The Project Gutenberg EBook of Granos de oro, by Rafael Argilagos

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Title: Granos de oro
       Pensamientos Seleccionados en las Obras de Jos Mart

Author: Rafael Argilagos

Author: Jos Mart

Release Date: October 1, 2013 [EBook #43861]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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  Nota del Transcriptor:


  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




  GRANOS DE ORO




    De esta obra se han impreso
    cincuenta ejemplares en papel superior,
    numerados del 1 al 50.
    El precio de cada uno es de
    dos pesos oro oficial.




  BIBLIOTECA
  LA CULTURA CUBANA
  DIRIGIDA POR CARLOS DE VELASCO

  VOL. I.


  GRANOS DE ORO

  PENSAMIENTOS SELECCIONADOS EN LAS OBRAS DE

  JOS MART

  POR

  RAFAEL G. ARGILAGOS


  _La Habana_
  _Sociedad Editorial Cuba Contempornea_
  _O'Reilly, 11._
  _1918_




     Es propiedad.

     Derechos reservados.

Imp. "El Siglo XX" (Tte. Rey, 27), de la Sociedad Editorial Cuba
Contempornea. La Habana.




     Yo quiero cuando me muera,
     sin patria, pero sin amo,
     tener en mi tumba un ramo
     de flores y una bandera.

                  _Mart._




NOTA DE LOS EDITORES


La SOCIEDAD EDITORIAL CUBA CONTEMPORNEA ha querido que el primer
volumen de esta Biblioteca que ahora funda con el ttulo de _La Cultura
Cubana_, a semejanza de la creada bajo el de _La Cultura Argentina_ por
el Dr. Jos Ingenieros en la ciudad de Buenos Aires, sea este libro
formado con pensamientos de Jos Mart.

El joven escritor que ha realizado la paciente y admirable obra de
seleccin reunida en este volumen, Rafael G. Argilagos, presta con ella
un indudable gran servicio a las letras patrias, honra la memoria
insigne del Maestro y se honra a s mismo; y aunque tales mritos la
recomiendan sobradamente a la consideracin del pueblo nuestro, el
altsimo respeto y la profunda devocin por Mart, que ella revela, la
hacen todava ms digna de atencin y realzan su valor. Adase a todo
ello el acendrado sentimiento patrio y el buen gusto literario de que el
seor Argilagos da irrefutable y patente prueba con este brillante
acopio de _Granos de Oro_ del ms subido quilate, y se tendr por
axiomtico que el primer volumen con que iniciamos esta Biblioteca
merece no slo el puesto que le damos, sino frvidos aplausos y jubilosa
acogida por parte del pblico lector.

Tarea nada fcil es la de recoger en esta concisa y bella forma toda la
copiosa y sutil esencia de un espritu tan refinado y mltiple como el
de Mart; pero si el talento sorprendente del maravilloso cubano supo
manifestarse en cien aspectos distintos al escribir acerca de cuanto su
fecunda pluma encontr digno de dedicarle algunos instantes de
meditacin, la perspicaz inteligencia del seleccionador de estos
pensamientos ha sabido vencer, por la potente fuerza de la comprensin
de aquel espritu y por el filial cario a su memoria, los obstculos
que la extensa, compleja y poco difundida obra de Mart le ha
presentado. Y los venci con tan singular acierto, que el seor
Argilagos deja muy poco, si algo deja, a los futuros escanciadores que
pretendan apurar las nforas donde fu dejando su corazn y su
cerebro--alquitarado nctar de sabor y pureza exquisitos--el inolvidable
cado en Dos Ros.

Bien lo dice el ilustre Dr. Enrique Jos Varona en una expresiva carta
que escribi al seor Argilagos, al comenzar la revista _Cuba
Contempornea_ la publicacin ordenada de estos pensamientos:

     Qu gran servicio ha prestado V. no a la gloria, ya excelsa, pero
     s al conocimiento de Mart! Los granos que V. ha sacado de la mina
     inagotable de sus escritos forman una cascada de piedras preciosas,
     donde muy rara vez se encuentra algn guijarro, como para recordar
     la ganga nutricia.

Vale, pues, y mucho, este primer volumen que la _Biblioteca_ "_La
Cultura Cubana_" ofrece al pblico; no ya porque quien ha espigado en
los libros de Mart pone de relieve todo, o casi todo, lo mejor de sus
catorce volmenes publicados hasta hoy, sino porque la divulgacin del
contenido de ellos, en esta forma breve y comprensiva, es altamente til
y contribuye al ms amplio y exacto conocimiento de aquel que dijo:

     Un libro, aunque sea de mente ajena, parece como cosa nacida de uno
     mismo, y se siente uno como mejorado y agrandado con cada libro
     nuevo.

Sea ste--primero de la serie en que irn apareciendo peridicamente las
mejores producciones de los ms altos intelectos cubanos que nos han
precedido--a manera de escogida flor depositada por los fundadores de la
SOCIEDAD EDITORIAL CUBA CONTEMPORNEA en la tumba del Prcer; flor la
ms fragante entre las muchas que a diario pone all, junto a la bandera
de la Patria, el amor de un pueblo agradecido que no le olvida, ni
olvida tampoco el deseo tan bellamente formulado por l en sencillos
versos.

     La Habana, 1918.




PROEMIO


_Mart ha sido, es y ser, en la radiante constelacin de excelsos
varones que han dado gloria y fama a Cuba, el ms alto prcer._

_l lo fu todo: la fe que salva y alienta, el valor que impone y
exalta, el genio que invade y fulgura, el amor que conquista y domina._

_Su vida fu el apostolado, el sublime, el grandioso apostolado de la
Patria, ante cuya ara sagrada ofrend los ms puros, los ms clidos,
los ms hermosos efluvios de su alma._

_Predic con la palabra y el ejemplo; y era tal la majestad y tal la
grandeza de sus acciones, que las multitudes, acaso adivinndolo
divino--Cristo de una nueva doctrina salvadora--, le siguieron a travs
de su Calvario heroico, ansiosas de compartir con l los tormentos de
sus desvelos patrios._

_Cado en Dos Ros, en lucha denodada y franca contra los enemigos de la
Libertad--como predijo y fu su ms ardiente aspiracin--, surge
triunfante en la magnificencia de su vida espiritual; y de nuevo los
mismos corazones que ayer se estremecieron a su conjuro y le adoraron
con infinita uncin, hoy le rinden lauros gloriosos y hacen de sus
santas y sabias parbolas como la Biblia que ha de iluminarlos y
guiarlos a travs del porvenir._

_Entre los que ayer veneraron su figura egregia con filial fervor, entre
los que hoy han hecho de su memoria un culto y van por los caminos de
la Patria redimida repitiendo sus palabras apostlicas, nos encontramos
nosotros, acaso de los primeros y ms amantes y sinceros de sus
discpulos._

_Este libro que hoy damos a la publicidad es una buena prueba de ello:
aqu estn sus mejores pensamientos y sus ms tiernas emociones._

_Para que la juventud de hoy--la generacin que ha de regir maana los
destinos de la Patria--conozca mejor aquella conciencia inmaculada; para
que los aprenda de memoria y no los olvide nunca, aqu le regalamos
estos aforismos--granos de oro escogidos en la rica, inagotable mina de
sus fulgurantes obras._

_Provechosa es la lectura de este libro. l ilustra, consuela, fortalece
y gua a los espritus: los ignorantes, en l escanciarn ciencia noble
y sana de la vida; los atormentados encontrarn blsamo para sus
dolorosas lesiones, los descredos hallarn fe y esperanzas
consoladoras, los descarriados vern caminos rectos y luminosos hacia el
porvenir._

_Lalo la juventud, amorosamente; llvelo consigo, como preciosa joya,
sobre su corazn; pngalo al alcance de su mano, junto a su lecho de
reposo; y a toda hora, y en todas partes, como si fuera un cntaro de
fecundas simientes que volcara sobre surcos abonados, virtalo en los
espritus, con la esperanza de que esas simientes habrn de florecer en
no lejano da en abundante raudal de sublimes ejemplos cvicos y
patriticos._

     _RAFAEL G. ARGILAGOS._

     La Habana, mayo de 1918.




I

Del vol. "Cuba". (Primera Parte.)




I


En la cruz muri el hombre en un da; pero se ha de aprender a morir en
la cruz todos los das.

El dolor del presidio es el ms rudo, el ms devastador de los dolores,
el que mata la inteligencia y seca el alma, y deja en ella huellas que
no se borrarn jams.

Dios existe en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y
deja en el alma que se encarna en l una lgrima pura. El bien es Dios.
La lgrima es la fuente de sentimiento eterno.

Cuando todo se olvida, cuando todo se pierde, cuando en el mar confuso
de las miserias humanas el Dios del tiempo revuelve algunas veces las
olas y halla las vergenzas de una nacin, no encuentra nunca en ellas
la compasin y el sentimiento.

La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede
ser desgarrado. Pero la nocin del bien flota sobre todo, y no naufraga
jams.

Sufrir es morir para la torpe vida por nosotros creada, y nacer para la
vida de lo bueno, nica vida verdadera.

Sufrir es ms que gozar: es verdaderamente vivir.

El que sufre por su patria y vive para Dios, en este u otros mundos
tiene verdadera gloria.

Todas las grandes ideas tienen su gran Nazareno.

La fraternidad de la desgracia es la fraternidad ms rpida.

Ninguna pluma que se inspire en el bien, puede pintar en todo su horror
el frenes del mal.

Cuando todos los pueblos van errados; cuando, o cobardes o indiferentes,
cometen o disculpan extravos, si el ltimo vestigio de energa
desaparece, si la ltima, o quizs la primera expresin de la voluntad
guarda torpe silencio, los pueblos lloran mucho, los pueblos expan su
falta, los pueblos perecen escarnecidos y humillados, y despedazados,
como ellos escarnecieron y despedazaron y humillaron a su vez.

La idea no disculpa nunca el crimen y el refinamiento brbaro en el
crimen.

Si los dolores verdaderamente agudos pueden ser templados por algn
goce, slo puede templarlos el goce de acallar el grito de dolor de los
dems. Y si algo los exacerba, los hace terribles, es seguramente la
conviccin de nuestra impotencia para calmar los dolores ajenos.

El espritu es Dios mismo. Y cun descarriados van los pueblos cuando
apalean a Dios!

No graba cincel alguno como la muerte los dolores en el alma.

Cuando se ha matado, cada da es de duelo, cada hora es de pavor, cada
ser que vive es un remordimiento.

Cuando se ha visto morir, cada recuerdo es una lgrima, y son todas las
horas, horas de amor para los que murieron, horas de fe y de esperanza
para los que an luchan en la vida.

Hay un lmite al llanto sobre la sepultura de los muertos, y es el amor
infinito a la patria y a la gloria que se juraba sobre sus cuerpos, y
que no teme ni se abate ni se debilita jams--porque los cuerpos de los
mrtires son el altar ms hermoso de la honra.

Las madres son amor, no razn; son sensibilidad exquisita y dolor
inconsolable.

Es ley de los buenos ir doblando los hombros al peso de los males que
redimen.

Los redimidos, all en lo venidero, llevarn a su vez sobre los hombros
a los redentores!

Mal puede luego alzarse a hombre el que se educa como a siervo msero.

Amigos fraternales son los padres: no implacables censores.

Fusta recoger quien siembra fusta: besos recoger quien siembra besos.

La nica ley de la autoridad es el amor.

Nunca deben los padres abandonar a otros el molde a que acomodan el alma
de sus hijos.

Es doble manera de hacer el bien, dar pan al cuerpo y darlo al alma.

Amar puramente es redimirse de terribles sueos.

Amar no es ms que el modo de crecer.

Amado ser el que ama.

Es ley que las frentes ms altas y limpias atraigan sobre s las piedras
que se mueven siempre en las manos dbiles o envidiosas.

Merecer la confianza no es ms que el deber de continuar merecindola.

No cabe honor en dejar morir, sin defensa, a aquellos cuyo triunfo nos
preparamos, sin embargo, a aprovechar!

El que sabe desdear su vida, sabr siempre honrarla.

Los caudillos nuevos han aprendido de los viejos a pertrecharse de
recursos en las bandoleras enemigas.

El deber debe cumplirse sencilla y naturalmente.

El hijo odiar lo que odi el padre.

Las fuerzas que se pierden en lgrimas, hacen falta despus para el
ardimiento y empuje de la sangre.

Suele el miedo, natural consecuencia de la culpa, animar con color
enfermizo las mejillas.

Slo las virtudes producen en los pueblos bienestar constante y serio.

Tenemos que pagar con nuestros dolores la criminal riqueza de nuestros
abuelos.

El espritu de los muertos pasa a alentar el alma de los vivos.

Qu miserable vida la del que concibi un alto empeo, y muere sin
lograrlo!

Se sale de la tierra tan contento cuando se ha hecho una obra grande!

La sangre de los buenos no se vierte nunca en vano.

Un mal no existe nunca sin causa verdadera.

Ya se han cansado nuestras frentes de que se tome sobre ellas la medida
de los yugos,--aunque hay frentes que no se cansan de esto nunca.

Los pueblos que han sido muy criminales, necesitan, para ser felices,
lavar con alta grandeza sus pasados crmenes.

Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario.

Aplazar no es nunca decidir.

Adivinar es un deber de los que pretenden dirigir.

Para ir adelante de los dems, se necesita ver ms que ellos.

Ignoran los dspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero
jefe de las revoluciones.

La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin
ella, o decidirse a comprarla por su precio.

Cuando un mal es preciso el mal se hace.

Es menester ms valor para sufrir la befa de los dspotas que para
arrostrar su empuje en los combates.

Hay gritos que resumen toda una poca.

La cesasin de un hecho slo se determina por la cesasin de las causas
que lo produjeron.

A todo cejarn los tristes presos, menos a la ancha puerta que se abre
para acelerar su libertad.

El hombre ilustrado padece en la servidumbre poltica ms que el hombre
ignorante en la servidumbre de la hacienda.

El dolor es vivo a medida de las facultades del que ha de soportarlo.

Los grandes derechos no se compran con lgrimas sino con sangre.

Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres
sublimes.

Los hombres de fuerza original slo la ensean ntegra cuando la pueden
ejercer sin trabas.

Mejor sirve a la patria quien le dice la verdad y le educa el gusto, que
el que exagera el mrito de sus hombres famosos.

Azuzar es el oficio del demagogo, y el del patriota es precaver.

Los servicios pasados apenas son ms que la obligacin de prestarlos
mayores en lo venidero.

A la patria no se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de
ella, sea de gloria o de cualquier otro inters, sino por el placer
desinteresado de serle til.

Ni hay hombres ms dignos de respeto que los que no se avergenzan de
haber defendido la patria con honor; ni sujetos ms despreciables que
los que se valen de las convulsiones pblicas para servir, como
coquetas, su fama personal o adelantar, como jugadores, su inters
privado.

La patria necesita sacrificios. Esfera y no pedestal. Se la sirve, pero
no se la toma para servirse de ella.

La revolucin es algo ms que una de las formas de la evolucin, que
llega a ser indispensable en las horas de hostilidad esencial, para que
en el choque sbito se depuren y acomoden en condiciones definitivas de
vida los factores opuestos que se desenvuelven en comn.

La palabra ha cado en descrdito, porque los dbiles, los vanos y los
ambiciosos han abusado de ella.

No es lcito ocasionar trastornos en la poltica de un pueblo, que es el
arte de su conservacin y bienestar, con la hostilidad que proviene del
sentimiento alarmado o de la antipata de raza. Pero es lcito, es un
deber, inquirir si la unin de un pueblo relativamente inerme con un
vecino fuerte y desdeoso, es til para su conservacin y bienestar.

Cundo se ha levantado una nacin con limosneros de derechos?

La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no
feudo ni capellana de nadie.

En propagar despus del sacrificio el culto de los que supieron
inmolarse, hay ms honra que en haber ostentado en el sombrero, durante
la inmolacin, la cinta de hule de los sacrificadores.

El arrepentimiento es un modo de entrar en la virtud.

Hay un campo en que los hombres se dan las manos, que es el de la
honradez, donde se respeta, y aun se ama por su virtud, a los
adversarios constantes y veraces.

Al hombre honrado no le asusta morir en la oscuridad en el servicio de
la patria.




II

Del vol. "Cuba". (Segunda Parte.)




II


La gloria y el triunfo no son ms que un estmulo al cumplimiento del
deber.

En la vida prctica de las ideas, el poder no es ms que el respeto a
todas las manifestaciones de la justicia, la voluntad firme ante todos
los consejos de la crueldad o del orgullo.

Cuando el acatamiento a la justicia desaparece, y el cumplimiento del
deber se desconoce, infamia envuelve el triunfo y la gloria, vida
insensata y odiosa vive el poder.

Si la libertad de la tirana es tremenda, la tirana de la libertad
repugna, estremece, espanta.

La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente
manchada de sangre.

No se va tranquilo ni seguro por sendas de remordimientos y opresiones.

No ha de ser respetada voluntad que comprima otra voluntad.

Ser injusto es la necesidad de ser maldito.

No entiendo que haya cieno all donde debe haber corazn.

Sobre cimientos de cadveres recientes y de ruinas humeantes no se
levantan edificios de cordialidad y de paz.

Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de
fines, fusin dulcsima y consoladora de amores y esperanzas.

Los pueblos no se unen sino con lazos de amistad, de fraternidad y de
amor.

Imponerse es de tiranos.

Oprimir es de infames.

Slo obrando con razn perfecta se decide la suerte de los pueblos.

Obedeciendo estrictamente a la justicia se honra a la patria.

Cobarde ha de ser quien por temor no satisfaga la necesidad de su
conciencia.

El mejor ciudadano es el que cultiva una extensin mayor de tierra.

La Instruccin acaba lo que la Agricultura empieza.

La instruccin, abriendo a los hombres vastos caminos desconocidos, les
inspira el deseo de entrar por ellos.

No teme a los gobernados quien les ensea la manera de gobernar bien.

No puede deshacerse en pocos aos el hondo mal en muchos aos hecho.

La posibilidad de la exportacin despierta el apetito del agricultor: la
imposibilidad o dificultad, lo hace desconfiado y perezoso.

La venta es el premio del trabajo: los caminos que facilitan la venta
son su estmulo.

Un progreso no es verdad sino cuando invadiendo las masas, penetra en
ellas y parte de ellas.

Toda la buena voluntad de un gobernante sera intil si no lo secundara
con vigor e inteligencia la voluntad de los empleados.

Las pocas de reforma no permiten reposo.

Los apstoles de las nuevas ideas se hacen esclavos de ellas.

El espectculo de la riqueza excita el esfuerzo humano.

El genio potico es como las golondrinas: posa donde hay calor.

Para rendir tributo ninguna voz es dbil.

Para ensalzar a la patria, entre hombres fuertes y leales, son oportunos
todos los momentos.

Cuando en los hombres se encarna un grave pensamiento, un firme intento,
una aspiracin noble y legtima, los contornos del hombre se desvanecen
en los espacios sin confines de la idea.

Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.

Hasta los dspotas, si son hidalgos, gustan ms del sincero y enrgico
lenguaje que de la tmida y vacilante tentativa.

Por sensual queda en desuso la lrica pagana; y la cristiana, que fu
hermosa por haber cambiado los humanos el ideal de Cristo, mirado ayer
como el ms pequeo de los dioses, y amado hoy como el ms grande,
acaso, de los hombres.

No hay obra permanente, porque las obras de los tiempos de
reenquiciamiento y remolde son por esencia mudables e inquietas.

La elaboracin del nuevo estado social hace insegura la batalla por la
existencia personal y ms recios de cumplir los deberes diarios que, no
hallando vas anchas, cambian a cada instante de forma y va, agitados
del susto que produce la probabilidad o vecindad de la miseria.

El amor entona cantos fugitivos, mas no produce--por ser sentimiento
culminante y vehemente, cuya sensacin fatiga y abruma--obras de
reposado aliento y laboreo penoso.

Parece profanacin dar al Creador de todos los seres, y de todo lo que
ha de ser, la forma de uno solo de los seres.

Una gran montaa parece menor cuando est rodeada de colinas.

El genio va pasando de individual a colectivo.

La guerra, antes fuente de gloria, cae en desuso, y lo que pareci
grandeza comienza a ser crimen.

La corte, antes albergue de bardos de alquiler, mira con ojos asustados
a los bardos modernos, que aunque a veces arriendan la lira, no la
alquilan ya por siempre, y aun suelen no alquilarla.

No hay accidente para el espritu del hombre; no hay ms que norte,
coronado de luz.

La montaa acaba en pico; en cresta la ola empinada que la tempestad
arremolina y echa al suelo; en copa el rbol; y en cima ha de acabar la
vida humana.

La batalla est en los talleres; la gloria en la paz; el templo en toda
la tierra; el poema en la naturaleza.

No hay ms difcil faena que sta de distinguir en nuestra existencia la
vida pegadiza y postadquirida, de la espontnea y prenatural.

Se viene a la vida como cera, y el azar nos vaca en moldes prehechos.

Cuando la vida se asiente, surgir el Dante venidero, no por mayor
fuerza suya sobre los hombres dantescos de ahora, sino por mayor fuerza
del tiempo.

Qu es el hombre arrogante, sino vocero de lo desconocido, eco de lo
sobrenatural, espejo de las luces eternas, copia ms o menos acabada del
mundo en que vive!

Las convenciones creadas deforman la existencia verdadera, y la
verdadera vida viene a ser como corriente silenciosa que se desliza
invisible bajo la vida aparente, no sentida a las veces por el mismo en
quien hace su obra canto, a la manera con que el Guadiana misterioso
corre luengo camino calladamente por bajo de las tierras andaluzas.

Asegurar el albedro humano; dejar a los espritus su seductora forma
propia; no deslucir con la imposicin de ajenos prejuicios las
naturalezas vrgenes; ponerlas en aptitud de tomar por s lo til, sin
ofuscarlas, ni impelerlas por una va marcada: he ah el nico modo de
poblar la tierra de la generacin vigorosa y creadora que le falta!

Las redenciones han venido siendo tericas y formales: es necesario que
sean efectivas y esenciales.

Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad poltica subsiste,
mientras no se asegure la libertad espiritual.

El primer trabajo del hombre es reconquistarse.

Urge devolver los hombres a s mismos; urge sacarlos del mal gobierno de
la convencin que sofoca o envenena sus sentimientos, acelera el
despertar de sus sentidos y recarga su inteligencia con un caudal
pernicioso, ajeno, fro y falso.

Slo lo genuino es fructfero.

Slo lo directo es poderoso.

Lo que otro nos lega es como manjar recalentado.

Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que so
pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les ensea un cmulo
aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al odo, antes que la
dulce pltica de amor, el evangelio brbaro del odio!

Los buenos eslabones dan chispas altas.

Menguada cosa es lo relativo que no despierta el pensamiento de lo
absoluto.

Todo ha de hacerse de manera que lleve la mente a lo general y a lo
grande.

La filosofa no es ms que el secreto de la relacin de las varias
formas de existencia.

La luz es el gozo supremo de los hombres.

La majestad evoca y pone en pie todo lo majestuoso.

La perfeccin de la forma se consigue casi siempre a costa de la
perfeccin de la idea.

Selanse por sus desbordes y turbulencias las obras que arrancan
derechamente de lo profundo de las almas magnas.

No hay placer como este de saber de dnde viene cada palabra que se usa,
y a cunto alcanza.

Nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el estudio esmerado y
la aplicacin oportuna del lenguaje.

No han de ser los versos como la rosa centifolia, toda llena de hojas,
sino como el jazmn del Malabar, muy cargado de esencias.

El verso, por dondequiera que se quiebre, ha de dar luz y perfume.

Mas ni el vino mejora, luego de hecho, por aadirle alcoholes ni
taninos; ni se aquilata el verso, luego de nacido, por engalanarlo con
aditamentos y aderezos. Ha de ser hecho de una pieza y de una sola
inspiracin, porque no es obra de artesano que trabaja a cordel, sino de
hombre en cuyo seno anidan cndores, que ha de aprovechar el aleteo del
cndor.

Caballo de paseo no gana batallas.

No est en el divorcio el remedio de los males del matrimonio, sino en
escoger bien la dama y en no cegar a destiempo en cuanto a las causas
reales de la unin.

En el pulimento no est la bondad del verso, sino en que nazca alado y
sonante.

No se d por hecho el verso en espera de acabarle luego, cuando an no
est acabado; que luego se le rematar en apariencia, mas no
verdaderamente ni con ese encanto de cosa virgen que tiene el verso que
no ha sido sajado ni trastrojado.

Cuando el verso quede por hecho ha de estar armado de todas armas, con
coraza dura y sonante, y de penacho blanco rematado el buen casco de
acero reluciente.

Quien va en busca de montes, no se detiene a recoger las piedras del
camino.

Han de podarse de la lengua potica, como del rbol, todos los retoos
entecos, o amarillentos, o mal nacidos, y no dejar ms que los sanos y
robustos, con lo que, con menos hojas, se alza con ms gallarda la
rama, y pasea en ella con ms libertad la brisa y nace mejor el fruto.

Pulir es bueno, mas dentro de la mente y antes de sacar el verso al
labio.

El verso hierve en la mente como en la cuba el mosto.

Saluda el sol y acata al monte.

Quin no sabe que la lengua es jinete del pensamiento, y no su caballo?

La imperfeccin de la lengua humana para expresar cabalmente los
juicios, afectos y designios del hombre, es una prueba perfecta y
absoluta de la necesidad de una existencia venidera.

El eco en el alma dice cosa ms honda que el eco del torrente.

La vida humana no es toda la vida.

La tumba es va y no trmino.

La mente no podra concebir lo que no fuera capaz de realizar.

La muerte es jbilo, reanudamiento, tarea nueva.

La vida humana sera una invencin repugnante y brbara si estuviera
limitada a la vida en la tierra.

Del sufrimiento, como el halo de la luz, brota la fe en la existencia
venidera.

El dolor conforta, acrisola y esclarece.

Qu es el poeta sino alimento vivo de la llama con que alumbra?

Ms bella es la naturaleza cuando la luz del mundo crece con la de la
libertad; y va como empaada y turbia, sin el Sol elocuente de la tierra
redimida, ni el jbilo del campo, ni la salud del aire, all donde los
hombres, al despertar cada maana, ponen la frente al yugo, lo mismo que
los bueyes.

Tienen los pueblos, como los hombres, horas de heroica virtud, que
suelen ser cuando el alma pblica, en la niez de la esperanza, cree
hallar en sus hroes, sublimados con el ejemplo unnime, la fuerza y el
amor que han de sacarlo de agona; o cuando la pureza continua de un
alma esencial, despierta, a la hora misteriosa del deber, las races del
alma pblica.

Suele el hombre en los grandes momentos, cuando lo pone por las alturas
la nobleza ajena o propia, perder, con la visin de lo porvenir, la
memoria minuciosa de lo presente.

Sombra es el hombre, y su palabra como espuma, y la idea es la nica
realidad.

Slo ve la luz de un rostro la mujer de repente enamorada.

Las reformas, como el hombre mismo, tienen entraas de justicia y
veleidades de fieras.

Lo justo, a veces, por el modo de defenderlo, parece injusto.

En lo social y poltico acontece, como en las querellas de gente de mar
y de suburbio, que el pual de ancha hoja con que dirimen sus contiendas
de honra, da a stas semejanza de delito.

De todos los problemas que pasan hoy por capitales, slo lo es uno; y de
tan tremendo modo, que todo tiempo y celo fueran pocos para conjurarlo:
la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia.

La mente humana, artstica y aristocrtica de suyo, rechaza a la larga y
sin gran demora, a poco que se la cultive, cuanta reforma contiene
elementos brutales e injustos.

La educacin suaviza ms que la prosperidad: no esa educacin meramente
formal, de escasas letras, nmeros dgitos y contornos de tierras, que
se da en escuelas demasiado celebradas y en verdad estriles, sino
aquella otra ms sana y fecunda, no intentada apenas por los hombres,
que revela a stos los secretos de sus pasiones, los elementos de sus
males, la relacin forzosa de los medios que han de curarlos al tiempo y
naturaleza tradicional de los dolores que sufren, la obra negativa y
reaccionaria de la ira, la obra segura e incontrastable de la paciencia
inteligente.

Por educacin se ha venido entendiendo la mera instruccin, y por
propagacin de la cultura la imperfecta y morosa enseanza de modos de
leer y de escribir.

Definir es salvar.

La verdad, una vez despierta, no vuelve a dormirse.

El espritu, ms vasto que el mar, ni se seca ni se evapora, ni cesa de
querer, ni ceja en lo que quiere; y puesto a la conquista de un derecho,
mina, como la ola salada del mar mina las rocas, esos derechos de
convencin fortalecidos por los siglos, y acorazados por pechos que el
amor al lujo y el desentendimiento criminal de los dolores ajenos
petrifica.

Todos los rboles de la tierra se concentrarn al cabo en uno, que dar
en lo eterno suavsimo aroma: el rbol del amor--de tan robustas y
copiosas ramas, que a su sombra se cobijarn sonrientes y en paz todos
los hombres!

Otro manda, y nosotros andamos.

Cuando una fruta se corrompe, hay que dejarla corromper de un todo, para
que con sus acres residuos abone la tierra y salga de ella fruta sana y
nueva.

Los pueblos son masas enormes, que de s propios se mueven, brillan como
relmpagos, desprndense como avalancha, destanse e incendian como el
rayo, y cuando dejan caer el alma a sus pies, mientras que arteros
envenenadores les llevan a los labios copas henchidas de mieles
letrgicas, y joyeros complacientes les llenan el cuerpo femenil de
joyas, y descuidadas mozas los coronan de flores, y laxan con besos,
pesan, ay! los pueblos, como rocas, o como cadveres.

Como cuerpos que ruedan por un plano inclinado, as las ideas justas,
por sobre todo obstculo y valla, llegan a logro.

Una idea justa que aparece, vence.

La herencia estimula a la holganza, al egosmo y al vicio.

La dote lleva como de la mano la desventura de la mujer y el
rebajamiento del hombre.

Quin no ha sentido, una vez al menos en la vida, el beso del Apstol
en la frente, y en la mano la espada de batalla?

Quien quiere triunfar en la tierra, ay! no ha de vivir cerca del cielo.

La victoria est hecha de cesiones.

La reaccin se extrema siempre en el mismo grado en que se extrema la
accin que la provoca: a accin justa, reaccin nula; a accin
medianamente justa, reaccin lenta y blanda; a accin extremadamente
injusta, reaccin febril y exagerada.

La revolucin quiere alas; los gobiernos pies.

Como cada pensamiento trae su molde, cada condicin humana trae su
expresin propia.

Sobre la tierra no hay ms que un poder definitivo; la inteligencia
humana.

El derecho mismo, ejercitado por gentes incultas, se parece al crimen.

Los hombres fuertes que se sienten torpes, se abrazan a las rodillas de
los hombres inteligentes, como Hrcules montuoso a las rodillas mrbidas
de Omphala.

La inteligencia da bondad, justicia y hermosura: como un ala, levanta el
espritu; como una corona, hace monarca al que la ostenta; como un
crisol, deja al tigre en la taza y da curso feliz a las guilas y a las
palomas. Del pual hace espada; de la exasperacin, derecho; del
gobierno, xito; de lo lejano, cercana.

Al resplandor del derecho, el abuso ceja, como ruin galancete ante el
enojo de una dama pura.

Si el derecho se echa encima manto de ira, los mismos que el derecho
reconocen se alzarn contra l tristemente, como padre que ata a su hijo
loco.

Quien intenta triunfar, no inspire miedo: que nada triunfa contra el
instinto de conservacin amenazado.

Quien intenta gobernar, hgase digno del gobierno, porque si, ya en l,
se le van las riendas de la mano, o de no saber qu hacer con ellas,
enloquece, y las sacude como ltigos sobre las espaldas de los
gobernados, de fijo que se las arrebatan, y muy justamente, y se queda
sin ellas por siglos enteros.

La victoria no est slo en la justicia, sino en el momento y modo de
pedirla; no en la suma de armas en la mano, sino en el nmero de
estrellas en la frente.

En toda palabra ha de ir envuelto un acto.

La palabra es una coqueta abominable, cuando no se pone al servicio del
honor y del amor.

Prever es el deber de los verdaderos estadistas.

Dejar de prever es un delito pblico.

Lo que importa no es que nosotros triunfemos, sino que nuestra patria
sea feliz.

Para qu se es hombre honrado, para qu se es hijo de un pueblo, sino
para tener gozo en padecer por l, y en sacrificarle hasta las mismas
pasiones grandiosas que nos inspira?

Los libros suelen estorbar para la gloria verdadera.

La tirana no corrompe, sino prepara!

Qu clera la de un pueblo forzado a acorralar su alma!

El que vive de la infamia, o la codea en paz, es un infame.

Ver en calma un crimen, es cometerlo.

No hay ms que una gloria cierta, y es la del alma que est contenta de
s.

El vil no es el esclavo, ni el que lo ha sido, sino el que vi este
crimen, y no jura, ante el tribunal certero que preside en las sombras,
hasta sacar del mundo la esclavitud y sus huellas.

Si entre los cubanos vivos no hay tropa bastante para el honor, qu
hacen en la playa los caracoles, que no llaman a guerrear a los indios
muertos!

Dos clases de hombres hay: los que andan de pie, cara al cielo, pidiendo
que el consuelo de la modestia descienda sobre los que viven sacndose
la carne, por pan ms o pan menos, a dentelladas, y levantndose, por ir
de sortija de brillante, sobre la sepultura de su honra: y otra clase de
hombres, que van de hinojos, besando a los grandes de la tierra el
manto.

Cuando la grandeza no se puede emplear en los oficios de caridad y
creacin que la nutren, devora a quien la posee.

Pesan mucho sobre el corazn del genio honrado las rodillas de todos
los hombres que la doblan!

Sin sonrisa de mujer no hay gloria completa de hombre.

Cuando se escribe con la espada en la historia, no hay tiempo ni
voluntad para escribir con la pluma en el papel.

El hombre es superior a la palabra.

Las etapas de los pueblos no se cuentan por sus pocas de sometimiento
infructuoso, sino por sus instantes de rebelin.

Los hombres que ceden no son los que hacen a los pueblos, sino los que
se rebelan.

El dspota cede a quien se le encara, con su nica manera de ceder, que
es desaparecer: no cede jams a quien se le humilla.

Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y
rollizos, sirven de cabalgadura al amo burln, sino cuando de un vuelco
altivo desensillan al amo.

Un pueblo se amengua cuando no tiene confianza en s: crece cuando un
suceso honrado viene a demostrarle que an tiene entero y limpio el
corazn.

El egosmo es la mancha del mundo, y el desinters su sol.

En este mundo no hay ms que una raza inferior: la de los que consultan
antes que todo su propio inters, bien sea el de su vanidad, o el de su
soberbia, o el de su peculio:--ni hay ms que una raza superior: la de
los que consultan, antes que todo, el inters humano.

Sagrado es el que, en la robustez de la vida, con el amor a la cabecera
de la mesa cmoda, ech la mesa atrs, y los consejos del amor cobarde,
y sirvi a su pueblo, sin miedo a padecer ni a morir.

No es poeta el que echa una hormiga a andar, con una bomba de jabn al
lomo... sino el que de su corazn, listado de sangre como jacinto, da
luces y aromas.

Por la tierra hay que pasar volando, porque de cada grano de polvo se
levanta el enemigo, a echar abajo, a garfio y a saeta, cuanto nace con
ala.

El dolor delicado y continuo, por donde el hombre se conoce y ennoblece,
acendra y eleva el espritu que se abraza a l como a la verdadera
salvacin, y la cruz que ensangrent los hombros viene a ser el ncora
con que el alma despercudida se clava al puerto eterno.

Es ms propio del hombre, aunque no lo parezca, el derramar consuelos
que el recibirlos.

Todo est dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son
nuevas.

Confirmar es creer.

Lo que hace crecer el mundo no es el descubrir cmo est hecho, sino el
esfuerzo de cada uno para descubrirlo.

El que saca de s lo que otro sac de s antes que l, es tan original
como el otro.

Dgase la verdad que se siente, con el mayor arte con que se pueda
decirla.

La emocin en poesa es lo primero, como seal de la pasin que la
mueve, y no ha de ser caldeada o de recuerdo, sino sacudimiento del
instante, y brisa o terremoto de las entraas.

Lo que se deja para despus es perdido en poesa, puesto que en lo
potico no es el entendimiento lo principal, ni la memoria, sino cierto
estado de espritu confuso y tempestuoso, en que la mente funciona de
mero auxiliar, poniendo y quitando, hasta que queda en msica, lo que
viene de fuera de ella.

En poesa, como en pintura, se ha de trabajar con el modelo.

Sin emocin se puede ser escultor en verso, o pintor en verso; pero no
poeta.

No est el arte en meterse por los escondrijos del idioma, y desparramar
por entre los versos palabras arcaicas o violentas; ni en deslucirle la
beldad natural a la idea potica ponindole de tocado, como a la novia
rusa, una mitra de piedras ostentosas; sino en escoger las palabras de
manera que con su ligereza o seoro aviven el verso o le den paso
imperial, y silben o zumben, o se arremolinen y se arrastren, y se
muevan con la idea, tundiendo y combatiendo, o se aflojen y arrullen, o
acaben, como la luz del sol, en el aire incendiado.

Cada emocin tiene sus pies, y cada hora del da; y un estado de amor
quiere dctilos, y anapestos la ceremonia de las bodas, y los celos
quieren ambos.

Un juncal se pintar con versos leves, y como espigados, y el tronco de
un roble con palabras rugosas, retorcidas y profundas.

En el lenguaje de la emocin, como en la oda griega, ha de oirse la ola
en que estalla, y la que le responde, y luego el eco.

En el aparato no est el arte, ni en la hinchazn, sino en la
conformidad del lenguaje y la ocasin descrita, y en que el verso salga
entero del horno, como lo di la emocin real, y no agujereado y sin los
perfiles, para atiborrarlo despus, en la tortura del gabinete, con
adjetivos huecos, o remendarle las esquinas con estuco.

Este arte de los tonos en poesa no es nada menos que el de decir lo que
se quiere, de modo que alcance y perdure, o no decirlo.

Los aos que se pasan lejos del suelo nativo son aos muy largos.

El verdadero hombre no mira de qu lado se mira mejor, sino de qu lado
est el deber.

El que haya puesto los ojos en las entraas universales, y visto hervir
los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos,
sabe que el porvenir, sin una sola excepcin, est del lado del deber.

Las palabras deshonran cuando no llevan detrs un corazn limpio y
entero.

Las palabras estn de ms, cuando no fundan, cuando no esclarecen,
cuando no atraen, cuando no aaden.

Un pueblo que entra en revolucin no sabe de ella hasta que se extingue
o la corona.

Pensar es abrir surcos, levantar cimientos y dar el santo y sea de los
corazones.

El triunfo es de los que se sacrifican.

El hombre se deshonra cuando deshonra a los dems.

El hombre de actos slo respeta al hombre de actos.

El que se ha encarado mil veces con la muerte, y lleg a conocerle la
hermosura, no acata, no puede acatar, la autoridad de los que temen a la
muerte.

El poltico de razn es vencido, en los tiempos de accin, por el
poltico de accin: vencido y despreciado, o usado como mero instrumento
y cmplice, a menos que, a la hora de montar, no se eche la razn al
puente, y monte.

No se sabe cules sean las ambiciones ms funestas para un pas que no
ha comenzado an a nacer, si los militares o los civiles.

Con los pueblos sucede como con lo dems de la naturaleza, donde todo lo
necesario se crea a la hora oportuna, de lo mismo que se le opone y
contradice.

Levanten el nimo los que lo tengan cobarde!: con treinta hombres se
puede hacer un pueblo.




III

Del vol. "En los Estados Unidos". (Primera Parte.)




III


La justicia de una causa es deslucida muchas veces por la ignorancia y
el exceso en la manera de pedirla.

Al que se cra para toro no puede exigirse que salga ngel: y el obrero,
no educado en finezas mentales, ni dispuesto, por lo que sufre y ve, a
dulzuras evanglicas, cuando tiene que decir o hacer lo dice o hace a
manera de obrero; si es conductor de carros, con guantes de cuero; si es
zapatero, con lezna; si es herrero, con martillo.

Slo son bellos, en hombre y en mujer, los vestidos que siguen la lnea
humana.

En poltica se puede una vez que otra ser sincero y honrado.

Las gentes de dinero, iglesia y milicia se preocupan ms en acumular
medios de ataque contra los humildes que van subiendo, que en descabezar
sus iras poniendo honrado remedio a sus legtimas angustias.

Nada excita tanto a la violencia como el desafo y la preparacin
prematura contra la justicia.

Es digno del cielo el que intenta escalarle.

Slo los que han bregado cuerpo a cuerpo con la verdad, para reducirla a
la frase o al verso, saben cunto honor hay en ser vencido por ella.

Cada hombre trae en s el deber de aadir, de domar, de revelar.

Los artistas jvenes hallan en el mundo una pintura de seda, y con su
soberbia grandiosa de estudiantes quieren un artesano de tierra y de
sol.

Es, por esencia, trascendental el espritu humano.

Toda rebelin de forma arrastra una rebelin de esencia.

El egosmo levanta a los pueblos y los pierde.

Hombres haga quien quiera hacer pueblos.

Todas las grandes ideas de reforma se condensan en apstoles y se
petrifican en crmenes, segn en su llameante curso prendan en almas de
amor o en almas destructivas.

Unos estn empeados en edificar y levantar: otros nacen para abatir y
destruir.

Tiene tanto el periodista de soldado!

El arte de escribir no es reducir?

El mejor modo de mantener al vencido en el estado de espritu necesario
para vencer, es mantenerse en pie, ante l, como vencedor.

La guerra se hizo, cualquiera que fuese su pretexto, para acabar con la
esclavitud.

El odio poltico no duerme y se complace en afear toda hermosura.

La libertad debiera ya tener su arquitectura.

Toda cortesa es til, y no hacen mal esos dulces engaos.

El hombre se siente consagrado en los ancianos.

En un mero soldado la rapia puede ser natural; pero todo atentado
contra el derecho, en tierra propia o ajena, es crimen en un hombre de
pensamiento.

Slo las madres, siempre benvolas, saben la tarea que el nio puede
soportar sin fatiga.

El carcter impera.

La elocuencia brilla.

El que sabe dominar las pasiones ajenas o tiene grandes las propias, es
gua natural de los hombres, aunque efmero, a menos que la virtud no lo
posea; pero el que al fin triunfa, no es el que enciende y desata las
pasiones, sino el que sabe reprimirlas.

Nada hace padecer tanto a un hombre virtuoso, ni le pone ms cerca el
juicio de la ira, que ver interpretadas por la malignidad o el inters
sus intenciones.

Slo merece gobernar a los pueblos quien tiene menos flaquezas que
ellos.

Las piedras del odio, a poco de estar al sol, hieden y se desmoronan,
como masas de fango.

Los presidentes son para unir, no para dividir.

El hombre lleva en s lo que lo pierde, que es el inters, y lo que lo
redime, que es el sentimiento.

Trabaja intilmente, porque ser vencida, esa generacin pueril de
filoclastas que anda, por esclavitud de la moda, con traje de cinismo.

La inteligencia tiene sus petimetres, que son los que toman a pecho
cualquier novedad que sale de las sastreras, y sus verdaderos
elegantes, que son los que llevan sus vestidos de modo que siempre estn
bien, porque no acatan ninguna exageracin y siguen la gracia natural
del cuerpo.

Mal va un hombre cuando no le da un vuelco el corazn al leer o
presenciar un acto heroico.

Se nota en el lenguaje de los negros cultos un dejo de desolacin que
mueve a echarles los brazos.

La riqueza es al fin una patria, cuando no se la tiene propia.

El hombre debe dormir alguna vez al aire, desafiar la lluvia, manejar
las armas que defendern maana la tierra patria o el derecho, de velar
al pie de algo ms que un mostrador o una ventana.

El dolor es la sal de la gloria.

Todo se afina, se purifica y crece.

Para qu, sino para poner paz en los hombres, han de ser los adelantos
de la ciencia?

Por un lado es ala el hombre, que mira al cielo; y por el otro es
hocico, clavado en la tierra: hay que empujar perennemente el ala.

Cada poca se pone en una fiesta que la representa y refleja sus
ideales.

Jams llegaron a fiesta pblica, fuera de aqullos que la pasin exagera
y deshace, sino aquellos sentimientos potentes que de vez en cuando,
como energas volcnicas, levantan los pueblos, y quedan para siempre
visibles en ellos, como los montes en la tierra.

Es moda nueva, de esmalte, moda de puro barniz, suponer que los
accidentes de educacin y clima puedan alterar la esencia de los
hombres, iguales en todas partes, salvo lo que les pone, o lo que no les
ha puesto, la vida acumulada de las generaciones.

Para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y
expresiones: en sus elementos, en sus tendencias, en sus apstoles, en
sus poetas y en sus bandidos.

Los pueblos son como los obreros a la vuelta del trabajo: por fuera cal
y lodo, pero en el corazn las virtudes respetables.

Por sobre las razas, que no influyen ms que en el carcter, est el
espritu esencial humano, que los confunde y unifica.

El pudor del hombre est en la mente, y se ha de llegar con l inclume
a los ochenta aos.

Reproducir no es crear, y crear es el deber del hombre.

La palabra sincera huye, como nia decorosa, de los comedores venales.

El aire ha de estar lleno de almas desinteresadas y amigas.

Como la derrota consume, el xito robustece.

En la arquitectura, como en todas las artes, el modo ms seguro de matar
el efecto es rebuscarlo.




IV

Del vol. "En los Estados Unidos". (Segunda Parte.)




IV


No ha de temerse la sinceridad; slo es tremendo lo oculto.

La vida tiene horas de oro en que parece que el sol sale en el alma, y
como ejrcito que asalta, escala y bulle la gloria por las venas.

En la justicia no cabe demora; y el que dilata su cumplimiento, la
vuelve contra s.

Los pcaros han puesto de moda el burlarse de los que se resisten a ser
pcaros.

La poltica virtuosa es la nica til y durable.

Aplazar no es resolver. Si existe un mal, con permitir que se acumule no
se remedia. El crimen, el crimen de permitirlo, trae siempre sangre.

Pan no se puede dar a todos los que lo han menester, pero los pueblos
que quieren salvarse han de preparar a sus hijos contra el crimen.

El que conoce lo bello, y la moral que viene de l, no puede vivir luego
sin moral y belleza.

Una ciudad es culpable mientras no es toda ella una escuela: la calle
que no lo es, es una mancha en la frente de la ciudad.

Debe ser obligatorio el servicio de maestros, como el de soldados.

Preparar un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor
modo de defenderlo.

De vez en cuando es necesario sacudir el mundo, para que lo podrido
caiga a tierra.

Las religiones todas son iguales: puestas una sobre otra, no se llevan
un codo ni una punta.

Las religiones todas han nacido de las mismas races, han adorado las
mismas imgenes, han prosperado por las mismas virtudes y se han
corrompido por los mismos vicios.

Las religiones, que en su primer estado son una necesidad de los pueblos
dbiles, perduran luego como anticipo, en que el hombre se goza, del
bienestar final potico que confusa y tenazmente desea.

Las religiones, en lo que tienen de durable y puro, son formas de la
poesa que el hombre presiente fuera de la vida, son la poesa del mundo
venidero: por sueos y por alas los mundos se enlazan!: giran los
mundos en el espacio unidos, como un coro de doncellas, por estos lazos
de alas. Por eso la religin no muere, sino se ensancha y acrisola, se
engrandece y explica con la verdad de la naturaleza y tiende a su estado
definitivo de colosal poesa.

Las religiones todas, fuera de aquellas ya aventadas que en anuncio de
la final religin potica han establecido la razn, tienen sus milagros,
sus arspices, sus orculos, sus dolos, sus _juggernaut_ que tunden y
fulminan, hasta que, negados los fieles a creer que la palabra de Dios
sea enemiga del albedro, condiciones y virilidad que nacen con el
hombre, se acercan al _juggernaut_ con maza en mano, le descien el
manto, le quitan las faldas de formas de flores, le quiebran el vientre
esfrico, le levantan el capuz funeral, orlado de luminosa pedrera, y
en vez de la palabra de Dios, a que en seguida corren a alzar templo,
encuentran un tabln viejo y rodo, con los pies y las manos de carbn
pintado, como los gigantes de las ferias.

Oh! la ciencia que se aprende en el libro de todos los das, con la
pluma, con las bridas, con el componedor, con el cepillo, con la lezna!

Donde luce un espritu sincero, los hombres se congregan y siguen el
camino, como detrs del manso la majada.

Color y olor tienen las almas.

La verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen.

La flor del pensamiento es la poesa.

Lo ms recio de la fe del hombre en las religiones es su fe en s
propio, y su soberbia resistencia a creer que es capaz de errar; lo ms
potente de la fe es el cario a los tiempos tiernos en que se la recibe,
y las manos adoradas que nos la dieron.

La religin, falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio, es
eternamente verdadera como poesa.

Se conocen repblicas falsas que cernidas en un tamiz, slo produciran
el alma de un lacayo; pero donde la libertad verdaderamente impera, sin
ms obstculos que los que le pone nuestra naturaleza, no hay trono que
se parezca a la mente de un hombre libre, ni autoridad ms augusta que
la de sus pensamientos.

Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caer.

A las poesas del alma nadie podr cortar las alas, y siempre habr ese
magnfico desasosiego y esa mirada ansiosa hacia las nubes.

Con las libertades, como con los privilegios, sucede que juntas triunfan
o peligran, y que no puede pretenderse o lastimarse una sin que sientan
todas el dao o el beneficio.

Cuanto abata o reduzca al hombre, ser abatido.

Hay hombres ardientes en quienes, con todos los tormentos del horno, se
purifica la especie humana.

Hay hombres dispuestos para guiar sin inters, para padecer por los
dems, para consumirse iluminando.

Slo sirve dignamente a la libertad el que, a riesgo de ser tomado por
su enemigo, la preserva sin temblar de los que la comprometen con sus
errores.

Las grandes opresiones engendran los grandes rebeldes.

Siempre lo impuesto es vano y lo libre es vivfico.

No es el hombre ms que una de esas burbujas resplandecientes que danzan
a tumbos ciegos en un rayo de sol.


  Tiene el negro una gran bondad nativa, que ni el martirio de la
esclavitud pervierte, ni se oscurece con su varonil bravura.

  Pero tiene, ms que otra raza alguna, tan ntima comunin con la
naturaleza, que parece ms apto que los dems hombres a estremecerse y
regocijarse con sus cambios.

  Hay en su espanto y alegra algo de sobrenatural y maravilloso que no
existe en las dems razas primitivas, y recuerda en sus movimientos y
miradas la majestad del len: hay en su afecto una lealtad tan dulce,
que no hace pensar en los perros, sino en las palomas: y hay en sus
pasiones tal claridad, tenacidad, intensidad, que se parecen a los de
los rayos del sol.

  Jess es lo que ms aman de todo lo que saben de la cristiandad estos
desconsolados, porque lo ven fusteado y manso como se vieron ellos.


La mente, puesta a obrar, no cesa; el dolor, puesto a bullir, estalla;
la palabra, puesta a agitar, se desordena; la vanidad, puesta a lucir,
arrastra; la esperanza, puesta en accin, acaba en el triunfo o la
catstrofe; "para el revolucionario, dijo St. Just, no hay ms descanso
que la tumba!"

Quin que anda con ideas no sabe que la armona de todas ellas, en que
el amor preside a la pasin, se revela apenas a las mentes sumas que ven
hervir el mundo sentados, con la mano sobre el sol, en la cumbre del
tiempo!

Una vez reconocido el mal, el nimo generoso sale a buscarle remedio:
una vez agotado el recurso pacfico, el nimo generoso, donde labra el
dolor ajeno como el gusano en la llaga viva, acude al remedio violento.

El jabal perseguido no oye la msica del aire alegre, ni el canto del
universo, ni el andar grandioso de la fbrica csmica: el jabal clava
las ancas contra un tronco oscuro, hunde el colmillo en el vientre de su
perseguidor, y le vuelca el redao.

As como la vida del hombre se concentra en la mdula espinal y la de la
tierra en las masas volcnicas, surgen de entre esas muchedumbres,
erguidos y vomitando fuego, seres en quienes parece haberse amasado todo
su horror, sus desesperaciones y sus lgrimas.

Las almas dan sonidos, como los ms acordes instrumentos.

Terrible es, libertad, hablar de ti para el que no te tiene. Una fiera
vencida por el domador no dobla la rodilla con ms ira. Se conoce la
hondura del infierno, y se mira desde ella, en su arrogancia de sol, al
hombre vivo. Se muerde el aire, como muerde una hiena el hierro de su
jaula. Se retuerce el espritu en el cuerpo como un envenenado.

Del fango de las callea quisiera hacerse el miserable que vive sin
libertad, la vestidura que le asienta. Los que te tienen, oh libertad,
no te conocen. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino
conquistarte.

Los hombres que quedan son los que encarnan en s una idea que combate,
o una aspiracin destinada al triunfo,--los que pasan por el mundo
voceando y luciendo con velocidad extraordinaria--como los astros.
Mientras viven, se les seala con el dedo; en cuanto mueren se ve que
donde ellos caen se levanta una estatua. No importa que hayan defendido
sus doctrinas con exceso: as han de defenderse las ideas justas, para
que al retraerse, como todo se retrae, en la marea del universo, no
quede la idea demasiado atrs.

Un grano de poesa sazona un siglo.

La alegra viene de la gente llana.

No se vive sin sacar luz en la familiaridad con lo enorme.

El hbito de domar da al rostro de los escultores un aire de triunfo y
rebelda.

Engrandece la simple capacidad de admirar lo grande, cuanto ms el
moldearlo, el acariciarlo, el ponerle alas, el sacar del espritu en
idea lo que a brazos, a miradas profundas, a golpes de cario ha de ir
encorvando y encendiendo el mrmol y el bronce.

Jams sin dolor profundo produjo el hombre obras verdaderamente bellas.

Disfraz abominable y losa fnebre son las sonrisas y los pensamientos
cuando se vive sin patria, o se ve en garras enemigas un pedazo de ella:
un vapor de embriaguez perturba el juicio, sujeta la palabra, apaga el
verso, y todo lo que produce entonces la mente nacional es deforme y
vaco, a no ser lo que expresa el anhelo de las almas.

Quin siente mejor la ausencia de un bien que el que lo ha posedo y lo
pierde?

Los que no creen en la inmortalidad creen en la historia.

Es necesario elevarse como los montes para ser vistos de lejos.

La falta de proporcin parece indispensable a la grandeza.

Como la montaa, la vida del hombre que perdura ha de ser selvtica,
enmaraada: ac una cripta, all un roble, por all una enredadera;
incorrecta, abrupta, rugosa.

La pasin es una nobleza.

Los apasionados son los primognitos del mundo.

Los fuertes doman la pasin; pero en cuanto logran extinguirla, cesan de
ser fuertes.

Hasta para ser justo se necesita ser un poco injusto.

La fama es premio justo de quien tiene el valor de sacrificar el grato
sigilo de su persona a la idea que defiende.

Donde el virtuoso se recata, el ambicioso vence.

La justicia manda reconocer que el mundo adelanta por la obra unida,
hostil en la apariencia e idntica en el fondo, de la ambicin y la
virtud.

Triunfa de lado la virtud en la poltica, pero nunca de un modo directo
y absoluto.

El alma, es verdad, va por la vida como en la cacera la cierva
acorralada, sin tiempo para despuntar los retoos jugosos, o aspirar el
aire vivfico, o aquietar la sed en aquel arroyuelo del bosque que corre
entre las dos riberas verdes, luz derretida, joya lquida, discurso de
la naturaleza que fortifica y alecciona por donde pasa. En cuanto el
alma asoma, un escopetazo la echa abajo: para vivir, hay que esconderla
donde no nos la sospechen, y en las horas de soledad, en las horas de
lujo, sacarla a la luz tenue, como el relicario que guarda la efigie de
la mujer querida, y llorar sobre ella, acariciarle la cabellera pegada a
las sienes, aquietarle la mirada ansiosa, y decirle con la voz de los
desesperados: "cundo acabaremos, alma?"

Todo vivo, que debiera ser un aroma, es un cmplice; y la existencia es
ms feliz mientras son ms numerosas y francas las complicidades.

Todo es smbolo y sntesis, y hay que ir a buscar la raz de todo.

Morir, no es volver a lo que se era en principio?




V

Del vol. "La Edad de Oro".




V


El nio ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser
hermoso: el nio puede hacerse hermoso, aunque sea feo; un nio bueno,
inteligente y aseado, es siempre hermoso.

Nunca es un nio ms bello que cuando trae en sus manecitas de hombre
fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana,
para que nadie se la ofenda: el nio crece entonces, y parece un
gigante: el nio nace para caballero, y la nia nace para madre.

Los nios son los que saben querer; los nios son la esperanza del
mundo.

Los nios saben ms de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen
lo que saben, muy buenas cosas que escribiran.

Para escribir bien de una cosa hay que saber de ellas mucho.

Las nias deben saber lo mismo que los nios, para poder hablar con
ellos como amigos cuando vayan creciendo.

Es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien
hablar, porque las mujeres de la casa no sepan contarle ms que de
diversiones y de modas.

Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre
a su patria.

Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y
a hablar sin hipocresa.

Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que
piensa, no es un hombre honrado.

Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el
gobierno sea bueno, no es un hombre honrado.

Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que
pisen el pas donde naci los hombres que se lo maltratan, no es un
hombre honrado.

El nio, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe
padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar
porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre
honrado.

El nio que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con
vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del
trabajo de un bribn, y est en camino de ser bribn.

Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan
ser libres para ser dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando
vive preso: la llama del Per se echa en la tierra y se muere, cuando el
indio le habla con rudeza, o le pone ms carga de la que puede soportar.
El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como
la llama.

Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que
padecen como en agona cuando ven que los hombres viven sin decoro a su
alrededor.

En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber
cierta cantidad de luz.

Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en s
el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza
terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es
robarle a los hombres su decoro.

Los hombres no pueden ser ms perfectos que el sol. El sol quema con la
misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no
hablan ms que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.

Un hombre solo no vale nunca ms que un pueblo entero; pero hay hombres
que no se cansan cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra
antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie ms que a
s mismos, y los pueblos tienen muchos hombres, y no pueden consultarse
tan pronto.

Esos son hroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los
que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad.

Los que pelean por la ambicin, por hacer esclavos a otros pueblos, por
tener ms mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son hroes,
sino criminales.

Un escultor es admirable porque saca una figura de la piedra bruta: pero
esos hombres que hacen pueblos son como ms que hombres.

La palabra de un hombre es ley.

La fortuna es ciega y favorece a los necios.

La fuerza no sirve para todo.

De los casamientos no se puede decir al principio, sino luego, cuando
empiezan las penas de la vida, y se ve si los casados se ayudan y
quieren bien, o si son egostas y cobardes.

Tener talento es tener buen corazn.

Todos los pcaros son tontos.

Los buenos son los que ganan a la larga.

Los hombres son soberbios y no quieren confesar que otro hombre sea ms
fuerte o ms inteligente que ellos.

Son los hombres los que inventan los dioses a su semejanza, y cada
pueblo imagina un cielo diferente, con divinidades que viven y piensan
lo mismo que el pueblo que las ha creado y las adora en los templos.

El hombre se ve pequeo ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y
siente la necesidad de creer en algo poderoso, y de rogarle, para que lo
trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida.

Los pases no se pueden gobernar por el capricho de un tirano, sino por
el acuerdo y respeto de los hombres principales que el pueblo escoge
para explicar el modo con que quiere que lo gobiernen.

Los pueblos, lo mismo que los nios, necesitan de tiempo en tiempo algo
as como correr mucho, reirse mucho y dar gritos y saltos.

En la vida no se puede hacer todo lo que se quiere, y lo que se va
quedando sin hacer sale as de tiempo en tiempo, como una locura.

Los versos no se han de hacer para decir que se est contento o se est
triste, sino para ser til al mundo.

Con la imaginacin se ven cosas que no se pueden ver con los ojos.

La supersticin y la ignorancia hacen brbaros a los hombres en todos
los pueblos.

El mundo tiene ms jvenes que viejos.

Cuando no se ha cuidado del corazn y la mente en los aos jvenes, bien
se puede temer que la ancianidad sea desolada y triste.

Cada ser humano lleva un ser ideal, lo mismo que cada trozo de mrmol
contiene en bruto una estatua, tan bella como la que el griego
Praxiteles hizo del dios Apolo.

La educacin empieza con la vida, y no acaba sino con la muerte.

La mente cambia sin cesar, y se enriquece y perfecciona con los aos.

Las cualidades esenciales del carcter, lo original y enrgico de cada
hombre, se dejan ver desde la infancia en un acto, en una idea, en una
mirada.

Todo hombre tiene el deber de cultivar su inteligencia, por respeto a s
propio y al mundo.

Lo general es que el hombre no logre en la vida un bienestar permanente
sino despus de muchos aos de esperar con paciencia y de ser bueno, sin
cansarse nunca.

El ser bueno da gusto y lo hace a uno fuerte y feliz.

La fuerza del genio no se acaba con la juventud.

Nadie debe morirse mientras pueda servir para algo.

La vida es como todas las cosas, que no debe deshacerlas sino el que
puede volverlas a hacer.

As es la vida, no cabe en ella todo el bien que pudiera uno hacer.

Los nios deban juntarse una vez por lo menos a la semana, para ver a
quin podan hacerle algn bien, todos juntos.

Mejor es morir abrasado por el sol que ir por el mundo, como una piedra
viva, con los brazos cruzados.

Los hombres suelen admirar al virtuoso mientras no los avergenza con su
virtud o les estorba las ganancias.

El hombre virtuoso debe ser fuerte de nimo, y no tenerle miedo a la
soledad, ni esperar a que los dems le ayuden, porque estar siempre
solo.

Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a
uno pasar.

Se es bueno porque s; y porque all dentro se siente como un gusto
cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo til a los dems.

Los hombres deben aprenderlo todo por s mismos, y no creer sin
preguntar, ni hablar sin entender, ni pensar como esclavos lo que les
mandan pensar otros.

Los hombres cada uno cree que slo lo que l piensa y ve es la verdad.

Todos los hombres tienen la misma pena, y la historia igual, y el mismo
amor.

El mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de
la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en
sus libros que es til ser bueno, y han padecido y peleado por ser
libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento.

Es un presumido el que se crea ms sabio que la naturaleza.

Los pueblos que se cansan de defenderse llegan a halar, como las
bestias, del carro de sus amos.

A los pueblos pequeos les cuesta mucho trabajo vivir.

Con lanzas no se puede pelear contra balas.

La vida no es propiedad del hombre, sino prstamo que le hizo la
naturaleza.

Morir no es ms que volver a la naturaleza de donde se vino y en la que
todo es como hermano del hombre.

No hay gusto mayor, no hay delicia ms grande que la vida de un hombre
que cumple con su deber, que est lleno alrededor de espinas.

La vida es toda de dolor; y el dolor viene de desear, y para vivir sin
dolor es necesario vivir sin deseo.

El hombre no ha de descansar hasta que no entienda todo lo que ve.

Los hombres somos como el len del mundo, y como el caballo de pelear,
que no est contento ni se pone hermoso sino cuando huele batalla, y oye
ruido de sables y caones.

La mujer es como una flor, y hay que tratarla as, con mucho cuidado y
cario, porque si la tratan mal, se muere pronto, lo mismo que las
flores.

Con el elefante sucede como con las gentes del mundo, que porque tienen
hermosura de cara y de cuerpo las cree uno de alma hermosa, sin ver que
eso es como los jarrones finos, que no tienen nada dentro, y una vez
pueden tener olores preciosos, y otras peste, y otras polvo.

A los nios no se les ha de decir ms que la verdad, y nadie debe
decirles lo que no sepa.

Hay gente loca, y es la que dice que no es verdad sino lo que se ve con
los ojos.

Se ha de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar, y hacer
que la electricidad, que mata en un rayo, alumbre en la luz.

La vida de tocador no es de hombres.




VI

Del vol. "Hombres".




VI


Qu es ver la luz y celebrarla de lejos, si se la huye de cerca?

Qu es pensar sin obrar, decir sin hacer, desear sin querer?

Qu es ver caer la torre deshecha sobre el pueblo amado, y tener al
pueblo por la espalda, como la celestina a la novicia dolorosa, para que
le caiga mejor la torre encima?

Qu es aborrecer al tirano, y vivir a su sombra y a su mesa?

Qu es predicar en voz alta o baja, la revolucin, y no componer el
pas desgobernado para la revolucin que se predica?

Qu es la gloria verdadera y til, sino abnegarse, y con la obra
silente y continua tener la hoguera henchida de leos, para la hora de
la combustin, y el cauce abierto para cuando la llama se desborde, y el
cielo vasto y alto, para que quepa bien la claridad?

Lo ms del hombre, y lo mejor, suele ser lo que en l slo ven a
derechas quienes como l padezcan y anhelen.

Los pueblos, injustos en la clera o el apetito, y crdulos en sus horas
de deseo, son infalibles a la larga.

De luz se han de hacer los hombres, y deben dar luz.

De la Naturaleza se tiene el talento, vil o glorioso, segn se le use en
el servicio frentico de s, o para el bien humano; y de s elabora el
hombre, aquilatndose o reducindose, el mrito supremo del carcter.

Unos estn en el mundo para minar; y para edificar estn otros.

La pelea es continua entre el genio albail y el genio roedor.

Unos trabajan con la ua y el diente, otros con la cuchara y el nivel.

Cuando, con el corazn clavado de espinas, un hombre ama en el mundo a
los mismos que lo niegan, ese hombre es pico.

Con independencia, en hombres como en pueblos, la mayor humildad es
corona; y sin ella el genio mismo va de saltimbanqui, y la virtud, de
verse incapaz, se vuelve ponzoa.

Honrar a la patria es una manera de pelear por ella.

El lacayo muda de amo y se alquila al seor de ms lujo y poder. El
hombre de pecho libre niega su corazn a la libertad egosta y
conquistadora y adivina que el triunfo del mundo, ms que en los
edificios babilnicos caedizos, reside en la abundancia de generosidad,
en aquella pasin plena del derecho que lleva a respetar el ajeno tanto
como el propio.

Los compromisos de los gobiernos, ligados a veces por la prudencia con
respetos que lastiman su corazn, son acaso menos eficaces que la
simpata irresponsable y ambiente del pueblo decidido a favorecer en sus
alrededores el triunfo de la libertad.

Lo que la cancillera, ahita de tratados de paz y respeto, no puede a
veces intentar, lgralo, sin que se le pueda poner la mano encima, la
ayuda secreta del alma del pas, que alienta el brazo alzado contra los
tiranos.

Las alianzas que contraen de s propias las almas de los pueblos y se
firman por los ms puros de sus hijos ante el altar en que las mujeres y
las nias ofrendan flores a un hombre que slo fu poderoso por el
entendimiento y la bondad, son ms duraderas y apetecibles que los
contratos que suelen ajustar las necesidades polticas y los intereses.

De hombres tiernos y creadores necesita el mundo, que con las mieles de
su corazn vayan cerrando las heridas que tiene que abrir en el bosque
nuevo el hacha.

Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y
deshacen.

Como con el agua fuerte se ha de ir tentando el oro de los hombres.

Que se marque al que no ame, para que la pena lo convierta.

Ms bello ser vivir en el lazo de los mundos, con la libertad fcil en
un pas rico y trabajador, como pueblo representativo y propio, donde se
junta al empuje americano el arte europeo que modera su crudeza y
brutalidad, que rendir el alma nativa, a la vez delicada y fuerte, a un
espritu nacional ajeno que contiene slo uno de los factores del alma
de la isla--que vaciara en la isla pobre y venal los torrentes de su
riqueza egosta y corruptora--, que convertira un pueblo fino y de
glorioso porvenir en lo que Inglaterra ha convertido el Indostn.

Adnde, sino en las tumbas y en la miseria, estn los hombres tiles?

Abrazo sea el mar, y uno los cubanos de la Isla y los de afuera.

As se alzan los pueblos: no apedrendose las casas de acera a acera, ni
recortndose los mritos como cortesanos envidiosos, sino reconociendo
el mrito a pleno corazn, convidando a la virtud por el estmulo del
respeto con que se la premia, juntndose los hombres en una casa sola,
para venerar y amar.

Juntarse: esta es la palabra del mundo.

Como se apartan los ojos de las villanas, para que la piedad del
silencio ayude a hacerlas menos feas y aborrecibles, as se ha de volver
los ojos a los espectculos de la virtud, para que se mantenga o reviva
la esperanza en el alma de los hombres.

Suele la imprevisin humana tener a mal que el hombre bueno propague la
justicia y salude el talento y la virtud, sin subir o bajar ms el
sombrero porque el padre del hombre virtuoso haya nacido en frica o
Europa; pues si naci en frica esclavo y de su esclavitud sac al hijo
que se hombrea con el hijo de los libres, mayor es la dificultad
vencida, y ms bajo debe ir el sombrero!

El peligro de educar a los nios fuera de su patria es casi tan grande
como la necesidad, en los pueblos incompletos e infelices, de educarlos
donde adquieran los conocimientos necesarios para ensanchar su pas
naciente, o donde no se les envenene el carcter con la rutina de la
enseanza y la moral turbia en que caen, por la desgana y ocio de la
servidumbre, los pueblos que padecen en la esclavitud.

Es grande el peligro de educar a los nios afuera, porque slo es de
padres la continua ternura con que ha de irse regando la flor juvenil, y
aquella constante mezcla de la autoridad y el cario, que no son
eficaces, por la misma justicia y arrogancia de nuestra naturaleza, sino
cuando ambas vienen de la misma persona.

No se ha de criar naranjas para plantarlas en Noruega, ni manzanos para
que den fruto en el Ecuador, sino que al rbol deportado se le ha de
conservar el jugo nativo, para que a la vuelta a su rincn pueda echar
races.

La naturaleza del hombre es por todo el universo idntica, y tanto yerra
el que suponga al hombre del Norte incapaz de las virtudes del del
Medioda, como el de corazn canijo que creyese que al hombre del Sur
falta una sola siquiera de las cualidades esenciales de los hombres del
Norte.

Los hbitos prolongados cran en los hombres, y en los pueblos, tal
modificacin en la expresin y funciones de la naturaleza, que, sin
mudarla en lo esencial, llegan a ser imposibles al hombre de una regin
con cierto concepto de la vida y ciertas prcticas, la dicha del
contento y el xito del trabajo en otra regin de prcticas y concepto
de vida diferentes.

Un pas muy poblado y fro, donde la agria necesidad aguza y encona la
competencia entre los hombres, cra en stos costumbres de egosmo
necesario que no se avienen con la franqueza y el desinters propios e
indispensables en las tierras abundantes, donde la poblacin escasa
permita an el acercamiento y grata obligacin de la vida de familia.

El fin de la educacin no es hacer al hombre nulo, por el desdn o el
acomodo imposible al pas en que ha de vivir, sino prepararlo para vivir
bueno y til en l.

Un pueblo crea su carcter en virtud de la raza de que procede, de la
comarca en que habita, de las necesidades y recursos de su existencia y
de sus hbitos religiosos y polticos.

La diferencia entre los pueblos fomenta la oposicin y el desdn.

La superioridad del nmero y del tamao, en consecuencia de los
antecedentes y de las oportunidades, cra en los pueblos prsperos el
desprecio de las naciones que batallan en pelea desigual con elementos
menores o diversos.

La educacin del hijo de pueblos menores en un pueblo de carcter
opuesto y de riqueza superior, pudiera llevar al educando a una
oposicin fatal al pas nativo donde ha de servirse de su educacin--o a
la peor y ms vergonzosa de las desdichas humanas, al desdn de su
pueblo--, si al nutrirlo con las prcticas y conocimientos ignorados o
mal desenvueltos en el pas de su cuna, no se le ensearan, con atencin
continua, en lo que se relacionan con l y mantienen al educando en el
amor y respeto del pas adonde ha de vivir.

A qu adquirir una lengua, si ha de perturbar la mente y quitarle la
raz al corazn?

El carcter pujante y respetado, triunfa del desierto y la noche de la
vida extranjera.

Es hermoso ver luchar a un hombre honrado; verlo padecer, puesto que del
espectculo de su dolor se sacan fuerzas para oponerse a la maldad.

A los hombres los rene el vicio o la virtud.

Hay blancos y negros tan juntos por la virtud, que no ser posible
separarlos sin separarlos antes de sus propias entraas.

Lo dominante es el amor.

La patria est hecha del mrito de sus hijos, y es riqueza de ella
cuanto bueno haga un hijo suyo, sobre todo si trabaja en lo que ya han
brillado otros y lo de l resulta ms til y completo que lo de sus
predecesores.

Lo que importa en poesa es sentir, parzcase o no a lo que haya sentido
otro; y lo que se siente nuevamente, es nuevo.

A la vida se le van cayendo los velos poco a poco, y cuando se conoce y
rehuye lo de verboso e intil que hay en ella, vuelve como una
ingenuidad al corazn, que en los hombres sensibles y adoloridos se
refleja, a la tarde de los aos, en la sencillez de la poesa.

Guerra es pujar, sorprender, arremeter, revolver un caballo que no
duerme sobre el enemigo en fuga, y echar pie a tierra con la ltima
victoria.

En el mundo, si se le lleva con dignidad, hay una poesa para mucho;
todo es el valor moral con que se encare y dome la injusticia aparente
de la vida; mientras haya un bien que hacer, un derecho que defender, un
libro sano y fuerte que leer, un rincn de monte, una mujer buena, un
verdadero amigo, tendr vigor el corazn sensible para amar y loar lo
bello y ordenado de la vida, odiosa a veces por la brutal maldad con que
suelen afearla la venganza y la codicia.

Agradecer es un gusto.

Los hombres siempre se estn cayendo, es verdad, pero ven a uno que anda
firme, y de la vergenza todos le siguen andando.

El genio no puede salvarse en la tierra si no asciende a la dicha
suprema de la humanidad.

La personalidad individual slo es gloriosa y til a su poseedor cuando
se acomoda a la persona pblica.

El hombre, como hombre patrio, slo lo es en la suma de esperanza o de
justicia que representa.

Cuando la patria aspira, slo es posible aspirar para ella.

Los hombres secundarios, que son aquellos en quienes el apetito del
bienestar ahoga los gritos del corazn del mundo y las demandas mismas
de la conciencia, pueden vivir alegres, como vasos de fango repintado,
en medio de la deshonra y la vergenza humanas. Los hombres que vienen a
la vida con la semilla de lo porvenir y luz para el camino, slo vivirn
dichosos en cuanto obedezcan a la actividad y abnegacin que de fuerza
fatal e incontrastable traen en s.

Debe el hombre reducirse a lo que su pueblo, o el mayor pueblo de la
humanidad, requiera de l, aunque para este servicio sumo, por la crudez
de los menesterosos, sacrifique al arte difcil de componer para la
dicha social los elementos burdos de su poca, el arte, en verdad
nfimo, de sacar a pujo la brillantez de la persona, ya esmerilando la
idea exquisita, que viene mareada del universo viejo, ya levantando, a
fuerza de convulsiones inmorales, una vulgar fortuna.

El odio canijo ladra y no obra.

Slo el amor construye.

Se aborrece a los viles, y se ama, con las entraas todas, a los hombres
pudorosos y bravos.

Cuando se vive en villana, no hay ms que un pensamiento honrado, que
ha de morder el corazn hasta que estalle y triunfe, y de quemarlo como
una llaga, y de despertarlo en el reposo inmerecido: y es el de echar la
villana abajo.

En la deshonra, en la usurpacin insolente del suelo en que se naci y
del espacio en que pudieran abrir las alas nuestras facultades; en el
comercio, hediondo como el pus, con la ralea que roba a nuestra tierra
los frutos de su suelo y el decoro de sus hijos, y los corrompe y
empobrece, slo una especie de hombres puede vivir sin la perenne idea
de mudarle el aire al cielo impuro: los hombres deshonrados.

Hombres hay para el pesebre, que viven de estrujar y de engullir;
hombres de corral, a la verdad, que en el cieno estn bien, que es
blando y engorda.

Por el desinters son bellos los hombres; y feos, y aun abominables, por
el inters excesivo, que de la legtima prudencia sacan excusa para la
inactividad y la avaricia.

Como con bubas en el rostro y jorobas en la espalda, andan por el mundo
los que en las penas de l, y a la hora en que trabajan por remediarlas
los corazones poderosos, pasan de prisa y como escondidos por donde el
deber labra y padece, para que el deber no les sienta el paso egosta y
no les pida una migaja de su pan.

La lisonja intil del mundo acaba tal vez en la tumba.

No hay cuenta que no se pague en la naturaleza armoniosa y lgica; y
para no llevar como una cadena al pie el deber desatendido, cmplase el
deber, por la ventaja mundana y moral que hay en cumplirlo, y llvese
como ttulo y como ala.

El mundo es pattico, y el artista mejor no es quien lo cuelga y recama,
de modo que slo se le vea el raso y el oro, y pinta amable el pecado
oneroso, y mueve a fe inmoral en el lujo y la dicha, sino quien usa el
don de componer, con la palabra o los colores, de modo que se vea la
pena del mundo y quede el hombre movido a su remedio.

Negarse y recogerse en s, y huir de la necesidad del mundo, y adularle
el poder, es el plido oficio de las almas inferiores.

mese al hombre entusiasta y desinteresado.




VII

Del vol. "Nuestra Amrica". (Primera Parte.)




VII


Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede ms que un
ejrcito.

Quien no sabe excusar y admirar, es nfimo.

Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene de ms
cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno y ms
fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor y ms
naturalmente en aquello que conoce, y de donde le viene inmediata pena o
gusto.

Patria es humanidad, es aquella porcin de la humanidad que vemos ms de
cerca y en que nos toc nacer.

No hay ms viejos que los egostas.

El egosta es daino, enfermizo, envidioso, desdichado y cobarde.

A esa literatura se ha de ir: a la que ensancha y revela, a la que saca
de la corteza ensangrentada el almendro sano y jugoso, a la que
robustece y levanta el corazn.

El mundo es fuerte y bello por los amigos.

El pueblo ms grande no es aquel en que una riqueza desigual y
desenfrenada produce hombres crudos y srdidos y mujeres venales y
egostas; pueblo grande, cualquiera que sea su tamao, es aquel que da
hombres generosos y mujeres puras.

La prueba de cada civilizacin humana est en la especie de hombre y de
mujer que en ella se produce.

Todo trabajador es santo y cada productor es una raz; y al que traiga
trabajo til y cario, venga de tierra fra o caliente, se le ha de
abrir hueco ancho, como a un rbol nuevo.

Honran y sirven a su pueblo los que, aun fuera de justa medida, premian
en nombre de l la fe en su porvenir y la fidelidad a sus ideales.

De la transfusin de la sangre mueren los enfermos, cuando no es sangre
afn.

Venrese a los hombres de religin, sean catlicos o tarahumaras; todo
el mundo, lacio o lanudo, tiene derecho a su plena conciencia; tirano es
el catlico que se pone sobre un ind, y el metodista que silba a un
catlico.

Hllenos de escudo suyo el criollo a quien se impida negar, y el
catlico a quien se impida afirmar.

El hombre sincero tiene derecho al error.

El gobierno es la equidad perfecta y la serenidad.

Cuando se va a un oficio til, como el de poner a los hombres amistosos
en el goce de la tierra trabajada--y de su idea libre, que ahorra sangre
al mundo--, si sale un leo al camino, y no deja pasar, se echa el leo
a un lado, o se le abre en dos y se pasa; y as se entra, por sobre el
hombre roto en dos, si el hombre es quien nos sale al camino.

El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre.

Es culpable el que ofende a la libertad en la persona sagrada de
nuestros adversarios, y ms si los ofende en nombre de la libertad.

Todo el que posee en demasa una cualidad extraordinaria, lastima con
tenerla a los que no la poseen.

Quien se da a los hombres es devorado por ellos...; pero es ley
maravillosa de la naturaleza que slo est completo el que se da; y no
se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa,
en bien de los dems, la nuestra.

Unos perciben la composicin del detalle, y son los que analizan y como
los soldados de la inteligencia; y otros descubren la ley del grupo, y
son los que sintetizan y como los legisladores de la mente.

Abrirse, labrar juntos, llamar a la tierra, amarse, he aqu la faena.

Si se es honrado y se nace pobre, no hay tiempo para ser sabio y ser
rico.

Cunta batalla ganada supone la riqueza! y cunto decoro perdido! y
cuntas tristezas de la virtud y triunfos del mal genio! y cmo, si se
parte una moneda, se halla amargo, y tenebroso, y gemidor su seno!

Los romnticos han pecado slo por su caballeroso exceso de fidelidad a
aquella poca de renovacin sublime.

El hombre, que lleva lo permanente en s, ha de cultivar lo permanente;
o se degrada y vuelve atrs en lo que no lo cultive.

A lo transitorio se esclavizan y venden los que no saben descubrir en s
lo superior y perdurable.

Hay hombres hechos, por su ruin natural, para que se acuesten sobre
ellos.

No es que los hombres hacen los pueblos, sino que los pueblos, con su
hora de gnesis, suelen ponerse, vibrantes y triunfantes, en un hombre.
A veces est el hombre listo y no lo est su pueblo. A veces est listo
el pueblo y no aparece el hombre.

El que anda, vence.

Hay que obligar a la gente a pensar, que es trabajo que suele agradar
menos a los petimetres literarios y polticos que el de ponerle
colorines y floripondios a la fachada de la historia.

Para quien conoci la dicha de pelear por el honor de su pas, no hay
muerte mayor que estar en pie mientras dura la vergenza patria.

Los gobiernos perfectos nacen de la identidad del pas y el hombre que
lo rige con cario y fin noble, puesto que la misma identidad es
indispensable, por ser en todo pueblo innata la nobleza, si falta al
gobernante el fin noble.

Lo primero que ha de hacer el hombre pblico, en las pocas de creacin
o reforma, es renunciar a s, sin valerse de su persona sino en lo que
valga ella a la patria.

Las batallas se ganan entre ceja y ceja.

La grandeza de los caudillos no est, aunque lo parezca, en su propia
persona, sino en la medida en que sirven a la de su pueblo; y se
levantan mientras van con l, y caen cuando la quieren llevar detrs de
s.

A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su
espritu.

Lo real es lo que importa, no lo aparente.

En la poltica, lo real es lo que no se ve.

La poltica es el arte de combinar, para el bienestar creciente
interior, los factores diversos u opuestos de un pas, y de salvar al
pas de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los dems
pueblos.

A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas.

Ningn pueblo hace nada contra su inters; de lo que se deduce que lo
que un pueblo hace es lo que est en su inters.

Si dos naciones no tienen intereses comunes, no pueden juntarse. Si se
juntan chocan.

Los pueblos menores, que estn an en los vuelcos de la gestacin, no
pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de
productos de una poblacin compacta y agresiva, y un desage a sus
turbas inquietas, en la unin con los pueblos menores.

Los actos polticos de las repblicas reales son el resultado compuesto
de los elementos del carcter nacional, de las necesidades econmicas,
de las necesidades de los partidos, de las necesidades de los polticos
directores.

Cuando un pueblo es invitado a unin por otro, podr hacerlo con prisa
el estadista ignorante y deslumbrado, podr celebrarlo sin juicio la
juventud prendada de las bellas ideas, podr recibirlo como una merced
el poltico venal o demente, y glorificarlo con palabras serviles; pero
el que siente en su corazn la angustia de la patria, el que vigila y
prev, ha de inquirir y ha de decir qu elementos componen el carcter
del pueblo que convida y el del convidado y si estn predispuestos a la
obra comn por antecedentes y hbitos comunes, y si es probable o no
que los elementos temibles del pueblo invitante se desarrollen en la
unin que pretende con peligro del invitado; ha de inquirir cules son
las fuerzas polticas del pas que le convida, y los intereses de sus
partidos, y los intereses de sus hombres, en el momento de la
invitacin.

Un pueblo crece y obra sobre los dems pueblos en acuerdo con los
elementos de que se compone.

La accin de un pas, en una unin de pases, ser conforme a los
elementos que predominen en l, y no podr ser distinta de ellos.

Si a un caballo hambriento se le abre la llanura, la llanura pastosa y
fragante, el caballo se echar sobre el pasto y se hundir en el pasto
hasta la cruz, y morder furioso a quien le estorbe.

Dos cndores, o dos corderos, se unen sin tanto peligro como un cndor y
un cordero. Los mismos cndores jvenes, entretenidos en los juegos
fogosos y peleas fanfarronas de la primera edad, no defenderan bien, o
no acudiran a tiempo y juntos a defender, la presa que les arrebatase
el cndor maduro.

Prever es la cualidad esencial, en la constitucin y gobierno de los
pueblos.

Gobernar no es ms que prever.

No basta que el objeto de la vida sea igual en los que han de vivir
juntos, sino que lo ha de ser la manera de vivir; o pelean, y se
desdean, y se odian, por las diferencias de manera, como se odiaran
por las de objeto.

Los pases que no tienen mtodos comunes, aun cuando tuviesen idnticos
fines, no pueden unirse para realizar su fin comn con los mismos
mtodos.

Quien dice unin econmica, dice unin poltica.

El pueblo que compra, manda.

El pueblo que vende, sirve.

Hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad.

El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere
salvarse, vende a ms de uno.

El influjo excesivo de un pas en el comercio de otro, se convierte en
influjo poltico.

La poltica es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al
inters, o sacrifican al inters una parte de sus sentimientos.

Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de l.

Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza
y al servicio a los que necesitan de l.

Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo
de los dems pueblos.

El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus
negocios entre pases igualmente fuertes. Si ha de preferir alguno,
prefiera al que lo necesite menos.

La Unin, con el mundo, y no con una parte de l; no con una parte de l
contra otra.

Todo lo primitivo, como la diferencia de monedas, desaparecer cuando ya
no haya pueblos primitivos.

Se ha de poblar la tierra, para que impere, en el comercio como en la
poltica, la paz igual y culta.

El que vende no puede ofender a quien le compra mucho, y le da crdito,
por complacer a quien le compra poco, o se niega a comprarle, y no le da
crdito.

No debe levantarse entre pases que comercian poco, o no dejan de
comerciar por razones de monedas, una moneda que perturba a los pases
con quienes se comercia mucho.

Hay un modo de andar, de espalda vuelta, que aumenta la estatura.

Mostrarse acomodaticio hasta la debilidad no sera el mejor modo de
salvarse de los peligros a que expone en el comercio, con un pueblo
pujador y desbordante, la fama de debilidad.

La cordura no est en confirmar la fama de dbil, sino en aprovechar la
ocasin de mostrarse enrgico sin peligro. Y en esto de peligro, lo
menos peligroso, cuando se elige la hora propia y se la usa con mesura,
es ser enrgico.

Sobre serpientes quin levanta pueblos?

Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y
sienten con entraas de nacin, o de humanidad.

Quien piensa en s no ama a la patria; y est el mal de los pueblos, por
ms que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que
el inters de sus representantes pone al curso natural de los sucesos.




VIII

Del vol. "Nuestra Amrica". (Segunda Parte.)




VIII


Trincheras de ideas valen ms que trincheras de piedra.

Una idea enrgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la
bandera mstica del juicio final, a un escuadrn de acorazados.

Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como
quienes van a pelear juntos. Los que se ensean los puos, como hermanos
celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le
tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una,
las dos manos.

Los que, al amparo de una tradicin criminal, cercenaron, con el sable
tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido,
del hermano castigado ms all de sus culpas, si no quieren que les
llame el pueblo ladrones, devulvanle sus tierras al hermano.

Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la
bofetada.

A los sietemesinos slo les faltar el valor.

Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses.

Cree el soberbio que la tierra fu hecha para servirle de pedestal,
porque tiene la pluma fcil o la palabra de colores, y acusa de incapaz
e irremediable a su repblica nativa, porque no le dan sus selvas nuevas
modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de
Persia y derramando champaa.

La incapacidad no est en el pas naciente, que pide formas que se le
acomoden y grandeza til, sino en los que quieren regir pueblos
originales, de composicin singular y violenta, con leyes heredadas de
cuatro siglos de prctica libre en los Estados Unidos, de diez y nueve
siglos de monarqua en Francia.

El gobierno ha de nacer del pas.

El espritu del gobierno ha de ser del pas.

La forma del gobierno ha de avenirse a la constitucin propia del pas.

El gobierno no es ms que el equilibrio de los elementos naturales del
pas.

No hay batalla entre la civilizacin y la barbarie, sino entre la falsa
erudicin y la naturaleza.

El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior,
mientras sta no se vale de su sumisin para daarle, o le ofende
prescindiendo de l, que es cosa que no perdona el hombre natural,
dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la
susceptibilidad o le perjudica el inters.

Las repblicas han purgado en las tiranas su capacidad para conocer los
elementos verdaderos del pas, derivar de ellos la forma de gobierno y
gobernar con ellos.

Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos
gobernarn, por su hbito de agredir y resolver las dudas con su mano,
all donde los cultos no aprendan el arte del gobierno.

La masa inculta es perezosa, y tmida en las cosas de la inteligencia, y
quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno la lastima, se lo
sacude y gobierna ella.

En la carrera de la poltica habra de negarse la entrada a los que
desconocen los rudimentos de la poltica.

El premio de los certmenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el
mejor estudio de los factores del pas en que se vive.

Conocer el pas, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el nico modo
de librarlo de tiranas.

La universidad europea ha de ceder a la universidad americana.

Injrtese en nuestras repblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el
de nuestras repblicas.

El herosmo en la paz es ms escaso, porque es menos glorioso que el de
la guerra.

La razn de todos en las cosas de todos, y no la razn universitaria de
uno sobre la razn campestre de otros.

El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa.
Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye
venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa
despierta, tiene al tigre encima.

Crear es la palabra de pase de esta generacin.

El vino, de pltano; y si sale agrio, es nuestro vino!

Se entiende que las formas de gobierno de un pas han de acomodarse a
sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un
yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad,
para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la repblica no
abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la repblica.

Estrategia es poltica.

Los pueblos han de vivir criticndose, porque la crtica es la salud;
pero con un solo pecho y una sola mente.

Los pueblos viriles, que se han hecho de s propios, con la escopeta y
la ley, aman, y slo aman, a los pueblos viriles.

Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de l.

Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios
intiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

No hay odios de razas, porque no hay razas.

El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en
color.

Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposicin y el
odio de las razas.

Pensar es servir.

Ciencia y libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por
donde entran los hombres a torrentes, enamorados del mundo venidero.

Las fuerzas extraordinarias, en los hombres como en las tierras, por
coartadas y obscurecidas que anden, surgen siempre.

Es imposible que un gran territorio agrcola y minero no sea tambin un
gran territorio industrial.

Lo que tiene razn de vivir trae consigo tal pujanza, que no hay
preocupacin de escuela, ley hostil o capricho pasajero que lo ahogue.

Cuando existen para un suceso causas histricas, constantes, crecientes
y mayores, no hay que buscar en una pasajera causa nfima la explicacin
del suceso.

El soldado de fila no ve nunca los ensueos de gloria o deleites de
sacrificios que iluminan o enternecen, en la hora del combate, los ojos
del capitn.

A la larga, todo pueblo saca ventaja, por la fama que asegura y respeto
que inspira, de haber sido heroico;... as como queda para befa y mote
cuando tarda en serlo.

El poeta debe callar su dolor hasta la hora sublime en que el verso
tallado en l busca salida, despedazando las entraas, para consolar la
pena de los hombres con la poesa misma que la pena inspira.

La mente tiene, como la Naturaleza, sus leones pavorosos, sus tigres
felinos, sus zorras aprovechadas y sus pjaros que vuelan y ven de alto.

Cada cosa, en s, es suma y clave del conjunto de las cosas.

El que lleva la belleza en s, cmo creer en lo feo del Universo?

Padecer es un deber, y, acaso, una necesidad de los poetas.

Lo que escribe el dolor es lo nico que queda grabado en la memoria de
los hombres.

Vivir en la Tierra no es ms que un deber de hacerle bien. Ella muerde y
uno la acaricia.

Crese riqueza pblica, protjase el trabajo individual; as, ocupadas
las manos, anda menos inquieta la mente.

La facilidad del trabajo es el principal enemigo de las revoluciones.

La tierra es la gran madre de la fortuna. Labrarla es ir directamente a
ella.

De la independencia de los individuos depende la grandeza de los
pueblos.

Venturosa es la tierra en que cada hombre posee y cultiva un pedazo de
terreno.

Toda muerte es principio de una vida.

Para hacer poesa hermosa, no hay como volver los ojos fuera: a la
Naturaleza; y dentro: al alma.

Slo para hacer el bien la fuerza es justa.

La riqueza exclusiva es injusta.

Es rica una nacin que cuenta muchos pequeos propietarios.

En economa poltica y en buen gobierno, distribuir es hacer venturosos.

No hay en la tierra ms va honrada que la que uno se abre con sus
propios brazos.

La dignidad es como la esponja: se la oprime, pero conserva siempre su
fuerza de tensin.

La dignidad nunca muere.

La poltica grandiosa es el primer deber; la mezquina el mayor vicio
nacional.

La actividad es el smbolo de la juventud.

Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender.

Una escuela es una fragua de espritus.

La educacin es como un rbol: se siembra una semilla y se abre en
muchas ramas.

Sea la gratitud del pueblo que se educa, rbol protector, en las
tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien.
Hombres recoger quien siembra escuelas.

Aire de ejemplo, riego de educacin necesitan las plantas oprimidas.

La libertad y la inteligencia son la natural atmsfera del hombre.

Los ojos de los hombres, una vez abiertos no se cierran.

Los mismos padecimientos por el logro de la libertad encarian ms con
ella; y el reposo mismo que da el mando tirnico permite que a su sombra
se acendren y fortalezcan los espritus.

Quien quiera pueblo ha de habituar a los hombres a crear.

Quien crea, se respeta y se ve como una fuerza de la naturaleza, a la
que atentar o privar de su albedro fuera ilcito.

Una semilla que se siembra no es slo la semilla de una planta, sino la
semilla de la dignidad.

La independencia de los pueblos y su buen gobierno vienen slo cuando
sus habitantes deben su subsistencia a un trabajo que no est a la
merced de un regalador de puestos pblicos, que los quita como los da y
tiene siempre en susto, cuando no contra l armados en guerra, a los que
viven de l.

No hay cosa que moleste tanto a los que han aspirado en vano a la
grandeza como el espectculo de un hombre grande.

Crecen los dientes sin medida al envidioso.

Es bueno que se truequen en universidades los conventos.

La grandeza, luz para los que la contemplan, es horno encendido para
quien la lleva, de cuyo fuego muere.

Sentirse amado fortalece y endulza.

Honrar, honra.

No hay como vivir para aprender a tener compasin de los que viven.

La habilidad es la cualidad de los pequeos.

Las virtudes son menos estimadas por aquellos que viven en constante
contacto con los virtuosos.

Hay sucesos tales, que exigen tanta grandeza en los que han de
soportarlos como en los que los realizan.

Qu es la grandeza, sino el poder de embridar las pasiones, y el deber
de ser justo y de prever?

El lamento es de ruines cuando est en frente la obra.

Suelen mezquinas causas domar a hombres egregios.

En tiempos de peligro, el pesar mayor es estar lejos de l.

Cun poco puede el genio generoso contra la obra de la discordia de los
hombres!

Qu dolor ver claramente en las entraas de los siglos futuros y vivir
enclavado en su siglo!

Es la palabra guila que no consiente tener plegadas las alas largo
tiempo.

Hallan los hombres excusa a los actos censurables en la frecuencia con
que stos acontecen y en la impunidad en que queda el delito.

Es ms fcil apoderarse de los nimos moviendo sus pasiones, que
enfrenndolas.

Traiciones tiene la Historia, y parricidios.

Prevenirse no est de ms, si se quiere salvar el espritu de Amrica, y
se le tiene en algo, y se sabe lo que vale.

Es de hijos poner, y no quitar, a la virtud y hacienda que les vinieron
de sus padres.

Honrar en el nombre lo que en la esencia se abomina y combate, es como
apretar en amistad un hombre al pecho y clavarle un pual en el costado.

Tiene el chiste su decoro literario, y el buen ingenio desdea esa
barata jocosidad que est en hacer alusiones a cosas deshonestas.

Ni religin catlica hay derecho de ensear en las escuelas, ni religin
anticatlica.

Sea libre el espritu del hombre y ponga el odo directamente sobre la
tierra; que si no hubiera debido ser as, no habra sido puesto en
contacto de la tierra el hombre.

Poesa es un pedazo de nuestras entraas, o el aroma del espritu
recogido, como en cliz de flor, por manos delicadas y piadosas.

Entristece ver a los hombres movidos por sus pasiones o azuzando las
ajenas.

Los siglos se petrifican y se hacen hombres; pero para eso es necesario
que pasen siglos. Despus, a gran distancia, se observan mejor su tamao
y su obra.

El que vi hervir en tacho burdo el hierro de que se hizo el primer
clavo, no imagin la fogueante y hendente locomotora, que cabalga en los
montes y los lleva a rastras.

Savia quieren los pueblos y no llagas.

Es estril el consorcio de dos razas opuestas.

Las grandes personalidades, luego que desaparecen de la vida, se van
acentuando y condensando; y cuando se convoca a los escultores para
alzarles estatuas, se ve que no es ya esto tan preciso, porque como que
se han petrificado en el aire por la virtud de su mrito, y las ve todo
el mundo.

Hay seres humanos en quienes el derecho encarna y llega a ser sencillo e
invencible, como una condicin fsica.

La Humanidad no se redime sino por determinada cantidad de sufrimiento,
y cuando unos la esquivan, es preciso que otros la acumulen, para que
as se salven todos.

Es dado a ciertos espritus ver lo que no todos ven.

Para otros la Tierra es un plato de oro, en que se gustan manjares
sabrosos; y los hombres, acmilas, buenas para que los afortunados las
cabalguen.

La prosperidad que no est subordinada a la virtud, avillana y degrada a
los pueblos; los endurece, corrompe y descompone.

La perla est en su concha y la virtud en el espritu humano.

La virtud crece.

El honor humano es imperecedero e irreducible, y nada lo desintegra ni
amengua, y cuando de un lado se logra oprimirlo y desvanecerlo, salta
inflamado y poderoso de otro.

Odian los hombres y ven como a enemigo al que con su virtud les echa
involuntariamente en rostro que carecen de ella; pero apenas ven
desaparecer a uno de esos seres acumulados y sumos, que son como
conciencias vivas de la Humanidad, y como su mdula, se aman y aprietan
en sigilo y angustia en torno del que les di honor y ejemplo, como si
temiesen que, a pesar de sus columnas de oro, cuando un hombre honrado
muere, la humanidad se venga abajo.

Se afirma un pueblo que honra a sus hroes.

La vida es relativa y no absoluta.

Los pueblos pueden necesitar de la proteccin, como un nio de
andadores.

Puede ser til proteger una industria genuina, mientras las
restricciones necesarias para protegerla no impongan a la nacin un
sacrificio superior al beneficio que a toda luz haya de sacar de ella.

Con el mucho auxilio sucede a las industrias lo que a la criatura a
quien nunca saquen del andador: que no aprender a andar.

Lo que se vi es lo que importa, y no quien lo vi.

El apuntador molesta en los libros como en el teatro.

Lo que se quiere es saber lo que ensea la vida, y enoja que no nos
dejen ver la vida como es, sino con estos o aquellos espejuelos.

Con tanto como se escribe est an en sus primeros paales la literatura
servicial y fuerte.

El hombre es uno, y el orden y la entidad son las leyes sanas e
irrefutables de la naturaleza.

Los pueblos no se rebelan contra las causas naturales de su malestar,
sino contra las que nacen de algn desequilibrio o injusticia.

Todo acto equitativo en provecho de la masa laboriosa, contribuye a
afirmar la seguridad pblica.

La Amrica ha de promover todo lo que acerque a los pueblos, y de
abominar todo lo que los aparte.

Las puertas de cada nacin deben estar abiertas a la actividad
fecundante y legtima de todos los pueblos.

Las manos de cada nacin deben estar libres para desenvolver sin trabas
el pas, con arreglo a su naturaleza distintiva y a sus elementos
propios.

Los pueblos todos deben reunirse en amistad y con la mayor frecuencia
dable, para ir reemplazando, con el sistema del acercamiento universal,
por sobre la lengua de los istmos y la barrera de los mares, el sistema,
muerto para siempre, de dinastas y de grupos.




IX

Del vol. "Norteamericanos".




IX


Se pelea mientras hay por qu, ya que puso la naturaleza la necesidad de
justicia en unas almas, y en otras la de desconocerla y ofenderla.

Los bravos olvidan.

Se nota, despus de las guerras, que los que olvidan menos son los menos
bravos, o los que pelearon sin justicia y viven en el miedo de su
victoria.

Pueblos hay y gentes, de oro por fuera, que son una cueva de duendes
insomnes por dentro.

Slo los pueblos pequeos perpetan sus guerras civiles.

Como bueno, caballo contra caballo, se dirimen las contiendas que
arrebata al dictamen de la razn la ferocidad del hombre.

Culminan las montaas en pico y los pueblos en hombres.

El silencio es el pudor de los grandes caracteres.

La queja es una prostitucin del carcter.

Aquel que es capaz de algo y muere sin que le haya llegado su hora,
muere en calma, que en alguna parte le llegar. Y si no llega, bien
est; ya es bastante grande el que es capaz de serlo.

En una Repblica, un hombre que no vota es como en un ejrcito un
soldado que deserta.

En el egosta hay ms personalidad, visible al menos, que en el
desinteresado; pero slo en el desinteresado hay verdadera grandeza.

Denuedo vence a denuedo.

A los hombres les importa ms, a los hombres que llegan con el deseo a
donde no les llega el patriotismo, les importa ms quedar primero que
salvar la patria.

No es lo mismo, por cierto, pelear donde el enemigo se ha preparado para
resistir que donde tiene que acudir imprevista y precipitadamente.

Ni hombres ni hechos derivan grandeza permanente sino de su asimilacin
con una poca o con una nacin.

No hay faena ms complicada y sutil que la del gobierno, ni cosa que
requiera ms prctica del mundo, sumisin y ciencia.

El genio es conocimiento acumulado.

Por toda suerte de condiciones habr sido til pasar, para ser benigno y
justo, segn diferentes normas, con los hombres de todas condiciones.

Han de tenerse en grado igual sumo la conciencia del derecho propio y el
respeto al derecho ajeno; y de ste se ha de tener un sentimiento ms
delicado y vivo que de aqul, porque de su abuso slo puede venir
debilidad, y del de aqul puede caerse en despotismo.

Todo lo que vive se expresa.

Lo que se contiene se desborda.

Tiene artes increbles la lisonja.

Los talentos, para ser eficaces, han de reunir en s ambos sexos; el
hombre, que invade; la mujer, clemente.

Obscurecerse es bien, si as se evita ensangrentar la patria.

A ciertos actos no es dado el ser entendido por ciertas mentes.

La grandeza lastima a los que no son grandes.

Se han de poner las esperanzas en lo que no se pierdan; jams en
hombres, escurridizos como las serpientes.

Los pueblos yerran en las horas de crisis que les turban el juicio;
pero, en reposo, es admirable su justicia; ven el hecho, el carcter, el
peligro, como entre nubes; pero lo ven; y si por el odio, el inters o
el amor, suelen extremar o desviar sus opiniones, es lo ms comn que
las tengan justas y seguras.

La Tierra tiene sus crteres; la especie humana sus oradores. Nacen de
un gran dolor, de un gran peligro o de una gran infamia.

Los oradores, como los leones, duermen hasta que los despierta un
enemigo digno de ellos.

Slo resisten el vaho venenoso del poder las cabezas fuertes.

El espritu desptico del hombre se apega con amor mortal a la fruicin
de ver de arriba y mandar como dueo, y una vez que ha gustado de este
gozo, le parece que le sacan de cuajo las races de la vida cuando lo
privan de l.

No mueren nunca sin dejar enseanza los hombres en quienes culminan los
elementos y caracteres de los pueblos; por lo que, bien entendida, viene
a ser un curso histrico la biografa de un hombre prominente.

En la elevacin de cada hombre, por ms que pueda parecer injusta y
casual, hay causas fijas y de gran cuanta, ya residan por fuerza
original en el encumbrado, ya dominen por fuerza nacional en el pueblo
que los encumbra.

Todo gobernante representa, aun en las formas ms extraviadas y
degradantes del gobierno, una fuerza activa y considerable, visible u
oculta; y cae, cualesquiera que sean su poder y aparato legal, cuando
esta fuerza cesa, o l cesa de representarla.

No hay en los pueblos cosa ms real que sus gobiernos.

Las repblicas tienen, como excrecencias de su majestad y gusanos de su
tronco, sus callejuelas y sus pasadizos; y as como en las horas de
tormenta el instinto seguro del pueblo le lleva a elegir por gua el
guila que cruza con ms serenidad el aire, sucede en las horas de
calma, cuando las guilas reposan, que las ambiciones, hbiles de suyo y
agresivas, se entran por donde duerme la verdadera grandeza, que slo da
cuenta de s cuando un peligro digno de ella viene a despertarla.

En un pas de pensamiento, slo por las sorpresas de la guerra puede
subir un hombre inculto al poder.

No hay espectculo, en verdad, ms odioso que el de los talentos
serviles.

Quien lisonjea, manda.

Domina a los hombres el que aparenta servirlos, y tiene ms seguro el
mando aquel que no deja ver que lo desea, ni lastima la ambicin,
orgullo o decoro de sus mulos con el espectculo de su presuncin o
soberbia.

Dos que han pecado juntos, son eternos amigos.

Cuando todas las noblezas se han obscurecido en el hombre, an es capaz
de la pasin de amigo, y se encarniza en ella, como para probarse que no
es enteramente vil.

Si hay algo sagrado en cuanto alumbra el Sol, son los intereses patrios.

No hay viles mayores que los que miran exclusivamente los intereses de
la patria como medios de satisfacer su vanidad o levantar su fortuna.

Jams debe apartarse de los cuidados pblicos, ni en los momentos de
mayor paz, la gente honrada.

No debe abandonarse por descuido lo que habr de reconquistarse luego a
gran costa.

No hay furia mayor que la de los caudillos rivales de un mismo partido.

Hay pocas cosas en el mundo que sean tan odiadas como los hipcritas.

El decoro encalla donde la intriga sale ilesa.

Donde se plantan pudres no hay que esperar olores.

El que viola el derecho, la paz y la independencia de la casa ajena, es
como un bandido y rufin de las naciones, a la que lo de cesrea y
omnipotente no quitara la mancha de criminal y de villana.

Quien ha sabido preservar su decoro sabe lo que vale el ajeno, y lo
respeta.

El talento la naturaleza lo da y vale lo mismo que un albaricoque o una
nuez; pero el carcter no; el carcter se lo hace el hombre; y con su
sangre lo anima y colora, y con sus manos lo salva de tentaciones que,
como sirenas, le cantan; y de riesgos que, como culebras, lo vahean.

El carcter s es motivo de orgullo, y quien lo ostenta, resplandece.

Como mrmol ha de ser el carcter: blanco y duro.

Qu es, por desdicha, la poltica prctica, ms que la lucha por el
goce del poder?

El lenguaje es humo cuando no sirve de vestido al sentimiento generoso o
la idea eterna.

Los partidos desdeosos con quienes los solicitan, acaban por solicitar
a quienes los desdean.

El necio slo confa en los meros poderes naturales.

Cada condicin lleva consigo, como todo lo que existe en lo material o
espiritual, una cantidad igual de vida o muerte.

Al poder se sube casi siempre de rodillas. Los que suben de pie son los
que tienen derecho a l.

Todo lo que no sea virtud pura es a la larga apoyo deleznable en
poltica.

De cada nuevo hervor sale ms bello el mundo.

El ejercicio de la libertad conduce a la religin nueva.

A qu sino a desconfiar de la eficacia de la existencia han de llevar
las religiones que castigan y los gobiernos ttricos?

Donde la razn campea florece la fe en la armona del Universo.

El hombre crece tanto, que ya se sale de su mundo e influye en el otro.
Por la fuerza de su conocimiento abarca la composicin de lo invisible,
y por la gloria de una vida de derecho llega a sus puertas seguro y
dichoso.

Cuando las condiciones de los hombres cambian, cambian la literatura, la
filosofa y la religin, que es una parte de ella.

Cada sacudida en la historia de un pueblo altera su olimpo.

La entrada del hombre en la ventura y ordenamiento de la libertad
produce, como una colosal florescencia de lirios, la fe casta y profunda
en la utilidad y justicia de la Naturaleza.

La salud de la libertad prepara a la dicha de la muerte.

Cuando se ha vivido para el hombre, quin nos podr hacer mal, ni
querer mal?

La vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se la ha de esperar
con un beso.

En vano concede la Naturaleza a algunos de sus hijos cualidades
privilegiadas; porque sern polvo y azote si no se hacen carne de su
pueblo, mientras que si van con l, y le sirven de brazo y de voz, por
l se vern encumbrados, como las flores que lleva en su cima una
montaa.

Los hombres son productos, expresiones, reflejos. Viven, en lo que
coinciden con su poca o en lo que se diferencian marcadamente de ella;
lo que flota, les empuja y pervade; no es aire slo lo que les pesa
sobre los hombros, sino pensamiento; esas son las grandes bodas del
hombre: sus bodas con la patria.

Hay palabras de instinto, que vienen sobre el mundo en las horas de
renuevo, como los huracanes y las avalanchas; retumban y purifican, como
el viento; elaboran sin conciencia, como los insectos y las arenas de la
mar.

La religin venidera y perdurable est escrita en las armonas del
Universo.

Los hombres abandonan a los que se deciden a vivir sin adularlos.

El mejor modo de servir a Dios es ser hombre y cuidar de que no se
menoscabe la libertad.

El amor de una mujer joven trastorna a los ancianos, como si volviera a
llenarles la copa vaca de la vida.

La piedad es el sello de las almas escogidas.

Cuando la Naturaleza escribe "Grandeza", escribe "Ternura".

El que la nacin educa, si no aprende para vil, debe dar la flor de su
trabajo, la flor de su vida, a la nacin.

Los hombres pueden levantar puentes ms fcilmente que levantar almas.

Los hombres gustan de comer y de dormir, y se entretienen en cortarse
las alas y en ver caer al polvo sus mejores plumas, en vez de cerselas
a los hombros, como para tenderlas va del Cielo.

Dos madres tienen los hombres: la Naturaleza y las circunstancias.

Dan de s las pocas nuevos hombres que las simbolizan.

Ya no fabrican los hombres en el fondo del ro, sino en el aire.

Cada siglo que pasa es un puado ms de verdades que el hombre guarda en
su arca.

Cuando el hombre ha vaciado su espritu, puede ya dejar la Tierra.

Una mujer buena es un perpetuo arco iris.

El soldado es el nico que puede cometer crmenes sin deshonrarse.

Dentro de la maldad se crean virtudes relativas.

Slo saca de s su fuerza entera el que vive en la arrogancia interior
de ser querido.

No hay fraternidad ms temible en las repblicas que la de los
militares, por cuanto, a ms de fortalecerse por el inters comn, viene
de hechos heroicos que apasionan con justicia a los pueblos y hacen
conmovedora y sincera la unin de los que los realizaron juntamente.

La muerte engrandece cuanto se acerca a ella; y jams vuelven a ser
enteramente pequeos los que la han desafiado.

El triunfar no est en ser, sino en lucir.

La guerra es potica y se nutre de leyendas y asombros.

La guerra no es serventesio repulido con ribete de consonante y encaje
de acentos.

La guerra es oda. Quiere caballos a escape, cabezas desmelenadas,
ataques imprevistos, mentiras gloriosas, muertes divinas. Quiere hroes
que sepan echar la vida al aire, como el matador echa al brindar el toro
la montera.

La muchedumbre humana es an servil y ama al que vence.

El alma humana es como una caja de colores que, al sol de la gloria,
resplandece.

Los crneos estn llenos de colores.

El hombre ama lo centelleante y pintoresco.

La caballera es como el gerifalte de la guerra moderna, en caer cuando
no se la espera, en venirse con la presa en los dientes, en recogerse
cuando lo quiere el cazador.

El valor crece a caballo. En el caballo hay gloria.

El mejor modo de hacerse adorar por los soldados, es no sacrificarlos
sin necesidad y pelear a su cabeza.

Hay batallas sin sangre; batallas en que la sangre corre donde no se ve.

Los que desdean el arte son hombres de estado a medias.

La paz es el deseo secreto de los corazones y el estado natural del
hombre.

Los defectos nacionales, como las virtudes, son elementos polticos.

Puesto que hay tanto hombre-boca, debe haber de vez en cuando un
hombre-ala.

El deber es feliz, aunque no lo parezca, y el cumplirlo puramente eleva
el alma a un estado perenne de dulzura.

El amor es el lazo de los hombres, el modo de ensear y el centro del
mundo.

Se debe ensear conversando, como Scrates, de aldea en aldea, de campo
en campo, de casa en casa.

La inteligencia no es ms que medio hombre, y no lo mejor de l.

No sabe de la delicia del mundo el que desconoce la realidad de la idea
y la fruicin espiritual que viene del constante ejercicio del amor.

El juicio madura la sensibilidad.

En lo corpreo, como en lo del espritu, la salud es indispensable a la
belleza, y sta, en el hombre como en el mundo de que es suma, depende
del equilibrio.

La ciudad extrava el juicio, el campo lo ordena y acrisola.

Antes se aplauda al gladiador que mataba, y ahora al que salva.

La vida es un himno.

La muerte es una forma oculta de la vida.

El sufrimiento es menor para las almas que el amor posee.

La vida no tiene dolores para el que entiende a tiempo su sentido.

Del mismo germen son la miel, la luz y el beso.

Cada estado social trae su expresin a la literatura, de tal modo, que
por las diversas fases de ella pudiera contarse la historia de los
pueblos con ms verdad que por sus cronicones y sus dcadas.

No puede haber contradicciones en la Naturaleza.

Quin es el ignorante que mantiene que la poesa no es indispensable a
los pueblos?

Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se
acaba en la cscara.

La poesa que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que
apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el
aliento, es ms necesaria a los pueblos que la industria misma, pues
sta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aqulla les da
el deseo y la fuerza de la vida.

El alma slo se complace en lo bello y grandioso.

La libertad debe ser, fuera de otras razones, bendecida, porque su goce
inspira al hombre moderno--privado a su aparicin de la calma, estmulo
y poesa de la existencia--, aquella paz suprema y bienestar religioso
que produce el orden del mundo en los que viven en l con la arrogancia
y serenidad de su albedro.

La libertad es la religin definitiva. Y la poesa de la libertad el
culto nuevo. Ella aquieta y hermosea lo presente, deduce e ilumina lo
futuro, y explica el propsito inefable y seductora bondad del
Universo.

El que vive en un credo autocrtico es lo mismo que una ostra en su
concha, que slo ve la prisin que la encierra y cree, en la obscuridad,
que aquello es el mundo; la libertad pone alas a la ostra. Y lo que,
odo en lo interior de la concha, pareca portentosa contienda, resulta
a la luz del aire ser el natural movimiento de la savia en el pulso
enrgico del mundo.

El tomo que crea es de esencia divina.

El acto en que se crea es exquisito y sagrado.

El hombre debe abrir los brazos, y apretarlo todo contra su corazn, la
virtud lo mismo que el delito, la suciedad lo mismo que la limpieza, la
ignorancia lo mismo que la sabidura; todo debe fundirlo en su corazn,
como en un horno.

Dese fuerzas a los hombres, en vez de quitarles con lamentos las pocas
que el dolor les deja.




X

Del vol. "Amistad Funesta".




X


El alma humana tiene una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco
se oscurece, la desdicha empieza.

La prctica y conciencia de todas las virtudes, la posesin de las
mejores cualidades, la arrogancia de los ms nobles sacrificios, no
bastan a consolar el alma de un solo extravo.

Ni a las mujeres est bien eso de cubrirse la frente, donde est la luz
del rostro.

Cuando se padece mucho no se desea un beso en los labios, sino en la
frente.

Hay algo de tenebroso e inquietante en esas frentes cubiertas.

Gustan siempre los jvenes de lo desordenado e imprevisto.

Mejora y alivia el contacto constante de lo bello.

Conviene tener siempre delante de los ojos, alrededor, ornando las
paredes, animando los rincones donde se refugia la sombra, objetos
bellos, que la coloreen y la disipen.

Hay cierto espritu de independencia en el pecado, que lo hace simptico
cuando no es excesivo.

Pocas son por el mundo las criaturas que, hallndose con las encas
provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un
placer ms profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos.

Todos aquellos placeres que no vienen directamente y en sazn de los
afectos legtimos, aunque sean champaa de la vanidad, son acbar de la
memoria.

Tiene el sueo pesado, en cosas de grandeza, y sobre todo en estos
tiempos, el alma humana.

Qu es la msica, sino la compaera y gua del espritu en su viaje por
los espacios?

Slo los que persiguen en vano la pureza, saben lo que regocija y exalta
el hallarla.

La conversacin con las damas ha de ser de plata fina, y trabajada en
filigrana leve.

Los estudiantes son el baluarte de la Libertad, y su ejrcito ms firme.

Las universidades parecen intiles, pero de all salen los mrtires y
los apstoles.

Una mujer sin ternura qu es sino un vaso de carne, repleto de veneno?




XI

Del vol. "Ismaelillo".--"Versos Sencillos".--"Versos libres".




XI


  El hijo de un pueblo esclavo
  vive por l, calla y muere.

  Todo es hermoso y constante,
  todo es msica y razn,
  y todo, como el diamante,
  antes que luz es carbn.

  Cuando al peso de la cruz
  el hombre morir resuelve,
  sale a hacer bien, lo hace y vuelve
  como de un bao de luz.

  La eternidad de los hombres
  es la gran pena del mundo!

  El verso, dulce consuelo,
  nace alado de dolor.

  El suelo triste en que siembran lgrimas
          dar rbol de lgrimas.

  La culpa es madre del castigo.

  Copa de mago que el capricho torna
  en hiel para los mseros, y en frvido
  tokay para el feliz. La vida es grave,
  y hasta el pomo ruin la daga hundida;
  al flojo gladiador clava en la arena.

         No es hermosa
  la fruta en la mujer, sino la estrella.

  La tierra ha de ser luz, y todo vivo
  debe en torno de s dar lumbre de astro.

  Slo las flores del paterno prado tienen olor!

  Slo las ceibas patrias, del sol amparan!

  Como en vaga nube por suelo extrao se anda.

  De carne viva y profanadas frutas
  viven los hombres, ay! mas el proscripto
  de sus entraas propias se alimenta!

  Grato es morir; horrible vivir muerto.




XII

Del vol. "Versos".--"Abdala".--"Amor con amor se paga".




XII


  Cuando el amor o el entusiasmo llora,
  se siente a Dios, y se idolatra y ora.

                  ...Cuando se muere
  en brazos de la patria agradecida,
  la muerte acaba, la prisin se rompe;
  empieza, al fin, con el morir, la vida!

                  ...Cuando la gloria
  a esta estrecha mansin nos arrebata,
  el espritu crece,
  el cielo se abre, el mundo se dilata
  y en medio de los mundos se amanece.

  Mata, dspota, mata!
  Para el que muere a tu furor impo,
  el cielo se abre, el mundo se dilata!

  Nadie inculpe jams a los sedientos
  sin calmar con el agua sus afanes:
  nadie inculpe jams a los hambrientos
  sino acabando de ofrecerles panes.

  Quin sabe en los placeres lo que llora?
  Quin conoce la sangre en la sonrisa,
  y el odio en el amor, y la dolora
  en el bullente fondo de la risa?

  Mujer, y flor, y llanto se fecundan
  en hijos, en aroma, en musgo, en flores,
  y el universo terrenal inundan
  con la savia vital de los amores.

  Espritu, a soar! Soando, crece
  la eternidad en ti, Dios en la altura!

  El Cielo y el Infierno
  hermanos son, hermanos en lo eterno.

                  ...Cundo el martirio
  no fu en la frente la mejor corona?

  Ceder es dominar: s siempre tierna:
        jams sers vencida!

                 ...Doma potros
        y fieras, la caricia!

              ...el dolor, como la nieve,
  mantiene en fuego el corazn que enfra.

  Oh, qu dulce es morir cuando se muere
  luchando audaz por defender la patria!

  Hombre incompleto es el hombre
  que en su estrecho ser se pliega
  y sobre la tierra madre
  su estril vida pasea,
  sin besos que lo calienten
  ni brazos que lo protejan.




XIII

Del vol. "Crtica y Libros".




XIII


Se hacen versos de la grandeza, pero slo del sentimiento se hace
poesa.

Es ley que honren y acaten a los poetas que no pasan, reyes que pasan.

Conocer diversas literaturas es el mejor medio de libertarse de la
tirana de algunas de ellas.

Embellecer la vida es darle objeto.

Salir de s es indomable anhelo humano, y hace bien a los hombres quien
procura hermosear su existencia, de modo que vengan a vivir contentos
con estar en s.

No hay para odiar la tirana como vivir bajo ella.

Los hombres aman en secreto las verdades peligrosas, y slo iguala su
miedo a defenderlas, antes de verlas aceptadas, a la tenacidad y bro
con que las apoyan luego que ya no se corre riesgo en su defensa.

La stira es el homenaje que la mediana celosa paga siempre al genio.

El amor al arte aquilata al alma y la enaltece.

Sobre el placer de poseer lo hermoso, que mejora y fortifica, est el
placer de poseer lo hermoso, que nos deja contentos de nosotros mismos.

Alhajar la casa, colgar de cuadros las paredes, gustar de ellos, estimar
sus mritos, platicar de sus bellezas, son goces nobles que dan vala a
la vida, distraccin a la mente y alto empleo al espritu.

Se siente correr por las venas una savia nueva cuando se contempla una
nueva obra de arte.

La tristeza pone en el alma prematura vejez.

No hay nada ms temible que los apetitos y las cleras de los
ignorantes.

Un libro, aunque sea de mente ajena, parece cosa como nacida de uno
mismo, y se siente uno como mejorado y agrandado con cada libro nuevo.

Manda slo, y mandar siempre de veras, el que haya trado consigo de la
naturaleza el derecho de mandar.

Un cajista es un hermano; y como el brazo de los autores, que deben
cuidar y mimar bien sus brazos.

La herencia en la vida animal es la transmisin de los elementos de una
existencia determinada de un individuo a otro.

La vida es sutil, complicada y ordenada, aunque parezca brusca, simple y
desordenada al ignorante.

La vida es una agrupacin lenta y un encadenamiento maravilloso.

El genio es simplemente una anticipacin: prev en sus detalles lo que
otros no ven an en sus lneas mayores, y como los dems no ven lo que
ve l, lo miran con asombro, se fatigan de su resplandor y persistencia,
y lo dejan a que se alimente de s propio, y sufra.

Las obras de los grandes creadores en arte estn hechas de manera que,
salvo el obscuro color que les da el tiempo, parecen obras de ahora: es
que los grandes creadores ven lo eterno en lo accidental; por lo que sus
obras perduran.

Cuando un pueblo se divide, se mata.

El ambicioso re en la sombra.

Literatura no es otra cosa ms que expresin y forma, y reflejo en
palabras de la Naturaleza que nutre y del espritu que anima al pueblo
que la crea.

Leer una buena revista es como leer decenas de buenos libros.

Preocupar a los pueblos exclusivamente en su ventura y fines terrestres,
es corromperlos, con la mejor intencin de sanarlos.

Los pueblos que no creen en la perpetuacin y universal sentido, en el
sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un
mendrugo rodo de ratones.

Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido
por ellos.

Mal va un pueblo de gente oficinista.

Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre l.

Emplearse en lo estril cuando se puede hacer lo til; ocuparse en lo
fcil cuando se tienen bros para intentar lo difcil, es despojar de su
dignidad al talento.

Todo el que deja de hacer lo que es capaz de hacer, peca.

El avaro es el tipo esencial del egosta; el hroe es el tipo esencial
del altruista.

La vida espiritual es una ciencia, como la vida fsica.

Las cualidades de los padres quedan en el espritu de los hijos como
quedan los dedos del nio en las alas de la fugitiva mariposa.

La individualidad es el distintivo del hombre.

El que desentierra una ciudad merece ms aplausos que el que la devasta.

Slo hay en nuestros pases una divisin visible, que cada pueblo, y aun
cada hombre, lleva en s, y es la divisin en pueblos egostas de una
parte, y de otra generosos.

Ttulos dan los reyes; pero de ennoblecimiento de alma, ninguno mayor
que el que se saca de los libros.

Las ideas purifican.

Venir a la vida usual despus de haber estado del brazo con ellas por
bajo de los rboles o por espacios azules, es como dar de sbito en el
vaco.

Criticar qu es, sino ejercer el criterio?

La aristocracia intelectual viene de pensar y de padecer.

El arte no es venal adorno de reyes y pontfices, por donde apenas asoma
la cabeza eterna el genio, sino divina acumulacin del alma humana,
donde los hombres de todas las edades se reconocen y confortan.

El que ajuste su pensamiento a su forma, como una hoja de espada a la
vaina, ese tiene estilo.

El verso se improvisa, pero la prosa no; la prosa viene con los aos.

Las pocas de construccin, en las que todos los hombres son pocos; las
pocas amasadas con sangre y que pudieran volver a anegarse con ella,
quieren algo ms de la gente de honor que el chiste de corrillo y la
literatura de caf, empleo indigno de los talentos levantados.

La gracia es de buena literatura; pero donde se vive sin decoro, hasta
que se le conquiste, no tiene nadie el derecho de valerse de la gracia
sino como arma para conquistarla.

La literatura verdadera est en la observacin de los tipos originales,
y en la expresin fiel e intensa de lo que el autor ve dentro y fuera de
s.

Escribir no es cosa de azar, que sale hecha de la comezn de la mano,
sino arte que quiere a la vez martillo de herrero y buril de joyera;
arte de fragua y caverna, que se riega con sangre, y hace una vctima de
cada triunfador; arte de cclope lapidario.

El sacrificio es un placer sublime y penetrante.

El desinters es la ley del genio y de la vida.

Los pueblos son como los rboles, que no los conoce bien, ni sabe de los
injertos que les puedan convenir o daar, sino quien los conoce desde
las races.

Quien en s condensa un pueblo, es digno de figurar entre los que van a
su cabeza.

Ningn espritu extraordinario ama por s, sino por no causar dolor a
los que le han hecho la merced de quererlo.

La tierra est llena de espritus. El aire est lleno de almas.

El que de su pueblo reniegue, de las propias alas de su cerebro y
entraas de su entendimiento sea, como un ladrn, privado.

Los que se limitan a copiar el espritu de los poetas de allende, no
ven que con eso reconocen que no tienen patria, ni espritu propio, ni
son ms que sombras de s mismos, que de limosna andan vivos por la
tierra?

Por cada siglo que los pueblos han llevado cadenas, tardan por lo menos
otro en quitrselas de encima.

En este mundo no hay nada de verdadero ms que la nobleza y la
hermosura.

No es posible vivir en la tragedia perpetua, ni sin ella.

Contra la verdad, nada dura; ni contra la Naturaleza.

Un libro es estopa y espuma si no arranca naturalmente del carcter.

     FIN




NDICE




NDICE


  NOTA DE LOS EDITORES                                          7

  PROEMIO                                                      11

     I Del vol. CUBA.--Primera Parte                           13

    II  "   " CUBA.--Segunda Parte                             23

   III  "   " EN LOS ESTADOS UNIDOS.--Primera Parte            45

    IV  "   " EN LOS ESTADOS UNIDOS.--Segunda Parte            53

     V  "   " LA EDAD DE ORO                                   63

    VI  "   " HOMBRES                                          73

   VII  "   " NUESTRA AMRICA.--Primera Parte                  85

  VIII  "   " NUESTRA AMRICA.--Segunda Parte                  95

    IX  "   " NORTEAMERICANOS                                 111

     X  "   " AMISTAD FUNESTA                                 127

    XI  "   " ISMAELILLO.--Versos sencillos.--Versos libres   131

   XII  "   " VERSOS.--Abdala. Amor con amor se paga          135

  XIII  "   " CRTICA Y LIBROS                                139




  Sociedad Editorial Cuba Contempornea

  PUBLICACIONES

  (Dirigidas por Carlos de Velasco.)


  I. Revista mensual _Cuba Contempornea_.

  II. _Biblioteca de "Cuba Contempornea"._
    Vol. I: _Pensando en Cuba._ Por Jos Sixto de Sola.

  III. _Biblioteca "La Cultura Cubana"._

     Vol. I: _Granos de Oro_. Pensamientos seleccionados
     en las obras de Jos Mart. Por Rafael G. Argilagos.

     (A este volumen, y en la misma Biblioteca, seguirn
     libros de Jos Antonio Saco, Rafael M. Merchn, Luz y
     Caballero, Enrique Pieyro, el Padre Varela, etc., etc.)


  _PROXIMAMENTE_

     Libros de: Enrique Jos Varona, Manuel Sanguily,
     Antonio S. de Bustamante, Dulce Mara Borrero de
     Lujn, Jos de Armas, A. Hernndez Cat, Luis
     Rodrguez-Embil, Bernardo G. Barros, Jos Antonio
     Ramos, Max Henrqnez Urea, Emilio Bacard,
     Mariano Aramburo, Mario Guiral Moreno, Ral de
     Crdenas, Julio Villoldo, etc., etc.


    OFICINAS:
  O'REILLY, 11
  Telfono M-2724

    TALLERES:
  Tte. Rey, 27 y Aguiar, 114
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  LA HABANA, CUBA.





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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

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1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
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or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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