
reino, en su Orden, fu dos veces provincial (como habemos dicho),
gobernando sus religiosos con vida y ejemplo, libre de toda cobdicia, y
finalmente, con las obras enseaba en lo que le habian de imitar sus
religiosos, porque en los trabajos y observancia _era_ el primero.




CAPITULO II

DEL ILUSTRSIMO FRAY HIERNIMO DE LOAISA, ARZOBISPO DE LOS REYES


El ilustrsimo fray Hiernimo de Loaisa, primer arzobispo de Los Reyes,
religioso de nuestra sagrada religion, desde su niez comenz  dar
grandes esperanzas de lo que fu despues, y de lo que ms fuera si, como
le cupo la suerte de iglesia en estos reinos, le cupiera en Espaa,
donde, as del Emperador, de gloriosa memoria, Carlos V, como del rey
nuestro seor Felipe II fuera en mucho tenido, y se le hiciera mucha
merced, conocido su talento general para todas cosas, y no le hiciera
muchas ventajas su tio el ilustrsimo fray Garca de Loaisa, arzobispo
de Sevilla, de la misma sagrada religion nuestra, con haber sido uno de
los valerosos varones que ha producido nuestra Espaa. Fu varon de
claro y admirable entendimiento, muy docto y bonsimo predicador, aunque
esto pocas veces lo ejercitaba, si no era los dias de Ceniza, domingo de
Ramos y el dia de la Asumpcion de Nuestra Seora, con tanta autoridad y
gravedad, que representaba bien el estado y dignidad archiepiscopal; su
ingenio era general para todas cosas, para paz y para guerra, por lo
cual en la rebelion y tirania de Francisco Hernandez fu nombrado por
capitan general del campo de Su Majestad, juntamente con otros dos
Oidores, el doctor Saravia y el licenciado Hernando de Sanctillan, hasta
que se nombr  Pablo de Meneses por General; gobern su obispado con
gran rectitud y cristiandad muchos aos, creo fueron pocos menos de
cincuenta, sin que del menor vicio del mundo fuese notado, ni un si no
dl se dijese. Con los seores era seor; con los muy doctos, muy docto;
con los religiosos, muy religioso, y con todos los estados se acomodaba
con toda prudencia, que era admiracion. Con los Visorreyes guardaba y
tenia la autoridad que se requeria. O decir que en una consulta quel
Visorrey don Francisco de Toledo tuvo luego que vino de Espaa, donde se
hall el arzobispo y otros prelados, reprehendindoles de que no habian
remediado algunos vicios que competia  ellos remediarlos, les dijo: Si
vosotros los obispos y arzobispos tuvirades el cuidado que debades, no
habia yo de venir  remediar esto. Tractaba de ciertos amancebamientos
pblicos de personas principales;  quien el arzobispo respondi entre
otras cosas: Si vosotros, Visorreyes, tuvisedes el celo que se requiere
al servicio de Dios, y favorecisedes  los prelados de las iglesias
como debis, no era necesario que vinirades  remediarlo; nosotros en
muchas cosas tenemos necesidad de vuestro favor, como vosotros del
nuestro. Era don Francisco de Toledo amicsimo de ganar honra con los
prelados y con todos.

Su consejo en todas cosas era acertadsimo, como de quien era dotado de
bonsimo entendimiento. En todo el tiempo que gobern, la renta que le
venia de su cuarta nunca lleg  7.000 pesos ensayados, y con ser tan
poca, su casa tenia muy llena y harta y bastantes criados, y le lucia
ms que  otros que mucha ms tenian, y daba  caballeros pobres largas
limosnas sin que ellos se las pidiesen. Hizo  su costa el hospital de
los indios de Santa Ana, donde todos los indios que vienen  sus
negocios  la ciudad de Los Reyes, y enferman, son curados con todo el
regalo posible, y dos  tres aos antes que muriese hizo donacion al
hospital de toda la vajilla suya, mucha y muy buena, y de toda su
hacienda, esclavos, mulas, tapicerias, con condicion que por el tiempo
de su vida fuese como usufructuario dello, con obligacion de pagar lo
que se gastase  perdiese. Celossimo del bien y conservacion de los
naturales deste reino, tanto como ha habido en todas las Indias prelado,
y si dijere ms no engaar; por el bien de los cuales no temia
barbadamente oponerse  los Virreyes y Audiencias, en lo cual  Nuestro
Seor hacia servicio, y no menos al Rey; de sus prebendados y dems
clrigos del obispado era temido y amado por la entereza de su vida.
Tenia unas entraas piadossimas para los pobres,  los cuales recibia y
consolaba como padre; de los indios de todo el reino era grandemente
amado, porque sabian cunto en lo justo les favorecia, y as con todas
sus cosas venian  l,  los cuales cuando era necesario reprehendia y
castigaba como padre amantsimo. Todo el tiempo que vivi, su iglesia
fu muy bien servida con mucha msica y buena; los oficios divinos con
gran cuidado celebrados, y porque los prebendados los dias principales
solian darse priesa  decir la ltima Hora, despues de misa, les mand
que la sexta  nona, conforme al tiempo que era despues de misa, la
cantasen como cantaban tercia antes della, y desta suerte, cuando
acababan, ya toda la gente habia salido de la iglesia. A un clrigo que
yo conoc, y era muy conocido en la ciudad, y tenia bastante hacienda
para tractar bien su persona, como es decente un sacerdote se trate, le
visti graciosamente, porque el vestido era muy mugriento. Llamle y
djole: padre fulano, tengo necesidad; prestme una barra de plata, yo
os la devolver presto. El clrigo, aqulla y ms le ofreci, y dila
luego. El buen arzobispo mand se la diese  su mayordomo, el padre
Ribera, sacerdote bueno,  quien dende  pocos dias le dijo: tomad
aquella barra y con ella vestme muy bien al padre Godoy (as se
llamaba); de suerte que todo se gaste en vestirle, que por la buena obra
le quiero dar de vestir. El padre Ribera, de all  ocho dias  diez
llam al padre Godoy y dcele: Padre Godoy, su seora os hace merced de
daros de vestir por la buena obra de la barra; de aqu me mand desta
tienda os sacase dos pares de vestidos. El clrigo no los queria
recibir, pero, finalmente, pensando ahorrar, tom sus vestidos; de
suerte, que la barra se consumi menos 17  18 pesos. El mayordomo llev
al padre Godoy  casa de un sastre donde le hicieron de vestir, y
concertadas las hechuras librsela en la tienda donde se puso la barra,
y se sacaron los vestidos. Toma la cuenta y la resta, y da cuenta al
Arzobispo de lo hecho; entre los vestidos sac una sotana de chamelote
de seda, un manteo de pao veinticuatreno, otro de raja; hasta zapatos.
Nuestro padre Godoy, que pensaba ser vestido  costa del seor
Arzobispo, con su sotana [de] chamelote, fu  besar las manos al seor
Arzobispo y rendir las gracias por la merced de los vestidos. Entr con
la sotana rugiendo; cuando el Arzobispo le vi y oy el ruido de la
sotana y tan bien vestido, dice: Sanctos, Sanctos, mas no tantos;
nuestro padre Godoy hncase de rodillas pidindole las manos por la
merced,  quien hacindole levantar le dijo: Padre Godoy, aquella barra
no os la ped prestada para m, sino para vos; della se os han dado
estos vestidos; yo poca necesidad _tena_; necio vens pensando que yo
os hacia merced; id al mayordomo, que os d la resta, y de aqu adelante
tracta muy bien vuestra persona y andad muy bien vestido como sacerdote
honrado; si no, yo os vestir otra vez y mejor; y desta suerte visti y
despidi  nuestro padre Godoy, que pensaba  costa del Arzobispo ser
vestido. Adorn su iglesia de buenos ornamentos,  su costa, de brocado,
bordados, etc., y mand hacer la custodia de que agora se usa para el
Sanctsimo Sacramento, de plata, como dejamos dicho, y di la custodia
de oro en que se pone el Sanctsimo Sacramento, que vale tres mil
pesos, todos de oro.

En su tiempo, gobernando el marqus de Caete, de buena memoria, una
moza liviana se fingi endemoniada, la cual alborotaba la ciudad, y como
era fiction, los conjuros y exorcismos de la iglesia no aprovechaban ms
que en una piedra; llevbanla  la iglesia mayor  los curas con gran
copia de muchachos tras ella, en cuerpo, con un rostro muy
desvergonzado. El Arzobispo afligise; mand que se la llevasen al
hospital de Santa Ana, donde la mayor parte del tiempo vivia;
llevronsela, exorcizla, como quien exorciza  una piedra. Sucedi que
un dia le fu  visitar y besar las manos un religioso nuestro, gran
predicador y de mucha opinion, llamado fray Gil Gonzales Dvila; hallle
muy afligido y lloroso, y preguntndole la causa respondi: No me tengo
de afligir, que sea yo tan desventurado que en todo mi arzobispado no
haya quien pueda echar un demonio del cuerpo de una moza,  yo propio la
he exorcizado y no aprovecha ms que si exorcizase  un poste? No me
tengo de afligir? El religioso nuestro le dijo: Suplico  vuestra
seora mande que me la lleven maana  casa; yo la exorcizar, y mal
que la pese la compeler  que me responda en la lengua que yo le
hablare. Hzose as, y otro dia mand llevasen la moza  nuestro
convento, y llamado el padre fray Gil  la capilla de San Hiernimo,
donde estaba la endemoniada fingida, en vindole entrar djole ciertas
palabras afrentosas llamndolo capilludo, qu queria? qu buscaba? El
religioso luego conoci ser fiction y maldad, y al cura que la llevaba,
llamado el padre Valle, dcele: Diga vuestra merced al seor Arzobispo
que esta desvergonzada no tiene demonio, y el que tiene se le han de
sacar del cuerpo con muchos y crudos azotes; y acert en esto, porque
volvindola  su casa no fingi ms el demonio, y se conoci que por
usar de su cuerpo deshonestamente con un hombre fingi aquella maldad y
remaneci preada. En hacer rdenes era muy recatado, como es necesario,
aunque al principio, por haber falta de ministros, no s si orden 
algunos no muy suficientes, pero de buenas costumbres y lenguas, para
que lo que en la sciencia faltaban en las costumbres y buen ejemplo
supliesen. Nunca tract de pedir cuarta  los clrigos de su obispado,
como despues ac se ha pedido y puesto;  las Ordenes la quiso pedir,
empero no sali con ello, y esto creemos lo hizo insistido por los
prebendados, que por otra cosa. Tuvo con ellos algunos recuentros;
presto los fenecia, y no por eso dejaba de comunicarlos y hacerles
cuanto bien podia, y con su prudencia y cristiandad en breve eran
concluidos. Muchas cosas, si de aos atrs fuera mi intento hacer este
breve compendio, se pudieran escrebir; por ventura otros las ternn
notadas, las cuales, si por extenso se hubieran de tractar, requerian un
libro entero; para nuestro intento sea suficiente decir que fu un
prelado en toda virtud consumado, y que la majestad de Nuestro Seor
provea de que los sucesores suyos sean como este ilustrsimo seor;
finalmente, lleno de buenas obras di su nima al Seor, y est
enterrado en Los Reyes, en su hospital, en la capilla mayor, llorado de
todo el reino, pobres y ricos.




CAPITULO III

DEL ILUSTRSIMO MOGROVEJO


Sucedi en la silla arzobispal el ilustrsimo don Toribio Alfonso
Mogrovejo, que al presente loabilsimamente vive; varon consumado en
toda virtud, celossimo de sus ovejas, y en particular de los naturales,
por el bien de los cuales nunca deja de andar visitando su arzobispado
con admirables obras, dignas de ser imitadas. El cual no creo que ha
vivido, en ms de 26 aos que tiene la silla, los tres en la ciudad de
Los Reyes, ocupado en caminos bien speros, confirmando  los nios y
desagraviando  los indios que halla agraviados de los sacerdotes que
entre ellos residen. Es gran limosnero; porque le ha sucedido llegar 
pedir limosna un buen cristiano que en la ciudad de Los Reyes se ocupa
en tener cuidado de buscar de comer, llamado Vicente Martines, para los
pobres, y de acudirles con limosnas de lo que pide desde los Virreyes
abajo, llegar y decirle: Seor, los pobres no tienen que comer, y
librarle buen golpe de plata en don Francisco de Quiones, casado con
una hermana del seor arzobispo, en cuyo poder entran las rentas; y
respondiendo no tener plata, porque se ha dado en limosnas, llegar el
mismo arzobispo y echar mano de la tapiceria y mandar se descuelgue, se
venda y d la plata  los pobres; otras veces mandar sacar las mulas, y
que asimismo se vendan; librrimo de toda avaricia y cobdicia, castsimo
y abstinentsimo; no es amigo de comidas regaladas, ni en los caminos,
donde se requiere algun regalo, por su aspereza y destemplanza, porque
es varon muy preeminente, de mucha oracion y diciplina. Las penas en que
condena  los clrigos descuidados y que su oficio no lo hacen como
deben, las aplica para un colegio que hace en la ciudad de Los Reyes,
que ser cosa principal; con limosnas que ha pedido  todo gnero de
hombres, indios, espaoles, negros, mulatos, ha hecho un monasterio
llamado Sancta Clara, etc. En ordenar es, como se requiere,
escrupulossimo; los interticios se han de guardar al pie de la letra, y
han de pasar los que pretenden ordenarse por examen riguroso de vida,
costumbres y ciencia. Cuando reside en Los Reyes, pocos domingos ni
fiestas deja de se hallar en los oficios divinos, amicsimo de que todos
los domingos del ao haya sermones en todas partes. Con el marqus de
Caete el segundo tuvo no s qu pesadumbres sobre las ceremonias que 
los Virreyes se hacen en la misa, por lo cual huia de venir  la ciudad;
ms queria vivir ausente della en paz, que en ella con pesadumbre;
finalmente, hasta agora hace su oficio como un apstol.




CAPITULO IV

DE LOS REVERENDSIMOS DEL CUZCO


La catedral del Cuzco tambien ha tenido bonsimos prelados. El primero
el reverendsimo fray Juan Solano, de nuestra sagrada religion, el cual,
gobernando don Hurtado de Mendoza, de buena memoria, marqus de Caete,
se fu  Espaa y de all  Roma, donde vivi muchos aos y acab
loablemente en buena vejez, con admirable ejemplo de virtud, haciendo
crecidas limosnas. Sucedile don Sebastian de Lartaum, dotor por Alcal
de Henares, guipuscuano, varon doctsimo y por sus letras nominatsimo
en aquella Universidad, y de all por la buena fama de su cristiandad
fu promovido  esta silla; gran eclesistico, amigo de toda virtud,
temido de los que no la seguian; tuvo muchos trabajos en este reino, en
que Nuestro Seor le ejercit, as con sus prebendados como con otras
personas; empero el mayor fu un falso testimonio que le levantaron,
diciendo que en el Cuzco habia hecho compaia para sacar un tesoro con
el licenciado Gamarra, mdico, y segun fama con el capitan Martin de
Olmos, vecino encomendero de la misma ciudad, del hbito de Santiago;
los cuales todos tres lo[2] sacaron y ocultaron por defraudar al Rey
nuestro seor de su parte y quintos, y cupo  cada uno trecientas y
sesenta y tres cargas y media de oro, el cual se sac en casa (segun
afirmaron) del licenciado Gamarra; esta fama lleg  oidos de don
Francisco de Toledo, Visorrey, y luego envi al Cuzco al licenciado
Paredes, Oidor de la Real Audiencia de Los Reyes, el cual procedi
contra el licenciado Gamarra; prendilo, y  su mujer doa Catalina de
Urbina; diles tormento, y al capitan Martin de Olmos tuvo preso: no
pareci nada. Cmo habia de parecer lo que no era?

  [2] En el ms., _los_.

Al reverendsimo mndanle bajar  Lima, y no pudo hacer otra cosa;
decian que debajo de una torrecilla edificada junto  la escalera de la
casa del licenciado Gamarra, de all lo habian sacado, y por eso la
derribaron, y es cierto que yo me hall en el Cuzco cuando la torrecilla
se cay, por ser el ao de muchas aguas, y entonces no se dijo tal ni
estaba el reverendsimo en el pueblo, y dende  dos aos adelante se
public el falso testimonio; fueron, si no me engao, tres clrigos los
autores desto, y todos tres pararon en mal. El uno, estando preso en un
navio en el puerto del Callao de Lima, se quem, con otras muchas
personas, en l. El otro, saliendo de su casa en un pueblo de indios que
doctrinaba, cay un rayo y lo mat; no habian pasado tres dias que
pasando yo pocas leguas de aquel pueblo por el camino de Potos  Arica,
as lo referian, y as pas. El otro tambien acab en mal, y porque la
honra del dicho seor obispo no perezca, porn aqu lo que al tiempo de
su muerte mand para defensa suya se hiciese, y la sentencia que por el
Concilio provincial de Lima en su favor se di el ao de 83 pasado.

Alonso de Valencia, scrivano pblico de la ciudad de Los Reyes, da fe
cmo ante el reverendsimo de Tucumn, don fray Francisco de Victoria,
de la Orden de Santo Domingo, y ante el mismo Alonso de Valencia, Alonso
Garca Salmern, vicario de Ariquipa, Beltran de Sarabia, Bartolom
Ximenez y Pero Lopez, sacerdotes, el reverendsimo del Cuzco don
Sebastian de Lartaum hizo una declaracion en ocho de octubre del ao de
83, estando enfermo, de la cual enfermedad muri, del tenor siguiente:

Item que por cuanto en el santo Concilio provincial que se celebra en
esta ciudad se han tractado y tractan muchas causas civiles y criminales
de parte de muchas personas contra su seoria reverendsima, y su
seora contra ellos, en defensa de su honra y auctoridad episcopal,
quiere y es su voluntad que las dichas causas se sigan y fenezcan en
cuanto toca  la defensa de su honra y fama, y la difinicion dello
quiere se lleve ante Su Santidad y del Rey nuestro seor, si fuere
necesario, para que conste de su limpieza, y en lo dems, que su seora
perdona de muy buen corazon y voluntad  todas aquellas personas que le
han ofendido  injuriado, por escripto  por palabra,  de otra manera,
por que Dios Nuestro Seor le perdone sus culpas y pecados, y les pide
perdon si los ha injuriado.

Siguironse sus causas despues de muerto, por sus procuradores y partes
contrarias en el dicho Concilio, y finalmente por los seores obispos
jueces nombrados por el Sancto Concilio, conviene  saber, don fray
Francisco de Victoria, obispo de Tucumn; don Alonso Dvalos Granero,
obispo de la ciudad de La Plata; don fray Alonso Guerra, obispo del
Paraguay, por otro nombre del Rio de La Plata, cuya sentencia es la que
se sigue:

Fallamos que la parte del bachiller Sanchez de Renedo, fiscal, no prob
cosa alguna de lo contenido en su acusacion y captulos della, fecha por
la dicha delacion del dicho Diego de Salcedo y puesta contra el dicho
reverendsimo del Cuzco; damos y declaramos su intencion por no probada,
y que el dicho reverendsimo del Cuzco y sus procuradores en su nombre
probaron sus ecepciones y defensiones bien y cumplidamente, y as lo
declaramos; en cuya consecuencia debemos dar y damos al dicho
reverendsimo obispo don Sebastian de Lartaum por libre de todo lo
contra l pedido y acusado en esta causa, y declaramos haber sido
injustamente acusado, por estar inoscente y sin culpa do lo contenido en
los dichos captulos y querellas que le fueron puestos, los cuales
parece haber sido calumniosos, y con odio y enemistad contra l puestos,
y as lo declaramos y damos por libre dellos y de la dicha acusacion,
condenando, como condenamos, al dicho delator y al fiador por l dado en
las costas y gastos por el dicho reverendsimo obispo hechos, cuya
tasacion en nos reservamos por esta nuestra sentencia difinitiva,
etctera.

Dise esta sentencia en Los Reyes,  7 de Noviembre de 83; notificse 
las partes y pregonse en la plaza pblicamente con trompetas en 12 de
Diciembre del dicho ao; fu secretario del Concilio en esta causa
Hernando de Aguilar, sacerdote.

Los seglares que persiguieron al reverendsimo del Cuzco fueron
Francisco de Valverde, que le mat un clrigo en su propia casa; el
dicho Diego de Salcedo, que muri excomulgado, y otro vecino del Cuzco.

Era varon de buenas y loables costumbres; vestido de pontifical parecia
admirablemente de bien; alto de cuerpo, bien proporcionado, con unas
venerabilsimas canas que adornaban mucho el rostro; hablaba cerrado
como si no hobiera estudiado, ni cridose en escuelas, pero en las cosas
de Teologia y lingua latina no se echaba de ver; hizo una ampla limosna
al reverendsimo del Paraguay luego que lleg al Concilio, por ser muy
pobre; acab sus dias en la ciudad de Los Reyes; mandse enterrar en
nuestro convento; disele sepultura junto al altar mayor,  la peana del
altar al lado de la Epstola, porque en el otro lado tiene la suya el
reverendsimo de los Charcas, fray Toms de San Martin, como diremos en
el captulo siguiente; fu su muerte muy sentida, y con mucha razon,
particularmente de la nacion vizcaina.

Sucedile el reverendsimo fray Gregorio de Montalvo, de nuestra sagrada
religion, obispo primero de Yucatan, en los reinos de Mxico, varon
religioso, muy docto, bonsimo predicador, de quien no s qu poder
decir, porque vivi poco y con pesadumbres con sus prebendados. Quin
tenia justicia, no es de mio definirlo; dile Nuestro Seor una
enfermedad trabajossima, que le llev desta vida, como se cree,  gozar
de la eterna.

Al presente acaba de llegar  Los Reyes, venido de Espaa, el
reverendsimo de la Camara y Raya; no le conozco; su fama es mucha de
cristiandad y todo gnero de virtud. Nuestro Seor le conserve por
muchos aos.




CAPITULO V

DE LOS REVERENDSIMOS DE LA PLATA


El primer obispo nombrado para la ciudad de La Plata fu el Regente fray
Toms de San Martin, de nuestra Orden, de quien, tractando en el libro
precedente de nuestro convento de Los Reyes, dijimos alguna cosa; varon
de mucho pecho y valor, muy docto, gran predicador, de bonsimo y
acendrado ingenio, de mucha prudencia, con la cual, despues de
vencido[3] el tirano Gonzalo Pizarro, y repartida la tierra, hallndose
muchos descontentos, por haber quedado sin suerte, de los servidores de
Su Majestad, temindose otra rebelion peor que la pasada, en un
sermon[4] los quiet, dicindoles que lo menos que habia que repartir se
reparti; porque habia tal y tal descubrimiento y conquista, de noticia
y riquezas nunca oidas; que esto se dejaba para los nimos valerosos,
con lo cual y con otras razones quiet los nimos que estaban ya medio
rebelados. No le alcanc, porque cuando llegu  la ciudad de Los Reyes
habia poco era muerto; pero lo que dl se decia es que en el tiempo que
dur la tirania de Gonzalo Pizarro, el cual siempre lo tuvo por
sospechoso, y aun le quiso matar, y despues de llegado  estas partes el
presidente Gasca, andando siempre en el ejrcito de Su Majestad, ms
soldados y capitanes le acompaaban que al Presidente, ni al ilustrsimo
de Los Reyes; tan bien quisto era de todos, y tanto le amaban. Dir lo
que  personas que le oyeron el sermon dijo hablando con el presidente
Gasca en favor de un caballero de Cceres que habia servido bien, y
habia quedado sin suerte; llambase el caballero Mogollon; quejsele que
no le habian gratificado sus servicios, y rogle con el presidente Gasca
fuese parte para ello; prometile hacerlo, y en un sermon que se
ofreci, presente el Presidente, muy  propsito trujo: Agora, seor,
cosa es digna de que nos admiremos que coman todos de mogollon, y que
Mogollon muera de hambre; no es de vuestra seora consentir tal cosa.
Esto fu bastante para que se le diese un repartimiento, creo en
Arequipa, y as fu. Predic  Su Majestad del emperador Carlos V, de
gloriosa memoria, Rey y seor nuestro, en Flandes, domingo, en las
octavas de Nuestra Seora de la Asumpcion, y el dia propio de Nuestra
Seora habia predicado un religioso del serfico Francisco, y hecho una
escalera de doce gradas por donde habia subido Nuestra Seora; dej
admirada  la corte la fama del regente y provincial de las Indias;
adems de la presencia del Emperador y cortesanos, concurri todo el
mundo, y refiriendo en breve las gradas de la escalera que habia traido
el presidente de San Francisco, dijo: pues ms gradas faltaron, y
aadi otras ocho ms, con lo cual todos quedaron pasmados. All le hizo
Su Majestad merced por sus mritos, y porque ms merced merecia, del
obispado de La Plata, dividindolo del Cuzco, de donde se parti para
estas partes, habiendo dado primero larga relacion de todo lo pasado en
la rebelion de Gonzalo Pizarro (fu con el presidente Gasca)  Su
Majestad, y Su Majestad, tenindose por muy servido, le di licencia
para volverse. Lleg  la ciudad de Los Reyes, donde en breves meses di
el nima al Seor y fu enterrado en nuestro convento  iglesia, que
siendo provincial habia hecho, en la capilla mayor, al lado del
Evangelio, con gran sentimiento de toda la ciudad, y mayor de nuestros
religiosos, sin llegar  sentarse en su silla. Todo lo que tenia dej al
convento.

  [3] En el ms., _venido_.
  [4] En el ms., _que los_.

Quedando vaca esta silla, Su Majestad del Rey nuestro seor Filipo II
hizo merced della al padre fray Domingo de Santo Toms, maestro en
sancta Teologia, doctsimo, gran predicador, gran religioso, gran
celador del bien y conversion de los naturales, y no menos de las
conciencias de los espaoles, varon benemrito desta silla y de otra
mayor; debia haber un ao  poco ms habia venido de Espaa, donde
siendo provincial habia ido  un captulo general en que se juntaron
todos los provinciales de la Orden, y con traer recado del General de la
Orden para ser vicario general y visitador suyo, nunca quiso usar deste
poder, ni mostrarlo hasta haber aceptado; vivia en el convento de Lima,
con ttulo solamente de la Universidad que entonces en nuestra casa
estaba, y en las con conclusiones generales, particulares y
conferencias se hallaba y presidia: entonces era yo estudiante de
_Smulas_. Llegadas las bulas y cdulas de Su Majestad, no queria
aceptar, aunque el conde de Nieva y comisarios le daban priesa aceptase;
retrjose  nuestra chcara, que dista de la ciudad una legua pequea;
finalmente, all acept; aunque algunos religiosos nuestros,
particularmente un buen viejo que vivia en Chincha, le persuadia no
aceptase, y finalmente acept, y el propio dia, viniendo de la chcara
al convento acompaado de muchos caballeros y religiosos, en el camino
le di un tan gran dolor de ijada, que llegando  la ciudad, y habiendo
de pasar por el convento de San Augustin, que es donde agora est la
iglesia y parroquia de San Marcelo, no le dej el dolor llegar  nuestro
convento, sino que all se qued hasta que se aplac, y aplacado se vino
 casa. Sabido por el buen viejo en Chincha, escrbele y dcele: Seor,
no persuad  vuestra seoria no aceptase el obispado? Advierta bien 
lo que le sucedi el dia que acept, y sepa que no le han de faltar
grandes trabajos. Parece le fu profeta el buen religioso, porque, como
luego diremos, tuvo muchos, y la orina  ijada le acab. Ello es cierto
que _honores afferunt secum dolores_, que es decir: los cargos traen
consigo muchos trabajos. Acordbase muchas veces el buen obispo de la
carta de su amigo.

Aceptado el cargo, luego le consagr el ilustrsimo y reverendsimo de
Los Reyes con mucha pompa y aparato, donde concurri  la iglesia mayor
todo el pueblo, por ser el primer obispo que en ella se consagraba; hizo
la fiesta y gasto el ilustrsimo de Los Reyes, con mucha magnificencia;
luego se celebr un Concilio provincial; acabado, fuese  su iglesia,
donde fu recibido solemnsimamente, y en el primer pueblo de indios de
su obispado, creo ser Paucarcolla, por el camino de Arequipa, vindolo
sin iglesia, la mand hacer  su costa, con ser los pueblos y indios
ricos, buena, de una nave de adobe, sus portadas de ladrillo; el
enmaderamiento es lo ms costoso, porque se traen de lejos las vigas; no
repar en eso. Llegado  la ciudad de La Paz, el primero pueblo en su
camino de espaoles, di priesa  la labor de la iglesia mayor,  la
cual ayud de su renta un tanto cada ao, aunque no se acab viviendo,
pero despues aos; llegando  la ciudad de La Plata, fu recibido con
gran aplauso de la ciudad  indios de toda la marca, y de los que
vinieron de Potos; ambanle como padre, y visitado su obispado, baj
otra vez  Lima,  otro Concilio provincial, y volviendo  su silla y
llegando  ella dile Nuestro Seor un purgatorio,  por mejor decir
dos: el uno con sus prebendados (no con todos) que yo conoc, no agora
tales como su estado requeria, y favorecidos por la mayor parte de la
Audiencia,  los cuales queriendo corregir no podia. El otro fu el
mayor, pues le acab la vida: una enfermedad, por muchos meses, de ardor
de orina (con ser templadsimo en comer y beber) que en fin le llev 
la sepultura. Dos meses antes que moriese, sintiendo ya se le acercaba
la hora de su partida para el Padre, pidi al padre prior de nuestro
convento, que no est ms que la calle en medio de su casa, le fusemos
all  servir y acompaar cada uno ocho dias, hasta que Nuestro Seor
fu servido de llevarle; fuimos de muy buena gana, donde yo serv las
semanas que me cupieron. El Padre de misericordias que le di aquel
purgatorio le doct de una paciencia admirable, porque todas las veces
que habia de orinar, y eran ms de cuarenta entre noche y dia, cuando
los dolores ms le afligian, y la orina ms le abrasaba, nunca le oimos
decir otra cosa ms de: _Pecavi, Domine; pecavi, Domine_; que es decir:
Seor, pequ; Seor, pequ. Lo cual muchas veces repetia, y descansando
un poco decia: Ah, Seor,  un hombre miserable enfermedad de
caballeros? _Fiat voluntas tua._ Desabrirse con el servicio de su casa,
ni tener la menor impaciencia del mundo si no se acudia tan presto con
lo que pidia, ni por imaginacion. Esto es don de Dios y merced que  los
suyos hace; cuando les da trabajos, los provee de fuerza y virtud para
con alegra llevarlos. Vindose ya cercano  su partida, reconcilise;
confesarse hacialo muchas veces; mand se le trujese el Santsimo
Sacramento; dir lo que le v hacer, y todo el pueblo presente: trjolo
el cura, llamado el padre Prieto, que despues fu religioso de San
Francisco, y acab loablemente en Tucumn; esforzose cuanto pudo, mejor
dir, esforzle Nuestro Seor; levantse de la cama, vistise su hbito
de religioso, el cual nunca mud, con su capa negra. Cerca del altar en
que se habia de poner el Santsimo Sacramento se hinc de rodillas sobre
una alfombra; quisironle poner un cojn; mandlo quitar; psosele un
escabelo corto sobre que se recostase, la enfermedad no le dejaba hacer
otra cosa. Pues como llegase el cura y pusiese el Santsimo Sacramento
sobre el altar, volvise para este gran varon, comenzle  hablar con la
cortesa y reverencia que se debe  un obispo, y djole: no veis,
hermano, que est presente el Seor de los seores, Rey de reyes, Seor
del cielo y de la tierra? no me habeis de tractar sino como  uno de los
del pueblo, delante del Rey no hay seora; y as le di el Santsimo
Sacramento como si fuera el menor del pueblo, con tantas lgrimas de
todos los presentes, cuantas era justo all se derramasen. Poco antes
que expirase recibi el Sacramento de la Extremauncion, y expirando, con
ser un poco moreno de rostro, y la nariz aguilea, pequeo de cuerpo,
qued tan hermoso que parecia otro; era cierto maravilla verle y vestido
de pontifical; parecia vivo. A cosa de su casa ninguno de sus criados
lleg antes ni despues, ms que si estuviera vivo, lo cual pocas veces
suele suceder en las muertes de los obispos, como sucedi en la muerte
de otro que luego diremos.

Dir tambien lo que vimos todos cuantos acompabamos su cuerpo desde su
casa  la iglesia: fu uno de los religiosos que volvi por el bien y
conservacion de los naturales que ha habido en estas partes, y si dijere
que ninguno le lleg, no mentir. Era conocido de todos los curacas y no
curacas del Reino, y como le habian tratado muchas veces tenianle amor.
Sabida en Potos (que dista de la ciudad de La Plata 18 leguas) su
enfermedad, que le iba consumiendo, muchos curacas de los all
residentes le vinieron  ver, y  llorar con l, cuando estaba en la
cama. El dia de su enterramiento, con toda el Audiencia y la ciudad, los
indios se hallaron en su acompaamiento, y dbanse mucha priesa 
llegar al ataud, donde le llevbamos vestido de pontifical,
particularmente en las posas,  las cuales ms de golpe se llegaban; los
espaoles detenanlos, y ellos decian: dejanos ver  nuestro padre, pues
ya no le veremos ms, y no queda quien mire por nosotros; hicironsele
las obsequias debidas, con gran sentimiento de todo el pueblo, y los
cannigos, que no le eran muy aficionados, derramaban abundancia de
lgrimas: Creemos piadosamente que desde su pobre cama, no era rica,
sino casi como de pobre fraile, Nuestro Seor se lo llev al cielo. Todo
el tiempo que vivi, as en la Orden como fuera della, di muestras de
mucha virtud; jams se le conoci vicio notable; de los descuidos
cuotidianos quin se libra de ellos? librrimo de toda cobdicia y
avaricia, y muy observante en los tres votos esenciales, y en las
ceremonias de la Orden; era de mucha prudencia y cordura, y que delante
de los prncipes del mundo podia razonar; humilde en gran manera, amigo
de pobres y limosnero, su renta nunca lleg  8.000 pesos, los cuales,
dejando para su casa gasto moderado, lo dems repartia entre pobres;
fund en la ciudad de La Plata un recogimiento que se llama Santa
Isabel, donde se criaban hijas de hombres buenos, pobres; sustentbalo
con su hacienda; despues que muri creo no se tiene tanto cuidado. Con
ser religioso nuestro, en su testamento no dej ms limosna  nuestro
convento que  los dems. Entre los tres mendicantes mand repartir
igualmente su libreria, que era mucha y muy buena.

Sus casas,  una cuadra de la plaza, buenas, que rentan ms de dos
barras, dej  su iglesia con obligacion de que cada uno el dia de su
enterramiento le digan los prebendados vigilia y misa; no hizo ni fund
mayorazgo alguno, sino,  lo que creemos, en el cielo.

A quien sucedi el reverendsimo don Fernando de Santillan, que fu
Oidor de Lima y Presidente de Quito, donde tuvo muy grandes trabajos y
testimonios falsos que le levantaron; sacle Nuestro Seor dellos y
sublimle  la catedral de La Plata; no lleg  sentarse en su silla,
porque muri en Los Reyes. Su muerte fu bien llorada; no habia un mes
que se habia tomado la posesion del obispado por l, cuando luego lleg
la nueva de su muerte. Varon de grandes prendas y de mucha virtud,
aunque fu primero casado.

A este famoso varon sucedi el reverendsimo Granero de Avalos, clrigo;
no s que dejase memoria de s ms de haber entablado la cuarta funeral
en su obispado, como ya lo est en los dems destos reinos, con lo cual
en breve, y con lo mucho que crecieron las rentas de los diezmos, se
enriqueci mucho. O decir en la ciudad de Guamanga, que tract casar un
sobrino suyo con una hija de un vecino de aquella ciudad, con el cual
ofrecia dar al sobrino 300.000 reales de  ocho; pero, finalmente muri,
y sus criados le desampararon, y vindose morir via le descolgaban la
tapiceria, y dejaban las paredes mondas;  ya que estaba para expirar,
en la cmara le tenian puesto un candelero de plata con una vela, y
lleg uno, no hallando ya otra cosa, le quit y se lo llev ponindole
la candela entre dos medios ladrillos, y desta suerte acab sus dias.
La hacienda no s qu se hizo; ms vale morir pobremente con bendicion
del Seor, que rico y desamparado. Dicen estaba muy mal quisto con sus
prebendados y con otros; por eso se hallaron tan pocos en su casa al
tiempo de su muerte.

Sucedile el reverendsimo fray Alonso de la Cerda, de nuestra sagrada
religion, hijo del convento nuestro de Los Reyes; acab loablemente;
vivi poco en el obispado; varon religioso y ejemplar y limosnero.

Al reverendsimo fray Alonso de la Cerda subcedi el reverendsimo don
Alonso Ramirez de Vergara, varon de grandes prendas y muy docto y muy
galano predicador, limosnero, y que en su iglesia catedral de los
Charcas labr, segun soy informado, dos capillas y las dot con
abundante renta, de quien yo recib y me invi quinientos reales de 
ocho de limosna para ayuda  venir  este reino de Chile al obispado de
la Imperial, que si con ella no me favoreciera, con dificultad viniera 
l. Fu Dios servido de llevarlo casi spitamente con una sangra que
sin discrecion de los mdicos se le hizo. A la hora que esto se escribe
tengo por nueva cierta es promovido  aquel obispado el reverendsimo de
Quito, de quien arriba tenemos hecha mencion.




CAPITULO VI

DE LOS REVERENDSIMOS DE TUCUMN Y PARAGUAY  RIO DE LA PLATA


La provincia de Tucumn, con distar muy lejos del obispado de los
Charcas por ms de 200 leguas, las ms despobladas (como tractaremos
adelante), era del obispado de los Charcas; dividise habr treinta
aos, poco ms  menos. El primer obispo fu don fray Francisco de
Victoria, de nacion portugus, hijo de nuestro convento de la ciudad de
Los Reyes, en el Pir, donde fuimos novicios juntos; varon docto y
agudo; fuese  Espaa, donde muri en Corte, y hizo heredero  la
majestad del Rey Filipo Segundo, de mucha hacienda que llev, y
loablemente lo hizo as.

Sucedile el reverendsimo don fray Francisco Trejo, que agora reside en
su silla y resida por muchos aos.

De los reverendsimos del Paraguay,  Rio de la Plata, despues que el
reverendsimo fray Alonso Guerra sali de aquel obispado promovido 
otro en el reino de Mxico, como dijimos arriba, no s cosa en
particular que tractar, ms que le sucedi el reverendsimo Liao, varon
apostlico y de grandes virtudes; fu Nuestro Seor servido llevarlo
para s dentro de pocos aos despues que lleg  su obispado;  quien
sucedi el reverendsimo don fray Ignacio de Loyola, fraile descalzo,
que hasta agora lo gobierna loablemente.




CAPITULO VII

DE EL LICENCIADO VACA DE CASTRO, BLASCO NUEZ VELA Y DON ANTONIO DE
MENDOZA


Habiendo brevemente tractado, no conforme  las calidades de las
personas, de los reverendsimos obispos  ilustrsimos arzobispos deste
reino, por no quedar cortos, con la brevedad que ms pudiremos
tractar, y con toda verdad, sin gnero de adulacion ni malevolencia, de
los Virreyes que he conocido en estos reinos de cincuenta[5] aos  esta
parte, y tomando un poco atrs la corrida.

  [5] Tachado: _cuarenta_.

El primero que los gobern despues de la muerte del marqus de Pizarro,
por Su Majestad, fu el licenciado Vaca de Castro, el cual, cuanto al
gobierno de los indios y de los espaoles, lo que dl se tracta fu buen
gobernador, porque desembarc en la Buena Ventura, y de all atravesando
la gobernacion de Belalcazar vino  la ciudad de Los Reyes; vi la
tierra y calidad della y de los indios, que es gran negocio y principio
para acertar  gobernar; hall alterado  don Diego de Almagro, y
tiranizado el reino; junt campo contra l, habindole primero requerido
se redujese al servicio de su rey; dile batalla campal en Chupas, legua
y media de Guamanga, donde le venci y cort la cabeza como  traidor;
allan la tierra, hizo ordenanzas buenas, conforme al tiempo, para los
indios y espaoles, principalmente mandando que para el servicio de los
tambos, y aderezarlos, sirviesen los mismos que el Inga tenia sealados;
estas ordenanzas se guardaron algunos aos; ya no hay memoria dellas.

Sucedile el Visorrey Blasco Nuez Vela, que luego le prendi  puso en
un navio en el puerto del Callao; de all fu  Espaa, donde muchos
dias y aos estuvo preso; la causa no s, mas despues sali de all y
fu presidente del Consejo de Indias.

Blasco Nuez Vela, por no moderar su condicion y dejar las cosas para su
tiempo, perdi en la batalla de Quito la vida, y puso el reino en riesgo
de que perptuamente se apartase de la corona de Castilla. Es suma
prudencia en un Rey y en un Virrey disimular cuando no se puede hacer
otra cosa, so pena que se recrecern gravsimos males, irremediables por
fuerzas humanas; desto en las divinas Escripturas leemos una prudencia
digna de ser imitada, y para esto se puso y escribi por rden del mismo
Dios, en David, el cual, no se hallando poderoso para castigar  su
sobrino y capitan general Joab la muerte de dos capitanes generales que
habia cometido, Abner, hijo de Ner, y Amasa, disimul con l, y el
castigo cometi  su hijo Salomn, el cual hzolo por superior mandado,
y aunque David dilat el castigo, no por eso le reprehende la
Escriptura. No es inconveniente seguir el tiempo que pide el tiempo.

Al Virrey Blasco Nuez Vela sucedi el prudentsimo y bonsimo Visorrey
don Antonio de Mendoza, primero Visorrey de Mjico; el cual, por venir
muy enfermo, y acabar presto sus dias en este reino, no s cosa notable
que dl se pueda tractar, sino que as enfermo y tendido en la cama era
temido y amado de los espaoles y naturales.




CAPITULO VIII

DEL MARQUS DE CAETE


Al Visorrey don Antonio de Mendoza sucedi don Andrs Hurtado de
Mendoza, marqus de Caete, cuya memoria permanece con alabanza
perptua; varon realmente de muchas y admirables virtudes, dignas de ser
imitadas de todos sus subcesores, y alabadas de los historiadores, y
puestas sobre las nubes, pues para tractar dellas se requeria otro
talento qu'el mio, y facundia ms aventajada; por lo cual confieso ser
atrevimiento mio, criado (puedo decir) en estas remotas partes,  quien
lenguaje y rden de escribir le falta, que ni he visto cortes de Reyes
ni prncipes, ponerme  escribir lo que otros, hacindome grandes
ventajas, han reusado; mas viendo que no era decente que sus virtudes y
hechos en el rio del olvido quedasen anegados, en breve escribir lo que
todo este reino de su gran cristiandad experiment, nimo generossimo,
entraas ms que de padre para los pobres, afabilidad para los humildes
y pecho para rebatir los nimos soberbios, y finalmente, mereci ser
llamado padre de la patria.

Parti de Espaa el ao de 56, y llegando con buen tiempo  Tierra
Firme, hall en ella muchas cartas de la Audiencia de Los Reyes, en que
le avisaban que don Pedro Luis de Cabrera, vecino del Cuzco, se habia
retirado medio casi rebelado  la ciudad de San Miguel de Piura,
teniendo en su compaia algunos de los notablemente culpados en la
rebelion y tirania de Francisco Hernandez Giron, uno  dos de los cuales
habian sido sus capitanes, por lo cual viese lo que convenia ser hecho;
y porque se entienda lo que vamos tractando, don Pedro Luis de Cabrera,
caballero conocido, natural de Sevilla, era vecino (como dijimos) del
Cuzco, y de muy buen repartimiento; concluida la guerra de Francisco
Hernandez, y tirania, donde sirvi muy bien, bajando  Lima no s con
qu ocasion, con alguno  con todos de los Oidores se desabri, por
ventura por la compaia que sustentaba, y desabrido se vino con los
suyos  Trujillo, de Trujillo  Piura, donde muchas veces fu requerido
por la Audiencia de Los Reyes despidiese aquellos traidores; si no,
procederian contra l.

El Audiencia por entonces no era poderosa contra don Pedro de Cabrera,
por no alborotar la tierra, porque los nimos de los que en la guerra
habian servido  su costa, hallndose pobres y sin remedio de que se les
gratificasen sus servicios, no sabiendo quin era proveido por Virrey, y
no lo esperando tan presto, descomedanse, y aun hacian algunas befas, y
hobo dia que muchos destos pretensores juntos se fueron al acuerdo donde
los Oidores estaban,  pedirles les diesen de comer, con no poco
descomedimiento; bastante fu ir junctos  esto; de suerte que por ver 
la tierra en la condicion y estado referido, los seores de la Audiencia
sufrian ms de lo que en otro tiempo no sufrieran.

Don Pedro de Cabrera hacia poco caso destos requerimientos  cartas, ni
despedia la compaa de traidores; ya dije no eran todos. Despach el
Audiencia al factor Bernardino de Romani, hombre de pecho, y prudente;
pero no se atreviendo  ejecutar lo mandado, ni llegar donde don Pedro
de Cabrera estaba, se volvi  Los Reyes. Luego la Audiencia, temiendo
alguna rebelion, despach al licenciado Hernando de Santillan, Oidor,
que despues fu Presidente de Quito y obispo de la ciudad de La Plata,
contra don Pedro de Cabrera, con copia de criados, porque ruido de armas
no convenia, porque la tierra no se alborotase si con soldados y armas
descubiertas le despachara, para que le redujese, y si fuese necesario
prendiese, y preso lo trujese  Los Reyes; sabido esto por don Pedro de
Cabrera, salise de Piura con toda su gente y di la vuelta sobre la
isla de la Puna, donde se hizo como fuerte y estaba como medio
encastillado; por lo cual el licenciado Santillan se qued en Piura, no
pasando ms adelante, casi como en frontera, para que si don Pedro se
desmandase le pudiese refrenar. Vistas, pues, estas cartas por el
Marqus, ignorando que don Pedro estaba en la Puna, despach luego de
Tierra Firme  un caballero de su casa, don Francisco de Mendoza,
nobilsimo caballero, deudo suyo, muy discreto y no menos gentil
hombre, con cartas para don Pedro de Cabrera, regaladas y discretas (yo
las vi y le en Tmbez), en que le mandaba que, recibidas, se partiese
luego para Los Reyes y all le aguardase, porque no pensaba desembarcar
en ningun puerto hasta llegar al del Callao, adonde le veria, porque
traia rden de Su Majestad el emperador Carlos Quinto, de gloriosa
memoria, de tenerle muy cerca de s, de quien se habia de informar del
estado de todo el reino, y con su parecer hiciese merced  los
benemritos. Lleg don Francisco  Paita, y sabiendo don Pedro se habia
retirado de Piura para la Puna, despach luego las cartas del Marqus
con un criado suyo, las cuales recibidas, con gran alegra se embarc
con aquellos capitanes y soldados en balsas, para la playa de Tmbez,
adonde llegando en dos dias y aun ante se desembarc con todos ellos,
confiadsimo que el Marqus habia de hacer muchas mercedes  los que
traia consigo.

Llegado  Tmbez, luego se parti para Trujillo; perdise en el camino
antes de llegar  Piura, adonde Nuestro Seor le provey de un aguacero;
si no, pereciera de sed, y los suyos,  porque olieron el poste  porque
fueron mejor aconsejados, desde Piura cada uno tir para su parte, que
nunca ms se vieron; lleg  Trujillo y luego cay en la cama
indispuesto.




CAPITULO IX

DEL MARQUS DE CAETE


El marqus de Caete, embarcndose en Panam con su casa mucha y muy
buena, y con muchos caballeros pobres que salieron de Espaa con el
Adelantado Alderete para Chile, el cual muriendo en la isla de Perico 
Taboga, los dej pobres y desamparados; mas el buen Marqus los recogi
y  la mayor parte dellos recibi en su casa;  los dems di pasaje.
Con prspero viento, en el navio de Baltasar Rodrigues, en breves dias
(era tiempo de brisas) lleg  Paita, y de all, prosiguiendo su viaje,
con la intencion dicha, de no desembarcar en puerto hasta el Callao,
enfadado de la navegacion, salt en tierra en un puerto no seguro,
conforme  su nombre, llamado Mal Abrigo, diez leguas ms abajo de la
ciudad de Trujillo, adonde no hall ni habia recado, ni para el Marqus
ni para sus criados, sino fu un asnillo, el cual le aderezaron lo mejor
que pudieron sus criados, y en l vino hasta un poblezuelo tres leguas
de all,  poco menos, llamado Llicapa, de la encomienda de un vecino de
Trujillo, llamado Francisco de Fuentes, de donde ya con todo recado
lleg al valle de Chicama, dos leguas de camino, donde le aposentaron en
el ingenio del capitan Diego de Mora. En breve tiempo, desembarcado el
Marqus en Mal Abrigo, se supo la nueva en Trujillo, donde  la sazon le
estaban aguardando muchos caballeros y capitanes de Su Majestad que en
la guerra contra Francisco Hernandez le habian servido, gastados della,
 para comer tambien all habian venido, entre ellos, el general Pablo
de Meneses, aunque no habia venido sino  besar las manos al Virrey que
viniese y  darle noticia del estado del Reino; de Hunuco,  lo menos
de Chachapoyas, habian venido vecinos y capitanes  lo mismo; todos
estos caballeros, capitanes y vecinos de Trujillo, sabida la nueva,
luego vinieron  Chicama, donde le besaron las manos y fueron del
Marqus muy alegre y benignamente recibidos.

Don Francisco de Mendoza, que dijimos haber venido despachado por el
Marqus para don Pedro de Cabrera, llegando  Piura hizo no s qu
liviandad de caballero gentil hombre y cortesano, la cual en
desembarcando el Marqus se la dijeron; sintilo mucho, y luego propuso
de lo embarcar para Espaa, y lo tract  amenaz lo habia de hacer. Su
hijo don Garca de Mendoza, caballero de 22 aos, de grandes esperanzas,
all en Chicama una noche, andndose paseando el Marqus por una sala,
con no poca pesadumbre de lo sucedido[6], en pie, en cuerpo, la gorra
quitada, suplicbale templase aquel rigor y no embarcase  don Francisco
de Mendoza, ejecutando la primera justicia en un deudo y caballero de su
casa, representndole lo que le habia servido en mar y tierra;  lo cual
el cristiansimo Marqus le respondi, oyndolo todos aquellos
caballeros que esperaban la resolucion y deseaban se quedase en la
tierra don Francisco de Mendoza, el cual ya les tenia con su tracto
cortesano y nobilsimo ganadas las voluntades, dijo: Por vida de la
marquesa, que si como don Francisco hizo esta villana la hicieras t,
del primer rbol te dejara ahorcado. No traigo yo hijos, deudos ni
criados, para que agravien al menor indio del mundo, cuanto menos 
ningun hombre honrado y vecino, sino para que los sirvan, agasajen y
honren. A estas palabras no se atrevi su hijo  replicarle ms, y todos
aquellos caballeros quedaron muy tristes y entendieron el pecho
cristiano que el Marqus traia, y que no se habian de burlar con l.
Todo esto y lo que se sigue vi con mis ojos.

  [6] Tachado: _Don Garca_.




CAPITULO X

EL MARQUS LLEGA  TRUJILLO


Aqu en Chicama fu servido el Marqus con todo el regalo posible,
porque as lo mand doa Ana de Valverde, mujer que fu del capitan
Diego de Mora, en cuyo ingenio fu hospedado (como habemos dicho) con
gran abundancia y todos que iban y venian; de donde parti para la
ciudad de Trujillo, cinco leguas de camino, en la cual fu recibido con
mucha alegra y gasto de aquellos vejazos vecinos, en palio. Entr en un
caballo blanco que le di la ciudad y lo compr el comendador Melchior
Verdugo, vecino de aquella ciudad. Trujo mucha casa: un mayordomo
mayor, hombre muy principal, de mucho gobierno, de pocas palabras, pero
muy discretas y graves, llamado Diego de Montoya; cuatro mestresalas;
dos capellanes, y luego recibi en su servicio otro, un hermano mio,
llamado Juan de Ovando; dos caballerizos, mayor y menor; muchos pajes y
lacayos, y su guarda con su capitan; tanta y tan buena casa, que ningun
Visorrey la ha traido tal, harta ni abastada. Fuese  posar  las casas
del Capitan Diego de Mora, donde fu servido como era justo se sirviera
un varon y seor de tanto valor y nimo. Prestlo all doa Ana de
Valverde 12.000 pesos ensayados para su gasto; volviselos de la
Audiencia de los Reyes en oro. En llegando, la primera cosa que hizo fu
mandar embarcar  don Francisco de Mendoza en un navio que acert 
estar en el puerto, para le llevar  Tierra Firme y se volviese 
Espaa, con lo cual los nimos soberbios comenzaron  humillarse y 
temer.

Entre otros capitanes y caballeros pobres gastados de la guerra que
habian bajado  Trujillo  matar la hambre, baj el capitan Rodrigo
Nio, caballero pobre y adeudado de los gastos de la guerra, el cual 
la sazon estaba en la cama enfermo, que no tenia sobre qu caer muerto,
en casa de doa Isabel Justiniano, seora principal, que movida de
caridad le regalaba en su casa y curaba. El cual as enfermo, dicindole
y pidindole albricias, que ya el Marqus habia desembarcado en la
tierra y costa del Per, pregunt que dnde; respondironle en Mal
Abrigo; entonces dijo: Ms quisiera desembarcara quinientas leguas ms
abajo, porque quien desembarca en Mal Abrigo no nos puede abrigar bien;
mas engase dicindolo, porque luego que el piadossimo Marqus supo
estaba enfermo, y sus servicios, le envi con un paje 1.500 pesos
ensayados, para su enfermedad, animndole  que procurase[7] su salud,
que dndosela Dios, en nombre de Su Majestad le haria merced, como se la
hizo dndole 5.000 pesos de renta, y no los quiso; mand el Visorrey al
paje no recibiese un grano del capitan Rodrigo Nio; vuelto el paje y
dada la respuesta, preguntole: qu te pas con el capitan? respondile:
seor, porfi mucho conmigo que tomase las barras para calzas, y como
llevaba rden de Vuestra Excelencia que no recibiese un grano, no las
quise recibir. Entonces dijo el Marqus: es posible que un hombre que
no tiene un grano de plata, tenga tanto nimo? quin ha de hartar los
nimos de los hombres deste Per? y quien esto hacia con el capitan
Rodrigo Nio, no le queria abrigar mal. O decir que el Marqus en
Espaa era tenido por escaso.

  [7] En el ms., _procurando_.

No se puede creer, por la liberalidad que mostr en estos reinos en
todas sus cosas, siendo, como es as, verdadero refran que los que pasan
la mar mudan los aires y no los nimos; que es decir: mdanse de un
reino  otro, de una region  otra, pero no mudan sus inclinaciones
naturales. En esta ciudad se detuvo casi un mes, en el cual tiempo
muchas veces enviaba  visitar  don Pedro de Cabrera, el cual, como
dijimos, llegado  ella enferm, y don Pedro deseaba mucho la salud, por
besar las manos al Marqus, pensando habia de destruir  todos los
Oidores, segun tenia contra ellos cosas verdaderas  fingidas, y
fingidas debian ser, porque los Oidores de aquella sazon eran varones
muy libres y enteros de lo que  algunos suelen infamar. Ya que estuvo
con salud, envi pedir licencia al Marqus para le besar las manos.

Envale  su capitan de la guardia con cuatro alabarderos y una mula
para que lo lleve al puerto y lo embarque en el navio donde estaba
embarcado don Francisco de Mendoza, y de all lo lleven  Tierra Firme,
y dende  Espaa, como se hizo. Fu justsimo embarcarle, con que admir
 muchos y soseg  otros.

Cuando lleg  esta ciudad, la justicia tenia preso  un vecino della,
llamado Lizcano, por sospecha que habia hecho un libelo infamatorio,
contra el cual hobo algunos indicios, los cuales si se le probaran
corriera riesgo de la vida, como lo merecen semejantes malos hombres y
peores cristianos; no se le prob. El Marqus muy buenos, s los
mostraba, de le mandar justiciar; mandlo desterrar  Espaa, y
embarcronle en el mismo navio.

Hicironse muchas fiestas de toros y caas, y el Marqus, como
aficionado  caballos y ejercicio dellos, los domingos y fiestas salia 
caballo y hallbase en la carrera; hzosele all un picon gracioso.

En la ciudad vivia Salvador Vazquez, muy buen hombre de  caballo de
ambas sillas, pero de la jineta mejor; tenia bonsimos caballos hechos
de su mano; un dia en la carrera tract con el general Pablo de
Meneses, y comendador mayor Verdugo, de hacer el picon, y puesto en ella
parte con su caballo, y ya se le caa la capa, ya la gorra, ya estaba en
las ancas del caballo, ya en el pescuezo; finalmente, par, y fnjese
muy enojado, y vuelve  pasar delante del Marqus. Cuando emparej
djole el Marqus: bueno est, seor, no os pongais en ms riesgo; la
culpa fu del caballo; no paseis adelante, por mi vida. Salvador
Vazquez, responde: suplico  Vuestra Excelencia sea servido darme
licencia para pasar otra vez la carrera, porque estoy corrido y
afrentado que este caballo delante de Vuestra Excelencia haya hecho
tantos desdenes y  m caer en una falta semejante.

Los que sabian el caso suplicaron al Marqus lo dejase volver  pasar la
carrera; consintilo, y puesto en ella, parte Salvador Vazquez con su
caballo como un gamo, y antes de parar el caballo hecha mano  la capa y
espada, y desnuda, jug della muy bien, y torn  ponerla en la vaina y
su capa en su lugar. El buen Marqus recibi mucho gusto y dijo
rindose: Bueno ha estado el picon; yo me he holgado de ver la segunda
carrera, porque delante del prncipe nuestro seor se pudiera hacer.




CAPITULO XI

PARTE EL MARQUS DE TRUJILLO


Parti desta ciudad de Trujillo para la de Los Reyes en un machuelo bayo
que trujo desde Tierra Firme, en el cual, llegando al rio de Sancta, en
todo tiempo grande y pedregoso, lo pas  vado por ms que le suplicaron
tomase un caballo, y en el mismo vade el de la Barranca, que es el ms
raudo, mayor y de ms piedras de todos los Llanos.

Al valle de Guarmey, que es la mitad del camino, le sali  besar las
manos don Pedro Portocarrero, vecino del Cuzco, maese de campo en la
guerra contra Francisco Hernandez, el cual fu haciendo la costa al
Marqus con mucha abundancia, trayendo lo necesario en sus camellos y
mulas, hasta la ciudad de Los Reyes, y abajando  la sierra de la Arena,
seis leguas de Los Reyes, en un arenal hizo banquete general  yentes y
vinientes, y otro aparte para el Marqus, con bastante agua fria para
todos, que es el mayor regalo, porque all ni callente la hay; ramadas
hechas, debajo de las cuales se pusieron las mesas; llegando  tambo
Blanco, que es en el valle de Chancay, nueve leguas de Los Reyes, le
salieron  besar las manos los criados que habian sido del Visorrey don
Antonio de Mendoza, su mayordomo mayor, Gil Ramirez Dvalos, y el
secretario, Juan Muoz Rico, y otros, y algunos vecinos de Los Reyes.
Conociendo el Marqus la suficiencia de Juan Muoz Rico, le mand
sirviese en el mismo oficio que habia servido al Visorrey don Antonio de
Mendoza. Podia servir en aquel oficio al gran monarca Carlos Quinto, lo
cual Juan Muoz Rico hizo en el tiempo que vivi con toda la fidelidad
que el oficio requiere; empero no vivi tres aos y muri sbitamente.
Llegando  media legua de la ciudad,  poco menos,  una chcara  via
de Hernando Montegro, vecino della, de los antiguos conquistadores,
adonde le tenia aderezada la casa como se requeria, aqu se detuvo hasta
el dia de San Pedro, que debieron ser dos dias, mientras la ciudad
acababa lo necesario  su recebimiento. Antes de llegar  esta via, los
vecinos viejos le hicieron una escaramuza  la jineta en un bosquecillo
que habia antes de llegar  la via; holg mucho el Marqus de verla y
dijo: As, esto hay por ac? esto hay por ac? galansimamente han
escaramuzado; casi parecia de veras. Luego se hizo un combate de un
castillo por infanteria, los infantes muy bien derezados, la cual
acabada entr en la via y estuvo el tiempo que habemos dicho.




CAPITULO XII

ENTRA EL MARQUS EN LOS REYES


Dia de San Pedro parti desta via despues de comer, y llegando  la
ciudad fu recibido de la Audiencia y de toda ella debajo de palio, en
un bonsimo caballo muy ricamente aderezado, los regidores llevando las
varas, y dos de los ms antiguos el caballo de diestro, con sus ropas
rozagantes de terciopelo carmes, gorras de lo mismo bien aderezadas y
cadenas riqusimas de oro, con gran alegra de todo el pueblo, como
aquel que se esperaba ser padre de la patria, como lo fu; delante del
cual marchaba un escuadron de infanteria, el que hizo la escaramuza, con
diferentes vestidos; desta suerte lleg  la iglesia mayor, donde el
Dean y Cabildo della con toda la clerecia le recibi con la cruz alta,
cantando: _Te Deum, laudamus_, y hecha oracion y la ceremonia
acostumbrada, di la vuelta para las casas llamadas de Antonio de
Ribera,  una esquina de la plaza, las ms cmodas para le aposentar,
porque no estn de las casas Reales ms que una calle en medio, y 
ellas se pasa por un pasadizo de madera, donde fu aposentado. Dende 
pocos meses llegaron los procuradores de las ciudades, los ms
principales vecinos dellas, con mucho aparato de gasto de casa y
criados, y luego tract de reformar el reino. Envi por corregidor del
Cuzco al licenciado Muoz, que trujo consigo de Espaa, hombre docto en
su facultad, el cual cort las cabezas  los capitanes Toms Vazquez y 
Piedrahita, y  otros vecinos, porque fueron los principales en la
tirania de Francisco Hernandez Giron. Esto hizo por rden del Marqus, y
el Marqus por rden del Emperador Carlos Quinto, de gloriosa memoria,
que le mand que  los que hobiesen sido cabezas, despachase.

Estos vecinos y capitanes siempre anduvieron con Francisco Hernandez
hasta que fu desbaratado en Pucara, como dijimos; pero vindose
perdidos y sin cabeza, se vinieron al campo de Su Majestad, y los
Oidores les perdonaron, volvieron sus indios y haciendas, y los hijos
las tienen hoy dia por los padres, mas ellos se quedaron justiciados; si
justamente, otros lo juzguen.

En este tiempo tambien mand ahorcar  Pavia, por traidor, que habia
sido criado del Visorrey don Antonio de Mendoza, el cual fiando en
esto,  en no s qu, se andaba paseando por la ciudad, y con avisar el
Marqus  los criados de don Antonio le dijesen se le quitase delante
los ojos, avisado no lo quiso hacer, antes un dia principal pas la
carrera delante del Marqus, el cual enfadado de tanto desacato le mand
prender y justiciar, y porque entendi habia de ser muy importunado le
otorgase la vida, el dia que le ahorcaron se sali de la ciudad muy de
maana; debia la muerte bien debida, porque no se redujo al servicio de
Su Majestad hasta ver desbaratado de todo punto en Pucara  Francisco
Hernandez; he dicho esto porque algunos tuvieron por riguroso al Marqus
por la muerte de Pavia.




CAPITULO XIII

El MARQUS HIZO PERDON GENERAL


Dia de Sant Andrs adelante se celebraron fiestas en la ciudad, con una
sortija y muy costosas libreas; los ms principales del reino corrieron;
hallse presente el Marqus, y di perdon general  los culpables en la
tirania de Francisco Hernandez, si no fueron aquellos cuyas causas
estaban pendientes y presos, entre los cuales en la crcel de Corte
habia algunos, no llegaban  veinte;  stos, porque el Marqus era
humansimo y nada amigo de derramar sangre, los conden  que
aherrojados con grillos trabajasen en la labor de la puente que mand
hacer en el rio desta ciudad, como arriba tractamos; mas trabajaron
pocos meses, algunos de los cuales, teniendo amigos conocidos 
conterrneos mercaderes, se encomendaron que les pidiesen limosna y
comprasen negros, y por ellos los diesen al Marqus; hicironlo as los
mercaderes (era mucha lstima ver aquellos miserables cargar ladrillo y
mescla, aherrojados); furonse al Marqus y dcenle: Seor, vuestra
excelencia tiene condenado, y justsamente,  fulano  que trabaje en la
puente, como trabaja; vuestra excelencia sea servido recibir un esclavo
negro que traemos[8] por l, y desterrarlo  hacer lo que vuestra
excelencia fuere servido; el negro ofrecemos  vuestra excelencia para
que perptuamente sirva como lo es, y despues de acabada la puente
aplquelo vuestra excelencia  quien fuere servido. El Marqus holg
extraamente con la merced que se le pedia, y alables el hecho, porque
ya sus entraas no sufrian ver espaoles en estos reinos trabajar
aherrojados como esclavos en la puente con indios y negros; concedi lo
pedido, y uno desta manera libre, los dems as se libertaron,  los
cuales desterr del reino, y embarc, unos para Mxico, otros para el
reino de Tierra Firme; furonse y no volvieron ms. Los negros creo se
aplicaron para la ciudad. Despues desto, porque el capitan Martin de
Robles, suegro del general Pablo de Meneses, se descomidi (segun dicen)
 decir que el Virrey venia mal criado y era necesario bajar  Los Reyes
 ponerle crianza, mand por una carta al licenciado Altamirano, Oidor
de la Audiencia,  quien habia hecho corregidor de la ciudad de La Plata
y Potos (entonces este corregimiento, como agora, era uno) que hiciese
justicia dl. Prendilo y ahorclo; que fuese justamente justiciado 
no, no es de mio juzgarlo;  lo menos, las palabras fueron
demasiadamente descomedidas (no digamos desvergonzadas), porque sabian 
rebelion, y por ellas y por otras que se escribian al Marqus,
librrimas, mand lo referido. Era el capitan Martin de Robles (no le
conoc) hombre que se picaba de gracioso y decidor y no perdonaba por un
buen dicho (as lo llamaba el vulgo necio, siendo mal dicho y
pernicioso) ni  su mujer ni  otro, y por eso, por donde pec pag. Era
fama en Los Reyes que el Marqus, enfadado desto, decia al general Pablo
de Meneses, yerno de Martin de Robles: escribid  vuestro suegro venga 
esta ciudad; pero que el general Pablo de Meneses le escribiese,  no,
no lo s;  lo menos del nimo generossimo del Marqus se collige que
si bajara, no muriera como muri. Fu su muerte en Potos, donde  la
sazon estaba.

  [8] En el ms., _atraemos_.




CAPITULO XIV

CMO PROVEY POR GOBERNADOR DE CHILE  SU HIJO DON GARCIA DE MENDOZA


Hecho esto, luego determin remediar el reino de Chile, porque dems de
la guerra con los indios araucanos, que se habian rebelado y muerto al
gobernador don Pedro de Valdivia, entre dos capitanes, Francisco de
Aguirre y Francisco de Villagrn, habia disensiones sobre el gobierno,
cada uno pretendindolo para s: por lo cual nombr por capitan general
 su hijo don Garca de Mendoza que consigo trujo, de 23  24 aos, de
grandes esperanzas, como las ha cumplido, y diremos cuando de su
gobierno en estos reinos tractaremos; con quien fueron muchos y muy
buenos soldados, viejos y bisoos, y caballeros principales desta
tierra, con los cuales y con el favor de Nuestro Seor en breve redujo
al servicio de la corona Real los indios rebelados; repartilos y dej
el reino tan llano como este del Per, y porque esta historia en la
_Araucana_ de don Alonso de Ercilla se puede ver, desto no ms.

Compuesto el reino y gozando de mucha paz, tract de hacer mercedes 
los benemritos, as capitanes como soldados principales, que en la
tirania de Francisco Hernandez habian servido  Su Majestad gastando lo
poco que tenian y de sus amigos, como fueron los capitanes Diego Lopez
de Ziga, Rodrigo Nio (de quien dijimos), Juan Maldonado de Buendia, y
otros bravos y famosos soldados,  los cuales llamndoles y hacindoles
su razonamiento, con esperanzas de les acrecentar las mercedes, les daba
 uno 7.000 pesos ensayados por dos vidas,  otros cinco,  otros
cuatro,  los soldados,  dos mil pesos, porque la tierra no sufria ms
por entonces, no habia repartimientos vacios: empero ellos, no usando de
la cordura que se requeria, no quisieron recebir la merced que se les
hacia, y dijeron les diese de comer conforme  sus mritos, y si en
breve relacion se ha de tractar verdad, y en larga, otros mritos no
tenian ms de haber servido de capitanes, porque hacienda no tenian
mucha; pues experiencia de guerra, no creo ninguno dellos habria servido
en Italia, y por eso dijo Martin de Robles: Malograda de la madre que
este ao no tuviese hijo capitan; y en esta guerra contra Francisco
Hernandez, ninguno derram gota de sangre, porque con l nunca llegaron
 las manos, y cuando Francisco Hernandez se desbarat y perdi, como
referimos, no hobo quien contra los traidores echase mano  la espada;
de suerte que muy bien pagados eran los unos y los otros, y yo s que se
arrepintieron ms de seiscientas veces por no haber admitido las
mercedes que en nombre de Su Majestad el buen Marqus les hacia.

El cual, oyendo la respuesta, no tan prudente ni humilde como era justo,
les respondi: en hora buena, yo os dar muy bien de comer; los cuales
despedidos, luego llam  su mayordomo Diego de Montoya y dcele: Maana
han de comer conmigo los capitanes; adercese bien de comer: hzose as,
convidlos  comer; comieron esplndidamente; empero tvoles aparejadas
mulas y su guardia, con el capitan de ella, y embarclos  Espaa,
dicindoles que Su Majestad les daria de comer all, porque tenia mucha
necesidad dellos para la guerra de San Quintn, donde el rey nuestro
seor, entonces prncipe, estaba ocupado; diles cartas de
recomendacion, alabndoles de valientes, y suplicando les gratificase
conforme  sus servicios; diles alguna plata para el camino,  unos
ms,  otros menos: naipes y cintas para que jugasen en la mar, y
encomend los llevase  Espaa el capitan Gomez Zeron, el cual, en la
mar, antes de llegar  Tierra Firme, ahorc  uno de los soldados
embarcados, llamado fulano Chacon, bravato y de muy buena presumpcion,
porque le quiso matar, y si le acertara de lleno, acabrale. Destos
capitanes y soldados ninguno volvi  casa, si no fu el capitan Diego
Lopez de Ziga, y el capitan Juan Maldonado de Buendia; el primero
muri pobre y ningun Visorrey le hizo merced, ni pudo cumplir las
cdulas de Su Majestad en que mandaba se les hiciese, por no haber vacos
indios; el otro volvi casado y pobre,  yo le vi en Los Reyes, y toda
la ciudad, padecer gran necesidad; agora vive en el Cuzco, creo con
3.000 pesos de situacion; los cuales si recibieran la merced que el
Marqus les hacia agora cuarenta aos, hobieran della gozado todo este
tiempo y murieran ricos; empero la imprudencia no puede ser causa de
sosiego.




CAPITULO XV

NOMBR EL MARQUS GENTILES HOMBRES LANZAS Y ARCABUCES


Embarcados estos no muy prudentes capitanes y soldados, no con poco
asombro de la ciudad, para enfrenar y sosegar la soberbia de los
soldados de la necia valentona, y para gratificar  otros ms cuerdos, y
visto lo que pasaba, se humillaban, instituy cien gentiles hombres,
que llam lanzas, con 1.000 pesos ensayados cada ao, con su capitan
general y alferez. Por capitan nombr  don Pedro de Crdoba, caballero
muy principal y discreto, del hbito de Santiago, deudo suyo, que con el
Marqus vino de Espaa, con 5.000 pesos ensayados; alferez fu nombrado
Muoz Dvila, vecino de Los Reyes, de poca renta, con 3.000 pesos,
encomendero de Guarmei; estos pesos se pagaban por sus tercios de cuatro
en cuatro meses infaliblemente; los lanzas eran obligados  tener
caballo y armas y cuartago, coracinas  cotas, y lanzas y adargas. Dos
dias antes de la paga salian  la plaza en resea con sus dobladuras,
ellos en sus caballos, los criados en sus cuartagos. Ponase el Marqus
en los corredores de las casas de la Audiencia y pasaban delante dl la
carrera, y al tercero dia les pagaban el tercio de los 1.000 pesos, que
son 333 pesos, 2 tomines y 8 granos. Con esta paga vivian de dos en dos;
tenian sus casas muy concertadas, sus caballos muy gordos, ellos bien
vestidos y contentos. Los arcabuces gentiles hombres fueron cincuenta
con 500 pesos de acostamiento; stos habian de tener sus cotas,
arcabuces y mulas; nombr por sus capitanes  Domingo de Destra y  Juan
de Ribera, vizcainos, bonsimos soldados; stos salian el mismo dia que
los lanzas  su resea en sus mulas y arcabuces; pagbaseles su tercio
de la plata el mismo dia que  los lanzas. Dicia el prudentsimo Marqus
que los instituia para que anduviesen, fuesen y viniesen con el
Visorrey, y cuando se tractase alguna cosa contra el servicio de Su
Majestad, los lanzas y arcabuces se hallasen  pique para hacer lo que
se les mandase.

Era mucho gusto ver las barras que atravesaban de las casas Reales por
medio de la plaza para las casas de los mercaderes, que  este crdito
daban  los unos y  los otros sus haciendas. Esta paga persever todo
el tiempo que vivi el Marqus, y despues algunos aos; mas agora no se
pagan con tanta solemnidad, ni tan bien, y un Virrey les quita un
pedazo, otro, otro. Para esta paga seal ciertos repartimientos que
hall vacos, y otros que vacaron, de donde bastantemente se pagaba dia 
dia;  sus tres capellanes tambien seal  1.000 pesos ensayados, y se
les pagaba en el mismo dia que  los lanzas, y es cierto que si los
lanzas fueran pagados y arcabuces, y de hambre los unos no se hobieran
comido las armas y lanzas y los otros los arcabuces, cuando el cosario
capitan Francisco ingls, entr en el Callao, no se saliera riendo ni
robara lo que rob. Pero ni los gentiles hombres lanzas las tenian, ni
los arcabuces, escopetas, ni polvo de plvora; no les pagaban,
habanselos comido, y por eso el enemigo se fu riendo con tanta
riqueza, y no menor infamia de los leones del Per. Nombr otro capitan
de artilleria al capitan Ximeno de Berrio, hombre en quien cabia muy
bien el cargo. Esta artilleria se guardaba en palacio con bastante copia
de municiones, para cuando fuesen necesarias; desta suerte enfren los
nimos indmitos y necios deste reino, que les parecia para cada uno el
Per era poco.




CAPITULO XVI

EL MARQUS QUISO PRENDER AL DOCTOR SARABIA, OIDOR


Gobernando, pues, el valeroso Marqus con la prudencia suya el Reino, no
s qu cizaa se comenz  sembrar entre l y el doctor Sarabia, Oidor
ms antiguo de la Audiencia; por lo cual el Marqus, enfadado, y con
razon, determin prenderle y ponerle en la fortaleza que hizo reparar de
Caete, donde tenia por castellano al capitan Hiernimo Zurbano, hombre
principal. Esta fortaleza no es tan perfecta y acabada como las de
nuestra Espaa. El Inga  su modo la hizo; reparse, hicironse en ella
algunos aposentos donde el castellano viviese, y donde si algun hombre
principal se hobiese de prender y no estuviese seguro en la ciudad, le
llevasen  aquella fortaleza, pero ya ni hay castellano, aunque la
fortaleza as persevera. Una noche envi  don Pedro de Crdoba, general
de las lanzas,  llamarle; el doctor Sarabia entendi la balada; acababa
de cenar; dijo: en hora buena, luego salgo; mientras, me visto;
levantse de la mesa, donde estaba con una ropa de levantar; entrse en
su cmara, y por una ventana, no era alta, descolgse  la huerta, y de
all por la puerta falsa que sale al rio, di consigo en nuestro
convento, donde le pusieron en casa de novicios. Don Pedro, viendo se
tardaba, entr en el aposento; no le hallando, y hallndose burlado, se
volvi al Marqus, el cual viendo que no se lo trujo, luego de maana
despach  Chancay  nuestro provincial, que  la sazon era fray Gaspar
de Caravajal, que all estaba en una hacienda del convento visitndola,
dndole relacion de lo pasado; que luego se partiese y viniese  tractar
de las amistades, sin que se entendiese que por su parte se comenzaba
primero. Nuestro provincial vino luego y tract de la confederacion;
sali el doctor Sarabia de nuestro convento, fuese  su casa y de all 
la Audiencia, sin que ms sobre este particular se tractase.

El vulgo decia que el Marqus, si le viera de sus ojos aquella noche, le
diera garrote en palacio; es falso. Lo que pretendi no era sino
enviarlo  la fortaleza de Caete, y para esto tenia aparejadas acmilas
con repuesto, hasta cocinero, uno de dos que tenia, y para el aposento
tapiceria y servicio de plata. Sobre qu se armase este nublado, no s;
unos dicen que tractaba mal el doctor Sarabia del gobierno del Marqus,
y sobre ello, con otros personajes graves, habian escripto  Su
Majestad, y aun otros aaden le imputaban se queria alzar con el Reino:
esto, porque seria temeridad afirmarlo, no har tal; pero colgese por
lo que el magnnimo Marqus dijo en los corredores de la Audiencia  los
mismos Oidores y otros caballeros que all estaban, que fueron estas
palabras: Bueno seria, por cierto, que perdiese yo un estado que vale
millon  medio por ser capitan de bellacos. Sea lo que fuere, yo me
meteria en un fuego por la inocencia del Marqus en este particular.




CAPITULO XVII

DE LAS ENTRADAS QUE EN SU TIEMPO SE HICIERON


Hay en este reino grandes noticias de entradas y nuevos descubrimientos;
los ms son sobre mano izquierda, al Oriente. El generossimo Marqus,
para descargar el reino de gente ociosa, pidindole el capitan Gomez
Arias una entrada  las espaldas de Hunuco, donde era vecino, se la di
con las instructiones cristianas necesarias; esta entrada se llama de
Rupa Rupa; sali de Hunuco en prosecucion de su jornada con doscientos
hombres, pocos ms  menos, pero dando en unas montaas aspersimas,
calurossimas y despobladas, no se atreviendo  pasar ms adelante, que
fuera locura, se volvi sin hacer otro efecto ms que gastar mucha
hacienda; murieran todos de hambre si la prosiguiera.

Di tambien descubrimiento adelante los Bracamoros al capitan Antonio de
Hoznayo; fueron con l algunos lanzas, por mandado del Marqus, y casi
150 soldados; tambien se volvieron temprano, porque no hallaron sino lo
mesmo que el capitan Gomez Arias; perdiranse si pasaran adelante.

Vino despues desto el capitan Pedro de Orsa de Tierra Firme,  quien
habia encomendado la pacificacion de los negros cimarrones, que llaman
la pacificacion de Ballano; despues de pacificados, aunque se tornaron 
rebelar, lleg  la ciudad de Los Reyes; _era_ de buen cuerpo y
conforme  l gentil hombre; _de_ nacion guipuzcuano[9], si no era
navarro; muy bien criado, afable, y parecia en vindole ser hombre
noble; llevbase los nimos de los hombres tras s; realmente tenia
muchas y muy buenas partes,  quien el Marqus, para acabar de limpiar
la tierra, di el descubrimiento y entrada del rio Maraon, para lo cual
le ayud con plata y municiones bastantes, y en la ciudad de Los Reyes
se le junto mucha gente, y de otras ciudades bajaron soldados para irse
con l, como se fueron. Esta entrada se habia de hacer por la ciudad de
Chachapoyas, el Rio Grande abajo, y como por rio habian de ir, dile el
Marqus todo lo necesario para hacer bergantines. Tvose por cosa cierta
que los que all fuesen habian de hallar montes de oro, porque como no
hay casamiento pobre ni mortuorio rico, as no hay descubrimiento pobre.
A esta fama baj del Cuzco, y aun de ms arriba, un viscaino llamado
Lope de Aguirre, de mediana estatura, no muy bien tallado, cojo, gran
hablador y jurador, si no queremos decir renegador, con una hija suya
mestiza, no de mal parecer; vi  este Lope de Aguirre muchas veces
siendo yo seglar, sentado en una tienda de un sastre vizcaino, que en
comenzando  hablar hundia toda la calle  voces. Llegse tambien 
Pedro de Ursa un caballero, creo de Xerez, llamado don Fernando de tal,
pequeo de cuerpo, de buen rostro, la barba un poco roja, y despues all
en Chachapoyas,  cerca, otro soldado casado en Los Reyes, llamado Juan
Alonso de la Valentona, bien dispuesto el rostro, nariz aguilea, de
buen color, que por cierta pendencia no le convenia quedar en la tierra.
Nombro  estos tres por lo que adelante sucedi; y aunque tract al don
Fernando, ms  este Juan Alonso. En Los Reyes habia un clrigo llamado
Henao, de edad al parecer de 50 aos, y para su estado tenia con
suficiencia lo que habia menester; di su hacienda  Pedro de Ursa,
como otros se la daban, y fuese con el despacho Pedro de Ursa de Los
Reyes, _con_ los que se le junctaron (no hobo atambor ni bandera) y
todos, unos en pos de otros tomaban su camino para Chachapoyas, cuales
por la Sierra, cuales por los Llanos. Pedro de Ursa tom el suyo por
Trujillo, donde estaba viuda aquella seora con quien don Francisco de
Mendoza, siendo casada, tuvo ciertos dares y tomares; concertronse los
dos fcilmente (dicen era muy hermosa mujer) y llevsela consigo, que no
debiera, por ser la causa de su perdicion. Lleg Pedro de Ursa 
Chachapoyas, donde junct 400 hombres,  poco menos, bien aderezados de
armas. Los que nombr por capitanes creo fueron  don Fernando y  Lope
de Aguirre, y creo al Lope de Aguirre hizo maese de campo; con esta
gente y lo necesario para hacer los bergantines camin en demanda del
Rio Grande, que se hace de todas las vertientes de la cordillera de
Pariacaca y de Villcanota, de donde dijimos una laguna vertia  una y
otra mar; componen este rio el de Jauja, Villcas, Amancay, Apurimac y el
de Quiquixana, que es el que comienza de la laguna de Villcanota con los
dems que con stos se junctan. Llegado  l (hasta entonces ni
poblazones de indios, ni tierra donde pudiesen parar hallaron) hacen sus
barcas y bergantines, y chanse el rio abajo, mientras ms abajo mayor,
y la vuelta arriba imposible; finalmente,  lo que me refirieron
soldados conocidos antes, que con l fueron, y despues volvieron ac,
andadas  su cuenta ms de 200 leguas el rio abajo, sobre mano derecha
dieron en una barranca grande, encima de la cual habia gran cantidad de
indios con sus arcos y flechas bien dispuestos, que les prohibian salir
 tierra, y en canoas les daban en qu entender; pero, finalmente, los
arcabuces y versetes los aojearon; saltaron en tierra, toda llana y
rasa; la de la mano izquierda, montosa  cenagosa, inhabitable, y el rio
ya de ms de tres leguas de ancho, aunque llano. Saltando en tierra
hallaron un camino anchsimo y ms trillado, que venia  dar al rio; no
vieron poblazones; siguieron algunos soldados con su capitan el camino;
empero como le iban siguiendo se iba ensangostando, y sendillas  una y
otra parte. Estos indios deben vivir sin repblica ni seor, cada uno en
su casa por s, y de sus casas venian al rio  tomar agua, y  pescar
por sus sendillas, hasta que cerca del rio hacian, juntndose las
sendillas, aquel camino ancho. El capitan con los soldados volvironse
sin traer ms relacion que la dicha.

  [9] Tachado: _y que parecia en vindole_.

Parten de all, y por la barranca otro dia parecen tambien muchos
indios, no tantos como el primer dia, diciendo: Omagua, Omagua! muchas
veces. El capitan y los dems qu pensaron? que el descubrimiento que
buscaban se llamaba Omagua, donde los arroyos manaban oro, y no les
querian decir sino: abajo, abajo, como si les dijeran: no pareis aqu,
pasa adelante. El desdichado Pedro de Ursa, habiendo de parar donde los
indios le salieron  defender salir  tierra, y enviar  descubrirla,
sus pecados que le cegaron, sigui el rio abajo, ms de otras 200 leguas
de aqu, donde no vian indio en la costa ni barranca, y la vuelta al
Per ms imposible. Los soldados ya murmuraban del capitan, y
principalmente por la mujer que llevaba, de suerte que los tres, don
Fernando, Lope de Aguirre, Juan Alonso, se concertaron de matar  su
capitan Pedro de Ursa y  la pobre mujer, y como lo concertaron as lo
hicieron; llegan todos tres, no creyendo Pedro de Ursa sino que le
querian hablar como otras veces, dnle de pualadas y mtanle, y luego
matan  la desventurada seora, que ni lgrimas, ni lstimas, ni su
hermosura le aprovech para librarse destos malos hombres. Luego tocan
arma y levantan por rey  don Fernando; jranle por tal todos, ms de
temor que de amor. Luego se les reviste el demonio en el cuerpo  estos
sacrlegos demonios (nmbrolos as por lo que luego dir) y
principalmente  Lope de Aguirre, y conjurado, era esto de maana,
llaman al padre Henao, hcenle decir misa en una ramada en tierra, y
mndanle consagre dos hostias, que consuma la una y deje la otra. El
pobre y pusilnime sacerdote hzolo as; dice misa, consagr dos
hostias, consumi la una, dej la otra sobre los corporales en el ara;
acabada, llegase Juan Alonso (si no me acuerdo mal, ste fu,  lo que
me dijeron): toma la hostia con sus sacrlegas manos, consagrada; hcela
tres partes oh, Seor! y cunta es vuestra misericordia y paciencia;
es misericordia y paciencia de Dios, pues all no se abri la tierra y
vivo trag  este ms que sacrlego demonio; da la una  don Fernando,
otra  Lope de Aguirre y toma l la otra, y all se conjuraron de no ir
ni venir el uno contra el otro, ni el otro contra el otro, y en seal
partian la hostia; invencion de ms que demonios. Los dems soldados
estaban atnitos y fuera de s viendo una maldad, un sacrilegio jams
odo; empero Nuestro Seor, que no deja sin castigo semejantes
impiedades, dentro de pocos dias ya el Lope de Aguirre tenia muertos 
pualadas  los dos, al negro rey y  Juan Alonso, que si no me engao
era nombrado maese de campo, y el Aguirre coronel,  al revs; poco va
en esto: Lope de Aguirre volvise la bestia y tirano ms cruel que ha
habido en nuestros tiempos, ni en pasados, y lo que ms admira, que con
abominar los soldados aquellas impiedades, le temian tanto que no se
atrevian ni  mirarle; mat  muchos: si se reian, los mataba; si
estaban tristes, los mataba; si se juntaban, los mataba; si se paseaba
uno solo, le mataba; no se ha visto ni leido semejante nimo de demonio.
Parte, pues, de donde cometieron esta ms que impia maldad, su rio abajo
(el temple todo desde que se echaron al agua hasta desembocar en la mar
del Norte, calidsimo) y ya cerca de la mar dieron en muchas islas
pobladas de indios desnudos, de las costumbres Chiriguanas; las casas
como las tenemos dichas ser las de los Chiriguanas; duermen en hamacas,
gente desnuda y bestial; adonde ocupaba  los soldados que deshiciesen
las hamacas y destruyesen para aderezar los bergantines, y la cabuya
sirviese de estopa, porque su intencion era en desembocando procurar
volver al Per. All se rehizo lo mejor que pudo; comida no les faltaba
de la que tenian los indios, y mucho pescado y marisco, y entre los
peces unos que llamaron roncadores, porque en pescndolos roncaban como
un hombre cuando duerme, grandes y sabrosos. Vino  desembocar por el
rio en la mar del Norte, llamada la Burburata, donde dicen tiene ochenta
leguas de boca; es el mayor del mundo. De all vino  la Gobernacion de
Venezuela, y saltando en tierra, persuadia con oraciones, como un
Ciceron, no le dejasen hasta que sus ojos viesen al Per y sus pies
hollasen aquella tierra, donde los pensaba hacer seores della;
llambalos mis maraones, porque se tenia por desgraciado morir en otra
parte, y ms en aquella miserable y pobre Gobernacion. El desventurado
bien conocia que, vista la suya, todos los soldados se le habian de
huir. Aqu mat uno, si no fueron dos religiosos nuestros, porque
persuadian  los soldados les dejasen, pero de temor hasta que vieron el
estandarte Real no lo hicieron; lleg la voz al gobernador; junt gente;
vino contra este peor que demonio; los que con l venian, visto el
estandarte Real, luego todos le desampararon; pero era tanto el temor
que le tenian, que ni los que con l vinieron, ni los de la tierra le
osaron llegar  prender, si no de fuera le arcabuceban  un hombre solo,
cojo, con una partesana en las manos, el cual viendo su perdicion, llega
 su hija y dala de pualadas, diciendo: No te han de llamar hija de
traidor. Luego dironle un arcabuzazo y dijo: Este no: pero al segundo,
diciendo: Este s, cay muerto el ms que miserable, muriendo como un
gentil y que no tuviera conocimiento de Dios. Decia: Yo bien s que me
tengo de condemnar, pero en el infierno no tengo yo de estar con la
gente bahuna, sino con Alejandro Magno, con Julio Csar, con Pompeyo y
otros prncipes del mundo: puede ser que se halle con otros ms infames
pecadores que stos, y sus tormentos sean mayores, por tener
conocimiento de Dios ms que aquellos gentiles, y ser cristiano, y sin
puede ser lo podemos decir, porque un hombre sacrlego como ste, y que
muri impenitente, habiendo hecho tantas crueldades y muerto dos
sacerdotes por qu lo habemos de poner en puede ser? Desta manera acab
este impisimo tirano, que quien le conoci en este reino  oy decir
las maldades que hizo, se admirar. Todos los que con l fueron tambien
perecieron, unos en unas partes, otros en otras; en este reino tres vi,
los cuales en diferentes tiempos informndome de lo que habia pasado, me
refirieron en suma todo este suceso. No tracto de las cartas que dicen
escrebia  Su Majestad del Rey nuestro seor; algunas vi en pedazos,
llenas de mil disparates, aunque daba algun poco de gusto leerlas, por
solo ver el frasis, que no s quin se lo ense. Su Majestad mand que
 todos los que con l llegaron  la Venezuela y la Burburata, las
justicias hiciesen castigo en ellos; mas los que lo olieron no se
descubrian  todos. Tambien mand aprestar dos navios, en que envio 
descubrir el estrecho de Magallanes, en uno al capitan Ladrillero,
vecino de La Paz,  quien subject el otro navio; capitan un maestresala
suyo, llamado el capitan Cceres. Salieron del Callao; el capitan
Cceres, no pudiendo sufrir los temporales de Chile, arrib 
Valparaiso. El capitan Ladrillero pas ms adelante, pero no entr en el
Estrecho, y si entr, por ser el tiempo de nieves, habindosele muerto
marineros y soldados, volvi al puerto de la Concepcion, donde una
negra, viendo la tierra y puerto, de alegra se qued muerta, y sin
hacer ningun efecto ces este descubrimiento.




CAPITULO XVIII

EL MARQUS MAND TRAER  LOS REYES LOS CUERPOS DE LOS INGAS


Cuando aquel ms que impio tirano Lope de Aguirre tractaba de crueldades
y de hacer grandes ofensas contra Nuestro Seor, el marqus de Caete
tractaba de componer la tierra, y quitar  los naturales cualquier
ocasion del deservicio de Dios Nuestro Seor; por lo cual, sabiendo que
en el Cuzco los indios tenian en mucha veneracion y como por dioses
suyos,  quien adoraban y reverenciaban, los cuerpos de Guaina Capac y
de otros Ingas que fueron seores destos reinos, mand los sacasen de su
lugar y los trujesen  Los Reyes para quitar esta ocasion  los indios y
darles  entender no eran ms que cuerpos muertos; hzose as y
trujronlos  Los Reyes, enteros, sin corrupcion. Tienen estos indios
sus yerbas, que antiguamente en su infielidad  los cuerpos de los
seores aplicaban, con las cuales no se corrompian, como si los
embalsamaran. Mand, pues, los pusiesen en el hospital de los espaoles,
en un aposento donde ningun indio los viese. Despues desto, sabiendo
tambien que en los Andes, que son unas montaas muy calurosas y
lluviosas,  las espaldas de Guamanga, y no lejos della, se habia
retirado un Inga, y all vivia con otros Ingas en unos valles asaz
clidos, procur reducirlo y sacarlo y hacerle merced, por lo cual envi
 dos religiosos nuestros, el uno llamado fray Melchior de los Reyes,
hombre docto, gran cristiano, y que todo el tiempo desde que lleg 
este reino se ocup en predicar el Evangelio  estos indios, gran lengua
y de muchas y buenas partes, y con l fu otro religioso nuestro llamado
fray Pedro de Arrona, hombre esencial y buen fraile: juntamente con un
vecino del Cuzco llamado Betanzos entraron en los Andes, hablaron  el
Inga, que lo reverenciaban los dems que all vivian, y servian con las
mismas ceremonias que en tiempos antiguos en estos reinos; descendia de
los Ingas, seores desta tierra; persuadironle saliese con todos los
dems, que el Marqus les enviaba  este efecto, con protestacion de le
hacer muchas mercedes en nombre de Su Majestad: finalmente, tanto
pudieron con l y con algunos de sus capitanes, que le persuadieron 
que saliese. Otros Ingas le persuadian lo contrario, y stos no
quisieron salir, dando all sus excusas, no muy fuera de razon;
finalmente, el Inga sali, vino  la ciudad de Los Reyes; trujronle
los indios en unas andas guarnecidas con plata. El Marqus le recibi
muy alegre y afablemente, prometile mucha merced en nombre de Su
Majestad si se volvia cristiano y se quedaba en la tierra; mirase lo que
ms le convenia, y si se queria volver, libremente se volviese; dile de
su hacienda algunas preseas buenas y el Inga determin quedarse y
baptizarse, aunque no se baptiz en Los Reyes. Esto asentado, con rden
del Marqus volvi al Cuzco, donde se baptiz y cas con una deuda suya,
en grado para los indios no prohibido, y dispensado por la Sede
Apostlica, llamada la Coya, que quiere decir la Emperadora dona Maria,
mujer de no mal parecer y de buen entendimiento; hzole el Marqus
merced, en nombre de Su Majestad, de 12.000 pesos de renta perptuos en
indios.

Tuvo una hija, llamada doa Beatriz, heredera, porque no tuvo hijo
varon,  la cual criaron, muerto el padre (no vivi muchos aos despues
desto), en casa de un vecino principal donde la ensearon toda buena
policia y costumbres con las dems cosas que se suelen ensear  las
mujeres generosas; la cual cas despues el Visorrey don Francisco de
Toledo con el comendador Martin Garca de Loyola, como despues diremos.

La madre, digamos la Coya, as la llaman los Ingas que se quedaron en
los Andes y en aquellos valles, luego levantaron por cabeza  otro Inga
de la casa destos seores, pariente ms propincuo; de los cuales,
tractando de don Francisco de Toledo, y _lo_ sucedido en su tiempo,
habremos de volver  tractar dellos.




CAPITULO XIX

EL MARQUS SE MOSTR GRAN REPUBLICANO


En todo el tiempo que el generossimo Marqus gobern, se mostr gran
republicano, y quien lo es merece nombre de padre de la patria, y el que
no mira por el bien de la repblica no merece el nombre de padre della,
y en una de las cosas en que el buen prncipe se muestra ser padre de la
patria, es en traer siempre delante de los ojos lo que los filsofos
antiguos con lumbre natural alcanzaron, que el prncipe es por el reino,
y no el reino por el prncipe; de donde luego el buen prncipe, con
todas sus fuerzas procura la conservacion de su repblica y augmento
della; que se guarde justicia y se haga que los vasallos sean ricos y
prsperos, y otras cosas que ni deste lugar ni tiempo es agora
tractarlas.

Todo esto pretendia el buen Marqus y en esto se desvelaba.

Sabiendo que en este reino habia rios, y muy grandes, donde perecian 
los iviernos algunos indios y espaoles, mand hacer puentes y se
hicieron: la de Lima; en el rio del valle de Jauja, dos; en el de
Abancay, otra; en los dos rios que hay de la ciudad de La Plata 
Potos, en cada uno la suya, y si viviera, la del rio Grande de
Chunguri, como habemos dicho, la acabara, y la de Apurima.

Los caminos bien aderezados, los tambos bien proveidos lo fueron,
pagando  los indios comidas y trabajo. La justicia siempre estuvo en su
punto, y los indios muy favorecidos y amparados. Pretendia que todos los
que viviesen en estos reinos fuesen ricos; los nobles como nobles y los
labradores como tales, y si alguno por su suerte buena alcanzaba  ser
rico, dndosela Dios, San Pedro se la bendijese (como dicen), y por esto
muchas veces entre semana iba  las huertas de los hombres pobres, que
en contorno de la ciudad tenian, animbalos  que plantasen, trabajasen;
preguntbales qu fructa buena tenian, y decales le enviasen della, y
el servicio, y si era necesario ms, que les favoreceria: porque no
siendo, como no era, hombre de letras, Nuestro Seor le di un
entendimiento acendrado, con el cual alcanzaba que la proporcion que hay
de los miembros  la cabeza esa hay de los vasallos al Rey. Entonces el
Rey es poderoso, rico y temido, cuando los vasallos son ricos; entonces
se defiende y ofende; ofende digo  quien le quiere ofender, y
fcilmente le conquista. Entonces el brazo defiende bien la cabeza y
sufre el golpe que sobre ella viene, cuando es recio y sano; el manco no
tiene fuerza, no se puede levantar, y siendo esto as, cmo defender
la cabeza? Los vasallos ricos muy bien defienden el reino; al reino
pobre, como no tenga fuerzas para defenderse, cualquiera un poco ms
poderoso se lo atreve, y fcilmente lo conquista. Por eso, el otro, para
conquistar cierta fuerza,  cibdad, pedia dinero y ms dinero.

Un ao, habiendo mucha falta de trigo, llam  los vecinos que lo tenian
sobrado; persuadalos lo trajesen  la plaza, y moderasen el precio;
hzoseles de mal; tom cantidad de plata, envila en barcos grandes por
los valles; trujo bastante trigo; socorri  su cibdad; hizo alhndiga,
y los vecinos quedronse con su trigo comido de gorgojo, por no hacer lo
que el justsimo Marqus les mandaba y aconsejaba, y perdieron, de lo
que pensaron ganar, no poca plata.

Salindose  pasear un dia de trabajo, volviendo para palacio, en la
plaza vi  un espadero, llamado Mendoza, que con un jubon de raso
carmes, y carzas de terciopelo carmes aforradas en los mismos, estaba
acicalando una espada; par el caballo, y djole: Buen hombre, ese
vestido ms es para los domingos y fiestas que para entre semana; por mi
vida que lo guardis para entonces; en algo nos habemos de diferenciar
en estos dias; y luego, volviendo la cabeza  un criado llamado
Parrilla, djole: De aquel pao pardo que me envi la marquesa, dad 
este buen hombre para que haga un vestido con que entre semana trabaje,
y pues la marquesa (dice al espadero) me lo envi para que yo hiciese un
vestido, bien podis vos vestiros dl. El espadero estaba en pie, su
gorra quitada; besle las manos diciendo haria lo mandado por Su
Excelencia; luego, preguntbale: Cmo os llamis? respondi: Mendoza;
dijo el Marqus: Mendoza? parientes somos, y volvindose  sus criados
mandles diciendo: Todas vuestras armas trarselas  Mendoza como las
habeis de llevar  otro; es mi pariente; habmosle de ayudar todos.

Fu amicsimo de que todo el reino viviese en servicio de nuestro Seor,
y as cas muchas mujeres principales, y no principales, principalmente
de las que venian con el Adelantado Alderete, que traia muchas. Mis
padres vivian en Quito, y all les cas dos hijas, y todos los
casamientos subcedieron bien; solo uno sali avieso. Entre estas seoras
venia una llamada doa Graciana, mujer principal, discreta, no muy
hermosa, pero gallarda. Casla con un vecino del Cuzco, rico, llamado
Villalobos; all en el Cuzco no s que desabrimiento tuvieron; el vecino
era mal acondicionado, ella mal sufrida; el desabrimiento no fu por
cosa que doa Graciana no debiese hacer conforme  su calidad; no fu
cosa que tocase  honra, y el demonio, que no duerme, el Villalobos
dila de pualadas; la justicia prendile y encuble, y perdi la vida
con este ejemplar castigo; desto no tuvo la culpa el buen Marqus, sino
los pecados del Villalobos; esto me pareci no dejar en olvido, cosa
rara y que en reinos ms extendidos subcede pocas veces.

Los vecinos que tenian hijos dironselos para que le sirviesen,  los
cuales en su casa les enseaban toda buena crianza y policia, y les daba
estudio dentro de palacio; algunas veces comiendo tomaba un plato y
llamaba al que le parecia y decale: Ve  tu madre y dile que, por que
me sabia bien esto, por amor de m lo coma. Partia el paje; llambalo y
preguntbale: qu te dije? Seor, respondia, esto, y esto; decale: Mas
mira que cuando entres delante de tu madre le has de hacer la reverencia
con el pie izquierdo; con el derecho  Dios y  sus imgines; y cuando
volvia preguntbale cmo la hall, cmo hizo la reverencia.

Parecer esto cosas muy menudas y no dignas de un Visorrey del Per, que
es lo mejor que Su Majestad tiene que proveer; no es sino muy esencial,
porque la crianza de los muchachos conviene mucho les sea enseada, y
mejor la toman del seor que del maestresala, y ms le temen. Dia de la
Asumpcion de Nuestra Seora, habindose de hacer fiestas en la plaza, de
toros y caas, se dijo en el pueblo, sin saber de dnde, ni cmo habia
salido: El Emperador es muerto. Viniendo de misa de la iglesia mayor,
despues de comer, el mayordomo mayor le dijo: Seor, esto se tracta en
el pueblo, que el Emperador es muerto; Vuestra Excelencia, aunque no sea
sino por esta nueva, mande no haya hoy fiesta. Sinti la nueva el
Marqus, porque el Emperador le tenia en mucho y dl hacia mucho caso;
en dicindoselo, dice: bien decs; avisa  los alcaldes deshagan las
barreras, y si as es, yo no soy Virrey del Per. Fu as, que aquel dia
ya era enterrado el Emperador, de gloriosa memoria, y Su Majestad del
Rey nuestro seor habia proveido por Visorrey destos reinos  don Diego
de Acevedo, aunque no lleg as, por morir en Sevilla. Tard la nueva
cierta ms de seis meses; llegada, mand se hiciesen las honras del
Emperador con mucha solemnidad; hicironse en la iglesia mayor; sali
todo el pueblo del monasterio de Nuestra Seora de las Mercedes, los ms
principales llevando las insignias. Otro domingo adelante se hicieron
las fiestas del nuevo rey con mucha solemnidad, y el Marqus tom la
posesion por Su Majestad deste reino; jurse con la solemnidad
acostumbrada, batise moneda, y derramse cantidad della, as en la
iglesia mayor como en la plaza, con gran alegra de todo el pueblo.




CAPITULO XX

DE LA MUERTE DEL MARQUS


Cuatro aos habia, poco ms, que gobernaba el Marqus, padre de la
patria, siendo amado y tenido de los buenos y de los malos, cuando
Nuestro Seor fu servido llevarle para s, recibidos devotsimamente
todos los Sacramentos, que muchas veces frecuentaba, sabida ya la venida
del conde de Nieva por Visorrey destos reinos, proveido luego que muri
don Diego de Acevedo. El dia de su muerte fu muy triste para la cibdad
de Los Reyes, y para todo el reino; fu llorado de todos y en particular
de los pobres. Enterrse en el convento del serfico San Francisco, de
donde, sacados sus huesos, fueron llevados  Espaa por el padre fray
Juan de Aguilera, comisario de aquella Orden en estos reinos.

Era hombre de mediana estatura, ms grande que pequeo, espaldudo, y de
miembros fornido, de gran nimo y generoso; nada amigo de derramar
sangre, empero que se hiciese justicia; amigo de los hombres animosos.
No se espantaba de que hobiese algunas pendencias, porque es imposible
menos. Sucedi lo que dir: Acabando de comer (no dorma la siesta, sino
por maravilla), salase  pasear  una sala cuya ventana en la esquina
salia  la plaza; cuando  ella llegaba, sacaba el cuerpo fuera y miraba
si habia algo en ella;  una vuelta, mirando la plaza, vi que se
encontraron dos caballeros de Jerez, enemistados,  escogieron aquel
lugar para reir  tiempo que en ella no pareciese nadie; echaron mano 
sus espadas don Yelmo de Gallegoso y el capitan Patio, y comenzaron 
reir con gentil donaire y nimo. El Marqus recostse sobre el pretil
de la ventana mirando cmo reian, en lo cual tardaron buen rato sin que
la justicia ni hombre acudiese  meterles en paz; hirironse ambos y
mal; acude la justicia, prndelos; entonces el Marqus mand al paje de
guardia que vaya alcalde y le diga de su parte no los lleve  la crcel,
sino  cada uno les d la posada por tal, que aquella causa tomaba para
s; y luego envales  cada uno una barra de plata dicindoles les ha
visto reir desde el principio, y se habia holgado, y lo habian hecho
como muy buenos caballeros; se curasen y recibiesen cada uno su barra
para pollos, y sanos, tractaria de las amistades. Los heridos besronle
las manos, y que Su Excelencia hiciese dellos lo que fuese servido.
Sanaron, hzoles amigos; don Yelmo sigui su viaje  Espaa; el otro se
qued ac en el reino. Hacia burla de cosas de alzamientos y rebeliones,
de lo cual otros han hecho gran descargo de servicios  Su Majestad.
Hobo en Los Reyes cierto rumor de alzamiento; salase  pasear una y dos
veces cada semana, y las fiestas y domingos base por las chcaras, y 
los que le acompaaban mandaba se quedasen, y con un solo paje se iba
buen trecho solo. Su mayordomo mayor decale: Seor, cmo se va
Vuestra Excelencia solo sabiendo lo que se ruje en la ciudad?
Respondile diciendo: Por eso me aparto solo, para ver el nimo destos.
Pues esta gente, se ha de atrever  eso? Sucedi as que de la cibdad
del Cuzco le enviaron un soldado, con informacion no muy bastante, sino
de indicios leves, que se queria alzar  tractaba dello, para que el
Visorrey le mandase castigar. En una visita de crcel (no perdi
ninguna), sali el pobre soldado aherrojado, y leida en breve la causa
de su prision, llamle y djole: Vos os querades alzar con el Cuzco?
el miserable, temblando, respondi: No, seor; quin soy yo ni qu
calidad tengo para eso? Enemigos que en el Cuzco tengo me han impuesto
ese testimonio. El Marqus llama al alcaide (el pobre ya pens estaba
ahorcado), y dcele: Quitad las prisiones  ese hombre; y al hombre
dcele: Andad, id luego derecho al Cuzco, y alzosme con aquella ciudad;
si no, por vida de la marquesa, que tras vos envio para que si no lo
hicirades os hagan cuartos. Cada chirrichote se ha de alzar contra la
Majestad del Emperador y rey nuestro seor? El otro, en saliendo de la
crcel, no pareci ms ni fu al Cuzco; bien sabia el magnnimo Marqus
que no habia de ir aquel miserable al Cuzco.

En manos de otro cayera, que por lo menos fuera  remar  las galeras.




CAPITULO XXI

DE LAS VIRTUDES DEL MARQUS


En tiempo que vivi en estos reinos fu castsimo y muy amigo que todos
los de su casa, como es justo, lo fuesen, y mirando por esto y por el
buen ejemplo que estn obligados  dar los que gobiernan. Dir lo que
dijo el padre Molina. Este padre Molina se consagr  servir  los
espaoles en el hospital llamado San Andrs: en l era capellan,
mayordomo, y toda la casa quien la gobernaba, y todas las haciendas. El
piadossimo Marqus acudia  hacerle muy crecidas limosnas, porque le
di ms de 30.000 pesos de su hacienda; el padre Molina venia de noche 
tractar con el Marqus las necesidades del hospital, y como de clrigo,
los vestidos eran largos; djole el Marqus: Padre Molina, ya sabeis que
para vos no hay puerta cerrada, ni hora ocupada; no vengais ms de
noche; traeis esas faldas largas; algun malicioso pensar sois mujer;
mirad que en pblico y en secreto somos obligados  dar buen ejemplo.

Como se preciaba tanto de ser padre de pobres, fuera de las limosnas
hechas al hospital de los espaoles, y aun al de los indios y al
convento de San Francisco, hizo otras en particular, no pocas, pero
destas referir dos  tres. Un buen hombre vino de Mxico, casado y
pobre; entr  pedirle limosna (para los pobres no habia puerta
cerrada); mandlole dar una barra; las limosnas luego se daban sin
rplica ni libramiento, porque luego mandaba  su mayordomo y mandbale
diciendo: Dad tanto  este buen hombre; luego era cumplido. El buen
hombre, muy contento con su barra, antes que saliese de la sala, tornlo
 llamar el piadoso Marqus y dcele: Buen hombre, sois casado?
respndele: S, seor, y traigo mi mujer  hijos; dice al mayordomo:
Montoya, dadle otra barra; no tiene para zapatos; y luego pregntale:
Tenis oficio? y respondile: S, seor; s mucho de labranza y
crianza; el buen Marqus dcele: Mucho me alegro de eso, porque agora
mando poblar un pueblo 22 leguas desta ciudad, de muy frtil suelo; dos
all con vuestra mujer  hijos; yo os dar una carta para el capitan
Zurbano; all os dar solar para casa, tierras para pan y para vias;
hacedme all una heredad muy buena para vos y para vuestros hijos, y
cuando tuviredes necesidad, no vengais ac, sino escribdmela, yo os la
remediar. Con esto se fu el hombre muy contento, y de aqu  Caete.

Levantbase muy de maana, y slo con un paje de guardia se iba al rio
arriba, rezando en unas Horas; prosiguiendo su camino oy lloros como de
mujer que se estaba acuitando, porque una sola negra que tenia, con que
amasaba un poco de pan, y lo sacaba  la plaza, y desto se sustentaba
trabajosamente, se le habia muerto aquella maana. El pientsimo Marqus
qu pens, cuando oy los gemidos y voces? que la hacian alguna fuerza;
alarg el paso y psose  la puerta para oir lo que pasaba, y como
entendi  la mujer que se lamentaba y la causa, diciendo: Ay! cuitada
de m, que sola una negra que tenia, que me ayudaba  pasar mi trabajo,
me ha llevado Dios; qu tengo de hacer, miserable? y otras cuitas que
las mujeres pobres en semejantes trances suelen hacer. Luego el padre de
pobres y buen Marqus da la vuelta y con el paje que le acompaaba le
envi una barra de plata de 250 pesos ensayados (entonces aun no valian
tanto los negros bozales), dicindola no se afligiese ms, y que con
aquella barra comprase otra negra y supliese su necesidad, y con las
dems acudiese, que se las remediaria. Desta manera favorecia  los
pobres y les hacia bien y mercedes y limosnas.

Otras muchas limosnas hizo  caballeros pobres y  personas necesitadas,
que seria largo de contar, y nuestro intento no lo permite; pero
decillas en breve, pdelo; finalmente de su hacienda di de limosnas
pasados de 80.000 pesos, por lo cual su hijo, don Garca de Mendoza,
bajando de Chile, bien pobre, hallando muerto  su padre y en el
gobierno al conde de Nieva, que consigo trujo  don Juan de Velasco su
hijo, estando juntos los dos, don Juan de Velasco dijo  don Garca de
Mendoza, como por baldn y mofando: Qu hizo su padre de vuestra merced
en este reino? al cual con mucha prudencia respondi don Garca de
Mendoza: Un monasterio de San Francisco, donde se enterr, y un hospital
de espaoles, donde como  pobre me den de comer; y gurdele Dios 
vuestra merced no muera su padre en el Per, y vuestra merced entonces
se halle en l, porque se ver uno de los ms desventurados caballeros
del mundo. Parece le fu profeta, porque se vi pauprrimo y con suma
pobreza, y esto all le vimos y tractamos.

En su tiempo los mercaderes de la ciudad de Los Reyes, juntndose,
tractaron de pedir limosna para los pobres de la crcel, que se iban
multiplicando, no con ttulo de cofradia, sino por via de caridad;
despues se constituy cofradia y creci como habemos dicho.

Concertronse que dos cada semana pidiesen por amor de Dios para los
pobres della, y les diesen de comer, y cuando las limosnas no
alcanzasen, de su casa les proveyesen; la segunda semana cupo  dos,
Juan Vazquez y Juan Vaz, hombres de caridad, casados y ricos; conoclos
y tractlos mucho; convinieron en ir  pedir limosna al Marqus;
entraron y dcenle lo que habian ordenado, y que suplicaban  Su
Excelencia les mandase dar limosna; alables mucho la buena obra, y
mandles dar, para aquella semana (como tractando de la fundacion desta
cofradia dejamos dicho), cien pesos, y para cada mes cincuenta, y que no
se los viniesen  pedir, sino  su mayordomo, lo cual infaliblemente el
tiempo que vivi se cumpli as.

Dir otra, que fu graciosa. Pocos meses despues de llegado  la ciudad
de Los Reyes, cant misa un clrigo llamado el padre Roberto; hallse
presente el Marqus y el Audiencia y todo el pueblo; entonces de tarde
en tarde se cantaban; sali el misacantano  ofrecer. El Marqus habia
pedido al mayordomo un pedacillo de oro de 25 pesos; ofrecilo; luego
los Oidores, los cuales no ofrecieron, mandaron, y las mandas se
escribieron; en las fuentes llevaban papel y tinta: hobo quien dijo
dellos (si no me acuerdo mal fu el licenciado Santillan, de quien
arriba tractamos): Escriban 50 pesos; el Marqus casi corrise, y dijo:
Pues dijranme que se usaba mandar por escripto; yo tambien mandara;
escriban 100 pesos, y as ofreci 125 pesos, los 25 en oro; y  quien
era tan limosnero y liberal, no es necesario alabarle que jams recibi
ddiva, ni nadie se atreviera  ello, ni  cohechar al menor de su casa;
y que esto se entienda ser as, es verdad lo que dir: habia en la
ciudad un mercader rico y de mucho crdito, llamado Gonzalo Fernndez,
de cuya casa se proveia todo lo necesario para la del Marqus, y era
como el cambio del mayordomo mayor, y el salario del Marqus todo
entraba en casa deste mercader. Tractbase como criado del Marqus, y no
perdia en ello nada. Quiso hacer un servicio  la marquesa, y tuvo para
servirla un cofrecito de plata como el segundo del terno, y en l no s
qu sortijas con esmeraldas y otras piedras; no falt quien se lo dijo
al Marqus, ignorndolo Gonzalo Hernandez, y un dia llamle y djole:
Dcenme que enviais  la marquesa no s qu regalo; por mi vida qu es?
El mercader respondile: Es verdad, seor, que  mi seora la marquesa
tenia determinado servir con un cofrecito de plata, y otras cosas no de
mucho valor, conforme  mi posible y no conforme  quien es mi seora la
marquesa. Mandle lo trujese; holgse de verlo, y djole: Qu vale
esto? El mercader respondi: Seor, no tracte, suplico  Vuestra
Excelencia, deso; es muy poco; finalmente, dijo  su mayordomo que
supiese de los oficiales lo que valia y lo pagase al mercader, y que l
lo queria enviar en nombre del mismo Gonzalo Hernandez. Quien esto hizo
no puede ser notado de avariento, ni cobdicioso, ni que jams recibi
cohecho.

Las vsperas de Pascua, en las visitas de crcel, jams ningun Virrey
(sin les hacer agravio) di tantas limosnas, pagando por los pobres que
no tenian dnde pagar, lo cual con suma liberalidad hacia. Ninguna
destas visitas le costaba menos de 1.000 pesos, pues para cobrarlo no
era necesario ms que pedirlo al mayordomo. Quin ha hecho tal? Pero no
lo echaba en saco roto; Nuestro Seor se lo ha pagado cient doblado, y
porque para todas las limosnas y mercedes que hacia de su hacienda no
habia libramientos, mand en su testamento que no pidiesen  su
mayordomo, sus herederos, ms cuenta de la que l quisiese dar, ni
libramiento para lo que hobiese dado de limosnas, y bien seguramente lo
mand, porque el mayordomo no le hiciera menos un grano.




CAPITULO XXII

CUN ENEMIGO ERA DE ACRECENTAR TRIBUTOS


Siempre mir mucho por la conservacion de los naturales, para que con
todo el descanso posible pagasen sus tributos. Sucedi as: provey por
corregidor de la provincia de Chucuito  Garca Diez de San Miguel,
hombre muy cuerdo, y benemrito y noble, al cual mand que visitase toda
aquella provincia; hasta entonces no se habian hallado ms que 17.000
indios tributarios; stos pagaban del tributo 24.000 pesos en plata
ensayada y 12.000 pesos en ropa de la tierra: visitados, parecieron mil
indios ms. Garca Diez de San Miguel, parecindole ganaria gracia con
el Marqus, avisle del augmento de los indios, y que se les podia
acrescentar el tributo, pues para tantos indios era poco, mayormente que
para pagar los 24.000 pesos de plata, en Potos residian 500 indios que
fcilmente los pagaban;  quien respondi: Escribiradesme vos que
abajara los tributos, de muy buena gana lo hiciera; pero augmentarlos,
no har tal; qu cosa hay ms grave que el tributo? Otro lo subi 
102.000 pesos ensayados en plata y ropa, como diremos.

Decia que si su parecer se hobiera de seguir, que de toda la renta que
Su Majestad tiene en este Per se habria de hacer tres partes: una, que
se llevase  Su Majestad: otra, para pagar los ministros de la justicia,
as ac como de Espaa; otra, que se quedase en este reino para lo que
puede suceder y para casar hijas de conquistadores y pobladores pobres 
quien Su Majestad no ha hecho merced ni gratificado sus servicios. Por
lo cual comenz  edificar en el lugar donde agora es la Universidad una
casa de recogimiento,  quien llam San Juan de la Penitencia,  donde
se recogieron algunas hijas destos conquistadores y pobladores, con
renta para su sustento; mas como muri temprano ces el edificio y agora
no hay memoria dello; y para hacer puentes, hospitales, iglesias y otras
obras pias y pblicas, como los reyes han hecho en Espaa, y para
socorrer  caballeros pobres que vienen de Castilla encomendados de Su
Majestad, que le han servido y no les ha gratificado, mientras vaca en
qu ocupallos. A los negros horros que habia en Los Reyes, qu'es la
ladronera de los cimarrones, sac de la ciudad y envi al asiento de
minas de Caravaya, que es tierra calurosa y lluviosa, y era tan humano
con ellos, que no se desdeaba de responder  las cartas que le
escrebian.

Esto as en breve se ha dicho del magnnimo marqus de Caete, de buena
memoria, padre de la patria y de pobres, como eplogo de sus virtudes,
dejando de tractar ms difusamente  otros que sean dotados de ms
facundia y mejor estilo que el nuestro; concluyamos que fu gran
vengador de los juramentos falsos en dao de tercero; mand quitar los
dientes  un Fulano de Quintana porque jur falso delante de la
justicia. Tambien mand que ningun negro cargase con botija de agua ni
otra cosa  ningun indio, al negro so pena de caparle y  la negra de
docientos azotes, y en quien primero se ejecut la sentencia fu en un
esclavo suyo; vi que traia  un indio con una botija de agua cargado
del rio; llam al caballerizo; preguntole cuntos caballos tenia, y
cunto servicio de esclavos; respondile que para los caballos tenia
bastante servicio; pues cmo esclavo mio ninguno ha de cargar  indio
libre? luego mand se ejecutara la ordenanza, y de all adelante no se
atrevi negro  cargar indio. Era lstima, y hoy lo es, que el negro y
negra esclavos se vienen las manos en el seno, y el indio libre las trae
en la botija de agua, la canasta de la ropa y la carne de la
carneceria,  del rastro, como si ellos fueran seores y los indios los
esclavos. Dur poco esta ley, no ms de cuanto vivi el Marqus.




CAPITULO XXIII

DEL CONDE DE NIEVA


Al liberalsimo y cristiansimo marqus de Caete sucedi el conde de
Nieva don... de Velasco, bonsimo caballero y buen gobernador, de quien
no podemos decir cosas notables que en su tiempo subcedieron; no las
hobo; el reino goz de mucha paz y abundancia. Entre otras cosas buenas
que tenia era sta, gran paciencia para oir  los pretensores que les
parecia estar agraviados del liberalsimo marqus de Caete por no los
haber dado todo el Per, y para los dems negociantes.

Dir una cosa de admirable paciencia para quien tenia la suprema del
reino: acabando de comer se levantaba y oia  los negociantes y
pretensores, arrimado  una ventana; lleg un pretensor, y por ventura
fatigado de la hambre, y por otra parte demasiadamente atrevido, por sus
servicios, y pidiendo remuneracion dellos, levant la voz ms de lo
justo;  quien el Conde con gran paciencia y con voz baja le dijo: Habla
ms paso; el nescio pretensor, no curando del buen consejo, levant ms
la voz, representando sus servicios; djole otra vez el Conde: Ya os he
dicho que hableis paso; respondi el pretensor: Oh, seor, soy
colrico!  esto respondi el Conde con la paciencia de que habia usado:
Tambien soy yo colrico y me modero en mis palabras; andad con Dios, y
otro dia venid ms moderado. Los circunstantes admirronse de tanta
paciencia y salieron alabndola. Despues desto, dijronle que un soldado
escrebia  Su Majestad cosas del gobierno del Per, y algunas no muy en
favor del Conde; mandle llamar, y djole: Dcenme que escrebs al Rey
Nuestro Seor. El soldado respondi: S, seor, han dicho verdad 
Vuestra Excelencia. A quien no dijo ms palabra: En hora buena,
escrebidle; pero advertid que le escribais verdad, porque si no, la
carta que le escribiredes ha de volver  mis manos, y lo que no fuere
verdad pagareis.

Trujo buena casa y msica, la cual ni hasta entonces ni despues ningun
Visorrey la ha traido. Con el Conde vinieron el licenciado Muatones,
Diego de Vargas Caravajal, el contador Melgosa,  tractar la perpetuidad
de los vecinos y encomiendas, pero no se concluy cosa alguna.

En el tiempo que gobern fu amado de todo el reino por su mucha nobleza
y afabilidad, si no fu de algunos pretensores por que no les daba de
comer, no habiendo cosa vaca. Muri al fin de los cuatro aos de su
gobierno, teniendo ya nueva que el gobernador Castro venia y estaba en
el reino por subcesor suyo. Su muerte fu de mucha lstima en toda la
ciudad; muri de una apoplejia. No bebia vino, sino agua, y muy fria con
nieve. Es as que el licenciado Alvaro de Torres, mdico muy experto,
estando comiendo, le dijo: Vuestra Excelencia no beba tanto y tan frio,
porque si frecuenta esa bebida, dentro de pocos dias morir de
apoplejia y dejar  todo el reino muy lloroso; hizo burla dello, y
muri en breve. Su hijo don Juan de Velasco se hall presente, y muerto
su padre se vi en la ciudad de Los Reyes uno de los caballeros ms
pobres que se ha visto en el; salile el prognstico de don Garca
verdadero.




CAPITULO XXIV

DEL GOBERNADOR CASTRO


Dende  pocos meses de la muerte del nobilsimo conde de Nieva, entr en
la ciudad de Los Reyes, con ttulo de gobernador, el licenciado Lope
Garca de Castro, del Consejo de Indias, y aunque con ttulo de
gobernador, con todo el poder que traen los Visorreyes; hzosele el
recibimiento que  los Visorreyes se suele hacer. Gobern poco ms de
cinco aos, con mucha paz y tranquilidad, y aunque en su tiempo hobo
algunos rumores de motines, y no eran rumores, sino ms, con todo eso
los apacigu sin derramar gota de sangre. Fu gran cristiano y
afabilsimo, y muy amigo de hacer merced  los hijos, nietos y dems
descendientes de los conquistadores, porque como vacase repartimiento
destos tales, no lo habia de quitar  los hijos segundos, nietos 
tataranietos de los conquistadores, y as lo decia, como lo hizo con don
Juan de Ribera, el viejo (hijo de Nicols de Ribera), el cual muriendo,
y por su muerte heredando el hijo mayor, Alonso de Ribera, que muri
sin heredero, los indios de la encomienda di  don Juan de Ribera, hijo
segundo, mandndole se llamase don Juan de Ribera, y no de Avalos, como
se llamaba, porque la memoria de su padre no pereciese, pues los indios
no se los encomendaba por ser Avalos, sino por ser Ribera; y lo mismo
tenia determinado hacer, y la cdula firmada, si muriera el capitan
Diego de Agero, el mozo, de una enfermedad de que estaba desafuciado,
para drselos al mayor de sus hijos, porque las dos vidas en l se
concluian, en lo cual mostraba bien el nimo suyo para con los
conquistadores y sus descendientes. Tuvo algunos mulos en los
pretensores, y no pudo satisfacerlos, porque en el tiempo que gobern
vacaron muy pocos repartimientos, y no vacando no tenia que encomendar,
por lo cual para entretener, con acuerdo de la Audiencia y del
ilustrsimo Arzobispo y prelados mayores de las Ordenes, instituy
corregidores en partidos de los indios, que por entonces pareci
convenia; mas dende  poco tiempo se vieron grandes inconvenientes, y no
tantos como agora; sealbales salario repartido por cabezas de los
indios, para los que eran corregidores; no los sacaban de las tasas como
agora se sacan. Por lo cual en nuestro convento de Los Reyes nos
mandaron los prelados,  los que podiamos confesar, no confessemos 
corregidor, ni que lo hobiese sido, ni lo pretendiese; buscasen otros
confesores; destos corregidores por ventura volveremos  tractar
adelante, y no ser muy tarde, cuando tractaremos del gobierno de don
Francisco de Toledo.

En su tiempo despach  un sobrino suyo, llamado Alvaro de Mendaa,
caballero de 25 aos, pocos ms, de grandes esperanzas, nobilsimo y de
muy buenas partes, con dos navios y muchos y muy buenos soldados
antiguos y modernos, al descubrimiento de las islas de Salomn, con
ttulo de gobernador y capitan general, y por su maese de campo  Pedro
de Ortega Valencia, hombre de mucho gobierno,  quien, si Alvaro de
Mendaa faltase, le instituia en el mismo cargo; con prspero viaje, en
breve tiempo caminando,  por mejor decir navegando al Poniente, sin se
apartar de la lnea equinoctial ms que  doce grados de la una y otra
parte della, descubri cantidad de islas, todas pobladas, y algunas muy
grandes, y en particular una que, por descubrirla el maese de campo,
natural de Guadalcanal, le puso el nombre de su patria. Esta es muy
grande y pobladsima; la gente es morena, y alguna que come carne
humana; bien dispuesta y valiente; usan arco y flecha, qu'es el arma ms
antigua del mundo, y dardos de palma arrojadizos, con los cuales
fcilmente pasan una rodela; los que fueron eran pocos para poblar, y se
habian de dividir, porque en un navio necesariamente habia de volver con
la nueva y relacion de lo descubierto, y en l algunos de los soldados,
y los que quedaban eran pocos para sustentarse; determinaron dar la
vuelta al Per, donde aportaron. Despues fu Alvaro de Mendaa  Espaa,
hizo relacion de lo que habia visto y descubierto; hzole merced Su
Majestad del Adelantamiento dellas, y dile cdulas y recados para que
el Visorrey le diese lo necesario.

Vino con ellos  tiempo que gobernaba don Francisco de Toledo, el cual
dilat el cumplimiento de las cdulas. Lo mismo hicieron sus sucesores,
hasta que don Garca de Mendoza las cumpli, el cual, partiendo del
puerto del Callao con dos navios y una fusta para correr la costa y
reconocer los puertos, con su mujer y la gente que pudo juntar y le
pareci bastante para su intento; el piloto que llevaban no era tan
experto como el primero, erraron la derrota, aunque dieron en otras
islas pobladas, creo mucho ms adelante de las que descubri primero,
por lo cual,  por no s qu ocasion, su maese de campo, Fulano Merino,
se le quiso amotinar con parte de los soldados, de quien hizo justicia,
y de los ms culpados. Pero dende  poco muri el pobre caballero, y su
mujer, con parte de la gente, aport  las islas de Manila, adonde se
cas segunda vez con un hermano del gobernador de aquella isla, y di la
vuelta para este reino, y desta suerte se desbarat y perdi aquella
jornada. Vi una carta en que decia les habia Nuestro Seor ofrecido muy
buena y gran ocasion para que tuviera buen fin este viaje, pero no la
supieron conocer, porque no llevaba capitanes expertos, y por eso la
perdieron; algunos de los soldados que fueron, han vuelto pocos; no los
he visto para informarme de lo sucedido; otros lo escribirn.

Un ao antes  poco ms, en la ciudad del Cuzco so tract una rebelion
contra la Majestad Real, por un soldado llamado Fulano de Tordoya,
emparentado en el Cuzco, el cual, no se atreviendo ponerla en ejecucion,
se sali de la cibdad y con sus valedores, unos por una parte y otros
por otra, en nmero ms de 130 se fueron  una provincia llamada de los
Chunchos, indios de guerra, adonde en alguna manera se hicieron fuertes,
teniendo tractado con un Fulano Galvan, que residia en la provincia de
Chucuito, valenton, que habia de ser maese de campo, que juntase los ms
soldados que pudiese en aquella provincia y otras comarcanas al Cuzco y
avisase al Tordoya, con quien se comunicaba, de la gente que tenia
persuadida  la rebelion, y entonces Tordoya con los suyos habia de
salir, y juntndose con Galvan tiranizar la tierra.

Descubrise este tracto y lleg la nueva[10]  la ciudad del Cuzco, de
donde por la posta sali el capitan Sotelo, vecino de aquella ciudad, 
dar favor  Diego de Galdo, corregidor que  la sazon era de la
provincia de Chucuito, donde Galvan solicitaba traidores; el cual
capitan Sotelo cuando lleg, ya el corregidor Diego de Galdo habia hecho
cuartos  Galvan y puesto la cabeza en el rollo de Chucuito, y hecho
justicia de algunos traidorcillos que hall culpados,  cuyo castigo
salieron tambien el corregidor con los vecinos de la ciudad de Arequipa,
que dista del pueblo de Chucuito cuarenta leguas, poco ms. El capitan
Sotelo tenia comision, desde el Cuzco para adelante, del gobernador
Castro, hasta la provincia de Chucuito, para cognocer de semejantes
delitos y castigar los culpados; mas como hall hecho el castigo,
componiendo algunas cosas se volvi  su casa.

  [10] Tachado: _ la Audiencia de los Charcas y  la ciudad del
  Cuzco_.

Sabido por el Presidente de la ciudad de La Plata, licenciado Juan
Ramirez de Quiones, y Oidores, despacharon al licenciado Recalde, Oidor
de aquella Real Audiencia, con poderes bastantes para cognocer y hacer
justicia y lo dems necesario; el cual, llegando  la provincia de
Chucuito, y ponindose lo ms cerca que pudo de la provincia de los
Chunchos, donde estaba Tordoya con sus secuaces, los curacas de los
indios Chunchos le enviaron sus mensajeros  decir qu queria que
hiciesen de aquellos espaoles que all se habian recogido; les
respondi que los matasen todos; lo cual los indios hicieron de muy
buena gana, porque ninguno dellos jams sali de aquella provincia.

Provey Su Majestad por Visorrey destos reinos  don Francisco de
Toledo, el cual, llegando  la ciudad de Los Reyes, tom residencia al
gobernador Castro, contra quien no hall en qu condenarle, porque Su
Majestad le mandaba que, dada la residencia, subiese  visitar el
Audiencia de la ciudad de La Plata, subi  visitarla, lo cual hizo con
toda la rectitud y cristiandad posible; yo me hall entonces en aquella
ciudad;  unos priv,  otros condemn,  otros de los Oidores
suspendi. Contra quien no hall querella ni otra cosa fu el fiscal, el
licenciado Rabanal, que hacia su oficio muy cristianamente. Hecha esta
visita volvi  la ciudad de Los Reyes, y dende  Espaa con prspero
viaje, donde dentro de pocos meses muri (dicen) Presidente del Consejo
de Indias, loablemente.




CAPITULO XXV

DEL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO


Sucedi (como acabamos de decir) al humansimo gobernador Castro don
Francisco de Toledo, caballero del hbito de Alcntara, de bonsimo y
delicado entendimiento; fu recibido en Los Reyes con la solemnidad
acostumbrada. Luego dentro de pocos meses procur reformar algunas cosas
en la ciudad dignas de reformacin, de servicio de Dios Nuestro Seor,
que fueron ciertos pblicos amancebamientos, los cuales reformados, y
aun castigados, y acabada la residencia del gobernador Castro, en la
cual tuvo poco que entretenerse, sali  visitar todo el reino, como
traia rden de Su Majestad para ello, cosa necesarsima para todo el
reino, de Lima hasta Potos, que es lo principal, y siendo informado, y
vindolo en muchas partes por vista de ojos, cun derramados vivian los
indios en poblezuelos pequeos, si no eran los del Collao, que stos
tenian sus pueblos grandes y formados, y aun aqu se redujeron no pocos
que habia en la Puna,  Xalca (Puna  Xalca llamamos  la tierra fria
donde se cria el ganado), mand hacer esta reduccin, de muchos aos por
los sacerdotes deseada; obra de mucho trabajo, por la dificultad que en
los indios se hall para dejar sus casillas donde sus antepasados habian
vivido, pero de gran bien para la instruccin de los naturales en la
doctrina cristiana, porque antes pueblos que hora son de trescientos
vecinos y cuatrocientos, y ms, estaban divididos en ms de diez y doce
poblezuelos, en circuito de ms de tres leguas; por lo cual el sacerdote
vivia en perptuo movimiento, fuera de que, como en esta miserable gente
ha entrado tan mal la fe y ley evanglica, volvanse fcilmente  sus
idolatrias y ritos antiguos. Agora, viviendo el sacerdote con ellos y
ellos con el sacerdote, evtanse grandes inconvenientes, y acdese  las
confesiones y administracin de sacramentos con mucha facilidad. Tas de
nuevo la tierra, y en muchas partes, por hallar multiplicados los
indios,  por ser la tierra ms rica, subi los tributos. Pocos, creo,
rebaj;  la provincia de Chucuito (como habemos dicho) lo que va 
decir: de 36.000 pesos ensayados  102.000, en lo cual si acert  err,
Nuestro Seor lo ha ya juzgado. En las tasas seal el salario  los
sacerdotes,  los corregidores de los partidos, porque antes pagbanlo
los indios fuera de la tasa, y al curaca principal; luego al
encomendero. Las ms de las tasas redujo casi  plata, quitando no
pagasen los indios tributos en cosas que en sus tierras tenian, conforme
 las cdulas de Su Majestad hasta entonces usadas y guardadas; por lo
cual la tierra ha venido  carecer de las menudencias que antes andaban
rodando.

La tierra _estaba_ ms harta, y las casas de los vecinos ms abundantes
y llenas, y los indios con menos trabajo pagaban sus tributos, porque
como parte fuese en plata, parte en ropa, parte en trigo, maz, sogas,
alpargates, gallinas, huevos, cebones, etc., si no era la plata, lo
dems tenian en su tierra sin salir della; agora en las partes donde las
redujo  plata, han de salir los miserables  buscarla  otras partes, 
donde no pueden ayudarse de sus mujeres, y as las dejan, y hijos, y
unos se mueren, otros se quedan, otros se meten en valles apartados de
su natural, donde ojal y no se casen otra vez; y con estos y otros
inconvenientes, los ms de los pueblos padecen detrimento, lo cual
experimentamos con evidencia, porque en pueblos de 1.000 vecinos
tributarios no se juntan  la doctrina, los domingos y dias para ellos
forzosos, 250, y al respecto en lo dems. Allgase  esto para que
acudan menos los tractos y contractos de los corregidores, que ocupan
los indios envindolos lejos de sus tierras, particularmente los del
Collao, por trigo  maz, ms de treinta y cuarenta leguas, y por vino 
la ciudad de Arequipa y  otras tierras de los Llanos, adonde corren
riesgo de salud; por lo cual lo que se pens que poner los corregidores
habia de ser para bien de los naturales y para librarlos de las tiranias
de los curacas, y malos tractamientos de algunos espaoles, y para el
augmento de sus haciendas, es la total destruicion de las haciendas de
los indios, y mayor cuando se les ponen administradores, como los ms
los tienen, y para diminucion de los naturales.

Librronlos, y no quedaron muy libres de las manos de los curacas, pero
los malos corregidores apodranse dellos, y si no digo la provincia de
Chucuito, que es fama pblica en el reino haberse ido della, dejando sus
mujeres, hijos y haciendas, ms de 8.000 indios  la provincia de los
Chunchos, indios de guerra, de donde han enviado  decir no volvern 
sus tierras mientras as los tractaren; no es posible sino que sean
apstatas, y se vuelvan  sus idolatrias; yo he visto muchas veces esta
tierra desde Los Reyes  Potos, donde la obediencia me ha enviado 
servir con lo que mi pobre talento alcanza, y he tenido muchos dares y
tomares con los corregidores de los partidos, y administradores, sobre
las haciendas de los indios y sus menoscabos, y no hay hacerles creer 
los administradores que son como tutores de los indios, y que as como
el tutor no puede sacar para s, ni por s, ni por tercera persona, la
hacienda de la menor, ellos tampoco la pueden sacar, por ms razones que
se les traigan delante, porque estn persuadidos que, dando lo que otro
diera por ella, ellos la pueden sacar, y no hay sacarlos de aqu, y
corregidores, preguntndoles si juran guardar las ordenanzas de
corregidores, me han dicho que no, y por esto los tractos y contratos
son no pocos, en sus distritos, con gran detrimento de los indios, de
los cuales pusiera aqu algunos si fuera deste intento tractarlo, los
cuales he visto con mis propios ojos; tambien para los caminantes es
inconveniente, porque como los corregidores malos vendan en ellos todo
lo necesario, pan, maz, vino, tocino y otras cosas, cmo han de poner
los precios en el arancel? lo ms subidos que pudieren, de suerte qu'el
arancel y lo en l contenido es del[11] corregidor. Los bienes de las
comunidades que se sacan  vender en pregones, cuales son carneros de
los nuestros, carneros de la tierra, coca, maz y otras cosas, los que
los han de rematar lo sacan para s, echando terceros, y luego se sabe
es para el corregidor, protector  administrador, y por ventura para
todos tres; porque el lobo y la vulpeja, si alguno lo quiere poner en
precio, luego le dicen  la oreja: no hable en ello, porque es para el
corregidor, so pena que si lo hace se malquista con los tres, y lo echan
del repartimiento, donde el pobre anda afanando un tomin, y desta suerte
cmo no se han de menoscabar las haciendas de los indios? Dir lo que
me dijo un indio, agora catorce aos, yendo  Potos, y llegando  la
venta llamada de En Medio; pedle una frezada para una noche, que es
como bernia de marinero, y es uso darla  los pasajeros; respondime no
la tener; djele: T no eras del general Lorenzo de Aldana?
respondime: S; djele: Pues qu es de tanta hacienda como os dej,
vacas, ovejas y otras ms, para que me digas no tienes un chusi? As se
llaman estas frezadas; respondime: Estos administradores lo han
destruido todo. Pues es as verdad, que tenian tanto ganado de todo
gnero, y principalmente vacas y ovejas nuestras, cuando los padres de
San Agustin que doctrinan  estos indios eran los administradores de sus
haciendas, por institucion del general Lorenzo de Aldana, que viviendo
yo en la ciudad de La Plata, donde cae este repartimiento, que es el de
Paria y Capinota, se vendieron en la plaza, en pblica almoneda, 3.000
cabezas de vientre, de vacas,  30 reales, puestas donde el comprador
las quiso. Pues de donde se sacan 3.000 cabezas para vender, cuntas
han de quedar? ms habian de quedar de 6.000; si agora tienen ganado,
sea testigo la experiencia. En esto que vamos tractando no culpamos al
Visorrey don Francisco de Toledo, porque esto es cierto que no puso los
corregidores para la destruicion de los indios, ni para que se
aprovechasen de la plata de la comunidad, como parece por las ordenanzas
que hizo, muy justas y buenas, y por las penas puestas  los
corregidores, tractantes y administradores, sino para el bien de los
naturales; pero la avaricia ha crecido tanto que por ventura convernia
quitarlos; porque yo s de un corregidor, proveido por el mismo don
Francisco de Toledo, hijo de un Oidor de Lima, y corregidor del
repartimiento que vamos tractando, que dicindole tractaba con la plata
de la comunidad, envi  hacer informacion secreta contra l, y le
castigara, por ms hijo de Oidor que fuera, por las penas puestas, sino
que fu avisado, y cuando el que habia de hacer la informacion lleg,
hall las cajas llenas y enteradas. Poner administradores para las
haciendas de los indios no s si fuera tan acertado, porque ms
haciendas tenian cuando ellos las gobernaban, puesto un indio de razon
por administrador, y tambien s que gobernando don Francisco de Toledo,
no se atrevian los corregidores  tractar ni contractar tan pblicamente
como agora. O decir  uno y delante de muchos: El Visorrey no me envia
para que me est mano sobre mano, sino para que me aproveche; y as,
juro  tal, que en viendo la ganancia al ojo no se me ha de ir de las
manos, y en dos aos sac con que vive honradamente.

  [11] Tachado: _arancel_.




CAPITULO XXVI

DE LA GUERRA QUE HIZO AL INGA


Prosiguiendo su viaje don Francisco de Toledo, Visorrey destos reinos,
desde Guamanca al Cuzco, y llegando  esta ciudad, fu recebido
solemnsimamente por el cabildo della y dems ciudadanos, y en la puerta
de la ciudad, jurando de guardar los fueros y derechos della; al tiempo
de firmar, el escribano de cabildo le di una pluma de oro con que
firmase. El primero dia de fiesta se lucieron muchas con toros y juegos
de caas guarnecidas con plata. Descansando all unos pocos de dias del
trabajo del camino, que lo es y muy spero, aunque para Virreyes,
obispos, prelados y otros personajes desta calidad no lo es tanto,
llevando desde Guamanga noticia de los daos que los Ingas que se
quedaron en los Andes y no quisieron salir cuando el marqus de Caete
el Viejo, de felice memoria, sac al Inga (como dijimos), determin por
bien  por mal sacarlos, allanarlos y reducirlos al servicio de Su
Majestad, porque salian con mano armada y hacian particularmente dao,
robando y matando en los trminos de Guamanga y el camino Real que hay
desde all al Cuzco; por lo cual nombr sus capitanes  Martin de
Arbieto de Mendoza, capitan general,  Martin de Meneses capitan,
vecino del Cuzco, y  otros,  public la guerra con toda solemnidad
acostumbrada; envi algunos criados de su casa, lanzas y arcabuces, que
salieron desde Lima acompandole, como tenian obligacion, mal pagados;
entraron en las montaas de los Andes; los Ingas habian alzado y jurado
 su modo por rey  un Inga, muchacho de 18  20 aos, de la casa de los
Ingas seores, porque viejo ni otro no habia ms cercano; los cuales,
viendo la pujanza de los espaoles, ni los esperaron  batalla ni
acometieron; antes se fueron huyendo un rio grande abajo, en pos de los
cuales en balsas los nuestros se echaron; alcanzronlo y prendieron al
pobre muchacho y los principales de sus capitanes, con los cuales se
volvieron al Cuzco muy victoriosos, porque ni de la parte de los
nuestros ni de los Ingas hobo derramamiento de sangre.

Llegados al Cuzco, mand el Visorrey que en la fortaleza que llaman del
Cuzco, casa de don Carlos Inga, hijo de Paulo Inga, el cual ayud  los
espaoles  conquistar el Collao con 40.000 indios que traia consigo, 
fu con don Diego de Almagro el viejo  Chile, que no es muy fuerte, le
mand poner preso, creo sin prisiones; empero  sus capitanes todos en
ellas y  buen recado con guarda de espaoles lanzas y arcabuces, y de
indios Caares. Procedi contra el Inga y sus capitanes, y mand 
religiosos de nuestro convento del Cuzco los industriasen y enseasen
las cosas de la fe, para que si quisiesen ser cristianos los baptizasen,
y lo mismo al Inga, los cuales, particularmente el Inga, como era de
poca edad, en breve deprendi las oraciones, y persuadindole fuese
cristiano y pidiese el sacramento del Baptismo, lo hizo  fu baptizado.
El Visorrey procedia y hacia sus informaciones contra el Inga  los
dems, que cometi al capitan general, y por lengua  un mestizo que
consigo traia para este objeto, muy gran lengua y en la nuestra muy
ladino, llamado Fulano Jimenez, empero en comun llamado Jimenillo;
hechas, pareci, conforme  lo que el Jimenillo interpretaba, tener
mucha culpa el Inga de los robos  muertes que los suyos hacian,
saliendo  hacerlos al distrito de Guamanga y camino Real de all al
Cuzco, y condenle el Visorrey  cortar la cabeza; hicieron en la plaza
su cadahalso para el dia sealado, y aunque fu importunado el Visorrey
por el reverendsimo de Popayn, augustino, que se hall en el Cuzco,
varon religiossimo, tenido en su obispado y ac por un hombre perfecto,
no quiero decir sancto, amado de todo el reino, que de rodillas, no es
encarecimiento, le suplic no le justiciase, sino lo enviase  Su
Majestad, porque era muchacho y habia poco tiempo le habian jurado por
rey, y no era posible que entendiese ni mandase hacer aquellos robos ni
muertes que se habian hecho, y cargando los prelados de las Ordenes, no
fueron poderosos para que no ejecutase la sentencia dada; sacronle, y
subindole al cadahalso para cortarle la cabeza, y viendo el pobre
muchacho que no habia remedio, sino que habia de morir, dijo: Pues para
matarme me persuadieron me baptizase y fuese cristiano? Lo cual en los
que se hallaban presentes caus muchas lgrimas y sentimiento, pero no
aprovech cosa alguna para que se le otorgase la vida. Cortronle la
cabeza y  los capitanes ahorcaron, y en una frontera llamada
Villcabamba mand el Visorrey poblar un pueblo, donde puso por capitan
general de aquella frontera y provincia al mismo Martin de Arbieto, y el
dia de hoy est poblada, y la tierra pacfica; empero Martin de Arbieto
es ya muerto y el Visorrey tambien, los cuales de la justificacion han
dado cuenta, y si fu justa, lo habr Nuestro Seor pagado, y lo mismo
si injusta.

_De_ las informaciones hechas por la interpretacin de Jimenillo,
result alguna culpa contra los Ingas que vivian en el Cuzco, y en
particular contra don Carlos, casado con una espaola, de la cual tenia
entonces un hijo nio, llamado don Melchior; decian que los Ingas de los
Andes y los dems del Cuzco le habian jurado por rey destos reinos, por
lo cual se procedi contra don Carlos. Quitle el Visorrey la casa y
puso en ella guarnicin de soldados lanzas y alguna artilleria,  indios
Caares, en la cual se guardaban las costumbres que en las fortalezas, y
por castellano  don Luis de Toledo, caballero muy principal y deudo
suyo.

Priv  don Carlos de los indios que tiene perptuos; empero apelando
por via de agravio, el Audiencia de Los Reyes se los ha vuelto, y casas
y dems haciendas, y por su muerte las posee su hijo, ya hombre, casado
con una espaola;  los dems Ingas desterr para Lima, y no s si aun
para Tierra Firme, los cuales apelando como don Carlos, los ms murieron
en Los Reyes, como mueren muchos de los serranos, y de los que
volvieron de sus casas al Cuzco libres por el Audiencia, venian tales
de la tierra callente, que en llegando acabaron sus dias; de suerte que
de los Ingas descendientes de Guaina Capac, ninguno,  pocos, ha
quedado.




CAPITULO XXVII

EL VISORREY EN SU VIAJE SE ENCONTR CON EL GOBERNADOR CASTRO


Todas estas cosas concluidas y dado asiento en otras, sali el Visorrey
don Francisco de Toledo del Cuzco, prosiguiendo su visita para el
Collao, en el cual, en el pueblo llamado Pucara, famoso porque all se
desbarat el tirano Francisco Hernandez, se encontr  hall al
gobernador Castro, que bajaba de la visita de la Audiencia de la ciudad
de La Plata,  quien preguntando el Visorrey y diciendo: Qu le ha
parecido  vuestra seoria de la tierra que ha visto,  yo tengo de ver?
respondi: Parceme, seor, que Su Majestad debe hacer merced  los
hijos  descendientes de los conquistadores, muy crecidas, porque si
nosotros, que caminamos en hombros de caballeros (y es as, en lo llano
caminaban en literas de acmilas, y en los malos pasos,  cuestas, en
literillas de hombros), comiendo  cada paso gallinas, capones, manjar
blanco, con todo el regalo posible, y no nos podemos valer del frio por
la destemplanza del aire y altura de la tierra, los desventurados que
andaban por aqu  pie, descalzos, las armas acuestas, con un poco de
maz tostado y papas cocidas, conquistando el reino  Su Majestad qu
no merecen, y por ellos sus hijos? Palabras verdaderas que procedieron
de un nimo cristiano, benignsimo, muy prudente y gran servidor de Su
Majestad, pues conocia las mercedes que Su Majestad, para descargo de su
conciencia, debia hacer  los descendientes de los conquistadores; pero
es la desventura de los conquistadores, pobladores, y de los que de
muchos aos en estas partes vivimos,  por mejor decir, son nuestros
pecados, y de nuestros padres, que no hay quien venga de Espaa, en la
cual no se saben tener en una burrica, ni limpiar las narices, ni en su
vida echado mano  la espada, (helos visto, en todo gnero de estado),
que no les paresca, los que vivimos en estos reinos de antiguo, que
somos poco menos que indios, y merecen ellos ms en venir, que los
miserables conquistadores, pobladores, ni sus hijos  nietos, ni los que
ayudan  sustentar este reino y lo han ayudado  sustentar de cincuenta
aos  esta parte; pero hase de cumplir como se ha cumplido y se va
cumpliendo, que por ser un discurso notable lo quiero escrebir.

En el reino de Chile hay una ciudad llamada Valdivia, de la cual
tractaremos cuando de aquel reino tractaremos; poblla don Pedro de
Valdivia, el primero gobernador de aquella tierra; fu muy rica de oro y
de indios; estaba el don Pedro de Valdivia en la plaza sentado en un
poyo arrimado  la pared de la iglesia, en buena conversacion, alegre,
con otros vecinos conquistadores con l all asentados; levantse 
deshora y comenzse  pasear delante dellos, la cabeza baja y mustio;
admirados los vecinos, uno dellos le pregunt: Seor, no estaba vuestra
merced agora (no habia seoria para los gobernadores) aqu con nosotros
en buena conversacion y alegre? qu tristeza es esa? Respondi: Rueguen
vuestras mercedes  Nuestro Seor por mi salud; parceme tengo de vivir
poco (y no vivi seis meses), y la causa de parecer estoy triste es que
se me ha representado aqu agora que estn en Valladolid (la corte
residia all entonces) los nios en las cunas y otros que se andan
paseando  pasearn por ella muy pintados con medias de aguja y zapatos
acuchillados, que han de venir  gozar de nuestros trabajos, y nuestros
hijos  nietos han de morir de hambre; si as pasa, testigo es todo el
reino, ste y el otro, y el otro.




CAPITULO XXVIII

EL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO LLEGA  POTOS Y DE ALL  LA CIUDAD
DE LA PLATA


Despidindose de Pucara el Visorrey del gobernador Castro, el uno para
Espaa y el otro para Potos, el Visorrey lleg  Potos, donde se le
hizo un costoso recibimiento y muy bueno, como en las dems partes, y
detenindose all poco tiempo, no creo fueron tres meses  cuatro, por
la destemplanza del asiento (entraba ya el verano, que es el tiempo ms
frio) para dar asiento  las cosas de aquel pueblo, muchas y muy
graves, vnose  la cuidad de La Plata, temple ms moderado mucho, y
donde  todo tiempo y todas horas se puede negociar, y donde reside el
Audiencia, y los vecinos de aquella provincia; presidia en el Audiencia
el licenciado Quiones; los Oidores, licenciado Haro, licenciado
Matienzo, licenciado Recalde, doctor Barros; fiscal, licenciado Rabanal,
todos en sus facultades eminentes y buenos jueces; hzosele al Virrey
muy bueno y costoso recibimiento; sirvile la ciudad con un caballo en
que entrase, del ms galano pellejo que se ha visto; no parecia sino un
brocado de tres altos, crin y cola blanca, y muy bueno, en quien entr
debajo de su palio. El Audiencia (esto vmoslo todos los religiosos y
otras personas eclesisticas, prebendados y los dems que all estbamos
aguardando para recebir en la Iglesia con la Sede vacante al Visorrey);
el Audiencia, digo, habia mandado llevar sus sillas con asientos y
respaldares de terciopelo carmes, fluecos grandes de oro y seda; no
falt quien dello di aviso al Visorrey, y viniendo ya cerca de la
ciudad envi un criado  portero que las quitase y pusiese una de las
ms comunes con guarniciones de cuero, y no muy nuevo. Es el Audiencia
avisado desto; envian un portero y quitan las mandadas poner por el
Visorrey,  pone las de la Audiencia, las cuales se quedaron. Los que
all estbamos, viendo quitar unas sillas  poner otras, admirbamos; en
la rueda estaba el licenciado don fray Pedro Gutierrez, su capellan, que
fu del Consejo de Indias, y dijo: como su excelencia fu criado del
Emperador Rey nuestro seor, es muy ceremonitico (propias palabras) y
as quiere que todo se guarde muy puntualmente; pero el Audiencia se
asent en sus sillas y dende adelante sin innovarse otra cosa.




CAPITULO XXIX

EL VISORREY DI ASIENTO  LAS TASAS Y COSAS DE POTOS


En esta ciudad de La Plata concluy la tasa de los indios  ella
subjetos, y los de la provincia de Chucuito, y di asiento  muchas
cosas acerca del cerro de Potos y azogue; tas los jornales que se
habian de dar  los indios sealados para el cerro; hizo muchas
ordenanzas acerca del buen gobierno de los naturales y espaoles,
justas, aprobadas despues por el Consejo Real de las Indias; empero
pocas se guardan y no nos admiramos, porque la ley de Dios es ms justa
y  cada paso la[12] traspasamos. En estas ordenanzas manda se castiguen
con rigor las borracheras, que si los corregidores de los partidos las
ejecutasen, no habria tan poca cristiandad en los indios.

  [12] En el ms., _las_.

En este tiempo se descubri el beneficio de los desmontes, que es el
metal desechado de los seores de las minas, y sacado fuera dellas sin
hacer caso dello ms que de escoria, y por el tiempo que dur, que fu
poco, se sac mucha cantidad de plata, lo cual viendo, hizo una  dos
ordenanzas acerca desto, muy buenas y justificadas: la una, que los
declaraba por bienes comunes, pero que ninguno pudiese recoger ms
metales de aquellos que en quince dias pudiese beneficiar, so pena de
tanto; ley bonsima para que los que tenian muchos indios, beneficiasen
como muchos; los que no tantos, como no tantos; y porque los que tenian
muchos indios no se ocupasen en amontonar, y  los pobres no dejasen
desmontes, mand tambien que los seores de minas no se pudiesen
aprovechar de desmontes ni los beneficiasen, aunque estuviesen dentro de
sus pertenencias y les hobiese costado su plata sacarlos fuera de sus
minas.

Esta entre telogos no se tuvo por tan justa, pues de los bienes comunes
nadie debe ser privado sino por delito; si otro se puede aprovechar de
la escoria del herrero, aunque la haya echado al muladar, por qu no el
herrero? Esta hizo diciendo que los seores de minas labrasen sus minas,
y los que no las tienen, los desmontes, y as se sacaria ms plata.

Estos desmontes fueron de mucha riqueza, porque algunos dellos, y todos
generalmente, acudian  cinco pesos por quintal, que es mucho, y hobo
algunos de  siete y  ms; y porque no volvamos  ellos, cuando el
Visorrey sali de los Chiriguanas hall que muchos (aunque les
predicbamos no lo podian hacer sin injusticia) habian recogido, 
20.000 y  30.000 y dende arriba quintales de metal, traspasando su
ordenanza: penlos  tres tomines por quintal, de donde sac ms de
40.000 pesos, con que enter la caja Real de lo que habia gastado della,
y satisfizo  algunos que fueron con l, que gastaron mucho en la
jornada, sin hacerse cosa de provecho, por nuestros pecados. Asimismo en
esta ciudad, como en las dems, habia algunos amancebados con indias;
qusolos castigar pblicamente, y cierto dia  deshora vemos entrar en
el gato[13] al presidente Quiones, licenciado Matienzo y licenciado
Recalde, y ellos propios sacar las indias de los tales espaoles, y
entregndolas  los alguaciles las llevaron  la crcel;  unos pareci
poca autoridad de Presidente y Oidores;  otros no pareci tan mal;
otros Oidores reian grandemente dello.

  [13] _Gato es como mercado_ (nota marginal).

As las desterr y conden  plata  los espaoles, y algunos revueltos
con mujeres casadas, no de calidad alguna, los desterr del pueblo.
Tambien en esta ciudad concluy las cuentas que habia comenzado  tomar
en el asiento de Potos  los oficiales reales,  dos particularmente,
el tesorero Robles y al factor Juan de Anguciana, que eran propietarios;
el contador habia poco era proveido por el mismo Visorrey por muerte del
contador Ibarra, contra quien no hobo las cosas que contra los dos, 
los cuales priv de los oficios, quitles las minas  ingenios que
tenian en Potos; tvolos presos y aun  canto el uno dellos que se le
volara el juicio,  los desterr  Espaa,  envi,  ellos apelando de
la sentencia fueron, donde les mandaron volver sus oficios y haciendas,
y condenados en costas,  lo menos al factor Juan de Anguciana (vi la
ejecutoria) como no pasasen de 400 ducados de Castilla. Pero el pobre
caballero viniendo muri en Panam; el tesorero Robles lleg  Potos;
volvironle sus haciendas y le vimos servir en su oficio.




CAPITULO XXX

SALIERON LOS CHIRIGUANAS  BESAR LAS MANOS  DON FRANCISCO DE TOLEDO


En esta misma ciudad salieron ocho indios chiriguanas, no llegaron 
diez,  besar las manos al Visorrey don Francisco de Toledo; alegrse
dello, recibiles muy bien y agasajles, y fingidamente (como es su
costumbre) le dijeron no querian ya ms guerra ni enemistad con los
cristianos, ni les hacer mal en las chcaras, como dos aos antes lo
habian hecho, sino toda paz y concordia,  lo cual salian para que si Su
Excelencia la queria admitir, volverian  sus tierras y traerian curacas
y indios principales con quien se asentase. El Visorrey admiti su
demanda y envi con algunos dellos, quedando otros como en rehenes de
que no harian mal,  un soldado, por nombre Mosquera, mestizo del Rio de
La Plata, hombre de bien, y en la lengua chiriguana, y en la nuestra,
bien experto; entre los Chiriguanas que quedaron fu un muchachon de 18
 20 aos, que se comenz  hacer medio chocarrero,  quien, aunque no
le baptizaron, llamaron en palacio don Francisquillo; vistironle como 
espaol, y entraba  salia en palacio, y comenzaba  gorjear en nuestra
lengua, agudo y vivo como un fuego; fu Mosquera y volvi, y con l ms
de treinta naturales, Chiriguanas como veinte, y los dems de servicio
indios Chaneses, y entrellos dos Chiriguanas ms principales, el uno
llamado Marucare y el otro por excelencia Inga Condorillo, y otro indio
de nacion Chicha, que confinan con estos Chiriguanas, de los cuales
habemos tractado y habemos de tornar  tractar cuando prosiguiremos el
camino de Talina  Tucumn; este indio se llamaba Baltasarillo,
baptizado,  quien desde nio le cri en este reino el capitan Baltasar
Velazquez, hombre principal y rico, teniendo  su cargo las haciendas de
Hernando Pizarro, de cuyo repartimiento era este indio, porque las
Chichas eran de Hernando Pizarro, digo de su encomienda; bien dispuesto
y en la lengua general y en la nuestra bien ladino. No le pareciendo
bien vivir como cristiano, ni en su natural, se pas  los Chiriguanas,
y habia ya tomado sus costumbres, y los capitaneaba contra nosotros y
contra su propia nacion y sangre. A estos Chiriguanas se les seal casa
por s, y proveyseles de mucha comida y bebida, entre los cuales no
Chiriguanas salieron dos de servicio, varon  mujer, que si fueran bien
proporcionados eran de gnero de gigantes; eran de nacion Chaneses. El
Visorrey fu deteniendo  estos indios ms de lo que ellos quisieran, y
los parientes que all en sus tierras los esperaban, aunque es as que 
cabo de muchos meses casi  la mitad dellos di licencia para que se
volviesen, y entrellos  Marucare, detuvo al Inga Condorillo y al
Baltasarillo. Como los de ac se tardaban, los Chiriguanas que all en
sus tierras vivian, deseando saber si los suyos eran muertos  vivos,
hacen y componen una fiction, y con ella envian cuatro indios mozos,
bien dispuestos,  la ciudad de La Plata, para que con ella engaando al
Visorrey los dejase volver  todos, y la fiction fu: los cuatro indios
Chiriguanas que vinieron, cada uno traia una cruz hecha de madera,
colorada, de una pieza, tan grande y gruesa como un bordn, y lisas que
no parecian sino bruidas; realmente bien hechas. Con stas partieron de
sus tierras, y entrando en los trminos de la cibdad de La Plata, por
los valles que habemos dicho ser poblados de chcaras de espaoles,
aunque pasaban por las chcaras pedian comida y eran conocidos ser
Chiriguanas, ninguno les hacia mal, antes les daban matalotaje,
principalmente vindolos con cruces en las manos, y preguntando por el
Apo, que es decir el Virrey, y encaminaban de valle en valle, hasta que
entraron en la cibdad, en la cual cuando los indios de la plaza los
vieron se alborotaron como quien via  enemigos capitales y comunes, y
de algunos nuestros espaoles se alborotaban, no para tomar armas, sino
por verlos con cruces, y preguntando por el Visorrey, con esta palabra:
Apo, Apo, no decian ms, y esta no es de su lengua, de la deste reino la
han tomado, con la cual bien se entendia, buscaban  preguntaban por el
Visorrey. Digo, pues, que los nuestros espaoles se admiraban verlos con
cruces en las manos, como cosa nueva. Preguntando, pues, por el Apo,
encaminronlos  la casa del Virrey, donde llegados, aunque el Virrey
estaba enfermo mand se les diese entrada; en la cuadra donde yacia
enfermo tenia un adoratorio bueno como de Visorrey, en un encaje de una
pared, guarnecidas las paredes con paos de seda; en entrando y viendo
el adoratorio, ningun caso hicieron del Visorrey, sino del adoratorio,
hincndose de rodillas; no rezaron mucho, no son muy amigos de saber las
oraciones; levantndose  su modo hicieron su reverencia al Visorrey;
esto le admir mucho, y  sus criados y  otros que  la sazon con el
Visorrey estaban, y entre ellos al padre fray Garca de Toledo, deudo
muy cercano del Visorrey, y religioso nuestro, de quien dijimos haber
sido provincial, pero fuelo despues desto. La cibdad aguardaba saber
esta novedad, y en la sala y patio habia mucha gente de toda suerte.




CAPITULO XXXI

REFIRESE LA FICTION CHIRIGUANA


Vistos por el Visorrey los Chiriguanas, mand llamar un lengua, y fu
uno de dos,  Mosquera, de quien dijimos haber sacado los treinta
Chiriguanas,  aquel mestizo Capillas, que habemos referido vive agora
con los Chiriguanas, que junto  las casas de la morada del Visorrey
vivia, y creo fu ste, por estar ms cerca; venido, sea  el uno  el
otro, proponen su embajada y dicen que los curacas de los Chiriguanas y
dems indios los envian al Apo para hacerlo saber cmo ellos no quieren
guerra con cristianos, ni quieren ya comer carne humana, ni tener
acceso  sus hermanas, ni casarse con ellas, ni los dems vicios que
dejamos referidos, de que son contaminados, sino servir  Dios y al rey
de Castilla, y ser baptizados y cristianos, porque Dios les habia
enviado un ngel,  quien despues llamaron Sanctiago, que de parte de
Dios les dijo se apartasen destos vicios y enviasen al Apo del Per 
pedirle hombres de la casa de Dios, que son sacerdotes, para baptizarlos
 industriarlos en cosas de la fe; y en seal desto ser verdadero traian
aquellas cruces, y pues no dijeron se las habia dado aquel ngel fueron
inadvertidos, porque tambien fueran creidos. Visto  odo por el
Visorrey y de los de su casa all presentes, y el padre fray Garca,
lloraban de gozo dando gracias  Nuestro Seor por tantas mercedes como
 estos brbaros habia hecho. Luego el Visorrey mand tomar por relacion
lo dicho por estos come hombres, lo cual hizo el secretario Alvaro Ruiz
Navamuel, y mand se diese aviso  la Sede vacante, para que salgan  la
puerta del Perdon, de la iglesia mayor, cercana  la puerta de palacio,
con cruz alta, un prebendado con capa reciba las cruces y las ponga en
el altar mayor al un lado y otro del altar, porque estos Chiriguanas
vean la reverencia que los cristianos hacemos  la cruz, lo cual as se
hizo, y el arcediano, que  la sazon era el doctor Palacio Alvarado, se
visti, recibi las cruces y las puso en el altar mayor, y all
estuvieron muchos dias  vista de todo el pueblo.




CAPITULO XXXII

EL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO CONVOCA AUDIENCIA SEDE VACANTE Y
PRELADOS DE LAS RDENES, Y PIDE PARECER.


Hecho esto, otro dia, el Visorrey, para las dos despues de medio dia,
convoc el Audiencia, Sede vacante, prelados de las Ordenes, cabildo de
la ciudad y letrados del Audiencia, y los ms principales del pueblo,
para leerles la relacion que se habia tomado de los Chiriguanas que
trujeron las cruces; en nuestra casa  la sazon, porque el superior
estaba ausente, el vicario del convento mandme fuese  ver lo quel
Visorrey queria; no sabiamos qu. Llegada la hora y entrando en la
cuadra donde el Visorrey yacia en su cama,  la cabecera se asent el
Presidente Quiones, y luego los Oidores por su antigedad; de la media
cama para abajo corrian las sillas para los prelados de las Ordenes; yo
tom el lugar de mi Orden; luego el guardian de San Francisco, prior de
San Augustin, y comendador de Nuestra Seora de las Mercedes. Leyse la
relacion, de tres pliegos de papel; los que viven  _placebo_,
admirndose, muchos visajes con el rostro y cuerpo; otros, los menos,
reianse que se diese crdito [14] indios Chiriguanas; finalmente, el
Virrey habl en general, refiriendo algunas cosas de las en la relacion
puestas, y luego volvi  hablar con las Ordenes, pidiendo parecer sobre
lo que los indios pedian, haciendo grande hincapie en la veneracion y
reverencia que hicieron al adoratorio, y la que tenian  mostraban tener
 la cruz, y repitiendo cmo, visto el adoratorio, se humillaron sin
hacer caso del mismo Visorrey ni de los dems que all estaban, y pidi
parecer si seria bien enviar  la tierra Chiriguana algunos sacerdotes,
creyendo ser milagro la fiction destos come gente; porque pedir parecer
si era fiction, no le pas por el pensamiento; siempre el Visorrey, y
los de su casa, creyeron ser verdad. Es as cierto, que como se iba
leyendo la relacion, y viendo el crdito que se daba  estos ms que
brutos hombres, come gente, me carcomia dentro de m mismo, y quisiera
tener autoridad para con alguna clera decir lo que sentia, sabia y
habia odo decir de las costumbres destos Chiriguanas y sus tractos.
Empero, guardando el decoro que es justo, luego que el Visorrey pidi
parecer  las Ordenes, yo, aunque no era prelado, sino representaba el
lugar de nuestra religion, levantndome y haciendo el acatamiento
debido, sin saber hasta aquel puncto para qu ramos llamados, y
tornndome  sentar, dije: No se admire Vuestra Excelencia qu'estos
indios Chiriguanas hagan tanta reverencia  la cruz, porque yo me
acuerdo haber leido los aos pasados dos cartas que el reverendsimo
desta ciudad, fray Domingo de Santo Toms, que est en el cielo, de
nuestra sagrada religion, llev consigo  Los Reyes, yendo al Snodo
episcopal, de un religioso Carmelita, scriptas al seor obispo, el cual
entre estos indios andaba rescatando indios Chaneses. En diciendo estas
palabras, no habiendo concluido una sentencia, sin dejarme pasar ms
adelante, el Presidente de la Audiencia, el licenciado Quiones, dice:
No hobo tal Carmelita. Empero, estando yo cierto de la verdad que queria
tractar, respond: S hobo. El Presidente, por tres veces y ms
contradiciendo,  yo por otras tantas, no con ms palabras de las
dichas, afirmando mi verdad; en fin, el licenciado Recalde, Oidor de la
Audiencia, volvi por ella, y dijo: Seor Presidente, razon tiene el
padre fray Reginaldo: un religioso Carmelita anduvo cierto tiempo entre
ellos. Callando el Presidente, y esta verdad declarada, prosigo mi
razonamiento y dije: Estas dos cartas, el Reverendsimo, cierto dia,
despues de comer y de una conclusion que cuotidianamente se tiene de
Teologia en el general della, las sac al padre prior, que  la sazon
era el padre fray Alonso de la Cerda, despues obispo de esta ciudad, y
dijo: Mande vuestra paternidad se lean estas cartas, que dar gusto
oirlas  los padres. El padre prior me mand las leyese, y en ellas el
padre Carmelita, despues de dado al Reverendsimo alguna cuenta del
sitio de la tierra, le decia haber no s cuantos aos, de tres  cuatro,
que entraba y salia en aquella tierra, tractaba con estos Chiriguanas y
les predicaba, y no le hacian mal alguno, antes le oian de buena gana, 
lo que mostraban, y tenia hechas iglesias en pueblos,  las cuales
llamaba Santa Maria, en cuyas paredes hacia pintar muchas cruces, mas
que no se atrevia  baptizar  ninguno, ni decir misa, ni para esto
llevaba recado; dejbalo en la tierra de paz. A los nios junctaba cada
dia  la doctrina, y se la[15] enseaba en nuestra lengua, y la letania.
Delante las iglesias habia hecho su placeta, en medio de la cual tenia
puesta una cruz de madera, muy alta, al pie de la cual en cada pueblo
enseaba la doctrina, y otras veces en la iglesia. Persuadia  todos los
indios, grandes y menores, que pasando delante de la cruz hiciesen la
reverencia; y ms decia, que faltando un ao las aguas, y las comidas
secndose (no es tierra muy lluviosa), vinieron  l los Chiriguanas del
pueblo donde residia, y le dijeron: Las comidas se nos secan; ruega  tu
Dios nos d aguas; si no, te mataremos. El cual oyendo el amenaza, dice
que se recogi en su corazon lo mejor que pudo, encomendse  Dios,
junct los nios de la doctrina, psose con ellos de rodillas en la
plaza delante de la cruz, comenzando la letania con la mayor devocion
que pudo. Al medio de la letania revulvese el cielo y llovi de suerte
que no pudiendo acabarla donde la habia comenzado, se entr con los
nios en la iglesia para acabarla, y dende entonces les provey Nuestro
Seor de aguas; el ao fu abundante de sus comidas; hecho esto y pasada
aquel agua, luego hizo su razonamiento  todos los indios que  la
letania se hallaron presentes, persuadindoles diesen gracias  Nuestro
Seor, se enmendasen y reverenciasen mucho  la cruz; decia ms, que
entre otras cosas que les procuraba persuadir, y algunas veces salia
con su intento, era no comiesen carne humana, por lo cual, viendo que ya
tenian  pique de matar al chans para se lo comer, se lo quitaba, y aun
casi por fuerza, y no se enojaban contra l; otras veces no podia tanto;
reprehendiales gravemente el ser deshonestos con sus hermanas, y referia
que un Chiriguana, enamorado de su propia hermana, y ella no arrostrando
 esta maldad, hallndola un dia aparte donde le pareci poner podia su
maldad en ejecucion, ella se le escap de las manos y corriendo se le
entr en la iglesia, donde el perro Chiriguana y bestial no se atrevi 
entrar, y visto por la hermana le dijo: Bellaco, yo dir al padre te
castigue; no se te acuerda que nos dice que manda Dios no hagamos esta
maldad? La muchacha dicindoselo reprehendi al hermano speramente.
Reprehendiales gravemente el vicio bestial de comer carne humana,  lo
cual algunas veces le respondian que si la comian era asada  cocida,
pero que no treinta leguas de all habia otros indios muy dispuestos,
llamados Tobas, que la comen cruda; estos eran malos hombres, y no
ellos, porque cuando van en el alcance, al indio que cogen, echndoselo
al hombro y corriendo tras los enemigos, se lo van comiendo vivo 
bocados; y que si queria, le llevarian  la tierra destos gigantes, 
los cuales por verlos hizo le llevasen all, y decia que los habian
visto desde un cerro, mas que no se atrevieron  bajar al llano, y  su
parecer serian de estatura de tres varas y media,  cuatro de alto,
fornidazos, y visto, di priesa  los Chiriguanas se volviesen antes de
ser sentidos, y este valle dista,  su parecer, no cien leguas de la
ciudad de La Plata. Todo esto, dije, yo le en el lugar referido; por lo
cual, no es milagro reverencien tanto  la cruz, enseados por aquel
padre carmelita. En lo tocante al milagro que dicen Dios les ha enviado
un ngel que les predica y ha mandado vengan  Vuestra Excelencia 
pedir sacerdotes, y lo dems, tngolo por fiction, y aun por imposible,
porque esta es una gente que no guarda un punto de ley natural, tanta es
la ceguera de su entendimiento; y  stos enviarle Dios ngel no es
creible, porque es doctrina de varones doctos, que si hobiese algun
hombre que en la edad presente, gentil, que guardase la ley natural,
volvindose  Nuestro Seor con favor suyo, Su Majestad le proveera de
quien le diese noticia de Cristo, porque dice San Pedro que en otro no
hay ni se halla salud para el nima, como envi  San Pedro  Cornelio,
y  Filipo dicono al eunuco, y  los Reyes Magos trujo con una
estrella; aunque no niego que Nuestro Seor, usando de su infinita
misericordia, no pueda hacer con stos lo que dicen, pues los hombres
igualmente le costamos su vida y sangre; mas los que agora stos dicen
tngolo por falsedad y fiction. En lo que toca  irles  predicar, si la
obediencia no me lo manda (no me atrever  ofrecerme  ello) ir
trompicando. Lo que stos pretenden es: saben que Vuestra Excelencia
hizo guerra al Inga, le sac de las montaas donde estaba, trjolo al
Cuzco  hizo dl justicia, y temen Vuestra Excelencia ha de hacer otro
tanto con stos, por los daos que en los vasallos de Su Majestad y en
los pobres inocentes han hecho y hacen, y quieren entretener  Vuestra
Excelencia hasta que tengan todas sus comidas recogidas y puestas en
cobro, y los Chiriguanas que estn agora en esta ciudad,  la primera
noche tempestuosa se han de huir y dejaran  Vuestra Excelencia
engaado. Dicho esto y otras cosas, hecho mi acatamiento, conclu mi
razonamiento. El padre guardian de San Francisco, llamado fray Diego de
Illanes, pidindole su parecer, dijo: No parece, Excelentsimo seor, si
no queremos negar los principios de Filosofa, sino que Nuestro Seor ha
guardado la conversion destos Chiriguanas para los felicsimos tiempos
en que Vuestra Excelencia gobierna estos reinos; y poco ms dicho, ces.
El padre prior de San Augustin, fray Hiernimo, no era hombre de letras,
buen religioso, remitise al parecer de los que mejor sintiesen; lo
mismo hizo el padre Comendador de las Mercedes. El padre fray Juan de
Vivero, que acompaaba al padre prior de San Augustin dijo que iria de
muy buena gana  predicarles, como en pblico y en secreto lo habia
dicho muchas veces.

  [14] Tachado: _los_.
  [15] En el ms., _le_.

El Visorrey, odo esto, pidi parecer al padre fray Garca de Toledo, de
quien habemos dicho ser hombre de muy bueno y claro entendimiento, que
un poco apartado de nosotros tenia su silla, dicindole: y  vuestra
merced, seor padre fray Garca, qu le parece? No respondi palabra al
Visorrey sino vuelto contra m, dice: con el de mi Orden lo quiero
haber; yo pseme un poco sobre los estribos, viendo ser una hormiguilla,
y mi contendedor un gigante, y dijo: cmo dice vuestra reverencia lo
afirmado? no sabe que Dios envi un ngel  Cornelio? Respond: S s,
y s tambien que antes que se lo enviase, ya Cornelio (dice la Sagrada
Escriptura) era varon religioso y temeroso de Dios, y cuando lleg San
Pedro hacia oracion al mismo Dios. Luego nos barajaron la pltica,  yo
qued por gran necio y hombre que habia dicho mil disparates, sin haber
quien por la verdad ni por m se atreviese  hablar una sola palabra. Es
gran peso para inclinarse los hombres, aun contra lo que sienten, ver
inclinados  los prncipes  lo que pretenden, por ser necesario pecho
del cielo para declararles la verdad. No digo lo tuve ni lo tengo, mas
dime Nuestro Seor entonces aquella libertad cristiana.




CAPITULO XXXIII

HACE EL VIRREY INFORMACION DEL MILAGRO


Persuadido el Visorrey don Francisco de Toledo que los indios
Chiriguanas le tractaban verdad, para ms en ella confirmarse y
confirmar  otros determin hacer una informacion de todo lo dicho por
los indios que trujeron las cruces, y los testigos que tomaba y
examinaba eran los mismos que dijeron la fiction, y algunos de los que
estaban ac; hzose la informacion con esta solemnidad; hallse presente
 ella el mismo Visorrey, el Presidente de la Audiencia, Quiones; el
dean de La Plata, el doctor Urquiza; el licenciado Villalobos, vicario
general por la Sede vacante, un hombre gran cristiano; tres secretarios:
el de gobernacion, Navamuel; el del Audiencia, Pedro Juares de Valer; el
de la Sede vacante, Juan de Losa; tres lenguas: un religioso nuestro
nacido y lego en el Rio de la Plata, llamado fray Agustin de la
Trinidad; Mosquera, de quien habemos tractado, y el mestizo Capillas. La
hora sealada era de las cuatro de la tarde hasta las ocho de la noche;
yo me hall  toda ella, porque iba por compaero del religioso lego, y
as lo ped para ver en qu paraba esta fiction. Los indios que vinieron
con las cruces fueron los primeros examinados, y declararon como habian
referido en su embajada. Luego llamaron  otros de los que estaban ac
que decian saber lo propio, y nunca tal dijeron hasta venidos los de las
cruces; declararon tambien el don Francisquillo, y sucedi lo que dir:
declaraban dos juntamente, y disparaban de lo que los otros habian
declarado;  este tiempo el don Francisquillo, haciendo fuerza al
portero del Virrey, como lo tenian por medio truhan, y el Visorrey
gustaba de verle tartamudear en nuestra lengua, entr dentro de la sala
donde el Visorrey y los dems estbamos, y arrimse  la pared frontera
de donde era el examen; el cual, oyendo cmo disparaban de lo qul y los
dems examinados habian declarado, djoles: Hermanos, no os dije ayer
todo lo que habiades de decir? cmo decs al contrario? y todos tres
lenguas fueron tan cortos, que no advirtieron al Visorrey de lo que
aquel don Francisquillo les dijo, para que se entendiera la fiction
destos. Dijronlo ya que nos venamos  nuestras casas acompaando al
dean, porque era todo camino entonces, y aun ms de una cuadra; lo
dijeron porque veniamos tractando que era fiction y mentira, y ellos
para confirmarlo dicen lo que el Francisquillo dijo  los que disparaban
de los dems encaminados, y fu promision de Dios, porque aunque lo
dijeran, no fueran creidos. Con mi poco talento yo me deshacia viendo lo
que pasaba, y que el Visorrey nos detuviese all tanto tiempo, y otra
noche siguiente djele: Suplico  Vuestra Excelencia sea servido oirme;
respondime: Decid; Seor, dije, si es verdad lo que stos dicen que
aquel ngel les predica, y afirman que unas veces le ven, otras no, y
cuando le ven entra en la iglesia muy resplandeciente y hermoso, no hay
duda sino que, para confirmacion de que es ngel,  Sandiago, como ellos
dicen, enviado de Dios, que para que le crean habr hecho algun milagro.
Porque esta es orden de Dios, como consta de Moiss, con los hijos de
Isrrael, que para que le creyesen hizo milagros delante dellos, y lo
mismo hicieron los apstoles y otros muchos sanctos para confirmacion de
la fe y predicacion evanglica; mande Vuestra Excelencia se les pregunte
si ha hecho algun milagro. El Visorrey dijo: Bien decs; pregntenselo.
Pregntanles las lenguas si aquel ngel  Sandiago ha hecho algun
milagro; responden haber hecho tres; el primero fu que le llevaron una
yegua picada de una vbora, que era de un curaca, para que la sanase, y
la san; este buen milagro es, porque convenia no se perdiese la casta
de los caballos en los Chiriguanas. El otro, que  un muchacho picado
de otra vbora, llevndoselo, lo san. El tercero fu, que no queriendo
unos Chiriguanas salir de las casas donde estaban,  oirle su
predicacion, les dijo: as, no quereis oir la palabra de Dios? pues yo
har venga del cielo fuego y os abrase, y descendi fuego del cielo y
los abras; y aun aadieron otro, que son cuatro: que en un pueblo
llamado Cuevo, no le queriendo oir, les dijo: Pues yo me ir, y os
dejar;  se fu, y la cruz que estaba en la plaza de la iglesia se
levant y se fu en pos de Sandiago y se plant en la plaza del otro
pueblo. Examinando  otros dos indios, y preguntndoles destos milagros,
en los dos primeros confirmronse; en lo del fuego de la casa, dijeron
haberse quemado acaso, pero que dentro della nadie pareci; y lo de la
cruz de Cuevo no hobo tal, sino que all est, y en el otro pueblo los
indios dl pusieron una cruz delante de la iglesia; y con todo esto se
pas adelante con la fiction, y se crey, y en la informacion se
escribieron ochenta hojas,  pocas menos; empero, cuando se huyeron los
Chiriguanas (como en el captulo siguiente diremos), ya entonces se
creia la fiction ser mentira,  yo me atrev  hablar cerca desta
materia y que habia salido verdad lo por m dicho, que no querian sino
engaar al Visorrey, y  la primera noche que sucediese tempestuosa,
huirse  sus tierras, como lo hicieron.




CAPITULO XXXIV

LOS CHIRIGUANAS SE HUYEN


El Visorrey don Francisco de Toledo, hecha la informacion, fu
deteniendo  los indios Chiriguanas, sin dejarles volver  sus tierras,
lo cual ellos sintiendo determinaron de huirse; esto fu descubierto, y
el Visorrey mand que de una casa que les habia dado, un poco apartada
del pueblo, en la parroquia de San Sebastian, se mudasen  otra dentro
del pueblo, donde se tuviese un poco de ms recaudo con ellos, y si se
huyesen luego fuese sabido; subcedi, pues, as, que venida una noche
muy tempestuosa, como las suele hacer en aquella cibdad y en toda la
provincia, se huyeron todos los que habian quedado, y entre ellos
Baltasarillo y el Chiriguana llamado Inga Condorillo. Sabido en casa del
Visorrey por sus criados, antes que amaneciese dispiertan al Visorrey, 
quien ni en aquella hora ni en otra, como durmiese, se atrevian 
despertar, y dcenle: Oh! seor, los Chiriguanas se han huido; entonces
dceles: No me quede ninguno de vosotros en casa que no los vaya
siguiendo y me los traya; sale la voz por el pueblo, de donde algunos de
los criados del Visorrey y otros de la ciudad, con sus vestidos negros,
sin esperar  ms, toman sus caballos, y aun los ajenos, que hallaban 
las puertas de sus amos, y sin ms detenerse, unos por una parte y
camino, otros por otra  por otro camino, se parten en busca de los
Chiriguanas, sin saber el camino que llevaban; dise aviso luego  los
chacareros de los valles por donde necesario habian de pasar, y  los
que  las riberas de los rios tenian sus haciendas, que velasen 
procurasen haberlos  las manos. Prendieron al Baltasarillo y  otros
tres, que trujeron al Visorrey. El Inga Condorillo con los dems aport
al valle do Oroneota, donde hay un poblezuelo pequeo de los indios
llamados Churumatas; en el paso estaban un mulato con dos indios, 
donde llegando el Inga Condorillo con sus compaeros, con un cuchillo
carnicero hiri al mulato, que luego huy, y luego acometen  los
indios, hirenlos  ambos, al uno de muerte, de que dentro de breves
dias muri; al otro ms livianamente, con lo cual se escaparon hasta
hoy, de suerte que lo que yo dije sali verdad; pero primero que saliese
andaba como corrido, sin atreverme  hablar, ni haber quien se atreviese
de los pocos que conmigo concordaban y sentian, aunque despues que los
recogieron  la cibdad, algunos libremente decian su parecer.




CAPITULO XXXV

EL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO DETERMINA IR  LOS CHIRIGUANAS EN
PERSONA


Sinti gravemente el Visorrey la huida de los Chiriguanas, como  quien
unos indios brbaros as burlaron, por lo cual, y porque convenia
hacerles guerra, subjectarlos,  echarlos  lo menos de aquellas
montaas y carnecerias donde vivian, dende  pocos dias determin l en
persona ir  castigarlos, y de all entrar en Santa Cruz de la Sierra y
sacar  don Diego de Mendoza y justiciarle, como lo hizo despues, y de
un tiro matar dos pjaros; sac tiendas, las cuales armaron delante de
su casa, en la cuadra de la iglesia mayor; nombr por capitan general 
don Gabriel Paniagua, vecino de la ciudad de La Plata, hombre muy rico,
comendador de Calatrava; por maestre de campo,  don Luis de Toledo, su
tio. Antes de se determinar tuvo muchos acuerdos y consejos, en los
cuales por el Audiencia siempre fu contradicho su parecer de ir en
persona, y se lo requirieron, porque para aquella guerra era suficiente
un capitan general con ciento y cincuenta soldados y tres capitanes, 
quien mandase ir al puesto del rio de los Sauces, dond'el capitan Andrs
Manso tuvo poblado, y de all hiciese la guerra como convenia hacerse 
estos come hombres, lo cual mejor que otro lo haria Pedro de Segura, de
nacion vizcaino, cursado en guerra contra los Chiriguanas,  quien ya
tenia perdido el miedo; envile  llamar, que vivia pobremente con su
mujer y hijos en un valle llamado Sopachui, ms de veinte leguas de la
ciudad de La Plata, el cual venido y ofrecindose  servir  Su Majestad
y al Visorrey en lo que le mandase, conforme  su obligacion de
hijodalgo; empero pidindole algun socorro para dejar  su mujer y
hijos, no se le di, y le despidi dicindole se volviese  su casa.

Determinse, pues, el Visorrey, contra el parecer del Audiencia y de los
dems vecinos y hombres que tenian experiencia cmo se habia de hacer
aquella guerra, de ir en persona, y as aderez y mand aderezar las
cosas necesarias.




CAPITULO XXXVI

EL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO PIDE PARECER SI DAR POR ESCLAVOS 
LOS CHIRIGUANAS


Determinado el Visorrey de entrar en persona contra estos come hombres,
enemigos comunes del gnero humano, llam  consulta al Audiencia, Sede
vacante, Cabildo de la ciudad de La Plata y  las Ordenes, y en
particular  estas, y letrados, si podia lcitamente dar por esclavos 
los Chiriguanas que se prendiesen en aquella guerra; juntos  la hora
sealada, y pidiendo parecer, y dando las causas que le movian  poderlo
hacer, hablando primero el doctor Urquizu, dean, le dijo que en la
guerra justa, como era la presente, era lcito al rendido captivarle,
por ser ya Derecho y comun consentimiento de las gentes, porque si  un
enemigo, en la tal guerra, tenindole rendido, le puedo quitar la vida,
gran beneficio le hago, dndosela, hacerle mi esclavo; empero porque l
habia visto una cdula del Emperador y rey nuestro seor Carlos V, en
que mandaba que  ningunos indios, por delictos gravsimos que tuviesen,
ni porque se hobiesen rebelado contra su corona Real, ni por comer
carne humana, ni por otros ningunos de sus Virreyes, gobernadores, ni
capitanes generales, les pudiesen dar por esclavos, ni  los ya
reducidos  su servicio, ni  los que de nuevo se reduciesen, y as
ponia en su libertad  todos los indios que como esclavos servian,
vendidos y comprados; por lo cual, conforme  esta cdula, usada 
guardada, no era lcito darlos por esclavos, por ser ley de nuestro Rey
y prncipe, en la cual para con estos indios moderaba la ley y Derecho
de las gentes de que arriba hicimos mencion que en la guerra justa al
rendido justamente se hace esclavo;  esto respondi el Virrey, aquella
cdula haberla Su Majestad despachado y establecido aquella ley para los
vecinos de Mxico, donde el Visorrey don Antonio de Mendoza tuvo muchos
esclavos indios con sus ingenios, y que no se entendi en estos reinos.
Odo esto por el doctor Urquizu, dijo: Si Vuestra Excelencia esa ley
puede as interpretar, con justo ttulo los puede dar Vuestra Excelencia
por esclavos. Con este parecer fueron todos los dems prelados de las
Ordenes, y casi concluida la consulta, y en este parecer resuelta,
vindome el Visorrey, mandme decir lo que sentia, y es cierto que no
siendo yo sino un muy simple y sencillo religioso de mi Orden, era
compaero de mi prior, me habia asentado muy abajo, y aun casi me
escondia, porque ni me viesen ni me preguntasen, parecindome ya en este
particular de los Chiriguanas me tenian por sospechoso. Pero no me pude
esconder qu'el Visorrey no me mandase decir mi parecer, al cual dije (no
parezca  nadie alabo mis agujas; tracto verdad _coram Deo et Christo
Jesu_): Seor, si la ley del Emperador y rey nuestro seor, de gloriosa
memoria, no se entiende en estos reinos, lo que  Vuestra Excelencia se
ha respondido se puede justsimamente hacer; pero aunque sea as,
Vuestra Excelencia debe mandar se modere este rigor desta suerte,
pareciendo conviene que los nios y mujeres inocentes, excepto las
viejas, porque stas son malditas, por cuyo consejo estos Chiriguanas
van  la guerra, no se den totalmente por esclavos, sino que el que los
captivare se sirva dellos toda su vida como de tales, no los pudiendo
vender ni enajenar, y que si algun otro se los hurtare  sosacare, sea
castigado como si cosa propia se le hobiera hurtado; los dems inocentes
queden libres como vasallos de Su Majestad, para que Vuestra Excelencia
los encomiende  quien fuese servido. Muvome  esto, porque todos estos
reinos se han de reducir  la corona de Castilla, y en contorno de los
Chiriguanas hay indios, y lejos dellos, que no estn reducidos. Pues si
estos tales oyeren decir que los cristianos han hecho esclavos, compran
y venden y han destruido  estos come hombres, no sabiendo la razon 
justicia de parte de Vuestra Excelencia para mandarlo, tenernos han ms
aborrecimiento del que nos tienen, y el nombre de cristiano se hace ms
odioso. El Visorrey dijo era piadoso parecer; empero, no lo queriendo
admitir, mand al general don Gabriel saliese  la plaza y con la
solemnidad acostumbrada publicase  fuego y  sangre la guerra contra
estos Chiriguanas, declarndolos y dando por esclavos  todos cuantos en
ella se rindiesen y prendiesen; lo cual hizo luego, y en la plaza
pblicamente se public y pregon como el Visorrey lo mandaba.




CAPITULO XXXVII

EL VISORREY MANDA AL GENERAL DON GABRIEL ENTRE CONTRA LOS CHIRIGUANAS
POR EL CAMINO DE SANTA CRUZ.


Publicada la guerra  fuego y sangre, y dados por esclavos los
Chiriguanas, mand el Visorrey al general don Gabriel que con 120
soldados, sin la gente de su casa, entre contra estos enemigos comunes
por el camino que va  Santa Cruz de la Sierra, y procure allanar al
cacique Vitapue, que est en medio del camino,   lo menos impedirle
que no pueda ir  socorrer  los dems contra quien el Visorrey entraba.
Apercibise el General de lo necesario, y con los soldados dichos, muy
buenos y bien aderezados, tom su camino. Lo que le subcedi diremos
cuando hobiramos concluido con lo que _aconteci_ al Visorrey.




CAPITULO XXXVIII

EL VISORREY NOMBRA CAPITANES Y ENTRA EN LA TIERRA CHIRIGUANA


Nombr tambien otros capitanes: por la ciudad de La Plata,  don
Fernando de Zrate, vecino della; por la villa de Potos,  Juan Ortz
de Zrate, su criado. Mand que todos los vecinos del Pueblo Nuevo
viniesen  servir  Su Majestad en esta jornada,  enviasen personas en
su lugar con sus armas y caballos; los ms vinieron; los otros enviaron
soldados  su costa; otros muchos hijosdalgo, conforme  su obligacion,
se ofrecieron  servir y fueron sirviendo sin inters ni socorro alguno.
Parti, pues, el Visorrey llevando en su compaa los lanzas y arcabuces
para la guarda de su persona, y para hacer lo que se les mandase. Por
justicia mayor del campo, al licenciado Ricalde, con buena casa de
soldados vizcainos y mucho gasto. Salieron con l de la ciudad de La
Plata pocos ms de 400 soldados, todos deseosos de concluir con esta
maldita canalla y de vengar la injuria hecha al Visorrey, engandole
como le engaaron; fueron tambien con l otros soldados que tenian sus
haciendas en los valles fronteras desta gente, y que aquella tierra la
habian visto muchas veces.

La primera jornada fu legua y media de la ciudad,  un valle llamado
Sotala,  donde se acabaron de juntar las cosas necesarias de
mantenimientos, y carneros para llevarlos; vinieron tambien all indios
de servicio y de los Chichas, que es gente buena y bellicosa, con sus
arcos y flechas. En este valle quisieron algunos criados del Virrey
saber qu tan fuerte era el arco Chiriguana, y tomando una cota la
pusieron en un costal de paja y  los indios Chiriguanas que llevaban
para guias hicironlos tirasen  la cota, y  los Chichas; los Chichas
desembrazaron primero, pero sus flechas resurtieron. Los Chiriguanas
desembrazando pasaron la cota y costal de banda  banda, de lo cual
fueron no poco admirados; es el Chiriguana bravo hombre de arco y
flecha, como dejamos dicho: y aunque es as que se llev gran cantidad
de comida, porque siempre se temi hambre, y temindola, los cursados en
aquella tierra y el camino que llevaban, dijeron al Virrey que para tal
tiempo proveyese,  lo menos dejase proveido, que de la ciudad de La
Plata y sus trminos, en el rio de los Sauces,  asiento de Condorillo,
le tuviesen comida, porque seria necesaria; no los quiso oir, y subcedi
as como diremos, que si lo dejara proveido, no se viera el campo en la
necesidad que se vi. Llegando, pues,  las puertas de las montaas
Chiriguanas, luego despach al capitan Juan Ortz de Zrate con su
compaa de cincuenta soldados, sin otros diez que le di viejos y
cursados,  un pueblo, creo llamado Tucurube, el primero por aquel
camino; el cual lleg  tan buen tiempo, que no hall indio en l que le
pudiese hacer resistencia, sino las mujeres y nios, por haber tres 
cuatro dias se habian partido  cazar indios chaneses para su
carniceria, y entre las mujeres vivia una mestiza que dijimos haberse
quedado en los Chiriguanas cuando mataron al capitan Andrs Manso y 
todos los que con l estaban, la cual con las dems indias se huy al
monte, y conocida por algunos, llamndola, no quiso volver, tir su
camino con las dems y hasta hoy se qued hecha chiriguana. Hallse aqu
mucha comida de maz, frsoles, zapallos, yucas y otras suertes de
mantenimientos de que se sustentan y hacen sus brevajes en mucha
cantidad; o certificar  algunos que con l fueron serian de todas
comidas ms de 3.000 fanegas. Apoderse del pueblo, que no era ms de
tres casas como las usan, muy anchas y ms largas. Los del pueblo _van_
al monte _y_ avisan  los Chiriguanas den luego la vuelta, porque los
cristianos se han apoderado de las casas y comidas; los cuales dentro de
pocos dias volvieron y entraron como de paz, no todos, sino los ms
principales, que  escondidas preguntaban quin era el capitan; si era
conocido dellos, viejo  chapeton,  si por ventura era el capitan
Hernando Diez de Recalde, que all como soldado iba. El capitan Hernando
Diez era dellos muy conocido por muchas y muy buenas suertes que habia
hecho con ellos; temianle y deseaban haberle  las manos; mas como
supieron era chapeton, y dellos no conocido, luego le tuvieron en poco y
engaaron, comenzndole  servir y traer agua y lea y lo que les
pedian. El capitan Juan de Zrate despach luego al Visorrey un soldado
con la nueva de la presa de la comida que tenia; el capitan aloj sus
soldados  lo largo de los buhios, de suerte que por las espaldas
estaban seguros; empero los Chiriguanas le persuadieron se metiese en
uno dellos, porque las indias que traian lea y agua y dems cosas para
guisar de comer tenian miedo de los soldados, y no venian de buena gana,
ni se atrevian  entrar dentro del buhio; persuadise  ello, aunque por
algunos soldados le fu rogado no lo hiciese ni desamparase su
alojamiento; con todo eso se meti dentro de la casa,  donde por
algunos dias le aseguraron los Chiriguanas sirvindole con mucho
cuidado. Empero no eran tan recatados que los que tenian alguna
experiencia de sus malas costumbres, por los ademanes y otras cosas,
entendianles los pensamientos, por lo cual avisaron al capitan se velase
y no hiciese tanta confianza de aquella gente sin Dios, sin ley y sin
rey; no quiso admitir este buen consejo, diciendo no era l hombre 
quien los Chiriguanas habian de engaar, no se acordando habian engaado
al Visorrey, con todo su buen entendimiento. Los que se recelaban, que
fu el capitan Hernando Diez de Recalde, con un hijo suyo y un negro, y
otros tres  cuatro que se le llegaron, no dormian en el buhio, sino
fuera, las espaldas seguras con unas piruas de maz juncto al buhio
(pirua es un cercado como de dos varas y media, redondo, de caas, donde
se encierra el maz), y la noche de cierto dia que conocieron lo que
habia de hacer la gente enemiga, se repararon lo mejor que pudieron y
estuvieron apercebidos velndose; esta noche, el capitan descuidado, dan
los Chiriguanas en l y en los dems que dormian  sueo suelto y sin
centinelas; mataron  un espaol y  uno  dos mulatos, y no s cuntos
indios, y hirieron  otros, y  soldado hobo, y lanza, que le pasaron un
muslo con una flecha, revuelto con su frezada. Los que estaban fuera,
stos detuvieron  los indios que no entrasen tan de golpe, y mataron
algunos con sus arcabuces, porque los que hicieron dao en el buhio
fueron los que all se habian quedado, como ellos decian,  dormir, y 
la hora sealada tomaron las armas que entre la lea metieron, y con
ellas hicieron el dao dicho, y al capitan hirieron livianamente en una
mano. Los Chiriguanas, como los de fuera les daban priesa, huyeron al
monte; lleg el dia; curaron los enfermos y enterraron los muertos, y el
capitan fu  buscar los enemigos, pero no hallndolos, se volvi; los
cuales se entiende haber recebido no poco dao, por la sangre que  la
maana se vi juncto  la casa. Dende  pocos dias determin el capitan
dejar el pueblo y comidas, y dar la vuelta en busca del Visorrey, 
donde llegando, y sabido el subceso, no lo quiso ver ni hablar por
muchos dias, y no sin mucha razon, porque si el capitan Juan de Zrate
siguiera el parecer de los expertos en la guerra Chiriguana, casi la
habia acabado; pero, como dijimos arriba, los que vienen de Espaa
tinennos por ms que brbaros; dijronle no desamparase la comida sin
rden del Visorrey, ni el pueblo, la cual, si no dejara, era fcil
llevarla al real y no se padeciera la hambre que despues se padeci, 
lo menos no tanta.




CAPITULO XXXIX

EL VISORREY NOMBRA CAPITAN  BARRASA, SU CAMARERO, Y LO ENVIA AL PUEBLO
DE MARUCARE


Prosiguiendo la tierra adentro el Visorrey con su campo, lo asent en
cierta parte cmoda, de donde nombrando por capitan  Francisco Barrasa,
su camarero, le mand escogiese cincuenta hombres en todo el ejrcito, y
con ellos fuese  un pueblo del curaca Marucare, que dijimos haber
salido  la cibdad de La Plata con Mosquera, pero el Visorrey le di
licencia para volverse  su tierra.

Antes que pasase ms adelante, se me podria preguntar por qu el
Visorrey no quiso recebir el consejo de los vaquianos. A esto respondo
lo que o  un personaje con quien el Virrey tractaba lo ntimo de su
corazon, que era el padre fray Garca de Toledo: el Virrey se persuadi
 que viendo los Chiriguanas la pujanza con que entraba l propio en
persona, y que por ninguna via se podian huir de sus manos, se le habian
de venir  entregar sin tomar armas; que no se pudiesen huir, era como
demostracion, porque _los de_[16] Vitupue habian de caer en las manos de
don Gabriel, general del campo; si _huan_  Santa Cruz, en las de don
Diego de Mendoza,  quien mand saliese hasta tal puesto con sesenta
soldados y algunos amigos indios, cual lo hizo; si la tierra adentro,
habian de dar en los Tobas, que dijimos ser gigantes y enemigos
capitales de los Chiriguanas; persuadido con estas conjeturas no hizo
caso de los buenos consejos; digo tambien que la gloria de la conquista
de los Chiriguanas se la quiso atribuir  s y  los suyos, y no  los
capitanes y soldados viejos, como la del Inga, porque al mismo padre
fray Garca o decir que si los chapetones no fueran  ella, no se
hiciera el efecto que se hizo, porque stos se echaron el rio abajo,
pidieron y sacaron al Inga y  sus capitanes.

  [16] En el ms., _porque _.

Volviendo  nuestra historia, el capitan Barrasa escogi los ms
principales del ejrcito en linaje y no en trabajo, ni en ejercicio de
guerra, que fueron  los vecinos de la cibdad de La Paz y otros. Desta
suerte salieron en sus caballos hasta el pie de una cuesta por donde no
se podian aprovechar dellos, y el pueblo estaba fundado en lo alto
della; la cuesta agria y larga, el calor mucho, los cuerpos cargados de
armas y no acostumbrados  traerlas, hobo algunos que dieron seal, y
muy baja; finalmente, llegaron  lo alto; los indios, que antes que
subieran la cuesta los habian visto, no se atreviendo  resistirlos se
metieron en la montaa con sus hijos y mujeres, dejando las casas
desamparadas; los nuestros, cuando llegaron ya llevaban alguna hambre, y
entrando en las casas buscaban qu comer; dieron en una olla grande
llena de maz cocido; metian las manos y  puados sacaban el mote (mote
es maz cocido), lo cual con mucho gusto comian; empero uno, metiendo la
mano un poco ms adentro, encontr con un brazuelo de un nio; saclo 
fuera sin saber lo que sacaba; en viendo los nuestros la carne humana,
fu tanto el asco que recibieron, que lo comido y lo que ms tenian en
el cuerpo, con grande asco lo lanzaron fuera, y sin hacer otro efeto se
volvieron al real. No hallaron alguna comida porque los indios la tenian
en la montaa puesta en cobro, y si fueran hombres de guerra y dieran
sobre los nuestros cuando andaban sin rden buscando la comida, no s
cmo volvieran.




CAPITULO XL

DE LA HAMBRE QUE COMENZABA EN EL REAL Y ENFERMEDAD DEL VISORREY


De aqu parti el Visorrey, donde tenia alojado el campo, la tierra
adentro, y prosiguiendo su camino di en el rio llamado de Pilaya, 
quien algunos llamaron el rio Incgnito, no lo siendo; muchos iban en el
real que le habian visto antes. Ya en este tiempo se comenzaba  sentir
falta de comida en el real, porque la tierra no la lleva sino en los
lugares donde los Chiriguanas siembran sus comidas, y siendo la tierra
montosa, los rboles son infructferos, si no son unos llamados
caares[17] que son los azofeifos nuestros; otros no s que lleven
fructa, sino muchas garrapatas,  los cuales arrimndose,  un hombre
caen tantas que le cubren de arriba abajo. Los Chiriguanas sus comidas
habanlas metido en la montaa, y aunque las buscaban los nuestros, no
las hallaban. El Visorrey,  por la destemplanza de la tierra del mucho
calor  por otras causas que descomponen los cuerpos humanos, comenz 
enfermar de unas bravas y recias calenturas que le iban creciendo y
enflaqueciendo mucho, por las cuales  no poder caminar el Virrey en su
literilla de hombros (la tierra no sufria litera de acmilas que
llevaba) se detenian en los alojamientos ms de lo necesario para pasar
adelante; su mdico todo lo posible hacia para su salud, y dia de
Nuestra Seora de Agosto, cuando se pens tener acabada la guerra, le
desafuci, y con todo esto el Visorrey no queria sino proseguir su
jornada. Lo cual visto por el licenciado Recalde, entrando  visitarle
en la tienda le dijo el estado de su enfermedad, y que si Nuestro Seor
disponia dl en aquella tierra, all le habian de sepultar, aunque esto
no hacia al caso, porque la comun sepoltura de todos los hombres es la
tierra. Lo que ms se habia de advertir, y por lo que ms se habia de
mirar, era que todos se perderian cuantos con l entraron, y el reino
del Per corria mucho riesgo (como era verdad) de perderse con alguna
tirania, y subcediera as si Nuestro Seor otra cosa no ordenara.
Tambien le puso delante de los ojos la hambre que se augmentaba en el
real, y quien ms la padecian eran los pobres indios; por tanto, le
suplicaba mirase los grandes inconvenientes que se siguieran,
irremediables, por los cuales perderia el crdito que con Su Majestad
habia ganado hasta all, y no permitiese que los miserables indios, 
quien sac de sus tierras, tan miserablemente murieran, porque acosados
de la hambre se huian del real, sin saber camino, los cuales cayendo en
las manos de los Chiriguanas, luego eran comidos, y cuando no, daban en
manos de tigres, de que es aquella tierra poblada, y los despedazaban;
lo cual siendo como era as, Su Excelencia mandase dar la vuelta al
Per, pues ya se habia hecho todo lo posible, y los Chiriguanas no
parecian en el mundo.

  [17] Tachado: _camotes_.




CAPITULO XLI

EL VISORREY MANDA VOLVER EL CAMPO AL PER


Viendo, pues, el Visorrey su poca salud, y lo que el licenciado Recalde
le aconsejaba era lo justo, bueno y sancto, y el riesgo qu'el reino
corria, determin mandar se diese la vuelta al Per, ya todo el campo
muerto de hambre, y los que ms la padecian eran los pobres indios, los
cuales si encontraban con algunas sillas se comian los cordobanes y
guarniciones; los ms se aventuraban  salir  este reino, y salieron
algunos; vi un indio en la cibdad de La Plata, del repartimiento del
capitan Hernando de Zrate, que  su ventura se atrevi  salir y lleg
 la cibdad, y fuese derecho  casa de su amo, donde  la sazon
estbamos dos religiosos; doa Luisa, mujer del capitan don Fernando,
cuando le vi compadecise grandemente y todos nos compadecimos;
regalle, acaricile, mand que le diesen de comer; no parecia sino la
estatua de la muerte, en los puros cueros y en los huesos; al cual
preguntndole el estado de los nuestros, dijo lo que habemos referido.
Preguntmosle ms: cuntos Chiriguanas traian en colleras? llevronlas
Chichas de ac. Respondi estas palabras: Ni solo una ua de chiriguana
traen los cristianos.

Todo el real casi venia  pie, porque los caballos, pasaron de ms de
1.600, se quedaban estacados de cierta yerba que comian, haciendo
espumarajos; salieron cual  cual, y como no habia en qu traer la ropa,
quedbanse los toldos armados y las petacas llenas.

El licenciado Recalde se mostr gran cristiano para con los indios, y
Nuestro Seor se lo pag, porque encontrando al indio animado   la
pea, transido de hambre, le hacia dar de comer, lo traia en su
compaia, y si no podia caminar, en sus caballos  mulas lo mandaba
subir; dejando su caballo, y quitndolos  sus criados y  los de su
casa, los daba  los indios; albergbalos, curbalos en sus toldos, con
lo cual libr no pocos de la muerte y sac  esta tierra; finalmente,
sus toldos eran las enfermerias de los pobres indios. Con mucho trabajo
sali el Visorrey y el campo  la tierra del Per,  un valle llamado
Tomina, sin que en el camino recibiese algun dao de los Chiriguanas,
que fu no poca merced que Nuestro Seor hizo  todo el reino, y si bien
se considera, confesaremos que el mismo Dios puso[18] en las manos de
los nuestros  los Chiriguanas, y los ceg para que no conociesen la
oportunidad, creo por la gran soberbia con que entraron.

  [18] Tachado:  los nuestros.

Si el capitan Juan de Zrate siguiera el consejo que le daban, habria
preso y captivado muchos de los principales Chiriguanas, ensendoselos
con el dedo en el pueblo donde dijimos lleg y no hall resistencia
alguna. Fu seor de la comida, y si no la desamparara no se padeciera
en el real la penuria que della hobo, ni hobiera hambre, y la guerra
casi era acabada, y si no acabada, se habria puesto en trmino de
acabarla presto. Puso tambien Nuestro Seor  los espaoles en las manos
Chiriguanas; empero, usando de su acostumbrada misericordia con ellos,
ceg  los Chiriguanas para que no conosciesen el tiempo, ni se
aprovechasen dl ni de sus propias costumbres de pelear, porque con ser
gente que no pelea sino  traicion y de noche, con nosotros pocas veces
de dia, s de noche; si fueran dando arma en el campo, de suerte que los
desvelaran y hicieran estar en arma toda la noche, hambrientos, sin
fuerzas para tomar armas, y desvelados, cmo volvieran  este reino?
por qu camino?

Abrindolo venian; ceglos Dios, y olvidronse de su rden de pelear.
Del campo dise aviso al Audiencia y  la cibdad cmo salian y cun
destrozados y hambrientos. Sali con la brevedad posible el Presidente
Quiones  les llevar refresco, el cual llegando al valle de Tomina y
sabiendo cunta ms necesidad traian de la que en las primeras cartas se
habia significado, y que los gastadores estaban cerca, ya casi arrimados
 los rboles, tomando su mula y en ella unas alforjas, y los dems que
con l iban haciendo lo mismo, con la priesa posible llegaron donde los
gastadores estaban, entre los cuales hallaron dos  tres ya arrimados 
unas peas, los ojos vueltos en blanco, de hambre; animles y diles el
refresco que llevaba, con lo cual los volvi en s y avis al campo
cmo habia llegado con bastimentos y otro dia seria con ellos; con esto
los unos y los otros se animaron y llegaron al valle nombrado Tomina,
sin que se perdiesen tres soldados,  donde fueron muy caritativamente
recebidos de los que en l habitaban, espaoles chacareros, que con gran
liberalidad daban de comer  todo el campo, vaca, ternera, cabritos,
ellos y sus mujeres amasando de dia y de noche el pan para los que  sus
casas llegaban con no poca prdida del crdito espaol.




CAPITULO XLII

LO QUE SUBCEDI AL GENERAL DON GABRIEL PANIAGUA


El general don Gabriel Paniagua, prosiguiendo su viaje por donde le fu
mandado, con 120 soldados (como dijimos), entr en la tierra Chiriguana
sin que los indios se le atreviesen  salir al camino, ni estorbar el
paso; solo un dia, en un pajonal crecido, le tenian armada una celada,
que si no se descubriera acaso, le hicieran algun dao; lleg  este
pajonal ya tarde, donde, alojando la gente, ya comenzaban  armar sus
toldos, atar los caballos y el bagax ponerlo en medio del alojamiento;
un soldado iba en busca de su caballo, que se le habia apartado un poco
de trecho del alojamiento, el pajonal adelante, y era hacia aquella
parte donde los enemigos estaban acachados y escondidos, para en
comenzando  cenar,  al primer sueo, dar en los nuestros.

Los indios como vieron que el soldado iba para ellos con su escopeta al
hombro, pensaron ser sentidos, levntanse y descbrense de la emboscada.
El soldado, vistos, dispar su arcabuz contra ellos y volvise al campo
tocando arma.

A esto los dems tomaron sus escopetas, y puestos en rden, como mejor
pudieron se defendieron y ofendieron al enemigo, sin que ellos
recibiesen en la persona dao alguno; al ruido de los arcabuces, los
caballos, que no estaban atados, se metieron en la montaa y se
desaparecieron, pocos de los cuales volvieron  la compaa; esta fu la
mayor prdida que subcedi al general don Gabriel, ni tuvo otro
encuentro. Puesto, pues, en medio de las montaas Chiriguanas, no sabia
cosa alguna del Visorrey; no le avis, ni pudo, como estaba concertado;
indios no le molestaban ni los hallaban; el tiempo del verano era
acabado; las aguas comenzaban, hasta que desde un cerro le dijeron los
enemigos todo lo que pasaba en el campo del Visorrey: la enfermedad, la
hambre, y que ya el Visorrey habia dado la vuelta al Per; que se
saliese, por ser ya tiempo de sembrar, y no les impidiese las
sementeras, porque si aguardaba  las aguas ni l podria salir, y le
faltarian las comidas, ni ellos sembrar, y as perecerian todos; el
consejo no fu errado.

El general, pues, viendo, y sus capitanes, ser posible lo que los
Chiriguanas decian, considerando el tiempo y lo dems, determin de dar
la vuelta al Per, y saliendo sac toda su gente sana y salva, sin ms
prdida de aquellos pocos caballos que se huyeron en la refriega dicha;
en llegando  tierra de paz, luego fu cierto de lo que los Chiriguanas
le habian dicho ser verdad, y vinindose para la cibdad de La Plata
hall en ella dias habia al Virrey muy enfermo.




CAPITULO XLIII

DESPIDE LOS SOLDADOS EL VISORREY Y LLEGA  LA CIBDAD DE LA PLATA


En este valle de Tomina despidi los soldados, dndoles licencia, en
donde descans el Visorrey hasta adquirir unas pocas de fuerzas, las
cuales, en dndole los aires del Per comenz  recobrar, y la
enfermedad  disminursele, pero no de manera que se pudiese tener en
pie ni andar un paso; mas sintindose ya con algunas fuerzas se puso en
camino para la ciudad de La Plata, adonde lleg en una literilla de
hombros en que le traian dos lacayos, tan flaco y desfigurado, que se
tuvo muy poca esperanza de su salud; mas Nuestro Seor se la di
enteramente, y todo el pueblo di muchas gracias  la majestad de Dios
porque le sac vivo. Alcanzada esta salud y compuestas algunas cosas
tocantes al buen gobierno de aquella provincia, dende  cinco  seis
meses tom el camino para Potos,  donde, hallando que muchos de los
que tenian indios para sus ingenios se habian ocupado ms en recoger
metales de los desmontes, y en traspasar la ordenanza por l hecha
(como dejamos dicho), que en beneficiar y labrar sus minas, los conden
 tres tomines ensayados por quintal, con los cuales enter la caja Real
de lo que della habia sacado para la guerra chiriguana, y lo dems
reparti en los que ms habian gastado, como fu al licenciado Recalde
aplic cierta cantidad y  otros.

Pudiera escrebir otras cosas particulares que en esta provincia
sucedieron, mas djolas porque no paresca se tratan con alguna manera de
pasion, de la cual estamos muy lejos; empero la verdad de la historia no
se ha podido dejar. Parti de Potos, asentado todo lo necesario para su
buen gobierno, para la ciudad de La Plata; de all  Arequipa, de donde
se fu  embarcar, creo son 22 leguas,  la playa de Quilca; embarcado,
en breves dias lleg al puerto del Callao, de la ciudad de Los Reyes,
adonde fu muy bien recebido.




CAPITULO XLIV

DEL CAPITAN FRANCISCO DRAQUE, INGLS, QUE ENTR POR EL ESTRECHO DE
MAGALLANES


El ao de 77, as como en Espaa y toda Europa, pareci en la media
region del aire el ms famoso cometa que se ha visto; tambien se vi en
estos reinos  los 7 de Octubre con una cola muy larga que sealaba al
estrecho de Magallanes, que dur casi dos meses, el cual pareci ser
anuncio que por el Estrecho habia de entrar algun castigo enviado de la
mano de Dios por nuestros pecados, como sucedi; que dende  dos aos,
poco ms  menos, que se acab, y el Visorrey don Francisco de Toledo
residiendo en la ciudad de Los Reyes, entr en el puerto della un navio
ingls, enemigo, con un capitan llamado Francisco Draque, de noche, sin
que hobiese imaginacion que tal pudiese subceder, en el cual tiempo en
la ciudad de Los Reyes no habia un grano de plvora, ni gentilhombre
lanza que tuviese lanza, ni gentilhombre arcabuz que tuviese arcabuz,
por se los haber comido y no les haber pagado lo situado por el marqus
de Caete, de buena memoria. El ejercicio de las armas se habia
olvidado, no slo en aquella ciudad, sino en todo el reino, por haber
mandado el Visorrey ningun hombre caminase con arcabuz, so pena de
perdido, y  los corregidores de los partidos tenia mandado lo
ejecutasen. En esta sazon, pues, lleg este pirata, que robase y
afrentase y le diese un bofetn de los grandes que han recebido, ni creo
recibiran tan presto los leones del Per.

El capitan ingls, luterano, con rden de la reina Maria, inglesa,
tambien luterana, una de las malas hembras y crueles que ha habido en el
mundo, se aventur con tres navios __ salir de Inglaterra y venir 
estos reinos  robarlos y  hacerse seor de la mar, caso jams
imaginado, y de nimo ms que ingls, porque salir de su tierra y venir
por mares y temples tan contrarios al temple ingls, y seguir derrota
que tantos aos no se seguia, ni otra que la nao _Victoria_ no habia
hecho, porque de las que con ella salieron sola sta volvi, las dems
se perdieron, y de las del obispo de Plascencia don Gutierre de
Caravajal, ni una sola se salv: atreverse este capitan ingls  renovar
esta navegacion, ya casi olvidada, y  meterse en las manos de sus
enemigos, como se meti, tan apartado de donde le pudiese venir socorro,
fu ms que temeridad, sino que como venia para castigo destos reinos
por nuestros pecados, todo le subcedia bien. Parti, pues, de Inglaterra
con tres navios, segun algunos referian habrselo odo; pirdense los
dos  la entrada del Estrecho,   la salida; slo l desembocando de la
vuelta sobre mano izquierda, costeando la tierra y costa primera de
Chile, donde en el puerto Valparaiso, viniendo falto de comida, halla
dos  tres navios con oro, aunque poco; no fueron 30.000 pesos; halla
comida, y vino, y proveyndose de lo necesario, costeando, sondando los
puertos y las caletas, sin que hallase resistencia alguna, viene hasta
el puerto de Coquimbo, adonde, no hallando qu pillar, treinta leguas de
all,  poco ms, lleg  la bahia. Salada, donde estuvo dos meses y ms
dando carena  su navio y haciendo una lancha, sin que le diesen la
menor pesadumbre del mundo, pudindosela dar y facilsimamente. No
parece sino que todo le subcedia al sabor de su deseo, y  los nuestros
les faltaba el consejo, como es as realmente. Era azote enviado de
Dios; habia de azotar. En Chile,  la sazon, Rodrigo de Quiroga, de
quien tractaremos adelante, bonsimo caballero, estaba en Arauco con la
gente de guerra; despacha al capitan Gaspar de la Barrera, y deshace el
campo, pero no fu de ningun efecto, porque se tard mucho (y no pudo
ser menos) en aprestar el navio, y cuando lleg  Coquimbo ya el capitan
Francisco habia salido de la bahia Salada con su navio y lancha, y no
fu seguido porque el capitan Gaspar de la Barrera no llevaba ms
comision de hasta los trminos de Chile. Sale de la bahia Salada y llega
en breve al puerto de Arica, donde halla tres navios, y como tal no
habia caido en entendimientos de los nuestros, vindole venir de arriba,
que es decir de Chile, alegrronse todos los del puerto diciendo: navio
de Chile, navio de Chile! de donde habia dias ninguno bajaba; solo un
piloto, nombrado maese Benito, en vindole dijo: No, aquel no es sino
navio enemigo. Hacian todos burla dl, y l ms se afirmaba en decir era
navio enemigo. Conocile, como dijo despues, en las velas; las nuestras
son blancas mucho, las de los ingleses son pardas, no son tan blancas
como las nuestras. Pues como el navio enemigo se viniese llegando al
puerto, antes de surgir dispara una pieza de artilleria; luego se
entendi ser verdad lo que decia Maese Benito. La poca gente del pueblo,
con el corregidor y tesorero del Rey, Pedro de Valencia, pusironse en
arma para se defender;  las mujeres environlas la tierra adentro, pero
el enemigo no cur saltar en tierra (ni supiera, porque, como habemos
dicho, no tiene sino una caletilla muy angosta para desembarcar; lo
dems es costa brava, llena de peascos); en surgiendo con la lancha y
batel llenos de gente armada vase  los navios, que sin gente estaban, y
en el del pobre maese Benito, que habia tardado del puerto del Callao
hasta Arica ms de seis meses y no habia aun descargado el vino de
Castilla que llevaba; entra en l y halla 150 botijas de vino de
Castilla; en los otros dos solamente hall; en el uno, 12.000 pesos en
barras que habia embarcado un buen hombre, llamado Cspedes, que con su
mujer se embarcaba para se ir  Espaa; tenia embarcada la plata, y l
con solos 500 pesos estaba en tierra, y su mujer, aguardando  que el
maestre con el navio se partiesen; llevse el capitan Francisco esta
plata y vino; los navios quemlos, no curando de saltar en tierra; no le
convenia.

Luego el corregidor despach un hombre al puerto de Arequipa, que por la
posta fuese  dar aviso de lo que pasaba, y si algun navio habia en el
puerto, avisase luego alzase velas y se fuese, y si tenia algunas
barras, las echase en tierra; fu Nuestro Seor servido que, con no ser
de viaje por la mar ms de un dia natural de Arica al puerto de Chile,
as se llama el de Arequipa, por falta de tiempo tardase el capitan
Francisco Draque tres dias; lleg el aviso por tierra; en el navio, que
era de un Fulano del Rio, donde yo estaba fletado para bajar  Los
Reyes, estaban embarcadas 1.200 barras del Rey y de particulares. Luego
 gran priesa las desembarcaron, y  la ltima batelada el Francisco con
el navio, y la lancha con el batel, el cual con la mayor priesa que pudo
se meti en la caleta, en la cual ech todas las barras, que eran las
ltimas, por miedo de la lancha, que le venia ya en los alcances, la
cual no se atrevi  entrar dentro de la caleta. La caleta es angosta,
fondable, y el agua tan clara que parece _se_ pueden contar las arenas,
y muy segura[19].

  [19] En el ms., _seguras_.

El capitan Francisco entr en el navio, y no hallando sino el casco, lo
tom y llev consigo, y en alta mar lo dej con sus velas altas y
prosigui su camino y viaje para el puerto del Callao. Del puerto de
Chile luego dieron mandado  la ciudad, que son 18 leguas, y no de buen
camino, y sin agua, la cual se alborot grandemente, y el corregidor
despach tres  cuatro vecinos en muy buenas mulas al puerto, para que
viesen lo que habia y avisasen; creyeron que el otro habia de ser tan
necio que habia de saltar en tierra y venir  robar la ciudad.

Los que tenian registradas sus barras, que eran no pocos, luego con sus
armas caminaron al puerto, mas cuando  l llegaron hallaron sus barras
en tierra y el enemigo partido. Sola una barra de ms de 1.200 falt, de
un soldado que en mi compaia habia venido desde Potos  aquella
ciudad, para se ir  Espaa con 3.500 pesos que en breve habia ganado.
La barra valia ms de 380 pesos ensayados; el cual para cobrar su barra
fu discreto: hizo un anzuelo de cincuenta pesos de plata; echlo  la
mar y hall su barra, que es decir dijo pblicamente: mi barra no se
puede esconder, el que la tom dela  tal persona; yo no quiero saber
quin es, y he aqu cincuenta pesos, que l dar luego los cincuenta
pesos; dilos  la persona sealada, y otro dia pareci su barra. De
aqu del puerto se despach otro espaol por tierra por la posta que
diese aviso al Visorrey en la ciudad de Los Reyes, que son 160 leguas
tiradas; fu con toda la brevedad posible, y en todos los valles luego
le daban recado de cabalgaduras para pasar adelante, hasta dos leguas de
Los Reyes, en un pueblo llamado Surco, donde hall al corregidor, que no
debiera, llamado Puga, portugus,  gallego, el cual dicindole  lo que
venia, y que le diese un caballo para _ir_ de all  Los Reyes para
avisar al Visorrey, le tuvo por loco y que venia borracho, y aun dicen
le ech en la crcel; finalmente, no le dando recado, un dia que le
detuvo y ms, en este tiempo lleg el capitan Francisco con su navio; no
pudo antes, porque en este tiempo que naveg por nuestra mar  Los Reyes
era verano y hay muchas calmas en la mar, y por esto lleg el mensajero
por tierra primero que l por la mar; si el corregidor le diera crdito,
el puerto estuviera apercebido, y no se fuera el enemigo riendo, ni
robara lo que rob; pero era azote de Dios, y habia de azotar. El Puga
tenia en casa del Virrey amigos que ataparon la boca al mensajero para
que no dijese nada al Visorrey. Llega, pues, el capitan Francisco al
Callao, y aunque le vieron sobre tarde, entendise era navio que bajaba
principalmente de Arequipa,  quien aguardaban por momentos; fu cuerdo,
entr de noche por no ser conocido y se atrevi  mucho  entrar aquella
hora por el estrecho, que ser de una legua, que hace la isla con la
tierra firme, porque aunque es limpio y fondable, han de entrar por
cuatro brazas de agua casi al medio dl. Pero es fama traia desde el
paraje de Espaa un portugus por piloto, que lo habia sido en esta mar;
de otra suerte no se atreviera  entrar; porque yo he venido de Arica
al Callao, y con ser el piloto muy bueno y muy cursado, llegando  boca
de noche no se atrevi  entrar, y nos quedamos mar en travs  la boca
de la isla; finalmente, l entr, y anduvo picando cables, y aun
preguntando si el navio de San Juan de Anton estaba en el puerto, que no
sabemos quin le dijo se habia fletado en l la cantidad de plata que le
tom. Pero de un maestro  piloto fu conocido, el cual de su navio
echndose  nado sali  tierra diciendo: arma, arma! Albortase toda
la gente, que seria poco menos que  media noche; luego despchase al
Visorrey, no diciendo ni sabiendo si eran luteranos,  si era navio de
tiranos, alzados en el reino  en Chile. El Visorrey, oida la nueva, y
la ciudad, tocan cajas, y en las calles arma, arma! sin saber contra
quin, y como no habia armas en la ciudad, hallse grandemente confuso.
Con todo eso, al amanecer entr en el puerto, y toda la ciudad con l,
sin arcabuces ni artilleria, que ni en la ciudad, sino una poca y sin
municiones _habia_. Pero qu habia de hacer? y es as que en toda esta
costa en todo tiempo, en anocheciendo, casi cesa el viento, y no torna 
ventar hasta las ocho de otro dia. El Francisco no se atrevi, ni le
convenia, saltar en tierra, porque en las ventanas de las casas,
rompiendo sbanas, y por las puertas, hicieron mechas y las encendieron
para que el luterano creyese eran arcabuces; habiendo picado muchos
cables, y los navios sin amarras andando de aqu para all, l se apart
y pretendi salir del puerto, y seguir su viaje, sino que le falt el
viento, y cuando el Visorrey lleg al Callao le vi y todos los dems,
en calma, las velas pegadas  los mstiles. Empero, como no tenia armas
ofensivas ms que espadas, cotas pocas, no se atrevi  enviar contra l
algunos bateles grandes y barcos de pescadores; que si hobiera con qu
esquifarlos y arcabuces para ofender al enemigo luterano, armando cinco
 seis contra l, antes que viniese la marea, pudiera ser le rindieran y
le hicieran pedazos el timon; pero no habiendo un grano de plvora en la
ciudad, no se podia hacer esto. El enemigo,  vista de todo lo mejor del
reino, en comenzando la marea sigue la mar abajo su derrota. Los
mercaderes que en el navio de San Juan de Anton, que habia pocos dias se
habia partido del puerto para Tierra Firme, que enviaban en l sus
barras, as para aquel reino como para Espaa, dijronle al Virrey;
Seor, en el navio de San Juan Anton enviamos nuestras haciendas; dadnos
licencia para que despachemos de aqu un barco grande destos de
pescadores  avisarle; ya nos habemos concertado con el seor del barco,
y dice l ir y avisar por dos  tres barras que le demos; con vuestra
licencia lo enviaremos  nuestra costa, porque el Rey no pierda 300.000
pesos que all iban ni nosotros nuestras haciendas. El Visorrey no quiso
dar la licencia; por ventura entendi era imposible que el enemigo
alcanzara al navio de San Juan Anton; esto  uno  dos de los mercaderes
que all enviaban su plata, y al mismo pescador que se ofrecia  ir, lo
o como lo tengo referido, y es as. No siendo, pues, avisado el navio
de San Juan de Anton, como se fuese deteniendo por los puertos, y el
enemigo en busca suya, finalmente le alcanz en la punta llamada de San
Francisco, ya que queria atravesar para Tierra Firme, y aunque nuestro
navio le vi, no imagin tal, antes, creyendo era navio de los que
quedaban en el puerto del Callao, que bajaba tambien  Tierra Firme, le
aguard.

El capitan Francisco, llegndose cerca dl, disprale una pieza de
artilleria y dcele: Amaina, por la tierra de Inglaterra; los nuestros
pensaron ser burla, y dijronles una palabra afrentosa, sin saber eran
luteranos; entonces el enemigo afierra con el navio nuestro; entr, ni
llevaban armas los nuestros para ofender ni defenderse; rndense, roba
el luterano cuanta plata en l habia, ms de 400.000 pesos ensayados; 
los nuestros no les hizo otro dao que quitarles las haciendas; no venia
por ms. El Visorrey, como mejor pudo despach uno  dos navios contra
el enemigo, y meti en ellos los vecinos criollos sin armas, sin
artilleria, sin municion, con sus capas negras y medias de punto y
vestidos de ciudad; siguieron al enemigo sin verle dos  tres dias, al
cabo de los cuales volvieron al puerto; el Visorrey mandlos poner en
carretas, y as los trujo  la ciudad afrentosamente, y no s si con
prisiones, y los tuvo algunos dias en la crcel.

Despues de lo cual arm dos navios como mejor pudo; nombr por capitan 
un criado suyo llamado Frias, y por almirante al capitan Pedro de Arana,
con rden que siguiese al enemigo hasta la costa de la Nueva Espaa;
salieron del puerto, y muy buenos soldados y hombres de vergenza en
ellos; pero como el enemigo habia pasado adelante, sin hacer otro efecto
se volvieron al Callao.

El capitan Francisco Draque prosigui su viaje  la costa de Mxico,
donde tom otro navio que del puerto de Guatulco habia salido para estos
reinos cargado de mercaderias, y como no venia por ropa, sino por plata,
dejle seguir su derrota, tomando algunas cosas de que tenia necesidad,
cuales eran velas y jarcias, y sus soldados tomaron algunos fardos de
ropa, no en mucha cantidad, y pasando adelante sigui la derrota  la
China; de all, la que hacen los portogueses, y la volvi  entrar en el
mar Occano, y de all  Inglaterra, cargado de barras de plata.




CAPITULO XLV

LA INQUISICION VINO  ESTE REINO


Al mismo tiempo que Su Majestad provey por Visorrey destos reinos  don
Francisco de Toledo, provey tambien Inquisidores que residiesen en la
cibdad de Los Reyes; un proveimiento acertadsimo y necesarsimo, en lo
cual se manifest cunta verdad sea que el corazon del Rey est en las
manos de Dios. El mismo Dios, para bien de todos sus reinos, muchas
veces le pone en el corazon cosas necesarsimas, que se hagan, las
cuales estaban como olvidadas, y si no olvidadas, no parecia haber
necesidad de hacerse; fu, pues, mocion del muy Alto que la majestad del
rey nuestro seor en aquel tiempo se acordase de inviar Inquisidores 
estos reinos y al de Mxico, en la misma flota que vino el Visorrey don
Francisco de Toledo; vinieron proveidos por Su Majestad dos varones
tales cuales convenian para asentarla y para las cosas que subcedieron:
Licenciado Bustamante, que muri en Tierra Firme, y el licenciado
Cerezuela; al licenciado Bustamante subcedi el Inquisidor Antonio
Gutierres de Ulloa, todos en sus facultades muy doctos, grandes
cristianos, celossimos de las cosas de la fe, de mucho pecho y no menos
prudencia, dotados del mismo Dios de las partes requisitas para el
oficio; vino fiscal el licenciado Alcedo; secretario, Ambrosio de
Arrieta; todos cuales se requerian. Entraron en la cibdad de Los Reyes,
hizseles el recebimiento cual convenia conforme  lo ordenado por Su
Majestad; asentaron la Inquisicion prudentsimamente, y comenzaron 
hacer su oficio con tanta rectitud y cristiandad cuanta se requiere, y
todo el reino conoci y conoce. Luego se vi la necesidad que della
habia, y cmo fu inspiracion de Dios que Su Majestad la enviase, porque
si no, corria gran riesgo la cristiandad en estas partes, como pareci
por las personas luteranas, y no s si me diga peores, que luego
prendieron, y por el primer aucto de la fe que hicieron, donde se vi
claramente el riesgo de todo el reino, de lo cual no es de nuestro
intento tractar agora, ms de lo que habemos dicho, que fu providencia
admirable de Dios que en este tiempo la enviase, la cual es imposible
falte para el buen gobierno de toda la cristiandad.

Hecho el primer aucto, que fu famoso, el licenciado Cerezuela,
proveyndole Su Majestad  una silla episcopal de Las Charcas, por su
mucha humildad y cristiandad no la acept, antes pidi licencia para se
volver  Espaa, la cual alcanzada, llegando  Cartagena, dentro de
pocos meses loabilsimamente acab sus dias. Qued por algunos aos el
Inquisidor Ulloa justsima y prudentsimamente haciendo su oficio, hasta
que vino el doctor Prado, varon realmente humansimo, benignsimo,
afabilsimo y humildsimo, y dotado de una gravedad, que se hace amar de
todo el reino y reverenciar, por Visitador de la Inquisicion, y
Presidente en ella mientras hacia su oficio, la cual visit con
admirable rectitud, como ha parecido y parecer en todos siglos, con la
cual volvi  Espaa, y all, aprobndola, volvi con su presidencia,
donde muri; antes que el doctor Prado volviese de Espaa lleg  la
cibdad de Los Reyes el licenciado don Pedro Ordoez Flores, por
Inquisidor, varon no menos loable que los referidos, integrrimo en toda
virtud; trajo recados para que el Inquisidor Ulloa fuese  visitar el
Audiencia de la cibdad de La Plata; qued solo en el oficio hasta que
vino el doctor Prado, gobernndolo con la prudencia, discrecion y
justicia que todo el reino ha conocido y conoce. El Inquisidor Ulloa
parti de Los Reyes; fu  visitar el Audiencia, de donde bajando  la
cibdad de Los Reyes, dentro de pocos dias, no fueron seis, con gran
sentimiento de la cibdad, y aun del reino, pero con gran conocimiento de
Dios, recebidos todos los sanctos sacramentos, muri; hzosele
solemnsimo enterramiento, donde se hallaron presentes Virrey,
Audiencia, Inquisicion y todas las Ordenes; as honra la Majestad de
Dios  sus siervos que en las cosas de la fe le sirven. Tambien muri
antes el secretario Arrieta, y el licenciado Alcedo, fiscal; ambos
acabaron loablemente; en lugar del secretario Arrieta los Inquisidores
nombraron por secretario, mientras de Espaa venia otro,  Melchor Perez
de Mariduea, suficiente para el oficio por su mucha virtud y
cristiandad, y en lugar del licenciado Alcedo  don Pedro de Arpide, el
cual muri en Cartagena de camino para Espaa; en lugar del secretario
Arrieta vino de Espaa proveido Jernimo de Eugui, por secretario, varon
de muchas y muy buenas prendas y loables costumbres, con las dems
partes que para el oficio se requieren, como la experiencia lo ha
mostrado y lo muestra.




CAPITULO XLVI

DE LAS VIRTUDES DEL VISORREY DON FRANCISCO DE TOLEDO


Al Visorrey don Francisco de Toledo dot Dios Nuestro Seor de muchas y
muy buenas calidades y partes, como quien lo habia criado para gobernar;
dile bonsimo entendimiento, presto y subtilisimo, sino que  los de no
tan bueno parecia confuso. Los de tales entendimientos en breves
palabras incluyen mucho, y  los que no lo alcanzan parece confusion,
por lo cual el principio de proponrsele habia de cogerle intento,
porque despues parecia confundirse  implicar muchas cosas. Amigo, como
los dems seores, que en una palabra le propusiesen,  respondiesen, y
aunque lo que proponia fuese rduo, no le daba gusto le pidiesen espacio
para responder; decia que, pidindole trmino, era querer consultar al
vulgo y  la plaza. En su tiempo, como habemos dicho, se descubri el
beneficio del azogue; envi mucha plata al Rey nuestro seor, as de los
quintos como de otras cosas, y de un ao para otro prometia ms y lo
cumplia. Era hombre casto y amigo de la castidad; comia como seor, su
mesa abundante. Trujo buena casa de criados y pajes, y el primero de los
Virreyes que llevaba, yendo  caballo, los pajes delante de s
destocados. Fu librrimo en no admitir ddiva, ni cohecho, ni nadie se
le atrevi  tal; fu muy amigo de que se administrase justicia, y
encargaba grandemente la ejecucion della. Labr en este reino abundancia
de plata, y mand esculpir particularmente en una mesa la guerrilla del
Inga. Sac la Universidad que en nuestro convento[20] por[21] cdula del
invictsimo Carlos Quinto, de gloriosa memoria, en l habia fundado, y
psola, como dijimos, en el lugar donde el Visorrey, de buena memoria,
don Hurtado de Mendoza, marqus de Caete, fund el regimiento de San
Juan de la Penitencia. Dbale mucho gusto se dijese dl deshacia motines
y alzamientos, y sobre esto mand dar tormento  dos espaoles que de la
cibdad de La Paz le trujeron presos  la de La Plata; no s si tenian
nimo para ello; conoclos. Fu el primero Visorrey que mand le
predicasen en Palacio. Salia pocas veces  pasearse  caballo por la
cibdad, lo cual era frecuente en sus predecesores, el buen marqus de
Caete y el conde de Nieva. Reform muchas cosas dignas de reformacin,
y cuando no hobiera hecho otra cosa sino reducir los indios  pueblos,
habia alcanzado bonsimo nombre de gobernador, y celoso de la policia y
cristiandad destos indios. El cual, habiendo gobernado once aos, si no
fueron trece, se fu  Espaa, donde en Lisbona bes las manos  Su
Majestad; mandle ir  descansar  su casa, que se cree lo sinti
demasiado, en la cual dentro de poco tiempo di el alma  Dios de una
apoplejia que no le dej testar.

  [20] Tachado: se fund.
  [21] En el ms., _que por_.




CAPITULO XLVII

DON MARTIN ENRIQUEZ, VISORREY DESTOS REINOS


Importunado Su Majestad del rey Filipo nuestro seor por don Francisco
de Toledo, Visorrey, provey en su lugar  don Martin Enriquez, Visorrey
de Mxico, el cual vivi en este reino poco ms de dos aos; gran
gobernador, gran cristiano, gran limosnero; su salario, que son 40.000
ducados, repartia en tres partes: la una tercia parte para pobres; la
otra, para su plato; la otra, para sus hijos. Era pequeo de cuerpo,
delgado, el rostro un poco blanco. No consinti que ningun religioso
que fuese  negociar con l, ni sacerdote, l'esperase mucho tiempo,
porque tenia mandado  sus criados y pajes que en viendo en la sala
alguno deste gnero luego le avisasen, como no estuviese durmiendo 
rezando. Luego que lleg  la cibdad hobo cierto rumor de ingleses, 
nueva venida de Chile, y luego, por que no le hallasen desapercibido,
nombr cuatro capitanes de infanteria, todos nacidos en Los Reyes, hijos
de conquistadores de los ms principales: al capitan Diego de Agero,
capitan Juan de Barrios, capitan don Josephe de Ribera y capitan Pedro
de Zrate, con 150 soldados cada compaia, y por capitan de los hombres
de  caballo al licenciado Recalde; mand en un domingo se hiciese la
resea; salieron los capitanes muy aderezados. El Visorrey fuese  las
ventanas de Palacio, por debajo de las cuales pasaron los capitanes y
soldados disparando sus arcabuces y haciendo su salva. Reparti la
cibdad entre estas cuatro capitanias, mandando cada uno tuviese sus
armas prestas y acudiese con ellas al tiempo de la necesidad  su
bandera. La tierra, en el poco tiempo que gobern goz de mucha paz, y
la cibdad de hartura; mas como Nuestro Seor fu servido llevarle para
s,  todo el reino dej en gran tristeza; fu muy llorada y sentida su
muerte de toda la tierra en general, y en particular de los pobres;
muri recebidos todos los sacramentos; hzosele solemnsimo
enterramiento en el convento de San Francisco.




CAPITULO XLVIII

EL CONDE DEL VILLAR, VISORREY DESTOS REINOS


Por la muerte del excelentsimo y gran limosnero don Martin Enriquez, Su
Majestad provey  don Francisco de Torres y Portugal, conde del Villar,
bonsimo caballero y de acendrado ingenio para gobernar; amicsimo de
hacer justicia y que ninguno de sus criados se oliese recibia la menor
cosa del mundo; el cual, al que traia de Espaa, por un no s qu que
dl se dijo le despidi en Tierra Firme y mand volver  Espaa;
servale despues otro criado suyo mozo, llamado Cabello, al cual por ser
comprehendido en ciertas ddivas que recebia le descompuso con gran
infamia, y  un soldado, que se decia era el trujamn, llamado Gatica,
le mand,  por mejor decir conden, al remo de las galeras, que estaban
en el Callao, donde fu castigado valientemente; las cuales dos galeras,
teniendo  cargo dellas el general Pedro de Arana, estuvieron muy bien
tripuladas, particularmente la mayor, y otros dos navios gruesos con su
general llamado...[22]. Sucedi, pues, por el estrecho de Magallanes
entr el capitan Candelin, luterano ingls, y desemboc en esta mar con
tres navios, el uno de alto bordo, los dos pequeos, y descubrindose en
la tierra de Chile, luego el gobernador don Alonso de Sotomayor en un
navio[23] despach, avisado de lo que habia,  un muy buen soldado
llamado Verdugo, el cual llegando  la cibdad de Los Reyes di aviso al
Visorrey, el cual se lo agradeci mucho, y aun prometi hacer mercedes;
la cibdad se puso en armas, y el Callao; los capitanes nombrados por don
Martin Enriquez, de buena memoria, quedronse con solo el ttulo, porque
el Conde nombr otros; envi  Hunuco y aun  todas las cibdades los
vecinos viniesen con sus armas y caballos, de las cuales vinieron de muy
buena gana; pero como se tard ms de ochenta dias que no pareci en la
costa el enemigo, burlaban en Palacio y fuera dl del pobre Verdugo; ya
no habia quien le quisiese dar de comer, si no era el licenciado Ulloa,
 quien siempre le pareci ser verdadero el aviso. Los dems decian que
alcatraces eran los que habian visto, y no navios.

  [22] En blanco en el ms.
  [23] Tachado: aviso.

El enemigo, del largo viaje traia sus navios destrozados; diles lado en
la bahia Salada, entre Caquimbo y Copiap, en la costa de Chile, donde
el capitan Francisco Draque di al suyo y hizo su lancha; detenerse en
esto fu causa no se mostrase en la costa, donde en las partes
convenientes habia sus atalayas.

No sabiendo nueva del enemigo en este tiempo (ralo de enviar la plata 
Tierra Firme, as la de Su Majestad como de particulares), en[24] dos
navios que habia gruesos en el puerto, de Su Majestad y de armada,
cargan toda la plata con la artilleria en los navios; despchalos 
Tierra Firme; despachados, y cerca ya de aquel reino, segunda la nueva
que el enemigo habia parecido sobre Arica, donde no se atreviendo ni 
surgir, sigui su camino la costa en la mano, buscando lea, agua y
mantenimientos, que ya le faltaban, pero en ningun puerto se atrevia 
saltar en tierra para buscarlo; lleg al puerto de Pisco,  donde la
villa de Ica y el corregimiento, con la gente que en l habia, y en los
valles comarcanos, habia venido; tampoco aqu se atrevi  saltar en
tierra. El conde del Villar ya habia proveido lo necesario en el puerto,
donde habia ms de 600 infantes y ms de 200 hombres de  caballo, con
muy buenas ganas de venir  las manos con el enemigo; empero no teniamos
navios gruesos para le buscar  seguir, ni artilleria gruesa.

  [24] En el ms., _y en_.

Nombr el Visorrey por General  su hijo don Jernimo de Torres, de 22
aos  24, caballero de grandes esperanzas. A la sazon yo vivia en el
convento de Los Reyes, y pidiendo licencia al Provincial me fu con un
compaero al nuestro del Callao, donde vi todo lo que pasaba, y con
nimo, si se siguiera al enemigo, _de_ embarcarme con los nuestros.

Una tarde, pues, tocase un arma  mucha priesa, que el enemigo se habia
descubierto con sus navios y parecia traia su derrota de entrar en el
puerto entre la isla y la tierra firme, lo cual no le pas por el
pensamiento; toda la gente de guerra sali  la plaza y estuvo en
escuadron; empero el luterano sigui su viaje la mar abajo, por detrs
de la isla, de donde las atalayas le vieron muy claro, y pasando con su
viaje, luego las atalayas vinieron diciendo el enemigo habia pasado. Con
esto se deshizo el escuadron; ya no era necesario. Sabido por el general
de las dos galeras, Pedro de Arana, el enemigo haber pasado, hizo un
chasqui que en menos de media hora llegaba al Visorrey  la cibdad, como
el mismo general Pedro de Arana, acabado de despachar, me lo vino 
decir, avisando al Conde cmo el enemigo era pasado, y que agua arriba
irle  buscar, teniendo el barlovento, no convenia, como se habia hecho;
pero ya habiendo pasado, iba perdido; que Su Excelencia le diese
licencia para salir en pos dl, con sus dos galeras, que l se lo
traeria ajorro al puerto, y si no, le cortase la cabeza, porque el
enemigo buscaba dnde tomar agua y lea, y sta no la podia tomar sino
en el puerto de Guarmey, donde necesariamente le habia de hallar,
cuarenta leguas del puerto del Callao, y all con sus dos galeras le
maniataria; yo le pregunt si las galeras estaban con el aderezo
necesario, y respondime: La grande puede ir de aqu  Mxico y volver;
la pequea (era vieja) hasta Paita. El Conde, recebido este despacho,
mandle no se moviese hasta ver mandato suyo, el cual nunca lleg, y es
cierto si sale el general Pedro de Arana con las galeras, le halla en
Guarmey como lo habia imaginado; all surgi el enemigo y tom agua y
lea sin que nadie se lo estorbase. Luego otro dia que pas el enemigo
tractan de enviar dos navios, los mayores que habia en el puerto, tras
l; mas como no habia artilleria ni municiones, ces todo. El luterano
sigui desde Guarmey su viaje, y prosiguiendo la costa, ms abajo de
Trujillo encuentra con uno  dos navios que de los valles venian para
Lima cargados de azcar, sebo, corambre y otras cosas; desbalijlos y
dej  sus dueos perdidos. En este mismo paraje, sobre el puerto de
Zaa, lleg un navio llamado la _Anunciada_, cargado con ms de 200.000
pesos de mercadurias, que venia de Tierra Firme para el puerto de la
cibdad de Los Reyes, y el piloto  pasajeros, deseosos de saber nuevas
del Per, no conociendo al navio enemigo, arribaron sobre l, el cual
les dispar muy cerca una pieza de artilleria, diciendo: Amaina por la
reina de Inglaterra; y como se iban llegando y oyeron las voces que
amainasen, vindose en un peligro tan grande, amainando las velas ya al
medio de los mstiles se encomendaron muy de veras  Nuestra Seora del
Rosario, la cual les hizo merced que sucedi una refriega de viento,
embaraz las del navio luterano y las del navio catlico pareci que las
habia aizado arriba, y en dos palabras se vieron libres de aquel
peligro, el navio enemigo  sotavento y el nuestro ponindose  la
bolina prosigui su viaje y en breve tiempo lleg al puerto de la cibdad
de Los Reyes, en la cual  uno de los pasajeros o lo referido, y los
dems decian lo mismo, dando gracias  Nuestro Seor que por intercesion
de su Sanctsima Madre les habia librado.

Con el despojo de los dos navios dichos, que le fu no de poco momento,
pas adelante y lleg  la isla de la Puna, donde descarg sus navios y
di lado. Aqu tuvo una refriega con los vecinos de Guayaquil, donde le
mataron 15  16 hombres y quemaron parte de la jarcia, y si fueran
hombres de guerra,  tuvieran capitan experto, le quemaran los navios;
pero como ste venia por azote para los mexicanos, contentronse los
nuestros con este pequeo efecto, como los vecinos de Santiago de Chile,
que sabiendo habia llegado un poco ms arriba del puerto, salieron
contra l, y con la gente que habia echado en tierra pelearon; matronle
otros 16  18 hombres, sin salir ni herido uno de los nuestros;
prendieron tres  cuatro, los cuales si, como se trat aquella noche, se
quedaran emboscados, les mataran muchos ms, porque hobo quien dijo al
corregidor, que era el capitan: Seor, quedmonos emboscados esta noche,
que los enemigos han de salir  enterrar sus muertos y  tomar aguas y
darmosle otra bativa arma, mayormente que ni de dia ni de noche el
artilleria no nos puede hacer dao; no se recibi este consejo, y
subcedi as, que los enemigos salieron en tierra y enterraron los
muertos, y en el arena, por no se atrever  ir al rio, temiendo dao,
hicieron hoyos para sacar algun agua medio salobre. El capitan
contentse con lo hecho y no quiso pasar una mala noche.

Sali este pirata de la Puna; sigui su camino hasta el puerto de la
Navidad, en la costa de Mxico, adelante de Guatulco, donde vienen 
reconocer los navios de la China; all vino uno muy grande; dicen traia
oro de mercaderia; como venia descuidado sin armas, facilsimamente le
rindi, y dejando azotado al reino de Mxico, volvise  su tierra con
mucha ms hacienda que llev Francisco Draque.

Despues desto, pasado casi ao y medio, no s qu se les antoj  los
del Callao,  algunos dellos, que  las diez de la noche habia visto un
farol cerca de la isla por sotavento della; tocan arma en el Callao;
despachan al Conde  poco menos de media noche; tocan arma en la cibdad;
albortase toda. El General de los navios de la armada que estaba en el
puerto, sin rden del Visorrey levanta anclas y parte con sus dos navios
en busca del farol, y as se lo escribi al Visorrey. El Visorrey,  las
tres de la madrugada parte de la cibdad para el puerto con lo mejor
della, dejando echado bando que todo el pueblo le siguiese. A la sazon
yo era prior de nuestro convento de Los Reyes; fuime al puerto; llegu
ya que era amanecido, y al Conde ofrecle ochenta religiosos, si fuesen
necesarios, para seguir al enemigo  defender el puerto, que ni pasasen
de cincuenta aos ni bajasen de 25; agradecimelo mucho, y dijo: Con tan
buen socorro no hay que temer aunque toda la Inglaterra venga, y
cumpliera mi palabra, porque vivamos en el convento 120 religiosos; de
otras religiones no s que saliese nadie.

Quiso Dios, y no fu nada, ni tal farol hobo, sino que al que hacia la
guardia aquella hora, un planeta se ponia al Poniente un poco ms
encendido que otras veces, y parecile farol,  los ojos los debia tener
encendidos, y alborot el puerto y la cibdad, y al buen viejo conde del
Villar hzole llevar una mala noche en peso, que no durmi en ella ni
media hora.

Antes desto, estando el Conde en el Callao, habiendo despachado el
armada con la plata para Tierra Firme, subcedi un temblor de tierra
muy grande, que arruin muchas casas en el Callao, y en la cibdad hizo
lo mismo; fu uno de los mayores que se han visto en este Per, y tras
l en el Callao se sigui retirarse la mar y luego volver con tanta
vehemencia  mpetu, que saliendo de madre aneg muchas casas y derrib,
y el Conde, que estaba  la sazon, como habemos dicho, en el puerto,
corri mucho riesgo de la vida, porque las casas donde posaba, que eran
de Fulano Trujillo, dieron consigo en el suelo, y la mar lleg y entr
por ellas, y si no fuera por buena diligencia, y principalmente porque
Nuestro Seor le quiso guardar, all pereciera, porque en acabando de
salir huyendo de lo uno y de lo otro, la escalera y lo alto di consigo
en el suelo.

Gobern muy bien, poco ms de cuatro aos, aunque sus continuas
enfermedades no le daban tanto lugar; tenia muy entero el entendimiento,
con ser muy viejo;  sus importunaciones, el Rey nuestro seor le di
licencia para dejar el cargo; fuese  Espaa, y como era viejo en breve
tiempo acab sus dias en buena vejez.




CAPITULO XLIX

SU MAJESTAD PROVEE  DON GARCIA DE MENDOZA POR VISORREY DESTOS REINOS


El conde del Villar, vindose enfermo, cargado de aos y cuidados del
gobierno deste Per, con cartas suplicaba  Su Majestad le librase de
tan pesada carga; librle della y dila  don Garca de Mendoza, hijo
del gran limosnero y amigo de pobres marqus de Caete, de felice
memoria, Visorrey que fu destos reinos, el cual vino con su padre ya
conocido en toda esta tierra, y dende su tierna edad di muestras de lo
mucho que habia de ser y valer, y aunque cuando lleg  estas partes no
habia heredado el marquesado, y gobernando ac lo hered, siempre le
llamaremos marqus de Caete. La nueva de su proveimiento caus mucha
alegra en los nimos de cuantos vivamos en estas regiones, porque se
entendi habia de ser para gran bien dellas (como lo fu), siguiendo las
pisadas de su padre. Con prspero viaje lleg  Tierra Firme, y de all
al puerto del Callao; no quiso desembarcarse en tierra ni venir por
ella, por ahorrar de gastos  los indios y  los espaoles. Trujo
consigo  la ilustrsima seora doa Teresa de Castro y de la Cueva, su
mujer, seora de grandes virtudes, gran cristiana, de quien en breve no
se puede tractar, dejndolo para otra cojuntura, y  don Beltran de la
Cueva, su cuado, caballero de admirables y grandes virtudes, que les
son como naturales  la sangre de donde descienden. Fu recibido el
Marqus solemnsimamente con mucho aplauso y gasto de los vecinos,
estantes y habitantes; hall en la cibdad al conde del Villar,  quien
tract con la cortesana y respecto que se le debia, y el Conde hizo lo
mismo como nobilsimo y generossimo caballero. Quit luego algunos
gastos excesivos que se hacian en el puerto del Callao, de la hacienda
de Su Majestad. Certificronme eran ms de 300.000 pesos cada ao;
tract de hacer las casas reales; hzolas muy buenas y estrados para el
Audiencia, sin llegar  quinto ni  otra hacienda de Su Majestad, sino
mandando aplicar condenaciones. Hall la ciudad un poco hambrienta; en
el tiempo que gobern, casi seis aos, siempre la tuvo muy abastada de
pan y de lo necesario. Tuvo nimo y valor para hacer lo que ninguno de
sus antecesores, desde don Francisco de Toledo ac, se atrevi  hacer,
ni el mismo don Francisco de Toledo con ser tan temido, que fu asentar
las alcabalas; mandbaselo as Su Majestad expresamente. O decir  un
criado suyo, y fidedigno, que muchas noches se le pasaban en blanco, no
pudiendo dormir, antes que las pregonase, buscando unos y otros medios
cmo sin riesgo del reino se asentasen, y viendo las dificultades que se
le ofrecian, todo era sospirar. Por una parte temia alguna rebelion; por
otra, si no lo hacia, perdia mucho de su crdito con Su Majestad, que le
mandaba con los mejores medios que pudiese las asentase, y no las dejase
de asentar; finalmente, dise tan buena maa, que las public, asent 
hizo recebir, y aunque se temi algun escndalo, no en la ciudad de Los
Reyes, sino en las dems del reino, fu Nuestro Seor servido se
aceptasen como justsimo derecho debido  Su Majestad, y no se paga sino
 dos y medio por ciento.




CAPITULO L

QUITO NO QUIERE RECIBIR LAS ALCABALAS, Y MEDIO SE REBELA


Entre todas las cibdades destos reinos, sola la de Quito no quiso acudir
 lo que al servicio de su Rey debia, en la cual no s cuntos criollos
(as llamamos  los ac nacidos) de poco juicio, particularmente al que
tomaban por cabeza, un muchacho de treinta aos, de poca cordura y menos
experiencia, que no sabia limpiarse las narices, encomendero y de buena
renta y bastantes haciendas, casado, hijo del contador Francisco Ruiz, 
quien conoc, conquistador y gran servidor de Su Majestad en la tirania
de Gonzalo Pizarro. Estos, con otros nacidos en Espaa, no quisieron
recebirlas, y casi se pusieron en arma,  los cuales el Audiencia Real
no fu poderosa para refrenarlos, no s si por faltar el nimo al
Presidente, doctor Barros, y  los dems Oidores,  por otros respectos
de atraerlos por bien.

Tuvieron stos ms que necios hombres por muchos dias nombrados sus
oficiales de guerra, y cada dia su escuadron en la plaza de 1.800
hombres, los ms arcabuceros.

El que los bandeaba y por cuyo consejo particularmente se regian _era_
un Fulano Vellido, hombre bajo y atrevido, muy adeudado, lo cual le sac
de juicio  ser el autor deste disparate; empero, viendo el Audiencia
que el todo deste dependia, di rden cmo en secreto, en una resea que
ellos hacian, le matasen, en la cual le dieron dos arcabuzazos, de que
muri en su cama, sin saber los dems quin se los di. Era cosa de
muchachos y como muchachos se perdieron.

El Marqus, con cartas y mensajeros y con todos los buenos medios
posibles, prudentes y amigables, les rogaba se quitasen y no quisiesen
ir contra el servicio de Dios Nuestro Seor y de Su Majestad, y no se
sealasen ellos solos, habiendo el Cuzco, la cibdad de La Plata y
Potos, con las dems del reino, admitido las alcabalas, envindoles
testimonio de todo; y no aprovechando cosa alguna, antes cada dia se
iban desvergozando ms, determin el Marqus enviar all con ttulo de
capitan general y justicia mayor al General de las galeras, Pedro de
Arana, con cincuenta lanzas y arcabuces, el cual partiendo del puerto y
llegando  Guayaquil, de donde sac alguna ms, convoc tambien de la
ciudad de Cuenca otra poca, y con toda ella se puso  25 leguas de Quito
en el pueblo de Riobamba, amonestndoles se redujesen al servicio del
Rey, deshiciesen la gente, no saliesen cada dia en alarde  la plaza y
despidiesen los oficiales de guerra que tenian nombrados, y  la
Audiencia dejasen libremente hacer justicia, no la teniendo opresa; pero
todo era cantar  sordos, porque  un regidor de Quito, llamado
Francisco  Pedro de Arcos, enviaron  un pueblo llamado Llactacunga,
doce leguas de la cibdad, hombre de ms de 80 aos,  hacer plvora, que
es la mejor del mundo (son los materiales bonsimos), el cual,
llegando, luego quit la vara al corregidor del Rey, puso otro en su
lugar, hizo su plvora, y desde all enviaba cartas de desafio al
general Pedro de Arana, dicindole se volviese, y si no queria, que ya
ambos eran viejos y podian vivir poco, que los dos en campo averiguasen
la justicia deste negocio; mas el General disimulaba y reiase de la
locura del regidor; este buen hombre escribi tambien  los de Quito le
enviasen ducientos arcabuceros, que l echaria de la tierra al General
Arana, aunque con otras palabras, llamndole vejezuelo; los de Quito no
se atrevieron,  por no acabarse de declarar  por otros respectos. Si
lo hacen, se declaran totalmente, y declarados teniamos la guerra civil
en casa.

Mas el General Pedro de Arana fu madurando y esperando, y cansndolos,
con mucha prudencia, hasta que vinieron  deshacer la gente y  no
salir, ni estar en escuadron en la plaza, en el cual, si no eran algunos
vecinos viejos, los oficiales de la Audiencia y los del Sancto Oficio,
todos los dems entraban en el escuadron cada dia, y el comisario de la
Inquisicion con sus ministros, uno de los cuales es hermano mio, que
sirve el oficio de notario, sali de la cibdad y fu hasta Riobamba,
donde estaba el General Arana,  ofrecerse  todo lo que les mandase,
como servidores de Su Majestad; recibilos muy bien y mandlos se
volviesen  la cibdad para que le avisasen de lo que pasaba. As,
detenindose y madurando las cosas con mucha prudencia, el mismo que
habia de ser cabeza, Juan de la Vega, se le vino  rendir y  excusar;
mandle tambien con otros no s cuntos mozos que con l vinieron, se
volviesen y quitasen; volvironse y quitronse; ya no habia estruendo de
armas en la cibdad, en la cual fcilmente entr; puso en libertad al
Audiencia, su gente apercebida en la plaza; haciansele las ceremonias de
guerra que se suelen hacer  los Generales cada dia; prendi, procedi
contra los culpados;  los que pudo haber  las manos ahorc, y entre
ellos al vejezuelo Arcos, dndole por traidor, derribndole _su_ casa y
arndosela de sal; fueron 24  25 los que justici, y justiciara  ms
si el Marqus no le fuera  la mano, teniendo y usando de misericordia
con los presos;  Juan de la Vega no le pudo haber; vnose  escondidas
 la cibdad de Los Reyes; confiscle los bienes y diles por perdidos;
quitle la encomienda de los indios; perdi su casa, hacienda y el
nombre que su padre habia ganado. El marqus[25] no supo estaba en Lima
escondido; los que le tenian escondido[26] dieron rden cmo se fuese 
Espaa y presentase delante de la Majestad del Rey nuestro seor,  de
su Consejo Real de Indias, que teniendo atencin  los servicios de su
padre, que por ser conquistador y servidor del Rey en la tirania de
Gonzalo Pizarro le quit los indios y sus haciendas, y le hizo ir
huyendo  Mxico, le perdonaria; mas el miserable de su hijo, por querer
ser traidorcillo, perdi cuanto le dej su padre; argumento eficaz que
confirm aquella verdad: No gozarn los terceros herederos los bienes
mal ganados. No sabemos si Su Majestad ha usado con l de su
acostumbrada clemencia. Los religiosos de las Ordenes mostraron lo que
debian en servicio de Dios Nuestro Seor y de su Rey, si no fu uno 
quien sus prelados castigaron rigurosamente con justicia.

  [25] Tachado: _sabiendo_.
  [26] Tachado: _di_.

Los nuestros, entre los dems, cuando tenia esta desbaratada canalla 
los Oidores como presos y opresos, sin consentir se les diese de comer,
rompiendo por el escuadron entraban en las casas reales, y les llevaban
la comida en las mangas de los vestidos. Si estos traidorcillos se
declararan de todo puncto, mucho era el riesgo que se corria de perderse
el reino, porque ni por mar ni por tierra les podian hacer dao; tiene
pasos fortsimos aquella provincia para entrar en ella, los cuales
ocupados, no dejaran entrar un pjaro, y _de_ asentadero pueden derribar
 los que contra ellos fuesen, y mientras ms fueran, ms perdidos; por
lo cual ni el Marqus ni el General Pedro de Arana tienen que atribuirse
mucho en esta pacificacion, sino atribuirla toda  Nuestro Seor, como
lo hicieron, y  las oraciones y diciplinas de todos los conventos de la
cibdad de Los Reyes; soy testigo que en el nuestro todas las noches
despues de maitines habia oracion comun, y en la casa de novicios tres
dias en la semana tambien disciplina y oracion comun sin la que habia en
la iglesia de los padres sacerdotes, que en ella se quedaban en oracion
particular, y despues andaba la disciplina, todos suplicando  Nuestro
Seor no nos castigase con guerra civil. Nuestro Seor di la paz, que
no se esperaba por manos solas de hombres poderse alcanzar.

Lo mismo se hacia en los dems monasterios; yo escribo lo que en el
nuestro vi, y fu la Majestad de Dios servida se apagase aquesta
centella, por hacernos  todos merced. Ganada esta paz, llana la cibdad,
castigadas las cabezas y otros que se habian desvergonzadamente
sealado, el Visorrey provey por corregidor y con ttulo de capitan
general  don Diego de Portugal, caballero muy conocido y de partes muy
necesarias para aquella cibdad, mandando se viniese el General Pedro de
Arana  la cibdad de Los Reyes para hacerle merced, en nombre de Su
Majestad, por sus servicios. El cual llegando al Callao por la mar,
donde el Marqus estaba despachando contra un ingls, como luego
diremos, que ojal llegara un mes antes, le recibi muy bien y dile
6.000 pesos de renta por dos vidas; empero, como era muy viejo, gozlos
poco: dentro de breves meses muri. Otras sombras de rebelion hobo en el
Cuzco, de gente muy baja, que es asco tractar sus oficios, ni ponerlos
en historia: un botijero y un no s qu ms, pagaron su desvergenza en
la horca, porque otro lugar mejor no merecian.




CAPITULO LI

EL MARQUS TIENE AVISO DE CHILE QUE UN PIRATA INGLS HA LLEGADO AQUELLA
COSTA


Acabado con tan buen subceso lo que de Quito se temia, dende  pocos
meses tuvo el Marqus aviso por un navio, despachado del puerto de
Valparaiso de Chile, que un pirata luterano ingls habia, sin se haber
descubierto en otra parte de toda aquella costa, entrado en l con un
solo navio[27] de 300 toneladas, muy fuerte y bien artillado, y una
lancha, y como entr de repente habiase hecho seor de los navios, donde
hall matalotaje bastante de vino, tocino, biscocho y otras cosas, y
luego puso bandera de paz y de rescate; rescatronse los navios, aunque
dicen Su Majestad tiene mandado no se haga, mas entonces fu necesario,
porque si no se rescataran los quemara, y no se avisara de Chile su
entrada, como se avis; porque en anocheciendo, el un navio alz anclas
y velas, y cogi la delantera al enemigo y vino  dar el aviso con
tiempo.

  [27] Tachado: y una lancha.

Cuando el pirata lleg al puerto de Valparaiso, en uno de los navios
estaba su piloto y maestre, llamado Alonso Bueno, casado en la ciudad de
Los Reyes, el cual al general de navio dijo (era hombre noble y
confiado): Bien s que me has de matar; en la ciudad de Los Reyes tengo
mujer y hijos y hacienda, y debo y me deben; dame licencia para hacer
una memoria que sirva como de testamento, para se la enviar  mi mujer y
descargar mi nima, y sepa lo que le queda  ella y  sus hijos. El
pirata se lo concedi, porque no le quiso rescatar, tomndole por piloto
para toda esta costa y la de Mxico. Alonso Bueno, con esta licencia,
tom tinta y papel, y escribe al Marqus dndole aviso del navio del
enemigo, cun grande, cun fornido, qu gente y qu piezas de
artilleria traia, y cmo le llevaba por fuerza por piloto de toda esta
costa pero que l le llevaria poco  poco, y le meteria en el Callao;
que tuviese dos navios gruesos  la punta de la isla, para que no se
pudiese huir, y  dos bergantines fuera de la isla al barlovento della,
que en viendo el navio enemigo huyesen para que el enemigo los siguiese
y se metiese en el puerto, y se lo pornia en las manos como lo venia
haciendo. Este aviso dilo secretamente en el puerto de Valparaiso al
capitan Ramir Yaez de Saravia, vecino de la ciudad de Santiago, que
all habia venido con gente, entraba y salia en el navio enemigo, para
que con la brevedad posible en uno de los navios rescatados, en siendo
de noche, lo despachase al Visorrey del Per, lo cual as se hizo, y el
general del navio ingls no le pidi el testamento, creyndole; si se lo
pidiera antes de darlo, luego ahorcara  Alonso Bueno. Recbese el
aviso, y despchase el navio, y fu Nuestro Seor servido que no le
faltase viento y llegase muchos dias primero qu'el enemigo. Todo lo cual
sabido por el Visorrey, no le temi, antes se alegr, por esperar en
Nuestro Seor le habia de haber  las manos. Luego nombr por general de
dos galeones que habia en el puerto, muy buenos,  su cuado don Beltran
de la Cueva; por almirante,  don Alonso de Carvajal, caballero de
hbito de Calatrava. Aadi otro navio grande y muy bueno, de quien
seal por capitan ...[28] Manrique, y como aquel  cuyo cargo tenia
el reino, estaba apercebido de mucha municion, plvora, balas rasas y
de cadena, bombas de fuego, mucha y muy buena artilleria, que se labra
en la ciudad tan buena como en Alemaa, piezas de cuarenta quintales y
ms; fuese al puerto, en siendo avisado el luterano habia llegado 
Arica, donde no se atrevi ni  surgir; di priesa al buen aderezo de
los navios, y en la Almiranta nombr otro capitan ...[29] de Pulgar,
hombre experto en la guerra, como el capitan Manrique. Provey otras
tres fragatas, que fuesen como busca ruido, y en ellas nombr sus
capitanes: en la una, ...[30] Garca Gorvaln, cursado mucho en la mar,
y para que si fuese necesario vinieran  dar aviso de lo que pasaba,
hizo gente _y_ pagla; hobo muchos hidalgos y caballeros que se
ofrecieron,  su costa, ir sirviendo, y aun pagaron soldados, como fu
Luis de la Serna, regidor de Los Reyes, que por ser viejo y enfermo no
fu  servir en persona: envi cuatro soldados  su costa; y otro
vizcaino...[31] Vergara, con otros dos y su persona hizo lo mismo, 
quien el Marqus lo agradeci mucho y alab. Pidi religiosos en los
monasterios; la obediencia me mand fuese con un compaero, llamado fray
Bernardino de Lrraga, y fuimos en la Almiranta; en la Capitana iban dos
padres de la Compaia, por respecto del padre Hernando de Mendoza,
hermano del Marqus y cuado del General. En el otro navio, llamado _San
Joanillo_, y por otro nombre _Nuestra Seora del Rosario_, dos
religiosos de Nuestra Seora de las Mercedes; iban en nuestro navio,
pagados, casi ochenta soldados y ms de treinta hijosdalgo y caballeros
 su costa; en la capitana, otros tantos y ms, y con el capitan
Manrique, fuera de los soldados, otros amigos suyos, hombres de
vergenza, y entre ellos el capitan Baptista Gallinato. Aprestronse los
navios muy bastantemente, y seis  siete dias antes que partisemos
lleg de Quito el general Pedro de Arana en la galizabra, capitan della
Joan Martinez de Leiva de Lizrraga, que despues fu en demanda del
enemigo, y llegado persuadia al Marqus le diese licencia para ir en
esta armada con su galizabra, navio menor que cualquiera de los tres, y
hacia mucha agua. Al cual, dicindole el Marqus: Cmo quieres ir, si
la galizabra hace tanta agua que de tres  tres horas da  la bomba? Al
cual respondi graciosamente: Tambien, seor, un hombre orina de tres 
tres horas, y no se muere.

  [28] En blanco en el ms.
  [29] En blanco en el ms.
  [30] En blanco en el ms.
  [31] En blanco en el ms.

Pas esto por donaire, y no le dejaron ir.




CAPITULO LII

PARTE LA ARMADA DEL PUERTO EN BUSCA DEL ENEMIGO, AGUA ARRIBA


Con tanto y buen recado los navios, con tanta y buena gente y mejores
ganas de se ver con el enemigo, nos hicimos  la vela una tarde, y antes
el Marqus visit los navios y prometi hacer mercedes  todos,
animndolos  que cada uno hiciese lo que debia, as al servicio de
Nuestro Seor como de nuestro Rey.

Otro dia salimos fuera de la isla y fuimos en busca del enemigo, que no
s si fu muy acertado, por tenernos cogido el luterano y ganado el
barlovento, el cual en esta mar y en todas es la mayor parte de la
victoria, y principalmente en esta nuestra costa; porque como los navios
no sean igualmente veleros, unos suben ms, otros menos, que es unos son
mejores de la bolina que otros, por lo cual no pueden ir en conserva
como cuando navegan  popa, ni se pueden socorrer los unos  los otros
tan prestos, y  veces es imposible socorrerse. Empero al Marqus
parecile no era posible el enemigo rsenos de las manos, y pretendi
tenerle rendido antes que al paraje de Lima llegase. Nuestra Almiranta y
el pataje donde iba el capitan Garca Gorvaln eran los mejores veleros,
y por esta razon ramos los ms delanteros. La rden que llevaba era
sta: que no nos desabrazsemos de la tierra de diez  doce leguas, y
que  las noches fusemos la vuelta de la mar, y de dia vinisemos la
vuelta de la tierra, que era lo cierto  conveniente. El Marqus tenia
por momentos chasquis por tierra, con aviso dnde llegaba el enemigo. El
armada seguia su derrota en busca dl. Sucede, pues, que llega el
enemigo  la playa de Chincha, y luego fu dello avisado el Marqus, el
cual despach un barco de pescadores, con rden que no parase hasta
hallar el armada, avisando al General dnde habia llegado el cosario, y
que dos  tres dias se habia detenido en aquella playa. Alonso Bueno
venia cumpliendo todo lo que habia escripto. Sbado, pues, vspera de
la Trinidad del ao de 94,  la tarde, hallndonos un poco en alta mar,
siete leguas ms abajo de donde el enemigo estaba, llega el aviso del
Marqus  la Capitana. El General dispar luego una pieza de artilleria;
llegronse los dos navios gruesos y patajes. No s quin le aconsej que
mandase aquella noche le siguiesen, porque haria farol, y di cuenta del
aviso que tenia del Marqus; hzose su mandado, y en lugar de ir la
vuelta de la mar, venimos la vuelta de tierra, con pocas velas y viento,
y con unas olas muy hinchadas que daban muestra del mucho temporal que
otro dia habiamos de tener. Cuando amaneci y volviamos la vuelta de la
mar, porque nos hallbamos no cinco leguas de tierra, descubrimos al
enemigo al barlovento de nuestra armada,  lo que decian los pilotos
cuatro leguas ms arriba, el cual, como nos descubri, pregunt  Alonso
Bueno qu navios eran aquellos? Respondile: los grandes llevan
mercaderias  Arica para Potos; los pequeos son barcos que van por
vino y trigo  los valles que dejamos atrs; pero viendo que bamos la
vuelta de la mar, y como en su seguimiento, l tambien dej de venir 
popa via, y vir la vuelta de la mar  la bolina; el pataje donde iba el
capitan Gorvaln hallse ms  barlovento que ninguna otra de nuestras
velas, y tir tras l, y le gan el barlovento; pero como era pataje, y
sin gente ni artilleria, no se atrevia  aferrar con el enemigo, y
aunque aferrara era imposible nosotros favorecerle, digo la Almiranta,
que se hall ms  barlovento que las dems velas; tras nosotros, y 
sotavento, se seguia la nao del capitan Manrique; la Capitana se hall
ms metida en tierra y ms  sotavento; visto al enemigo, y su lancha
delante dl, luego le comenzaron  seguir, atesando las velas todo lo
posible para alcanzarle y pelear con l conforme al rden que del
Marqus se llevaba; mas fu Nuestro Seor servido que carg tanto el
viento, y con tanta furia, que la Capitana quebr el mstil mayor de
gavia, y no pudiendo sufrir la fuerza del esgarrn arrib  popa al
puerto; lo mismo hicieron los patajes. Es cierto que en mi vida ce
espada, y que viendo al enemigo y cun lejos estaba de nosotros, y el
viento que tomaba ms fuerza, que ni me alborot, ni pareci habiamos de
venir  las manos. Nuestra nao seguia al enemigo, y en pos de nosotros
la del capitan Manrique, y atesando todo lo posible las bolinas, con la
furia del viento rmpesenos el boliche de la vela mayor de gavia, que
para tomarle y coserle se pasaron ms de dos horas, y como sin vela
mayor de gavia, ni  bolina ni  popa salga ni navegue mucho el navio,
en este tiempo el navio del capitan Manrique nos cogi el barlovento, y
delante de nosotros iba navegando, cuando con una ola muy muy grande da
una cabezada el navio y hace pedazos la entena mayor, y no pudiendo
navegar, ya nuestra vela de gavia estaba cosida, fcilmente le dejamos
atrs, y nunca ms le vimos hasta lunes otro dia  las diez horas. La
Almiranta, pues, sola iba siguiendo al luterano, y ganndole tierra, el
cual bien crey habiamos de pelear; ech la barca fuera, y alij su
navio limpindole la cubierta; todo esto vimos,  ya que anocheci no
estbamos media legua dl, pero en anocheciendo, cerrndose la noche,
aunque seguimos un poco de tiempo nuestra derrota, vindonos solos
amainronse las velas y con pocas y bajas bamos la vuelta de la mar; ya
que amaneci, ni navio de amigo, ni de enemigo, viamos. La culpa que tan
mal nos sucediese, y que un solo navio con una lancha se nos fuese no se
ha de atribuir sino  la soberbia nuestra; por ventura nos parecia
ramos poderosos contra toda Inglaterra. Tambien la echamos al que di
el consejo que la vspera de la Trinidad, sbado, en la noche vinisemos
la vuelta de tierra; porque es as cierto que, si se hace y guarda la
rden del Marqus, y aunque no la diera se habia de guardar, que de
noche furamos la vuelta de la mar, de dia  la de tierra, cuando
volviramos, el domingo de la Trinidad, sobre tierra, hallbamos al
enemigo sobre ella y el armada  barlovento dl, y era imposible
rsenos;  la mar no se podia ir, porque se la teniamos ganada; pues
habia de abordar en tierra; eso queriamos, sino que debi imaginar quien
di el consejo que, como estbamos enmarados y no mucho, cuando lleg el
aviso del Marqus donde estaba el enemigo, si el bordo de la mar
llevramos aquella noche, el enemigo pasara entre la tierra y nosotros,
y por ventura,  no le viramos  la maana,  no le alcanzramos, y
otra excusa no hay; tambien es cierto que si el capitan ingls fuera
hombre de conocimiento de mar, muy  su salvo pudiera cazar  popa
contra la Almiranta, vindola sola y sin quien la pudiera favorecer, y
si esto hace, necesariamente habiamos de huir, porque no le habiamos de
esperar con el lado descubierto  la bolina, para que en l asentara su
artilleria y nos echara  fondo. Nuestro navio era imposible poder
disparar contra l, porque las escotillas del artilleria estaban
calafeteadas, y cuando no lo estuvieran, no nos podiamos aprovechar
dellas, por el barlovento, por no estar muy altas, y no se poder hacer
punteria; por el sotavento menos, por ir debajo del agua, sino qu'el
enemigo, conociendo no le podiamos esperar, no quiso acometernos, y la
mar andaba tan alta, que ni los de barlovento ni los de sotavento se
podian aprovechar de pieza ni de arcabuz, y llegados  aferrar, mejores
ramos que ellos.




CAPITULO LIII

VULVESE LA ARMADA AL PUERTO


El Almirante, vindose solo en alta mar, psose mar al travs para ver
si algun navio de los nuestros parecia, y en particular el del capitan
Manrique, el cual  hora de media dia lleg donde estbamos,  quien el
Almirante mand no se desabrazase de nuestro navio, y habido consejo
pareci se debia ir al puerto en busca del General para seguir su rden,
y no le hallando en la mar, cuatro leguas antes de entrar en el puerto
despach el Almirante  un criado suyo con el maestre del navio, llamado
Andrs Gomez, dndole relacion de lo que pasaba, y no entraria en el
puerto hasta ver su mandamiento, porque no sabia del General; recebido
este despacho, el Marqus le mand se volviese al puerto, y dentro de
tres dias se aderezase y proveyese de todo lo necesario, y con ttulo de
General, con el navio del capitan Manrique, se partiese luego y siguiese
al enemigo hasta Inglaterra, y la conducta de capitan general se la
enviaria al puerto. Con este recado nos volvimos al puerto,  donde aun
no habia entrado la Capitana, no poco tristes, porque  seis velas se
nos habia el enemigo ido; la culpa ya dije fueron nuestros pecados y
soberbia, y el que aconsej aquella noche vinisemos el bordo de tierra;
no la tiene el General, porque no sabe de bordos de mar ni de tierra, ni
marear velas; sabe gobernar un ejrcito entero, sabe pelear y mandar
pelear, y sabe acudir  la sangre ilustrsima de donde desciende. Porque
pas as: recebida por el Almirante la respuesta del Marqus, me ense
la carta y le dice: Seor, esto no habr efecto, porque el General no
desembarcar en tierra hasta verse con el enemigo y traerlo rendido, 
morir en la demanda, y cuando el Marqus le quitare el cargo, ir por
soldado, porque  su ser y honra no le conviene otra cosa; y as fu,
porque surto en el puerto y sabido lo que el Marqus proveia, no quiso
salir del navio, sino fu un domingo  oir misa, y luego se volvi 
embarcar, y finalmente, viendo el Marqus que el General no queria dejar
de ir en busca del enemigo con el oficio,  como soldado, le mand
seguir al luterano tomando la nao Almiranta por capitana, y  la
galizabra por Almiranta, en que se embarcase el Almirante. El cual
parecindole se le hacia agravio, porque la galizabra es navio pequeo,
y apenas cabian en l sus hijos, que llevaba dos mancebos de buenas
esperanzas y pensamientos, como lo mostraron visto el enemigo, ni sus
criados, pidi le diesen la Capitana en que meterse, la cual  su costa
aderezaria, pues el dao no era tanto ni de tantos dias, donde serviria
como lo habia hecho, y habria lugar para su casa y criados y los dems
hijosdalgo y caballeros que se le habian allegado; en esto se pasaron
algunos dias, pocos, y no concedindosele lo que pedia, pareci no
satisfacia  su honra, y se le agraviaba (y si era agravio  no, no es
de mio juzgarlo), se qued y con l los caballeros y hijosdalgo que  su
mesa sustentaba muy cumplidamente, y los religiosos que con l bamos
tambien nos quedamos.




CAPITULO LIV

EL MARQUS DESPACHA SEGUNDA VEZ EN SEGUIMIENTO DEL ENEMIGO


Excusndose don Alonso de Carvajal porque no le daban,  su navio,  la
Capitana, como habemos dicho, el Marqus nombr por almirante  Lorenzo
de Heredia, hijodalgo, nacido en la cibdad de Hunuco, hombre de brio y
buenas partes, dndole la galizabra, y en ella por capitan al mismo que
la ha traido y nombramos arriba, gran enemigo de ingleses, sin temor
alguno dellos, por haberse visto muchas veces en la mar del Norte y
peleado con ellos, y haber hecho muchas y muy buenas suertes, que  esta
sazon ya tenia dado  la galizabra y tomdole el agua, donde se metieron
los soldados necesarios; el General, con la brevedad posible, con solos
dos navios muy bien aderezados y con soldados pagados; de los dems
caballeros hijosdalgo que la primera vez  su costa fueron, pocos 
ningunos admiti; parti del puerto del Callao, y llegando  la playa de
Trujillo halla all al piloto Alonso Bueno, que unos dicen el enemigo le
ech en tierra, otros que de noche se lanz  la mar, y nadando se
escap; recibilo el General en la Capitana, y fuese con l; lleg al
cabo de San Francisco,  un poco ms abajo, antes que el enemigo
atravesase para Tierra Firme; descubrindolo la galizabra aferr con l,
y la Capitana, queriendo darla favor, aferr tambien con la galizabra y
la nao enemiga; pele valientemente con los enemigos, de los cuales
murieron ms que los nuestros, y desaferrndose pelearon hasta que la
noche los desparti,  caonazos; los ingleses se espantaban viendo cun
buen artilleria era la nuestra, porque les pasaban de claro en claro el
navio.

Otro dia de maana tornan los nuestros  ver al enemigo (que fu necio,
conociendo la ventaja de nuestra parte, aquella noche no mudar derrota y
escaparse); torna la galizabra aferrar con l y  pelear, pero
desaferrndose la nao enemiga dispara una pieza de artilleria y da con
el mstil mayor de nuestra galizabra en el agua; luego tocle un clarin
como cantando victoria; mas nuestro capitan Leiva de Lizrraga no por
eso desmay, y llegndosele el General le dijo se recogiese  un puerto
all cercano, para se reparar; respondi no tenia necesidad, porque con
medio mstil seguira al enemigo, y le rendiria, y replicndole el
General que con qu velas, dijo: de las orejas mas har velas para
seguirle; lleg la noche y despartironse; otro dia de maana tornan 
ver al enemigo, al cual ya faltaba la gente, porque viendo los nuestros
que las velas aquella noche no las habian renovado ni cosido, que
estaban hechas arneros de las balas de nuestra artilleria, conocieron
que ya no tenia gente y le habian muerto mucha; con esto vanse nuestros
navios para el enemigo, y quiso Dios que disparando la galizabra una
pieza da en la triza de la vela mayor y chala en el suelo; de la
Capitana se dispara otra, que se llev tres  cuatro soldados,
apercebidos para en aferrando ponerse fuego y quemarse  ellos y  los
nuestros. Entonces el cosario ingls levant una banderilla en que
confes rendirse; entraron los nuestros dentro, saquearon lo que
pudieron y alegres con la victoria, preso y rendido el enemigo, fuese 
Tierra Firme al puerto de Panam,  donde rehizo las quiebras de los
navios. Subcedi esta victoria dia de Nuestra Seora de la Visitacion, 2
de Julio del ao de 94, como dijimos; luego despach el General un
caballero de los criados del Marqus con la nueva de la victoria; lleg
 Los Reyes en breve, porque saltando en tierra, y caminando de dia y de
noche, mudando caballos, _fu_ en menos de 25 dias,  las 10 de la
noche. El Marqus  aquella hora avis  la iglesia mayor y monasterios
repicasen las campanas, y saliendo de su casa, acompaado de toda la
cibdad,  caballo, anduvo las estaciones por los monasterios dando
gracias  Nuestro Seor por la victoria, y tan  poca costa de los
nuestros.

Todo lo referido vi en una carta quel padre presentado fray Toms de
Heredia me escribi, sacada de otra que su hermano el almirante Lorenzo
de Heredia le escribi de Tierra Firme.

Gobern el Marqus seis aos estos reinos, sin que le subcediese cosa
mal en que pusiese las manos, enviando cada ao mucha plata  Su
Majestad ms que ningun Virrey antecesor suyo, porque sac mucha de la
composicin de las tierras y heredades que los espaoles poseian, para
que se les quedasen fijas y perptuas, sin que dende en adelante hobiese
pleito sobre ellas; vendi otras muchas que estaban yermas por no haber
herederos algunos, particularmente en los Llanos. La cibdad de Los Reyes
estuvo abundantsima de pan y dems mantenimientos, y las cosas todas
puestas en mucho rden y concierto, sin que en todos estos seis aos
sucediese en el reino disparate digno de memoria, si no fu el de Quito,
que largamente habemos referido. A su importunacion Su Majestad le hizo
merced mandarle ir  su marquesado, porque estando ac le hered,
dejando en el gobierno deste reino al Visorrey don Luis de Velasco,
caballero del hbito de Santiago, que gobernaba los reinos de Mxico, el
cual agora con mucha rectitud y cristiandad nos gobierna.




CAPITULO LV

DE LA JORNADA Y DESCUBRIMIENTO QUE HIZO EL ADELANTADO ALVARO DE AMENDAA


Aunque arriba brevemente tractamos del descubrimiento primero que hizo
Alvaro de Mendaa, gobernando los reinos del Per el licenciado Castro,
y el segundo de que agora tractaremos, gobernando don Garca de Mendoza,
marqus de Caete; despues hube  mis manos una relacion larga de lo
subcedido en este segundo viaje, la cual abreviar todo lo posible. Dos
aos, poco ms  menos, antes que don Garca de Mendoza, marqus de
Caete, acabase de gobernar, despach por rden de Su Majestad del Rey
Filipo Segundo, que goza del cielo (aunque contra su voluntad)  Alvaro
de Mendaa con dos navios grandes y una galeota y fragata,  que
volviese  descubrir  poblar las islas que antes habia descubierto, que
llamaron de Salomn, y  una muy grande que pusieron por nombre
Guadalcanal. Llevaba el Adelantado por almirante  Lope de la Vega, y
por capitan de la gente que se hizo en Lima  don Lorenzo, su cuado, y
por maestre de campo  Merino. Llevaba consigo casi 600 personas,
soldados marineros, hombres casados y gente de servicio; muchos
bastimentos, piezas de artilleria y municiones bastantes; todos se
embarcaron en el puerto de Zaa, y porque all no hubo cmodo para
hacer aguada, bajaron  Paita, donde la hicieron, y hecha, siguieron su
derrota procurando ponerse en el altura del Callao en doce grados desta
parte ac de la lnea y polo Antrtico, y dentro de 38 dias que
partieron de Paita, antes que anocheciese descubrieron una isla, al
parecer quince leguas de donde se hallaron. Fu grande la alegra que
todos recibieron, y al amanecer se hallaron como cinco leguas della, y
la mar cubierta de canoas pequeas y mayores de que se aprovechan los
indios;[32] llegronse cerca dellos, que hacian mucha algazara y
muestras de espanto, los cuales, llegndose  los navios, y
particularmente  la galeota, entraron muchos tan crecidos y dispuestos,
aunque desnudos, que les parecian gigantes; pretendieron tomar la
galeota, mas los soldados que iban dentro fcilmente los rebatieron y
echaron fuera; tambien quisieron entrar en los navios grandes, y se les
consinti en la Capitana; entraron admirados de ver gente vestida y en
navios tan grandes; subcedi all que uno destos naturales tom un
perrillo de falda en las manos, y luego como que jugaba con l se lanz
 la mar, zabullndose debajo del agua, y sali ms de dos tiros de
arcabuz adelante con el perrillo en la mano, y se embarc en una canoa
de las suyas; desde all este indio, con otros muchos en sus canoas,
hacian seas  los nuestros que fuesen  ellos, ensendoles como con la
mano otras islas, por donde se entendi que no eran todos de la que
solamente hasta entonces se habia descubierto; empero, como la intencion
del Adelantado fuese ver aquella isla y tomar puerto en ella, declin
el piloto sobre ella y descubri una playa, al parecer deleitosa,
poblada de muchas casas, y cerca dellas gran cantidad de platanales,
palmas y otros rboles fructales. En esta playa se descubri una
ensenada con rios y muchas casas y mayor concurso de gente que se ponian
 defender el puerto, el cual no se tom por ser el viento contrario, y
visto no se podia tomar, el Adelantado mand disparar una pieza de
artilleria y arcabuceria, que odo el trueno no par natural en la mar
ni en la costa, y como no se pudo surgir en este puerto prosiguieron
adelante en demanda de otras tres islas que  diez  doce leguas se
descubrian, una dellas mayor que las otras. Otro dia al amanecer se
hallaron como dos leguas cerca della, de donde salieron muchas canoas
con muchos indios tambien desnudos, y entre ellas una muy grande, encima
de la cual estaba armada una barbacoa en la cual cabian setenta hombres,
sin los que iban remando por banda, y as como los pasados se admiraban
de ver gente nueva, lo mismo hacian stos; usan arco y flecha de palma,
y macanas y piedras, que tiran con tanta fuerza que doquiera que
alcanzan no es necesario otro golpe; los navios se fueron llegando para
ver si se hallaba puerto; en unas ensenadas que se descubrian en esta
isla habia tres cordilleras muy alegres  la vista, muy verdes, y
tambien se descubrian sabanas apacibles; no se pudo tomar puerto, y los
navios desembocaron por un estrecho que se hacia entre esta isla y otra,
en lo ms angosto de media legua, la una y otra playa muy poblada de
caserias y gente desnuda, los cabellos, en hombres y mujeres, tan
largos que les llegaban  los pies.

  [32] Tachado: y llegndose.

Pasado este estrecho, que no tenia de largo legua y media, se determin
tomar puerto en la isla de mano izquierda, que parecia la mayor; los
soldados bien apercebidos para lo que se ofreciese, echse  la mar un
batel y en l 25 soldados, y la galeota y fragata los fuesen haciendo
espaldas para descubrir algun puerto conveniente; sali el maestre de
campo...[33] Merino con ellos,  los cuales cercaron muchas de aquellas
canoas, llegndose tan cerca que parecia les querian coger  manos, mas
con los arcabuces los hicieron desviar, que no par canoa ni indio
delante; desta suerte prosiguieron hasta llegar  tierra, y saltaron los
soldados en ella sin haber quien les estorbase el paso, y llegaron 
ponerse debajo de un rbol muy grande que parecia  los que en el Per
llaman ceibas; los naturales que se habian acogido al monte, como en
nmero de diez en diez salian dando unas carrerillas, y luego se
sentaban, no se atreviendo  llegar  los nuestros; uno destos gigantes
se mostr ms atrevido y lleg ms cerca, lo cual visto por el maestre
de campo se fu solo para l con su espada y daga en la cinta, y
llegando el indio tom de la mano al maestre de campo y lo abraz en
seal de mucha amistad, y trayndolo consigo el maestre de campo donde
estaban dos soldados le hicieron muchas caricias y regalos, lo cual
visto por los dems se llegaron  los nuestros, aunque con algun temor;
mand el maestre de campo se hiciese ningun agravio. Algunos traian
pltanos, cocos, palmitos y otras races no conocidas, con que se
sustentan; muestra de oro ni plata no se hall. La dispusicion de los
miembros es proporcionada, ms colorados que blancos; las mujeres
tambien son desnudas, y algunas traen cubiertas sus vergenzas con hojas
de pltanos  cortezas de rboles, no tan dispuestas como los varones.

  [33] En blanco en el ms.

Porque aqu en esta playa no habia puerto seguro para los navios, se
determin que en la fragata se volviesen 16 soldados, y en el batel en
que se sali  tierra se qued el maese de campo con seis soldados y
cuatro marineros, los cuales fueron costeando esta isla, y pasado como
espacio de una hora descubrieron una ensenada y puerto muy seguro, con
dos rios y pueblo formado con cantidad de gente, y muchos rboles
fructales, limpio y de mucho fondo; saltaron en tierra el maese de campo
y los soldados, y los marineros volvieron  dar aviso al Adelantado, del
puerto y seguridad dl, con lo cual todos recibieron mucho contento;
partido el batel, los naturales de la isla se llegaron  los pocos
soldados que habian quedado, tocndoles las manos (por ventura para ver
si eran de otro metal que las suyas), con no poco temor los nuestros por
ser tan pocos. Empero, para atemorizarlos, el maese de campo mand  un
soldado, bonsimo arcabucero, llamado Andrs Dias, tirase  un pajarito
que revoleaba en un rbol, el cual lo hizo y derrib, y los naturales,
con gran admiracion, lo tomaron en sus manos espantados del caso. Aqu
los naturales determinaron matarlos, desenlazando los cabellos de la
cabeza, que es seal entre ellos de acometer. Los nuestros, vindolos
de mal talante, se fueron recogiendo  una ramada juncto  la playa 
manera de tarazana, donde labraban los naturales una canoa muy grande,
donde tuviesen las espaldas seguras, primero disparndoles los
arcabuces, que hizo los naturales huir, y los nuestros sin peligro
ninguno se recogieron y hicieron fuertes; era ya tarde, y los nuestros,
temerosos no les cogiese la noche en aquel puesto, por tener muy pocas
municiones, fu Dios servido vieran entrar en el puerto la nao Capitana
disparando el artilleria, lo cual visto por los naturales se fueron
todos al monte; luego llegaron los dems navios, dando gracias  Nuestro
Seor que les aparej tan buen puerto. Amanecido, el Adelantado mand
hacer aguada y que saliesen los que quisiesen  tierra, los cuales todos
casi salieron, y los sacerdotes, y se dijo misa, la cual todos oyeron
con mucha devocion, y viendo los naturales no se les hacia mal ninguno
se llegaban  los nuestros. Entre otras fructas se hall una en rboles
grandes, tan grande como una naranja, muy verde en la corteza; cmese lo
que est dentro della asada, qu'es blanca como manteca, y aunque habia
muchos rboles destos y con mucha fructa, en pocos dias no se hallaba
una. Dems desto se hallaron en esta isla muchos pltanos, cocos,
palmitos, caas dulces y otras[34] fructas no conocidas de los nuestros;
puercos de monte, el ombligo en el estmago, tortugas y gallinas; al fin
de tres  cuatro dias, los naturales les dieron un arma para echarlos
de su tierra, y el mismo dia, sosegado este alboroto, se vieron venir
por una puncta diez  doce canoas cargadas de gente caminando hacia la
Capitana, y el Adelantado, temindose de alguna desgracia  tracto doble
de los naturales, mand  los soldados estuviesen  puncto con sus
arcabuces, y al artillero cargase dos  tres pedreros, y llegando 
tiro, el Adelantado mand disparar uno dellos, que, dando en las canoas,
hizo mucho dao, y los que quedaron heridos y vivos se volvieron huyendo
por donde habian venido. A esta sazon el batel que venia con agua los
sigui y trujo las canoas  la Capitana, con pltanos, cocos y otras
fructas. Visto esto por los naturales, huian de los nuestros[35].

  [34] Tachado: cosas.
  [35] Tachado: nosotros.




CAPITULO LVI

[DE CMO LOS NUESTROS LLEGARON  UNA ISLA POBLADA DE NEGROS Y DE LAS
REFRIEGAS QUE CON ESTOS HUBO][36]

  [36] Este y los tres captulos siguientes no llevan epgrafe en
  el manuscrito.


Hecho esto, con toda la seguridad del mundo se hizo la aguada y lea, y
pasados quince dias despues de llegados, los nuestros desampararon la
isla y puerto. Salieron en demanda de las islas que en el primer viaje
descubri el Adelantado. Otro dia siguiente se descubrieron unas islas
bajas de muchos arrecifes, y detrs dellas tierras altas, con lo cual
se alegr el Adelantado, diciendo ser aqullas las que buscaban; mand
al piloto arribase sobre ellas; por el mucho viento contrario, con mucho
descontento de todos, prosiguieron adelante, consolndoles el Adelantado
y certificndoles que poco ms adelante descubririan muchas ms islas,
porque de cinco grados  quince eran sin nmero. No fu cuerdo el
Adelantado en desamparar lo que Nuestro Seor le habia dado, porque de
all se pudiera descubrir lo dems. En breves horas perdieron de vista
estas islas y naveg muchos dias sin ver tierra, mas vian gran cantidad
de pjaros de la mar; desafuciado de verla, navegando de diez  once y 
doce grados se descubri un farelloncillo redondo, no de media legua,
con algunos arbolillos, despoblado, blanco con el estircol de los
pjaros; pensse se hallaria alguna isla cerca, mas saliles al revs su
pensamiento, porque desde que desampararon las islas, en dos meses, poco
menos, no encontraron con tierra, por lo cual toda la gente iba muy
desgustada, perdidas las esperanzas de hallar otra ocasion como la
pasada, faltos de mantenimientos y de agua, aunque Nuestro Seor provey
de algunos aguaceros con que recogieron alguna. Pasados estos aguaceros
hubo unas nieblas muy grandes y oscuras, por ocho  diez dias; al fin
dellos se descubri tierra; salieron todos  verla como si vieran su
salvacion: era una isla muy larga, y  la una parte della se descubri
un volcan que de rato en rato lanzaba mucho fuego; cuando llegaron 
este paraje falt la nao Almiranta, y preguntando  la galeota y fragata
por ella, respondieron no la haber visto despues que la noche antes la
vieron  sotavento de la Capitana, de la cual respuesta se entendi
haber arribado  otras islas que en aquel rumbo se descubrian. La
Capitana y fragata y galeota se arrimaron  tierra v descubrieron una
ensenada grande de ms de diez leguas, en cuyo medio estaba el volcan
arriba dicho, y con buen viento entraron en ella, en la cual se
descubrian grandes poblazones. El Adelantado mand se arrimasen los
navios  tierra para tomar puerto antes que anocheciese; finalmente,
entraron muy adentro de la ensenada y surgieron en 40 brazas, con gran
admiracion de los naturales y contento del Adelantado y dems soldados,
aunque no parecer el Almiranta les ponia no poco temor no se hobiese
perdido. Luego otro dia de maana el Adelantado mand al capitan y
piloto de la fragata fuese en busca della, y si dentro de cuatro dias no
la hallase se volviese; esperbase hobiese arribado  alguna de aquellas
islas que de all se parecian. Este mismo dia acudieron  la Capitana
muchos de los naturales, que todos son negros atezados, y otros como
membrillos cochos, de cabellos largos, con sus armas, arcos y flechas;
muchos destos eran potrosos y con encordios y llenos de sarna; entre
ellos venia un negro que parecia ser rey, por el respecto que le tenian;
el cual as como entr en el navio, lo primero que dijo fu: capitan,
capitan; que admir mucho, por oir nombre espaol en tierra tan remota.
El Adelantado mand que todos delante dl estuviesen destocados, para
que aquellos brbaros entendiesen era el General de todos. Este negro se
lleg al Adelantado, diciendo: capitan, capitan, muchas veces; Malope
capitan, y dndose en los pechos; por donde se entendi pedia al
Adelantado su nombre para trocar el suyo; porque como le respondi
Mendaa, el negro hizo seas qu'el se llamaba Mendaa y el Adelantado
Malope. Hicironles buen tratamiento, dndoles algunos juguetes y cosas
de comer, las cuales por ninguna via gustaron _por_ ms que fueron
importunados. Pidieron por seas fuese alguno de los soldados con ellos
 tierra, y ofrecindose  ello uno de ms de 50 aos,  quien el
Adelantado di licencia, quedando dos negros en rehenes, aquella misma
tarde le volvieron al navio, porque no se atrevi  hacer noche con
aquellos naturales; preguntsele qu le habia parecido de la tierra: no
supo dar razon de cosa alguna, porque apenas hubo saltado en ella cuando
pidi le volviesen al navio. Dentro de dos dias volvi la fragata no
trayendo nueva alguna de la Almiranta, diciendo habia descubierto unas
islas bajas y con ellas un bajio muy grande, por el mismo rumbo que
habia llevado la Almiranta; por _lo_ que luego se entendi era perdida,
porque nunca ms pareci. Fu mucho el sentimiento que en todos se hizo,
por ir en ella casi la mitad de la gente. El Adelantado determin saltar
en tierra y aguardar por ventura arribaria si no fuese perdida. Luego se
ech el batel  la mar  traer agua y lea; entraron por un rio arriba
poco trecho, de donde desde el mismo batel se tomaba el agua dulce, la
cual tomando salieron del monte muchos de aquellos negros disparando sus
flechas con mucha algazara; los nuestros se retiraron, dos soldados mal
heridos: el uno de muerte; el otro qued tuerto de un flechazo, por lo
cual jur el maestre de campo que se lo habian de pagar con las
septenas, y luego se determin que aquella noche saltasen en tierra
algunos soldados bien apercebidos y diesen al amanecer sobre un pueblo
que desde all se via cerca, entre rboles, de que toda la tierra es muy
poblada; hzose as, y siguiendo el maestre de campo por una senda
lodosa, una cuesta arriba y como media legua de camino, se descubri una
centinela; un soldado pidi licencia al maestre de campo para
derribarle, y alcanzada di con l en el suelo, lo cual hecho entraron
todos de tropel, que serian treinta soldados, por las casas, que
parecian estar vacias de gente, porque la habitacion destos negros es
entre suelos, cubierto el suelo con hojas de palma, y all duermen y
hacen su habitacion; las casas son redondas, y por todas partes
descubiertas; un soldado mirando para arriba meti una espada por el
entresuelo, y los que en l estaban se alborotaron y hicieron mucho
ruido, y el soldado di voces diciendo se advirtiese habia mucha gente;
visto esto, el maestre de campo reparti por las casas cercanas los
soldados para que se pudiesen socorrer los unos  los otros; de aquel
buhio, donde se descubri la gente de los entresuelos, por el agujero
que hizo la espada del soldado se dispar una flecha y hiri  un
soldado en un ojo, que no parecia sino un rasguo pequeo; empero muri
dentro de 24 horas; por donde se entiende la puncta de la flecha traia
yerba. El maese de campo, enojado, mand poner fuego  los buhios,
porque no se quisieron dar  paz, y los que salian huyendo del fuego
peleaban defendiendo sus vidas valientemente. A las voces acudieron
otros naturales con sus armas y piedras arrojadizas; ms de dos horas
pelearon con los nuestros, y viendo el maese de campo que se defendian
mand  los soldados que de tropel los acometiesen, lo cual apenas hecho
los naturales se desgalgaron por aquellas cuestas abajo, dejando sus
casas, en las cuales habia poco ms que nada; sacronse cantidad de
pltanos verdes, cocos, palmitos y doce puercos de monte que los perros
que llevaban los soldados cogieron. Con esta rica presa se volvieron 
la playa, donde hallaron algunos soldados y otra gente menuda que habia
desembarcado, as para socorrer si fuese necesario como para espaciarse.
El maese de campo mand hiciesen seas  la Capitana para que les
enviase el batel y fuesen  dar cuenta de lo subcedido; la comida que se
trujo so reparti entre soldados, marineros y dems gente. Aqu se
determin se fuese  buscar puerto ms apacible, porque dentro de la
ensenada se descubrian playas y tierras y muchas poblazones, y la costa
llena de naturales, lo cual se hizo yendo el Adelantado en la galeota, y
_el_ maese de campo; iban tan cerca de tierra que los naturales se
querian entrar en la fragata, metindose en la mar hasta la cintura.
Sondse el puerto, hallse limpio; dejse una boya en lugar conveniente
para que all surgiese la Capitana,  quien se avis y surgi donde
habia quedado la boya, teniendo muy cerca de all un rio caudaloso.
Surta la nao Capitana y volviendo  ella el Adelantado y maese de campo
se entr en acuerdo lo que se debia hacer, y sali acordado se saltase
en tierra para ver lo que prometia de s, y si fuese tal, poblar en
ella. Los negros se metian en la mar casi hasta perder pie, de donde
arrojaban las flechas hasta los navios. El Adelantado, viendo este
atrevimiento, mand saliesen algunos soldados con sus arcabuces para que
los espantasen, y por capitan don Lorenzo su cuado, el cual saltando en
tierra y los negros huyendo, fu siguiendo el alcance, excediendo de lo
que se le habia mandado; lo cual visto, el maese de campo llegndose 
bordo la fragata y galeota salt en ella con gente para ir  socorrer al
capitan don Lorenzo, temiendo los naturales no le tuviesen armada alguna
emboscada; salt en tierra y fu  alcanzar al capitan don Lorenzo una
legua de camino, junto  un rio, adonde le reprehendi speramente, el
cual no respondi palabra, y todos tuvieron temor que de aquella
reprehension subcediese alguna cosa en dao de todos, como despues
subcedi, y pareciendo al maese de campo ser muy bueno el puerto para
fundar pueblo, avis dello al Adelantado,  quien le pareci bien,
porque de all se podria tornar  buscar la Almiranta; desembarcse la
gente y el Adelantado seal los solares para hacer las casas,
entretanto haciendo cada uno su ranchillo donde albergarse.




CAPITULO LVII

[DE LA MUERTE QUE EL ADELANTADO MENDAA HIZO DAR AL MAESE DE CAMPO]


Viendo los naturales que los espaoles poblaban, al momento dejaban sus
casas y lo poco que en ellas habia. Visto por los nuestros, con mucha
priesa fueron  ellas, pensando hallar algo de cobdicia, y no hallaron
sino unos pocos de cocos con que beben, y algunas esportillas de palma
con unas races  forma de biscocho, que es su principal sustento;
empero para los espaoles es como ponzoa, porque en metindolas en la
boca se cubria de ampollas, con una aspereza grande y desabrimiento,
aunque la falta de comida general las hacia sabrosas; en todas las casas
no se hall memoria de oro ni plata; slo se aprovecharon para la nueva
poblazon de la madera; entre las casas destos naturales habia algunas
grandes que parecian ser sus adoratorios; habia pintadas algunas figuras
de demonios, y lo que les ofrecian colgaban juncto  ellas: cocos,
palmitos, pltanos y otras cosas de comida. Al fin hzose el pueblo y
cerrse de palizada para defenderse de los naturales, que por momentos
los apretaban, hasta que se trujeron tres  cuatro piezas de artilleria,
con las cuales fcilmente los desperdigaban; en todo este tiempo el
Adelantado se estaba en la Capitana sin salir  tierra, sino de cuando
en cuando  dar rden en lo que ms convenia.

Los naturales, con todo eso, algunas veces inquietaban; otras traian
caas dulces y frutas de la tierra.

En este pueblo, por ser la tierra muy clida y hmida, comenzaron 
enfermar los espaoles, que apenas enfermaba alguno que sanase; pero la
mayor enfermedad fu la discordia que se encendi entre el Adelantado y
maese de campo, queriendo defender con palabras  un soldado quel
Adelantado tractaba mal. Las palabras fueron decir que les bastaba  los
pobres soldados sus trabajos, sin malos tractamientos, y que el maese de
campo en todas ocasiones habia vuelto por el Adelantado.

Dende  cuatro  cinco dias el Adelantado sali  tierra con algunos
marineros y pilotos, habiendo tractado con ellos de matar al maese de
campo, y llegando  tierra se fu derecho  la casa del maese de campo
con Juan Antonio y el capitan Juan Felipe, ambos corsos, y hallando al
maese de campo que acababa de almorzar le dijo le queria hablar dos
palabras; sali el maese de campo con el Adelantado, y llegaron  la
playa,  donde razonando los dos,  cierta sea Juan Antonio lleg y con
una daga le di una pualada en los pechos, y queriendo meter mano  su
espada lleg el capitan Juan Felipe y con un alfange le cort  cercen
el brazo de la espada, y all muri hecho pedazos. A las voces que di
una mujer que mataban al maese de campo, sali Toms de Ampuero,
diciendo: Traidores!  mi camarada? Un cuado del Adelantado, con
cinco  seis marineros dieron sobre l y  estocadas le mataron, lo cual
hecho se alz el estandarte Real, diciendo viva el Rey y mueran
traidores! Tomse motivo fuera de lo dicho, para estas muertes y otras,
quel maese de campo pregunt  un piloto, llamado Jordn, que para
volver al Per qu derrota se podria tomar? lleg esto  oidos del
Adelantado y que Toms de Ampuero habia incitado  40  50 soldados
hiciesen una peticion para el Adelantado, pidiendo les cumpliese la
palabra que les di en el Per de los llevar  la tierra que habia
primero descubierto. Aquel mismo dia,  las cinco de la tarde, lleg el
alferez Buitrago, del maese de campo, que habia ido con veinte soldados
 buscar de comer; llegados, el Adelantado, que los esperaba, como
llegaban los desarmaba y mandaba poner en el cepo, y al pobre alferez
Buitrago mand echar unos grillos y llevar  la puncta del rio donde
estaba el padre Serpa, y mand le confesase; el cual hincado de
rodillas, porque dijo: Qu he hecho yo que me quieren quitar la vida?
lleg el sargento mayor, portugus, con un negro, un alfange en la mano,
y dijo: Dale; el cual negro le di tal golpe en la cabeza que le derrib
muerto  los pies del confesor, dejndole ensangrentada la sotana. La
mujer del alferez, que oy una gran voz de su marido, saliendo y viendo
lo que pasaba, pedia justicia  Dios; mandronle callar, so pena que se
haria otro tanto con ella.




CAPITULO LVIII

[DONDE SE DICE EL FIN QUE TUVIERON MALOPE Y EL ADELANTADO MENDAA]


Los soldados que fueron con el alferez Buitrago  buscar la comida
susodicha, porque no la hallaron  donde pensaban, que era en las casas
de Malope, el que troc el nombre con el Adelantado, dicindoles que en
otro pueblo,  vista de donde estaban, la hallarian, partieron para
all, y llegando  un paso estrecho salieron  ellos muchos negros,
flechndolos, y ellos se retiraron con buen rden, sacando los enemigos
 lo llano, donde con los arcabuces hirieron y mataron muchos; los dems
huyeron y los nuestros entraron en el pueblo, donde hallaron muy poca
comida, y volviendo al pueblo donde dejaron  Malope, creyendo habia
sido lo subcedido traza suya, le mataron y los dems cuatro  cinco que
con l estaban, lo cual sabido por el Adelantado le pes mucho de la
muerte de Malope. Al cabo de cinco  seis dias di al Adelantado una
calentura acompaada de gravsima tristeza, de la cual muri dentro de
siete  ocho dias; muri tambien el padre Serpa, espantado de la muerte
del alferez Buitrago, dentro de tres dias que subcedi, recebidos los
sanctos Sacramentos, con muchas muestras de gran cristiano. Sintise
mucho su muerte, porque ya no quedaba ms que otro sacerdote, que era
vicario.




CAPITULO LIX

[DE CMO LOS NUESTROS LLEGARON  LAS ISLAS FILIPINAS Y LUEGO VOLVIERON
AL PER]


Muerto el Adelantado, qued en su lugar por capitan don Lorenzo y doa
Isabel Barreto, mujer del Adelantado,  quien se obedecia en todo. En el
pueblo crecian las enfermedades y muertes, falta de comidas y abundancia
de armas que los negros daban, hiriendo  los nuestros; lo cual visto
por don Lorenzo sali  castigarlos con poca gente, doce  catorce
soldados, que los dems estaban enfermos. Sali  los pueblos
comarcanos, y los negros salieron  ellos y  don Lorenzo dieron un
flechazo y  otros tres  cuatro, y as se volvi al pueblo.

La herida fu en una pierna, tan subtil y pequea como si le picaran con
un alfiler; empero el dolor le fatigaba mucho, porque la flecha era de
yerba. Al fin, visto que se iban consumiendo, con parecer de todos fu
acordado dejar aquella mala tierra y buscar otra ms cercana de
cristianos. Tomado parecer de los pilotos, dijeron la ms cercana ser la
China; empero, que no tenian los navios aparejos para ir all. En este
mismo tiempo se determin enviar la galeota  buscar el Almiranta, y que
si no la hallase dentro de cuatro dias, se volviese. Parti la galeota y
al parecer  quince leguas de la bahia hallaron cuatro  cinco islas
bajas, todas llenas de platanales y palmas muy grandes, y algunos buhios
en que los negros tenian sus mujeres y hijos recogidos; llegse la
fragata  tierra y salt la gente toda en ella; los negros, mostrando
amistad, salieron con alguna comida y un tiburon asado en barbacoa; un
soldado, entrando en un buhio, hall que en l habia mucha gente
escondida, mujeres y nios; avis al capitan, el cual pretendi hacer
presa en ellos; empero los negros defendian sus hijos  mujeres, pero no
pudieron tanto que no les tomasen diez  doce muchachos y muchachas, con
los cuales volvieron al puerto, no poco tristes por no hallar rastro de
la Almiranta dentro del tiempo sealado; llegados  tierra, preguntando
por la salud de los enfermos, _supieron_ que muchos eran ya muertos y
don Lorenzo estaba expirando del flechazo, del cual muri; antes que
muriese pidi confesion; trjosele al vicario, que se habia recogido 
la Capitana por miedo de la muerte, mas all le salte y as enfermo en
una silla le trujeron para que confesase  don Lorenzo,  quien
confesndose le di un parasismo y otro al vicario, al cual sin habla
llevaron  una casa donde se le hicieron algunos regalos con que volvi
en s; empero el capitan di aquella tarde el nima  Dios, el cual
sepultado se di rden que los pocos que quedaron vivos se embarcasen y
fuesen en busca de las Filipinas, porque en tierra no se podian defender
de los naturales; estuvieron siete dias embarcados, tomando agua y lea
y los ms pltanos y cocos que pudieron coger, y con este matalotaje y
desgraciado subceso, por no haber poblado en las primeras islas que
descubrieron, se hicieron  la vela en la Capitana, fragata y galeota, y
dentro de pocos dias llegaron  las Filipinas, _de_ donde algunos
volvieron al Per, de quien supe lo referido. Lo ms que les subcedi no
es de mi intento tractarlo.




CAPITULO LX

SOLA UNA DESGRACIA LE SUBCEDI AL MARQUS


Habia sido el Marqus uno de los caballeros dichosos de nuestras edades,
si todos estos buenos subcesos no se le aguaran con la muerte de la
ilustrsima y cristiansima marquesa, que dej enterrada en Cartagena,
lo cual en estos reinos doli mucho; empero, llevla Nuestro Seor 
gozar del cielo, donde tiene otro mejor y ms perptuo marquesado, y al
Marqus con prspero viaje  Espaa, sin borrasca, ni tormenta, ni cosa
que les diese pena, la flota llena de plata, as de Su Majestad como
suya y de particulares, donde Su Majestad le recibi muy alegremente
hacindole mucha merced, y le har ms, por sus mritos y partes y
virtudes tan excelentes, cuantas en nuestros tiempos junctas no se
hallan en un supuesto, ni en los pasados en muchos. Tiene bonsimo y
galano entendimiento, como quien naci para mandar y gobernar. Con
seores, es seor; con caballeros, es caballero; con capitanes, es
capitan; con soldados, es soldado, y, finalmente, con todos estados se
sabe acomodar muy bien; amigo de hacer bien  todos, y en particular de
casar hurfanas; di renta  hizo merced en nombre de Su Majestad al
hospital de San Andrs, de los espaoles,  quien dejamos dicho, su
padre, de buena memoria, di mucha limosna de su hacienda. Esto en
breve, que es ms recopilacion[37] de historia que historia, habemos
dicho, dejando  los que son dotados de ms facundia y mejor estilo que
el nuestro para que sus libros se enriquezcan con las obras heroicas del
Marqus, y esperamos que Su Majestad le hace mercedes muy copiosas[38].

  [37] Tachado: que.
  [38] Siguen ocho lneas tachadas  ilegibles.




CAPITULO LXI

DEL ILUSTRSIMO ARZOBISPO DE MXICO


Dentro de breve tiempo qu'el Marqus de Caete entr en la cibdad de Los
Reyes, vino  ella por rden de Su Majestad el ilustrsimo Arzobispo de
Mxico,  la sazon en la misma cibdad Inquisidor, el licenciado
don...[39] de Bonilla, varon integrrimo en todo gnero de virtud, y no
de pequea penitencia y oracion, como su vida y ejemplo son
bastantsimos testigos; de bonsimo y claro entendimiento, y de
prudencia admirable; amado grandemente de todo el reino por su mucha
virtud, y temido por la mucha rectitud que en su vida se conoce; amigo y
favorecedor de los que administran justicia, y de los que son en
contrario, que conciernan  su tribunal, con gran cordura castigador.
Proveyle Su Majestad, siendo fiscal de la Inquisicion en Mxico,
conociendo todas estas partes y calidades suyas, para que visitase la
Real Audiencia desta ciudad de Los Reyes y para que tomase cuenta  los
oficiales reales,  quien habia muchos aos ni se visitaban ni tomaban
cuentas, y asimismo  otros muchos, como al cabildo de la ciudad y
escribanos;  quien Su Majestad, muy servido de lo que ha hecho y hace,
le hizo merced de la Silla metropolitana de Mxico, con esperanzas que
 mayor dignidad le ha de sublimar. Ha hecho y hace su oficio con tanta
rectitud y cristiandad cuanta se esperaba; ha condenado y privado 
algunas personas, y ha sacado  luz muchas cosas tocantes  la Hacienda
Real que estaban solapadas, y aunque  algunos les parece va muy
despacio y desean verle fuera destos reinos, son hombres interesados y
culpados en cosas que le estn encomendadas; los dems no le querrian
ver fuera del reino. Luego que Su Majestad le hizo merced del
arzobispado, no quiso gozar ms del salario de Visitador, contentndose
con la renta del arzobispado, porque no es persona que tracta de
riquezas temporales, sino de las eternas y del cielo. Este captulo en
breve me pareci engerir aqu como cosa importante y que pertenecia
tractar della, por haber venido el ilustrsimo de Mxico en estos
tiempos  este reino con oficio en el cual ha servido mucho, mucho, 
Dios Nuestro Seor y  su Rey, y esperamos les har ms servicios.

  [39] En blanco en el ms.

Como los hombres seamos mortales y nuestras vidas dependan de quien es
la vida por esencia, fu Nuestro Seor servido llevrsele para s de una
enfermedad que casi no fu conocida de los mdicos; procedile de que
siendo quebrado y no viviendo con tanto recato de la quebradura, se
rompi ms de lo acostumbrado, y salieron las tripas, de suerte que no
fu posible, con los remedios que se hicieron, volverlas  su lugar.
Hizo su testamento, y est enterrado en nuestro convento de Los Reyes,
adonde dej cuatro mil pesos de limosna: hicironsele sus obsequias con
la pompa requisita, con no poco dolor de todo el pueblo, y ms del
Virrey don Luis de Velasco, que en todas cosas le consultaba para el
bien del reino; disele sepultura en la capilla[40] principal, junto al
altar mayor, en medio de otros dos Obispos que all estn enterrados.

  [40] Tachado: _mayor_.

Con lo hasta aqu tractado nos parece haber concluido con la brevedad
posible dejando escriptos los caminos desde Quito  Talina, y lo dems
digno de memoria subcedido en tiempo de los Virreyes que han gobernado
los reinos del Per, desde el marqus de Caete, don Hurtado de Mendoza,
de buena memoria, hasta don Garca de Mendoza, su hijo, subcesor en el
marquesado; todo lo cual,  lo menos la mayor parte, habemos visto 
sabido por relaciones verdaderas, que es lo menos que en estos ringlones
dejamos  esta escritura encomendado, porque no quedase anegado en el
profundo del rio del olvido.

A don Garca de Mendoza subcedi don Luis de Velasco, caballero del
hbito de Santiago, mudado del Virreinato de Mxico al del Per, cuyos
hechos, virtudes y buen gobierno dejamos que lo traten otros, donde
tendran bien que extender las alas de sus ingenios; y porque tambien
habemos visto la gobernacion de Tucumn y de Chile, tractaremos con
brevedad lo visto y sabido.




CAPITULO LXII

DEL CAMINO DE TALINA  TUCUMN


Llegamos en lo que atrs dejamos escripto al ltimo pueblo y trminos
del Per, conforme  la division de los obispados, que es  Talina,
pueblo de los indios Chichas, desde el cual, siete leguas ms adelante,
est un arroyo y paredoncillos llamados Calahoyo, desde donde comienza
la jurisdiccion, conforme  la jurisdicion eclesistica, de Tucumn. El
primer obispo desta provincia, el reverendsimo fray Francisco de
Victoria, de quien habemos tractado, entrando  su iglesia, aqu[41]
tom la posesion, y por esto decimos que es de la jurisdicion de Tucumn
cuanto  lo eclesistico.

  [41] En el ms., _ que_.

Desde aqu al primer pueblo de espaoles de la provincia de Tucumn,
llamado Salta, fundado en un valle muy ancho y espacioso, del propio
nombre, de buen temple, con su invierno y verano al revs de Espaa, se
ponen ms de cien leguas, todas despobladas,  lo menos por el camino
que yo fu siendo provincial de aquella provincia y de la de Chile, que
por dar rden en ciertos frailes nuestros que all estaban me fu
forzoso desde la ciudad de Lima tomar este camino por tierra. Empero al
presente, despues que la provincia de Omaguaca, que confina con los
Chichas, y en el traje no se diferencian dellos, se ha reducido y
admitido sacerdotes, vase por un camino ms poblado, donde hay tambos 
sus jornadas y en algunos servicio.

Esta provincia de Omaguaca es frtil de todo gnero de mantenimiento, y
de oro, ovejas de la tierra. Sirvi  la ciudad de La Plata y estuvo
repartida. Yo conoc algunos encomenderos que tenian sus repartimientos
en ella, mas como se rebelaron no habian dellos algun provecho, ni
alguno tienen ya reducidos. La causa por que estos indios se rebelasen,
no la s; por ventura, por se ver lejos de la ciudad de La Plata, que
dista della ms de noventa leguas; contra los cuales sali un vecino
della con soldados, llamado Pedro de Castro, hombre de muy buenas
partes, pero matndole en una guazabara, los soldados, sin cabeza,
salironse, y as se quedaron junctamente con otros sus confines,
llamados los Casavindos y Cochiocas. Pero habr siete aos qu'el
principal curaca desta provincia, cuando iba  Tucumn, llamado
Viltopoco, envi algunos indios principales  la Audiencia de La Plata,
pidiendo queria servir y pagar moderado tributo, poblar los tambos que
hay de su tierra  Talina, dar en ellos al precio que en Talina
gallinas, carneros de Castilla y de la tierra, para cargas, maz, y lo
dems, como en los tambos del Per, y darian indios para las minas de
Potos, _y_ admitirian sacerdotes, con tal condicion que no habian de
tener otro encomendero que  Su Majestad. La Real Audiencia admiti el
partido,  yo, llegando  Talina, me detuve all algunos dias esperando
el sacerdote sealado, que si viniera me fuera con l por ahorrar de
tanto despoblado y riesgo de algunos indios de guerra, mas Nuestro
Seor fu servido llegase en salvo  Salta; ya el dia de hoy se entra y
sale por aquel camino, y los indios han cumplido lo que prometieron; yo
llegu  Salta, y en todo el camino no vi cosa digna de ser escrita, si
no es,  tres  cuatro jornadas de Talina, unas salinas en despoblado,
las ms famosas que creo hay en el mundo; es un valle que debe tener ms
de tres leguas de ancho, y de largo, segun me inform, ms de quince; la
sal ms blanca que la nieve, de la cual se aprovechan los indios
Casavindos y Cochiocas y los de la provincia de Omaguaca; de lejos, con
la reberveracion del Sol, no parece sino rio, y  los que no la han
visto espanta, pensando han de pasar un rio tan ancho; llegados, admira
ver tanta sal; los que iban por aquel camino  Salta llevaban alguna,
por ser aquella provincia falta della. Llegado  Salta hall all al
Gobernador Juan Ramirez de Velasco, y sabiendo que Viltopoco se habia
reducido al servicio de Su Majestad, envi un capitan con diez soldados
bien apercebidos  tomar la posesion de aquella provincia por su
gobernacion, los cuales llegando y por Viltopoco sabida su venida, les
dijo se volviesen  Tucumn, donde habian salido, porque no habia de ser
subjecto  aquella gobernacion, sino  la Audiencia de los Charcas;
donde no, los haria matar  todos. El capitan y soldados tuvieron por
bien volverse  Salta, estando yo presente en el pueblo cuando fueron y
volvieron; no creo dista Omaguaca de Salta treinta leguas.

Llegando  Omaguaca, poco menos de doce leguas est un valle muy frtil
de suelo, pero no poblado de pueblos, llamado Jujui, donde habr siete
aos quel mismo gobernador Juan Ramirez de Velasco pobl un pueblo de
espaoles que para la paz de Omaguaca, si se quisiere tornar  rebelar,
y para la quietud de Salta por respecto de los indios de Calchacuy, fu
muy necesario, el cual en breve tiempo ha crecido mucho, y los padres
Teatinos tienen all ya una casa, y para el poco tiempo que ha se pobl,
rica de ganados y estancias. Es el mismo temple quel de Salta;  siete
leguas dl envi all  poblar con ttulo de teniente de gobernador y
capitan,  don Francisco de Argaranaiz, de nacion vizcaino, vecino de la
cibdad de Santiago. El un[42] valle y el otro son abundantsimos de
comida, trigo, maz, aves, carneros, vacas, y todas fructas nuestras,
vias, de donde el dia de hoy hacen vino; tienen las plagas que hay en
toda la provincia de Tucumn, que por no tornarlas  referir son las
siguientes: frio  su tiempo, que es desde Mayo hasta Octubre,
insoportable y sequsimo ms que el de Potos, y principalmente los tres
meses Junio, Julio y Agosto; calor al verano de dia y de noche, y ms en
Diciembre, Enero, Febrero y Marzo. Las hitas que dijimos haber en la
provincia de Los Charcas, grandes y asimismo pequeas en gran cantidad;
en el verano mucho mosquito de los zancudos y rodadores; moscas en este
tiempo son innumerables, y de tal calidad, que si se acierta  tragar
una en la comida, revuelve de tal manera el estmago que hace lanzar
hasta la viva sangre, por lo cual, en las cocinas, sobre el fuego,
estn dos indios con sus aventadores ahuyentando las moscas. Es as que
en la cibdad de Esteco una mujer de un vecino tenia en su casa un
soldado enfermo (en esta provincia no hay yerbas medicinales ni mdicos,
sino abundancia de lechetrezna, que es poco menos que txico), y no
mejorando tom dos moscas, desleylas en una escudilla de caldo de ave y
sin decirle alguna cosa disela  beber. Purg tan bien con ella, que
dentro de pocos dias san; esto yo lo pregunt  la misma que di la
purga. Es abundante de tres gneros de vboras de las de cascabel, y de
otras ms pequeas, como las de Espaa, y de otras llamadas volantines,
porque abalanza ms de diez pasos  picar. Provey Dios en esta
provincia de unas culebras pequeas que no hacen dao alguno, antes son
provechosas, las cuales tienen dominio sobre las vboras, de tal manera
que en viendo la vbora de cascabel  esta culebra, luego se vuelve boca
arriba, y llegando esta culebra la degella y mata; as lo afirman los
nuestros que viven en aquella region.

  [42] En el ms., _una_.

Cranse culebras grandes de las que llaman bobas, y otras, _y_ moscas
que en asentndose sobre la carne la dejan llena de gusanos. Vientos al
ivierno recsimos, sea Sur  sea Norte, que son los que dominan en esta
provincia y que parece andan en competencia uno un dia, otro otro; al
verano cualquiera destos vientos es fuego. Pedriscos frecuentes, y de
tal manera, tan recios y de piedras grandes, que no se atreven  hacer
atechadas[43] las casas, si no es cual  cual; cbrenlas con unos
terrados de ms de una tercia de grueso, muy bien pisados con pisones,
un poco corrientes porque no haga canal el agua; es tierra en partes
montaosa y muy llana, los rboles infructferos, llenos de espinas; los
ms son algarrobos; empero, no se come la fructa sino de unos que se
aparran por el suelo; los otros son crecidos como encinas. Los campos
son abundantes de estos animales ponzoosos, por lo cual en apendose el
pasajero ha de mirar dnde pone los pies; hay lagartos de sequera tan
grandes como los que dijimos producia la tierra Chiriguana; matamos uno
en una dormida; Dios nos libr dellos; admirnos cuando le vimos; era
tan grande como un caimanillo, y es cierto que se alborot el
alojamiento como si vinieran sobre nosotros indios de guerra. Es muy
falta de agua, como lo son las tierras llanas, y las aguas de los rios
malas, gruesas y salobres,  las riberas de los cuales son los pueblos
de los indios y de los espaoles; en la tierra que es montaosa se crian
leoncillos y tigres en cantidad, que no dejan de noche dormir  los
caminantes con sus bramidos. Los tigres son daosos si no ven candelada.
Los indios para guarecerse dellos en los caminos que hay montaa, sus
dormidas tienen en los rboles,  los cuales suben por unos escalones
hechos  mano en los mismos rboles, con hachas cortando, donde ponen
los pies para subir y descendir.

  [43] Tachado: cbrenlas.

El suelo de toda esta provincia es salitre y mientras ms cavan, ms
salitroso, por lo cual todas las fructas nuestras (que de la tierra
ninguna vi) son de bonsimo sabor, y las hortalizas; mas los rboles
duran poco. En toda esta provincia se dan vias, membrillos, granadas,
manzanas, etctera; el vino que se hace dura muy poco, porque se vuelve
vinagre.

Los rios desta provincia, particularmente el de Esteco y el de Santiago
del Estero, al ivierno son como el Nilo, salen de madre y extindense
por aquellas llanadas regando la tierra, que all llaman baados, y
aquel ao es ms abundante que hay ms baados; aran y en ellos
siembran; los campos y llanos son espaciossimos, porque as como
estando en alta mar no vemos sino cielo y agua, as en aquella provincia
de Esteco para adelante no vemos sino cielo y llanuras, y stas corren
ms de 400 leguas sin que se halle ni se vea un cerrillo, ni casi una
piedra. Camnanse todos estos llanos y caminos en carretas, las cuales
no llevan una puncta de hierro, ni los caballos gastan mucho herraje,
por ser tierra fofa.




CAPITULO LXIII

DEL VALLE DE SALTA, COMARCA Y CALCHAQU


Volviendo  proseguir nuestro camino y description de la provincia de
Tucumn, de Jujui se llega en una jornada al valle de Salta y pueblo del
mismo nombre, de espaoles, muy moderno, aunque ms antiguo que el de
Jujui; valle espacioso, alegre, de buenas aguas; por estar ms  la
cordillera participa de algunas sierras llenas de arboleda.

El asiento es bueno y llano; es abundante de las plagas que acabamos de
decir. Pobllo el licenciado Lerma, gobernador de aquella provincia,
para freno, como lo es, de los indios de Calchaqu; danse en l todos
los rboles fructales nuestros y vias, mucho maz y trigo. A un lado al
Poniente le demora la provincia de Calchaqu, indios belicosos; el
vestido es como el de los Omaguacas y Chichas; los indios, con manta y
camiseta; las indias, unas camisetas largas hasta los tobillos; no hay
ms vestido. Estos indios por dos veces se han llevado dos pueblos de
espaoles, y esta ltima, habr doce  catorce aos, por rden de don
Francisco de Toledo, el capitan Pedro de Zrate fu con sesenta hombres,
pocos ms,  reducirlos; tenia all cerca indios de encomienda, pero
alzados; fueron con l algunos vecinos de la cibdad de La Plata, que
tambien tenian all sus repartimientos y habian servido; lleg all,
pobl; parecile tener poca gente para sustentarse; dividise, saliendo
con la mitad  Tucumn  pedir favor; visto por los indios, dieron en
los otros treinta que habian quedado en el pueblo, y aunque se
defendieron bravamente, como eran pocos los mataron  todos; no se
escaparon tres  ua de caballo. Esta provincia de Calchaqu es tierra
alta; es sierra faldas de la cordillera grande deste reino del Per, que
Norte Sur le atraviesa hasta el estrecho de Magallanes. Es rica de oro y
plata; cuando se les antoja sirven un poco de tiempo al pueblo; cuando
no, vulvense  las armas.

Eran muchos; agora son pocos, porque las guerras civiles entre ellos los
han consumido. Llegando yo  Salta los vi all, y un mestizo criado
entre ellos, entre otros indios con quien traian guerra. El mestizo
acaudillaba aquellos con quien se habia criado y tenia tan avasallados 
los Calchaquis, que les forz  venir  pedir favor  Juan Ramirez de
Velasco contra el mestizo, y si se lo daban le sirvirian en Salta. Sali
Juan Ramirez con la gente que le pareci bastante, y en breve  los unos
y  los otros redujo, prendi al mestizo, trjolo  Salta, donde le vi;
no sabia nuestra lengua, porque no la habia odo; agora no s cmo
estn.




CAPITULO LXIV

DE LA CIBDAD DE ESTECO


Del valle de Salta dista la cibdad de Esteco, as llamada la tercera en
rden, de Tucumn, cincuenta leguas de buen camino carretero: es
abundante de mantenimientos y de fructas de las nuestras; en especial
las grandes son de las buenas del mundo; edificada  la ribera de un rio
grande que en verano slo se vadea. Los vecinos estaban descontentos del
asiento, porque la madre del rio es arenisca y no pueden hacer molinos
en l, y tractaban mudarse, como dicen se han mudado, casi 25 leguas ms
hacia Salta,  un asiento mucho mejor, del mismo temple y ms fresco,
llamado Palca Tucumn, donde el rio Grande, como de un arroyo que
tienen  la falda de un cerro, se pueden sacar acequias y hacer molinos,
y para acabar de pacificar unos indios de aquella provincia, belicosos,
llamados Lules, es asiento mucho ms cmodo; si  este asiento se han
mudado, ser pueblo muy regalado, fresco y muy sano, donde para el
edificio de las casas tienen mucha madera, y el suelo no salitroso,
piedra para hacer cal y buena tierra para teja.

El un suelo y el otro es abundante de pastos, y este segundo mucho ms,
y para ganados mejor qu'el de Esteco, y est veinticinco leguas ms
cerca del Per.




CAPITULO LXV

DE LA CIBDAD DE SANTIAGO DEL ESTERO


De la cibdad de Esteco  Santiago del Estero ponen cincuenta leguas,
todas despobladas,  lo menos las cuarenta, porque  diez leguas della
llegamos  dos poblezuelos de indios. Esta cibdad es la cabeza de la
gobernacion y del obispado; es pueblo grande y de muchos indios; al
tiempo de su conquista poblados  la ribera del rio, como los dems de
la cibdad del Estero; ya se van consumiendo por sus borracheras. Son los
indios desta provincia muy holgazanes de su natural; en los rios hallan
mucho pescado, de que se sustentan: sbalos, armados y otros; saben muy
bien nadar, y pscanlos desta manera, como lo[44] he visto: chanse al
agua (los rios, como no tienen ni una piedra, corren llansimos) ceidos
una soga  la cintura; estn gran rato debajo del agua y salen arriba
con seis, ocho y ms pescados colgando de la cintura; dbenlos tomar en
algunas cuevas, y teniendo tanto pescado, no se les da mucho por otros
mantenimientos; son borrachos como los dems, y peores; hacen chicha de
algarroba, que es fortsima y hedionda; borrachos, son fciles  tomar
las armas unos contra otros, y cuando no, sacan su pie y flchanselo.
Son grandes ladrones; todos caminan con sus arcos y flechas, as por
miedo de los tigres como porque salen indios  saltear, y por quitar una
manta  camiseta  un caminante no temen flecharle; los arcos no son
grandes; las flechas,  proporcion; pelean casi desnudos. En toda esta
tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y grandes, 
cuya causa no vuelan, pero  vuelapie, con una ala, corren
ligersimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un
espolon que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren
en el pecho y desangran. Cuando el galgo viene cerca, levanta el ala que
llevaba caida, y dejan caer la levantada; viran como carabela  la
bolina  otro bordo, dejando el galgo burlado. Hay tambien liebres,
mayores que las nuestras; son pardas, no corren mucho. Es providencia de
Dios ver los nidos de los pjaros en los rboles; culganlos de una rama
ms  menos gruesa, como es el pjaro mayor  menor, y en contorno del
nido engieren muchas espinas; no parecen sino erizos, y un agujero  una
parte por donde el pjaro entra   dormir   sus huevos, y esto con el
instinto natural que les di naturaleza para librarse  s y  sus
hijuelos de las culebras. Es toda esta provincia abundantsima de miel y
buena, la cual sacan  Potos en cueros; es abundante de trigo, maz y
algodon, cuando no se les yela; simbranlo como cosa importante, es la
riqueza de la tierra; con ello se hace mucho lienzo de algodon, tan
ancho como holanda, uno ms delgado que otro, y cantidad de pvilo,
medias de puncto, alpargates, sobrecamas y sobremesas, y otras cosas por
las cuales de Potos les traen reales. Crase en esta provincia la grana
de cochinilla muy fina, con que tien[45] el hilo para labrar el
algodon. Es abundante de todo gnero de ganado de lo nuestro, en
particular vacuno, de donde los aos pasados, porque en Potos 
provincia de los Charcas iba faltando, lo vi sacar, y se vendia muy
bien, y bueyes de arada, y se vendia la yunta  sesenta pesos. Caballos
solanse sacar muy buenos; ya se ha perdido la casta y cria, por
descuido de los dueos, de tal manera que es refran recibido en toda la
provincia de Los Charcas: de hombres y caballos de Tucumn, no hay que
fiar; tanto puede la mala fama.

  [44] En el ms., _le_.
  [45] En el ms., _tienen_.

El edificio de las casas es de adobes, como en las dems ciudades, sino
que en estas dos, como la tierra es salitrosa, vase desmoronando el
adobe, y cada ao es necesario reparar las paredes. El rio es grande, y
de verano se vadea, mas conviene mucho saber el vado, porque los rios
desta provincia son de tal calidad que, si no es por donde se vadean
cuotidianamente, y con la frecuencia del pasaje el suelo est fijo, por
las dems partes, aunque el agua no llegue  la rodilla, se sume el
caballo y caballero en el cieno. Es cosa de admiracion pisamos aqu, y
tiembla ms de diez pasos adelante la tierra cenosa, detrs y  los
lados; padcese en esta ciudad mucho, por no haber molino ni poderse
hacer, porque ya dijimos estos reinos ser de esa calidad; pasan por
tierra arenisca, donde no se halla una piedra, ni se puede hacer ni
sacar acequia dellos;  la primera avenida, all va todo. Vino 
Santiago un extranjero, estando yo en aquella provincia, y proferiase 
hacer un molino, como en los rios grandes de Alemaa, en medio dl;
escogi el lugar, concirtanse, y volviendo de ver el rio y lugar, en
llegando  la ciudad, dnle unas calenturas que dentro de ocho dias se
lo llevaron  la otra vida. Hay algunas atahonas, no son tres, mas los
dueos muelen slo para sus casas; si otro ha de moler, ha de llevar
caballo propio; si no, qudese; hacen unos molinillos que traen  una
mano, de madera, con una piedra pequea traida de lejos; muelen  los
pobres indios que las traen, porque para una hanega son necesarios tres
indios de remuda; empero, el pan es el mejor del mundo.

A la mano derecha desta ciudad,  las faldas de la sierra, hay otra
ciudad llamada San Miguel de Tucumn, pueblo ms fresco y de mejores
edificios y aguas.




CAPITULO LXVI

DE LA CIBDAD DE CRDOBA


Desta cibdad de Santiago  la de Crdoba, qu'es la ltima en esta
provincia, hay pocas menos de noventa leguas, todas llanas, sin
encontrar una piedra, y casi todas despobladas, porque en saliendo de un
pueblo de indios,  quince leguas andadas de Santiago, hasta Crdoba, no
se pida ms poblado, si no es un poblezuelo de obra de doce casas, diez
leguas  poco ms de Crdoba. Pobl esta cibdad y conquist los indios
que la sirven don Jernimo de Cabrera, siendo gobernador; llenos los
campos de avestruces, venados y vicuas y dems sabandijas. En todas
estas leguas no vi cosa digna de notar. El camino, carretero, y as
camin yo desde Esteco  esta cibdad, que son poco menos de 200 leguas,
si no son ms, y desde aqu se toma el camino  Buenos Aires, tambien en
carretas, que son otras 200, pocas menos; toda la tierra llana, y en
partes tan rasa que no se halla un arbolillo. El hato y comida se lleva
en las carretas; las personas, en caballos; pero no se ha de caminar ms
de lo que los bueyes pueden sufrir, que es  cuatro leguas cada dia, y
para cada carreta son necesarios por lo menos cuatro bueyes; pastos,
muchos y muy buenos; agua, poca.

La cibdad de Crdoba es frtil de todas fructas nuestras, fundada  la
ribera de un rio de mejor agua que los pasados, y en tierra ms fija
que la de Tucumn, est ms llegada  la cordillera; danse vias, junto
al pueblo,  la ribera del rio, del cual sacan acequias para ellas y
para sus molinos; la comarca es muy buena, y si los indios llamados
Comichingones se acabasen de quietar, se poblaria ms. Tres leguas de la
cibdad, el rio abajo, en la barranca dl, se han hallado sepulturas de
gigantes, como en Tarija. Los campos crian muchas vboras y hitas, que
dl vienen volando  la cibdad en anocheciendo, como si no bastasen las
que se crian en las casas; es abundante de todo gnero de ganado
nuestro, y de mucha caza, venados, vicuas y perdices. Hllanse en esta
provincia de Tucumn unos pedazos de bolas de piedra llenos de unas
punctas de cristal,  que lo parece, labradas, transparentes, unas en
cuadro, otras sexavadas; yo las he visto y tenido en mis manos; estas
punctas estn muy apeuscadas unas con otras, y tan junctas como granos
de granada; son tan largas como el primer artejo del dedo de en medio,
comenzando desde la lumbre del dedo, y gruesas como una pluma de ansar
con lo que escribimos; he dicho todas estas particularidades por lo que
luego dir; estas bolas son tan grandes y tan redondas como bolas
grandes de bolos; cranse debajo de tierra, y poco  poco naturaleza las
va echando fuera; cuando ya (digamos as) estn maduras, y un palmo
antes de llegar  la superficie de la tierra, se abren en tres  cuatro
partes, con un estallido tan recio como un arcabuz disparado, y un
pedazo va por un cabo y otro por otro, rompiendo la tierra; los que ya
tienen experiencia dello acuden adonde oyen el trueno y buscan estos
pedazos, que hallan encima de la superficie de la tierra; yo creo que,
fuera destas punctas, hay en medio de la bola alguna cosa preciosa que
naturaleza all cria y no la quiere tener guardada. Aquellas punctas, si
las labrasen lapidarios, deben ser de algun precio; all no las estiman
en cosa alguna.




CAPITULO LXVII

DE LOS GOBERNADORES QUE HA HABIDO EN TUCUMN DESDE EL MARQUS DE CAETE
AC


Los gobernadores que en esta provincia de Tucumn he conocido, el
primero fu el general Francisco de Aguirre, que por Su Majestad la
gobern y acab de allanar; varon para guerra de indios, bravo; vecino
de Coquimbo, contra el cual ciertos soldados, y creo uno  dos pueblos,
se le amotinaron, tomando por cabeza  un Fulano Berzocana, soldado
valiente, los cuales le prendieron; pero viniendo al Audiencia de La
Plata envi el Audiencia un juez y hizo justicia del Berzocana y otros,
y concluidos sus negocios en el tribunal del Audiencia y del
reverendsimo de aquella cibdad, volvi  su gobernacion; despues por
rden de la Santa Inquisicion sali  Los Reyes, de donde volvi  su
casa  Coquimbo[46] y en Copiap, pueblo de su encomienda, acab la
vida, dicen trabajosamente.

  [46] En el ms., _Quoquimbo_.

Subcedile Fulano Pacheco, que sali bien de su gobernacion; digo en
paz, porque los tres que se siguen acabaron como diremos. A Pacheco le
subcedi don Jernimo de Cabrera, hermano de don Pedro Luis de Cabrera,
 quien el marqus de Caete, de buena memoria, embarc para Espaa,
como arriba declaramos. Don Hiernimo era muy diferente en trato y
condicion de su hermano, muy noble, afable, con otras muy buenas
calidades de caballero. Ampli aquella gobernacion, porque pobl la
cibdad de Crdoba y conquist los indios de su comarca. En su tiempo
comenzaron  comunicar los del Paraguay con los del Tucumn y los de
Chile.

Subcedile un caballero de Sevilla, Pedro de Abreu, dicen deudo suyo,
empero enemigo capital, que desde Espaa andaban encontrados los deudos
de don Hiernimo con los de Pedro de Abreu, porque con don Hiernimo
nunca habia tenido Pedro de Abreu que dar ni que tomar, ni le conocia;
hbose rigurosamente con don Hiernimo en la residencia,  con testigos
falsos,  sin ellos, le cort la cabeza por traidor, diciendo tractaba
de alzarse con la provincia y tiranizarla, lo cual confes don
Hiernimo, dndole tormento sobre ello; o decir  un Oidor de La Plata
habrsele hecho mucha injusticia, pero quedse degollado; sus hijos
siguieron la causa y no fu dado en el Audiencia por traidor, por lo
cual les volvieron los indios de encomienda y dems haciendas.

A cabo de pocos aos  Pedro de Abreu subcedi el licenciado Lerma, el
cual, procediendo en la residencia contra Abreu, le degoll. El
licenciado Lerma, de los de Tucumn, unos le alaban, otros le vituperan;
en cosa de justicia le tenian por buen juez; en otras, como desmandarse
con palabras muy afrentosas contra los vecinos en presencia dellos, era
demasiado. Este licenciado Lerma pobl  Salta, cosa muy importante para
la quietud de Calchaqu; ya desto tractamos, y por quejas que habian ido
contra l al Audiencia, yendo con socorro y de su hacienda  Salta para
los que all estaban, le encontr al alguacil mayor de los Charcas, que
por rden del Audiencia le iba  prender y traer preso y que el gobierno
quedase en los alcaldes, lo prendi y trujo  la cibdad de La Plata; el
cual en seguimiento de su causa fu  Espaa y miserabilsimamente y
pauprrimamente muri en la crcel de Madrid, sin tener con qu se le
dijese una misa, y por amor de Dios pidieron  la puerta de la crcel,
all puesto su cuerpo, para enterrarlo,  lo cual acertando  pasar por
all un religioso nuestro que de estos reinos habia ido  los negocios
desta provincia, llamado el Presentado fray Francisco de Vega, que le
conocia, preguntando quin era el difunto y dicindole qu'el licenciado
Lerma, ayud bastantemente para que le enterrasen. Todas estas
particularidades, parecern menudas, he dicho para que se vean los fines
desdichados destos tres gobernadores, y que es verdad: matars, y
matarte han, etc.

Al licenciado Lerma le subcedi Juan Ramirez de Velasco, caballero bien
intencionado, el cual pobl dos pueblos de espaoles en las faldas de
la cordillera vertientes  Tucumn, el uno donde fu poblado los aos
pasados la cibdad de Londres, y se despobl por no se poder sustentar, 
causa de ser los indios muchos y muy belicosos; el otro ms adelante, 
la misma falda de la cordillera; es tierra frtil y que produce
abundancia de oro y plata; los indios agora no son tantos, por lo cual
han sido fciles de reducir; hanse consumido en guerras civiles unos con
otros; el Inga los tuvo subjetos, y por la falda desta cordillera
llevaba su camino Real hasta Chile; servanle y tributbanle oro en
cantidad, y de all se lo traia ac al Per; su capitan, con la gente de
guerra, estaba en un fuerte recogida, y no salia dl sino era cuando
algunos indios se le rebelaran; reducidos y castigados, volvase  su
fuerte; este caballero es bien[47] intencionado, dcil y que fcilmente
recibe la razon y se convence; creo no le subceder lo que  los
sobredichos. Tomle la residencia don Fernando de Zrate, caballero de
hbito, vecino de La Plata y muy rico y de bonsimo entendimiento; no s
hasta agora ms dl.

  [47] Tachado: entendido.

En esta provincia hay algunos religiosos del Serfico San Francisco, y
en todos los pueblos tienen, desde Salta  Crdoba, conventos pequeos
de uno  dos religiosos; slo en Santiago del Estero se sustentan
cinco  seis muy escasamente.

Pasando yo por esta provincia (y esto me compeli ir por ella  Chile)
hall seis  siete religiosos nuestros, divididos en doctrinas; uno en
una desventurada casa en Santiago; ms era cocina que convento; es
vergenza tratar dello, y tenianle puesto por nombre Santo Domingo el
Real; viendo, pues, que no se podia guardar ni aun sombra de religion en
l, los saqu de aquella provincia; es cosa de lstima haya ningunos
religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento, y en un
pueblo, qu ha de hacer? un nima sola, decimos, ni canta ni llora, y
ms en tiempos tan miserables donde las cosas van tan de caida. De
Nuestra Seora de las Mercedes hay cual  cuales religiosos, y esto de
la provincia de Tucumn.




CAPITULO LXVIII

DEL REINO DEL PARAGUAY


A la parte del Oriente de toda la provincia de Tucumn demora (hablando
como marineros) el Rio de la Plata; no s la causa por qu le pusieron
esto nombre; en l no se ha hallado una puncta, ni de oro; ac
llammosle el Paraguay; no le he visto, mas quien ha atravesado  todo
Tucumn puede decir lo que della ha odo  espaoles que cada dia salen
 ella. Tiene algunas cibdades y grandes; la mayor y ms principal se
llama la Asumption, cabeza de aquel reino, con mucha gente, los ms all
nacidos, mestizos y mestizas; los espaoles meros son pocos. Abundante
de mucho mantenimiento, caa dulce, cosas de azcar muchas y muy buenas;
vino bonsimo; fundada  la barranca del rio, que en muchos gneros y
muy buenos de pescados es frtil, donde todos los all nacidos, as
varones como mujeres, desde nios se ensean  nadar y nadan
galanamente, y no es falta que las mujeres lo sepan, porque Platon en su
_Repblica_ queria que las mujeres supiesen pelear. La segunda cibdad el
rio abajo, segun dicen 150 leguas, se fund en nuestros dias por el
capitan Juan de Garay, de nacion viscaino, hombre nobilsimo y muy
tenido de los indios, llamada Sancta Fe; conoclo y tractlo en la
cibdad de La Plata. El capitan Juan de Garay, viviendo en la Asumption,
donde era vecino, en cabildo pidi le diesen algunos mestizos, all
llamados montaeses, y pocos espaoles, que l queria aventurarse  irse
el rio abajo con ellos, llenos de Chiriguanas caribes (y todos lo son,
unos comen carne humana, otros no)  descubrir la tierra y ver si podia
dar con la comarca de Tucumn, para comenzar  tener comercio con ella y
con el Per, y no estuviesen all acorralados viviendo como brbaros;
porque si Nuestro Seor le diese ventura de comunicarse con Tucumn, y
de all con el Per, entrarian unos y saldrian otros y les verna quien
les predicase, porque habia muchos aos no oian sermon; dironle la
gente que pidi, y en barcos  bergantines echse el rio abajo; tuvo en
el camino, por ir siempre  la ribera, muchos recuentros con los indios,
que algunos dellos tienen esta calidad: cuando quieren que nadie entre
en su tierra, so pena de la vida, toman un calabazo grande, y pasado con
dos flechas  tres y muy embijado, culganlo de un rbol; cuando no
quieren hacer mal  los que entran en su tierra cuelgan una garza
blanca, muerta, de un rbol. No es mal aviso para los comarcanos.

El capitan Juan de Garay, prosiguiendo su viaje, hallando buen sitio y
comarca desembarc en tierra y pobl esta cibdad de Santa Fe; con los
indios no tuvo mucha dificultad en conquistarlos, y llanos, determin
caminar al Occidente la tierra adentro, por donde los indios le guiaban,
diciendo haber espaoles; siguilos. A la sazon tambien de la cibdad de
Crdoba habia salido otro capitan con gente hcia el Oriente, en busca
del Rio de la Plata, que tambien los indios decian habia un rio
caudalossimo por aquella parte, poblado de indios, el cual los nuestros
entendan no podia ser otro que el de la Plata, como lo era; fu Dios
servido que los unos y los otros se encontraron, recibieron y hablaron
amigablemente, y desde entonces se comunica el Rio de la Plata con
Tucumn y Tucumn con el Rio de la Plata. De Santa Fe  Crdoba no hay
ms distancia de sesenta leguas, llansimas, las treinta sin agua, si no
es en medio del camino un pozo muy hondo; empero de all sacan agua para
las personas y los caballos y bueyes; el dia de hoy se frecuenta mucho
este camino, y traen de Santa Fe bonsimo vino, y de la Asumption,
porque como vienen el rio abajo llegan en breve  Santa Fe, y muchas
cosas de azcar y conserva bonsimas, como se hacen en Valencia.

Estando yo en Crdoba lleg all un mercader con tres  cuatro carretas
cargadas de vino bonsimo y conservas, y le compr dos arrobas para mi
viaje de all  Chile,  quince reales de  ocho el arroba, y pas con
ello  Santiago del Estero, y estuvo determinado ir  Chile, donde las
conservas y azcar vendiera muy bien. Salieron de la Asumption pocos
aos ha, no son ocho,  poblar el rio llamado Bermejo, donde sin
dificultad los indios, que son muchos, se redujeron; son los ms
ingeniosos que se han hallado en estas partes; tienen buenas casas, 
dos aguas; hacen arcos de madera de medio puncto, como si  comps los
sacasen; vi en Santiago del Estero una muchacha que, sin haber tomado
aguja en su vida en la mano, labraba como si desde que naci se hubiera
criado labrando.

El Rio de la Plata, antes de llegar  este rio Bermejo, en el camino
hace un salto que por debajo dl es el camino real, por donde pasan 
caballo y las carretas sin riesgo alguno; ms arriba estn poblados, y
de antiguo, dos pueblos de espaoles que ha muchos aos no tienen
sacerdote, fundados en tierra calidsima; los hombres all andan y traen
las caras amarillas como los de Santa Marta en el reino de Tierra Firme.

Solase caminar desde el Brasil al Rio de la Plata en el paraje de la
Asumption (digo venia el camino  salir frontero  poco ms arriba de
donde est poblada la Asumption), distancia de docientas leguas, por
tierra poblada y no mal camino; yo he visto hombres en la provincia de
la Plata que desde el Brasil, con otros, vino hasta Asumption; agora no
se camina; los indios han cerrado el camino por los malos tractamientos
de los nuestros.

Es la provincia del Rio de la Plata abundantsima de todo gnero de
mantenimientos, as de la tierra como nuestros, y para caas de azcar
fertilsima; antes que entrara all un Andrs Martn, que conoc en la
cibdad de La Plata, no se aprovechaban ni hacian miel de las caas, sino
del azcar que reventaba como resina dellas; agora de todo se
aprovechan; si como es abundante y frtil de mantenimientos lo fuera de
oro  plata, era la mejor provincia del mundo, pero Nuestro Seor no
puso el oro ni la plata sino en tierras inhabitables; el oro por la
mayor parte por el calor y la plata por el mucho frio, porque los
hombres se contentasen con poco; mas la soberbia humana y cobdicia, lo
inhabitable, como haya oro  plata, lo hace habitable.

Es la tierra abundante del mal francs, y proveyles Nuestro Seor del
palo que llaman sancto, en mucha cantidad; hay pocos mdicos; prganse
de las dems enfermedades con el agua de un pescado que en ella cuecen,
y el pescado sirve como gallina el dia de la purga, aunque tienen
abundancia dellas. Los indios son todos Chiriguanas, ms tractables que
los de la provincia de los Charcas; no comen carne humana, pero hablan
la misma lengua; son as bien dispuestos y valientes; son grandes
holgazanes, como los dems, y la fertilidad de la tierra les[48] hace no
acudan  las cosas de la fe como les era necesario. Admirado desto,
dicindomelo un padre de San Francisco que sali de aquella provincia 
Esteco, estando yo all y visitndolo, me dijo no me admirase, porque en
apretando  los indios un poco  la doctrina, con sus mujeres y hijos se
van veinte leguas y ms de la cibdad, y tan buena tierra hallan all y
tan frtil como en la cibdad  en sus pueblos, y como uno destos tenga
una vbora de cascabel que comer, tiene muy buena comida y cena, y no ha
menester ms, las cuales fcilmente las cazan, y no las temen, que no
temerlas parece barbaridad. Castigaron los viejos conquistadores y
criaron en mucha policia  los montaeses y  los meros espaoles, como
 ellos los criaron sus padres. Ningun muchacho habia de hablar, ni
cubrir cabeza, ni sentarse delante de los viejos, aunque tuviesen
barbas, ni los viejos al ms estirado llamaban sino t, cuando mucho un
vos muy largo. A los montaeses enseaban primero  leer, escribir y
contar; luego les daban oficio, y  lo que ms se inclinan es 
herreros, y son primsimos oficiales; son grandes arcabuceros, flecheros
y nadadores, recios hombres  caballo; andando en la guerra, luego
quitan las calzas y zapatos y desnudan los brazos; ya han perdido esta
policia, muertos los viejos, y son la gente ms mentirosa del mundo, y
como un hombre no tracte verdad, no le pidan honra.

  [48] En el ms., _los_.

Esta provincia tiene muchos rboles de la tierra, fructales, ms que
Tucumn, y mejor madera para las casas, y el temple, como el rio va
declinando ms  la mar, se va subiendo  este nuestro polo, y as es
ms fresco. Sancta Fe est en treinta grados y Buenos Aires en treinta y
siete, donde yela y nieva como la altura lo pide.




CAPITULO LXIX

DEL PUERTO Y PUEBLO DE BUENOS AIRES


El puerto de Buenos Aires, de pocos aos  esta parte se ha tornado 
poblar, respecto de la contratacion que hay del Brasil con el Rio de la
Plata y Tucumn; dicen distar de la boca del rio treinta leguas,  pocas
menos. No tiene servicio de indios, que si lo tuviera hobiera crecido
mucho, y por esta razon se despobl este pueblo de Buenos Aires lo mismo
que la fortaleza llamada de Gaboto. Tiene el rio por aqu ms de tres
leguas de ancho, y la boca ms de diez; cuando se despobl no pudieron
los espaoles traer consigo particularmente los caballos y yeguas sin
que dejasen algunos.

Este ganado se ha multiplicado tanto en aquellos llanos que  los
chapetones les parece montaas de rboles, y as cuando caminan y no hay
un arbolillo tamao como el dedo paraleno, viendo las manadas dicen:
Pues aquella no es montaa? vamos all  cortar lea, y son las manadas
de los caballos y yeguas. Salen  caza dellos como  venados; estn
gordos, que al primer apretn quedan estancados;  los que son potros
atan, doman y hcenlos caballos; he visto en Crdoba muy buenos caballos
destos. Pero con ser este paraje  su tiempo muy frio se crian muchas
vboras. Los venados en todo el Rio de la Plata son muy grandes y no de
menores aspas; las pieles curan y hacen dellas cueras que parecen de
ante, y algunos por de ante las venden. En el camino de Crdoba  Buenos
Aires, y desde Santa Fee por tierra, es necesario ir muy apercebidos de
armas y arcabuces, y en las dormidas velarse, porque salen algunas veces
indios cazadores de venados, y fcilmente se atreven contra los
nuestros; sus armas son arco y flecha, como los Chiriguanas, y dems
desto usan de unos cordeles, en el Per llamados aillos, de tres
ramales, en el fin del ramal una bola de piedra horadada por medio, por
donde entra el cordel; estas arrojan al caballo que va corriendo, y le
atan de pies y manos con la vuelta que dan las bolas, y dan con el
caballo y caballero en tierra, sin poderse menear; destos aillos usan
para los venados; pnense en paradas, y como va el venado corriendo lo
ailla fcilmente.

De la otra parte del rio hay una provincia de indios llamados Charrucas,
no muy brbara en algunas cosas; son hombres que guardan palabra y
quieren se le guarde. Traen continuamente guerra con otros indios
comarcanos Chiriguanas, aunque no caribes, y la guerra es sobre las
comidas. Los Chiriguanas no labran la tierra, sino cuando estn maduras
las sementeras jntanse en cantidad, y con mujeres y hijos cogen lo que
no sembraron. Los Charrucas, de un navio que di  la costa en la cual
habitan, cativaron  dos espaoles, uno ya hombre y otro muchacho, que
con su padre venia, de edad de ocho aos. Los dems todos perecieron en
la costa y se perdieron con los dems navios en que venia por marqus
Juan Ortz de Zrate, de una tierra que prometi descubrir muy poblada
al rey Felipe Segundo, de inmortal memoria, el cual antes que cumpliese
lo prometido muri cerca de Buenos Aires en una isla llamada Santa
Caterina, por lo cual no cumpli lo prometido, ni cumpliera, por no
haber las poblaciones que imaginaba. El marqus Juan Ortz de Zrate fu
vecino de la cibdad de La Plata,  quien conoc en el Per cuando se iba
 Espaa muy rico,  donde lleg en salvamento, y llegado  corte trat
hacer este descubrimiento, con que Su Majestad le hiciese gobernador del
Rio de la Plata y marqus de ms de 30.000 indios que habia de
conquistar, y poblar tres  cuatro cibdades  su costa. Empero, como fu
edificio sobre arena,  por mejor decir, imaginacion, as par todo. El
muchacho arriba dicho, ya hombre de 22 aos, poco ms, me dijo lo que
referir, al cual hall quince leguas de Santiago del Estero, cuando yo
iba  Crdoba, y le llev comigo dndole de comer y caballo hasta
aquella cibdad. El pobre muchacho cautivo servia  su amo de traerle
lea, agua, trabajar en la chcara y en lo que le mandaba.

Desta suerte sirvi ms de catorce aos,  pocos menos; certificme que
hasta entonces sus amos convidndole con mujeres, y aun con sus hijas,
Nuestro Seor le habia hecho merced que con infiel no se habia ensuciado
ni con otra. Este, viendo el dao que los Chiriguanas (nombraba la
nacion, que no me acuerdo, por eso los nombro Chiriguanas) hacian, un
dia que todos los ms de los Charrucas estaban muy tristes porque los
otros indios les habian llevado las comidas, _dijo_ que si le daban
licencia l vendria  Buenos Aires y pediria favor  los espaoles, los
cuales lo darian luego, y con ellos se podian vengar y destruir  sus
enemigos; sobre esto hubo entre los Charrucas muchos dares y tomares, y
los ms eran de parecer no le diesen licencia; finalmente se la dieron y
l les di su palabra de volver  su amo pasado el invierno, porque
estaba desnudo y habia de buscar con qu vestirse. Sali  Buenos Aires;
trat con el capitan y cabildo  lo que venia; prometironle al tiempo
favor, y con esto despach  dos indios que con l vinieron, tornando 
dar su palabra que con los espaoles  sin ellos, teniendo salud, no
dejara de volver. En Buenos Aires no hall cmo vestirse; venia 
Santiago del Estero  buscar limosna para su vestido, y encontrndole yo
le persuad se volviese conmigo, pues sabia el camino, que yo le
ayudara de mi pobreza y le haria la costa; hzolo as, y vino conmigo
hasta Crdoba, y es cierto que le persuadia yo, si no habia jurado
(decia que no) que se quedase por ac, y siempre me dijo no dejara de
volver,  con los espaoles,  sin ellos, porque entre aquellos indios
es gran falta faltar la palabra, y ms porque  los de Buenos Aires les
convenia tener amistad con los Charrucas, y desde Crdoba en la primera
ocasion se volvi; lo que ha subcedido no lo s, y preguntndole de
cosas particulares de aquellos indios, me decia que los viejos de cuando
en cuando junctaban los mozos y les avisaban no hiciesen agravio ni mal
 nadie, no fuesen holgazanes _y_ viviesen de su trabajo. Es entre estos
indios gran maldad el adulterio; empero concirtanse con el marido, y
fcilmente da licencia  su mujer que vaya  servir por tantos dias al
que se la pide; esta es mucha ceguera, y no nos habemos de espantar que
hombres sin lumbre de fe no tengan el adulterio, con esta condicion,
por[49] pecado, ni infamia.

  [49] Tachado: _que_.




CAPITULO LXX

DE LA PROVINCIA DE CUYO, EN TRMINOS DE CHILE


De la cibdad de Crdoba al primer pueblo de espaoles del reino de
Chile, desta parte ac de la cordillera, llamado Mendoza, hay cien
leguas tiradas, todas despobladas y llanas, camino carretero, en el cual
hay algunos rios, al tiempo de las aguas, grandes. Al rio de Crdoba
llaman el Primero; al que sigue, Segundo; al otro, Tercero; al otro,
Cuarto, y al ltimo, Quinto; Tercero, Cuarto y Quinto son de bonsimas
aguas. El Tercero y Cuarto, poblados de indios apartados del camino
real, llamados Comechingones, bien dispuestos y valientes, subjetos  la
cibdad de Crdoba; sirven cuando quieren; cuando no, izquierdean. En los
trminos desta cibdad,  lo menos. Cuando yo pas por ella, no habia ms
sacerdotes que un cura clrigo, y un fraile de San Francisco en su
conventillo, gran conjurador de nublados; los indios subjectos no sabian
qu cosa era Ave Maria, ni Pater noster.

En el rio Quinto hay indios de guerra que no se han reducido; aqu hall
tomillo salcero, y solo este de todos estos rios entra en el Rio de la
Plata; los dems se empantanan y hacen unas lagunas grandes donde se
cria mucho pescado y aves de diferentes gneros en gran abundancia; los
llanos abundantsimos de pastos, que si como desto son frtiles lo
fueran de aguas y rios, creo fuera la ms frtil tierra del mundo.
Cranse en ellos todas las sabandijas que habemos dicho arriba, con
muchos venados, vicuas y guanacos, perdices y otros pjaros y
avestruces. Vimos una cosa que nos admir: llegamos  un arroyo 
sestear, donde pensamos no hallar agua; acaso habia llovido y
hallmosla; llevaron los bueyes  beber, que eran mas de sesenta, porque
lleuamos doce carretas; entre los bueyes, salindose de beber, metise
una cierva que habia llegado  beber, pero bebio tanto, que  manos la
tomaron los indios; cuando la vimos con tanta barriga, pensamos estaba
preada y por eso no habia escapdose corriendo; brenla, y toda era
agua; admirados, preguntamos  los indios de qu procedia aquello;
respondironnos que al tiempo del verano los venados beben de una vez
para ocho y diez dias, por la falta de las aguas, y as aquella cierva
habia bebido tanto. Hay en este camino algunos indios de guerra, pocos,
en la Rinconada, trminos de Crdoba, y en la puncta de los Venados,
trminos de Chile; empero pocas veces salen  hacer dao, porque luego
son castigados por los nuestros, como se hizo poco antes que por esta
Rinconada passemos. Nosotros uno ningun indio vimos, y si como dicen se
ha poblado la puncta de los Venados, no hay que temer, ni antes lo
habia, como no les hiciesen dao. En este camino hay despoblados sin
agua de  quince leguas y ms, de la puncta de los Venados adelante, y
casi uno tras otro, y si ha llovido no hay falta de agua; por el camino
hay unas hoyas hechas  mano por los indios que all habitaban, donde se
recoge el agua; hallmoslas llenas, y el agua muy sabrosa y fria, con
ser ms de mediado diciembre, donde los calores son crecidos. Salimos de
Crdoba  primeros de diciembre, y llegamos con nuestras carretas 
Mendoza, dos dias antes de Navidad, antes de la cual corre el rio de
aquella cibdad, que en este tiempo es muy grande y extendido; augmntase
de las aguas que corren derretidas de la sierra Nevada, y ensnchase
tanto, que debe tener ms de tres cuartos de legua de ancho, en brazos;
pasmosle por 37, unos con ms agua que otros, y de piedra menuda; si en
un brazo se juntara, era imposible vadearle; yo hobiera de correr un
poco de riesgo en un brazo, que acert  ser el mayor; iba delante;
echme al agua; el caballo era bueno, que desde la cibdad de Los Reyes
casi camin en l; tenia buen camino; sacme en paz, pero no era tanta
el agua que nadase; los que venian en pos de m bajaron ms abajo y
pasaron ms fcilmente, y las carretas sin mojarse cosa de las que en
ellas venian. Pasado el rio,  medio cuarto de legua est la cibdad de
Mendoza.




CAPITULO LXXI

DE LA CIBDAD DE MENDOZA


Fund esta cibdad el general Juan Jofre, vecino de la cibdad de Santiago
de Chile, por rden de don Garca de Mendoza, que es agora Marqus de
Caete y fu Visorrey destos reinos, de quien habemos tractado, en una
provincia llamada Cuyo; no se pas mucho trabajo, ni hobo batallas con
los indios para reducirlos, porque ellos mismos vinieron  Santiago de
Chile  pedir  don Garca de Mendoza les enviase espaoles y sacerdotes
porque querian ser cristianos; fu el general Juan Jofre con soldados
que habian quedado sin suerte despues de llano Arauco, y pobl esta
cibdad,  quien llam Mendoza por respecto del gobernador; otro pobl
veinte leguas ms adelante, al Norte, llamado San Joan de la Frontera,
en el mismo paraje que Mendoza,  las vertientes destas sierras nevadas;
la cibdad es fresqusima, donde se dan todas las fructas nuestras,
rboles y vias, y sacan muy buen vino que llevan  Tucumn  de all se
lo vienen  comprar; es abundante de todo gnero de mantenimiento y
carnes de las nuestras; sola una falta tiene, que es lea para la
maderacion de las casas; los indios comunmente se llaman Guarpes, mal
proporcionados, desvaidos; las indias tienen mejor proporcion; es la
gente que ms en breve deprende nuestra lengua y la habla de cuantas hay
en el mundo; las indias que se crian entre nosotros hilan el lino tan
delgado como el muy delgado de Vizcaya; los indios grandes ladrones y no
menos borrachos;  nuestra costa nunca se ven hartos;  la suya comen
poco, como los dems del Per; de sus juegos, grandes tahures; en sus
tierras andan medio desnudos, y cuando les dan de vestir por su trabajo,
luego lo juegan unos con otros; cuando estn junctos se alaban de lo que
han hurtado  los espaoles; as son los deste Per, que se alaban de
que nos han mentido y engaado y hurtado lo que pueden, y lo cuentan
como por gran hazaa. Es abundante toda la provincia de vboras y dems
animales ponzoosos, y de las hitas, importunsimas, grandes y pequeas;
las mismas calidades tiene San Joan de la Frontera. De ambos estos dos
pueblos, de cada uno por su camino, salen indios todos los aos para ir
 trabajar  Chile; los de San Joan  Coquimbo y los de Mendoza 
Santiago, del cual trabajo pagan  sus amos parte del tributo, y  ellos
se les da el cuarto; en su tierra no tienen de qu tributar. Es gente
poca, subjecta  sus curacas, y brbara; tvolos el Inga subjectos, y
algunos hablan la lengua del Per, general, como en Tucumn, si no es en
Crdoba, donde no alcanz el gobierno del Inga.




CAPITULO LXXII

DEL CAMINO DE MENDOZA  SANTIAGO DE CHILE


Desde estos dos pueblos (como habemos dicho) se camina para el reino de
Chile, de cada cibdad por su camino, por donde se pasa la cordillera
Nevada, que es la misma que llamamos en el Per Pariacaca, y si no se
aguarda  tiempo que las nieves sean derretidas, es imposible, so pena
de quedarse helados. Cominzase  pasar casi  mediado Noviembre, y
dende en adelante hasta fin de Marzo, y pocos dias de Abril, porque
luego se cierra con las nieves; yo la pas  fin de Diciembre sin alguna
nieve; tomase el camino desde Mendoza  Santiago, que son cincuenta
leguas, y ndase en ocho dias por sus jornadas, todas despobladas, si no
es la ltima; pasadas dos jornadas, que estamos ya  las vertientes de
las faldas de la cordillera, encontramos  mano derecha el camino Real
del Inga; dejelo  mano derecha antes de llegar  Salta siete  ocho
jornadas, y  la misma mano le hall, el cual vamos siguiendo casi hasta
Santiago de Chile; el camino no es malo, ni tiene despeadero, ni es de
mucha piedra; en las dormidas no faltan pastos para los caballos, ni
lea; en hallando el camino del Inga vamos subiendo un valle arriba
hasta nos poner al pie de la cordillera que habemos de doblar, antes de
la cual, pocas leguas, no creo son cuatro, hay una fuente famosa que
tern[50] de largo ms de treinta pasos, toda de yeso, por debajo de la
cual pasa el nacimiento del rio de Mendoza.

  [50] En el ms., _toma_.

Esta fuente Nuestro Seor all la puso; ser de ancho ms de tres varas;
fu  verla de propsito, porque est del camino Real un tiro de arcabuz
apartada, y como el rio no llevaba agua, no pasamos por ella. Puestos
al pie de la cordillera, donde se hace noche al reparo de unos peascos
grandes, saliendo dellos, luego casi se comienza  subir la cordillera,
que no tiene una legua de subida, no agria, antes arenosa y fofa, por
las nieves que tienen quemada la tierra, las cuales derretidas y seca la
tierra queda casi como arena muerta. Lo alto de la cordillera que
encumbramos no tiene medio cuarto de legua de llano, por lo cual en
llegando arriba y comenzando  abajar, todo es uno. Por muchas partes en
este reino he atravesado esta cordillera, pero por ninguna es tan buena
en tiempo de verano; en ivierno ya he dicho, por las nieves, no se
camina. El bajar no es dificultoso ni malo, ms de que es ms larga la
bajada que la subida; por este camino que voy siguiendo, de cuando en
cuando,  trechos, damos en unas mesas llanas, como descansaderos, y
como bajamos se va moderando el tiempo hasta llegar  la dormida, siete
leguas buenas, que llaman El Camarico, pero no hallaris de comer si no
lo llevais.

De unos ojos de agua que estn  dos leguas  tres encumbrada la
cordillera, nace el rio del valle de Quillota, por la ribera del cual
vamos prosiguiendo nuestro camino, pasndolo por poca agua, despues
destos ojos de agua, el cual desde su nacimiento corre por muchos
peascos, y como va bajando se va haciendo mayor y augmentando con otros
arroyos que se le llegan, de suerte que al Camarico no se puede vadear,
no tanto por el agua que en este tiempo lleva, cuanto por las piedra
grandes; vadanle los caballos descargados, y con riesgo de se quebrar
las piernas; este rio ya grande  cuatro leguas ms abajo,  poco
menos, del Camarico, s'ensangosta mucho entre dos cerros, que no debe
ser la angostura de cuatro varas en ancho, por donde todo l pasa
acanalado. En esta angostura hizo el Inga una puente que hoy vive con
este nombre, la Puente del Inga, pero para pasar por ella es necesario
ir el hombre confesado; para bajar ha de ser por una pea tajada, y para
subir lo mismo, tan tajada que se pasa desta manera:  pie con
alpargates, porque no se deslice el pasajero, atadas  la cintura unas
sogas, una adelante, otra atrs; la trasera tienen los que quedan atrs,
y vnla largando poco  poco, porque el que pasa no resbale y d consigo
en el crcabo del rio, y en pasando arrojan la soga delantera  los que
estn de la otra parte; estos indios pasan ms liberalmente que
nosotros, sin estas sogas, porque parecen tienen diamantes en las
plantas de los pies; y as le aizan arriba, de suerte que el pasajero
lleva dos sogas atadas  la cintura: una delante para subir, otra detrs
para descendir, y por aqu pasan y han pasado mujeres y ninguna se ha
despeado; yo no pas por esta puente, sino por otra de madera que se
habia hecho poco ms arriba, mas dende  breve tiempo la mand el
Gobernador quemar, porque no se le huyesen los soldados  la provincia
de Cuyo, permaneciendo aquella puente. Ya pasada esta cordillera, no hay
animal ponzooso en todo lo descubierto de Chile, y es tan limpia tierra
cuanto de las vertientes  Tucumn es sucia. Desde esta puente 
Santiago se camina en tres dias, ya por tierra apacible y frtil.




CAPITULO LXXIII

PROSIGUE EL CAMINO DE COPIAP  COQUIMBO


Esto en breve he dicho, cuanto ha sido posible. Habemos de volver al
otro camino de Chile que corre por la costa, hasta llegar  la misma
cibdad de Santiago. Dijimos que Morro Moreno era como trmino del Per y
Chile, dividiendo los linderos, desde donde vientan Nortes, y mientras
ms arriba ms recios. El primer pueblo de la juridicion de Chile es uno
de indios, en el valle llamado Copiap, y el pueblo as se llama, donde
los que vienen cansados del largo despoblado de Atacama descansan y se
rehacen; es valle angosto y pequeo; el rio, frtil de mantenimientos, y
se dan en l caas dulces de donde el amo saca buena miel. Nunca tuvo
muchos indios; agora tiene menos; fueron bellicosos y lo son, por ser
casi parientes de los de Calchaqu, mas como se han apocado, tambien sus
fuerzas; los pocos, poco pueden. De aqu  Coquimbo ponen sesenta leguas
 arbitrio de buen varon, todas despobladas, si no es un valle llamado
el Guasco, diez leguas de Coquimbo, de pocos indios. El valle, frtil y
para vias bueno, cuyo vino es muy bueno; todo el camino hasta este
valle es falto de agua; hay en las dormidas jageyes de agua salobre,
pero  falta, bebedera. Del Guasco en dia y medio se ponen en Coquimbo
los que van de espacio.




CAPITULO LXXIV

DE LA CIBDAD DE COQUIMBO


La cibdad de Coquimbo es la primera del reino de Chile, puerto de mar
capacsimo; el surgidero  dos leguas del pueblo, y seguro; carece de
agua y de lea, todo se lleva en carretas. Fundse sobre una barranca,
no media legua de la playa, donde la mar es de tumbo; es el mejor temple
que creo hay en el mundo, porque ni hace frio ni calor, en ningun
tiempo, que sea penoso; cuando el ivierno llueve tres veces, es milagro.
El rio, de bonsima agua, que riega la campia, dende se dan todas las
fructas nuestras, vias y aceitunas, en unas partes mejores que en
otras; no son tan gruesas como las de los llanos del Per, pero muy
buenas, mayores que la manzanilla grande de Espaa; si en esta tierra
lloviera, abundara en ser riqusima de oro, porque dir lo que all me
afirmaron, y no es fbula; en los vientres de las lagartijas se halla
oro, y descubrise desta manera: un indio de aquel pueblo pagaba muy
descansadamente su tributo, seis pesos en oro cada ao, sin ir  las
minas, ni trabajar sino en su chacarilla y casa; apretronle de dnde
sacaba su tributo; dijo que de las lagartijas del campo, y es as que
llegando el tiempo de pagarlo, se iba  caza de lagartijas al campo, no
lejos de la cibdad, y abrindolas sacaba cuatro  cinco tomines de oro
(y si no me engao) estando en aquella cibdad me ensearon el indio, y
no es milagro, porque el oro no se criaba en las barrigas de las
lagartijas, sino, como de tierra se mantengan,  vuelta della comen
algunos granillos de oro. Las minas que  poco ms de quince leguas
desta cibdad se labran, de oro, desde el tiempo del Inga, por una perdiz
se descubrieron; y esta es tradicion: llegando el capitan general del
Inga que iba conquistando, cerca destas minas, que se llaman Andacollo,
y asentando su real, trujronle unas perdices, que son muy buenas, en
cuyos papos hallaron unos granillos de oro (los indios de Chile no
conocian oro ni plata); trujronselo al capitan general; pregunt donde
habian muerto aquellas perdices; respondironle: en aquel asiento; mand
lavar y lavar; sac mucha cantidad, y persever en esta riqueza muchos
aos, aun en tiempo de los espaoles, y hoy persevera no en tanta
cantidad; es muy fino, porque sube de la ley; este asiento slo se labra
en los trminos desta cibdad un poco adentro de la cordillera, donde
hace muy buen frio, y labran en l todos los aos nueve meses pasados de
ducientos y cincuenta indios, y cada ao se sacan 75.000 y 80.000 pesos,
sin lo que los indios aplican para s; y en tres meses que dejan holgar
aquella tierra, se torna  criar y producir otro tanto oro, lo cual 
los que no lo han visto les parecer fbula, y es verdad lo que habemos
dicho.

Esta cibdad es abundante de pescado muy bueno; pscanse algunos atunes;
no andan en cuadrillas como en Espaa, sino de uno en uno; sale el indio
pescador en busca dl, dos y ms leguas  la mar con su balsilla de
cuero de lobos; lleva su arpon, fsgale, dale soga hasta que se
desangra; desangrado le saca  la costa; vienen desde Arica  este
puerto, que son ms de 250 leguas costa  costa, barcos  hacer sus
pesqueras de tollos, que son muy buenos y en cantidad; lizas y
corvinas. He visto en este puerto cuatro barcos de pescadores venidos de
Arica, poco menores que bergantines. Por cima del pueblo pasa una
acequia grande de agua para todas las casas de la cibdad, y para regar
las haciendas que estn cerca dellas; las casas tienen sus huertas
dentro, con naranjos, limos, membrillos, etc. Los vecinos viejos ya se
han acabado y los hijos son como los del Per; los vecinos desta cibdad
son afables y bien partidos; no tienen las condiciones que los de
puerto. Es pueblo de mucha recreacion, por la caza de perdices, y de
pesca en unas lagunas juncto  la mar, do se crian lizas y otros peces,
y patos de agua; los indios pescan graciosamente; unos con volantines
arrojadizos, en los[51] cuales empalman los anzuelos grandes, y en ellos
el cebo, que sacan de las conchas, atado con un hilo; arrjanlo cuanto
pueden en la mar, ellos en el rebalaje de las olas  la rodilla, el
volantin atado  la mueca, y no parece si no que ven el pece que pica,
y con la mano derecha dan un golpe en el volantin, y luego halan; pescan
desta suerte lizas grandes, corvinas, y tollos, y lenguados. V una vez
 un indio as pescar, y el pece que pic debia ser grande, porque se
llevaba al indio al tumbo de la ola; quiso Dios se rompiese el volantin;
si no, corria riesgo de ahogarse; no tenia con qu cortar el volantin.
Otros entran casi hasta la ola donde quiebra, con sus fisgas de tres
harpones, y en el tumbo de las olas vemos las lizas y dems peces;
arrojan la fisga, y es cosa de ver qu ciertos son  dar en el pece;
luego halan  fuera y sacan su pescado. Aqu se descubrieron minas de
cobre de lo bueno del mundo, lo cual se trae  Los Reyes, y dello se ha
labrado el artilleria para la defensa del puerto, para armar las galeras
y dems navios de armada.

  [51] En el ms., _las_.

De esta cibdad para Sanctiago hay dos caminos: uno por la sierra, que se
sigue en tiempo de aguas; otro casi por la costa de la mar; ponen 65
leguas de camino; en esta distancia hay tres valles muy buenos y
frtiles; el primero se llama Limari, el rio no pequeo, buen agua,
buenas vias y mejor vino. El segundo se llama Choapa, ms ancho el rio,
mayor y ms frtil, en el cual hasta agora no han plantado vias; aqu
hay un poblezuelo de indios, de los que all quedaron del ejrcito del
Inga; es abundante de pescado. El nacimiento deste rio es de oro, y en
tiempo que se derriten las nieves es muy grande; ms adelante es el
valle de Quillota con otro rio no de tan buenas aguas; es el que dijimos
pasarse por la puente del Inga, mayor, y que no todas veces se deja
vadear; aqu se da mucho maz, trigo y dems mantenimientos, y el camo
muy crecido, donde hay otro poblezuelo de indios; debe distar de
Santiago 22 leguas, las ms llanas, que al ivierno son trabajosas de
caminar, porque se empantanan y parece el campo una mar; empero, como la
tierra es recia, no hay mucha cinaga; si no son en estos tres valles,
no hay casas donde hacer noche; hcese debajo de arrayanes ms crecidos
que los de Espaa, porque dellos se sacan vigas para enmaderar.

A su tiempo hay muy buenos pastos para los caballos, y en estos campos
se criaba abundancia de ganado vacuno, y era tanto la primera vez que
por all pas, agora veinticuatro aos, que se nos venian los toros 
las dormidas, todo hecho cimarron; no se conocia cuyo era en los
trminos de Coquimbo, que corren hasta el valle de Choapa; agora no hay
ninguno, porque los vecinos de Coquimbo lo han consumido matando con
dejarretaderas; cual ms podia, ms mataba, sacaban el sebo y hacian
cecinas, todo lo cual embarcaban para Los Reyes; en lugar deste ganado
se crian al presente abundancia de perros cimarrones. Cerca del valle de
Choapa, gobernando don Garca de Mendoza  Chile, se descubrieron en
este camino real las minas de oro que llamaron del Spritu Sancto,
riqusimas, de donde los vecinos de Santiago y Coquimbo sacaron millares
de pesos; acabronse temprano y los vecinos no s qu hicieron de tanto
oro; si s; gastaron sin discrecion y vinieron  quedar pobres, y sus
hijos mucho ms.




CAPITULO LXXV

DE LA CIBDAD DE SANCTIAGO


La cibdad de Sanctiago, cabeza de obispado, y al presente del reino de
Chile, se fund por el gobernador don Pedro de Valdivia en demasiado
llano, en un sitio nombrado de los indios Mapocho,  la ribera de un
rio, al ivierno grande y peligroso para la cibdad; al verano, que es al
revs de Espaa, se pasa de piedra en piedra; ni tiene barranca, ni
madre, por lo cual se ensancha, y siempre para la cibdad, la cual si no
repara se la ha de llevar, como ya estuvo  pique dello. Es
abundantsima de todo gnero de mantenimientos, de vino y fructas de las
nuestras, bonsimas, almendras y aceitunas, si estos dos rboles, y
ninguno otro de los nuestros no tuvieran contrario, porque el almendro
comienza  florecer en medio del ivierno por Julio, al principio cae un
yelecillo, arrebtale la flor; y el aceituno, al tiempo que est en flor
suele venir una niebla que se la abrasa; todos los otros rboles
nuestros no padecen[52] detrimentos, ni los naranjos ni limos, que se
dan dentro y fuera de la cibdad. Tambien suelen venir algunos yelos
sobre las vias,  las cuales cuando estn en cierne no le son buenos
amigos.

  [52] En el ms., _parecen_.

Dista esta cibdad de la cordillera tres leguas, y con todo eso el calor
 su tiempo de dia y de noche es crecido, y el frio en el suyo;  este
tiempo suelen venir algunas borrascas de nieve tan buenas como en
Salamanca, con tanto Norte, que arrancan los rboles de cuajo, y  los
que no, con la mucha nieve que cae sobre ellos los desgaja; es pueblo
lluvioso desde mediado abril, que comienzan las aguas cuotidianamente,
hasta agosto; unos aos son ms, otros menos, como en todos los reinos,
que es cuando comienzan los nortes, los cuales en este reino son
recsimos, y mientras ms arriba, ms vehementes, y al principio son
poco menos que pestilencia; traen mucho catarro y dolor de costado
consigo, y asimismo en todo el Per, como actualmente lo expirimentamos
en este valle de Jauja, donde escribimos esto; tres meses no ha dejado
de correr y nos ha traido el sarampion  los nios, y viejos,  mozos, y
 las viejas bastante catarro, con el cual se ha llevado no pocas. Los
vecinos y moradores todos tienen sus vias, cual mayor, cual menor, y
tierras de pan, donde cogen trigo, maz, garbanzos, lentejas, melones y
las dems legumbres, de suerte que no hay plaza donde se venda cosa
alguna, ni pulperia; las camuesas y manzanas que se dan, parece no
creible; con ellas se engordan los cebones[53]. El que no las tiene, con
enviar una carreta  casa de su vecino se la daran de valde, y as se
hace. Un buen hombre portugus, un poco fuera de la cibdad, aunque agora
ya estn dentro, plant cuatro cuadras, unas frontero de otras, todas de
camuesos y manzanas, que al tiempo de la fructa entrar en ellas es
entrar en una casa de olores, y no le sirven ms que de perderse, y
darlas  carretadas. La comarca desde las tejas de la cibdad es
abundantsima de todo gnero de ganado: en los campos, hatos de yeguas
cimarronas, de donde cada ao sacan no pocos _caballos_ para la guerra;
algunos salen bonsimos; fuera desto hay crias de caballos; los mejores
son de Alonso de Crdoba, que tambien la tiene de mulas que envia 
Potos, y aprueban muy escogidamente; all no se usan, porque la tierra
es cenegosa, particularmente de la cibdad de Chilln adelante.

  [53] En el ms., _cevonones_.

Todo este reino es faltsimo de sal, desde Coquimbo  Osorno y Chilu;
llevase en navios de ac del Per y es una de las mejores mercaderias;
vale en Santiago de Chile una hanega de sal, doce pesos de oro de veinte
quilates, que es el de contracto. Aunque provey Dios en el distrito
desta cibdad, doce leguas della, una laguna que es comun, donde debajo
del agua (no es fbula) se cria la sal, y en el verano  tal tiempo se
desacota,  donde van los indios, y vecinos envian sus carretas y traen
la que pueden; andan los indios que la sacan, en el agua hasta la
rodilla y con las manos sacan la sal, que en unas seras de paja echan;
es negra, empero para guisar de comer y salar cecinas es bastante. Si el
ao ha sido lluvioso[54] hay poca sal; si un poco seco, hay mucha;
empero la sal del Per siempre tiene su precio. Cae tambien al verano 
la redonda de Santiago el rocio sobre ciertas yerbas, el cual cuajndose
en ellas se vuelve sal, como el rocio sobre los sauces se vuelve man;
esta es muy poca; los indios cogen estas yerbas en unas mantas,
sacdenlas y la sal despdese dellas; es como cosa de fructa. Truena
poco y llueve muy suavemente, tres y cuatro dias sin cesar; miramos  la
parte del Sur si comienza  aclarar un poco, y si aclara, la serenidad
es cierta; es muy lodosa, por ser fundada en tanto llano, y porque el
servicio es de carretas, y por el consiguiente, en el verano es de
mucho polvo. Sustenta cinco conventos: el nuestro con casi treinta
frailes y estudio; el de San Francisco, con otros tantos; la Merced,
seis  siete; los que tienen San Augustin y los padres de la Compaia no
lo s, porque se fundaron despues que yo sal de aquel reino. Sustenta
tambien otro monasterio de monjas subjetas al Ordinario; la Orden que
profesan _son de_ las de la Encarnacion de Los Reyes; debe tener
veinticinco monjas de velo. La gente de la cibdad es muy afable y bien
partida, y la que sustenta y ha sustentado de cuarenta aos  esta parte
la guerra contra Arauco, que si no, ya se hobieran despoblado algunas
cibdades de las de arriba, en particular la Conception. Los campos son
abundantes de madera y muy buena, roble y otra que llaman Canela, porque
huele un poco  ella y los polvos hacen estornudar bastantemente;
acipreses en la cordillera muy gruesos, muy altos, y olorossimos; yo
fu  cortar unos pocos para nuestro convento, doce leguas del pueblo, y
cort aciprs y acipreses, que cuatro indios hacheros cortando uno solo,
no se vian el uno al otro; traense ajorro; de aqu se proveen los
mantenimientos y pertrechos para la guerra. Sobre esta pobre cibdad
cargan las derramas  nunca pagar, sin perdonar  viuda ni hurfana. Es
de cuando en cuando molestada de temblores vehementes, y es cosa no
creible; las casas cuyos cimientos son sobre la tierra no padecen
detrimento con ellos; las que los tienen fondos, stas corren riesgo y
se abren; los temblores no son de vaiven como los deste reino, sino como
saltando para arriba, y son ms peligrosos. Concese fcilmente cuando
ha de venir el temblor: si  la puesta del sol  dos horas antes,  la
parte de la mar hay una barda (as la llaman los marineros) de nubes,
que corre Norte Sur, es cierto aquella noche  otro dia el temblor. Uno
vi en esta cibdad; ms miedo me puso que los que he visto en este reino.

  [54] En el ms., _llovioso_.




CAPITULO LXXVI

DE LAS DEMS CIBDADES DE CHILE


De la cibdad de Santiago, de quien acabamos de decir,  la cibdad de la
Concepcion, ponen setenta leguas de las buenas; todo el camino es frtil
para ganados de toda suerte, para trigo y maz y dems legumbres, y
vias, en el cual camino encontramos con algunos rios malos de vadear, y
vienen crecidos al verano con mucha agua que se derrite de las nieves de
la cordillera, como son Maipo, Cachapoal, Maule, ble, el rio de Itata;
los cuales al ivierno llevan poca agua y los arroyos cuyos nacimientos
no es de las sierras nevadas, traen mucha agua. Esta cibdad de la
Concepcion es puerto de mar, con abundancia de pescado, y seguro, si no
es cuando reina Norte en el ivierno, y muchas veces en el verano, porque
ningun mes hay en todo este tiempo que no viente poco  mucho, y siempre
trae agua, la cual azota las paredes[55] de las casas, y es necesario,
por ser de adobes  tapias, aforrarlas con alguna cosa que del agua las
defienda. Su asiento es sobre una cinega junto  un arroyo pequeo.
Poblse aqu, porque la guerra no ha dado lugar  otra cosa, y los
vecinos tuviesen agua seguramente; en tiempo de paz, antes de la muerte
del gobernador don Pedro de Valdivia, fu muy abundante de naturales,
los cuales se han consumido con la guerra de ms de 54 aos  esta
parte, y con matarse los unos  los otros como fcilmente lo hacen, as
en las borracheras como con ponzoa, sin que se les castigue nada.
Repartimientos de seiscientos indios tributarios y ms no tienen hoy
veinte indios, y as al respecto. Es abundante de todas comidas el
suelo, y de oro, si hay quien labre la tierra y lo saque; junto al
pueblo estn las vias, y se hace vino, aunque no tan bueno como el de
Sanctiago, porque la uva no madura  ponerse dulce. Los edificios son
pobres respecto de la guerra continua, y bajos respecto de la vehemencia
de los vientos. El ivierno es aspersimo, con Nortes y lluvias; el
verano es templado. Agora cuarenta aos se retir la mar, y despues
sali con tanta furia y bramidos que casi aneg todo el pueblo, y luego
sucedieron terremotos muy frecuentes, que echaron la mayor parte del
pueblo por el suelo, y el ao pasado de 604 subcedi  las cinco de la
tarde otra inundacion de la mar, con tanta vehemencia y bramidos, que
aneg la mayor parte del pueblo, y en el convento de seor Sanct
Francisco, donde yo residia y vivo, derrib la cerca, que es de piedra,
por tres  cuatro partes, y se llevaba las piedras grandes, como si
fueran paja; aneg todo el convento, y cuando se retir dej algunas
lizas y otros peces en el claustro, y me compeli  m y  otros salir
por las paredes; y el fuerte, qu'es de tapias, arruin, llevndoselas y
dando con ellas ms de veinte pasos adelante. Si esta inundacion fuera
de noche pereciera mucha gente, y si algun temblor viniera se arruinara
todo el pueblo; fu Nuestro Seor servido que la inundacion fuese de dia
y no subcediese temblor alguno.

  [55] En el ms., _paderes_.




CAPITULO LXXVII

DE ALGUNOS OTROS PUEBLOS DESTE REINO


De la Concepcion, llegndonos  la cordillera Nevada, dista la cibdad de
San Bartolom de Gamboa doce leguas, cuatro de la cordillera; poblla el
gobernador Martin Ruiz de Gamboa en buen sitio, llano; la comarca de muy
buen suelo, frtil de todo gnero de comidas y vias, junto  un rio que
cria muy buenas truchas y otros peces de buen gusto. Aqu no alcanzan
tanto los temblores. Casi toda la madera de las casas es de aciprs muy
oloroso, que se cria en mucha cantidad en la cordillera, en la cual, en
valles que hay en ella, estaban poblados indios que llamamos Puelches,
bien dispuestos, belicosos, los cuales, as por nuestra parte,
defendindonos dellos, como por las guerras civiles que entre s han
traido, se han acabado casi todos.

_Ongol._--Dista deste pueblo la cibdad de Ongol, por otro nombre llamada
de los Infantes, poblada por don Garca de Mendoza, marqus de Caete,
siendo gobernador deste reino, de muy buena gente, es un llano cuyo
suelo tiene las propiedades de San Bartolom y de la Concepcion; hace
ventaja en las vias, porque el vino de aqu es muy bueno; tenia
abundancia de indios comarcanos y belicosos, los cuales despues de la
muerte del gobernador Martin Garca de Loyola se rebelaron y compelieron
 despoblar el pueblo, el cual despobl el gobernador don Francisco de
Quiones; si fu acertado  no, otros lo dirn.

Agora Alonso Garca Ramon lo pretende poblar y envia gente para ello,
porque conviene as para que los pocos indios rebelados se reduzcan al
servicio de Su Majestad. No se puebla donde estaba antes, aunque cerca
de all, sino ms llegado al rio llamado Biobio, por impedir el pasaje 
los indios de Puren y  otros.

De aqu  la cibdad Imperial ponen diez y ocho leguas, en medio de las
cuales est la quebrada Honda que llaman, donde cotidianamente se
hallaban indios de guerra emboscados para hacer suerte en los nuestros
que caminaban por all. Esta ciudad, antiguamente, cuando la pobl
Valdivia, era abundantsima de indios ms que otra alguna. Vecinos hubo
que tuvieron encomendados 25.000 indios y ms, como fueron el Adelantado
Jernimo de Alderete y el gobernador Villagrn, y otros 18.000, y 
quince mil indios, y dende abajo; todos estos indios eran dciles y
pacficos, y pretendiendo echar de la tierra  los espaoles se
concertaron de no sembrar un ao; las justicias no advirtieron en ello;
lleg el ao de la hambre, perescieron casi todos, y se comian los unos
 los otros sin perdonar padre  hijo ni hijo  padre, y se hall indio
cortarse un pedazo del muslo y asarlo para lo comer.

Desta suerte los repartimientos muy grandes no quedaron en mil indios, y
los menores casi en ninguno, los cuales despues de la muerte del
gobernador Loyola se rebelaron, cercaron la ciudad y la tuvieron en
mucho aprieto de hambre; los que persuadieron esta rebelion fueron los
indios ms regalados de los espaoles, y criados desde nios en sus
casas, ms ladinos que nosotros. Sali de la Concepcion el gobernador
don Francisco de Quiones, y la despobl, y as se est hoy, y los
indios con sus guerras civiles se han menoscabado y se van menoscabando,
de suerte que cuando se tornen  reedificar habr muy pocos naturales.
El suelo es abundante para todo gnero de comidas y ganados, y es rico
de oro, principalmente el rio que llaman de las Damas; aqu no llegan
las uvas  madurar de suerte que se pueda hacer vino dellas. Dista de la
mar aun no seis leguas, de donde se proveia de pescado; tiene cerca la
provincia de Puren, que siempre la ha fatigado con guerra. De aqu  la
Villa Rica, un poco ms metida  la cordillera, ponen 17 leguas, con dos
rios en medio, que no se dejan vadear; psanse en balsas  canoas; el
suelo es rico de oro; por eso la llamaron la Villa Rica. Muerto Loyola,
tambien se rebelaron los naturales y la pusieron en tanto aprieto de
hambre, que murieron casi todos los nuestros della, y no quedaron sino
doce  quince soldados, tan sin fuerzas y flacos para defenderse, que
fcilmente los indios entraron en la cibdad y mataron los pocos que
habian quedado. Robronla y quemronla, y as se est hoy destruda;
esta cibdad tuvo continuamente guerra con los indios de la cordillera,
que usan de yerba casi irremediable.




CAPITULO LXXVIII

DE LA CIBDAD DE VALDIVIA


Desde esta Villa Rica  Valdivia ponen otras quince  veinte leguas; fu
muy rica de oro que subia de la ley; parte dello se sacaba en sus
trminos, y parte  lo ms venia de la Villa Rica  fundirse all y
marcar. Pobl el gobernador Valdivia esta cibdad  la ribera de un rio
navegable y seguro,  donde los navios llegaban  surgir tan cerca de la
barranca del rio  donde se fund el pueblo, que las gavias llegaban 
las ventanas, y para embarcar y desembarcar no era necesario batel, sino
echar una tabla ancha y entrar y salir por ella. Hubo hombre que 
caballo entr y sali de un navio. Es abundante de mucho monte de buena
madera para edificios, que era el trato desta ciudad, donde habia muchos
ingenios para sacar y aserrar la madera.

El suelo, para maz abundante; el trigo se sembraba diez y doce leguas
de la ciudad en unos llanos que llaman de Valdivia, donde acudia con
abundancia; traase al pueblo parte por tierra hasta el rio, de donde en
canoas se proveia la cibdad. Agora 35 aos, poco ms  menos, subcedi
un temblor tan vehemente que asol cinco cibdades deste reino: La
Concepcion, Imperial, Villa Rica, Osorno, y esta Valdivia; y  un navio
qu'estaba surto en este rio lo sac y ech en tierra buen trecho de
donde estaba, que nunca ms se aprovecharon del y all qued como el
arca de No en los montes de Armenia. Este rio procede de una laguna
grande de la cordillera Nevada; desemboca por entre dos cerros; con el
terremoto se juntaron los cerros y el rio qued en seco por algunos
aos, hasta que creciendo la laguna emparej y rompi por medio de los
dos cerros, que se juntaron con tanta vehemencia y tanta agua, que rob
mucha parte de los llanos arriba dichos, y se llev mucha cantidad de
naturales y la cibdad corri algun riesgo, y desde entonces corre el rio
por su madre como antes. Permaneci esta cibdad en mucha abundancia, as
de oro como de comidas, hasta que agora cinco aos, vspera de Sancta
Catalina, por los pecados de los que en ella vivian. Nuestro Seor la
castig, enviando sobre ella muchos indios, as de los subjetos como de
los de La Imperial, despues de la muerte del gobernador Loyola, y de
noche los indios dieron en la cibdad y la entraron, saquearon y mataron
todos los que en ella habia varones, y se llevaron ms de trescientas
mujeres mayores y menores, nios y nias; robaron las tiendas v las
iglesias y en las imgenes hicieron grandes crueldades, siendo todos
baptizados y casados y ladinos, y los ms ladinos mayores crueldades
hacian en los nuestros, y ms oprobios en las imgines, y hasta hoy no
se han rescatado ni podido rescatar las mujeres, nios ni nias, porque
 los varones todos los han muerto; mas como Nuestro Seor castig
aquella cibdad, tambien castiga  los naturales porque se volvieron 
las antiguas bestialidades de sus padres, matndose los unos  los
otros, como lo hacen, as en borracheras como con ponzoa. Ser muy
dificultosa reedificarse aquesta cibdad por la falta de los naturales y
aspereza de la tierra, y para nosotros ser infrutfera.




CAPITULO LXXIX

DE LA CIBDAD DE OSORNO


De Valdivia  Osorno, que la pobl don Garca de Mendoza, marqus de
Caete, de mucha y muy buena gente, ha veintids leguas de camino;
cuando se pobl era abundante la comarca de naturales que fcilmente, al
parecer, recibieron la fe y comenzaron  rescebir la pulica humana,
vistindose como nosotros y acudiendo  las iglesias en sus pueblos con
algun cuidado. El suelo era muy abundante para comidas y ganados. Muerto
Loyola, tambien estos indios, aunque se habian disminuido mucho, que no
llegaban  8.000, se rebelaron, cercaron la ciudad y la entraron y
quemaron las iglesias, y en las imgines hacian lo mismo que los de
Valdivia; pusieron  la cibdad en mucho aprieto de hambre, y cuando la
entraron y saquearon se llevaron una monja profesa de Sanct Francisco, y
se la tuvieron all algunos aos, hasta que el capitan...[56] la sac y
la restituy  su Orden. Estos indios, en un recuentro mataron al
coronel Francisco del Campo, yendo por comidas para la cibdad de Osorno
con otros espaoles, como diremos; finalmente, en tanto estrecho
pusieron  Osorno, que compelieron  todos los cercados, con el mejor
rden que les fu posible, dejar el pueblo y despoblarlo y irse  la
cibdad de Castro, que por otro nombre llaman Chilu, de quien luego
diremos, treinta y cinco leguas, poco ms  menos, de Osorno; donde en
el camino padecieron mucho trabajo de hambre, cinegas, rios, y las
pobres mujeres padescian ms, porque algunas caminaban  pie. Los
naturales de Osorno luego consumieron todo cuanto ganado ellos tenian, y
lo que guardaban de sus amos, porque habia ms de 400.000 ovejas de
Castilla, ms de 50.000 vacas, ms de 40.000 yeguas y mucha cantidad de
ganado porcuno, y en tan breve tiempo lo consumieron todo, que el dia de
hoy, que no ha cinco aos que se despobl Osorno, no se halla en el
distrito una cabeza de ningun ganado. Consumironlo, porque si los
espaoles volviesen  reedificar  Osorno no hallasen que comer.
Hicieron otra cosa en gran dao suyo; que no sembraron, y faltndoles
las carnes faltles las comidas, y sobre la hambre dieron en comerse
unos  otros, y as se han consumido y acabado, que no hay hoy 2.000
indios; tomaban un cuarto de indio, echbanlo en el camino y
emboscbanse; pasaban otros indios de ellos mismos, arrebataban la
carne, salian los emboscados y matbanlos y cominselos. En estas
bestialidades y otras han caido por sus pecados, ya polticos ladinos,
vestidos como nosotros, los ms dellos ricos de todo gnero de ganados;
ninguno sabia cultivar la tierra sino con bueyes que proprios tenian.

  [56] En blanco en el ms.




CAPITULO LXXX

DE LA CIBDAD DE CASTRO


En cuarenta y dos grados de altura hay cantidad de islas, unas mayores,
otras menores; unas ms pobladas que otras, de  legua, de  dos leguas,
entre las cuales hay una, la mayor, llamada Chilu, de tres leguas de
largo y de siete  ocho de circuito; fu muy poblada de naturales, donde
los espaoles poblaron una cibdad llamada Castro,  donde se recogieron
los que vivian en Osorno. Esta isla, con las dems, no tienen suelo para
trigo; dase poco y mal, por ser la costelacion muy lluviosa; para cebada
es mejor y para papas, que son como turmas de tierra de Castilla, sino
que se siembran  mano y crecen mucho, de  dos y tres libras, de
razonable mantenimiento. Los ganados nuestros multiplican, no con tanta
abundancia como en la tierra firme; es abudante de mucha madera, y dende
esta isla al estrecho de Magallanes, que son doce grados, la tierra es
muy spera, la costa muy brava y sin puertos, poco poblada, aunque los
que en ella viven son como gigantes. La isla es pobre de oro; plata, ni
por imaginacion en ella se halla. Los aos pasados, un pirata ingls, el
tercero que desemboc por el Estrecho, lleg all, saqueo el pueblo y
mat al cura, un clrigo muy honrado y buen cristiano; predicando lo
mand arcabucear; sabido por el coronel Francisco del Campo, antes que
le matasen como habemos dicho, sali de Osorno con cuarenta soldados,
pocos ms, y entr en Castro; vino  las manos con el pirata, matle
diez y ocho  veinte luteranos; el pirata se escap por la codicia de
los soldados nuestros, que se ocuparon en robar lo que los luteranos
enemigos habian robado. Algunos naturales de la tierra firme inquietan 
los nuestros, por lo cual se ha puesto un presidio de soldados en un
puerto veinte leguas de Castro, llamado Calermapo, con que se refrenan
estos indios.

Y esto cuanto  los pueblos espaoles deste reino de Chile.




CAPITULO LXXXI

DE LOS OBISPOS DESTE REINO


El primero, aunque no se consagr, fu don Rodrigo Gonzlez, clrigo que
se hall en la conquista deste reino con don Pedro de Valdivia, y fu su
confesor; varon afable y predicador; muri de gota rescebidos los
Sanctsimos Sacramentos;  quien subcedi el obispo Barrionuevo, de la
Orden de San Francisco, varon religioso, de muchas y buenas partes;
tambien muri en buena vejez;  quien subcedieron dos obispos, porque se
dividi este reino en dos obispados; en el de Sanctiago, que llega hasta
los Cauquenes, seis  siete leguas adelante del rio de Maule.

En el de Sanctiago subcedi Fr. Diego de Medellin, deudo nuestro, varon
gran religioso de la Orden de Sanct Francisco, que fu provincial en el
Per de su sagrada religion, de gran ejemplo y cristiandad, as en
Espaa como ac; acab de hacer la iglesia mayor de Santiago y el coro,
y feneci en buena vejez, casi sin calentura, hombre ya de noventa aos.

El otro obispado se llam de La Imperial, desde los trminos de los
Cauquenes hasta Chilu; fu proveido en l por primer obispo Fr. Antonio
de Sant Miguel, de la misma Orden, varon de muchas y loables virtudes;
gobern con mucho ejemplo y cristiandad y fu casi como profeta del
castigo que Nuestro Seor, por nuestros pecados, lleva adelante en estos
reinos, predicando los espaoles que en ellos viven y vivian se
volviesen  Dios y hiciesen penitencia y enmendasen sus vidas, porque le
adivinaba su corazon habia de caer la mano pesada de Dios sobre las
cibdades que agora estn despobladas, como ha caido; fu promovido al
obispado de Quito, en cuyos trminos, veinte y cinco leguas antes de
allegar  su silla, muri loabilsimamente en un pueblo llamado
Riopampa.

Subcedile en el obispado de La Imperial don Agustin de Cisneros,
arcidiano, varon docto en cnones y muy principal, de buenas y loables
costumbres; gobern cinco  seis aos con muy buen ejemplo de vida y
acable una enfermedad de gota;  quien suced yo, sin merecerlo[57], en
este tiempo tan trabajoso, donde era necesario un varon de grandes
partes y virtudes para ayudar  llevar los trabajos de los pobres y
socorrerlos en sus necesidades; empero falta lo principal, que es la
virtud, y el pusible, por ser el obispado pauprrimo, que apenas me
puedo sustentar, y no tengo casa donde vivir, que si en Sanct Francisco
no me diesen dos celdas donde vivir, en todo el pueblo no habia cmodo
para ello; con todo esto, tengo ms de lo que merezco, porque si lo
merecido se me hubiera de dar, eran muchos azotes.

  [57] Al margen: Fr. Reginaldo.




CAPITULO LXXXII

DE LOS PERLADOS Y RELIGIOSOS DE LAS ORDENES


La primera religion que pas  este reino creo fu de Nuestra Seora de
las Mercedes; no s qu calidades tuviesen los religiosos, porque dellos
hay poca memoria. Despues vinieron religiosos de la Orden de Sanct
Francisco, y entre ella el padre Fr. Cristbal de Rabaneda, predicador,
que fu provincial, con otros de buen ejemplo que comenzaron  poblar en
los pueblos de los espaoles y  doctrinar  los naturales desde
Coquimbo hasta Chilu. El padre Fray Francisco de Montalvo fu varon
muy religioso, buen predicador y provincial,  quien subcedi el padre
Fr. Domingo de Villegas, religioso de buen gobierno y esencial; despues
del cual subcedi el padre Fray Joan de Tobar,  quien los indios
mataron con dos compaeros cuando al gobernador Loyola; agora esta
provincia est subjeta  la de Lima; gobirnala con ttulo de Vicario
provincial el padre Fr. Joan de Lizrraga, loablemente, muy buen
pedricador y deudo nuestro. Nuestra religion vino la postrera, y el
primero que de nuestros religiosos entr en este reino con don Garca de
Mendoza fu el padre Fr. Gil Gonzlez Dvila, varon docto, gran
pedricador, muy esencial, de muy buen ejemplo, con un compaero llamado
Fr. Luis de Chaves, el cual, aunque no era docto, sus buenas costumbres
suplian la falta en esto; despues le sucedi el padre Fr. Lope de la
Fuente, muy buen religioso y gran lengua en la del Per, y llegado ac
en breve tiempo deprendi la de los naturales y les predic con mucho
ejemplo de vida, as en el distrito de Sanctiago como en esta
Concepcion, en Arauco y Tucapel y en las dems ciudades; vino este
religioso padre por Vicario provincial,  quien en el mismo cargo
sucedi el padre Fr. Jernimo de Valenzuela, buen predicador, y cumplido
su trmino se volvi al Per;  quien sucedi y vino por Visitador el
padre Presentado Fr. Diego de Niebla, religioso muy docto; despues de lo
cual el Rmo. General de nuestra Orden, desde Lisbona, sin yo imaginarlo
ni pedirlo, dividi esta provincia de la del Per, y me nombr
Provincial della, sin merecerlo; hice lo que se me mand y vine por
tierra desde la ciudad de Los Reyes, donde era prior de nuestro
convento, por tierra, que como dicho tengo arriba, son ms de
ochocientas leguas, las ms de las trescientas despobladas y de diversos
temples; llegado  Sanctiago, hice lo que pude, y no lo que debia,
porque soy hombre y no puedo prometer sino faltas; acabado mi
provincialato me subcedi el padre Fr. Francisco de Ribero, buen
predicador,  quien sucedi[58] el que agora gobierna, Fray Acacio de
Naveda, hijo deste reino, que hace bien su oficio y ha poblado en la
provincia de Tucumn y del Rio de la Plata cuatro  cinco conventos, de
pocos frailes porque la pobreza de la tierra no sufre ms.

  [58] En el ms., _susedi_.




CAPITULO LXXXIII

DE LOS GOBERNADORES DE CHILE


El primero de los gobernadores de Chile y el que lo conquist fu don
Pedro de Valdivia, hombre hidalgo de guerra y nimo, de gran
conocimiento, y en particular para elegir y poblar cibdades; su fin y
muerte no lo trato, porque otros ya lo han hecho. El segundo fu don
Garca de Mendoza, agora marqus de Caete, hijo del valeroso y gran
limosnero don Andrs Hurtado de Mendoza, que dom la soberbia araucana
cuando la tierra herva con indios, soberbios por la muerto de Valdivia
y victoria que contra l y otros capitanes nuestros alcanzaron por justo
castigo de Dios, con los cuales entrando ms de veinticinco veces en
batalla, siempre los venci, subjet y dej la tierra tan llana como la
del Per, gastando en menos de cuatro aos que fu gobernador de aquella
tierra mucha hacienda que su padre desde el Per le enviaba, no de Su
Majestad, sino suya propia, con los soldados que traia en su ejrcito,
Pobl la cibdad de Osorno, y pobl la provincia de Cuyo, como habemos
dicho, y hechas otras cosas como de su sangre se esperaba; sali de
Chile pobre y necesitado, dando en aquel reino bonsimo ejemplo y olor
de su persona, porque ni en cohecho ni deshonestidad, ni en otro vicio
que los cargos traen consigo, se le conoci falta notable.

En los trabajos, el primero; en los recuentros y batallas, no el
postrero; en proveer contra los pensamientos de los enemigos de Arauco,
providentsimo, como si los tuviera delante de los ojos; porque si
enviaba algun capitan  correr la tierra, luego[59] proveia otro con
gente bastante para que ocupase los malos pasos por donde el primero
capitan habia de volver, para que los enemigos all no le hiciesen dao,
con lo cual felicsimamente acab aquella guerra y allan, que en
cuarenta y cuatro aos que sali della y los indios se tornaron 
rebelar, no se ha podido reducir al estado en que la dej.

  [59] En el ms., _luego, luego_.

Sucedile, proveido por Su Majestad, Francisco de Villagrn,
desgraciadsimo capitan, y para gobernar no s si de tanto talento, en
cuyo tiempo la tierra se torn  rebellar, desbaratndole no pocas
veces, y principalmente en la cuesta que llaman de Villagrn, y tambien
en diferentes ocasiones  sus capitanes, y as se ha quedado;  quien
sucedi el doctor Sarabia, Presidente de una Audiencia Real que se fund
en La Concepcion, con ttulo de capitan general, la cual no permaneci
veinte aos; hall la tierra tal que con su mucha prudencia no la pudo
remediar, antes succedieron algunas desgracias y victorias de los
indios, no por culpa suya, sino de confiados capitanes y mal proveidos.

A quien succedi, deshecha la Audiencia, Rodrigo de Quiroga, caballero
de hbito y de bonsimas partes y que tuvo  los araucanos muy apretados
y casi para ponerlos en la subjection antigua, sino sucediera la entrada
por el estrecho de Magallanes del capitan Francisco, azote deste reino,
 quien por seguir deshizo el ejrcito, y despues ac no se ha puesto la
tierra y fin de la guerra en aquel estado.

Dende  poco succedi su muerte, y en su lugar Martin Ruiz de Gamboa, 
la sazon mariscal, casado con hija del gobernador Rodrigo de Quiroga;
gran soldado, gran capitan, gran trabajador en la guerra, amigo de los
soldados, liberalsimo con ellos, de mucho brio y de gran consejo para
las cosas de la guerra de Chile, y muy caballero de la buena  mejor
casa de Vizcaya; mas hallndose pobre y no con tanta gente como era
necesaria, y la tierra muy necesitada, no pudo hacer mucho en dos aos 
poco ms que tuvo el gobierno de aquel reino; pobl, como dijimos,  San
Bartolom de Chilln, con que refren la soberbia de los indios
comarcanos, y asegur el paso para La Concepcion y Ongol; en cuyo tiempo
del gobernador Rodrigo de Quiroga,  poco antes, fu proveido por
teniente general por Su Majestad para las cosas de justicia el
licenciado Lopez de Azoca, hombre hidalgo, cuya ejecutoria he visto,
bonsimo juez, porque en once aos que fu teniente general, ni cohecho,
ni barateria, ni cosa deshonesta se le conoci; amigo de hacer justicia,
y la hacia con toda rectitud. El cual, residiendo en esta  aquella
cibdad podian los vecinos dormir  sueo suelto, las puertas de sus
casas abiertas, sin que nadie les inquietase; tas los indios de Osorno,
lo cual ningun gobernador habia hecho; fu con su residencia  Espaa,
donde en breve tiempo fu vista por el Consejo Real de Indias, y dado
por buen juez.




CAPITULO LXXXIV

DEL GOBERNADOR DON ALONSO DE SOTOMAYOR


Al mariscal Martin Ruiz de Gamboa succedi don Alonso de Sotomayor,
caballero de hbito, el cual desembarcando en Buenos Aires con su gente,
algunos se le quedaron en aquel pueblo, pero con pocos menos de
cuatrocientos hombres, habiendo padescido grandes trabajos en los
despoblados hasta llegar  la cibdad de Crdoba, de la provincia de
Tucumn, lleg  ella; de all  la de Mendoza, en su gobernacion, de
donde pasando la cordillera en buen tiempo lleg  la ciudad de
Sanctiago (donde yo me halle  la sazon), con cuatrocientos soldados
(como habemos dicho), pocos menos, destrozados del camino, todos
desnudos y descalzos,  los cuales los vecinos con mucha liberalidad
hospedaron en sus casas, vistieron y regalaron con su pobreza y ayudaron
con caballos; el cual, con venir con buenas intenciones de proseguir
luego la guerra,  persuasion del general Lorenzo Bernal de Mercado,
valentsimo capitan, que  la sazon se hall en Santiago, de gran
conocimiento en la guerra de los indios, muy temido dellos, de los
cuales ha alcanzado famosas victorias con muy pocos soldados, los indios
muchos y aun algunas veces solo, y ha hecho cosas dignas de memoria; le
di 120 hombres para que fuese  descubrir unas minas de plata en la
cordillera,  las espaldas de Ongol, no faltando quien al gobernador se
lo contradijese,  yo fu uno dellos, que entonces era  mi cargo
aquella provincia; con todo eso la despach. Parti con ellos de la
ciudad de Sanctiago  la ribera del rio Biobio arriba; lleg  la
cordillera, hall famosas minas de guijarros, pedernales, peascos y
breas; llevaba picos, almadanas, fuelles y lo dems necesario para la
fundicin, y un hombre de Potos gran fundidor y conocedor de metales,
por nombre Pedro Sandi; pero como aquellas minas no llevaban plata,
ninguna hall. Pas la cordillera, que por ser por Enero y Febrero no
tenia nieve, ni por all es muy spera de pasar; de la otra parte hall
algunos indios Poelches  de aquellos llanos algarroberos; tom cuatro 
cinco  las manos, uno de los cuales,  todos, por verse libres dl, le
dijeron que ciertas jornadas de all, no pocas, hacia la mar del Norte,
habia otros espaoles como nosotros, vestidos  nuestro modo, pero con
pieles de venados y con barbas; que si le daba gusto, uno dellos iria y
volveria y daria noticia  los otros espaoles, de nosotros; como en
Chile se tiene aquesta noticia, segun habemos referido, dile una mano
de papel y escribiles la noticia que aquel indio dellos habia dado, y
que sin duda entendia ser espaoles como nosotros, y por parecerle no
tenian comercio con gente cristiana, lo que en Espaa habia les hacia
saber: que en la Sede Apostlica residia Gregorio XIII, y que teniamos
tantos de Aureo nmero; la letra dominical era tal; en Espaa reinaba
Filipo II, hijo de Carlos Quinto; en el Per era Visorrey don Martin
Enriquez; en Chile gobernaba don Alonso de Sotomayor, y para que le
respondiesen les enviaba aquella mano de papel, diciendo quines eran,
donde vivian y prometindoles todo favor, saliendo al reino de Chile
para drselo, y la respuesta diesen aquel indio, el cual se habia
preferido traerla  Ongol para el mes de Marzo; dise todo este recaudo
al indio, mas hizo la ida del cuervo; no queria ms que verse libre de
las manos de los nuestros. Lo que yo tengo por ms cierto es que los
indios son enemigos nuestros capitales, y por una via  por otra querian
dividirnos para echarnos de sus tierras y matarnos, como dijimos haber
hecho los Chiriguanas con el capitan Andrs Manso, y por eso inventan
semejantes fictiones y mentiras; y que no haya memoria de espaoles en
el Estrecho, ni los que all se perdieron, aunque saliesen  tierra, no
sean vivos, es argumento eficaz lo que en Crdoba de Tucumn me dijo un
vecino de aquella cibdad, por nombre Montemayor, el cual en la armada en
que vino por general Alvaro Flores de Valds, y por poblador del
Estrecho, Pedro Sarmiento, con gente, y labrada madera para las casas 
iglesias, y en ella tambien vino don Alonso de Sotomayor, gobernador de
Chile, venia por escribano del armada, el cual[60] despues que el
general Alvaro de Valds, destrozado de la mar, sin poder embocar por el
Estrecho, volvi  Buenos Aires y all ech en tierra  don Alonso de
Sotomayor con casi 400 hombres, para Chile. El capitan Pedro Sarmiento
qued con dos navios para proseguir su viaje en ellos, y este
Montemayor; prosiguiendo, pues, su viaje, para hacer lo que habia
prometido  Su Majestad, de poblar en el Estrecho y hacer[61] fuerzas
donde pusiese artilleria para que los enemigos ingleses no pasasen sin
echarlos  fondo, qu'es imposible, porque lo ms angosto del Estrecho es
de tres leguas, embarcaron con viento muy prspero, pero  la mitad del
Estrecho les di un Sur tan desatinado que les compeli cazar  popa y
volver  arribar, pero no arrib mas que la nao donde iba el capitan
Sarmiento: la otra era mejor velera, iba delante, y en una ensenada se
meti y guareci del Sur; la capitana, digamos, arrib hasta tornar 
desembocar en la mar del Norte por donde habia entrado, y lleg al
puerto donde habia salido  la boca del Estrecho.

  [60] En el ms., _lo cuales_.
  [61] En el ms., _hacer y hacer_.

Aqu aguard algunos dias  la otra nao, y no viniendo, determinse con
25  30 soldados arcabuceros ir en busca della, entre los cuales iba
Montemayor; tomaron la costa en la mano, y  una  dos jornadas salieron
 ellos trece indios vestidos de blanco, manta y camiseta, con sus arcos
y flechas; el cabello largo, criznejado, y en las criznejas flechas
largas, y los arcos grandes; ellos poco menos que gigantes, tanto y
medio de ms cuerpo que nosotros, uno de los cuales tom una flecha y
metisela por la boca casi la mitad; sacla y  vueltas unos cuajarones
de sangre, que entre ellos debe ser valenta; el capitan Sarmiento,
enfadado y asqueroso de aquello, hizo un ademan que los indios
entendieron era de menosprecio; dejlos; pas adelante en busca de su
navio la costa adelante, unas veces por la playa, otras metindose la
tierra adentro media legua y una, y por camino de la gente que all
vive, donde hallaban huella de pies grandes como de aquellos indios, y
de otros como los deste reino. Los indios quedronse un poco atrs como
bufando; alguno de los soldados dijronle: seor capitan, aquellos
indios parece se quedan para hacer alguna traicion; mande vuestra merced
que se enciendan las mechas de todos los arcabuces, _y_ si dieren en
nosotros no nos hallen desapercebidos; solo un soldado en la vanguardia
llevaba una encendida, y el cabo de escuadra, en la retaguardia el
ltimo. El capitan, con palabras speras los reprehendi, llamndolos de
gallinas, y que de qu temian? mas no pasaron mucho adelante cuando los
medios gigantes con gran alarido dan en los nuestros disparando sus
flechas  montones; el cabo d'escuadra de la retaguardia volvi el
arcabuz, puso fuego, no prendi, y dnle un flechazo de que muri dentro
de pocas horas. El que iba en la avanguardia vuelve al ruido, y quiso
Dios que disparara y al medio gigante que venia delantero dale un
pelotazo y tindelo; los dems, como lo vieron en el suelo, con grandes
alaridos mtense en la montaa y nunca ms los vieron. Preguntle: en
ese viaje qu hiciste hasta hallar el navio, vistes  hallastes algun
rastro de cristianos? djome: Padre, lo que pasa es que pasando adelante
de la playa, hallamos una media ancla y una sonda y pedazos de tablas y
un medio mstil, y ms arriba, poco apartadas de la playa, como media
legua, en el camino encontramos una pea grande, en la cual estaba
cavada una cruz y tres renglones y medio de letras cavadas en la misma
pea; escarbamos con las puntas de las dagas para ver si podiamos
leerlas; solamente podimos conocer una M y una O y una D, por ms que
trabajamos. Preguntle: Vistes ms? respondime: S; ms adelante,
antes de llegar al navio, seria como al tercio de lo estrecho, el navio
estaba  la mitad, un poco apartado del camino, descubrimos un cerro
redondo, no muy alto, y en medio de la plaza de la coronilla vimos como
un rbol de navio, hincado, y el cerro cercado de una pared; fuimos
all, y llegando, la cerca era de la estatura de un hombre, poco ms, de
piedras de mampuesto sin barro, y el rbol era de navio, como de mezana,
hincado en medio de la placeta del cerro que la figuraba, tan grande
como una cuadra, y  la redonda de todo el cerro estaban unos colgadizos
de la pared que dijimos le cercaba, y dentro dellos y de aquellas
casillas muchos huesos mondos y calaveras que parecian de espaoles, de
donde colegimos que algunos cristianos se recogieron all y los indias
los tuvieron cercados, y murieron todos,  de hambre,  de sed,  de lo
uno y lo otro; y otra cosa no hallaron, ni ms rastro de cristianos,
hasta que volvieron al navio, en el cual entrando se volvieron al puerto
donde estaba la Capitana, y de all, no dndoles el tiempo lugar, al
Brasil, donde algunos soldados se quedaron, no pudiendo sufrir la
condicion del capitan Pedro Sarmiento, y entre ellos este soldado
Montemayor, y de all se vino  Buenos Aires, y dende  Crdoba, donde
vive casado y honrado. Lo ms cierto es que la noticia que dan los
indios son de los espaoles que viven en el Rio de la Plata; de donde se
colige claramente que desde Buenos Aires  la boca del Estrecho no hay
tierra poblada, sino muy poca, y esa barbarsima, aunque de la otra
parte del Estrecho, antes de embocar, se han visto muchos humos, qu'es
seal haber poblacion; y el mismo Montemayor, que me refiri y certific
lo arriba dicho, tambien me referia que un indio qu'el capitan Pedro
Sarmiento habia tomado cuando desemboc por este Estrecho y lo llev 
Espaa con otros dos  tres, y volvi consigo, decia al mismo Sotomayor
que en aquella tierra donde vian los humos naci, y era muy poblada, y
habia all un seor muy rico y de mucha gente que no comia carne humana
como aquellos indios grandazos del Estrecho.

Volvi despues el General Lorenzo Bernal antes que las nieves le
cerraran el paso, porque si se detuviera quince dias ms no volviera
tan presto, y el camino, que cuando entr estaba bueno,  la vuelta le
hall peinado, sin ser posible pasar sino era despendose en el rio
Biobio, y arriba en el cerro estaban los indios con unas galgas las ms
peregrinas v extraas que se han inventado; eran unas vigas largas, en
cuyas cabezas y medio tenian atadas livianamente muchas piedras grandes;
dbanlas con los pies, venia la viga rodando y despidiendo piedras 
montones; fu Dios servido quel capitan Joan Ruiz de Leon, valiente
capitan, que llevaba la vanguardia, llegando aquel paraje unos peascos
donde con su gente _estaba_ haciendo alto, se tendi por el suelo y las
galgas pasaban por cima dando en el rio, de lo cual avis al General
Lorenzo Bernal, por quien visto, despach algunos soldados arcabuceros
que por una cuchilla arriba subiendo echasen de all  los enemigos;
hicironlo, y aderezando el camino los nuestros con las picas y azadones
que llevaban para las minas, y para esto fueron provechosos, pasaron
todos; algunos caballos volaron al rio; la gente y el capitan general
Lorenzo Bernal aport  Ongol, el cual desde entonces comenz  perder
su crdito con el Gobernador, y no hizo caso alguno dl ni l le
encomend la menor cosa del mundo, y vindose as se recogi  Ongol,
donde era vecino, y all acab sus dias pobremente; hasta este no buen
subceso se puede comparar con los buenos y venturosos capitanes de todas
las Indias, y esto no es de admirar, porque todas las cosas debajo de la
luna tienen su crecimiento y mengua, si no son los amigos de Dios que de
virtud en virtud crecen.

Despues de salida la gente que fu con Lorenzo Bernal, don Alonso
Sotomayor se ocup en la guerra todo el tiempo que se puede hacer, qu'es
el verano, permaneciendo en su gobernacion; lo que en particular le
succedi no es de mi intento escrebirlo; los que  su cargo lo han
tomado lo escribirn. Slo dir que tuvo muchas y muy buenas ocasiones,
pero no por eso habemos de culpar  los que dellas no se saben
aprovechar, porque les parece lo hecho en aquella coyuntura es bastante
para lo que se pretende, y tienen sus razones que les convencen para no
pasar adelante.

Gobernando el mismo don Alonso de Sotomayor se descubrieron en el paraje
del puerto de Sanctiago de Chile, en 32  33 grados, dos  tres islas
grandes despobladas, los puertos llenos de pescado, de mucha arboleda y
gran cantidad de aves que se dejaban tomar con las manos: trtolas,
palomas torcazas y otros, de donde se  traido mucho pescado y bueno;
los puertos no son muy seguros de las travesias; distan de tierra poco
ms de cient leguas.




CAPITULO LXXXV

DEL GOBERNADOR MARTIN GARCIA DE LOYOLA


Al cabo de siete aos del gobierno de don Alfonso de Sotomayor le
succedi Martin Garca de Loyola, caballero de hbito, el cual llegando
 este reino y tomando el pulso  las cosas, comenz  gobernar con
mucha cristiandad; entr en la tierra de guerra, y llevando las cosas
con mucha mansedumbre tuvo este reino un punto que la guerra se acabase,
porque si castigara  170 indios, capitanes belicosos  quien tuvo
convencidos, habindole venido de paz y ayudndole como amigos y
vasallos del rey Felipo, que le querian matar sobre siguro con todos sus
espaoles que con l estaban, ms de 400, la tierra quedara castigada y,
menos estos valentones y capitanes, los dems naturales subjetos,
escarmentados y pacficos. Us de ms clemencia que convenia  gente
traidora, y despues le mataron viniendo de La Imperial  Ongol, que son
diez y ocho leguas, casi en medio del camino, con otros cuarenta
hombres, los mejores de todo este reino, capitanes espertos y de muchas
partes, y con l mataron tambien los indios dos religiosos de Sant
Francisco, el uno provincial, como habemos dicho. Ofrecisele tambien
otra vez ocasion para castigarlos, porque tratando con estos mismos
capitanes valentones indios que nos quietsemos todos y dejasen las
armas y viviesen en paz, recibiesen sacerdotes que les enseasen la ley
de Dios, y no le fuesen traidores ni mentirosos, ni ayudasen con gente 
los que no se habian querido reducir al servicio del Rey Filipo, cuyos
vasallos eran, como ellos parecia estar reducidos. Uno de aquellos
capitanes, ms principal, le dijo: Seor, desengate que todos cuantos
capitanes aqu estn conmigo ayudamos  los rebelados con la gente que
podemos de nuestra parte, y yo he sido parte de los que  m me acuden
para darles ms de sesenta indios de guerra. Y si entonces tambien como
 enemigos y traidores los castigara ejemplarmente, no le succediera su
desgraciada muerte, con la cual dentro de pocos meses toda la tierra se
rebel y mataron los indios, en diferentes ocasiones, ms de trescientos
soldados de los bravatos y viejos; luego se rebelaron los indios
subjetos  La Imperial y la tuvieron en gran estrecho de hambre, y
traian alguna harina de maz y trigo  los nuestros,  rescatar por
capas de pao, sayos y camisas, y entre ella revueltos polvos
ponzoosos; fu Nuestro Seor servido que de los nuestros, por esta
ocasion, ninguno muriese, basta que don Francisco de Quiones,
gobernador, fu  socorrerlos y despobl, como dijimos, aquella cibdad.
Rebelada la gente de La Imperial, y muertos algunos indios principales
por decirles cuan mal lo habian hecho con rebelarse, cmo fu don
Felipe, cacique principal de un pueblo llamado Tolten, y  otros,
determinaron de ir sobre la cibdad de Valdivia, lo cual hicieron, y
hallando descuido en la cibdad, una noche, vspera de Sancta Catalina,
el ao de 599, entraron y mataron muchos espaoles, quemaron los
templos, hicieron pedazos las imgines y robaron las sacristias y toda
la cibdad, matando algunos clrigos y religiosos y llevndose captivas
ms de trescientas y tantas mujeres con nios y nias; mataron 
algunas, porque no querian conceder con su voluntad; fu lo que se
perdi de hacienda ms de 350.000 pesos, y si de aqu los indios fueran
 la cibdad de Osorno, la hallaran descuidada y se la llevaran como la
de Valdivia; empero no pas mucho tiempo que los naturales de Osorno,
todos baptizados y ricos de muchos ganados de los nuestros, y vestidos
casi como nosotros y casados, tambien se rebelaron y vinieron sobre la
cibdad y la quemaron y saquearon y se llevaron, entre otras personas,
una monja profesa de Sancta Clara, que despues se rescat; y si con
tiempo los espaoles no se recogieran y hicieran fuertes en una cuadra,
le succediera lo que  los de Valdivia. Sabido en el Per por don Luis
de Velasco, Visorrey que  la sazon era, la muerte del Gobernador Martin
Garca de Loyola, despach con doscientos hombres al coronel Francisco
del Campo, que lo habia sido de don Alonso de Sotomayor, el cual,
llegando desde el pueblo del Callao en veintinueve dias al de Valdivia,
hall la cibdad arruinada y despoblada; pas  Osorno y reprimi algun
tanto la soberbia de los rebelados, de donde sali  socorrer  la
cibdad de Castro, en la isla de Chilu, donde mat algunos luteranos y
al pirata hizo retirar de su navio; empero volviendo  Osorno, en el
camino le mataron los indios rebelados, trayendo por capitan  un
mestizo que se habia ido  ellos, aunque el mestizo muri en aquella
refriega; despues, vindose los espaoles en grande estrecho de hambre y
pocas fuerzas para resistir  los enemigos, despoblaron y dejaron el
fuerte donde estaban, dellos  pie y dellos  caballo, y muchas mujeres
 talon, se recogieron  la isla de Chilu, cuarenta leguas de camino,
la mitad por tierra y la otra mitad por unas bahas de mar, y llegaron
bien trabajados  la cibdad de Castro, en la isla fundada, como
dijimos.




CAPITULO LXXXVI

DEL GOBERNADOR DON FRANCISCO DE QUIONES


Visto por el Visorrey don Luis de Velasco los subcesos deste reino de
Chile tan lastimosos, provey, mientras Su Majestad proveia,  don
Francisco de Quiones por gobernador destos reinos, el cual, saliendo de
Lima con casi 150 hombres, lleg al puerto de la Concepcion, que la
hall bien trabajada; comenz  usar de rigor, ques lo que quieren estos
naturales, y  castigarlos ejemplarmente, con lo cual se hizo temer y
temblaban dl todos los indios rebelados  donde llegaba la fama de sus
castigos; sali desta cibdad con cuatrocientos hombres para la de La
Imperial  socorrerla, y en el camino tuvo dos recuentros con los
rebelados, en los cuales les mat ms de cuatrocientos indios, y con los
castigos que en los presos hizo era muy temido; despobl La Imperial
contra el parecer de muchos; sac toda la gente y lo ms que pudo della,
y volvise  La Concepcion. Por su rden tambien se despobl la cibdad
de Ongol que dijimos llamarse de Los Infantes, con lo cual los naturales
de aquel distrito, que tambien se habian rebelado, quedaron ms
soberbios y ms seores; vinieron sobre Chilln, saquearon el pueblo y
llevronse la mayor parte de las mujeres, y aun mataron algunas. A la
sazon residia en La Concepcion don Francisco de Quiones, lo cual parece
le atemoriz y comenz  perder el brio y vigor y tratar de volverse 
su casa  Los Reyes, donde tenia mujer y hijos y mucha hacienda que le
tiraban por los cabellos. Importun al Visorrey don Luis de Velasco con
cartas le quitase el gobierno; hzolo as y provey  Alonso Garca
Ramon, que fu maese de campo de don Alonso de Sotomayor, el cual,
llegando  este reino y estando en la cibdad de Santiago, supo que otra
vez los indios habian entrado en San Bartolom de Gamboa, llamado
Chilln por otro nombre y se habian llevado algunas mujeres y nios;
tom la ligera y en breve tiempo _anduvo_ sesenta leguas de camino y
ms, di en los enemigos y quit lo que ms pudo, aunque no todo, porque
los ms de los enemigos se dieron ms prisa  huir. Gobern ao y medio,
en el cual tiempo no pudo hacer ms de lo hecho.




CAPITULO LXXXVII

DEL GOBERNADOR ALONSO DE RIBERA


Sabido por Su Majestad la muerte de Martin Garca de Loyola, provey por
gobernador  Alonso de Ribera, buen caballero, muy experto en la guerra
de Francia y Flandes, donde habia tenido muchos y muy principales
cargos; el cual, llegando  este reino, luego Alonso Garca Ramon le
entreg la gente que tenia y se le ofreci  quedarse en la tierra como
soldado suyo; no lo admiti, por lo cual se volvi  su casa  Los
Reyes.

Alonso de Ribera hall la tierra muy trabajosa y falta de
mantenimientos, y la cibdad de la Concepcion,  donde desembarc, toda
cercada de guerra; dise tan buena maa que pacific y redujo los
alterados, de suerte que la cibdad gozaba de una poca de paz. Vinironle
de paz unos indios, que eran los que ms dao hacian en este pueblo y su
comarca, y el de Sanct Bartolom, llamados Coyuncheses, y su capitan
Longo Tegua, que quiere decir cabeza de perro, indio valiente, belicoso,
que ha perseverado en el amistad y sirve y ha servido fielmente, y agora
dos aos corriera mucho riesgo Alonso de ribera si Longo Tegua no se
opusiera  los enemigos con su compaia que no llegaba  cuarenta
indios.

Comenz Alonso de Ribera  hacer muchos fuertes con presidio de
soldados, lo cual unos aprueban y otros reprueban; la guerra hacia
diferente de lo que hasta aqu se usaba, con infanteria de  pie y poca
caballeria, lo cual si los indios esperaran en campo raso y la guerra
que nos hacen tuviera cuerpo, era muy buena manera de proceder; pero
como se la habremos de hacer  saltos y los habremos de ir  buscar como
quien va  caza de conejos, no se ha tenido por acertada esta manera de
proceder; en lo dems es muy buen capitan, gran trabajador, que provee
bien y puede ser capitan general de un ejrcito de 20.000 y ms
soldados, como capitan experimentado por muchos aos en guerras ms
trabajosas y peligrosas que las de Chile, porque como los rebelados
conozcan y experimenten vigor y castigo, conforme  sus delictos, no hay
guerra en Chile, por ser gente del nimo ms servil y esclavo que hay
en el mundo; como no se les castigan las traiciones y crueldades que han
hecho, dicen que por eso no los castigamos, porque los tememos. Los
naturales rebelados, viendo el poco vigor que con ellos se ha usado, la
provincia de Arauco, Tucapel, Lebo y otras le dieron la paz y pobl un
fuerte en Lebo con ochenta hombres; otro en Tucapel con otros tantos;
dej otro  la ribera de Biobio, llamado Nuestra Seora de Al; otro
Sancta Fee, otro Sancta Lucia, porque las paces que estos indios le
dieron no se tienen por fijas, sino por fingidas, pues ni se les tomaron
rehenes ni los tienen para darlos, ni hay hijos de reyes que pedirles,
porque no tienen ley ni rey, ni entregaron cibdades, ni fortalezas para
la siguridad de la paz, que no las tienen, y as, en viendo al soldado
espaol desmandado, le quitan la vida echando la culpa  otros indios
que no han venido de paz, y fcilmente se les creen; empero en lo que
ms dao nos hacen los que han dado esta paz fingida, es en hurtar
cuantos caballos pueden, que son las fuerzas y niervos de la guerra de
nuestra parte para contra ellos. En este estado dej la tierra Alonso de
Ribera  Alonso Garca Ramon, que vino  este reino poco menos ha de un
ao, el cual con el socorro que Su Majestad le ha enviado de mil hombres
que ya casi estn en los fuertes, esperamos en Nuestro Seor nos ha de
dar paz cumplida y la que estos naturales dieron fingida, mal que les
pese, la han de hacer verdadera; tratan agora con gobernador que les
entiende los pensamientos y conoce sus traiciones, y no se han de burlar
con l, el cual si los saca de sus cuevas y reduce  pueblos
compelindoles  que les den las armas y caballos, que tienen muchos ms
que nosotros, con el favor divino gozaremos de paz; donde no, la guerra
es infinita.




CAPITULO LXXXVIII

DE LAS CALIDADES DE LOS INDIOS DE CHILE


Tiempo es ya tractemos de las calidades de los indios de Chile; las
mismas son que las de los indios del Per; enemigos nuestros capitales
como los dems, exceden  los del Per en ser ms animosos, ms
soberbios, ms fornidos, de mayores cuerpos y ms bellicosos, y son
mucho ms brbaros y temerarios, porque no creo se[62] ha hallado alguna
nacion que no adorase alguna cosa y tuviese por dios; estos ni  Sol, ni
 Luna, ni estrellas, ni otra alguna cosa.

  [62] En el ms., _si_.

El capitan del Inga lleg hasta Sanctiago de Chile y doce leguas ms
adelante, y vindolos tan brbaros los llam en su lengua Purun auca,
que quiere decir indios barbarsimos; no tenian vestidos; de pieles de
gatillos hacian unas mantas con que se cubrian; el ivierno se estaban en
sus casas metidos, que son redondas, mayores  menores como es la
familia; al verano, grandes holgazanes, las mujeres trabajaban en todo
lo necesario; fuera desto, sin ley ni rey; el ms valiente entre ellos
es el ms temido; castigo no hay para ningun gnero de vicio; tienen
muchos absurdsimos.

A padre ni  madre ninguna reverencia, ni subjection. Deshonestsimos,
sino es  madre,  otra mujer _no_ perdonan: el hijo hereda las
mujeres de su padre, y al contrario; el hermano del yerno, y si un
hermano se aficiona  alguna mujer de su hermano, por quedarse con ella
y las dems, le mata; entre estos hay grandes hechiceros que dan bocados
para matarse los unos  los otros, y se matan fcilmente, y dicen est
en su mano llover  no. No adoran cosa alguna; hablan con el demonio, 
quien llaman Pilan. Dicen que le obedecen porque no les haga mal.

Creen que despues de muertos van all de la otra parte del mar, donde
tienen muchas mujeres, y se emborrachan; es el paraiso de Mahoma.

Muchos dstos, aunque son baptizados, niegan serlo; lo mismo hacen las
mujeres; amancebarse con dos hermanas es muy usado, no solo los
infieles, sino los baptizados, por lo cual  los espaoles que tienen
captivos, si el espaol es casado y tiene alguna cuada, le compelen 
que tenga acceso  ella delante dellos mismos, si no le matarn; conozco
 quien le succedi, y el pobre por huir de la muerte cometi tan grave
incesto.

Han hecho grandes crueldades en las mujeres espaolas, por haber acceso
 ellas.

El padre que ms hijas tiene es ms rico, porque desde nias las venden
 otros para mujeres, y el que compra es perptuo tributario.

No saben perdonar enojo, por lo cual son vindicativos en gran manera; no
creen hay muerte natural, sino violenta, y acaso porque si alguno muere
es porque otro le di riendo un bofetn  puada,  con un palo,  le
tir de los cabellos.

Muchas veces nos dan ponzoa en nuestras comidas, y como no nos hacen
dao, dicen es la causa porque las comemos calientes. Sus consultas son
en las borracheras muy frecuentes en ellas, donde tractan las cosas de
guerra; llevan sus armas, y borrachos se matan fcilmente.

No guardan un puncto de ley natural,  lo menos con nosotros.

No tienen dos dedos de frente, que es seal de gente traidora y bestial,
porque los caballos y mulas, angostos de frente lo son. Cada uno vive
por s, una casa de otra apartada ms de un tiro de honda,  los cuales
si no se reducen  pueblos y les quitan armas y caballos y les hacemos
hombres polticos no los haremos cristianos.

En la guerra obedecen  los capitanes por ellos nombrados; acabada, 
[en] el verano, no hay obidencia.

Finalmente, es gente sin ley, sin rey, sin honra, sin vergenza, etc., y
de aqu se infirir lo que inferir se puede.

Es entre ellos lenguaje de dar la paz por estos tres aos en los cuales
nos descuidarn y nos dividiremos, y descuidados y divididos nos matarn
y se quedarn en su infidelidad y bestiales costumbres.

Si el que gobierna no los puebla, como habemos dicho, y quita armas y
caballos, y castiga  los culpados, despues que se les ha notificado la
beninidad que con ellos Su Majestad usa, no habr paz en Chile.

Si  los indios adultos persuadimos  indias, se baptizen, responden que
tienen vergenza de ser cristianos, y que harn burla dellos los indios
rebellados; empero, que al fin de sus dias se baptizarn. Tienen por
gran pecado castigar  corregir  sus hijos.

No miran los padres por sus hijas; ellas busquen lo que les conviene, si
acaso no las han vendido  otros indios para mujeres, como habemos
dicho.

Son invidiossimos; si un encomendero tiene en su casa tres  cuatro
indias, pagndoles su trabajo como mozas de soldada, si acaso se regala
ms  sta que aquella, fcilmente la matan con un bocado.


FIN




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                                                                 $ m/n

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     con prlogo de Julin Besteiro, Madrid, 1905
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     desenvolvimiento mental, traduccin del ingls, por
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     1907 (tamao, 2315)                                         5,--

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     Besteiro, 2. edicin, Madrid, 1906 (tamao, 1912)          1,75

  =Boissier= (Gastn).--El fin del paganismo.--Estudio sobre
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     traducido por Pedro Gonzlez Blanco, Madrid,
     1908, 2 tomos (tamao, 1912)                                4,50

  =Boissier= (Gastn).--Paseos arqueolgicos.--Roma y
     Pompeya.--El Foro.--El Palatino.--Las Catacumbas.--La
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     Madrid, 1909 (tamao, 1912), con varios planos              2,50

  =Bourdeau.=--El problema de la muerte, sus soluciones
     imaginarias y la ciencia positiva, traduccin de Benito
     Menacho Ulibarri, Madrid, 1902 (tamao, 23
     por 15), pasta                                               3,50

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     Rubio, Madrid, 1902 (tamao, 2315), pasta                   3,50

  =Bray.=--Lo bello.--Ensayo acerca del origen y la evolucin
     del sentimiento esttico, traduccin de Vicente
     Colorado, Madrid, 1904 (tamao, 1912)                       2,25

  =Bunge.=--Principios de psicologa individual y
     social.--Prlogo por el doctor don Luis Simarro, Madrid,
     1903 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Bunge.=--La Educacin, 3. edicin dividida en tres partes
     (tamao, 1912)

       Parte primera: Evolucin de la Educacin                   1,75

       Parte Segunda: La Educacin contempornea                  2,50

       Parte tercera: Educacin de los degenerados. Teora
       de la educacin                                            1,75

  =Bureau.=--El contrato colectivo del trabajo (Le contrat de
     travail. Le role des sindicats professionels), traduccin
     y prlogo de Jos Jorro y Miranda, Madrid,
     1904 (tamao, 1912)                                         2,50

  =Carle.=--La vida del Derecho en sus relaciones con la vida
     social.--Estudio comparado de Filosofa del Derecho,
     versin espaola de don Hermenegildo Giner de
     los Ros, Madrid, 1912 (tamao, 2315), en prensa.

  =Carlyle.=--Folletos de ltima hora.--El tiempo
     presente.--Crceles modelos.--El gobierno moderno.--De un
     gobierno nuevo.--Elocuencia poltica.--Parlamentos.
     --Estatuomana.--Jesuitismo, traduccin del ingls
     con una introduccin y notas, por Pedro Gonzlez
     Blanco, Madrid, 1909 (tamao, 2315)                         4,--

  =Compayre.=--La evolucin intelectual y moral del nio,
     traduccin de Ricardo Rubio, Madrid, 1905 (tamao,
     2315)                                                       4,50

  =Cosentini.=--La sociologa gentica.--Ensayo sobre el
     pensamiento y la vida social prehistricos, con una
     introduccin de Mximo Kovalewsky, traduccin y
     un apndice bibliogrfico de Antonio Ferrer y Robert,
     Madrid, 1911 (tamao, 1912)                                 1,75

  =Crpieux-Jamin= (J.)--La escritura y el carcter,
     traduccin de Ansemo Gonzlez, con 232 figuras en el texto,
     Madrid, 1908 (tamao, 2315)                                 4,50

  =Cullerre.=--Las fronteras de la locura, versin espaola
     de Antonio Atienza y Medrano, Madrid, 1912 (tamao,
     1912)                                                       2,25

  =Davidson.=--Una historia de la educacin, traducida del
     ingls, por Domingo Barns, Madrid, 1910 (tamao,
     1912)                                                       2,25

  =Delboeuf.=--El dormir y el soar, traduccin de Vicente
     Colorado, Madrid, 1904 (tamao, 1912)                       2,--

  =Durkheim.=--Las reglas del mtodo sociolgico, traduccin
     espaola de Antonio Ferrer Robert, Madrid,
     1912 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Eucken.=--Las grandes corrientes del pensamiento
     contemporneo, versin espaola de Nicols Salmern
     y Garca, Madrid, 1912 (tamao, 2315)                       5,--

  =Eucken.=--Significacin y valor de la vida, traduccin
     directa del alemn, por Eloy Luis Andr, Madrid, 1912
     (tamao, 1912), en prensa.

  =Fer.=--Sensacin y movimiento, traduccin de Ricardo
     Rubio, Madrid, 1906 (tamao, 1912)                          1,75

  =Fer.=--Degeneracin y criminalidad, traduccin de Anselmo
     Gonzlez, Madrid, 1903 (tamao, 1912)                       1,75

  =Ferrero.=--Grandeza y decadencia de Roma, traduccin
     de M. Ciges Aparicio (tamao, 1912), precio de
     cada tomo                                                    2,25

       Tomo I. La conquista.--II. Julio Csar.--III. El fin
       de una aristocracia.--IV. Antonio y Cleopatra.--V.
       La repblica de Augusto.--VI y ltimo. Augusto
       y el Grande Imperio.

  =Ferriere.=--Errores cientficos de la Biblia, traduccin
     espaola de Vicente Colorado, Madrid, 1904 (tamao,
     1912)                                                       2,50

  =Ferriere.=--Los mitos de la Biblia, traduccin de Benito
     Menacho Ulibarri, Madrid, 1904 (tamao, 1912)               2,50

  =Ferriere.=--La materia y la energa, traducido por Anselmo
     Gonzlez, Madrid, 1910 (tamao, 1912)                       2,25

  =Ferriere.=--La vida y el alma, traduccin de Anselmo
     Gonzlez, Madrid, 1911 (tamao, 1912)                       2,50

  =Ferriere.=--La causa primera, segun los datos
     experimentales, traduccin de Anselmo Gonzlez,
     Madrid, 1910 (tamao, 1912)                                 2,25

  =Ferriere.=--El alma es la funcin del cerebro, traduccin
     de Anselmo Gonzlez, Madrid, 1912, 2 tomos (tamao,
     1912)                                                       4,50

  =Fleury= (Dr. Mauricio de).--El cuerpo y el alma del nio,
     traducido por Matilde Garca del Real, Madrid, 1907
     (tamao, 1912)                                              2,--

  =Fleury= (Dr. Mauricio de).--Nuestros hijos en el colegio,
     traducido por Matilde Garca del Real, Madrid, 1907
     (tamao, 1912)                                              2,--

  =Fouille.=--La moral, el arte y la religion, segun Guyau,
     traduccin de Ricardo Rubio, de la 3. edicin francesa,
     con estudios acerca de las obras pstumas y
     del influjo de Guyau, Madrid, 1902 (tamao, 1912)           2,50

  =Fouille.=--Bosquejo psicolgico de los pueblos europeos,
     traduccin de Ricardo Rubio (tamao, 2315)                  6,--

  =Fustel de Coulanges.=--La ciudad antigua.--Estudio sobre
     el culto, el derecho, las instituciones de Grecia y
     Roma, traduccin de M. Ciges Aparicio, Madrid,
     1908 (tamao, 1912)                                         2,50

  =Garofalo.=--La Criminologa.--Estudio sobre la naturaleza
     del crimen y teora de la penalidad, versin espaola
     de Pedro Borrajo, Madrid, 1912 (tamao, 23
     por 15)                                                      4,--

  =Gauckler.=--Lo bello y su historia, traduccin de Anselmo
     Gonzlez, Madrid, 1903 (tamao 1912)                        1,75

  =Gow y Reinach.=--Minerva.--Introduccin al estudio de
     los autores clsicos griegos y latinos.--Obra del doctor
     James Gow, adaptada para las escuelas francesas,
     por M. Salomn Reinach y traducida de la
     6. edicin francesa, por Domingo Vaca, Madrid,
     1911, ilustrada con numerosos grabados, alfabetos,
     planos, etc. (tamao, 1912)                                 2,50

  =Grasserie.=--Psicologa de las religiones, traduccin de
     Ricardo Rubio, Madrid, 1904 (tamao, 1912)                  2,50

  =Greenwood.=--Elementos de pedagoga prctica, traduccin
     del ingls por Domingo Barns, Madrid, 1912
     (tamao, 1912)                                              1,75

  =Guignebert= (Carlos).--Manual de Historia antigua del
     Cristianismo.--Los orgenes, versin espaola de
     Amrico Castro, Madrid, 1910 (tamao, 1912)                 2,50

  =Guyau.=--Gnesis de la idea de tiempo, traduccin de
     Ricardo Rubio, Madrid, 1901 (tamao, 1912)                  1,75

  =Guyau.=--El arte desde el punto de vista sociolgico,
     traduccin de Ricardo Rubio, Madrid, 1902 (tamao, 23
     por 15)                                                      4,50

  =Guyau.=--Los problemas de la esttica contempornea,
     traduccin de Jos M. Navarro de Palencia, Madrid,
     1902 (tamao, 1912)                                         2,50

  =Guyau.=--La irreligin del porvenir, traduccin y prlogo
     de Antonio M. de Carvajal, Madrid, 1904 (tamao,
     2315)                                                       4,50

  =Guyau.=--La moral de Epicuro y sus relaciones con las
     doctrinas contemporneas (obra premiada por la
     Academia Francesa de Ciencias Morales y Polticas).
     Versin espaola por A. Hernandez Almansa, Madrid,
     1907 (tamao, 2315)                                         3,50

  =Hampson.=--Paradojas de la Naturaleza y de la
     Ciencia.--Descripcin y explicacin de hechos que parecen
     contradecir la experiencia ordinaria  los principios
     cientficos, traduccin del ingls por Jos Ontan,
     Madrid, 1912. Con 64 figuras intercaladas en el texto
     y 7 lminas tiradas aparte en papel mate (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Hearn= (Lafcadio).--Kokoro.--Impresiones de la vida ntima
     del Japn, traduccin del ingls por Julin Besteiro,
     Madrid, 1907 (tamao, 1912)                                 2,25

  =Hegel.=--Esttica, versin castellana de la segunda edicin
     de Ch. Benard, por H. Giner de los Ros (obra
     premiada por la Academia Francesa), Madrid, 1908
     2 tomos (tamao, 2315)                                      9,50

  =Hegel.=--Filosofa del espritu, versin castellana
     con notas y un prlogo original de E. Barriobero y Herrn,
     Madrid, 1907, 2 tomos (tamao, 2315)                        6,50

  =Hennequn= (Emilio).--La crtica cientfica, traduccin de
     Manuel Nez de Arenas, Madrid, 1909 (tamao, 19
     por 12)                                                      1,75

  =Hoffding.=--Bosquejo de una Psicologa basada en la
     experiencia, traduccin de Domingo Vaca, Madrid,
     1904 (tamao, 2315)                                         5,--

  =Hoffding.=--Historia de la Filosofa moderna, versin de
     Pedro Gonzlez Blanco, Madrid, 1907, 2 tomos de
     584 pginas el 1., y 671 el 2. (tamao, 2315)            11,--

  =Hoffding.=--Filosofa de la Religion.--Versin espaola
     de Domingo Vaca, Madrid, 1909 (tamao, 2315)                4,--

  =Hoffding.=--Filsofos contemporneos, traduccin, estudio
     crtico del autor, y notas por Eloy Luis Andr,
     Madrid, 1909 (tamao, 2315)                                 3,50

  =James= (W.)--Principios de Psicologa, traduccin por
     Domingo Barns, Madrid, 1909 (tamao, 2315), dos
     tomos de XII-758 pginas el 1., y 712 el 2.               12,--

  =Janet.=--Orgenes del socialismo contemporneo, traduccin
     de Anselmo Gonzlez, Madrid, 1904 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Janet= (P.).--Historia de la Ciencia poltica en sus
     relaciones con la Moral, obra premiada por la Academia de
     Ciencias Morales y Polticas y por la Academia Francesa,
     traduccin de don Ricardo Fuente y don Carlos
     Cerrillo, Madrid, 1910, dos tomos (tamao, 2315)            9,50

  =Kant.=--Prolegmenos  toda Metafsica del porvenir que
     haya de poder presentarse como una ciencia, traducido
     del alemn y prlogo de Julin Besteiro, con un
     eplogo del Profesor Cassirer, Madrid, 1912 (tamao,
     1912)                                                       2,25

  =Kant, Pestalozzi y Goethe.=--Sobre educacin, composicin
     y traduccin de Lorenzo Luzuriaga, Madrid, 1911
     (tamao, 1912)                                              1,75

  =Kergomard.=--La educacin maternal en la escuela, traducido
     por Matilde Garca del Real, Madrid, 1906, dos
     tomos (tamao, 1912)                                        4,50

  =Lanessan.=--El transformismo, versin espaola por Mariano
     Pot, Madrid, 1909 (tamao, 2315), con varios
     grabados                                                     3,50

  =Lange.=--Historia del materialismo, traduccin de Vicente
     Colorado, Madrid, 1903, dos tomos (tamao, 2315),
     pasta                                                       10,--

  =Laple.=--Lgica de la voluntad, versin espaola, Madrid,
     1903 (tamao, 2315)                                         3,50

  =Le Bon= (G.)--Psicologa de las multitudes, traduccin
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1911 (tamao, 1912)               1,75

  =Le Bon= (G.)--Leyes psicolgicas de la evolucin de los
     pueblos, traducido por Carlos Cerrillo Escobar, Madrid,
     1912 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Le Bon.=--Psicologa del socialismo, traduccin de Ricardo
     Rubio, Madrid, 1903 (tamao, 2315)                          4,50

  =Le Dantec.=--Elementos de Filosofa biolgica, versin
     espaola de Mariano Pot, Madrid, 1908 (tamao, 19
     por 12)                                                      2,25

  =Le Dantec.=--Teora nueva de la vida, traducido de la
     tercera edicin francesa por Domingo Vaca, Madrid,
     1911 (tamao, 2315)                                         3,50

  =Lefevre.=--Las lenguas y las razas, versin espaola por
     don Anselmo Gonzlez, Madrid, 1909 (tamao, 23
     por 15)                                                      3,50

  =Leveque.=--El espiritualismo en el arte, traduccin de
     Constantino Romn (tamao, 1912)                            1,75

  =Lhotzki= (H.)--El alma de tu hijo.--Un libro para los
     padres, traduccin directa del alemn por Luis de Zulueta,
     Madrid, 1910 (tamao, 1912)                                 1,75

  =Llichtenberger= (E.)--La filosofa de Nietzsche, traduccin
     espaola de J. Elas Matheu, Madrid, 1910 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Loliee= (F.)--Historia de las literaturas comparadas, desde
     sus orgenes hasta el siglo XX, versin espaola
     con las adiciones y correcciones del autor para la tercera
     edicin francesa, por Hermenegildo Giner de los
     Ros, Madrid, 1905 (tamao, 2315)                           4,--

  =Lubbock.=--Los orgenes de la civilizacin y la condicion
     primitiva del hombre (estado intelectual y social de
     los salvajes), traduccin espaola por Jos de Caso,
     Madrid, 1912, con grabados en el texto y lminas
     aparte (tamao, 2315), en prensa.

  =Maspero.=--Historia antigua de los pueblos de Oriente,
     traduccin espaola de Domingo Vaca, Madrid, 1912,
     con infinidad de grabados y mapas en color (tamao,
     2315), en prensa.

  =Mauthner.=--Contribuciones  una crtica del lenguaje,
     traduccin directa del alemn por Jos Moreno Villa,
     Madrid, 1911 (tamao, 1912)                                 2,25

  =Mercante= (V.)--La verbocroma, contribucin al estudio
     de las facultades expresivas, Madrid, 1910 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Mercier.=--La Filosofa en el siglo XIX, traduccin de
     Francisco Lombarda, Madrid, 1904 (tamao, 1912)            1,75

  =Moreau de Jonnes.=--Los tiempos mitolgicos, ensayo de
     reconstitucin histrica.--Cosmogonas, El libro de
     los muertos, Sanchoniaton, El Gnesis, Hesiodo, El
     Avesta, traduccin de M. Ciges Aparicio, Madrid,
     1910 (tamao, 1912)                                         2,25

  =Munsterberg.=--La Psicologa y el maestro, traduccin del
     ingls por Domingo Barns, Madrid, 1911 (tamao,
     1912)                                                       2,25

  =Nitob.=--Bushido.--El alma del Japn, traducido de la
     13. edicin del autor por Gonzalo Jimenez de la Espada,
     Madrid, 1909 (tamao, 1912)                                 1,75

  =Nordau= (M.)--Psico-fisiologa del genio y del talento,
     traduccin de Nicols Salmern y Garca, Madrid,
     1910 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Nordau= (M.)--Degeneracin, traduccin de Nicols Salmern
     y Garca, con un eplogo del autor, Madrid,
     1902, dos tomos (tamao, 2315)                              8,--

     I.--Fin de siglo.--El Misticismo.
     II.--El Egotismo.--El Realismo.--El siglo XX.

  =Nordau= (M.)--El sentido de la Historia, traduccin de
     Nicols Salmern y Garca, Madrid, 1911 (tamao,
     2315)                                                       4,--

  =Painter.=--Historia de la Pedagoga, traduccin del ingls
     por Domingo Barns, Madrid, 1911 (tamao, 1912)             2,25

  =Payot.=--La educacin de la voluntad, por el profesor de
     Filosofa  inspector de la Academia, M. Julio Payot,
     traducido de la 4. edicin francesa, por Manuel Anton
     y Ferrndiz, catedrtico de Antropologa de la
     Universidad y Museo de Ciencias Naturales de Madrid,
     tercera edicin, Madrid, 1907 (tamao, 2315)                3,--

  =Payot.=--La creencia, traduccin de Anselmo Gonzlez,
     Madrid, 1905 (tamao, 1912)                                 1,75

  =Pearson.=--La Gramtica de la Ciencia, versin directa
     del ingls por Julin Besteiro, Madrid, 1909 (tamao,
     2315), con 33 figuras en el texto                           5,--

  =Posada= (A.)--Poltica y enseanza, Madrid, 1904 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Posada= (A.)--Teoras polticas, Madrid, 1905 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Posada= (A.)--Principios de Sociologa.--Introduccin,
     Madrid, 1908 (tamao, 2315)                                 5,--

  =Preyer.=--El alma del nio.--Observaciones acerca del
     desarrollo psquico en los primeros aos de la vida,
     traduccin espaola con un prlogo de don Martn
     Navarro, Madrid, 1908 (tamao, 2315)                        5,--

  =Reinach= (S.)--Orfeo.--Historia general de las religiones,
     traducido por Domingo Vaca, de la 12. edicin francesa,
     corregida y adicionada por el autor, Madrid,
     1910 (tamao, 2315)                                         4,50

  =Ribot.=--Ensayo acerca de la imaginacion creadora, traduccin
     de Vicente Colorado, con un prlogo de Gonzlez
     Serrano (tamao, 2315)                                      4,--

  =Ribot.=--La lgica de los sentimientos, traduccin de
     Ricardo Rubio, Madrid, 1905 (tamao, 1912)                  1,75

  =Ribot.=--Las enfermedades de la voluntad, traduccin de
     Ricardo Rubio, 2. edicin, Madrid, 1906 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Ribot.=--Ensayo sobre las pasiones, versin espaola de
     Domingo Vaca, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                   1,75

  =Ribot.=--Las enfermedades de la memoria, traduccin de
     Ricardo Rubio, 2. edicin, Madrid, 1908 (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Ribot.=--Las enfermedades de la personalidad, traduccin
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1912 (tamao, 19
     por 12)                                                      1,75

  =Ribot.=--Psicologa de la atencin, traduccin espaola
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1910 (tamao, 1912)               1,75

  =Ribot.=--La evolucin de las ideas generales, traduccin
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1899 (tamao, 1912)               2,--

  =Ribot.=--La herencia psicolgica, traduccin de Ricardo
     Rubio, Madrid, 1900, (tamao, 2315)                         4,50

  =Ribot.=--Psicologa de los sentimientos, traduccin de
     Ricardo Rubio, Madrid, 1900 (tamao, 2315)                  5,--

  =Romanes.=--La evolucin mental en el hombre.--Origen
     de la facultad caracterstica humana, traduccin del
     ingls por Gonzalo J. de la Espada, Madrid, 1906, (tamao
     2315)                                                       4,50

  =Ruskin.=--Munera Pulveris (sobre Economa Poltica),
     traduccin del ingls por M. Ciges Aparicio, Madrid,
     1907 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Ruskin.=--Ssamo y azucenas, traducida del ingls por
     Julin Besteiro, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                1,75

  =Ruskin.=--Lo que nos han contado nuestros padres. La
     Biblia de Amiens, traduccin del ingls por M. Ciges
     Aparicio, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                       1,75

  =Sabatier.=--Ensayo de una Filosofa de la Religion, segun
     la Psicologa y la Historia, por Augusto Sabatier,
     profesor de la Universidad de Pars, decano de la
     Facultad de Teologia protestante, traducido de la 8.
     edicin por Eduardo Ovejero y Maury, Madrid, 1912
     (tamao, 2315)                                              4,--

  =Senet.=--Las estoglosias (contribucin al estudio del
     lenguaje), Madrid, 1911 (tamao, 1912)                      1,75

  =Schwegler.=--Historia general de la Filosofa, traducida
     directamente del alemn por Eduardo Ovejero y Maury,
     con un prlogo de don Adolfo Bonilla y San
     Martn, Madrid, 1912 (tamao, 2315)                         4,--

  =Sollier.=--El problema de la memoria (ensayo de
     psico-mecnica), traduccin de Ricardo Rubio, Madrid,
     1902 (tamao, 1912)                                         2,25

  =Spencer.=--Ensayos cientficos, traduccin de Jos Gonzlez
     Llana, Madrid, 1908 (tamao, 2315)                          3,50

  =Spir.=--La norma mental (Ensayos de filosofa crtica),
     traduccin y prlogo de Rafael Urbano, Madrid, 1904
     (tamao, 1912)                                              1,75

  =Squillace= (Fausto).--Diccionario de Sociologa, traducido
     del italiano, Barcelona, 1915 (tamao, 2315)                6,--

  =Taine.=--La inteligencia, traduccin de Ricardo Rubio,
     Madrid, 1904, dos tomos (tamao, 1912)                      5,50

  =Taine.=--Ensayos de Crtica y de Historia, traduccin de
     Carlos Cerrillo Escobar, Madrid, 1912 (tamao, 19
     por 12)                                                      2,25

  =Tarde= (G.)--Las leyes de la imitacin, estudio sociolgico,
     traduccin de Alejo Garca Gngora, Madrid, 1907
     (tamao, 2315), pasta                                       4,50

  =Tardieu.=--El aburrimiento, traduccin de Ricardo Rubio,
     Madrid, 1904 (tamao, 1912)                                 2,50

  =Thomas.=--La educacin de los sentimientos, traduccin
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1902 (tamao, 1912)               2,50

  =Tissi.=--Los sueos (Fisiologa y Patologa), traduccin
     de Ricardo Rubio, Madrid, 1905 (tamao, 1912)               2,--

  =Tocqueville.=--El antiguo rgimen y la revolucin, versin
     castellana de la 2. edicin francesa por R. V.
     de R., Madrid, 1911 (tamao, 2315)                          3,50

  =Tocqueville.=--La democracia en Amrica, traduccin espaola,
     profusamente anotada y con prlogo por Carlos
     Cerrillo Escobar, dos tomos, Madrid, 1911 (tamao,
     2315), pasta                                                9,--

  =Tylor.=--Antropologa, introduccin al estudio del hombre
     y de la civilizacin, traducida del ingls por Antonio
     Machado y Alvarez, Madrid, 1912, con multitud de
     grabados y un prlogo especial del autor para la edicin
     espaola (tamao, 2315), en prensa.

  =Varigny= (H. de)--La naturaleza y la vida, traduccin de
     E. Lozano, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                      2,50

  =Villa= (G.)--La psicologa contempornea (obra premiada
     en la Real Academia de Ciencias de Turn), edicin
     cuidadosamente revisada y corregida por su autor, y
     traducida por U. Gonzlez Serrano, Madrid, 1902
     (tamao, 2315)                                              6,--

  =Villa= (G.)--El idealismo moderno, traduccin del italiano
     por R. Rubio, Madrid, 1906 (tamao, 2315)                   3,50

  =Wagner.=--Juventud (obra premiada por la Real Academia
     Francesa), versin espaola de H. Giner de los
     Ros, Madrid, 1906 (tamao, 1912)                           2,25

  =Wagner.=--La vida sencilla, versin espaola de H. Giner
     de los Ros, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                    1,75

  =Wagner.=--Junto al hogar, versin castellana de H. Giner
     de los Ros, Madrid, 1907 (tamao, 1912)                    2,--

  =Wagner.=--Para los pequeos y para los mayores.--Conversaciones
     sobre la vida y el modo de servirse de
     ella, traduccin espaola de Domingo Vaca, Madrid,
     1909 (tamao, 1912)                                         2,50

  =Wagner.=--Valor, traduccin de Domingo Barns, Madrid,
     1910 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Wagner.=--A travs de las cosas y de los hombres.--La
     base de todo, traduccin de Domingo Vaca (tamao,
     1912)                                                       1,75

  =Wagner.=--Sonriendo, traduccin de Domingo Vaca, Madrid,
     1911 (tamao, 1912)                                         1,75

  =Wegener= (H.)--Nosotros los jvenes.--El problema sexual
     del joven soltero, traduccin directa del alemn
     por Luis de Zulueta, Madrid, 1910 (tamao, 1912)            1,75

  =Wundt.=--Introduccin  la Filosofa, traduccin de la 5.
     edicin alemana por Eloy Luis Andr, dos tomos,
     conteniendo el 1. un estudio sobre la Filosofa
     contempornea en Alemania y la Filosofa cientfica de
     Wundt, y el 2., un estudio sobre el porvenir de la
     Filosofa cientfica en Espaa  Hispano-Amrica, ambos
     escritos por Eloy Luis Andr, catedrtico de Filosofa,
     Madrid, 1912 (tamao, 2315)                                 7,--

  =Xnopol.=--Teora de la Historia, 2. edicin de Los
     principios fundamentales de la Historia, traduccin
     espaola de Domingo Vaca, Madrid, 1911 (tamao,
     2315)                                                       4,50




 BIBLIOTECA INTERNACIONAL DE PSICOLOGA EXPERIMENTAL NORMAL Y PATOLGICA

  PRECIO DE CADA TOMO, ENCUADERNADO, $ 2,50

  Tomos publicados:

  =Baldwin.=--El pensamiento y las cosas.--El conocimiento y el
     juicio, traduccin de Francisco Rodrguez Besteiro, con
     figuras, Madrid, 1911.

  =Claparde.=--La asociacin de las ideas, traduccin de Domingo
     Barns con figuras, Madrid, 1907.

  =Cuyer.=--La Mmica, traduccin de Alejandro Miquis, con 75
     figuras, Madrid, 1906.

  =Dugas.=--La imaginacion, traduccin del doctor Csar Juarros,
     Madrid, 1905.

  =Duprat.=--La moral.--Fundamentos psico-sociolgicos de una
     conducta racional, traduccin de Ricardo Rubio, Madrid,
     1905.

  =Grasset.=--El hipnotismo y la sugestin, traducido por Eduardo
     Garca del Real, con figuras, Madrid, 1906.

  =Malapert.=--El carcter, traducido por Jos Maria Gonzlez, Madrid,
     1905.

  =Marchand.=--El gusto, traduccin de Alejo Garca Gngora,
     con 33 figuras, Madrid, 1906.

  =Marie= (Dr. A.)--La demencia, traduccin de Anselmo Gonzlez,
     con 42 grabados, Madrid, 1908.

  =Nuel.=--La visin, traducido por el doctor Vctor Martn, con 22
     figuras, Madrid, 1905.

  =Paulhan.=--La voluntad, traduccin de Ricardo Rubio, Madrid,
     1905.

  =Pillsbury.=--La atencin, traduccin de Domingo Barns, Madrid,
     1910.

  =Pitres= (N.) =y Regis= (E.)--Las obsesiones y los impulsos,
     traducido por Jos Maria Gonzlez, Madrid, 1910.

  =Sergi.=--Las emociones, traducido por Julin Besteiro, con figuras,
     Madrid, 1906.

  =Toulouse, Vaschide y Pieron.=--Tcnica de psicologa experimental
     (examen de sujetos), traduccin de Ricardo Rubio,
     con numerosas figuras, Madrid, 1906.

  =Van Biervliet.=--La memoria, traducido por Martn Navarro,
     Madrid, 1905.

  =Vigouroux y Juquelier.=--El contagio mental, traduccin del doctor
     Csar Juarros, Madrid, 1906.

  =Woodworth.=--El movimiento, traduccin de Domingo Vaca, con
     figuras, Madrid, 1907.

       *       *       *       *       *

 Estos volmenes constan de 350  500 pginas, tamao 1912
 centmetros, algunos con figuras en el texto.




 BIBLIOTECA ARGENTINA

  PUBLICACIN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBROS NACIONALES

 TOMOS PUBLICADOS

  1. =Doctrina Democrtica=, de Mariano Moreno.

  2. =Dogma Socialista=, de Esteban Echeverra.

  3. =Las Bases=, de J. B. Alberdi.

  4. =Educacin Popular=, de D. F. Sarmiento.

  5. =Tierras Pblicas=, de N. Avellaneda.

  6. =Tragedias=, de Juan Cruz Varela.

  7. =Obras Polticas=, de B. Monteagudo.

  8. =Comprobaciones histricas= (Primera parte), de
     B. Mitre.

  9. =Luz del Dia en Amrica=, de J. B. Alberdi.

  10. =Peregrino en Babilonia=, de Luis de Tejeda.

  11. =Reflexiones=, de J. I. de Gorriti.

  12. =Facundo=, de D. F. Sarmiento.

  13. =Descripcin Colonial= (Libro primero), de Fray
  Reginaldo de Lizrraga.

       *       *       *       *       *

  _Precio de la subscripcin por semestre_, $ 7.50

  LA SUBSCRIPCIN CORRESPONDE  6 VOLMENES

       *       *       *       *       *

 LIBRERA LA FACULTAD

 DE

 JUAN ROLDN.--436-FLORIDA-436

 BUENOS AIRES




 BIBLIOTECA ARGENTINA


Esta BIBLIOTECA publicar mensualmente, en condiciones econmicas, los
mejores  ms famosos libros nacionales, con el objeto de contribuir 
la educacin popular, por la obra de nuestros ms esclarecidos autores.

Fundada esta BIBLIOTECA por iniciativa particular, ella sale  luz sin
subvencin alguna del Estado, librado su xito al apoyo del pueblo, que
podr adquirir cada volumen por 1.50 $ m/n,   precio ms reducido
(7.50 $ m/n) en las suscripciones por semestre.

Para ponerla al alcance de estudiantes y obreros,  quienes
especialmente se la destina, se ha fijado el precio ms bajo consentido
por los gastos de imprenta y difusin, sacrificando en ello todo
propsito de lucro, pues aspiramos  caracterizar nuestra BIBLIOTECA
como una institucion de cultura democrtica.

La BIBLIOTECA ARGENTINA publicar necesariamente los libros entregados
al dominio comun por la ley de propiedad literaria; pero como una
protesta moral contra esa ley, que sacrifica  las madres, viudas 
hijos de dichos autores, cederemos  stos una parte de las tiradas, 
pesar de ser exiguas y econmicas nuestras ediciones.

Hacemos, pues, en favor de esta iniciativa, un llamado  la prensa, las
escuelas, los ateneos, las bibliotecas pblicas, las sociedades de
educacin, y tambien  los partidos polticos, dada la funcin de
cultura popular que la moderna democracia exige de los partidos, como
una necesidad de la soberana que practican.

Cada uno de los volmenes llevar un prlogo del Director, donde se dar
una somera noticia biogrfica y bibliogrfica sobre el autor y el libro
pertinentes, con indicacin de las fuentes utilizadas y del estado
actual de la crtica respecto  la obra que se publique.

Interrumpida por la guerra mundial, la influencia inmediata del
pensamiento europeo, tan desorientado en los ltimos tiempos, esta
BIBLIOTECA se propone orientar y nutrir la conciencia argentina por el
pensamiento olvidado de nuestros propios maestros.

Acreditamos con este manifiesto la generosa finalidad de la BIBLIOTECA
ARGENTINA, y bajo su nico auspicio, confiamos merecer el apoyo de los
estudiosos, para salvar los notorios riesgos que ofrecen todas las
empresas de esta ndole en nuestro pas.





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(2/2), by Reginaldo de Lizrraga

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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
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property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation information page at www.gutenberg.org


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at 809
North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887.  Email
contact links and up to date contact information can be found at the
Foundation's web site and official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org

Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit:  www.gutenberg.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For forty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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